martes, 20 de septiembre de 2016

¿El Tribunal de Justicia de la Unión Europea abre las puertas al contrato único?




Miquel Á. Falguera i Baró (Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya)

1.  El pasado 14 de septiembre el TJUE dictó tres sentencias relativas a la aplicación del Acuerdo Marco europeo sobre contratación temporal  por el Estado español. Sólo una de ellas tuvo un cierto impacto mediático en forma inmediata: la recaída en el asunto Pérez López, relativa al uso abusivo por los servicios públicos de salud madrileños respecto al personal sanitario de contratos temporales. Sin embargo, era ésa la menos importante de la tríada.  Mayor interés tenía la sentencia dictada en el asunto Martínez Andrés: aunque el supuesto de hecho era prácticamente idéntico al anterior, la resolución contenía alguna reflexión adicional respecto a la necesidad o no de segundos pronunciamientos judiciales.

Era el tercer pronunciamiento dictado ese día el más trascendente.  Sin embargo,  sólo ha saltado a los medios de información cinco días después (algún día habrá que reflexionar sobre la información periodística en cuestiones de Derecho), aunque ya se había destacado su importancia por algunos blogs jurídicos, como el de Ignasi Beltran de Heredia. Se trata de la sentencia dictada en el asunto de Diego Porras (accesible en: http://curia.europa.eu/juris/document/document.jsf?text=&docid=183301&pageIndex=0&doclang=ES&mode=lst&dir=&occ=first&part=1&cid=201913). Anótense ese nombre: mucho me temo que lo van a oír con reiteración en los próximos meses.

Los hechos que dan lugar a dicha sentencia son los siguientes: la señora de Diego Porras trabajaba para el Ministerio de Defensa desde el 2003, a través de varios contratos de interinidad. El último de ellos databa de 2005, para sustituir a un empleado que tenía la condición de liberado sindical. Más de siete años después, a raíz de las medidas adoptadas por el Gobierno del PP recortando el número de sindicalistas liberados, el sustituido se reintegra en su puesto de trabajo y la señora de Diego ve extinguido su contrato, interponiendo una demanda por despido. El juzgado de lo social desestima la demanda al considerar que, pese al largo tiempo transcurrido desde el inicio del contrato, no existía fraude de ley y la extinción era plenamente causal. Esa declaración conllevaba que no existiera indemnización de tipo alguno: no concurría la misma al no existir despido y tampoco era aplicable la compensación de –actualmente- doce días por año por fin de contratos temporales del art. 49.1 c) de la Ley Estatuto de los Trabajadores (ET), al excluirse en dicho precepto a los contratos de interinidad.

Disconforme con ese pronunciamiento la trabajadora afectada formula recurso de suplicación ante el TSJ de Madrid. Y es éste el que eleva la cuestión prejudicial ante el TJUE. Y no lo hace por considerar que puedan concurrir aspectos relativos a la causalidad –en tanto que expresamente se afirma que la finalización del contrato se adecua a legalidad- sino por el posible trato diferenciado entre interinos y el resto de contratos temporales y entre aquéllos y trabajadores indefinidos en materia de indemnización por fin del vínculo laboral.

La respuesta del TJUE es –resumida- la siguiente: a) no puede analizar el trato diferenciado entre el resto de contratos a término y el de interinidad, por ser cuestión ajena al Acuerdo Marco (aunque quizás fuera éste el gran motivo presente en la cuestión prejudicial); b) la Directiva contempla la igualdad de condiciones de condiciones de trabajo entre indefinidos y temporales siempre que se dé el requisito de realizar un trabajo “idéntico o similar”; c) dicha equiparación en las condiciones de trabajo incluye la indemnización por extinción del contrato de trabajo por causas objetivas; y c) por tanto, si los fijos tienen derecho a una indemnización por fin de contrato de 20 días por causas objetivas, los interinos no pueden tener un trato diferenciado. Ello determina una evidente conclusión implícita en la sentencia: el actual marco legal, al establecer que la finalización de los contratos temporales –hasta ahora, con exclusión del contrato de interinidad- tienen derecho a una indemnización de doce días y las extinciones objetivas de las personas asalariadas con contrato indefinido la tienen de veinte es contraria (en principio y con independencia de posteriores reflexiones) a la interdicción de trato diferenciado entre vínculos contractuales a tiempo determinado e indeterminado que consagra el Acuerdo Marco.

2.  Las repercusiones que se derivan de dicha sentencia para nuestro ordenamiento producen vértigo.  En una primera lectura se podrían lanzar las campanas al vuelo y colegir que el TJUE ha ampliado las indemnizaciones extintivas de los contratados temporales. Ello es cierto, pero la reflexión más pausada nos lleva a una conclusión más preocupante: en tanto que se deja de facto sin sentido la diferenciación indemnizatoria entre temporales y fijos puede entenderse que se abren ya definitivamente las puertas para el denominado contrato único.

El problema de fondo reside en nuestro modelo de despido. En efecto, durante muchos años nuestro sistema contractual era esencialmente indefinido y sólo podía ponerse fin al mismo por causas disciplinarias, salvo en el caso de crisis empresarial, dónde actuaban (desde la Ley Salmón durante la IIª República) mecanismos alternativos. 

Ese modelo aparentemente de plena causalidad comportaba que los empleadores lo consideraban muy rígido. De ahí que en la práctica fuera –y lo siga siendo- una evidencia que una parte altamente significativa de los despidos formalmente disciplinarios no sean en realidad tales, sino mera decisiones extintivas del empleador, bien por simple capricho o interés, bien por la concurrencia de situaciones que, pese a no concurrir incumplimiento contractual grave por el trabajador, dificultan la gestión de la mano de obra por el empleador. Por ello la ya lejana Ley de Relaciones Laborales de 1976 –en una lógica aún hoy reconocible en el artículo 52 ET- tipificó –con el derecho de indemnización “menor” de veinte días por año de antigüedad- una serie de situaciones que se denominaban como extinciones objetivas (además de las causas económicas, técnicas, organizativas y productivas: el absentismo, la incapacidad laboral sobrevenida y la falta de adaptación al cambio productivo o tecnológico). Pero ocurre que, al margen del complejo modelo de exigencias legales a este respecto, dicho tipo de “despidos” no abarcaban todas las posibles situaciones reales (por poner un ejemplo: conflictos entre la plantilla, dificultades organizativas o de tiempo de trabajo, etc.).  A ello cabe sumar la extensa y cambiante modificación de lo que hoy conocemos como despidos colectivos –antes: expedientes de regulación de empleo-.

Ello comportó que en su momento España fuera uno de los pocos países europeos que firmó el Convenio 158 OIT en materia de despido, que, entre otras medidas, exige que cualquier extinción del contrato de trabajo obedezca a una causa, lo que en la práctica comporta que en nuestro ordenamiento  -a diferencia de otras experiencias jurídicas- no sea posible el desistimiento empresarial.

