miércoles, 31 de agosto de 2016

Albert Rivera, sofista



Pineda de Marx. Concierto de la Orquesta Internacional Maravella, 2016



Albert Rivera: "Estoy dispuesto a no tener credibilidad si es por el bien de España" (1). Extraño razonamiento que no resiste ningún convencionalismo de la lógica formal. Digamos que estamos ante una de esas viejas cuestiones a las que los antiguos griegos eran tan aficionados y que sólo por diversión o curiosidad le dedicaron cierto tiempo de estudio algunos filósofos. Una de las paradojas más conocidas se atribuye al poeta filósofo Epiménides: «todos los cretenses son unos mentirosos». Comoquiera que Epiménides era natural de Creta su aserto siempre estuvo en tela de juicio. Compruébenlo ustedes mismos. La solución no puede ser otra que nuestro filósofo fuera un embustero o bien nos tomaba el pelo para pasar el tiempo.

¿Leyó Albert Rivera alguna vez al bueno de Epiménides? No lo sabemos y, francamente, tampoco importa demasiado. Porque parece ser que la tendencia a la sofistería es natural en algunos personajes de la política, y da igual si es de apolillada estirpe o de aparente nueva planta.

Desde que tengo uso de razón vengo oyendo lo del «bien de España». Lo que siempre me provocó un hartazgo insufrible que he procurado combatir con dosis de bicarbonato y otros productos caseros. De hecho tan abstracto ideolecto nunca desapareció de la política. Lo llevó a la sopa la aznaridad y el rajoyato lo extendió a los postres. Pero como todo lo gelatinoso se contagia, este Albert Rivera lo incluye, además, en los aperitivos de sus comistrajos.

El mandamás de Ciudadanos cambia su credibilidad por el bien de España. Lo que llevado a una lógica extrema conduce a que, falto de materia creíble, su bien de España es una quisicosa extraña y más concretamente un chichinabo para camelarse a una parte de la ciudadanía que sigue angustiándose patológicamente por España. Es la sombra garrula del 98: la de aquellos doctos metafísicos que crearon más problemas que los que pudieron solucionar.

No soy amigo de pronósticos, pero en esta ocasión voy a arriesgarme. La gimnasia que está haciendo Rivera es un entrenamiento que le llevará, andando el tiempo, relativamente lejos, esté donde sea en los secanos de las derechas. Es un entrenamiento arduo: blanquea el parné que es sospechoso, pinta cenefas en las habitaciones llenas de mugre, esparce colonia barata como la de aquellos acomodadores de los viejos cines de barrio, hace de aguaducho del rajoyato y cuanto sea menester por «el bien de España». O lo que es lo mismo, está acumulando los artificios de la vieja politiquería, que disimula con unas gotas de cointreau y otros licores benedictinos. Por eso, ahora está representando óperas ligeras para hacerse ducho en la materia. Por ejemplo, la mozartiana Così fan tutte. No tardaremos mucho en verle acometiendo un papel más redondo, tal vez en el verdiano Falstaff. Siempre por el bien de España

      1) http://www.publico.es/politica/albert-rivera-dispuesto-no-credibilidad.html


Radio Parapanda. Rajoy y los malvados banales en http://japariciotovar.blogspot.com.es/2016/08/rajoy-y-los-malvados-banales.html  Escribe Joaquín Aparicio.