miércoles, 13 de diciembre de 2017

¿Vamos a una repetición electoral en Cataluña?





Sólo las urnas llenas a reventar podrán impedir la repetición de las elecciones autonómicas catalanas del 21 de diciembre. Los números de las encuestas no pronostican un panorama claro de investidura. Un matiz: aunque las encuestas no son Palabrita del Niño Jesús sí indician que en la lotería electoral priman más las pedreas que el premio gordo. Crucemos, pues, los dedos.

No es inverosímil la repetición de las elecciones. Cantan las cifras y cantan las extremadas fobias políticas. Canta también la contaminación religiosa de que pactar es un pecado mortal. Si se repiten los comicios, vuelta a empezar. Pero no desde cero, sino desde la bronca acumulada de los últimos meses. Con el peligro evidente de que todo ello se convierta en inestabilidad crónica. Lo he apuntado en mi moleskine que, según dicen, es la madre de todas las agendas.

Si se repiten las elecciones habrá nuevas y más graves repercusiones para las personas de carne y hueso de Cataluña. La Vanguardia dice hoy que «Cataluña tiene al menos medio millón de trabajadores pobres; más de 234.000 trabajadores con sueldos que no llegan a 710 euros». Y no doy más datos para no acongojar al sufrido lector.

Ciertamente, la repetición de las elecciones sería un estropicio añadido a un confuso itinerario que, como hemos dicho en otras ocasiones, de volverse crónico, puede sumir a Cataluña en decadencia. Con repercusiones dramáticas para el mundo del trabajo heterodirecto. Por eso me parece preocupante la reciente declaración de la patronal bajollobregatense Pimec que, a estas alturas y con lo que está sucediendo, critique que las elecciones autonómicas del 21-D se celebren en día laborable por el coste que tiene para la economía catalana. Vuelo gallináceo. Porque introducir ahora esa variable, a cosica hecha, introduce una distorsión en el proceso electoral. A este sector del empresariado catalán le falta cuajo. Y le sobra pobreza de espíritu. Que conste, lo he escrito en mi agenda moleskine, la madre de todas las agendas. 


Radio Parapanda.--  http://mechinales.blogspot.com.es/2017/12/octavo-dia-de-campana-martes-12-de.html, dice don Manuel Gómez Acosta.


martes, 12 de diciembre de 2017

Bertold Brecht y el nacionalismo



Escribe El dómine Cebra


«El nacionalismo de los de arriba sirve a los de arriba. El nacionalismo de los de abajo sirve también a los de arriba. El nacionalismo cuando los pobres lo llevan dentro, no mejora, es un absurdo total».  Lo dijo Bertold Brecht.

Comoquiera que el afamado dramaturgo no añadió ningún topónimo al nacionalismo  es de cajón que se refería a todos: al de mar y montaña, al de cabotaje y al de altura, al de secano y al de regadío, al de con gas y al de sin gas, al de caspa y al de brillantina, al de calisay y al de chinchón seco,  al de trabuco y al de sotana, al existencialista y al postmoderno…, que de todas esas formas puede revestirse el nacionalismo.

Habrá, no obstante, quien vestido con la Túnica Sagrada llame botifler a Bertold Brecht. Con la fe del carbonero.


lunes, 11 de diciembre de 2017

Junqueras y Puigdemont (por orden alfabético)




Leídos los programas y oídas las declaraciones de los máximos dirigentes de las formaciones de Junqueras y Puigdemont, uno llega a la conclusión de que sus diferencias no son en tono menor. Así pues, el contraste no está en clave personal, aunque amigos –lo que se dice amigos--  no parecen serlo. En realidad, tampoco hace falta que lo sean.

Dos son las diferencias en do sobreagudo (do de pecho, vulgarmente) entre ambos. La primera: Junqueras entiende que las próximas elecciones cierran una etapa; como si dijéramos borrón y cuenta nueva; el hombre de Bruselas, a su vez, cree que se trata del mismo itinerario, ni siquiera una pausa. El primero se aproxima al realismo; el segundo se mantiene en una lucubración  testaruda. Junqueras intenta hacer política en un escenario nuevo; Puigdemont se aferra a la alcayata de las canciones de gesta. Junqueras,  el fotomatón de Companys; Puigdemont, el holograma de Macià.  

La segunda: de la lucubración de Puigdemont surge su legitimismo, que es contestado por ahora de manera elíptica y un tanto cortés por los de Puigdemont, pero que, a no más tardar, puede convertirse en más de una colleja poco afectuosa.  En efecto, de todo lo anterior se concluye que, Puigdemont debe ser investido president, aunque las elecciones las gana ERC.  

Estas diferencias –digamos oficiales--  se diluyen, no obstante, cuando los considerados teloneros de una u otra formación sacan la lengua a pasear. Entonces, todo se evapora y los de Anás y Caifás hablan indistintamente cuando se tira de catecismo o bien se impone el sincretismo  o bien reaparece la Cançó d´amor i de guerra.  

