lunes, 12 de agosto de 2013

DISQUISICIONES JURÍDICAS EN UN VERANO DE BARCELONA

Miquel A. Falguera i Baró. Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.


Es costumbre que la prensa en verano se dedique a aconsejar a sus lectores sobre actividades para disfrutar el ocio en vacaciones. También en este blog hallarán ustedes cuando llegan estas fechas recomendaciones de lecturas o divertimentos literarios escritos por su editor. No sé si es el calor y la modorra que comporta; o, tal vez, la falta de noticias y de debate ciudadano. Porque, aunque haya crisis y poco dinero, el Agosto mediterráneo –siendo insoportable- hace dormitar a los ciudadanos, para desconcierto de los teutones y otros tipos septentrionales.

Hace ya tiempo que José Luís me viene reclamando que escriba algo en este ilustre blog, pero uno se va haciendo el remolón, enfrascado en sentencias, publicaciones y en polémicas jurídicas.

Pero como la llamada del editor de hace unos días tenía carácter de ultimátum y uno precisa de un cierto reposo mental que lo aleje del debate iuslaboralista, me van a permitir que me sume a esa tendencia de la intrascendencia veraniega y les proponga que me acompañen por una breve caminata por mi barrio de acogida, Sants (aunque uno nació, y a mucha honra, en el menestral y obrero Poble Sec).  Por si se quedan en Barcelona de vacaciones –que la crisis es mucha crisis- o si, por un casual, son ustedes visitantes en mi ciudad (en este caso, sean ustedes bienvenidos).

Ya sé que con los calores no apetece mucho andar. Pero no se preocupen, la ruta que les propongo no tendrá más de cuatrocientos metros y, en su mayor parte, la realizarán ustedes bajo la sombra de frondosos plataneros. Y si quieren, podemos hacerla a última hora de la tarde, cuando ya los termómetros van a la baja.

Les propongo empezar el recorrido en la esquina de la calle Galileu con Valladolid. Delante suyo podrán ver un alta chimenea y, tras ella, un viejo edificio rehabilitado que alberga la escuela Barrufet (uno de los centros docentes de más amplia tradición democrática y multicultural de estos lares) y una biblioteca pública. Esa chimenea y ese edificio son los restos del denominado Vapor Vell, es decir, una de las primeras fábricas textiles instaladas en España que funcionaba con vapor (palabra que se utilizaba en catalán en el siglo XIX para denominar las nuevas empresas que usaban esa fuente de energía) Pueden acceder a información al respecto en Wikipedia, aunque les advierto que sólo hallarán entradas en catalán, euskera y noruego del norte.

Pero el Vapor Vell no fue una fábrica cualquiera. Aunque hubo luego muchas otras en Sants, allí se produjo una de las pocas experiencias luditas del movimiento obrero español (salvo que ustedes consideren que el extraño fenómeno de la Mano Negra era tal).  Tras la huelga de las selfactinas en 1854 (al respecto sí hay entrada de la Wikipedia en castellano), al año siguiente se produjo la primera huelga general en Cataluña, momento destacado en forma casi unánime por los historiadores como el inicio del movimiento obrero en España. A lo largo de ese conflicto y aquí, en esta esquina de las calles Galileu y Valladolid, resultó tiroteado el director del Vapor Vell, Josep Solé i Padrís, mano derecha del prohombre empresarial y mecenas de Gaudí Joan Güell i Ferrer (con calle en el barrio).  La respuesta del poder se cobró la vida del dirigente obrero Josep Barceló –por la imputación de otro lejano asesinato en un lugar que él nunca había visitado en un proceso lleno de irregularidades-. La primera escuela de formación sindical de la CONC llevó su nombre, por el empeño del maestro Ángel Rozas.

En esta esquina, si afinan el oído, aún podrán oír los gritos de aquella primera huelga y, si me apuran, el fragor del equivocado disparo.

Acompáñenme ahora por la calle Valladolid. Mientras tanto, podemos conversar del recientemente publicado R Decreto-Ley 11/2013. Ya sé que había prometido no hablar de Derecho, pero, amigo mío, mi mundo es ése y pocos temas más de conversación tengo para recorrer los apenas trescientos metros de dicha calle. Y, haciendo oídos sordos a sus quejas, empezaré destacando cómo dicha norma queda lejos de dar la cobertura necesaria en materia de Seguridad Social a una buena parte de los trabajadores a tiempo parcial (aunque se ha mejorado, un poco, la condición de las personas que llevan muchos años sin poder realizar jornada completa). Mas mi reflexión va por otros lindes: ese pequeño cambio surge de las variadas sentencias del Tribunal Constitucional que declararon contrario a la Constitución el trato legal anterior de ese colectivo. Pero ocurre que en otros pronunciamientos previos de dicho órgano se había prácticamente validado esa misma regulación. ¿Por qué esa deriva en el TC? El tema es simple: en noviembre pasado el Tribunal de Justicia de la Unión Europea había llegado a la conclusión que el mentado precepto infringía la Directiva Comunitaria de Igualdad de trato entre hombres y mujeres en materia de Seguridad Social, a raíz de una valiente cuestión prejudicial que había planteado el titular del Juzgado de lo Social número 33 de Barcelona, Joan Agustí.  Entonces, tras esa sentencia del TJUE, el TC dictó su primera sentencia al respecto, dando respuesta a la cuestión de inconstitucionalidad que había formulado el TSJ de Galicia… nueve años y medio antes…

Cabría preguntarse porqué nuestro TC ha sido –al menos, en el terreno laboral- tan pacato siempre declarando la inconstitucionalidad de las leyes estatales. Con contadas salvedades hallarán ustedes pocos supuestos en que dicha declaración se haya efectuado, con la excepción de normas que han sido ya previamente derogadas; o, como en este caso, cuando el TC no podía hacer otra cosa que seguir los dictados del TJUE.

Y es ésa una tendencia que no viene de nuevo: tiene una larga tradición. Es decir, que el órgano con exclusiva competencias para dilucidar si una ley (no un reglamento: eso lo podemos hacer los jueces ordinarios) se adecua a la Constitución casi siempre –salvo esos supuestos excepcionales “inocuos”- ha dado una respuesta positiva. Tal vez ello explique el claro interés de los partidos políticos en los nombramientos de sus miembros. ¿Quizás también explique algunos fenómenos recientemente conocidos de alta transcendencia mediática?

Pero, abstraído en la charla, no me he dado cuenta de que hemos llegado al final de la calle Valladolid, al desembocar en la de Vallespir.

Pues bien, si miran ustedes en frente podrán comprobar cómo hay un pequeño descampado vallado, de fincas derruidas hace años, cuando el entorno de la Estación de Sants tenía que ser remodelado, con motivo de la llegada del AVE. Pero, aunque el AVE llegó se acabaron los dineros. Y ahí seguimos, un lustro después, con un amplio espacio destartalado.

Pues bien, en ese descampado que verán ustedes al frente, en el número 12 de la calle Vallespir, se alzaba el Ateneu Racionalista de Sants dónde se celebró el famoso Congreso de Sants de la CNT catalana en 1918 (hay entrada en la Wiki, aunque esta vez sólo en catalán); congreso en el que se aprobó el salto del modelo de sindicato de oficios y que conformó el nuevo  sindicalismo confederal, lo que conllevó al éxito, dos años después, de la huelga de la Canadenca y la conquista –por vez primera, aunque en forma efímera- de la jornada de ocho horas.


