viernes, 12 de octubre de 2018

Un acuerdo «muy positivo»




Que una organización tan exigente como Podemos califique el acuerdo alcanzado entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias sobre los Presupuestos generales del Estado como «muy positivo» indica la magnitud y bondad del pacto. Ahora se trata de ampliar el consenso para que el Parlamento los apruebe. No será fácil porque ya ha empezado el vuelo del moscardón. De diversos moscardones. Dejamos a parte a las derechas carpetovetónicas que todo lo que huela a contenido social les da ataque de alferecía.

Este es el primer acuerdo que sobre esa naturaleza se ha subscrito en la España democrática. La novedad es que se trata de una obra de las izquierdas. Y novedad es que Podemos no posponga las realizaciones hasta gobernar. El PSOE y Podemos entran, así,  en un territorio de unidad de acción sobre el que hasta el momento eran reticentes. No hemos sido pocos los que hemos peleado por ello. Esperemos que dure. Porque los contenidos concretos, que es lo fundamental, son francamente «muy positivos». Palabra de Pablo Iglesias. E igualmente positiva puede ser la referida unidad de acción. Ahora bien, los moscardones han empezado a revolotear. Los grupos parlamentarios de Esquerra republicana de Cataluña y el condominio convergente ya han puesto sus condiciones: o caja o faja. O Sánchez les promete el oro y el moro de la autodeterminación o que no cuenten con ellos. Mal asunto.

Mal asunto para las clases populares y, por supuesto, para las menos favorecidas de Cataluña. O sea, ambos grupos están organizando un tapón del que saldrá perjudicada la sociedad catalana. El mito por encima de las cosas de comer. Creo que es el momento de que el sindicalismo confederal catalán les llame la atención con energía y claridad. El sindicalismo no puede escabullirse de ello. No basta con que le chille a las derechas carpetovetónicas, debe hacerlo sin ambages, sobre todo a la actitud consorciada de Esquerra y el condominio convergente en esta gran cuestión de los Presupuestos donde está en juego la condición material de los trabajadores y sus familias.

Por cierto, esta es una buena noticia también para Europa.

jueves, 11 de octubre de 2018

Catalunya en Comú o la rosa de Alejandría




«Todo seguirá igual al margen de las votaciones en el Parlament», ha declarado la portavoz del Govern que lidera vicariamente Quim Torra.  Su nombre es Elsa Artadi. O sea, ya puede decir el Parlament que la longitud de la circunferencia resulta de multiplicar su diámetro por  π que el govern dirá y hará lo contrario. Si entiendo bien, tras la ruptura de la mayoría independentista, la unidad del equipo de Torra se basaría en actuar al margen del Parlament. La unidad del govern, se entiende, no gestionando las cosas de la vida sino para mantener su cacofónica agitprop.

Y, en esas, Catalunya en Comú lanza una oferta chocante. Le cedo la palabra a Paco Rodríguez de Lecea:

« No lo entiendo. Si la prensa diaria no miente, las portavoces de Catalunya en Comú en el Parlament catalán, Jessica Albiach y Elisenda Alamany, han ofrecido al tambaleante Govern de Quim Torra apoyar su proyecto de presupuestos con el fin de “contribuir a la estabilidad”. Lo han hecho en el momento en el que Torra ha quedado en minoría en tres votaciones simbólicas del Parlament. Simbólicas, todo hay que decirlo, porque desde la intemerata no ha habido una sola propuesta del Govern vicario que no girara en torno a cuestiones de este tipo, sin trascendencia para las cosas de comer.

» ¿De qué estabilidad hablamos entonces, de la del unilateralismo a palo seco? ¿Y por qué hay que salvaguardarla? ¿Qué rara virtud, que yo desconozco, tiene la estabilidad por la estabilidad, el apoyo a la permanencia precaria de una política construida sobre el fake, la benevolente luz verde a una tozuda negativa a rectificar?

» Si la clave está en los apuros de la alcaldesa Colau para conseguir pasar los presupuestos de Barcelona, ese objetivo apenas tiene recorrido. La batalla de las municipales va a ser despiadada y el unilateralismo solo apoyará las cuentas de la Casa Gran a cambio de una previa rendición incondicional de la alcaldesa a la “causa”. Porque no son la independencia ni la república los objetivos reales de este juego de tronos, sino el poder descarnado por el poder. Y la ciudad de Barcelona es en este sentido el bocado más exquisito que queda por repartir.


… » No entiendo, sobre todo, que las Comuns ofrezcan un pacto de estabilidad a la incoherencia y a la inconsistencia, cuando nada ni nadie les obligaba a hacerlo». (Fin de la cita). 

Yo tampoco lo entiendo. No entiendo el misterio de esta rosa de Alejandría: o «colorada de noche y blanca de día», que reza el dicho popular, o «rosa amarilla», según la cantó Manolo García.   






miércoles, 10 de octubre de 2018

¿Cuándo se jodió Cataluña, Puigdemont?




Hace un año Puigdemont parecía que se iba a comer el mundo. Hoy está tendencialmente sólo, fané y descangayado. Los recientes acontecimientos políticos de Cataluña deberían sugerirle una serie de meditaciones en el confort del palacete de Waterloo. Porque en una semana el independentismo ha entrado en una crisis que tal vez sea definitiva.

