martes, 7 de febrero de 2017

De Vistalegre 1 a Vistalegre 2

Javier Terriente

Avanzar en democracia,  recuperar derechos

Ninguna profesión, clase, categoría social, sexo, edad, nacionalidad o adscripción política ha quedado indemne de los recortes ni al margen de los  protestas. Guste o no, Podemos ha sabido reflejar, en mayor o menor medida, el sentir general de las asambleas del 15 M, las Mareas, la dramática precarización de las condiciones de vida y de trabajo, las reivindicaciones de los Afectados por las Hipotecas, del movimiento ecologista, feminista, de los inmigrantes, de los mayores, de las aspiraciones y sentimientos nacionales… dando por sentado que los derechos, todos, son igualmente importantes y representan un todo indivisible, desprovisto de cualquier orden jerárquico. Probablemente, este haya sido, hasta ahora, uno de sus mayores aciertos.

Está claro que hablar de derechos es nombrar lo irrenunciable de un Estado democrático, como reclamar más democracia es hacerlo en el sentido concreto de socializarla a través de un compromiso firme con la igualdad y la solidaridad; significa dar mayor sustancia a los sistemas formales de representación, a los parlamentos y asambleas locales, pero también impulsarla en los partidos políticos y sindicatos, las asociaciones vecinales, profesionales y cívicas, las empresas y centros de trabajo, el ejército y los cuerpos y fuerzas de seguridad; trasladarla a todos los ámbitos de la vida cotidiana, familiar y a las relaciones de pareja; democracia y derechos es, por supuesto, crear empleo y combatir la desigualdad, feminizar la vida en todas sus vertientes, implantar un sistema socialmente cohesionado y medioambientalmente sostenible; democracia y derechos es aplicar criterios de equidad impositiva, redistribución de la riqueza y  de lucha contra el fraude y el dinero negro; democracia y derechos es garantizar las políticas públicas y sociales y asumir la preservación y defensa de lo público; democracia y derechos es defender la laicidad del Estado y la independencia de la justicia; es la exigencia de transparencia empresarial y política y la lucha contra la corrupción; es reformar el sistema electoral…Estos son algunos desafíos.

El falso dilema, calle o instituciones

En determinados foros es frecuente oír que el problema de Podemos en los últimos tiempos ha sido su desplazamiento hacia la moderación (derechización), hasta el punto de elevarlo a la categoría de verdad revelada para justificar el fracaso de Unidos Podemos en las elecciones del 23 de mayo pasado. De este modo, se oculta que el retroceso electoral se debió entre otros factores a la decisión de comparecer en coalición electoral con IU estatal (error que hoy persiste), quebrantando una de las ideas fuerza del Podemos fundacional: primarla construcción de grandes mayorías sociales, amplias y diversas (transversalidad), sobre cualquier tipo de coalición vanguardista de izquierdas, que acabaría desplazándolo a los márgenes de la política. Esa supuesta moderación/derechización tiene un origen rechazable: Podemos ha abandonado la calle, alfa y omega de sus señas de identidad, traicionando sus raíces, sus premisas históricas surgidas del 15M. Bastaría, señalan, con volver a las fuentes del 15M para reencontrar la senda de la victoria. En correspondencia, la sublimación a la categoría de espacio bautismal de Podemos hace del 15M un lugar mítico de peregrinaje para los no iniciados, sólo interpretable por una nueva casta de sacerdotes que monopolizan la transmisión de sus esencias. Y desde esa más que discutible superioridad ético-política, nada mejor que golpear en la línea de flotación del Podemos actual, acusándolo de traicionar sus principios dogmáticos por y para refugiarse y aislarse en las instituciones. En consecuencia, la condición para recuperar la iniciativa y superar al PSOE (el sorpasso como finalidad primaria) es volver a la calle y relativizar la  dimensión institucional, invirtiendo los términos del problema. Nada que objetar, salvo que este es el camino seguro hacia la derrota en una sociedad moderna, cuyas transformaciones progresistas dependen de la plena democratización de los poderes e instituciones del Estado y de su permeabilidad a las nuevas y masivas demandas sociales. Por otra parte, la experiencia histórica señala que este tipo de argumentos suelen caracterizar a los partidos furiosamente antisistema, cuya influencia efectiva sobre la sociedad real, de la que se autoproclaman portavoces exclusivos, es prácticamente nula, cero. Surge así una pregunta retórica: ¿Qué sería de estas corrientes/ partidos sin el refugio de Podemos?

Probablemente, uno de los principales retos de Podemos sea intentar disolver las viejas dicotomías entre la sociedad civil y las instituciones, trasladando los problemas y aspiraciones de los movimientos y realidades sociales a  las actividades de los gobiernos locales, comunitarios, y materializándolas en decisiones; a la vez, Podemos debe experimentar formas y métodos que permitan socializar los mecanismos y métodos de funcionamiento de dichas instituciones. Pero esto es un proceso desigual y sin fin, no una foto fija permanente.

Sin duda, es una falsedad interesada situar las diferencias políticas en Podemos en virtud de ser más o menos “duros” o “blandos” con los poderosos, entre quienes buscan ser “temidos por mirarlos fijamente a los ojos” o “ser domesticados por ellos”. Parece como si la política se pudiera enlatar en una versión peliculera del famoso duelo en OK Corral. No hay duda de que esta forma de plantear el debate interno sería simplemente una puerilidad, si no fuese porque esconde algo mucho más serio: reducir el valor de las instituciones representativas y su carácter plural a la mínima expresión, negándoles la capacidad de construir espacios comunes de acuerdos y decisiones legislativas entre fuerzas distintas, que atiendan a las reclamaciones y exigencias de las grandes mayorías. Más allá de complacerse en una dudosa estética de la confrontación, una apuesta semejante corre el riesgo de reforzar el bloque antiPodemos en el interno del PSOE, entre sus electores y amplios sectores de ciudadanos, y provocar distanciamientos indeseables con otros posibles aliados sociales y territoriales. Y, por otro lado, al primar la conquista de la  hegemonía interna por encima de acuerdos que contrarresten las políticas del PP, facilitaría a la derecha la perspectiva de un mejor resultado en las urnas. Si el efecto deseado es el sorpasso, es dudoso que se alcance por esa vía, pero lo que si es cierto que ese es un camino seguro que facilitaría la exclusión de alternativas con vocación social mayoritaria; esto es, confirmaría la idea de que la estrategia de Podemos la dicta últimamente la vieja política de la eliminación de las disidencias y del “cuanto peor mejor” de la izquierda más sectaria. Un camino seguro hacia la marginalidad.

