domingo, 13 de diciembre de 2020

Prioridades y postergaciones


 Primera consideración. Si damos por sentado --y dejamos asentado-- que «lo primero es antes», hemos de convenir que de dicha formulación se desprenden conclusiones de práctica política.

Segunda consideración. Tres cuartos de lo mismo podemos establecer cuando afirmamos que muchas prioridades equivalen a ninguna; hay que desconfiar de quien nos propone más de una prioridad.  

La primera y la segunda consideración son de enorme importancia en la actual situación política española. Y ambas, una vez despejadas la aprobación de las cuentas públicas y expedito el camino de los fondos comunitarios, deberían guiar la metodología del Gobierno. Perdón por la aparente obviedad: de todo el Gobierno. Esa metodología sería: definir cuáles son las prioridades y qué cuestiones se postergan. Hacerlo todo a la vez solo se puede plantear desde quienes nunca han tenido ni siquiera la honorable responsabilidad de Jefe de escalera. Confundirse de momento y de etapa podría tener consecuencias desagradables.

¿Convenimos que la prioridad es la lucha en todos los terrenos contra la pandemia? Convenido. Introducir una batería de iniciativas por añadidura no es pertinente. Y sin embargo, hay quien da la impresión de que es igualmente prioritario debatir la forma de Estado, esto es, si Monarquía o República. Si desde el Gobierno o de una parte del mismo se llega a esa conclusión o si desde las fuerzas políticas que apoyan al Gobierno se concluye que es compatible la lucha contra la pandemia y la ´cuestión republicana´, se estará haciendo un pan como unas hostias. Más todavía, aprovechar los dislates del emérito para arrimar el ascua a la sardina contribuiría a un carajal de consecuencias imprevisibles. Lo que no quita –lo digo igualmente de clarito— la exigencia de responsabilidades y la apertura de investigaciones sobre el emérito.

Vivimos unos momentos de gran interés. Hay la posibilidad de abrir un nuevo ciclo de derechos sociales, dentro y fuera del ecocentro de trabajo;  y, también están en marcha nuevos derechos civiles, como la eutanasia. Ahí está otro ejemplo de gran envergadura: la hipótesis de una Ley de usos del tiempo. Una gran novedad en Europa.

Lo diré con acento en do de pecho: vigílese no romper esa posibilidad por mor de meterse en el fregado de la República. Si este Gobierno cae ni habrá ocho ni ochenta.  Y para mayor abundamiento de lo que quiero decir, les dejo con este artículo de Carlos Elordi: https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gobierno-pasar-ofensiva_129_6496321.html

Por lo demás, algunos deben recordar que ya no son monaguillos sino cardenales. Los primeros pueden permitirse el lujo de instalarse en los espejismos, pero no los cardenales. De manera que les es exigible más responsabilidad. Y si quieren seguir siendo útiles ahí tienen terreno para demostrarlo: hagan una propuesta seria, factible y viable, sobre el borrador gubernamental que plantea extender de 25 a 35 años el cómputo para el cobro de las pensiones.

 

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», explicaba con paciencia don Venancio Sacristán. 

sábado, 12 de diciembre de 2020

La fuerza de la Unión Europea


 

 

Las autoridades máximas de la Unión Europea –dos mujeres alemanas, Merkel y von der Leyen--  han derrotado a los gobiernos húngaro y polaco. «Derrota» es una palabra inadecuada para la democracia, pero este es un blog de tendencia y sus ejercicios de redacción sólo comprometen a su propietario, un servidor. Ha sido una derrota en toda la regla –hará bien, repito, la democracia en no mentarlo— que sitúa a la Unión europea en uno de sus mejores momentos, tal vez el mejor, de su historia.

Los gobiernos húngaro y polaco han subestimado la capacidad de decisión de las autoridades de la Unión y de los gobiernos que la conforman. Era una pose que se creía apadrinada por el espíritu de indecisión hamletiano de las autoridades europeas y pendiente de solución del conflicto que Trump ha sumido a su país. Trump, «ese hombre», permanentemente interesado en que los europeos nos tiremos los platos los unos a los otros. Por otra parte, se debe anotar que los sindicatos húngaros han presionado lo suyo a su gobierno para que diera el brazo a torcer. Lo decimos por la sencilla razón que nadie lo ha explicado aquí en España.

¡Ah, el orgullo húngaro! Mucha leyenda magiar, pero no han caído en la cuenta que el Balatón es, desde hace años, el mar de los alemanes. Orgullo de plexiglás. 

Húngaros y polacos –nos referimos a sus gobiernos--  tal vez hartos de ser considerados como los fámulos de otros países, han creído oportuno hacerse notar. Hacerse notar es un sucedáneo de la potencia de doña Correlación de Fuerzas. Quien no tiene café—café exhibe achicoria. Pero esta planta herbácea se crece cuando está vinculada a la capacidad de veto. De ahí que hará bien la Unión en reconsiderar el veto como instrumento de decisión. No se aturrullen, pero no lo dejen de lado.