Acérquense todo lo que puedan a la valla. La tierra que pisarán la recorrieron hace casi un siglo Angel Pestaña y Salvador Seguí, el Noi del sucre.  Ni una triste placa recuerda la efeméride. Sólo una especie de plafón colocado por el Ayuntamiento pide consejo a las organizaciones de barrio para determinar el uso temporal del predio… ¡qué poca imaginación y qué dislate: eso se antoja tierra sagrada!

Por suerte, la destartalada plaza que se abre ante sus ojos –también afectada por la falta de fondos tras el AVE- lleva por nombre Joan Peiró (aunque dudo mucho que los burócratas municipales conocieran la proximidad del lugar de celebración del Congreso: ocurre que Peiró, que se encumbró como dirigente confederal tras el mismo, había nacido en Sants)

Llegados a este punto mi “otro yo” jurista sale a la superficie, dándole de nuevos vueltas al R Decreto-Ley 3/2013.

Verán: se ha hablado mucho por la prensa de la nueva regulación que se ha dado a la impugnación individual de los despidos colectivos. Pero en general se ha omitido algo esencial: la nueva norma nos dice a los jueces que esos despidos “únicamente” podrán ser declarados nulos cuando se incumplan los requisitos de celebración del período de consultas, la aportación de la documentación correspondiente en el mismo, el sometimiento a la decisión del juez del concurso en caso que la empresa se halla sometido al mismo, el seguimiento del procedimiento específico en el supuesto de fuerza mayor o la vulneración de derechos fundamentales. Nada nuevo –estaba ya así tras la Ley 3/2012- salvo ese “únicamente”. Una minucia, se dirán. Pues no: ocurre que una buena parte de los pronunciamientos hasta ahora recaídos en la materia habían considerado que la decisión extintiva era antijurídica por variados motivos, como el fraude de ley o, especialmente, la falta de proporcionalidad de la extinción (por ejemplo, el caso de Telemadrid, en el que un descenso de ingresos del diez por ciento comportaba la extinción del ochenta por ciento de los contratos).

Pues bien, ahora cuando jueces y tribunales lleguemos a la conclusión que el despido, aún existiendo causa, es fraudulento, sólo podremos declarar –sin que quede claro- que no es ajustado a derecho, lo que comporta menos tutelas para los trabajadores….

Perdido en mis elucubraciones jurídicas casi me olvido de observar que delante de ustedes se extiende una amplia avenida (el Passeig de Sant Antoni) y un poco más allá un parque. A su izquierda verán la Estación de Sant. Pues bien, todo este basto terreno era, en su día, la España Industrial (también conocida como “el Vapor Nou” –nuevo-). Probablemente una de las fábricas textiles más grandes que existieron nunca en España, que fundó la familia Muntadas Prim, también con calle en el barrio. El paradigma durante buena parte del siglo XX de la empresa fordista (con guardería, club deportivo, trabajo en cadena, comunicación por ferrocarril…)

A su izquierda verán un astrado parque infantil. En él aún se podían observar hace unos años los vestigios de los vestuarios de la empresa…

Si se detienen un momento y se concentran podrán sentir las desesperanzas, las luchas y los desvelos de los miles de trabajadores que allí se consumieron…

Pero no quiero dejarles escapar sin hablar de la famosa ultractividad de los convenios. De hecho, el editor de este blog viene tiempo ha pidiéndome que escriba sobre el tema. Algunas reflexiones mías podrán encontrar por ahí sobre el tema en las mejores revistas especializadas. En concreto, la que yo dirijo para la sección de lo social de Jueces para la Democracia, aunque les advierto que también en este caso la publicación está en catalán.

Pues bien, no me voy ahora a detener sobre los intríngulis de la nueva regulación –estamos en Agosto- sólo quiero reseñar que en la etapa inicial de aplicación de este tema a mí me aparecen trece problemas jurídicos de hondo calado (hay más, pero surgirán en el futuro) Y cabrá preguntarse cómo se puede ser tan chapuzas. De hecho, la reforma laboral del 2012 es una enorme chapuza técnica, más allá de sus contenidos. Es lo que ocurre cuando las leyes se hacen desde la mera ideología y el sectarismo (aplíquenlo también a las leyes elaboradas por la izquierda)

Pero también cabrá remarcar otro aspecto que se olvida: todo este debate y toda esta problemática se habría evitado si los agentes sociales hubieran negociado –hace muchos, muchos años- los procedimientos aplicables de futuro en los convenios, bien en los propios textos de éstos, bien mediante Acuerdos Interconfederales.  De  aquellos barros nacieron esos lodos.

Y aunque es cierto que el Acuerdo catalán sobre ultractividad pude componer –mal y tarde- gran parte de esa problemática aplicativa, no puedo dejar de criticar el lamentable, generalista y vacío de contenido acuerdo estatal sobre la misma materia.

Ahora, el legislador y los agentes sociales nos miran a los jueces para que les solucionemos la papeleta. Y la respuesta final –que les adelanto ya, llegará a medio plazo, hasta que el tema se sustancie por el TS o, en su caso, por el TC- dejará descontentos probablemente a tirios y troyanos. Ya se sabe: los jueces somos los malos de la película. En definitiva, para eso nos pagan los ciudadanos.

En un paseo de apenas trescientos metros hemos recorrido todo el imaginario del movimiento obrero de los siglos XIX y XX: desde los inicios del industrialismo, la primera huelga general y las prácticas luditas hasta el fordismo, pasando por la conformación del sindicalismo confederal. En pocos lugares hallarán ustedes en tan poco espacio hitos históricos similares. Y siento haberles chafado el paseo con mis amargos comentarios de un jurista que ve cómo su disciplina hace aguas.

¿Y ahora qué, se preguntarán?. Pues poco más puedo ofrecerles. Si atraviesan la Estación de Sants se internarán en el Eixample barcelonés. A pocos metros verán enormes edificios de oficinas de servicios. Y entrarán en esa cuadrícula tan impersonal y tan de nuevos ricos, en la que cada vecino es un extraño para el otro.

O, si prefieren seguir con el viaje histórico pueden ustedes cruzar el Passeig de Sant Antoni, bajar por la calle de Riego –en honor del ilustre general asturiano- y cruzar la calle de Sants. Delante suyo encontrarán la calle Cros y allí hallarán en pocos metros el lugar dónde se fundó pocos días antes del 14 de abril de 1931 Esquerra Republicana de Cataluña. Ésa es la opción antigua: contra lo que se acostumbra a creer la parte vieja de la antigua Vila de Sants discurría alrededor de la actual Calle de Sant Crist (en la siguiente esquina), el antiguo “camí ral”, que comunicaba Barcelona con Castilla y, en especial, en la parte sur del barrio, alrededor de lo que hoy es la vía semicubierta del ferrocarril. El sector más cercano a la Marina de Sants –más o menos la actual Zona Franca-, dónde malvivían los campesinos pobres que surtieron de mano de obra barata a los Güell i a los Muntada para sus imperios fabriles.

Ustedes eligen: o esa insolidaria y pequeño burguesa modernidad del Eixample –ya no, tan nueva- o perderse por los recovecos de lo viejo. Perdóneme si no les acompaño a partir de aquí. Yo me quedo en mi barrio.

Si quieren hacer ese corto recorrido por el paisaje de Sants –y por la historia del movimiento obrero de Barcelona, Cataluña y España- dense prisa porque en menos de dos semanas empieza la fiesta mayor de mi barrio de acogida. Y prácticamente todas las calles que les he citado estarán engalanadas, y llenas de gente bailando, niños jugando y viejos jugando al dominó.

