miércoles, 17 de diciembre de 2014

LAS HUELGAS GENERALES EN ITALIA, GRECIA Y BÉLGICA




1.-- En Italia, Grecia y Bélgica se han producido recientemente dos importantes movilizaciones con características de huelga general. Precisamente porque se ha apreciado un importante consenso de masas se ha intentado oscurecer dicha movilización mediante  toda la panoplia informativa exclusivamente centrada en el alboroto callejero entre los manifestantes y las fuerzas de orden público. De manera que el conflicto social de masas queda secuestrado por cuatro golpes de porra contra los que protestan. Moneda corriente, se diría. En todo caso, ahí está el rechazo a las políticas de ajuste caballuno en dichos países.

Ahora bien, un preocupante regomello me atraviesa todo el cuerpo: aunque no descarto estar errado, tengo para mí que estas luchas –italianas, griegas y belgas, como antes lo fueron las españolas--  están separadas entre sí, y a falta de un proyecto europeo no tienen un referente general al que acogerse. Así las cosas, tan importantes movilizaciones se convierten en «conflictos de situación», inconexos, frente a la ruptura unilateral del contrato social, que es la forma más reciente del conflicto como ya expresó en 1988 un Ralph Dahrendorf.   

2.-- Digamos que frente a un ataque en toda la regla a la condición asalariada (y sus alrededores), el recurso de cada sindicato es recluirse en el Estado nacional.   Es pertinente, pues, preguntarse dónde está la Confederación Europea de Sindicatos (CES).

No quisiera ser excesivamente áspero, pero debo reconocer que no sé dónde está la CES, ni tampoco sorprendentemente sé dónde se encuentra. Se diría que es un magma inaprensible o, si se quiere, una estantigua que va dando trompicones solamente por los espacios institucionales. En todo caso se está consolidando, justamente ahora con la que está cayendo, una enorme distancia entre la CES y los sindicatos de cada Estado nacional. Además, queriendo ser un sindicato, la CES no dispone –ni ha pugnado suficientemente por ello— de poder contractual. Todo ello limita, naturalmente, la acción colectiva de cada sindicato nacional habida cuenta de la globalización con sus vertiginosos procesos de innovación y reestructuración de los aparatos productivos y de servicios.

Ni siquiera la CES es un paraguas de los sindicatos nacionales, lo cual –aunque insuficiente--  podría servir para algo. Vale decir que esto es extensible a las federaciones sindicales europeas. Alguien que conoce el paño desde dentro ha afirmado   estas «han abandonado el mundo del trabajo y lo han dejado en manos de los comités de empresa (supranacionales) que tienen muy poca implantación». Por lo que, con todo realismo, podemos convenir en que, mientras se mantenga esta situación, no cabe esperar ni una adecuada resistencia a las políticas gubernamentales ni, menos todavía, una preñez de proyecto de cambiar la situación. Me interesa decir que no es escepticismo lo que se dice sino la invitación a un cambio estructural de los sindicalismos europeos al alimón con la CES. 

Hablo de «cambio estructural», porque la tentación es arreglar la cosa con una mano de pintura. Pero la mano de pintura no soluciona las grietas del viejo edificio, ni lo precario de sus cimientos. De ahí que me venga a la memoria una anécdota que explicaba Umberto Romagnoli: «Dando clase explicaba que el sindicato se parece al centauro de la leyenda: mitad hombre y mitad caballo. Un día me interrumpe un estudiante preguntándome: ”Qué sucede cuando el sindicato se encuentra con molestias, hay que llamar al médico o al veterinario?” La pregunta tenía sentido. Lo solucioné respondiendo: “Ese no es el problema. Si le escuchas siempre te dice que está la mar de bien. Por lo menos nunca ha comunicado tener necesidad de que le curen”» Y ahí está el problema o, si se quiere, una parte del problema.

No puedo dejar de preguntarme –sólo para mis adentros— lo siguiente: ¿hay alguien con mando en plaza que esté verdaderamente interesado en ese «cambio estructural»? Si lo hubiera, estaría dando señales prácticas, que no retóricas, al respecto; estaría ya poniendo unas bases mínimas para sacar de la casa algunas señales de pesadilla weberiana.   

En todo caso, el reformador corre dos peligros: uno, que los afectados por dicha reformas se amotinen contra él; otra, que la reforma la hagan desde el exterior de la barraca.


Radio Parapanda.-- AVERSIÓN AL FUTURO  Escribe Paco Rodríguez de Lecea, corresponsal de Metiendo bulla en el futuro.




¿ANARQUISTAS TERRORISTAS O ANARQUISTAS PACÍFICOS?




Se ha producido dos versiones diametralmente opuestas sobre las detenciones de ayer en Barcelona. La del Ministerio del Interior: se trata de un grupo anarquista de matriz terrorista. La del gobierno catalán, por boca del consejero Espadaler: son anarquistas, pero pacíficos; y el consejero insiste: pacíficos. Fuentes del vecindario afirman que son simplemente okupas.

¿En qué quedamos? No se trata de un matiz. Estamos ante un áspero contraste entre el tosco Fernández y el beato Espadaler que debe ser aclarado. Así es que, mientras no tengamos una única versión –de la que también podemos sospechar-- debemos plantearnos una serie de inquietudes: ¿está el árido Fernández vendiendo la turbia eficacia de la llamada Ley mordaza? ¿es un sandio el consejero Espadaler que se las traga todas? ¿por qué ambos responsables políticos dan dos versiones tan señaladamente contradictorias, a pesar de que ambos comparten agua bendita?  ¿a quién de los dos responsables discrimina el Espíritu Santo?


