miércoles, 16 de mayo de 2007

LA UTILIDAD DE LOS SINDICATOS

Primero. He visto por ahí que se ha publicado un libro en Alemania que es el resultado de un diálogo entre el doctor Karl-Ludwig Schibel y el profesor Oskar Negt. Podría tener, en castellano, como título aproximado “¿Por qué son todavía útiles los sindicatos?”. Me imagino que los sindicalistas de nuestro país pueden encontrar nuevos motivos para argumentar el papel del sindicalismo confederal a la luz de lo que dé a entender este libro, que todavía no conozco. Desde luego, la personalidad de Negt da para eso y mucho más.


Un servidor sólo le ha leído en Kant y Marx. Un diálogo entre épocas

que viene a ser la lección magistral de cuando dejó, por motivos de edad, la vida académica. Un gran texto, ciertamente.


Oskar Negt es uno de los grandes intelectuales alemanes de la Escuela de Frankfurt (discípulo de Adorno): filósofo y sociólogo, cuyo libro “Ciencia obrera en la sociedad tecnológica” (1973) contribuyó tuvo en su época una gran repercusión. Nuestro hombre estuvo algún tiempo como ayudante de cátedra de Habermas. Ahora bien, lo que tal vez no se sepa es que este profesor fue, durante años, uno de los principales sindicalistas de la IG Metall. Es decir, Negt se fajó en las cosas cotidianas y conoció de primera mano la fascinación de ser sindicalista. Pues bien, el libro-entrevista que he mencionado podría ser objeto del deseo de ser traducido y publicado en alguna editorial sindical. Otra hipótesis, tal vez más realista, es que algún personaje influyente (pienso en mi sobrino, Antonio Baylos) hablara con la gente de Trotta --allí tiene mucha mano-- para que lo editaran. Seguro que se vendería como rosquillas... Bueno, eso es lo que hay que decirle al director de la editorial.


Segundo. Desde luego no es muy frecuente que dos intelectuales (y de tanto prestigio) se pongan a conversar monográficamente sobre la “cuestión sindical”: en España, ciertamente, esto sería tan raro como que las ranas criasen pelos. En todo caso es el sindicalismo confederal quien debería interrogarse al respecto. De igual manera, tampoco es frecuente que el mundo de la ciencia y la técnica reflexionen (al menos en público) sobre las cosas del sindicalismo. Abro un paréntesis: debo recordar que una de las explicaciones del espectacular avance del taylorismo fue la tupida red de contactos que Don Federico Taylor tejió, en sus tiempos, con el mundo universitario de todo el planeta.


La conversación entre Nagt y Schibel, como se ha dicho, gira en torno “a la utilidad del sindicalismo” en estos tiempos que corren. Lo que, a simple vista, podríamos llegar a una primera aproximación: ¿no parece conveniente que ha llegado la hora de establecer algo así como unos puentes de diálogo entre el sindicalismo y el mundo de la ciencia y las humanidades? Esto es, la apertura de un espacio de conversaciones entre los saberes académicos y los conocimientos empíricos de la acción sindical? Es cierto que nunca fue fácil, y es más cierto todavía que siempre hubo –aunque disfrazados de cordialidad o simulaciones-- una tensión, explicitada o no. Ahora bien, tengo para mí que los grandes problemas del mundo contemporáneo no pueden ser abordados de manera unilateral por el sindicalismo. De ahí su necesidad de abrir (formal o informalmente, ¡doctores tiene la Iglesia!) ese puente con la economía y la sociología, con el derecho y la medicina, con la filosofía y las disciplinas técnicas. Nagt y Schibel nos envían, a mi parecer, algo más que un guiño. De ahí la propuesta de que una Orden mendicante insista en la publicación de esta singular conversación: la de dos intelectuales que “son de los nuestros”.


¿Hay algunas experiencias acerca del nuevo diálogo que se propone? Claro que sí, y algunas de ellas están ya muy consolidadas. Por ejemplo, la Fundación Sindical de Estudios es un ejemplo maduro: casi semanalmente celebra coloquios de alto nivel con intelectuales y científicos de alto copete. Sobre el mundo de la vivienda, acerca de la sanidad, en torno al Derecho del Trabajo, con relación a la juventud. Y, sin ir más lejos, a las cosas de la información: Iñaki Gabilondo estuvo el otro día dando una conferencia en la mencionada Fundación. Me atrevería a calificar como extrovertidas esas maneras de relacionarse con el universo que no es el sindicato. O sea, puede haber sequía en algunos lugares, pero en otros tiene vigencia la famosa copla de Los cuatro muleros, que inigualablemente cantó Pepe Marchena: “está lloviendo en el campo, mi amor se moja”.


