martes, 29 de noviembre de 2011

LA CRISIS DE LA DEMOCRACIA

Loquillo y sus trogloditas en un Primero de Mayo en Barcelona.



La lectura del libro de Gerardo Pisarello, que publicitábamos el pasado lunes, me ha llevado a nuevas reflexiones mientras paseaba tranquilamente por la playa de Pineda de Marx en ese momento del día que los mallorquines llaman s´hora baixa y los valencianos a poqueta nit. Concretamente, según dijo la copla: cuando la tarde languidece y renacen las sombras.

Con el desparpajo que me da el estar cargado de años anoto en mi diario una primera meditación sobre el texto de Pisarello. Tal vez le pueda ser útil a la izquierda derrotada en estas elecciones y a la izquierda que, habiendo subido en consensos populares, todavía no tiene el suficiente diapasón para amortiguar el vendaval derechista que se nos viene encima. Así pues, vamos a desempolvar lo que se ha dado en llamar la crisis de la izquierda, sin hacer distinción, de momento, de las diferencias entre las más representativas.

Tengo para mí que el resultado de estas elecciones pasadas no expresan una oscilación contingente sino un proceso más profundo de la erosión de un consenso de masas –y, en algunos casos, de la corrosión del carácter— hacia, desigualmente, las izquierdas: las derechas en aclive y el conjunto de las izquierdas en declive.

Mi hipótesis es: la situación actual de las izquierdas españolas es un aspecto parcial, sólo parcial, de un movimiento telúrico más amplio. Es, como acertadamente afirma Pisarello, la democracia demediada. Y, comoquiera que la democracia es un espacio absolutamente necesario para la izquierda, la crisis de la democracia induce a la crisis de la otra. Más todavía, como decíamos en una entrada anterior, hasta la presente no se ha encontrado ninguna alternativa a los partidos, pero tampoco se ha hallado ninguna solución a su crisis de identidad y de legitimación. Que es una crisis de identidad y de legitimación.

La crisis de la política, su vinculación con la de las izquierdas y de los sujetos que la conforman –lo digo polemizando amablemente con mi amigo Riccardo Terzi-- no es un “mutamento delle forme della política” (1). Es la dificultad –en algunos casos de los contagios libremente aceptados de sus adversarios-- de ubicarse con su propia alteridad en el nuevo paradigma. Distracciones y contagios que no han podido resistir los embates de la potente marea derechista. Digamos, pues, que al PSOE no se le exige que deje de ser moderado sino consecuentemente socialdemócrata; a la izquierda llamada alternativa no se le pide que deje de ser radical sino que se inscriba en los hechos en el nuevo paradigma.

Yendo al grano: los zafarranchos en torno a si el mando del PSOE debe estar en Rubalcaba o en Chacón es poner la carreta delante de los bueyes. De ahí que, otra vez más, me parezca oportuno que la izquierda derrotada compre, estudie y haga una buena digestión con el libro de Gerardo Pisarello. También la izquierda llamada alternativa. Como es natural, el libro puede ser de no menor utilidad para los sindicalistas.

(1) Riccardo Terzi, “La pazienza e l´ironia” (Ediesse, 2011)

lunes, 28 de noviembre de 2011

¿HAN LEÍDO LAS IZQUIERDAS A PISARELLO?

Gerardo Pisarello vuelve a estar en el centro de la atención con su nuevo libro: “Un largo Termidor, la ofensiva del constitucionalismo antidemocrático”. Que ya fue publicitado en SEGÚN ANTONIO BAYLOS...: Democracia y crisis: salir de Termidor. Tomé buena nota, fui corriendo a Calella y lo compré en la afamada librería La Llopa. Como corresponde lo leí despaciosamente, tomando apuntes y discutiendo con el texto.

Al hilo de la contraposición clásica entre democracia y oligarquía, el libro analiza la genealogía político-constitucional de los ataques al principio democrático así como de las resistencias que estos han suscitado. Casi nada. Es, por tanto, algo muy serio que recomiendo de veras a los amigos, conocidos y saludados. Especialmente porque todo ello viene al pelo más que nunca. De ahí que, me atrevería a suponer, harían bien ustedes en tenerlo a mano. Además, el formato de Trotta (la editorial) permite su lectura en tren, metro, autobús y, si se tercia, en carromato (1). Eso sí, no lean en diagonal, esa cretina costumbre de los pijopanas de garrafón. Me permito la mejor recomendación de este libro, que es un fragmento del texto:

La agudización de la crisis ha colocado a la democracia en el centro de una áspera disputa. En Nueva York y Atenas, en El Cairo y en Madrid, en Marsella, Londres, Barcelona o Reikavik, miles de jóvenes precarios, trabajadoras y trabajadores despedidos, maestros, pensionistas, personas hipotecadas e inquilinos expuestos al desahucio, artistas, migrantes, periodistas e internautas, vecinos afectados por la privatización o el deterioro de la sanidad, la educación, el agua o el transporte, denuncian la degradación de la vida política y económica. Afirman que no quieren ser “una mercancía en manos de políticos y banqueros”. Y exigen, en un grito que atraviesa el planeta: “¡Democracia real ya!”.

Esta demanda democratizadora contrasta de manera visible con el desconcierto o la pasividad de las clases gobernantes. En su boca, la democracia continúa presentándose como el más legítimo de los regímenes políticos. Mientras tanto, el grueso de los elementos con los que ésta suele identificarse –el gobierno de las mayorías, el pluralismo político, la protección de las minorías vulnerables, la vigencia de libertades públicas amplias- se encuentra en crisis. Decisiones cruciales para la seguridad material y la autonomía de amplios sectores de la población son adoptadas por grupos privados carentes de legitimidad electoral o de control ciudadano alguno. Entidades financieras, grandes inversores, oligopolios informativos, agencias de calificación de deuda, empresas transnacionales, concentran un poder inédito, capaz de colonizar partidos, parlamentos y tribunales y de reducir consignas como las de “una persona un voto” a poco menos que quimeras.

Naturalmente, la percepción de estos fenómenos está condicionada por la idea de democracia que se profese. Las concepciones liberal-tecnocráticas dominantes, de hecho, minimizan esta distancia entre el ideal democrático y su práctica efectiva. Para ello, suelen reducirlo a una simple técnica de recambio periódico de las élites gobernantes. Esta concepción restrictiva de la democracia, que permite descalificar como demagógica o maximalista cualquier crítica que pretenda mirar más allá de estas premisas, oculta, no obstante, su sentido histórico profundo. Y acaba por dar cobertura a regímenes que, cada vez más, operan como oligarquías isonómicas, es decir, como regímenes controlados por minorías económicas que apenas admiten, de manera selectiva, el disfrute de algunas libertades públicas.

