viernes, 8 de enero de 2016

Artur Mas huele, «y no a ámbar»




Hay sobrados motivos para afirmar, sopesando mucho las cosas, que en Cataluña se ha entrado en una fase de degeneración. No era inevitable, pero Artur Mas El Empecinado chico, se ha empeñado en ello.  

Primer tranquillo

Ayer mismo este Mas ideó algo tan insólito como extravagante: invita a Esquerra republicana, tras la enésima negativa de la CUP a investirle, formando un gobierno de «concentración nacional».  De esa manera el gobierno en funciones de la Generalitat tendría una metamorfosis inédita en la historia de los gobiernos que han sido. Desesperadamente  grotesco. Los republicanos que, hasta la presente, han medido templadamente sus palabras han respondido por boca de Junqueras así: «No, eso es un fraude al electorado». De donde sacamos esta lógica inferencia: Mas maneja el fraude, al menos en este caso, que no es de menor importancia.

Segundo tranquillo

Pero en los dos últimos días se han producidos llamativas novedades que indican hasta qué punto la personalidad política del rey Arturo ha entrado en una etapa que no había previsto él mismo. A saber, la división en el soberanismo catalán ha pasado de las redes sociales a la calle. Veamos.

Ayer tuvieron lugar dos manifestaciones de signo opuesto. Una para exigir a “los partidos” –léase Junts pel Sí y la CUP--  que llegaran a un acuerdo de investidura. Otra por la misma CUP con la exigencia de que Mas se quite de en medio. A la misma hora y casi en el mismo lugar: la Plaza de la Catedral de Barcelona. Que a ambas manifestaciones acudieran cuatro y el cabo, expresa –en aproximada hipótesis—que la dividida familia soberanista está hasta el cielo de la boca de Mas, sus costaleros y del problema que se ha creado.

Oído al dato: la Asociación Súmate, un grupo de castellano-parlantes,se ha reunido con la CUP, concluyendo que el caballero debe dar un paso atrás. Así pues, las grietas en Junts pel Sí ya no vienen de sus adversarios sino de sus propios allegados.   

Otra cosa: No es oro todo lo que reluce en Esquerra. A la voz de quienes, desde su grupo dirigente, han planteado abiertamente que Mas se retire, se han unido los grupos municipales de dicho partido en L´ Hospitalet y en la joya de la corona, Sant Cugat.

Decididamente parece obvio que el astuto Empecinado es ducho en romper tantas familias que no se para ni en la suya propia.

Tercer tranquillo

¿Podemos convenir, pues, que ya está vendido todo el pescado?  No, todavía queda un cuarto de kilo de japutas –otros las llaman palometas-- en el mostrador de la pescadería, aunque ya empiezan a tener un cierto olor, «y no a ámbar», como dijo el Caballero de la Triste Figura en los Batanes.  


Las japutas estarán en su lugar hasta la madrugada del lunes. Siempre es posible un artificio de última hora. 


jueves, 7 de enero de 2016

La clase media culta y feliz de Cataluña



«La clase media, culta y feliz que tanto ha hecho por el país» es lo que representa Artur Mas. Lo afirma bombásticamente Muriel Casals . De donde se desprende que dicho Artur es «culto y feliz» (1). En todo caso, parece conveniente salir al paso de tan apresurado y exagerado comentario.

No parece que el caballero sea feliz. Sus recientes fotografías hablan de su crispación y atribulado nerviosismo. Pero, en efecto, cada cual tiene buenos o malos ojos según el que es mirado. Así pues, subjetiva es mi mirada hacia el rey Arturo como la de Casals. Ahora bien, estoy entre los que consideran que Mas necesita un hervor de cultura general. No me lo han contado, yo lo viví en su día personalmente en persona, dicho a la manera del inefable Catarella, el policía de la comisaría de Vigata, inmortalizado por el maestro Andrea Camilleri.  

El último encuentro que tuve, como sindicalista con Artur Mas, fue la firma de unos acuerdos sobre vivienda. El sindicato estaba representado por Pep Martí i Llahí, responsable de la política de servicios, y un servidor Antes de despedirnos el caballero Mas me preguntó que a qué me iba a dedicar, ya que un servidor había hecho público que dejaba la dirección del sindicato catalán. Mi respuesta fue la siguiente: «Pues verás, me han encargado que traduzca la Odisea, porque las últimas versiones castellanas están un poco oxidadas». Su respuesta fue inquietante: «Pero ¿tú sabes latín?». Con todo el desparpajo del mundo le contesté: «No me hace falta». Artur Mas se quedó parado, y calló. Pep Martí quiso aclararle de qué iba el asunto, pero yo le miré aviesamente y guardó silencio. Naturalmente, ninguna editorial había tenido la ocurrencia de encargarme tamaño trabajo. Sin embargo, los que presenciamos la escena supimos que este caballero no sabía en qué hermosa lengua los homéridas escribieron la Odisea.

Conclusión: la Casals exagera. Es la misión del costalero. 



miércoles, 6 de enero de 2016

El plato soberanista tiene desconchones





Homenaje al maestro Eduardo Saborido

En la unidad del soberanismo catalán no es oro todo lo que reluce. Tras la última negativa de los cupaires a investir a Artur Mas han vuelto a aparecer contrastes entre las dos principales fuerzas políticas que conforman Junts pel Sí. De un lado, CDC; de otro, Esquerra republicana. La primera mantiene numantinamente la propuesta de que el rey Arturo es una condición sine qua non para cualquier acuerdo de investidura; en la segunda, en las últimas venticuatro horas han aparecido matices, inteligentemente gestionados por su grupo dirigente.

Las propuestas de Oriol Junqueras y de Joan Tardà, los dirigentes más reconocidos del partido republicano, difieren entre sí y con la de los convergentes.  El primero mantiene su lealtad al rey Arturo; el segundo le ha pedido en varias ocasiones que se aparte de la primera línea. No obstante, ambos coinciden en que todavía hay tiempo para seguir negociando con la CUP en clara falta de sintonía con Mas que ha solemnizado que ya no hay nada que negociar. Tengo para mí que no se trata de un reparto de papeles en el partido republicano (el bueno y el malo) sino de dos visiones complementarias que, en ambos casos, favorecen objetivamente a ERC.