Hablar de despido es, sustancialmente, hablar de poder en la empresa. En la medida en que un empleador tiene más facilidades para “desprenderse” de un trabajador podrá exigir  mayor contenido de la prestación laboral o, incluso, el incumplimiento de determinados mínimos legales o convencionales. Por el contrario, cuando más restrictivo sea el modelo extintivo más garantías tiene la persona asalariada para ejercer sus derechos (y también en determinados casos: para no cumplir determinadas obligaciones). Baste recordar la insurrección patronal cuando el DL 17/1977 estableció que en caso de improcedencia la opción la ejercía el trabajador (en una medida que duró pocos meses).

Algo de eso se contenía en las reflexiones que efectué hace unos meses en este mismo blog y en la revista Pasos a la Izquierda. Es esa constatación –y no el coste para el empleador del despido- lo que explica la denominada “cultura de la temporalidad” en nuestro marco de relaciones laborales (con sus nefastos efectos no sólo sobre las vidas de las personas asalariadas, sino también sobre el modelo productivo). Cabe recordar que ese fenómeno parte de la reforma laboral del “Gobierno del cambio” del PSOE en 1984, con la excusa de la creación de empleo: un experimento que, además de resultar totalmente ineficaz a los efectos supuestamente pretendidos, nos ha salido muy caro. Sin embargo, formalmente hoy los contratos temporales vuelven a ser plenamente causales en la Ley, sin que exista justificación aparente para su uso expansivo y desaforado real, pese al intento de legislador de poner trabas. Ahí está la referida indemnización por fin de contrato del artículo 49.1 c) ET y las posibles cotizaciones adicionales en determinados supuestos (aunque ningún gobierno se ha atrevido a dar el gran paso: la inversión en estos supuestos del derecho de opción tras declaración de improcedencia). En esa lógica es perfectamente congruente que la finalización de un contrato de interinidad no tenga indemnización, por una razón evidente: es el único contrato plenamente causal, por definición.

Nuestro modelo de despido no obedece a una lógica racional. Ningún gobierno se ha atrevido desde la transición a coger el toro por los cuernos. Las sucesivas ampliaciones de las causas extintivas se han ido erigiendo sobre el sistema legal del despido disciplinario, pese a obedecer a lógicas distintas, el modelo es rígido y poco flexible y no contiene mecanismos de adaptación a múltiples situaciones en la gestión de la plantilla. Pero, junto a ello, el legislador y la jurisprudencia han ido aceptando que el modelo se pervierta. En la práctica la doctrina de los tribunales ha aceptado implícitamente el desistimiento empresarial  mediante el pago de la correspondiente indemnización, pese a ser contrario al Convenio 158 OIT. Incluso, la instauración en nuestro sistema de relaciones laborales en el 2002 del denominado “despido exprés” conllevó que en la práctica se legalizara dicho desistimiento (una figura ésta hoy desaparecida, pero a la que insólitamente aún se sigue acudiendo en algunas ocasiones). Todo ello determina situaciones absurdas: así tienen el mismo tratamiento legal y los mismos efectos –en especial indemnizatorios- el desistimiento caprichoso del contrato por el empresario  que las necesidades de readecuación de plantilla no prevista en la ley o el despido causal en que se ha omitido un trámite formal.

3. El modelo carente de lógica del sistema de despidos y la cultura de la temporalidad se ven directamente afectados por la Sentencia del TJUE en el asunto de Diego Porras. Y ello obedece a mi juicio a que el sistema comunitario de despido no es exactamente similar al nuestro. Es cierto que no existe un “modelo europeo” al respecto explícitamente determinado. Pero ocurre que si se halla implícitamente conformado por la lectura conjunta del Acuerdo Marco sobre contratación temporal y la Directiva de despidos colectivos.
De esta forma, es estándar comunitario regula esencialmente las extinciones por razones objetivas.  Si se acude a la Directiva 1999/70/CE (el Acuerdo marco) podrá comprobarse cómo la definición de trabajo de duración determinada se circunscribe a aquellos supuestos en que “el final del contrato de trabajo o de la relación laboral viene determinado por condiciones objetivas tales como una fecha concreta, la realización de una obra o servicio determinado o la producción de un hecho o acontecimiento determinado”. Obsérvese: “condiciones objetivas”. Y si acudimos a la Directiva 98/59/CEE, de 20 de julio de 1998(esto es: la reguladora de los despidos colectivos) se advierte que las extinciones colectivas no obedecen exclusivamente, como ocurre en la legislación española, a causas económicas, técnicas, organizativas, productivas o de fuerza mayor, sino a “motivos no inherentes a la persona de los trabajadores”, lo que cohonesta con el contenido del artículo 4 del Convenio 158 OIT.

De todo ello se difiere que el paradigma comunitario se centra esencialmente en aquellos  supuestos en los que concurren causas objetivas ajenas directamente a la conducta de la persona asalariada, que pueden ser individuales o colectivas. Y se escapan del marco europeo los despidos disciplinarios así como –en aquellos países en los que concurre total o parcialmente- del desistimiento empresarial. La STJUE en el asunto de Diego Porras llega a la conclusión en ese marco aplicativo que el establecimiento en un contrato de una cláusula de temporalidad sometida a una condición objetiva determina que en estos casos se tenga derecho a la misma indemnización extintiva que en el caso de una finalización de un contrato que no tenga cláusula de temporalidad –indefinido- cuando concurran circunstancias objetivas(20 días por año de antigüedad). Pero, para ello, se reclama que concurra esa “condición objetiva” en la extinción.

Los interrogantes  que abre dicho pronunciamiento son variados y críticos. Señala Rafael LÖPEZ PARADA en un artículo que verá la luz en el próximo número de la Revista Jurisdicción Social (accesible a partir del próximo mes en: http://publicacionesjuecesdemocracia.blogspot.com.es/ ) que ese condicionante objetivo en las cláusulas de temporalidad es exigible en el caso de los contratos de interinidad y los de obra o servicio. Y ello porque el reingreso del trabajador con reserva de puesto de trabajo y las necesidades puntuales de mano de obra para una determinada obra o servicio se relacionan con el excedente de plantilla que comporta su causa extintiva, . El mismo autor extiende dicha conclusión al contrato de indefinidos de apoyo a los emprendedores que finalicen a instancias del empresario durante el primer año de duración, en tanto que el TC los ha justificado por razón de la acreditar la permanencia del puesto de trabajo (y no a efectos de comprobar la adaptación de la persona asalariada), pero siempre que la finalización se produzca después del decurso del período de prueba ordinario del art. 14 ET. En todos esos casos la extinción del contrato comportaría el derecho a la indemnización del art. 53 ET y no la del art. 49.1 c) de la misma norma. Por el contrario, considera que dicha equiparación no se produce en el caso de  contratos formativos y  eventuales por circunstancias de la producción (así como los peculiares contratos acausales de personas discapacitadas), bien por pacto expresa de fecha extintiva, bien por no regir la cláusula de equiparación con los contratados indefinidos asimilables.Son ésas conclusiones  que comparto plenamente.