Nota . La foto de arriba nos ofrece la prestancia de Don Pablo, XV Barón de Parmisán, con su encantadora esposa en la puerta de la hidalga casona.

viernes, 11 de mayo de 2007

EL "ERGA OMNES" EN EL CONVENIO COLECTIVO y FEDERICO DURAN (2)



Seguimos con el asunto de ayer. Pero, en esta ocasión, intentando entrar un poco más en el artículo de Federico Durán (Catedrático del Derecho del Trabajo y socio del Gabinete Garrigues) que acompañaba a mi redacción de ayer.



La no tan novedosa tesis del académico y mánager Durán se centra, especialmente, 1) en escorarse hacia la autonomía individual en la negociación colectiva; y 2) en calificar la forma-convenio como corporativa, como residuo (afirma) de épocas trasnochadas. En todo caso, debemos agradecer a Durán que no haya utilizado, en esta ocasión, el sobado término ‘moderno’.



De ahí que Durán arremeta contra el Tribunal Constitucional: “en las relaciones de trabajo, el contratante individual desaparece y no cabe un acuerdo de voluntades que, sin destruir el marco general pactado en el convenio, fije condiciones específicas en beneficio de ambas partes”.



Atención a la sintaxis duraniana, está indicando algo más que un contraste: habla de “acuerdo de voluntades”. No hace falta ser tan quisquilloso como Wiitgenstein en la utilización del lenguaje para oler que ese “acuerdo de voluntades” está apuntando a una orientación más mercantilista que iuslaboralista. Lo que no debería, ciertamente, extrañar en un mánager que se precie. Y comoquiera que Jano Bifronte guardaba dos puertas, maquillamos el viejo refrán: casa de dos puertas es difícil de compatibilizar. Yendo por lo derecho: Durán apunta a la desforestación del iuslaboralismo en los términos más duros del Libro Verde del Derecho del Trabajo europeo. Si se marcha por esa vía –esto es, transitar del contrato colectivo “erga omnes” al individual “acuerdo de voluntades”-- lorquianamente hablando, Weimar se disfraza de Minessota para no infundir sospechas. Y, de otro lado, el paisaje cambiaria radicalmente. Explica el amigo Walter Cerfeda –uno de los dirigentes más lúcidos de la Confederación Europea de Sindicatos— que: “en los nuevos Estados adheridos a la Unión Europea, la contratación de trabajadores con contratos no colectivos --es decir, individuales de tipo mercantil— se ha convertido en la forma habitual”. Se supone que mediante un “acuerdo de voluntades”; naturalmente siguiendo para los de arriba el lema de “esto es lo que hay o lo tomas o lo dejas” y para los de abajo la resignación del “menos da una piedra”. Lo uno y lo otro fue, en tiempos pretéritos, la fundamentación de la emergencia del Derecho del Trabajo.



Según Durán el convenio colectivo es una reminiscencia corporativa del pasado. La simulada tosquedad del argumento indica que el acuerdo colectivo es uno de los vestigios del fascismo italiano (Carta del Lavoro, mussoliano) y del fascismo franquista (Fuero del Trabajo). Con lo que, rebus sic stantibus, hay que ir a uñas de jaca –y con dosis de matacaballo-- a la individualización plena de la negociación en clave mercantil. Lex mercatoria versus iuslaboralismo. O sea, la puerta de estribor a donde mira una de las caras de Jano.



Concluyendo: la mejor manera de salir al paso –no digo ya de los remiendos escolásticos de Federico Durán sino esencialmente de los planteamientos contraforestales del Libro Verde-- es conformar una negociación colectiva basada, como decíamos ayer, en la equidiversidad, entendida como un proyecto donde tendencialmente la equidad y la diversidad formen parte del mismo todo. Que esté sustentada en normas claras, obligatorias y obligantes, para que lo general no devore la diversidad.