Por otra parte, conviene traer a colación algo que afecta a la credibilidad del rey Arturo: informa La Vanguardia que Germà Bel, actual diputado de Junts pel Sí, que proviene de las pedanías nacionalistas del socialismo catalán, ha pedido –si se convocan nuevas elecciones en Cataluña--  primarias para elegir a los cabezas de lista de Barcelona, Tarragona, Lleida y Girona. De donde se infiere pacíficamente que el versátil diputado considera que el rey Arturo está plenamente amortizado. Otra manera siniestramente elegante de decirle que haga las maletas.

Finalmente, séanme permitidas dos consideraciones: una, si tan prioritaria es la independencia de Cataluña, ¿por qué nadie da su brazo a torcer?; otra, tras la última negativa de la CUP, ¿se puede decir que todo el pescado está vendido?

Si la cosa es tan prioritaria y nadie lo facilita es que algo falla en el razonamiento. O la lógica política, sea esto lo que fuera, tiene una mínima vinculación con la práctica o es que estamos ante un trampantojo. O sea, que en este caso el cuadrado de la hipotenusa no equivale a la suma de los cuadrados de los catetos.

La interrogante sobre si quedan o no pescados por vender todavía es pronto para afirmarla. En mi opinión, por lo menos hasta el domingo, todavía quedan japutas en el mostrador de la pescadería.


Radio Parapanda.  Una de las biografías más fascinantes de la reciente historia del movimiento sindical español es la de Eduardo Saborido, a quien cariñosamente sus admiradores llamamos el Canijo. A nuestros lectores les hacemos un regalo de Reyes: esta conexión donde el maestro sevillano explica fragmentos de su compromiso democrático: http://www.publico.es/politica/eduardo-saborido-reincidente-rebeldia.html


martes, 5 de enero de 2016

Traidores a porrillo en Cataluña




“La CUP ha enterrado el proceso y se alinea con el españolismo”. Josep Huguet, presidente de la Fundación Josep Irla, de ERC, pidió “memoria de elefante para recordar a los mezquinos”. La más contundente fue Pilar Rahola, que dio por hecho que la CUP es un instrumento de los servicios secretos españoles: “Los agradecimientos por el no de la CUP hay que mandarlos al CNI. No os equivoquéis de dirección” (1).  Algo no funciona adecuadamente en las cabezas de Huguet y Rahola.

De tener razón ambos personajes nos encontraríamos ante algo de lo que no teníamos noticia: Cataluña es el país del planeta con más «mezquinos» y «traidores» por metro cuadrado. Sobre todo, de traidores a la patria, sea esta lo que fuere. Una patria que hoy se encuentra enzarzada en una metafórica guerra civil entre las diversas familias del soberanismo, en la que cada facción se autolegitima como la única santa y apostólica propietaria de unas esencias sempiternas, como la única dueña del proyecto salvífico de la nación. Es la práctica del guerracivilismo grupuscular.

En esa práctica no se concibe el disenso, ni el pluralismo. Lo que importa es quién tiene el monopolio del amedrentamiento a través de la pena de twuitter y otros mecanismos mediáticos. Por lo general, sus estridentes voceros son lo que, en tiempos antiguos, se conocía como pequeñoburgueses, según nos ha recordado recientemente Antoni Puigverd, una voz todavía respetada por la secta de los Adoradores del Nombre. Ninguno de ellos ha sido llamado a capítulo por el derrotado rey Arturo, incapaz de sacar su espada, Excálibur, del fondo del peñasco.

Así las cosas, nos atrevemos a formular esta hipótesis: con esta rauxa (rabia) pequeñoburguesa sólo se construye un descomunal follón, un pandemónium miserable, no un país. El lema de estas cohortes está claro: «Hágase la bronca».  Aunque, de momento, la bronca es de unos pocos contra otros pocos.


lunes, 4 de enero de 2016

Ayer nunca fue nunca





 Primer tranquillo

Lo primero: ayer la CUP dio pleno sentido a la expresión «nunca, nunca, jamás» que tantas distorsiones ha tenido en los últimos tiempos.  Justo es reconocerlo, especialmente –como es nuestro caso--  cuando ayer mismo expresábamos indirectamente la duda de que los cupaires hicieran honor a la palabra dada. Dicho a la tabernaria manera: la CUP le ha hecho una butifarra a Artur Mas.

Con todo, antes de entrar en materia, permítanme una humorada. Históricamente cuando las derechas catalanas de antañazo se veían apuradas por la presión de los movimientos obreros y populares llamaban, angustiadas, a sus conmilitones madrileños (léase el Estado) para que les enviara la guardia civil, el ejército y otras hortalizas. Aquello ha sido substituido --salvando las diferencias, distancias y otros pormenores--  por algo tan paradójico como estrambótico: ahora las derechas catalanas han llamado a la puerta de un sector de la izquierda, la CUP, para que les salvara los muebles. Pero, así como el rio Llobregat no pasa por la Vega de Granada, la CUP (que nada tiene que ver con la guardia civil, el ejército y otras hortalizas) tampoco ha accedido a las pretensiones de la Orden mendicante de Artur Mas y sus costaleros.

Segundo tranquillo

La situación actual de Cataluña demostraría que, en ciertos casos, pongamos que hablo del presente, la culpa de nuestros males no viene de Madrit y sus islas adyacentes, sino de nosotros mismos. O, hablando con más propiedad, de la derecha política soberanista y, en primer lugar, del Padre Prior de la Abadía, Fray Artur, que diseñó con tiralíneas un recorrido que se ha demostrado no sólo ineficaz sino estrambótico. El prior hizo suya la expresión que se le atribuyó en su día a Mac Mahon, el numantino «J´y suis, j´y reste».

