jueves, 20 de septiembre de 2012

DE ASIMETRÍAS, NACIONES Y REGIONES



Homenaje de este blog a Antonio Gutiérrez Díaz

 De la serie “Conversaciones sobre Catalunya” (1)  Mano a mano con Javier Aristu. 



Escribe Javier Aristu

Amigos de Cataluña: Una nota previa de profesor con mono. He estado pensando si escribir Catalunya o Cataluña. Sé que podría ser más cortés y educado con vosotros si escribo la primera, con [ny], como es en catalán, pero creo que debo ser honesto conmigo mismo y con mi lengua castellana, donde no existe la grafía [ny] y, además, tenemos una grafía [ñ] que no lo tiene ninguna otra lengua así que seguiré escribiendo Cataluña. Nos consuela saber que el fonema sí es el mismo.

Continúo con la reflexión abierta y sigo por mi senda, la de la reflexión política o cultural, aquella en la que mis débiles neuronas se mueven mejor. Los asuntos económicos los dejo a más ilustres cabezas sabiendo que constituyen el núcleo duro de la actual polémica entre Cataluña y España.

Parece que estamos de acuerdo en que el reciente estallido del nacionalismo catalán y su deriva independentista tiene que ver con la nefasta decisión del Tribunal Constitucional de julio de 2010. Es humillante, sin duda, que tras todo un debate parlamentario en Cataluña y en las Cortes españolas, y tras un referéndum aprobatorio en Cataluña venga un tribunal de personas designadas por los propios partidos, y cuya designación ha dependido, en la mayor parte de los casos, de la afinidad con los partidos dominantes del sistema político, a anular parte del articulado del Estatut. Es indudable que cualquier catalán se ha podido sentir agredido: ¿para qué nuestras instituciones políticas representativas, las catalanas y las del estado, si luego existe un grupo de 12 personas que más que proteger la Constitución parece que sancionan la última palabra de la política? Por tanto, no podemos sino estar de acuerdo en que de aquellos lodos estos barros. Podemos imaginar que la situación política en Cataluña y en España sería harto distinta hoy si el TC hubiera dado por constitucional los artículos de marras del Estatut.

El error del TC hay que situarlo también en paralelo a la voluntad del PP: no lo olvidemos, este partido hoy con mayoría absoluta fue quien presentó el recurso contra el Estatut, hecho que por otra parte no le ha impedido apoyar al partido ahora independentista en su gobierno de la Generalitat. Esta realidad, que el otrora recurrente del Estatut apoye al govern en Barcelona y reciba viceversa el suyo en Madrid, nos tiene que llevar a pensar que aquí hay gato encerrado. O que no podemos hablar solo de cuestión nacional sino también de cuestión de clase, de intereses de clase.

Sin embargo, sabemos que el asunto de la explosión independentista viene de más lejos. Viene de ese largo proceso de conciencia real que caracteriza al periodo de Pujol al frente de CiU, y que tan bien analiza José Luis en su primera carta, pero también de la ineficacia e incomprensión de los nuevos tiempos por parte de la izquierda, cuestión que también explica. Allí habla de que la izquierda política catalana –mayoritariamente el PSC e IC-  se pasó al bando nacionalista con todos sus efectivos olvidando lo que parecía más importante, la quiebra del  tradicional consenso social catalán de los años setenta ahormado en torno a un modelo industrial que estalló y desarmó a sus protagonistas. Repito tus palabras: “En esa tesitura, las izquierdas catalanas están distraídas ante las grandes transformaciones en el centro de trabajo y en la economía, en la estructura de las clases laboriosas y en la aparición de nuevas subjetividades de hombres y mujeres”. Este es para mí el verdadero nudo gordiano de la deriva actual en Cataluña. La sociedad catalana, como en general la española y la europea, está en un proceso de profunda transformación donde un viejo mundo está en trance de desaparición o ha desaparecido en estos últimos 20 años surgiendo a su vez un nuevo modelo de relaciones sociales, nuevo modelo porque la economía también es nueva (aunque algunos de sus sectores todavía piensen en relaciones arcaicas). Y, como pasa siempre en esos momentos de profundos cambios de estructura, la cuestión es quién hegemoniza el proceso, quién dirige la nave para aprovecharse de los vientos. Y la respuesta parece obvia: no es precisamente la izquierda política la que tiene los instrumentos y la fuerza para imponer su dirección … así que si no se tiene la dirección –piensan algunos- mejor situarse en el barco de tal manera que no le echen a uno al agua y se ahogue en el proceloso piélago.

Nos quedan los sindicatos, estas instituciones que a pesar de las críticas que reciben, a pesar de ser diana de parte del descontento social (ya sabes, el sindicalismo no termina de ser bien visto en España por ciertas capas medias) son hoy la única institución capaz de sacar cientos de miles de personas a la calle tras un programa reivindicativo y de ofrecer algo de seriedad combativa y constructiva a los desmanes del neoliberalismo. Pero los sindicatos no se presentan a las elecciones generales y autonómicas.

La importancia del 11 de septiembre de 2012 y de la posterior postura de vuestro presidente Mas no es que haya desencajado la agenda de Rajoy y del PP. El problema mayor es que puede desencajar el modelo español de configuración del poder territorial y eso significa abrir de nuevo la caja de pandora del problema de nuestro estado. Todos los que vivimos de forma consciente aquellos años de la transición –hoy tan denostada por algunos- nos acordamos de lo que suponía una constitución donde en su artículo 2 se habla del derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones. Bien es verdad que esta frase está tras aquella otra que nos habla de  la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles. ¿Este artículo 2 es un pastel como un piano o es sencillamente el resultado político y lingüístico de un momento extraordinariamente delicado cocinado por lo que José Luis llama Doña Correlación de Fuerzas? Me quedo con ambas apreciaciones porque si uno lee las listas de miembros de aquel Congreso de diputados de 1978 y analiza su procedencia comprenderá por qué se redactaban esos artículos y por qué se cocían tan extraordinarios pasteles.

Y abro otro frente para que me digáis lo que pensáis. Andalucía es una tierra ancha, amplia y diversa. Nuestra burguesía castiza y jaranera logró construir un arquetipo folclórico y coplero que ha dado la vuelta al mundo y que, desafortunadamente, todavía muchos andaluces creen que es la esencia de esta geografía. En cosas serias esta tierra ha dado posiblemente la mejor poesía que se ha escrito en el siglo XX en España; sin embargo, parecía que sus habitantes eran más de su pueblo que andaluces y todavía tenemos que soportar que se utilicen las rivalidades capitalinas y provincianas como estandarte de la política (ayer mismo el sustituto de Javier Arenas comenzaba a transitar por esa senda) pero sin embargo un 4 de diciembre de 1977 un inmenso pueblo salió a la calle y un 28 de febrero de 1981 fue a las urnas y rompió el diseño de un estado asimétrico. Asimetría, voilá la question. ¿Hay que sobrepasar el artículo 2 de la Constitución? Seguramente pero, mejor, hay que reescribirlo, entre todos y dialogando. Y superando también ese constructo de nacionalidades y regiones que genera una visión del estado de  España que si fue necesario en el pasado hoy ya no es posible. Que cada ente se denomine como quiera pero sin que eso suponga supremacía sobre el resto. ¿Cataluña, una nación? Seguro, no es esa la cuestión ni debemos discutir esa afirmación. ¿Cataluña y Euskadi y Galicia, entes jurídicos diferentes a los demás y con estatuto diferente? No, gracias, por ahí no. En este momento de la historia española y europea las diferencias constitutivas e históricas, que haberlas haylas,  no pueden ser motivo para diferencias de trato y de estatus. Solidaridad e igualdad sin injusticias y también sin igualitarismos que al final llegan a ser simple uniformidad.