Con todo, la Unión no puede dejar pasar los quebraderos de cabeza de los gobiernos húngaros y polaco. La diplomacia puede –y debe— decir pelillos a la mar. Pero este blog no tiene obediencia a los códigos diplomáticos, aunque tampoco plantea insumisión a ellos. Simplemente, nosotros vamos por nuestra vereda. De manera que, guardado en el baúl de los recuerdos, la Unión debe anotar la gestualidad insolente de magiares y polacos. De sus gobiernos, quiero decir.

Doña Angela  Merkel se va. La criticamos en su día y le aplaudimos más tarde. Doña Úrsula se queda. Ahora tiene que lidiar con ese Rubio de Londres, que se ha quedado viudo de Trump. Pero que seguirá haciéndose notar. Esta es una actitud que parece muy extendida también en España: Isabel Díaz Ayuso la  practica de manera recurrente frente a Casado; pero también en la amura de babor hay quien se hace notar, aunque santaferinamente hablando tal vez sería más aticista decir que están dando por culillo.

 

Post scriptum.--- Don Venancio Sacristán suele aconsejar que «Lo primero es antes».

viernes, 11 de diciembre de 2020

Meditaciones desde mi ambulancia (23)


 Madrugada lluviosa. Noche cerradísima. Son las siete y cuarto de la mañana. Voy ya a lomos de la ambulancia.

El portavoz parlamentario de Vox y responsable de Relaciones Internacionales, Iván Espinosa de los Monteros, ha asegurado durante su participación en un foro de Nueva Economía que «todavía no está claro que Trump haya perdido las elecciones porque no se ha oficializado quién las ha ganado». Además, ha subrayado que «está siendo cuestionado el sistema de votación en muchos estados, se han cometido «presuntos fraudes» y que hay «dudas». No se trata de un pronto, pues otros dirigentes de la misma formación –por ejemplo, la esposa de Espinosa, Rocío Monasterio— han abundado en lo mismo. Lo aparentemente chocante es que, horas antes a estas declaraciones, el Tribunal Supremo de los EE.UU. por unanimidad mandaba a Trump a hacer gárgaras. Vale la pena señalar que entre tales magistrados, nueve en total, se encuentran tres que fueron designados por el mismísimo Trump.

Entiendo que los de Abascal no han perdido el oremus. Saben qué hacen y qué quieren hacer. Porque lo aparentemente estrafalario del planteamiento –o sea, repetir miméticamente lo que ha estado diciendo el Hombre—Bronca— hay que traducirlo de esta manera: Abascal es el Enviado de Trump en la Tierra. ¿De un derrotado? Sí, de un derrotado que ha cosechado cerca de setenta millones de votos. Setenta millones de los que muchos de ellos –no todos, ciertamente--  son la resultante de ese trumpismo mediático. Naturalmente ese mensaje se dirige a su competidor, a los paniaguados de Casado y allegados.

Por lo demás, también cabría una explicación añadida: Espinosa está proponiendo ensayar aquí en España la técnica de Trump, esto es, reconocer en los procesos electorales sólo lo que les convenga.

Me pregunto si alguien le ha recordado a Casado el famoso refrán «Cría cuervos que te sacarán los ojos». Y digo para mis adentros que la Arrimadas hace un mal negocio  manteniendo las relaciones peligrosas con tan chocantes allegados. París bien vale una misa, siempre y cuando no te condicione de por vida. 

Es viernes. Tengo descanso de ambulancia y de radioterapia el fin de semana. No entiendo por qué la Docta ha admitido esa cursilería bitonga de finde. Y sin embargo nunca admitió la popular voz santaferina «cucurumbillo»,  que equivale a ir a hombros. Cucurumbillo es, como puede verse, un término elegante y de posibles orígenes latinos. Cucurum, la parte de arriba.

 

Post scriptum.---  «Lo primero es antes». Así habló don Venancio Sacristán.


jueves, 10 de diciembre de 2020

Meditaciones desde mi ambulancia (22)


 

Humor negro: mientras los gobiernos húngaro y polaco siguen sin dar su brazo a torcer por aquello de los fondos europeos contra los efectos de la crisis pandémica, aquí seguimos sin saber exactamente qué planes hay en marcha, quién los gestionará y demás quisicosas. Una pérdida de tiempo así en las orillas del Balatón como cerca del Manzanares. Tenemos una envidiable facilidad para crear problemas. ¿Qué sería de nosotros si no buscásemos las complicaciones? Si Occam hubiera vivido cerca de nosotros, su famosa navaja se hubiera declinado de otra manera: ante un problema búsquese siempre la solución más complicada y, sobre todo, más confrontada con las de los demás.

El conductor de mi ambulancia no es de esos. De casa al hospital y viceversa me lleva siempre por la diagonal, nunca por los catetos.

Humor del Trastévere: «Renzi declara la guerra a Conte». Me digo que Italia ha vuelto a su normalidad. Menos mal que hay sindicalistas de la talla de Gaetano Sateriale (1).  

De vuelta a casa. Observo con preocupación la desidia informativa de la Casa Real. Ni una palabra a los sables oxidados. Ni una palabra tampoco a la chocante regularización de Hacienda del rey emérito. Silencio en ambos casos. La Casa Real no dice ni oxte ni moxte. De seguir con esa abulia el principal damnificado podría ser el sexto Felipe. Y crearía una fuente de conflictos. En este caso, la navaja de Occam aconsejaría la opción más sencilla: informar. Aunque sólo fuera como un acto de atrición.  Aunque sea solamente para llevarle la contraria a los boyardos.