La ruptura de la mayoría independentista en el Parlament no es cualquier cosa. No era una mayoría férrea, sino de hojalata. De ahí saco la siguiente conclusión provisional: el independentismo está en una situación peor que hace un año y con un horizonte menos esperanzador para sus intereses.

Soy del siguiente parecer: la cosa empezó a hacer aguas cuando Puigdemunt tomó las de Villadiego y, sin despedirse de nadie, puso sus reales en Bélgica. Ahí arranca la parábola descendente del independentismo. Ahí empieza la gran crisis del independentismo. Y es a partir de ese momento cuando surgen toda una serie de cuestiones que avalan lo que decimos.

A saber, la división entre la política y los movimientos que le daban soporte. Poco a poco se va transformando la ola de las sonrisas en muecas generalizadas. Surge el subsuelo –esto es, el escuadrismo--  como comisario político de los meandros del independentismo político de quien desconfía profundamente. O sea, los cdr como elemento exigente de que se cumpla todo aquello que irresponsablemente se le ha prometido al pueblo de Cataluña. Se trata de un subsuelo que combina las acciones ilegales con las posibilidades legales o alegales.

Se dice que durante este periodo de un año el gobierno Torra no ha gobernado, ni el Parlament ha tenido protagonismo alguno. Muy cierto. Pero habría que añadir lo siguiente: el gobierno no ha gobernado por dos razones: primera, porque no sabe y, por ello, se dedica a lo que entiende, esto es, a las tareas de agitprop; segunda, porque ha pospuesto las tareas de gobierno a la conquista de la independencia.  Recuerden las constantes referencias: este problema se resolverá cuando tengamos la república. Cuyo ejemplo más extremo lo protagonizó el encargado del negociado de Sanidad, el conceller Comín: «las listas de espera se resolverán cuando seamos Estado». Obscena demagogia.

martes, 9 de octubre de 2018

Palabra de Unai Sordo





Unai Sordo es entrevistado por El Periódico. Sus respuestas, sobrias, son atinadas. En una de ellas da a entender que el gobierno debe dar prioridad a las políticas sociales y no tanto a las territoriales. Es la contestación clásica de la izquierda social. Que, en líneas generales, comparto.

Ahora bien, no se trataría, a mi juicio, tanto de contraponer (Unai no lo ha hecho) lo social con lo territorial, sino de: clarificar que lo social tiene –o debería tener--  su aplicación en el territorio, esto es, se concreta en un lugar físico y que lo convencionalmente territorial debe tener un fuerte contenido social. Me excuso por el aparente juego de palabras. Lo es igualmente válido para las políticas contractuales que protagoniza el sindicalismo confederal.




lunes, 8 de octubre de 2018

Este burdel




«¡Ay sierva Italia, del dolor hotel,
nave sin piloto en  gran tempestad, 
ya no más Señora ejemplar, sino burdel!»


Así habló Dante en el cántico sexto (Purgatorio) de la Divina Comedia. Si cambian «Italia» por «Cataluña» verán el paralelismo. Por desgracia.



domingo, 7 de octubre de 2018

Ultimátums de chichinabo




En Cataluña tenemos un nuevo deporte: el lanzamiento de ultimátums. De manera que no se es nadie si no lanzas un desafío de ese tenor. Es posible que se generalice y se sirva a granel.

Del palacete de Waterloo llegó la orden taxativa que Torra, perinde ac cadaver, cumplió como manda la férrea disciplina de los hijos de Ignacio de Loyola. Hay que dar un ultimátum a Pedro Sánchez. O caja o faja. El desafío duró lo que duró. Un ultimátum insólito.

Lo nuevo es que dicha técnica ha hecho fortuna: los comités de defensa de la República, el subsuelo del independentismo, plagia la idea. Pero con una variante, no menos insólita: le dan el ultimátum a Torra para que se decida a proclamar la república. Torra, el alguacil alguacilado.

El nuevo deporte sigue su camino con la Assemblea Nacional Catalana. Lanza su ultimátum al gobierno catalán: o elaboras una estrategia convincente o te vas a enterar. Lógico, porque la ACN llevaba cierto tiempo al baño María y estaba viendo que el subsuelo le iba comiendo el terreno. O sea, la proustiana búsqueda del tiempo perdido se ensaya sobre la base de lanzar ultimátums.

No parece que ninguno de estos sujetos haya leído a maese Nicolás Maquiavelo. El ilustre secretario dejó dicho dijo aproximadamente que si amenazas debes estar seguro que la llevarás hasta las últimas consecuencias. Estos ultimátums son amenazas de chichinabo. Es algo así como el «te vas a enterar» de mostrador de taberna. En cualquier caso, es insólito en el tradicional escenario político de Cataluña. Aquí, por lo general, nunca se amenazaba, sólo se insinuaba con acentos florentinos.

Cataluña o la proliferación de lo insólito. Como inusual ha sido la manifestación de miles de Mossos de l´Esquadra ayer sábado en Barcelona. Todo un enfrentamiento al presidente vicario de la Generalitat exigiendo respeto y dignidad. Insólito. Y para mayor estupor de las autoridades catalanas: cuando la manifestación pasa por la Vía Layetana aplaude a los policías nacionales.