Esta tensión entre democracia y oligarquía, o si se prefiere, entre Constitución democrática y Constitución oligárquica, no es desde luego nueva. Fue lúcidamente entrevista por pensadores como Aristóteles y atraviesa la historia de la humanidad desde la antigüedad hasta nuestros días. En ella no faltan, al igual que hoy, teorías y prácticas empeñadas en despojar al principio democrático de su componente igualitario y emancipatorio, marginándolo o reduciéndolo a una pieza inofensiva de la organización social. Estos intentos se han presentado bajo diferentes ropajes. Como necesario antídoto contra la “tiranía de las mayorías”. Como defensa de la Constitución mixta frente a la Constitución popular, siempre expuesta a los “humores de la multitud”. O simplemente como una apuesta por la democracia limitada, moderada, frente a la extremista democracia pura o absoluta. Dispuestos a ganar el sentido común, estos argumentos han intentado cubrirse con la bandera de la moderación, del rechazo a la hybris, al exceso. Pero han dado voz, invariablemente, a temores e intereses exaltados, vinculados a posiciones elitistas y a plutocracias de diverso signo.

Que para identificar esta persistente corriente antidemocrática se evoque a Termidor no es baladí. Termidor fue el mes –según el calendario revolucionario francés- en que tuvo lugar el golpe de Estado de 1794 contra el movimiento democrático que surgió de la caída de la Monarquía y de la proclamación de la República. Dicho golpe supuso la interrupción de un proceso vigoroso de lucha por la extensión de los derechos políticos y sociales de la población, comenzando por sus miembros más vulnerables. Desde entonces, Termidor ha quedado identificado con los procesos de desdemocratización realizados en nombre de la gran propiedad y del gobierno de los notables (y a veces, también, con la degradación burocrática y despótica de las reacciones contra otras tiranías o plutocracias).

De ahí su importancia en los tiempos que corren. Y es que la llamada globalización neoliberal, el capitalismo financiarizado al que ha dado lugar, también podrían considerarse el último capítulo de un largo Termidor. De una honda recomposición en las relaciones de poder que, apelando al ideal democrático, ha acabado por desnaturalizarlo en beneficio de un orden constitucional con fuertes componentes oligárquicos. Esta contrarreforma tiene una fuerza innegable. Pero no es inevitable ni irreversible. Como ocurre con otros conceptos usados en vano, la noción de democracia puede ser rehabilitada, rescatada del naufragio. Para comenzar, si se vincula a su mejor herencia histórica. La que entronca con el constitucionalismo revolucionario de los siglos XVII y XVIII, con el constitucionalismo democrático republicano de entreguerras, en el siglo XX, e incluso con experiencias como las del llamado nuevo constitucionalismo latinoamericano, ya en el siglo XXI. La que va de Efialtes y Aspasia de Mileto a Thomas Paine y Karl Marx, de Flora Tristán y Rosa Luxemburg a Patrice Lumumba y Martin Luther King. Ello nos ayudaría a verla, no ya como un simple mecanismo de renovación de élites, sino como una inveterada tradición emancipatoria. Una de las pocas quizás, capaz de abanderar hoy las exigencias de millones de mujeres y hombres a favor del autogobierno político y económico de todas las personas y pueblos y de la reproducción sostenible de la vida en el planeta”.

(1) Que digo yo: Trotta debería tener un detalle con un servidor. Llevo años publicitando esta editorial y hasta el día de hoy no ha tenido un detalle conmigo: ni siquiera una cajetilla de tabaco caldogallina.


sábado, 26 de noviembre de 2011

CRISIS DE IDENTIDAD Y DE LEGITIMACIÓN

Hasta la presente no se ha encontrado ninguna alternativa a los partidos, pero tampoco se ha hallado ninguna solución a su crisis de identidad y de legitimación. Me pregunto si esta cuestión no podría formar parte, entre otras de no menores pelendengues, de un conjunto de debates de todas las izquierdas (desde las expícitamente reformistas a las que se llaman alternativas) para abrir veredas que conduzcan a una democracia rejuvenecida. No creo que nadie pierda absolutamente nada si se abren círculos de discusión entre las izquierdas para hablar de ello. Ni siquiera los estados mayores.


Radio Parapanda: Elogio del Moralismo




martes, 22 de noviembre de 2011

EN TIEMPOS DE ZOZOBRA HAY QUE RENOVARSE

El PSOE no tendrá las cosas fáciles durante esta legislatura. Su principal argumento a lo largo de los dos últimos años ha sido este: lo que estamos haciendo y lo que haremos no se basa en el interés del partido sino en el de España. Ha sido la coartada para una gestión desacertada de la crisis económica. Esta ha sido la argumentación-burladero para poner en marcha una serie de putativas reformas que, además, intentaban argumentar que ellas serían elementos correctores de la crisis económica y, sobre todo, que harían desistir la bulimia de los mercados. Lo que no ha sucedido, ni podía suceder. Con tamaña dogmática el PSOE se ha encadenado también para esta legislatura.

De manera que, cuando desde las bancadas socialistas arremetan (ya veremos cómo lo hacen) contra las medidas del Partido popular, la respuesta la tendrán cantada: “hacemos tres cuartos de lo mismo que ustedes llevaron a cabo”. Es más, tal vez podrían afirmar que el interés de España no cambia con la mudanza de gobierno”. En esas condiciones lo único que habrá cambiado es el burladero que ha pasado de estar en sol y sombra para ser, ahora, de sombra. Tan sólo quedaría la voz autorizada, y sin ningún tipo de coartadas, de la izquierda que ha visto premiado su praxis así en la calle como en el parlamento. Pero esta voz no es suficiente. Cayo Lara lo ha dicho con austeridad románica: “Nosotros no podemos hacerlo todo”.

El PSOE tiene que desembarazarse de su inmediato pasado. Veremos en qué queda el desarrollo de su congreso: si es una rutinaria operación con los mínimos aderezos del disimulo o es una cesura capaz de abrir un nuevo iter en la política española. Ahora bien, dicen las cosas de la vida que cuando hay grandes desperfectos no se está en las mejores condiciones para proceder a renovarse. Lo que inspiró a un aguerrido Loyola a pontificar que “en tiempos de zozobra es mejor no hacer reformas”. Pero ni la tradición es una ciencia ni Loyola lo dijo inspirado por la Santa Paloma. Es decir, no conocemos teorema alguno que valide lo que susurra la tradición ya sea interpretada chusqueramente como por Loyola.

