martes, 11 de abril de 2017

En la muerte de Carme Chacón

Se suele decir que en España enterramos bien a los muertos. Es lo que ha pasado con Carme Chacón. Las llamadas redes sociales, siempre tan desmesuradamente bronquistas, han tratado a la política socialista con admiración; quienes han tirado de bilis han sido insignificantemente minoritarios. La élite política se ha comportado con decoro. Largas colas en Ferraz y en las sedes socialistas de Barcelona y Esplugues de Llobregat haciendo su último homenaje a la desaparecida. O sea, la lucha política, siempre tan inmisericorde, al menos en esta ocasión, se ha comportado. La única excepción ha venido de sus propias filas. Ha habido –muy pocos, ciertamente—quien ha aprovechado la ocasión para recordar, en aparatosos tuitters, que la fallecida apoyaba la candidatura de Susana Díaz. Insignificantes excepciones dando la nota con el ánimo de rebañar adhesiones.

Me han llamado la atención dos comentarios de dos viejas amistades: Eduardo Saborido, que siempre la admiró, recordando el famoso «capitán, mande firmes» y el de la sindicalistas bajollobregatense Aurora Huerga, que comenta que cuando fue elegida secretaria general de CC.OO. de la comarca recibió una carta de felicitación de Carme Chacón. Y se lamenta de la pérdida de la joven socialista.

Cierto, en España enterramos bien. Pero nos cuesta llevarnos bien, incluso a la hora de expresar nuestros desacuerdos.

Me permito una anécdota personal. Un día nos encontramos fortuitamente. «Me ha dicho que te han operado recientemente», me dijo con una sonrisa benefactora. Le expliqué que era de cáncer en la vejiga. Casi no me deja terminar: «Eso no es nada, hombre. Tú y los médicos os lo coméis con patatas». Y me explicó que lo «suyo» sí era preocupante. Me quedé de piedra, porque, además, en aquella época (corría el año 2000) yo no sabía qué era tener el corazón al revés.

Carme Chacón o la pasión por la política.



lunes, 10 de abril de 2017

No somos ni lo uno, ni lo otro

Hay quienes se definen afirmando que no son lo que son. Esta es una novedad conceptual que debe responder a algo. Es una especie que mayormente se da en política. Los menos avisados afirman que se trata de un ejercicio de ambigüedad, pero en mi caso intuyo que es confusión. Confusión propia, en el mejor de los casos. Y, por ello, confusión hacia los demás.

No somos unionistas, ni independentistas, ni federalistas. Tampoco somos confederalistas. Somos otra cosa. Si te pones a escarbar en su rebotica –al menos en mi caso--  ni siquiera llegas a entender qué son, ni qué quieren ser. Todo un inconveniente para la clásica seña de identidad del qué somos y qué buscamos en esta vida. 

Decía el viejo Aristóteles que la física influye en la filosofía. Sea, no seremos nosotros quienes llevemos la contraria al viejo maestro de Estagira. Pero o se le olvidó o todavía la física no había empezado a influir en la política. Habrá que esperar a Werner Heisenberg y su principio de indeterminación: la física influye en la política. Es la política indeterminada que no me dice qué se es, sino qué no se es. En fin, posiblemente también puede ser un contagio de aquella coplilla de Karina: «No, no somos ni Romeo, ni Julieta», en la que nunca se aclaró qué diantres son. Que en la canción puede estar justificado, pero en política puede tener sus inconvenientes.   



sábado, 8 de abril de 2017

PLENO EMPLEO Y BUEN EMPLEO. Dialogando con Paco Rodríguez

Habla Paco Rodríguez de Lecea

A través de un artículo de Cristina Narbona en “bez” (“No es economía, es ideología”), me llega la información de la publicación en español del último libro de Ann Pettifor. Se llama La producción del dinero: cómo acabar con el poder de los bancos (Sin Fronteras, Barcelona 2017). Una mínima objeción: era mejor el título original, más claro y rotundo, con menos sugerencias de título de autoayuda: Just Money. How Society Can Break the Despotic Power of the Finance (2014).