Porque la gente digna se divierte cómo puede. Incluso con crisis. Porque la gente digna no olvida de dónde viene. Incluso con la crisis. Y porque la gente digna sabe (aunque a veces no lo medite demasiado, extasiada aún por la droga de la falsa riqueza que tanto ha emponzoñado la razón), quiénes son los culpables. 

viernes, 9 de agosto de 2013

LA EXTREMISTA VIOLENCIA DE LA CEOE

La CEOE tampoco se ha sumado a las exigencias de Olli Rehn, en la actualidad Comisario de la Unión Europea para asuntos económicos, de rebajar los salarios un diez por ciento. Como es sabido el origen de ello está en el Fondo Monetario Internacional. Sin duda, es mejor que la patronal orgánica haya rechazado, de momento, la extremista petición de Olli Rehn, un personaje que, como el Fondo, ensalza sus propias calamidades.   


Ahora bien, ¿dónde está el gato?

El gato está en que la CEOE no quiere abrir dos frentes simultáneamente de tanto calado: el de la desestructuración del mercado de trabajo y el de los salarios, pues «casa de dos puertas mala es de guardar». Son dos teclas que intenta gestionar sin aturrullamiento. Así lo ha hecho siempre: campañas de potente agitación en torno al tema que le interesaba en cada momento. Y ahora lo que «toca» es ampliar el diapasón reivindicativo en torno a los contratos.

De hecho, la cuestión salarial está bajo mínimos: en 2012 se pactó un alza del 1,2 por ciento, pero  el resultado global fue un descenso del 0,6 por ciento y el 28 por ciento de los acuerdos registrados hasta julio pasado ha sido del cero por ciento. Así las cosas, no hace falta seguir formalmente las instrucciones de ese Olli Rehn: el pescado está vendido.     

Como decíamos ahora toca seguir limando al máximo el elenco de derechos sobre las condiciones de trabajo y sus mecanismos de protección. Lo ha dejado claro el documento titulado Las reformas necesarias para salir de la crisis, que la patronal aprobó en la última Asamblea General del mes de julio para remitírselo al Gobierno. En este sentido, la CEOE apuesta por que el empresario pueda convertir unilateralmente contratos a tiempo completo en contratos a tiempo parcial cuando concurran causas económicas, técnicas, organizativas o de producción, y cuando esta modificación suponga una alternativa a eventuales despidos objetivos. Hacemos notar la expresión «unilateralmente». Es todo un concepto que quiebra el código genético del Derecho del Trabajo y que situaría la condición trabajadora en un espacio de darwinismo social.  Y, al mismo tiempo, añade más grietas a la calidad de la democracia española, hoy presidida –como hemos señalado en anteriores ocasiones— por un termidorismo rampante. O lo que es lo mismo: nunca como ahora la cuestión social es parte fundamental de la cuestión democrática.  

Mientras tanto Mariano Rajoy, El Empecinado Chico, intenta distraernos con esas malvinitas del Peñasco.


miércoles, 7 de agosto de 2013

LOS DELATORES DE ESA BÁÑEZ

El Clan de los Genoveses aplaude la medida de su Báñez: la delación secreta. El portavoz de Jueces para la Democracia, por el contrario, explica que roza la legalidad.

Se trata de una medida gravísima, con un explícito contenido de populismo justiciero que, de extenderse, nos llevaría a un Estado de delación. Una vuelta de  tuerca más del termidorismo rampante del gobierno que preside Mariano Rajoy, El Empecinado Chico: hacer de la ciudadanía una caterva de sicofantes, de soplones. (Es insoportable este hedor que viene de las sentinas del Ministerio de Trabajo).

Lo cierto es que esta Báñez tiene una idea bastante chocante de la justicia. Sobre ello el Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya, don Miquel Falguera, versó en Diez acotaciones a unas manifestaciones de la Ministra de Empleo y Seguridad Social. No se corten y lean: «Dijo la Ministra en un acto en Bilbao en una reunión organizada por el Círculo de Empresarios”tengo más miedo a los jueces que a los hombres de negro”.  En dichas declaraciones no se estaba refiriendo a la querella interpuesta contra ella por el PSOE por revelación de secretos (al haber filtrado a la prensa desde su propio ordenador oficial los datos aportados por dicho partido en el proceso de despido colectivo en que actuaba como empresario) En realidad, lo que venía a decir es algo así como “esos jueces quieren cargarse mi magnífica reforma laboral”» (Es canónico decir fin de la cita).  A lo que, añade un servidor, no es ocioso recordar que dicha reforma fue redactada por un alumno aventajado de don PP de los Cobos, el chocante presidente del Tribunal Constitucional.

Ahora bien, dado el hartazgo de explicaciones de naturaleza política que se están dando al respecto, ¿no sería atinado volver la mirada a esa cofradía de moda, los psicólogos, que lo mismo planchan  un huevo que fríen una corbata para que nos expliquen a qué viene esto de la «ocurrencia Báñez?» Sea, vayamos al Olimpo de esta refitolera cofradía.

Podría tratarse –lo diría con cautela, naturalmente--  de una reedición de los usos y costumbres de la niña Báñez que, en el colegio de las monjas, era una acusica. «Madre, ha sido María del Amor Hermoso la que se tiró el peo durante la comunión».  Sin embargo, la muy cuca no se chiva de los asuntillos de su familia.


Apostilla. Por favor no se pierdan el artículo citado de don Miquel Falguera.  

domingo, 4 de agosto de 2013

¿QUIÉN LIDERARÁ EL PROCESO CATALÁN?

Nota editorial. Nuestro amigo Fabrizio Lo Causi nos manda estas atrevidas notas en un correo electrónico. Naturalmente, intuimos que era un ruego indirecto para ser publicadas en este blog. Nos hemos limitado a limar  algunas incorrecciones sintácticas y algunas faltas de concordancia. Aprovecho la ocasión para agradecer a Lo Causi su grata hospitalidad en Nápoles y el envío de dos discos de Roberto Murolo. JLLB



Escribe Fabrizio Lo Causi


Querido José Luis:

Me dicen unas amistades comunes que, por lo general, tienen información fundada, que en el seno de ese abanico de movimientos que intenta encaminar a Catalunya hacia la independencia existe una sorda lucha no ya por la mayoría sino por la hegemonía. Nada hay nuevo bajo la capa del Sol: en todas las etapas de transición se han dado unas situaciones similares. Me explico, bajo el manto de una real confluencia unitaria siempre hubo hechos de diferenciación que, con mayor o menor visibilidad, que contradistinguían a los unos de los otros. Convendrás conmigo que es cosa normal.

Toda una serie de movimientos que aspiran a la independencia de Cataluña parece que están unidos en ese primer objetivo. Pero, vista la cosa desde el golfo de Nápoles, no me parece que haya otras coincidencias entre, por ejemplo, el grupo que lideran la monja Forcadas y el sector soberanista de Convergència democràtica de Catalunya.  Como tampoco me parece que, al margen de las (repito) coincidencias de coyuntura, se pueda decir que son la misma cosa la CUP y Esquerra Republicana. En pobres palabras, ese bloque heterogéneo coincide en, para ellos, la cuestión principal (esto es, la independencia) pero ahí acaba el consenso.

Visto desde aquí --perjudicado por la lejanía, aunque favorecido también por la distancia--  me atrevo, tal vez imprudentemente, a proponerte algunas consideraciones. 1) No está escrito definitivamente que ese abanico consiga su objetivo principal, la independencia; aunque, si no lo hace, dicha reivindicación estará presente en la arena política catalana y española. 2) Pero, tanto si lo consigue como si no lo alcanza en un tiempo histórico relativamente corto, el problema que se planteará será éste: qué formación podría estar llamada a ocupar la centralidad de esa aspiración.