Ahora bien, estas diferencias entre uno y otro se vienen produciendo durante estos días. Pero si definitivamente la lista Puigdemunt sobrepasara, durante estos días, a la de Junqueras, posiblemente veríamos otra cosa. Tal vez desaparecería la aproximación al realismo de Esquerra acariciando otra vez la fábula y mayor radicalización  en la del hombre de Bruselas.


La veleta sigue girando.  


domingo, 10 de diciembre de 2017

«Soberanía alimentaria», dice la CUP



Es bueno leerse los programas electorales de los partidos que concurren a las elecciones autonómicas de Cataluña el próximo día 21 de diciembre. Por lo tanto, también es bueno leer el programa de la CUP.

Se dice que el papel lo aguanta todo. Incluso, diríamos nosotros, la fantasía. Desde luego, la ensoñación de los fraticelli es inconmensurable. He aquí tres pespuntes del programa electoral de la CUP.

La CUP dedica un apartado a “soberanía alimentaria y recuperación del sector primario”, en la que se leen numerosas propuestas, entre ellas conseguir que Cataluña no dependa de productos de fuera de su territorio para alimentar a su población.
En el programa electoral se puede leer: “Es imprescindible una ruptura constituyente que garantice la alimentación como derecho real”.
 Es necesario que la República catalana ejerza la soberanía alimentaria, priorizando los productos catalanes e implantando aranceles a la entrada de alimentos exteriores que pueden ser cultivados en los Países Catalanes”.
La «soberanía alimentaria». ¿Hay quien ofrezca más? Atención al vínculo que se establece entre «ruptura constituyente», «alimentación como derecho real» y la «república catalana».  
Un analista grosero afirmaría que estamos ante un caso de manifiesta diarrea mental. Un servidor, más educado, diría que esa y otras formulaciones son fruto de cabezas llenas de pájaros. En todo caso, se supone que es un programa elaborado colectivamente, lo que incluiría al plantel de sus intelectuales orgánicos.  Con tales profesores empiezo a entender mejor el llamado fracaso escolar. Y también algunas de las patologías políticas de la sociedad. Patologías de campanario. Lo extraño es que se hayan olvidado de la soberanía meteorológica. Tiempo al tiempo.
Apostilla.— En el mundo de la globalización la CUP está proponiendo la autarquía y que Cataluña pueda dar de comer a los frailes del país con los productos de la huertecilla del convento.



Miquel Iceta bailando como Fred Astaire




Marta Rovira, la dama triste de ERC, ha echado en cara a Miquel Iceta que bailara mientras estaban en la cárcel algunos dirigentes políticos catalanes. Sancta simplicitas!  El tito Wyoming dio en la tecla: «Señora, esto es una campaña electoral no un  funeral».

Todavía no me explico por qué no se puede bailar en esas circunstancias. Y no entiendo por qué Iceta no puede darle alegría a su cuerpo, incluso si Junqueras y sus amistades permanecen, desgraciadamente, en prisión. A menos que no se vea la diferencia entre un velatorio y un litigio electoral.

Esto me lleva a recordar una anécdota de cuando celebrábamos el Tercer Congreso del PSUC en Lisieux (Normandía) a finales de 1972. Los camaradas franceses nos prepararon una magnífica cena de Nochevieja. En una mesa departíamos alegremente Gregorio López Raimundo, Josep Serradell (Roman), Miguel Núñez, un camarada de Mataró (al que llamaré AV) y un servidor. A media cena me dice AV cuchicheando: «Oye, ¿no te parece poco serio que os estéis atracando de ostras mientras los yanquis sueltan toneladas de bombas en Vietnam?». Pegué un puñetazo en la mesa y granadinamente le dije a AV: «Oye, malafollá, cada domingo te atracas de ostras en can Dimas y ¿ahora me dices eso a mí, que en mi puñetera vida he comido ostras?». Gregorio, que ya estaba un poquito sordo, no oyó nada. Y siguió a lo suyo. AV olvidó lo de las bombas y casi nos deja marisco a los demás comensales. Toda una sensata aplicación del materialismo dialéctico.  

En resumidas cuentas, también en el gran PSUC había algunos chuchurríos. Y es que la malafollá siempre estuvo –de hecho lo sigue estando--   desigualmente repartida. Y es que hay quien se empeña en acumularla. Cosas de los tristes.

Apostilla. Mientras la dama triste se mete con Fred Astaire, el hombre de Bruselas le va soplando el cogote a Esquerra. Coste de oportunidad.






sábado, 9 de diciembre de 2017

Miquel Iceta, el carpintero que necesita Catalunya

Escribe Joaquím González Muntadas
Director de Ética Organizaciones SL



Ha empezado la campaña para las elecciones del 21D, así que cada candidato o candidata ha centrado su mensaje y sus promesas respondiendo, por supuesto, a su ideología. Pero, además, dadas las particulares circunstancias que durante estos últimos años estamos viviendo en Catalunya, el eje electoral lo marcan especialmente las diferencias    de dónde encuentra y explica cada cual las razones del conflicto que  estamos viviendo, así como sus soluciones. 