El problema está en lo que quiera ser el PSOE, porque de ahí vendrá un proyecto –sabiendo que un proyecto no es una suma de retales— y un radicalmente nuevo grupo dirigente que no haya estado implicado hasta las cejas (aunque lo haya estado hasta las ingles) en lo que ha sido ese subjetivo interés de España.

¿Qué por qué me meto en camisa de once varas? Pues porque a mis sesenta y ocho años no quiero que me amarguen demasiado la vejez. O sea, siguiendo el mensaje paulino, la caridad empieza por uno mismo.


Radio Parapanda. Democracia y crisis: salir de Termidor (A propósito de un libro de Gerardo Pisarello)



domingo, 20 de noviembre de 2011

¿CUÁNTOS KILÓMETROS TIENE LA TRAVESÍA DEL DESIERTO?






La victoria del Partido popular ha sido de las que hacen época; el descalabro del Partido socialista ha sido, como estaba previsto, espectacular así en sus tradicionales graneros como donde lo eran menos. El significativo incremento de votos a la izquierda alternativa (sin lugar a dudas merecido) no puede, sin embargo, compensar la debacle socialista. Así pues, se abre un nuevo recorrido en la relación de fuerzas en nuestro país.




A partir de ahora surgirán voces, cerca o lejos del Guadalquivir –que diría García Lorca— afirmando: este ciclo de la derecha será largo, las izquierdas inician una larga caminata por el desierto. Es lo normal tal como ha ido la cosa ayer domingo. Sin embargo, tanto en el artificio político como en la ciencia matemática una gota de agua más otra gota no son necesariamente dos gotas.




En efecto, las cosas no pintan bien. Pero no sabemos a ciencia cierta cuántos kilómetros tendrá la caminata de las izquierdas. De manera que parodiando a don Umberto Eco: ni apocalípticos ni sepultados. Simplemente derrotados.



El itinerario, largo o muy largo, de las izquierdas dependerá (sólo y solamente) de ellas mismas. Esto es, de cómo valoren los resultados; de la capacidad honesta de autoverificación de las causas que le han llevado a tan gran estropicio: “la culpa, querido Casio, no es de las estrellas, es de nosotros mismos”; también de la regeneración y renovación de su proyecto. Y, ¿habrá que repetirlo ad nauseam, del tipo de relaciones que establezcan entre sí ese conjunto de islas separadas que son las izquierdas en la actualidad; por supuesto, de la manera de compartir vínculos, formales e informales, con la trama de movimientos sociales que todavía se mueven aunque sea en tropel.


O sea, que ponerse a recitar ¡Ay de mi Alhama! sólo será un tan patético como paralizante desahogo. Por lo tanto, llórese cuarenta y ocho horas, pero seguidamente denle vueltas a la cabeza y ábrase la caja de hacer el encaje de bolillos.




La izquierda alternativa no debe esperar la construcción de su propio itinerario sobre las astillas del PSOE. La autoreconstrucción de la izquierda alternativa vendrá de ella misma o no vendrá por las derrotas de otros. Creo recordar que eso es lo que pasó siempre.




Mis parabienes especialmente a Gaspar Llamazares y Joan Coscubiela: dos bravos candidatos, ya diputados, que han peleado (sabiamente) lo suyo. Brindo por ellos con cava Gaudeamus igitur de la cooperativa de Parapanda.







sábado, 19 de noviembre de 2011

¿VAMOS A UNA AUTORITARIARQUÍA?




En días pasados se ha tratado en este blog de ese artificio que se ha dado en llamar gobierno técnico o gobierno de tecnócratas, que tanta actualidad tiene así en Gracia como en Italia: abuela una, madre otra de las democracias occidentales. Lo que está provocando una amplia y diversa comidilla en tertulias y mentideros televisivos y radiofónicos. El mismo Miguel González Zamora, reputado jurista extremeño que tiene su campamento en Madrid y persona formal, habló de ello en este mismo blog ayer mismo. Pues bien, con relación a lo dicho por don Miguel me gustaría rondar la pluma con algunas pejiguerías de viejo cascarrabias.


Entiendo que no es lo fundamental si los técnicos solucionan o no arreglan la crisis. Naturalmente es mejor que la solucionen o, dicho de manera más resignada, que no la empeoren. Lo substancial es otra cosa: si el instrumento que se ha puesto en marcha es excepcional o acaba convirtiéndose en el bálsamo de Fierabrás, en la panacea esperada, querida y sostenida por los mercados, esa espuma de los grandes capitales especulativos. Es decir, si se desparrama por los cuatro puntos cardinales, primero en Europa, después en otras latitudes. La democracia como forma pragmática de gobierno de los pueblos se iría convirtiéndose en algo así como una autoritariaquía. Me excuso por tan horrendo vocablo. Tan horrendo como lo que quiere dar a entender. Porque sumado a la gran operación de la poda de las tijeras de los derechos sociales, dicha autoritariaquía es en sí misma la expresión de la garlopa carpintera contra fundamentales derechos democráticos. En esas condiciones no sería tanto el fracaso de los políticos como el fracaso de la política democrática, de esa forma pragmática de gobierno de los pueblos. El fracaso querido y asumido, ciertamente, por los políticos instalados que como aquellos viejos procuradores en Cortes (de nefasta memoria) se harían su personal y colectivo harakiri. 


Comentaristas de garrafón explican que el problema frente a la crisis está en el desfase entre la velocidad de intervención de los mercados frente a la lentitud de la política. Lo que es tan falso como aquellos viejos  duros sevillanos.   El problema es que los políticos instalados con mando en plaza se niegan a poner en marcha normas y controles a nivel supranacional con medidas de freno de la especulación turbocapitalista.  Cosa que tampoco harán los tecnócratas, un personal que empieza a ser idealizado como si fueran la encarnación de Cincinatus, el  senador romano que fue mitificado por el viejo Catón cuando el Sol no se ponía en aquel imperio republicano.


Prevengo de lo siguiente: no pocos italianos convirtieron la palabra del demagogo oligárquico en palabra profética; tras su fracaso, cuidaíco ahora con trasladar la palabra de los tecnócratas a palabra profética. No sólo no se cumplieron los augures de estos profetas de la demagogia oligárquica sino que, tras ellos, la situación –económica, social, política y cultural--  acabó pero que como estaba antes del alarido profético. Lo que tampoco es una novedad visto lo visto de la historia.  Pues bien, tres cuartos de lo mismo la tecnocracia profética tampoco estuvo muy atinada que digamos. No pocos de sus exponentes no vieron o no quisieron ver el tifón que se nos venía encima por descuido, vagancia o simplemente porque estaban tan indocumentados como los políticos instalados o no se atrevieron a cantarle las cuarenta a los demagogos oligárquicos.



viernes, 18 de noviembre de 2011

LOS TECNÓCRATAS Y LA CRISIS


¿Y SI LOS TECNÓCRATAS SOLUCIONARAN LA CRISIS?
                     ¿ Y SI FRACASARAN TAMBIÉN?