Ante tanto trajín me permito invocar la famosa aria de La forza del destino (Verdi) que inmortalizó Montserrat Caballé: “Pace, pace o Dio mio”. https://www.youtube.com/watch?v=XSwmrvGiz4Q. La voz de la Caballé fue agradablemente insólita. Ahora se sienta a la diestra de Dios madre: Maria Callas. 


sábado, 6 de octubre de 2018

El PP no tiene quien le escriba en Cataluña




La derecha carpetovetónica no tiene remedio en Cataluña. Afortunadamente. He perdido el número y el nombre de primeros  espadas que han estado al frente del Partido Popular en Cataluña. Todos han durado el sueño de una noche de verano. Ahora le toca el turno al áspero Albiol que pasará a otro conmilitón la vara de mando del partido. Más todavía, todos los defenestrados han salido por la puerta de atrás.

No se trata de mala suerte, es el resultado de múltiples factores que hacen de esta bronca organización una anomalía en Cataluña. Como mínimo estos pueden ser las razones de tal irrelevancia:

n  La posición histórica de las derechas catalanas de matriz centralista de enfrentamiento rijoso con la cuestión catalana.
n  Lo que le ha impedido un análisis político de la sociedad.
n  La ausencia de líderes sociales en las capas tectónicas catalanas: ningún movimiento ha contado nunca con personalidades inscritas en el partido. Eran y son líderes de mesas, no de masas.

Por otra parte el espacio político, potencialmente orgánico, del Partido Popular ya estaba cubierto por la derecha granconvergente de Jordi Pujol. A estas alturas vale la pena recordar que considerable número de alcaldes franquistas se pasaron al pujolismo en las primeras elecciones municipales. Tales alcaldes se acostaron franquistas y se levantaron de buena mañana en el regazo del Patriarca. Buen olfato el de aquellos galápagos.

La derecha catalana siempre se sintió cómoda con las políticas económicas de Convergència. El resultado de las primeras elecciones generales con la victoria de socialistas y comunistas les espantó. Pujol  era la garantía de que aquello no fuera a más. Un Pujol que siempre pareció un aval para que el parné siguiera en las manos de los de siempre. 

Ahora, desde la derecha, le ha salido otro competidor (aparte de Ciudadanos): es el grupo llamado Lliures que lidera un personaje tan versátil como Teixidó  que cursó estudios primarios en la Liga Comunista Revolucionaria, se graduó en el Centro Democrático y Social (de Adolfo Suaréz) y se licenció en Convergència. Lliures, digo, se llama, y es el ajuntamiento de una cierta agrupación de agraviados del independentismo.

No sería, pues, extraño que el nuevo dirigente del PP dure tanto como sus predecesores. Pero eso ya se verá.



viernes, 5 de octubre de 2018

Donald Trump y Quim Torra: tal para cual




«Se trata de un presidente (Torra)  que, dicho sea con todo el respeto, no sirve para nada». Así ha escrito Antoni Franco con cincuenta años de periodismo serio y temperado a sus espaldas (1).  Por nuestra parte diremos que Torra es el paradigma de la inutilidad que significa lo que dice representar. Y algo más que siempre me he resistido a insinuar: cabe la posibilidad de que ese personaje no esté en sus cabales. Su última astracanada ha sido ésta: dirigirse a un grupo de mandatarios mundiales para que medie en el conflicto catalán. Donald Trump entre ellos. Paréntesis: una propuesta tan estrafalaria no se hace sin la aquiescencia del hombre de Waterloo. En su palacete se escribe el guión.

¿Así que el movimiento pacifista que Torra lidera pone en Trump sus esperanzas? Algo chocante, desde luego, para el independentismo político y realmente estridente para su subsuelo. En todo caso, la propuesta de Torra tiene su fundamento: ambos coinciden en la urgencia de levantar fronteras de separación, en la división de la ciudadanía, en el populismo de la anti política. Trump y Torra, dos hombres y un destino: la bronca permanente. Y algo más: Antoni Franco estima que «Torra es un niño con los revólveres cargados». Los mismos (o parecidos revólveres) que los de Trump. Los del americano son globales; los de Torra son de campanario. Peligrosos ambos.

Visto lo visto creo que me quedé corto cuando afirmaba recientemente que «Cataluña tiende al caos» (2). Naturalmente me refería al teatro político independentista. La sesión del Parlament de ayer fue una mezcla de esperpento, de novelilla de cinco duros y de sainete de principios del siglo XX; de sainete en la tercera acepción que le da la Docta: «situación o acontecimientos grotescos  o ridículos y a veces tragicómicos».

Cataluña tiende políticamente al caos. Por lo que no tenemos empacho en repetir delenda est Torra. Delenda est Waterloo.





jueves, 4 de octubre de 2018

Pensiones: enfrentamiento entre Valerio y Calviño




Decíamos en tiempos antiguos que cada maestrillo tiene su librillo. Lo mismo podemos afirmar ahora, salvo algunas excepciones. De igual manera podría decirse en estos tiempos: cada ministrillo tiene su librillo. Por lo que Calviño, ministra de Economía, y Valerio, de Trabajo, va cada una por separado con su propio libro de texto. Son dos vidas paralelas, separadas ante un problema de enorme envergadura: cómo abordar la subida de las pensiones. Valerio es partidaria del cálculo sobre la base del ipc real; Calviño, desde Bruselas, plantea que a ese parámetro hay que añadir otras variables, una opinión que ha recibido el respaldo de la representante del Fondo Monetario Internacional en España con declaraciones hechas en inglés. Seamos francos: no se trata de una desconexión interministerial sino el resultado de dos proyectos diferentes. De momento no ha salido a la calle la presidencia del Gobierno diciendo esta boca es mía.