1)            https://www.ildiariodellavoro.it/adon.pl?act=doc&doc=77849&fbclid=IwAR3S-yC7_zwmqKxNvOWskQqctIj-OwxhvBHfd5b7Oe2_YZAboUl8FSOGlR0#.X9IFl9hKjIW

Post scriptum.--- «Lo primero es antes». Dijo don Venancio Sacristán liando un cigarrillo de picadura.


miércoles, 9 de diciembre de 2020

Meditaciones desde mi ambulancia (21)


 

Pineda de Marx, hora de laudes y cuatro grados de temperatura. El joven conductor de la ambulancia llama suavemente a la puerta de casa. A los que se encuentren en mi misma situación les sugiero que se tomen las cosas con calma. Nada se solucionará aturullándote ni con cara de malhumor. Lo mismo me da leer la prensa en la mecedora que en la ambulancia. Y también da igual meditar en casa que camino del hospital. Calma, pues. Confíen en los profesionales de la salud. Siempre les admiré desde que, de niño chico, leía las novelas de Pearl S. Buck donde se relataban historias de médicos abnegados.

Entando casi en Calella de Paco Mías caigo en la cuenta de que ayer me faltó decir algunas cosas sobre Pablo Casado. Especialmente de sus relaciones con la Ayuso. Este es el momento de enhebrar el hilo.

Pablo Casado le dio el finiquito de la portavocía parlamentaria a doña Cayetana por entender que tan encopetada señora le estaba haciendo la cama. Casado no estaba seguro de que las artes y las mañas de la aristócrata –persona leída y viajada— no  le jugaran una mala pasada. Casado la cesa sin contemplaciones siguiendo el lema de «Quien ficha, destituye». Cosa que le puede pasar, sin ir más lejos, a Koeman un día de estos. Ahora, otra dama intenta mojarle la oreja a Casado. Es de Madrid y se llama Isabel. Isabel Díaz Ayuso. Otra biografía universitaria opaca.

El problema de Cayetana era que tenía un carácter avinagradamente altanero, no solo con sus adversarios, sino también con sus correligionarios.  Cayetana provocaba más bien un indisimulado repelús a los  más cercanos y fuertes adhesiones a quienes tenía lejos. La Ayuso es otra cosa. Atención: le achacan una fidelidad a Casado y al grupo dirigente del PP que nunca ha manifestado en público ni en privado. Es como Esperanza Aguirre, pero con aires zarzueleros, entre Agua, azucarillos y aguardiente y La revoltosa. Es en todo caso, la niña que hubiera querido tener Vox.

Hay contrastes no irrelevantes entre Casado y Ayuso. Casado no puede admitir la bravuconería de los sables oxidados, porque en la Unión Europea le señalarían con los cinco dedos de la mano derecha. Ayuso no ha tenido empacho en justificar y mostrar su cercanía a los manifiestos de los milicos. Ninguna autoridad del partido ha hecho una cosa igual o similar. Entiendo que la postura de Ayuso no obedece a un acto de atolondramiento, sino a una opción meditada, es decir, ser un polo de referencia no solo para Vox sino para su propio partido. Por lo que, así las cosas, Ayuso es doblemente insurrecta: a la Constitución y a su propio partido. Y, sin embargo, Casado calla. Casado empieza a olvidar lo de «cría cuervos que te sacarán los ojos».

Mañana será otro día. Me despido del personal sanitario con un sincero «Gracias, muchas gracias».

 

Post scriptum.--- Un político puede ignorar el teorema de Ceba. Pero debe saber que «lo primero es antes», según enseñaba don Venancio Sacristán, mecánico ajustador y filósofo de Chinchón.  

martes, 8 de diciembre de 2020

Casado es él y sus circunstancias


 

 

Pablo Casado es él y las circunstancias que ignora. No son irrelevantes: desconoce que la sociedad fordista, que tanto ha infectado la política, es ya pura herrumbre; no  está al tanto de las consecuencias de la desaparición del bipartidismo. Y, por supuesto, es incapaz de tomar nota de la acelerada desagregación del independentismo catalán, dividido y confrontado entre sí. Más todavía,  Casado no ha sacado conclusiones de la derrota, política y policial, del terrorismo etarra, porque la rendición de la banda  no se hizo bajo gobierno del PP.

Casado tampoco se ha enterado de que el cura Bergoglio –el hombre de las suelas agujereadas— es realmente inquietante. Y lo peor del desbarajuste del almacén de los errores: Casado pensó y dijo públicamente que Vox era la consecuencia del tancredismo de Mariano Rajoy. Los votantes de Abascal volverían al redil pepero en pocos días. Sin embargo, las campanas no tocaron a gloria: Vox creció y se multiplicó  con Casado, con el llamado  exageradamente ´nuevo PP´. Muchos errores y demasiado importantes.

De hecho, Casado es hijo de la rigidez dogmáticamente ideologicista de Aznar, que es Él y las circunstancias que impone. Fue una joven promesa que, con una biografía universitaria todavía opaca, hizo el trívium y el quadrivium en las aulas de la FAES y el postgrado en los  platós de las tertulias televisivas. O sea, dos lugares donde impera la magia de la palabra huera y la negación sistemática de lo que dice o propone el interlocutor. Por lo que la formación intelectual de este caballero es la negación, la trapacería verbal, la técnica de los rábulas patrios.