Por último, me permito un aviso para navegantes, recurriendo a la experimentada voz de un sindicalista con mando en plaza y que sabe de qué va el asunto: “...mucho ojo con infravalorar este asunto [el Libro Verde]. El Libro Verde abre una de las páginas más necesarias, pero también las más peligrosas de nuestra historia reciente. De ahí que nuestra orientación y vigilancia deber ser sin precedentes”. Es el amigo Walter Cerfeda que posiblemente sale al paso de posturas de cierta galbana sindical o de algunos descuidos involuntarios. Y luego algunos desenfadados dirán que las cúpulas no están demasiado al tanto de las cosas... Choca esos cinco, Walter. Un día hablaré de hasta qué punto este hombre nos ayudó, siendo un prestigioso dirigente de la Cgil piamontesa, al movimiento de los trabajadores de Catalunya.

jueves, 10 de mayo de 2007

EL "ERGA OMNES" EN EL CONVENIO COLECTIVO (1)





Bruno Trentin con un grupo de músicos de la Banda Municipal de Parapanda en la sede del Omnium Musical "Pilica Bulla" de la mencionada ciudad.






Al igual que Jano Bifronte, Federico Durán (Catedrático de Derecho del Trabajo y socio del Gabinete Garrigues, tal como reza su propia firma en los importantes trabajos que realiza) publica un interesante artículo en la revista “Cinco días”. Las reflexiones de Durán parecen corroborar lo que decíamos hace unos días sobre la desforestación que propone el Libro Verde del Derecho del trabajo europeo. Abajo del todo se reproduce el mencionado artículo que nos propone algunas meditaciones, obviamente en una dirección opuesta, claramente contraria a los planteamientos de Durán. Pero...



Sé por experiencia propia que, cuando no se está debidamente al tanto del pluralismo categorial y personal del universo del trabajo, algunos grupos asalariados, al no verse atendidos de manera conveniente en las negociaciones colectivas, se escapan de la confederalidad del sindicalismo confederal y acaban organizando otras organizaciones sindicales o parasindicales. Dos ejemplos que, no agotando el listado, son suficientemente representativos: 1) la creación de un sindicato de taquilleras en el Metro de Barcelona hace muchos años; 2) el nacimiento del sindicato de maquinistas en Renfe, también hace ya algunos lustros. Comoquiera que el sindicalismo confederal no atendía adecuadamente la condición asalariada de tan numerosos colectivos (o estos no percibían la utilidad del resultado de las negociaciones colectivas), dichos grupos se marcharon hacia otros horizontes y fundaron sus propias estructuras estrictamente profesionales. El desparpajo de la época llevó a tildarlos de corporativistas, pues es sabido que la invectiva siempre resulta menos fatigosa que ponerse a pensar en las propias responsabilidades. No tuvimos en cuenta las reflexiones de Giuseppe Di Vittorio que, ante una derrota clamorosa de su propio sindicato confederal, afirmó ante una multitudinaria asamblea: “Cierto, los otros no tienen razón: los empresarios no tienen razón. Pero si nuestras responsabilidades en esta derrota sólo fueran del cinco por ciento, esta pequeña culpa se convierte en nuestro cien por cien. Porque depende totalmente de nosotros mismos”. Bien, pongamos por caso (como hipótesis) que los que se escapan de la órbita confederal son unos corporativos y unos peseteros en un 95 por ciento, ¿en que se traduce nuestro cinco por ciento? Ese cinco por ciento es, dígase y piénsese, toda nuestra responsabilidad. Y, así las cosas, cuando la plataforma reivindicativa y el resultado final de la contractualidad es absolutamente homogéneo (y no atiende las diversas situaciones categoriales e incluso personales) está cantado el éxodo de grupos tendencialmente numerosos hacia otras derivas. Chiringuiteras o no.



Como estoy hablando con pocos pelos en la lengua (y así seguirá siendo), me interesa dejar tan claro como el agua clara y tan espeso como el chocolate espeso que no me estoy refiriendo al caso concreto al que se refiere Federico Durán. Aludo a los planteamientos de este caballero, eso sí, sobre el mencionado caso que motivaron contrapuestas sentencias: de un lado, las del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y el Tribunal Supremo, contrarias al sindicalismo; de otro lado, la del Tribunal Constitucional que, afortunadamente, desautoriza a los anteriores tribunales y es favorable al sindicato. Repito: las cosas claras y el chocolate espeso.



