miércoles, 15 de noviembre de 2017

El travestismo de Ada Colau



Mi viejo amigo Isidor Boix ha publicado un importante artículo en su blog: http://iboix.blogspot.com.es/2017/11/cuando-las-y-los-dirigentes-emiten-un.html  Estilo sobrio, directo y matemáticamente al grano. Se nota la textura de ingeniero. Una razonada opinión de la metodología utilizada por los Comunes de Ada Colau a la hora de decidir la ruptura del pacto municipal con los socialistas en Barcelona. Comparto lo dicho desde la a hasta la z.

Por mi parte, sólo cabría añadir un elemento no menos relevante: la decisión ha sido tomada, cierto, mediante una «consulta a las bases». Sonroja el nivel de participación: el 39,8 por ciento de los afiliados. De ellos un 54 por ciento fue partidaria de la ruptura y el 45,6 favorable al mantenimiento del pacto. A pesar de que las bases podían utilizar los pertrechos de la era digital, los aperos de las nuevas tecnologías. Digámoslo sin florituras: un fracaso en toda la regla. Y con tan raquítica participación se toma una decisión de tan gran relevancia. No hay quórum para aprobar ni siquiera lo más insignificante. Decir que ha hablado la militancia es algo más que una exageración; es una tomadura de pelo, de aquellas que hacen época.

¿Este 39,8 por ciento  es una muestra de apatía, indiferencia o ´rebelión´  de las bases a su grupo dirigente? De todo habrá en la viña de esa Colau.  Y hasta puede ser una muestra del hartazgo de las bases contra los bandazos evasivos de la dirección de los Comunes. En todo caso, algo parece despuntar como novedad: Colau es ya previsible en la administración de sus gestos. Empieza diciendo una cosa, posteriormente la va haciendo más vaporosa y, finalmente, afirma y hace lo contrario de lo que dijo en el inicio. Un itinerario que podría llevar de cabeza a sus parciales que nunca saben a qué atenerse. Se ha hablado de ambigüedad de Colau. No lo tengo por tal. Me parece más adecuado hablar de travestismo. Algunas manchas de travestismo caen en el ropaje de la señora. Contagio de la vieja política que atraviesa la auto llamada nueva izquierda.

Mientras tanto, me pongo a evocar el viejo romance de frontera: «En tan grande polvareda / perdimos a don Beltrán».

Cambio de registro. En pocas semanas aparecerá en librerías y kioskos un libro que puede esclarecer las relaciones entre Cataluña y Andalucía. Se trata de El oficio de resistir. Miradas de la izquierda en Andalucía durante los años sesenta. Su autor es Javier Aristu. Muchos de nosotros lo aguardamos con impaciencia.






lunes, 13 de noviembre de 2017

Retales en el mercadillo catalán. Al fondo Ada Colau e Isidor Boix

1.-- Unidos en la calle, separados políticamente. Cada uno en su casa y Dios en la de todos. Algo se ha quebrado. Elecciones autonómicas: ERC va en solitario, la vieja Convergència (hoy PDeCat y mañana Llista del President) tan sola como la una. Este es uno de los resultados del fracaso de la huelga general, que no llegó a huelga sargento, y «de la vaga de país», que pinchó en hueso. Y la incongruencia de acudir a unas elecciones, convocadas en aplicación del artículo 155 que –afirman todos ellos--  no aceptan.  En suma, Puigdemont no tiene quien le escriba.

2.-- “El Govern no estaba suficientemente preparado para aplicar la independencia”. Así de contundente lo ha reconocido Clara Ponsatí en el programa Via Lliure de Rac 1.  Que, sobre chispa más o menos, enlaza con lo que, en el mismo medio, explicó Joan Tardá: “no ha habido ni la capacidad ni la voluntad de implementar la república proclamada porque es evidente que no había todavía la suficiente acumulación de fuerzas”.

Ambas declaraciones son el reconocimiento implícito de un fracaso caballuno. La consecuencia de no haber tenido en cuenta los movimientos de esa dama, doña Correlación de Fuerzas. El resultado de la más colosal inepcia de un grupo de politicastros que han confundido el trampantojo que han construido con la realidad. Pero, oído cocina, de las declaraciones de Punsatí y Tardá se desprende que su fracaso ya no es cosa de Madrit, de ese pérfido Madrit. El gobierno de Puigdemont «no estaba suficientemente preparado para aplicar la independencia».  

3.--  Isidor Boix nos ofrece el tercer retal. Lo hace en su bitácora, http://iboix.blogspot.com.es/. Habla de la ruptura unilateral del pacto por parte de los comunes de Colau en el Ayuntamiento de Barcelona, que ha dejado en la calle a los socialistas. Todo un ejemplo de irresponsabilidad política, posiblemente una artimaña de carácter electoralista. Digo irresponsabilidad porque es, objetivamente, un elemento añadido a la crisis catalana, a la inestabilidad económica. Que ahora tiene una serie de nombres y situaciones de hondo calado: la paralización de nuevas inversiones en la factoria Seat, las incertidumbres que se añaden al proceso de fusión de los dos grandes gigantes ferroviarios, los interrogantes del Mobile World Congress 2018, que siempre señala el ingeniero Manuel Gómez Acosta, que conoce bien el paño.  Unos asuntos que sobrepasan con creces la capacidad de análisis del grupo dirigente del Ayuntamiento de Barcelona. En suma, la ruptura unilateral del pacto municipal es un acto más propio de tarambanas que de dirigentes políticos y servidores públicos.

Radio Parapanda.--  Recomiendo a los operadores jurídicos la siguiente revista: Società Italiana di Storia del lavoro: http://www.storialavoro.it/archivio-al-presente/

  

domingo, 12 de noviembre de 2017

El resurgir de Terra Lliure



El independentismo volvió a exhibir músculo en la manifestación de ayer en Barcelona. Una potente movilización que volvió a concentrar a centenares de miles de personas. El conflicto se reinventa adoptando formas postmodernas: miles, miles, miles de teléfonos móviles encendidos apuntando al cielo. Toda una lección de novísima estética a quienes mantienen el tradicional ritualismo de las manifestaciones al uso. Posiblemente hará escuela en la aldea global. Observé las imágenes televisivas desde el sosiego de mi butaquilla y, a fe mía, tuve envidia de su estética.  Que los objetivos de tan espectacular movilización sirvan al trampantojo del independentismo es ya harina de otro costal.