Tan recalcitrante negativa de Artur Mas a no propiciar una salida –esto es, apartarse de la primera fila—y, más todavía, a cumplir su palabra dada (“yo puedo estar al frente del proceso o detrás; yo puedo estar a un lado o a otro del procés”) es la principal responsable de la actual zahúrda catalana. Pero su actitud de monarca absolutista es compartida por su propio partido, que sigue los viejos códigos del Patriarca fundador: el voto de silencio. El mismo estilo del resto de los Adoradores del Nombre: Esquerra republicana y el resto de la coalición de Junts pel Sí. Que son complementariamente responsables del gran atasco. Y comoquiera que nadie tragaría con atribuir la responsabilidad de esta charca estancada a Madrit (léase el Estado y sus cañerías) arremeten contra las órdenes menores conventuales de la CUP.

Conclusión provisional: la leyenda de que Artur Mas es un político astuto se ha demostrado exagerada. Su solidez tiene más relación con la pastilla de litines que se disuelve en el agua. Probablemente un estudiante de primero de Romanones hubiera sido menos extravagante. Sí, el viejo conde a veces tenía una sonada ocurrencia que no ha tenido en cuenta el heredero del Patriarca: «Si será modesto que se cree inferior a sí mismo».

Tercer tranquillo

¿Estamos en puertas de elecciones anticipadas en Cataluña? A menos que se rompa el voto de silencio en los alrededores de Mas, la cosa no parece cantada. Pero ya veremos: en esta commedia dell´arte nada es lo que parece. Arlequín y su novia Colombina, el astuto Brighella y el torpe Polichinela o el rústico Truffaldino son impredecibles. Como diría aquel genial pillastre de don Pío Baroja «la vida es ansí».

Cuarto tranquillo

Ligado a la problemática de fondo de todo lo anterior sugiero a mis amigos, conocidos y saludados –sean políticos, sindicalistas, ontomólogos o guarnicioneros-- que lean atentamente el artículo de Javier Aristu en su conocido blog En campo abierto: Corto y largo plazo, que tiene su morada en   http://encampoabierto.com/2016/01/02/corto-y-largo-plazo/#more-5649. En todo caso, tengo el deber de lanzar una impertinencia sobre su contenido: su punto de vista fundamentado choca con el funcionamiento de servicios mínimos mentales de no pocos políticos con mando en plaza. 

domingo, 3 de enero de 2016

El ya famoso «nunca, nunca, jamás»




Hasta los niños cantores de Viena saben las diferencias entre el no y el . Es algo que nos viene a todos a través del lenguaje indicativo materno. Por lo demás, la política ha añadido unas consecuencias distintas a una y otra expresión que ya no tiene nada que ver con el infantil aprendizaje de la afirmación y la negación. Quiero decir que la política ha añadido nuevos artificios al y al no. Tal vez los casos más sonados sean, hogaño, los de la CUP y, en tiempos de antaño, el de Romanones. Esta reflexión viene a cuento por unos comentarios que Pablo Morales, un antiguo compañero de viejas luchas políticas y sindicales en Mataró, ha puesto en su cuenta de facebook.

Se pregunta Pablo: «¿Cuando Antonio Baños, de la #CUP dijo "nunca es nunca; nunca, nunca, nunca", hablando de investir a Mas, qué quería decir exactamente?» Veamos, cuando en una votación se concluye con un no, hay quien entiende que hay que seguir pugnando para que en la enésima votación salga el resultado que se apetece, esto es, el sí. O sea, el resultado del no es contingente y tiene fecha de caducidad casi inmediata. En cambio, cuando es al revés, el sí adquiere carta de naturaleza definitiva. De manera que el no adquiere un carácter de relativismo democrático, mientras que el sí es permanentemente válido como expresión inequívoca del sentir de los consultados. Porque el no es sospechosamente incierto, mientras que el sí es históricamente, en esa manera de ver las cosas, fruto de certidumbres. Y esto nos lleva al viejo conde de Romanones, un mago de la palabra.

A la salida de una sesión del Consejo de Ministros, los periodistas reprocharon al Conde que ese mismo día su Gobierno hubiera aprobado una medida, que veinticuatro horas antes había descartado “para siempre jamás”. Imperturbable, el Conde adoctrinó a los periodistas: “tengan ustedes en cuenta que cuando digo jamás, siempre me refiero al momento presente”. Una expresión que tal vez estuviera influenciada por la novedad que introdujo Einstein con su propuesta del espacio-tiempo curvilíneo llevándole la contraria a los diccionarios de autoridades en lengua española. Ya que en la glosa política «nunca, nunca, jamás» tienen probada autonomía, como bien descubrió una avisada Tania Sánchez en su momento con otro informado «nunca, nunca, jamás».


Justamente lo contrario de la potente gramática de Ramón Morales y Vicente Morago, padre y tio carnal de nuestro Pablo. Para ellos nunca, nunca y jamás signficaban lo mismo que dejaran escrito los lingüistas Covarrubias, María Moliner y otras celebridades.  

sábado, 2 de enero de 2016

Las venas abiertas de Izquierda Unida




Una noticia, intencionadamente confusa, nos ofrece El País de hoy: «Alberto Garzón quiere crear un partido sin las siglas de IU». Lo firma Elsa García de Blas que, en parte alguna de su texto, nos dice si se ha puesto en contacto con Garzón o toca la zambomba sin partitura conocida. Es más, la gacetilla es una mezcla de retales –atribuidas a «fuentes de la dirección» de IU— donde se combina lo noticioso de querer fundar otro partido con otras consideraciones.

La noticia-reportaje se camufla en la verosimilitud dado el minúsculo resultado electoral de IU y el desordenado mensaje de esta formación provocado por las ganas de lucir la boca (anónimamente) de algunos  de sus más conspicuos dirigentes. En todo caso, la reportera no ha contrastado sus fuentes con el principal aludido al que se pone como fautor de la operación del viaje de IU a otra formación, Alberto Garzón. Quien inmediata y contundentemente ha negado la mayor. Digamos, pues, que El País se ha comportado como una guilda de tertulianos de garrafón: murmura y propala, que algo queda.