Pero... El sindicalismo confederal debe seguir reflexionando sobre qué quiere decir ahora (y a partir de ahora) su condición de sujeto colectivo, su acción colectiva. Y para que siga siendo de esa manera precisa repensar y llevar a la práctica el encaje de lo colectivo en lo diverso. El sindicalismo confederal debe fijarse en los sastres antiguos que transformaban un conjunto de retales en trajes y vestidos. Es decir, el sindicalismo confederal como artesanía inteligente. Pero no especialmente para evitar que se le escapen conjuntos asalariados, sino porque necesariamente debe cumplir con sus adecuadas funciones de representación de intereses de todo tipo. Esto es, debe tener en cuenta que el “erga omnes” ya no es (¿lo fue alguna vez?) un conglomerado de personas indiferenciadas.



Experiencias hay en la acción colectiva del sindicalismo confederal que indican el avance de la tutela global en sus diversidades. Cierto, son pocas. Pero si se “revisitan”, se caerá en la cuenta de que es posible su mayor generalización. Hay experiencias, digo, en la elaboración de una plataforma reivindicativa donde se conjuga lo colectivo con los deseos y necesidades de los diversos grupos que, cada vez más, conforman el “erga omnes” particular de cada convenio colectivo. Y de tales plataformas surgen acuerdos finales de, mayor o menor amplitud y consistencia, siempre bajo la mirada caprichosa de Doña Correlación de Fuerzas, claro está.



Así pues, repensar el carácter colectivo del sujeto sindical requiere unos códigos de comportamiento y unas normas obligatorias y obligantes para la elaboración de la plataforma y el final del recorrido negociador. Por ejemplo, en un centro de trabajo que cuenta con una plantilla de un cierto número de discapacitados ¿se puede votar mecánica y administrativamente una plataforma y un preacuerdo de convenio que no cuenta con las necesidades de dicho colectivo porque es numéricamente inferior al resto y afirmar, a continuación, que la mayoría es la que cuenta democráticamente? Sabemos (otra cosa es lo que se hace o se haga) que eso no sería justo. Al principio de “una cabeza, un voto” hay que introducirle unas variables de calidad en no pocos casos. Para ello el sindicalismo debe orientarse hacia una tutela de equidiversidad. Entiendo por 'equidiversidad' la cultura (proyecto y práctica, ligados inseparablemente) que vincula la equidad y la diversidad. Porque la tendencia a la equidad del convenio colectivo “erga omnes” debe contar con la atención a la diversidad. Ojo: equidad y diversidad no son dos variables sino el mismo polinomio. No son dos caras de Jano Bifronte, es la misma cara.



Post scriptum. A Federico Durán le molesta “lo colectivo”. Una de las puertas que vigila Jano Bifronte le produce ictericia. Vale, dése lo suyo a cada puerta. Dése al Derecho del Trabajo lo que es suyo y a Garrigues lo que le corresponda. Pero... Pero o el sindicalismo repiensa el “erga omnes” o Garrigues se sale con la suya. Como dejó cantado Raimon (el filósofo de Xàtiva): Tu ja m’entens, tu ja m’entens, tu ja m’entens...



La corporativización de las relaciones laborales


Federico Durán López*

La reciente anulación, por parte del Tribunal Supremo, de los acuerdos individuales de fijación de horarios laborales distintos de los del convenio colectivo, suscritos por una entidad financiera con algunos de sus trabajadores, tiene una importancia trascendental para nuestras relaciones laborales.

Y la tiene porque, junto a poner de manifiesto algunas cuestiones pendientes (el carácter normativo del convenio colectivo; el papel del Tribunal Constitucional), supone un paso más en el proceso de colectivización de nuestras relaciones laborales, que las va haciendo cada vez más corporativas y más alejadas de los principios inspiradores de una economía de mercado y de un sistema de libertades individuales.

El caso podría parecer anecdótico: razones productivas objetivas y plausibles, el lanzamiento de un nuevo plan comercial que exige atención a los posibles clientes en horarios distintos de los que rigen con carácter general para el sector, llevó a la empresa a plantear una negociación al respecto con los sindicatos. El retraso, o la falta de resultados de la misma, provocó la oferta individualizada a los trabajadores que podrían prestar esos servicios. Oferta que llevaba aparejados beneficios, en términos económicos y de tiempo de trabajo, que fue aceptada por una serie de trabajadores.