Miguel González Zamora*


 En los últimos dos años se ha evidenciado que es la economía la que gobierna el mundo. Tal vez porque los políticos se han dejado comer el terreno y no han sabido gobernar la crisis, No han dirigido la economía con criterios de eficacia. Si a estas alturas de la crisis ya sólo  se trata de gobernar bien la economía, parecería lógico que lo hagan los verdaderos expertos en economía.


El desplazamiento de los políticos en aquellos lugares en que han evidenciado su incapacidad puede ser un problema para éstos, para los políticos. ¿Se resignarán a no gobernar? ¿Cómo reaccionarán los cientos de políticos, o aspirantes a serlo, cuando  vean truncadas sus carreras? Llevan años peleando en el escalafón de ascensos y difícilmente se resignarán a ver interrumpidas o rotas sus aspiraciones.


Y si los ciudadanos percibiéramos claramente que han sido, al final, los tecnócratas quienes nos han sacado de la crisis ¿cambiarían los políticos el chip y entenderían la política como lo que es: el arte de gobernar bien la ciudad y no el arte de conquistar el poder. Gobernar bien es básicamente conseguir bienestar y riqueza para los ciudadanos y ciudadanas y distribuirla con justicia, que todos y todas sean cada vez más libres y felices y, por supuesto, que se lleven muy bien y que en ningún caso se peleen.


Estos objetivos hay que buscarlos con criterios de eficacia, no con el criterio de conquistar o mantenerse en el Poder. Justamente lo contrario a lo que han hecho políticos como Rosa Aguilar o Belloch cuando enfrentaron a unos ciudadanos con otros porque se había concedido un premio a una ciudad que o era la suya, hasta metieron a Bildu y ETA por medio. No dudaron en azuzar a unas ciudades contra otras con tal gobernar o seguir gobernando. Bueno, es lo que hace continuamente el eterno aspirante a Ministro, el de la “suite” del  Pálace.  ¿Qué le importa a él que se peleen los mortales? Probablemente eso no será pecado y si lo fuera bastaría con confesarse. A propósito del Sacramento de la Confesión: Cuando leí en el “Mundo” las primeras noticias sobre la supuesta corrupción de José Blanco, mi primera impresión fue que se trataba de una manipulación más de Pedro J. y probablemente sea sólo eso, pero dudé cuando José Blanco dijo aquello de “soy creyente y tengo mi conciencia tranquila”. Dudo porque si cuando dice creyente se refiere al único Dios verdadero, es decir el de los cristianos, puede haber cometido las “irregularidades” de las que hablan y tener la conciencia muy tranquila, basta que se haya confesado.


Ante tanto político mediocre, a nivel nacional y europeo, podemos preguntarnos: ¿Qué pasará con ellos si en unos años los ciudadanos percibimos claramente que han sido los tecnócratas quienes nos han sacado de una crisis que los políticos no supieron gestionar? ¿ Y si también fracasan los tecnócratas, qué nos quedará?



Miguel González Zamora es abogado laboralista.



miércoles, 16 de noviembre de 2011

CONTRA LA PRIVATIZACIÓN DEL PODER POLÍTICO







Los gobiernos de Grecia, Italia y España han hecho lo que les dictaban los mercados; sin embargo, los problemas siguen agravándose. Ahora, otros doce países de la Unión Europea empiezan a sentir las cosquillas de los mercados en sus propias carnes. Hablando en plata: sigue rugiendo la marabunta. Sigue la marabunta tras la celebración del encuentro del G – 20 en Cannes. Así las cosas, parece de cajón que es oportuno cambiar las preguntas. Es decir, …


… ¿por qué los mercados iban a desistir de su voracidad tras la dimisión de Papandreu y la configuración de un gobierno técnico?; y tres cuartos de lo mismo, ¿por qué los mercados iban a dar un respiro al italiano Monti? Pues bien, ¿qué nos apostamos a que la presión de los mercados continuará ad nauseam? ¿Qué nos jugamos a que Francia, en menos que canta un gallo, se verá sometida a un zafarrancho de combate? Cosas veredes…


Primera consideración: el sometimiento político de los gobiernos nacionales a la continuada agresión a los mercados no sólo no ha resuelto nada sino que ha ido agravando la situación. Segunda consideración: los gobiernos nacionales no sólo no corrigen el punto de mira sino que doblegan todavía más sus espaldas. Todo ello ha desembocado, al decir de Jacques Délors, en que “
l’euro et l’Europe sont au bord du gouffre.” O del mismo Felipe González: “la UE està al borde de un abismo irreversible” . . Se trata de dos personalidades que nunca han sido vistos ni acusados de alarmistas.


Como tampoco es alarmista considerar que la economía se ha desembarazado de la política y lleva camino de la privatización descarada del poder político, disfrazado de poder técnico para no infundir sospechas. Porque, en el fondo, el gobierno técnico es una variante de la privatización del poder. Y comoquiera que, de un lado, hay fuertes intereses para que las excepciones griega e italiana se expandan por el patio de vecinos europeo, y, de otro lado, la política dimite de sus propias responsabilidades, puede llegar el caso que el gobierno técnico sea la regla y no la excepción. Lo que avisamos desde Parapanda como aviso para navegantes y excursionistas. Más todavía, tal idea puede encandilar a más de uno, basándose en la siguiente construcción de ideas: los partidos siempre van a la suya, pero los técnicos, que están al margen de unos u otros intereses, tienen unos comportamientos neutrales. Más o menos tan neutro como cualquier teorema, pongamos que hablo del referido al de la Poligonal convexa (envolvente y envuelta)


Lo que nos llevaría a la afirmación del ingeniero Taylor: dado que mis sistemas de organización del trabajo son científicos, los sindicatos nada tienen que decir al respecto. Lo que traducido al cuadro político tiene su equivalente. Sería el reino de los filósofos de Platón, perdón, el reino de los técnicos de Taylor. Así las cosas, existe un fundado riesgo de que el gobierno técnico se convierta en fuerza intelectual dominante. La política no sería uno de los tantos reflejos de la economía sino algo que sería totalmente engullida por ésta.


Ahora bien, plantear la (necesaria) regeneración de la política está alcanzando ya ciertas cotas de retórica de baratillo. Pero tengo para mí que no vendrá de la política instalada. No es cuestión de pesimismo sino de realismo basado en los datos y las cosas de la vida. Podrá venir de la política que hacen los que están alejados de ella, esto es, de la política submergida. De la gente que participa, de manera activa e inteligente, en transformar esta realidad partiendo de cómo es dicha realidad. Por supuesto, también ejerciendo todos los derechos democráticos: el más inmediato es el próximo domingo. Pero hay más, en la presión sostenida para la reforma de la política y para frenar el acelerado proceso de cooptación de ésta por la economía. Yo lo haré por Joan Coscubiela, y espero que muchos salgan del limbo manierista de votar en blanco o abstenerse garrulamente.