Segundo tranquillo

Sea como fuere, lo cierto es que IU se encuentra en el momento más delicado de su relativamente corta biografía. Lo que consideraba su espacio natural ha sido tomado al abordaje por Podemos. Sus organizaciones federadas periféricas la han abandonado y no pocos de sus votantes han quebrado su fidelidad. Y lo chocante del asunto es que la fuerte enemistad de IU con el bipartidismo se ha saldado con  una apertura de las venas de esta organización. Decididamente IU ya no es lo que quiso ser, al tiempo que sus caóticas familias internas se propusieron no ser  aquello que se proponían. Es más, estas familias internas parecía que se empeñaban en ser un conjunto de retales sin relación entre sí y sin vínculo sensato con un proyecto general. Y a falta de un sastre convincente cada retal se iba desagregando en no sé cuántos minifundios.

Tercer tranquillo

Alberto Garzón tira del consabido concepto de la «refundación». Ahora bien, este planteamiento se está convirtiendo en un producto que, de tan sobado, está perdiendo chicha y contenido. En algo que apenas si guarda relación con un balance de lo ocurrido y con un incierto nexo con la fisicidad de lo que hay que refundar. Más todavía, sin la necesidad de formular una serie de preguntas incordiantes. Pongamos por caso las siguientes: ¿por qué la decidida voluntad de enfrentarse a las políticas neoliberales se ha traducido en esta apertura de sus propias venas? ¿por qué ha ido perdiendo representatividad en los sectores más dinámicos que, en cierta medida, representaba? ¿por qué se fue resquebrajándose el machiembrado con las organizaciones “hermanas” de las diversas izquierdas periféricas? ¿por qué se iba despeñando paulatinamente en el pozo?  Y otras del mismo carácter inquietante.

Tengo para mí que si, no se abordan desacomplejadamente estas interrogantes, IU podría acabar desgraciadamente en una especie de hermandad de los Adoradores del Nombre, aquel grupo de monjes ortodoxos heréticos que tanto dieron que hablar a principios del siglo XX. En resumidas cuentas, el futuro de IU no está en las manos de la injustificable  antipatía de El País sino de ella misma.



jueves, 31 de diciembre de 2015

El Diablo creó los números y la CUP hizo el resto.



«Esto es cosa de unas matemáticas diabólicas», exclamó un sorprendido Antonio Baños, tras conocerse el famoso empate de 1515 a 1515 en la asamblea de la CUP. Es una extraña y novedosa idea pues hasta la presente quienes habían relacionado dicha ciencia con lo sobrenatural (los pitagóricos y los cantorianos rusos, entre otros) siempre la vincularon con lo divino, sea esto lo que fuere. De manera que podemos atribuir a Baños una inflexión entre las Matemáticas y lo diabólico. Si ello es una primera explicación a los resultados de la asamblea de marras o no, es cosa que se verá en breve plazo. Y tal vez la decisión final que adopte la CUP –investir a Artur Mas o no--  no será de las Matemáticas del más acá, sino de las del más allá.

En todo caso, Baños reabre un histórico debate, a saber, ¿quién creó los números: Dios, Lucifer o eso que genéricamente se entiende como el hombre?  Leopold Kronecker hizo un síntesis pastelera, posiblemente para guardarse las espaldas: «Dios creó los números enteros; la humanidad hizo lo demás». Ahora bien, si seguimos esta idea podemos convenir en lo siguiente: Dios creó los números y la CUP organizó el empate. Que Lucifer estuviera detrás o no, sólo tiene como creativo valedor a Antonio Baños, que es arte y parte en esa historia.

Por lo demás, en ese debate historicista --¿quién creó el número?--  yo mismo fui testigo de un sucedido en mis lejanos tiempos de estudiante: tuve un profesor, don Miguel Cañadas, seglar, que nos decía que el número era obra de Dios; en cierta ocasión me atreví replicarle que el cura don José Rodríguez afirmaba que los números eran una construcción social. La respuesta de Cañadas fue la que sigue: «Don José Rodríguez, el cura de Santa Fe, ¡ese sí que sabe!». Con lo que nos quedamos a dos velas: no sabíamos si creer a un laico o a un cura de olla que efectivamente sabía más del particular que Henri Poincaré. Pronto llegué a una conclusión, no necesariamente cierta: Cañadas no quería problemas con el arzobispo, y el cura Rodríguez iba por libre: la matemática es una ciencia positiva y racional. O sea, bastantes problemas tiene Dios en torcer el mundo para preocuparse por estas minucias (contrariando a Kronecker)  y  con los males de cabeza que tiene el Diablo en arreglar el mundo ¿por qué se va a meter en esos jardines?, anticipándose a las antipáticas formulaciones de Antonio Baños.

Ustedes se preguntarán a qué viene lo que he dejado escrito. Muy fácil. Hace días el profesor Gregorio Luri publicitó un hermoso libro desde las páginas del Café de Ocata: http://elcafedeocata.blogspot.com.es/2015/12/hoy.html.
Se trata de El nombre del infinito, escrito por Loren Graham y Jean-Michel Kantor, dos reputados matemáticos. Oído cocina: no confundan a Kantor con el celebérrimo George Cantor, padre de la teoría de conjuntos que tantos dolores de cabeza nos dio.

