El lema de este blog es: "Nada curo llorando y nada empeoraré si gozo de la alegría" (Arquílaco).
viernes, 30 de diciembre de 2011
RECORDANDO A JUSTO DOMÍNGUEZ
jueves, 29 de diciembre de 2011
HA MUERTO JUSTO DOMÍNGUEZ
Me
ha llegado la terrible noticia de que mi amigo Justo Domínguez de la Fuente ha fallecido. Mi
amigo fue durante muchos años, y hace ya bastante tiempo, secretario general de
la UGT de
Catalunya. De sobras sé la diferencia entre compañero y amigo, de manera que si
uso la expresión amigo lo hago con todas sus consecuencias. Por supuesto, también
fue mi compañero. Ha muerto después de muchos años de terrible y muy dolorosa
enfermedad. Ahora no puedo seguir escribiendo. Lo haré pasados unos días y con
mayor sosiego. Sólo diré que los momentos de inicio de la unidad de acción
entre las dos grandes familias sindicales llevan la impronta del amigo y
compañero desaparecido. Para los amigos de otras latitudes, dejo constancia aquí
de quién era Justo
Domínguez de la Fuente. Mi promesa,
ya lo he dicho, es escribir, pasadas las primeras emociones, de la obra que nos
ha dejado.
Ahora
callo y medito. Pero antes envío un gran abrazo a Isabel, su compañera, y a sus
hijos.
NO HAY POLÍTICA INDUSTRIAL SIN INNOVACIÓN ÚTIL
sábado, 24 de diciembre de 2011
EL PSOE, COMO AQUEL VIEJO LIBERTINO...
jueves, 22 de diciembre de 2011
¿EL MANIFIESTO ES UNA LUCHA POR EL PODER?
Radio Parapanda. CHINA 2012: La "mediación" laboral institucionalizada antes que la libertad sindical y el derecho de huelga. Escribe Isidor Boix.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
LA LEGISLATURA TERMIDORIANA
Mariano Termidor en su
discurso de investidura habló de acercar las pensiones de jubilación a todo el
periodo laboral de cotización a la Seguridad
Social. Todas las izquierdas se manifestaron en contra. Así
que es legítimo esperar que quienes se han manifestado de ese modo (empezando
por los socialistas) sean consecuentes cuando llegue el momento de la verdad
termidoriana: algo de ello dijimos ayer en LO QUE HA DICHO
RAJOY
martes, 20 de diciembre de 2011
LO QUE HA DICHO RAJOY
Homenaje a los hermanos Flores Gamón
Radio Parapanda. LA
CARMAGNOLE con Milva
lunes, 19 de diciembre de 2011
MÁS SOBRE EL SINDICALISMO EN LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA

Creo que nos toca felicitar la iniciativa de nuestra Fundación Cipriano García de CCOO de Catalunya que fiel a sus objetivos fundacionales de difundir y preservar la memoria de los trabajadores y trabajadoras y del movimiento obrero catalán, a través entre otras actividades de la elaboración de una potente colección de fuentes orales que nos debe permitir superar una cierta tendencia existente a creer que vivimos en un presente perpetuo que se explica por si mismo, al margen de un pasado olvidado y caduco. Esta publicación, a mi entender es un magnífico ejemplo de ese propósito en forma de reproducción de las conversaciones de tres sindicalistas, de visión profunda y absolutamente vigente, que fueron protagonistas de un pasado próximo pero determinante para explicar la reconstrucción del movimiento sindical en Catalunya y España.
Consecuentemente, acercarnos a la explicación e interpretación de lo que ha sido ese pasado sobre el que nos asentamos, debe ayudarnos a entender que este presente, lo que en él se resuelve, es también la anticipación del futuro. Sin duda este pasado recuperado en las primaverales conversaciones intercambiadas en la rectoría de Colomers, animadas por Javier Tébar, han puesto a nuestra disposición algunos de los debates –de buen seguro entonces inconclusos y aún hoy en buena parte abiertos- que José Luís López Bulla, Isidor Boix i Carles Navales protagonizaron en su momento y que hoy reinterpretados, desde el propio subjetivismo de quien ha protagonizado su desenlace, puede ser para nosotros, que hoy afrontamos nuestros (no sé si nuevos) retos, un instrumento útil para entender este presente y definir estrategias para anticipar ese futuro que queremos construir desde el compromiso ético que trasciende en esta memoria colectiva que se asienta en unos valores que seguimos reivindicando.
