jueves, 17 de junio de 2010

LA REFORMA LABORAL, ¿REFORMA?


Me he estado conteniendo en mi ansia por comentar la propuesta final (?) del ejecutivo federal sobre la reforma del mercado de trabajo a la espera que personas más solventes que yo desgranaran el grano de la paja. Pienso que eso ya ha ocurrido, incluyendo el ruido avasallador del poder establecido y de la mayoría de los medios en favor de una reforma que no es una reforma y la explicitación sindical del duelo en OK Corral para el mes de septiembre, por lo que puedo circular por otros aledaños menos habituales. Me explico.


Desde hace unos meses los debates en torno a los cambios que deben producirse respecto al modelo de desarrollo y/o crecimiento han sido intensos e infructuosos. Totalmente infructuosos. Algunos ya lo intuíamos o temíamos, pero siempre hay alguna esperanza en la que depositar la razón.


Tanto el poder económico, como el ejecutivo federal, no estaban interesados realmente en cambios profundos a fin de establecer nuevas vías para la economía española. Principalmente unos y secundariamente otros, veían mayores oportunidades en la depredación de derechos sociales, independientemente de si venían al caso o no. Para unos y, tal vez, para los otros, la crisis en su dimensión e interpretación actual es una enorme oportunidad para sacar las tijeras contra los derechos y obtener un buen botín. Así ha sido hasta ahora con los dos paquetes de medidas, la primera de reducción del gasto público y la segunda de ajuste de derechos laborales. Queda una tercera o una cuarta, que no tardarán, sobre las pensiones y la sanidad pública, eso al menos.


Como testimonio de que la realidad es mucho más rica y compleja de lo que nos presentan los medios y los intereses de los poderosos, cito los ámbitos que han quedado descuidados en esa debâcle zapateriana: la reforma financiera (causa profunda de la crisis), la fiscalidad (en regresión desde hace unos años), el impulso a la investigación y al desarrollo técnico (siempre a la cola de las verdaderas prioridades), la formación y la educación (los ejes del futuro improbable), el sector inmobiliario (el cáncer de la economía española), todo eso como mínimo. También hay que citar que respecto a la falta de reforma del sistema financiero tenemos en cambio medidas de transformación de las cajas en bancos, es decir, la transferencia del ámbito social o colectivo al ámbito de la propiedad privada de los activos de las cajas. Eso si está en marcha. Como en Rusia.


La lista citada e inconclusa ex profeso es lo suficientemente digna de tener en cuenta para que en estas tristes horas alguna cosa en esos sentidos se estuviera haciendo e incubando. No parece que vaya a ser así. Y eso requiere explicación.


La causa de todo es siempre la misma: la incapacidad real por parte del ejecutivo federal de encarar solidamente los cambios en la economía española y estructurar una mayoría política y social que apoye y respalde la acción gubernamental. Esas son palabras muy gordas, pues en el fondo se trata de romper de una vez el poder anquilosado de ciertos sectores económicos y sociales que viven, muy bien de monopolios políticos, económicos o sociales.


El gobierno (este y muchos otros anteriores) falló primero porque galopaban en una jaca semi desbocada en términos de especulación financiera e inmobiliaria y obnubilados por el PIB, a pesar de las llamadas de alarma, optaron por cerrar los ojos a la realidad continuando con los espejismos derivados de la especulación. Incluso creyeron que Italia y Gran Bretaña quedarían detrás en la liga del PIB per capita. Locura mesetaria, a fe mía. No supieron o no quisieron ver los riesgos que finalmente los (nos) despeñaron en una crisis que negaron hasta extremos ridículamente infantiles y que les forzó a no hacer lo que debían cuando había tiempo para ello. Malgastaron no solo el tiempo y la oportunidad para las verdaderas reformas, sino que tiraron por la ventana el superávit en forma de reducción fiscal para los ricos y en cheques al portador por una miseria (los 400 del ala y otras hierbas).


Todo eso consta en esta misma hemeroteca, así que pinchamos artículos de hace dos años. Por lo tanto, no es comentario oportunista.


Hoy, sin márgenes de maniobra al uso, el gobierno se ha entregado con armas, bagajes y conciencia a la estrategia de la derecha económica española, reforzada por los comentarios y amenazas de las finanzas locas internacionales y el aplauso mediático que pide cuanta más sangre ajena mejor. Aplauso que se hace sin comprender nada (¿para qué?). Lo han hecho a la vez que el sistema de refuerzos europeos se rompía y dejaba las vergüenzas individuales a la vista en una operación autodestructiva de la UE.


El gobierno incluso ha sacrificado el lento crecimiento reiniciado hace unos pocos meses y ahora también lo hará con una parte del derecho laboral. Seguirán posteriormente, como he anunciado, otros sacrificios por parte de la población excluida de la orgía especulativa. El panorama del modelo de estado democrático, social y ligeramente equitativo se va por las cañerías. El gobierno tira a la basura pañales y niño incluido. El relevo gubernamental, que estará mucho más a la derecha, tiene la autopista despejada de peajes.


Todo ello para nada concreto que produzca desarrollo, ni siquiera para reforzar la posición política frente a unas eventuales elecciones. La cerrazón gubernamental no atiende a que, en estos momentos, son un juguete roto, sin legitimación ninguna. Su programa está hecho trizas, su dignidad política por los suelos y su eficacia, si la hubo, desaparecida. En esencia, hoy deberían convocarse elecciones con urgencia. Cosa que muchos no deseamos frente a la única alternativa existente, conformada por gángsteres, corruptos y débiles de carácter.


El país necesita una nueva senda de crecimiento basada en el desarrollo técnico y científico y en cambio se insiste en el modelo de costes laborales bajos como si la industria y la construcción tradicionales fueran un verdadero futuro. La opinión de la patronal es la de siempre, nada cambia en este mundo formado por dirigentes que no tienen empresas o por otros en estado de subasta empresarial de la miseria. ¿No hay alternativa empresarial a esa claustrofobia mental?


En fin, que si de reforma se tratara, otras reformas no laborales son las prioritarias. De este otro modo, nos llevan al sacrificio sin garantía de ningún beneficio que merezca tal nombre.




Lluis Casas, comprando oro antes de que se encarezca más.




Radio Parapanda. Nuestro enviado especial, Simón Muntaner, nos informa del
ENCUENTRO UNIVERSIDAD - SINDICATOS . Nuestro corresponsal nos ha facilitado el Texto de la declaración: http://www.nuevatribuna.es/pdf/declaracion-16-junio.pdf





Radio Parapanda. Sección Libros: HOMERO, ALBERTO MANGUEL Y LA EDITORIAL DEBATE

lunes, 14 de junio de 2010

... Y POR PROCEDIMIENTO DE URGENCIA


[Montserrat Avilés, madre del iuslaboralismo]


El núcleo fuerte de las medidas que piensa poner en práctica el Gobierno supone una modificación substancial de dos aspectos de tanta envergadura como el despido y la negociación colectiva, entre otros. De un lado, la facilidad con la que el empresario se puede desembarazar del trabajador sin control judicial en una especie de moderna Lettre de cachet; de otro lado, la práctica desaparición de la causalidad en los llamados despidos económicos.


También en lo atinente a la jornada y tiempo de trabajo se produce una discontinuidad a favor del empresario, como muy bien ha observado el profesor Trillo Párraga en
PRIMERA OPINIÓN SOBRE UN ASPECTO PARCIAL DE LA DEFORMA LABORAL. Más todavía, el Gobierno (que vergonzosamente se esconde en una falsa equidistancia entre los sindicatos y la patronal) agrede lo que es la clave de bóveda de las relaciones laborales, esto es, la autonomía de las partes para un libre ejercicio de los procesos contractuales.


En esas condiciones, de no remediarse, se va a producir un cambio de metabolismo hacia un modelo autoritario de relaciones laborales al acentuarse el poder empresarial en el centro de trabajo tanto en los despidos como en materias sensibles de la negociación colectiva. Es, además, un ataque en regla al Derecho del Trabajo, una de las grandes conquistas de civilización y uno de los logros más relevantes del pasado siglo. Dígase con claridad, el Gobierno ha asumido, no resignadamente, todo un chillerío autoritario de culpabilización del derecho del trabajo al que se acusa ideológicamente de ser una rémora histórica y uno de los causantes de los procesos de destrucción del empleo. En ese sentido, la operación no es otra que el traslado de las principales tutelas iuslaboralistas hacia el arsenal iusprivatista más rancio. Pero, comoquiera que sería realmente perjudicial la absoluta desforestación del Derecho del trabajo, la idea es obligarle a que sea una zona periférica del Derecho civil. Más en concreto, obligar a Gino Giugni y Francesc Casares –socialistas de pro y honor de la izquierda— a dejar los bártulos iuslaboralistas y abrir bufete de civilistas. Vale la pena, en ese sentido, recordar que Massimo D´Antona decía que “el derecho laboral es un derecho que tiene una anomalía: la llamaba post positivista, aunque [anomalía] salvífica porque “le añade la singular capacidad de adherirse al tiempo de los cambios sociales”. Exhibiendo el gusto del herético que prefiere el antidogmatismo, el antilegalismo y el antiformalismo.


Pues bien, tanta mudanza se pretende hacer por la vía del decreto urgente y posterior convalidación en una sesión exprés en el Parlamento. Como quien dice, de manera rutinaria. Aunque bien visto, parece lógico que a unos contenidos autoritarios le corresponda un procedimiento bastardo. Una lógica perversa: si la reforma amplia las posibilidades del llamado “despido expres” (como escribe Antonio Baylos), la técnica parlamentaria debe ser acorde con ello.



Así las cosas, habrá quien siga preguntándose sobre la crisis de la izquierda. Zapatero, de te fabula narratur. No le den más vueltas (académicas o chusqueras) a la crisis de la izquierda. El contenido de la reforma y el método para llevarlas a cabo explican claramente dónde está –aproximadamente, claro— una parte considerable de la explicación.

domingo, 13 de junio de 2010

PRIMERA OPINIÓN SOBRE UN ASPECTO PARCIAL DE LA DEFORMA LABORAL


Hemos visitado al profesor Francisco José Trillo y Párraga con la idea de que nos dé una primera impresión sobre el documento del Gobierno. Le hemos preguntado por la MODIFICACION SUSTANCIAL DE LA DISTRIBUCIÓN DE LA JORNADA TRABAJO.