Dicho entre nosotros: recomiendo vivamente la lectura de este libro, que edita El Acantilado. Se trata de las trifulcas entre el misticismo religioso y la creatividad matemática, de las discusiones entre las escuelas francesa y rusa, de las pugnas entre los monjes ortodoxos de los monasterios del monte Athos, en Grecia, a principios del siglo XX con el Zar de todas las Rusias. Que acabó aquello en una escabechina descomunal. Total, que te mantiene en vilo. Más o menos lo mismo que ese vilo que aprieta a Artur Mas en el forro del escroto. Como hipótesis les diré que, mediante este libro, tal vez puedan establecer una conexión entre el misticismo de la política catalana con lo que encarte. 


martes, 29 de diciembre de 2015

Democracia participativa y asamblea de la CUP




Primera observación

Algunos analistas, no necesariamente de garrafón, han empezado a tirar de la cartuchera contra «la asamblea» como práctica de la democracia participativa. El motivo más reciente ha sido el  resultado de la ya famosa asamblea de la CUP del domingo pasado. Naturalmente los más directamente damnificados, la orden mendicante de  Artur Mas y sus costaleros, han sido los primeros. Si el resultado de dicho encuentro les hubiera sido favorable habrían callado y estarían agradecidos a «la asamblea». Pero estos no son los únicos y, ni siquiera, los más importantes.

Este ejercicio de redacción tiene un objetivo: hacer ver que el carácter asambleario de la CUP y, por tanto, el    misterioso «número CUP», no son los responsables del insólito resultado de dicho encuentro. Cuestión diferente es la lectura apriorística que de ello se haga en unos u otros mentideros políticos o cofradías sociológicas.

 

El quid de la cuestión estriba, en mi modesta opinión, en que la CUP –como otras formaciones políticas--  es un conglomerado de partidos, asociaciones (y hasta un  sindicato cuya representación no queda reflejada en lugar alguno) que actúan a la remanguillé, cada cual con sus propuestas y proyectos. Sólo les atraviesa un hilo conductor: la independencia de Cataluña. Lo que sirve de tenue amalgama para tan endebles costuras. Por supuesto, las paradojas y las desavenencias estallan más visiblemente en las grandes solemnidades de «la asamblea» donde lo que prima es la voz discordante de cada aparato político que actúa como correa de transmisión. Así pues, lo que se oye en cada encuentro es la voz en diferido de los comisarios políticos de todas las obediencias partidarias. Es decir, realmente lo que existe es un paradójico interés fragmentado, sea esto lo que fuere.

Segunda observación

No sólo es la CUP la única organización que tiene ese pathos. Pero ha sido en ella donde el resultado de la asamblea ha sido más espectacularmente chocante. Así las cosas, «la asamblea» queda mutilada y demediada por los trujimanes de cada particularismo. De ahí la negativa nunca explicitada pero real a que la asamblea tenga normas que regulen su funcionamiento: quórums obligatorios para determinadas decisiones, no necesariamente iguales según la ocasión, y otras formas de funcionamiento. Que, en cualquier caso, no acabarían con las componentes internas siempre enquistadas y cristalizadas ante todo. Que nada o poco tienen que ver con  aquellas corrientes que varían ante uno u otro tema como expresión de un pluralismo variable.

Tercera observación

La democracia participativa es una hipótesis, no la única, de dar el salto de una democracia envejecida y controlada por los latifundistas de cada organización a una democracia donde lo que se delibera y, posteriormente, se decide es la congruencia que recorre a todos los reunidos que buscan un interés aproximadamente general. Lo que, según parece, no es el caso de la asamblea cupaire. Ni tampoco el de otras parecidas. Así pues, mantener esos estilos sería como echarle agua de colonia a la vieja política. Una vieja política que es disfrazada de noviembre para no infundir sospechas.

Radio Parapanda. Que retransmite los estudios de diversos matemáticos en torno al cálculo de probabilidades de que saliera el empate en la asamblea cupaire: http://www.lavanguardia.com/politica/20151228/301071423295/probabilidad-empate-cup.html


lunes, 28 de diciembre de 2015

El misterioso «número CUP»





Las Matemáticas tienen algunos números de alto copete. Está el número π  (pi) que fue anotado en un papiro en tiempos de los antiguos faraones, siendo su valor más popular 3,1416, aunque algunos científicos que no tenían otra cosa que hacer le han calculado centenares de miles de decimales. Digamos que es el decano y el príncipe de los números famosos. Otro número famoso es el e (en homenaje a Euler) que es irracional, su valor es 2,7182818284590452353602874713527 (y sigue...), que es más aristocrático, por irracional, que el pí. Y hay otros que, comparados con estos dos, son calderilla.


El resto de las ciencias humanas siempre tuvo una envidia insana a las Matemáticas, porque no tenían ningún artificio intelectual que llevarse a la boca: ningún teorema, ningún algoritmo para lucir el palmito. Donde se pongan las cuatro reglas y la de tres simple no hay en ninguna otra ciencia que cuente con algo semejante en belleza y prestigio. Hasta el día de ayer.

Fue en Sabadell donde la política ha descubierto un número que estaba sumergido: el número cup. No es otro que el 1515. Aunque de una aparente pregnancia tiene el inconveniente de ser un número entero, sólo es divisible por 5 y por 3 y poco predicamento para los aficionados a la lotería, el «número cup» puede pasar a la historia de la politología por su azarosa irrupción en la asamblea de ayer en la que se trataba, por parte de 3.030 personas, un asunto de cierta importancia, a saber, si Artur Mas debía ser investido como presidente de la Generalitat de Cataluña.

Los asambleístas realizaron tres votaciones. Las dos primeras ganó por una millonésima de voto la opción hostil a Mas. En la tercera se produjo el empate: 1.515 a 1.515.  Algo digno de ser estudiado matemáticamente: ¿qué probabilidades había de que se diera ese, y no otro, resultado? Se lo encargamos al estudiantado para que lo resuelva.