P/s.  No hace falta decir que mis amigos de la foto de arriba nada tienen que ver con esta historia. 

martes, 16 de diciembre de 2014

IZQUIERDA UNIDA O EL COMPLEJO DE PENÉLOPE



Las fracciones principales madrileñas de Izquierda Unida tienen un acendrado don de la oportunidad. Justamente en momentos de gran trascendencia (y éstos lo son) se lían a palos entre ellas siguiendo los usos y costumbres de sus más aguerridas tradiciones. Quienes participan en tales greñas son gentes que tienen largos quinquenios de militancia, por ello se supone que saben perfectamente lo que hacen y, tal vez, están al tanto de las consecuencias de su ardor guerrero. No cabe, pues, hablar de error sino de opción libremente escogida: el utensilio no es la palabra razonada, es el denuesto acompañado de zancadillas mutuas. Es la conocida vía que va desde la bronca hasta la derrota final. Por supuesto, ninguna de estas banderías desea la derrota de IU, solamente la derrota de su adversario interno.

La irrupción de Podemos en la arena política española no es la causa de esta crisis madrileña. Porque la crisis ya estaba en barbecho desde hace tiempo. En todo caso, Podemos ha agravado dicha crisis. Con lo que el problema no es Podemos sino la misma IU madrileña, siempre incómoda consigo mismo. Lo que, en mi opinión, significa una profunda y endémica crisis de proyecto y liderazgo. No sólo en la región sino en el grupo dirigente federal que no ha sabido abordar las cosas de ese secano y convertirlo en regadío. Más todavía, que no ha sabido tampoco atar corto a los viejos y nuevos galápagos, que rivalizan entre ellos en la posesión del monopolio de la Vulgata. Unos galápagos que vienen convirtiendo en una zahúrda a una organización que, tiempo atrás, se las prometía felices.

¿Hay posibilidades de rectificar las cosas? No parece que sea posible, porque la bronca tiene todas las trazas de ser el genoma de tales banderías. Un querido amigo me pregunta si los contendientes están capacitados para edificar una «síntesis constructiva». Casi tartajeando le respondo: el problema no es tanto (aunque también) querer una síntesis sino sobre qué bases hay que construirla, sobre qué posiciones políticas, en torno a qué referentes. Y mucho me temo que de todo ello –o parte de ello--  están en abundante precariedad. Al parecer, ni siquiera en las previsiones de los mentados está eso de salvar los muebles. 

Lamento muy de veras lo que ocurre en Izquierda Unida de Madrid. Porque, en vez de intimidar a sus adversarios, se intimidan entre ellos mismos.  Razón tenía el profesor Juan de Dios Calero con su célebre teorema: «Si logras conseguir joderte a ti mismo, no cejes en el empeño».  


En suma, Izquierda Unida sufre el complejo de Penélope: unos tejen laboriosamente, otros lo deshacen con igual tesón.   

lunes, 15 de diciembre de 2014

LOS BROTES NO SON VERDES, SON BORDES



Nuevamente llamo la atención sobre los artículos del profesor Antón Costas en la sección sepia de El País. En el suplemento dominical de ayer mismo el reputado economista hablaba acerca de los «reformistas miopes» (1). El autor, que es también Presidente del Círculo de Economía de Barcelona, habla cuando Rajoy y su menguada claca echan las campanas al vuelo y, obscenamente alborozados, sentencia que la crisis es ya historia. El profesor Costas le responde con punto de vista fundamentado. Y, partiendo de los datos que ofrece el Informe mundial sobre salarios 2014 – 2015 de la OIT deja dicho algo tan tremendo como que «España es el país desarrollado en que más sube la desigualdad entre el 10 por cien más rico y el 10 por cien más pobre» (2). Es un jarro de agua helada contra los telepredicadores del poder: los datos frente (y contra) la jerigonza y tergiversación del lenguaje político; los datos contra el libelo de la agitación propaganda gubernamental.

Ahora bien, nos permitimos disentir del profesor Costas en un aspecto que nos parece esencial. Antón Costas nos dice: «No digo que los reformadores sean perversos, digo que son miopes; es decir, cortos de mira y perspicacia. Acostumbran a fijarse en la primera derivada de las reformas: sus efectos sobre la competitividad y la eficiencia. Pero olvidan la segunda derivada, la más importante: los efectos sobre la equidad y los equilibrios políticos de la sociedad. Las reformas en España y en la Unión Europea han pecado de esta miopía». Un servidor ve las cosas de otra manera. En primer lugar, me atrevo a negar la mayor: estos reformistas no son miopes, hacen las cosas a sabiendas y queriendas. Son los servidores de las nuevas «clases ociosas», las franquicias hoy de las que hablara para su época  Thorstein Veblen (3).