Quiero decir que la clave está en la gente. Fíjense en un detalle: se han retirado las firmas que se anunciaban en la pocilga del programa televisivo La Noria, presionadas por los internautas esencialmente. Sin embargo, la audiencia aumentó. ¿Se me entiende lo que quiero decir? Lo siguiente: en Italia el demagogo oligárquico ha sido substituido por un “governo tecnico”, impuesto desde fuera de la política (1). Pero el humus del demagogo oligárquico sigue vivo y coleando. Esperemos, no obstante, que no suba su audiencia como esa pocilga televisiva que se ha citado anteriormente. Es posible que ahora me explique mejor.



(1) Aquí tiene información de quién es quién en el gobierno Monti: http://www.ilmanifesto.it/approfondimenti/ritratto-di-governo/





Radio Parapanda. ¡No sé a quién votar! (y IV), docet Manolo Martínez Morales.


domingo, 13 de noviembre de 2011

ESTO ES CIU ... Y EN ESO SE HA CONVERTIDO SU TELEVISIÓN



Convergència i Unió tiene aún una aura democrática de “socarrel”, a diferencia del PP. Le viene de la etapa de Pujol y la antigua guardia, aquéllos que lucharon por las libertades democráticas bajo en franquismo. Ciertamente CiU ha sido siempre una especie de conchabeo, de difícil caracterización, en tanto que a políticos democráticos y de visiones más o menos progresistas se mezclaban franquistas reconvertidos y, en la Cataluña profunda, carlistas no reconvertidos. Ocurre, sin embargo, que esos jóvenes que actualmente son el núcleo duro de Convergència ocultan bajo su nacionalismo una clara visión neoliberal (lo que, obviamente, no quiere decir que la antigua CiU hiciera ascos a la derecha, ni mucho menos).


La prueba la encontrarán en el actual Gobierno de la Generalitat, el “gobierno de los mejores”, como lo caracterizó Artur Mas en su día. Gobierno de los sedicentes mejores conformado por mediocridades del aparato –que apenas salen en televisión, como no sea para descalificar a la izquierda, y sin hacer un sola propuesta-, una vicepresidenta que no llegó nunca a titularse y un catedrático de economía formado en Estados Unidos, de gran prestigio académico por sus dogmática, pero a quien la gestión de la hacienda pública le viene grande. Y por supuesto, en aquellas áreas en las que tiene gran peso lo público dos grandes personajes que creen en las privatizaciones: enseñanza (Irene Rigau) y, especialmente, sanidad, con Boi Ruiz, ex presidente de una patronal sanitaria, que recientemente tuvo la ocurrencia de afirmar que “
la salud es un bien privado que depende de uno mismo, y no del Estado” y el hombre se quedó tan tranquilo. ¡Ah!, se me olvidaba: en empresa y ocupación un tal Xavier MENA, vinculado a ESADE y todo su aparato propagandístico y mediático (otra cosa es el nivel científico). Sin duda: el gobierno de los mejores.


TV-3 ha tenido siempre muchos defectos. Pero ha sido, sin ningún género de dudas, la televisión más imparcial desde sus orígenes. Lo fue en los gobiernos de Pujol y lo ha sido con los gobiernos del Tripartito. ¡Cuántas veces he tenido que oír las envidias no ocultas de amigos de Madrid o Valencia por sus respectivas televisiones autonómicas y sus elogios a TV-3!


Lo que ocurre es que ya hace bastantes meses que los jóvenes turcos neoliberales de CiU han tomado posesión y han empezado a desplegar sus redes. Y cabrá recordar, por si alguien lo ha olvidado, que los neoliberales no son precisamente muy respetuosos con la objetividad informativa. Debo confesarles que miro los informativos de TV-3. Y que desde ya hace algunos meses algo huele a podrido en Sant Joan Despí. Pero el otro día, en concreto el pasado viernes, se acabaron de encender todas las luces de alarma.


¿Recuerdan ustedes el debate del verano sobre el pago del PIRMI y el sistema de pago instaurado por cheque y toda la polvareda que se armó?.
Las explicaciones entonces del Conseller Mena pasaron por imputar el despilfarro de la renta mínima por el gobierno del Tripartito, aducir que el cuarenta y dos por ciento de los beneficiarios eran extranjeros y que muchos habían vuelto a su país de origen y, pese a ello, seguían cobrando las ayudas públicas. Los papeles pusieron en su boca, incluso, que 9.000 marroquís cobraban la renta sin vivir en Cataluña.


Pues bien, han pasado los meses. Y el tema fue objeto de nueva noticia el pasado día 11 del presente mes en el informativo del mediodía de TV-3. Si quieren acceder a dicha noticia pueden hacerlo en
http://www.324.cat/video/3801490/altres/Telenoticies-migdia--11112011. Si miran el video de ese telenoticias (después de una anuncio publicitario, por cierto en castellano) vayan al minuto 23.19. El presentado afirma que tres meses después de la revisión del PIRMI la Generalitat no localiza a más de dos mil beneficiarios, indicando a continuación que se había publicado un edicto con el nombre de los beneficiarios que no se habían localizado. Y aquí viene lo estupendo: esa noticia va acompañada de la imagen del Diario Oficial de la Generalitat en el que aparecen nombres de personas citadas: si miran esas imágenes podrán ver cómo aparecen varios nombres localizados entre las letras AC-AG, tras un fundido, de las letras HAM-HER y, tras otro fundido, de las letras SOT-TA. Podrán comprobar como la inmensa mayoría de nombres que allí aparecen 49 nombre susceptibles de ser árabes, 19 con apellidos más o menos españoles y 12 son nombres extranjeros no arabizantes, generalmente europeos. Cuando vi la noticia pensé que tal vez el Conseller culpando “al moro” tenía alguna razón.


Sin embargo, ese edicto está publicado en el Diario Oficial de la Generalitat del día 10 de noviembre (
http://www.gencat.cat/diari/6002/11300066.htm) Y la curiosidad me llevó a clasificar los 2355 nombres que aparecen en él. Pues bien, haciendo una interpretación amplia de nombres árabes (incluyendo también urdús y otros asimilados) a mi me salen 836 nombres (un 35,5 % del total). Y nombres españoles –o que utilicen los dos apellidos con nombres españoles, lo que también incluye buena parte, aunque no todos, de posibles inmigrantes hispanoamericanos- el resultado es de 1355 (es decir, el 57, 5 % del total) Sin embargo, en las imágenes que “alguien” escogió en el listado, más del sesenta y uno por ciento eran nombres “arabizantes” y apenas el 24 % españoles.