Termino y provoco un poquito. Ayer aparecía en la prensa andaluza un reportaje sobre esta cuestión que nos traemos entre manos. De entre las declaraciones que hacen técnicos y expertos jurídicos y económicos destaco esta del profesor Diego Caro, catedrático de Historia Contemporánea: “Los representantes del nacionalismo burgués catalán y algunos despistados del PSC tienen una memoria histórica corta. Sólo escuchamos lo que les debemos y se olvidan de los privilegios que disfrutaron sus empresas durante dos siglos. Si hiciéramos las cuentas desde entonces y valoráramos lo que nuestros antepasados y todos los españoles pagaron de más por unos géneros procedentes de Cataluña que se vendían sin competencia exterior por el proteccionismo que los amparaba, a lo mejor más de un nacionalista se llevaba una desagradable sorpresa". (Lo que piensan algunos andalucesDiario de Sevilla, 16 de septiembre). Todo esto me recuerda a debates ya del pasado; sinceramente, creo que por ahí no podemos tirar si queremos que este endiablado problema que está gestionando la derecha catalana y que bloquea la derecha españolista pueda llegar a una solución aceptable para todos… o al menos para la mayoría social.

Coda final: Terminadas estas líneas me entero de la muerte de Santiago Carrillo. Seguramente con él se va todo lo que quedaba del testimonio de la izquierda del siglo XX. No creo que quede en vida ningún protagonista de lo que fue la increíble tormenta política y social que va de los años 1917 a 1989.  Vivió y participó de forma activa y protagonista en los dos grandes acontecimientos de la historia española de ese siglo, la guerra civil y la transición.

Mi primer conocimiento de Carrillo fue a través de su libro Después de Franco ¿qué? (1965), libro mítico para los que comenzamos a comprometernos en la lucha política en esos años. Corría el año 1968, en Granada. Después vinieron años compartiendo el proyecto que él personalizaba y disintiendo, también, a partir de 1982, cuando la crisis de la izquierda comunista estalló provocando una lluvia de meteoritos y retales personales y políticos que todavía continúa.

Carrillo, salvando algunos otros nombres, fue el único intelectual orgánico del comunismo español a partir de 1956. Ese es su valor pero también su demérito. Absorbió casi toda la elaboración política del PCE durante las décadas sesenta y setenta. Creó equipos de dirección pero siempre bajo su potente liderazgo en la propuesta táctica. Está por hacer el balance histórico de toda su biografía, el análisis frío y alejado de intereses políticos sobre su contribución a la historia de este país y del movimiento comunista pero quiero destacar en esta breve nota algo que sin duda se ha dicho ya: la transición a la democracia no hubiera sido igual sin Carrillo, seguramente hubiera conllevado más sacrificios y a lo peor la hegemonía de la derecha hubiera salido reforzada. No se puede echar sobre las espaldas de la transición y sobre Santiago Carrillo, ahora, treinta años después, las deficiencias y desequilibrios de la actual democracia española. El estado vigente de nuestra democracia tiene responsabilidades y a lo mejor las tenemos que endosar no a nuestros veteranos elefantes sino seguramente a los jaguares de los últimos años, de la derecha y también de la sedicente izquierda.

Escribe José Luis López Bulla


Querido Javier:

Nada tengo que objetar a la ñ ¡bastante trabajo me costó escribirla cuando era niño chico en aquellas libretillas de palotes bajo la severa mirada de don José Viera, maestro nacional, en Santa Fe, capital de la Vega de Granada. Es más, me parece más lógico que Cataluña así se escriba, cuando se hace en castellano con esa letra inmarcesible que lo que sucede en los libros de estilo en catalán que ponen Córdova por Córdoba u Oriola por Orihuela.

Tengo para mí que coincidimos en cosas muy importantes: las que tú señalas cuando referencias algunas partes de lo que he escrito. Esto es, el papel de la derecha catalana, su alianza (estratégica en la cuestión social y económica) con la derecha carpetovetónica y el papel de la gauche qui pleure en Catalunya. Hay, no obstante, un momento de tu escrito en el que tengo un fuerte desencuentro.  Es el siguiente:   “Superando también ese constructo de nacionalidades y regiones que genera una visión del estado de  España … “. Intentaré explicarme.

Cuatro, me parece a mí, son las posibilidades de un funcionamiento, como Estado, de España tal como la conocemos. El sistema de autonomías, una confederación, el federalismo o la vuelta atrás al centralismo. La otra, al margen, es la separación de Catalunya, lo que llevaría aparejado la pedrea de Euskadi.

Soy radicalmente contrario a la vuelta atrás. Permíteme que no me explaye para no alargar excesivamente esta conversación. La confederación no la quiere nadie: ni en Madrid ni en Barcelona. De federalistas sólo conozco a cuatro y el cabo. Y de la separación de Catalunya no soy partidario. Sólo me queda (y no por exclusión sino por convencimiento) el Estado de las autonomías.

Superar ese constructo de nacionalidades y regiones, significaría poner patas arriba toda la arquitectura institucional en España. No aconsejo la apertura de ese melón pues la salida no sería otra que la vuelta al viejo Estado centralista con todo lo que ello implicaría así en el terreno institucional como en el de la administración del welfare state.   

Querido Javier, hemos hablado de las responsabilidades de las izquierdas en todo este asunto que nos ocupa. Que fundamentalmente lo refiero, primero, al  deterioro y, después, al de su primigenio elemento, el internacionalismo. Lo que, en estos tiempos de globalización, desubica y, por tanto,  incapacita a las izquierdas para intervenir eficazmente y transformar gradualmente las cosas. Así pues, los nacionalismos –y, por extensión, los de las izquierdas—son un anacronismo en esta fase, ya irreversible, de la globalización y de la economía mundo.

Sabes que he traducido al castellano el libro más representativo de Bruno Trentin,  LA CIUDAD DEL TRABAJO . Por cierto, es posible que dentro de poco se publique, Rodolfo Benito mediante. Pues bien, nuestro amigo italiano hace una investigación a fondo de las contaminaciones que, a lo largo, del siglo XX, han sufrido las izquierdas. Sus preocupaciones son el trabajo, la sociedad, el poder y el Estado. Con la sombra alargada de Ferdinand Lassalle a lo largo de toda su investigación. Nada dice Trentin del contagio de los nacionalismos, porque eso le hubiera exigido otro tipo de investigación. Mi pregunta es: ¿no sería ya el caso de que alguien, con la cabeza fría y buena letra, abordara el tema? Esto es, ¿por qué las izquierdas, especialmente las de matriz socialista y comunista, se enclaustraron en los márgenes del Estado nación y tiraron por la ventana al niño, el agua sucia y la palangana? Y más todavía: ¿por qué las vías nacionales al socialismo –también la de Palmiro Togliatti— no encontraron el punto de confluencia entre lo nacional y lo mundial? Seguro que una investigación sobre estos temas tan suculentos pondría nervioso a más de uno, pero tal vez podría dar algunas pistas sobre las razones que han presidido la instalación centenaria de las izquierdas en todos los nacionalismos.

Coda.  En efecto, Javier, Santiago Carrillo es el último de los leones de la izquierda española del siglo XX. Pero en Italia todavía está diciendo la suya Pietro Ingrao, que también es de la quinta de Santiago.


(1) Las conversaciones se encuentran en 1. UNA CONVERSACION, SOBRE CATALUNYA, 2. UNA CONVERSACIÓN SOBRE  CATALUNYA, 3. UNA CONVERSACIÓN SOBRE CATALUNY y   LOS 400 DE CATALUNYA


martes, 18 de septiembre de 2012

DESCONCIERTO DESPUES DE LA MAREA: Catalunya, hoy



Nota editorial. Esta entrada forma de Jaume Puig parte de las conversaciones sobre Catalunya:  1. UNA CONVERSACION, SOBRE CATALUNYA, 2. UNA CONVERSACIÓN SOBRE  CATALUNYA, 3. UNA CONVERSACIÓN SOBRE CATALUNYA y  CATALUNYA Y LAS COSAS DE COMER

 


Jaume Puig i Terrades

¿Es Cataluña mayoritaria y definitivamente independentista? ¿El nacionalismo catalán ha modificado su paradigma? ¿Los sindicatos y la izquierda también son ahora nacionalistas?¿Qua ha cambiado sustancialmente, para que, lo que antes era obra de unos cuantos centenares de manifestantes en esta ocasión hayan sido más de un millón? Podríamos añadir más interrogantes, pero, si soy capaz de responder a los enunciados, me daré por satisfecho.