Estos sedicentes reformistas han tomado nota de la derrota del capitalismo schumpeteriano (con el que nosotros nos enfrentamos) al que le ha ganado la partida de naipes el capitalismo financiero, el mismo que ha provocado las dos crisis más terribles de los últimos cien años. El objetivo es la desvaloración del trabajo como necesidad, como condición permanente de la economía; este es el rasgo ideológico que pretende afirmar definitivamente.  No es, por tanto, miopía sino ideología.  Así las cosas, el turbocapitalismo necesita la política instalada –y sus gobiernos respectivos--  como mamporreros para que la ciudadanía que trabaja sufra la presión de los más fuertes, convirtiéndose en contraparte directa en vez de asumir su función de mediación entre los intereses diversos.  De esta manera se preparan (y se intentan consolidar) las condiciones para provocar una nueva acumulación capitalista en este contexto de la innovación tecnológica. Este es el papel que las clases ociosas encargan, entre otros, a Mariano Rajoy y Matteo Renzi.  Hay que romperle, pues, el espinazo al trabajo y, de momento, deteriorar la condición asalariada que se desprende del trabajo. Rompe por ahí –se dicen--  y acabarás destartalando las organizaciones sociales que tutelan y representan el trabajo. Una operación incompleta si no estuviera acompañada por el bonapartismo político al uso.  

Un bonapartismo al que le sobran los jueces que, ante el poder, aparecen como sospechosos a la hora de impartir justicia. Por ello el poder político trata de debilitar sus funciones tanto en el terreno laboral como en el civil. Dijo la Ministra Báñez en un acto en Bilbao en una reunión organizada por el Círculo de Empresarios: tengo más miedo a los jueces que a los hombres de negro (4).  Para este bonapartismo ya no vale la separación de poderes sino el debilitamiento y la consunción del poder judicial. Lo que debería promover una seria reflexión sobre el particular.

Así pues, querido profesor Costas: no le dé más vueltas a la cabeza. Nuestros reformadores no son ni miopes ni astigmáticos. Son tan bordes como los brotes bordes, que no verdes. 







Radio Parapanda.--  PROGRAMA ELECTORAL PARA UN PAÍS DE TODOS LOS DEMONIOS.  

domingo, 14 de diciembre de 2014

LOS LENGUAJES DE LA MAYORÍA DE NUESTROS POLÍTICOS



Homenaje a Joan Barril, in memoriam


¿Ha pensado alguien en hacer una tesis doctoral o una investigación acerca del uso de los lenguajes políticos al uso? Entiendo que no sólo tendría un interés de sociolingüística política sino también estrictamente político, al tiempo que nos daría más referencias sobre la personalidad de nuestros dirigentes. Parece ser que lo más granado de esos lenguajes se encuentra en España e Italia. Pero, si se consolida en ambos países, lo más seguro es que acabe extendiéndose por todo el viejo continente.

A grandes rasgos podemos hacer una determinada cartografía lingüística, estando a la espera de las observaciones autorizadas que pueda hacer una persona tan ducha en esa materia como mi viejo amigo Paco Rodríguez de Lecea, que es un gramático de alto coturno. De momento, posiblemente dejándonos algunas cosas en la rebotica, diremos cuáles son los sistemas sociolingüisticos emergentes.

Locuciones de regüeldo, también llamadas eructos

Que fueron inauguradas por cierta joven diputada desde su escaño en el parlamento con el tristemente célebre «¡Que se jodan», dirigidas a los parados. Investigadores bisoños se orientan a que el origen de esta sintaxis podría tener lugar en el conventículo de algunas monjicas donde estudiara bachillerato la joven diputada, mucho antes de que su padre ingresara en el truyo por los motivos que todos sabemos. La derecha de alcanfor y chanel hegemoniza esta gramática emergente que es de secano.  

Locuciones de historicismo macabro  

Dícese de esos lenguajes que comparan el nazismo y los campos de concentración con las actividades de sus contrarios de izquierda. Aunque originariamente fue la derecha de caspa y brillantina quien inauguró ese lenguaje, algunos exponentes de la izquierda cañí se han sumado a ello. Vale la pena recordar, además, que algunos eruditos a la violeta se han incorporado a este sistema de expresión, tal vez con la idea de darle consistencia académica a cambio de gabelas y sinecuras.

Locuciones de chichinabo

O lo que es lo mismo: de poca consistencia y valor. Que mayoritariamente recorre el arco parlamentario de babor a estribor. No es exactamente una jerga que vende humo; es, sobre todo, la expresión de la nada verbal. Es en el fondo un zurullo (dialectalmente furullo) envuelto en papel de plata. Por lo general, las expresiones de chichinabo se utilizan por los aspirantes a renovar, tengan treinta o ciento cincuenta años, el léxico de sus predecesores en el cargo. Nada impide que tales voceadores sean internos, externos o mediopensionistas.

Locuciones cacofónico-tautológicas

Que últimamente se han generalizado ad nauseam, tales como «Haremos lo que haya que hacer» y otras similares que, intentando tranquilizar al público, acaban metiéndole más regomello en el cuerpo. La primacía de este sistema lingüístico lo tienen los gobernantes de unas u otras instituciones.

Locuciones mixtificadoras

Que ya Ortega y Gasset denunció en su famosa conferencia en “Vieja y nueva política” (Teatro de la Comedia, 23 de marzo de 1914). Para mayor abundamiento, Ortega llamó la atención sobre el uso bastardo de la palabra solidaridad. La literatura económica es un buen almacén de estas locuciones mixtificadoras: capitalismo substituido por economía de mercado; despidos de trabajadores como aligeramiento de las plantillas; recortes salariales como subindiciaciones salariales; sindicatos y organizaciones empresariales como agentes sociales. Y otras no menos famosas, que han acabado colonizando el lenguaje de toda la zoología política.   A propósito de esta dislocación intencionada del lenguaje, véase la sarcástica respuesta que el viejo J. K. Galbraith (como si hubiera nacido en Santa Fe, capital de la Vega de Granada) le propina en su libro La economía del fraude inocente [Crítica, 2004]. 