Casado es deudor de las grandes verdades inventadas que han afirmado que España sólo se diferencia de Dios en que tuvo principio: la fundó Túbal, quinto hijo de Jafet –y, por tanto, nieto de Noé--  al grito legendario de «España es Madrid y Madrid es España».  Y, a pesar de esas garantías, afirma que «España se rompe». Seguramente es una ruptura astillada que viene desde los tiempos de la batalla de Guadalete, en justo castigo divino por lo inescrupuloso de los amoríos adúlteros del rey Rodrigo. Aunque hay romances que afirman que «Si  dicen quién de los dos / la mayor culpa ha tenido / digan los hombres la Cava, / y las mujeres, Rodrigo». Un primer apunte de la división de las dos Españas.

Grandes almacenes Casado S.L, errores a granel y detall. Afirmó que, una vez caído Rajoy, el gobierno de Pedro Sánchez tenía los meses contados. No ocurrió, ni tampoco hubo explicación casadiana del por qué. Después dijo con el desparpajo de su acné juvenil que la pandemia acabaría con el gobierno. Tampoco sucedió. Ni menos todavía ha dado explicaciones de su desacierto. De manera que podemos insinuar lo siguiente: los errores de Rajoy fueron el resultado de la indolencia de su colodrillo, pero los de Casado son el fruto del atolondramiento de quien tiene sus neuronas permanentemente en barbecho.

¿Mejor para España? No, padre. Porque esos grandes almacenes son una rémora o –mejor dicho--  una distorsión. Grandes almacenes o el resultado de la pertinaz sequía de una derecha ilustrada. O Ciudadanos toma nota de todo ello o quedará como una chuchería de la política. O como acompañante ancilar de Casado, graníticamente inamovible como los Toros de Guisando.

 

Post scriptum.---  Don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes».

lunes, 7 de diciembre de 2020

Meditaciones desde mi ambulancia (20)


 

Siete y diez de la mañana en Pineda de Marx con cinco grados. La  ambulancia, tras el fin de semana descansado, llega a la puerta de casa. Apenas si encontramos tránsito. Es el momento de meditar hasta que entre en el acelerador lineal. Y me viene a la cabeza el reciente artículo de Enric Juliana La Commonwealth mediterránea (1). El aspecto central de ese escrito es el corredor del Mediterráneo y el protagonismo político que, en ese terreno, tiene Ximo Puig, presidente de la Generalitat Valenciana. En ese sentido recuerdo –mejor dicho, lo busco en mi almacén de los chats, todos ellos aptos para todos los públicos--  lo que un amigo, en funciones de secretario general 5.0 concluyó  tras un debate provechoso: «Las dinámicas económicas regionales (en un sentido amplio) pueden ser la nota principal de los próximos años si los fondos europeos no se gastan en la lubricación de redes clientelares. Esas nuevas dinámicas pueden empujar a favor del federalismo y también pueden poner en crisis algunas partes de la planta autonómica. Es sorprendente como la gente entiende ahora la idea de los corredores económicos. Hace diez años no era así. Ximo Puig ha noqueado a Torra. Esquerra, el partido más inseguro de Europa occidental, 'vol i dol'. Fácil no va a ser. Pero vienen malos tiempos para las señorías feudales».  

 

Prorrumpimos en aplausos usando los pertinentes emoticones. Por lo que nos evitamos proceder a la votación del mentado resumen. Inercias de antaño. Recuerdo que en el pleno del Comité central del Partido –el Partido, así lo conocía todo el mundo desde el militante de los valles pirenáicos hasta la  secreta— que se celebró en Roma en el verano de 1976, todavía ilegales, tras el informe de Santiago Carrillo, hubo un aplauso general. A continuación, desde la mesa el moderador dijo: «Se procede a votar». Dolores interrumpió y, extrañada, dijo candorosamente: «Pero, si ya hemos aplaudido, camaradas». Naturalmente, se votó. O tempora o mores.

Retomo el hilo: me pregunto la razón del silencio de los socialistas sobre el corredor del Mediterráneo. De hecho, serían los únicos que exhibirían esa propuesta en la política catalana. Los independentistas no ven con buenos ojos todo lo que signifique modernizar los campanarios; la derecha política ha dimitido, así en Madrid como en la periferia, de hablar de ello, provocando el estupor de la derecha económica. En fin, así se las ponían a Miquel Iceta.

Mañana tengo, otra vez, recreo.

 

Post scriptum.---  «Lo primero es antes», máxima de don Venancio Sacristán, empieza a ser aplaudida en California.

 

 

1)           https://www.lavanguardia.com/politica/20201203/49854125942/la-commonwealth-mediterranea.html


domingo, 6 de diciembre de 2020

Esos militarotes…


 

 

No es la valentía la virtud de la que puedan vanagloriarse los militares ya jubilados que se han alzado en whatsapp contra el gobierno progresista. No lo hicieron desde los cuarteles porque eso significaba morder el polvo por el castigo. Ahora, siendo paisanos usan y abusan de los viejos entorchados.