Unos entienden que el conflicto es entre territorios, entre un Estado reprensor y un territorio ocupado y oprimido. Otros lo explican por el caduco, dicen, Régimen del 78. Otros afirman que la solución, tan pronto se derrote electoralmente a los partidos independentistas, vendrá sola.

Pero hay un candidato,  por suerte, que  huye de la simplificación y nos advierte que no es suficiente con derrotar electoralmente a los partidos independentistas. Que además, insiste, es preciso derrotar al sectarismo que habita entre nosotros y que cada día se extiende y recrudece más. Que entiende que es preciso y urgente restaurar la fraternidad y la normal convivencia social hoy muy arañada. Que es urgente construir puentes y derribar esos muros, cada día más altos, que dividen a la sociedad catalana. Que la solución no vendrá de la mano ni de héroes, ni de mártires, ni tampoco de magos llenos de supuesta buena voluntad que piensan que por la sola negación del problema éste desaparecerá. 

El problema social que tenemos es tan grave y complejo que precisa de la mano de  un buen operario para cerrar de una vez este largo ciclo de rauxa y entrar de lleno, ya es hora, en el ciclo del seny. Como explicaba el maestro de historiadores Jaume Vicens Vives (1910-1960) en su libro NOTICIAS DE CATALUNYA, escrito en 1953, esos dos resortes sicológicos colectivos han estado presentes a lo largo de nuestra historia. Y han provocado que tras la rauxa que ha impulsado las numerosas revueltas y revoluciones fracasadas, vividas a lo largo de la historia de Catalunya, la reacción de esta sociedad ha sido siempre recuperar “el seny”, y con ello, nos dice Vicens Vives: “dejar y cambiar el arma de la causa perdida por la herramienta del trabajo de cada día para construir el reagrupamiento del país hacia su refugio esencial que es el trabajo, el que, de verdad, entierra decepciones y despierta nuevas esperanzas”.

Para abrir este necesario nuevo periodo, para provocar este cambio en la sociedad catalana, necesitamos un buen operario. Necesitamos un buen carpintero que construya esos puentes imprescindibles para recuperar el pulso de una sociedad normal y moderna. Necesitamos puentes para enterrar de una vez los pitidos dedicados al que piensa contrario y guardar las banderas. Necesitamos que  vuelvan a la primera página de los periódicos los problemas graves que tenemos en la enseñanza y también los éxitos que cosechamos en el campo de la investigación sanitaria. Necesitamos que vuelvan a ser noticia las luchas sindicales por la mejora de las condiciones de trabajo, y la de los vecinos por unos barrios y ciudades más limpias, sanas y habitables. Necesitamos estremecernos y reaccionar ante la noticia de que  cientos de personas mueren semanalmente ahogadas en el Mediterráneo, etc. 
  
Necesitamos puentes para que mi amigo Canals vuelva hablarse con su nuera, para que a mi amiga Noemi le vuelva apetecer ir a cenar con sus amigas del alma porque el tema de conversación vuelva a ser el de sus hijos, sus suegras, el trabajo o las vacaciones. 

Necesitamos puentes para recuperar la afección mutua entre las sociedades catalana y del resto de España, que en otros periodos nuestra historia común ha sido profunda y fraternal. Y que ahora estamos en riesgo de perder.


Por esto necesitamos buenos operarios de la política, para que el día después del 21 de diciembre se pongan a “construir puentes y no trincheras ni fronteras” en frase textual de Miquel Iceta.  Quien, por lo que ha venido demostrando en estos años en el Parlament y defiende en su programa de gobierno, bien podría ser el mejor operario carpintero que hoy necesita Catalunya para que dejemos de recordar jornadas históricas que no lo fueron, y de esperar nuevas derrotas que no se deberían volver a repetir.

viernes, 8 de diciembre de 2017

La manifestación de Bruselas

En esta ocasión los Comunes han sido meridianamente claros: «No hemos estado en Bruselas porque eso era un acto electoral». Y efectivamente no fueron. Diana de los Comunes

Pues sí. Bruselas ha sido el escenario de una importante manifestación de apoyo a Puigdemont. La mayoría de los asistentes coreaban el nombre de este caballero en una mañana con un frio de perros muy bruselense. Quien ideara ese golpe de efecto sabía muy bien lo que hacía. Apoyo a la lista electoral de Puigdemont, pone en un brete a Esquerra Republicana y sabiendo que la CUP acudiría perinde ac cadaver ya que se apunta a cualquier bombardeo. En definitiva, capitalizando el ´exilio´  de su primer espada, mientras que los de Junqueras no acaban de rentabilizar el encarcelamiento de su líder.