Metiendo bulla.-- Profesor Trillo, tenemos interés en que personalidades relevantes del mundo del Derecho del Trabajo den su opinión sobre el documento (dicen que definitivo) del Gobierno sobre la reforma laboral que, jocosamente, nosotros denominamos la deforma. Así, a bote pronto, ¿qué opinión le merece la modificación de la distribución de la jornada de trabajo?

Francisco José Trillo.-- La inclusión expresa de la distribución de la jornada de trabajo en el art. 41 ET supone un cambio sensible respecto de la regulación actual, en el sentido de que hasta la reforma en ciernes este aspecto de la jornada de trabajo se reservaba exclusivamente a los sujetos negociales en el ámbito estricto del convenio colectivo o del acuerdo entre el empresario y los representantes de los trabajadores (art. 34.2 ET). Con la inclusión de la “distribución irregular” en el apartado b) del art. 41.1 ET y el procedimiento previsto en el apartado 6) -condiciones de trabajo de carácter colectivo provenientes de convenio colectivo o pacto colectivo- en relación con el apartado 4) del Documento de Reforma -período de consultas no superior a quince días- se vacía de contenido el convenio colectivo en la materia en los siguientes términos:

- El art. 34.2 ET pierde toda su virtualidad, control y negociación de la distribución irregular de la jornada de trabajo, ya que cuando se hubiera previsto una distribución irregular por aquella vía, el empresario podría acudir al art. 41.6 ET con el fin de alterarla y, una vez realizada la consulta, proceder a su modificación. Nótese que aquel control colectivo de la distribución irregular de la jornada de trabajo presenta especial afectación en relación al cómputo de la jornada ordinaria y, como reflejo, al de las horas extraordinarias.


- En segundo lugar, cabe destacar cómo el empresario, a través de esta novedad legislativa, no necesitará llevar a la negociación colectiva esta materia, ya que en aquellos casos donde no se hubiera adoptado un régimen irregular de la jornada de trabajo, el empresario podrá modificar unilateralmente esta condición de trabajo introduciendo una cadencia irregular en la jornada.

En suma, se trata de una medida que camina en dirección contraria a la pretendida flexibilidad negociada.

Por otra parte, este tipo de modificación unilateral de la distribución irregular de la jornada de trabajo deja sin efecto el AENC 2010-2012, puesto que de lo que se trataba era de condicionar la introducción de dosis de flexibilidad interna negociadas en función del uso controlado de la temporalidad. Es decir, el pacto control de la flexibilidad en la entrada a cambio de flexibilidad interna quedaría sin efecto, ya que el empresario podría decidir esta flexibilidad interna unilateralmente. Por lo que más allá de la afectación del instituto de la jornada, proyectaría efectos sobre el control de la temporalidad.

Metiendo bulla.-- Gracias, profesor. Usted sabe que nuestras conocencias tomarán buena nota de lo dicho.

martes, 8 de junio de 2010

MALDITOS TIEMPOS. Angel Rozas como telón de fondo




Nota editorial. Una pluma alquilada ha escrito un artículo lamentable a propósito de la muerte de Ángel Rozas en Avui Paper Diàleg. Tiene la palabra quien le responde adecuadamente. [Se hace notar que el diario Avui ha rechazado la publicación de este artículo]



Miquel Àngel FALGUERA BARÓ
Magistrado Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya
Profesor de la UPF

Malditos sean los tiempos que hacen necesario recordar la obviedad. Esta es una maldición lamentablemente más viva que nunca, en un periodo histórico en el que el voto de los ciudadanos sirve poco para determinar las políticas económicas y sociales. Un tiempo en el que el pensamiento crítico –tan necesario, aunque esté equivocado— para que la sociedad avance mediante el debate colectivo y, en consecuencia, en la civilidad, es menospreciado y cualquier reflexión se limita a tópicos, apriorismos y frases hechas.


Pues bien, permítanme que recuerde obviedades. Que la democracia es el gobierno de los pobres hombres libres. Y que la oligarquía es el gobierno de los hombres ricos libres. Lo dice Aristóteles. De estos mimbres –que algunos preservaron en tiempos obscuros-- surgió el concepto moderno de democracia. Es decir, “libertad, igualdad y fraternidad”. Por tanto, contra lo que pueda parecer, porque la simplicidad conceptual es el pan nuestro de cada día-- democracia no es solamente libertad. Es también igualdad. Y es también fraternidad, vale decir, el reconocimiento por la sociedad del derecho de todo ciudadano a desarrollar todas sus potencialidades como ser humano o, como afirmaban los padres constituyentes norteamericanos, el derecho a la felicidad. Nadie puede ser libre si no puede decidir su futuro; no sólo una nación, también los individuos.


¡Qué simple es equiparar comunismo y fascismo! Es un buen ejemplo de la simplicidad conceptual a la que antes hacía referencia. Estos análisis olvidan, sin embargo, que el comunismo, como el socialismo, bebe de las fuentes de la Ilustración, aunque sitúa su énfasis en la igualdad, a diferencia del liberalismo, que sólo reflexiona en clave de libertad. Por el contrario, el fascismo –al igual que el nazismo o el franquismo-- lo que negaban (no sé si utilizar el tiempo pasado o el presente) es precisamente la Ilustración y la democracia.


Ciertamente del comunismo que llegó a gobernar –el comunismo de las pesadillas, que decía Manolo Vázquez Montalbán— surgieron regímenes opresivos y leviatanes genocidas. Pero ahora no se trata de entrar en el debate pueril de quién ha producido más muertos a lo largo de la historia: si el del llamado modelo colectivista o los sistemas liberales. Esta es una dialéctica, que muchos cultivan, que evidencia de nuevo el simplismo ideológico que nos inunda.


Pero también existió el comunismo de los sueños. El de aquellas personas que sacrificaron su vida, su libertad, su integridad física, su futuro profesional y económico, e incluso sus familias por un concepto de democracia que situaban la centralidad en la igualdad y la fraternidad. He conocido muchos de comunistas ilusos. Son –prácticamente ya se puede decir que “eran”, ya que la mayoría ha muerto sin ningún tipo de reconocimiento-- personas extraordinarias que un buen día decidieron poner a disposición de los demás todas sus capacidades y su propias personas. Ciertamente, en determinados momentos obviaron el concepto de libertad. Pero lo hicieron en situaciones en las que la gente se moría de hambre, de enfermedades que mataban sus familiares y amigos, lo que no pasaba con los ricos. Y posteriormente, cuando la situación económica eliminó estas situaciones tremendas, reivindicaron en las calles la libertad, poniendo en riesgo sus vidas.


Estas reflexiones vienen a cuento de un artículo publicado por Agustí Colomines, comentando la muerte de mi amigo y maestro Ángel Rozas. Persona que conocí cuando yo era estudiante de Derecho y militante del PSUC y empecé a dar cursos de formación sindical a los afiliados de la Comissió Obrera Nacional de Catalunya, una actividad de la que Ángel era responsable, en los inicios de la transición.


Ángel fue la clara expresión –entre otras muchas personas dignas que he conocido-- de aquellos individuos que lo sacrificaron todo por un concepto de democracia integral; que no sólo se basa en ir a votar de vez en cuando, sino el gobierno de las cosas por los pobres hombres (y mujeres, claro) libres. Lo reitero por si alguien lo ha olvidado: Aristóteles.


La muerte de Ángel –una persona sin la cual difícilmente se puede entender gran parte de la resistencia de los trabajadores al franquismo, o por qué Comisiones Obreras lleva por nombre aquí Comissió Obrera Nacional de Catalunya, entre otros muchos aspectos— merecía una resonancia mediática más significativa que la que ha tenido. Porque era una persona digna que dedicó, prácticamente desde su infancia, la vida a los demás, a la sociedad, a los valores republicanos de libertad, igualdad y democracia. Lo que resulta paradójico es que este diario [Avui] haya dedicado más espacio a incluir una crítica actual a los partidos políticos que directa o indirectamente siguen la tradición histórica del PSUC, como es el caso del señor Colomines que a la explicación de quién era Rozas. Ángel no se lo merecía.


Porque estoy hablando de una persona –para los que no le conocían: físicamente era un enano-- que vivió la miseria extrema en su familia; que llegó a Barcelona con catorce años, que aprendió a leer como los autodidactas; que organizó a principios de los años cincuenta más de doscientas personas en el PSUC, aunque todavía no había conectado con dicho partido de manera orgánica; que fue detenido en numerosas ocasiones; que padeció torturas, prisión y exilio. Estoy hablando de una de las personas más libres, sinceras y antisectarios que he conocido en mi vida. Utilizar su muerte para hacer una crítica de una parte de la izquierda de este país, sin explicar quién era Ángel, me parece un ejercicio lamentable, especialmente cuando lo firma como historiador.


Es verdad, la Internacional se cantó en castellano en el acto del adiós de Ángel. Probablemente porque él se expresaba en esa lengua. Pero resulta extraño que un asistente al mencionado acto obvie lo que explicaba en su intervención José Luís López Bulla: cómo la policía franquista lo maltrató a él y a su compañera, Carmen Jiménez (otra persona digna) el 11 de setiembre de 1967 cuando los trabajadores encuadrados en Comisiones Obreras se manifestaban en la calle en defensa de las libertades nacionales de Catalunya. Mientras tanto, otros lo miraban desde los balcones, recordando que hacía algunos años habían cantado el Cant de la Senyera en el Palau de la Música.


Si yo dicto mis sentencias en catalán –y, por eso, me cae lo que me cae— lo hago, convicciones personales a parte, porque Ángel fue mi maestro.


Reitero, malditos los tiempos en los que se ha de recordar lo que es obvio. Malditos los tiempos en los que la muerte de uno de los mejores ciudadanos de Catalunya no ha tenido prácticamente ninguna resonancia mediática, sólo –como es el caso-- para su utilización política en detrimento de unas determinadas opciones electorales.


Cualquiera puede justificar su trayectoria política con los argumentos que quiera. Estamos acostumbrados ya a los saltimbanquis. Pero, por favor, que no se utilice la muerte de una persona digna para espurios intereses personales. Incluso toda la simplicidad argumental tiene límites éticos.




