viernes, 27 de mayo de 2011

LA REGENERACIÓN SINDICAL

Homenaje a Marianita Pineda



“Comprometernos con la regeneración democrática de la actividad política y sindical”, así queda dicho en el punto quinto del Manifiesto de CCOO por un cambio de políticas y un impulso democrático. Todo un compromiso de primera magnitud, una palabra de honor que se ha dado no sólo a la familia sindical sino al conjunto asalariado. Así pues, el grupo dirigente se ha autoemplazado explícitamente a lo que Toxo indicó en la clausura del congreso del sindicato. Es, además, un ejemplo claro de algo de gran envergadura: desde la independencia y autonomía del sindicalismo, no se es indiferente (sino, al contrario, beligerante) a la calidad de la democracia y de la vida política. Así pues, bravo por el lúcido coraje de ese compromiso.


Entiendo que el mensaje quiere decir lo siguiente: desde la regeneración sindical se propicia la regeneración de toda la vida política. Es decir, desde nuestras propias decisiones en la forma-sindicato se intenta que, además, se contagie el resto del asociacionismo político y cívico. O, lo que es lo mismo, la tarea empieza por nosotros mismos. Para empezar, diremos que la compleja tarea autoemplazada tiene una ventaja: la que parte de la estabilidad que, por lo general, preside los grupos dirigentes del sindicato.


He dicho en muchas ocasiones que el sindicato practica una democracia próxima, vecina. Así lo indican todo un conjunto de prácticas de “calidad” como, por ejemplo, la preselección de las listas electorales para la representación de las candidaturas en los comicios sindicales. Esta es una práctica que viene desde prácticamente los primeros andares de Comisiones Obreras. Más o menos, se trata de unas “primarias”, algo que parece que han inventado otros muy posteriormente.


En todo caso, algo debe rondar por las cabezas del grupo dirigente confederal cuando se han autoimpuesto la regeneración sindical. Una tarea que no sólo afecta al comportamiento ético –esto es, la compatibilidad de medios e instrumentos con los fines— sino también a la naturaleza de la representación, así en el interior como en su forma extrovertida. Esto es, la que se desprende de la adecuación de la forma-sindicato a las grandes transformaciones de época del trabajo y en el trabajo; la que se infiere del emerger de todo un amplio elenco de subjetividades: de género, grupos etarios, de situación en el trabajo, en el desempleo y en la jubilación…


Tal vez faltaría ahora la explicitación concreta de ese valiente autoemplazamiento en unos cuantos puntos estableciendo sus prioridades y las compatibilidades entre sí. De entrada, sólo unos pocos puntos, periódicamente sujetos a verificación. Digo “unos pocos puntos” porque, como ya sabemos desde antiguo, Zamora no se ganó en una hora. Porque, en este caso (y en casi todos) no conviene aturrullarse y querer hacer las cosas de repente y todas a la vez. Lo que importa, hablando machadianemente, es el camino y el sentido de ese itinerario. Que, ¿quién sabe?, podría conducir a la bulla que metí
sobre la “soberanía” sindical.





Post scriptum. Convendría añadir, como ejemplos de transparencia sindical, dos elementos, ya tradicionales, en el quehacer sindical de Comisiones Obreras: uno, que en el caso de Catalunya cada año presenta sus cuentas financieras en la Sindicatura de Comptes; dos, que año tras año se le concede el Premio a la Confederación por su transparencia informativa. Es decir, estamos hablando no de dos momentos puntuales sino de toda una singladura. Es el ethos de la biografía de una organización.


Más ejemplos concretos de una manera de ser orgullosamente diferente son: el establecimiento por norma estatutaria de la incompatibilidad entre cargos institucionales y de dirección de los partidos, hace ya muchos años aprobado y la duración de los mandatos para los grupos dirigentes sindicales, también sancionada tiempo ha.


Así las cosas, podemos presumir de unos códigos deontológicos propios muy positivos. Sin embargo, dígase abiertamente que esas conductas se han explicado muy raramente fuera de nuestra vida sindical, y menos todavía han llevado a una noble ostentación por nuestra parte. Se han vivido con una austeridad que, en estos casos, era más un vicio que una virtud. De manera que no es exagerado decir que, fuera del sindicato, se conoce bien poco. De ahí que su influencia haya sido nula o poca cosa. Por supuesto, no estoy reclamando un chovinismo sindical, ni un exaltado enrocamiento de nuestros modos y maneras. Pero sí hay que reclamar mayor publicitación de tales modos y maneras. Lo que vale para las novedades que se vayan concretando a partir de ahora en la renovación de la forma de ser-sindicato. Que, tras el autoemplazamiento del grupo dirigente confederal, no parece tener vuelta atrás.






Radio Parapanda. Honra a la dirección de CC.OO. con Los Campanilleros




jueves, 26 de mayo de 2011

NO ES UNA CRISIS DE LIDERAZGO






Casi todo el mundo habla de que en el PSOE hay una crisis de liderazgo. Un servidor, desde este observatorio privilegiado de la Ciudad-estado de Parapanda, ve las cosas de otra manera, que es una manera relamida de afirmar que está en profundo desacuerdo. Hablar de crisis de liderazgo es tan inexacto como que el cuadrado de la ipecacuana es igual a la suma de los cuadrados de los castrojas.


Ojalá fuera una crisis de liderazgo, pues a secretario muerto, secretario puesto; y a otra cosa, mariposa. Más bien es una crisis trinitaria: de identidad, que conduce a una crisis de proyecto, desembocando en una crisis de grupos dirigentes. El inconveniente de esta mirada es que conduce a la necesidad de ponerlo todo, ordenada y gradualmente, patas arriba. Lo que no parece plato de buen gusto.


Cierto, las grandes transformaciones en curso han erosionado la tradicional identidad del socialismo español. Pero este no se ha situado, así las cosas, subjetivamente en ese paradigma con una praxis transformadora; antes, al contrario, se ha instalado en ese paradigma de innovación-reestructuración de la economía de manera acrítica, gestionando su política al margen de su código clásico de reformas de progreso: gato negro, gato blanco ¿qué mas da si cazan ratones? Lo que ha ocurrido (al igual que en
EL ALGUACIL ALGUACILADO) es que los malditos roedores, negros o blancos, han sido cazados por la ratonera. Así pues, una vez cazados por la mentada ratonera, la evolución de esa especie ha terminado instalándose en una nueva toponimia cuya conducta política se va definiendo a salto de mata, en un zurcido de retales que, por definición, no conforma proyecto alguno. De manera que la crisis de los grupos dirigentes (no de un único líder) era la consecuencia fatalmente lógica. Por lo tanto se rompió el aserto, atribuido a Pitágoras, de que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos. Más todavía, se entró en la filosofía, expresada ex post por el millonario Pérez: habrá que adaptar las organizaciones en función de las personas. Que, en román paladino, dice lapidariamente: el líder conforma la organización, entendida ésta como fiel infantería. Algo de ese método es la permanencia de las más viejas prácticas de la historia, más tarde sofisticadas por el ingeniero Taylor, que han contagiado a las izquierdas de ayer y de hoy. O más castizamente en la expresión catalana: muts i a la gàbia [chitón, y a la jaula].


En esa tesitura –es decir, sin bucear en esa crisis trinitaria— ni primarias ni congreso anticipado resolverán el problema de fondo. Serán muchos los que no quieran aproximarse a la solución y otros tanto la temerán porque considerarán que puede representar una rectificación de fondo o, lo que es lo mismo, una desautorización de una reciente biografía colectiva que ha consolidado dicha crisis trinitaria.


Posiblemente en ese camino fatigoso se corregirán algunas cosas, vale decir, ciertos mechinales. Pero quedarán intactas las paredes maestras de ese edificio profundamente agrietado.


De momento –sólo de momento-- me conformaría con que el PSOE dijera algo sobre la reciente declaración que ha hecho Comisiones Obreras, que culmina con: “1.-Salir de la crisis de manera justa y equitativa para lo que propone: a) Forzar un cambio en la orientación de las políticas europeas, b) Promover una reforma Fiscal, c) Proceder a una reforma del sistema financiero, d) Establecer mecanismos de control de los precios, y e) Abordar un verdadero cambio de modelo productivo; 2.- Crear empleo digno y con derechos. Empleo para los jóvenes; 3.- Restablecer derechos laborales. ILP para el empleo estable y con derechos; 4.- Luchar por mantener y ampliar los servicios públicos de calidad como factor de cohesión social y fuente de empleo y 5.- Comprometernos con la regeneración democrática de la actividad política y sindical”.






Radio Parapanda.
REFLEXIONES Y CORRELACIONES SOBRE EL MOVIMIENTO 15 –M, tal como lo ve Antonio Baylos, comprometido ciudadano cosmopolita.


ALGUNAS IDEAS INQUIETANTES



Homenaje a Elisabeth Eidenbenz



Una vez vistas las elecciones del 22 con unos pocos días de perspectiva, leídas las crónicas de urgencia, observadas las reacciones primarias de los partidos y coaliciones, valorados los resultados al detalle e intuidas las posiciones del poder económico y mediático, me sugiero a mi mismo pensar a largo plazo, puesto que a corto plazo no hay más posibilidades que la chapuza más o menos inteligente y acertada, en la que un servidor reconoce su nula competencia.