Un buen golpe de efecto, todo sea dicho. Lo que demuestra que la lista de Puigdemont se mueve con más versatilidad que la de Esquerra, que va apareciendo como ni chicha ni limoná. Que observa hasta qué punto se recorta su distancia en las encuestas con los del hombre de Bruselas. Esquerra Republicana que todavía no ha salido del estupor que provocó Marta Rovira, desconocedora del número de parados de Cataluña en la conversación con Inés Arrimadas, que tampoco aparecía informada sobre el particular. Todavía más, Esquerra que presta sus teloneros en Bruselas (Antoni Comín, de te fabula narratur)  a la mayor gloria de Puigdemunt.

Un golpe maestro de los de Puigdemont. Y una advertencia en toda regla a la posibilidad –tanto si es real como si se trata de un infundio-- de que haya pacto, tras las elecciones, entre ERC, Miquel Iceta y los Comunes.

Y mientras todo ello ocurre, saltamos de alegría: los trabajadores de Valeo y Comisiones Obreras han conseguido tras su lucha, en el Vallés Oriental y no en Bruselas, una victoria: https://www.pressreader.com/spain/la-vanguardia-1%C2%AA-edici%C3%B3n/20171208/282870846154696.  Ahí, ahí. Por ahí.




jueves, 7 de diciembre de 2017

Historia de los movimientos de emancipación



La historia de los movimientos emancipatorios es fascinante. Mejor dicho, las historias. Hay muchos estudios sobre ese particular. Un servidor había estudiado todo el periodo que va desde el siglo XVII hasta nuestros días en las siguientes obras: “La hidra de la revolución, marineros, esclavos y campesinos en la historia oculta del Atlántico” (Peter LinebaughMarcus Rediker) y las investigaciones de Beatrice y Sideney Webb (“Historia del sindicalismo”) que van desde finales del XVII hasta mediados del siglo XX. Ni qué decir tiene que hay otros estudios importantes. Cito estos por considerarlos los más emblemáticos de dichos periodos. Ahora, en los últimos meses, he ampliado la lectura y me he ido más atrás. Se trata de En pos del milenio, Revolucionarios milenaristas y anarquistas místicos de la Edad Media(Daniel Cohn). Con este título tiene ya el lector una idea aproximada de qué va el libro.

¿Se trata de un prurito por saber? No sólo ni principalmente. Lo que deseaba conocer era los hilos conductores de la historia de los movimientos de emancipación, sus constantes, sus discontinuidades. En definitiva, un itinerario fascinante, estudiado por historiadores solventes.


Hay que leer estos libros. Mejor dicho, hay que estudiarlos concienzudamente. Con los codos encima de la mesa, papel y lápiz para tomar apuntes. Y, comoquiera que vienen tiempos de regalos, mi sugerencia es: regálese usted uno de estos libros. Y, en todo caso, ahí está la biblioteca municipal para sacarlo y ponerse manos a la obra. Que luego no se diga. 


«La comida de la cárcel es mala»

«La comida de la prisión es flatulenta», dice un político catalán tras salir de la cárcel a un medio. Y otro le acompaña: «Todas las comidas eran grasientas, sabían a lo mismo». Dos políticos que, como los demás del mismo expediente, nunca deberían haber ingresado en la prisión. A lo largo de muchos años, ya en democracia, nunca he oído a ninguno de mis amigos y compañeros quejarse de la comida de la cárcel. Que, en aquellos tiempos, era muchísimo peor. Por supuesto, la de ahora es mala, especialmente para aquellos de gustos sofisticados. Debe ser tan mala la de Soto del Real como la de Can Brians, inaugurada por el Govern de la Generalitat el año 2007. La comida de Can Brians nunca ha sido comprobada por los recientemente excarcelados.


Que levante la mano quien haya oído a Marcos Ana referirse a la pitanza de la cárcel. O a Marcelino Camacho, Ángel Rozas, Cipriano García, Eduardo Saborido a cualquier otro. Los problemas de la cárcel eran otros. Por supuesto, hay que mejorarla. En fin, los ahora puestos en libertad han hecho otro descubrimiento.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

«¡A por ellos!». Estampas electorales catalanas




Guerra de estadísticas

Una campaña electoral sin estadísticas es como un patio sin macetas.  Estamos en plena guerra de estadísticas. Dicho lo cual, me malicio que esta pugna no es inocente. Dicho de otro modo: las estadísticas son lucha electoral por otros medios. Pero podría ser que voy acumulando suspicacias por encima de mis posibilidades.

Todos saben que esos artificios expresan una parte de la realidad. Sin embargo, cuando aparecen y se ve que los nuestros, sean estos los que fueren, tienen un determinado resultado entran retortijones que ponen en un serio aprieto los intestinos de cada quisqui. Y fragor de cagalera en otros.

Es del Cromañón  y se llama Albiol

El primer acto electoral del Partido Popular terminó virilmente. Es decir, con los testículos en la garganta del candidato. Contundente retórica de hooligang diplomado: «¡A por ellos!». Un lema de antropofagia política. Tertulianos de garrafón han señalado que el regüeldo del orador iba dirigido a los independentistas. Pero voces más espabiladas me han indicado que realmente la cosa iba dirigida a Ciudadanos, que lo va a dejar sin patio de recreo ni postre. Lo que podría ser un aviso para toda España. Albiol o el Rajoy Chico. Hay que convenir que, afortunadamente, donde M punto Rajoy pone el ojo indica el fracaso del señalado. Al menos en Cataluña. De ello nos congratulamos.