Locuciones de expropiación-apropiación 

Aquí se lleva la palma la sintaxis nacionalista de toda laya. Se trata de un lenguaje circular: se expropia al personal de su condición, se le mete en el magma identitario al tiempo que dicha expropiación, violenta o sutil, queda atrapada  –con o sin redoble de tambores--  por el trapo de la bandera de no importa qué colorainas.  Que, en el fondo, hunde sus raíces en la expropiación y alienación de la persona que trabaja: se la explota mientras se le dice que «todos estamos en el mismo barco». Y como noria da vueltas y vueltas: del caño al coro y del coro al caño. 


Apostilla. Queremos advertir al lector amigo que hemos obviado el lenguaje tradicional: el de la justificación de las promesas incumplidas, el de la mentira incontinente, el de la hipérbole, que tiene su origen en la noche de los tiempos políticos.

Ahora bien, si ustedes quieren algo con más punto de vista fundamentado consulten el libro Las palabras de la política que escribió el maestro Vittorio Foa, ya nonagenario. Lo tienen en http://ferinohizla.blogspot.com.es/

Radio Parapanda.--  GRIEGOS EN UN LABERINTO, enviado especial en Atenas de Punto y contrapunto, Metiendo bulla y En campo abierto.



sábado, 13 de diciembre de 2014

LA TORPEZA DE UN SECTOR DE LA IZQUIERDA CATALANA




«¿Si este país [Cataluña] no hubiera hecho un relato en clave nacionalista cómo hubiera resistido unos ajustes de más de 6.000 millones de euros?», se pregunta el consejero del gobierno catalán, Santi Vila. Antes de meternos en harina, séanme permitidas dos previas: 1) el consejero habla como si en este país todos aceptaran el credo nacionalista; 2) nótese el baile semántico que arrancaba  –cuando todo eran eufemismos--  hablando de ahorros en vez de recortes, ahora (trasladado el relato en clave nacionalista al independentismo) se habla de ajustes, aunque todavía no de recortes.

Los que dijimos que tales recortes tenían personalidad propia acertamos de pleno. Los recortes, en efecto, eran una expresión clara del carácter del gobierno convergente, de su salto a las políticas neoliberales rampantes, indistintas de las que practicaba el gobierno central. Sin embargo, necesitaban una cobertura --«un relato nacionalista»--  para que fueran digeridas, con una cierta resignación o con el menor conflicto social posible. Los recortes, por así decirlo, eran una variable independiente del relato. Pero el relato era un disfraz de los recortes.

Que los recortes y privatizaciones tienen un recorrido propio –la variable independiente que hemos dicho--  lo deja meridianamente claro el consejero de Sanidad, Boi Ruiz,  que, poco dado a requilorios--  afirma que «no imagina una sanidad basada en presupuestos distintos de los actuales». El caballero está informando de que, en una (hipotética) independencia de Cataluña, la sanidad será el desarrollo de lo que está poniendo en marcha. Y, por extensión, el resto de las políticas de welfare. Esto es, un Estado social cuyos derechos de ciudadanía social se presentan como costes (e impuestos) no salariales del trabajo y se contemplan como reductores de la competitividad.  Aliados tendrá en las derechas económicas españolas, aunque hoy se disfracen de lagarterana.

Una parte considerable de la izquierda catalana ha vuelto a repetir una serie de torpezas del pasado. Bruno Trentin lo dejó meridianamente claro en sus reflexiones en la La ciudad del trabajo  (http://metiendobulla.blogspot.com.es/) cuando, de manera reiterada, reflexiona sobre ¿qué es lo primero: la toma del poder o cambiar el trabajo? La torpeza fue considerar que debía endosarse al futuro –esto es, a la toma del poder--  la tarea de humanizar y cambiar el trabajo. Esa parte de la izquierda torpe considera que lo primero es la independencia de Cataluña y, posteriormente, ya veremos.  De ahí que apenas haya presentado una confrontación contra las políticas neoliberales del gobierno convergente.

Más todavía, parece evidente el fracaso de ese sector de la izquierda catalana, al poner en el centro de su quehacer la hipótesis de la independencia frente a la certeza de la motosierra, situándose de manera subalterna en un terreno que no es el suyo. Y ha dejado de lado su cometido: la transformación de las cosas aquí y ahora. 


Nota de urgencia. Alguien de la vieja izquierda está encantado con la propuesta que se le ha hecho: formar parte de la «lista de Artur Mas» para las llamadas elecciones plebiscitarias. Lo sabemos de muy buena tinta.   Me pregunto: ¿será porque está conforme con lo manifestado por el portavoz del gobierno catalán de que «españoliza el debate entre izquierda y derecha? Dicho lo cual, sacando restos de mi tradicional cortesía le dijo: «¡Alma de cántaro!». La santaferina gente somos así de educados.    


