El lema de este blog es: "Nada curo llorando y nada empeoraré si gozo de la alegría" (Arquíloco).
jueves, 28 de mayo de 2015
Alberto Garzón lo ha dicho al revés
Entiendo que el electorado no ha enviado mensaje alguno a
IU para que se reconstruya, aunque comprendo que lo que acabo de decir hiera la
sensibilidad de sus militantes y simpatizantes, de sus dirigentes periféricos y
centrales. Pero a las amistades, aunque sean lejanas, hay que decirles las
cosas con claridad y, por supuesto, cortesía. El electorado ha enviado un
mensaje entrelazado: que se limpie la pocilga de la corrupción; una enérgica
protesta por las medidas económicas y políticas que ha liderado el Partido
Popular y llevadas a cabo por su Gobierno; la regeneración de la vida política
y de las instituciones. Cierto, habrá que convenir que en todo ello se ha
basado la biografía, pasada y reciente, de Izquierda Unida. Y que su compromiso
en ello ha sido tesonero. Pero, dicho lo cual, hay que añadir que el electorado
no ha valorado, por unas u otras razones, esa biografía y ese tesón.
Es, por tanto, al revés de lo que dice Alberto Garzón. Es
Izquierda Unida quien debe mandar «el
mensaje» a los electores. No se trata de un travieso juego de conceptos, sino saber
quién manda los mensajes y qué naturaleza tienen éstos. En caso contrario no
habría ni siquiera una áspera travesía del desierto, pues otro batacazo la
llevaría a la definitiva desaparición política, y otros ocuparían –de hecho ya
está pasando-- su particular espacio. El
problema, además, es que no parece que IU esté en condiciones de lanzar el «mensaje»: lo impiden las graves
acusaciones entre sus dirigentes acerca de quiénes son los responsables, de un
lado, y el tosco academicismo del debate interno –o movimientismo o partido convencional--, de otro lado, se han
convertido en las metáforas desafinadas de su, todavía, impotencia. Una
impotencia que la puede llevar a formar parte de la gloriosa cofradía de los
últimos mohicanos.
Izquierda Unida se encuentra, a mi entender ante esta
tesitura: o se realquila en unas u otras agrupaciones para los procesos
electorales o mantiene su actual personalidad. Si se realquila corre el riesgo
de difuminarse gradualmente de la misma manera que el PCE, realquilado en IU, está
ausente en el debate público; si, por el contrario, opta por mantenerse como
sujeto político autónomo necesita algo más que una mano de pintura.
(1)
http://www.eldiario.es/politica/Alberto-Garzon-elecciones-reconstruir-IU_0_391961830.html
miércoles, 27 de mayo de 2015
La unidad de acción de las izquierdas políticas
Nota editorial.— Se nos ha muerto Manuel Ramón Alarcón. Sus
colegas, los juristas Antonio Baylos y Edfuardo Rojo, han dejado escrito dos
cariñosos recuerdos. Lo suscribimos. Léase atentamente en los dos blogs: http://baylos.blogspot.com.es/2015/05/manuel-ramon-alarcon.html
y http://www.eduardorojotorrecilla.es/2015/05/el-betis-en-el-cielo-manuel-ramon.html.
Al jurista y al amigo le dedicamos esta modesta entrada. Va por ti, Manuel Ramón, que como dijo el poeta
de Fuente Vaqueros, fuiste también «un andaluz tan claro, tan lleno de
inteligencia».
Si un
amplio sector de las izquierdas entiende la necesidad de entenderse –digámoslo
con claridad, de pactar-- como una
necesidad política, y no como una patología, podría abrirse un nuevo itinerario
(no sé si un ciclo) nuevo en nuestro país. Ello implicaría aceptar que los
intereses de cada fuerza política deberían estar orientados a la gradual
solución de los problemas, viejos y nuevos, de la ciudadanía. Si, no obstante,
las izquierdas se orientaran a desvincular sus intereses de lo que conviene a
la gente, volverá a reproducirse la geometría de las líneas paralelas. Las
izquierdas deben pactar con un primer objetivo: limpiar la pocilga en los cerca
de quinientos ayuntamientos y en las autonomías que ha perdido
el Partido Popular. Para ello está el zotal y otros productos a convenir,
también de manera pactada. La valenciana Mónica Oltra,
otra gran protagonista del reciente proceso electoral, ha dado en la tecla: las
líneas rojas no están en las personas sino en el qué. Y en ese «qué» hacer está
la madre del cordero; a partir de ello está el «quién». O lo que es lo mismo:
qué proyecto factible se pacta y quiénes lo llevan a la práctica en un trayecto
razonable.
Entiendo
que limpiar la pocilga y poner en marcha un proyecto con su debido trayecto no
deberían ser vistos como algo de corto recorrido y vía estrecha. Porque los
problemas –los pendientes y los que van apareciendo-- que deben irse
solucionando son de una enorme envergadura; porque ninguna fuerza, por
separado, puede abordarlos; porque esas
soluciones no pueden ser un zurcido de retales inconexos; porque las
resistencias siguen siendo muy poderosas.
No entiendo
que ese proyecto sea el resultado de un sincretismo para salir del paso, sino
un instrumento para –por decirlo con Gramsci--
generar hegemonía in progress.
También como justa correspondencia a un amplio sector de la ciudadanía que,
como hemos dicho en otro lugar, le ha cogido gustillo al cambio. Para abordar
algo de tanta relevancia como que «la democracia, que fue antaño fuerza de
cambio, se ha convertido últimamente en fuerza de conservación e, incluso, de
retroceso como signo evidente de su decadencia y vaciamiento», según afirma
responsablemente mi amigo Riccardo Terzi (1).