Pettifor (en la foto) merece respeto desde que en 2006 lanzó su título más conocido, La próxima crisis de deuda del Primer Mundo. El pleno de los economistas del establishment  financiero empezó a desmentir a coro sus argumentos considerándolos apocalípticos, pero no pudo llegar muy lejos por ese camino: la crisis llegó, en efecto, al año siguiente. El resto es historia.

Ann Pettifor es profesora de Macroeconomía en la London City University, asesora del líder laborista británico Jeremy Corbyn, y miembro de la Fundación New Economics. Se opone a las políticas de austeridad, rechaza la jibarización del Estado llevada a cabo por el pensamiento neoliberal en favor de la gobernanza autorregulada por los mercados financieros (que incrementa de forma exponencial las desigualdades), está convencida de las bondades de la lucha hoy por el pleno empleo y por el buen empleo, y su receta para acabar con el poder de los bancos consiste en la utilización de las palancas del Estado de derecho y de la movilización de una sociedad bien informada en contra de los abusos catastróficos promovidos por el dinero. Recuerda, en este sentido, la forma tajante como defendió Keynes la subordinación de las finanzas a los intereses colectivos de la sociedad; y cómo las últimas versiones de la socialdemocracia, a partir de las “terceras vías”, han ido abandonando esa exigencia hasta dejar de reconocerse a sí mismas y al ideal social que predican.
Frente a quienes consideran la robotización y la digitalización como elementos destructores netos de empleo, señala Pettifor otros nichos de actividad intensivos en mano de obra que aparecen cada vez con mayor presencia y urgencia en el mundo contemporáneo: las políticas públicas para hacer frente a los desafíos del cambio climático, y el envejecimiento progresivo de la población, con los cambios de orientación y de prioridades que comportan en las políticas sociales.
La información es un arma. He aquí, por tanto, un buen título y una excelente autora para contribuir al rearme tan necesario de la izquierda plural en nuestro país.


Habla José Luis López Bulla

Doy gracias a Paco Rodríguez por la referencia de este último libro de Ann Pettifor, que puede ser un referencia de interés para «la izquierda plural en nuestro país» y, sobre todo, para los sindicalistas. Muy especialmente para la nueva hornada de los que están accediendo en esta fase congresual a altas responsabilidades de dirección. Se trata de una nueva generación que tiene dos novedades: una, un número apreciable de mujeres en los grupos dirigentes; otra, la inmensa mayoría de ellos han nacido en plena democracia. Son novedades que podemos definir como cualitativas. El tiempo dirá hasta qué punto se concreta en una renovación del proyecto sindical.

Paco Rodríguez nos recuerda que la Pettifor señala que «frente a quienes consideran la robotización y la digitalización como elementos destructores netos de empleo, otros nichos de actividad intensivos en mano de obra que aparecen cada vez con mayor presencia y urgencia en el mundo contemporáneo». Muy cierto. En todo caso, el problema del sindicalismo es que está más acostumbrado a ver lo que se cae, los cascotes de la gran fábrica, que lo que emerge. Que es más dado a notar la destrucción del viejo empleo que los trabajos que están emergiendo. Lo que ha conducido a un discurso con un considerable déficit de realidad.

Percibir lo nuevo siempre –parece ser--  es más trabajoso que constatar lo que desaparece. De ahí que nos atrevamos a imaginar que los recambios en los grupos dirigentes, menos contaminados con las aparentes verdades, consideradas como definitivas, están en mejores condiciones para gobernar los procesos de reestructuración e innovación del trabajo, la actividad y de toda la economía. A estas nuevas generaciones les conviene seguir el consejo de nuestro viejo amigo Riccardo Terzi (qed) que exhortaba a que cada sindicalista fuera un constante experimentador social.


viernes, 7 de abril de 2017

Las cosas de Susana Díaz

Esto lo arreglo yo, ha venido a decir Susana Díaz en Barcelona. Concretamente ha prometido ser «muy activa en dar una solución a Cataluña». Es lo que toca en estos momentos de batahola política en el PSOE con sus primarias y su canesú.