Pese a ello, creo que la doctrina del TJUE no deja de presentar alguna contradicción. Especialmente, como ha indicado Joan Agustí en correspondencia privada, es llamativo que en materia de despidos colectivos el mismo órgano judicial comunitario ha venido excluyendo, en determinados supuestos, a los trabajadores temporales del ámbito de determinación de afectados.


4. Pero más allá de las elucubraciones hermenéuticas de la sentencia parece evidente que la analizada sentencia tiene un efecto colateral: se constituye en el gran argumento de los defensores del “contrato único”.Se dirá de buen seguro que  si los efectos de un despido por crisis de empresa son los mismos que la finalización de un contrato temporal, la diferencia entre contrato indefinido y temporal –o, al menos, alguna de dichas modalidades- carece ya de sentido alguno. Si bien se mira es ésa una lógica claramente vinculada con las medidas que en esta materia se pactaron entre el PP y C’s en el programa presentado al Parlamento en el último intento fallido de candidatura del señor Rajoy a la presidencia del Gobierno. Por tanto, la reducción significativa del número de contratos temporales vinculado a un nuevo modelo de contrato.

Estoy convencido que en los próximos meses vamos a asistir a un bombardeo mediático de alto calado que vendrá a afirmar que el TJUE nos impone la regulación del contrato único. Es ése, sin embargo, un argumento en parte falaz. En efecto, la sentencia referida nos obliga a readecuar el modelo de contratación temporal, pero en ningún momento conlleva que el empleador pueda poner fin al contrato de trabajo cuando quiera y sin motivo (que es lo que de verdad subyace en la propuesta inicialmente formulada por FEDEA). Bien al contrario: de la sentencia se deriva que la extinción ha de tener una “causa objetiva”. Para que ese sueño húmedo neoliberal fuera posible sería del todo imprescindible que el Estado español denunciara el Convenio 158 OIT. Aunque deberá advertirse que dicha denuncia no requiere más que su tramitación parlamentaria simple.

Pues bien, haría bien la izquierda y el movimiento obrero organizado en aprovechar que el Genil pasa por una ciudad cercana a Santafé (es éste obviamente el pequeño homenaje al blog que me da amparo en estas reflexiones). La contradicción entre la sentencia del asunto de Diego Porras y nuestro ordenamiento está sustancialmente en nuestro el modelo de despido.  Por tanto, cabrá ir avanzado en una propuesta más lógica y razonable. Y formulo a continuación una serie de consideraciones a vuela pluma.

En primer lugar, cabría pensar únicamente en tres modelos de contratos: el indefinido, los formativos y el temporal (por tanto, aquél en que se pacte dentro de determinados períodos máximos y con causalidad una duración fija).
En segundo lugar, hay que diferenciar entre extinciones empresariales inherentes a la conducta del trabajador (por tanto, esencialmente el despido disciplinario), de aquellas otras que obedezcan a un “motivo objetivo”. Y es en este último aspecto en el que debe efectuarse el mayor énfasis, superando la estricta tipificación y los severos requisitos del actual art. 52 ET, optando por un tipo abierto, aunque sometido a determinados condicionantes legales que eviten que la calificación judicial de un despido de dicho tipo sea más propia de un juicio de equidad que de un razonamiento jurídico.

Sin duda que ello comporta mayores facilidades extintivas de los empleadores. Pero precisamente por ello debe operar aquí la evidente contrapartida: la posibilidad de que si el juez considera que la cláusula de temporalidad es fraudulenta, que la condición extintiva pactada en contrato es abusiva o que el motivo objetivo aducido por el empresario no es más que un desistimiento en fraude de ley pueda condenar a la readmisión o, en su caso, que se invierta a favor del trabajador la opción por la readmisión.

De esta forma los empleadores tendrían la certeza de que el despido, como tal, quedaría circunscrito al ámbito disciplinario (sin indemnización en el caso de procedencia). Y de que, si concurren circunstancias objetivas de todo tipo que razonablemente justifican que haya de ponerse fin a los contratos la Ley les permite esa posibilidad pagando la indemnización mínima y sin los condicionantes actuales. Pero, por el contrario, como garantía de las personas asalariadas, la misma Ley les protegería ante el abuso de derecho o el fraude de ley (algo que hoy, salvo en materia de despidos económicos –en sentido amplio- no hace).


En todo caso, obviando estas reflexiones legeferendanrias cabe insistir antes de que empiece el bombardeo mediático: el TJUE no ha amparado el contrato único si por éste cabe entender que el empleador pueda despedir cuando quiera y por cualquier motivo con el simple pago de una indemnización. Más bien, ocurre todo lo contrario.

Podemos Cataluña y sus patologías



Hay una prueba que demuestra que el reino del grupo dirigente de  Podemos Cataluña es de este mundo. Esta: Dante Fachín, el primer espada de esta formación, ha decidido contribuir con su grano de arena al clima de zafarrancho patológico que un gran número de partidos, coaliciones y demás menús tienen en su interior. Es como si este caballero, inquieto por la relativa estabilidad de la coalición a la que pertenece, se dijera que eso, la estabilidad, es propia de la vieja política.

El grupo dirigente de Podemos Cataluña –con Fachín a la cabeza--  ha presentado una moción (o algo por el estilo) reclamando que él y los suyos necesitan más protagonismo y visibilidad en la coalición que tiene como cabezas más visibles a Lluis Rabell y Joan Coscubiela. Abro paréntesis: la palabra «visibilidad» se está convirtiendo en algo muy socorrido en el (reducido) dialecto de la política catalana y española. Cierro paréntesis.

Me informan amigos que están en esta caldeirada que realmente no hay nada substancial, que lo único consistente es el protagonismo y la dichosa visibilidad. Así las cosas, sea cierto o no, todo indica que los aspavientos de Fachín tienen algo que ver con las pulsiones que se están operando en Podemos. De un Podemos que, pasados los momentos de su canción de gesta, no ha encontrado –o no sabe todavía--  traducir algunas de sus estrofas a la prosa de la acción política. Tal vez sea una expresión del acné político de Podemos en general y de Podemos Cataluña más en particular.

Ahora bien, ¿cómo interpretar que, en estos momentos, los podemitas catalanes se metan en ese berenjenal? Si estamos en puertas de unas terceras elecciones, ¿en qué ayuda echar vinagre? Más todavía, cuando todo indica que la acción política de un temperado Xavier Domènech puede revalidar su éxito –o unos buenos resultados--  ¿qué sentido tiene la destemplanza de Fachín y sus allegados? Cuando la Cataluña política es una zahúrda, ¿es útil sumarse a ella? Cuando España es aproximadamente un manicomio político ¿es rentable que Fachín esté más preocupado por su palmito que por darle sentido a un proyecto creíble que todavía está por hacer?