Apunto la siguiente tesis: es improbable que lo sea Convergència. Más bien apunto a que ese papel estará en manos de Esquerra. No lo sería Convergència porque suscita no poca desconfianza por parte de los grupos situados a la izquierda. Lo puede ser Esquerra porque navegará en el mediterráneo de la «equidistancia». Naturalmente, se trata de una Esquerra que haría el papel de don Calogero Sedara (el padre de la bella Angelica) en Il Gattopardo. Esto es, pactar con los poderes fácticos reales (leáse económicos) a cambio de ocupar la centralidad política y sus derivados alimenticios. Lo que comportaría que Esquerra fuese, al menos oficiosamente en la nueva toponomástica, «il partito amico» de dichos poderes fácticos. Que, por supuesto, no descuidarían la vieja amistad con Convergència, pero ya no como socio preferente. Porque los poderes son perejil de diversas salsas. 


Sea como fuere, de momento te deseo lo mejor y, como decimos aquí: «estate buono e governate». 

jueves, 1 de agosto de 2013

DE PARTE DE MAQUIAVELO AL PAPA FRANCISCO



Las declaraciones de Francisco sobre la laicidad del Estado, contra la corrupción y el llamamiento a la juventud para que «arme lío» de rotundo contenido rupturista no han tenido igual correspondencia con relación al papel de la mujer en el seno de la Iglesia. Es, pues, lógico que el entusiasmo femenino no tenga el mismo diapasón que el demostrado por otros sectores. Me ahorro explicar el carácter y la amplitud de las declaraciones de Francisco pues han sido magníficamente relatadas por el maestro Gabriel Jaraba en  Del anatema al diálogo.

 

Cierto, Francisco es conservador a la hora de abordar la «cuestión femenina en la Iglesia». Que es como decir la igualdad de hombres y mujeres en una concreta comunidad. Para un no creyente como un servidor es un problema –otro más, naturalmente--  de democracia real. Más todavía, una cosa es (como es mi caso) estar al margen de las religiones y otra ser indiferente a la naturaleza (autoritaria o democrática) no tanto de las religiones como de las estructuras eclesiásticas de éstas. No soy, pues, indiferente a esto último.

 

Ahora bien, una persona que ha puesto encima de la mesa la cuestión de la laicidad del Estado es un renovador de mucho alcance que ha eliminado una potente «creencia muerta» y potencialmente lo puede ser más todavía. Algo de eso dijo Maquiavelo: «Porque un cambio siempre deja abierto el camino para otro» (1). Suponemos que Francisco ha leído a Maquiavelo, aunque desconozco si forma parte de la legión de compañeros de cofradía que denigraron ad nauseam al famoso secretario florentino. Abro paréntesis, también –desde la acera de enfrente--  algunos compitieron con el ardor guerrero de los jesuitas: «Uno de los argumentos de la acusación que en el curso de los procesos de Moscú formuló Viscinsky, el gran acusador, en su alegato contra Kamenev, quien había sido embajador de la URSS en Roma y que se había apasionado con la lectura de Maquiavelo, fue el haber escrito un prefacio de El Príncipe» (2). Cierro paréntesis.

 

Pues bien, si Francisco ha leído sin prevenciones a Maquiavelo también recordará aquello de «Porque el que introduce innovaciones tiene como enemigos a todos los que se beneficiaban del ordenamiento antiguo, y como tímidos defensores a todos los que se beneficiarán del nuevo» (3), una máxima que vale para todas las organizaciones religiosas y laicas. O sea, Francisco debe estar al tanto. De los primeros –esto es, de los enemigos--  podríamos decir con el florentino que «estas fracciones nunca se mantendrán pacíficas mientras tengan sus propios cardenales».  Y de los segundos tampoco debe olvidar que históricamente algunos tímidos defensores se convirtieron andando el tiempo en unos chaqueteros, pongamos que hablo de Woytila y Ratzinger, centristas en el Vaticano II y extremistas en el post concilio.  Visto lo visto, Francisco debe proceder, la forma es cosa suya, a una profunda renovación organizativa de toda la institución. Porque lo que ha dicho en Brasil puede haberse visto como un casus belli  no sólo por el fenómeno curial sino por el epifenómeno de órdenes religiosas, congregaciones y hasta por sacristanes ya sean de pueblo o de capital.

 

 

Seamos claros: de la formulación sobre la laicidad del Estado se desprenden consideraciones de mucho ringorrango. No es un planteamiento abstracto. Es tan concreto que, por ejemplo, nos interpela a nosotros a preguntar: así las cosas, de las que nos felicitamos, ¿qué carácter debería tener el Estado Vaticano? ¿No sería coherente, tras lo dicho por Francisco, que el Vaticano desapareciera en tanto que Estado? 

 

Francisco, en su condición de Papa, es un hombre poderoso. Pero, también le es aplicable lo que aconsejaba Tácito en los Anales XIII.19: «Que no hay nada más débil e inestable que la fama del poderoso que no nace de su propia fuerza». De lo que se desprendería lo siguiente: debe usar la verticalidad no democrática de la Iglesia para construir gradualmente un sujeto plenamente democrático.

 

De los apoyos que reciba Francisco dependerá si se abre un «nuevo ciclo» o no. De momento las navajas de Albacete parecen estar en alto contra Francisco: algunas guildas vaticanas y sus franquicias en el exterior intentarán impedir este nuevo itinerario que plantea, en diversos campos, el papa Bergoglio. Y no está descartado que, visto lo visto, pueda reproducirse la maniobra que puso en marcha la curia contra Celestino V encumbrando al sinvergonzón de Bonifacio VIII.         

 

 

Notas

 

 

 

(1)  Nicolás Maquiavelo. El Príncipe, Capítulo II. Colección Austral, página 38.

(2)              Giuliano Procacci. Introducción El Príncipe. Colección Austral. Página 10

   (3)     Nicolás Maquiavelo. El Príncipe, Capítulo VI.            Colección Austral, página 57.  



miércoles, 31 de julio de 2013

DEL ANATEMA AL DIÁLOGO

Gabriel Jaraba*

Querido tío Pepe Luis:

Ciertamente, como dices Francisco ha dado un paso al margen del constantinismo que muchos añoran y que Karol Wojtyla quiso recuperar, y con el que sueña gran parte de la conferencia episcopal española. Aunque posiciones semejantes estaban recogidas ya  en la constitución pastoral de la iglesia en el mundo de hoy, emitida durante el Concilio Vaticano II. Tengo en las manos el libro que la recoge, publicado en catalán en 1965, por la editorial Estela de nuestros añorados Alfonso Carlos Comín y Josep Verdura y me doy cuenta de que hay que explicar a los jóvenes que actualmente se sitúan en la izquierda que un día existieron en nuestro país revolucionarios que se reclamaban “comunistas en la iglesia, cristianos en el partido”, según la frase memorable de Comín.  Los actuales gestos y palabras de Francisco ponen en una situación difícil a los ultras de su parroquia –valga la redundancia— y pondrían también en ella a los reanimadores del anticlericalismo de izquierdas si no fuera porque aquellos tienen mejor oído para detectar las amenazas a su status quo.