Los años de la transición política han sido ampliamente historiados e interpretados. Pero en muchas ocasiones las referencias al movimiento sindical han aparecido de soslayo, como anécdota de un cambio institucional, el paso de la dictadura a la democracia, que en determinada tradición se nos publicita como protagonizada por los gestores aperturistas del antiguo régimen, incluyendo un destacado papel de la monarquía, dejando así en un plano oscurecido el largo proceso de conflicto y mobilización democrática que fue determinante para desbloquear lo que hubiera podido ser un simple proceso de liberalización con limitaciones democráticas. Tal y como nos recordó acertadamente Nicolás Sartorius en su libro “El final de la dictadura”, «la democracia española no fue otorgada, sino conquistada por el pueblo», donde destaca que nada hubiera sido posible sin el activismo de la clase trabajadora, y especialmente de CCOO principal fuerza de choque contra el régimen.
Sin duda las conversaciones entre los tres sindicalistas protagonistas de aquellos años pueden ayudarnos a repensar la actualidad del movimiento sindical. Si convenimos que determinadas insuficiencias de la actual democracia -sea el sistema electoral o el marco autonómico, por citar algunas de las comúnmente referenciadas- pueden obedecer a las particularidades en que se desarrolló el proceso de transición política, podemos también intuir que el propio proceso de transición sindical, de aquellos mismos años, encierre algunas claves interpretativas del presente sindical –sea el papel del sindicato en la empresa, sea la unidad de acción-. Con toda seguridad que acercarnos a ellas puede ayudarnos a orientar estrategias de futuro.
Sin duda el movimiento sindical hoy en día se encuentra delante de importantes retos. La profundidad de la actual crisis económica, que implosiona en la segunda mitad del 2007 con la quiebra del sistema financiero internacional y que aún hoy día sigue colapsando nuestra capacidad de crecimiento y desarrollo económico y social, está generando nuevos requerimientos al sindicalismo de nuestro país para hacer frente a los problemas, elaborar alternativas y demostrarnos útiles en la defensa de los derechos e intereses de los trabajadores y trabajadoras. La crisis muestra como en el actual mundo globalizado la falta de reglas y controles aumenta las ineficiencias del sistema y por ello se hace más perentorio superar el marco de la acción local para establecer estrategias globales, sea estableciendo instrumentos y reglas para la gobernanza mundial, sea reforzando las organizaciones sindicales internacionales. La crisis económica no es solo el producto de la quiebra del sistema financiero ya que en la misma podemos observar como la crisis climática, la alimentaría y la energética están todas ellas interrelacionadas y son interdependientes en un mundo global y enormemente financiarizado..
Las políticas con que se enfrenta la actual crisis están soportadas por la hegemonía del discurso neoliberal. Se acentúan medidas y políticas económicas dirigidas a la reducción del déficit público, vía contención del gasto público social, tanto por la vía del recorte en la provisión de servicios y en la dotación de recursos humanos y materiales, como de las privatizaciones. Se abunda en la reducción de los derechos y garantías de los trabajadores y se presiona a la baja las condiciones laborales, buscando la disminución de los costes laborales que se define como atajo (inútil!!!) para aumentar la competitividad empresarial. Y se cuestiona, cuando no impugna, la función de las organizaciones sindicales, tanto en su representatividad como en su reconocimiento de sujeto activo en la consecución y defensa de derechos.
El contexto en que el sindicato realiza hoy su acción es muy distinto de la década que envuelve las “Conversaciones en Colomers” alrededor del proceso de reconstrucción sindical a la salida de la dictadura y que avanzó en paralelo a la institucionalización de la democracia en nuestro país. La transición sindical fue rica en debates que en la práctica han ido dejando poso en el movimiento sindical actual.
Debates recuperados sobre las relaciones del PSUC con CCOO y la apuesta por la independencia y la autonomía sindical; la huelga general política o la huelga nacional como constructo político que evidencia un papel social central del movimiento obrero y que está en la base de las alianzas estratégicas que el sindicalismo confederal establece para garantizar amplio apoyo social a las reivindicaciones relacionadas con el reparto de la riqueza; libertad sindical y la tensión entre esta y la unidad sindical como respuesta orgánica imposible (no posible) en un contexto político determinado y la instrumentación de la representación unitaria en la empresa que condiciona el propio desarrollo pleno del hecho sindical; los cambios en el mundo del trabajo, en la clase trabajadora, en las formas de auto-organización, en el carácter de las reivindicaciones, etc., como referencias necesarias en la aproximación al proceso de reconstrucción y desarrollo del sindicalismo en nuestro país.
La relación partido-sindicato, es seguro un elemento referencial que puede explicar algunas de las claves de la materialización institucional de la reconstrucción del movimiento sindical organizado en nuestro país. Un debate que sin duda está detrás de las respuestas organizativas que se van dando y que nos transportan a la actualidad. El debate de la unidad sindical y el de los organismos unitarios de los trabajadores, tiene de buen seguro parte de su explicación en la toma de posición de los distintos sujetos políticos que actuaron en aquellos años. Buena parte del diálogo se dedica a recuperar algunas de sus claves, desde las vivencias protagonizadas en primera persona y desde su reinterpretación subjetiva.