Díaz, a tenor de sus declaraciones, no ha entendido una cosa esencial: que el problema de Cataluña es el problema de toda España, incluida Triana. A partir de esa, tal vez insignificante consideración, podemos seguir hablando del maná prometido para solucionar, según ella, el problema catalán.

No podemos pasar por alto que Díaz no nos haya dado pistas de cómo ser «muy activa» en tan complicada tarea.  Ni siquiera un pequeño anticipo. Tan sólo el envoltorio de una golosina. Una promesa que no ha argumentado, ni indiciado. En todo caso, la disculpamos porque es lo que se lleva. Lo que indica el Libro de Estilo de las promesas. De manera que ser excesivamente exigentes sería una exhibición de pejiguería. Y, por nuestra parte, sería desconocer que las promesas están para echarlas en la cara de los contrincantes y adversarios, no para razonarlas, ni –menos todavía--  para intentar abordarlas.

Hemos recurrido a la memoria y la consulta de las hemerotecas para saber cuándo Díaz, contumazmente ágrafa, propuso soluciones al problema catalán, capaces de tener medianamente éxito. No las hemos encontrado. Pero ello, hablando con seriedad, no constituye una prueba. Así es que sería de agradecer que la facundia fuera substituida por reflexiones y propuestas con contenido.  Ahora bien, una pregunta posiblemente indiscreta sería: ¿tiene algo Susana Díaz sobre este particular que no sea la repetición de la cacofonía que ha ido diciendo hasta ahora?



jueves, 6 de abril de 2017

“En ocasiones” parecemos un partido

Ha dicho Toxo que en ocasiones CC.OO. ha dado la impresión de ser un partido político. Sin duda, son unas declaraciones contundentes. Pero como en otras tantas que ha hecho no parece que merezcan la atención suficiente en los grupos dirigentes del sindicato. Compartimos la opinión del secretario  general. Y algo sobre ese particular se ha escrito en este mismo blog. Sobre ello pretendemos reflexionar.

1.--  Ignacio ha hablado de que ello ocurre “en ocasiones”. Convendría, pues, saber en qué momentos, por qué y cuál ha sido el motivo. Porque indicaría que en dichas ocasiones el sindicato ha confundido su naturaleza con la del partido político. Naturalmente, podemos decir que no ha sido de manera reiterada, pero sí es altamente llamativo.

2.--  El sindicato, así pues, se ha contagiado de la naturaleza del partido político “en ocasiones”. Con una naturaleza que no es la suya, hablando y actuando de manera impostada. Sin embargo, el sindicato no ha sabido contagiar a la política partidaria, la vieja y la nueva, de situar la centralidad del trabajo y la cuestión social. Lo que viene a representar una chocante asimetría.

3.--  Decimos que conviene saber cuándo y por qué ha sucedido ese extraño metabolismo que, “en ocasiones” conduce a un déficit de personalidad sindical. De manera que no conviene echar en saco roto la reflexión toxiana. 

4.--  Este importante proceso congresual en curso está comportando un serio recambio de los grupos dirigentes. Tal vez, el desafío más importante sea que el sujeto social se convierta en un colectivo plenamente sindical. En todas sus estructuras. Este es el reto de Javier Pacheco, flamante secretario general de CC.OO. de Cataluña, a quien felicitamos por su elección a tan importante responsabilidad. Una elección que ha sido (casi) unánime. 

lunes, 3 de abril de 2017

Productividad, primas e incentivos. (y Segunda parte)



Pedro López Provencio


Nota editorial.--  La primera parte de este trabajo se encuentra en Texto completo enhttp://theparapanda.blogspot.com.es/2017/03/productividad-primas-e-incentivos.html



Sistemas de primas e incentivos.