No sabemos si los catalanes, en el sentido que los definía Jordi Pujol, “Es catalán todo el que vive y trabaja en Cataluña” se han vuelto mayoritariamente independentistas. Esto no lo podremos saber hasta el día que los ciudadanos seamos consultados con todas las garantías democráticas. Lo que sabemos hasta hoy es lo que la demoscopia nos indica: que el sentimiento independentista ha crecido considerablemente en los últimos meses. Una expresión de este crecimiento es la masiva manifestación del pasado 11S con la explosión de banderas independentistas que han sustituido la clásica senyera, que por cierto está presente en el escudo de España.

Que el sentimiento, porque de eso se trata, fundamentalmente, de un sentimiento, de desafección de gran parte de los catalanes respecto a España sea hoy mucho mayor que lo era en la transición, después de haber conseguido el autogobierno con atribuciones exclusivas en la enseñanza, la sanidad, la policía, con una televisión autonómica, con un parlamento propio etc. parece contrario a la razón, pero también es cierto que el nacionalismo ha conquistado la hegemonía   a partir de conectar como nadie con la mesocracia de este país y de utilizar magistralmente los recursos de la Corporació Catalana de radio  i televisió incluso durante los gobiernos tripartitos, añadiéndole el (mediático) potente grupo Godó,  subvención mediante, de nueve millones de euros. Esos altavoces mediáticos se han comportado durante los días previos como verdaderos agentes de la agit-prop, dignos de mejor causa, cierto es que si el campo no está preparado la lluvia puede resbalar por las torrenteras, y hay datos objetivos como son el déficit fiscal y la desgraciada sentencia del Constitucional sobre el Estatut después de ser aprobado mayoritariamente en referéndum, ha encontrado una ciudadanía muy predispuesta, amén de la ofensiva del PP gobernante contra nuestra lengua, todo ello en medio de la crisis sin parangón desde la posguerra, las consecuencias de la cual el partido gobernante en Cataluña ha sabido eludir can la excusa del déficit fiscal y desactivando a la oposición con la excusa de la herencia recibida, como buenos colegas del PP.

Considero que precisamente el ahondamiento de la crisis explica gran parte de la presencia masiva en la manifestación, si no ¿por qué en la manifestación de la Diada del año pasado solo fueron los mismos grupos minoritarios de todos los años, teniendo en cuenta que la sentencia sobre el Estatut es de junio de 2010?

La razón de existir de un partido nacionalista no es la convivencia fraternal con otros pueblos dentro de un mismo estado, sino la conquista del estado propio. Debemos celebrar que después de 35 años Convergencia Democràtica  de Catalunya reivindique claramente el Estado propio y que hayan casi desaparecido los eufemismos.

Pues sí, el nacionalismo catalán, hegemonizado por CIU, a partir de la irrupción de una nueva generación que no participó en los pactos de la transición y que han actuado en política siempre en democracia, ha asumido  el control del partido en el último congreso, con el nuevo paradigma de la independencia, abandonando las ambigüedades así como las veleidades democristianas del pujolismo, al tiempo que abrazaba el nuevo icono de la modernidad que es el neoliberalismo sin ningún complejo.

Otra cosa distinta es el papel que está jugando la izquierda catalana, desde ICV y el PSC, hasta los sindicatos., teniendo en cuenta que el nacionalismo siempre ha sido ajeno al mundo de la izquierda. Por mi parte nunca he entendido cómo se puede conjugar, una cosa con la otra, además, la experiencia me enseña que cuando a un nacionalista de izquierda se le pone en la encrucijada siempre escoge el nacionalismo. No es menos cierto que hay varias maneras de enfrentarse a la ola, en mis tiempos de sindicalista nunca me gustaron los que en momentos críticos rehuían tomar posición para dejarse llevar por las actitudes más enardecidas, cuando no se ponían al frente de las mismas, o los más pusilánimes que sin tomar partido se justificaban con aquello tan manido de “yo, lo que diga la asamblea”, pues bien da la impresión que ante esta ola –cuidado que las grandes olas acaban estrellándose en el malecón o arrasan con todo lo que encuentran dejando un paisaje desolador – la izquierda catalana o se ha subido a ella, o se pone de canto, no sin antes echar por la borda gran parte de su bagaje ideológico.

 Será porque ICV  no tiene referente en el resto de España y ante la necesidad de abandonar la marginalidad busca pescar en todos los caladeros posibles, ha llamado a la manifestación, intentando marcar perfil propio, insistiendo en el viejo eslogan del derecho a la autodeterminación, pero sin decir hacia donde se determinarían, que como era de esperar ha quedado diluido en la marea. El PSC por su lado, que sigue en shock post traumático, se ha manifestado en contra de la secesión poniendo el acento en el federalismo, con algunas voces disonantes, como ocurre siempre que un partido está en crisis y más en perspectivas electorales a la vuelta de la esquina; al mismo tiempo está buscando la complicidad del partido hermano que está enfrascado en otras historias y en ese terreno lo menos que se puede decir es que está autista.
Los sindicatos, UGT y CCOO, han tenido un posicionamiento ambiguo, un poco en la línea de ICV, no por casualidad situados en la cola de la manifestación, con la excusa que entre los afiliados existen muchos nacionalistas, lo cual será cierto, como que también debe haber quien está en contra del aborto y a favor de la segregación por sexos y no por ello se manifiestan con los obispos y con E.Cristians .
Mientras tanto la patronal catalana incluso las Pimes no comparecieron en la manifestación y en cambio están apareciendo, de momento sutilmente, para rebajar la tensión y rebajar el entusiasmo arcangélico de los independentistas. La realidad es muy dura, la prioridad de los empresarios es como combatir la crisis y desconfían con razón que la independencia les facilitaría las cosas. Es cierto que el mercado catalán es el más exportador de España, el 53%, pero el 47% restante es mercado español y con las cosas de comer no se juega.

Por mi parte, en mi caminar por la ideología de izquierdas llegué al paradigma de  libertad,  igualdad y  fraternidad como tres conceptos con los que enfrentarnos a la ideología de que cada uno se espabile y de lo nuestro por encima de todo.

Me parece un disparate mayúsculo que por un 4% de déficit fiscal y por los ataques de unos cuanto y las incomprensiones de unos muchos  -de aquí y de allá- tengamos que ir a un choque frontal que destruya por muchos años los lazos de solidaridad que hemos ido tejiendo durante siglos.

Mi paso por la escuela franquista en la que me enseñaron aquella frase de José Antonio: “España, lo único importante”  me curó de veleidades nacionalistas; casi se me había olvidado, pero los discursos arrebatados de algunos tertulianos durante esos días me lo han recordado, podrían asumir la misma frase intercambiando España por Cataluña.

Que no me busquen hurgando en las diferencias y mucho menos en las mentirosas superioridades, con las cosas serias de verdad, y la convivencia es una de ellas no se puede andar con frivolidades.


CATALUNYA Y LAS COSAS DE COMER




Nota editorial. Don Lluis Casas interviene en el debate Conversación sobre Catalunya. Que cuenta con las primeras opiniones en 1. UNA CONVERSACION, SOBRE CATALUNYA, 2. UNA CONVERSACIÓN SOBRE  CATALUNYA, 3. UNA CONVERSACIÓN SOBRE CATALUNYA.  

Lluis Casas

No sé si me meto en camisas en once varas o en donde no me llaman. Ambas cosas son peligrosas porque corres el riesgo que te mienten a la madre, al padre, a tus orígenes o a tu circunstancia. Lo peor que te pueda pasar es que alguno de los medios de manipulación se aproveche de lo escrito y te ponga en una ficha ideológica por una línea entre cien, o por una simple palabra entre mil. Como cuento, sin duda alguna, con la gallardía paparandesa y sé que no voy a quedarme solo con el apoyo del primo de Sumosol, diga lo que diga, ahí voy y sea lo que los dioses menores quieran.

Las dos entregas de la conversación son sumamente interesantes y repletas de verdades y matices de gran importancia. Independientemente del acuerdo o no que pueda tenerse con ellas. Constatación que tal vez no hiciera falta, pero que quiero que conste.