Radio Parapanda.-- EL PRESIDENTE NO TIENE QUIEN LE CREA

martes, 9 de diciembre de 2014

LAS ESTRUCTURAS EMPRESARIALES VERSUS «LAS ESTRUCTURAS DE ESTADO». Por ejemplo, en la sanidad catalana



El Consejero de Sanidad de la Generalitat de Catalunya es un hombre que no se anda con chiquitas. Es, sobre todo, el encargado de llevar a la práctica lo que durante tanto tiempo desearon, desde las franquicias de la política, los grandes intereses del parné. A saber, la privatización de la sanidad catalana. Este caballero no anda con remilgos ni usa de las metáforas de sus colegas de gabinete. Boi Ruiz acaba de declarar que “no imagina” una sanidad basada en presupuestos distintos de los actuales. Los «actuales» son, naturalmente, los que ha diseñado para trasladar la ingente masa financiera de la salud pública a las cuentas corrientes de los privados. Yendo por lo derecho: para ello fue nombrado responsable del negociado por parte del president Artur Mas. Mas pone la metáfora de las «estructuras de Estado» y Ruiz lo traduce –traduttore traditore--   por «estructuras empresariales». Que dicho a lo claro es: del Estado social al Estado empresarial. Y puestos a engalanarnos de metáforas la cosa sería: de la Montaña de Saint Pelerin a la de Montserrat. Así pues, no es una exageración maledicente sacar la siguiente conclusión: Ruiz y compañía quieren una Catalunya independiente donde lo público tenga un zócalo irrelevante.

Pero para que la gran operación alcance plenamente sus objetivos es necesario que cuaje al máximo la reductio ad unum. A saber, el acompañamiento acrítico de la gran mayoría de la sociedad hacia el macho alfa del president que, como la rosa de Alejandría, es soberanista de noche y neliberal de día. Naturalmente esa gran operación precisa de la eliminación del conflicto social. A ello apuntó el eurodiputado convergente Tremosa: «¿Derecha, izquierda? En el siglo XXI el conflicto es más entre la élite extractiva madrileña centralista y las clases medias y populares catalanas». De donde, por lo demás, sacamos otra conclusión añadida: aquí, las únicas élites extractivas son las nuestras.

En conclusión, el aborrecimiento del conflicto por parte de este eurodiputado tiene su lógica: es una interferencia a la reductio ad unum, ya sea por la resistencia que expresa como por la alternatividad que propone. Y, en el caso que nos ocupa, porque imagina lo radicalmente contrario a lo que plantea el consejero de Sanidad en tanto que comisionado de los intereses empresariales en el ramo.  

Radio Parapanda.--  EL LABERINTO GRIEGO



lunes, 8 de diciembre de 2014

LA SOLIDARIDAD ES «UNA UTOPÍA NECESARIA»




Nota editorial.--  Esta es una entrevista (1) que il manifesto ha hecho a Stefano Rodotà con ocasión de su reciente libro La solidarietà un´ utopia necessaria, tras la historia de Sandra, la obrera del film  Dos días y una noche.   La traducción se la debemos a Zoílo Dentahelgado (Parapanda).   



Pregunta.--  Profesor Rodotà, ¿por qué se vuelve a hablar de solidaridad?

Respuesta.--  La crisis ha hecho crecer las desigualdades y ha ampliado la pobreza. Confiar en las fuerzas del mercado es una opción débil que está por debajo de la necesidad de encontrar nuevos principios de referencia. La solidaridad vuelve a emerger en los modos más diversos y supera las distancias existentes.  Por ejemplo, en el discurso sobre las pensiones cuando se pone el problema de la solidaridad entre las generaciones. En la salud donde no es posible limitarse al momento actual para garantizar las condiciones mínimas de vida. No es un proceso fácil. En las situaciones de dificultad las distancias pueden crecer junto a la imposibilidad de ser solidarios.

¿Se puede ser solidario en las periferias de Roma o Milán entre crisis, sentimientos xenófobos y desalojo de las casas ocupadas?

Me parece que estos conflictos están inducidos también por quien quiere explotar las tensiones existentes. Pero hay otra razón: mientras la gente estaba en condiciones de pagar el alquiler de la casa no creían intolerable el hecho de que alguien estuviera en dificultad o no pudiera pagarlo. Con la crisis nos hemos encontrado en una situación conflictiva. Pagar un alquiler es intolerable mientras otros no lo pagan. Las condiciones materiales de la solidaridad parecen destruidas mientras registramos una destrucción del principio: se construyen solidaridades de proximidad o vecindad y nos hacemos solidarios de quien rechaza la solidaridad con los demás, con los más lejanos: los extranjeros y los gitanos.

¿Cuál es su definición de solidaridad? 

Creo que el comentario de Luigi Zoja sobre la parábola del buen samaritano es apropiado. Aquí Cristo muestra el contenido revolucionario: hay que amar al extraño, no al prójimo. Amar al extraño es la clave de la solidaridad. La solidaridad por vecindad y pertenencia es fácil. Hay que practicar la solidaridad en tiempos difíciles que incluso nos llevan a rupturas. Si se abandona la solidaridad caen bajo mínimos las condiciones de la democracia, esto es, el reconocimiento recíproco y la paz social.   Afirmo con Jürgen Habermas que la solidaridad es un principio que puede eliminar el odio entre los estados ricos y los pobres. La solidaridad sirve, en efecto, para señalar los fundamentos de un orden jurídico; si fallan tales fundamentos nuestras dificultades se exasperan en el terreno social personal.  En fin, la solidaridad es una práctica que pone en el centro los derechos sociales. Este es otro punto del libro: los derechos sociales no pueden separarse de los otros.  

¿Qué contribución ha dado el movimiento obrero a la historia de la solidaridad?

