viernes, 19 de abril de 2019

¿Debate electoral?



Variaciones sobre un tema de Rodríguez de Lecea

No seré yo quien lamente si no hay debate electoral en Casa Roures o en la televisión pública, la 1. Me pasa igual que a mi viejo amigo Paco Rodríguez de Leca (1). Tengo otras cosas esa noche de mayor interés como, por ejemplo, echar una partidita de remigio con las amistades. De hecho hace ya muchos años que no veo ningún debate de ese tipo. Francamente, no tengo interés en escuchar las cacofonías reiteradas que exhiben los candidatos durante esos mal  llamados debates. Serán previsibles las intervenciones de los participantes. Desde los infundios e injurias que lanzarán dos niños bitongos como Casado y Rivera a las izquierdas hasta el «se hará lo que se pueda» de Sánchez y el «haremos lo que no podamos» de Iglesias. Así, pues, todo (o casi todo) es previsible. Previsible que Casado acuse a Sánchez de haber pegado fuego a Notre Dame de París. Previsible que Rivera critique a Sánchez e Iglesias de ser los causantes de la pérdida de Cuba y Filipinas. Previsible el talante de Sánchez explicando la diferencia entre querer y poder. Previsible, también, que Iglesias no deje títere con cabeza. Mejor la partida de remigio, ¿dónde va a parar? Sépase que al menos las partidas de cartas tienen un final imprevisible, cuando no hay tahúres. 

Pero una cosa es no ver el debate –se haga donde se haga--  y otra, bien distinta, como el mismo Paco Rodríguez de Lecea apunta, a saber, cumplir con mi derecho-deber el día de las elecciones. Me pondré mis mejores galas, tomaré mi cafelito con tejeringos, y de bracete con mi señora acudiré a la mesa electoral.

Que ¿a quién votaré?  Lo haré a quien disponga de más zotal para ir limpiando los establos de Augiás.

http://vamosapollas.blogspot.com/2019/04/el-voto-de-las-clases-medias.html

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