Dicho lo dicho, empezó a arrugárseme la nariz cuando oí los gritos de una parte –minoritaria, pero gritona— de la gente gritar con vehemencia «Visca, visca, visca Terra Lliure». Entonces, la estética empezó a entrar en tinieblas. Terra Lliure o el grupúsculo terrorista catalán, vicario de ETA en Cataluña en los años ochenta. Su balance: doscientos atentados y cinco víctimas mortales, cuatro de ellas de su propia organización. Ahora, a rebujo de las manifestaciones independentistas levanta la cabeza. ¿Sus miembros eran durmientes o han surgido para darle ardor guerrero al procés? Sea como fuere es mala cosa. Lo peligroso es que encontrarán cierta comprensión en algunos sectores del independentismo paroxístico. «Son de los nuestros», dirá más de un militante esnob o algún alma de cántaro. En cualquier caso, estos guerrilleros urbanos se sentirán como la llama vigilante ante cualquier traición o bajada de pantalones de los líderes, siempre tentados por la componenda política. Cría, queriendo o sin querer, cuervos que te sacarán los ojos, las higadillas y los riñones.


Mientras tanto, Puigdemont y su circunstancia sigue en Bruselas. Su circunstancia es el twitter como trampantojo del gobierno en el exilio.


sábado, 11 de noviembre de 2017

Puigdemont y Forcadell. En las antípodas, Manuel Zaguirre.




Tengo para mí que el estrepitoso fracaso de la huelga general ha trastocado no poco las cosas catalanas. De un lado, la rectificación de Forcadell en el Tribunal Supremo, que puede ser leída como un acto de atrición; y, de otro lado, la aparición de contrastes no irrelevantes en el seno de la política independentista.

No insistiremos en lo de Carme Forcadell, ayer nos detuvimos en ello, y no es cosa de fatigar en demasía al paciente y abnegado lector. Tan sólo me permito un estrambote: con su rectificación, la presidenta del Parlament de Catalunya debería auto inhabilitarse para unos cuantos años. No se puede admitir que, durante un largo tiempo, haya defendido que la suma de los cuadrados de los catetos nada tiene que ver con el cuadrado de la hipotenusa y, ahora, admita el teorema que todo el mundo atribuye a Pitágoras.

Los contrastes en el interior del bloque independentista son considerables. Por una parte, la lógica negativa de Esquerra Republicana a formar parte de una lista unitaria de todo el bloque; por otra parte, la aparición de algunas grietas en el interior de la Assemblea Nacional Catalana.

El contraste político aparece cuando los herederos de la vieja Convergència, de pujolista memoria, han dejado de ser el pal de paller, que aproximadamente podríamos traducir como la clave de bóveda de Cataluña. Los herederos de aquella potente fuerza política observan, perplejos, hasta qué punto el azucarillo se va disolviendo en el vaso de agua. La ilusa fogosidad de Puigdemont ha contribuido a incrementar el desmoronamiento de su formación política. Más todavía, ha metabolizado su condición de exiliado hasta tal punto que se comporta como tal, como un exilado, aceleradamente desubicado de lo que, a diario, va cambiando el país. No lo lamentamos: Puigdemont es él mismo y sus circunstancias delirantes. Su propuesta de confeccionar una agrupación de electores bajo el título pseudo gaullista de Llista del President no consigue adhesiones significativas. Tan sólo permite una serie de tapas variadas que no acaban de conformar un menú. El fracaso de la huelga general –que ni siquiera llegó a huelga sargento--  acabó de hundir las posibilidades del hombre de Bruselas. Roma no paga tan estrepitosos fracasos. En definitiva, Puigdemont no será el Kerensky que soñaban las órdenes menores conventuales de la CUP.

La novedad es, sin embargo, que en el interior de la ANC aparece un sector que empieza a considerar que su grupo dirigente es «ineficaz». El fracaso de la huelga y de la llamada «vaga de país» ha embrollado más las cosas. Tampoco lo lamentamos. La rectificación de Forcadell echa más agua a este vino. Menos todavía lo lamentamos.


Y mientras tanto, Barcelona sigue perdiendo fuelle. No será la sede de la Agencia Mundial del Medicamento. Esto sí que lo lamentamos.  De todo ello hablaremos con Manuel Zaguirre, maestro de sindicalistas, a la hora de comer un día de éstos.


viernes, 10 de noviembre de 2017

La rectificación de la Forcadell

(Cavilaciones tras la detención, encarcelamiento y puesta en libertad de Carme Forcadell)

Las declaraciones de la presidenta del Parlament ante el juez del Tribunal Supremo serán, a todas luces, pasto de todo tipo de comentarios en la campaña electoral que se avecina en las elecciones autonómicas de Cataluña. Forcadell y sus compañías de expediente han rectificado las paredes maestras de todo lo que han venido diciendo y haciendo en los últimos meses. O sea, la declaración de independencia era «simbólica», se acata, la Constitución, el 155 y todo lo que saldrá cuando se filtren las declaraciones de esta señora al Juez. Como es natural, cada quisque organiza su defensa como le es más conveniente. Es su derecho. Ahora bien, se nos va a permitir que digamos que han caído en una doblez o, si se quiere, en una escisión entre, de un lado, el ethos político y  ético y, de otro lado, en su defensa personal ante el Magistrado del Alto Tribunal. No me atrevo a censurarlo. Pero sí puedo reflexionar sobre la radical separación entre unas cosas y otras. Lo facilón sería, desde luego, exigir a unos dirigentes políticos que asumieran el famoso dicho de «a lo hecho, pecho». Como por ejemplo, lo hicieron famosos dirigentes de antaño como Marcelino Camacho, Cipriano García y otros presos políticos de antaño que no se disfrazaron de noviembre para no infundir sospechas. Pero hacer esto significaría tener otra pasta.

Forcadell y su compañía son libres de escoger la defensa más conveniente. Pero hay una parte de sus recientes biografías que ya han sido socializadas por centenares de miles de personas que, tal vez, ahora se sientan atribuladas por la rectificación ante el Magistrado. Lo que hicimos era «simbólico», afirman. Pero políticamente aquellos hechos tuvieron una fisicidad concreta con consecuencias calamitosas de todo tipo en la sociedad catalana.