Superar los límites de la izquierda tradicional

Por encima de los procesos electorales, la cuestión de fondo es que las nuevas dinámicas económicas, políticas y sociales han puesto sobre la mesa la necesidad de un nuevo instrumento que trascienda los límites de la izquierda tradicional y establezca un diálogo estable y duradero con las grandes mayorías sociales. El compromiso decidido por una nueva hegemonía de los “sin poder”, permitiría, además de agrupar y convocar a colectivos diversos, dar pasos en la recuperación de la credibilidad de la política como un instrumento de representación y mediación social.

La opción de refugiarse en el gueto de los viejos esquemas de la izquierda dogmática, puede ser tentadora, pero resistirse a ello sin complejos será clave para aglutinar a todas las fuerzas y ciudadanos posibles en una gran plataforma de iguales, en condiciones de abrir un nuevo proceso de refundación democrática que alcance a la organización del Estado en todas sus modalidades. Ante sí, Podemos tiene dos grandes alternativas: (1) organizarse como una fuerza radicalmente democrática, a la vez que contribuye a la construcción una nueva mayoría social de progreso que impugne las relaciones económicas, políticas y estatales realmente existentes, o bien, (2) aspirar a transformarse en una versión 2.0 de la izquierda dogmática, metabolizando las líneas maestras de su proyecto político y sus hábitos de conducta. En el primer caso, esta nueva mayoría político-social sería la expresión plural de un amplísimo movimiento extraordinariamente complejo en el que Podemos cumpliría la misión de interpretar, desde dentro de ese movimiento y junto al resto de los interlocutores políticos, sociales y territoriales, nuevas metas, definir nuevos objetivos.

En el segundo, por el contrario, es evidente que una propuesta genérica de unidad estratégica con la izquierda dogmáticaestaría condenada a jugar en espacios políticos cada vez más reducidos, muy lejos de la necesaria suma de consensos democráticos mayoritarios para derrotar a la derecha. En este caso, el camino hacia la marginalidad y la insignificancia política estaría asegurado.

Sin duda, el objetivo es desalojar del poder al bunker conservador y articular nuevas redes de poderes democráticos; lo coherente es aspirar a una gran convergencia democrática transfronteriza capaz de aislar al núcleo duro de la derecha e infringir una derrota completa a las fuerzas del Viejo Orden. En conclusión, a nadie se le escapa que un frente de izquierdas, no en un sentido general ni de principios sino en las condiciones reales del aquí y ahora en que se encuentra la izquierda tradicional (al filo del extraparlamentarismo tras 30 años de existencia errática), además de tener un alcance restringido y un programa inasumible por las grandes mayorías, constituiría un adversario fácilmente abatible. La primera gran prueba, el retroceso de Unidos Podemos en las pasadas elecciones.

Desarrollar una democracia sin adjetivos

Hoy, la cuestión central frente a los avances ultraconservadores (y neofascistas) comunitarios y estadounidenses, vuelve a ser la defensa de la democracia sin adjetivos y su desarrollo en todos los campos, en cuya salvaguardia hay que interpelar a todos y a todas sin distinción. Millones de ciudadanos que formaron parte del bloque electoral de los vencedores (PP y PSOE) en el pasado inmediato han sido desplazados forzosa y masivamente al territorio de los vencidos, de los exiliados del sistema, de los derrotados de cualquier signo, víctimas por igual de las sucesivas lesiones de derechos. Tras cada derecho pulverizado hay centenares de miles de ciudadanos agrupando fuerzas en las Mareas, las asociaciones de afectados por las hipotecas, los movimientos vecinales, las organizaciones de pymes, de consumidores, los movimientos de mujeres, el mundo rural, los sindicatos, las asociaciones de profesionales y estudiantes... Por tanto, derechos, sí, sumados. Inseparables. Indivisibles. Inmediatos. Urgentes.

Por ello es muy importante identificar la principal contradicción a la que se enfrenta el país: una guerra brutal entre el nuevo capitalismo en reconstrucción a propósito de la crisis, y la exigencia de derechos completos y para todos/as, amputados por esta. Quiere esto decir que la perspectiva aquí y ahora, no es tanto prolongarla visión dogmática de una clase obrera como eje de una revolución social incubada en las trincheras domésticas, sino actualizar “1789”, esto es, construir un nuevo sujeto plural e “interclasista”, comprometido con el avance de una democracia con derechos e instituciones plenamente representativas. Porque es la democracia en todas sus formas la que anda en peligro, y son los derechos el verdadero objetivo a batir por las viejas fuerzas del sistema para implantar de forma duradera una sociedad hiperclasista, bipartidista y autoritaria. Un preludio del fascismo que ya habita a nuestro alrededor formando parte de la vida cotidiana de las clases populares, y que está abriendo nuevas vías de expresión en el discurso y las políticas del PP.

Refundar la organización para transformar el país

Podemos debe aspirar a consolidarse como una fuerza democrática orientada hacia las grandes mayorías sociales sin distinción, lo que lo situaría en las antípodas de aquellos partidos que relegan a funciones subalternas a los ciudadanos y a sus organizaciones sociales representativas. Pero, para ello, deberá refundar su modelo organizativo sobre bases diferentes (plural, inclusivo, participativo y feminista) desmontando la “maquinaria de guerra electoral” que justificó y alimentó el sentido providencial de una dirección autoritaria grupal, incuestionable, y promovió un microclima artificial que alumbró el nacimiento una nueva categoría de líderes carismáticos postmodernos. En tiempos de paz, la coartada de la premura de las sucesivas citas electorales tampoco parece un argumento suficiente.