En
resumidas cuentas, un proyecto que reconstruya a lo largo de ese trayecto un
gran trabajo de mediación, capaz de rehacer los canales de comunicación entre
el espacio social y la esfera institucional. Lo que obviamente tampoco puede
hacerlo nadie por separado y menos todavía yendo a una greña que desmotiva y
aleja a la ciudadanía. Por supuesto, no estamos refiriéndonos a una Arcadia
feliz de la izquierda, porque todo ello generará conflictos entre las fuerzas
de izquierda, entre ellas y la ciudadanía y en el interior de la misma sociedad
civil. Pero tales problemas, incluso lo más ásperos, no deben ser el punto de
llegada, sino el de partida. Es más, tales litigios deben ser observados como
acicate estimulante, nunca como una patología definitiva.
Seamos
claros: la unidad no es un fetiche, sino un instrumento. O, con más realismo:
es una hipótesis de avance de las izquierdas frente a la certeza de que la
dispersión confrontada siempre ha perjudicado a la sociedad y, muy en especial,
al mundo del trabajo heterodirigido. ¿Es necesario poner ejemplos para ablandar
la mollera de las enemistades de la unidad? De la unidad de acción de las
izquierdas, porque hablamos de ello y no de la unidad orgánica de ellas.
Estamos
hablando de una unidad no idílica sino probablemente conflictiva, ya se ha
dicho. Pero esos conflictos no pueden partir de la exigencia de A para que B
sea como A plantea, sino de qué manera, siendo cada cual como es, convengan qué
proyecto con su trayecto pueda hacer avanzar a la sociedad y a todas las fuerzas de izquierda. Lo
que no excluye, naturalmente --¡faltaría más!--
que cada formación luche por su espacio y tesoneramente lo defienda y amplíe.
En
resumidas cuentas, existe una oportunidad de proponerse en los hechos concretos
una regeneración institucional a través de esa unidad en la diversidad de las
izquierdas en la vida local y autonómica. Y una irrupción vital de las energías
vitales de la sociedad que, repetimos, le ha tomado gusto al cambio, no
entendido como una mano de pintura, sino como una garlopa reformadora de las
grandes patologías sociales e institucionales. Las izquierdas, mediante una
emulación de cada cual frente a las otras, no puede desperdiciar esta
oportunidad: los vuelos gallináceos no sólo no solucionarán anda sino que
provocarán un enorme desperdicio. Una ocasión que fatalmente se ha perdido nuestro querido Manuel Ramón Alarcón.
(1) Intervención en el seminario del 30 de Enero
de 2015 en Lecco promovido por la la Fondazione
Pio Galli.
martes, 26 de mayo de 2015
Elecciones municipales y soberanismo en barbecho
Mi gozo en un pozo –o algo
parecido-- es lo que parece que podría
haber dicho cualquier alto exponente del soberanismo catalán tras conocer los
resultados de las elecciones del domingo pasado. El mismísimo alcalde de Barcelona (ahora en
funciones), Xavier Trias,
un sobrevenido soberanista, le dijo al presidente de la Generalitat en la
noche electoral, tras conocer los resultados, «Lo siento por ti». Toda una
frase que convendría que el maestro Umberto Eco
nos ayudara a clarificar. En todo caso, debo reconocer la elegante intervención
de Trías en la noche electoral, algo poco corriente en estos pagos.
Convergencia
i Unió
ha perdido las elecciones en la ciudad de Barcelona frente al hada Ada Colau. Y Esquerra
Republicana de Catalunya no ha visto cumplirse las exageradas
expectativas que se había autofabricado. Para los efectos que queremos situar,
el resto de los datos es motivo de otra reflexión aparte.
Ese
compungido «lo siento por ti» es revelador del disparate de vincular las
elecciones municipales con el proceso soberanista de Cataluña. En poner todo el
énfasis en un proyecto superestructural frente a los enormes problemas, nuevos
y viejos, que tiene una ciudad como Barcelona. En resumidas cuentas, el gozo y
el pozo son la expresión no sólo del error sino de la obsesión soberanista que
había que introducirla con un calzador hasta en la sopa de las municipales; ha
sido la expresión de la confusión entre propaganda subvencionada y política
real.
Conclusión:
las municipales no han sido la reválida de los soberanistas y, por lo tanto, no
son el primer acto de ese extraño constructo de las llamadas «elecciones
plebiscitarias», un concepto que chirría a todo meter en cualquier proceso
electoral democrático.
Es posible
que el puente de mando convergente intuyera algo parecido a estos resultados.
El mismo Artur Mas dejó dicho en el mitin de
clausura de la campaña una cosa tan significativa como esto: «Si Barcelona nos
da la espalda no tiraremos adelante. No podemos perderla». Pues así ha sido,
caballero: han perdido la joya de la corona. De ahí que un conspicuo publicista
del soberanismo haya advertido, ayer en La Vanguardia , que el
resultado de Barcelona significa una «complicación y una advertencia». Una
complicación para el proyecto y una advertencia si el mundo soberanista no sabe
interpretar los datos. Vale la pena afirmar que el mentado periodista deja sin
aclarar de qué manera debe interpretarse dicho resultado.
Dicho lo
cual, estimo que –aunque tocado-- el
soberanismo catalán ahora, aproximadamente en barbecho, seguirá adelante. En
política, la rectificación es un bien escaso y tiene poco predicamento. Pues lo
que se traza en el cuaderno de derrota, de tanto sobarlo, acaba siendo una
virtud teologal.
Permítanme
salirme del guión: lo que sí parece obligado es llamar la atención a los
socialistas catalanes, porque también estos resultados barceloneses les son una
«complicación y una advertencia». No estamos diciendo –no somos nadie para
ello-- que se transformen en algo
parecido a la formación de Colau. Simplemente algo tan elemental como: observen
la relación entre el equipo de esta señora y la ciudadanía, la manera con que
se organizado a ras de tierra, el modo de ser. Tengan en cuenta, además, que
una gran parte de la ciudadanía le está tomando gustillo al cambio. Por lo
demás, no tengan empacho en garantizarle –sin dilaciones como las que ustedes
sufren en Andalucía para formar gobierno--
la llave de la ciudad.