La distancia temporal permite afirmar claramente que el movimiento sindical, en general, ha recorrido, no sin algunos traumas, el camino a la independencia y autonomía sindical. Podemos decir que en unos sindicatos más que en otros, seguro, pero en cualquier caso hay un claro asentimiento que el sindicato es un sujeto político per se, que se autoreferencia en los intereses que quiere representar y desde ellos construye su posición de sujeto conflictual, de sujeto político en definitiva. Es esta capacidad de independencia en la elaboración de la propuesta que le permite la relación autónoma con la contraparte, sea el poder económico, sea el poder político. Creo intuir que en las conversaciones ya hay una clara reivindicación de la independencia sindical desde el primer momento constructivo de CCOO, cuando se establece la diferencia entre la voluntad del Partido de situar su centralidad política interfiriendo en la línea del sindicato y el convencimiento que la línea del sindicato nace desde el lugar exacto en que se genera el conflicto, la empresa, el sector, la sociedad. El sindicato no aparece subordinado a un poder externo, sino que autoconforma su posición desde la presencia directa en el mundo del trabajo, a través de la práctica representativa y dando respuesta al conflicto capital-trabajo.
Ciertamente el sindicato ha asumido funciones representativas más allá del ámbito de la empresa o del “mercado” de trabajo. CCOO intervienen de manera activa en la disputa social que se deriva del proceso de creación y redistribución de la riqueza. El debate de si somos un sindicato sociopolítico o socioeconómico, no puede esconder la necesidad de representar los intereses de los trabajadores en el reparto social de la riqueza. De poco sirve conseguir mejores condiciones de trabajo si las condiciones generales de vida arañan las conquistas. ¿Para que un buen incremento salarial si no hay política de control de precios o si los derechos de ciudadanía dejan de ser universales, gratuitos y de calidad? ¿Para que mejor jornada si el acceso al lugar del trabajo no es personal y socialmente sostenible? La independencia del sindicato y la capacidad de construcción autónoma de propuestas permiten al sindicato ejercer como sujeto activo tanto en el diálogo y concertación social como en el conflicto, la representación de los intereses que agrupamos. Estabilidad laboral, políticas salariales, derecho a la negociación colectiva han configurado buena parte del quehacer sindical en los años de la transición y en buena parte siguen formando parte del núcleo duro de la acción sindical del presente.
Pero sin duda disputar la redistribución de la riqueza, en la consecución de derechos de ciudadanía que doten de pleno sentido la finalidad de nuestra función de lucha y defensa de las mejores condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores y trabajadoras, hacen necesario que la acción del sindicato encuentre un marco de trabajo en el que establecer amplias alianzas con otros sectores sociales que doten de mayor fuerza a las reivindicaciones y arropen socialmente al movimiento sindical. La defensa de una fiscalidad justa, progresiva y sostenible, la apuesta por la vivienda digna y contra los abusos de la ley hipotecaria, la exigencia de una salud y una educación pública de calidad, etc., son cuestiones que tienen a ver con las condiciones generales de vida de los trabajadores y trabajadoras, de manera especial en el actual contexto de crisis donde estas son propuestas orientadas a facilitar la reactivación económica, la creación de empleo y evitar la depauperación de las condiciones de vida. Sobre estas cuestiones y otras debemos establecer propuestas y acciones. Son campos de trabajo en los que el sindicato confluye con otras organizaciones y movimientos sociales con los que comparte objetivos y formas de trabajo y facilita así el ejercicio de la función social que nos es propia, sin caer en una forma de pansindicalismo, ya que en ese caso podría ser contraproducente al confrontarnos con algunos sectores sociales con los que debemos confluir necesariamente.
La actual normativa de libertad sindical se asienta en aquella transición sindical y en lo esencial mantiene como principio la primacía de la representación unitaria de los trabajadores frente a la presencia de las organizaciones sindicales. De siempre este ha sido un elemento de debate y reflexión cruzado ¿este modelo favorece o perjudica al movimiento sindical organizado? Sin duda la LOLS obedece a un momento histórico determinado en que la necesidad de derribar el edificio del sindicato vertical y construir el sindicalismo democrático forzó determinadas respuestas institucionales. Algunas claves se apuntan en las conversaciones, entre ellas las dificultades para abordar con éxito un proceso constituyente de una organización sindical unitaria, así veremos como no cuajo el congreso constituyente o como lo que debería ser su embrión, la coordinadora de organizaciones sindicales (COS) tuvo una vida lánguida y no en exceso productiva. Podemos buscar explicaciones más o menos maniqueas o intuir interferencias externas al propio movimiento sindical, lo cierto es que la LOLS fue fruto de esa realidad y este es el modelo que hasta hoy viene funcionando. Las amplias competencias de los comités frente a las escasas de las secciones sindicales van en detrimento del hecho sindical. De ahí podemos inferir una desincentivación a la afiliación cuando sabes que el Comité te va a representar por el mero hecho de votarle.