Las carencias democráticas de este modelo de partido han sido reiterativas: la anulación de la necesaria supremacía del partido respecto al líder, cuyas prerrogativas unipersonales se sitúan por encima de la voluntad democrática de sus  miembros y organizaciones; la intolerancia hacia la pluralidad interna; la reducción de la participación política de los afiliados al refrendo de dirigentes y candidatos, previamente cooptados, y a las campañas electorales; la concentración del poder en un grupo reducido de dirigentes; la extrema subsidiaridad de los grupos parlamentarios respecto a las cúpulas políticas; la expansión de distintos modos de clientelismo político y prácticas internas indeseables; la formación de aparatos fieles a los líderes; en definitiva, una ley de hierro inexorable ha configurado una estructura vertical del poder, “de arriba a abajo”, a través de una trama de  delegados territoriales, interdependientes y jerarquizados, que alcanza a todos los escalones de la organización. El Manual teórico-práctico del Partido tradicional, en estado puro.Pero hay alternativas: Democratizar el poder, socializar las decisiones, normalizar y regularizar las discrepancias, diversificar las procedencias, feminizar las relaciones internas….


lunes, 6 de febrero de 2017

El choque de trenes está más cerca hoy



Dos trenes han partido de sus respectivas estaciones en dirección opuesta y en la misma vía. Los maquinistas no sólo no ponen el freno sino que, al grito de «más madera» pisan el acelerador. De momento no sabemos la distancia entre ambos trenos, pero ahora mismo la velocidad de las locomotoras ha aumentado. Lo peor del caso es que no hay guardagujas en las vías. Un maquinista habla de legitimidad; el otro habla de legalidad. Ninguno de los dos habla de política. La altanería y cabezonería compartidas nos han llevado a esta situación, que puede convertirse en choque. Los pasajeros serán principalmente las víctimas. Ese es el resultado de una legitimidad abstracta y retórica frente a la legalidad que se desprende del viejo «fiat iustitia et pereat mundus», es decir: hágase justicia y explote el mundo.

Ahora bien, todavía los trenes no han chocado. Y si reparamos un poco en la historia sabemos que, en momentos más convulsos, la política ha encontrado soluciones y se ha evitado el encontronazo. Séame permitido el ejemplo: Kennedy y Kruschef encontraron una solución a la crisis de los misiles. ¿Exagerado? Tal vez, pero real.

Porque, de no encontrarse una solución (al menos parcial) la cosa no pinta bien. Y si lo que se quiere realmente es que el Sol salga por Antequera, dígase que la política es la técnica de la catástrofe. Téngase en cuenta que, en esta ocasión, el choque no afectará sólo al tren más débil. Los dos serían pasto de la chatarrería. Hay que recordárselo a los dos, porque tal vez no lo sepan.


sábado, 4 de febrero de 2017

Mucha mierda en Cataluña



En Cataluña hay mucha mierda. En lo más alto del pódium está Convergència democrática de Catalunya. No lo dice una octavilla de una organización extraparlamentaria. Quien informa es La Vanguardia, que lo pone en boca de Jordi Pujol. Me imagino que en los despachos de los herederos del partido convergente las declaraciones del viejo patriarca, todavía no desarmado, habrán sentado peor que un dolor de muelas.

Veamos, Pujol conversa con un grupo de jóvenes. Les dice que propuso a Artur Mas que él asumiría toda la mierda del partido, CDC, a cambio de que se respetara su legado. Aprovecha la oportunidad para explicarles a los jóvenes que no le gusta que se haya cambiado de nombre el partido. Primera consideración: ¿acaso algún joven grabó la conversación y la filtró a La Vanguardia? Tal vez. Pero yo me malicio que la filtración viene del mismísimo Pujol. O, por lo menos, con su autorización. Todo suena a venganza, a una venganza sofisticada. Digna de la cultura palaciega de los Borgia renacentistas. El viejo patriarca está que trina porque entiende que su partido nunca le defendió como él creía y era su obligación. Porque le retiró honores y prebendas. Porque lo arrojó al contenedor de la basura. Así pues, sus declaraciones –calculadas al máximo--  son una autodefensa propia, aunque hundan a su viejo partido y salpiquen a su herederos, los PDCat.

A saber, la mierda que se me achaca a mí y a mi familia –está diciendo Pujol— era una mierda de Convergéncia. Al servicio de Cataluña. Una versión periférica del viejo «Todo por la patria», que presidía el dintel de la guardia civil caminera. De ahí que el patriarca, todavía no desarmado, se disfraza de contenedor y asume la mierda de los demás como propia. No se trata de los establos de Augías sino de una razón de Estado. Más todavía, se trata de un asunto, cuya naturaleza no es de Código Penal sino de enfrentamiento entre Catalunya y el Estado español.

Ni siquiera el famoso inganno de Sinigaglia (La trampa de Sinigaglia) puede comparársele. Aunque tiene un inconveniente: que no puede ocultar que hay mucha mierda en Convergència democrática de Catalunya. Nadie es perfecto.  



miércoles, 1 de febrero de 2017

¿Para qué sirve el Partido Socialista Europeo?

Daría lo que pudiera por saber para qué sirve el Partido Socialista Europeo. Se trata de una organización un tantico misteriosa que se empeña en no querer exhibir qué cualidades engalana. Ni siquiera ha demostrado la utilidad que algunos le suponen en la mediación en los conflictos internos de los partidos que lo conforman. Y si lo ha hecho, ignoramos qué resultados ha tenido. En el caso del PSOE parece claro que, si ha intervenido, nadie con mando en plaza le ha hecho ni puñetero caso. En todo caso, ahora tiene una oportunidad de hacerlo cerca del Partido Socialista Francés.