Ahora, dicha rectificación podría conllevar una profunda desazón en el movimiento independentista. Por su mala cabeza, cosa que no lamentamos. Ahora, tal rectificación podría concretarse en grietas, de complicada reparación, en el fermento escatalógico: algunos predicadores de la salvífica solución catalana han colgado los hábitos. Los fraticelli se han convertido en ortodoxamente dominicos.

Claro, cada cual baja las escaleras como puede o sabe. Y cada cual elige salir del atolladero como Dios le da a entender. Y, repetimos, está en su derecho. Pero políticamente ahora tienen que asumir las consecuencias de la rectificación, ya sea forzada o fingida. No vale esconder la explicación pública en argucias por legítimas que sean. En definitiva, un clamoroso traspiés del procés que podría tener enormes consecuencias.  


En todo caso, la declaración de Forcadell en el Tribunal Supremo pone en evidencia los chicoleos de Puigdemont en Bruselas.  Su twitter tendrá que reinventarse.


Hoy descansamos del monotema catalán




MOVIMIENTO OBRERO: Una lúcida reflexión para adaptar la lucha obrera a los nuevos tiempos.

Escribe Andreu Missé


“No corren buenos tiempos para el sindicalismo”, reconoce José Luis López Bulla, al constatar en qué han devenido las organizaciones sindicales como consecuencia de la profunda transformación que han experimentado las empresas industriales y de distribución debido a los profundos cambios tecnológicos que se han producido.

Lo que preocupa a este histórico dirigente sindical es que el denominado “ciclo largo” de conquistas sociales que el sindicalismo impulsó durante décadas se haya agotado con el estallido de la crisis de 2008 y su resolución mediante las políticas de austeridad. 

López Bulla, secretario general de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras de Catalunya entre 1976 y 1995,  expone sus reflexiones y sugerencias en No tengáis miedo de lo nuevo, un libro elaborado conjuntamente con Javier Tébar Hurtado, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona y director del Archivo Histórico de CC OO de Catalunya.

El libro, prologado por el profesor Antonio Baylos, de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), se inspira y recoge el pensamiento de destacados sindicalistas, juristas y políticos italianos como Ottaviano del Turco, Bruno Trentin, Umberto Romagnoli, Pietro Ingrao y Antonio Gramsci.

La obra es una lúcida reflexión sobre la necesidad de repensar el sindicalismo para “zafarse definitivamente del contagio del taylorismo” que ha padecido a lo largo del siglo pasado. Un taylorismo que significó una nueva organización del trabajo, con una determinada división y especialización de las tareas en el proceso de producción industrial, que significaba la apropiación por parte de las empresas de toda la aportación intelectual de los trabajadores. El autor recuerda las palabras que el ingeniero Frederick Taylor dirigió a los obreros en 1890: “No se os pide que penséis, para ello pagamos a otras personas”.

Ante el reto que supone el desarrollo de la Cuarta Revolución Industrial, con los veloces cambios que imprimen las nuevas tecnologías, la informática, los nuevos materiales y las nuevas formas de organización de las empresas, el taylorismo significa una creciente pérdida de poder y desvalorización de los trabajadores. Para López Bulla, “el taylorismo es un desafío en toda regla”. Su propuesta es que “el asalariado en el ecocentro de trabajo avance en el terreno de la humanización del trabajo y la reapropiación de sus conocimientos”. 

En la segunda parte del libro el profesor Javier Tébar reconoce que la capacidad del sindicato para concretar propuestas alternativas se ha visto mermada fuertemente, entre otras razones por la profunda fragmentación y dispersión de la clase obrera. En este sentido considera que “ni la empresa ni la profesión constituyen  elementos de referencia para aquellas personas que están en paro y también para las que cambian de empleo con frecuencia”. En este sentido considera que “una ciudad del trabajo no debería dejar de constituir un horizonte común”. Para ello sugiere que es necesario configurar un modelo de alternativa comprendiendo lo que han sido las ciudades históricamente. Considera, por tanto, la ciudad como un espacio para reflexionar sobre el modelo de espacio que impera en ella. 




jueves, 9 de noviembre de 2017

¿Huelga general en Cataluña ayer?




¿Huelga general ayer en Cataluña? No llegó ni a huelga sargento. Convocada por un sindicato-probeta y azuzada por los medios audiovisuales de Cataluña, TV3 y Catalunya ràdio. Un sindicato-probeta que exhibe sólo 200 delegados y los piquetes radiofónicos, que pagamos todos, lograron movilizar a cuatro y el cabo. Huelga –lo que se dice huelga--  sólo existió en la barroca imaginación de los convocantes. Un dato: TV3 no ofreció a lo largo de todo el día ninguna imagen de centros de trabajo paralizados. No lo encontró.

Naturalmente, para el sindicato-probeta y sus acompañantes hubo un responsable de dicho gatillazo: los sindicatos mayoritarios, ahora considerados como traidores a la causa. Curiosa esta obsesión por conjugar el verbo traicionar que tienen determinadas gentes.

Pero, entonces, ¿qué sucedió en Cataluña? Ocupación estudiantil de las estaciones del AVE y corte de carreteras.  Movilizaciones con fuerte impacto mediático y poca cosa más. Organizadas por unos llamados Comités de Defensa de la República. Un potente nombre de carácter ilusamente proléptico. Nos preguntamos cándidamente: ¿de qué república? Estos grupos clandestinos están desplazando al movimiento independentista y transformando su carácter pacífico y risueño en algo violento y tosco. Aviso a navegantes de bajura: os darán un disgusto el día menos pensado.

Por su parte, la «vaga de país» sólo llamaba a cierres de comercio y concentraciones pacíficas. Ocurrió justamente lo contrario de la anterior movilización, la del día 3 de Noviembre contra la desmedida intervención policial durante la jornada del 1 de Octubre. Esta tuvo un seguimiento notable; la de ayer, ni fu ni fa. ¿Fatiga del procés? En todo caso, los datos indican que el hombre de Bruselas tiene cada vez menos gente que le escriba. Las hermanas de Cordelia ya no son tan aduladoras con su padre, el Rey Lear.