Mediante el pago de primas las empresas pretenden incentivar y recompensar los sobresfuerzos que realicen los trabajadores durante su trabajo. Siempre y cuando repercuta en un incremento de la productividad u otras clases de beneficio para la empresa.
Existen multitud de sistemas. Como solo precisan tener una cierta racionalidad en sus planteamientos, cada empresa adopta el que más se amolda a sus conveniencias. Puede dar lugar a confusión el uso de terminologías diferentes para tratar de lo mismo. No obstante, todos los sistemas de primas mínimamente racionales suelen utilizar cuatro factores principales.

Formula general de las primas:
                                                                              D = P x C x H x F
Siendo:
               
D = Cantidad de dinero a percibir por el trabajador en concepto de prima.
P = Valor correspondiente al rendimiento o productividad alcanzado.
C = Coeficiente correspondiente a la categoría del trabajador o a la valoración de su puesto de trabajo.
H = Cantidad de tiempo trabajado a prima por el trabajador.
F = Factor de corrección variable.

Variación de la prima en función del rendimiento (P).

El tipo de variación lo suele fijar unilateralmente la dirección de la empresa, aunque debería ser objeto de negociación. En él se define la cantidad de dinero que la empresa está dispuesta a pagar por hora, día, mes, pieza, en función del rendimiento alcanzado. Este valor suele ser el resultado de averiguar la cantidad mínima que al trabajador le resulte interesante y le incentive para aumentar su producción.

Existen diversos sistemas que relacionan la cantidad de dinero a percibir por el trabajador en función del rendimiento, actividad o productividad alcanzada. Parece lógico que hubiese que partir del supuesto de que el trabajador cumple con su parte del contrato cuando se sitúa en disponibilidad de trabajar a ritmo normal. No obstante, se suele exigir el ritmo habitual. Incluso hay lugares, como en la SEAT (art. 98 del XIX Convenio Colectivo), que el nivel de actividad exigible es el 96%, que consideran actividad óptima.

La prima varía en proporción al rendimiento.

Los trabajadores incrementan su salario en similar proporción en que aumenta su rendimiento. Su implantación requiere que los tiempos de trabajo concedidos estén muy equilibrados. En otro caso los trabajadores, realizando el mismo esfuerzo, consiguen primas muy dispares de un trabajo a otro. También se utiliza para relacionar el “rendimiento” de los trabajadores indirectos con las primas que han de percibir.

Figura 2. Sistema Halsey.

La prima varía en una proporción menor que el rendimiento.

Se suele utilizar cuando los tiempos concedidos no están suficientemente equilibrados y los trabajadores han de hacer esfuerzos muy distintos, para obtener la misma prima, en diversos trabajos. El sistema procura que a rendimientos inferiores se perciban cantidades proporcionalmente mayores que a rendimientos superiores. Así las primas no muestran ostensiblemente la imperfección del análisis de tiempos. El sistema Rowan, con su función parabólica, cumple con este propósito.

Figura 3. Sistema Rowan.

La prima varía según diferentes niveles de rendimiento.

Con este sistema, que puede ser muy variado, se procura que los trabajadores intenten alcanzar los niveles de productividad que interesan a la empresa. Proporciona la posibilidad de aumentar considerablemente sus ingresos al llegar a unas metas de productividad determinadas. Es una forma más refinada de incentivar a los trabajadores. Es la que más se asemeja a la típica imagen de la zanahoria colgando delante del burro. Pero no suelen proporcionar los resultados previstos teóricamente. Sobre todo los más complejos. Las empresas no suelen acertar en sus límites. Y a los trabajadores les resulta demasiado complejo atender a los distintos puntos de inflexión en los que la prima puede dar un salto significativo.

Figura 4. Sistema Taylor.

La prima disminuye conforme baja el rendimiento.