Tras la victoria de Benoit Hamon en las primarias, Manuel Valls y sus seguidores más representativos han declarado (nos cuentan desde Paris voces amigas) que piensan votar a un candidato de otra organización, Emmanuel Macron, considerado indulgentemente como social-liberal por las mañanas y neoliberal en el atardecer. La casa de Tócame Roque, dicho sin  acritud. Pues bien, digo yo que sería oportuno que el Partido socialista europeo enviara a sus probi viri para que, en su condición de hábiles componedores, hicieran ver a Manuel Valls y sus manijeros la disparatada falta de lealtad de su proceder. O, por lo menos, que el PSE diera apoyo explícito al candato ganador en las primarias. En fin, algo que hiciera ver a Valls –o sea, el Sanssouci, del que habla Goethe en su Fausto (Sueño de la noche de Walpurgis)--  lo peligroso de «Si no cabe ir de pie, iremos de cabeza». En resumidas cuentas, qué menos que un gesto, un detalle por parte del Partido Socialista Europeo.


En dirección opuesta, vale la pena recordar la potencia de los grupos de intereses transnacionales que disponen las derechas, especialmente las más rancias y antañonas. Más todavía, la coordinación explícita de las formaciones ultras, políticas o no. Da que pensar. De ahí que vuelva otra vez al poeta de Weimar: «Lo que se necesita, no se sabe; lo que se sabe, no se puede usar». Que bien podría ser el lema del Partido Socialista Europeo. 

Es deseable que remonte el vuelo. Tal vez con aceite de hígado de bacalao. 


lunes, 30 de enero de 2017

Contra Trump



Albert Sáez, adjunto del director de El Periódico, ha publicado un potente alegato contra Trump (1). Razones no le faltan al ilustre periodista. Propone devolverle el boicot. Lo primero que vale la pena considerar es lo siguiente: si bien no es fácil, los instrumentos técnicos para llevar a cabo dicha movilización están en nuestras manos: las llamadas redes sociales y todo tipo de medios de comunicación e información. Falta ahora el sujeto convocante, un organismo creado ad hoc, formado por personalidades mundiales con la suficiente auctoritas para una operación de esa envergadura.

Hubo analistas bonachones que se cansaron de repetir que cuando el hombre rubio fuera investido presidente atemperaría su retórica y su gestualidad. Se equivocaron. Insistieron en que a las primeras de cambio empezaría a guardar las formas. Fallaron estrepitosamente en sus cálculos. Trump está haciendo lo que dijo en su campaña electoral. Los analistas bonachones no dieron en el clavo. De manera que la hipótesis más fundada es que intensificará el carácter ultra de su política.  Y provocará enormes estropicios así en el interior de su país como en la escena internacional. Entendámonos, no serán estropicios abstractos, sino muy concretos en la condición humana. Ahora bien, si ese hombre está reaccionando a su manera, conviene retener que ayer mismo, sin ir más lejos, se han producido nuevas e importantes movilizaciones de masas en los Estados Unidos. Y 30 premios Nobel se han pronunciado muy severamente contra las medidas anti inmigratorias del mandatario norteamericano.

La política siempre tarda en reaccionar. Y, por lo general, parece seguir a pies juntillas el viejo refrán de Dios aprieta pero no ahoga. De ahí la importancia de que una ágil y desenvuelta sociedad civil global dé la talla y se enfrente decididamente a este huracán. Sería buena idea que un grupo de esos 30 Nobel junto a personalidades de relevancia mundial fueran el grupo promotor de las próximas movilizaciones.


Radio Parapanda.--  Damos la bienvenida a un nuevo blog, Jurisdicción Social, de la comisión social de Jueces para la democracia. Está en este kiosko  http://jpdsocial.blogspot.com.es/


domingo, 29 de enero de 2017

La gran mugre hispánica

El Informe anual sobre la corrupción que publica anualmente Transparency International España deja a nuestro país en un mal lugar. Hasta la presente sólo las llamadas redes sociales se han hecho cargo de ello; los grandes medios apenas si han dicho mú sobre el particular. La información detallada sobre el Índice de Percepción de la Corrupción lo tiene usted aquí: IPC 2016.


Es como si se pensara que solamente en ese patio de vecindones y chismorreos tienen cabida los datos de dicho informe. La prensa que no se sabe por qué razones se considera seria calla. Así pues, sin acicate alguno la política instalada oculta en sus abultados archivos esos papeles. Pero tampoco las mentes independientes dicen nada sobre el asunto. Más vale non meneallo. Estos trapos sucios no se airean. Y sin embargo, sería injusto decir que, desde esos mismos medios que ocultan la información, no se haya denunciado la corrupción en España. Así pues, lo que de verdad se esconde no es la corrupción sino el lugar que ocupa nuestro país en el mundo y al lado de qué países estamos. Es decir, si estuviésemos junto a países de democracias avanzadas algunos podrían consolarse y otros hasta exhibirían músculo. Pero no es el caso, nos encontramos ante los más atrasados, con los del cuarto mundo. Eso, pues, hay que ocultarlo. Mala cosa.  

sábado, 28 de enero de 2017

Un juez botarate. Perdón, ex juez



El senador Santi Vidal  (ERC) –juez, que fue suspendido por el Consejo General del Poder Judicial— ha manifestado en conferencias en diversas localidades catalanas que la Generalitat tiene todos los datos fiscales de los residentes en Catalunya, recogidos ilegalmente y que los presupuestos del Govern tienen una partida camuflada, de 400 millones de euros, para construir estructuras de Estado». Más todavía: «de los 801 jueces españoles en Cataluña sabemos perfectamente cuáles comparten nuestros sueños e ideales. Sabemos perfectamente cuáles se quedarán y cuáles se irán» (1). No se trata de un calentón, porque lo ha repetido, como se ha dicho más arriba, en distintas charlas públicas a mediados del mes pasado. Sólo cuando su contenido salió en las llamadas redes sociales, su partido y el mismísimo Govern catalán han tenido que salir al paso. ERC, a su vez, le ha obligado a dimitir.

Aunque tenemos el bendito defecto de la suspicacia no estamos en condiciones de saber quién ha metido el remo en el corvejón. O uno u otro. Ahora bien, cabe la hipótesis de que el senador y sus detractores hayan pactado el desmentido. Porque una información de ese calibre podía provocar un bochinche descomunal.