La Internacional  demostró que la solidaridad no es un sentimiento genérico de compasión en relación con el otro. Ni un elemento históricamente indeterminado. La solidaridad de los modernos es una construcción que siempre tuvo la necesidad de un sujeto histórico que por excelencia ha sido el movimiento obrero. Es aquel canto revolucionario que dice: «Seb­ben che siamo donne, paura non abbiamo, per amor dei nostri figli, in lega ci met­tiamo» (2). Es la responsabilidad orgullosa de la dignidad de las mujeres que se convierte en un principio de acción colectiva. Sobre estos principios se auto organizaron los excluidos, sus ligas permitieron a los socialistas y a los cristianos encontrar puntos de convergencia firmes. En la Internacional se quería construir una humanidad que no fuera la suma de personas sino la conjunción de una serie de sujetos que actúan colectivamente de cara a un interés común. Esto llevó al reconocimiento de la existencia libre y digna de la que habla nuestra Constitución.  

El Estado social ha modificado este idea del movimiento obrero. ¿Su crisis permitirá que sobreviva la solidaridad? 

Razonar sobre la solidaridad como principio significa reconocer la historicidad. La solidaridad estaba antes del Estado social y permanecerá también después. Por ello se puede decir, hoy,  que es el principio de referencia para la reconstrucción del tejido político institucional y social. Es necesario repensar la solidaridad más allá del Estado social. Por esto es esencial fundar un nuevo espacio constitucional europeo que se inspire en ese principio.

¿De qué modo se puede construir un espacio similar?

La referencia está en la Carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea, la Carta de Niza en cuya redacción yo mismo participé.  Aquella carte nació en 1999 en un contexto político y cultural diferente al actual. Entonces se quería ir más allá del Estado social nacional y se hizo una diagnosis más radical de la que generalmente se hace hoy día sobre Europa.

La Unión Europea no solo tiene un déficit de democracia, sino también de legitimidad. Este déficit puede ser superado mediante los derechos fundamentales, inspirados en la dignidad y la solidaridad, no en el mercado. Recuerdo que los laboristas de Tony Blair se resistieron y opusieron incluso al derecho de huelga.  A tanto llegó su ruptura con la tradición obrera. Así es que conozco que sobre la Carta de Niza hubo mucha polémica. No obstante, deberíamos pensar que se ha dejado de lado al imponerse otra constitución basada en las políticas de austeridad. 

¿Existe un sujeto capaz de poner la solidaridad en el centro de la atención? 

Estamos ligados a una modernidad que reconoció al creador de los derechos en un sujeto social: la burguesía hizo nacer los derechos civiles, los obreros los derechos sociales. Después hubo una descomposición de los sujetos. Se ha hablado de una clase precaria, de la de los hacker… Hay otras definiciones que demuestran la existencia de condiciones humanas que superan el hecho personal y son hechos políticos. Pero ello, por sí mismo, no basta. Por eso la solidaridad es importante. Esta es la dimensión utópica: es la condición que nos permite no resignarnos a la fragmentación social y a los mecanismos de exclusión.

¿La renta universal puede considerarse un instrumento para afirmar la solidaridad a nivel europeo?

Estoy convencido de ello. Muchos sostiene que entra en contradicción con el artículo 1 de nuestra constitución. Hay otra objeción: el reconocimiento de esa renta debilita la lucha por el trabajo. En esa perspectiva veo un error. Si se considera que el desempleo es siempre una fase transitoria y el pleno empleo queda como un objetivo de gran alcance. Pero estos discursos quedan hoy muy lejanos. Sobre la renta universal es posible proponer varias graduaciones: del mínimo al básico. Todos ellos pueden utilizarse para liberar a cada uno del chantaje del trabajo precario o no pagado; a conducir a una condición libre y digna; a eliminar la competencia entre pobres. Montesquieu decía que necesitamos instituciones, no promesas ni caridad.  La renta universal demuestra que la solidaridad es una utopía profundamente enraizada en la realidad.





domingo, 7 de diciembre de 2014

Lo que la memoria olvida y la privatización del pasado




Javier Tébar Hurtado, Historiador*  



La privatización del pasado es un fenómeno del que echamos cuenta en pocas ocasiones. A menudo ni reparamos en él. Rodolfo Walsh, ese periodista argentino, del que de ser neoyorquino tal vez tendríamos otras referencias e incluso otras valoraciones -y cabría preguntarse ¿por qué? Como en otros casos-, ese ciudadano comprometido, digo, ese militante político convertido en héroe y en mártir por voluntad propia o en contra de ella -otra cuestión que daría mucho para discutir- lo pensó y supo traducirlo al lenguaje escrito como pocos: “Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”.

Junto a esta privatización del pasado, o al lado de ella, mejor dicho, conectada a ella, aparece la individualización de la memoria. La historia como propiedad privada y la memoria como memoria individual, arrinconada en el ámbito familiar, son dos fenómenos que coagulan bien con la etapa del capitalismo tardío en el que vivimos. Ambas nutren la historia como souvenir y la memoria como anécdota personal, familiar, sin conexión con la experiencia y la conciencia histórica. Así, resta lo que la memoria olvida.