En la SEAT se calculan las “cargas de trabajo” y se determinan las necesidades de mano de obra a rendimiento 100. Los trabajadores están obligados a realizar una producción correspondiente al rendimiento óptimo. Si alguna persona o grupo no lo alcanza se disminuye la prima proporcionalmente hasta llegar al rendimiento 85, a partir del cual ya no se percibe prima alguna. A pesar de que el rendimiento normal se considera el 75. Las primas se pagan por meses con independencia del número de días laborables que éstos tengan. (Artículos 104, 105 y 110 del XIX Convenio Colectivo de la SEAT). Lo que se asemeja más a un salario que a una prima de producción ya que el trabajador no tiene reconocida la capacidad de variarla.

Así, el trabajador uncido a la cadena o a la máquina automática ha de seguir su ritmo sin posibilidad de elección. ¿No sería normal que al trabajador le fuese exigible una actividad normal y que la óptima y sus intermedios fuesen algo excepcional y a su elección?

Figura 5. Sistema SEAT

Coeficiente correspondiente a la categoría o a la VPT (C).

Esta variable influye en el cálculo de la prima a percibir por el trabajador según sea su categoría profesional. O, donde se haya realizado la Valoración de Puestos de Trabajo, según sea el valor asignado al puesto de trabajo ocupado.

Factor de corrección variable (F).

Este factor se suele introducir en las fórmulas de la prima para tener un mayor control del gasto por este concepto. Suele hacerse depender de conceptos relativos a la producción, como la “efectividad” o el “coeficiente de calidad relativo”. Económicos, como el total de facturación, o la cuenta de pérdidas y ganancias, o el flujo de caja (en inglés cash flow). Y, en casos extremos, lo asigna la dirección de la empresa sin dar mayores explicaciones.

Costes y beneficios.

Hubo un tiempo, especialmente en épocas de mucho desempleo, en el que me preguntaba el por qué los empresarios prefieren incentivar a los trabajadores que tienen, incluso hacerles hacer horas extraordinarias, en vez de contratar a otros trabajadores. Parece evidente que si los trabajadores están menos cansados pueden hacer el trabajo con más comodidad y, por lo tanto, de una mayor calidad y en un mejor ambiente.

Me quedó claro cuando empecé a calcular costes de producción y a componer precios de fábrica. Pongamos un ejemplo simplificado:

Supongamos que un grupo de mecánicos, trabajando a una actividad normal,  construye 3 complejos de máquinas en un mes, los costos podrían ser:

Salarios mecánicos ...…....…………………… 10.000,- €
Seguridad Social mecánicos ……………….      3.000,- €
Prima mecánicos ..………………………………        0,- €  ……… 0%
Materiales………………………………………... 30.000,- €
Gastos técnicos y directivos………………..     10.000,- €
Gastos de administración……….…………....…  5.000,- €
Gastos financieros……………………………….   5.000,- €
Gastos comerciales………………………….....  10.000,- €
Amortizaciones……………………………………  3.000,- €
                                                               ----------------------
Total coste …..……………………….…..…….... 76.000,- €
BENEFICIO adi .………………………………..   14.000,- € ……….. 18%
                                                               ----------------------
Precio de venta 3 máquinas…………..……       90.000,- €

Supongamos que este grupo de cinco mecánicos, trabajando con una actividad óptima, construye 4 complejos de máquinas en ese mismo mes, los costos podrían ser:
Salarios mecánicos …….………..................  10.000,- €
Seguridad Social mecánicos ..……..……......   3.000,- €
Prima mecánicos ..………………..….…….….   3.000,- €   ……… 28%
Materiales…………………………………...…... 40.000,- €
Gastos técnicos y directivos………………..     10.000,- €
Gastos de administración……….…………....…  5.000,- €
Gastos financieros……………………..…….…    5.000,- €
Gastos comerciales……………………..…  .…. 10.000,- €
Amortizaciones……………………………..……   3.000,- €
                                                               ----------------------
Total coste …..……………………….…..…..      89.000,- €
BENEFICIO adi……………………………..….    31.000,- €  …..….. 35%
                                                               ----------------------
Precio de venta 4 máquinas……….....…         120.000,- €