No estamos reclamando la sumisión de nadie. Sólo estamos indicando que, en estos momentos, es una imprudencia temeraria abrir una crisis en el interior de la coalición a la que pertenece Podemos Cataluña. Y, todavía más, ¿era este el momento más indicado para que Ada Colau planteara crear un nuevo partido? Porque, con seguridad aproximada, la inverecundia de Pachín tenga más que ver con esto que con la poca o ninguna visibilidad actual de los suyos. Sea como fuere no es innecesario llamar a la templanza. Y sepan que, en todo caso, los cementerios están repletos de gente alocada. Por lo demás, que no se den motivos para recordar el viejo refrán: «quien con niños se acuesta, cagado se levanta».


Radio Parapanda.--  CHINA 2016 - La aplicación del Acuerdo Marco con INDITEX y la defensa del trabajo decente en sus proveedores de calzado - Un reto para el sindicalismo internacional y para las grandes marcas cuyos productos se fabrican en este país. Escribe Isidor Boix. 

lunes, 19 de septiembre de 2016

Una huelga de 150 millones de personas



«150 millones de trabajadores en huelga no han sido noticia en ninguna parte» es el lacónico texto del profesor Baylos en facebook. Y, sin embargo, se trata de la huelga general más amplia de la historia. Ha ocurrido en la India en pasado 2 de setiembre. De tan gigantesco movimiento y de su ocultación por parte de la gran mayoría de los medios de la ganadería global podemos sacar dos conclusiones, tal vez provisionales. Una, que el conflicto social existe y no se deja cooptar por los poderes que le son adversos; y dos, que la forma más convencional de tratarlo en su contra es ningunearlo o, descaradamente, silenciarlo. Menos mal que, en estos tiempos, el monopolio de la información está de capa caída. O, por mejor decir, es prácticamente inexistente.


En nuestro caso tenemos la cumplida información que nos proporciona Vijay Prashad  en la revista española sinpermiso (1). De manera que no alargamos innecesariamente esta brevería. Nos limitamos, pues, a invitar a nuestros amigos, conocidos y saludados a conectar con http://www.sinpermiso.info/textos/india-la-mayor-huelga-general-del-mundo.


domingo, 18 de septiembre de 2016

El sector Viejas glorias de la alta costura socialista



Don Federico y doña Vicenta


El sector Viejas glorias de los socialistas españoles está dramáticamente inquieto. Fueron modistos de alta costura que ahora están en un sin vivir, que se incrementa a la velocidad del sonido. Es más, es como si hubiera una competición para ver quién exhibe con mayor énfasis su propia patología. Es como si no estar en primera línea del zafarrancho político fuera un castigo. Algunos lo sufren con la tosca agresividad que ya tenían cuando apretaban el bastón de mando. Un bastón del que quedan no pocas reminiscencias en clave de orden o consigna, siempre perentoria. Nunca una sugerencia o consejo. Se diría que es la perplejidad por la pérdida de cotas de poder. Pero, posiblemente, entrar en las tripas de estas cuestiones sea más complicado de lo que parece.

Por ejemplo, cuando alguien de estas glorias antiguas afirma que hay una obsesión podemita (sic) para obligar a  Rita La Más Grande a que abandone su escaño en el Senado, ¿cómo interpretar esa postura? Importa poco si quien lo ha dicho es Anás o Caifás. O cuando otra estantigua avisa de que si se pacta con Podemos, él votaría a Rajoy, atribuyéndose, además, que «todos los españoles harán lo mismo». Ambos caballeros, como todos sabemos,

Entiendo que lo dicho por ambos personajes sobrepasa la desmesura y se acerca temerariamente a unos comportamientos de difícil –para un servidor, se entiende— comprensión. No obstante, sabemos que es una lucha entre las Torres del Homenaje, mientras los siervos están abajo, estupefactos, observando el declive de la alta costura.   

Lo único que se me ocurre es que el hecho objetivo de este pathos no tiene una raíz en las ideas. En mi opinión es un  combate de pólipos y divertículos que requieren una clonoscopia urgente. Sin embargo, no tengo inconveniente en afirmar que esa solución es fruto de mi incompetencia para entender ese fenómeno.

Sea como fuere y por las razones que fuesen, las cosas están como las dejó escritas el poeta de La Fuente: «En la mitad del barranco / las navajas de Albacete / bellas de sangre contraria / relucen como los peces». El poeta lo denominó Reyerta.


viernes, 16 de septiembre de 2016

¿El PSUC del siglo XXI, dice usted?



Está siendo muy recurrente referirse al PSUC, el Partit Socialista Unificat de Catalunya (comunista). Algunas fuerzas políticas de reciente denominación de origen con sus personajes en busca de autor, insisten en querer ser «el PSUC del siglo XXI». Se agradece el piropo retrospectivo, pero –yendo sin perifollos, ni protocolos— hay que decir que es una quimera. Lo que no impide, ciertamente, que dicho partido de ayer motive y sea fuente de inspiración para nuestros días. Con la condición de que dicha fuente de inspiración no se convierta en una calcomanía. No hace falta recordar que la calcomanía no figura en las bellas artes.

El PSUC es irrepetible. Lo acreditan las condiciones históricas de su nacimiento, desarrollo y organizada defunción. Digamos, pues, que esa irrepetibilidad no le da al partido mayor o menor grandeza, simplemente le connota como la organización concreta en un momento dilatado y diverso de la historia de Cataluña. Surge como es sabido, de la inteligente fusión de varios partidos socialistas y uno comunista en la antesala de la Guerra civil española. Es el partido que establece un fuerte vínculo, político y sentimental, con las clases trabajadoras en el contexto de una organización del trabajo de fordismo cuartelario en un concreto Estado—nación. Y, desde ese marchamo, trabajó por una identificación voluntaria de la inmigración con la personalidad de Cataluña. Como dijo Juan José Maroto de Pablo Iglesias El Grande, también el PSUC fue «un educador de muchedumbres». Por lo demás, la imagen que se idealiza del PSUC fue la de sus últimos años, antes de la organizada defunción. Justamente cuando el partido de los comunistas catalanes parecía ser la fuerza que imprimía mayor densidad intelectual a las (recatadas) organizaciones que llevaban una vida política más discreta. Podríamos decir, pues, que el PSUC fue grande cuando la izquierda y el comunismo representaban una esperanza, idealizada o no, de transformación de las cosas.

