viernes, 15 de abril de 2016

El “comisario” Marhuenda y sus martingalas




Nuestro pintoresco ministro del Interior, agotado el cupo de vírgenes galardonadas como patronas –¿tal como están las cosas deberíamos decir matronas?— de los cuerpos de fuerzas y seguridad del estado ha entregado los protocolos que acreditan a un tal Marhuenda como comisario honorario de tales estamentos. Como era de esperar, el Sindicato Unificado de Policía ha puesto el grito en el Cielo. Los siempre quisquillosos exponentes de los medios de comunicación, sea en las redacciones o en los bares de los alrededores, han despachado el asunto llevándose las manos a la cabeza.

Se supone que una distinción de esta envergadura debe estar justificada, esto es, dando explicación de los atributos que al tal Marhuenda se le suponen para el acceso al mencionado honor. Sin embargo, hasta la presente nada se ha dicho sobre el particular. Lo que da pábulo al rumor que corre por los mentideros, tabernas y barberías de la piel de toro: se pagan los servicios prestados. Porque no sólo es premiado, a través de los llamados fondos de reptiles y otras martingalas, ahora debe tener acceso a las distinciones honorífica, ya que no sólo de pan vive el tal Marhuenda. Digamos, pues, que el pintoresco ministro está premiando la servidumbre de uno de los más inescrupulosos directores de diario desde que tenemos noticia de la prensa escrita en nuestro país.

Finalmente, voces tenidas por poco de fiar nos aseguran que el pintoresco ministro Fernández ha creado un agravio comparativo, porque al premiar al tal Marhuenda ha desatendido a Torrente, el brazo majara de la Ley, que nuevamente se ha quedado sin la distinción honorífica.  Se nota la influencia opusdeística: la Obra no permite que Torrente se haga, de vez en cuando, unas pajillas en el coche patrulla.