Algo quedará para la historia: el padre abad de esa orden mendicante de Junts pel Sí, Artur Mas, que ha dividido Cataluña y su partido, ahora parte en dos a las órdenes menores conventuales de la CUP. Un persona que es simultáneamente «flagelo y gloria» de la politología porque rompe todo lo que agarra pero provoca la aparición de un número, el cup, del que se oirá hablar bastante en lo sucesivo. Y, si ustedes me lo permiten, podríamos decir que el hallazgo del «número cup» justifica el tragicómico embrollo que ha creado un personaje que, en estos momentos, vive sin vivir en él.   


domingo, 27 de diciembre de 2015

El Psoe y su «razón bronquista»




Los dirigentes del PSOE con mando en plaza tal vez no hayan caído en la cuenta de que su partido necesita un tiempo relativamente largo de estabilidad si quiere ser un factor determinante en la vida política española. Que en un plazo tan breve hayan paseado su soledad los equipos de Zapatero, Rubalcaba y ahora Pedro Sánchez no parece que les esté preocupando demasiado. Es cierto que no puede entenderse la renovación o puesta al día del Psoe a golpe de recambios en las alturas, pero en un partido tan verticista como él no parece irrelevante la figura del secretario general. Y sin embargo vuelven a correr vientos de fronda en el campo socialista.  Ahora esa estabilidad parece más necesaria.

El Psoe se había acostumbrado a la irrelevancia de los partidos que estaban a su izquierda. Y en esa rutina se instalaron sin mover las paredes del edificio. Según ellos, en la izquierda española todo estaba definitivamente dado. Según esa lógica el resto de la izquierda era  un minifundio de secano. Hasta que apareció un correoso competidor. Se trata de un nuevo sujeto político que, aunque todavía debe demostrar una biografía consolidada, propone la inquietante y probable posibilidad de adelantar al PSOE, el llamado sorpasso.

Cuando el sistema bipartidista ha recibido un zarpaz y cuando el Psoe ha cosechado unos resultados muy insatisfactorios, los socialistas están reaccionando con su tradicional «razón bronquista». Que choca de bruces con la «razón pragmática» que indica que, sin estabilidad, las organizaciones se van despeñando paulatinamente por el barranco hacia la irrelevancia. Ni qué decir tiene que no equiparamos la estabilidad a las aguas estancadamente pantanosas, sino al necesario sosiego interno para crecer y multiplicarse. La «razón bronquista» es esa situación hobbesiana de casi todos contra todos.

Cada vez que Pedro Sánchez habla –por lo general con inanes tautologías--  responde el susanato (una institución que va más allá de la señora baronesa) recordando que ella es ella y sus circunstancias. Ahora, no obstante, con motivo de la pomposamente llamada “política de alianzas” el susanato se ha visto acompañado de otras baronías. Según parece el redentorismo andaluz cuenta ahora con más acompañantes.

Pero hay una novedad: al parecer se ha quebrado un tanto la situación de Westfalia. Como es sabido, en tiempos muy antiguos en Westfalia se acuñó un dicho: el famoso «cuius Regio, eius Religio». Que traducido para lo que comentamos sería aproximadamente: los afiliados socialistas de una región deben tener la misma fe y creencias que su barón. Algo que, con sus más y sus menos, regía hasta la presente con pocas complicaciones.

La novedad, decimos, es la siguiente: los barones que acompañan al susanato están siendo parcialmente contestados por otros jefes de sus propias mesnadas. Lo que amplía la razón bronquista hasta unos recovecos que, hasta la presente, estaban en una pacífica expectativa.

Conclusión: quien se alegre de esa zahúrda está en la inopia.

  

viernes, 25 de diciembre de 2015

Elecciones sindicales en Cataluña




Primer tranco

Los muertos que algunos matan siguen vivos. Lo que viene a cuento por el resultado de las elecciones sindicales en Cataluña. Según las cifras oficiales la cosa ha ido de esta guisa: Comisiones Obreras ha alcanzado el 41,39 % y UGT ha conseguido el 39,33 por ciento. Una lectura meramente cuantitativa puede decir que son unos resultados positivos, y a fe mí que lo son. Ahora bien, esa justa interpretación debe ir acompañada de otros elementos. Es lo que nos proponemos hacer en este ejercicio de redacción.

Los últimos años han sido extremadamente duros para los trabajadores y sus familias, que siguen sufriendo los efectos devastadores de la crisis. Ni que decir tiene que han sido años de plomo para el sindicalismo confederal: interrupción del ciclo de conquistas sociales, deconstrucción de derechos y poderes sindicales. Nunca en la España democrática el sindicalismo había sido desafiado con tanta adversidad y enemistad. Y, sin embargo, ahí están esos resultados en Cataluña.

Es obvio que los grupos dirigentes de cada ámbito, federativo y territorial, deberán hacer escrupulosamente su particular balance. Pero, a la espera de los datos pormenorizados, ¿cabe alguna duda de lo positivo del resultado que han alcanzado los dos principales sindicatos? Cualquier organización política se daría con un canto en el cielo del paladar si hubiera obtenido en unos comicios estos resultados. Lo que sorprendentemente se niega al movimiento organizado de los trabajadores. A este se le sigue negando el pan y la sal: la innegable representatividad que le dan las urnas en el ecocentro de trabajo.

Una lectura cualitativa de los resultados electorales debe acompañar forzosamente la interpretación cuantitativa. Estos resultados, en esta larga fase de crisis económica y sus consecuencias, van más allá de la rotundidad de los números. Al tiempo que nos proponen nuevas reflexiones: a pesar de todos los pesares, los trabajadores siguen confiando en el sindicalismo confederal. Cierto, podríamos decir que dicha confianza tiene una componente de resignación. Tal vez, pero si fuera de esa manera ¿cómo explicar que ambos sindicatos suman cerca del 81 por ciento de la representatividad total? Las interpretaciones son libres, pero si quieren tener una aproximada lógica deben partir de que ese 81 por ciento está ahí desafiando cualquier legítimo subjetivismo, por legítimo que sea. En todo caso, estas interpretaciones chocan abruptamente con los datos, esto es, con la «utilidad sindical» que perciben esas amplias mayorías de trabajadores, incluso –todo hay que decirlo--  de aquellas organizaciones que han conseguido menor relieve electoral.

Segundo tranco

Y sin embargo, hay no pocos sindicalistas atribulados por el ninguno y, en no pocos casos, el ataque sistemático al movimiento sindical en los que participan determinados sectores de una izquierda mustia y chuchurría. Comoquiera que son casos diferentes iremos por partes.