Esta individualización no es lo mismo que la “memoria individual” que con fuerza reivindica Tzvetan Todorov en su sintética obra “Los abusos de la memoria” y otros trabajos; a veces este autor lo hace con tanta fuerza que lo que presenta es una memoria suspendida fuera de cualquier contexto colectivo, histórico, como si los individuos fueran plenamente víctimas o verdugos de su propia historia, sin mediaciones de ningún tipo. Algo bien curioso, cuando no contradictorio, si pensamos en la propia biografía de Todorov. También a veces, en su estela o cerca de ella, otros se empeñan en nuestro país, como es el caso del profesor Santos Juliá de manera destacada durante los últimos años, en presentar Historia y Memoria como dos figuras opuestas, cuando en realidad podrían ser en muchos sentidos simétricas, dos formas de aproximarse al pasado a través de vías diferentes pero no mutuamente excluyentes. Desde mi punto esta no sólo es una manera equivocada sino también estéril de plantear la cuestión. La guerra contra la memoria, sin duda una opción tan legítima como cualquier otra, entendida como medio para defender la Historia conduce posiblemente a caminos donde la ciencia se presenta como neutral, en sí necesariamente racional, pero no ayudan a desbrozar la racionalidad o irracionalidad de la práctica científica, que es otro terreno bien distinto. La falta de autoreflexividad puede llevar a excluir aquellos fenómenos sobre el pasado que fermentan en la propiedad sociedad hoy, es decir, en el objeto fundamental de la ciencia histórica. De esta manera, retornaría de nuevo el símbolo del “ouroboros”, la serpiente como imagen de la tentación se situaría en el límite del mundo y solamente en el cielo historiográfico no habría pecado. Hoy tal vez sea más conveniente retomar la tradición de fondo materialista que identificaba el ouroboros con el ser humano. Tal vez sea más necesario no obcecarse en la idea de que el pasado es monopolio de la ciencia histórica, de que la posible continuidad del flujo histórico está sometida a más de una palabra. Algo que no cuestiona la naturaleza del propio oficio de historiador, sino que, por el contrario, la reta.
Hoy, cuando se exige no tener historia para poder presentarse como novedoso, no sé si nuevo, se exige no tener memoria del pasado. Hoy, cuando la gerontocracia parece, por lo menos aparentemente, superada por la juventocracia con el argumento de que “lo joven es renovación”, a uno no le que queda más que la inquietante sensación de pensar que “lo joven” como marca vende más y que, por tanto, estamos ante la nueva línea de moda que promete evitarnos el frío. El mercado ya tiene camiseta con valor de cambio. Defender la juventud sin pasado es tan estúpido como vender el pasado sin juventud futura. A la guerra de sexos se suma la guerra de generaciones, todo se apuesta a un número: las rupturas propiciadas por la confrontación.

Y a pesar de todo ello, hoy debe darse la bienvenida al compromiso ciudadano a todas aquellas personas que en los años ochenta no podían perder ni su tiempo ni su dinero. A los que seguían oyendo a Radio Futura mientras se mofaban de los que les hablaban de política. A aquellos que reprochaban la pérdida de tiempo y de dinero a aquellos otros que les pegaban la paliza con la cuestión social. También a los que programaban por entonces sus carreras profesionales y vitales con pericia. En buena medida, juntos hemos construido las memorias futuras de entonces, las que precisamente estamos viviendo hoy junto a parte de los miembros de las generaciones más jóvenes. Por eso puede ser útil recordarnos que cada lucha debe empezar de nuevo, sabiendo que existe el riesgo de que la experiencia colectiva se pierda. Como es necesario ser conscientes de que la historia es fácil presentarla como propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.


* Javier Tébar Hurtado en Dialnet



Radio Parapanda.--  Paco Rodríguez de Lecea en IR MÁS LEJOS AÚN



jueves, 4 de diciembre de 2014

EL TRABAJO: FILOSOFÍA Y SINDICALISMO, Trentin acompañando a Gómez Pin



Homenaje a Elvira Sánchez Llopis, In memoriam

 

 

 

El profesor Víctor Gómez Pin es un reputado científico que no gusta, dicho lorquianamente, «disfrazarse de septiembre para no infundir sospechas». Va al grano y a contracorriente en materias de tanta enjundia como las que se refieren al trabajo. Lo hace sin concesiones a ninguna galería académica en su reciente libro Reducción y combate del animal humano que ha editado Ariel filosofía. Mal harían los sindicalistas y la importante cofradía que estudia los asuntos del trabajo, sobre todo los implicados en cómo és y cómo debería ser si no se empaparan de su fecundo contenido. 

 

Véase, por ejemplo, cómo se las gasta el profesor Gómez Pin: «La conformidad que presenta como inevitable, y por así decirlo natural, una organización social en la que trabajo embrutecedor prima, constituye una enorme regresión no ya respecto a los proyectos emancipadores de la modernidad, sino también respecto a la concepción del ciudadano que tenían los griegos», página 49. O «Hemos, en suma, de denunciar lo insoportable de la situación laboral actual, porque reducir a los humanos a la esclavitud, impide precisamente la asunción de la condición trágica en la que consiste el ser ciudadano. Pues el tiránico orden social que posibilita tal cosa no es in-humano (sólo los humanos son susceptibles de forjar prisiones físicas o espirituales) sino literalmente des-humanizador, una máquina para impedir que los humanos sean cabalmente tales» en la página 51. Sin pelos en la lengua.     

 

Conforme iba estudiando el libro me iba asaltando una determinada inquietud, a saber, ¿cómo aprovecho su lectura para esbozar unas líneas generales que sirvan de provecho en una especie de dictamen que se me ha pedido? ¿De qué manera engarzar la potente reflexión de Gómez Pin con una propuesta sindical factible para estos tiempos que corren? Estuve inquieto durante unos días porque no era capaz de ensartar la aguja. Así se lo comuniqué al profesor Gregorio Luri, confiando en que, desde el  Café de Ocata –un lugar emblemático del Maresme— me podía venir alguna ayudica. Don Gregorio no se dejó engatusar y, amablemente socrático, me conminó a seguir  dándole vueltas a la sesera.