El recurso de un sindicato contra esa actuación dio lugar a sendas sentencias, del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y del Tribunal Supremo, que rechazaron las pretensiones sindicales. Sin embargo, el Tribunal Constitucional concedió el amparo solicitado, anuló ambas sentencias, al considerar vulnerado el derecho a la negociación colectiva y por tanto el derecho de libertad sindical, y determinó que se dictasen nuevas sentencias que, acogiendo la doctrina de este tribunal, terminan por dar la razón al sindicato recurrente, considerando que los pactos individuales vulneraron su derecho a la negociación colectiva.

La colectivización que resulta de ello es innegable: no hay espacio, aunque retóricamente se diga, como dice el Tribunal Constitucional, lo contrario, para la autonomía individual. En las relaciones de trabajo, el contratante individual desaparece y no cabe un acuerdo de voluntades que, sin destruir el marco general pactado en el convenio, fije condiciones específicas en beneficio de ambas partes. El trabajador es un objeto que ha de recibir la protección sindical, no es un sujeto que pueda pactar en un determinado momento condiciones laborales específicas, ni siquiera, como dice el Constitucional, aunque éstas sean más beneficiosas que las del convenio. Es el origen individual lo que se estigmatiza. Sólo la colectivamente acordada es verdadera protección para los trabajadores.

En el fondo de estos planteamientos subyace la concepción corporativa del convenio colectivo que le atribuye naturaleza normativa. En las condiciones económicas actuales y en unas relaciones laborales democráticas, seguir con la antigualla corporativa del valor normativo del convenio es una fuente de inflexibilidad y de dificultades de gestión empresarial que explica muchos de los males de nuestras relaciones laborales y que alimenta los intentos de huida de las relaciones indefinidas y la creciente externalización de actividades productivas.

Se confunde la fuerza vinculante del convenio, como contrato colectivo que es, sobre los contratos individuales, con la anulación de la libertad contractual individual. Y se confunde la prohibición de modificar lo pactado colectivamente a través de acuerdos individuales, con la fijación, en el seno del convenio, de condiciones individuales distintas, que no afectan a su vigencia global. Dejando ahora las sutilezas jurídicas, sostener que se vulnera el derecho a la negociación colectiva de un sindicato porque 18 trabajadores, en una plantilla de más de 2.000, suscriban un acuerdo individual de horarios no deja de ser algo que choca con el sentido común.

Por otra parte, se pone de manifiesto también la necesidad de revisar las funciones y las competencias del Tribunal Constitucional. De manera creciente, y con una interpretación extensiva del amparo constitucional (el derecho a la negociación colectiva no lo tiene, y no deja de ser una pirueta interpretativa considerar que si se vulnera ese derecho se está vulnerando también el de libertad sindical, que sí puede ser protegido en amparo), el tribunal viene asumiendo un papel de interpretación y aplicación de la legislación ordinaria que no le corresponde. Y lo hace desde una cierta torre de marfil académica, alejada de los problemas reales del mundo de la empresa y de las relaciones laborales, sentando una doctrina propia, basada en los principios constitucionales, en la que la letra de la ley no deja de ser un dato interpretativo más.

La desconfianza en la adhesión constitucional de los jueces pudo justificar, en la transición, una configuración del recurso de amparo como la que se realizó. Hoy eso ha dejado de tener sentido, si alguna vez lo tuvo. Son los jueces y tribunales ordinarios los que han de aplicar los preceptos constitucionales y los que han de garantizar la tutela de los mismos.

Puede crearse una sala de amparo constitucional en el Tribunal Supremo y un procedimiento específico, pero el Constitucional debe limitarse a juzgar la constitucionalidad de las leyes y a resolver los conflictos de competencia. Lo que nos evitaría situaciones como la recientemente vivida, cuando la urgencia, cuya concurrencia o no justifica el recurso al decreto ley, es apreciada por el Tribunal Constitucional cinco años después de su aprobación (y sin efecto práctico alguno).

*Federico Durán López. Catedrático de Derecho del Trabajo y socio de Garrigues

jueves, 29 de marzo de 2007

AHORA UN BUEN CACHO DE EUROPA SOCIAL (2)



Cipriano García, "Cipri", flanqueado por admiradores. Según fuentes regularmente desinformadas podría tratarse de una manifestación en Barcelona.