Los movimientos sociales y el sindicalismo confederal están exigiendo claridad. Algo que hasta la presente no se vislumbra. Precisamente en unos momentos en que la presión de centenares de miles de jubilados y pensionistas está en las calles con la voluntad de mantener la movilización. Y justamente en unos momentos en que el gobierno de Pedro Sánchez está recibiendo la presión más brutal desde hace muchos quinquenios. Es un hostigamiento de las derechas que no han metabolizado la caída de Mariano Rajoy. Exigiendo furiosamente elecciones anticipadas. En ese contexto, que cada maestrillo tenga su librillo es una irresponsabilidad caballuna. Por lo que Sánchez debe superar el dilema de o Valerio o Calviño. Digamos entre paréntesis que cada vez que ha habido desacuerdos entre Economía y Trabajo, el pez gordo se ha comido al pez-queñín. Lo que no deseamos ahora.

Sánchez necesita aliados tanto si mantiene la legislatura o se decide a un adelanto. Por lo que una decisión clara y favorable a los pensionistas le es más que necesaria.


miércoles, 3 de octubre de 2018

La sociedad del trabajo: una perspectiva histórica



Nota.--  Este es el guión de la Conferencia debate La sociedad del trabajo. Una perspectiva histórica a cargo de Fernando Díez  Rodríguez, historiador y profesor jubilado de la Universidad de Valencia.
Presenta y modera Juanjo Romero, profesor de historia de la Universidad de Barcelona.
Actividad complementaria del Posgrado Ideas y experiencias políticas transformadoras de la Universidad Autónoma de Barcelona, con la colaboración de CCOO de Catalunya y Fundació Nous Horitzons.
24 de octubre de 2018, a las 17:30 horas. Sede de CCOO de Catalunya,  Via Laietana num. 16,  Sala 42 (4ª planta).

Fernando Díez Rodríguez (1)

1 La sociedad del trabajo y su primera construcción histórica en torno a la idea de utilidad. Las pasiones y los intereses.

      Una creación europea-occidental.
      Precedentes históricos europeos en materia de relevancia del trabajo. El precedente cristiano. El cristianismo como religión del trabajo.
      La idea moderna del trabajo y la de sociedad del trabajo se forman, por primera vez, entre el último cuarto del siglo XVII y finales del siglo XVIII.
      Esta formación es un proceso complejo en el que incardinan diferentes aspectos de lo humano en torno al trabajo y la sociedad del trabajo: Económico (“trabajo productivo” como fundamento de la creación de riqueza); Social (“sociedad útil” por oposición a la “inutilidad” adjudicada a la sociedad estamental); Político (entre los objetivos del gobierno se destacan la consecución de la riqueza y velar por la consecución de alguna forma de felicidad de la nación); Moral (consideración del primer capitalismo, “la sociedad comercial”, como una “economía moral”, en la medida en que favorece la creación de una ética de comportamiento en el terreno económico. Elevación del trabajo y la laboriosidad a la categoría de valores personales y sociales).
      En el marco intelectual de este proceso se destacan los fundamentos utilitaristas-psicologistas.
Los primeros se fundamentan en la idea del comportamiento humano que aspira la felicidad y a la evitación del dolor y las penalidades. Choca con concepciones tradicionales respecto al destino de la humanidad de tintes más o menos pesimistas. Abren una flecha ilimitada a la posible consecución de estados superiores de riqueza, felicidad, superación de los males, etc. Representa la visión optimista de la Ilustración y mantiene una relación con la idea ilustrada de progreso.
Los segundos conforman una idea de la acción humana con un fundamento “natural” en las pasiones y en su posible y necesario gobierno. Se asume la fuerza psíquica de las mismas y se complementa con la posibilidad de controlar su combustión y dirigirla prudentemente a objetivos deseables. En este contexto, aparece el “trabajo motivado o animado” y el trabajador capaz de desarrollar laboriosidad. También la primera teoría del consumo (teoría del lujo), proclama la apertura de los trabajadores al consumo de bienes no estrictamente necesarios (bienes de comodidad y de emulación), y se explotan las posibilidades que esto tiene para la motivación del trabajador (psicologización del trabajador) y su incardinación activa en la economía de la nación.

2 La sociedad del trabajo desde la idea del trabajo como profesión. El trabajo y los deberes.

Una idea que se afianza a principios del siglo XIX y podemos rastrearla hasta finales de este siglo. Hay una afinidad electiva entre trabajo profesionalizado y trabajo artesanal.
El trabajo como articulación de un modo de vida, de una biografía con sentido, de una cultura ocupacional, de una sólida incardinación económica, social y política del trabajador. 
El trabajo como una fuente de eticidad social, en la medida en que la profesión articula deberes profesionales.
Trabajo vitalicio, super-fijo, con comunidades ocupacionales bien establecidas y generalmente institucionalizadas. Un grado alto de identificación entre el trabajo y la vida.
Visibilidad e integración social y política de los trabajadores profesionalizados.
Reelaboración de la idea de felicidad como satisfacción de los deberes cumplidos. Honor social del trabajo profesionalizado. Articulación de un ordenamiento de los trabajadores según grados de profesionalidad y sus consecuencias sociales.