El contraste entre lo oído y visto antes del 22 y lo que se ha visto y oído después determinan que una parte, la parte del poder, de la política no se entera del malestar popular y hará todo lo posible para mantener ese malestar entre la queja abstracta y apolítica y la Champions. Como ustedes sabrán el bipartito de CIU, victorioso en las elecciones, ha manifestado por boca del President que se siente legitimado en sus políticas de recorte y de ajuste social e inversor. Cosa curiosa esas palabras, puesto que no atiendo a recordar ningún panfleto provinente de esa coalición en ningún rincón del país que ofreciera un programa basado en esas incertitudes. Yo, cartesiano desde que aprendí a leer, me pregunto cómo una opción política se siente legitimada sobre lo que no ha dicho ni pío. La deducción fácil e incluso comprensible, es que son absolutamente conscientes de que su verdadero programa no cuadra con los intereses de la mayoría social y que el esconderlo bajo términos absolutamente vagos les permitiría aplicarlo con dureza después de los dos éxitos indudables. Eso dice mucho del tipo de político que maneja la derecha, catalanista o no.


Constato que los mecanismos políticos e institucionales, así como las redes de contacto entre representantes y representados que se han utilizado hasta hoy, a partir de los acuerdos de la transición, se han roto, podrido o simplemente se han tornado obsoletos. El largo proceso de degradación democrática, institucional, representativa y de vinculación entre el mundo de la política y el ciudadano que hemos sufrido aquí (y no sólo aquí) ha dado por eclosionar en medio de una crisis económica y un enfoque de modelo económico y social alternativo que aumenta al infinito los motivos de alejamiento ciudadano de la política y de la acción pública y social. Eso no quita que un porcentaje de la población, en torno al 50%, tiene el voto decidido y aplicado. El resto bajo el eslogan de “todos son iguales” facilita a la derecha el acceso al poder, ahora casi poder absoluto, independientemente si la política que aplica les conviene o no.


Como personalmente no respondo a la llamada de la no política, ni soy de los que piensan que todos los políticos son iguales y todos los partidos hacen particularmente lo que les conviene, ni que la política sea una actividad innoble, he de reconocer que en mi descripción de la realidad hay variada complejidad de culpas, responsabilidades, errores o simplemente incapacidades y que afectan de forma desigual a unos u a otros, ciudadanos y políticos incluidos.


Si pudiéramos hacer una crítica consecuente con los errores y los pecados de cada uno, probablemente, los matices aportarían riqueza y exactitud al análisis y el espectáculo lo entenderíamos mucho mejor. Pero hoy por hoy, los media y los intereses que impulsan el alejamiento ciudadano de la política lo hacen imposible para el común de los mortales. Los que matizamos y distinguimos terminamos siendo los raros de la taberna y tenemos que refugiarnos en el rincón del billar, lejos de la cerveza y el debate.


La enorme red de entidades basadas en la solidaridad humana que actualmente poseemos no han estabilizado, como podría haber pasado, ese pacto social y democrático entre gobernantes y gobernados en torno a un modelo de sociedad libre, responsable, segura y solidaria. Las ONG’s no han sido una alternativa a los partidos o sindicatos. En todo caso se han convertido en el último refugio de la conciencia social alejada de la política, pero sin influencia real en el devenir de los gobiernos y de las opciones electorales, en definitiva de la política real y efectiva.


El último detalle, que debe aun desarrollarse y evolucionar, ha sido la eclosión repentina de la protesta masiva de jóvenes en infinidad de ciudades españolas. Ni eso ha sido capaz, de momento, de agitar la conciencia política popular.


La abstención, el voto cuasi fascista, el voto hacia los que tienen como perspectiva de reducción y laminación de las prestaciones sociales son reflejo de que la situación es casi desesperada, pues nada parece hacer despertar a los durmientes. Se da la impresión de vivir en una sociedad enajenada y sin conciencia de sus propios intereses, ni cuando la situación está al borde del abismo.


En unas semanas, dos meses a más tardar, el efecto de los recortes en el gasto público se extenderá por todas las administraciones locales y a todas las CCAA. El efecto macroeconómico será devastador en términos de incremento del paro y de las condiciones de vida de la mayoría. No veremos un reparto equitativo del coste de la crisis (hasta ahora no ha sido así y así continuará) con lo cual la inequidad se instalará como eje de la sociedad. La ocupación, el factor estratégico de cualquier economía y el eje para el bienestar social, es simplemente ignorado, como si un país pudiera permitirse echar por la borda, no una generación, sino varias, sin consecuencias y empezar de nuevo el crecimiento destruyéndolo todo previamente. Una visión social presuntamente formada por autómatas sin sentimientos, ni sensibilidades. Absolutamente irreal.


Hay que recordar ahora el caldo de cultivo del fascismo y el enorme peso de la crisis de 1929, juntamente con las consecuencias del vengativo final de la primera guerra mundial, para entender que estamos en situación de emergencia. Para los más enterados, no hace mucho se publicó que la carga que la UE, el FMI, el Banco Mundial y tutti quanti han echado sobre las espaldas de los griegos es mayor que la que tuvieron que asumir los alemanes en 1920 como reparaciones de guerra. Miren un manual de historia y verán las consecuencias. Aun hoy, la mentalidad alemana, el Banco Central Europeo como su reflejo se alimentan de esa crisis: los precios se incrementaban constantemente hasta el punto que los almacenes tudescos tenían encargados permanentes de anotar las subidas de los productos, añadiendo ceros a la derecha. La inflación y el paro (¿les suenan?) sentaron las bases de un después de holocausto. Tal vez estemos en un nuevo Versalles y Krugman sea nuestro Keynes.


Portugal, tal vez Irlanda, pueden ir por la misma senda griega, a poco que tres o cuatro se lo propongan: tener que entregar todos los activos públicos a la inversión extranjera para pagar la deuda principalmente privada y especialmente bancaria y laminar la acción social del estado, es la única opción que se propone y deprisa, deprisa. Con ello el paro se mantendrá a niveles inaguantables. Tal vez España no esté demasiado lejos de esa circunstancia, a pesar de los recortes en salarios y prestaciones que ya hemos sufrido. Las ansias de reducir el déficit público para pagar los males privados están contrayendo de nuevo la economía y así es imposible eliminar deuda o déficit. Solo el crecimiento y la ocupación podrán hacerlo. A costa, claro está, de mayor clarividencia europea y de un periodo de reforma más extenso y suave. Si el futuro debe ir por donde señala, erróneamente, la Sra. Canciller y lo importante son las vacaciones de los españoles y alguna otra zarandaja sin base estadística que la apoye, hay que concluir que la UE está realmente enferma de gravedad y sus doctores le aplican el método medieval de debilitar al enfermo con las sangrías, esperando el milagro de que a peor, mejor.


España está recuperando unas pocas décimas de crecimiento en base al sector exportador, producto del incremento de la demanda externa, Alemania, Francia, etc. (los que han cuidado con atención su ocupación, su inversión empresarial y su gasto social, estabilizadores e impulsores de crecimiento). Eso es importantísimo porque refleja la política de éxito, impulsar la demanda. En cambio, en la vertiente interna española, el espacio de decisión propia, se hace todo lo contrario, buscar un hipotético equilibrio fiscal (en base al gasto y no a los ingresos), con lo cual el mensaje para el consumidor y para el empresario internos, es ahorrar y no invertir.


En ese contexto, ¿cómo pensar en modificar los instrumentos de participación política, electoral o, incluso, sindical? ¿Qué entorno los hace posibles? Son, evidentemente, una necesidad imperiosa, pero ¿donde está la generación de personas que por capacidad y posibilidad pueden hacerlo con éxito? Haber mimbres, los hay, no hay que dudarlo. Intentos los ha habido y seguirán apareciendo, pero sin una verdadera fuerza social y política que aglutine y de sentido a todo ello nada adelantaremos. No hablo de un partido, sino más bien de una cuajada de partidos, sindicatos, movimientos ciudadanos, etc. que pueda luchar por el mercado ideológico y mediático. Ámbitos en donde se debe producir la hegemonía gramsciana del cambio reformista (él lo diría de forma más radical, claro está).


Algunas ideas inquietantes puedo aportar: la izquierda no existe, existen las izquierdas, que son afortunadamente variadas. Lo que falta es que cuaje un acuerdo básico que permita concentrar fuerzas sin debilitarse mutuamente. Si alguien piensa en una hegemonía en la izquierda está equivocado. Ha podido ser así en algún momento, pero solo aparentemente. De ahí la incapacidad de adaptación a los cambios que esa presunta hegemonía ha sufrido y la facilidad para tomar caminos extraños y erróneos. El mantenerse como Pepito Grillo tampoco lleva a ninguna parte, tanto si se está en la política, como si se está fuera señalando con el dedo. La izquierda está formada por niveles distintos, lo es el sindicalismo de clase, lo es el movimiento solidario, lo es la acción ciudadana, lo es el pensamiento crítico. Lo es la simple humanidad evolucionada.


Creo sinceramente que el futuro debe ir por ahí.


Lluis Casas harto hasta la cruz de los pantalones.


martes, 24 de mayo de 2011

UN PESPUNTE SOBRE EL DESALOJO DEL 22 DE MAYO



Luciano Lama, el prestigioso dirigente sindical italiano, insistía enfáticamente que, cuando el sindicalismo se corresponsabilizaba de los sacrificios en tiempos de crisis, debía pedir como contraprestación un incremento de poderes e instrumentos. De ese modo, afirmaba, se podía paliar los efectos de la crisis y, además, estar en mejores condiciones posteriormente. Éste era uno de los puntos clave del reformismo lamiano.