Ha salido otro manifiesto de militares retirados. Lo encabeza un almirante, dos tenientes generales y nueve generales de división. Así hasta 271 firmas. Es cierto, son una ínfima minoría, pero el encabezamiento no es cualitativamente irrelevante. Por lo demás, no sabemos hasta dónde llega el vuelo del moscardón y si hay algún cuarto de banderas implicado. Lo que sí conocemos es que el Alto Estado Mayor los tiene a raya.

Con todo, si de valentía no pueden presumir, parece claro que tampoco tienen el caletre medianamente amueblado. El generalato y la oficialidad insolvente que se han alzado en whattsapp no han tomado nota de que ha cambiado la forma y los cimientos de las cosas. España ha mutado desde el calcañar hasta el colodrillo. Es más, con todos los innegables problemas que tiene, lo son mucho menos que cuando esos generales vinieron al mundo y juraron bandera.

Ignorantes e ilusos, pero por encima de todo son unos desubicados de estos tiempos. Pensar que puede haber un ´alzamiento´ a estas alturas es una quimera, o posiblemente un intento de exhibir la fuerza de la que carecen. Creer que el sexto Felipe va a reírle las gracias es, paradójicamente, un insulto al Jefe del Estado. El compadrazgo de los Borbones con los espadones pasó a la historia. Hace bien Paco Rodríguez de Lecea pidiendo, en su Punto y contrapunto,  que Felipe VI desautorice a los milicos. Aunque, tal vez, el silencio del monarca signifique un despectivo «Ni caso».

Ignorantes e ilusos, hemos dicho. Y, por ello, aferrados a la quincalla ideológica de la «España que se rompe», un espejismo que ha recorrido el siglo XX en los cuerpos de guardia de los cuarteles, en las redacciones de prensa panfletaria y en las ondas de algunos radiofonistas de inteligencia demediada.

Azuzados por quienes temerariamente hablan de «gobierno ilegítimo». Lo que debería hacer llevar a los jarrones chinos a adoptar una cura de silencio al calor del hogar.

Temple. El problema no son los milicos retirados. La cosa está en quienes quieren que paradójicamente España se rompa, y de esa manera salir ellos como los salvadores de la España eterna, fundada por Túbal, quinto hijo de Jafet.  Oh, paradoja: España fundada por un inmigrante asiático.

 

Post scriptum.---  «Lo primero es antes». Es el ´imperativo metodológico´ de don Venancio Sacristán.

sábado, 5 de diciembre de 2020

¿Una ley de la semana de 32 horas?


 

A ningún maestro de obras se le ocurriría –tampoco al arquitecto más inexperto--  hacer primero una habitación y, una vez acabada, construir la casa. Primero se hacen los planos, después el edificio y, dentro de él, las habitaciones. Esta técnica fue gramática parda en los inicios y con el paso del tiempo se convirtió en esa maciza disciplina que llamamos arquitectura.

El jueves pasado vimos a Pablo Iglesias el Joven que anunciaba la tramitación de la ley de 32 horas semanales con carácter casi inminente. El anuncio  se hizo en la televisión; los medios escritos no han dicho nada, sobre ese particular. Iglesias afirmó que era una buena medida para la creación de empleo. Mi primera sorpresa es que Iglesias  no mencionó la iniciativa de la «Ley de usos del tiempo», que el secretario de Estado de Empleo, Joaquín Pérez Rey, había anunciado en el seminario Time Use Week. De ello he hablado en los últimos días mientras iba a lomos de mi ambulancia de casa a can Ruti (1). Esta iniciativa de Pérez Rey es   rompedora y omnicomprensiva y pretende establecer un vínculo entre tiempos de trabajo y tiempos de vida a través de las pertinentes compatibilidades. Esta es --–digámoslo con claridad--  la casa que los arquitectos del Ministerio de Trabajo y sus maestros de obras intentan hacer. Ojalá se salgan con la suya. La propuesta de Pablo Iglesias sugiere que primero se hace la habitación y después se construye la casa.

Lo que nos propone Iglesias no es pertinente.

Primero, desde hace varias décadas ha caído el mito de que la reducción de la jornada de trabajo era un elemento esencial de fomento del empleo. Véanse los datos y límpiense las legañas de los ojos. Es más, las reducciones de jornada se han hecho de manera tan deficiente que las consecuencias han sido: a) una intensificación de los ritmos de trabajo, al negociarse dicha reducción al margen de la organización del trabajo; y b) deslocalizaciones hacia lugares donde los cómputos horarios son más elevados. Estos son los hechos.

Segundo, en estos momentos de gravísima crisis económica por los efectos de la pandemia, bajar a las 32 horas es un disparate caballuno. Por eso, lo importante  sigue siendo la reordenación de los horarios de trabajo. Lo que supone una vasta red contractual del sindicalismo a lo largo y ancho del territorio.

Y lo más importante: lo fundamental sería poner en marcha el debate sobre la ley de usos del tiempo y, en ese espacio concreto, situar los aspectos de los tiempos de trabajo. De esta manera tendríamos un ´polinomio´ --tiempos de trabajo y tiempos de vida, compatibilizados--  realmente novedoso. Lo que nos plantea Iglesias es la antañona concepción de semana laboral, propia del sistema taylo—fordista, siendo este sistema pura herrumbre. Es chocante el contagio que sufren de lo viejuno algunos de la ´nueva política´. 