Por lo demás, ¿es creíble que este botarate de Vidal se invente la cosa? O, si se quiere: ¿qué interés tiene ese caballero en airear el asunto? Y si es mentira ¿qué gana él mismo o, peor todavía, qué piensa que puede ganar el secesionismo? Y a partir de aquí se pueden hacer mil y una cábalas sobre el particular.

Primera hipótesis. No me parece increíble lo que ha declarado Vidal; ser un alocado no implica necesariamente ser embustero. Desde tiempos inmemoriales los gobiernos (y, en general, el poder) han usado sus palillos con prácticas ilegales; han tenido como libro de cabecera el de la doble moral y la doble contabilidad; y practicado todo tipo de controles. No necesariamente Vidal ha contado una fábula. Lo chocante es que alguien sea tan ligero de cascos con los asuntos de Estado.

Segunda hipótesis. Que todo sea una fábula. Que este Vidal se haya inventado toda esa tramoya. Pero, en este caso, que no es inverosímil, sería la expresión de todo un artificio de invenciones muy al uso de un sector del secesionismo catalán. No sólo el que fabula sobre la catalanidad de Terea de Ávila y Cervantes, sino también de cosas de ahora mismo. Por ejemplo, hace meses tuve una conversación con un reputado dirigente local. Me ponía al tanto de que el Estado de Israel está financiando todo el procés, y  que, lograda la independencia de Cataluña, dicho país será nuestro principal valedor económico.  Le pregunté qué ganaba Israel en ese negocio. Pero en ese detalle no había caído el fabulador.     




viernes, 27 de enero de 2017

De las patologías sociales



Hay muchas almas de cántaro. Es un género que abunda, y por lo demás está repartido a diestro y siniestro. Son gentes que parten de una premisa que no necesita ser acompañada por ninguna demostración. Su discurso inefable es: los políticos de todas las zoologías son gentes de mal vivir; la sociedad, el pueblo, o como quiera que se les llame, son puros por naturaleza. Sancta simplicitas! Recurramos al viejo refranero: en todas las casas se cuecen habas. Don Miguel de Cervantes añadió por su cuenta un famoso latiguillo: «...y en la mía, a calderadas» (El Quijote II 13). Algo debía reconcomerle al genial Manco.

De manera que, partiendo de ese constructo (perversidad de los políticos e inocencia de la sociedad o del pueblo) existe un déficit de reflexión –mejor dicho: un descuido caballuno--  sobre las patologías que tiene la sociedad, algunas de ellas realmente preocupantes. De un lado, la ciber violencia que se extiende por las llamadas redes sociales, cuyo ejemplo más terrible se ha cebado con la familia Bosé, tras la muerte de Bimba; en este caso, es destacable la correcta redacción sintáctica y la ausencia de faltas de ortografía, que demostraría que los redactores de tan obscenos mensajes no son iletrados. De otro lado, la violencia directamente física, que no cesa, llamada de género, contra la mujer. Y también, las palizas que grupos organizados de matones propinan a quien consideran diferentes. Los entendidos en la materia dirán que son cosas distintas. Seguramente. Pero cuentan con un denominador común: la violencia, la violencia gratuita.

El matonismo ya no es cosa de minorías. Ni como se decía hasta no hace mucho tiempo cosa de los estratos sociales considerados más bajos. Atraviesa toda la sociedad, el pueblo, o como quiera llamársele. Usa el twitter como arma de agresión el ricachón más celebrado; mata a la mujer el clasemedia más pintiparado; y apalea a sus semejantes el parado, el precario y otros sectores del pobretariado. Cualquiera de todos ellos –ricachón, clasemedia y pobretariado—puede ser miembro de los diversos pelotones de dichas violencias.


No es exagerado afirmar que por ese camino se entra en la degradación de la sociedad. Lo que produce alarma, al menos a un servidor, es la ausencia de reflexión sobre estas contundentes patologías sociales. Y más en concreto en: ¿dónde está la madre del cordero? ¿qué origen tiene? ¿qué explicación? Y, por supuesto, cómo invertir esa tendencia tan perversa. Me enrabio conmigo mismo, porque no tengo explicación sobre el particular. Ni sé por dónde empezar a enhebrar un hilo creíble. No me pidan más, porque sólo diría banalidades. Sin embargo, alguien podría pararse a pensar en todo ello. En caso contrario, los jornaleros no tendrán más remedio que coger el escardillo para ver dónde están las raíces de la maleza. 

miércoles, 25 de enero de 2017

Trump y doña Correlación de Fuerzas

Escribe El Dómine Cebra

Una gran mayoría de analistas políticos dan por sentado que Trump puede llevarnos a una gran catástrofe. Ciertamente, las primeras decisiones del mandatario norteamericano indicarían que no se equivocan demasiado. Ahora bien, dichos planteamientos son vistos con una concepción determinista o como si fuera una ineluctable catástrofe natural. Y muy pocos han hablado de la importancia de las movilizaciones en diversas grandes ciudades de los Estados Unidos, empezando por la que se dio cita ante el Capitolio, lideradas por las mujeres. Menos todavía se han analizado las importantes concentraciones en un buen número de ciudades del mundo. Por supuesto, no han impedido que el hombre rubio dé su brazo a torcer. Pero sí estamos en condiciones de afirmar que Trump no es imbatible y que la presión ciudadana no es tampoco calderilla.

Que Trump no consiga sus objetivos dependerá de la presión de masas en los Estados Unidos y de la postura de los gobiernos de la mayoría de países. Y esta postura dependerá, a su vez, de las movilizaciones ciudadanas en cada país para obligar a sus gobiernos a no ser la prótesis del hombre rubio. En otras palabras, aquí la palabra la tiene esa dama tan inquietante como es doña Correlación de Fuerzas. En todo ello tienen una enorme responsabilidad las fuerzas democráticas y progresistas. Es decir, partidos, sindicatos, asociaciones y todo aquello que se organiza activa e inteligentemente.

