domingo, 17 de octubre de 2021

Sobre el salario mínimo


 

Estupefacción en la patronal española, irritación en las derechas políticas españolas: toda la artillería pesada que habían puesto en marcha contra el incremento del salario mínimo ha hecho el ridículo ante el acuerdo de los socialdemócratas alemanes, con los liberales --¡los liberales!— y los verdes de subir en un 25 por ciento (veinticinco) su actual salario mínimo.  Hasta donde nosotros sabemos, los liberales tienen poco que ver con los comunistas, podemitas «y otras gentes de mal vivir»; tampoco son gentes que frecuenten la pancarta y el lanzamiento de octavillas.  

A su vez, los economistas orgánicos  --subvencionados o no--  no saben dónde meterse tras la concesión del Premio Nobel a uno de los más prestigiosos economistas,  David Card, precisamente por sus estudios sobre los salarios. La argumentación de la Academía es que el premio se le concede por «demostrar con herramientas novedosos que, como siempre, la realidad es más compleja que lo que apuntan los modelos». A mi juicio, la clave de la argumentación es que el profesor Card «ha demostrado» mientras los adversarios de la elevación de los salarios se limitan a lanzar deposiciones con cinco duros de ideología.

Estas deposiciones ´teóricas´ vienen de antañazo y, también, han servido de teologúmeno para los empecinados adversarios de la reducción de la jornada laboral y los horarios de trabajo. Lo uno y lo otro (la elevación de los salarios y la reducción de la jornada) impedían –afirmaban, afirman y afirmarán--  que de una profunda enemistad de la creación de empleo. Si fuera así (haciendo sólo las cuentas de la vieja) estaríamos ahora hambrientos y en cueros.

Card ha demostrado, sus adversarios eructan. ¿Habrá liberales en España que se relacionen con sus colegas tedescos?

 

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