Hace días proponíamos “una pizca” de Europa social. De ninguna de las maneras nos conformamos con ese trocito, más bien era una indicación con dos propuestas concretas que son factibles y, desde luego, necesarias. Naturalmente el Congreso de la Confederación Europea de Sindicatos debe ser más ambicioso. De momento le ha llegado una propuesta reformadora desde Comisiones Obreras. Se trata de la conformación de un espacio europeo de relaciones laborales. O, lo que es lo mismo, la convencional arquitectura ‘institucional’ que permita gradualmente el juego contractual de los representantes sindicales y empresariales o, como se dice de manera almibarada, de los agentes sociales. Interpretando aproximadamente bien a Javier Doz podemos ofrecer la justificación de la propuesta y algunos de los contenidos más sobresalientes de la misma.

Concretamente: la CES debe permanecer atenta a la ofensiva contra el modelo social europeo, caracterizado por legislaciones laborales avanzadas, sistemas de negociación colectiva y diálogo social eficaces, sistemas de protección públicos y universales ante contingencias vitales y laborales básicas: desempleo, jubilación y salud. A estos derechos sociales, considerados en la mayor parte de los países europeos como derechos subjetivos, se añadieron otros atendidos por servicios sociales públicos o gestionados públicamente, algunos tan importantes como los de atención a las personas dependientes. La educación obligatoria y gratuita para todos, impartida por regla casi general en sistemas públicos de enseñanza, también ha sido considerada una de las componentes esenciales del modelo, que se ha recrudecido tras la ampliación de la UE, al constatarse las notables diferencias nacionales, diferencias que inciden en la existencia de grados de desigualdad e inclusión sociales bastantes diferentes (aunque no tan notables como en otras regiones del mundo) y que se extienden al terreno de la fiscalidad (modelo y presión fiscal). La falta de armonización de la UE en este campo es una de sus principales debilidades y factor de riesgo permanente para el modelo social europeo.

Una lectura atenta de las propuestas de otros sindicatos me lleva a una primera conclusión: el espacio europeo de relaciones laborales me parece la ‘enmienda’ más sobresaliente que hay encima de la mesa del congreso de la CES. Y, abusando de la jerga del cineasta José Luis Garci, la que contiene mayor fisicidad. Porque, de un lado, puede convertir al sindicato europeo en un sujeto colectivo con poderes para ejercer una adecuada representación del conjunto asalariado; y, de otro lado, se iría transformando la actual personalidad de la CES (como ‘coordinadora’, hemos dicho en otra ocasión) en una organización tout court.

Esto último es lo que no vemos con claridad en los documentos que ha preparado la comisión preparatoria del congreso. En los documentos hay una preocupación justa: el fortalecimiento organizativo de los sindicatos de los Estados nacionales. Nada que objetar, ¡faltaría más! Pero esta es una (ineludible) tarea que compete a estos sindicatos; a la CES le debe preocupar otra cosa, que no es ‘complementaria’ a lo anterior sino algo de primer orden: gobernar su transición desde ‘la coordinadora’ al sujeto colectivo con plenos poderes de representación y negociación. Por supuesto, con una estructura federal.

Ahora bien, la buena propuesta de Comisiones Obreras tiene una –no sé cómo decirlo: ¿animadversión?-- fuerte dificultad: la patronal europea no está por la labor. Debo aclarar que no estoy echando las culpas al empedrado, ni tampoco tirando de mano de un recurso más o menos tradicional. Y lo explico de la siguiente manera. Del mismo modo que la CES es ‘una coordinadora’, la patronal europea es algo parecido: un disperso colectivo gelatinoso sin poderes. La diferencia, sin embargo, es clara: la CES quiere ser un sindicato europeo (aunque no sabe cómo), mientras la patronal europea no quiere serlo, y por lo tanto no se plantea cómo serlo.