Traducción del original catalán (
MALEÏTS TEMPS) a cargo de Félix Mármol de Macael.


miércoles, 2 de junio de 2010

GRACIAS POR TODO, CAMARADA. Homenaje a Ángel Rozas



Miquel Ángel Falguera i Baró (Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña)


Siempre he tenido la impresión de que, en el último momento, he fallado a mis referentes personales. Pasó con Josep Solé Barberá, a quien no fui a ver al hospital en su día por problemas de trabajo y amoríos, aunque por esta última causa seguro que él me perdonó (el viejo socarrón en un funeral católico solemne, enterrado con su cazadora de comisario político, desternillándose de risa). Pasó también en el entierro de Luís Salvadores: aún recuerdo el comentario que hicimos con Elvira Posada: no se cantaba La Internacional y no nos atrevimos a iniciar nosotros el canto (a veces, aún se me aparece Luís por las noches y me lo reprocha).


En tu caso, querido maestro, siento no haberte ido a ver más veces en tus últimos días. Aunque sí he estado contigo pocos minutos antes de tu muerte. Y he podido abrazarte. Y despedirme de ti.


Luego, volviendo a casa, antes que Javier Tébar me llamara para darme la noticia (esperada, pero aún así terrible), he estado pensado en todas las cosas que vivimos juntos hace más de treinta años. En nuestros viajes, en tus historias de viejo militante antifascista (que tanto deslumbraban a aquél casi adolescente imberbe que era un servidor). Pero, sobre todo, he estado pensado en tu sentido de la dignidad. Y en la dignidad de tantos como tú. Porque, diga lo que diga el poema de Cernuda que tanto te gustaba, los testigos irrefutables de toda la nobleza humana no fuisteis uno. Fuisteis muchos.


Y andando por las calles en esas cuitas, no he podido menos que constatar el fracaso de mi generación. Porque, querido maestro, tú –y aquellos otros dignos-- nos entregasteis un mundo lleno de esperanza. Nosotros entregamos a los que vienen un mundo lleno de mediocridad, oprobio y falsedades. Vosotros pudisteis cambiar el orden de las cosas –¡faltó tan poco!-; nosotros no podemos ni cambiar con nuestro voto las políticas que imponen organismos oligárquicos que nadie ha votado, ni votará jamás. Tú y aquellos otros dignos fuisteis libres, aunque vuestra libertad os llevará a la cárcel. Nosotros creemos ser libres en la mayor alienación colectiva de la Historia.


Vosotros os llamabais comunistas –con orgullo, aunque ello estuviera prohibido-. Nosotros no sabemos ni cómo llamarnos. Sin embargo, yo sigo afirmando con orgullo y aunque suene desfasado que soy comunista. Es lo menos que os merecéis como homenaje Solé, Luís, tú mismo y aquellos otros, tantos, dignos. Aunque también en esa denominación existe un motivo oculto: dar sentido a la vida cuando uno llega a la madurez.


Recuerdo que aquél joven que yo era le preguntó al maestro qué era ser comunista. Y el maestro –tú mismo, Angel- enarcó la ceja y frunció los labios (como hacías siempre antes mis preguntas necias) y soltó: “a veces pienso que ser comunista consiste en poner la cara por los demás, sabiendo que te la van a romper”. Nunca lo he olvidado: me han partido la jeta muchas veces. Y eso –esas heridas de solidaridad con los otros- han dado sentido a mi existencia.


Por eso comprendo –y envidio- tu entereza ante la muerte. Porque tu vida ha sido plena y llena de sentido. Y cuando uno, al final de los días, ha hecho lo que tenía que hacer, la muerte no es más que una anécdota.


Gracias por tu ejemplo, compañero, amigo y maestro. Gracias por todo, camarada.


Radio Parapanda. En la voz de Andrés Querol: Ángel Y Prado Alberdi en: Ángel Rozas, un pequeño gran hombre. Antonio Baylos en: HA MUERTO ANGEL ROZAS, FUNDADOR DE LAS COMISIONES OBRERAS CATALANAS

viernes, 30 de abril de 2010

REPRESENTATIVIDAD Y REPRESENTACIÓN SINDICAL (y 3)


[Paco Rodríguez de Lecea con gafas de sol y un mozalbete en un acto celebrado en Parapanda]



Mi viejo compañero Francisco Prado Alberdi (conocido cariñosamente como Pipas) escribe un comentario en mi entrada en este mismo blog CODETERMINACIÓN EN LA FLEXIBILIDAD (y 2): “Totalmente de acuerdo. Pero para conseguirlo hay que reforzar, en algunos casos conquistar, el "poder sindical" en las pequeñas y medianas empresas, así como en algunos sectores de las nuevas industrias (p.e.: sector tecnológico y medioambiental) y servicios, que están abandonados de la mano de dios. Pregunto: ¿Para lograr estos objetivos no debemos revisar nuestra actual estructura organizativa? Es una pregunta retórica porque yo digo que sí”.


La pregunta del amigo Alberdi apunta al vínculo entre “representatividad” y “representación” de la acción colectiva que es el sindicalismo confederal. Entiendo por “representatividad” la capacidad sindical de aprehender las reivindicaciones, colectivas e individuales, del conjunto asalariado y llevarlas a la práctica. Y defino la “representación” como la forma organizativa que asume el sindicalismo, dentro y fuera del centro de trabajo, para hacer posible las funciones de tutela y promoción de los derechos de los asalariados. Atina Alberdi, por consiguiente, cuando afirma –preguntándose retóricamente, dice-- que para lograr unos determinados objetivos (los que se definen en el artículo de referencia u otros) hay que revisar el modelo de representación que tenemos. Yo, por mi cuenta y riesgo, añado que la actual forma sindicato es ya una rémora. Es más, su rutinario mantenimiento es responsable de que el modelo reivindicativo se encuentre no sólo estancado sino principalmente agotado. Es un modelo que atiende única y exclusivamente en la “distribución” sin entrar de lleno en la “producción”. Una producción que atraviesa los sectores industriales y terciarios. O, lo que es lo mismo: no me estoy refiriendo a la granindustria sino a todos los sectores, incluidas –como señala Alberdi— la pequeña y pequeñísima empresa.


Uno de los problemas que tenemos es que, por lo general, lo que convencionalmente se llama “el proyecto” aparece separado de los grandes temas organizativos. Si Alberdi no tiene nada en contra, diré una vez más que esta separación artificiosa es una herencia no positiva que los sindicalistas de mi quinta dejamos a las generaciones posteriores. El proyecto no es sólo la literatura programática sino la acción colectiva, esto es, el proyecto-que-se-organiza. Para decirlo gramscianamente: la praxis.


Por otra parte, la nueva formulación del sindicato de las diversidades, que algunos con sabio criterio reiteran, ¿acaso no presupone una nueva praxis en la asunción y propuesta de nuevas reivindicaciones que deben ser gestionadas por una representación acorde a dichas diversidades? Por supuesto, no es cosa de diseñar un modelo abstracto. Bastaría, por ejemplo, leer la narrativa contractual de los fitecos españoles. Porque en Fiteqa –un sindicalismo maduro— hay suficientes indicios para (gradualmente) darle la vuelta a la tortilla.


Si ello se pone en marcha –algo al respecto insinuó Toxo en su discurso de clausura en el pasado congreso confederal— estaríamos ante la “gran transformación” del sindicato.



jueves, 29 de abril de 2010

CODETERMINACIÓN EN LA FLEXIBILIDAD (2)


[En la foto Simone Weil]





Decíamos ayer que el sindicalismo debe entrar en una nueva fase, concretamente en su directa intervención en todo el escenario de la organización del trabajo, que hoy sigue en las manos exclusivas de la dirección de la empresa. Vuelvo a las andadas con otra serie de reflexiones añadidas.


Primo Levi, en su relato La llave estrella, cuenta que el capataz Faussone llamaba a su martillo “el Ingeniero” porque consideraba que cada golpe hacía funcionar el trabajo. Lo que posiblemente nos quiere transmitir el autor es el orgullo del trabajador ante la faena bien hecha y, ¿por qué no?, el valor social del trabajo. Ahora bien, Faussone no era quién decidía la organización del trabajo; era –que me perdone Primo Levi-- un mandao. O sea, estaba a las órdenes del dador de trabajo y del ingeniero de carne y hueso. Eso sí, “sabía hacer” aquello que le ordenaban.


Pues bien, la importantísima historia del movimiento sindical se ha significado también por una división de funciones que no le ha reportado beneficios ni ventajas. A vuela pluma diré que han sido éstas: el partido político se reservaba todas las opciones de la política, incluida la guía de las mesnadas sindicales en clave de fiel infantería; al sindicato le quedaba sólo la cuestión salarial y algunas condiciones de trabajo; la organización empresarial era el ordeno y mando, y aunque cada conquista social (en las que intervino, no es cuestión de olvidarlo, la izquierda política) le iba limando las uñas. En todo caso, esa limpieza de uñas nunca afectó a la potestad de las potestades: decidir unilateralmente la organización del trabajo. Así lo sancionó, sin ir más lejos, el Estatuto de los Trabajadores en España, y de esa manera quedó porque la negociación colectiva –salvo muy honrosas e importantes salvedades— se distrajo en ese capítulo.


El sindicalismo español, de manera fatigosa, ha conseguido, aunque de manera desigual, una muy visible independencia y autonomía frente a los partidos políticos. Pero, mientras la empresa siga detentando el poder unilateral de la organización del trabajo, habrá que convenir –dicho sin protocolo alguno y en aras a la lógica— que la autonomía sindical está parcialmente interferida por esos poderes empresariales. Ahora bien, yo pienso que gradualmente el sindicalismo puede avanzar en su autonomía. ¿Por qué lo digo? Pues porque …


… hoy tiene, más que nunca, instrumentos para ello. Y, sobre todo, porque cuenta con el mayor conocimiento de toda su historia. Ese conocimiento es ya “un bien público general”, tal como le gusta decir al viejo amigo
Luciano Gallino. No sólo entre los sindicalistas sino en el conjunto de los asalariados. Lo que falta, pues, es la decisión de situar el escenario de la organización del trabajo en el centro de la negociación colectiva y una presión sostenida por el derecho a la codeterminación: la fijación negociada, como punto de encuentro, entre el sujeto social y el empresario, anterior a decisiones "definitivas" en relación, por ejemplo, a la innovación tecnológica, al diseño de los sistemas de organización del trabajo y de las condiciones que se desprenden de ella. A mi juicio, la codeterminación es el derecho más importante a conseguir en el centro de trabajo. Para ello, lógicamente, se precisa una reforma de algunos artículos del Estatuto de los Trabajadores. Mientras tanto, debería ser el centro de todas las plataformas reivindicativas.