La segunda parte de la conversación, que  me recuerda argumentos y complejidades ya veteranos, hace un excelente análisis del fenómeno convergente y del olvido de la izquierda de lo que habían aconsejado múltiples teóricos y prácticos del movimiento obrero y socialista o comunista. Las advertencias gramscianas sobre la hegemonía (social, cultural, etc.) solo son un caso entre los muchos que pueden citarse. Pero como no se trata de repetir lo dicho por Javier Aristu y por José Luis López Bulla, voy a lo mío que pienso que puede ser complementario en la conversación.

En primer lugar hablaré sobre el déficit fiscal. Argumento aparentemente central en la estrategia independentista o simplemente reformista del gobierno de CIU, la propuesta de pacto fiscal. Como el asunto es asaz complejo y de cifras se trata, evitaré el lenguaje tecnológico del economista e iré directo a la tesis, que tengo por probada.

Efectivamente, Catalunya tiene un balance fiscal con el resto de España negativo. Eso significa que aporta per cápita menos de lo que recibe. Dicho así nada es anormal. En todos los países existen flujos fiscales desde los territorios con mejores ingresos hacia los situados por detrás. Lo anormal es que en base a ese flujo, Catalunya acabe recibiendo una cifra menor per cápita para financiar sus servicios públicos básicos y una menor aportación para sufragar las infraestructuras que corresponde al mayor exportador del país que las CCAA que se benefician de ese flujo. De ahí se explica, al menos en parte, la deuda acumulada por Catalunya, la mayor del estado (ojo, a pesar de ello esa deuda es todavía absolutamente manejable, menos de un 30% del PIB catalán, muy por debajo de los landers alemanes o los estados canadienses o, etc. etc.). El debate sobre el monto concreto de ese déficit varia con el método de cálculo y con el que paga el estudio, pero no hay duda de su existencia y de su importancia. A ello viene a añadirse la dichosa crisis y el cambio en el balance fiscal estatal. Antes existía un superávit y por lo tanto, el cálculo del débito para Catalunya tenía pocas pegas. Con el cambio producido por la crisis y el paso a un déficit estatal financiado externamente, a coste muy alto, los flujos fiscales entre CCAA y el Estado se complican. Una parte de las aportaciones financieras para las CCAA ya no provienen del mecanismo interno (los flujos de Catalunya, Madrid, Valencia, Baleares), sino simplemente del ingreso de la deuda.

Pese a ello, permanece el problema básico: Catalunya sigue aportando más de lo que recibe y de descoloca hacia abajo en el ranquin de ingresos per cápita para el servicio público. Una forma de decirlo es que el ciudadano en Catalunya dispone de menos dinero para la educación, la sanidad, los servicios sociales y el resto de prestaciones básicas que los ciudadanos de Extremadura o Andalucía, por ejemplo.

La conclusión es, pues, que la reclamación financiera catalana tiene sentido y proviene de una necesidad esencial. La cifra puede ser discutida, probablemente no es ese 16.000 millones (ni mucho menos, me consta que tanto en los medios universitarios, entre algunos partidos y en el propio gobierno catalán existen cifras alternativas mucho más realistas, pero que dada la coyuntura se ocultan) anuales que algunas exhiben como una cruz a la que seguir, pero está en unas cifras que merecen atención y reforma.

Ese camino, el de la reforma, dio un buen salto con el tripartito y con el nuevo Estatut, que hizo aumentar significativamente los ingresos para el servicio público en Catalunya en una cifra de unos 3.000 millones anuales y consiguió enderezar la posición en el ranking levemente por encima de la media. Eso la derecha nacionalista se lo ha pasado por donde ustedes saben, sin reconocer nunca el substancioso cambio en la cifra y en la propia deriva prevista.

Hasta aquí la parte del déficit fiscal. Existe, es importante y la economía catalana y el ciudadano catalán necesitan el reequilibrio, sin eliminar las aportaciones solidarias hacia otros territorios. Por ello es absurda la insistente negativa a la reforma e incluso la negativa del hecho en sí, como tan a menudo se está dando. Para una parte de los receptores de las aportaciones provenientes de Catalunya, alguien les ha vendido el mundo al revés.

Dedicaré unas líneas a una sección del déficit que se contabiliza a parte: la inversión estatal en Catalunya, regulada también en el Estatut e incumplida permanentemente por el Estado. Catalunya como uno de los ejes motores de la economía española y el principal exportador de bienes y servicios necesita que su productividad social no se vea dañada por la falta de inversión en comunicaciones, transporte ferroviario, medio ambiente, tecnología, etc. Su competitividad depende de ello. Hasta el reciente Estatut, este apartado producía más vergüenza que otra cosa a la vista de la distribución que el Estado federal hacía de sus inversiones (al margen esa parte de la inversión tipológicamente inútil que hemos visto aparecer recientemente en toda su crudeza). No hace falta que les cite concreciones, son tantas que con ejemplarizarlas con las conexiones ferroviarias en el puerto, con la frontera francesa y con el aeropuerto me parece que bastan (para mejor información me remito a “Espanya, capital París” de Germà Bel). Pues bien, con el Estatut vigente, el estado ha seguido incumpliendo lo que la ley le obliga y lo que Catalunya necesita. Visiten, sino las obras de la NII y comprueben como está la conexión pública con Europa. Eso es innegable.

La suma de los dos aspectos refleja un panorama perfectamente instrumentalizable (o dignamente utilizable) para establecer que no hay forma de reformar y más vale salir por la ventana.

Siguen más cosas, pero dejo a los probables interlocutores el turno.

Lluís Casas andante moderato

lunes, 17 de septiembre de 2012

3. UNA CONVERSACIÓN SOBRE CATALUNYA


Josep Solé i Barberà




A la “conversación sobre Catalunya” se ha sumado Carlos ARENAS POSADAS.   Al final de intervención de  Carlos un servidor toma la palabra. 


La burguesía nos lleva al paraíso

Querido José Luis:
Tercio en este comienzo epistolar que habéis acometido Javier y tú sobre “el asunto catalán”. Creo que vas a entender mi tono de cabreo porque cada vez que oigo “nación” mi sistema nervioso se desestabiliza.

El que esto suscribe se está poniendo mayor  y espera que tras cuarenta años de servicio a la comunidad, no le vengan con cuentos a estropear los últimos años de la vida. ¿Qué es lo que tiene, qué es lo que quiere conservar después de tantos años de trabajo? Un techo, una familia, una pensión, tiempo libre para escribir y seguir aprendiendo,  el placer de tomar unas copas con los amigos. No tiene sensación alguna de haber vivido por encima de sus posibilidades, si acaso no mucho más de lo que le han permitido a cómodos plazos los bancarios al servicio de los banqueros. Estos sí que han vivido por encima de lo que merecen por la basura que han ofrecido, así como la cohorte de grandes y pequeños especuladores, los estúpidos que se creyeron filatélicos, rumasianos, fondopensionistas, capitalistas populares.

¿Quién me viene a joder los últimos años de la vida, Zavalita? El capitalismo  insostenible que necesita joder para reinventarse, hacer daño para reconstruir al alza los márgenes de beneficio, privatizando, reduciendo costes y compromisos democráticamente asumidos con la población.  Los que conocemos algo de la historia de la humanidad sabemos que las distintas reinvenciones del capitalismo han venido acompañadas de momentos dramáticos para quienes no poseen ese bien celestial, áulico, que llamamos capital. Generaciones enteras a lo largo de la historia fueron sacrificadas en las work-houses,  expulsadas de sus tierras, muertas estúpidamente por las patrias en guerras mundiales o coloniales, angustiadas por el desempleo o por  las reformas laborales para que el capital mantuviera o incrementara la tasa de ganancia.