Radio Parapanda.-- https://encampoabierto.wordpress.com/2015/05/25/unas-elecciones-decisivas/ (Escribe Javier Aristu)
martes, 19 de mayo de 2015
Sindicato: cada año que pasa es un año más viejo
1.-- Los
demógrafos de las diversas corrientes académicas comparten una inquietante
coincidencia: cada año que pasa somos un año más viejos; o, si se prefiere de
una manera edulcorada, somos un año menos jóvenes. Ahora bien, instalarse en esa evidencia empírica
no conlleva sacar las oportunas conclusiones útiles para cualquier observador.
Enric
Juliana,
uno de los comentaristas políticos más perspicaces y temperados, en su crónica
de hoy (La Vanguardia ),
pone de relieve una serie de datos de los comportamientos de los grupos de edad
(juventud, madurez y senectud) en su orientación de voto para las próximas
elecciones. Quien tenga interés en ello no tiene más que buscar la fuente.
2.-- No hace falta decir que el sindicalismo
confederal tiene en su documentación anagráfica la estructura de los grupos etarios
de sus dirigentes, representantes y afiliados. Pues bien, si partimos de que
también a los sindicalistas les afecta esa inquietante ley de los demógrafos, convengamos fastidiosamente que cada año que pasa somos más veteranos. Hay una sonada
excepción, la de mi amigo Luis Romero Huertes (en
la foto) que desafía cualquier convencionalismo de los demógrafos. Cada vez que
lo veo me parece que está hecho un chavalote. Luis Romero o la excepción de la
regla.
¿Qué
reflexiones provoca esta ley en la estructura de la edad en el sindicalismo
confederal ya sea en sus diversos grupos dirigentes, en los representantes de
centro de trabajo y en los afiliados? ¿Qué interpelación envía a la tan sobada (como
necesaria y todavía no insinuada en sus formas concretas) refundación del
sindicato? ¿Nos hemos instalado en la «eterna juventud» del que ya nos habló el
viejo Heródoto? ¿O es que, tal vez, esa cofradía
pendenciera de los sociólogos –hecha la salvedad de don Ramón Alós, el Enviado de Auguste Compte en la Tierra-- se ha sacado de la manga la ley del paso del
tiempo? Por si las moscas, sugiero que se esté al tanto.
lunes, 18 de mayo de 2015
Aceptaré la sanción que me imponga el sindicato
Esta mañana
me he quedado de piedra. Me para un señor con pinta de sesentón por la calle. Me
dice que tiene un problema con la Seguridad
Social y me pide que le eche una mano. En un momento de la conversación me aclara que va a votar al Partido Popular en las elecciones municipales. A
pesar de ello, me dice, que confía en un servidor para que se arregle su contencioso. A
continuación pongo mi cara más amable y, educadamente, le digo: «Verá, usted me
ha tomado por san Francisco de Asís. Me
pide que le ayude y, a continuación, me informa que votará al Partido Popular.
Hable con el maestro Armero o con Mariano Rajoy. Conmigo no cuente ni siquiera
para mover el dedo meñique de mi mano izquierda». El sesentón se ofende e
intenta teorizar que el sindicato está para ayudar a todos, voten lo que voten.
Le respondo: hable usted con el sindicato y dé parte de mi falta de consideración.
Y le di la espalda sin despedirme del sujeto de marras.
Lo curioso
del caso es que no tengo mala conciencia por haber incumplido uno de los
preceptos más serios del sindicato: echar una mano a quien tenga problemas. ¿Estaré
relativizando algunas cosas? Puede ser, pero ya empiezo a estar jartico de algunos catamañanas. En todo
caso, aceptaré la sanción que estatutariamente me imponga el sindicato.
viernes, 15 de mayo de 2015
SOBRE LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO SOBRE EL ASUNTO COCA COLA
EL PROTAGONISMO DE LOS ESPARTANOS DE FUENLABRADA EN LA NULIDAD DEL DESPIDO
COLECTIVO.
Enrique Lillo
La sentencia confirma la importante resolución judicial
adoptada por la Sala
de lo Social de la
Audiencia Nacional de fecha 12 de junio de 2014, Autos
79/2014, en la que se fallaba que: “Se declaraba la nulidad del despido
colectivo recurrido y el derecho de los trabajadores afectados a la
reincorporación a su puesto de trabajo, condenando solidariamente a las
empresas demandadas a la inmediata readmisión de sus respectivos trabajadores
despedidos con abono de los salarios dejados de percibir”.
El pronunciamiento confirmado por el Tribunal Supremo
implica que la actuación legal que deberían observar las embotelladoras de Coca
Cola condenadas, integrantes del grupo CCIP, es proceder cada una de ellas a
reincorporar en sus respectivos puestos de trabajo a los despedidos y abonarles
los salarios dejados de percibir, puesto que la sentencia del Tribunal Supremo
confirma también lo que estableció la sentencia de la Audiencia Nacional ,
es decir el carácter de sentencia de condena y de obligación de readmisión
inmediata y efectiva y abono de los salarios de tramitación.
Sobre este extremo de carácter de condena y ejecutivo de la
sentencia de la
Audiencia Nacional , la sentencia del Tribunal Supremo
confirma que en este tipo de sentencias de despido colectivo en él que se
declara la nulidad del mismo, resulta un requisito procesal de cumplimiento
inexorable el que las empresas afectadas por la condena a la readmisión y al
abono de los salarios de tramitación efectúen una consignación judicial del
importe de los salarios de tramitación o presenten un aval bancario que
responda por el importe de los citados salarios.