Por el contrario, los planteamientos y las imposiciones del presidente Zapatero han sido: los trabajadores deben asumir sus responsabilidades en la crisis y, como colofón, a sus sacrificios hay que añadir la eliminación de instrumentos y poderes. Es lo que ocurrió hace meses con la mal llamada reforma laboral que, como una garlopa, cepilló algunas paredes del iusindicalismo y del Derecho del trabajo.


Pues bien, en el caso de Lama cabía la posibilidad de plantar cara a la crisis y los sacrificios fueran (desigualmente, eso sí) repartidos, y tras la salida de aquella el sindicalismo confederal manejaría más poderes e instrumentos. En la práctica zapateriana los sacrificios se han impuesto unilateralmente al conjunto asalariado. De modo que en la crisis estamos con menos instrumentos y, como éstos se mantienen posteriormente, la pérdida de ellos seguirá en la fase post crisis.


Así las cosas, podemos convenir que la gestión de la crisis se ha hecho con un gobernalle que agresivamente significa una profunda discontinuidad –más bien, una cesura-- de la izquierda. De ahí la estampía de los votos hacia otros horizontes. Más todavía, también se ha operado la ruptura del pacto de fidelidad de una buena porción del electorado hacia el Psoe. Por cierto, ha sido una hecatombe de tales proporciones que también se ha reflejado en las elecciones municipales; este es un detalle que todavía no he visto reflejado en parte alguna. La gestión municipal castigada severamente por algo que no es de su responsabilidad.


Punto final. Aprovecho la presente para felicitar al amigo Ramón Gorriz que ha sido elegido miembro de la Comisión ejecutiva de la Confederación Europea de Sindicatos. En su honor suena la jota, cantada por el viejo
José Oto, una gentileza de Radio Parapanda.


lunes, 23 de mayo de 2011

LA IZQUIERDA HA SIDO DESALOJADA


La izquierda no sólo ha sufrido una derrota sin paliativos, también ha sido desalojada de sus tradicionales bastiones.

Los tiempos de derrota no son los más propicios para analizar serenamente qué ha ocurrido; antes al contrario son propicios al abatimiento y al ajuste de cuentas. En ese clima de catástrofe no parece que se tenga lucidez para buscar el fondo de las razones que han llevado al precipicio. Y, sin embargo, no hay otra salida. Porque todo indica que se abre un ciclo en España bastante negro, cuya duración es imprevisible. La derrota no sólo ha sido sin paliativos, la izquierda ha sido desalojada de la mayoría de sus bastiones tradicionales.


El diapasón de este ciclo, a mi juicio, está en función de dos elementos de singular importancia: de un lado, la seriedad y el rigor del análisis que deberían hacer los derrotados; y, de otro lado, el tipo de representación política que tendrían que dotarse. Lo uno y lo otro no son elementos separados entre sí. Desde luego, no es un problema sólo ni fundamentalmente de personas, sino del proyecto que deben encarnar unas personas determinadas. Ahora bien, dentro de ese proyecto parece urgente abordar la siguiente (y especialmente fastidiosa) interrogante: los derrotados ¿van a seguir manteniendo la forma-partido que les ha llevado a esta situación, esto es, un partido de notables, verticalmente estructurado en torno a (unos pocos) patriarcas con un ilimitado mando en plaza? Más todavía, una forma-partido de militancia desvertebrada a la que se le ha impuesto una delegación sin voz ni mandato alguno.


Lo iremos viendo, pero una tarea de reestructuración e innovación de la forma partido –de regeneración, si se quiere-- no parece fácil porque se les ha acumulado un buen cacho de idiotismos de oficio.


Los derrotados no tienen más remedio que asumir que la forma de hacer política de las izquierdas ha entrado en crisis (posiblemente definitiva) con el grosor de su electorado. Una parte de ese electorado que gradualmente viene refugiándose en la izquierda sumergida o en la actividad, más o menos estable, de formas societarias de viejo o nuevo cuño.


Por otra parte, la acción sindical podría verse sometida a una especie de hostilidad sistémica. La derrota de la izquierda deja campo abierto para que las derechas de diversa condición saquen de la alacena todo el arsenal de medidas que han tenido in mente desde hace tiempo a lo largo y ancho del territorio. No está escrito en ningún libro que lo consigan. En todo caso, dependerá de la sabiduría del sindicalismo confederal. La mejor manera de expresar esa sabiduría es ser más sindicato, hacer más sindicato, evitando las derivas del pansindicalismo y el substitucionismo, esto es, no supliendo en clave política el vacío de las izquierdas.


Esa hostilidad contra el sindicalismo requiere, a mi entender, poner en la agenda algo tan serio como la unidad sindical orgánica. He dicho “poner en la agenda”, no que se haga a trancas y barrancas o de un día para otro.


No es el momento de llorar. Es el momento de pensar serenamente, de debatir con punto de vista fundamentado. De ensayar experiencias, por modestas que sean. Entre otras, la recuperación del valor moderno de la militancia.

sábado, 21 de mayo de 2011

NO ATOSIGUEIS AL MOVIMIENTO 15 DE MAYO



Leo que, desde diversos ángulos, se está pidiendo al Movimiento 15 de Mayo que confluya con la política de izquierdas, que participe al lado de las izquierdas. Siento ir a contracorriente. Yo veo las cosas de otra manera.


En primer lugar, lo más natural es que este movimiento – un recién nacido, se diría— vaya asentándose, extendiéndose y consolidando su innegable madurez. Cualquier exigencia desde fuera, incluida la más bienintencionada, sería una interferencia para el asentamiento, extensión y consolidación tanto en cantidad como en calidad. Es más, tengo para mí que sería mirada como mero oportunismo e instrumentalización. Por otra parte, de esa manera sería visto como un intento de limar la independencia y autonomía de ese movimiento.


Ustedes dispensen, pero a un servidor le parece que las cosas han de hacerse al revés. Son las izquierdas, así las sociales como las políticas, las que tienen que contagiarse de los planteamientos éticos que expresa la Generación del 2011. Contagiarse de la profunda renovación de la vida política, que representa lo que esa generación califica, atinadamente, como un ACONTECIMIENTO. De manera que cualquier exigencia intempestiva sería truncar ese acontecimiento.


Son las izquierdas las que deben reflexionar por qué existe ese inmenso océano de izquierda que se ha sumergido en la abstención, es decir, sobre la amplitud de esa izquierda sumergida. Esto es, de esos miles de ciudadanos –cuarentones, cincuentones, sesentones y demás— que han visitado solidariamente a los acampados. Por cierto, una buena prueba de ese inicio de reflexión será mañana por la noche, cuando veamos a los líderes de las izquierdas valorar sus propios resultados en los comicios de este domingo.






LA MADUREZ DEL MOVIMIENTO 15 DE MAYO






Hasta donde la memoria me alcanza –uno ya ostenta la edad provecta— no recuerdo un movimiento social con tanta madurez como éste que se extiende por las plazas españolas y europeas, incorporando ciudades y pueblos con escasa presencia en la geografía de la acción colectiva. Por supuesto, estamos hablando del Movimiento 15 de Mayo, un movimiento maduro a pesar de que se encuentra en sus primeros andares. Es la generación del 20l1.


Dígase con claridad: ¿alguien tiene conocimiento de un Manifiesto tan maduro como el que han hecho público los acampados en la Plaza del Sol, editado por el blog hermano con el título de
TOMAD LA PLAZA. ACAMPADA EN SOL (FRAGMENTOS DE MANIFIESTOS). Hurgad en vuestros recuerdos, buscad en las alacenas de los periódicos y decidme cuándo y dónde se elaboró un panfleto –un servidor reivindica la grandeza de la palabra panfleto al igual que la nobleza de la pancarta-- de esas dimensiones. De esa madurez. De manera que quienes esperaban un movimiento estrambótico se han encontrado con una desacostumbrada madurez.


El manifiesto de la Puerta del Sol enlaza con lo avanzado por aquel noble padre de la izquierda,
Vittorio Foa, que, a sus noventa y muchos años, dejó sentado el secuestro de las palabras en su famoso libro “Las palabras de la política”; se inspira, además, en el conocido verso de Raimon: qui perd els origens, perd l´identitat; y, definitivamente, enlaza con las mejores tradiciones de la izquierda: “Es preciso construir un discurso político capaz de reconstruir el tejido social, sistemáticamente vulnerado por años de mentiras y corrupción. Los ciudadanos hemos perdido el respeto a los partidos políticos mayoritarios,pero ello no equivale a perder nuestro sentido crítico. Antes bien,no tememos a la POLÍTICA. Tomar la palabra es POLÍTICA. Buscar alternativas de participación ciudadana es POLÍTICA”. Madurez serena y sin ostentación la de esta Generación del 2011.


Muchas son las señales de esta madurez. Tan sólo señalaré la que se desprende de la foto de la portada de El País de hoy, sábado. El joven, subido en brazos por sus compañeros, lleva un rótulo en la mano donde puede leerse Plaça del 15 de Maig. Pues bien, las imágenes televisivas informan de cómo acabó aquello: el chaval no tapa la placa que dice Plaça de l´Ajuntament sino que la coloca debajo. Que cada cual interprete como pueda y sepa esta escena valenciana. Pues bien, no sólo es la madurez de lo escrito, de la oralidad, también la de los gestos.