Lo dicho: una huelga casi sargento, no general. Y la aparición en escena de los Comités de Defensa la República que pueden arrebatar y devorar al movimiento independentista su ensoñación. Hipótesis, puede venir un nuevo Termidor.


miércoles, 8 de noviembre de 2017

200 alcaldes en Bruselas



Doscientos alcaldes acuden al parvulario de Bruselas con sus bastones de mando, símbolo del poder municipal que, en esta ocasión, ha sido utilizado abusivamente. Usado como inequívoca alcaldada.  ¿Quién ha pagado ese viaje? ¿A escote por cada viajero de su peculio personal o con los fondos municipales de cada ayuntamiento? En el primer caso, nada que objetar: cada cual hace de sus dineros lo que estime conveniente. En caso contrario, si se hubiera metido mano en la caja, estaríamos ante un caso de malversación. Cada munícipe debe explicarse. Importa el detalle. No todo le está permitido al procés.


En el parvulario de la ciudad de las coles flatulentas se encuentran Carles Puigdemont y compañía.  Discursos de rigor. Se reparten las invectivas: el mal es España y Europa; el bien es el fermento escatológico. Puigdemont –bendito párvulo--  arremete airadamente contra Europa, que prefiere a España antes que a un gobierno en prisión. Toda una carrera armamentística de acusaciones. Zafarrancho retórico. Un discurso a la desesperada de alguien carente de cuajo. ¿Por qué? Obviamente por su mala cabeza. Pero, sobre todo, porque ya tenía noticias  de que no se repetiría la lista unitaria del independentismo cara a las elecciones autonómicas del 21 de diciembre. ERC no paga timoratos. El hombre de Bruselas expresa, así, sus retortijones ante el gori gori que ya suena en su partido. El discurso de Bruselas es una expresión de los movimientos peristálticos de los antiguos convergentes.


martes, 7 de noviembre de 2017

Stalin, la nueva izquierda y Cataluña hoy



En Bajo Guía, en la mismísima desembocadura del Guadalquivir, reflexionaba yo hace una semana sobre algunos asuntos de cierta importancia. Día soleado y enfrente (como siempre) el Coto de Doñana.

¿Por qué –me preguntaba para mis adentros--  la auto llamada nueva izquierda catalana se ha contagiado del nacionalismo catalán y, en concreto, por qué aparece influenciada, en cierta medida, por el secesionismo? No llegué a conclusiones definitivas. Para decir banalidades ya hay voces más autorizadas que las mías.

No obstante, también me pregunté algo que me ronda la cabeza de un tiempo a esta parte. Tengo la impresión de que la tal nueva izquierda, en el terreno del nacionalismo, bebe las fuentes del famoso librito El marxismo y la cuestión nacional, de don José Stalin. Un libro considerado canónico por las viejas izquierdas comunistas y, por tanto, elevado a la condición de Vulgata. Hasta tal punto que, en mis tiempos de joven comunista, se le tenía como el no va más del vínculo entre marxismo y cuestión nacional.

Pregunto si alguien conoce hasta qué punto la renovación de algunos partidos comunistas europeos (por ejemplo, el italiano y el español) conoció alguna revisión del prescindible libro staliniano. Lo cierto es que se pasó de la hagiografía al definitivo archivo de esa obra de Stalin, aunque sé de buena tinta que algunas amistades –todavía hoy--  siguen considerándolo como definitivamente dado.  Inercia de aquella costra de juventud. Una consecuencia, también, de no querer haber leído –ni antes, ni ahora--  lo que sobre ese particular dejó escrito Rosa Luxemburgo.  Cuyas ideas se parecían a las de Stalin como un huevo a una castaña.

Yo me decía en la desembocadura del río grande andaluz que tendría una cierta lógica que la sedicente nueva izquierda quisiera parecerse más a la Luxemburgo que a don José. Pero ¡ca! Ni por pienso. Esta nueva izquierda es staliniana (ojo, no he dicho stalinista) hasta el colodrillo en relación al asunto que comentamos. De donde saco una conclusión provisional: la nueva izquierda es, en este terreno, la continuidad de la vieja, y como ésta es «arroz pelao sin ningún langostino sanluqueño», que diría Juan de Dios Calero, zahorí diplomado de Parapanda.  


lunes, 6 de noviembre de 2017

Las tribulaciones del diputado Tardà



El desparpajo de algunos políticos es directamente proporcional a sus limitaciones. Es un desparpajo compulsivamente patológico. Pongamos que, en este caso, hablo de Joan Tardá, el pintoresco diputado de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso de los Diputados. Todo un veterano de la política, cuya fogosidad le lleva, en ciertas ocasiones, a dictar sentencias lapidarias, cuya esperanza de vida es de corto recorrido. Este desparpajo con forma de travestismo intelectual –hoy se pontifica una cosa y mañana su contraria sin explicar los motivos de la primera y de la segunda— se ve favorecido, en mi opinión, por una especie de «servidumbre voluntaria» de sus parciales que se tragan lo uno y lo otro con aquella fe del carbonero de raíces antiguas. Especialmente si esa fe se basa en el «fermento escatológico de secano», como me indica Helios López Roig en un correo electrónico.

Joan Tardà, ha admitido que “no ha habido ni la capacidad ni la voluntad de implementar la república proclamada porque es evidente que no había todavía la suficiente acumulación de fuerzas” en una entrevista en la emisora Rac1 (1). Sorprendente que, después de haber calentado al personal  ad nauseam este Tardá  nos diga que todavía no les era favorable la relación de fuerzas. Chocante que tan alocado personaje no se haya ido dando cuenta de que todavía no había las suficientes condiciones. Desparpajo al por mayor. O sea, yendo por lo derecho: de lo que se trataba era de calentar al personal –a la servidumbre voluntaria--  y, después, esperar qué pasaría. Engañifa en movimiento y, después, echarle la culpa al maestro armero: «no ha habido ni la capacidad ni la voluntad de implementar la república proclamada».

A ver, ¿puede alguien aclarar este galimatías?  Diga, diga...  






domingo, 5 de noviembre de 2017

Supongamos que nada impide la celebración de elecciones autonómicas




Supongamos que nada impide la celebración de las elecciones autonómicas catalanas previstas para el 21 de diciembre. Y, nuevamente, supongamos que, con más o menos dificultad, se forma govern. Haya o no novedades, es preciso –y, sobre todo, urgente--  que la nueva dirección política e institucional de Cataluña se plantee, por dificultoso que pueda parecer, la normalización gradual de la vida del país. Es obligado construir un nuevo recorrido. No podemos seguir como hasta ahora; ni Cataluña ni toda España pueden aguantar un clima de tensión tan sostenido como el actual.

