Homenaje a los hermanos Flores Gamón
Es la hora de
Mariano Rajoy. Su discurso de investidura abre las puertas a una profunda
discontinuidad que veremos más adelante. Su intervención se ha centrado en una
retórica apelación a “detener la sangría del paro”; ahora bien, no hemos visto por ningún lado –y ha tenido
todo el tiempo para ello— un planteamiento orgánico capaz de materializar un
conjunto de medias conducentes a ello. Se diría que sus propuestas podrían ser
las mismas en una situación de normalidad. En el fondo el desempleo de masas no
es otra cosa que una coartada para que el ya Presidente del Gobierno para poner
en marcha las discontinuidades a las que nos hemos referido más arriba. Que son
las que se exponen a continuación.
Primero. Otra
reforma laboral, a pesar de que, durante todo el discurso, habló de la
inflación legislativa que existe en nuestro país. De sus palabras se deduce que
los dos pilares centrales de la novación legislativa serán: el contrato único y
la negociación colectiva. Voces autorizadas han hablado de lo pernicioso de
ambas cosas y de la nula relación de ellas con detener la hemorragia del paro y
la creación de empleo. Y a buen seguro que dichas voces autorizadas seguirán
insistiendo en la hojarasca de tales medidas. En realidad lo que se persigue es
otra vuelta de tuerca con lo ya visto y sufrido con la idea de situar las
futuras negociaciones en el contexto de dichas discontinuidades. Así las cosas,
francamente no veo el margen de negociación.
Segundo. Un proceso de desarbolamiento del sector público,
empezando por las mismas administraciones públicas. Lo que comportará una
operación de pérdida de empleo de proporciones insospechadas. Justamente en un
país donde, como hemos dicho en anteriores artículos en esta bitácora, el
número de empleados públicos está muy por debajo de los países más avanzados de
nuestro entorno.
Tercero. La reorientación al
sector privado de toda una serie de instrumentos y poderes, esto es, del Estado de bienestar al welfare business.
A saber: nuevo marco fiscal a las empresas, potenciamiento del sistema de
fondos de pensiones, subvenciones directas a las empresas…
Los argumentos
de todo ello son: nuestra legislación laboral es la causante de los estropicios
de la crisis, aunque en realidad lo que quieren decir es que cualquier legislación
social, por mínima que sea, es un estorbo para el neoliberalismo; el actual
marco de relaciones laborales es el responsable de los elevados niveles de
desempleo, aunque exactamente lo que desean es la ausencia de cualquier tipo de
instrumentos sindicales y de control social. En resumidas cuentas, las causas
reales de por qué se ha llegado a esta situación (tanto a nivel europeo como
doméstico) no sólo no se quieren ver sino que, además, se ponen como solución
de los problemas.
Hemos dicho
que es la hora de Mariano Rajoy. Pero también es la hora de la unidad del
sindicalismo confederal y también es la hora de que las izquierdas. Esta
operación de Rajoy pretende ser de largo recorrido. ¿Sería pedir demasiado que
sindicatos y las izquierdas compartan el paradigma de la respuesta y la
alternativa a estas discontinuidades?

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