¿Casualidades? ¿Será que estoy muy sensible? No lo sé, pero en todo caso no deja de ser un dato significativo. Especialmente, si se pone en relación con las manifestaciones de nuestro honorable Conseller cuando estalló la crisis del PIRMI. La impresión que tuvo el ciudadano que vio ese día TV-3 es que la inmensa mayoría de supuestos defraudadores eran árabes, presumiblemente magrebies (en relación con las manifestaciones efectuadas por el señor Mena). Y eso no se corresponde con lo que salió publicado en el DOGC.


Por cierto, Conseller: ¿Los 9000 marroquíes que según usted cobraban el PIRMI y no residían en Cataluña han vuelto todos?

viernes, 11 de noviembre de 2011

ES LA ÉTICA, SO ESTÚPIDOS

Ha muerto Zsa Zsa Gabor.


Miquel A. Falguera i Baró. Magistrado Tribunal Superior de Justícia de Catalunya



Confieso que apenas oigo o leo las noticias y debates electorales. Me aburre y me cansa el simple ruido, sin ningún tipo de propuesta de estructura futura de nuestro país, que es lo que está ocurriendo en estos días (con la única salvedad de lo que dice Joan Coscubiela, en medio de los gritos y las descalificaciones del resto)


Con todo, lo que más me preocupa no es esa ausencia de debate sobre el diseño del futuro de nuestra estructura productiva o sobre el modelo del Estado del Bienestar. Ni tan siquiera me inquieta excesivamente la ausencia en el circo electoral del futuro de Europa –en un panorama cada vez más inquietante y fracturado-. Lo que me resulta del todo sorprendente es que nadie haga mención a la necesidad de una nueva ética privada y pública.


De las nefastas consecuencias del neoliberalismo la peor, desde mi punto de vista, es eso que se ha venido a llamar como “capitalismo popular”: es decir, la implementación en todas las capas sociales –y no sólo entre los opulentos, que es lo suyo- de individualismo descarnado, la falta de solidaridad con los demás, el propietarismo a ultranza, la paranoia del crecimiento económico a cualquier precio, la ostentación pública sin vergüenza.


Decían nuestro padres que “más vale pobre, pero honrado”. Era ésa una propuesta ética en toda regla, en la que nos formamos muchas generaciones y que, a la postre, venía a ocultar todo un principio de alteridad. La honradez y los valores por encima de todo, como regla de conducta personal.


Eso es hoy una entelequia. De tal manera que quien adecua su forma de vida y su actuación personal a tan sano principio de civilidad es tildado de raro, una especie de anomalía extraña. La honradez, la austeridad, el afán de autosuperación a través del trabajo y del esfuerzo personal parecen ser cosas del siglo pasado. Lo que hoy se ha instaurado es la lógica pequeño-burguesa del exhibicionismo impúdico de una supuesta riqueza sin esfuerzo (de una falsa riqueza: estaba construida sobre humo)


En estos días se critica mucho a Alemania. Sin duda que cabrá achacar a la Merkel su dogmatismo neoliberal y su cerrazón en las políticas de contención del gasto público en momentos de crisis, lo que se está convirtiendo en el mantra suicida de la Unión europea. Pero ocurre que se olvida algo importante: mientras aquél país en los momentos de crecimiento económico siguió invirtiendo en su modelo productivo y no cayó en la tentación especulativa (un piso en el centro de Berlín costaba la mitad que uno en Barcelona), en el sur de Europa hipotecamos a nuestros hijos –y probablemente a nuestros nietos- para gastárnoslo en lujo, viajes onerosos, bodorrios de ricos, automóviles de supuesta gama alta y chalecitos adocenados –la supuesta “calidad de vida”-. Aunque cabría matizar esta última afirmación: quién así obró no fueron las clases opulentas, fueron las autoproclamadas clases medias. Los “gordos” (los gordos de verdad) siguieron desplazándose por la ciudad en transporte público o en utilitarios, no en vehículos de cientos de miles de euros que poseen guardados en garajes. Sin embargo, las “clases medias” utilizaban sus estúpidos 4 x 4 para llevar al niño al colegio. Colegio, por supuesto, concertado. O, si uno se paseaba determinadas poblaciones en las que la especulación hizo estragos, podía asistir a una interminable sucesión de Mercedes.


Lo que se nos venía encima era a todas luces evidentes hace ya más de un lustro: ¿qué sociedad se podía permitir el lujo que un bien de primera necesidad como la vivienda se fuera encareciendo sin límite en base al simple crédito de futuro? ¿qué futuro aguardaba con la suicida tendencia a la simple especulación basada en un sector como la construcción, con escasa aportación de valor añadido, mientras el sector industrial se desmantelaba y apenas se invertía en nuevas tecnologías y enseñanza?


Cualquier mente mínimamente organizada podía llegar hace cinco años –y antes- a la conclusión que ese modelo era demente y que podía tener perniciosos efectos sobre nuestro futuro. Sin embargo, era ésa una conclusión que nadie quería escuchar. ¿Se imaginan qué hubiera pasado si en las elecciones generales del 2008 un partido mayoritario hubiera propuesto el fin del modelo del ladrillo?... hubiera sido barrido sin consideración por los electores. Por el contrario, los programas electorales iban llenos de medidas de incremento de ayudas a la construcción, a la compra de viviendas, al crédito barato… Nadie habló de austeridad. Nadie habló de potenciar la economía productiva –más allá de genéricas declaraciones-. Nadie habló del control de la Banca y de su política crediticia.


Y ahí tenemos ahora a la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos, descubriendo atónitos, como niños con juguetes rotos, que no son ricos como ilusamente creían. Lo sorprendente, con todo, no es el descubrimiento de la estupidez –lo que sería un avance-, sino su negación. Es decir, la creencia que con cuatro retoques y cinco recortes (que creen, ingenuamente, no van con ellos) se podrá volver al “paraíso” de hace unos años. Ahí están las encuestas electorales, pronosticando abrumadoras mayorías absolutas de un partido que aún no nos ha dicho qué va hacer si alcanza el gobierno, aunque todo el mundo sabe qué va a hacer (por cierto, en unos momentos en los que próximamente el vuelco hacia la izquierda en la mayor parte de los países europeos parece cantado)


Es igual para nuestra conciudadanía: la cuestión es castigar al actual gobierno de Zapatero, que es la causa de todos nuestros males. Y cierto, el actual gobierno (y el anterior) ha seguido con la política de ser muy progresista en derechos civiles, pero practicar el estúpido y ciego “laissez faire” en el terreno económico, sin profundizar en políticas sociales igualitarias, más allá de actuaciones de simple escaparate. El resultado está servido: en España ha crecido la desigualdad, no se ha alcanzado la cobertura social de otros países pese al anterior crecimiento económico y se ha desaborlado el sector productivo. Y cuando los mercados llamaron al orden, Rodríguez Zapatero fue el primero en recortar derechos sociales y desmontar nuestro escuálido Estado del Bienestar. Y el discurso electoral del PSOE es ahora manifiestamente ineficaz: “los otros –el PP- serán mucho más duros que nosotros, os están escondiendo el programa”. ¿De verdad cree Rubalcaba que los ciudadanos no saben lo que les viene encima?