No será pan comido, cierto. Pero ¿cuándo las cosas nos fueron fáciles? Habrá una fuerte resistencia empresarial, por supuesto. Pero ¿cuándo abandonaron Numancia? Así pues, la presión sostenida por intervenir en el polinomio de la organización del trabajo, aquí y ahora, es el gran caballo de batalla en el centro de trabajo. Tanto por lo que decíamos el otro día con relación a la salud como por gobernar la flexibilidad negociada, entendida esta como fuente de autorrealización y no como expresión de una patología que se disfraza de credo teológico para no infundir sospechas. Téngase en cuenta, además, que la flexibilidad ya no es un método contingente sino de largo recorrido; ya no es algo puntual sino, como decimos, de largo recorrido. Por eso, también, se precisa la codeterminación como instrumento inmanente de la acción colectiva. Debo decir que no me estoy refiriendo sólo al escenario industrial sino a todos, incluidos los servicios y las administraciones públicas.


En resumidas cuentas, lo que se propone es sencillamente que el sindicalismo confederal entre en una nueva fase, caracterizada por nuevos espacios de poder y libertad. Es para decirlo con
Simone Weil una “utopía concreta”. Como en su tiempo representó la libertad de asociación y el derecho de huelga: aquellas altas torres que negaban estos dos poderes cayeron en su día.



Radio Parapanda. El Orfeón Paco Puerto de Prapanda canta los Coros de Ernani (Verdi) Verdi-Ernani-Si rideste il Leon di Castiglia Ensayo general para la interpretación de esa pieza en el Primero de Mayo.


viernes, 9 de abril de 2010

ME ACUSO: YO TAMBIÉN PREVARICO



Miquel Àngel Falguera i Baró*.


Vaya por delante que, como ocurre con la mayor parte de la carrera judicial, no me gustan los llamados “jueces estrella”. Aunque quizás habrá que advertir, desde la experiencia española, que en buena medida la concentración de asuntos en un organismo central y centralizante como la Audiencia Nacional –opción legislativa que obedece más a razones políticas de lucha contra el terrorismo y con unas ciertas rémoras históricas que ponen la piel de gallina- propicia la concentración de temas candentes informativamente en muy pocas manos. Pero en todo caso, mi modelo ideal de juez se basa en la discreción, en decir lo que se tenga que decir en sentencias y artículos jurídicos y huir de los focos de los media y de veleidades políticas.


Los contribuyentes no nos pagan para engordar nuestros egos –ya muy hinchados-, sino para que los resolvamos sus problemas. No creo que tengamos que ser justicieros o superhéroes, sino especialistas en Derechos que componen los conflictos jurídicos de los ciudadanos en base al sentido común y buscando siempre la inalcanzable “verdad material” para impartir la aún menos inalcanzable Justicia –con mayúscula-.Como dice el famoso aforismo–que algunas voces atribuyen a Calamandrei, aunque yo he sido incapaz de hallar la cita en su obra-: “el buen juez debe tener sentido común, debe ser osado cuando corresponde y, si encima sabe Derecho, mucho mejor”


Indicaba José Luís López Bulla en una entrada anterior de su blog que en el caso de mi compañero Baltasar Garzón concurren tres frentes (el frente institucional de ex altos cargos salpicados por el GAL, la caverna y los intereses del PP) Pero creo que olvidó otro: hemos sido pocos, muy pocos, los jueces y magistrados que hemos alzado voces de solidaridad con él. Ese silencio de plomo no obedece –como simplistamente podría alguien pensar- a motivos políticos, sino a ese desdén de los funcionarios judiciales hacia quien se destaca públicamente en base a otra forma de entender la justicia –esta vez con minúscula- que supera el paradigma de la discreción. Incluso mi asociación, Jueces para la Democracia, está sufriendo un enconado y conflictivo debate sobre ese tema. Tal vez no está de más recordar que el instructor del procesamiento es militante de dicha asociación y una persona históricamente vinculada con la defensa de los derechos humanos. Podría pensarse en esa tesitura en ese silencio plana de alguna manera el aborrecimiento de la carrera a ese otro ejercicio “estelar” de la profesión de juez.


Pero aunque no comparto el modelo de juez del imputado, no logro sacarme de encima el amargo sabor de boca que me ha provocado el auto del pasado 7 de abril de la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Jesús Rentero ha afirmado que ha sido el día más triste de su carrera profesional, hasta el punto de llegar a preguntarse si vale la pena seguir adelante. Es una amargura y una inquietud que comparto. Yo no sé Derecho penal, ni quiero saber. Lo he aborrecido siempre, porque considero que en realidad se trata del simple poder represivo del Estado y por mis venas aún discurren extraños anticuerpos bakuninistas (que, paradójicamente, con la edad y con la que está cayendo cada vez cobran nuevo ímpetu) Por tanto, no estoy en condiciones de hacer un estudio mínimamente riguroso del auto del Tribunal Supremo. Pero ello no empece que como jurista y como juez tenga algo que decir.


En primer lugar, deberá recordarse que, a la postre, el Derecho es simple sentido común. Y el sentido común dicta que terribles y ominosos crímenes de toda índole perpetrados por el aparato de Estado franquista no tienen porqué quedar impunes, por el simple decurso del tiempo o la aplicación (mejor dicho, interpretación) de determinadas normas jurídicas como la Ley de Amnistía dictadas en un momento histórico determinado. El sentido común dice que resulta ridículo que el Estado español se haya dedicado a perseguir crímenes de lesa humanidad de otros países –hasta que hace cinco meses el legislador cercenó esa posibilidad por las conocidas presiones de un Estado concreto- y, sin embargo, miremos hacia otra parte cuando se trata de los muertos que nosotros tenemos escondidos en el armario. Si existe un “ius cogens” que determina el más mínimo común denominador de civilidad, lo que conlleva una jurisdicción universal –como es en la actualidad-, entonces tendremos que deducir que, más allá de las leyes, ese mínimo de civilidad también es invocable para el “ius soli”. Quizás tendremos que esperar que los tribunales chilenos o argentinos juzguen a nuestros genocidas, como antes intentamos hacer nosotros con los suyos –y, muy significativamente, Baltasar Garzón-.


Pero, con todo, lo más preocupante para mí no es eso. Lo que me lleva amargando los días desde el infausto 7 de abril son los efectos del auto de la Sala Segunda. Así, estoy dispuesto a debatir teóricamente con quien sea si ese “ius cogens” es o no aplicable a nuestra realidad. Pero lo que bajo ningún supuesto admito es que esa aplicación sea un delito.


Ciertamente, la instrucción de Garzón se escapaba de los criterios tradicionales de la escasa jurisprudencia sobre los crímenes franquistas, al considerar aquél que las normas imperativas internacionales no son dispositivas en el ámbito nacional. Y es probable, aunque lo desconozco, que como señala el auto del TS existieran demoras voluntarias en la tramitación y un desconocimiento voluntario del cambio normativo inmediatamente anterior, que, a la postre, persiguieran un fin mediático (aunque debo señalar que no se le procesa sólo por esas demoras y ese desconocimiento)


Pero aquélla inicial decisión en relación a la Ley de Amnistía y la prescripción de delitos es una interpretación del derecho por un juez –avalada, por otra parte, por la mayor parte de la doctrina científica-; y como tal interpretación no puede ser jamás un delito, sino actividad jurisdiccional que, en su caso, podrá ser corregida a través de los recursos oportunos. Considerar que esa hermenéutica jurídica –por muy discutible que sea- es un delito de prevaricación (por tanto, dictar a sabiendas una resolución injusta) es coartar la independencia judicial. Y, lo que es más grave, es fosilizar la interpretación jurídica, de tal manera que una vez el Tribunal Supremo ha hablado, ya nunca más podrá volverse a debatirse la cuestión de la que se trate, aunque cambien las circunstancias materiales, o aunque un juez considere que esa doctrina es errónea o contraria a valores superiores. Aviso para navegantes: el que se aparte de la foto incurre en prevaricación: “El ejercicio de la potestad jurisdiccional no es el ámbito propio de la teorización, como tampoco lo es de lo que algunos denominan imaginación creativa, por muy honesta o bienintencionada que se autoproclame”, como expresamente se afirma en el auto de 7 de abril.


No estamos aquí hablando de una voluntad dolosa de un juez de incumplir la Ley –lo que sin duda es prevaricación y quizás podría apreciarse en aquellos otros aspectos de la instrucción seguida en la Audiencia Nacional-, sino de una interpretación judicial en el sentido que una concreta doctrina casacional –de interpretación de la Ley- es contraria a otros valores jurídicos superiores.


Y en esa tesitura –que creo obvian buena parte de mis compañeros con sus silencios o, en algún caso, con sus jaleos al auto de marras- debo yo también autoinculparme. Así, pues: Confieso que en algunos casos he intentado soslayar en mi actividad jurisdiccional la doctrina del Tribunal Supremo en variadas materias, cuando he creído que se trataba de una interpretación “contra legem” o “contra constitutione” o contraria a tratados internacionales. Por poner algún ejemplo: así lo he hecho, cuando he podido, en el caso de despidos sin causa real o en situaciones de incapacidad temporal, invocando el convenio 158 OIT o por razón de la aplicación de derechos fundamentales. Las pruebas pueden hallarse en cualquier recopilación de jurisprudencia. Confieso que en esos casos he utilizado la “imaginación creativa” en la medida de mis posibilidades.


Confieso que en esas decisiones lo que me ha movido ha sido mi afán de jurista y, por tanto, de perseguir un orden justo y de cumplir los valores constitucionales.


Confieso que lo he hecho a sabiendas, en el firme convencimiento de que el Derecho mejora con el debate jurídico.


Y, por último, confieso que no sólo me arrepiento, sino que en la medida de mis posibilidades voy a seguir haciéndolo en el futuro, porque estoy convencido de que así cumplo mi mandato constitucional.