Radio Parapanda.--  https://mechinales.blogspot.com.es/2017/12/soluciones-ahora-iceta.html, habla Manuel Gómez Acosta.


martes, 5 de diciembre de 2017

Preguntas incordiantes



Escribe El dómine Cebra*

Algunos conocidos no paran de preguntarse por qué se vota tanto al Partido Popular. Un servidor, cansado de tanta cantinela, les exhorta a cambiar de interrogante. Esto es, ¿por qué se vota tan poco a los nuestros? Esta es, según parece, una pregunta inquietante que, por lo visto, no sienta bien. Y, sin embargo, tal vez ahí esté la madre del cordero.

«Si no cabe ir de pié / iremos de cabeza», decía un coro, aparentemente jocoso, en el Fausto (de Goethe). Pues bien, no preguntándonos por qué nos pasa lo que nos pasa nos hace ir de cabeza. Iremos de cabeza si confundimos la fe con las convicciones. Porque es la fe la que impide que nos interroguemos a calzón quitado acerca de nosotros mismos. La fe no admite preguntas. Así que tirar la fe por la ventana es, a mi juicio, un primer paso para robustecer las convicciones y dar paso a las preguntas benefactoramente incordiantes. O sea, preguntas de regadío y no de secano.

Una sugerencia: hay que hacerse preguntas, incuso las que promuevan respuestas por encima de nuestras posibilidades. Es lo que hacemos los encofradores cuando las cosas no nos salen como habíamos pensado. 


      ·    El dómine Cebra es encofrador. Desde Dehesas Viejas (Montes Orientales). 




lunes, 4 de diciembre de 2017

Ese inquietante de Jordi Évole



"¿Saben cuál es la tasa de paro de Cataluña?

Inés Arrimadas: 19 o 20%.
Marta Rovira: Estoy de acuerdo.
Respuesta: Es del 12'5%"

"¿Cuántos refugiados acoge actualmente Catalunya?”

Inés Arrimadas: No se puede saber
Marta Rovira: Entorno a unos pocos centenares.
Respuesta: 1169 refugiados"

"¿Cuántas mujeres han sido asesinadas?

Inés Arrimadas: no lo sé
Marta Rovira: no..."

Las preguntas las ha formulado un inquietante Jordi Évole; las inquietadas son dos señoras que aspiran a regir los destinos de Cataluña a partir del día 22 de diciembre. 
Hay que disculpar a estas dos damas. El paro, la violencia de género y la inmigración son temas irrelevantes. Aquí lo de más tronío es el dulce encanto de la mesocracia y la reyerta por los trapos en forma de banderas. Lo demás, parece ser, es caca de la vaca. Eso sí, la culpa la tiene Jordi Évole que es un entrometido. 




domingo, 3 de diciembre de 2017

Cataluña, 21 de diciembre: borrón y cuenta nueva

El independentismo no tiene claro qué es eso del 21 de diciembre. Portavoces oficiales de Esquerra dijeron que van a organizar un  recuento paralelo; ahora Elsa Artadi, directora de la campaña de Carles Puigdemont, suelta otra perla que viene a llenar de tizne las próximas elecciones autonómicas. La dama propone que «la democracia pasa por restablecer las instituciones catalanas, y, por lo tanto, nuestro candidato tiene que ser siempre el president Puigdemont». Falso, tan falso como los antiguos duros sevillanos. El día que explicaron qué era la democracia, la Artadi hizo novillos.

La dama está diciéndole a Esquerra Republicana que el candidato debe ser (tiene que ser) el hombre de Bruselas. Es una manera de presionar a los de Junqueras, que es previsiblemente el candidato numéricamente mejor situado dentro del bloque del pueblo santo. Sea como fuere las palabras de la Artadi denotan la defectuosa relación entre elecciones y democracia. Que es cosa que va de parejo con la peculiar idiosincrasia del hombre de Bruselas. Pero que también conecta con sentimientos y emociones del pueblo santo. Esquerra, una organización (aparentemente) más laica no lo ve de esa manera. Pero calla y aguarda el resultado del reparto de la túnica sagrada.

Tras las elecciones autonómicas el reparto de la túnica será lo que digan los retales de la prenda y de los acuerdos que se tomen.   Pero, en principio, nada hay que restablecer. Tras el 21 de diciembre: «bon vent i barca nova», que decían los pescadores del litoral. O, los frailes medievales: «borrón y cuenta nueva».


En todo caso, vale la pena considerar que tampoco la Altadi ha asumido el carácter de las próximas elecciones y, como han dicho no pocos de su correligionarios, el fracaso de la hoja de ruta del independentismo. Y, por lo pronto, no parece dispuesta a escuchar el consejo de Jordi Amat: «el procés ha de huir del relato y volver a la realidad». A lo que la dama podría responder desparpajadamente: «¿Para qué queremos la realidad si tenemos el relato?».