3 Trabajo y socialismo anti-capitalista. Un mundo histórico diverso y contradictorio.

A Socialismo decimonónico. Una seria preocupación por el trabajo: crítica del trabajo capitalista y alternativa de un trabajo realmente socialista.
El capitalismo visto como un poderoso agente de la reducción del trabajo a un trabajo simple, proletarizado (miseria material y moral), estrictamente subordinado y dependiente (falto de toda autonomía), individualizado (desarraigado de toda comunidad laboral).
El socialismo visto como la recuperación de un trabajo humano, de corte artesanal, con la necesaria combinación entre maquinismo y trabajo artesanal (manipulación, cualificación, creatividad). Organización de la producción por los trabajadores mediante instituciones productivas autogestionadas. Es el trabajo de la “Asociación obrera”, movimiento socialista propio del siglo XIX. Se mantiene la escasa relevancia de lo político, con un Estado de perfil débil y de tipo federativo, una organización federativa de asociaciones y super-asociaciones de las “asociaciones obreras de autogestión”.
El socialismo vendría a refundar y consolidar la sociedad del trabajo, mediante una propuesta crítica de enmienda a la totalidad del capitalismo, que habría desarticulado profundamente la sociedad del trabajo hasta ofrecer una mera caricatura de la misma. El socialismo anti-capitalista vendría a refundar la verdadera y definitiva sociedad del trabajo.
B Socialismo de orientación marxista (su relevancia social es tardía y su papel dominante es propio de finales del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX).
 Un profundo cambio de orientación en la tradición socialista anti-capitalista. La “revolución científica” de Marx y la nueva orientación del anti-capitalismo y, en consecuencia, del socialismo o comunismo.
Un importante pronóstico: inmediata pérdida de toda relevancia histórica del trabajo artesanal, convertido en una mera pervivencia pronta a desparecer. Relectura muy elaborada, desde el punto de vista teórico, del trabajo proletarizado, su sustituto capitalista (teoría de la plusvalía capitalista y trabajo proletarizado como el trabajo capitalista de referencia).
Concepción “científica” del presente y del futuro del trabajo capitalista y del trabajo en general: trabajo proletarizado, pauperización obrera y lucha de clases; una peculiar relación entre trabajo y socialismo o comunismo que rompe con la tradición socialista anterior; una simplificación y reducción del trabajo al concepto marxiano de “fuerza de trabajo”. Radicalización de la relación negativa entre trabajo y tecnología (fuerzas productivas): en el capitalismo: plusvalía indirecta y radicalización del proceso de proletarización; en el socialismo: la tecnología, en su nuevo desarrollo y organización socialista, acabará con el trabajo (trabajo necesario) o lo reducirá a un mínimo marginal.

4 La nueva sociedad del trabajo de la Segunda Revolución Industrial.

El nuevo contexto del trabajo en las economías industriales capitalistas a partir de finales del siglo XIX y hasta la década de los años 1980.
Producción en masa y consumo de masas. Transformaciones económicas y culturales del gran calado que rompen con las tradiciones, de todo signo, en materia de trabajo, propias del siglo XIX.
Abandono radical del trabajo artesanal como realidad, de referencia o meramente minoritaria de la forma laboral. Elevación del trabajo simple a categoría dominante y deseable del trabajo (taylorismo). Crisis profunda de la idea de proletarización y trabajo proletarizado. Elevación de la tecnología a una posición inmarcesible como expresión del enorme prestigio del principio de cientificidad. Subordinación completa del trabajo a la tecnología, bien como mero servidor de la misma, bien como prescindible ante sus desarrollos.
Muy significativos avances en materia de producción y productividad. Cambios en materia de retribución del trabajo y de tiempo de trabajo. Aparición del consumismo y poco después del hiperconsumismo.
Categorización del trabajo de referencia en esta etapa como trabajo fordista, forma de trabajo característica de las sociedades industriales de mediados del siglo XX. Trabajo fijo fácilmente vitalicio, con salarios relativamente altos, con jornadas reducidas si las comparamos con las propias de las sociedades occidentales anteriores, vacaciones pagadas, sindicación con estatuto legal e integrada en la empresa, convenios colectivos, seguros sociales de tipo profesionalizado (accidente laboral, enfermedad y pensiones de jubilación).
Progresiva pérdida de presencia del socialismo anti-capitalista hasta su práctica desaparición (segunda mitad del siglo XX). Emergencia de las corrientes socialdemócratas que defienden un capitalismo socialmente regulado. Descomposición endógena de los Estados comunistas y desaparición de los mismos. Marginalidad de las teorías marxistas anti-capitalistas que jugaron un papel importante tanto en la formación del socialismo ortodoxo marxista de la Segunda Internacional, como en la exitosa divergencia marxista-leninista y sus epígonos (caso del maoísmo).