Las fuerzas actuales que buscan autor y una denominación de origen se equivocarían de momento y de fase si quieren ser el PSUC del siglo XXI. Nuestro contexto –innovación y restructuración de los aparatos productivos y de servicios en la globalización, hundimiento del taylorismo-fordismo y crisis del Estado nacional--  no tiene nada que ver con los años del PSUC. Por lo que, dispensen la rotundidad del lenguaje, cualquier intento de crear alguno nuevo para ser el PSUC de este siglo es tan disparatado como resolver ecuaciones abelianas con un ábaco.

Oigan, busquen por los retales de la sociedad la materia prima para confeccionar un traje adecuado para estos tiempos, que son los nuestros. Y un consejo completamente interesado: escarben con las herramientas adecuadas la manera de insertarse en el mundo del trabajo realmente existente. 



jueves, 15 de septiembre de 2016

La nueva ley electoral que se está cocinando




Garganta Locuaz -- así hemos convenido en llamarle--  me pone al tanto de algo que el amigo lector juzgará qué interés tiene. Garganta es de unas quintas anteriores de la mía. En su más tierna mocedad recorrió todas las ligas comunistas revolucionarias de la época. Su especialidad consistía en ponernos verdes a quienes consideraba traidores, renegados, revisionistas y otros sólidos platónicos de la geometría política de la época. Ni siquiera el archifamoso Jota Posadas podía competir con Garganta en denuestos e invectivas. Hasta que, cansado del análisis inconcreto de la situación abstracta, organizó una espectacular transhumancia personal y dio con sus huesos en la derecha. Y fue pasando el tiempo: Garganta hizo carrera en la Administración hasta llegar a lo más alto de sus covachuelas. Algo, sin embargo, le ha debido ocurrir.

Garganta me localiza y me invita a comer en La Morera, reputado restaurante mataronés no apto para quienes estén a dieta. Y, sin respetar el protocolo de dejar las cosas importantes para después de comer, me dice lo que viene a continuación.

Algunos constitucionalistas, por encargo oficioso del Partido Popular, aunque con la aprobación del hombre de Pontevedra se están reuniendo con ciertos colegas que, según Garganta, están ubicados en los almacenes del PSOE, sector Viejas glorias. Ellos mismos se definen como el Grupo del Cigarral, tal vez porque se reúnen en una casa de campo de las vegas toledanas. Garganta Locuaz me dice exactamente: «Están elaborando un anteproyecto de ley de reforma electoral». La opinión unánime del grupo es que debería orientarse a la griega, esto es, dándole una prima al partido más votado. Garganta estima que debe ponerme al tanto de los motivos que han llevado al hombre de Pontevedra y a las viejas glorias del socialismo patrio a hacer este encargo a sus encofradores de confianza.

Y, su manera, enjareta el razonamiento de este sinedrio bipartisan. El post bipartidismo imperfecto nos va a llevar a una situación de ingobernabilidad estructural. La experiencia de estos últimos meses debe corregirse drásticamente. Un baldeo de la actual ley electoral no corregiría el problema. Es preciso, pues, un cambio radical. Al hombre de Pontevedra le tranquilizaría y a las viejas glorias del PSOE –Garganta me aclara que Pedro Sánchez no está en esta pipirrana— les viene como anillo al dedo.

Garganta observa mis ojos como platos. Le pregunto por qué revela esta cosa y por qué a un servidor, que ya está retirado del griterío político. Su respuesta, tan vulgar como gelatinosa, es: «Por los viejos tiempos». Le respondo que esta conversación se publicará en Metiendo bulla.  Me contesta cínicamente: «Sé que no matarás la gallina de los huevos de oro».



martes, 13 de septiembre de 2016

El olvido de Pablo Iglesias El Joven




Antes del tercer día Pablo Iglesias El Joven rectificó. Ello no le equipara necesariamente a ser  un sabio como estipula cierto refrán que viene de antiguo. Iglesias corrigió el olvido, voluntario o involuntario, de haber dejado a Alberto Garzón sin ninguna portavocía en comisión alguna del Congreso de los Diputados. Ni siquiera en la de Economía. No es irrelevante ese olvido. Entiendo que, antes de decir aquello de ´pelillos a la mar´,  es conveniente que Iglesias, al menos privadamente, dé las oportunas explicaciones, como mínimo para restablecer una aproximada confianza, ya sea real o figurada.

Una primera (aunque aventurada) suposición es que el olvidadizo Pablo Iglesias considera a IU como una prótesis de uso contingente, sabiendo la necesidad que tiene Garzón de vivir realquilado.  Que haya corregido el aparente descuido no contradice esta hipótesis. Lo decimos porque incluso las amistades instrumentales requieren la observancia de ciertos códigos para no encabritar las relaciones mutuas.

En resumidas cuentas, creo pertinente que se sepa  cuál es el quid de la cuestión porque, si se deja para un inconcreto mañana, se reincidirá en el olvido. Y, desde Pericles, sabemos que este tipo de olvidos no existe en la política.

Ahora bien, algo poco claro rodea al olvido de Iglesias. A saber, ¿en qué lugar físico –comisión o grupo de trabajo-- se aprobó en principio dejar a Garzón sin portavocía? ¿nadie le hizo ver a Iglesias que estaba metiendo la pata hasta el corvejón?


A modo de moraleja: no le dejen pasar ni una a Iglesias. Y, en todo caso, denle rabillos de pasas

El Estatuto de los Saberes



Estimo que se necesita insistir en la reflexión que nos provoca el importante documento de la Federación de Industria de CC.OO. que hemos tratado a vuela pluma Joaquím González Muntadas y un servidor en este mismo blog (1). Al menos en mi caso quisiera añadir una consideración de acompañamiento a lo que manifesté en Sobre la Federación de Industria de CC.OO (2). Mi tesis es la que explico sucintamente: para poner en práctica la nueva praxis sindical que exige la Federación es preciso pugnar por el instrumento contractual de la co-determinación (ojo, no confundir con la cogestión) y por el Estatuto de los Saberes.


La codeterminación, entendida como  la fijación negociada, como punto de encuentro, entre el sujeto social y el empresario, anterior a decisiones "definitivas" en relación, por ejemplo, a la innovación tecnológica, al diseño de los sistemas de organización del trabajo y  las condiciones que se desprenden de ella.
     La co-determinación presidiría el elenco de derechos propios de esta fase, junto a todos los relativos a los saberes  (incluidos los profesionales) y el conocimiento. Entendemos los «saberes profesionales» de esta manera: la unión de dos dimensiones complementarias: la del “saber” en su acepción más amplia, constituida por elementos de teoría, práctica, modalidades de relaciones, modelos éticos de referencia y sistemas de valor y la dimensión “profesional”, constituida por competencias necesarias para el ejercicio de determinadas actividades en uno o más ámbitos. De esta definición de los saberes profesionales saco la necesidad de una propuesta: la necesidad de elaborar un Estatuto de los Saberes

Este Estatuto sería la conclusión de  una estrategia global de redistribución del acceso a los saberes y a la información, democratizando la revolución digital y tecnológica. Lo que tiene su máxima importancia en estos tiempos que necesitan que el sindicalismo (y la política) valoren el capital cognitivo en todas sus intervenciones; una batalla a la que, lógicamente, hay que implicar a los poderes públicos. Y comoquiera que no hay batalla sin su correspondiente grito mediático, propongo el siguiente: «Más saberes para todos». A grandes rasgos podrían ser: a) la formación a lo largo de todo el arco de la vida laboral,  que ya hemos citado; b) enseñanza digital obligatoria y gratuita; c) acceso a un elenco de saberes por determinar; d) años sabáticos en unas condiciones que deberán ser claramente estipuladas.  