Ya es grave que el factor capital siempre escaso (por eso se destruye con guerras y burbujas) valga más que el factor trabajo (que siempre sobra mientras sigamos teniendo hijos). Lo que no soporto es que me tomen además por idiota; que la rapacería se recubra de valores justificativos de carácter nacionalista y, por supuesto, en ese sentido, igual me da que Franco, Rajoy o los banqueros digan que lo hacen por salvar España (se pronuncia con pe explosiva) que Mas y las cuatrocientas familias que constituyen la élite con pedigrí de la burguesía catalana digan querer salvar a Catalunya (pronunciada con tonos nasales como tapándose la nariz).  Unos y otros sólo quieren salvar el tesorito acumulado, aprovechar las oportunidades que le está ofreciendo la crisis, la supremacía política y cultural para justificar el “negoci”. Unos y otros se trabajan el nacionalismo  para tapar las vergüenzas que le competen por la crisis. Lo que me apena es que una buena parte de la población se deje llevar por  esos chantajistas emocionales que claman a la tripa antes que a la inteligencia (como si no hubiéramos aprendido del daño ocasionado por el fascismo en España; como si no hubiéramos aprendido nada de la muerte de Layret o del Noi del Sucre, a manos de los matones de la patronal, hoy muy independentistas ellos).

El otro día vi en una cadena de televisión el reportaje de la manifestación de la diada en Catalunya. Me di cuenta de que había muchos niños que agitaban banderas y coreaban consignas patrióticas.  ¿Quién les ha comido el coco a esas criaturitas? Sólo les faltaba el uniforme identitario. ¿Es pertinente la relación entre esos jóvenes independentistas en busca de un futuro en la administración del estado catalán con los jóvenes sin futuro que engordaron el monstruo nacional socialista?. También me llamó la atención una mujer de mediana edad, con acento castellano, que cerrando y abriendo su manita decía con  sorna: ¡Adiós España, adiós! Pobre mujer; me dio lástima. Pocos días después CIU ha aprobado en el parlamento de Madrid más recortes de la mano del PP. La pobre piensa seguramente que la patria catalana le va a dar lo que la patria española no le da. Sólo querría decirle que el problema de Catalunya no se resuelve sólo con pactos fiscales; el problema económico de Catalunya se llama globalización y economía financiera, el problema de un capitalismo que ha quedado expuesto a la competencia mundial sin las muletas que siempre le prestó y le sigue prestando el Estado español, en especial, las comunidades que compramos lo que los empresarios catalanes venden (el superávit de la balanza comercial catalana se obtiene de lo que vende en España porque el saldo con el extranjero es negativo). Piense señora que está muy mal visto morder la mano de quien le da de comer. Lo que usted pudiera llamar dinero malgastado en engordar a los perezosos del sur (cuya cuantía  los nacionalistas magnifican), no son regalos sino inversiones, porque una buena parte de ese dinero revierte a Catalunya para beneficiar a quienes hoy la engañan.

Volviendo al principio. Para que nos dejen de una vez por todas en paz, hay que poner a los nacionalismos en el cubo de la basura; son construcciones sociales burguesas destinadas a reproducir la  supremacía económica, social y política del capital. ¡Bastante tenemos con la crisis sistémica del capitalismo a escala global! ¡No añadamos como en el 36 más leña al fuego siguiendo las consignas de estos capitalistas de pacotilla estén en Madrid o en Barcelona!



Querido Carlos:
Bienvenido a estas conversaciones. Para un servidor es algo más que un placer pegar la hebra contigo. Máxime sobre estos asuntos tan vidriosos.
 En tu entrada, subtitulada La burguesía nos conduce al paraíso abordas la relación entre nacionalismo y burguesía. Tu punto de vista fundamentado tiene el valor de haber estudiado durante muchos años el vínculo entre los poderes económicos andaluces y el territorio. Poco tengo que decir sobre esa relación que estableces. Ahora bien, me vas a permitir que haga algunas consideraciones sobre la segunda parte del potente incipit de tu artículo: “creo que vas a entender mi tono de cabreo porque cada vez que oigo “nación” mi sistema nervioso se desestabiliza”.

 Pero, antes de meterme en harina, me agarro a templanza (mitezza)  del maestro Norberto Bobbio.  En un libro-conversación entre Bobbio y Maurizio Viroli (Dialogo intorno alla repubblica, Laterza 2001), el filósofo del derecho responde explica: “Hay italianos que están orgullosos de una cierta historia de italia que no se refiere a la política, ni a la historia social o religiosa: es la historia literaria de Dante, Petrarca, los grandes pintores renacentistas, aquellos que en cierta medida han contribuido a la formación de la cultura europea. Esta es mi Italia, la talia en la que me miro, la Italia que me hace ser orgulloso de ser italiano. Cuando en Trento quisieron testimoniar su fidelidad a Italia erigieron un monumento a Dante … es la Italia que continúa con los grandes poetas, con Leopardi, Foscolo, Manzoni y termina con Giuseppe Verdi”.

 Tres cuartos de lo mismo me pasa, querido Carlos. Mi relación con España es muy similar: la España de Cervantes y Velázquez, de Federico y don Manuel de Falla, la de las agitaciones campesinas andaluces que relató el notario de Bujalance, la de los intentos de renovación de la vida política, intelectual y científica que maduró en la segunda república, la España de Camacho y Saborido. Con lo que, dada mi formación, no tengo más remedio que ampliar las cofradías que cita Norberto Bobbio. Comprenderás que mi relación con Catalunya tenga la misma dimensión: la catalunya de Joan Maragall y Salvador Espríu, la de Salvador Seguí “Noi del sucre”, Ángel Pestaña y finalmente la Catalunya del Partit Socialista Unificat de Catalunya.
 Todavía recuerdo a un bravo Josep Solé i Barberà que, en un momento de tensión de la Assemblea de Catalunya, clamó enfáticamente: “Estoy más con un jornalero de Huelva que con un burgués catalán”.  Esa es mi Catalunya, Carlos. Y debo decirte que, hasta la presente, ni dios hecho carne ha puesto en entredicho el catalanismo de aquel viejo león del comunismo.

 Yendo por lo derecho: a mí, que no soy nacionalista, no me desestabiliza que se hable de nación. Es más, cuando tanta gente se siente involucrada con ello –como pertenencia–  me produce un profundo respeto. Posiblemente tengo más respeto que tienen no pocos nacionalistas con quienes no lo somos. Pero esto es harina de otro costal. No sólo tengo respeto al concepto nación sino que creo que Catalunya lo es. Lo digo desde la mitezza bobbiana y sin ninguna relación con las formulaciones académicas que definen, acertadamente o no, dicho término.

 A mi juicio, toda esta situación se ha complicado por algo que decía en mi primera carta a Javier Aristu: el desdibujamiento progresivo de las izquierdas a lo largo de los últimos treinta años, caracterizado por (primero) simular que eran tan nacionalistas como la derecha catalana y (después) abandonar el disimulo para rebañar consensos de masas por todos los balates de la geografía política catalana, y finalmente abrazar la causa con mayor o menor diapasón hasta situar la principal contradicción en nacionalismo / no nacionalismo. Y para mayor abundamiento, toda una serie de afrentas por parte de la derecha carpetovetónica y de ilustrados exponentes de la izquierda (¿habrá que recordar  a un desaforado Peces-Barba añorando los bombardeos a Barcelona en tiempos del general Espartero?) Que han significado un espectacular corrimiento hacia el nacionalismo e independentismo en Catalunya. Por no hablar de la palabra devaluada de Zapatero prometiendo el oro y el moro que luego se convirtió en la plata de la que cagó la gata…

Y como la conversación será larga (eso espero) me reservo toda una serie de consideraciones de orden económico. Mientras tanto, recibe un abrazo desde la ciudad donde resido: Pineda de Marx. Con x final. José Luis López Bulla.


domingo, 16 de septiembre de 2012

EL OCÉANO 15 DE SEPTIEMBRE




En efecto, se trata de un intento de anticipo de referéndum. Pongamos que hablo de la oceánica concentración en Madrid.

En mi opinión esta gigantesca movilización consolida y amplia todo el anterior proceso y propone un salto de cualidad de gran alcance: un desafío de masas al gobierno y, por extensión, a todo intento de suplantar la política democrática por los poderes de la burocracia. Es, ante todo, una visible reunificación de todo lo que sectorialmente se ha puesto en movimiento en los últimos meses. Debo decir que ha sido un acierto la “coreografía” de la concentración: marchas sectoriales, cada una con  el color característico de la camiseta y la reunificación de todas ellas al final. Posiblemente el “creativo” de esa puesta en escena estaba poniendo énfasis en que estamos en un momento en que se ha captado –tal vez definitivamente--  que no hay una salida (digna de ese nombre) sector por sector. Esto es, el Estado del bienestar no es un conjunto de tapas variadas independientes las unas de las otras; no es un conjunto de retales, almacenados en un cajón de sastre.