Este debate, una de los “inconclusos” con que empiezan la conversación, está siendo abierto en los últimos tiempos en relación a los cambios que se operan en la negociación colectiva. La actual economía globalizada y los entornos empresariales cambiantes empujan al sindicato a asumir el gobierno de los elementos centrales de la relación capital trabajo. Cuando hablamos de flexibilidad interna negociada como alternativa al abuso de la flexibilidad externa unilateral, como concepto que permita establecer mayores garantías para el trabajo en contextos complejos y cambiantes como los que hoy definen la actividad económica, es preciso dotar de mayor capacidad de intervención a la representación de los trabajadores. Es en este sentido que el sindicato, como organismo colectivo que trasciende en experiencia y análisis el ámbito concreto de una empresa o sector, es un sujeto más dotado de capacidades de intervención en la empresa por su conocimiento complejo y global de realidad económica frente a la parcialidad limitadora que puede tener en determinado momento el comité o delegado de personal.
La estructura productiva ha cambiado mucho desde aquellos años 70 del siglo XX, hemos asistido a un importante crecimiento del sector terciario y al avance de la sociedad del conocimiento. Una realidad que dibuja nuevos perfiles profesionales, nuevas categorías, una diversidad de expectativas vitales frente al mundo del trabajo, que genera sin duda mayores dificultades al sindicalismo confederal que pretende no ser una mera suma de intereses individuales, particulares o corporativos para estar presente en la representación de los intereses del conjunto de la población asalariada. Se abre la necesidad de repensar como intervenimos y organizamos a la multiplicidad de nuevos colectivos laborales emergentes.
¿Cómo estar presente en este vasto universo compuesto por microempresas que mantienen relaciones laborales con altas dosis de individualización y que no pueden elegir representantes sindicales? ¿Cómo organizar las personas, mayoritariamente inmigrantes, que se dedican a la atención a las personas? ¿Cómo intervenir en los sectores de servicios caracterizados por altos niveles de precariedad y alta tasa de rotación? ¿Como organizar los colectivos profesionales susceptibles de prácticas corporativas? ¿Como construimos acción sindical colectiva que conjugue legítimas necesidades personalizadas que no acabe expresándose en soluciones individualizadas y a través de formulas corporativas? ¿Cómo organizar a trabajadores que a lo largo de su vida van a cambiar con alta frecuencia de empresa y sector? ¿Cómo intervenimos y organizamos a los trabajadores y trabajadoras que o no tienen o han perdido su puesto de trabajo? ¿Cómo organizamos a los trabajadores asalariados que han pasado a la situación de autónomos dependientes? La dinámica económica y los cambios en los sectores de actividad, con las repercusiones que conlleva en los colectivos de trabajadores y trabajadoras y en el aumento del paro y la precariedad, junto al cuestionamiento de la función y representatividad del sindicalismo confederal, nos obliga a responder a estos (y otros) interrogantes si queremos evitar que el debilitamiento del sindicalismo de clase favorezca la individualización de las relaciones laborales o la representación corporativa de intereses. Entendemos como imprescindible consolidar al sindicalismo, una de las pocas referencias sólidas en la actualidad, como instrumento útil y contrapoder social real y efectivo en un contexto adverso y de batalla por la hegemonía en las ideas y en la distribución política de la sociedad del presente y futuro.
Debemos repensar el valor social del trabajo, las formas de hacer sindicalismo, de representación y de negociación, de ejercer el conflicto. Debemos actuar en un contexto de globalización en el que el sindicato debe ser consciente que las respuestas locales deben incardinarse en estrategias globales y por ello la necesidad de referenciarnos en las propuestas, debates y acciones del sindicalismo internacional, la Confederación Europea de Sindicatos (CES) y la Confederación Sindical Internacional (CSI) que debemos reforzar para materializar la estrategia de avanzar en una gobernanza global democrática que tenga en cuenta los derechos de los trabajadores y trabajadoras de todo el mundo.
Sin duda las conversaciones de José Luis, Isidor y Carles nos harán repensar algunas cosas, entender algunos porqués, conocer algunos procesos. No podemos copiar fórmulas, obedecen a sus contextos, ni podemos añorar pasados, estos ya no vuelven. Pero podemos saber como hemos llegado aquí y mirar cómo hacemos las cosas y cómo debemos hacerlas para poder escribir el siguiente capítulo de esta historia.
Joan Carles Gallego
Secretari general Comissió Obrera Nacional de Catalunya
domingo, 18 de diciembre de 2011
¿ESTAMOS EN DEPRESIÓN O EN RECESIÓN?