           1)   http://www.industria.ccoo.es/cms/g/public/o/6/o163594.pdf                      2)   http://lopezbulla.blogspot.com.es/2016/09/sobre-la-federacion-de-industria-de-ccoo.html

domingo, 11 de septiembre de 2016

Sobre la Federación de Industria de CC.OO




Comparto plenamente el artículo de Joaquim González Industria 4.0: la relevancia de un documento sindical. El autor recomienda vivamente el estudio y la difusión de un importante documento sindical, titulado "La digitalización de la industria y la acción sindical", elaborado por la Federación de Industria de CC.OO*. Por lo que, siguiendo su recomendación, lo he leído despaciosamente, poniendo los codos encima de la mesa, con papel y lápiz para tomar notas. Ni por un asomo caí en la pija tentación de leerlo en diagonal.  

Tengo para mí que es uno de los principales documentos que ha elaborado CC.OO. a lo largo de su biografía ya cincuentenaria. De ahí que, si se me permite la osadía, quisiera recomendar que fuera el documento de cabecera de los sindicalistas, el documento a revisitar de manera permanente.

En primer lugar, contiene una apertura de tripas –lo que los especialistas dirían una exégesis— del estado de la cuestión de la industria in progress. Y, de ahí saca, toda una serie de contenidos nuevos que constituyen un potente almacén de sugerencias para las plataformas reivindicativas de los convenios colectivos, pactos de empresa y cualquier tipo de praxis contractual, incluso fuera del marco del ecocentro de trabajo.

De momento, hago estas dos insinuaciones: a) este documento puede inspirar una puesta al día del sindicalismo confederal, un repensamiento o una refundación, de momento da igual el término que queramos utilizar; b) se trata de un diseño de gran utilidad para salir del embrollo de la reforma laboral, que ha sumido al sindicalismo en una rutina de la que, todavía, no ha sabido salir.

Hago estas dos arriesgadas suposiciones porque el mencionado documento se instala en el nuevo paradigma post fordista, de innovación—restructuración de los aparatos productivos de la industria. Con la pedagogía que ello comporta para los sectores terciarios de la economía.

Dispensen una bobería: el documento demuestra a las claras que la modernización del sindicalismo confederal es, al menos en este caso, obra de los dirigentes actuales. Lo digo por si alguien había pensado que esa puesta al día ha de posponerse a los sindicalistas que están ahora en primero de Bruno Trentin.


¿Qué falta ahora? Que el documento llegue a toda la afiliación y que se articule una pormenorizada discusión. Y, naturalmente, que adquiera fisicidad en los contenidos de toda la praxis contractual del sindicalismo. 

       
http://www.industria.ccoo.es/cms/g/public/o/6/o163594.pdf

sábado, 10 de septiembre de 2016

¿Rajoy tiene los siglos contados?



Soraya Sáenz –me ahorro el aristocrático de Santa María— ha declarado que quienes han pedido la comparecencia del ministro Guindos –también me ahorro su hidalgo de--  en el Pleno del Congreso de los Diputados, por aquello que ustedes saben, lo que desean realmente es hacer precampaña electoral. De donde cualquier estudiante de primero de Silogística sacaría esta conclusión: «Ergo habrá terceras elecciones». O sea, no era un infundio que el hombre de Pontevedra las tiene en la chistera, disfrazadas de conejos para no infundir sospechas.

Así las cosas, después de publicitar la indignación que suscita la incapacidad de las fuerzas llamadas «del cambio» para ponerse de acuerdo y formar gobierno, tengo para mí que vale la pena dejar de lamentarse. Prepárense para la nueva convocatoria y salga el Sol por Antequera y póngase por donde quiera.

Ahora bien, el astuto Arriola afirma que Mariano alcanzará los 150 diputados en esa nueva consulta. Sólo el astuto y su señora, la ex de todo, Celia Villalobos, conocen el fundamento real de tan arriesgada predicción. No obstante, un servidor no está en condiciones de llevarle la contraria. Los principales de la oposición, con sus pizpirigañas de toponomástica política, sabrán qué conviene. Desde luego nos falta memoria para recordar cuándo la oposición desperdició tantas ocasiones como desde hace un año. Algunos de ellos se regodearon exclamando que Rajoy tenía los días contados; ahora se empeñan tesoneramente en que el hombre de Pontevedra tenga los siglos contados.


Radio Parapanda.--  No le pongas deberes al niño, que tiene extraescolares.  Esribe el profesor don Gregorio Luri

jueves, 8 de septiembre de 2016

Celia Villalobos en el Pacto de Toledo





Mariano Rajoy intenta  colocar a Celia Villalobos al frente de la Comisión que conocemos como la del Pacto de Toledo. Lo cierto es que da pavor pensar que esta señora pueda estar en un grupo de trabajo  --da igual que sea presidenta, vocal o utillera--  de esta envergadura.

El hombre de Pontevedra no escarmienta. Sigue sin querer entender el giro político que se ha operado en España. Un giro que se ha hecho visible en el esperpéntico nombramiento –y posterior retirada--  del ex ministro Soria como alto directivo del Banco Mundial.  Y no escarmienta, además, en que sus nombramientos suelen recaer en personas de probada incapacitación. Soria y ahora la Villalobos son ejemplos de una esforzada conducta en mantenerse en la indocumentación para aquello que se les ha encomendado. Pero el hombre de Pontevedra tiene un probado sentido del agradecimiento hacia quienes le han servido ancilarmente. Se diría que Mariano valora los años de escalafonato a su servicio.  Los saberes ya son harina de otro costal. De ahí que los intentos de renovación del partido sean meras jaculatorias. Pero ya pasa de castaño oscuro ver que doña Celia pueda ser de alguna utilidad en los muy serios asuntos que trata –o debería tratar--  el llamado Pacto de Toledo.

En todo caso, con o sin la Villalobos al frente (o al lado) de ese grupo de trabajo, desconfíen de su utilidad. Siempre tuve la opinión, que he dajado por escrito, que el mencionado pacto era un perifollo para aparentar políticas de consenso en torno al tema de las pensiones. Siempre fue una quisicosa para justificar la política discrecional de los diversos gobiernos. Sin embargo, así las cosas, el nombramiento de esta señora pone al descubierto el verdadero carácter de tan famoso sinedrio.