Este fin de semana, sin ir más lejos, se han dado dos situaciones graves en la comarca del Maresme: un mitin de Ciudadanos es reventado por un grupo de independentistas en Llavaneras; y un piquete de ultras, con la bandera del aguilucho, obligan a gritar ¡Viva España! a quienes se cruzan en su camino; un caballero se niega y le propinan una descomunal paliza, en Mataró. Nuevamente los hunos y los hotros exhibiendo unas chocantes virtudes teologales. Dos sucesos que pueden repetirse en otras ciudades. Lo que va rematadamente mal puede agravarse, dijo alguien.

Pues bien, pasemos este trago como podamos, y con cierta paciencia esperemos el momento de las elecciones autonómicas. No con un escepticismo al por mayor sino al detall. Dejemos, pues, que todo el mundo se desfogue verbalmente y, sin llegar a las manos, aguardemos el momento electoral. Oiremos de todo en do mayor o en re sostenido. A menos capacidad de argumentación, más chillerío. Paciencia, nuevamente mucha paciencia.

Ahora bien, es exigible a todas las fuerzas políticas en litigio electoral que, tras los comicios, se pongan de acuerdo –real o fingido--  en normalizar la vida del país. Y, sobre todo, el nuevo Govern, sea cual fuere, proponga un proyecto de sosiego. No se exige que se comporten como Hermanitas de la Caridad, simplemente que se comporten como actores de normalización del país. Si esto es mucho pedir, que Dios nos coja confesados.

Chillen ahora todo lo que quieran. Llámense de todo mientras tanto. Incluso sería normal que el hombre de Bruselas siga alocadamente dándole a la madre de todos los twitters. Pero, cuando se abran las urnas y salga lo que salga, es la hora de la negociación y de los pactos por imperfectos que sean. Y, en especial, encontrar la salida imperfecta entre el govern de Cataluña y la escribanía del hombre de Pontevedra. ¿O acaso quieren los romanos y los cartagineses que esto acabe como aquellas novelillas de don Marcial Lafuente Estefanía en las que no quedaba ni el apuntador?  


Ahora, metafóricamente, fuego a discreción. Después, el renacimiento. Eso sí, todos con esparadrapos, pero al menos con la idea de construir gradualmente algo que valga la pena. Sabiendo, aviso a navegantes de cabotaje, que el fermento escatológico del independentismo tiene los siglos contados. Los siglos, no los años.   


sábado, 4 de noviembre de 2017

¿Qué pasa con Coscubiela, eh?



Los estados mayores de las fuerzas políticas catalanas se preparan para afrontar las próximas elecciones autonómicas. Y cómo es natural son dos las preocupaciones más inmediatas a resolver: a) cada cual estudia si es mejor ir solo o acompañado, y b) quien lucirá su palmito como primero del cartel.

El hombre de Bruselas y los suyos intentar forzar lo que llaman una «lista de país», que englobe a todo el universo independentista. El metafísico Oriol Junqueras prefiere que ERC acuda en solitario. Lógico lo primero y lo segundo. El de Bruselas sabe de buena tinta que, yendo sin acompañamiento, puede darse un batacazo de mucha consideración. El metafísico, que es el mejor situado de todos los posibles candidatos, no necesita a nadie para que su partido, de no torcerse las cosas, acceda a la presidencia de la Generalitat. Por lo tanto, es mejor ir solo que mal o deficientemente acompañado.

Queda, pues, por dilucidar quién es el cabeza de cartel. El hombre de Bruselas, desde el lugar de sus famosas y flatulentas coles, ha anunciado que podría presentarse. Sin lugar a dudas, Junqueras será el candidato de ERC. Y, salvo sorpresas de última hora, Miquel Iceta, Arrimadas y García Albiol representarán a sus respectivos partidos. La CUP, Dios dirá en su infinita sabiduría. Los comunes han anunciado, pero todavía no han decidido formalmente, que Domènech presida el cartel. Coherencia, una formación ambigua debe tener un candidato que sea archivo de ambigüedad.

Lo más sorprendente es que Joan Coscubiela no parece haber recibido invitación alguna para estar en la lista. Coherencia: una persona clara como el agua clara no puede formar parte de un plantel hamletiano, que masculla permanentemente lo del «ser o no ser».


Tengo para mí que la forzada ausencia de Coscubiela, tanto en la cabeza de lista como en la lista misma, es un despilfarro. Roma no paga la claridad. Me preguntan algunas amistades cuál es la razón de este despilfarro. A falta de partituras debo tocar el piano de oído. Atención, mi padre adoptivo, el maestro confitero Ferino Isla (en la foto), de santaferina nación, tocaba la Para Elisa de Beethoven de oído con tanto primor que el director de la Banda Municipal de Granada, el maestro José Faus, le dijo documentadamente: «Caballero, toca usted esta pieza como Rubinstein».  De donde se infiere que tocar de oído no siempre es una limitación. Pues bien, toco el piano de oído: Coscubiela no concita simpatías en el grupo dirigente de los comunes. Es sospechoso de haber dirigido un sindicato como Comisiones Obreras y, sobre todo, se teme que pueda tener aspiraciones a dirigir la coalición. Sé de buena mano que esa sospecha no se basa en nada real. Pero ahí está la excusa para intentar apartarle de la escena. Naturalmente, los comunes se lo pierden. Roma no paga a quienes, por tener cabeza, piensan con ella. 


viernes, 3 de noviembre de 2017

El «bien» y el «mal» según Junqueras




El independentismo podría cambiar de registros lingüísticos, añadiendo otras consignas. Así podría desprenderse del último mensaje –en twitter, ¿cómo no?--  de Oriol Junqueras antes de entrar en prisión por un imprudente exceso de celo de la jueza Carmen Lamela. Si el Marqués de Bradomín, de valleinclanesca memoria, dijo de sí mismo que era «católico, feo y sentimental», este Junqueras se autodefine como «católic i bona gent».