Con Josep Benet, un político que hilaba delgado.
“Ha llegado la hora de empezar a llamar a la actual situación por su nombre: depresión”, afirma Paul Krugman en las páginas sepia de El País. Por otra parte, Antonio Lettieri escribe en Ora tocca al lavoro: avanti gli ipocriti que “la política impuesta por el eje Frankfurt – Bruselas nos condena a la recesión”. Así las cosas, me pregunto en qué estadio nos encontramos porque no se trata de nominalismos sino de situaciones concretas. Esto es, no es lo mismo un herpes zóster que un herpes. Profesor Krugman: ¿acierta Lettieri en su diagnóstico? Estimado Tonino: ¿da en el clavo Paul Krugman en su severo diagnóstico? Más luz, caballeros.
Aquí me tienen ustedes devanándome los sesos como Hamlet cuando se preguntaba metafísicamente acerca del ser o del no ser. Y ahí tienen ustedes a los socialistas catalanes que, en su reciente congreso, no han considerado conveniente hacerse esa pregunta sino más bien preocuparse por algo tan limitadamente importante como quién es el piloto de la nave sin tener en sus manos un adecuado parte meteorológico.
De momento, mientras alguien da en la tecla y precisa con exactitud en qué fase nos encontramos –si depresión o antesala de la recesión— vale la pena traer a colación lo que Lettieri recuerda en su trabajo de referencia: en los años treinta, Franklin Roosvelt combatió la crisis no sólo con la reforma del sistema bancario, con la creación del sistema público de pensiones y los subsidios de desempleo, sino también con la creación de un nuevo sistema de relaciones industriales (la famosa Ley Wagner) que se orientaba a hacer del sindicato un difuso y fuerte contrapoder ante las empresas (1). Sepan ustedes que este Roosvelt nunca repartió octavillas de la Internacional ni de Comisiones Obreras.
(1) National Labor Relations Act - Wikipedia, la enciclopedia libre
Radio Parapanda. Escribe Antonio Baylos: SOBRE LA LIBERTAD DE LOS MODERNOS
viernes, 16 de diciembre de 2011
LOS FUNCIONARIOS COMO COARTADA

Los datos son tozudos: en nuestro país el número de trabajadores públicos por habitante está por debajo del de los países más avanzados de Europa. A pesar de ello no pocos insisten en que nuestras administraciones públicas están muy abultadas en personal. No pocos de estos comentaristas conocen perfectamente los datos, y sin embargo se mantienen erre que erre en ello. Para argumentar tamaña gilipollescencia afirman que en los últimos tiempos el número de empleados públicos ha crecido más que en el resto de países. Lo que sólo indicaría, afirmamos nosotros, que ello expresaría los bajísimos niveles de empleo que existía antes en dicho sector.
Los gilipollescentes no hacen un razonamiento económico sino expresamente ideológico. Su punto de mira es: adelgazar las plantillas hasta conseguir, también por esa vía, un Estado anoréxico. Por otra parte, ya a corto y medio plazo, la intentona es aprovechar la ocasión para proceder a despidos en masa como indicación para hacer tres cuartos de lo mismo en el sector privado.
El discurso tiene una lengua bífida: unas administraciones atiborradas de personal y un personal repleto de privilegios ad personam. Precisamente en unos momentos en que los empleados públicos son los colectivos asalariados que tienen ahora una gran vulnerabilidad. La intencionada confusión entre prvilegios (etimológicamente: leyes privadas) y derechos sociales es la punta de lanza, un potente mensaje para provocar la reaparición del tradicional desprecio de una parte de la sociedad a los que están en la ventanilla. Algo que pudo verse ayer cuando un grupo de parados increpó en
Rectifico porque se me ha ido el santo al cielo: no se trata de gilipollescentes sino de una actitud minuciosamente organizada. Es el contumaz ataque de quienes parten de una consideración que, tiempo hace, hemos descubierto: de los que están a favor de la eliminación de los derechos de los otros y en contra de que se eliminen sus propios privilegios.
jueves, 15 de diciembre de 2011
NACIONALISTAS Y POPULARES: Un abrazo aristrocrático

Algunos opinan que Convergència i Unió, la coalición conservadora de Catalunya, se está entregando de pies y manos al Partido popular. La gota que puede llenar el vaso podría ser la susurrada noticia de que los populares entrarían en el equipo de gobierno del ayuntamiento barcelonés. No obstante, yo veo las cosas de otra manera. No se trata tanto de una entrega como de un abrazo aristocrático entre dos fuerzas políticas que, tal como van las cosas, tienen más cosas en común que las que aparentemente les separan.