En este caso concreto, y dada la potencia financiera de las
embotelladoras, éstas presentaron ante la Sala de lo Social de la Audiencia Nacional
presentaron un aval bancario por cuantía indeterminada y ejecutable en
cualquier requerimiento.
La novedad jurídica que introduce la sentencia dictada del
Tribunal Supremo consiste en que la misma desestima las revisiones de hecho
planteadas por el grupo CCIP, donde se pretendía desvirtuar el contenido del
informe de la Inspección
de Trabajo sobre prácticas de sustitución de cargas de trabajo que deberían
haber sido desempeñadas por los trabajadores de Casbega Fuenlabrada, y que ante
la huelga masiva de los mismos no se hicieron, con lo cual las mercancías que
debería haber producidos estos, fueron producidas por trabajadores en
sustitución de huelguistas pertenecientes a otras embotelladoras y así se
acredita que en la plataforma logística de CCIP en Madrid, denominada
Ecoplataform la misma comenzó a surtirse desde mitad del mes de febrero con
productos procedentes de otras embotelladoras de CCIP, de manera que en la
semana del 14 de febrero habían entrado entre 5 y 6 trailers con mercancías
procedentes de otras embotelladoras y el día 18 de febrero entraron 13
camiones, uno procedente de A Coruña y 6 procedentes de Sevilla y 6 de Burgos.
Asimismo, hay que tener en cuenta que estos hechos que se
ponen de manifiesto en el acta de la Inspección de Trabajo y en el contenido de la
sentencia recurrida de la Sala
de lo Social de la
Audiencia Nacional la producción en la fabrica de Casbega en
Fuenlabrada se detuvo completamente y antes de la fecha de 20 de febrero en que
había previsiones de stock, concretamente en la semana del 14 de febrero ya
habían entrado los 5 ó 6 trailers con productos elaborados en otras factorías
del grupo CCIP en la plataforma logística de CCIP en Madrid.
Además hay que tener en cuenta también el hecho relevante de
que el funcionamiento de las distintas embotelladoras y en la distribución de
los productos elaborados se mantenía una regulación territorial especifica, de
manera que aunque todos los embotelladores que se fusionaban eran competidores
potenciales, realmente entre ellos no se producían ventas pasivas o de ventas
no solicitadas procedentes de otros territorios (resolución de la Comisión Nacional
de Competencia de 15 de febrero de 2013).
La sentencia señala literalmente: “También sabemos que el 18
de febrero entraron 13 camiones mas con productos fabricados en otras plantas,
para hacer frente a esta rotura de stock en Madrid, consecuencia de la
paralización de la producción en Fuenlabrada, de forma que esa ausencia de
producción de la planta en huelga durante el periodo central de consultas fue
sustituida por la fabricación de los productos elaborados en otras
embotelladoras de CCIP que no abastecían nunca hasta entonces la zona centro”
(pág. 53 y 54 de la STS ).
Por ello, la cuestión jurídica que ha de resolverse entonces
es si realmente esos hechos suponen una vulneración del derecho de huelga,
contenido en el art. 28.2 de la CE
y si además interfirieron de manera relevante en el proceso de negociación de
la condiciones del despido colectivo que se debatía en la correspondiente
comisión constituida al efecto de conformidad con lo previsto en el art. 51.3.
Por ello la clave jurídica del pleito es resuelto por la
sentencia de la Sala
de lo Social del Tribunal Supremo comentada, al establecer que la respuesta
sobre estas dos cuestiones ha de ser afirmativa, dado que la vulneración del
derecho de huelga mediante las practicas de sustitución que se realizaban de
los efectos de la huelga masiva de Casbega Fuenlabrada se produjo dentro del
periodo de negociación del despido colectivo y, por lo tanto, incidió de manera
directa y frontal en este periodo de negociación, hasta el punto de que la
minimización o eliminación de los efectos nocivos que el desabastecimiento de
productos había de producir con ocasión de esa huelga privo a su vez de
cualquier eficacia o fuerza a la posición que en la mesa pudieran tener los
representantes de los trabajadores durante el periodo de consultas, que han de
realizarse, no se olvide, para analizar las posibilidades de evitar o reducir
los despidos colectivos (art. 51.2 Estatuto de los Trabajadores y 2.2 de la Directiva 98/79).
El Tribunal Supremo avala la interpretación jurídica que la Audiencia Nacional
realizó sobre el denominado esquirolaje y el alcance del art. 65.4 del Real
Decreto Ley 17/77 de 4 de marzo, que dispone: “En tanto dure la huelga el
empresario no podrá sustituir a los huelguistas por trabajadores que no
estuvieran vinculados a la empresa al tiempo de ser comunicada la misma, salvo
incumplimiento de las obligaciones contenidas en el apartado número 7 de este
artículo”
Por ello la sentencia del Tribunal Supremo confirma las
interpretaciones jurídicas de la
Sala de lo Social de la Audiencia Nacional.
Por lo tanto, aun cuando el despido colectivo es anterior al
ejercicio de la huelga, puesto que esta se produce dentro del periodo de
consultas, y no puede considerarse como represalia frente a la huelga, debe
entenderse que las prácticas antihuelga realizadas por las empresas pretendían
neutralizar y aminorar indebidamente los efectos perseguidos por la huelga,
cuyos objetivos estaban estrechamente vinculados a la intención empresarial de
llevar a cabo un despido colectivo, con lo cual la neutralización de los
efectos del conflicto en el centro de trabajo de Fuenlabrada se llevo a cabo
mediante una irrupción directa que implica una quiebra del necesario equilibrio
en la negociación del periodo de consultas, privando a los trabajadores que los
efectos de la huelga pudieran tener en ese proceso, que por tal motivo se vio
evidentemente alterado por la actuación empresarial, de manera que el despido
colectivo resultante se efectuó utilizando prácticas de vulneración de derechos
fundamentales y, por lo tanto, por aplicación del 24.11 de la LRJS el despido es nulo, sin
que resulte necesario entrar a conocer los restantes motivos de infracción
legal denunciados por las empresas.