¿Cuánto durará ese inesperado “aggiornamento”? Muchas gentes laicas creen que no se trata más que de gestos, porque la estructura jerárquica y su autoritarismo no pueden permitir que la iglesia de Roma cambie. Pero yo considero que el rasgo principal de las personas progresistas es precisamente la confianza en que las cosas pueden cambiar.  El “cuanto peor, mejor” conduce siempre a lo peor. Aunque lo de Francisco fueran gestos, en la sociedad compleja (la sociedad de la comunicación) no se da puntada sin hilo: los gestos han abierto nuevos horizontes a menudo insospechados (Gorbachov, Mandela, Obama) y lo que unos consideran mera apariencia otros lo analizan como indicaciones para el diálogo.

Las fuerzas resistentes al cambio suelen identificar mejor la naturaleza de lo que algunos progresistas consideran mera gesticulación. Las sentinas ultramontanas han colocado a Francisco en el punto de mira, y muchos de sus habitantes no tienen empacho en hablar de “sede vacante”, es decir, que no le reconocen como papa. Le consideran entregado a la teología de la liberación e incluso líder de la mítica logia masónica vaticana, en unos delirios basados en el  género literario cultivado por Leo Taxil, los Protocolos de los Sabios de Sión y el supremacismo blanco de la ultraderecha estadounidense. Pero a  ningún progresista le conviene que Francisco fracase, por el mismo motivo que hoy celebramos que Juan XXIII triunfara en cierta medida y por lo menos marcase distancias considerables con Pio XII.

Francisco no es lo que se suele llamar “un cristiano progre” aunque es progresista en ciertos aspectos, como el que ha motivado la información que reproduces, y conservador –o muy conservador— en otros, como él mismo ha aclarado en la última rueda de prensa celebrada durante  vuelo de regreso de Brasil a Roma, respecto a la ordenación de las mujeres, el aborto o la contracepción. Pero ha renunciado a la retórica de enfrentamiento, en esos asuntos y otros, limitándose a reclamarse de la ortodoxia (la ortodoxia actual, provisional). En el caso de las personas gays, por ejemplo, y su renuncia a juzgarlas o rechazarlas, ha sido consecuente con su llamada al diálogo como actitud central. Y es esa actitud dialogante y no beligerante la que puede terminar provocando cambios en las capas más duras de la estructura, pues los partidarios de esos cambios se encuentran dentro de ella. La acogida a los negros que malvivían en naves abandonadas del Poblenou por parte de una iglesia del barrio ha funcionado como una seda, y su rector, el cura periodista Francesc Romeu se ha acogido a la actitud de Francisco para justificarla, sin que del arzobispado haya surgido el menor reparo. Recuérdese lo sucedido hace años con los sin papeles que ocuparon Santa Maria del Mar y los pescozones que sufrieron los rectores de la basílica, mossèn Vidal  y mossèn Bigordà, otrora puntos de referencia de la parroquia de Sant Medir cuyo papel en la fundación de las CC.OO. catalanas fue importantísimo.

La iglesia de Roma deberá cambiar en lo referente a sus ideas sobre la concepción y contraconcepción, el sacerdocio (y episcopado) femenino y tantas otras cuestiones que se presentan como fruto de su magisterio pero cuya justificación teológica es problemática o incluso endeble. Tales cambios no vendrán concedidos desde la cúpula sino inducidos por los miembros de la estructura y por el abandono de la feligresía y, lo que es más importante, por la pérdida de influencia cultural. Y ese proceso de cambio va a beneficiar a todos. No solamente a los laicistas, que se librarían de presiones indebidas sobre el legislativo y el ejecutivo, sino a los propios creyentes de otras denominaciones, puesto que una consideración más positiva del catolicismo por parte del cuerpo social atraería la atención del público sobre la fe cristiana.

Los “soldados derrotados de Montini”, como se definió Jordi Pujol respecto a su condición de católico en pleno wojtylismo, nos alegraremos de una evolución semejante, incluso, como es mi caso, desde referentes católicos no romanos. Los beligerantes del integrismo lanzarán, de momento, una guerra de guerrillas para hacer tropezar a Francisco con sus propias palabras y acciones. Es de esperar que los puristas de la izquierda laica no ayuden, con la amplitud de miras que les caracteriza, a la tarea de zapa que se elabora en las sentinas ultramontanas. Para ello hay que confiar en el cambio y apoyarlo, porque no puede hacer más que beneficiarnos a todos.

* Profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona y periodista.  


Radio Parapanda. Gabriel Jaraba y José Luis López Bulla en EL PAPA FRANCISCO DEFIENDE EXPLÍCITAMENTE LA LAICIDAD DEL ESTADO

martes, 30 de julio de 2013

EL PAPA FRANCISCO DEFIENDE EXPLÍCITAMENTE LA LAICIDAD DEL ESTADO



Gabriel Jaraba*

Francisco, en las últimas jornadas de su viaje a Brasil, ha hecho una declaración que no  tiene precedentes en la historia del papado: una defensa explícita de la laicidad del estado, que reconoce a todas las religiones y no adopta ninguna posición confesional. Francisco sostiene que la convivencia entre religiones se ve beneficiada por la aconfesionalidad de las instituciones.

Francisco dijo que “la convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad”. Con ello, el obispo de Roma y primado de la iglesia católica romana se sitúa plenamente en el campo de quienes han venido defendiendo la concepción totalmente democrática del estado y al margen de las posiciones más ultramontanas de la iglesia de Roma, sostenidas aún por algunas conferencias episcopales, entre ellas la española.

Francisco se refirió también a la necesidad de que la política y la economía sean también democráticas: “El futuro nos exige una visión humanista de la economía y una política que logre cada vez más y mejor la participación de las personas, evite el elitismo y erradique la pobreza. Que a nadie le falte lo necesario y que se asegure a todos dignidad, fraternidad y solidaridad”.

Hay que notar que las dos declaraciones, tomadas conjuntamente, remiten al lema democrático y republicano “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, ostentado como divisa por los movimientos revolucionarios ilustrados, a los que la iglesia de Roma se opuso continuadamente.

Francisco se refirió también a la tolerancia, bajo la forma del diálogo: “Diálogo, diálogo, diálogo. El único modo de que una persona, una familia o una sociedad crezca es la cultura del encuentro, una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que aportar y todos pueden recibir algo bueno a cambio. El otro siempre tiene algo que darme cuando sabemos acercarnos a él con actitud abierta y disponible, sin prejuicios. Sólo así puede prosperar un buen entendimiento entre las culturas y las religiones, la estima de unas por llas otras sin opiniones previas gratuitas. Hoy, o se apuesta por la cultura del encuentro, o todos pierden”.

Si bien desde el Concilio Vaticano II la Iglesia Católica Romana había adoptado la mayor parte de los principios que inspiran las sociedades democráticas –sin aplicarlos en su propia estructura– esta es la primera vez que un Papa declara explícitamente su adhesión a los principios de la revolución democrática.

Foto: los zapatos viejos que usa Francisco.



Conversando con Gabriel Jaraba


Querido Gabriel, estoy de acuerdo con lo que escribes sobre Francisco. Y diré algo más: creo que, desde el campo de los intelectuales de izquierda, has sido el primero en situarnos, desde los primeros andares de Bergoglio como Pontífice (el que construye puentes)  –sin papanatería alguna—  el carácter de la personalidad de este hombre. 

Francisco ha llamado a la juventud a «armar lío», y como no es un Capitán Araña predica con el ejemplo organizando una fenomenal zapatiesta. Es posible, pues, que veamos cosas interesantes.