Ahora bien, el referéndum que se exige no tendrá lugar. Porque va más allá de la voluntad política de este gobierno de los peores.  La tecnodura  europea no lo permitirá. Así es que la aparente firmeza de Mariano Rajoy, despreciando la consulta, no será otra cosa que otro acto de sumisión a la tecnodura. De una Unión europea que ha sido descrita lúcidamente por Antonio Baylos:


La Unión europea se ha desprendido de golpe del ambicioso proyecto político que sostenía, compatibilizar la lógica del mercado y de las libertades económicas con un amplio espacio de goce de derechos políticos y sociales, y lo ha sustituido por un diseño de subordinación global de la política al poder enorme, invisible y supranacional del capital financiero, afianzado sobre un esqueleto fuertemente autoritario. Los gobiernos de los países europeos – con más ímpetu los conservadores, pero sin que los socialdemócratas hayan podido sustraerse a esta tendencia – han seguido al pie de la letra las instrucciones de los grandes bancos en una política de austeridad expansiva que ha implicado la destrucción de millares de puestos de trabajo, la degradación de los derechos laborales, la reducción de la protección social y el empobrecimiento de la población en general. Las políticas puestas en práctica de forma unánime consideran el incremento de la desigualdad social  como la condición para generar  “la riqueza de las naciones”. Pero además han garantizado normativamente a través de medidas de aplicación general sin encaje jurídico comunitario – es decir, fuera de los cauces de la legalidad europea – el mantenimiento del equilibrio presupuestario y la reducción radical del gasto público y social, condicionando las ayudas económicas para la financiación de la deuda soberana al mantenimiento de estas políticas. En los países más sometidos por tener un  mayor porcentaje de endeudamiento privado, se ha inducido a cambiar la constitución e introducir la regla de la prohibición del déficit público, mientras que en otros se ha impuesto un gobierno técnico dirigido por gente de confianza de las finanzas globales. La autonomía de la política, que implica la capacidad de los pueblos de elegir las líneas generales de la actuación pública, ha quedado anulada.


Decíamos que el referéndum no tendrá lugar. Así las cosas, hemos de considerar que ello complica las cosas al policéntrico movimiento social que ha convocado la manifestación en Madrid. En ese sentido, la pregunta es: ¿cómo continuar la presión sostenida? Lo primera respuesta que me viene a la cabeza es: manteniendo la unidad de todo el vasto abanico de fuerzas y movimientos que han convocado el 15 de septiembre. La segunda es: ligando todo lo que se decida unitariamente con la cuestión europea. Lo que no excluye, sino que exige  la presión directa al gobierno español. En eso están con lucidez temperada los dirigentes sindicales y el movimiento de movimientos que significa la Cumbre social.

Mientras tanto, Mariano Rajoy permanece “amarrado al duro banco / de una galera turquesca”: una clara premonición de don Luis de Góngora y Argote.  

sábado, 15 de septiembre de 2012

2. UNA CONVERSACIÓN SOBRE CATALUNYA




Nota. Sigue la conversación que ha abierto Javier Aristu publicada simultáneamente en  1. UNA CONVERSACION SOBRE CATALUNYA y en Una conversación sobre Cataluña. 1    Ahora le toca a un servidor.


 

Querido Javier:

Parece obvio que la gigantesca manifestación del 11 de septiembre en Barcelona es la expresión de un estado de cosas que viene de tiempo atrás. Por lo demás, tan importante acontecimiento sitúa las cosas de una manera matizadamente diferente de cómo estaban las cosas: el independentismo catalán no es ya un dato periférico en la sociedad catalana. Una primera aproximación a explicarnos ese elemento es el siguiente: no es la oposición quien lo lidera políticamente sino el sector mayoritario del principal partido del govern, esto es, el amplio grupo soberanista probablemente mayoritario ya en todos los intersticios de Convergència Democràtica de Catalunya. Puede que te parezca una boutade, pero este partido tiene una potente matriz togliattiana en lo atinente a la estructura organizativa (partido de masas y cuadros) que organiza la hegemonía (gramsciana) a través de los cuatro puntos cardinales de Catalunya. Con el añadido de tener una fortísima presencia en los medios de comunicación social de masas y en una inmensa mayoría de la sociedad civil. Hablando en plata: el Evangelio según Palmiro no lo ha predicado y organizado la izquierda catalana sino la derecha nacionalista desde las primeras elecciones autonómicas. El evangelio, así pues, se ha organizado desde el poder político en el gobierno, no desde la oposición.

La habilidad de este grupo dirigente –en especial Jordi Pujol— consistió, a mi entender, en establecer esta propedéutica: un sostenido gradualismo (el peix al cove, cuya traducción sería “ave que vuela, a la cazuela”) que, de momento, era lo aconsejable dado que Doña Correlación de Fuerzas durante toda la era pujoliana no daba para más. Es decir, Pujol supo ver la diferencia entre la conciencia real y la conciencia posible. Primero, por lo ya dicho: la acumulación de fuerzas todavía era endeble. Segundo, porque los grandes capitales catalanes no estaban por la labor. Tercero, porque el minoritario sector negocios de CDC estaba más interesado en la billetera que en otras experiencias. La conciencia posible pujoliana tenía que temperarse: la táctica era, como ya se ha dicho, el peix al cove.  

Veinte años de pujolismo magistralmente gobernados para preparar las condiciones de la conciencia posible. Veinte años de un progresivo desdibujamiento de las izquierdas catalanas de matriz socialista y comunista. La desaparición del PSUC facilita las cosas. Sus herederos entran en un proceso de radical discontinuidad con el viejo partido: unos, con una reducida representación y otros casi al margen de las instituciones. Quedan sólo los socialistas que, históricamente, están lastrados por una permanente crisis de identidad.

Veinte años de pujolismo donde las categorías izquierda / derecha quedan gradualmente relegadas a una especie de acumulación de nacionalismo, esto es, a una competición basada en ser tan nacionalistas como Jordi Pujol con unas cuantas manos de pintura “de izquierdas”. En esa tesitura, las izquierdas catalanas están distraídas ante las grandes transformaciones en el centro de trabajo y en la economía, en la estructura de las clases laboriosas y en la aparición de nuevas subjetividades de hombres y mujeres. Y como cantaba Jimmy Fontana gira il mondo nello spazio senza fine que se va globalizando mientras que nuestras izquierdas se hacen más aldeanas. Por su parte, la derecha nacionalista jugó de manera ambivalente dos cartas simultáneamente: la acumulación de peix al cove pactando la derecha española tanto con un Aznar con mayoría relativa como cuando tuvo la mayoría absoluta.

Hubo un momento que pudo representar una cesura: la llegada del tripartito.  Pero, más allá del intento de una gestión sana (que no es poca cosa), las izquierdas en el gobierno catalán no consiguieron cambiar la inteligente deriva del pujolismo. Es más, durante los mandatos de Maragall y Montilla se consolidan las posiciones soberanistas en Convergència, al tiempo que se mantiene un pacto implícito entre Convergència i Unió y el Partido Popular para acosar en todos los frentes a la izquierda tripartita.

Hay un momento, querido Javier, que ha concitado poca atención –más bien ninguna--  por parte de la izquierda y los analistas políticos: a finales de noviembre de 2005, Artur Mas, todavía en la oposición,  pronuncia una conferencia en la London School of Economics (Cataluña, el nuevo reto).  Allí, el ponente abre una placa tectónica en el nacionalismo catalán, que no ha sido estudiada convenientemente. Es ni más, ni menos que una clarísima opción por el neoliberalismo económico que nunca había formado parte del corpus de Jordi Pujol ni mayoritariamente de su partido. A mi juicio son dos los elementos que propician esa cesura: de un lado, ponerse al día de las nuevas corrientes en alza en esta fase de reestructuración-innovación de los aparatos productivos y de servicios; de otro lado, se trata de la búsqueda de una nueva respetabilidad que se envía a los grupos de presión económicos y financieros para cubrir la deriva soberanista. Lo uno y lo otro son una postura frente al tosco, autoritario nacionalismo centralista español que encarnan especialmente el Partido Popular y algunos sectores (minoritarios, pero influyentes) del PSOE.