En twitter dice Junqueras: «Haced lo que esté a vuestro alcance para que el bien derrote al mal», que traduzco del catalán. Extraña que ambos conceptos –el conceto es el conceto, según dejó dicho Manquiña--  el “bien” y el “mal”  estén en minúscula, con lo que su fuerza expositiva no sólo pierde fuerza sino que se queda en agua de borrajas. Metafísica de mercadillo.

¿Una movilización independentista es el bien? ¿Una consigna unionista es el mal? No se sabe, no se contesta. Sutilezas teologales. Las únicas referencias de que disponemos se refieren al segundo Bush cuando su guerra en el Golfo. (En aquel tiempo no había twitter, lo dijo a pelo). Así las cosas, los semiólogos diplomados –absténganse los talabarteros de Setenil de las Bodegas--  deberían ayudarnos a descodificar el uso de la antinomia de Junqueras (bien y mal). Más todavía, los sociolingüistas deberían aclararnos si el exageradamente penalizado por la jueza Lamela plagia al segundo Bush o se trata de un inocente desliz. Porque, de no hacerlo, la controversia entre los hunos y los hotros acabaría siendo una nueva guerra de religión. De una parte, Junqueras, «católico y buena gente» en las trincheras del bien; de otra parte, sus contrarios en los balates del mal. Todavía sin los crucifijos de rigor.

Mientras tanto, el hombre de Bruselas sigue zascandileando en la capital de las coles flatulentas. Sin embargo, su penúltimo mensaje grabado lo dio ayer la televisión catalana. Chocante, porque –según él--  no hay libertad en España. Tiempos sin sosiego.


Cómo envidio la tranquilidad de los pueblos blancos de la Sierra de Grazalema. En Zahara  de la Sierra hablé en una tasca con un empleado bancario. Me dice: «Oiga usté, gano igual que los de Barcelona y Madrid. De mi casa al trabajo tardo tres minutos andando. Y del trabajo a casa media hora, porque me paro a echar unas copitas de manzanilla». Le respondo: «Y sin hacer huelga por el convenio, ¿eh?». Me mira fulminante: «Aquí, cada vez que la Federación de Banca de Comisiones llama a la huelga, se hace huelga; déle usted recuerdos a los compañeros». Sea.


jueves, 2 de noviembre de 2017

Cataluña, botarates, togas y puñetas




La decisión de la jueza Lamela de encarcelar a miembros del gobierno catalán es, en mi modesta opinión, profundamente desacertada. Lamela tenía en sus manos la posibilidad de llevar a la práctica otras medidas, incluso contundentes, pero no tan desproporcionadas, máxime cuando entre los operadores jurídicos hay, sobre ese particular, apreciaciones para todos los gustos. Ordenar el ingreso en prisión es, nos dicen juristas de recia estampa, la última ratio.

Posiblemente la insensata fuga de Puigdemont hacia Bruselas ha pesado --¿quién sabe?--  en tan durísima decisión. Con ella vuelve la pleamar de las movilizaciones y la acumulación de motivos para los independentistas. Y es que estamos en unos momentos ciertamente confusos: cuando parece que baja la marea sale una variable de cualquier covachuela y se vuelve a joder la marrana. Con lo que el camino hacia las elecciones autonómicas será tortuoso y lleno de incertidumbres. Siempre habrá algo que lo distorsione.

He estado siete días en Ronda y los pueblos blancos, en Jerez y Sanlúcar. Y la eterna Cádiz, la Cádiz de Fermín Salvochea. Pues bien, paseando por la Alameda de Apodaca, cuando la tarde languidecía y renacía la sombra, le dije a Roser: «Ya verás, cuando volvamos a casa alguien o algo volverá a meterle gasolina al rastrojo». Y ella, sabiamente: «O antes».


Ya en la tasca –huevas y mojama con manzanilla sanluqueña--  nos enteramos que Puigdemont ha tomado las de Villadiego. Me hago cruces. ¡Hábrase visto en qué manos hemos estado! Tomamos la sabia decisión de acabar la botella. Cosa que no hizo la jueza. Su reacción: «Más madera». Decididamente hay quien quiere amargarme la vejez. Mi vejez o el sueño de una noche de otoño en manos de tarambanas con o sin togas y puñetas. 

jueves, 26 de octubre de 2017

Cataluña a un centímetro del despeñadero



Ayer escribía que cuando parecía abrirse una puerta en la olla hirviente de Cataluña, el hombre de Pontevedra se sacó de la bocamanga nuevas exigencias. Desde La Moncloa se sigue construyendo el error. La cosa, entonces, volvió a plantearse en torno al fuero o el huevo. Una cansina historia de la que están sacando partido las farmacéuticas y los boticarios: el consumo de ansiolíticos se ha incrementado. Ahora, Puigdemont se ha negado imprudentemente a acudir a la sesión del Senado. También desde el Palau de la Generalitat se mantiene la construcción del error. Todo parece que pintan bastos. Desde las covachuelas institucionales y los chiscones áulicos de la Generalitat el mensaje es «declaración unilateral de independencia y república catalana». Disparate caballuno.

Simón Sánchez Montero siempre nos enseñó que, en los más duros trances, era necesario no perder nunca la calma, ni la esperanza. De ahí que me diga que una posibilidad, por remota y complicada que sea, siempre es una posibilidad. ¿Posibilidad de qué? De, por lo menos, pararnos a un centímetro del despeñadero. Oigan, aquí todo el mundo –perdón, los hunos y los hotros—han demostrado que tienen redaños, aunque exactamente no se sepa qué ventajas prácticas tiene eso. Pero, ¿de qué sirve tener redaños si te despeñas por el precipicio? Poco consuelo sería responder que para entrar en el santoral de los mártires. Eso, sin tener en cuenta que la gloria del santoral sería el infierno del personal de a pie. Una gloria de la que sacarían beneficio los traficantes de reliquias.  

Hacer política quiere decir, en este caso, no dar las cosas por perdidas. ¿Ingenuidad? No, sentido de la responsabilidad. Ganas de vivir. De ahí que el tiempo, muy escaso, sea aprovechado para encontrar soluciones imperfectas. Esperar virguerías sí sería de pánfilos. Paren, pues, el reloj. Busquen la manera de evitar la caída sin red en el despeñadero.