5 La crisis de la sociedad del trabajo, ¿mito o realidad?

A Una literatura sobre la drástica reducción de la demanda de trabajo y el fin del trabajo. Una literatura en la que domina el “solucionismo tecnológico”.
Las soluciones a la crisis definitiva de la sociedad del trabajo que se manifiesta en este tipo de propuestas, se articulan frecuentemente en una especie de discurso “arbitrista” (solucionista). La crisis del trabajo y de la sociedad del trabajo posibilitará un nuevo tipo de sociedades en las que la nueva “productividad” sin trabajo, una productividad inusitada, permitirá la creación de sociedades desembarazadas de las preocupaciones materiales, y abiertas a otro tipo de intereses, por ejemplo, comunitarios, altruistas, ecológicos, culturales. Pasarían estos a ocupar el tiempo de una ciudadanía para la que el tiempo de trabajo o no existe o se ha acortado drásticamente. Poco se dice cómo se entiende esto: cómo se produciría la liberación de la sociedad del trabajo, de manera más o menos igualitaria; cómo se produciría la reconversión de los deseos, los intereses y las mentalidades que esta transformación supondría. Se puede afirmar que asistimos un nuevo utopismo, el del solucionismo tecnológico.
Desde ciertos sectores de la izquierda, se entendería que la nueva revolución tecnológica y el fin del trabajo, ofrecerá el nuevo panorama para sustanciar el viejo sueño del “trabajo libre” de Marx, la efectiva liberación del “trabajo necesario”, marxiano, y la realización del ideal de bienestar y felicidad que posibilitaría la eliminación de los requisitos limitadores de la vieja economía productiva de tipo capitalista que, según el inveterado esquema, moriría de éxito, precisamente al llevar las “fuerzas productivas” a un nivel de desarrollo e innovación que ya no son conformes con las relaciones sociales de producción en las que se asentaba.
B Otros análisis ven este asunto desde una perspectiva histórica, o al menos sin perderla de vista. Desde esta perspectiva, cambios estructurales importantes, variados y complejos, han cerrado el ciclo histórico abierto con la Segunda Revolución Industrial (principios del siglo XX hasta los años 1980) y terminan con las características propias de la organización del trabajo y de la producción propias de ésta. Un fenómeno que no es nuevo, pues ya se ha repetido en la historia, por ejemplo, con las transformaciones propias de la implantación de la primera Revolución Industrial.
Los cambios que ahora inciden en la organización de la producción y del trabajo, y en el mismo concepto de trabajo, no sólo son los debidos a una nueva revolución tecnológica (electrónica, computadoras, informática, internet, algoritmos, inteligencia artificial y robótica) y sus efectos económicos y laborales, sino también a otros cambios muy novedosos: integración de las economías a nivel mundial; diversificación muy acusada de los mercados y de los bienes comercializados (ruptura con la estandarización); potenciación de corporaciones económicas transnacionales; drástica reducción de la relación espacio-tiempo en las comunicaciones, de todo tipo, a nivel mundial; interconexión humana y cultural del mundo y los nuevos problemas específicos que acarrea; circulación global del conocimiento. Y, también, transformaciones políticas de las cuales es importante señalar el debilitamiento del modelo político de larga trayectoria del Estado-nación, nacido de las revoluciones modernas de finales del siglo XVIII y primer tercio del XIX.
El efecto principal del nuevo ciclo histórico que se abre en materia de producción y trabajo es el hundimiento de la producción y el trabajo fordista, como referente de la segunda Revolución Industrial, y la emergencia de un nuevo tipo complejo de producción, que rompe con la uniformidad, la concentración y la estandarización, de la producción fordista. Altera, igualmente, la organización en el sector de los servicios, también regido por pautas fordistas. En materia de trabajo, el trabajo fordista va dejando paso a la nueva forma de trabajo de referencia, que denominamos trabajo flexible y que responde a un tipo de producción también transformado por su condición flexible.
Centrémonos en el trabajo flexible como la nueva forma del trabajo de referencia y pongamos en entredicho aquellas visiones que dan por supuesto el fin del trabajo o la reducción drástica del mismo como efecto de la revolución tecnológica de última hora. Dicho de otra manera, lo que desaparecería no es el trabajo sino su forma fordista de referencia y lo que vendría es otro trabajo, el trabajo flexible propio del nuevo modelo productivo.
Trabajo flexible es lo opuesto a trabajo sólido y estable. La flexibilidad se opone a la solidez que encontramos en otras formas históricas del trabajo. Entre éstas cabe destacar, el trabajo artesanal clásico y el trabajo profesionalizado. También el trabajo fordista. Ciertamente, la cualidad de la solidez la adquieren estos trabajos de maneras diferentes y con diferentes grados, dependiendo también de los diferentes contextos históricos en los que se desarrollan.
El trabajo flexible presenta una segunda característica importante que lo distingue de otras formas anteriores de trabajo. El trabajo flexible tiende a la individuación, mientras que las formas de trabajo anteriores cursan generalmente con un pasado de socialización laboral: corporaciones clásicas de oficio (gremios y sindicatos de oficio), instituciones corporativas del trabajo profesionalizado, sindicación del trabajo fordista, vinculación estable del trabajo a la empresa de producción y de servicios y sus consecuencias en materia de sociabilidad y socialización.
El trabajo flexible disuelve la identificación que desarrollaron los trabajadores con organizaciones tales como la empresa y el sindicato. Este proceso abre una dinámica de individualización de la actividad laboral al quitar al trabajo el marco estable de su organización y permanencia, indefinida en el tiempo, en la estructura empresarial y aun en la práctica estable, sostenida en el tiempo, de una ocupación laboral.