El momento clave es la sentencia del Tribunal Constitucional en torno al Estatut d´Autonomía, que había sido recurrido por el Partido Popular. Un mazazo –lo diré sin contemplaciones, ni remilgos--  contra Catalunya, y posiblemente el momento en el que se gesta la ruptura definitiva de un amplísimo sector de la ciudadanía catalana contra eso que genéricamente se llama España, España como trampantojo.  La manifestación contra el caballuno recorte desborda el carácter de la convocatoria hasta el punto que el president Montilla, convocante del evento, es abucheado. 

El nuevo machihembrado –neoliberalismo y soberanismo, que no equivale necesariamente a un oxímoron--  es ignorado por las izquierdas catalanas. Pero es captado visiblemente por ciertos sectores académicos y de las escuelas de negocios. Algunos de sus miembros más conspicuos serán cooptados por Convergència. En Catalunya el neoliberalismo está con Convergència (cuando está en la oposición) que es la opción de poder, y se ampliará cuando CiU esté nuevamente en el poder.

El nacionalismo catalán volvió al poder en unos momentos en que la crisis económica es algo más que una tormenta. El gobierno catalán fue, en efecto, el primero que puso en marcha una brutal escalada de recortes. Ahora bien, el argumentario de los recortadores es en clave neoliberal: ¿habrá que recordar las declaraciones repetidas del conseller de Sanidad llamando a la privatización o las no menos indisimuladas de Mas-Colell, por citar tan sólo las más representativas? Efectivamente, se ponen en marcha las tijeras, aplaudidas a rabiar por el Partido popular de Catalunya: un aplauso incómodo, desde luego. No es, entonces, por casualidad que en ese contexto de brutales recortes aparezca la exigencia de pacto fiscal. De un lado, para endosar a Madrid toda la responsabilidad de la falta de liquidez en el erario de la Generalitat; de otro lado, para acumular una nueva exigencia que, de antemano, saben que es inadmisible por el Partido popular y el PSOE. Lo primero no es toda la verdad, pero si una buena parte de la verdad. La falta de liquidez de la Generalitat se debe a los efectos de la crisis económica, pero el carácter de los recortes (y sobre todo la manera de justificarlos y las orientaciones neoliberales que se predican) son responsbilidad del gobierno catalán. Y también, como en el resto de las comunidades autónomas (Andalucía entre otras) una buena parte de la falta de liquidez es consecuencia de una distribución financiera de marcado carácter centralista.

En toda esa pipirrana, querido Javier, maniobra con astucia el gobierno de Artur Mas. Que pone en marcha toda una serie de mecanismos de tensión que le dan fuertes dividendos. Las izquierdas no saben cómo reaccionar ante ese torbellino, porque no disponen (nunca dispusieron) de la relación sentimental, que diría Gramsci, con la gente de carne y hueso. Una ausencia de relaciones que ha engordado la hegemonía del nacionalismo en los sectores más activos de la sociedad civil.  Especialmente en los sectores juveniles y en la mesocracia catalana, pero también en determinados vectores de asalariados de medio y alto standing

Los sectores juveniles más activos están más vinculados al nacionalismo en sus diversas vertientes, especialmente en el independentismo que les ofrece un sentido y una meta, la que expresa el grito de in-indé-independenciá. La mesocracia catalana, que empieza a notar los efectos de la crisis económica que, gradualmente, la va empobreciendo se va orientando a marchas forzadas al emblema convergente. Ni a unos ni a otros les vale ya, en este nuevo contexto, el gradualismo pujoliano que, aunque orientado hacia la consciencia posible del independentismo, es percibido como la teoría de límites, esto es, nunca consigue ese objetivo.

Lo diré sin perifollos: el soberanismo y la independencia son percibidos como objetivos claros; otra cosa es su posibilidad real, por supuesto. Pero lo cierto es que las izquierdas no ofrecen un sentido (inmediato o mediato) en sus planteamientos. Es más, no parece que hayan percibido hasta qué punto los grandes cambios y transformaciones han cambiado lo que, gratuitamente, dejaron definitivamente sentado: que Catalunya era sociológicamente de izquierdas. En resumidas cuentas, la nueva deriva catalana se explica, dicho grosso modo, por los siguientes factores: a) el éxito del nacionalismo catalán de situar en primer plano la díada nacionalismo / izquierdas, construyendo una hegemonía real, de masas, favoreciendo lo primero; b) el contagio de todo ello en una parte importante en las fuerzas políticas de la izquierda; c) la permanente actitud del centralismo carpetovetónico español.

Así las cosas, ¿cómo extrañarse ante la gigantesca manifestación del 11 de septiembre que es una expresión parcial de todo lo dicho? Ahora bien, habrá que ser cautelosos: no todo era independentismo en esa oceánica explosión de masas. Pero está fuera de discusión quién lideró políticamente sus objetivos, y –desde luego--  quién puede sacar la rentabilidad de esa presión.     

A la espera de seguir pegando la hebra, te saluda (y manda saludos a Carlos Arenas Posadas y a todo el equipo de  En Campo Abierto)  desde Parapanda, José Luis López Bulla 

     

viernes, 14 de septiembre de 2012

1. UNA CONVERSACION SOBRE CATALUNYA



Nota aclaratoriaJavier Aristu, tras la manifestación del 11 de septiembre en Barcelona, me envió un correo planteándome una serie de inquietudes. Le propuse abrir una conversación particular sobre el particular. Sobre el particular y todo lo que, desde hace tiempo, le rodea. Lo más probable es que esta conversación tenga varios capítulos o trancos. Empezamos ahora con la primera carta de Javier Aristu.    

Querido José Luis:

Me parece estupenda la oferta que me haces de mantener un diálogo en la distancia a través del correo electrónico y nuestros respectivos blogs sobre las consecuencias que se derivan de esta última Diada del 11 de septiembre en Cataluña. Digo “diálogo en la distancia” de forma física o territorial, que no cultural o ideológica. Creo que tú y yo venimos de la misma cultura - tú más obrera y constructiva, yo quizá más especulativa-, aquella de los años sesenta y de la oposición a la dictadura. Tú, habiendo formado parte como dirigente de aquel proyecto extraordinariamente atractivo y ejemplar que fueron las CC.OO. de Cataluña y el PSUC de principios de los setenta; yo, participando de otro modo en la alternativa democrática desde el comunismo español de entonces. Digo de entonces porque, como quizás tendremos ocasión de hablar, lo de ahora, en tu tierra y en la mía, poco tiene que ver con lo que fue. No valoro, de momento; simplemente describo.

Lo de tu tierra y la mía es un decir. Tú participas de esa cultura mestiza que posiblemente es de lo mejor que ha dado Cataluña en la segunda mitad del siglo pasado. Mestizo en Barcelona significa que eres del sur y eres catalán. Creo que tu seny se equilibra perfectamente con el talante granaíno. Has llegado a ser una persona clave en la vida social y política catalana porque aprendiste eso de la integración enriquecedora y has pasado a formar parte del pueblo trabajador catalán (“aquel que vive y trabaja en Cataluña”, se decía). Si me permites una anécdota personal te diré que en la actualidad vivo esa experiencia de la integración enriquecedora, ahora podríamos decir también que “problemática” en su sentido más pleno. Mi hija lleva ya más de ocho años en Barcelona. Allí terminó la carrera, allí empezó a trabajar de profesora y allí continúa de momento. Decidió que, frente a lo que muchos amigos andaluces piensan, debía aprender y dominar el catalán si quería formar parte de ese mundo. Sacó su certificación que le permitirá en el futuro optar a un puesto público en Cataluña, si quedan puestos públicos en los próximos años. Añora mucho su ciudad de Sevilla, echa de menos la vida social en la calle, el clima y el talante humano de su ciudad natal, a pesar de no ser precisamente una “sevillanita confesa ni cofrade”…

…pero ella no fue a la manifestación del pasado 11 de septiembre porque no se veía formando parte del programa independentista. Sin embargo ha ido a todas las anteriores donde se ha reivindicado un programa alternativo a la crisis económica, por el empleo juvenil, contra las leyes del gobierno del PP. Gritando sus eslóganes en catalán, como está mandado en las Ramblas. Ahora le toca ir a Madrid este 15 de septiembre, con colegas ingleses y alemanes y con una pancarta en catalán: así es la realidad de hoy, plural, mestiza, coloreada.