Avisamos: la resignación no es una actitud pragmática. Es estúpidamente torpe. Dañina para quienes la practican. Y recurriendo al tópico: ni apocalípticos, ni integrados. Ser apocalípticos significa que la maldición bíblica llegará, y, por lo tanto, es la antesala de la derrota. E integrados representaría que lo mejor en esta ocasión es quitarse de en medio y cultivar florecillas en el jardín de cada campanario. Ser pragmáticos quiere decir plantar cara. Se recuerda, por otra parte, el famoso concepto de Pietro Ingrao: «indignarse no basta».

Me permito una sugerencia a las izquierdas, al menos las domésticas: tengan en cuenta que la relativa pequeñez de lo que se traen entre manos no es lo suficientemente relevante para frenar a ese Trump.


La sangre derramada en Atocha




En la foto: pocas horas después de los asesinatos de los abogados madrileños, los trabajadores de centenares de empresas en Cataluña mostraron su indignada protesta. En la foto, los trabajadores de Pegaso en la factoría del barrio de La Sagrera (Barcelona).


Nos dice Antonio Baylos:



«Entender de qué se trata, por tanto, cuando hablamos de la matanza de Atocha y por qué hoy 40 años después es importante elaborar reflexiones sobre este hecho tan doloroso. No sólo, como correctamente mantiene la Fundación Abogados de Atocha, tomando el verso de Paul Éluard, porque “si el eco de su voz se debilita, perecemos”, sino porque el asesinato de nuestros camaradas es un símbolo del sufrimiento y del dolor que una gran parte de la sociedad española hubo de pasar para obtener el goce de los derechos democráticos que permite entender cómo el sueño de la libertad se materializó, gracias precisamente a esos sacrificios, en un marco real de preservación de derechos ciudadanos. Que puede ser sin embargo restringido y limitado, como está sucediendo en nuestro país con especial incidencia a partir de la crisis. La insatisfacción ante una democracia de baja intensidad no debe proyectarse hacia atrás, descargando en el pasado la impotencia de la izquierda de hoy para cambiar el mundo revocando el estado de cosas existentes.»







martes, 24 de enero de 2017

Aznar, ese lúgubre reincidente.



El hombre de las Azores lleva unos días muy ajetreado. Con dos comparecencias públicas en poco menos de un par de semanas parece desmentir a propios y extraños que estaba amortizado. Ayer volvió a las andadas para volver a sentar cátedra sobre las dolencias existenciales de España. Tan obsesiva contumacia me permite proponer esta hipótesis. Queda dicho, hipótesis.

No parece, pues, que el caballero tenga como único objetivo participar en la lucha de ideas y esparcir el maná de la casquería ideológica a los creyentes y a los gentiles. Aquí hay algo más. Es la reacción visceral de quien se siente ninguneado y, según cómo, agredido  por los suyos. Por ejemplo, la verdad aznariana del Yak 42 fue puesta en entredicho por el Alto Rajoyato y los parches sor Virginia sobre la cuestión catalana han puesto al hombre de las Azores al borde de un ataque de meninges. Era obligada, pues, la reacción del caballero.  Es su guerra de trincheras.  

La reacción de quien atisba el signo de los tiempos que vienen de Norteamérica con ese Trump encima del pódium. De quien cree que en un corrimiento más explícito todavía de la ultra derecha en Europa. El hombre de las Azores piensa que puede tener otra oportunidad en la guía del país.

Aznar no tiene programa político. Por ahora. Lo suyo es España, hundir a Cataluña y bajar los impuestos. Lo suficiente para introducir en ese triángulo equilátero unas cuantas variables. Un proyecto de garrafón, pero rociado con muchos billetes, billetes, billetes verdes. El hombre rubio de la Casa Blanca no será tacaño. Y, a partir de ahí, iniciará su operación Reconquista.

Se ha dicho antes: se trata de una hipótesis. Pero, equivocada o no, es posible. En todo caso, ahí la dejo como modesto aviso para navegantes incautos. Especialmente para pilotos de cabotaje.


Nota bene. Como es natural, la foto que preside esta entradilla nada tiene que ver con lo que se dice. Es simplemente un recordatorio de notable interés. 

lunes, 23 de enero de 2017

La desvergüenza del Departamento de Sanidad de la Generalitat

El consejero de Sanidad de la Generalitat de Cataluña, Antoni Comín, no ha heredado de su padre, Alfonso Carlos Comín, la vergüenza, el pundonor y el rigor. Y si alguna vez tuvo esas virtudes se le fueron evaporando al calorcillo de sus ambiciones. Eso sí, ha tomado en préstamo vitalicio las trapacerías de aquellos a quienes muy gustosamente acompaña. Y la inutilidad de la gestión anterior del Departamento donde chicolea desordenadamente.

¿Por qué hay tan elevado número de personas en las lista de espera? Comín el Joven responde torticeramente: «Cuando Cataluña sea independiente se acabarán las listas de espera». Habló Blas, punto redondo. Ahora, se ha superado. «Más de una vez, teniendo plaza en un box de urgencias, la enfermera decide dejar a un enfermo, sin familiar acompañante, en el pasillo.» Bravo, ahora la culpa la tiene el maestro Armero, vale decir, las enfermeras. Que reincide:   «Esa permanencia en el pasillo responde a la decisión de la enfermera, que quiere tener al paciente a la vista» (1). Tozudo el consejero y desvergonzado su libro de estilo.

Comín el Joven desvía su propio caos y su contumaz inepcia hacia las enfermeras, insultando su profesionalidad y sus códigos deontológicos. Pero los extremos han llegado tan lejos que, según dicen fuentes solventes, el caballero duerme a pierna suelta, esto es, sin remordimientos de conciencia. Definitivamente, la tarjeta oro hace estragos. Más todavía, de él se tardará mucho en decir aquello de «dichosa la rama que al tronco sale». 

           1)   http://www.economiadigital.es/es/notices/2017/01/comin-enfermeras-88530.php




domingo, 22 de enero de 2017

Procedimiento sindical. Organización para la acción.