Una madurez que, por lo demás, no se deja llevar por el clima de exageración lingüística que caracteriza, en parte, nuestros tiempos como hace pocos días afirmaba el maestro Umberto Romagnoli: “Fatto sta che la cifra stilistica del linguaggio corrente ormai è l’iperbole” (1). Algo así como quien afirma que no es el griterío ni la acumulación de adjetivos lo que debe basar la palabra fundamentada. Es el concepto, el concepto.


Esta generación del 2011 ha venido a decir algo que debe ser bien estudiado por la izquierda social; algo que ya se dejó sentado en su día por Vittorio Foa: “durante mucho tiempo el sindicato vio en el obrero sólo un obrero, un productor subalterno a quien defender en su relación con el trabajo y representar en sus intereses materiales; por eso no vio otros aspectos de su vida, después se sorprendió cuando no ha sido escuchado en sus discursos”. Ni que decir tiene que las izquierdas políticas están siendo avisadas por este Movimiento del 15 de Marzo. Parodiando a Foa podríamos decir: durante mucho tiempo las izquierdas han visto a la ciudadanía sólo como un potencial granero de votos, por eso no vio lo que tenía que ver, después se sorprendió cuando la gente se fue distanciado de la política.


Si me preguntan cómo continuará este movimiento la respuesta es: ya se irá viendo. Pero el problema de mayor enjundia es: ¿aprenderán algo las izquierdas de la madurez de esta generación?


(1) Umberto Romagnoli:
E’ ora di attuare la Costituzione sul sindacato












martes, 17 de mayo de 2011

JÓVENES INDIGNADOS EN LAS CALLES




Las izquierdas, sociales y políticas, deberían estudiar a fondo las raíces y motivaciones –todo el carácter, digamos— de esa importante movilización de nuestros jóvenes agrupados en torno a la plataforma Democracia real, ya. No será fácil. Primero, porque existe una considerable brecha generacional y –me atrevo a decir—cultural. Segundo, porque en estas ocasiones lo que, de verdad, pasa a primer plano no es el intento de comprensión sino el recelo, más o menos disimulado para no infundir sospechas. Tercero, porque tan importante acción colectiva, en diversas ciudades españolas, se ha hecho en un contexto de campaña electoral que objetivamente no beneficia a la izquierda política, situada también por esta juventud como indiferenciada con relación a la derecha. Un inciso necesario: que estos sectores juveniles hayan elegido conscientemente este contexto no es criticable en absoluto; digamos que es la expresión del sentimiento autónomo con respecto a las contingencias electorales, de la misma manera que el sindicalismo confederal puso en marcha una movilización en Cataluña contra los recortes sociales el pasado día 14 de mayo.


Dicho lo cual, vale la pena decir que –por intereses absolutamente interesados al margen de la intención de dicha plataforma— este movimiento concitará simpatías de las derechas y de los nihilistas de variada condición. De un lado, porque debilita las opciones de izquierda; de otro lado, porque la experiencia indica que este tipo de movimientismo, andando el tiempo, o acaba diluyéndose o se convierte en un magma de grupúsculos enfrentados entre sí. Lo que debería ser, a su vez, un elemento de reflexión para la plataforma.


No es fácil dialogar con los que nunca se ha conversado. Y, sin embargo, no hay otra salida. Democracia real, ya concita los exaltados parabienes de quienes propugnan la indignación, la indignación espasmódica no la que, pacientemente, teje organización sostenible.


No es fácil dialogar con los que nunca se ha conversado. Y, sin embargo, no hay otra salida. Tampoco tiene utilidad alguna –antes el contrario es contraproducente— dirigirse a ellos con paternalismo campechano. Lo más difícil, urgente y necesario es la autoverificación de las izquierdas, esto es, de sus códigos de comportamiento político, de los niveles de participación, de las formas propias de representación de la ciudadanía, de sus propios lenguajes y gesticulaciones. En resumidas cuentas, la manera más fecunda de hablar con la chavalada es el propio examen. No desde la Torre del Homenaje del castillo sino desde la plaza pública. Para dialogar con esa juventud hay que quitarse los entorchados de brigadier y los galones de sargento de semana. Me atrevo a decir, tampoco como coleguis.


Por otra parte, Democracia real, ya debería estar al tanto: ser agasajada como indignada es un caramelo envenenado. Que, además, le otorga un monopolio de indignación que –por lo menos-- debería ser compartido con quienes, desde hace tiempo, están indignadamente organizados y proyectando el conflicto social en los centros de trabajo y en la calle.









Radio Parapanda. Tommy Douglas en Mouseland subtítulos en español









viernes, 6 de mayo de 2011

ESTA DEMOCRACIA ENVEJECIDA O EL CHOQUE DE LOS ALTOS TRIBUNALES DE JUSTICIA

Homenaje a Moses Hess







El Tribunal Constitucional le ha enmendado afortunadamente la plana al Tribunal Supremo sobre el caso de Bildu. Ahora bien, tan radical discrepancia sobre un asunto de primer orden me ha provocado una enorme inquietud. ¿Cómo es posible que haya habido un contraste de tan alta envergadura? Que a un servidor le haya tranquilizado la postura del Constitucional, no despeja mi tribulación, porque no estamos hablando de minucias. Por eso doy constancia de ello en mi diario que, aunque íntimo, es público.


A mi juicio, más allá de la hipotética o real politización partidaria de la justicia española –y sus principales operadores jurídicos-- la madre del cordero está en el envejecimiento a marchas forzadas de la democracia y sus más conspicuos instrumentos. Esta es una democracia que está, desde hace tiempo, chocheando. Donde el problema número uno está en lo apuntado por Luigi Ferrajoli: “en la cada vez más fuerte la relación entre dinero, información y política”. Un dinero impaciente: la “nuova gente e subiti guadagni”, que decía el Dante; la información intencionadamente tendenciosa y expresamente mendaz; la política expresamente torticera que se pasa por la cruz de los pantalones así las reglas como las formas. Una democracia que se ha instalado en esa “normalidad”.


En otras palabras, el espectacular y caballuno desajuste entre ambos altos tribunales es algo más que la politización de la justicia. Esa, si la hubiera, es una consecuencia de las patologías de esta democracia chocha. Por supuesto, doctores tiene la Iglesia para aliviar esas consecuencias patológicas. Pero queda la raíz del problema: el pathos de la democracia, de esta democracia en concreto y no en abstracto. Si yo supiera …


… si yo supiera cómo indicar pistas para abordar este problemón, no duden que lo dejaría por escrito en un ejercicio de redacción. Pero mis saberes chusqueros no dan para más. Porque no es moco de pavo provocar una ruptura epistemológica dentro de la democracia para que haya una mejor democracia
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Radio Parapanda. GARANTIAS DE EMPLEO Y DERECHOS LABORALES EN LA LEY 35/2010 Habla Antonio Baylos desde la sinarquía de Parapanda.




















miércoles, 4 de mayo de 2011

DE NUEVO LA "CUESTIÓN SOCIAL"

Homenaje a George Julian Harney




Más allá de las contingencias políticas que puedan venir en las próximas semanas, una cosa parece clara: la reaparición de toda una serie de opiniones fuertemente críticas tanto en el ágora cultural como en la plaza pública. De un lado, intelectuales –de biografía no extremista—y, de otro, las movilizaciones sociales en curso. Entre los primeros, cabría destacar artículos como los de Joseph Stiglitz, Antón Costas en El País (Corrupción inocente) y, recientemente Emilio Ontiveros (La desigualdad no es rentable) o lo que hace unas horas ha dicho el siempre activo y activista Luigi Ferrajoli (El azote jurídico del populismo) junto a una amplia literatura de desvelamiento de los intríngulis del funcionamiento de la lepra neoliberal y sus consecuencias como lo es, por ejemplo, el libro colectivo FRENTE AL CAPITAL IMPACIENTE, coordinado por Bruno Estrada. De hecho, la diferencia de ello con el lenguaje sindical es la lógica sintaxis académica. Pero el tono templado no oculta la fuerza de la denuncia. De las movilizaciones sindicales es preciso recordar su intermitencia: sin ir más lejos, este viernes la Cgil ha convocado huelga general en “el pais donde florece el limonero” que dijera el sabio de Weimar. En resumidas cuentas, la “cuestión social” ha salido a la superficie así en el debate público como en la presencia del personal en las calles. Es cierto, no está con la vehemencia requerida, pero ¿qué duda cabe? no se encuentra sumergida como en años anteriores. Que la “cuestión social” ha vuelto al escenario lo demuestra el hecho de que el mísmísimo Jordi Pujol –tan atenta como instrumentalmente alerta, incluso para retorcer las cosas-- ha publicado recientemente un artículo donde afirma que: «Catalunya serà social o no serà». Aquest ha estat l’ADN del moviment catalanista. Per pròpia motivació interna i per l’opció del model social europeu que ha fet seu des de fa dècades, i que avui continua fent.”, lo cual es tan incierto como afirmar que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cubos de los catetos.


Cierto, la lepra neoliberal no se arredra; ahí está lo que Ferrajoli explica: “la cada vez más fuerte la relación entre dinero, información y política”, una convergencia de corporativismos que no es nueva pero que, de un tiempo a esta parte, ha alcanzado una expresión sin precedentes. Pero la novedad ahora frente a ella es la respuesta cultural y social, toda una efervescencia que hasta hace poco era desconocida. Se equivocará quien minusvalore esta incipiente respuesta, lo que evidentemente no quiere decir que haya que echar las campanas al vuelo. Ni tanto, ni tan calvo.