Mas lo más preocupante para mí es que la conciudadania laborante siga soñando con el paraíso perdido, obviando que fue el juego de la especulación y del capitalismo popular –al que todos, en mayor o menor medida, jugamos- lo que nos llevó a la actual situación. Por eso se castiga al PSOE y se ve al PP como el mal menor.


Sin embargo, de las crisis no se sale colectivamente con la especulación. Se sale con ahorro, con trabajo y con solidaridad. Se sale con esfuerzo. Y de sale sabiendo que el futuro de las nuevas generaciones depende de nuestro afán de superación y con la previsión de un de un modelo de civilidad democrática igualitario, fraterno y colectivo. ¿Para qué me voy a esforzar en mi trabajo si de ese esfuerzo se acaban aprovechando los bancos y los más ricos? Por eso el neoliberalismo es incapaz de solucionar la crisis: porque no está ofreciendo ningún modelo de civilidad alternativo, sino la produndización de más de lo mismo.


Pero eso significa que nuestros conciudadanos deben saber que no son tan ricos como creían, que ya no forman parte –no lo han hecho nunca- de la “champios league” de los grandes países. Que comprarse un todoterreno si no se vive en zona montañosa es un acto cuasidelictivo. Que la vivienda es un bien de primera necesidad y que no es ninguna inversión, por lo que debe ser mal vista la especulación en este terreno (dice el artículo 47 de nuestra Constitución: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”… al parecer ningún cargo público había llegado a leer ese artículo)


Nuestros conciudadanos deben saber que la civilidad democrática exige la existencia de mecanismos colectivos de participación social y, por tanto, la participación efectiva de todos los ciudadanos en los mismos (si los sindicatos y los partidos son tan malos como muchos dicen, ¿por qué no aparecen otros de nuevos que cubran el vacío?) Alguien debe decirles a nuestros conciudadanos que la riqueza es colectiva y que ninguna sociedad se ha construido al margen del trabajo. Y alguien debe recordarles que la civilidad democrática es fruto de muchos años de evolución de la especie y que se ha estructurado no únicamente a través de la libertad personal, sino también mediante la igualdad y la fraternidad humana, porque si no, no existe una sociedad, existen simples ciudadanos aislados.
La actual crisis no habría existido si la codicia no se hubiera extendido en todas las capas sociales. Y no se saldrá de ella sino se invierten los valores sociales y se sitúa en el eje del debate social la necesidad del esfuerzo individual al servicio de unos valores colectivos de civilidad.


¿Alguien ha oído algo similar en el actual debate electoral? ¿Alguien ha oído hablar de nuevos valores sociales colectivos? (repito: excluyo a Joan Coscubiela). ¿Son tan inútiles los políticos –especialmente de izquierda- que no son capaces de explicar esos nuevos valores colectivos? Creo que no: el problema es que nadie se atreve a decirle al emperador que está desnudo. Porque una buena parte de la ciudadanía sigue soñando con el crédito barato, el chalecito dónde dios perdió el gorro, el sacrosanto vehículo privado, lo más aparatoso y ostentoso posible y el viaje a Cancún, mientras se embrutece viendo en televisión intoxicaciones mediáticas y cree que es libre desconociendo la existencia –y los problemas- de los demás y aislándose del debate social colectivo. Pero debe explicárseles que ese modelo ya no es posible. Porque mientras eso no se asuma, no se superará la crisis y nos seguiremos hundiendo en un pozo sin fondo. Pero así no se suman votos. Hay que decirle a la plebe lo que quiere oír, no explicarle la realidad.


¿Se extraña alguien que ante ese triste panorama social saquen mayorías absolutas políticos corruptos? La corrupción –por la universalización de la codicia y el individualismo- no está sólo en la política: está en el tuétano de nuestra sociedad por causa del capitalismo popular del neoliberalismo.


Decirle a nuestros ciudadanos la verdad debería ser el eje central de la campaña electoral de las izquierdas en estos momentos, ofreciendo a la vez un modelo social y ético alternativo. Claro que se corre el riesgo que la debacle del voto progresista sea aún más fuerte. Pero se estaría plantando la semilla de un futuro colectivo para que la ciudadanía superara el individualismo y empezara a arrimar el hombro en una ilusión colectiva. Porque el silencio no va a comportar otra cosa que más de lo mismo: es decir, ahondar en la desigualdad lo que, a la postre, no sirve más que para desestructurar aún más la sociedad e impide superar la crisis.


Parafraseando la famosa frase de Clinton a Bush padre-: “es la ética, estúpidos”



jueves, 10 de noviembre de 2011

CONTRA LA IMPUNIDAD




Parece que se está alargando la idea de que nadie es responsable de nada. No es que se esté ampliando por sí sola sino que la están organizando de manera eficaz. Parodiando a Bécquer: “la primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido”. La crisis ha venido y nadie sabe cómo ha sido, ni quienes son los responsables.


Dos elementos se superponen en esa dirección. De un lado, se estructura la impunidad; de otro lado se pone en marcha el ventilador con la idea de repartir las responsabilidades: todos somos responsables de que la primavera, perdón, la crisis haya venido sin saber nadie cómo ha sido. De un lado está el garantismo hipócrita que invoca la impunidad sólo para los poderosos, rompiendo la civilidad de los ordenamientos jurídicos; de otro lado –y como consecuencia, natural-- se traslada la responsabilidad a un abstracto todos: todos somos responsables de los enormes estropicios que organizan los impunes. Que repetida ad nauseam está calando de manera tan grosera como eficaz.


Así las cosas, queda sepultada toda propuesta de denuncia (y propuesta alternativa) de soluciones cuando, es un ejemplo, empezaron a ir mal las cosas, nada más empezar el diluvio (casi) universal de este conjunto de crisis superpuestas. Se puso en marcha la impunidad y apareció el conejo en manos de los prestidigitadores: “hemos vivido mucho tiempo por encima de nuestras responsabilidades”, que –al igual que el aria de La calunnia, del Barbero de Sevilla-- se inició como un venticello y fue transformándose en un colpo di canone.