Pero yo te quería hablar en esta primera carta del desconcierto que ha supuesto para muchos de nosotros que siempre hemos creído en la especificidad catalana, en el sentido nacional de Cataluña, el programa que ha sustentado la masiva salida a la calle de cientos de miles de catalanes. Independencia era el eje duro de la manifestación. ¿Independencia de Cataluña como respuesta a la crisis que nos embarga? Hay que reconocer que la profunda quiebra de la cohesión social que vive nuestro país (me resisto a utilizar la palabra estado), o si quieres la sociedad española, ha sido metabolizada por las vanguardias nacionalistas (de derecha pero ¿también de izquierda?) en el objetivo beatífico de la independencia. Así, se nos cuenta, sólo desde la independencia tendrá solución la crisis social y económica de Cataluña. ¿Será que la sociedad catalana ha cambiado tanto en estos treinta años –como nos dice Ramoneda- que ya no podemos entender esta movilización? ¿Estamos ya fuera de los parámetros intelectuales y culturales que sostiene a esta nueva sociedad catalana?

Hablan de una nueva transición, esta vez en Cataluña. Aznar ya dijo aquello de la segunda transición para, entre otras cosas, intentar liquidar el estado autonómico y el consenso político. Hoy estamos en esa fase: por un lado, Esperanza Aguirre habla ya sin rubor de la revisión de la organización territorial del Estado, propugnando la modificación del actual modelo de Estado autonómico. Ya sabemos lo que quiere decir viniendo desde donde viene el mensaje. Por otra, Mas, Durán y otros señeros catalanistas hablan primero de la opción “pacto fiscal” y luego de “que  Cataluña necesita un estado”,  es decir, independencia en roman paladino. Leo en este momento unas palabras que tu presidente de la Generalitat acaba de dictar en una conferencia en Madrid (hoy 13 de septiembre): “Creo que se está produciendo entre Cataluña y España lo mismo que entre la Europa del norte y la del sur. La Europa del norte se ha cansado de la Europa del sur. Y la del sur se ha cansado de la del norte por sus formas. Creo que entre Cataluña y España también hay una fatiga mutua. Cataluña se ha cansado de no progresar y España de la forma de hacer de Cataluña. En Cataluña se cree que se aporta mucho y no se la respeta. Y España cree que Cataluña siempre pide y siempre se queja” (El País digital)

Tengo que decirte, José Luis, que me causa risa, aunque no estén los días para ello, eso de hablar de naciones como si fueran personas: “La Europa del norte se ha cansado de la Europa del sur”. “Cataluña se ha cansado de España”. Sólo falta que nos hablen de bodas, bodorrios y divorcios y el problema estará resuelto. No, sabemos perfectamente que la actual crisis de construcción europea no es un problema de culturas nacionales, de peculiaridades de raza o de pueblos. No es una división entre luteranos y católicos, entre productores del norte y vagos del sur. Sabemos que Europa sufre hoy la síntesis de diversos bloqueos, por un lado el económico como resultado de la crisis concreta que se ha producido a partir del desarrollo del actual capitalismo financiero y, por otro pero no menos importante, la crisis de un modelo político. Es como si Europa se hubiera quedado gripada en el cambio de marcha. Cada vez más vuelve a resurgir el debate del federalismo europeo. De una dinámica intergubernamental que ha dado resultados concretos sobre todo en liberalización de mercados y moneda única, es urgente y necesario pasar a una dinámica federal, es decir, donde los ciudadanos europeos tengan que participar y tomar decisiones y donde la construcción de ese desiderátum llamado Unión Europea sea cosa de las sociedades, de sus ciudadanos. Pero este debate puede sacarnos del que habíamos decidido acometer, el de Cataluña en el devenir de España y de Europa. O a lo mejor no, si trasladamos el esquema federal a nuestras fronteras. De ese modo tendríamos que resucitar aquellas propuestas de los años setenta, la España federal, sólo que esta vez a la luz de la experiencia de los años de funcionamiento del estado de las autonomías, modelo por otra parte no muy distante del federal. Quiero decir que posiblemente hoy la lectura federalista en España no trataría sólo de cómo dar más poder y competencias a Cataluña frente a España sino de cómo se debería reorganizar el poder económico y el estatal –es decir, el llamado “gobierno central”- en una nueva estructura de poder que significaría más poder a los entes federados y más poder a los ciudadanos. En definitiva, aligerar el estado de La Moncloa y potenciar el estado distribuido de forma concertada y federada.

Por eso, termino esta primera misiva con la idea de que creo que es posible y necesario combatir el independentismo desde opciones y posiciones que no vienen de la derecha pepera sino precisamente de las más dinámicas reservas espirituales de la izquierda. A pesar de que hoy, la izquierda partidaria, aquí y en gran parte de Europa esté bajo mínimos.
Como dice vuestro gran poeta Miquel Martí i Pol:

No és gran cosa, ja ho sé. El món, em diuen,
segueix sent inhòspit, però jo
persevero tossut: no col.laboro.

Seguiremos hablando, José Luis. Mientras, recibe un caluroso abrazo,
Javier

miércoles, 12 de septiembre de 2012

UN ANTICIPO DEL REFERÉNDUM: EL 15 S.




Será un anticipo de lo que podría sancionar el referéndum que se reclama. Lo han adivinado ustedes: me refiero a la concentración oceánica del 15 de septiembre en Madrid, dixit Alberti, capital de la Gloria. Los puntos cardinales de la península dirán alto y claro –sin mixtificaciones, ni metáforas— el mandato que implícitamente han recibido de sus lugares de partida: ¡no a esta política, a este gobierno trapacero y mendaz! ¡no a la alianza europea entre TECNOCRACIA Y  POLÍTICA: LA TECNODURA!

 

El océano de multitudes conscientes se da en un contexto en el que la crisis económica no puede ser gestionada por un gobierno y un partido descontrolados, donde sus jerarcas parecen un comistrajo, esto es, un conjunto irregular de pitanzas que agravan más la situación: el escribiente de los mercados, Guindos, contra el refitolero de Montoro; Mayor Oreja mordiendo en la yugular a Mariano; diversos barones al mando de sus respectivas behetrías intentando enmendar, en lo menudo, la plana al gobierno; y una sensación en el Partido popular que ve que puede convertirse en agua, azucarillos y aguardiente. Un gobierno, en suma, profundamente aislado de la ciudadanía como lo prueba, entre otras, la gigantesca manifestación –en no pocos casos contradictoria, albergando a recortadores fagocitantes y recortados fagocitados-- de Barcelona del 11 de septiembre.

 

En todo caso, diremos que el 15 de septiembre será un punto de inflexión entre las movilizaciones en curso, que no han cesado durante el mes de agosto, y lo que se avecina. Y bien podría darse lo siguiente: que la presión sostenida que ha habido hasta la presente, de marcado carácter defensivo, se traduzca en una opción de proyecto general.

Y puestos ya a insinuar cosas de envergadura, partamos de la siguiente premisa: no habrá alternativa política a este desgobierno si el principal partido de la oposición no se decide, de una vez por todas, a leer el estado social de masas que existe en España; de ahí que corra el peligro de no ser visto como sujeto consciente dispuesto a co-liderar, en clave política, el malestar social. Ciertamente, dicho partido no será responsable de los recortes que puedan venir, pero sí lo será de no enfrentarse abiertamente a ellos al lado de la gente y de aquellas fuerzas políticas que sí lo hacen; no será responsable del ataque a los sindicatos, pero sí de la ampliación de la brecha que le separa de éstos.  

Así están las cosas: de un lado, una persistente movilización ciudadana, orientada principalmente por el sindicalismo confederal; y, de otro lado, una ausencia clamorosa de alternativa política a este estado de cosas. Una situación que, en este aspecto, es más o menos similar a la italiana, griega y portuguesa.