martes, 19 de abril de 2016

Consultando a las bases




La consulta a las bases de los partidos y movimientos sociales es una de las novedades que se debe valorar. De un lado, porque introduce elementos de participación y, de otro lado, limita el monopolio del grupo dirigente de la asociación que lleva a la práctica tal hecho participativo. Pongamos que hablo de las dos recientes consultas: la del Partido socialista y la de Podemos.

Ahora bien una ´técnica´ de este calibre, a la luz de estas dos experiencias recientes, merece algunas consideraciones para que la consulta no aparezca como la crónica de un resultado anunciado de antemano. A los efectos de lo que queremos exponer es, de momento, irrelevante que este ejercicio de participación tenga carácter vinculante o consultivo. Este ahora no es el tema. La cuestión es el formalismo en sí de la consulta. O, por decirlo de manera coloquial, si la consulta se convoca y realiza a estilo compadre o tiene el debido rigor en su recorrido.

Así pues, la consulta debe tener, fijados de antemano: 1) el quórum indispensable para ser validada; 2) la publicidad claramente expresada donde las diversas opciones puedan ser defendidas, esto es, el , el no y la abstención; 3) una pregunta o preguntas claramente expresadas, y 4) el sistema de recuento de los consensos o desacuerdos expresados. Posiblemente sean necesarios otros requisitos. Pero, de entrada, estas cuatro condiciones me parecen indispensables. La ausencia de uno de éstas calificaría dicha consulta como de «estilo compadre».

Digamos, pues, que las convocatorias del PSOE y la de Podemos se aproximan a ese estilo compadre. Pues, hasta donde sabemos, no se ha normado la posibilidad de que las voces críticas pudieran ejercer su derecho de hacer campaña en contra de los planteamientos expresados en la convocatoria. Así las cosas, ambas consultas se han distinguido por tener este garbanzo negro. Y sacamos una primera y provisional conclusión: este estilo  --¿intencionadamente atropellado?--  no prestigia, no garantiza que la consulta sea un estilo de mayor amplitud participativa. Es, simplemente, una técnica de oclocracia aparentemente campechana que, sin dar gato por liebre, transforma una gallina en un pavo real.