¿Se trata de una operación de cinismo recalcitrante? Por supuesto, pero lo esencial es que se corresponde con algo más contundente: la propia esencia del turbocapitalismo que ha derrotado (al menos momentáneamente) la vieja ética de la responsabilidad. El cascarrabias de Calvino ha sido desvencijado por los mercados desrregulados.


Por otra parte sería de agradecer que alguien escribiera sobre la relación entre impunidad y autolegitimación o, si se prefiere, entre impunidad y autorreferencialidad. Porque también se está ampliando eso de endosar responsabilidades a los demás, preferentemente a través del denuesto. Parecía que se había agotado la posibilidad de insultar a pueblos enteres llamándoles vagos y casi maleantes, pero se trataba de una falsa ilusión como lo ha demostrado ese Duran i Lleida con relación a todo lo que no es su propio corral.


Radio Parapanda.
La dignidad de la política - Homenaje a Miguel Núñez. Escribe Isidor Boix.


martes, 8 de noviembre de 2011

CONCERTACIÓN EN CATALUÑA





LOS SINDICATOS CONFEDERALES CATALANES Y LA PATRONAL ALCANZAN UN ACUERDO: EN LA CRISIS, LA CONCERTACIÓN SOCIAL NO ES UNA OPCIÓN, ES UNA NECESIDAD.


Juan Manuel Tapia


Hemos firmado, Foment del Treball, la UGT y CC.OO. de Catalunya un acuerdo interprofesional, el AIC 2.011 – 2.014, que a pesar de los esperados silencios, interferencias o deformaciones mediáticas, tiene, una enorme trascendencia (1).


Es posible que el sindicalismo confederal, que siempre ha sido humilde en la valoración del propio resultado de su acción sindical, no se detenga demasiado, ante las enormes tareas diarias que provoca la crisis, en la importancia política de su acción.


El acuerdo es en primer lugar es “un fuerte grito de enfado”. Hablaremos luego del hilo conductor de sus contenidos más significativos. Un enorme grito frente a aquellos que niegan a las organizaciones sociales, patronales y sindicales, su papel representativo. Su capacidad de expresar de manera nítida intereses sociales generales y de acertar en las soluciones y alternativas concretas a los problemas de las empresas y el mundo del trabajo.


Intereses contrapuestos, cierto. En conflicto social, explícito o tácito, cierto. Intereses que buscan y encuentran espacios de acuerdo y equilibrio, en beneficio mutuo, sin pérdida alguna de las perspectivas propias de cada cual, y que conviven en ese proceso contradictorio que es la empresa.


No hemos aprendido esto en los manuales de historia, sino en nuestra larga experiencia de conflicto y entendimiento en los centros de trabajo. Es de nuestra experiencia de lo que habla la buena historia social de nuestro país.

El AIC es una amable bofetada a aquellos que piensan en la política, sea económica, social o ciudadana, como en la dirección de un laboratorio experimental con sus cobayas y estadísticas. Olvidando que las sociedades humanas tienen en primer lugar una dimensión humana. La convivencia de personas agrupadas por intereses diversos, pero personas tangibles, personas que precisan de asociación, organización y capacidad de expresar colectivamente sus necesidades y expectativas diversas.


El mal gobierno y los poderes que niegan el papel de intermediación y expresión de intereses, de sindicatos y patronales, intereses de las personas trabajadoras concretas, intereses de los empresarios concretos, cada uno con sus problemas, son gobiernos ciegos, ajenos a la realidad, gobiernos de laboratorio.


Aunque algunos piensen, sin expresarlo en toda su crudeza, que la mejor sociedad es la desarticulada, la que menos contrapesos suponga en sus ambiciones, la realidad de la vida los pondrá en su lugar.


Creo que el hilo conductor del AIC 2.011 – 2.014 se fundamenta en cuatro grandes pilares:

a) el valor de la negociación colectiva, como fuente de derecho, para determinar, en la negociación de sindicatos y patronales más representativas, las reglas del sistema de relaciones sociolaborales. Atendemos a un mandato constitucional, a nuestra historia y a una cuestión práctica. Nosotros que somos enamorados del derecho del trabajo, sabemos, que bajo la protección del derecho del trabajo, somos, empresarios y sindicatos, quienes conocemos mejor y de primera mano lo que necesitamos.

b) el valor de la flexibilidad negociada. O lo que es lo mismo: la utilidad de que las adaptaciones a la realidad económica o de entorno que tienen las empresas, como un proyecto vivo y común del factor trabajo y su creatividad, y del capital, se realice siempre de manera negociada con el sindicato.


Flexibilidad negociada que niega algunos de los elementos unilaterales más negativos de la reforma laboral de 2.010 o de la reforma de la negociación colectiva de 2.011.

c) el valor de las personas trabajadoras. El sistema de relaciones laborales tiene, necesariamente, que tener en consideración la existencia de las personas concretas, diversas en sus condiciones, intereses y expectativas, personas que deben tener derechos personales en el trabajo bajo el criterio de la igualdad de trato. Las personas deben tener derecho a participar de sistemas de organización flexible del trabajo que sean bidireccionales, de intercambio, a favor de la empresa y a favor, simultáneamente, de las personas y su autoorganización.

d) toda negociación debe estar al servicio del empleo en esta situación de crisis, pero de forma que no se atienda solo a las necesidades coyunturales de trabajadores y empresa, sino que contribuya a poner los fundamentos de un nuevo paradigma productivo de bienes y servicios, basado en la calidad y el valor añadido, también, en la calidad de las condiciones de trabajo y los derechos, de la que no puede disociarse. Esto explica el mínimo común denominador, transversal, que recorre todo el acuerdo, y el tratamiento específico de la formación profesional, las cualificaciones, los expedientes de regulación de empleo y las políticas sectoriales e industriales.


En este proceso de negociación y acuerdo no hemos pensado solo en Catalunya, hemos pensado, también, con toda modestia, en que constituya una contribución al conjunto de la concertación social de España. Confío en que a los problemas comunes, sea de utilidad soluciones comunes pactadas.

Finalmente, quizás sea la hora de afirmar que aquellos que han provocado la crisis estén detrás de los que defienden esa política de laboratorio, que es la negación del noble concepto de política. Un noble concepto de política que llena las calles de todas las ciudades del mundo, donde centenares de miles y millones de personas en conjunto, indignadas, muestran el mismo enfado que este acuerdo.



(1) La
renovación del acuerdo interprofesional de Cataluña