Radio Parapanda. Mensaje a los padres que quieren hijos felices. Es un consejo del filósofo de Ocata, don Gregorio Luri.


martes, 6 de septiembre de 2016

La huelga general de electores


Me parece que al profesor Santos Juliá se le fue la mano un tantico al escribir su artículo de ayer en El País, Huelga general de electores   (1). Llámenme tiquismiquis pero siempre he creído que es exigible a los intelectuales dejarse llevar lo menos posible por los nervios y, en concreto, ser más temperados. Y aunque no está escrito en parte alguna es recomendable escribir debajo de un ventilador cuando las calores africanas aprietan desconsideradamente; en caso contrario –por ejemplo, escribir en un cafetín sin ventilador ni aire acondicionado--  surgen artículos periodísticos de rancia estirpe garbancera. Lo mismo le pasó, aunque en contadas ocasiones, a Brahms: con toda seguridad alguna de sus piezas las compuso lejos del ventilador.

Creo que el artículo peca de pamphletaire. El caso es que no le falta razón a su línea argumental, pero la pierde con el uso estajanovista de sus adjetivos y los desmadejados ecos galdosianos que le acompañan. Muy del agrado, por cierto, de los nuevos y viejos enragés de los cuatro puntos cardinales de la piel de toro. Muy del gusto también del nuevo nihilismo de algunos de nuestros intelectuales. Porque, desde una pluma ilustre y, con frecuencia ilustrada, da una extraña hospitalidad al ideolecto de secano de que «todos los políticos son iguales». Y que en el caso de todo el itinerario que señala, desde la primera María Cristina hasta nuestros días, todos los políticos son hermanos siameses. Lo que contradice el resto de la obra académica de don Santos, seguramente hecha debajo de un ventilador. 

En todo caso, lo que me parece insufrible es el colofón del irritado artículo del profesor Juliá: (nuestros políticos) «solo merecen que los electores, con razón irritados, decidamos declararnos en huelga general, a ver qué hacen». Le ha faltado decir qué haríamos los electores al día siguiente de esa fantasiosa huelga general.

Ahora bien, sólo por un momento situémonos en la hipótesis de que una agrupación de damnificados ha convocado una huelga general de electores y que esa huelga ha paralizado el país. Así las cosas, ¿qué hacer? Don Santos podría explicarnos que, en las mentes de no pocos huelguistas, reaparecería la imagen del «cirujano de hierro».  Que esta vez no llevaría los entorchados de brigadier, sino los negros maletines de una troika, versión heavy metal.

No don Santos, un servidor organizaría un piquete de esquiroles contra esa huelga.
            


lunes, 5 de septiembre de 2016

Los párvulos del post bipartidismo




Esta foto es obra del maestro Joan Guerrero

Parece que algunos pensaron que, tras el aparente entierro del bipartidismo, las cosas iban a funcionar de una manera no tan complicada. Lo primero que nos interesa recalcar es lo siguiente: si bien no estamos en los tiempos del bipartidismo rampante, no es menos cierto que las fuerzas políticas determinantes para cualquier operación siguen siendo las que protagonizaron el bipartidismo. Más todavía, los emergentes, con la sedicente novedad que representan, tienen una importancia relevante de acompañamiento. Esta expresión, «de acompañamiento», no debería entenderse en clave de subalternidad. Ni siquiera en Ciudadanos, ya que su acuerdo con el PP ha sido dictado por intereses propios, a saber:  intentar que no hubiera una nueva convocatoria electoral por mor a otra sangría de votos.

Por otra parte, vale la pena traer a colación lo siguiente: todas las fuerzas se han desarrollado en el bipartidismo: unas, en su regazo; otras en la sombra. Digamos, pues, que la acción política de todos ellas ha estado presidida y condicionada por las flores y los jaramagos de este sistema. Ahora, la novedad es que unas y otras están en la escuela de párvulos del post bipartidismo. Lo que explicaría, aunque parcialmente, este ir a trancas y barrancas de la política española.

Ahora bien, este post bipartidismo no se refiere a una situación de estabilidad en el interior de cada partido o coalición, al menos en las que se sitúan topográficamente en la izquierda. Y, en el caso de las coaliciones, tampoco se caracteriza por una estructuración virtuosa de sus confluencias. Digamos, así las cosas (si es que éstas están como digo), que en el interior de cada fuerza –repito, de izquierdas--  hay demasiados desasosiegos que impiden hacer una  política eficaz. El caso del PSOE es paradigmático, pues coloca Pedro Sánchez ante la misma indecisión que el famoso Buridán. Aunque todo indica que Sánchez cuenta con una mayoría claramente visible, esta queda parcialmente desdibujada por el relumbrón cualitativo de la minoría que le incordia. Y, en la casa de Podemos, tenemos a un Pablo Iglesias El Joven mirando con el rabillo del ojo a los primeros espadas de todas sus confluencias. Lo que le lleva, en cierta medida, a ir a salto de mata.

Nuevamente podemos decir con El Roto: «¡Qué claridad de confusión!».  


Entiendo que para más abundamiento habrá que acudir á lo que manifiesta   Javier Aristu en Cohesiones o disgregaciones, en su blog En Campo abierto: https://encampoabierto.com/2016/09/02/cohesiones-o-disgregaciones/, que sigue siendo un campo feraz, de regadío. 

domingo, 4 de septiembre de 2016

Primero, Rato; ahora Soria




Homenaje a Miranda, afamado humorista gráfico granadino.  

Tras la primera sesión de la investidura fallida del hombre de Pontevedra, el gobierno en funciones hace la propuesta de que el ex ministro Soria ocupe un alto puesto en el Banco Mundial. O sea, de las sentinas del chinchorro patrio al aparente chanel número 5 de los organismos trasnacionales. Pobre venganza, ciertamente.  

No hace falta estar en el primer curso de silogística de Aristóteles para llegar a las siguientes conclusiones. Primero, el Partido Popular tiene una peculiar manera de entender la lucha contra la corrupción, vale decir, está en contra de la de los demás y a favor de la suya; Segundo, le envía este mensaje a Ciudadanos: si no te tragas esta píldora tengo otras más en el capacho. Tercero, si nuestro Soria dimitió en base a los «intereses  de España», ello no impide que represente los del Banco Mundial. Podemos intuir, no obstante, de qué manera, habida cuenta de la biografía del propuesto.