Desde determinados ámbitos políticos y mediáticos el ataque al sindicalismo tiene una raíz clasista. Es un viejo problema que nos acompañará por los siglos de los siglos y, en ese sentido, poco hay que decir, salvo el amén protocolario. Pero en otros casos, el ninguneo tiene otra raíz: le negativa del sindicalismo a ser la prótesis de partidos y movimientos. Fíjense en este detalle: allá donde el sindicalismo es un sujeto independiente concita el mayor ataque y el más espeso ninguneo. Allá donde la alteridad sindical es más débil –o no existe--  el sindicalismo es tratado como un sujeto venerable.

Cuestión diferente es el antipático tratamiento que, desde la izquierda chuchurría –un magma invertebrado de mil colores distintos--  se hace con relación al movimiento sindical realmente existente. En ese caso, se produce una concordancia entre esos sectores y la derecha más cavernaria.  Cosa que, por lo demás, no representa novedad alguna digna de tenerse en cuenta. Es la confluencia entre los enragées de diversa condición.  Aquí la palabra escénica, en el sentido que le daba el maestro Giuseppe Verdi,  es la recurrente  "traición" de los dirigentes sindicales que, para hacerla más creíble, debe ir acompañada por la inefable pureza de las bases santas, santas, santas. Locos de atar. 

Tercer tranco

El 81 por ciento de la representatividad expresa que el sindicalismo confederal representa a centenares de miles de asalariados de la más diversa condición. Se trata de un tejido asociativo como quizá no exista otro en el círculo de lo social en nuestro país. Ahí está la base objetiva que puede crear e impulsar cambios profundos en el sindicalismo. Es justamente este mantillo lo que puede transformar la maceta sindical, regada convenientemente, en un sujeto propulsor de reformas desde el ecocentro de trabajo y estudio.

Último tranco

Tras lo dicho, quiero significar que no he cambiado mi posición sobre los comités de empresa. La mantengo con la misma firmeza de siempre. Pero, tras los resultados,  ¿cómo iba a dejar pasar la ocasión de expresar mi alegría por los óptimos resultados de las elecciones sindicales? ¿Por qué iba a callarme cuando, desde la mayor parte de las cofradías mediáticas, no han dicho ní mú sobre el particular? Oigan, que uno no es de piedra. Así pues, alzo mi copa de cava y canto el famoso brindis de La traviata.


jueves, 24 de diciembre de 2015

De partidos políticos y coaliciones, de burocracias viejas y nuevas




En la foto, Bruno Rizzi



Esta no es una pregunta inocente: ¿dónde está el centro de la decisión en aquellas coaliciones políticas  que dan cobijo a un determinado número de partidos? ¿Está en los necesarios acuerdos por arriba –esto es, en las direcciones de los partidos que conforman dicha coalición— o en un lugar imprescindible, unitario, donde la decisión se toma autónomamente, esto es, en la asamblea? Una respuesta cauta podría ser: mientras se es coalición, no hay más remedio que tomar las decisiones (al menos, las importantes) como acuerdo de las cúpulas de sus componentes? La respuesta más audaz –no tiene que ser necesariamente  la más conveniente— sería: los acuerdos más importantes serían tomados en un consejo general o asamblea representativa de la coalición, mediante reglas escritas vinculantes.

En el primer caso, entiendo la cautela. Ahora bien, ¿durante cuánto tiempo? Porque, de no precisarlo con cierta aproximación política, la necesaria cautela se iría convirtiendo en una actividad rutinaria que se iría transformando en cabildeos y apaños cupulares sin vinculación alguna,  incluso con el activo de la militancia de cada grupo. No se trata de una abstracta tendencia a la burocratización de matriz weberiana sino el resultado de instalarse en lo acomodaticio y en la vida muelle que fatalmente se convierte en el verticalismo del líder. Dígase con claridad: también estas coaliciones tienen el riesgo a degradarse, a la burocratización. Sería una estupidez pensar que ellas están inmunizadas de ese virus. En cierto modo, Bruno Rizzi   (La burocratización del mundo, Península 1977) ya nos avisó que, en menos que canta un gallo, la burocratización se mete en el tuétano.  Por ejemplo, la propuesta de ayer mismo de Íñigo Errejón que inmediatamente ha hecho suya el mismísimo Pablo Iglesias: que una personalidad independiente forme gobierno. Es una miaja de burocratización, entendida ésta a como la concebía Rizzi.

 

Aunque esa posibilidad –la posibilidad de que una persona que no es diputado pueda ser presidente del gobierno-- está prevista en la Constitución, dicha por un alto dirigente de Podemos es un soberbio dislate. Es decir, después de toneladas de teoría sobre el empoderamiento de masas y, a pocas horas del cierre de los colegios electorales, Errejón y Pablo Iglesias ponen encima de la mesa tan extraña hortaliza. O sea, tres cuartos de lo mismo de lo que planteó Giorgio Napolitano que, finalmente, consiguió que Mario Tronti fuera investido presidente del gobierno italiano. Lo que motivó una fundada crítica de Podemos y otras fuerzas de izquierda.


La propuesta de la dirección de Podemos tiene además un cuarto de quilo de tecnocratismo, porque a las primeras de cambio, inmediatamente de un proceso de elecciones, hurta a la política de ser política y a los políticos de hacer política. Es como si los estudiantes de Matemáticas, ante la dificultad de resolver una ecuación diofántica, enviaran el problema a que lo resolviera el maestro armero.    

Postata. Estaría pensando en las Batuecas cuando puse Mario Tronti; es como me han indicado diversos amigos Mario Monti. Disculpen. 

miércoles, 23 de diciembre de 2015

¿La CUP versus Artur Mas?