Ahora bien, si bien las posiciones académicas, coincidentes conceptualmente con el sindicalismo confederal, están –por así decirlo— a la ofensiva, la movilización social todavía parece estar resistiendo porque la poliorcética de los neoliberales sigue siendo potente. Lo que indica que este áspero conflicto es de largo recorrido. Y lo será más todavía si la izquierda mayoritaria no cae en la cuenta que, en los terrenos políticos, es ella la que pagará las consecuencias.


Pienso que la piedra angular de las respuestas a la triple alianza (dinero impaciente, información y política) es la amplia capilaridad de la unidad de acción entre los sindicatos españoles. Que, aunque con no pocas dificultades, también podría calificarse de incipiente unidad de proyecto. Precisamente lo contrario de Italia donde –observa atinadamente nuestro Antonio Lettieri— la división sindical se ha instalado como “cosa normal”, precisamente donde la pringue (imbrodo) atraviesa el dinero, la información y la política. En esa situación, no es arriesgado establecer la hipótesis siguiente: mientras no se remonte esa situación, Italia no levantará cabeza.


Ahora bien, si la unidad de los sindicatos es esencial, parece conveniente una amplia y sosegada reflexión acerca de las maneras de ampliar la adhesión estable –lo que llamamos afiliación— de millones de trabajadores. Por ejemplo, cómo transformar el seguimiento consciente de centenares de miles de trabajadores y empleados (con independencia de su estatus salarial y categorial) al conflicto que convoca el sindicalismo confederal. Es decir, cómo transitar de la amistad en el movimiento a la fraternidad del hecho de estar sindicado. Con lo que se tiene, siendo importante, la batalla contra la lepra neoliberal será mucho más trabajosa.


Alguna que otra vez me he planteado de qué manera sería posible avanzar en ese terreno, el de avanzar en la afiliación. Lo intenté en torno a los mecanismos de representación del sindicalismo y a sus instrumentos convencionales. Y de refilón en
EL USO SOCIAL DE LAS CONQUISTAS SINDICALES (1) donde el tema central era que las conquistas sociales –en tanto que bienes democráticos, como le gusta decir al amigo Gerardo Pisarello— no nos han motivado a las meditaciones pertinentes. De un lado, han mejorado el tenor de vida (dentro y fuera del centro de trabajo) y, de otro lado, han abierto nuevas paradojas. En el fondo es la conveniencia del consejo de Engels: conozcan ustedes cómo viven y la forma en que lo hacen los trabajadores. Lo que propone la relación entre el sindicalismo y la antropología social. Más en concreto, saber qué relación guarda, por ejemplo, las reducciones de los tiempos de trabajo, conseguidos por el sindicalismo, con el uso que, de ese tiempo liberado, hacen los trabajadores puede darnos importantes indicios para diseñar unas adecuadas conductas organizativas.


Intenté avanzar por ahí, pero a pesar de que anunciaba la continuación de aquellas reflexiones, lo cierto es que me atasqué y nunca hubo segunda parte. Sencillamente fui incapaz de enhebrar la aguja. Y así sigo, sin saber cómo continuar. Hay que convenir que los años no perdonan… Pero sí intuyo que, por ahí y desde ahí, podría abrirse un filón de propuestas.




Radio Parapanda.
MIGRACIONES LABORALES, ACCIÓN DE LA OIT Y POLÍTICA EUROPEA, desde Parapanda donde ni el músculo duerme ni la imaginación descansa.




lunes, 2 de mayo de 2011

DOS NOTAS SOBRE ESTE PRIMERO DE MAYO



Premisa. La contundencia de las conquistas sociales a lo largo del siglo XX, una conquista de civilización, se nos aparecía como irreversibles. Esa era la impresión que teníamos, aunque no lo dijéramos explícitamente. Los ataques al Estado de Bienestar, que han sido contestados en este Primero de Mayo y en las movilizaciones recientes, demuestran la intentona, por parte de la lepra neoliberal, de buscar la reversibilidad de tales logros. Esta no es una mirada escéptica sino un toque de alarma. Lo que se quiere decir es lo siguiente: no hay nada escrito acerca del carácter “vitalicio” de las conquistas porque la lepra y sus patologías vicarias saben exactamente lo que quieren. Por otra parte, hay una novedad, no irrelevante: la política instalada, por sus propios intereses electorales, había tenido una cierta contención y un simulado interés en no aparecer como directamente comprometida a liquidar el bosque benestarista. También en este sentido hay novedades. De aquella contención se ha pasado a un caballuna desinhibición: las rebajas y recortes están en el orden del día, incluso a las puertas de los procesos electorales. Este es el caso, bien visible, del Gobierno catalán.


Primera. Este Primero de Mayo es un punto de inflexión: la respuesta social es un engarce entre la presión de semanas anteriores y lo que está anunciado en recortes y rebajas para después de las elecciones municipales. Ahora bien, conviene tener en cuenta la posible munición que guardan en su cartuchera. ¿A qué me refiero? Creo que ya lo habéis adivinado…


Pero, por si las moscas, ahí va la intuición de un espectador comprometido. El Gobierno catalán se orientará a una apariencia de negociación con los sujetos afectados, separándolos, evitando la confluencia de las presiones sectoriales. El mensaje sería: con vosotros negociamos aquello que os afecta. El problema de la sanidad, sólo con los profesionales de la salud, mejor dicho: sólo con sus altos estamentos profesionales; los de la enseñanza, tres cuartos de lo mismo. Y cada `corporation´ --embelesada o resignada ante ese espejismo de negociación—se desconectaría de la necesaria respuesta colectiva, global. En esa tesitura, el sujeto general (el sindicalismo confederal) quedaría aislado, reducido a su casamata. Así las cosas, no es necesario decir cómo acabarían las cosas.


Segunda. La decisión de las direcciones confederales de enviar a Toxo y Cándido a presidir las manifestaciones del Primero de Mayo en Valencia constituye una novedad que debe celebrarse. Desconozco si la idea ha partido de nuestras amistades valencianas o de nuestros amigos confederales. Pero, en todo caso, me quito el sombrero. Y, a la vez, es un estímulo a todos los dirigentes a tener en consideración eso que, eufemísticamente y, tal vez de manera condescendiente, se llaman las periferias. Porque hay vida –y una muy valiosa biosfera-- más allá de lo que se considera “el centro”. O, por mejor hablar: los centros, ya que es incierto lo que dice la copla:
Madre no hay mas que una.







Radio Parapanda. Il Primo maggio di Marchionne. Escribe el amigo Tonino Lettieri. Se recuerda al personal que Tonino es hijo adoptivo de Parapanda.







domingo, 1 de mayo de 2011

MÁS POLÉMICA SOBRE LO SOCIOPOLÍTICO

Los imperativos de la amistad me obligan a terciar en el debate –controversia dice El Apotegmas— que este buen amigo ha provocado en el no menos querido Andrés del Viso a propósito de “lo sociopolítico”, según queda registrado en las dos entradas dedicadas a ello. En la segunda, CONTROVERSIA SOBRE "LO SOCIOPOLÍTICO", Andrés del Viso dijo:




"Ante todo muchas gracias al admirado bloguero anfitrión y otras más a Prudencio El Apotegmas por darse tiempo y espacio en responder a mi pequeña entrada un tanto espontánea. No esperaba yo esta acogida.A mi me parece que lo socio-político es un término que explica la acción sindical no sólo desde la localización territorial o desde las estructuras sindicales del territorio, sino algo más, porque se refiere a una actuación del sindicato donde no es frecuente encontrarle, o sea, en los barrios, en los locales de asociaciones de emigrantes, en las asambleas vecinales o en las que se realizan para reivindicar un derecho a la vivienda, y así. No sabría decir si el sindicato ha elaborado una estrategia "cerrada" sobre lo que yo llamo socio-político, pero lo que se es que en esos lugares está - a veces y a saltos - y que no tiene las pautas de conducta y las experiencias que sin embargo ha heredado - más o menos - cuando se desenvuelve en la fábrica, en el centro de trabajo o en las reivindicaciones que se relacionan directamente con los trabajadores en activo.Y de nuevo creo que me he excedido, pero es que me voy arriba a medida que respondo. Un saludo".


No comparto la fáustica pasión de Andrés por lo sociopolítico como expresión del sindicato. Es más, participo de la observación de El Apotegmas cuando habla de que, tal como Andrés plantea las cosas, parece un Jano Bifronte. Una cara está mirando hacia el sindicalismo de toda la vida, aunque con larga trayectoria de “nuevo tipo”; otra cara mirando hacia otros lugares. De donde se saca la impresión de que el sindicalismo es un sujeto aproximadamente (dispensen la comparación) hermafrodita.


Por otra parte, tengo la impresión de que Andrés convierte el vicio en virtud. Lo hace cuando afirma [que lo sociopolítico] “refiere a una actuación del sindicato donde no es frecuente encontrarle, o sea, en los barrios, en los locales de asociaciones de emigrantes, en las asambleas vecinales o en las que se realizan para reivindicar un derecho a la vivienda, y así”. El vicio es “donde no es frecuente encontrar al sindicato”; la virtud, así las cosas, es “lo sociopolítico”. Una cierta confusión, digo yo. Porque si el sindicato no frecuenta determinados lugares, ¿cómo va a intervenir, ni siquiera sociopolíticamente? Lo que implicaría, entiendo yo, el déficit de sindicato general” como acertadamente quería que fuese nuestro amigo Bruno Trentin.