Veamos. El nuevo itinerario del nacionalismo conservador catalán se ha desplazado –con el mandato de Artur Mas-- hacia el neoliberalismo tal como indicábamos en NEOLIBERALES A FUER DE NACONALISTAS EN CATALUNYA. Esta es una señal distintiva preferente sin ningún tipo de subterfugios tanto por el tipo de medidas económicas –unas ya en marcha, otras anunciadas-- como por la manera de justificarlas. Ahora es notoria la intención del gobierno catalán de convertir los hospitales públicos de Lleida y Girona en empresas privadas.
Naturalmente el nuevo núcleo duro debe estar aderezado por algunas tapas variadas que, en este caso, es un nacionalismo cada vez más disimulado. Pero este nacionalismo convergente es un solo término y no ya un término-concepto en el que está comprometida toda la endogamia de CiU: unos con fervor y otros, todo sea dicho, con fastidio.
El objetivo de ese abrazo aristocrático es la construcción de un firme bloque conservador en Catalunya, ahora que el Partit dels socialistes de Catalunya se encuentra bajo mínimos y el resto de la izquierda en una situación agridulce. Repito: no es una entrega de los nacionalistas sino una opción explícitamente asumida. Naturalmente, el Partido popular, cada vez con más mando en plaza catalana, recibe esta miel sobre sus hojuelas.
No es nueva esta situación: cada vez que vinieron las cosas mal dadas la derecha catalana apaciguó sus furores para pactar con Madrit. Que hay abundante literatura historiográfica al respecto lo saben quienes se dedican a esas labores. Pero lo nuevo es que aquel catalanismo de antaño era tan sólo un perifollo comparado con el que ha existido hasta hace bien poco. Aquel catalanismo se entregó; el nacionalismo actual se ha abrazado. Esta, pienso desde mi talabartería pueblerina, es la diferencia. Ahora bien, ¿este epifenómeno de la crisis es la causante del abrazo? No tal: Artur Mas ya anunció la nueva singladura en aquella conferencia en la London Scholl of Economics hace un par de años. Lo que no acaba de entenderse es que el Congreso socialista del próximo fin de semana no tenga en cuenta estas cuestiones y sólo parezca importarle quién es el masover de la masía.
Radio Parapanda. 5º Congreso de la Federación Sindical Internacional de la Química, la Energía y la Minería (ICEM) Informa Isidor Boix.
martes, 13 de diciembre de 2011
MARIO MONTI Y SU NUEVO GOBIERNO
Riccardo TerziNota editorial. Este es un artículo de Riccardo Terzi en exclusiva para este blog. Se recibió antes de la gran huelga general del lunes. La versión castellana es obra de
Riccardo Terzi.
No se puede valorar correctamente el significado del nuevo gobierno italiano, presidido por Mario Monti, si no se mira toda la historia política precedente, sobre la larga etapa que ha durado casi veinte años del berlusconismo triunfante y rampante.
Berlusconi tiene seguramente un puesto relevante en la historia italiana por su larga permanencia en el poder, más que cualquier otro líder republicano. Pero sobre todo ha representado una profunda convulsión en el estilo de gobierno, en la cultura, en la comunicación, en el lenguaje dando vida a un fenómento radicalmente nuevo que se acostumbra a definir con una f´rmula un tanto genérica y ambigua: el populismo.
Italia siempre ha sido un país caracterizado por una débil cohesión nacional y por un escaso sentido cívico donde han prevalecido los egoismos individuales, corporativos o municipales con respecto al interés colectivo de la nación. Bastaría con releer el famoso discurso de Giacomo Leopardi sobre las costumbres de los italianos donde esta originaria fragilidad del espíritu público se analiza con enorme crudeza. Así pues, ¿nada nuevo? No, la gran novedad está en el hecho de que en la época berlusconiana la política ha trabajado no para superar los particularismos sino para exasperarlos.
El populismo, si así debemos definirlo, es exactamente esto: impulsar todos los instintos más estrechos y primitivos, y sobre ello construir un potente bloque conservador que impida todo cambio, todo desarrollo democrático. La misma democracia está puesta en crisis porque lo que cuenta es sólamente la fuerza de los intereses establecidos. Mientras que en el pasado todos los grandes partidos de masas desarrollaban una función de equilibrio y educadora, teniendo bajo el control los factores de división y disgregación, con la llegada de la nueva derecha populista ha sucedido lo contrario: el Norte contra el Sur, los ciudadanos italianos contra los inmigrantes; y, más en general, la defensa a ultranza de los propios intereses particulares contra la legalidad. Recordemos hasta qué punto se ha extendido el area de la ilegalidad, de las organizaciones criminales a los fenómenos difusos de la evasión fiscal y el trabajo submergido. El éxito político de Berlusconi tiene ahí su clave interpretativa. Su misma figura es la de una persona empeñada en una lucha permanente contra la legalidad y las reglas, a la búsqueda de una posición de poder que no debe rendir cuentas a nadie. El mito de Berlusconi se ha alimentado de estos bajos fondos de la antipolítica, de desconfianza al Estado y la ley, de individualismo desenfrenado.