Radio Parapanda.--   http://mechinales.blogspot.com.es/2017/12/cataluna-unidad-de-destino-en-lo.html, dice Manuel Gómez Acosta. 


sábado, 2 de diciembre de 2017

Hay que colgarles



Al independentismo se le ha helado la sonrisa cuando ha comprobado que el Estado no es un convento de ursulinas. Ya lo dijeron Maquiavelo y Hegel, pero los grupos dirigentes del pueblo santo se hicieron el sordo. Peor todavía, a ciertos grupos les ha salido la sonrisa de hiena y sacado lo peor de sus adentros. Desde este mismo blog alertamos de la emergencia de una nueva pulsión: los gritos en demanda de auxilio a Terra Lliure de parte de grupo de manifestantes en la última manifestación barcelonesa. No bastaban, pues, las sonrisas, era preciso volver a las pistolas de Terra Lluire.

Lo que viene a cuento porque un grupo de alguna franquicia de asimilados a Terra Lliure, o esta misma organización, ha colgado en todo lo alto de un puente de la carretera de Tona a Vic unos monigotes que simulan ser ahorcados por votar a los partidos adversos al independentismo. No, de ninguna de las maneras; no son sonrisas todo lo que reluce en el independentismo. Ahora se ha pasado al linchamiento, que ya no está físicamente en las llamadas redes sociales. Está físicamente en la realidad como aviso macabro.


De momento ninguna formación política independentista ha dicho oxte ni moxte sobre los linchamientos. No hay que desanimar a nadie si se quiere hacer un pleno el día 21 de diciembre. Todo es válido para poner en tensión la escatología: desde las sonrisas de las ursulinas hasta la acción asesina de los escuadristas. Ahora bien, si alguna de estas fuerzas políticas agradecidas dijeran algo sobre el particular sería cosa de analizar bien lo que digan. Peligro de decadencia en Cataluña. De decadencia moral. 



jueves, 30 de noviembre de 2017

Del Dedo de Artur Mas al dedo de Puigdemont

El Dedo de Mas le ungió y en dedo se ha convertido Carles Pugdemont, el hombre twitter. Un dedo que ha conseguido su propio territorio. Es parte de la tradición política: quien designa con el Dedo acaba siendo desbordado. También le ocurrió a Aznar con M punto Rajoy. Pero, a decir verdad, no se puede considerar al hombre twitter como una hechura de su benefactor. Puigdemont es él y sus particulares circunstancias.

Mas es el exponente de la vieja Convergència, también fue designado por el otrora poderoso Dedo del Viejo Patriarca. El hombre que pasó de considerar «el nacionalismo como algo oxidado» al independentismo como refugio confortable de todos los tres por ciento que han sido, son y serán. Carles Puigdemont es el resultado de la alquimia de un Mas atribulado por los fatricelli de la CUP y la media sonrisa de los de Esquerra Republicana que querían su retiro al monasterio. Artur Mas o la rosa de Alejandría: neoliberal de noche e independentista de día. Puigdemont erráticamente atolondrado, que en Cataluña se llamaría un esbojarrat. Con tintes de niño revoltoso de patio de  colegio de pago. Artur Mas o la autosuficiencia de las élites barcelonesas; Puigdemont o la ancestral suspicacia de las lejanas comarcas catalanas frente a can Fanga, que así denominan a Barcelona, poco temerosa de Dios, Nuestro Señor. En suma, la vieja política de Mas y la predicación de Puigdemont que se acerca peligrosamente a una simbiosis de poujadismo y qualunquismo. De dañina memoria.


El procés ha fracasado. Sus motivos no interesan a Puigdemont. Es más, ni siquiera admite que haya fracasado. De ahí que mantenga a machamartillo su metafísica, adobada ahora con otros ingredientes que, tal vez, estaban en su recámara. El dogma ni se transforma, ni se destruye, porque dejaría de serlo. Esta es la esencia de su Vulgata. Y es esto, precisamente esto, lo que le confiere un vínculo de emoción con amplias capas de la sociedad catalana. Las del nosaltres sols. Que aflora cíclicamente en los momentos de crisis superpuestas. Puigdemont es la expresión de ello, de algo que estaba dormido o que estaba de parranda.


miércoles, 29 de noviembre de 2017

Cataluña, un Pacto contra la decadencia

El 22 de diciembre se sabrá a quién le ha tocado el premio gordo de la lotería y a quienes la pedrea. Otros se quedarán como el gallo de Morón. Es el día después de las elecciones autonómicas catalanas. Mientras tanto, cada formación política compra décimos de lotería para que la ley de probabilidades le sea más indulgente. En ese interregno subirá el diapasón de los decibelios de todos los candidatos, el chillerío de los alazones y el toreo de salón de las primeras figuras. Vale, es el peaje obligado. Paciencia: esperar y barajar.