Es cierto que Bruno y tantos dirigentes sindicales italianos (Lama y tantos más) hablaron del sindicato como “soggetto político”. Una caracterización que, injustificadamente, ponía los pelos de punta a gentes como Giorgio Amendola y otros gigantes del comunismo italiano, entre otros. Pero “soggetto politico” era la actividad eminentemente contractual desde la fábrica hasta la concertación tripartita, y nunca una actividad “separada”. En suma, nada tiene que ver la expresión “soggetto político” con sindicato sociopolítico. Lo primero era la constatación de una actitud unívoca; lo segundo fue la separación de actividades, como dos líneas paralelas. Lo que provocó la separación de las estructuras federativas de las territoriales y una fuente interminable de problemas que se repetían ad nauseam. O sea, parafraseando también a Da Ponte (con música de Mozart, en el magistral Cossí fat tutti) fue
come un scoglio.


Por otra parte, tengo la impresión que el Apotegmas no se ha referido a una elaboración “cerrada” o sistémica sobre lo que entendíamos como “sociopolítico”: un comunista sinárquico como el Apotegmas nunca haría ese planteamiento. Nuestro amigo, se refería a la ausencia de pistas, indicios, aproximaciones de qué se quería decir con ello. En cambio, sí podemos rastrear no poca literatura (no sólo de Nicolás Sartorius, el más prolífico de los intelectuales del sindicalismo) acerca de “sindicato de nuevo tipo”: la asamblea como elemento decisorio, la asdcripción sindical de los desempleados y tantas otras que no es necesario relatar ahora. Pero, nada de nada de ese ave fénix al que alude, con tintes de retranca, nuestro Apotegmas desde su talabartería en Parapanda.


viernes, 29 de abril de 2011

CONTROVERSIA SOBRE "LO SOCIOPOLÍTICO"







Nuestro amigo Andrés del Viso ha hecho un comentario de gran importancia a mi entrada REVISITANDO CON BAYLOS "LO SOCIOPOLÍTICO" aunque para ser exactos se refiere a la apostilla que se hacía: a una cita de Prudencio Farfán, conocido por el mote de El Apotegmas. El compañero Andrés dijo:


“No estoy de acuerdo con El Apotegmas, y me parece bien enfocado el texto del bloggero sobre la difícil integración de los socio-político (¿por qué prescindir de esa categoría?) en la acción sindical sin caer en un "sustituismo" que denota ya claramente una cierta "división del trabajo": lo laboral para el sindicato, lo político para el partido. La sustitución del actuar del partido político sería la intervención del sindicato en lo "socio-político". O sea, zapatero a tus zapatos. Será por deformación profesional, pero el trabajo con los inmigrantes y los parados, requiere una intervención en el territorio, en el barrio, y una fuerte mediación cultural que el sindicato está obligado a hacer si no quiere quedarse fuera de muchos problemas decisivos para la vida de las personas que lo están pasando mal a costa de su trabajo o porque no encuentran trabajo. Recordemos a los venerandos miembros de la IWW, un sindicalismo de acción en el territorio y basado en la movilización de la precariedad laboral. Perdón por el excesivo espacio utilizado”.


He aquí la pronta respuesta de El Apotegmas.


Querido Andrés, te agradezco la controversia (como puedes ver utilizo esta palabra que tiene reminiscencias de las viejas polémicas que teníamos en Parapanda en tiempos de don Fernando de los Ríos) con relación al asunto de “lo sociopolítico”. Le agradezco a Pepe Luís que me abra espacio en su blog para decir la mía. Y siguiendo con las flores debidas, me quito el sombrero ante su abnegada militancia en el sensible campo de la inmigración. Dicho lo cual, es hora de meterse en harina.


No es que el sindicato deba involucrarse en dichas cuestiones, sino que –usted es una prueba-- está metido hasta las cejas. Y así debe seguir siendo. Ahora bien, ¿por qué la actividad del sindicato “en el territorio” debe ser definida como “sociopolítica”? ¿Acaso las negociaciones tripartitas en el territorio tienen una característica sociopolítica o, más bien, son sindicalismo tal cual? De la misma forma entiendo que la tutela y promoción de los derechos de los inmigrantes que, por supuesto, se dan en el territorio son acción sindical tal cual. Una de las pruebas más brillantes fue el convenio colectivo del Matadero de Girona de hace un par de años. Por extensión, entiendo que el conjunto de las protecciones debe ser cosa del sindicato. Claro, sin excluir que otros sujetos también trabajen en esa dirección. Por eso me pregunto ¿tiene sentido hacer una separación entre acción colectiva clásica (en el sentido culto de la expresión) e intervención sociopolítica? A mi juicio eso sería un galimatías y, salvando las distancias, una reedición de –tú lo apuntas en el comentario con relación a otro tema— el partido se ocupa de una cosa y el sindicato de otra. O sea, la división de poderes en el interior del sindicato: las Federaciones a la negociación colectiva; el territorio a “lo sociopolítico”. Jano bifronte, mi querido amigo.


Entiendo que los padres fundadores de Comisiones Obreras intuitivamente quisieron superar esa nefasta separación de poderes (papá-partido, el Parnaso de la política; los garbanzos, el sindicato), tantas veces denostada por mi viejo compadre Bruno Trentin, que venía cada año a Parapanda a tomar las aguas. La solución trabajada que encontraron los padres fundadores del sindicato fue “lo sociopolítico”. Que también fue –según mis recuerdos— un intento de salir al paso, educadamente, de una de las sorprendentes afirmaciones que se hicieron en aquel famoso libro “Después de Franco, ¿qué?" donde el autor afirmó desparpajadamente que Comisiones “era un embrión de soviets”. Lo que dejó en el aire un cierto rescoldo que tal vez siga en barbecho.


Mi querido amigo, has citado a la IWW, los famosos wobblyes norteamericanos. Para los días de hoy no me vale ese ejemplo. Porque en aquellos tiempos no podían hacer otra cosa que su acción sociopolítica en el territorio. Más todavía, no quiero incurrir en apologética reaccionaria, pero nuestros admirados amigos wobblys pagaron muy caro aquella deriva sociopolítica. Cierto, fundamentalmente por la represión tan durísima que costó tantas vidas, entre ellas la de nuestro Joe Hill.


Acabo, amigo Andrés: es un hecho que, a pesar de tanta referencia antigua a lo sociopolítico, no hay elaboración teórica al respecto por parte de nuestros fundadores sobre tan recurrente tema. Aquella adjetivación tan recurrente no tenía debajo ninguna chicha. Por eso, déjeme terminar muy granadinamente –ya sabe usted que Granada está cerca de Parapanda y por eso algunos sarcasmos (malafoyá) se nos pegan aunque no queramos. Lo sociopolítico me recuerda un tanto al Ave Fénix, que como dijo el libretista Da Ponte, en un arranque machista: “la fede delle femmine è come l´araba fenice /: che ci sia ciascun lo dice /, cosa sia nessun lo sa”.

miércoles, 27 de abril de 2011

REVISITANDO CON BAYLOS "LO SOCIOPOLÍTICO"





A propósito de SINDICATO SOCIO-POLÍTICO Y TERRITORIO: CONSTRUIR ESPACIOS DE IGUALDAD Y COHESIÓN SOCIAL según Antonio Baylos. Cierto, desde el acuerdo.


Mucho se habló en tiempos pasados de la personalidad socio-política de Comisiones Obreras. Pienso que no estuvimos aproximadamente acertados en expresar cabalmente qué intentábamos decir. A veces traslucíamos una especie de pansindicalismo (vale decir, meter las narices en todo) y, por ende, suplir mediante el substitucionismo lo que, a nuestro entender, no hacían los partidos políticos. Con más frecuencia de lo debido nos comportábamos como un político-socio sindicato que acabó siendo una excusa de mal pagador ante la impotencia de no hacer sindicalismo. Y lo hicimos tan desordenadamente que todavía parecen existir secuelas de aquella contaminación que los sindicalistas de mi quinta dejamos en el ambiente. Se trataba, dicho esquemáticamente, de que correspondía al sindicato territorial la práctica sociopolítica y a las estructuras federativas la acción contractual. Era, y allá donde todavía perdure, una artificiosa división de poderes, un sindicato bifronte, donde no había cruce entre lo federativo y lo territorial.


Entiendo, pues, que las prácticas pansindicalistas y substitucionistas --esto es, la manera infeliz de lo sociopolítico-- han connotado la crisis de identidad que se asentó en algunas de nuestras estructuras territoriales. Una crisis que, además, provocó la desconfianza hacia el sindicato territorial por parte de los organismos de alto copete, justificando la tendencia tan natural como perjudicial hacia la centralización como insensata reacción al baño pansindicalista de aquellas organizaciones territoriales que se sumieron en tal charca. De ello –todo hay que decirlo-- se libraron aquellas que han encontraron su lugar: su función de “ser sindicato”, no como prótesis de los ámbitos federativos sino como sinergia con éstos.


Hace bien un entusiasmado Antonio Baylos en reproponer la categoría de sindicalismo sociopolítico, aprovechando la importante coyuntura electoral –así en el escenario autonómico como el municipal— y recordar la cantidad de problemas que sobre los trabajadores y sus familias se van a ventilar en función de qué orientación institucional exista tras los comicios. Esta es la tesis baylosiana que compartimos plenamente:


“La política se declina en plural, y se expresa en urbanismo, vivienda, servicios sociales, educación y sanidad. En la determinación de esas políticas es muy importante el proyecto de ciudad y de territorio que puedan realizar los ciudadanos – y ante todo los trabajadores – a través de su participación en el circuito político-electoral que constituye uno de los ejes del sistema democrático. En las elecciones municipales – como también en menor medida en las autonómicas – se presentan programas de acción que se sitúan entre la realidad y el proyecto de cambio. No todos imaginan el futuro del territorio en términos de igualdad, de participación y de solidaridad. No todos conciben el espacio en términos de nivelación y de integración social. Se vota el día 22 de mayo, y escoger las opciones de progreso que enlazan con las reivindicaciones socio-políticas del sindicato es importante”.