Perspectiva.
La codicia es el pilar sobre el que se sustenta el actual sistema económico imperante. Por eso es crucial, para el futuro, que la nueva configuración social que se avecina responda a otros criterios. Y a otras bases. Los derechos de propiedad privada, especialmente los de los medios de producción y de la información y la actividad económica mercantilista actual, son una triste desgracia para la mayoría. Aunque algunas migajas de la riqueza que se produce se les otorguen a algunos trabajadores. Mientras otros muchos quedan excluidos.

La acumulación de dinero, los negocios monetarios y los financieros, alimentan la desesperación de la inmensa mayoría de la población mundial. El principio de que el precio es el resultado de la oferta y la demanda y que el aprovechamiento de la coyuntura pueda servir para explotar con cinismo la debilidad o la miseria del prójimo, es la degeneración de la especie. La explotación del tiempo para cobrar una prima o interés por el mero transcurso del tiempo, sin aportar o producir nada, para beneficio de unos a costa de los otros, debería considerarse un grave delito. Y si esa desfachatez se traslada a los trabajadores, arbitrando sistemas para que aumenten su salario por el mero transcurso del tiempo, sin modificar en nada la calidad, ni la cantidad, ni la profesionalidad de su trabajo, la perversión del sistema puede llegar a límites insospechados. Lo que ya se experimenta en la SEAT.

La compraventa que proporciona un beneficio sin transformación, ni mejora, ni desplazamiento alguno del objeto, es un oficio degradante. La compraventa de futuros, de lo que aún no existe, que proporciona pingues beneficios, aunque no llegase a realizarse nunca, resulta un latrocinio.

La actividad productiva, constructiva o creativa, que beneficia a la comunidad, debería ser entendida como condición de toda ventaja económica y la medida de la honorabilidad. Frente a la sobreexplotación del trabajador dependiente, subordinado y precarizado, hay que  propugnar una doctrina que signifique la victoria del hombre sobre el economicismo. Que derogue la propiedad privada fruto, en su origen, de la usurpación y del robo. La tierra pertenece a todos los hombres y, por consiguiente, los frutos que produce deben ser para beneficio general de todos.

Los avances en ciencia y tecnología ya acercan la posibilidad de liberar a las personas del trabajo monótono y rutinario. Inventado a partir de la llamada primera revolución industrial. Llega el momento de construir la nueva utopía del trabajo. Que vuelva a ser, para la mayoría, un elemento principal de realización personal. Que sirva para el cumplimiento de los objetivos que se propongan libremente. Que puedan desarrollar todas sus capacidades y hagan reales sus posibilidades. Dando sentido a su existencia de forma que contribuya a que su sistema emocional considere con satisfacción el desarrollo de su vida. Hacer realidad la imaginación, alcanzar metas, sueños de poder para llenar las aspiraciones de libertad. Trabajar no solo por su valor económico, sino por logros que proporcionen satisfacción al alcanzar las finalidades propuestas útiles para la felicidad. Sabiendo que la realización personal en el trabajo no depende tanto de los medios que se utilizan como de los fines que se proponen.





Productividad, primas e incentivos. (Primera parte)

Pedro López Provencio

Productividad. Antecedentes.

La forma que ha adoptado el trabajo, el proceso productivo y el reparto de la riqueza obtenida, han contribuido decisivamente a conformar la sociedad en cada momento. Una vez más, con la implantación de lo que se ha dado en llamar “industria 4.0”, el cambio está servido. Lo que conviene averiguar pronto es si, en la nueva configuración social, intervienen decisivamente el Poder Público y el Sindicato. O si se deja al albur o a la conveniencia de los que manejan el dinero y sus directivos.