La CUP sabe perfectamente que las propuestas económicas y sociales que le ha enviado Junts pel Sí para que Artur Mas sea investido president de la Generalitat no se van a cumplir. Junts pel Sí igualmente sabe que ella no lo cumplirá.  Los que han echado cuentas de una u otra familia también lo saben. Y sin embargo, la orden mendicante sigue sosteniendo que Artur Mas debe subir al primer peldaño del podio. La CUP, por su parte, sigue las enseñanzas del legendario sindicalista italiano Luciano Lama, un auténtico culo di ferro, que nunca fue el primero en romper cualquier negociación. Por lo demás, la CUP ya fue avisada cuando, en el segundo pleno del Parlament de Catalunya, Junts pel Sí se negó a tratar monográficamente el problemón de la pobreza.  Sorprendentemente, la CUP apoyó dicha negativa por entender que eso interfería sus negociaciones con Mas.

De todas formas, tengo para mí que estas negociaciones son un artificio al haberlas situado ambas formaciones políticas como la variable dependiente del procés soberanista por la independencia y no como un intento de  solución para paliar los gravísimos efectos de la crisis económica. Son, en esa lógica, una apariencia. Lo saben los viejos galápagos de Convergència (o como se llame ahora), pero no lo saben los polluelos de la CUP, aunque intuyen que, si no dan el brazo a torcer, podrían aparecer como el chivo expiatorio que ha mutilado el famoso procés.

Ahora bien, entiendo que este temor de la CUP es exagerado. Porque los costaleros de Artur Mas han menguado y están algo precarios de altavoces y resmas de papel. Este caballero tiene también su propia parábola descendente: los resultados de las recientes elecciones que, barrocamente se han disfrazado de éxito, lo demuestra a las claras. Y es que las Matemáticas tienen una razón con su estatuto epistemológico que la politiquería con su razón andrajosa no quiere conocer. Una conjetura, aunque sea la de Goldbach, no es un teorema.

Conclusión, así las cosas, si la CUP se pliega a la obcecación de Mas no tendrá ni siquiera la excusa de la bisoñez y podría ser que su futuro fuera incierto. Máxime cuando ha aparecido En Comú-Podem que no se anda con chiquitas.  



lunes, 21 de diciembre de 2015

Resultados electorales y sindicalismo confederal



Homenaje a Antifonte de Atenas


Primer tranco

Analistas de la más variada zoología racional intentarán darnos luz sobre lo ocurrido el día de ayer que, con el paso del tiempo, podrá ser famoso. Los dirigentes de los partidos con, poco o mucho mando real, se afanarán así mismo en la cuadratura del círculo mediante el método matemático de la exahución. De momento, dejemos que los responsables políticos consuman, según los casos, botellas de cava o de litines. Mientras tanto, sí estamos en condiciones de seguir la corriente a quienes han hablado de que se entra en un nuevo curso. Un servidor, no obstante, preferiría añadir un suave matiz que no desdice lo anterior: nos acostamos con el Tenorio, de Tirso de Molina y nos levantamos con el don Juan, según Zorrilla. Don Juan Tenorio sigue siendo el protagonista, pero el escenario, los segundones y los figurantes han cambiado.

El escenario, decimos, ha cambiado: ya no estamos en la tierra firme de las grandes mayorías sino que nos encontramos afortunadamente en el territorio ambiguo del equilibrio de debilidades. Que puede ser propenso para ciertas alquimias o para una sólida cultura del pacto. Un elemento ha aparecido con claridad: cada partido tradicional (de los dos grandes) tiene un competidor estratégico que le irá soplando en el cogote. Lo que podría traducirse en querellas por la disputa del espacio vecino o por la geometría de los pactos. Ya veremos qué movimientos se insinúan y, andando las semanas, cómo se van concretando.

Segundo tranco

En principio diría que este nuevo escenario parece favorecer al sindicalismo confederal. Cierto, siempre y cuando se coloque con la mayor sabiduría y su consecuente razón pragmática.

La experiencia nos dice que, en los años de mayorías absolutas, el sindicalismo confederal ha tenido no pocos problemas. Una de ellas, no irrelevante, ha sido el áspero choque entre la legitimidad de la autonomía sindical y la legitimidad institucional de la mayoría electoral. Que nunca maridaron adecuadamente. En esas condiciones el sindicalismo ha tenido no pocas dificultades. Y comoquiera que los partidos que tradicionalmente tuvieron una relación de (relativa) amistad con los sindicatos sólo hicieron política en las cumbres borrascosas de la Torre del Homenaje, el movimiento de los trabajadores tuvo las de no ganar en esas asperezas, el gallo de Morón fue perdiendo algunas de sus bellas plumas.

El nuevo escenario podría abrir nuevas expectativas. Siempre y cuando tome buena nota de que se ha producido una serie de cambios que también le afectan a él: el deseo indiciado por el cuerpo electoral de avanzar a grandes reformas (dignas de ese nombre)  no puede ser ajeno al sindicalismo confederal. Tanto si se da en el cuadro político como si éste, obviando aquel deseo indiciado, se encoje de hombros y vuelve a la molicie que caracterizó el viejo bipartidismo.

En resumidas cuentas, el sindicalismo confederal debe actuar como un sujeto propulsor de reformas tanto en el ecocentro de trabajo como fuera de él. En ese sentido, es la hora de la puesta al día de las relaciones laborales, de los contenidos de las prácticas contractuales, de la reforma de la representación y de la adormecida cuestión unitaria. Y aquí cabe, como anillo al dedo, la lúcida observación de Fernández Toxo, que vale más que nunca para la nueva situación:  «No podemos seguir haciendo lo mismo para conseguir los mismos resultados. Si el sindicato no se reinventa, el viento de la historia se lo llevará por delante».Pues sépase que, de cara al día de ayer, ha habido alguien que no ha seguido haciendo lo de siempre y, por eso, ha tenido su premio correspondiente.   


En consecuencia, el sindicalismo confederal tiene un enorme desafío pendiente: expresar su alteridad propositiva en el nuevo contexto. Ahora bien, lo que decimos es válido siempre y cuando convengamos que las cosas, tras el día de ayer, entran en otro curso. Entonces celebraremos adecuadamente el intento de la cuadratura del círculo del viejo Antifonte de Atenas. Si no es así, lo que hemos dicho no tiene sentido alguno.