En conclusión: esta ley de la semana de 32 horas es una interferencia a la ley de usos del tiempo, un planteamiento potente y adecuado al nuevo ciclo de derechos, dentro y fuera del ecocentro de trabajo, que propone el estatuto de los trabajadores del siglo XXI. En esta ley están los estambres de una manera mejor de vivir. Por lo tanto, no se aturrullen y tengan calma.  

 

1)    Meditaciones desde mi ambulancia (16)

          Meditaciones desde mi ambulancia (17)

 

Post scriptum.---  No me imagino a Pepe Sacristán interpretando La vida es sueño, empezando por el segundo acto. Su padre, don Venancio, le enseñó que «Lo primero es antes». 

viernes, 4 de diciembre de 2020

Meditaciones desde mi ambulancia (19)




Acabo de pasar el Ecuador y, poco a poco, voy camino del  Cabo de Buena Esperanza. Diecinueve tratamientos de radio, la mitad de los que me corresponden. Hoy es un día grande para mí. Y ayer también: se aprobaron los Presupuestos generales del Estado con más apoyos que los recibidos por Pedro Sánchez en su investidura. El gobierno progresista y de coalición tiene cuerda. Las placas tectónicas que, desde diversos ángulos, previeron las siete plagas de Egipto han resultado ser meras exageraciones.

Veo dos elementos en el día de ayer.

Primero, la oposición –variopinta desde el Partido Popular hasta Waterloo y los fraticelli de la CUP--  ha salido derrotada, dividida y enfrentada. En ese frente del no, Vox y PP se enzarzan en ver quién tiene la  culpa de que se hayan aprobado las cuentas públicas. Laura Borràs --Waterloo en esencia y presencia--  en todo caso, tiene el suficiente cuajo para explicar las bondades de su coincidencia en las votaciones con las derechas carpetovetónicas.

Segundo. El independentismo catalán ha votado mayoritariamente a favor de los Presupuestos. Es la reedición de la práctica convergente del peix al cove (´pajaro que vuela a la cazuela´). ERC y los escindidos de Waterloo han votado a favor. Y lo han hecho con una competición a ver quién pactaba más y quién sacaba más provecho. De donde podemos llegar a esta paradójica conclusión: pactar con España es rentable para la propaganda electoral de las autonómicas catalanas del día de san Valentín, si don Rafael Ribó lo considera oportuno.

Tercero, hay gente en Ciudadanos que está refunfuñando. Opinan que ha sido un error su voto en contra. Los de Arrimadas no tienen buena puntería. El único arsenal que pueden esgrimir de cara a las elecciones es «la lengua». Tema muy gastado.

Coincidencia entre los analistas políticos: hay gobierno para rato. Incluso El País publica hoy un sorprendente editorial: todas las prevenciones a los apoyos de independentistas y demás han desaparecido, ahora esos partidos son reseñados de forma ´laica´. Un editorial de aplauso que, a la vez, es una manera de decirle a los diversos jarrones chinos aquello de «olvídame». Y es que –pensando maliciosamente--  ningún jarróncillo puede solucionarle al rotativo sus problemas económicos. Ahora es Blas Herrero. Me dicen personas que están en el ajo que esa oferta de Herrero está auspiciada por Iván Redondo y la señora Botín.

Hay gobierno para rato. Pero que no se entere el gobierno de que se dice eso por ahí. Es mejor que sigan en tensión, sin relajarse. Porque si se lo repiten a mansalva, un socio –el que sea--  intentará levantarle el gallo al otro.

La ambulancia llega a casa. No tenemos tiempo para comentar la propuesta de Pablo Iglesias sobre la semana laboral de 32 horas. Lo haremos mañana, que no tengo que madrugar. Lo que diga no será apto para taquicárdicos.

 

Post scriptum.---  «Lo primero es antes», enseñaba don Venancio Sacristán con igual énfasis que Eratóstenes mostraba su famosa criba de los números primos.

  

jueves, 3 de diciembre de 2020

Meditaciones desde mi ambulancia (18)


 

A pesar de lo temprano de la mañana la ambulancia se topa con atascos entre Pineda de Marx y Calella de Paco Mias antes de entrar en la autopista. Es una fatiga para los probados conductores que sufren por ellos mismos y por nosotros, personas mayores. Los atascos, malum signum: despilfarro económico y más contaminación medioambiental.

Precisamente otra de la ventajas de la «ley de usos del tiempo», que venimos comentando estos días, sería la flexibilización y los horarios de trabajo y de vida. Es la flexibilización positiva, negociada, que eliminaría toda una serie de patologías de la rigidez en beneficio de una aproximación a la autodeterminación de los tiempos de trabajo y de vida. Estoy contento. Porque, por fin, me siento representado por esta idea –la expresada por el secretario de Estado, Joaquín Pérez Rey— que, de una manera no tan acabada, ha sido un elemento central en mis escritos sindicales desde tiempos lueñes. No me importa decir que, sobre este particular, prediqué en el desierto, cosa que podrán corroborar los sindicalistas de mi quinta. Pérez Rey, como Marcel Proust, ha ido en busca del tiempo perdido. Me pregunto si Pérez Rey está en la lista de los 26 millones de españoles fusilables que, según parece, tendría en cartera ese general zaborrero.  