A mi juicio, Francisco ha abierto una potente cesura con la doctrinal tradicional de la Iglesia en sus declaraciones sobre la «laicidad del Estado». (¿Te imaginas la cara que pondría Palmiro Togliatti si lo hubiera oído?) Es, por tanto, una ruptura en firme de los vestigios del constantinismo que siempre estuvo en estado de latencia. Más todavía, la relación entre laicidad del Estado y el diálogo inter religioso es además una interferencia contra el resurgir agresivo de los movimientgos fundamentalistas que campan también en el corazón de Europa.

¿Dónde quedan ahora las tesis de Ratzinger, suscritas por Rouco y sus hermanos, acerca del acomodo y supeditación de las leyes civiles a los planteamientos de la Iglesia catóica? ¿Dónde quedan ahora aquellos que voceferan para asegurar su fe?

Y, comoquiera que todavía hay mucho de qué hablar (y más que se hablará porque Francisco dará seguramente mucho más de sí), me pregunto sobre el destrozo que este hombre ha hecho a todos los que, durante siglos –católicos, luteranos, anglicanos, etcétera--  han demonizado al maestro de Sant Andrea in Percussina, Nicolás Maquiavelo.

Querido Gabriel, ¿durará mucho este «nuevo ciclo» que se abre, al menos en Roma y sus amplios alrededores? Te saluda, con repiqueteos en la espalda, JLLB


jueves, 25 de julio de 2013

¿UNA AMNISTÍA PARA LOS CORRUPTOS?

Oigo en una tertulia vespertina de la Cuatro el siguiente comentario de un opinador: «Dentro de dos años se va a conmemorar el cuarenta aniversario de la coronación de Juan Carlos. Un grupo de empresarios, que se ha reunido con Rajoy, ha planteado que una forma de celebrar tal fausto sería la promulgación de una amnistía para aquellos delitos fiscales y, más en concreto, de la corrupción que están afectando a la mayoría de los partidos políticos». Ni quito ni poco rey; es lo que escuché con estos oídos que se va a comer la tierra.

Ignoro si el opinador va teledirigido o está aproximadamente bien informado; desconozco si la cosa tiene una pizca de fundamento o es un bulo consciente o inconscientemente amañado. Y, por no saber, no sé si esos boletines soi disant confidenciales lo están difundiendo o, cosa distinta, propalando. Si es una patraña, no hemos dicho nada. Pero el caso es que entra dentro de lo posible.

Entra dentro de lo posible que alguien haya hecho el siguiente razonamiento, aparentemente bien intencionado o con oscuros propósitos: el proceso político español, que viene desde 1977, corre el peligro de entrar en crisis definitiva con las cárceles atestadas de gentes de alta cuna y baja cama o de manos largas amonedadas. Así pues, borrón y cuenta nueva. Amnistía, pues como dejó cantado el coplero «la mancha de la mora con otra verde se quita».

Ahora bien, en el caso de que sea cierto y se produzca, aquí podría armarse la mundial. El beato Bárcenas y sus cohortes de oficio (unos de babor, otros de estribor) en la calle podría significar la consagración del Estado de cohecho y la demolición del Estado de derecho.

¿Es apropiado decir aquí el famoso sintagma renancentista  «paciencia y barajar»? Según y cómo. Mientras tanto sigamos a Tirso de Molina que dejó dicho:

Pues paciencia y barajar,
que poco puede tardar
de Sevilla quien desea
desenmarañar este enredo
y damos a conocer.  


[La villana de Vallecas]



lunes, 22 de julio de 2013

MICHELIN: trabajar menos para trabajar todos

Nota editorial. Quim González, como verá el lector, hace una propuesta a este blog. La acogemos con entusiasmo y así lo haremos. El resultado positivo de ello estará en función de las colaboraciones que recibamos. Por nosotros no quedará. Y, sin más preámbulo inauguramos el "espacio" Sindicato en el centro de trabajo

Frutos del árbol sindical  

Joaquím González Muntadas


Hace justo un año escribí y se publicó en este blog un artículo titulado "Que el árbol no impida ver el bosque" referido a la acción sindical y sus prioridades. Un año después, no estoy seguro de que hayan cambiado mucho las cosas, más allá del incremento del paro, más cierres de empresas, más falta de crédito, estrangulamiento y empeoramiento del I+D, asfixia de los centros e instituciones encargadas de desarrollarlo y desesperación de nuestros investigadores. Podríamos llenar páginas con los déficits que reclaman la atención del Sindicalismo Confederal, sin olvidar, por supuesto, los recortes en sanidad, enseñanza, incluso de algunos derechos civiles, lo que unido al deterioro del clima político y social, añade mayor carga a las ya débiles alas para el despegue económico necesario para la salir de la crisis.


Junto a todo ello, los centros de trabajo seguirán demandando de la acción sindical una atención del día a día. Atención a la organización del trabajo, a la profesionalidad, a la salud, a la igualdad.  Seguirán demandando respuestas, unas respuestas que parece que no se oyen, pero que seguro que en silencio se están dando ya día a día. En silencio, porque en pocas jornadas, seminarios, o cursos de verano, son materia central de estudio, de reflexión y formación. Y es algo que llama la atención, en comparación con otros países, como particular es el hecho de los escasos trabajos científicos, así como en comparación con otros países, la reducida edición de materiales de estudio e investigación sobre temas relacionados con la organización del trabajo, la salud laboral, la RSC y las políticas de igualdad, o las salariales, generadas por la acción sindical y la negociación colectiva.


Hay muy pocos ámbitos y foros que expresen como el blog “Metiendo Bulla” el interés por la contractualidad y la organización del trabajo. Los artículos de Miquel Falguera o los dedicados a Bruno Trentin y la Ciudad del Trabajo, son buenos ejemplos de ello. Por esto, sugiero al amigo José Luis López Bulla que considere la posibilidad de impulsar un espacio que recoja  experiencias, acuerdos, pactos y convenios que expresen que la realidad de la acción sindical es mucho más rica de lo que refleja la formalidad de los órganos de dirección de las organizaciones sindicales, las cátedras de derecho o las escuelas de negocios, y más rica que lo relatan algunos medios de comunicación. Un espacio que pueda ser un escaparate donde exponer experiencias que hoy quedan en la sombras del desconocimiento general, y que permita a los interesados conocerlas y profundizar en ellas. Porque hay cientos de ejemplos que merecen ser conocidos.  


Y para predicar con el ejemplo de dar a conocer experiencias y acuerdos que permitan resaltar el valor de la acción sindical y la negociación colectiva en muchas empresas, que nos certifican que, más allá de las leyes regresivas y los serios esfuerzos por debilitar el valor de la representación colectiva y de la acción sindical en el espeso bosque del mundo del trabajo, hay árboles que dan muy buenos frutos.

Paso a explicar junto con José Ignacio Léniz uno de estos frutos que la acción sindical ha construido, con especial protagonismo en este caso de CCOO, y en particular de su Sección Sindical en la empresa Michelin España.


MICHELIN: TRABAJAR MENOS PARA TRABAJAR TODOS

José Ignacio Léniz Azkárate  (Secretario General S. Sindical de CCOO Michelin)
Joaquim González Muntadas (Ex Secretario general de FITEQA-CC OO)


Michelin es una empresa dedicada principalmente a la fabricación y distribución de neumáticos. Su matriz se encuentra en Clermont Ferrand (Francia) y cuenta con un plantilla a nivel mundial en torno a 110.000 trabajadores. En  España tiene 4 plantas de fabricación situadas en Aranda de Duero (Burgos), Lasarte-Oria (Gipuzkoa), Valladolid y Vitoria-Gasteiz; una división comercial con su sede principal en Tres Cantos (Madrid) y tres grandes almacenes en Burgos, Subirats (Barcelona) y Seseña (Toledo), además de un centro de experimentación en Níjar-Cabo de Gata (Almería). En total alrededor de 8.000 trabajadores, con alta de afiliación  a algún sindicato.