Pedro López Provencio



El último empleo que tuve por cuenta ajena, antes de jubilarme, fue el único al que accedí sin que yo lo solicitase previamente. Me vinieron a buscar. Pero pronto comprendí que no podría hacer el trabajo principal que había acordado con quien me lo ofreció. Todo cambio organizativo que no se encauza en los primeros meses ya no se hace. Se acomodan a “lo que hay” y se posponen indefinidamente las “complicaciones” de cambiarlo. Lo urgente no deja lugar a lo necesario. Así, acabé mi vida laboral haciendo tareas de jurista.

Por eso cuando, en el primer lustro de este siglo, la parte catalana de las CCOO se propusieron contratar a un Gerente, presenté mi solicitud. Y mi cabeza se puso a funcionar en esa dirección. Preparándome por si me preguntaban qué podría aportar. Pero no me lo preguntaron. Quien estaba al otro lado de la línea telefónica solo se interesó por el por qué quería el trabajo. Le dije que porque me hacía ilusión y porque estaba harto del que tenía. No debió resultar adecuada mi respuesta. No me dieron el trabajo. Ahora escribo lo que pudo ser mi aportación. De forma muy resumida. Por si fuese de utilidad.

Y porque este otoño, en Barcelona, escuché a Javier Pacheco. En la presentación de su candidatura al cargo de Secretario General de las CCOO de Catalunya. Y también la aportación de Aurora Huerga en ese mismo acto. Y porque, en la ponencia “Hacemos un sindicato cercano” del plan de acción del 11 congreso de CCOO de Cataluña, se dice: "Organizar el sindicato para reforzar la acción sindical en la empresa y la acción social en la calle. Una organización más horizontal y participativa, basada en equipos de dirección colectivos y liderazgos compartidos. Que trabaja en equipo y por proyectos, con planificación, priorización de objetivos y evaluación de resultados. Que fomenta la cooperación interna entre las estructuras sindicales. Que incorpora la ética, la transparencia y el rendimiento de cuentas en todas sus actuaciones. Una organización feminizada que se compromete con la paridad y con la promoción de la participación y la visibilización de las mujeres tanto interna como externamente".

Cosas parecidas también dicen los "comunes". Todo ello me ha inducido a recuperar y actualizar lo que empecé a pensar hace ya más de una década. Cuando aspiré a programar y coordinar el trabajo de la organización de CCOO. Para que cumpliese mejor con sus objetivos. Procurando utilizar tan eficaz y eficientemente como fuese posible todos los recursos que tienen. Sin ampararme en que siempre se necesitan más. A fin de obtener los máximos beneficios alcanzables para los trabajadores. De acuerdo con las directrices de la Dirección del Sindicato.




sábado, 21 de enero de 2017

La amenaza a los funcionarios catalanes



El 6 de febrero arranca el juicio contra el ex president de la Generalitat, Artur Mas, Joana Ortega, ex vicepresidenta, e Irene Rigau, ex Consejera de Enseñanza. Ya saben ustedes por qué.  El jueves pasado, un grupo de entidades soberanistas han llamado, en rueda de prensa, a que los ciudadanos «asuman la posibilidad de solicitar un día festivo» para participar en la movilización de apoyo a los encausados. A su vez, Jordi Sánchez, una de las cabezas visibles del movimiento secesionista ha remachado el clavo con unas palabras que merecen el mayor detenimiento: «Nada más lejos de una voluntad de coaccionar, toca estar».

Comoquiera que siempre hay personas que leen en diagonal repito: «Nada más lejos de una voluntad de coaccionar, toca estar».  La pregunta, nada inocente, es esta: ¿a qué se debe esta cautela de que no hay «voluntad de coaccionar»? Más todavía, ¿quiénes son los hipotéticos coaccionados? Y también: ¿quién es el sujeto coaccionador?

Vamos a descartar a unos cuantos. El trabajador de la empresa privada no es el coaccionado, aunque –por si las moscas--  puede sentirse inquieto. Los quiosqueros, taberneros, pescaderas y peluqueras tampoco son los destinatarios del aviso. Quedan, pues, los funcionarios públicos y laborales de la Generalitat y de los ayuntamientos, que gobiernan los secesionistas. «Nada más lejos de coaccionar, toca estar». La excusa que no se ha pedido es una acusación manifiesta, decían los viejos manuales de retórica.

Nadie les ha conferido autoridad a estos matones para ejercer coacción alguna. Así es que lo grave del asunto es que quienes amenazan se sienten auto legitimados para avisar con tan elíptica contundencia. Más todavía, ¿en qué consiste tal amenaza? En algo tan eficaz como meter miedo, a lo que pueda pasar, a lo inconcreto, a que todo ello pueda ser posible. Afirmo que eso va más allá de lo meramente totalitario.

Ahora bien, comoquiera que hay que darle una cierta concreción física a la amenaza, añadiremos algo más: a todos aquellos que van a participar en los actos de protesta se les pide que se inscriban en una lista. No es una cuestión técnica: se trata de saber quién está con Dios y quién con el Diablo. Aquellos funcionarios que no se inscriban serán señalados. Y lo que es peor: se sentirán señalados. El miedo organizado a tener miedo.

Hasta la presente nadie ha caído en el detalle de ese «nada más lejos de una voluntad de coaccionar».  Nadie lo ha desautorizado.

Es preocupante el genoma de quienes han planteado esa amenaza, quienes la justifiquen por activa, pasiva y perifrástica. Y cretinos hasta el colodrillo aquellos que callen. La sombra del somatén es preocupantemente alargada.   

jueves, 19 de enero de 2017

La parábola descendente del socialismo andaluz



Javier Aristu nos informa de la publicación del Estudio General de Opinión Pública en Andalucía que publica el Centro de Análisis y Documentación Política y Electoral de Andalucía de la Universidad de Granada. El documento completo se puede descargar aquí. Aristu aprovecha la ocasión para comentar los datos en su blog, En campo abierto, que muchos consideramos  un referente de primer orden. Las señas del kiosko las tiene usted en https://encampoabierto.com/2017/01/18/estudio-electoral-en-andalucia/.