Según la famosa fórmula de Margaret Thatcher no existe la sociedad sino sólamente los individuos, y estos están entre sí en una relación de total competición. Berlusconi es la imagen del vencedor y, también su desenfreno moral se corresponde con esa imagen, porque dan sentido alm poder, al éxito del individuo que tiene la fuerza de estar por encima de la ley.
Ahora ha entrado finalmente en crisis toda esta construcción político-ideológica. Son diversos los factores que han determinado la desarboladura del viejo bloque de poder. De un lado, es la reacción de carácter ético-moral, el rechazo de un modelo de vida y de un estilo de gobierno donde todo se juzga en base a las conveniencias privadas y en una difusa red de complicidad. En el mundo católico, particularmente, estas razones han ido enfriando las relaciones con la mayoría del gobierno porque aparecía cada vez más estridente e insostenible el divorcio entre ética y política, entre valores tradicionales y la extremada falta de escrúpulos en el ejercicio del poder.
Pero, sobre todo, son las razones de orden económico y social las que han cambiado todo el cuadro porque ante la dureza y dramaticidad de la crisis los gobiernos de centro-derecha no han sabido proponer ningún camino eficaz y han llevado a Italia a una condición de extrema incertidumbre y precariedad, expuesta y sin defensa a la violencia ofensiva de la expeculación internacional. En el ámbito del trabajo el bloque social ha entrado en crisis, no funcionando la relación privilegiada con Csil y Uil y en el ámbito de la empresa ha crecido una posición de progresiva intolerancia de todas las asociaciones patronales en el diálogo de la inercia e ineficiencia del gobierno. En este punto han faltado a Berlusconi todos sus treadicionales punto de apoyo y se aguantaba sólo gracias a la compraventa de algún diputado que otro. Lo que sólo hacía que aumentar su descrédito con una caída vertiginosa de todos los índices de popularidad. Para un gobierno que se aguantaba sobre la imagen y el prestigio personal del líder no podía tener un fin más terrible y todo ello acaba por caer con el estallido de su imagen y popularidad.
Y es en este vacío donde se inscribe la iniciativa de Giorgio Napolitano, Jefe del Estado, por un gobierno de tregua y larga convergencia, presidido por Mario Monti, figura autorizada en el escenario internacional por sus competencias científicas y su papel como comisario en
¿De qué manera hay que juzbar esa salida? Por un lado es el final de un ciclo, el fin del berlusconismo, y en ese sentido se trada indudablemente de un hecho extremadamente positivo porque habíamos acumulado en el pasado reciente un peligrosísimo conjunto de toxinas ideológicas que habían reducido la sociedad italiana a una condición de extrema degradación y habían lacerado profundamente todo el tejido de relaciones. Tengo que advertir que la opinión pública, hoy ya desintoxicada en gran medida de los venenos pasados, mira al gobierno con una actitud de confianza sustancial, apreciando sobre todo el nuevo estilo de sobriedad, seriedad y rigor.
Por otro lado, el gobierno Monti es el resultado del fracaso de la política y el recurso al gobierno de los “técnicos”, como remedio extremo para suplir la incapacidad de la política en sus diversas expresiones y dar una solución a los problemas del país. Hay quien, desde la derecha a la izquierda, se ha rasgado las vestiduras y ha hablado de la suspensión de la democracia, del dominio de un poder no legitimado al no ser un gobierno elegido por los italianos en una libre contienda electoral. En realidad, bajo un manto estrictamente iinstitucional, no hay nada que objetar ya que según nuestra Constitución somos un sistema parlamentario, no presidencial, y es el Parlamento la única fuente de legitimidad de los gobiernos. Y el Gobierno Monti se ha formado sobre la base de una fuerte mayoría parlamentaria, debiendo poner a aprobación del Parlamento todas sus decisiones. Con ello no entiendo ignorar la anomalía de esta solución, pero se trata de un pasaje de transición ya experimentado en otros momentos, por ejemplo con los gobiernos de Ciampi y Dini: una solución de emergencia en el momento en que el sistema de partidos no está en condiciones de garantizar una condición de estabilidad y de regular el funcionamiento de las instituciones. El recurso al gobierno “técnico” es un signo de fragilidad de la vida democrática. Pero esta fragilidad no es de ahora sino la consecuencia de todo el anterior curso berlusconiano que ha debilitado todas las estructuras democráticas del país. El gobierno Monti es sólo una solución transitoria, de emergencia que exije a las fuerzas políticas la responsabilidad de repensar su papel y de reproyectar el futuro del país sobre la base de programas alternativos claros.