Afortunadamente la ambulancia sale del atasco. Atasco el que tiene Waterloo en la composición de su lista para las elecciones autonómicas que se harían –si don Rafael Ribó no tiene inconveniente--  el día de san Valentín. Una vez aclarada la cabecera de cartel –con Laura Borràs en primer lugar--  los diversos grupos de Waterloo tocarán a rebatiña para situar a sus ahijados en lugares de salida. No será pacífica esa elaboración. Todos ellos han interiorizado que vienen curvas. Por lo demás, el sector más tradicional está que trina con la Borràs. Es un personaje inquietante: su carrera política la ha hecho en las vicisitudes del procés. Ahora, ese sector se escandaliza, pero no cae en la cuenta que es una consecuencia de la política de ´fichajes´ de Artur Mas.  Es lo que tiene esa técnica que la política ha importado. Se ficha a personas que, sin cursus honorum, pasan directamente a los primeros lugares de las listas electorales. Malum signum.

Se aceran, pues, las elecciones autonómicas. A don Rafael Ribó que, en el fondo quisiera que se retrasasen hasta que Waterloo se pusiera pantalones largos, parece que nadie le hace caso.  

Me pregunto por qué la izquierda catalana no pone la misma fuerza en el corredor del Mediterráneo que Ximo Puig, ¿otro fusilable? Mucho sobre ello ha escrito mi amigo Manuel Gómez Acosta; lo más seguro es que don Manuel no sería fusilable porque es hijo del cuerpo. O la izquierda catalana hace suyo ese proyecto o nadie lo tendrá en cuenta. El corredor del Mediterráneo es una potente interferencia –europea y doméstica-- para los independentistas; para el Partido Popular es un vade retro, porque (según ellos) es una chuchería de la izquierda valenciana. Es la miel en la boca del asno de la calle Génova.

A mi juicio es un proyecto progresista y, además, procura una fuerte fisicidad a la concreción de la España federal. Vale, la izquierda catalana pone el énfasis sobre el carácter federal de España, pero –lo digo sin melindres--  eso es todavía pura metafísica. El corredor del Mediterráneo es, en cambio, algo concreto, factible, necesario. Para más información, lean a Enric Juliana hoy en  La Vanguardia:  La Commonwealth mediterránea.

Mañana doblo el pico. Pasaré el Ecuador de mis viajes ambulanciescos. Sólo me quedarán otros 19 paseíllos.  Bonum signum.

 

Post scriptum.--- La España federal. Vale. Pero «lo primero es antes», que decía don Venancio Sacristán. Un día lo pondremos en inglés para darle mayor empaque.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Meditaciones desde mi ambulancia (17)


 

Las prácticas de la negociación colectiva, especialmente las que se refieren a la reducción de la jornada laboral están, en mi opinión, definitivamente agotadas. No es la primera vez que lo digo ni, supongo, será la última. Ahora, la propuesta de una «ley de usos del tiempo», que comentábamos ayer, indica clamorosamente esa extenuación (1).

Es importante esa propuesta, decíamos ayer en nuestro decimosexto viaje de casa a can Ruti y viceversa, a lomos de la ambulancia. Importante por sus intenciones. Y, a la vez, importante por la modernidad que representa. También, porque viene de parte de quien puede elaborarla, el gobierno progresista de España.

Primera observación: la ley no significa un ´descanso´ para los sindicalistas. Quiero decir que, con ella, no se resuelven los problemas que corresponde solucionar a la acción negociadora del sindicalismo confederal. Lo que se dice para evitar estar a la espera de la promulgación de dicha ley. Es más, desafía a las prácticas contractuales a pasar a un nuevo paradigma. Perdón: no tengan ustedes miedo de lo nuevo, dijo aquel.

Segunda observación: la ley será, en mi opinión, un texto genérico, porque es imposible que aborde en lo concreto las mil y una situaciones de la realidad del ecocentro de trabajo y su vinculación –esto es, la indispensable compatibilidad--  con los tiempos de vida, ahora ya no residuales. En suma, la ley siendo necesaria no es suficiente. O está acompañada de una vastísima trama de negociaciones o será papel mojado.

Entiendo que el sindicalismo está ahora en mejores condiciones para entender la propuesta de Pérez Rey que hace unos años. Por dos razones: una, la gran cantidad de mujeres que han pasado, desde el último congreso, a ocupar puestos de alta responsabilidad, sabido es de la mayor sensibilidad de la mujer ante los temas del tiempo; dos, el rejuvenecimiento que, en líneas generales, se ha dado en las estructuras. Y, quizás haya una última condición que lo favorece: el hecho de que, entiendo yo, ahora se considera con toda la razón que la reducción y reordenación de los tiempos de trabajo y su vinculación con los de vida no es una variable independiente de la eficiencia y la sostenibilidad. Por lo demás, me barrunto que será indispensable establecer las compatibilidades de la Ley de usos del tiempo con: 1) la acción sindical, las plataformas y los contenidos de la negociación colectiva, especialmente los temas de la flexibilidad y la organización del trabajo; 2) con los planes de formación sindical de los cuadros del sindicalismo; y 3) con toda la legislación laboral y especialmente con el nuevo Estatuto de los trabajadores del siglo XXI. Otra vez: no tengáis miedo de lo nuevo. Los nuevos usos del tiempo serán la bóveda de la acción colectiva del sindicato.