Una salida airosa podría ser la siguiente: 1) convocatoria de elecciones autonómicas en Cataluña y retirada de la aplicación del artículo 155, 2) puesta en libertad de Sánchez y Cuixart, 3) reposo absoluto de la Fiscalía General del Estado, y 4) retirada gradual de las fuerzas de Orden Público de Cataluña que vinieron cuando el 1 de Octubre. Cierto, es una salida imperfecta. Pero que abre la posibilidad –que no la certeza--  de pararnos a un centímetro del despeñadero. Sin red, ni paracaídas.

Ahora bien, si se quiere el hundimiento ¡vayamos todos por la senda del despeñadero y salga el Sol por Matadepera o por Trebujena! Que en eso tampoco habrá consenso. Será lo que buscan los colmillos retorcíos de los hunos y los hotros. Ambos, eso sí, exhibiendo el viejo lema: «tu muerte es mi vida». Que siempre acabó con la vida de los más.

Pstscriptum.  Hagan caso a Unai Sordo.




miércoles, 25 de octubre de 2017

¿El Partido Popular no tiene quien le corrija?

Cuando parecía que la tensión catalana podría rebajarse y se abría un camino con la convocatoria de elecciones autonómicas, el Gobierno del PP endurece sus exigencias.  Ahora le pide además a  Carles Puigdemont un acto de contrición perfecta so pena que el elefante del  155 entre en la cacharrería catalana. De momento consigue que el PSOE no le acompañe en estas nuevas exigencias.  Primer aviso indirecto del PSOE: acompañar a los grupos parlamentarios que han pedido (y conseguido) la reprobación de los ministros Zoido y Dastis. Y ya van cuatro los que tienen el dudoso honor de ser reprobados.

Vamos a explorar los motivos que podría tener en la sesera el hombre de Pontevedra para las nuevas exigencias. De un lado, la destrucción total del independentismo por los siglos de los siglos. De otro lado, desviar la atención del nuevo golpe de la Fiscalía al Partido Popular sobre el caso Gutthel; es decir, tapar mediáticamente los efectos de tan sonado caso con nuevas exigencias a Puigdemont.

No habrá liquidación total de Cartago. La escatología independentista ha alcanzado los niveles más altos de su historia; ya no es un planteamiento de minorías, sino de masas. Que perdurará más allá de las contingencias y de los vaivenes de las fuerzas políticas que las representan. Que eso no sea deseable es ya harina de otro costal. Por lo que me aventuro a establecer esta hipótesis: la solución imperfecta del problema no será una negociación sino un itinerario permanente de negociaciones. El independentismo puede ser derrotado, pero su rescoldo será de muy largo respiro. Cuando eso se entienda en las fuerzas políticas no independentistas se habrá dado un paso adelante.

Un itinerario de negociaciones permanentes exige, sin embargo, una nueva dirección política e institucional en España, entendida ésta como unos nuevos grupos dirigentes en todos los partidos políticos. Exige una nueva derecha que sea capaz de ajustarse las cuentas y tomar nota de sus fracasos. Y, por supuesto, unas izquierdas no travestidas.

Mientras tanto, sigue la incertidumbre en Cataluña. Siguen las empresas su éxodo hacia otras latitudes, que es cosa cierta. Pero también la presión de la prensa –en unos casos no documentada con rigor--  sobre el deterioro económico de Cataluña. Y siguen las noticias sobre Seat. El primer espada de la firma, Luca de Meo, ha tenido que salir al paso, dando una de cal y otra de arena. Ha dicho, no nos vamos por ahora, solamente haremos las maletas en caso de inseguridad jurídica e inestabilidad política. Calma por ahora, pero aviso a navegantes. Lo que propicia que la factoría esté en coplas.


Y, mientras tanto, sigue la ebullición las fuerzas políticas independentistas catalanas, excepto la CUP, que imitan al reciente Congreso del Partido Comunista Chino elevando a los altares y a la eternidad a su primer dirigente, Xi Jinping, «por unanimidad y a mano alzada», siguiendo las bellas y viejas tradiciones. Tendremos que substituir, a partir de ahora, la expresión bonapartismo por xinpingismo.  


martes, 24 de octubre de 2017

Cataluña: aquella huelga «de país» en su obscura confusión



Hay que aclarar las cosas. Y pronto. Porque podría estar  en juego la autonomía e independencia del sindicato con relación al ejercicio del conflicto. El asunto, pues, no es irrelevante.

Tras la rechazable intervención de las fuerzas de Orden Público durante el día 1 de Octubre, la Taula per la Democràcia (sindicatos, organizaciones empresariales de las pymes y entidades soberanistas) convocaron lo que se dio en llamar una aturada de país. O, para entendernos, paros y huelgas como respuesta a aquella intervención policial. Algunos arrugamos la nariz al no entender el extraño unitarismo de aquella convocatoria donde, juntos y revueltos, andaban las organizaciones empresariales (pymes, hemos dicho) y los sindicatos. Hubo quien la calificó de huelga subvencionada. Aunque habrá que añadir que dicha subvención no afectaba al sector privado.

¿Por qué subvencionada? Porque el Departament d´Economia, que rige Oriol Junqueras,  dejó sentado que no descontaría de la nóminas el día de huelga. Lo que no afectaba a la empresa privada. Así las cosas, se producía una división de las consecuencias del conflicto entre quienes no se verían afectados y quienes verían que se les descontaba el día de huelga.

Ayer, sin embargo, desde el mismísimo Departament d´Economia se informaba que el día de huelga sería descontado a los funcionarios de la Generalitat. Oh, cielos: de la huelga subvencionada se pasa, en menos que canta un gallo, a meterle la tijera a los huelguistas. Eso sí, comoquiera que Junqueras ha reiterado ad nauseam que «som bona gent», el descuento será en cómodos plazos.

Naturalmente, tras ese gesto caritativo de la escatología independentista, los sindicatos reaccionan airadamente: la convocatoria se decidió en el Govern catalá sin consultarnos previamente. Lo que provoca la respuesta de los masoveros de Junqueras: «No todo lo que se aprueba en el govern se publica en el Diari Oficial de la Generalitat». Que es cosa sabida por los mortales, aunque recientemente ha sido descubierta por algunos.