Ahora bien, para que “lo sociopolítico” no sea la vieja reedición de las derivas de antaño, que los sindicalistas de mi quinta no supimos corregir –y que, en buena medida, impulsamos-- sería de lo más pertinente que el sindicalismo confederal español revisara a fondo qué hacer –y con qué prioridades de “estilo”-- en el territorio. Lo prioritario es el control: el control de cómo se gestiona el trabajo, el modo de cómo se retribuye, los reflejos que la gestión del trabajo determina sobre el tiempo y los tiempos de vida. O, en palabras más sucintas, el control colectivo sobre la condición social del trabajo. Una tarea que ciertamente no pueden hacer federaciones y uniones territoriales como si fueran miembros separados [membra disjecta] del sindicato confederal. En parcas palabras, se trata del control de los procesos contractuales que tienen vigencia en un territorio determinado. También, por supuesto, el control de cómo se expresa pormenorizadamente la materialización del Estado de bienestar.


¿Por qué se insiste tanto en el control? Porque, por lo general, el sindicalismo no ha estado suficientemente al tanto de ello. Quiero decir que, si bien se ha tenido una actitud insistente en las prácticas contractuales, ello no ha ido acompañado de su correspondiente verificación, vale decir, de su control. Por ejemplo, hace unos cuantos años se fue consolidando en el territorio una amplia gama de negociaciones sobre temas de notorio interés: infraestructuras, medioambiente y otras que fueron robusteciendo el carácter de sindicato urbano. Sin embargo, aquel loable celo contractual no estuvo acompañado de su correspondiente control y verificación. Es más, entró en ese proceso desde su alteridad, independencia y auto-nomía. Que es lo mismo que decir desde su condición social, sabiendo que no es un sujeto de la izquierda sino que está objetivamente en la izquierda. En suma, que él mismo --como el ejercicio del conflicto social-- no está en función de las contingencias de la política partidaria.


Apostilla. He pedido consejo al amigo Prudencio Farfán, conocido en Parapanda por su apodo, El Apotegmas, para que me hiciera llegar sus observaciones a esta revisitación de “lo sociopolítico”. Este sabio talabartero me ha dicho, en correo electrónico, lo siguiente: “Te ha faltado dejar claro que la principal tarea en el territorio es la empresa –o, como decís ahora, el centro de trabajo—, la empresa que está en el territorio. Mientras esté ahí, la empresa no es un no-lugar, sino el lugar por excelencia de la acción sindical. Otrosí, ¿por qué decir que urbanismo, vivienda, servicios sociales, educación y sanidad se corresponden con “lo sociopolítico”, cuando son espacios centrales de las políticas de Estado de bienestar –o, como dicen los relamidos, entre ellos tú mismo, de welfare— inseparables de la acción sindical que ya es clásica? Finalmente, según mis informaciones los vicios antiguos del pansindicalismo, el substitucionismo y las lecturas equívocas de lo sociopolítico no conforman ya la práctica de las uniones territoriales. Pero haces bien en traerlo a colación porque nada está descartado definitivamente. Saludos, Prudencio”.


lunes, 25 de abril de 2011

LO QUE HAY QUE CAMBIAR EN LOS CONVENIOS








Miquel Falguera i Baró. Magistrado del TS de Catalunya




Uno escucha en estos días toda una serie de sesudas disquisiciones relativas al actual sistema de convenios. Incluso los inefables cien economistas de San Luis, cómo no, acuden a la cita con su viejo catecismo de dogmas neo-liberales en ristre. Sin embargo, no deja de ser curioso que casi todas las reflexiones que he visto sobre este tema se centran en la vertiente economicista de los convenios colectivos, como si éstos fuesen, únicamente, una especie de instrumento del mercado. Y es por ello que, en definitiva, todas esas reflexiones inciden en el mismo diagnóstico: los salarios en España son demasiados elevados –en relación a la productividad- y la causa de ello es la negociación colectiva. Por tanto, el tratamiento terapéutico pasa por el recorte de ésta. Y, en consecuencia, aunque no se diga explícitamente, del poder del sindicato y de las tutelas del Derecho del Trabajo. No es nuevo: una diagnosis similar se hizo ya con la reforma de la Seguridad Social.



Como es notorio la actual crisis económica ha sido causada por los salarios y los derechos de los asalariados (pese a que en el anterior período de crecimiento existió una evidente contención en esta materia), no por las actividades especulativas del último decenio. Como es notorio esas políticas especulativas son ajenas a la progresiva desindustrialización de este país y la dejación de cualquier actividad de investigación en la mejora productiva y científica (a diferencia de lo que ha ocurrido en Alemania y el norte de Europa): la culpa es de los trabajadores, que ganan mucho y trabajan poco. Como es notorio la productividad se basa únicamente en los salarios, sin que intervengan otros factores como la formación, las infraestructuras, el resto de condiciones contractuales

y el modelo productivo. Por tanto, es obvio que la solución pasa por incrementar la desigualdad: cuando los ricos sean más ricos y los pobres más pobres –más todavía- estaremos en condiciones de competir (probablemente en nuestros tradicionales sectores punteros del turismo y la construcción, que tanto valor añadido aportan) Lo increíble es que tamañas sandeces se repitan hasta la saciedad, cual mantra sagrado, por supuestos “expertos”, políticos y medios de comunicación sin que apenas se oiga voces críticas que pongan en evidencia lo evidente: que el emperador está desnudo, con sus colgajos al aire. Que la enfermedad actual tiene como origen las propias políticas neo-liberales.




Cabrá recordar que los convenios colectivos son algo más que instrumentos del mercado. Bien es cierto que en la etapa del Welfare constituían –lo siguen siendo- las renovación de votos periódica entre los agentes sociales de la paz social, en tanto que su función principal era, a la postre, la fijación del valor de la fuerza de trabajo en forma civilizada y contractual. Mas esta determinación del valor de la fuerza de trabajo opera, a la fin, como elemento de vertebración entre los asalariados –al establecer un mecanismo de igualdad, que evitan prácticas de subindicación- y entre las propias empresas –al articular mecanismos de regulación de la competencia-. Y, además, los convenios eran –son- también otra cosa: la juridificación de la composición del conflicto social. Por tanto, un instrumento de civilidad democrática, en el que asimismo se plasman derechos y obligaciones no estrictamente económicos, como mecanismo compensatorio entre el poder empresarial y la alternatividad sindical. Por último, los convenios constituyen algo inédito en la teoría general del derecho: son una especie de normas autónomas surgidas desde abajo que, aún incardinándose en el poder del Estado, resulta en sus contenidos ajenas al mismo.
¿Quiere ello decir que se tenga que defender a ultranza nuestro modelo actual de negociación colectiva? Por supuesto que no. Al margen de esos análisis economicistas aparece una realidad cada vez más evidente: el contenido de los convenios se va progresivamente alejando de lo que está ocurriendo en los centros de trabajo y de la realidad de los variados intereses colectivos que conforman el panorama de personas asalariadas. Y ello está provocando en la práctica una potenciación de los pactos y acuerdos de empresa (mal regulados en nuestro ordenamiento, por su falta de relación y adecuación al convenio) y, lo que es más grave, de la autonomía decisoria del empleador.




Afortunadamente los agentes sociales son conscientes de esa situación. Así lo reconocen en forma expresa en el reciente acuerdo denominado Pacto de las Pensiones, en anexo al mismo. Se contienen en dicho documento una serie de diagnósticos que, en general, deben ser compartidos por cualquier observador.



Los motivos de ese desfase real obedecen, a mi juicio, a dos grandes motivaciones. Por un lado, lo que podríamos denominar como la problemática histórica de nuestro derecho del trabajo, que hunde sus raíces en los inicios del actual modelo constitucional, que afectan esencialmente a los instrumentos formales y su vertebración; de otro, el cambio en el modelo productivo, en las formas de organización del trabajo y en la composición del colectivo asalariado, que se inserta esencialmente en los contenidos.




Iniciando estas reflexiones por esos motivos tradicionales, cabrá observar que el advenimiento del actual modelo negocial no comportó en la práctica una ruptura esencial del paradigma franquista. Cierto es que la legitimación constitucional del sindicato conllevó un evidente cambio de protagonismo. Ahora bien, si se analizan en profundidad los actuales contenidos y estructuras de nuestros convenios, podrá comprobarse como no existen grandes diferencias con los de las Ordenanzas laborales.



Es más: los propios ámbitos de negociación sectoriales se adaptan también –en líneas generales- a los tradicionales de las Ordenanzas. A lo que cabrá sumar la aparición de nuevos sectores –en la inmensa mayoría de casos, con muy pocos trabajadores afectados- y la práctica de “barra libre” de los convenios de empresa –ante la inexistencia de reglas claras legales y convencionales de estructuración y vertebración de las unidades de negociación-. De ello se deriva que en España se negocien cada año seis mil convenios. Si se tiene en cuenta que nuestro modelo se basa en la representatividad y no en la representación –lo que determina una evidente carencia de medios materiales y humanos- es obvio que los efectos sobre la calidad de lo pactado son notorios.