Flexibilidad: los cometidos laborales y el tiempo de trabajo se adaptan constantemente a productos, procesos y mercados cambiantes. Un principio básico en estas circunstancias es el trabajo just-in-time: el trabajo que se necesita, en la cantidad que se necesita y en el momento que se necesita. Esto propicia el aumento del trabajo eventual, a tiempo parcial, y también los contratos de obra y de servicios, en su caso, de trabajadores por cuenta propia o autónomos.
La tecnología juega un papel importante en la promoción y articulación del trabajo flexible. Las empresas desean crear una organización flexible del trabajo capaz de responder con rapidez a los cambios en la demanda, y esta organización es facilitada por la nueva tecnología que contribuye en alto grado a hacerla posible (tecnología y trabajo en red; tecnología y principio del just-in-time; tecnología y autoempleo y trabajadores autónomos). Aumenta la proporción de trabajo flexible (jornada parcial, trabajo eventual, con contrato de obra, por cuenta propia) y se reduce el trabajo “tradicional” (jornada completa, en una sola empresa, contrato fijo, etcétera).
Cuando se analiza el papel de la economía global en la generalización del trabajo flexible no sólo hay que tener en cuenta una economía global de capitales, mercados y mano de obra, sino también una economía cuyas actividades estratégicas nucleares, incluidas la innovación, las finanzas, la gestión empresarial, funcionan a escala planetaria y en tiempo real. En la medida en que esto es así, la generalización del trabajo flexible se ve impulsada por fenómenos de carácter global que transcienden las políticas específicas de unos Estado-nación debilitados por la propia globalización, al crearles dependencias estructurales de diverso tipo difíciles de soslayar.
La flexibilización laboral adopta formas distintas:
La “mejor vía”, mejora la productividad desarrollando entornos laborales de elevado rendimiento, basados en la formación y participación de los trabajadores, los incentivos salariales, la seguridad relativa en el empleo. Estos trabajadores no perciben como amenaza la flexibilidad y fluidez laborales. Cualificaciones altas, salarios elevados, incentivos extra-salariales. La permanencia larga en la empresa no es un requisito, la movilidad y flexibilidad son elementos plenamente vigentes, tanto por parte de la empresa como del trabajador. La flexibilidad puede suponer una necesaria reconversión de la oferta de capacidades por parte de este tipo de trabajadores, o bien una anulación de las mismas, con la consiguiente pérdida de su estatus. En este nivel superior del trabajo flexible encontramos características del trabajo artesanal, una especie de trabajo neo-artesanal si nos referimos a las cualidades fundamentales del ejercicio de este trabajo (alto grado de conocimiento, de manipulación, altas cualificaciones, incentivos a la creatividad), aunque sin dos elementos importantes del trabajo artesanal: trabajo vitalicio y organizaciones de oficio o similares. Por lo tanto, cumpliendo el principio de individuación propio del trabajo flexible.
La “vía secundaria”. Reducción de costes laborales mediante subcontratación, contratos eventuales y a tiempo parcial, presión para reducción de mínimos salariales reales y de poder sindical. Trabajo muy influido por el just-in-time como principio organizativo de trabajadores fácilmente sustituibles y eliminables. Bajas exigencias de manipulación, bajas cualificaciones, nula creatividad.
Ambas vías se difunden simultáneamente y no sólo entre empresas sino en el interior de las mismas, lo que genera una situación práctica de un mercado laboral de tipo dual muy diferenciado.
Si, para mayor esclarecimiento, comparamos el trabajo flexible y el trabajo fordista, debemos subrayar:
El asentamiento del trabajo fordista en los años inmediatamente posteriores a la segunda Guerra Mundial (factor de historicidada). Las sociedades industriales constituyeron un puesto de trabajo con jornada completa, con trabajo vitalicio, con salarios reales negociables y al alza, con promoción dentro de la empresa. Trabajo seguro y consumo creciente. Políticas gubernamentales sociales referidas a la idea de empleo permanente (seguridad social profesionalizada). Este modelo de trabajo cursa con una familia nuclear con roles sexuales muy diferenciados, trabajo remunerado escaso para las mujeres casadas y alejamiento de éstas del mercado de trabajo y permanencia en las labores domésticas. Modelo del padre de familia proveedor. También con unas importantes redes comunitarias tipo barrio y vecindad que tendían a una cierta homogeneización profesional y laboral y con un grado importante de sindicación (ausencia o impacto escaso de fenómenos como la llamada gentrificación urbana, fenómeno típico desde finales del siglo XX).
El trabajo flexible se separa de manera muy importante de esta organización del trabajo. Un caso actual interesante es la manera cómo, en países como Alemania, Holanda, países escandivavos o Austria, se relaciona el trabajo flexible con las políticas sociales que vienen de atrás. Plena apertura al trabajo flexible en estos países y protección de planes nacionales de sanidad, incapacidad, desempleo, pensiones y servicios sociales (propios del Estado de Bienestar). Lo que suele complementarse con políticas activas de subsidios familiares.
El autoempleo. Una transformación profunda del entorno laboral en la Era de la Información hace que haya más posibilidades para el autoempleo y un crecimiento importante del mismo. El autoempleo ha sido una característica predominante del sistema laboral durante la mayor parte de la historia (agricultura, artesanado, comercio). El empleo relativamente estable, por cuenta ajena y a tiempo completo ha caracterizado el mundo laboral durante los últimos cien años (segunda Revolución Industrial). Ahora hay un retorno gradual del autoempleo y esto parece que tiene que ver con la flexibilidad laboral en una economía de servicios, con disponibilidad de una tecnología informacional a bajo coste y con crecientes niveles de educación de la población activa. Popularización del discurso de la emprendeduría.