En definitiva el protagonismo de los trabajadores de
Fuenlabrada secundando masivamente la huelga y toda la movilización inherente a
la misma ha sido el factor decisión en la declaración de nulidad del despido
colectivo que afecta a ellos y a otros de otras embotelladoras.
Enrique Lillo Pérez (Exclusiva para Metiendo bulla)
Madrid, 14 de mayo de 2015.
jueves, 14 de mayo de 2015
Sobre el pacto salarial CEOE - Sindicatos
No han
pasado ni veinticuatro horas de la firma del acuerdo salarial cuando la patronal
empieza a relativizar y a desdecirse de lo firmado. «No es un acuerdo, se trata
sólo de recomendaciones» tanto en lo atinente a la cláusula de revisión
salarial como en la prolongación de los convenios (ultractividad). Nos
preguntamos si Joan Rosell firma con la mano
derecha lo que está empeñado en negar con la izquierda; nos preguntamos si este
caballero tiene representatividad en las estructuras empresariales o bien ocupa
un cargo, que no un liderazgo, por imperativo estatutario; nos preguntamos si
las estructuras empresariales son tales o un tropel de corpúsculos cantonalistas;
nos preguntamos si CEOE tiene un proyecto que no sea el de cada cual a lo suyo. Así las
cosas, es harto difícil que las relaciones industriales y laborales puedan tener solvencia en vez de ir,
como desde hace tiempo, a salto de mata.
Joan Rosell
es formalmente un dirigente empresarial que carece de autoridad. O, rebajando
el planteamiento, que no tiene la autoridad suficiente para transformar los
taifatos en una organización diga de ese nombre. Rosell, cada vez que firma un
acuerdo o una serie de recomendaciones, necesita recordar a sus agremiados que él
es un tipo duro. Ahora ha vuelto a las andadas. Ayer mismo, Paco Rodríguez de Lecea –un antiguo sindicalista
bregado en mil convenios-- nos recordaba en http://vamosapollas.blogspot.com.es/2015/05/privatizar-los-servicios-publicos.html
la querencia del primer espada de la patronal hacia las privatizaciones a
machamartillo tras la firma del acuerdo salarial. Que, halando en plata, son
cinco duros de ideología que va a contrapié de lo que sucede en la vida real. Como,
por ejemplo, el caso de las prótesis caducadas.
La santa
Biblia de la información –es decir, La Vanguardia--
nos informa del caso de la empresa de Reus, Traiber: unos tres mil
pacientes podrían llevar en Cataluña una prótesis caducada de cadera o rodilla.
Lo repito para quienes tienen el vicio pijo de leer en diagonal: tres mil prótesis
caducadas. No es una denuncia de una octavilla de tres al cuarto; es La Vanguardia , a quien se
le atribuye esta característica: lo que no se publica en ella, no existe.
Ciertamente,
no estamos afirmando que Rosell esté interesado en inundar el país con prótesis
caducadas. Estamos simplemente recordando sus propias palabras: «Tenemos las
dos grandes partidas de gasto, que son la Sanidad y la Educación , que seguro que si estuviesen gestionadas
por empresarios, con criterios empresariales, yo creo que podríamos sacar mucho
más rendimiento y podríamos hacer cosas de mucha mejor manera.» ¿Negará
alguien que Traiber ha gestionado el asunto sin «criterios empresariales»?
Pero volvamos al asunto central. Siempre se
dijo que los pactos o acuerdos –pacta sunt servanda-- eran extremadamente útiles para evitar una
conflictividad que fuera innecesaria. Tras las palabras de los dirigentes
empresariales, reconstruyendo el pacto salarial, emergerá la litigiosidad para
que las llamadas recomendaciones no sean un cuento chino sino algo a cumplir a
carta cabal.
martes, 12 de mayo de 2015
CC.OO. y su primer intento de ingresar en la CES
El otro día me dejé involuntariamente en el tintero
otra de las características de Cipriano García,
uno de los padres más representativos del nuevo movimiento obrero catalán y
fundador de Comisiones Obreras: su europeísmo. Me
fastidia no haberlo dejado sentado en http://lopezbulla.blogspot.com.es/2015/05/cipriano-garcia-padre-fundador-de.html.
Cipriano
García venía insistiendo, siendo el “responsable” de la Coordinadora General
de CC.OO. de España tras la detención en Pozuelo de Marcelino Camacho y sus compañeros, en oficializar nuestra petición de ingreso en
la Confederación Europea de
Sindicatos, fundada en 1973. Cipriano era consciente de las dificultades:
de un lado, UGT lo vetaba y, de otro lado, los dirigentes de la CES tampoco estaban por la
labor, hecha la excepción de los sindicalistas italianos. Por otra parte, Cipri
había resistido la enorme presión que nos hacía la Federación Sindical
Mundial, conformada especialmente por las organizaciones sindicales de matriz
comunista, para que ingresáramos en ella. Toda una paradoja en un personaje que
había mamado el comunismo desde su primera juventud y, además, miembro de las
direcciones del PSUC y del PCE.
A
principios de 1974 nos reunimos el secretariado de CC.OO. de Catalunya. Allí
discutimos la propuesta de Cipriano: hacer una visita a la sede de la CES , en Bruselas, para pedir
oficialmente el ingreso de Comisiones Obreras en el sindicato europeo. Dicho y
hecho: la delegación la componíamos Tono Lucchetti y un
servidor. Lucchetti pasó legalmente la frontera con su coche, un legendario Citröen
dos caballos; un servidor en tren con un pasaporte más falso que Judas. En
Bruselas nos entrevistamos con altos dirigentes de la CES que nos dieron largas; tan
largas fueron que sólo se produjo el ingreso muchos años después, bajo el primer
mandato de Antonio Gutiérrez.