Miquel Àngel Falguera i Baró Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya.

viernes, 19 de febrero de 2010

PROTAGONISMO Y ANTAGONISMO DEL SINDICATO



EN AMIGABLE DISENSO CON LA CGIL


Uno de los lemas del próximo congreso de la Confederazione Generale Italiana del Lavoro es: “Sindicato protagonista, pero no antagonista”. Se me ponen los ojos como acentos circunflejos y, rápido como veloz centella, me dirijo a un querido amigo italiano, destacado dirigente sindical de la CGIL. Me responde de manera sobria: “un sindicato que es actor principal de acciones e iniciativas para contribuir a la representación de los intereses de los trabajadores y las trabajadoras. Que propone objetivos realizables e contribuye al gobierno del país durante la crisis y fuera de la crisis. Un sindicato que no se limita a decir no, sino que expresa claramente qué quiere y avanza programas y proyectos”. Estoy plenamente de acuerdo con lo dicho por el amigo italiano. Pero no comparto el mencionado lema congresual. Por otra parte, de las palabras definitorias que hace mi amigo, no se desprende que la conclusión deba ser la formulación de “no antagonista”. Más todavía, hasta donde yo recuerdo, la CGIL ha sido, por lo general –con unos u otros altibajos—una organización que respondía adecuadamente a la caracterización que ha hecho el amigo italiano.


A las personas de edad –como es mi caso— se nos permite no tener pelos en la lengua, especialmente si no tenemos “mando en plaza”. Incluso, con mayor o menor desenfado, también se nos consiente lanzar algunas puyas que, en mi caso, casi siempre parecen amablemente bienintencionadas. Y, con ese carné de identidad intento aproximarme al tema en cuestión. Para ello, me propongo declinar el concepto y la palabra agonista. De donde viene la palabra prot(agonista) y anta(gonista). Agonista, ἀγωνιστής, es una palabra que nos viene del griego clásico, significa: con unos y otros matices significa contendiente, luchador. En ese sentido, es obvio que el sindicato quiera ser protagonista; y, en la misma dirección, veremos si es antagonista o no. Pero, antes de meterme en harina, doy por sentado que no estamos ante un debate nominalista. Pues bien, como la expresión y el concepto “protagonista” me encanta, voy a centrarme en la “otra”, “antagonista”.


Si la base del sindicalismo confederal es el ecocentro de trabajo es de cajón que debemos partir de ahí para enhebrar un discurso que no debería estar apriorísticamente definido. Ahora bien, ya que el sindicalismo confederal pretende intervenir –con el mayor grado de protagonismo posible— en todos los intersticios de la economía-mundo debemos abordar una narrativa sindical que vincule ambos escenarios: 1) el ecocentro de trabajo y 2) la economía-mundo.


1.-- La pugna del movimiento de los trabajadores ha sido siempre –y también en las nuevas condiciones del centro de trabajo innovado— por la mejora de los salarios, por la humanización de las condiciones de trabajo y por los derechos sociales, entendidos éstos como bienes democráticos. Ni qué decir tiene que, en dichos aspectos, las conquistas de civilización parecen evidentes, incluso si lo comparamos con tiempos más históricamente recientes. Ahora bien, comoquiera que el sindicalismo es un sujeto cotidiano, su obligación no es la comparación con los viejos tiempos sino con lo que está sucediendo aquí y ahora.


Lo cierto es que, hoy como ayer, toda aspiración del movimiento de los trabajadores –conducido por el sujeto organizado, el sindicalismo— ha chocado con el poder autoritario del dador de trabajo o con las nuevas formas de management empresarial. Ayer con luchas y formas de expresión no tuteladas por las Constituciones; hoy mediante formas institucionales, más o menos regladas. Ayer a través de las relaciones de fuerza; hoy, también con ellas pero bajo la tutela del iuslaboralismo. Ahora bien, en ese sentido, vale la pena repensar, sin legañas en los ojos, que el dado de la empresa y el management se han comportado históricamente como sujetos de resistencia frente a las demandas del movimiento de los trabajadores, del sindicalismo confederal. Paradójicamente, sin embargo, la etiqueta de resistencialismo ha sido endosada al sindicalismo. O, lo que es lo mismo, todo planteamiento de alternatividad, de narrativa sindical diferente, era adjetivada como re-accionaria. Por ejemplo, cuando en mis buenos tiempos intentábamos confrontarnos al agudo problema de la asbestosis en la empresa Uralita (Cerdanyola, una ciudad vecina de Barcelona) la empresa afirmaba jupiterinamente que éramos una rémora para el progreso. Conclusión, centenares de trabajadores y sus familias estuvieron –y siguen estando— afectados por el mal del amianto. Y no sólo ellos sino una gran parte de la ciudad de Cerdanyola, aunque no trabajaran en dicha empresa. Este es uno de tantos ejemplos que conviene traer a colación. ¿Hay que poner más? No, todos estamos perfectamente al tanto de las cosas. Con un ejemplo emblemático nos basta y, de esa manera, aligeramos este ejercicio de redacción.


El sindicalismo en la fábrica y el sostén confederal expresaban la alteridad de su situación, la alteridad de sus propuestas frente al problema del amianto. La empresa ejerció su más berroqueña política de resistencia, amparada por la ley: la organización del trabajo está en manos de la unilateralidad del poder empresarial y de su ius variandi. En concreto, en Uralita (y otros mil lugares) éramos un sindicato, “actor principal de acciones e iniciativas para contribuir a la representación de los intereses de los trabajadores y las trabajadoras. Que propone objetivos realizables e contribuye al gobierno del país durante la crisis y fuera de la crisis. Un sindicato que no se limita a decir no, sino que expresa claramente qué quiere y avanza programas y proyectos”. Que es lo que atinadamente dice mi amigo italiano. Pero nosotros, con mayores o menos aciertos, nos encontrábamos ante el resistencialismo empresarial que siempre dijo que no a cualquier planteamiento, no digo ya del uso sino del abuso de la organización del trabajo. Al ejercicio de nuestra alteridad, el dador de trabajo oponía su propia personalidad. Uralita nunca quiso cambiar substancialmente las cosas porque eso le convenía y porque estaba apoyada por la ley. Una alteridad que indiciaba la independencia sindical, ejercida democráticamente mediante la cualidad de los hechos participativos; es desde esa alteridad donde se produce la orientación de sentido del sindicato.


En consecuencia, ¿hay que insistir más en que la principal característica del movimiento de los trabajadores –y, por consiguiente, de su representación, esto es, el sindicalismo— es la alteridad, es decir, ser el otro? Más todavía, así las cosas, ¿cuesta mucho trabajo admitir que frente a la contraparte, contumazmente resistencialista, nosotros éramos y somos un sujeto fundadamente antagonista?


2.-- ¿Qué decir de la economía-mundo en esta nueva fase de reestructuración-innovación de los aparatos productivos y de servicios? ¿Qué decir del origen y desarrollo de la crisis actual? Mucho han hablado sobre ella gentes temperadas y con punto de vista fundamentado. Me remito a Antonio Lettieri, Pierre Carniti y otros que, en el ejercicio de altas sus responsabilidades sindicales, siempre auspiciaron y provocaron momentos de discontinuidad y renovación del sindicalismo.


Pues bien, ¿no es cierto que sigue en curso una fuerte confrontación –de ideas y proyectos— que muestran a las claras, naturaliter, una consolidada alteridad? Una alteridad que, por supuesto, intenta colocar al sindicalismo en un lugar de protagonismo activo en el escenario europeo y de la globalización? ¿Y no es cierto que las contrapartes (a través de una actitud resistencialista, como gato panza arriba, en la necesidad de la negociación colectiva europea y de políticas contractuales en los grandes espacios? Más todavía, también en este escenario de la economía-mundo, el sindicalismo parte de su antagonismo. Cosa que no impide que, desde esa personalidad –nacida de la alteridad— llegue a acuerdos, convenios, pactos.


Pues, efectivamente, sí: continúa la confrontación de proyectos entre el sindicato y los responsables de la crisis. Nosotros fuimos claramente antagonistas frente al neoliberalismo, contra la exaltación que hicieron del poder que representaban las “zonas grisis” de la democracia, contra los movimientos especulativos que azotaron los cuatro puntos cardinales del planeta. Una confrontación que sigue ahora, en un momento en que vuelven a las andadas con un descaro que ni siquiera se disfrazan de noviembre, lorquianamente hablando, para no infundir sospechas.


3.-- Por unas y otras razones, tanto en el ecocentro de trabajo como fuera de la empresa, la alteridad del sindicato le hace ser un sujeto-conflicto. Un conflicto que se ejerce institucionalmente, esto es, con reglas, obligatorias y obligantes: otra conquista de bienes democráticos, expresados rotundamente en los textos constitucionales. Ahora bien, el sujeto-conflicto –como expresión de la alteridad sindical— está referido a un conflicto propositivo. No es, por tanto, una expresión “de barricada”. Es un elemento central para que el sindicalismo sea –según el maestro Bruno Trentin— un sujeto reformador.


Conclusiones provisionales. 1) Entiendo que es un
anacoluto relacionar la frase de mi amigo italiano con “sindicato protagonista, pero no antagonista”. 2) Tengo para mí que lo mejor sería eliminar, por confusa, la expresión “no antagonista”.


Pero, con perdón, ¡doctores tiene la iglesia: cada cual es muy libre de bajar las escaleras a su antojo. Y, ¿no es cierto?, cada cual es muy dueño de cantar o no las viejas canciones que los reformistas de antaño escribieron y musicaron. Por ejemplo, el
Inno dei Lavoratori que apenas si se entona en las grandes ocasiones. Es durillo eso del “riscatto del lavoro”. Más dura es, sin embargo, la letra de La Marsellesa. Y no digamos de la venerable ancianidad de Fratelli d’ Italia donde se sigue entonando algo tan chocante como la relación entre el yelmo de Escipión y la creación de Roma, obra de Dios Nuestro Señor. Que, como se sabe, son cosas más antañonas que lo escrito por el viejo padre del reformismo Filippo Turati con música del maestro Amintore Galli.




Radio Parapanda. Se remite encarecidamente a los blogs siguientes: Alumnos de Giuseppe Di Vittorio, Bruno Trentin, Con Umberto Romagnoli. Y, por supuesto, la crónica del día: LA DOCTRINA DEL TRIBUNAL SUPREMO SOBRE LA ACCION PROTECTORA DE LA SEGURIDAD SOCIAL



lunes, 15 de febrero de 2010

REPRSENTACIÓN Y PARTICIPACIÓN SINDICALES. Hablando con Carlos Mejia (Perú).


El jueves día 12 de febrero tuvimos un animado coloquio en el encuentro con dirigentes sindicales de Comisiones Obreras de Catalunya con motivo de la presentación del libro de Antonio Baylos en su versión catalana. Nuestro amigo peruano Carlos Mejía me envía unos comentarios a propósito de mi intervención en el mencionado acto barcelonés, SINDICALISMO Y DERECHO SINDICAL. Y, en el mismo lugar, el joven Simón Muntaner, presente en dicha reunión, con amable conductismo me invita a responder a Carlos. Cosa que haré de la manera más cómoda que me sea posible por dos razones: primero, porque la representación sindical en el centro de trabajo en Perú no es igual que en España; y, segundo, porque desgraciadamente estoy pez en las cosas sindicales de aquel país.