Consideraciones finales para el diálogo.

 A
La tercera Revolución Industrial vendría a transformar la condición e idea general del trabajo mediante su transformación en trabajo flexible. En las nuevas condiciones parece que vuelve a cobrar su importancia el autoempleo, pierde su importancia el trabajo fijo, a tiempo completo y con permanencia larga o muy larga en la misma empresa. En las condiciones del trabajo flexible, pierden poder las organizaciones sindicales por las propias características de éste (individuación). Los empresarios generalizan el trabajo flexible en condiciones de débil contestación y justificándolo como la única forma de competir, innovar y subsistir en el nuevo mercado mundial. También como la necesaria adaptación al nuevo tipo de consumo de bienes y servicios. El Estado puede jugar su papel en la regulación del trabajo, pero la opción más constatable no parece ser ésta. Más bien, parece que se asume la transformación del trabajo fijo en flexible como un asunto estructural, manteniéndose, en algunos modelos, la protección social no vinculada estrechamente al trabajo, como era la norma en el modelo de políticas sociales profesionalizadas del fordismo. En estos casos, la seguridad social funciona como una especie de colchón que palía los efectos negativos del trabajo flexible. A su vez, este tipo de transformaciones cambian profundamente la concepción histórica del trabajo y abren nuevas posibilidades que parece que ya no se pueden comprender bien en la lógica de las sociedades del trabajo tal y han funcionado históricamente.
B
·         La flexibilización del mercado de trabajo tiene implicaciones sociales. Con la flexibilidad, los trabajadores se individualizan, son separados de las instituciones sociales que se desarrollaron en torno a los puestos de trabajo garantizados, estables y a largo plazo. Por ejemplo, este impacto tiene que ver con profundas transformaciones de los espacios urbanos tal y como se estructuraron en la segunda Revolución Industrial.
También son remarcables los impactos de la flexibilización del trabajo en la división sexual de los roles sociales mediante su profunda afectación a la familia nuclear típica de la segunda Revolución Industrial. Erosión del padre de familia proveedor, erosión del papel de la mujer casada como “ama de casa”, flexibilización del trabajo y oportunidades para la apertura de las mujeres, casadas o no, al mercado de trabajo flexible.
C
En el análisis de algunos especialistas sobre el trabajo flexible, el surgimiento y la implosión del “trabajo flexible” no es, ante todo y de manera simple, una operación de la estrategia de los patronos o de los propietarios de empresas para combatir lo que se considerarían como éxitos históricos de la población trabajadora (identificación simplista del trabajo fordista con la lucha política y sindical obrera). El fenómeno de la emergencia y generalización del trabajo flexible, necesita para su comprensión la luz que arrojan aquellos fenómenos históricos que transformaron el autoempleo y el trabajo autónomo para crear una masa de trabajadores dependientes y asalariados. Unas transformaciones propias de la primera Revolución Industrial y su curso hasta finales del siglo XIX. Igualmente, necesita la luz de las transformaciones históricas del trabajo y del empleo propias de la segunda Revolución Industrial, que podríamos resumir en el final de un proceso de “proletarización” (si queremos utilizar este problemático concepto) de la primera Revolución Industrial y el surgimiento del modelo fordista. Lo que, ahora, se viene abajo es la consistencia de este modelo y la aparición de una nueva forma del trabajo, de su organización, implementación y retribución, correspondiente a una nueva revolución tecnológica y, también, a profundas transformaciones de los mercados, de la implicación de las economías a nivel global, de las instituciones sociales que fueron propias y funcionaron aceptablemente en el modelo anterior y que, desde el último cuarto del siglo XX, encuentran nuevas dificultades que tienen que superar. A lo que se añade el debilitamiento del modelo político del Estado-nación.
La propuesta de estos especialistas es plantear que el problema presente no es el del fin del trabajo o el de la drástica reducción del mismo, sino el de la transformación profunda del trabajo y la aparición y dominación de su forma “flexible” y los nuevos retos que plantea. Muchas veces se confunden las características del trabajo flexible con el debilitamiento extremo y generalizado del trabajo, pero en este planteamiento lo que realmente permanece y crea un cierto espejismo es la consideración del trabajo fijo y permanente como la referencia única del trabajo, en el presente y en el futuro. La historia del trabajo es particularmente ilustrativa a la hora de evitar este tipo de suposiciones. Hay en todas estas propuestas una advertencia al carácter estructural de fenómenos muy importantes, cuya formación y desarrollo difícilmente pueden remitirse a factores manejables, previsibles, completamente comprensibles en su complejidad y con posibilidades ciertas de actuar sobre ellos para revertirlos o para transformarlo según algún plan establecido. Todo ello no supone afirmar que los intereses empresariales, según escalas de empresas, no aprovechen y tiendan a agudizar las características de un trabajo flexible en provecho propio. De un trabajo que parece que está ahí y está para quedarse. De un trabajo que parecería exigir una nueva conceptuación de las relaciones laborales de la flexibilización laboral, ciertamente en las condiciones de resistencia y aún polarización que son una norma en cualquier sociedad histórica, al menos desde la Primera Revolución industrial.

1)     Fernando Díez Rodríguez, doctor en Historia, ha sido profesor del Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia. Entre sus publicaciones relacionadas con el asunto que nos ocupa, destacan: Homo Faber. Historia intelectual del trabajo, 1675-1945. Madrid. Siglo XXI, y La imaginación socialista. El ciclo histórico de una tradición intelectual. Madrid. Siglo XXI.