En la tribu primitiva, el varón tenía asignadas las tareas de la caza, la agricultura y la guerra. Actividades para las que la fuerza física y la disponibilidad eran características necesarias y principales. Mientras, la mujer, generalmente, se ocupaba de las tareas domésticas, el cuidado de los hijos y, en ocasiones, de auxiliar en las tareas del varón. Su menor fuerza física y sus frecuentes periodos de gestación suponían un impedimento. La familia estaba difuminada, hasta el punto de que los hijos no precisaban necesariamente identificar al padre. Los bienes que se obtenían tendían a cubrir las necesidades de subsistencia. En buena parte, se colectivizaba lo obtenido por los varones, para que beneficiase también a mujeres, niños y ancianos. La pervivencia de la tribu, la comida, el cobijo, y la obtención de gratificaciones sexuales, eran los principales incentivos del trabajo.

Con la institución de la propiedad privada se particularizó e individualizó la familia. Para que solo los más allegados pudiesen disfrutar de los bienes que algunos empezaban a acumular. En gran medida, a costa de las personas esclavizadas y de los siervos de la gleba. Ese varón rico se apropió también de la mujer y precisó retenerla en exclusiva. Para garantizar que eran suyos los hijos que podían disfrutar de sus propiedades y, a su fallecimiento, los heredasen. La acumulación de riqueza y poder resultó ser un incentivo que aún perdura.

El proceso productivo fue cambiando. De la división social del trabajo protagonizada por los artesanos, se pasó a la división capitalista del trabajo protagonizada por los obreros. Los artesanos precisaban saber cada vez más y a los obreros se les condicionaban a saber cada vez menos. La energía obtenida, en grandes cantidades, de fuentes distintas de la del hombre y de los animales de tiro, contribuyó decisivamente a los cambios. La primitiva energía eólica e hidráulica precisaba ser consumidas en el mismo lugar en que se producía. Más tarde, con la máquina de vapor alimentada con carbón, la electricidad y el motor de explosión con derivados del petróleo, la energía pudo ser transportada y utilizada en lugares distintos al de su obtención.

Esa cantidad de energía disponible, más la concentración de los trabajadores en las fábricas, propició la producción en masa. Para que éstos tendiesen a trabajar al máximo se utilizaba el miedo y la represión. Como en la esclavitud. Pero, eso solo, producía muchos inconvenientes conforme la concentración de obreros fue aumentando. Precisaba de una vigilancia constante. Muy costosa. Se tuvieron que idear y utilizar otros procedimientos. Ahí apareció Taylor.




domingo, 2 de abril de 2017

Demócratas condicionados. El Psoe en primarias

Dos barones tiran con bala. Es la inequívoca señal de que las primarias socialistas han entrado en capilla. El aragonés y el castellano-manchego han abierto el fuego. Pedro Sánchez es, naturalmente, el destinatario. Han venido a decir, con voz de barítono de alta comedia musical, que depende quién gane el proceso electoral interno se pensarán a fondo su futura agenda personal. Un rodeo retórico exagerado para decir que, como gane Sánchez, abandonarán sus responsabilidades institucionales. Yo veo las cosas así: se trata de un miedo indisimulado a que no les salgan las cuentas.

En realidad es un miedo a que los votantes se expresen libremente. En dirección opuesta a los designios del Gotha socialista. A que se repita el resultado que enfrentó, tiempo ha, al oficialista Almunia y al heterodoxo Borrell que, contra pronóstico, ganó aquellas primarias. Miedo efectivamente a que la militancia se escape de la amathía, de la que hablaba Platón. De ahí el desesperado recurso al miedo. Un miedo que, como recurso, parecía ser monopolizado por la derecha. El miedo de los demócratas condicionados. Esto es, soy demócrata a condición de que hagas lo que te ordeno. Más concretamente, dame tu reloj y te diré qué hora es.

