miércoles, 24 de febrero de 2016

Sobre la huelga de los transportes de Barcelona. Ada Colau y lo «viejo» de un conflicto





¿Han leído ustedes el artículo de Eddy Sánchez sobre Ada Colau, la huelga y los límites de la izquierda posmoderna? (1) Recomiendo su lectura, propongo su estudio y sugiero su discusión, aunque solamente fuera porque dicho conflicto, afirma Sánchez, es la primera ruptura entre unos trabajadores y los ayuntamientos del cambio. También, diría un servidor, por otra razón: la actitud de la Empresa Municipal de Transportes y los comités de empresa siguen sin generar una nueva actitud empresarial y contractual específica en los servicios públicos.

Para un servidor lo más estridente de este conflicto han sido los lenguajes del equipo de Gobierno y, más en concreto, los de la Alcaldesa y la concejala de Movilidad. Por ejemplo, Colau afirmó que «considera incompatible negociar si se mantiene la huelga de Transportes Metropolitanos de Barcelona» (2). Y, para no ser menos, la concejala del negociado achaca el conflicto a «una parte de los trabajadores». Lo uno y lo otro lo dicen las autoridades del cambio en un contexto de constante agresión de las derechas de toda la vida contra el ejercicio de huelga, indicando de esa guisa, de un lado, un contagio de los argumentos y, de otro lado, un modo perezoso de analizar la cuestión. A la vez, debo indicar que se ha recurrido en esta ocasión al viejo método que utilizaron las izquierdas y las derechas municipales, en periodos distintos: intentar deslegitimar las reivindicaciones salariales publicando los emolumentos que perciben los empleados.

Lo que connota que, durante un cierto tiempo, en el «cambio» del más pintado coexisten también viejas maneras de pensar y actuar. Que puede ser o no una consecuencia de lo que Eddy Sánchez califica como «la incapacidad de la nueva izquierda en comprender los conflictos provenientes del mundo del trabajo».  Que, entonces sería, la consecuencia –lo diremos de manera poco lacerante, de la distracción de la nueva izquierda, una herencia recibida de la vieja izquierda, en comprender e intervenir en la problemática del trabajo y en conocer de primera mano, y no de oídas, los sujetos que intervienen en ese un universo.   

Y es que cuesta mucho eliminar de aquel recoveco del subsconciente los ecos del partido del viejo Ferdinand Lasalle –asumidos por todas las viejas izquierdas pasadas y presentes, y según parece por las nuevas y novísimas izquierdas--  que consideraba que no se puede litigar ni con el pensamiento, palabra y obra contra el partido amigo. Eso ya no reza para los nuevos tiempos, afortunadamente.  

Una conclusión provisional: sería beneficioso sacar las pertinentes enseñanzas de este conflicto. 

         1. http://blogs.publico.es/la-soledad-del-corredor-de-fondo/2016/02/22/ada-colau-la-huelga-y-lo-limites-de-la-izquierda-posmoderna/                                       2. http://lopezbulla.blogspot.com.es/2016/02/a-ada-colau-le-falta-un-hervor.html