1.-- Quede claro: cuando hablo de transferir los poderes del comité de empresa al sindicato en el centro de trabajo (por lo tanto, estaríamos hablando de una única representación) estoy pensando en la necesidad de que la sección sindical rejuvenezca la democracia y la haga más cualitativa mediante una serie de hechos participativos que deberían estar reglados con normas obligatorias y obligantes. Por supuesto, ese traslado de poderes no puede ser atolondrado, aunque lo importante es no perder más tiempo y empezar a organizar la transición.


Naturalmente estamos hablando de una sección sindical auténticamente representativa de todas las situaciones y tipologías asalariadas presentes en el centro de trabajo. Entendiendo por “representativa” la capacidad de aprehender la condición asalariada de cada diversidad tanto colectiva como individualmente. De esta manera “representativa” se está en mejores condiciones para ejercer la “representación”, esto es, para hablar en nombre del conjunto asalariado. De manera que, así las cosas, “representatividad” y “representación” son conceptos no exactamente iguales. Y, más todavía: ambos conceptos hilvanados por la “participación” son los que presuponen el sindicato-de-los-trabajadores y no un mero sindicato-para-los-trabajadores.


Además de lo que he resaltado en anteriores ocasiones, en esta ocasión desearía añadir un elemento nuevo: el modelo dual que tenemos en España (el comité de empresa y la sección sindical) impide objetivamente que el sindicato general tenga realmente su base en el centro de trabajo. Por la sencilla razón de que la sección sindical, salvo algunas excepciones –ciertamente importantes-- es un huésped realquilado en el comité.


Lo cierto es que ha habido históricamente, en algunos países y modelos sindicales, una desatención notable a que el sindicato tuviera una organización propia en el centro de trabajo. Posiblemente tenga como origen remoto la vieja supeditación (hoy inexistente) del sindicato hacia Papá-partido (el que fuera) y a la antigua desconfianza de no pocos dirigentes sindicales (especialmente los de gran formato) de que el sindicato en el centro de trabajo conllevaba, según ellos, una serie de derivas corporativas. No se libró de esos recelos ni siquiera el gran
GIUSEPPE DI VITTORIO y los de una cultura similar. En concreto, en esos grandes dirigentes siempre se miró con suspicacia especialmente la negociación colectiva en la empresa. Por otra parte, un sujeto estable y, por así decirlo, trascendente era visto como una interferencia para el partido (el que fuera) que se autodefinía como la vanguardia del proletariado. Hoy no se da esa situación. Felizmente para todos, habría que recalcar.


No estoy muy seguro de interpretar correctamente lo que plantea el amigo Carlos Mejía en su comentario, de modo que diré lo que entiendo del fondo de su pregunta: yo soy partidario firme de que el sindicato en la empresa (lo que llamamos en España “sección sindical de empresa”) tenga el mayor caudal de poder contractual posible. Por eso, además, me pongo tozudo con el traslado de los poderes del comité hacia el sindicato en la empresa. Es más, si el tan repetido sindicato en la empresa tiene ese acervo contractual propio son menos los peligros de corporativismo, porque entiendo que puede entrar de lleno en todos los intersticios de la organización del trabajo. Siempre y cuando, lógicamente, contemple la “representatividad” que más arriba se requería. Es más, tengo para mí –pidiendo disculpas a los dirigentes del más alto nivel confederal--, en los procesos negociales en España (contrariamente a lo dicho por Carlos Mejía, si es que le he entendido bien) la Confederación reina, pero no gobierna. Y, peor todavía, seguirá así mientras el sindicato general no tenga definitivamente anclado su verdadero origen en la empresa: en la empresa real que hay actualmente y en la que va siendo. Por lo demás, entiendo que la casa confederal es más robusta si su arquitectura se cimenta en el sindicato en la empresa.


Ahora bien, lo que tenemos pendiente en el sindicalismo español es un pacto confederal: un compendio de normas que establezcan los poderes y el uso de los instrumentos que el ius sindicalismo dispone y los que vayan surgiendo como fruto de conquistas. Por lo menos en dos direcciones: qué prerrogativas tienen unos y otros y que zonas son inviolables, esto es, no sujetas a invasión por nadie. Por nadie de arriba y por nadie de abajo. De ahí que, entrando en la otra pregunta que me hace Carlos Mejía, diga que no creo en una negociación articulada donde todos los espacios negociales negocien absolutamente todo. Me refiero a que se haga –especialmente por abajo-- tabla rasa de lo acordado en otros ámbitos. Tengo para mí que lo más útil es el ejemplo de los convenios generales de la Química en España.


3.— He intentado aproximarme anteriormente al vínculo entre “representatividad” y “representación”. O sea, la “participación”, aunque un servidor prefiera la expresión de “hechos participativos”. La ausencia de esta praxis conduce inevitablemente a un sindicato que, en sus formas de ser, le hace ser taylorista en la más amplia acepción del término.


Afirmo, contra quienes mantienen que la innovación tecnológica impide inexorablemente la realización de los hechos participativos. Sin embargo, es muy verdad que la innovación tecnológica pone trabas al tradicional ejercicio de la participación. La asamblea de la fábrica fordista (que ya va siendo en Europa pura herrumbre) de naturaleza ecuménica –todos presentes a la misma hora y en el mismo espacio—va entrando, si ya no ha entrado, definitivamente en crisis. La innovación tecnológica y la morfología del centro de trabajo ha puesto en crisis la relación espacio / tiempo. Pero, también precisamente por ello, en el sindicalismo han aparecido (con la normal escasez de los primerizos) nuevas formas de relación entre el personal. Que la asamblea tradicionalmente presencial sea cada vez menos posible, no impide la puesta en marcha de nuevas concreciones en la participación y los hechos participativos.


De donde me saco de la manga una reflexión que viene al pelo de lo que se viene diciendo. Las innumerables webs sindicales son, de hecho, nuevas sedes del sindicalismo. Esta es una novedad sobre la que, todavía, no he visto suficientes reflexiones al respecto. Hoy por hoy esas nuevas sedes sindicales son una extraordinaria riqueza, y lo serían más si el formato de tales páginas contribuyera a una real participación. Me explico: la mayoría de ellas cuentan con una información (casi en tiempo real) de lo que sucede o se organiza para que ocurra. Pero, puestos a ser exigentes con esta gente tan seria, ¿no sería exigible que tales webs –hasta ahora concebidas, la mayoría de ellas, como instrumentos de arriba hacia abajo, fueran también mecanismos de participación, esto es, de discusión?


Puede que algún sindicalista emérito o de parecida estirpe me diga: “Oye, no hay que olvidar la asamblea presencial, el contacto humano, la relación interpersonal”. Naturalmente que no, afirmo con rotundidad. Pero no caigamos en el síndrome del
Asno de Buridán. Así pues, lo importante es la participación como ejercicio de la soberanía sindical; de qué forma se haga es secundario.


Finalmente, entiendo que con el compañero Carlos Mejía, cuyo blog
Bajada a bases sigo cotidianamente con interés, parece que han quedado algunos matices en el aire. Es normal, las situaciones son muy diferentes. Podemos y debemos, por eso, seguir hablando. Para mí es un placer.





Radio Parapanda. Retransmitimos en directo la conferencia de Javier López en el Círculo Tranquilino Sánchez de Parapanda:
YO NO DIGO, YO MUESTRO (Entre Rohmer y Benjamín)


jueves, 4 de febrero de 2010

UNA CABEZA, UN VOTO Y LA "SOBERANÍA" SINDICAL



Dentro de poco se celebrará el XVI Congreso de la Confederazione Generale de Lavoratori Italiani (CGIL), el primer sindicato de aquel país. Pues bien, su máximo dirigente ha declarado exactamente lo que sigue: “Il XVI congresso della Cgil, come quelli precedenti, ha detto Epifani nella sua comunicazione al direttivo, “si svolgerà sulla base del principio della sovranità assoluta degli iscritti all’organizzazione”, secondo la regola “una testa, un voto”. Permitan: “el XVI Congreso de la CGIL, igual que los anteriores –dijo Epifani en su informe al Comité directivo— se celebrará sobre la base del principio de la soberanía absoluta de los afiliados a la organización, según la regla una cabeza, un voto”.


Pues bien, celebro que el primer dirigente de la CGIL recoja el término y, sobre todo, el concepto. Que un servidor empezó a usar hace tres años. Véanse, concretamente, las siguientes entradas en este blog.


LA `SOBERANIA´ SINDICAL: Una conversación particular con Antonio Baylos y Joaquín Aparicio (1),


LA `SOBERANIA´ SINDICAL, DI VITTORIO Y OTROS ASUNTOS y


TEXTO CASI DEFINITIVO SOBRE LA "SOBERANIA" SINDICAL



Ahora bien, lo cierto es que fue la práctica de los metalúrgicos italianos de la CGIL quien me hizo proponer el término de “soberanía sindical”. Era costumbre –lo mantienen como elemento distintivo— que, antes de la firma del convenio, se sometiera el texto a referéndum. El testigo lo recogió --primero la confederación, después el conjunto del sindicalismo confederal, esto es, también la CSIL y la UIL— a raíz del pacto de pensiones con el Gobierno Prodi. En resumidas cuentas, en determinados grandes momentos, el sindicalismo debe dar la voz y la palabra a todos los trabajadores. No se trata de un “estatuto concedido” sino de la lógica que emana de la legitimación: ésta no viene de la dirección del sindicato sino de los afiliados hacia el sindicato. Y comoquiera que el sindicato negocia erga omnes –ya sea en los convenios como en todos los procesos contractuales— la legitimación y mandato para representar viene desde abajo. Es decir, el sindicalismo no es un sujeto autolegitimado. Esta es, por así decirlo, la filosofía del sindicalismo-de-los-trabajadores que no equivale exactamente al sindicalismo-para-los-trabajadores. Yendo por lo derecho: la “soberanía sindical” le diferencia.


