lunes, 22 de febrero de 2016

Investidura: «Luz, más luz»



¿Acabará Pedro Sánchez resolviendo la ecuación diofántica –Podemos a un lado, Ciudadanos al otro--  para ser investido y formar Gobierno? No lo sabemos porque eso depende de las matemáticas, de las intenciones reales, que no disfrazadas, de los partidos en liza y de los dioses menores del Partido Socialista. En todo caso, soy incapaz de descifrar la piedra de Roseta de la jerga de los dirigentes políticos que tienen en sus manos la posibilidad de sacar adelante la investidura. Además, lo aproximadamente cierto es que los lenguajes de los protagonistas, segundones y figurantes enmarañan más el zacatín de la política. 

Por lo demás, nadie desde fuera de esos cristobicas, levanta la voz diciendo que ya está bien de armar la zahúrda. Justamente lo contrario de la sabiduría de los habitantes de Santa Fe, capital de la Vega de Granada, que combativamente nos movilizábamos en determinados momentos. Rafael Rodríguez Alconchel ha relatado en otro lugar algún que otro ejemplo que ilustra lo que queremos decir. Por ejemplo, cuando se proyectaba alguna que otra película en el Coliseo Fernando e Ysabel, en ciertas ocasiones la pantalla aparecía borrosa o desenfocada. Entonces, de manera unánime surgía un griterío colectivo: «Mas claro, Maroto». Y no parábamos de patalear hasta que la cosa se ponía en orden.

Maroto era el proyectista. Durante el día trabajaba de pintor de brocha gorda, aunque tenía el mejor pincel para pintar las cenefas de las habitaciones principales. Para hacerle la pelotilla yo decía de él, lorquianamente, que «tardará en nacer, si es que nace, un artista con tan clara inteligencia». Y me dejaba entrar de gañote en el cine.

Pronto supe que aquel chillerío –«Más claro, Maroto»--  lo provocaba el mismísimo pintor. En cierta ocasión, estando yo en la cabina me dijo: «Ya verás el follaero que se arma». Le da a un botoncillo, la pantalla se nubla y se arma la de Dios es Cristo. El público ruge hasta que Maroto hace que se recupere la normalidad.

Fue entonces cuando le pregunté el por qué de aquella picardía. Y, dándole una caladita al caldogallina me responde que le gusta oír al público la famosa frase de Goethe: «Más claridad, verás: se empieza diciendo en el cine y se acaba gritándola en la calle». Me quedé estupefacto porque no me imaginaba a Maroto proyectando las películas en medio de la calle, ni tampoco sabía quién tenía en el pueblo el mote de Goethe.

Con el tiempo aprendí qué quería decir el maestro pintor. Por eso lo traigo hoy a colación. Si se gritara hoy en la calle «¡más claro, Maroto!», tal vez –sólo tal vez--  el lenguaje político tendría luz, más luz. Y, quizá –sí, quizá— estaríamos en puertas de una investidura con cara y ojos.

Radio Parapanda.--  RYANAIR CONDENADA EN ESPAÑA en Ciudad Nativa