miércoles, 29 de abril de 2020

Improvisación y pandemia


Por Javier ARISTU
¿Improvisó Eisenhower, general en jefe del ejército aliado, en las primeras horas y días del desembarco de Normandía? ¿Improvisó Adolfo Suárez durante su periodo de gobierno? ¿Improvisamos cada uno de nosotros cada día? Lo digo porque el presidente de la Junta de Andalucía Juan Manuel Moreno hace unas declaraciones en las que acusa al Gobierno de Pedro Sánchez de “improvisar” en este proceso de la pandemia por la Covid-19 (ver La Vanguardia de ayer).

Sigo preguntando: ¿Qué gobierno no ha improvisado desde que se expandió el coronavirus? Es difícil creer que haya habido alguno que no haya tenido que resolver los problemas surgidos a propósito de esta pandemia sin una combinación de planificación o programación de medios y recursos a la vez que con dosis de improvisación según iban surgiendo problemas nuevos.
Conviene mirar y leer los medios que se publican fuera de nuestro país. Conviene no quedarse solo en las puertas de La Moncloa. Hay que analizar cómo se está actuando desde los gobiernos de Francia, de Italia –el país europeo más castigado seguramente–, de Alemania –ejemplo posiblemente de mayor cualificación y eficacia–, o de fuera de Europa, como Turquía –del que sabemos tan poco–, o de Estados Unidos –del que sabemos casi todo sobre la inmensa capacidad de incompetencia e irresponsabilidad de su Presidente. Si se hace un balance medianamente objetivo, el mismo no es muy favorable a España pero tampoco es de fracaso, ni mucho menos: España queda en un soportable lugar en cuanto a la capacidad de reacción y de intervención ante la pandemia. Me remito al (pinchar aquí) estudio que realizó hace unos días Ignacio Sánchez-Cuenca en la revista Ctxt.
Sin embargo, hay comentaristas, cronistas y gacetilleros cuya única obsesión es poner de vuelta y media al gobierno por su pretendida inacción o errores garrafales en la gestión de la crisis. A un gobierno que apenas acaba de cumplir los cien días y al que la crisis pandémica le cogió justo cuando ni llevaba quince, le han salido críticos en los medios conservadores como moscas en levante. No hay día donde un mínimo error o imprevisión se convierta en un descalabro bíblico; no hay declaración inoportuna de algún ministro sobre alguna medida que no convierta en crisis total del gobierno, según esos comentaristas. Una prensa conservadora, la de siempre, convertida en coro de la acción del PP y Vox. La conocida afición de este sector levantisco de la sociedad española a convertir el error del adversario en catástrofe total se repite de nuevo. Frente a otros países donde la oposición política, sea de derecha o de izquierda, y los medios hacen una crítica responsable dentro de un general estilo cooperativo, aquí oposición y los medios de comunicación que le siguen han tocado a rebato y proclaman ya, de nuevo, el mantra del «¡váyanse!». Lo repetirán y repetirán hasta que lo consigan o se queden ellos agotados. 
Por parte del gobierno legítimo no se trata de resistir, como en fortín asediado por el ejército enemigo. Se trata de desarrollar una política responsable ante la pandemia, sin caer en populismos ni demagogias. Se trata de ofrecer siempre la colaboración y la mano tendida precisamente al que te critica. Se trata de explicar con una pedagogía clara y transparente ante qué peligro estamos y cómo se debe actuar social e individualmente, aunque suponga tomar medidas que no gusten. Se trata de hacer política en serio y no caer en politiquerías. La gravedad de la crisis sanitaria y la que va a venir económica y social exigirá la mayor cantidad de fuerzas y, sobre todo, la mayor cantidad de racionalidad y seriedad. A pesar de aquellos que juegan al pim-pam-pum.

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