Es lo que tiene ese extraño constructo de «huelgas patrióticas» que, en esta ocasión, se ha caracterizado porque alguien disfraza el lock out de noviembre para no infundir sospechas. Que alguien desde la Torre del Homenaje convoca, pero el pueblo llano pone los efectivos. Y finalmente se produce el castizo «si te he visto, no me acuerdo». En resumidas cuentas, aquella   huelga «de país» en su obscura confusión.


Post scriptum. El sábado pasado Helios López Roig me regaló un libro muy sugerente según él: En pos del Milenio (Editorial Pepitas de Calabaza) de Norman Cohn. En su amable dedicatoria puede leerse «aquí tienes algunas pistas de lo que nos está pasando ahora». Veremos, me digo para mis adentros. HLR tiene buen olfato. 


lunes, 23 de octubre de 2017

Elecciones y que salga el Sol por Figueras



El sábado pasado, con el 155 camino de Cataluña, se desarrolló una imponente manifestación de masas en Barcelona.  Quiero decir, otra oceánica manifestación. De hecho Barcelona es, desde hace unos meses, un potente archivo de manifestantes. Así pues, se mantiene la ebullición. La Guardia Urbana con sus algoritmos de recuento, más o menos interesados, cifró la asistencia en unas 450.000  personas. No es moco de pavo, diría un castizo. Y tendría razón.

Ahora bien, esta manifestación no ha tenido –ateniéndonos siempre al recuento de la Guardia Urbana--  el consenso de masas que contaron las anteriores. Más todavía, dado el añadido de que se convocaba contra el artículo 155, hay que convenir que ha estado muy por debajo de las expectativas que suscitaba el objetivo de la protesta como lo esperado por los organizadores. Muy por debajo quiere decir: la participación ha estado a la mitad de las anteriores. Por supuesto, es una «mitad» enorme. Por lo que sería necio que el hombre de Pontevedra sacara conclusiones precipitadas, pero igualmente sería de estúpidos que Puigdemont y su colegio cardenalicio no tuvieran en cuenta que el sábado no fue lo esperado. Baño de masas, sí. Pero fue la mitad de los anteriores baños. En resumen, ese día hubo un reflujo. Las interpretaciones pueden servirse según el paladar de los hunos y las papilas gustativas de los hotros. No obstante, el dato es el dato y, según el famoso gallego, el conceto es el conceto.

Sería temerario hablar, tras el sábado pasado, de un cambio de ciclo. Pero más imprudente es no aproximarse al dato. Sólo cabe, de momento, al menos en nuestro caso, plantear interrogantes. ¿A qué obedece que tan masiva manifestación solo concitara la mitad de la adhesión  de las anteriores? ¿Es un cansancio lógico, que observa que la cosa no avanza como se les ha hecho creer? ¿Hasta qué punto empieza a calar y, sobre todo, preocupar en ciertos sectores la marcha de las sedes sociales (y en algunos casos muy relevantes la sede fiscal) de importantes empresas, que ya superan las mil firmas? ¿Se trata de una advertencia –o algo por el estilo--  en la dirección de “oiga, arregle usted el problema y no me endose su falta de responsabilidad”. Doctores tiene la iglesia para analizar el asunto. Por mi parte sería abusivo decir que una gran parte de esa «mitad» podría decirle a Puigdemont: «Pero, hombre de Dios, ¿qué trabajo le cuesta a usted convocar elecciones y que salga el Sol por Figueras?».



domingo, 22 de octubre de 2017

Y ahora ¿qué? Tras el 155 ¿qué?




El diario El País titula desparpajadamente: “El Gobierno restaura el orden constitucional en Cataluña”. Vale, pero ¿y lo otro? Lo otro es la convivencia, la estabilidad, el orden cívico? Mucho me temo que, desgraciadamente, la aplicación del 155 –de máximos--  será más desestabilizador, si cabe. Posiblemente la reacción del independentismo paroxístico será más virulenta. Eso no le importa al diario. Una cosa es predicar y otra, bien diferente, las consecuencias de la homilía. En pobres palabras, seguirá el ball de bastons en la calle y, presumiblemente, en la gran mayoría de los recovecos de la administración intervenida.

De momento, la aplicación del 155 redimensiona las relaciones entre fuerzas políticas que han estado entre Pinto y Valdomoro. Pongamos que hablo de los Comunes que darán su apoyo al independentismo; pongamos que me refiero al Partido Nacionalista Vasco que hará tres cuartos de lo mismo; pongamos que me refiero a otro cierre de filas en el interior del independentismo. En resumidas cuentas, el carácter intimidatorio del 155 tendrá unas consecuencias concretas poco amables para quienes lo han puesto en marcha. Frente al lema de los hunos (“A mi, Sabino, que los arroyo”) estará la reacción de los hotros (Perdidos por perdidos, al río). Y entre Sabino y el río continuará la bronca. A saber, no sería de extrañar que aparecieran nuevas convocatorias de aturades de país (huelgas patrióticas), ahora no subvencionadas. Y tampoco sería de extrañar que la casa sindical  recibiera más presiones, internas y externas, para sumarse a una huelga general.

¿Qué salida, dice usted? La que propone un, a veces, volcánico Jordi Ribó i Flos. Este veterano sindicalista, en algunas ocasiones capaz de ponerle bridas a su fogosidad formal, recomienda, quizá comiéndose la uñas, lo siguiente: que Puigdemont, que todavía tiene tiempo hasta la sesión del Senado, disuelva el  Parlament de Catalunya y convoque elecciones autonómicas.  Realismo sobriamente expresado. Es, por supuesto, una solución imperfecta para un presente y un medio plazo imperfectos. Desde mi chamizo sostengo la propuesta del anciano sindicalista.

Naturalmente es una propuesta que tiene una virtud (también imperfecta): que el tiempo ofrezca una solución menos imperfecta. Eso sí, tiene un inconveniente, a saber, que las cosas vayan arreglándose. Porque si entra el elefante en la cacharrería los estropicios serán considerables. Cosa que es sabida desde, por lo menos, el cabo de Creus hasta el de Trafalgar.


Jordi Ribó, genio volcánico y figura ponderada. Las hechuras de aquel sabio sindicalista de la empresa Tagra, Manuel Sousa, en ocasiones volcánico también y, simultáneamente, contractualista  que enseñaba que con las cosas de comer no se juega.