En realidad
la mayoría de organizaciones europeas eran partidarias de nuestro ingreso en la
CES. No así la DGB que, poderosamente influenciada
por la UGT y
recelosa de nuestro comunismo no tenía
ningún interés en ello. Ni siquiera bastó la actitud positiva de las Trade
Unions inglesas ni la influencia del sindicalismo italiano. Cipriano lo sabía,
pero no podía dejar de intentar poner, nunca mejor dicho, una pica en Flandes.
Lo que
siempre me resultó chocante es que en los libros y documentos de los grupos
dirigentes confederales nunca se hizo mención a la idea de Cipriano García. Un
servidor siempre insistió en ello, fracasé siempre en mi intento de que se le
reconociera que el primer intento fue cosa de Cipriano.
Nota bene: esta entrada tiene un
doble interés. Por un lado, dejar sentado quién fue el pionero de la relación
entre Comisiones Obreras y la CES ;
por otro lado, molestar a quienes se han empeñado en silenciarlo, sabiendo de
antemano que, tal vez, seguirán dando la callada por respuesta.
miércoles, 6 de mayo de 2015
Cipriano García, padre fundador de Comisiones Obreras
Nota
bene.— Próximamente se conmemorará el veinte aniversario de la muerte
de Cipriano García. CC.OO. de Catalunya prepara para el día 18 de este mes un
acto de homenaje y recordatorio de su figura. A continuación expongo aquí el
primer redactado de mi intervención en dicho acto. Es un borrador para amigos con la idea de perfilar mejor mi participación
en tal acontecimiento.
José
Luis López Bulla
Primer
tranco
De
la «clase probable» a la «clase movilizada»
La
generación fundadora de Comisiones significó una gran transformación en los
movimientos sociales europeos a mediados de los años sesenta. Esta
transformación ha sido, a mi entender, la más importante del sindicalismo antes
de las que se operaron tras el otoño caliente en Italia, en Inglaterra con la
de los shop stewards o en Polonia
con Solidarnösc. Cipriano García fue una de las
personas más representativas de aquella generación.
Los rasgos esenciales
de aquella generación fueron los siguientes: a) puso en marcha un movimiento de
trabajadores abierto en las empresas –esto es, no clandestino— en plena
represión de la dictadura franquista, que aprovechó las posibilidades e
instrumentos de aquella ´legalidad´
combinándola con formas paralegales y extralegales; b) el centro de
decisión del conflicto era la asamblea de todos los trabajadores; c) esta
unidad social de masas se correspondía con la naturaleza unitaria de aquella
generación, que no hacía distingos políticos ni confesiones religiosas; d) en
esa praxis unitaria está el germen de la búsqueda tendencial de la
independencia sindical, no sin altibajos, de ese sujeto social nuevo, al que no
dudamos en calificar de «acontecimiento».
Digamos que estos
rasgos esenciales no eran el resultado de unos planteamientos teóricos sino de
una praxis asumida con naturalidad. Estos rasgos explican la génesis de aquel
movimiento que se traduce en convertir la «clase probable» en «clase
movilizada», una categoría de la que habló en su día Pierre Bordieu. El secreto de aquel acontecimiento fue situar
la acción colectiva en el centro de trabajo y estudio: el bidón, el andamio y
el pupitre, como dije en cierta ocasión. Esa fue la ortopraxis de las nacientes
comisiones obreras, así en minúsculas todavía. El comisionado era el dirigente real
y formal, elegido participativamente en la asamblea.
Los comunistas y el
nuevo movimiento obrero
Que Cipriano García
fuera un destacado dirigente del comunismo español, al igual que su querido
compañero Ángel Rozas, nos vuelve a proponer
la necesidad de revisitar las relaciones entre el PSUC, el PCE y Comisiones
Obreras. En primer lugar, es obligado decir que la insurgencia de Comisiones
fue el resultado de una práctica original, propia de los trabajadores en las principales
empresas fordistas del país. En esos momentos, los dirigentes comunistas de ese
movimiento de trabajadores tenían, por así decirlo, una doble actividad: de un lado, en una organización
clandestina, la Oposición Sindical
Obrera, que –para decirlo coloquialmente--
eran cuatro y el cabo; de otro lado, en esas nacientes comisiones
obreras. Las charlas con el maestro Ángel Rozas son un rico
testimonio de esa militancia bífida.
Cipriano García --y
aquella generación— entendieron, en un momento dado, que aquella «clase
movilizada» ya no cabe en la Oposición
Sindical Obrera que, por lo demás, poco o nada tenía que ver
con aquel movimiento de trabajadores. La primera consideración es: supo romper
con aquel cachivache, la OSO ,
y volcarse en el estímulo de lo nuevo, poniéndose a la cabeza de lo que
tendencialmente era un movimiento unitario, de masas, y para ello debía ser
abierto, no clandestino.
Nadie podrá reprochar
al comunismo español que teorizara e, incluso, interviniera en lo que estaba
sucediendo en esos primeros andares de aquel movimiento de trabajadores. Que le
propusiera una teoría y le prestara lo mejor de su intendencia. Lo supieran o
no estaba haciendo algo similar a lo que pusieron en marcha Giuseppe Di Vittorio en Italia años atrás
en tiempos de la lucha contra Mussolini. Tampoco nadie podrá reprochar al PSUC que
inspirase a Comisiones Obreras lo que en su día llamamos la cuestión nacional
de Cataluña. Sin ningún género de dudas fue nuestro Cipri quien más y mejor se
empeñó en ello, y quien más visiblemente se enfrentó a otras componentes de
Comisiones Obreras que tenían una posición radicalmente contraria.