Después de las elecciones tendremos durante un tiempo la consabida subasta post electoral. Los más aventajados cantarán que el patio de su casa es particular, porque cuando llueve no se moja como los demás. Y llegará el momento de intentar formar gobierno. Los socios del nuevo gobierno se cantarán entre ellos aquella vieja copla: «Esto no tiene remedio / por exceso de cariño / siempre estamos discutiendo».

Digamos, pues, que ya hay gobierno. Sea el que sea. No nos atrevemos a pedir que se haga borrón y cuenta nueva, pero sí tenemos la osadía de exigir –de exigir, he dicho--  que se entre en una fase de reconstrucción de todos los innumerables desperfectos que se han producido en Cataluña en los últimos años. Andreu Claret, con punto de vista fundamentado, ha propuesto un Pacto Nacional contra la Decadencia. No es una exageración. De seguir como hasta la presente se puede entrar en un proceso de colapso y decadencia. Y, pasado un cierto tiempo, tendremos que formularnos la pregunta existencialista de «¿cuándo se jodió Cataluña, Zavalita?

Al hilo del acuerdo con Andreu Claret situaría unos pre requisitos: un código deontológico de las relaciones entre los partidos políticos; unas consideraciones sobre el carácter del pacto; y unas cuestiones que, por comodidad, llamaré técnicas.   

A.--  Sería deseable que la controversia política se caracterizara porque tuviera la misma cortesía con que los dirigentes se tratan en privado. Que la legítima (y necesaria) confrontación, incluso áspera, rehuyera los tonos de bronca tabernaria, de esta manera tal vez se irían rebajando los decibelios del paroxismo que existe de una parte de la sociedad catalana contra la otra.

B.--  El pacto que se propone debe estar inmerso inexcusablemente en el terreno de la innovación—reestructuración de los aparatos productivos y de servicios, en el mundo real de la globalización. Con especial tratamiento a la innovación tecnológica en un retroceso crónico (ver la foto).

C.--  El mencionado pacto debería contar con su correspondiente comisión de verificación y seguimiento periódicos.

Hemos dicho que la situación económica de Cataluña empieza a ser inquietante. Y diré más: la cosa puede empeorar. De manera que, tras la formación del nuevo gobierno catalán, sea el que sea, es obligado entrar de lleno en una línea de conducta, de acuerdos. De arremangarse. Los sujetos activos, protagonistas, de lo que se reclama serían los partidos políticos, los sindicatos y las organizaciones empresariales. Quien tenga miedo o prevención estará haciendo dejación de sus responsabilidades y funciones.

Así pues, hasta las elecciones chíllense, llámense el nombre del puerco, péguense en las espinillas todo lo que quieran. Pero, a partir del día 22 de diciembre, entren en cordura. Un avisado sindicalista, Pedro López Provencio, dejó escrito ayer en este mismo medio un importante caudal de temas para esbozar ese acuerdo que se propugna: http://lopezbulla.blogspot.com.es/2017/11/que-votar-el-21-de-diciembre.html.


Finalmente, me pregunto si habrá algún candidato que plantee esto –o algo parecido--  durante la campaña electoral.

martes, 28 de noviembre de 2017

¿Qué votar el 21 de diciembre?

Escribe Pedro López Provencio                        


Tal vez el virus del nacionalismo sea como el del herpes que, tras la curación de las lesiones, puede persistir latente en el organismo y reaparecer de nuevo en otro momento, siempre inoportuno. Y ocasionar nuevos inconvenientes y sinsabores.  Sin embargo, hay que confiar en lo que nos dijo Juan Goytisolo “el hombre no es un árbol, no tiene raíces, tiene pies y camina” y la Humanidad es capaz de encontrar remedios para sus males.