Ahora bien, las palabras de los dos jerarcas tienen un serio inconveniente: la falta de credibilidad. Nadie imagina que la amenaza vaya en serio. ¿Se imaginan ustedes a Lambán y Paje renunciando a las sinecuras y prebendas del poder porque no ha ganado la persona en la que habían puesto sus complacencias? No, padre. Pero ello no quita la zafiedad con la que se han expresado.

En resumidas cuentas, las primarias nacen una pizca sucias. ¿Se sabe si la señora Díaz les ha dicho, trianeramente, a estos dos caballeros aquello de «no me ayudéis, compadres».



Radio Parapanda.  Retransmitiendo a don Lluis Casas en  http://lluiscasas.blogspot.com.es/2017/04/emili-una-persona-que-movia-dinero.html: “Emili, un hombre que movía dinero”. 

sábado, 1 de abril de 2017

Dos sugerencias al sindicalismo confederal

En los últimos días he leído dos observaciones sindicales de indudable interés. La primera la expresa una sindicalista madrileña de CC.OO., de la que ahora desgraciadamente no recuerdo el nombre. Le pido excusas. La segunda es del previsible nuevo secretario general, Unai Sordo.

1.-- La madrileña nos interpela a pasar del  «sindicalismo de los hitos» al «sindicalismo de los procesos». Sordo sugiere que el sindicato debe «gestionar la diversidad».  A decir verdad, ambas invitaciones son de gran calado. Ahora bien, para que no queden en meras florituras parece necesario pedir que se rellenen de contenido. De substancia que provoque una nueva fisicidad al sindicalismo confederal. De su poder de representación y representatividad. De la traslación de tales ideas a las prácticas contractuales. De su organización y de la relación de ella con los afiliados y los potenciales inscritos. En concreto de su proyecto, que se organiza autónomamente y se expresa con independencia de todos los poderes externos (económicos, políticos e institucionales).

Intento comprender lo que quieren indiciar. La madrileña parece decirnos que el sindicalismo lleva tiempo andando a salto de mata. Pudiera ser que esta sea una consecuencia de la necesaria resistencia que, en los momentos actuales, se está llevando a cabo contra las políticas devastadoras de los últimos tiempos de agresión salarial, devastación de los derechos y ataque sistemático a la personalidad misma del sujeto social. En todo caso, ese ir «a salto de mata» o, si se prefiere, tapando agujeros expresaría la limitación del sindicalismo de hitos, de momentos puntuales.

Es obvio que mientras tanto es preciso resistir. Pero las trincheras acaban pudriendo a los asediados. De ahí que sea urgente la elaboración del proyecto-trayecto que requiere el sindicalismo de los procesos de largo recorrido. Estableciendo los vínculos y compatibilidades entre todas las variables de su programa. Ligando cada momento puntual al proyecto. Es decir, creando un proceso, que debe revisarse periódicamente. Un proceso que posiblemente se ha iniciado ya como parece desprenderse del reciente artículo de Quim González en CCOO y UGT de Industria miran al futuro digital.


2.--  Tiene razón Unai Sordo. Hay que gestionar la diversidad. Y, si se prefiere mayor rotundidad, es preciso gobernarla. Una plataforma  contractual a la vieja usanza no sólo no conviene sino que ya no encaja en las reivindicaciones, viejas y nuevas, del conjunto asalariado, cuya estratificación es rotundamente molecular. En definitiva, la complejidad es la nota dominante de este proceso de reestructuración e innovación permanente de los aparatos productivos y de toda la economía. Los cambios ya no se dan de higos a brevas sino de manera continua y velozmente. Lo que señalaría que no estamos ante una época de cambios, sino ante el cambio de una época. 

En resumidas cuentas, Unai Sordo puede despejar algunas primeras incógnitas en su discurso de investidura como secretario general. Pistas, decimos. Para ir rellenándose posteriormente en los próximos cuatro años.