La historia
antigua de Comisiones Obreras está marcada por diversas fases
en las relaciones entre el partido y el sujeto Comisiones, que coinciden con la
presencia activa de Cipriano García: 1) una fase inicial de tutela por parte
del comunismo español, 2) un periodo de búsqueda de la independencia sindical,
y 3) de la asunción plena de dicha independencia. Digamos, pues, que hay un primer
Cipriano que ve, como cosa natural –y sin ni siquiera planteárselo-- esa relación de tutela y cordón umbilical; y,
a la vez, un segundo Cipriano que va compartiendo la necesidad de, al
principio, una resituación de ese problema y, después, una solución definitiva
basada en la mutua independencia de ambos sujetos, el político y el social.
De hecho, podríamos
decir que fueron los dirigentes sindicales de militancia comunista quienes más
utilizaron su influencia en el partido
para romper aquella prótesis de la correa de transmisión. Digamos que tres
cuartos de lo mismo ocurrió con líderes como Marcelino y Nicolás Sartorius, al igual que lo
hicieran Di Vittorio, Lama y Trentin en Italia.
En todo caso, parece
oportuno plantear lo siguiente: a medida que Comisiones Obreras avanza en su
planteamiento de ser sindicato --algo relativamente tardío y nunca
suficientemente claro hasta poco antes de la legalidad— va apareciendo con más
claridad la necesidad de ser un sujeto independiente. Esa tendencial búsqueda
de la independencia es, en buena medida, la consecuencia de observar que las
ventajas aparentes de la dependencia del comunismo español son menores que la
independencia. Lo que no representa desdoro alguno para el PSUC ni para el PCE.
Lo que explicaría que la opción de UGT por escaparse del PSOE es mucho más
tardía, también porque no es igual ser independiente de un partido menor que de
una organización, en aquellos tiempos tan poderosa, como el PSOE.
Cambiando de tercio, me
interesa traer a colación algo referente a Cipriano del que se ha hablado poco.
Un año antes de la famosa asamblea de Barcelona de Comisiones Obreras de toda
España, en el verano de 1976, Cipriano fue insistiendo en la necesidad de
proceder ordenada, pero rápidamente a la transformación de aquel movimiento de
trabajadores en sindicato. UGT estaba apareciendo de manera abierta y la
patronal se estaba estructurando: nosotros seguíamos deshojando la margarita.
Tampoco lo hicimos en la asamblea de Barcelona que concluyó con gran ambigüedad.
Lo tuvimos que hacer en el otoño de una manera casi vergonzante y un tanto
administrativamente. Cipriano estaba que se le subían los demonios. Con toda la
razón del mundo.
Por otra parte, poco se ha hablado del impulso que dio
personalmente al cambio generacional en la dirección del grupo dirigente. Con
cincuenta años de edad nos empujó –más bien nos obligó-- a un grupo de
veinteañeros a asumir la dirección de Comisiones Obreras de Cataluña. Nunca nos
sentimos vigilados; es más, cuando le reclamábamos el consejo nos repetía:
«volad, volad con vuestras alas».
Segundo tranco
La situación ha
cambiado radicalmente desde, podríamos decir, los tiempos de Cipriano García. Hoy, lo sabemos bien, nos encontramos en un
paradigma radicalmente distinto: el de la reestructuración—innovación de los
aparatos productivos y de servicios en el cuadro de esta globalización
asimétrica, presidida por el capitalismo financiero. Nos parecen claros los
objetivos: generar una nueva acumulación capitalista. Para lo cual le sobran
los poderes, controles y derechos, los
sujetos críticos y todas las interferencias que suponen para lo anterior los
sistemas públicos de protección. En suma, los elementos básicos de la
democracia. De ahí que se esté consolidando el proceso de subordinación de la
política a la economía y a los intereses de los grandes capitales
especulativos, desapareciendo –al menos en nuestro país— los espacios de la
autonomía de la política.
Si todo ha cambiado (y
ese cambio no ha hecho más que empezar) en el centro de trabajo, en la relación
entre centro de trabajo y territorio vale la pena prestar algo más que atención
a las palabras de Ignacio Fernández Toxo: «Si el sindicato no
se reinventa se lo llevará el viento de la historia por delante». A decir verdad,
un servidor nunca ha oído unas palabras tan valientes y certeras en el
sindicato. Salvando las distancias ese llamamiento me recuerda lo que Cipriano
hubiera dicho con relación a la Oposición
Sindical Obrera: «Esto no pita». Dicho y hecho: se pusieron
manos a la obra y arrimaron el hombro a la novedad de aquellas comisiones
obreras que ellos mismos iban creando.
Ahora bien, hay una
enemistad a esta gran operación que propone Toxo. Él mismo ha señalado: «No podemos seguir haciendo lo mismo para conseguir los mismos
resultados». Unas palabras que podrían haber sido suscritas por la
generación fundadora de Comisiones Obreras en aquellos tiempos lejanos.
Entiendo, por otra parte, que lo que plantea Toxo no está bien acompañado. Diré sin protocolo que apenas
si se producen voces de apoyo concreto y con hechos concretos al planteamiento
del secretario general de la
Confederación. Por otra parte, me ha
producido una cierta perplejidad lo manifestado por un dirigente confederal que
ha afirmado que «el sindicato necesita un cambio de imagen». No es que sea,
como lo es, una banalidad; es que un cambio de imagen no garantiza
absolutamente nada. Como tampoco darle a la casa una mano de pintura. Así pues,
es la hora de hincarle el diente a la propuesta de Toxo.