Otra cosa. Pregunto al personal sanitario  cuánto vale el acelerador lineal, ese artefacto que me envía las ondas de la radioterapia para curarme. Respuesta: cerca de tres millones de dólares.  El acelerador lineal, fue propuesto en 1924 por el físico sueco Gustaf Ising. El ingeniero noruego Rolf Wideröe construyó la primera máquina de esta clase, que aceleraba iones de potasio hasta una energía de 50.000 eV.  El que me cura es de ultimísima generación. Ahí, en la foto, me tienen ustedes en pleno tratamiento.

 

Post scriptum.--- Les recordamos que, según don Venancio Sacristán, «Lo primero es antes». Oiga, si eso lo hubiera dicho Hamlet estaría en las citas del filosofar de campanillas.

 

1)           https://lopezbulla.blogspot.com/2020/12/meditaciones-desde-mi-ambulancia-16.html

 

 

martes, 1 de diciembre de 2020

Meditaciones desde mi ambulancia (16)


Hacia una ley del tiempo. Este es el audaz planteamiento de Joaquín Pérez Rey, secretario de Estado. Este es el compromiso del Departamento que preside Yolanda Díaz, la eficaz ministra, de ponerla en marcha a medio plazo. La intención es la siguiente, en palabras de Pérez Rey: «Es necesaria una ´ley de usos del tiempo´ en la que el tiempo de trabajo deje de ser el único y que empiece a estar condicionado por los ritmos de  vida». Posiblemente son las palabras más importantes que se hayan dicho en algunos años a la redonda, no sólo en España sino en Europa. Palabras rompedores que se confrontan con las rutinarias prácticas sobre la jornada laboral con plataformas reivindicativas y cláusulas de convenio que hace tiempo son pura herrumbre. Sobre este planteamiento de ´los usos del tiempo´ se está reflexionando en el seminario Time Use Week. Su objetivo –palabras mayores, me digo— «poner el tiempo como factor de bienestar, eficiencia y sostenibilidad». Todo un reto para el sindicalismo confederal y para la izquierda.

La ambulancia es un lugar –no tengo otro a estas primeras horas de la mañana--  apropiado para reflexionar sobre el asunto. Y me digo: el fordismo consolidó y exasperó la colonización del tiempo de trabajo –concebido como jornada laboral— que históricamente se había ido dando. Todo un paradigma que Bruno Trentin desnudó en su obra canónica La Ciudad del trabajo. El tiempo de trabajo, tanto por su duración como por las condiciones de y en el trabajo, lo era todo; el resto era un tiempo secundario, más bien dicho, residual. Este tiempo residual, además, estaba interferido por las preocupaciones del tiempo de trabajo. En cierta medida, la jornada laboral se apoderaba de manera invisible del tiempo de vida, residual hemos dicho.

El contagio del fordismo y su colonización del trabajo –dígase también, del sindicalismo y de la izquierda— corrieron un tupido velo sobre esos elementos tan negativos.

La ambulancia está a la altura de Mataró de Joan Peiró, uno de los organizadores  sindicales españoles más importantes del siglo XX. Su organización fue la CNT. Pues bien, fueron los anarco—sindicalistas quienes, a base de intuiciones encadenadas, enhebraron una teoría, rompedora también en su tiempo, sobre la jornada de las 8 horas al vincularla a los tiempos de vida: su idea era la jornada de los tres 8. Ocho horas para trabajar, ocho para descansar y ocho para el ocio. Así, pues, el tiempo de trabajo aparecía vinculado a los tiempos de vida que, en esa mirada, no aparecían como residuales.

Esta visión no triunfó. Hablando en plata: fue derrotada por el fordismo y por la subordinación del sindicalismo, mayoritariamente inspirado en Europa por la socialdemocracia; tampoco los comunistas estuvieron por la labor, tras las bendiciones de Lenin al taylorismo y al fordismo. Ferdinand Lasalle se había salido con la suya. De ahí la discontinuidad que representa el planteamiento de la ley de usos del tiempo.

Ahora bien, si el sindicalismo confederal no se contagia del carácter rupturista de esos planteamientos –también en la línea de la humanización del trabajo— se desperdiciará la ocasión.

Acabo mis reflexiones mientras estoy tumbado bajo el acelerador lineal, que es como llaman al chisme que me envía las ondas de la radioterapia. Son diez minutos. Diez minutos que no son los de Bergson, ni los de Einstein. Son los de mis tres magníficas enfermeras. Ellas, a medio plazo, podrían disfrutar de esta ley de usos del tiempo. Porque en esos planteamientos de Pérez Rey están los estambres de una profunda renovación de la negociación colectiva.

Post scriptum.--- El acelerador lineal tiene la pinta de valer una millonada. Y un dineral vale, por cierto, la máxima de don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes», sus autores no cobran derechos por ello.