¿Puede ser útil una fase de tregua? Pienso que sí, a condición de que los partidos sepan renovarse profundamente, para abrir de verdad una nueva fase de nuestra vida política. Podemos expresarlo así: estamos en un punto en que ha quedado evidente la crisis de la política y la necesidad de un trabajo global de reconstrucción. Monti no representa la solución, pero tiene el mérito de limpiar el ambiente de retóricas, demagogias y populismos para llevar al país a la necesidad de una discusión clara sobre las opciones programáticas. En este punto son los partidos los que deben saber reorganizarse.
El nuevo gobierno ha presentado una global y dura ley presupuetaria que se mueve en diversas direcciones: en la protección social, vivienda, costes de la política y propuestas contrarias a la evasión fiscal. Está en marcha la discusión parlamentaria, y hay una iniciativa, finalmente unitaria, de las organizaciones sindicales más representativas para conseguir una corrección de las propuestas presupuestarias en materia de equidad social (1). Por ahora no sabría decir cual será la conclusión de todo ello. La línea del gobierno representa exactamente las orientaciones dominantes de todas la instituciones europeas poniendo en primer lugar la exigencia del rigor, la contención del gasto, el equilibrio presupuestario, la política de austeridad... Y es evidente que esta orientación comportará elevados costes sociales y efectos recesivos sobre el funcionamiento global de la economía. Creo que es el momento de una discusión política que encare todo el tema de la crisis de una manera más abierta, explorando todas las posibles vías alternativas sin aceptar el “pensamiento único” de la ortodoxia neoliberal. Con posibles otros caminos, y es la obligación de las fuerzas de izquierda dar un nuevo sentido al proyecto europeo, poniendo en el centro el trabajo, la igualdad y los derechos sociales.
Pero esto es un trabajo de larga perspectiva, y no se puede pretender de un gobierno técnico un valiente cambio de ruta respecto a la cultura económica dominante. Hoy por hoy debemos intervenir en la cuestión presupuestaria para hacerla más sostenible en beneficio de la cuestión social y más atenta a las razones de la equidad. Pero es preciso, y rápidamente, mirar más allá de la “tregua” y proyectar las ideas de un futuro programa de gobierno, en el cuadro de una nueva dimensión europea. Es un programa que está abierto en todos los grandes países de Europa. Y es urgente que la izquierda se reorganice y defina con claridad y coraje un punto de vista alternativo respecto a las políticas neoliberales que hoy son dominantes.
(1) Que no ha sido posible como ha quedado demostrado por la huelga general de ayer. Nota del traductor.
lunes, 12 de diciembre de 2011
EL CONTRATO SOCIAL DE TOXO, MÉNDEZ, CAMUSSO ...

Nunca como en estos últimos tiempos se han dado tantas movilizaciones de los trabajadores europeos coincidentes en el tiempo. De hecho en un solo año se han producido más acciones huelguísticas que en los últimos treinta años. (Sin ir más lejos hoy está convocada una huelga general de tres horas en Italia convocada unitariamente, después de un largo periodo de división por
Parto de la siguiente consideración: las contrapartes, a lo largo de la historia, intentaron reducir al sindicalismo confederal a su mínima expresión. No lo consiguieron. Más tarde concibieron desnaturalizar el sindicalismo sobre la base de cooptarlo de la siguiente manera: a cambio de que me acompañes acríticamente te ofrezco la total legitimación; si quieres pintar algo en la escena debes ser un sujeto subalterno. Tampoco lo consiguieron, a pesar de que algunos mordieron el anzuelo. Ahora la situación es diferente. Ahora, precisamente ahora mismo, el comportamiento de gobiernos y contrapartes es el total ninguneo del conflicto y del sujeto social que lo convoca. El mensaje que está en el orden del día es: no hay alternativa, o tomas o dejas este plato de lentejas; así que esta es la única cera que arde. Han roto por partida doble las reglas: primero, desarticulando todo un plantel de conquistas sociales; segundo, ignorando autoritariamente la concertación social.
Pues bien, si esta situación se mantiene y se obliga al sindicalismo a ese acomodo se romperían la representatividad y representación del sujeto social. Así las cosas, surgiría un extraño movimiento de resistencia sin reglas y un conflicto espasmódico de proporciones desconocidas cuyas proporciones serían imprevisibles. Ahora bien, comoquiera que el sindicalismo confederal no esta por el acomodo, ¿qué otra salida existe si no es la de negociar? Que es lo que se pretende, como lo demuestra el planteamiento de Por un nuevo contrato social europeo, suscrito por diversos dirigentes sindicales europeos. Tengo para mí que estamos anta la penúltima propuesta de quienes desean una salida eficaz de esta situación.