El nacionalismo catalán que venimos padeciendo, y que parece haber acabado en su expresión más extrema, nos ha deparado al final, entre otros, los siguientes eventos:
Una declaración unilateral de independencia (DUI) y una proclamación de la República catalana sin valor jurídico alguno. Puesto que se realizó sin competencia para ello, sin el quórum necesario y en la exposición de motivos del documento que se sometió a la aprobación del Parlament. Esto último con la probable intención de eludir responsabilidades en el Estado del que se simulaba independizarse.
A continuación el President se marcha, sin ni siquiera arriar la bandera del Estado del que supuestamente se separa. Al día siguiente come tranquilamente en un lugar público de Girona y se pasea entre sus convecinos, que lo aclaman como si fuese un héroe. Poco después aparece en Bruselas, junto a otros miembros de su Govern, en busca del amparo de la Unión Europea que los ningunea sin compasión.
No tardan en reconocer que no tienen ninguna de las prometidas “estructuras de Estado republicanas” preparadas para funcionar. Durante más de dos años han estado mintiendo, despilfarrando dinero público y engañando a muchos catalanes. Y, que una buena parte de éstos aceptasen de buen grado el engaño y se manifestasen masivamente, no es en modo alguno una atenuante y mucho menos una eximente.
Contrariamente a lo que afirmaban, varios miles de empresas trasladan su domicilio social y fiscal a otros lugares de España. Disminuye la actividad económica y aumenta el paro. La desigualdad y la pobreza siguen cronificándose en Cataluña. La desconfianza se generaliza hasta el punto que muchos depósitos bancarios se trasladan a agencias sitas en otros lugares de España.
El Rey ejerce las únicas funciones efectivas que ostenta. Fedatario de los Actos de Estado y representante de postín del mismo. Por eso notifica públicamente que no es aceptable la desmembración de España a las bravas y que se adoptarán las medidas legales oportunas. Adviértase la diferencia con el Caudillo que sí ostentaba todo el Poder del Estado.
Se usa el artículo 155 de la Constitución, tal como lo acuerda el Senado y lo interpreta el Gobierno central. Toda la estructura del Govern de la Generalitat lo acepta de facto. Se produce la disolución del Parlament. Se cede el control de la Administración y la dirección de la policía autonómica, Mossos d’Esquadra, al gobierno del PP. Asimismo todos los partidos políticos, incluidos los nacionalistas e independentistas más extremos, declaran que concurrirán a las elecciones autonómicas convocadas por el gobierno del PP al amparo del denostado 155. Eso sí, despotricando a gogó para consuelo de feligreses y victimismos varios.
Algunos miembros del destituido Govern de Catalunya ingresan en prisión provisional. Porque se les acusa de graves delitos y, sospecho, por desdeñar a quien personifica el Poder Judicial. Persistiendo en el aparente desacato y creyéndose por encima de la Ley que no les gusta. Solo se libran quienes aceptan estar sometidos a la Ley y al Derecho en el ejercicio del poder y de la función pública.
Ningún Estado ni organismo internacional reconoce a la “nueva república independiente”. La Unión Europea rechaza de plano la secesión e impide la instalación de la Agencia Europea del Medicamento en Barcelona que, meses antes, parecía segura.
También es posible que se haya conseguido despertar alguno de los peores enconos del nacionalismo español. Y algo inesperado. No hace mucho era inimaginable ver en Barcelona a cientos de miles de personas luciendo desacomplejadamente la bandera rojigualda. Tan ajena a nuestros postulados tradicionales. Llevadas mayoritariamente por buena gente, tan buena como muchos de los que portaban la estelada en las manifestaciones independentistas.
Ahora, con la Navidad, los ciudadanos que vivimos en esta atormentada comunidad catalana, deberíamos desechar los nacionalismos enfrentados y emprender una nueva andadura, votando a quien tenga un proyecto creíble para:
Acometer las tareas necesarias para proyectar la imagen de lo que hemos sido y de lo que deberíamos volver a ser. Una comunidad abierta y acogedora, cosmopolita e integradora, moderna y emancipadora. Promotora de ciencias y de humanidades. Donde se intente de nuevo la síntesis de los valores humanos con las normas de conducta y la libertad. Donde habite sin conflicto el individuo y el grupo. Donde la identidad y la diversidad ensayen la coexistencia en armonía. Para que la fraternidad y la solidaridad nos conduzcan a alcanzar las máximas cotas de igualdad.
Recuperar el prestigio de Barcelona como ciudad donde la convivencia, la seguridad jurídica, la tranquilidad y la alegría de vivir sea patrimonio de propios y extraños.
Recomponer la convivencia social. Estableciendo los medios para que las diferencies políticas no comporten división y enfrentamiento entre las personas, los amigos, las familias.
Revertir el incremento de la pobreza. Disminuir las listas de espera en la sanidad. Acabar con el abandono escolar prematuro, en una escuela que debe ser mucho más que de idioma único. Proporcionar una vida digna a nuestros ancianos, a las personas que tienen alguna incapacidad invalidante y a las que sufren la pobreza. 
Buscar los acomodos posibles para las empresas que se han marchado. Evitando la sensación de que lo único que tenemos que decirles es “bon vent i barca nova”.
Mejorar e incrementar las infraestructuras, poniendo los medios que impidan la corrupción.
Establecer las condiciones para que el empleo tienda a ser estable y el trabajo de calidad. Activando la inspección de trabajo y facilitándole los medios para que pueda cumplir con sus funciones.
Impulsar la reindustrialización. Interviniendo para que las nuevas técnicas de organización, que conlleva la automatización mecánica y la informatización electrónica, revierta en el empoderamiento de los trabajadores. Y así evitar que los cosifiquen al eliminar sus categorías laborales mientras se hace depender los salarios del puesto de trabajo y del simple transcurso del tiempo. Es preciso que la formación, la capacidad y la experiencia de las personas sea un valor primordial en la empresa y la organización se adecue a su evolución. Que el diseño del trabajo se acomode a los trabajadores y no al revés.
Mejorar la distribución del Poder entre los distintos ámbitos de gobierno municipal, catalán, español y europeo, así como las competencias exclusivas, compartidas y concurrentes a ejercer, de acuerdo con la economía de escala y las conveniencias socio-políticas de las personas.  Estableciendo los elementos de coordinación necesarios y actuando de buena fe.