Cuando propuse la idea y el término de “soberanía sindical” algunos pusieron cara de fastidio. En el mejor de los casos pensaron que, de llevarse a cabo, era una pérdida de las prerrogativas de los órganos dirigentes. Pues, no: nada de eso. Era, y es, un elemento corrector a las naturales tendencias a la autorreferencialidad. Otros, los más avisados, intuyeron que eso abría el camino a nuevas formas de representación (tanto la doméstica, como la exterior): ahí acertaron. Y, temerosamente, siguieron instalados en las nieves de antaño. No hay que extrañarse: tampoco Tycho Brahe supo prever que, si estás sentado demasiado tiempo, se puede acabar con una cistitis de tomo y lomo.


Pues bien, aparte de ostentar sin ningún tipo de modestia la acuñación de la “soberanía sindical” debo decir dos cosas: 1) no acabo de precisar el término; tengo claro que la palabra “soberanía” debe estar pero el segundo término parece impreciso. Y 2) la muy noble expresión “una cabeza, un voto”, es inapelable. Ahora bien, supongamos que …


… supongamos que en un centro de trabajo de cien personas hay veinte trabajadoras y ochenta varones; supongamos que la plataforma reivindicativa no contiene nada que reclaman las trabajadoras; y supongamos que se lleva a votación –al ejercicio de la “soberanía”-- ¿no está cantado, de antemano, el resultado no favorable a las veinte trabajadoras? Cierto, no necesariamente la plataforma sería masculinista, pero ¿y si lo fuera? Así las cosas, tengo que seguir dándole al magín.





Radio Parapanda. Nuestro locutor Cronopio del Vasto retransmite esta crónica UN ENCUENTRO SINDICAL MODÉLICO. Joaquim González y otros dirigentes sindicales de FITEQA. Con mis mejores deseas al admirado maestro Isidor Boix.


jueves, 14 de enero de 2010

¿ELECCIONES SINDICALES EN SEPTIEMBRE?


Voces amigas me informan que en septiembre arrancará, de nuevo, el proceso de elecciones sindicales. Ello comportará un dilatado recorrido donde las centrales estarán compitiendo para posteriormente decir, quien haya ganado, que se es el primer sindicato. Se recuerda al personal que el primer sindicato español –unas veces Ugt, otras Comisiones Obreras— siempre ganó por la mínima. Lo que nos lleva a presumir que, también en esta ocasión, las cosas irán de igual o parecida manera, ¿qué nos apostamos?


Hace mucho tiempo que estoy convencido de que dicho proceso es rematadamente inútil. Más todavía, que la forma de representación y el carácter del comité de empresa ya no nos sirven. Lo que fue importantísimo en su día es hoy algo necesariamente prescindible por su desencaje con la nueva morfología del centro de trabajo y por su desubicación de los cambios de la economía global. También porque es un ladronzuelo que roba potenciales afiliados al sindicalismo confederal: ¿para qué y por qué debo afiliarme al sindicato si tengo al comité?


Pero ahora encuentro otros argumentos para mostrar mi ausencia de simpatía. En septiembre (y lo que te rondaré) estaremos todavía metidos en la crisis económica. Ponerse a darle oxígeno al anciano instrumento, el comité, es una ostentosa pérdida de tiempo, especialmente de dinero y esfuerzos. Es más, en la medida que se prepara y organiza la competición, el resto de los grandes problemas pasan, inexorable y desgraciadamente, a segundo plano. Es materialmente imposible que una organización (la que sea) esté metida simultáneamente en un proceso electoral, negociando convenios y ejerciendo, cuando corresponda, el conflicto social y, para complicar las cosas en el contexto de esta crisis económica. Ni Prometeo, con ser Prometeo, es capaz de ello. Un esfuerzo, por otra parte, encaminado a re-crear un instrumento anciano. Así pues, lo práctico sería que los sindicatos acordaran lo menos malo, esto es: aplazar el proceso electoral hasta que pasara este agudo temporal donde los chuzos de los serenos siguen cayendo de punta.


Digo que es lo menos malo porque lo importante es que el sindicalismo confederal procediera a una discusión sobre qué modelo de representación es el más adecuada a partir de ahora. Un modelo de doble estampa: el doméstico o interior del sindicalismo y el extrovertido, a saber, el que se corresponde con el conjunto de los trabajadores, partiendo del centro de trabajo. Ambos modelos, además, ajustando las cuentas de cómo asumir en la práctica (y no retóricamente) las mil y una subjetividades del universo del trabajo asalariado.


Porque lo que ya no tiene sentido es la reproducción, por ejemplo, de la sección sindical de empresa en los mismos términos que concebimos en 1977. La cosa es chocante: todo ha cambiado, pero la forma-sindicato, en sus aspectos domésticos, sigue siendo igual a la de hace treinta y tres años. Tres cuartos de lo mismo ocurre con el venerable anciano, el comité, que mantiene sus poderes y forma de ser de cuando yo era un pollo pera.


En el discurso de clausura del Congreso de Comisiones Obreras, Toxo indició algo parecido al respecto. Pero todo indica que, al menos en esta ocasión, le sucede algo parecido al problema de los grandes reformadores: las rutinas y la pacata prudencia de la masa coral, o sea, de aquellos que se inquietan o asustan de lo que plantea el reformador. Y digo yo: ¿no sería más eficiente que la millonada de dineros que se gasta el sindicalismo en las campañas de elecciones sindicales se dedicara a la extensión de la organización, a la masiva incorporación de trabajadores para que, establemente, den mayor protagonismo a la acción colectiva eficaz?


En resumidas cuentas, lo que vuelvo a plantear es que el sindicalismo resuelva el callejón sin salida en el que está desde hace tiempo en lo atinente a la representación: mientras el sistema productivo y económico se orienta de manera vertiginosa hacia un paradigma radicalmente nuevo, el modelo de representación (tanto el doméstico como el extrovertido) sigue estando en el mismo lugar de hace cerca de cuarenta años. Digamos que esta fidelidad a los orígenes puede ser encomiable pero francamente contraproducente para los problemas de hoy y los que van surgiendo. Yendo por lo derecho, el empecinamiento en mantener el ilustre anciano, el comité, va en detrimento de lo que ya es urgente: conformar una nueva representación sindical así en el centro de trabajo como en las estructuras de cada sindicato.





Radio Parapanda. Canta
Gundula Janowitz el aria "Come scoglio" de la ópera Cosi fan tutte. La más apropiada para el contenido del artículo. Terminada la sintonía mozartiana, la voz de bajo abaritonado de Antonio Baylos informa: GLOBALIZACIÓN ECONÓMICA Y CONSTITUCIONALISMO, bajo la mirada sabia de Paco Puerto, arriba en la foto.




viernes, 8 de enero de 2010

MODELO PRODUCTIVO, SOSTENIBILIDAD ECONÓMICA Y REFORMA LABORAL



El complejo político-mediático tiene dificultades para que el verbo de la Ley de sostenibilidad de la economía, el verbo del cambio de modelo productivo y el verbo de la reforma laboral se hagan carne. Algo falla estrepitosamente porque no es normal que envoltorios tan estridentemente llamativos tengan tantas dificultades para abrirse camino propagandístico. Tal vez haya un cierto cansancio en la recepción de mensajes que bajo su cáscara tienen sabor a castañas pilongas. O quizá que el Gobierno no tiene la credibilidad necesaria para que sus mensajes se sostengan en el tiempo.


Sea como fuere, soy del parecer que el deseado tridente (ley de sostenibilidad, cambio de modelo productivo y reforma laboral) sigue, de un lado, en el limbo de la indefinición y, de otro lado, sin las conexiones suficientes para enhebrar (ni siquiera con los más elementales pespuntes) un proyecto medianamente creíble. Por otra parte, me permito plantear descaradamente: ¿en ese tridente, hablando en términos matemáticos, cuál es la “función” y cuáles las “variables”? Se trata de una pregunta pertinente, que necesita una respuesta capaz de despejar cualquier tipo de ambigüedades.


Echando mano al sentido común, yo diría que la función es el cambio de modelo productivo y, por consiguiente, las variables serían la ley de sostenibilidad y los procesos contractuales permanentes. Cambiar el orden sería lo que, granadinamente hablando, podría calificarse como pollas en vinagre. ¿Quiere decirse, sin embargo, que la reforma de los contenidos de los procesos contractuales debe esperar a las otras puntas del tridente? No tal. Es más, estoy convencido de que lo que se llama convencionalmente las “relaciones laborales” –o, para precisar más, los contenidos de las mismas en la negociación colectiva— sigue siendo un tapón que oblitera la puesta en España (y Europa también) de cualquier cambio a mejor. De ahí que me parezca, dicho con todas las cautelas habidas y por haber, que no hay posibilidad alguna de entrar a fondo en el cambio de modelo productivo, la sostenibilidad económica y la reforma laboral (como un proyecto digno de ese nombre) si no se produce un cambio ordenado de profunda reforma de los contenidos de la negociación colectiva. Ésta, la negociación colectiva, sería la corriente de agua –necesaria, aunque no suficiente-- capaz de generar el remolino del nuevo modelo productivo, la sostenibilidad económica y la reforma laboral.


Una negociación colectiva que, por supuesto, tuviera las mejores conexiones con lo que se dice en
UNA REFLEXION SOBRE LAS REGLAS DE ACTUACION COLECTIVA: PARTICIPACION, NEGOCIACION, CONFLICTO, tal como lo explica con tino el locutor de Radio Parapanda.



sábado, 26 de diciembre de 2009

FLEXIBILIDAD INTERNA EN LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA




Editamos la intervención que nos ha enviado el autor, Juan Manuel Tapia, en el mencionado foro, con el ruego de su publicación.




FORUM ESADE – 30 NOVIEMBRE.
FLEXIBILIDAD INTERNA EN LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA
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Mi intervención y la de Angels son necesariamente periféricas a la de Miquel Falguera [Que, muy aproximadamente, responde a
¿PARA QUÉ UNA REFORMA LABORAL? Nota de “Metiendo bulla”] . Por indicación del equipo coordinador nos centraremos en la identificación, según nuestra experiencia como negociadores, de lo que podemos considerar problemas aplicativos y de desarrollo de la flexibilidad. Hablamos siempre de la flexibilidad interna y negociada. Me referiré solo a 6 problemas o deficiencias de nuestras prácticas de negociación. No es un listado exhaustivo. También, lógicamente, a algunas pistas para trabajar en su solución. Problemas que impiden el desarrollo de todas las potencialidades positivas de la flexibilidad negociada, y hacen que, en muchas ocasiones, las personas tengan una percepción poco receptiva de la flexibilidad.