Es un empresa con una larga historia de luchas sindicales y acuerdos, algunos de especial relevancia, lo que ha permitido construir unas relaciones laborales maduras que han representado una fortaleza en la extrema competencia interna de la multinacional, como lo demuestra que, tras la globalización de los mercados, la descolonización productiva, la profunda renovación tecnológica y las sucesivas crisis, España mantenga altos niveles de empleo con unos costes salariales similares o incluso mayores en algunos grupos profesionales que Alemania o Italia, pero con menor coste unitario, y por tanto con unos trabajadores más competitivos.


Michelin España es una empresa que pasó de, en el inicio de los años 80, no reconocer prácticamente el derecho a la negociación colectiva, a ser una de las más innovadoras en la gestión de las relaciones industriales y laborales.


Fue la primera que incorporó el contrato relevo como herramienta de rejuvenecimiento de su plantilla, resolviendo en el Ministerio de Trabajo muchos problemas de reglamento de una ley pensada para su uso individual y no colectivo, y que se extendió rápidamente a otras muchas empresas.


Innovador fue también el “Contrato fijo con jornada variable” pactado hace 15 años  cuando en las empresas de la automoción y sus auxiliares, se conocían porcentajes del 30 % y 40% de eventualidad para hacer frente a las fluctuaciones del mercado. Se trataba de un contrato fijo con base del 100% de la jornada, que en el caso de una bajada productiva importante, previa justificación a la representación social, la empresa se reserva una flexibilidad del 30% de la jornada. Una innovación contractual que ha supuesto un éxito total hasta la actualidad, favoreciendo la realización de más de cuatro mil contrataciones indefinidas en los 15 años que lleva aplicándose.


Innovador fue asimismo el “Plan de Reindustrialización y Recolocación” contemplado en el Plan Social del Acuerdo Sindical de cierre de la planta de fabricación de llantas en Aranda de Duero (Burgos). Respondiendo a criterios de Responsabilidad Social se comprometieron importantes esfuerzos en  personas, técnicos y económicos, que permitieron atraer a nuevas empresas a la misma ubicación que tenía la empresa cerrada, generando tanto o más empleo que el perdido. Con ello se dotó de sentido lo que a menudo se califica de Plan Social de Compromisos de Recolocación, que, como permite la Reforma Laboral, no pasa de ser un trámite administrativo más, en el que la empresa no espera gastar más que la ayuda en la confección del curriculum de la persona despedida.


A mediados del 2012, se agotaron los mecanismos internos de flexibilidad y Michelin planteó un ERE temporal, asumido por la representación sindical con el objetivo de "ganar" algo de tiempo, pero con la voluntad de intentar evitar que la gestión de la flexibilidad de jornada fuera siempre el recurso del ERE temporal. Tiempo que sirvió para proponer y promover una negociación, que se inicia, como era previsible, con una primera propuesta empresarial de sistema de 4 equipos, para facilitar una corredera de unos 70 días de flexibilidad en su apertura, y más capacidad de reacción ante posibles variaciones durante el año. Esta propuesta era muy poco original y muy cómoda de gestionar, conocida por estar muy extendida en la mayoría de empresas industriales para afrontar la gestión de la organización de la producción en los valles y los picos de la demanda, flexibilizando la jornada o el empleo.


La representación sindical la rechazó por las posibles consecuencias negativas en el empleo, que finalmente soportaba toda la propuesta y sobre el que gravitaba la flexibilidad de la crisis.


La Sección Sindical de CCOO, consciente que sólo el NO a la propuesta empresarial no era alternativa a las exigencias de flexibilidad horaria, construyó una alternativa que precisó tiempo, esfuerzo y mucha discusión, para persuadir a la empresa de que era posible regular y atender las necesidades de flexibilidad salvaguardando lo más valioso, el empleo, bien tan escaso en nuestro país.


CC.OO trabajó con sus afiliados y éstos con el conjunto de los trabajadores en círculos de discusión, reclamando aportaciones, ideas, sugerencias. Se inició la negociación con la empresa y ésta acepto el reto, valorando la propuesta sindical como un mayor esfuerzo para la mayoría de los trabajadores y trabajadoras de Michelin al no descansar, como sin duda hubiera sido lo más fácil, en los colectivos de trabajadores más jóvenes y en la contratación temporal.


La organización y la acción sindical, junto a la iniciativa y la participación, dan sus frutos y en abril de 2013 se firma el Acuerdo que la empresa ha denominado “Acuerdo Nuevo Sistema Variable, Evolución de los Sistemas de Trabajo”, pero que los sindicatos han decidido llamar “ACUERDO PARA EL REPARTO DEL TRABAJO Y EL MANTENIMIENTO DEL EMPLEO”, que expresa mejor el contenido de que, en una situación de crisis y tomando como punto de partida la flexibilidad de la jornada, se logre el mantenimiento de TODO el empleo existente en MICHELIN.


Un Acuerdo que mantiene los parámetros “tradicionales” de la producción, sin apenas repercusión sobre los trabajadores, quienes sólo en el caso de una situación de extrema  falta de actividad, empezarían a dejar de ganar una parte de su salario a la vez que reducen su jornada.


El Acuerdo ha recibido el apoyo de la mayoría de los trabajadores y trabajadoras de Michelin España, valorando que mejora la productividad y la competitividad de nuestras plantas, porque al optimizar la rapidez de maniobra en la gestión de los pedidos de fabricación, podría favorecer la asignación de más volúmenes de fabricación y por ello de más empleo.


Los trabajadores y trabajadoras de MICHELIN saben mejor que muchos gurús de la economía, que para lograr estas ventajas competitivas, la mejor fuente es la acción sindical y la negociación colectiva, y que desde el equilibrio en la interlocución entre empresa y trabajadores, y no desde leyes que desmotivan el diálogo, se puede alcanzar un Acuerdo como éste, cuyo resumen podría ser: "se trata de una idea muy simple, aunque con desarrollo complejo: TRABAJAR MENOS PARA TRABAJAR TODOS”.


viernes, 19 de julio de 2013

OFICIO DE TINIEBLAS EN CATALUÑA: NACIONALISTAS Y SOCIALISTAS

Sepan nuestros lectores que diversas familias políticas de Cataluña –CiU, los socialistas y los republicanos--  se han coaligado en el Parlament para que Agustí Colom no pueda ser miembro de la Sindicatura de Comptes, el organismo que fiscaliza las cuentas financieras. Un conchabeo inaudito, desde luego (1).

Que CiU no quiera a Agustí Colom cae dentro de la lógica. Que a ERC haya votado en contra puede ser explicable por su intercambio de mercancías con CiU, o sea, que tiene una aproximada explicación. Y entra en el campo de la retórica interrogarse sobre la postura del Partido Popular. Ahora bien, ¿cuál es el motivo de la postura de los socialistas catalanes? Hasta ahora tanto su grupo parlamentario como la cúpula dirigente no han abierto la boca. Como diría sir Alfred Hitchcok: «Silencio, se rueda».