Y ello explica también otro fenómeno concurrente: la pobreza de contenidos de los convenios. En la mayor parte de casos las cláusulas que en ellos se observan no son más que reiteraciones –muchas veces, reduccionismos- de la Ley, por no hablar de cláusulas obsoletas.



Todo eso lo venimos arrastrando desde finales de los setenta, en una inercia que no ha hecho más que crecer. Ocurre, sin embargo, que desde entonces han pasado muchas cosas, es decir, aquéllas que me llevan a la segunda motivación antes apuntada.



Por un lado, el colectivo asalariado ha mutado, de tal manera que el tradicional “blue-collar” varón, entonces ampliamente hegemónico, aún siendo hoy mayoritario, no pasa ahora de ser el primus inter pares. Entre otros muchos colectivos (extranjeros, trabajadores jóvenes con mayor formación y distintas aspiraciones que sus padres, etc) es obvio que la feminización del mundo laboral está ahí. Y, con ella, la sensibilidad y valores de las mujeres. Sin embargo, los convenios colectivos han sido poco reactivos a esa realidad. Es cierto que en los últimos tres años se ha producido un incremento muy significativo de las cláusulas de igualdad. Pero no es menos cierto que ese fenómeno tiene su origen en la Ley Orgánica de Igualdad. Por tanto, cabrá preguntarse porqué los agentes sociales han necesitado de un estimulo externo para dar una orientación a los contenidos convencionales.



Con todo, el elemento más significativo desde mi punto de vista es la escasa implementación en los convenios de la regulación del nuevo modelo, la flexibilidad. En general, la mayor parte de normas colectivas optan por una regulación que podríamos caracterizar como “defensiva” ante “lo nuevo”. Es decir, limitando las posibilidades de disponibilidad unilateral del empleador. Sin embargo, esa tendencia no deja de ocultar otro fenómeno que creo más significativo: la falta de metabolización –especialmente, por el sindicato- de la nueva realidad. Por tanto, que la flexibilidad, como nuevo modelo productivo, tiene que generar una nueva cultura social. Y ello aboca a un concepto, muy poco desarrollado en la práctica, que podríamos definir como la flexibilidad bidireccional. Es decir, que el fin del paradigma del “contrato estático” ha de operar tanto para empleadores como para asalariados. Así: ¿por qué el empresario puede disponer del horario de trabajo por motivos productivos y el trabajador no tiene la misma posibilidad por causas personales o familiares?



Y, por otra parte, como fenómeno concomitante, cabe reseñar la evidente disincronía que se produce entre el modelo de poder en la empresa y las nuevas formas de organización del trabajo. La empresa jerarquizada y quasimilitarizada era lógica en el fordismo, pero no se adecua a la flexibilidad. En el actual “impasse”, la patronal se niega a “democratizar” las relaciones laborales, pero en cambio, exige mayor flexibilidad en el desarrollo de la prestación laboral. Y, por su parte, el sindicato, ve la flexibilidad como algo negativo –con razón, por la falta de contrapartida-, de ahí que sea incapaz de metabolizarla.



Por tanto, desde mi reflexión personal, aún siendo evidente que nuestro modelo de negociación colectiva debe ser modificado radicalmente, la problemática de fondo reside en para qué queremos el cambio. Si nos centramos únicamente en los instrumentos y la regulación legal, probablemente ahondaremos aún más en la desigualdad. Por el contrario, un planteamiento de modificación esencial de contenidos, basados en la igualdad formal de la flexibilidad bidireccional, servirá para avanzar en la regulación del nuevo paradigma productivo, de organización del trabajo y de composición del colectivo asalariado. Una lógica que, a buen seguro, incidiría mucho más favorablemente en la productividad que la consabida –y ya demostrada como errónea- receta de recortar salarios.


martes, 12 de abril de 2011

PANFLETO EN DEFENSA DEL ESTADO DE BIENESTAR


Homenaje a don Alejandro Otero.


Afirman los cronicones que Franco recomendó a Perón (Dios los cría y ellos se juntan) que no se metiera con la Iglesia. Por lo que se ve al president de la Generalitat nadie le ha dicho “no te metas con los médicos”. Y para rematar la guinda el conseller de Sanidad suelta bombásticamente que “a los médicos sólo les preocupa el dinero”. Lo que puede ser una verdad parcial, por ejemplo, este consejero es sobradamente conocido por su genoma peseteril. Sobre el resto, hay de todo como en botica. En mi caso –que no es el único-- he tenido la suerte de conocer a grandes profesionales, de probada ética y altísima profesionalidad: los doctores, Vicenç Navarro, Ramon Espasa, Nolasc Acarín, los Broggi (padre e hijo) y un largísimo etcétera.



Naturalmente, las medidas contra el Estado de Bienestar y las declaraciones citadas han reactivado la chispa contra la desforestación organizada que pretende poner en marcha el gobierno (de coalición nacionalista y teócrata-cristiano) catalán. Por ejemplo, el doctor Miquel Vilardell (presidente del Colegio de Médicos y principal asesor del gobierno catalán en materia sanitaria) ha puesto el grito en el cielo y hablado alto y claro: por ahí, no; de ninguna de las maneras. Pero lo más importante es la estructuración de un importante movimiento social que rechaza la poda de los servicios públicos.



Informa Joan Carlos Gallego en De la resignación a la indignación y a la acción: el jueves 14 de abril a las 6 de la tarde se concentran los trabajadores y trabajadoras públicos en la Plaza Sant Jaume contra el recorte de los servicios públicos. Apuesto lo que sea a que no sólo no cabrá un alfiler sino que el gentío abarrotará los aledaños. De hecho esta concentración –y las sectoriales de estos días— están propiciando el gran anticipo del 14 de mayo: la confluencia de organizaciones sociales diversas, vecinales, de consumidores, de cooperación, juveniles, de estudiantes, de padres y madres, de usuarios de la salud, de la cultura, etc. Y evidentemente también las organizaciones sindicales. Que, tomando prestada la metáfora de mi amigo Fausto Bertinotti, podría ser un movimiento de los movimientos, no sólo indignado sino estructurado capilarmente. Si las cosas se hacen aproximadamente bien, no es improbable que el gobierno catalán dé marcha atrás: torres más altas se han estremecido. Ese movimiento de los movimientos tendrá que hilar muy fino; deberá huir de sectarismos y del acné del infantilismo. Así pues, buena letra y amplias alianzas. Porque de lo que se trata, en mi impertinente parecer, es de compartir diversamente un paradigma de oposición fundamentada, primero, y de proyecto (un proyecto no es un zurcido) alternativo a los intentos de descuajeringar el Estado de bienestar.


lunes, 11 de abril de 2011

INDEPENDENTISMO DE NOCHE, NEOLIBERALISMO DE DÍA






Artur Mas, presidente de la Generalitat de Catalunya, fue a votar el otro día. Como saben nuestros amigos, conocidos y saludados este hombre lidera una coalición cuyo socio mayoritario es un partido nacionalista de derechas (con incrustaciones independistas) y un minúsculo partido teócrata-cristiano que, de forma inteligente, ha sido aprovechar las posibilidades legales dentro de la mentada coalición.



Pues bien, el otro día –cuando la tarde languidecía y renacen las sombras-- Artur Mas se embozó en su vieja capa, se encasquetó el sombrero calañés y por la puerta de atrás salió de palacio con dirección a la urna. Votó, como después nos fue comunicado, por la independencia de Catalunya en una de tantas consultas soberanistas. De vuelta a su despacho se despojó de tan castizas prendas y, ahíto de satisfacción, procedió a firmar las disposiciones que suponen recortes y dentelladas, mordiscos y desgarrones en los servicios públicos. Lo uno no quita lo otro.



Pero … días más tarde comunica urbe et orbi, aunque a través de persona interpuesta, que ni su persona ni su grupo parlamentario votarán favorablemente una resolución favorable a la independencia de Catalunya. Todo un ejemplo de nicodemismo político que recuerda la versatilidad de la rosa de Alejandría: colorá de noche y blanca de día. Este desparpajo, el de una política de fijapelo y brillantina, tiene un notable predicamento entre determinados sectores de las capas medias catalanas muy sensibles al revivamiento de viejas religiones, al hedonismo fácil del estupefaciente. En definitiva, a la acumulación de bienaventuranzas del nacionalismo identitario, hoy como ayer, proclive a la victoria en la derrota, repetida ad nauseam como quien fabrica el siguiente constructo: 1) Arturo fuma habitualmente, 2) ¿Arturo vota habitualmente?, 3) Arturo fuma habitualmente, 4) Ojalá Arturo fumase habitualmente. Un inciso, se sobreentiende que este Arturo fuma por la noche y se abstiene de día. O lo que es lo mismo, por la noche el humo del independentismo; por el día, la carnaza del camino de servidumbre hacia los intereses del gran parné. O, lo que parece como muy aproximado: de inclinar la cabeza ante los capitales que van y vienen desnacionalizadamente, mientras que se aprietan las tuercas al personal de la tierra. Que es el intríngulis de este putativo nacionalismo.



Por último, la prensa de hoy afirma que hay una importante manada de lobos casi en las puertas de Barcelona; lo que no se dice es que algunos están ya en plena plaza de Sant Jaume, viviendo desde hace un poco más de cien días. Ah, la censura ...