 

He aquí, pues, mis pobres conclusiones sobre el particular.  Bastante ha hecho Gómez Pin en situar el problema. De manera que no es sensato que a nuestro hombre se le pida, por el momento, que añada más batería a su reflexión sobre el asunto: el trabajo. Digo por el momento. Porque ahora debe tener la palabra el sindicalismo en la mucha parte que le corresponde. Pues bien, como elemento complementario sugiero que las diversas cofradías laboralistas (empezando por el sindicalismo) complementen el libro de Gómez Pin con lo que nos dejó escrito Étienne La Boétie en su afamado ensayo La servidumbre voluntaria, cuya actualidad notará al momento quien se meta en su agradable lectura. Tome nota el lector de esa conexión entre Gómez Pin y el joven La Boétie: «Es simplemente insoportable que la dialéctica entre trabajo embrutecedor y pavor a perder tal vínculo esclavo haya convertido el problema subjetivo esencial, en el problema mayor de la existencia», página 50. 

 

Dicho lo cual es obligatorio que el estudioso (principalmente el sindicalista) establezca una comparación entre las prácticas reales –la «realidad fáctica», que dijo repetidamente el santo laico Antonio Gramsci--  y las utilidades concretas para la persona concreta que trabaja. Si tal hiciera, caería en la cuenta de que, por lo general, existe una asimetría entre dicha práctica y el estadio en que esta se desarrolla: el marco general de la innovación-reestructuración de los aparatos productivos y de servicios en los centros de trabajo y en los puestos de trabajo de la nueva fase de la globalización. Dicho de manera lapidaria: la práctica real sigue siendo fordista (aunque todavía apoyada por el sistema taylorista) en el cuadro de la globalización interdependiente y, por lo tanto, es la repetición superficial y manualística de los contenidos de nuestra reivindicación del trabajo en el viejo sistema fordista. Lo que implicaría que, en dicho estadio, así las cosas, se reproduce la servidumbre que describe Gómez Pin en la condición asalariada sin tener las pistas e indicios para la autodeterminación de la persona en el trabajo que podría –podría, así en condicional--  suscitar su intervención en el nuevo cuadro post fordista. Que es, a mi entender, la verdadera asignatura pendiente del sindicalismo confederal y de la hermandad de laboralistas: abogados e ingenieros, sociólogos y filósofos del trabajo.

 

Por lo demás, afirmo que la preñez de nuevos planteamientos sobre el particular puede venir de organizar lecturas colectivas y actos de estudio del famoso libro de Bruno Trentin La ciudad del trabajo, crisis de la izquierda y fordismo bien en formato tradicional (publicado precisamente por la Fundación 1º de Mayo) o en  http://metiendobulla.blogspot.com.es/ Aquí encontrarán el eslabón entre lo que afirma Gómez Pin y el qué hacer sindical. Más en concreto, la denuncia del profesor barcelonés cuya salida está en la «humanización del trabajo» que tanto ocupó al sindicalista italiano.

 

 

Apostilla.  En la casa sindical sería conveniente que se invitara al profesor Gómez Pin a conversar sobre su libro. Pongamos que también me refiero a la Fundación 1º de Mayo que con mano ducha dirige el amigo Javier Doz.

 

 

Radio ParapandaMUCHACHA QUE HUYE por Paco Rodríguez de Lecea


 

miércoles, 3 de diciembre de 2014

¿HABRÁ GRAN COALICIÓN PP Y PSOE?




In memoriam Enrique Fossoul



La irrupción de Podemos en la arena política española está removiendo los grandes y pequeños entresijos de la política por arriba. No hace falta insistir en el hecho de que tan espectacular sacudida es más sorpresivo dado que, en el convencional panorama político español, Podemos es todavía una fuerza no representada en el Parlamento. Que actúa, además, e influye como si tuviera decenas y decenas de diputados. Pues bien, nada más constatarse la representación en el europarlamento empezaron los movimientos peristálticos en babor y estribor. Y al igual que Rebeca en la película de sir Alfred, Podemos no dejaba de ser referido para bien y para mal.

Y los grandes intereses empezaron a darle vueltas a la cabeza. Desde el sanedrín del PSOE surgieron voces que indiciaron, con un hilillo de voz, la necesidad de una gran coalición entre dicho partido y el Partido popular. También desde el mundo de las finanzas se oyeron indicaciones en el mismo sentido. A fin de cuentas: si la gran coalición alemana no representa una heterodoxia para la socialdemocracia, ¿por qué iba a serlo en España? Y en esa dogmática parece que se ventila el asunto.

Los nuevos dirigentes del PSOE –según me cuentan voces aproximadamente solventes--  están resistiendo el embate de su propio sanedrín: los más visibles fueron lo de la elección de Juncker para la presidencia de la Comisión Europea y el asunto del artículo 135 de la Constitución. Más todavía, los nuevos dirigentes del PSOE saben que «los viejos galápagos nunca mueren», como dejó enseñado Manuel Vázquez Montalbán en su novela sobre César Borgia. De manera que los chavales de la dirección del PSOE tienen una papeleta asaz complicada.

Los galápagos disfrazarán la necesidad de la gran coalición como una necesidad de Estado y, más concretamente, de la gobernabilidad. Los chavales no querrán ser los sepultureros de un partido más que centenario o, por lo menos, no quieren que «PSOE» sea una palabra muerta como, por ejemplo, «alfonsear» o «churriana». Ya veremos quién gana esa batalla en el interior del socialismo español. La cosa no está clara. 

Radio Parapanda.--    POLÍTICA CONSTITUYENTE