Pero, a falta de lo que se llama explicación de voto no tenemos más pistas o indicios que bucear en la personalidad de Agustí Colom. Este caballero es profesor de Teoría Económica de la Universidad de Barcelona. O sea, profesionalmente tiene todas las trazas de estar preparado con suficiencia. Pero, ¿qué digo? Eso ya lo demostró a carta cabal en el ejercicio de sus responsabilidades como síndico anteriormente. ¿Entonces, cuál es el problema? La cosa está en que este caballero es asaz pejiguera: cree en la tarea que debe cumplir este tribunal de cuentas y, a lo largo de sus anteriores responsabilidades en la institución, ha emitido informes que provocaban ictericia en los poderes. Hablando en plata: no dio cuartelillo a ciertos escándalos financieros que se dieron en el campo de la sanidad pública catalana donde estaban implicados ciertos exponentes de la diversa zoología política catalana. Es decir, Colom no sólo era un aguafiestas sino una interferencia y la lejía contra ese barrizal al que técnicamente hay que llamarle «presunto».

Fíjense hasta qué punto este Agustí Colom es un personaje chocante que, cuando fue propuesto como síndico, hizo un comunicado público, coram populo, renunciando a su adscripción a Iniciativa per Catalunya. Esto es, lo contrario de lo que hizo Francisco Pérez de los Cobos en su comparencia en el Senado cuando fue propuesto como Presidente del Tribunal Constitucional. No contaba este Pérez que su militancia sería desvelada por los papeles del Beato Bárcenas.

Así las cosas, esta democracia está demediada por la corrupción de ciertos partidos políticos, de un lado, y por la corrosión del carácter de los organismos de control, que aparecen como prótesis de acompañamiento de tales partidos. No es,  por tanto, una crisis política sino esencialmente institucional.

Pero algo empieza a cambiar. Las manifestaciones de estos últimos días frente a algunas  sedes provinciales del Partido Popular expresan, todavía de manera incipiente, que algo empieza a moverse. En resumidas palabras, algo se mueve contra el burladero de la auto impunidad política.

Apostilla. En este caso concreto de la Sindicatura de Comptes, los socialistas han actuado de monaguillos de ese Oficio de Tinieblas liderado por Convergència i Unió.   




viernes, 5 de julio de 2013

BIENES DEMOCRÁTICOS Y REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN

El profesor Gerardo Pisarello define las conquistas del Estado de bienestar como «bienes democráticos». Esto es, les da un tratamiento similar a los derechos que –como las libertades políticas, civiles y sociales--  están contemplados en la Constitución. Quedamos, pues, en que unos y otros son bienes democráticos. Lo que me lleva a la siguiente consideración y, posterior, propuesta.

Sería impensable (al menos por ahora) que un gobierno, por muy termidoriano que fuera, intentara abolir o “privatizar” determinados derechos constitucionales –ciertos bienes democráticos como, por ejemplo, la libertad de expresión o el ejercicio de la huelga--   sin modificar la Constitución. Pues bien, siguiendo a Pisarello ¿por qué los gobiernos tienen manga ancha y discrecional para proceder a privatizaciones, a golpe de decreto, al devastamiento de amplias parcelas del Estado de bienestar y sus bienes democráticos?


Así pues, la Constitución requiere se modificada: necesitamos que los «bienes democráticos» del Estado de bienestar sea blindados al igual que los otros de naturaleza, digamos, inmaterial.      

jueves, 4 de julio de 2013

EL PRESTIGIO DE LOS SINDICALISTAS

Joaquim González coge el toro por los cuernos y, sin contemplaciones, afirma: «Pocas entidades y organizaciones sociales y políticas como nuestros sindicatos confederales están llamadas a analizar los bajos niveles de valoración que la sociedad española muestra hacia su trabajo y su función. Así lo expresa con toda crudeza la última encuesta del CIS y, lo que resulta más grave, así lo percibe en primera persona la militancia sindical cuando escucha de manera algo desmoralizante y con  gran decepción la opinión de muchos vecinos y amigos sobre el papel de los sindicatos y la imagen de los sindicalistas. No debería haber tarea más urgente y necesaria que restaurar la moral y la autoestima de los miles de hombres y mujeres que hoy sienten sus ideales agredidos y despreciado su trabajo cotidiano» (1). Nada que objetar a quien conoce, de primera mano, el paño.


Primer tranco


Una primera observación: nada hay nuevo bajo el Sol. Esta situación que puede espantar a las nuevas generaciones de sindicalistas se ha repetido ad nauseam a lo largo de la historia del sindicalismo. El sindicalismo, en efecto, ha sido un sujeto incordiante (y sigue siéndolo) y ello le concita no pocas enemistades. La primera y principal razón está en el  carácter de su personalidad: ser un sujeto independiente de todos los poderes económicos y políticos.  Sólo y solamente cuando ese carácter se ha diluido se ha mirado al sindicalismo de una manera con mayor o menor benevolencia. Por lo demás, vale la pena recordar a las generaciones veteranas y hacerlo saber a las nuevas que también desde ciertos sectores de la izquierda –desde las de matriz socialdemócrata hasta las más radicales— se ha contribuido en no pocas ocasiones a mermar o embadurnar el prestigio del sindicalismo. No nos estamos refiriendo a la crítica razonada sino a la gratuita acusación con los arreos espirituales del libelo panfletario.

Ahora bien, hay que decir con meridiana claridad que también el sindicalismo ha contribuido indirectamente a que su autoridad y su auctoritas estuviera en precario. Pongamos tres ejemplos concretos: 1) nunca explicamos, en los textos que editamos con los contenidos de los convenios firmados, la «biografía» de ese proceso, con los detalles de la negociación y la movilización, esto es, con la valoración que nos merecía el resultado final de los conseguido y la participación de los trabajadores en el conflicto; 2) nunca conseguimos que, en las sucesivas negociaciones sobre pensiones, apareciéramos como parte fundamental de los incrementos de ellas; y 3) no he visto el sindicalismo explicara, ni siquiera sobriamente, que los niveles alcanzados en los sistemas públicos de bienestar fueron fruto de la intervención del sindicalismo confederal. En suma, nunca se valoró el vínculo sindicato – trabajadores – sindicato como «religación» entre unos y otros, como en definitiva generador de las correlaciones de fuerza que condujeron a una conquista determinada.

Esta religación no explicada ha llevado a centenares de miles de trabajadores a considerar que aquellos derechos que disfrutan son el fruto de “relaciones institucionales” o, peor todavía, de cabildeos entre el sindicalismo y los poderes (ya sean empresariales o institucionales). Conclusión: lo que hay es fruto de un apaño, no de una acción colectiva en pos de unos objetivos.  Así las cosas, casi es de cajón –ante la ausencia de pedagogía pública--  que se mantengan bolsas de indiferencia y de hostilidad en importantes sectores asalariados, procedentes o no de lo que podríamos llamar populismo social.

O hay cambio cultural en ese sentido o nuestro prestigio quedará estancado.


Segundo tranco


Hasta ahora hemos hablado (parcialmente) del «ser sindicato». Vienen ahora unas pinceladas del «estar  sindicato».  Hace tiempo que me pregunto qué pinta el sindicalismo en determinadas instituciones. Pongamos por caso que hablo de la presencia del sindicalismo en ciertos consejos de administración. Yendo por lo derecho: nada. Peor aún, es una fuente de problemas. Creo que, ya lo dijo Toxo con relación a lo ocurrido en Bankia, que se está estudiando la retirada del sindicato de esos lugares. Pues bien, ¿se ha discutido ya? ¿a qué conclusiones se ha llegado?   


(1) SINDICALISTAS: pongo la mano en el fuego por vosotros



Radio Parapandahttp://www.1mayo.ccoo.es/nova/NNws_ShwNewDup?codigo=4311&cod_primaria=1168&cod_secundaria=1168: «Huelgas y conflictos en el siglo XX» por Helios Babiano y Javier Tébar.