jueves, 30 de abril de 2015

Las filtraciones y la censura: una experiencia personal




El gobierno del Partido Popular ha recuperado una idea que ya le rondaba por la cabeza al anterior ministro de Justicia. El nuevo titular del ramo ha planteado que, para evitar las filtraciones periodísticas, debe volverse a la censura. Si este caballero hubiera estudiado una pizca de Física sabría perfectamente que una cosa es el grito y otra, muy distinta, el eco. O sea, no hay eco o resonancia si no existe un sonido previo. Naturalmente, tras este nuevo graznido, el ministro del ramo –interpelado inamistosamente--  intenta matizar lo dicho con un clarificador «que si patatín, que si patatán», que deja las cosas todavía más oscuras. Estamos, sin embargo, ante otro nuevo brindis al Sol, aunque tal vez el tan repetido ministro del ramo no sepa en qué barrizal se ha metido. Por otra parte, han pasado casi desapercibidas las palabras del caballero cuando afirma que es muy difícil controlar lo que sale de los funcionarios de los juzgados. Lo que dicho así, sin pruebas, es mucho decir.  

Vayamos por partes: una cosa es la filtración periodística y otra cosa es su publicación. Dispensen la obviedad: lo que no se filtra no aparece en los medios. Lo que viene a cuento por lo siguiente: cada cual puede juzgar la naturaleza y el interés de la filtración. Pero lo que está fuera de duda es que la publicación de la noticia –filtrada o no--  forma parte del universo de la libertad de información, una pieza clave en los ordenamientos democráticos.

¿Ha caído en la cuenta el ministro del ramo que una parte importante de las filtraciones periodísticas vienen de la política y, en la parte que le corresponda, de sus propios conmilitones de partido? Dos situaciones me vienen a la mollera. Una reciente, la otra es personal.

La reciente: comoquiera que, el ministro del ramo ha hecho tan inadmisibles declaraciones en torno al caso de Rodrigo Rato, ¿es un desatino pensar que, en ese caso, la filtración es extraña a una parte del gobierno y a sus propias franquicias?  

La personal: siendo un servidor diputado al Parlament de Catalunya filtré a destajo lo que me pareció conveniente. O bien lo declaré a pecho descubierto sin el antifaz del anonimato. Me refiero a dos pocilgas cuya responsabilidad apuntaba directamente al Govern de Jordi Pujol, siendo Conseller en cap el mismísimo Artur Mas. Me refiero a los casos Payarols y la Maison de la Catalogne. El primero afectaba a Unió Democràtica de Catalunya, el segundo a Convergència Democràtica de Catalunya. Recordemos, el primero es el partido del contorsionista Duran i Lleida; el segundo es el de Artur Mas.


Comoquiera que ya estoy harto de guardar esos secretos en la alacena de mi memoria, diré que fue un diputado de Uniò quien me filtró los enjuagues de la corrupción convergente en torno a la Maison de la Catalogne; a este diputado le puse como sobrenombre “Arroz amargo”. Y, al revés, fue un diputado de CDC quien hizo lo mismo sobre el lodazal que se traían entre manos los democristianos de Duran en el caso Pallerols.  Vale la pena decir que, en el caso Pallerols, se le cayó el pelo a Uniò; en el otro caso, los convergentes se salieron de rositas. En suma, tuve conocimiento directo de lo que representa el llamado «fuego amigo» entre compadres de la misma coalición. Hasta tal punto me hice experto en estos asuntos que estoy pensando en poner una escuela particular de Filtrología para procurarme una ayudica pecuniaria que corrija mi modesta pensión de jubilado.  

3 comentarios:

Gregorio Luri dijo...

Con su permiso, me llevo el último párrafo a mi café.

Pepe Luis López Bulla dijo...

De milamores, profesor. Gracias por publicitar mi Academia Particular de Filtrología. La matrícula y los cursos serán a precios módicos.

F. Puigcarbó dijo...

el caso Pallerols ¿no arrastraba un par de suïcidios sospechosos?, uno aqui y otro en Filipinas, creo.