Que el Partido popular –y en este caso el Gobierno--  consoliden su mala fama en el interior es sabido. Ahora bien, que haga ostentación de la misma en las superestructuras mundiales es algo más que preocupante. Y sobre todo expresa su ignorancia sobre la suspicacia de estos organismos con todo lo que viene de España tras la inútil gestión que Rodrigo Rato hizo de su estancia en el FMI; una enorme suspicacia consolidada tras el descubrimiento de las malas artes de don Rodrigo desde que le salieron los dientes de leche. En suma, la propuesta de marras afianza la mugrienta estampa de esa gilipollescencia que se ha dado en llamar «marca España»: una rara avis que tiene como heraldo al partido del gobierno, que es carne de juzgado.  

Podemos suponer que la propuesta de nombramiento ha ido acompañada de una justificación de las virtudes que adornan a este Soria. Deberían exponerse para el conocimiento del público y, además, para tranquilizar a voces importantes del Partido Popular que afirman «haber sentido vergüenza ajena». Porque podría ser que, a falta de elementos políticos positivos, este caballero tuviera una formación académica que desconocemos el resto de los mortales. Sin embargo, nadie de los suyos ha mencionado los saberes de este Soria, pues tanto doña Soraya como Guindos, preguntados por las razones de esa propuesta, han afirmado que Soria «no ha robado». Es indudable que la respuesta no resiste la prueba del algodón, pero en ningún caso mencionan el talento del hombre de Panamá. En esas condiciones cualquier pepero que no sepa hacer la o con un canuto podría ser candidato a un alto puesto del Banco Mundial.

Radio Parapanda. CONTRA EL SUMANGALI - Proyecto sindical en marcha para combatir esta aberrante fórmula de contratación de niñas y adolescentes en la India. Escribe Isidor Boix.


 

viernes, 2 de septiembre de 2016

Chicoleos en el PSOE


Voten a nuestro Teo Sánchez en las elecciones a concejales.



«El presidente de Castilla-La Mancha y secretario regional del PSOE en esta región, Emiliano García-Page, se ha ofrecido este jueves al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, a "contrastar" opiniones en el PSOE de cara al próximo Comité Federal, sobre la posición del partido de cara al futuro una vez que la investidura de Mariano Rajoy resulte fallida, como está previsto, tras la segunda votación de mañana en el Congreso de los Diputados», según afirman determinados medios (1). Mi primera reacción ha sido volver a leer la noticia. Y entonces me adentro en un mar de cavilaciones tan inquietantes como el futuro del ceceo en la lengua santaferina.

Por lo que se ve, don Emiliano tiene sus dudas acerca de la fiabilidad de los canales de información de la dirección de su partido. Con lo que nos estaría diciendo que toda la artillería verbal de Pedro Sánchez con relación a la investidura del hombre de Pontevedra se ha basado en invenciones y supuestos arbitrarios del grupo dirigente federal. Y de aquí se puede colegir pacíficamente que el manchego deslegitima sutilmente a Pedro Sánchez.

Ahora bien, supongamos que don Emiliano tiene datos serios de que Pedro Sánchez hace de su capa un sayo, vale decir, que sus discursos no son de fiar. Entonces, la propuesta para saber qué opina «la militancia» debería ser otra. Por ejemplo, la consulta orgánica a la familia socialista. Pero no es eso lo que plantea don Emiliano sino que le dejen chicolear entre las élites de los baronatos aplicando el viejo dicho de «cuius Regio eius Religio», que traducido a la lengua de la Vega de Granada equivaldría a: los jornaleros deben tener la misma opinión que la de sus señoricos. Así pues, lo que se plantea es la concreta institucionalización del cabildeo, o lo que es lo mismo, hacer virtud del vicio del conciliábulo. En todo caso hay algo pretencioso en la propuesta de don Emiliano: substraer a Pedro Sánchez su prerrogativa de dialogar antes de cada consejo confederal con los dirigentes socialistas más destacados. De donde podríamos suponer que el presidente manchego sigue la teoría del Flaco Menotti sobre el achicamiento de los espacios que, en este caso, propone el empequeñecimiento del secretario general, siempre que no sea él mismo. 




jueves, 1 de septiembre de 2016

¿Tancredismo de Estado?



Pineda de Marx: un joven debatiendo entre comprar un kilo de jureles o el Ulises de James Joyce. 



No hubo novedades en la sesión de ayer en el Parlamento. Rajoy, sin novedad. Sánchez, sin sorpresas. Iglesias, que no hubiera dicho antes. Y el resto de los oradores nada añadieron a lo que vienen manifestando desde hace ocho meses. No se puede decir tampoco que el público esperara lo contrario. Posiblemente lo único nuevo de ayer fueran las declaraciones de Antonio Garrigues Walker afirmando que «no le gustaría que se convocaran unas terceras elecciones, pero considera no sería ni un fracaso, ni un drama excesivo». Ya lo ven ustedes, la derecha ilustrada tiene sus desencuentros con ese interés --real, impostado o ficticio-- de la gran mayoría de las fuerzas políticas españolas. Tanto las de viejos odres como las de sedicente nueva cepa.

Algunos analistas arremeten contra Mariano Rajoy en la siguiente dirección: el tancredismo de Estado que practica, no buscando pactos con otras fuerzas para impedir las terceras elecciones, le desacredita como candidato a la presidencia del Gobierno. Yo veo las cosas de otra manera. El hombre de Pontevedra no quiere pactos; todo lo más desea que se comparta con él un ligero baldeo a la cubierta de la nave. O una mano de pintura a algún que otro camarote. No hay, pues, tancredismo de Estado, sino una operación meticulosamente preparada. Que parte de la idea de que unas terceras elecciones concretarían un cuadro político institucional más favorable para sus intereses. Esto es, una nueva recaída del PSOE, un desinfle de Podemos y otra sangría de Ciudadanos. Por lo tanto, el hombre de Pontevedra tiene que ajustar las variables a esta función. Así pues, saca la silla a la puerta de su casa y espera ver el desfile de damnificados, que es una versión menos drástica que la de ver pasar el cadáver del enemigo.

El hombre de Pontevedra está suficientemente bien informado. Sabe que Sánchez no quiere ser alternativa, que no entra en las hipótesis del PSOE lanzar una potente oferta, tras la hipotética derrota de Rajoy en la investidura, de cambio real a Ciudadanos y Podemos. Más todavía, el hombre de Pontevedra sabe de buena tinta que Podemos no apoyará un nuevo pacto entre Sánchez y el versátil Rivera. Un pacto de estas características que permitiría gobernar con geometría variable.

Quedamos, pues, en que el hombre de Pontevedra no es un genio. Pero podemos convenir en que les ha tomado el número a sus adversarios. Lo que me parece que está tan claro como el agua de la granadina Fuente del Avellano.


No podemos acabar sin una pregunta inquietante: Sánchez nos ha explicado por qué vota «rotundamente no» al hombre de Pontevedra, ¿pero porqué no abre una alternativa? Mientras no lo explique pensaré que su rotundamente no es incompleto. Esto se explica, como ustedes saben, en primero de Berlinguer.