Para una
pormenorización –tanto de los argumentos como de las propuestas
concretas-- yo sugeriría lo que he
expuesto en La parábola del sindicato (http://lopezbulla.blogspot.com.es/2014/09/la-parabola-del-sindicato.html)
que, resumido al máximo, se concretaría en lo siguiente:
n
La conversión del sindicato
en un sujeto «de clase y global»;
n
La asunción de que estamos en
un nuevo paradigma del capitalismo al que hay que seguir combatiendo;
n
La adecuación de la
representación en el centro de trabajo sobre la base de que el sindicato sea el
sujeto principal;
n
El establecimiento de normas
para ejercer la participación y, entre ellas, que cada convenio o acto
contractual sea el resultado de prácticas referendarias;
n
El Código de autorregulación
de la huelga en los sectores esenciales de la comunidad;
n
… y las que se verá en el mencionado estudio de
La parábola.
Sea como fuere, el caso
es que cada tiempo que pase sin entrar de lleno en el planteamiento de Toxo es
una considerable pérdida de tiempo. Y de poder sindical.
domingo, 3 de mayo de 2015
Podemos y los intelectuales
He leído
con cierta perplejidad las declaraciones de Pablo Iglesias El Joven con
relación a la espantá de Juan Carlos
Monedero. Me han sonado a dejá vu. A
algo tan antiguo como las relaciones entre la política y los intelectuales.
Primero.-- Veamos,
Monedero deja los órganos de dirección de Podemos; a continuación expone los
motivos que –incluso leídos superficialmente— son un cogotazo en toda la regla
al grupo dirigente. Sobre el carácter de estas declaraciones no puedo
pronunciarme: sencillamente no tengo información al respecto, aunque me intriga que Monedero no haya sido
más elegante, esperando que por lo menos pasara la primera etapa del proceso
electoral, las municipales. En todo caso, esta decisión (y la oportunidad de la
misma) son cosa que no me corresponde valorar. Por otra parte, sí me parece
llamativo que Iglesias haya aceptado la dimisión tan raudo como una centella.
Según parece, ni siquiera ha habido un «Oye, Juan Carlos: vamos a hablar
tranquilamente». Lo que tampoco, a decir verdad, me corresponde valorar.
Lo que sí
me importa –mejor dicho: me inquieta--
es el argumento del joven Pablo Iglesias. Que, salvando las distancias,
me recuerda al famoso «intelectuales con cabeza de chorlito», que en cierta
ocasión una gran dama de la izquierda, Dolores Ibárruri, endiñó a Fernando
Claudín y Jorge Semprún. La explicación que nos ha dado Iglesias es que «Quizás
Juan Carlos no es un hombre de partido». Tal vez no lo sea, pero –con tan
bombástico argumento-- nos quedamos a
dos velas, especialmente porque Iglesias no ha dado respuesta a los dardos
directos de quien tal vez «no es un hombre de partido», explícitamente ligada a
su condición de intelectual. En todo
caso, entiendo yo que estaba obligado a responder a los pescozones que, con
mayor o menor elegancia, Monedero propina en su carta de despedida del Parnaso.
En primer lugar, por obligada cortesía al remitente y, en segundo lugar, como
clarificación a sus parciales. Más todavía, nos hemos quedado a la Luna de Valencia en todo lo
atinente a la vieja relación entre medios y fines que sutilmente dejar caer
Monedero.
Segundo.--
El debate que se libra en el interior de Podemos tiene una gran importancia. Es
lógico que, en toda organización política y social, aparezcan estas discusiones
que lógicamente nunca fueron resueltas. Es un debate que va más allá de la
relación entre los intelectuales y los «hombres de partido». Y más lógico es,
todavía, que aparezcan en una formación nueva que reclama para sí una profunda
discontinuidad con los partidos de toda la vida. Que lo sea o no es ya harina
de otro costal. Sin embargo, la manera de cerrar la crisis por parte de Iglesias
tiene no pocas semejanzas con los viejos estilos de los partidos tradicionales,
especialmente algunos de izquierdas. Con la notable diferencia de que la
respuesta oficial del primer dirigente de Podemos –echa la salvedad de los
hombres de partido-- ha sido no sólo
cordial sino afectuosa al «querido amigo Juan Carlos».
En todo
caso, vaga por la atmósfera qué se quiere decir exactamente con eso de «los
hombres de partido». ¿Se refiere al militante o dirigente de espíritu
berroqueño –de piedra picada, dicho en castizo-- que acomoda su cerebro con la fe del
carbonero a lo que dicta el partido? ¿Es el militante que es pensado por la dirección y, por lo tanto, es una persona
demediada al renunciar a darle vueltas a su propia cabeza?
Pablo
Iglesias el Joven ha recurrido a un viejo constructo: los hombres de partido. Y
comoquiera que reserva la condición de intelectual a Monedero (frente a la de
los hombres de partido) vuelve a traer a colación la antigua tensión entre
intelectuales y partido. Que en los tiempos actuales –profesionalización
superior de los políticos, poderes discrecionales del líder del partido,
subordinación de la militancia «como servidumbre voluntaria», entre otros—
adquiere otra dimensión.
Por lo
demás, no es menos chocante que Pablo Iglesias utilice la expresión
«intelectual» de una manera que repugnaría a Antonio
Gramsci, esto es, referida solamente al «académico». Sabido es que
Gramsci se refiere al partido como un «intelectual orgánico», luego sus
militantes –académicos o no-- son por
extensión intelectuales. Cuestión diferente es si Podemos, dicho
gramscianamente, es un intelectual colectivo o no. Pero esto es algo que me
sobrepasa.
Sea como
fuere, lo que no es de recibo es la majadería de Artur Mas que –refiriéndose a
lo que estamos comentando-- ha declarado
que los de Podemos «se pelean como monas». Por lo que se ve, su pugna con Duran
es un juego de inocentes pizpirigañas.
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