domingo, 17 de abril de 2016

Prácticas contra el Estado de bienestar




Esperanza Aguirre: "Si no fuera política, haría lo que pudiera para pagar los menos impuestos posibles". Así habló la señora condesa consorte en La Sexta. Por cierto, no le llegó el aplauso que ella esperaba.

Cuando, hace ya muchos años, los sindicalistas denunciaban que había un sistemático ataque  contra lo público, algunos comentaristas de garrafón y ciertos chamarileros de la política  reaccionaban desdeñosamente afirmando que éramos unos pajarracos de mal agüero. A partir del año 2008, con la irrupción de la crisis, el ataque  a los sistemas públicos se disfrazó de noviembre para no infundir (demasiadas) sospechas. Algunos jerarcas del gobierno catalán, bajo el reinado de Artur Mas, retorcieron los lenguajes: los recortes se vendieron como ahorro e, incluso, como inversiones. Lo que sirvió de acicate para que la motosierra se instalara a lo ancho de la piel de toro.

La novedad ahora está en que, manteniéndose los recortes y los lenguajes que intentan justificarlos, aparece una sintaxis que pretende hincarle el diente a las fuentes de financiación de lo público, vale decir, la política fiscal. De un lado, Mario Vargas Llosa que afirma que cuando existe una fiscalidad desproporcionada es normal que ciertos contribuyentes se busquen la vida en los paraísos fiscales; de otro lado, ese Bertín Osborne induciendo al personal a seguir su ejemplo, aunque siempre dentro de la ley. La cuadratura del círculo, vamos.

En ese mismo espacio-tiempo (coincidiendo, además, con la fechoría del ex ministro Soria y la multa al pétreo Aznar) la condesa, ya sin metáforas ni melocotón en almíbar, se lanza a cara descubierta, aunque como capitán araña: paguen ustedes lo menos posible; o sea, embarca a la gente y ella se queda en tierra con la excusa de que es  «política». Así pues, se trata de arremeter contra lo público desde una posición de boicot a la política fiscal. Y a ello se les exhorta desde importantes personalidades que, en unos casos, son políticos y en otros de la órbita social. Pero ya no estamos ante un ataque en clave teórica sino con la práctica concreta y sin remilgos.


Otra novedad: algunos de los capitanes arañas están cayendo como moscas, y la lista de los panameños y otras behetrías  no ha hecho más que empezar. Más tarde o más temprano caerá la mitad del abecedario.