Al hilo del escrito de Aristu me vienen a la cabeza las siguientes cavilaciones colaterales. Los datos no parecen halagüeños para los socialistas andaluces y, más en concreto, para Susana Díaz en unos momentos en que, según dicen los mentideros más o menos informados, podría dar el salto para optar a la dirección del PSOE. Voces habrá en el socialismo meridional que le aconsejen quedarse en Andalucía, al menos mientras no aparece una personalidad clara para substituirla. Naturalmente, eso no es cosa nuestra. Lo que no parece objetable es que Díaz es, en la parte que le toca, responsable del agotamiento de su partido en Andalucía. 

Entiendo que el estancamiento del socialismo meridional no está ligado tanto a la crisis del famoso Ok Ferraz como al agotamiento de un modelo político. Un agotamiento que no parece que es percibido por el grupo dirigente andaluz o, en el peor de los casos, no sabe cómo remontar esa parábola descendente. Naturalmente, la espasmódica situación interna del partido es un elemento añadido, a lo anterior, al agotamiento del proyecto socialista.  

Si los datos se mantienen en el tiempo –o se agravan--  todo indicaría (nos advierte Aristu) que, en las próximas elecciones, o se gobernaría en coalición o sobre la base de pactos de legislatura. ¿Con quién? Ahí está la madre del cordero. Digamos que, en Andalucía, hacer una gran coalición con el Partido Popular sería enormemente indigesto para un amplio sector del electorado andaluz. Por ahora, no se vislumbra posibilidad alguna de pactar con Podemos. Ambas formaciones organizan tesoneramente su mutua incompatibilidad al grito de muérete para que yo viva. En todo caso, uno de los dramas que se están consolidando es la imposibilidad de que socialistas y podemitas tengan  unas relaciones políticas medianamente razonables. O caja o faja parece ser la idea fuerza.

Quedaría, pues, la opción de Ciudadanos, una formación política extremadamente versátil. No descartándose ahora un pacto de legislatura. Ahora bien, en esas condiciones todo indicaría que el ubícuo partido atrapalotodo está declinando.


miércoles, 18 de enero de 2017

Cataluña ingresa en la Unión Europea, dicen.



El Gobierno catalán sigue confundiendo su propio  culo con las témporas de la Unión Europea. Ahora, su vicepresidenta y portavoz,  Neus Munné ha vuelto a la carga: «La UE no puede ni dará la espalda al referéndum» (1). Por supuesto, nunca lo argumentó,  ahora tampoco. Normal: nunca se atribuyó sensatamente capacidad de razonamiento a los esfínteres. Entonces, ¿por qué se insiste? Sería cosa de esbozar algunas hipótesis, siempre aproximadas sobre el particular.

En primer lugar, cabe la posibilidad de que la doña lo crea. Lo que demostraría que, en la más amable de las suposiciones, sea una ingenua. En segundo lugar, puede que esta señora sea más ignorante de lo que algunos le suponen. Y, finalmente, no es descartable que la arenga tenga un carácter de agitación y propaganda para el consumo interno y elemento de cohesión de sus allegados. Que, según los más avisados, sería la hipótesis más probable. Sin que ello implique merma alguna de su ingenuidad e ignorancia. Y representaría que todo el tinglado de esta nueva farsa estaría montado sobre la base de artificios mil.

Primero fue el divino Romeva: «en cinco minutos de proclamarse la independencia, la Unión Europea concederá el ingreso a Cataluña», afirmó con esta chuchería del espíritu. Pregunté por qué. La respuesta fue chocante: «Hombre, es una licencia, una metáfora». Y, tal vez por ello, el flamante poeta fue nombrado Conseller de Asuntos Exteriores. Más adelante, la consigna en ristre se convirtió en una organizada engañifa. O, por mejor decir, en un dogma teologal que deben creer a pies juntillas los creyentes y los gentiles.

El president Josep Tarradellas lo avisó en su día: «En política es pot fer tot, menys el ridícul». Muy pocos le hacen caso al viejo zorro. Dicho sea con el tono más respetuoso.



domingo, 15 de enero de 2017

Patxi López y Susana Díaz frente a frente (o de lado)



Cruzó el Manzanares y, como César en el Rubicón, nos dijo por lo bajinis que «la suerte está echada». Patxi López se llama y es de Baracaldo. De momento Susana Díaz no lo ha hecho, aunque sus parciales dan por sentado que no tardará en reaccionar. Cada hora que pase sin que la Díaz diga algo es tiempo que corre a favor del primero. Ambos lo saben.

La Operación Patxi tiene sentido. De un lado, frena las potencialidades que pueda tener Pedro Sánchez; de otro lado, puede concitar que las bolsas de hostilidad a la andaluza se orienten a su favor. Todo esto en teoría, ciertamente. Quiero decir, dejando de lado los cabildeos que irán apareciendo en lo sucesivo. Con sus variadas candilejas y atrezzos. Aquí hay mucho en juego.

Si se mantiene la pugna hasta el final entre López y Díaz es presumible que no funcionen los controles desde arriba. Quiero decir que los principales –barones, señoríos y merinazgos—no lo tendrán tan fácil. De una u otra forma no son pocos que sienten hasta qué punto la servidumbre voluntaria ha llevado al partido a su parábola descendente.

Patxi López no las tiene fáciles. Ferraz tiene las manos muy largas. Y algunos ya han avisado que no se quedarán quietos. Don José Blanco, llamado Pepiño por sus allegados, ha grabado en mármol sus intenciones en un encontronazo con el representante de los fraticelli, José Antonio Pérez Tapias, que «los estatutos los interpreto yo, porque los hice yo».  Abro paréntesis: no me imagino a Fernando de los Ríos hablando de esa guisa.

En todo caso, no les será cómodo a ambos enhebrar un sólido discurso propio: son demasiados los silencios compartidos, los ademanes compartidos.  A lo largo de muchos años. 

Radio Parapanda. La Socialdemocracia que viene. Una política progresista de transformación, para un mundo en transformación. En este kiosko: http://pasosalaizquierda.com/?p=2130  Que harían bien en leer ambos candidatos.