1.- Hace bien Miquel en analizar en primerísimo lugar la cuestión de si nuestro sistema de negociación colectiva, y especialmente la organización de nuestra estructura de negociación colectiva, es el idóneo para el desarrollo de la flexibilidad. Aquí tenemos un primer problema. La negociación colectiva sectorial, la inmensa mayor parte de nuestra negociación colectiva, es la que regula los mecanismos de flexibilidad, mientras la flexibilidad por su propia naturaleza es un hecho que se concreta y materializa en la empresa.


Con la negociación colectiva de empresa no hay grandes problemas. El convenio colectivo marca grandes criterios de flexibilidad, límites marco y procedimientos, y luego desde las relaciones laborales ordinarias y permanentes, se realizan las concreciones en función de las necesidades. El problema radica en la importante cantidad de convenios sectoriales, que yo denomino “planos”. Que no establecen mecanismos y procedimientos, para que las reglas generales de flexibilidad del propio convenio, se concreten luego en la empresa de forma negociada.


No se trata de impugnar el convenio colectivo sectorial, necesario para establecer las condiciones y reglas generales de competencia en los sectores de actividad, y para la protección mínima del tejido de las pequeñas y medianas empresas. Si no de la ausencia en muchos convenios colectivos sectoriales de instrumentos para el desarrollo y aplicación del propio convenio en la empresa. Agravado por la esquizofrenia de nuestro sistema de representación. El sindicato negocia el sectorial, pero no gobierna su aplicación en la empresa. Por eso para nosotros es importante la previsión, con diferentes mecanismos, de la participación del sindicato en el desarrollo del convenio en la empresa.


En ese sentido es urgente el conocimiento de los acuerdos y pactos que son la sede del desarrollo de la flexibilidad. Por eso el Consell de Relacións Laborals se declara depositario de esa realidad. Hay que ponerlo en marcha.


2.- Un segundo problema, el alargamiento, sin más causa que la debilidad organizativa de patronales y sindicatos, de la vigencia de los convenios colectivos. No son raros los convenios de 4 o 5 años. Agravado por el hecho de que en la mayoría de las ocasiones carecen de ámbitos de negociación permanente y sus comisiones paritarias tienen escasa vida propia.


La flexibilidad negociada que requieren los cambios en los sectores y empresas, cambios de la organización del trabajo y los procesos tecnológicos, cambios rápidos en las coyunturas económicas, no obtienen respuesta desde el convenio sectorial. Son convenios colectivos “ciegos”. La flexibilidad es dinámica y el convenio esta esclerotizado. Por eso es importante que se abran en la negociación colectiva sectorial éstos ámbitos de negociación permanente. Son importantes, también, las experiencias de observatorios y mesas sectoriales, escasas aún, que pueden generalizarse. El desarrollo de la ley de industria de Catalunya será una
oportunidad.


3.- Un tercer problema. Los convenios colectivos sectoriales generales, no terminan de ubicar regulaciones de carácter subsectorial, o profesional específicas. Las reglas de flexibilidad genéricas no responden a las necesidades de ciertas organizaciones del trabajo subsectorial y paulatinamente se pierde identidad con el convenio general. Lo mismo ocurre con ciertos grupos profesionales. Por poner un solo ejemplo, se esta negociando el convenio de enseñanza no reglada. Y tenemos dificultades para regular la flexibilidad en el ámbito de los profesores que prestan servicios itinerantes, fuera de los centros educativos: caso de los profesores de idiomas o de formación profesional que van a los centros de trabajo.


4.- Cuarto problema. La negociación colectiva no termina de hacer de la flexibilidad interna, en todas sus imensiones, una cuestión BIDIRECCIONAL. La flexibilidad para responder a las necesidades del proyecto empresarial, no tiene reciprocidad en la atención a las necesidades de las personas. No hay equilibrio. La flexibilidad debería ser una oportunidad para las personas. Si la organización del trabajo flexible invade los espacios tradicionales de organización de los tiempos de vida, o realiza exigencias y requerimientos nuevos y permanentes en orden, por ejemplo a la formación profesional, o la movilidad, debería en contrapartida, generar derechos personales de autogestión y autoorganización.


Más capacidad de conciliación, o sencillamente, de atención a las expectativas y proyectos de vida de las personas, que son necesariamente diversos. A propósito la conciliación, sigue siendo entendida como la conciliación de la mujer, y corremos un riesgo cierto de que termine apuntalando y consolidando situaciones de desigualdad, sino se avanza en una igualdad efectiva en la organización del trabajo. La conciliación es útil para, si se me permite la expresión, sobrevivir en los sistemas flexibles de trabajo, pero no es la solución de fondo. En este sentido, la evaluación de riesgos psicosociales, a través del método ISTAS-21, conocido como método Copenhague, el único que analiza la dimensión de la doble presencia de la mujer, da resultados devastadores. La buena noticia es que se extiende en la negociación colectiva, este método, como método de referencia.


Existen muchos convenios colectivos, por poner un ejemplo, que no tienen previsiones en relación, por ejemplo, al derecho de las personas a establecer los días de descanso compensatorio a las prolongaciones flexibles de jornada. La flexibilidad negociada es útil, también, para la gestión de la diversidad. Por ejemplo, la diversidad de origen y cultural. De la que el derecho personal a la libertad religiosa, es solo una pequeña parte, aunque sea llamativa. Ya tenemos alguna experiencia en la negociación colectiva o a través de planes concretos de empresa. Pocos convenios colectivos regulan que el esfuerzo formativo, incluso en campos que la empresa no necesita a corto plazo, pero pueden ser conocimientos estratégicos para el futuro del proyecto empresarial, tenga consideración a efectos de la promoción profesional.


Pocos son los convenios colectivos que ante la necesidad de un cambio en la situación laboral, sea de tiempo y horario, de puesto, etc., regule la prioridad de mecanismos de voluntariedad o permuta entre trabajadores. Hay mucho temor, a responder a las necesidades de la gente. Sin embargo, en la primera sesión se nos recordaba que hay sectores de actividad, como la sanidad, donde se han experimentado, tradicionalmente, estos mecanismos, sin problemas. Pocos convenios colectivos regulan que se mida el impacto de los cambios de la organización flexible del trabajo, sean nuevos turnos, cambios horarios, o gestión flexible del tiempo, en términos de movilidad sostenible.

Afortunadamente, empiezan a extenderse experiencias concretas de planes de movilidad sostenible, sea de la mano de nuevas legislaciones ambientales o de iniciativas sindicales concretas. En definitiva, los derechos personales, la persona como tal, debe tener un espacio distinto en la organización del trabajo flexible. No puede ser ya el trabajador despersonalizado del fordismo, que deja su condición de persona a las puertas de la fábrica.


Lo que Joan Coscubiela, con acierto, denominó la flexibilidad con “rostro humano”, estableciendo un paralelismo con la primavera de Praga. O lo que he denominado como “personalización” de las relaciones laborales, que es un concepto diametralmente opuesto a la individualización. Es justo decir, que aquí las responsabilidades empresariales y sindicales, son compartidas. El sindicato es hijo de su tiempo, y el sindicalismo del fordismo era fuertemente ajeno a considerar las diversidades personales, porque lo consideraba una amenaza a las prácticas, falsamente democráticas, del sindicalismo colectivo de las mayorías.


Tenemos tres instrumentos pactados, patronal sindicatos, en el marco del Consell de Relacións Laborals, en este último periodo, como orientaciones a la negociación colectiva, que incorporan algunos de estos criterios. En materia de igualdad y conciliación, en materia de tiempo de trabajo flexible (recuperando y mejorando los contenidos del AIC 2.005) y en materia contratación. Son accesibles en la web del Consell.


5.- Quinto problema. La flexibilidad y su gestión, exigen, por su propia naturaleza, de capacidad de anticipación, capacidad de programación y capacidad de establecer cambios dinámicos en su organización. Si hablamos en serio de flexibilidad negociada, y de hecho así se hace en las experiencias más exitosas de flexibilidad en la empresa, es necesario superar los temores empresariales a la participación sindical en el proyecto empresarial.


Los derechos sindicales legales, son derechos sindicales fundamentalmente “reactivos”, derecho a discutir los efectos de la decisión empresarial, y la negociación colectiva no ha construido, salvo excepciones, nuevos derechos “proactivos”. Si se quiere obtener todo el potencial de la organización flexible del trabajo, es imprescindible abandonar el “tabú” de las potestades unilaterales del empresario y establecer mecanismos de participación para compartir los cambios en la organización del trabajo. De facto, se hace así en materia de prevención de riesgos laborales.


Es necesaria una nueva cultura de compartir, que no excluye la lógica de los intereses contrapuestos. Construir decisiones compartidas, información, transparente, etc.


6.- En sexto lugar. La flexibilidad exige también cambios organizativos y culturales en los propios protagonistas de las relaciones laborales, patronales y direcciones de empresa, y no cabe duda el sindicato.


El empresario debe:


a) diseñar una gestión más inteligente de la organización del trabajo, que lógicamente, debe ser más compleja. No es posible que ha estas alturas la gestión de la flexibilidad se realice a través de horas extraordinarias o contratación temporal injustificada. No es posible que las bolsas de horas flexibles de los convenios colectivos, caben sin ser utilizadas.


b) el problema de las cadenas de mando jerárquicas. Los mejores proyectos se diluyen si la cadena de mando no esta formada en la gestión de la flexibilidad. Son los encargados los que acaban repartiendo horas extras, o ponen dificultades a las necesidades personales.


c) La patronal orgánica debe lograr una mayor implicación de los empresarios concretos.


El sindicato:


Lo comentaba Miquel y estoy de acuerdo, debe perder verticalidad y tejer unas relaciones de trabajo más horizontales, las que corresponden a la empresa constelación o neuronal. Las políticas que hemos denominado de cooperación sindical entre estructuras.


El camino es lento, hemos logrado por ejemplo, no sin resistencias, que se compartan espacios de negociación colectiva entre distintas federaciones sindicales. Pero, por ejemplo, los derechos de representación sindical de las contratas o subcontratas, en la empresa central, de la reforma legal de 2.006, han sido escasamente ejercidos.


El sindicato debe aumentar el conocimiento del proyecto empresarial y su gestión. El sindicato debe abandonar toda práctica que suponga la gestión de la flexibilidad en clave de doble escala de las condiciones de trabajo. Es decir, construir alternativas que supongan mantener un núcleo de trabajadores “inflexibles” y gestionar la flexibilidad a través de un segmento de trabajadores precarios.