La patronal europea no quiere ser una organización tout court, porque en esta etapa de reestructuración-innovación le llevaría a compartir (cierto, de manera asimétrica) poderes con la contraparte sindical. De manera que piensan así: si nosotros, empresarios, podemos gestionar unilateralmente esos procesos y estos cambios que están en curso, ¿a santo de qué vamos a compartir nuestra discrecionalidad con los sindicatos? Es una argumentación potente que tiene sus más hondas raíces en la naturaleza del Poder (de los poderes), formulada de manera brillante por don Federico Taylor: si mi diseño de la organización del trabajo es científico, los sindicatos no pintan nada en ese escenario. A lo sumo que estarían dispuestos es formalizar eso que se llama diálogo social.

No tengo nada en contra del ‘diálogo social’. Pero, en los tiempos que corren, se está convirtiendo en una chuchería o, si se prefiere, en una baratija que tiene como intención soslayar el poder contractual. Porque, hasta donde mi sesera alcanza (a pesar de los años), una cosa es dialogar y otra negociar. Así pues, la necesidad de dialogar no se traslada, naturaliter, hacia la mayor necesidad de negociar. Bien están los ‘códigos de conducta de buenas prácticas’: nada que objetar al respecto. Pero, andando el tiempo, podrían esconder (y convertirse en placebos) la necesidad de incrementar el poder contractual del sindicalismo.

La patronal europea, pues, prefiere utilizar discrecionalmente su ius variandi, porque entiende que el Derecho laboral siempre es una interferencia. Porque, aunque el clásico dijera que “el Derecho laboral da voz a los trabajadores, pero también se la quita”, la ecuación de poco derecho laboral parece ser la más conveniente en la tradicional gestión empresarial que sigue anclada en el viejo taylorismo.

De ahí que la propuesta de Javier Doz (repito, sé que es una propuesta colectiva, pero este sindicalista se merece más lustre y personalización) sea importante. En todo caso el órdago reformador está encima del congreso sevillano de la CES. Si no se aprueba, el encuentro sindical europeo quedará por lo bajinis. Y si es asumido, el camino no será fácil: toda una áspera caminata se pondrá en marcha. Pero, poquito a poco, a través de ese espacio europeo de relaciones laborales podrá generar señas de identificación comunitaria entre una trabajadora de Parapanda (una ciudad a doscientos kilómetros de donde se realiza el congreso) con un trabajador de Milán, de un trabajador de Hamburgo con una de Glasgow, de un empleado de Calella con una de Bratislava, y así sucesivamente. Cosa que conviene a la construcción de Europa.

Postscriptum. Se encarga a Juanito Moreno que concrete con Emilio Gabaglio el día y la hora que vendrán a Parapanda; la comisión de festejos les ha organizado una buena en los terrenos sindical, cultural y gastronómico.

martes, 27 de marzo de 2007

DOS PROPUESTAS FACTIBLES PARA UNA PIZCA DE EUROPA SOCIAL (1)


Estamos a la vuelta de la esquina del año 2009. En esas fechas se darán dos acontecimientos: uno, habrá elecciones al Parlamento de Estrasburgo; dos, los viejos países miembros del patio de vecinos europeo deberán eliminar las restricciones –a menos que se inventen alguna triquiñuela-- a la libre circulación de los trabajadores de los nuevos países. Por cierto, la Presidencia estará en manos de Chequía y su lema será, al parecer, “Una Europa sin barreras”.


Es de esperar que el Congreso de la Confederación europea de sindicatos (Ces), que se celebrará dentro de unos días en Sevilla, dará un impulso al proyecto de la Europa social. Y, como dijimos ayer, también es deseable que el sindicato europeo proponga un mínimo común divisor de tutelas y protecciones sociales que, apoyadas consecuentemente, vayan creando razonables parcelas de welfare. La Ces, afirmábamos ayer, no puede continuar siendo una oficina de registro de lo que hacen los sindicatos de los diversos Estados nacionales. Ahora bien, mientras los congresistas deciden lo que estimen conveniente, por mi parte me permito hacer dos propuestas que son objetivamente una pizca de Europa social. Pero, antes de meterme en harina, séame permitida una justificación de las mismas.


El cuadro que regula la libre circulación de trabajadores está todavía lleno de agujeros y de cuestiones que precisan una pertinente aclaración. Especialmente en todo lo que se refiere a las cuestiones del welfare. Y faltan instrumentos de protección y tutela tanto por parte de las empresas como de las Administraciones públicas, piénsese por ejemplo en la ausencia de eficaces “redes de seguridad” como interferencia de las fricciones y estropicios de los mercados. En base a ello, pienso que sería factible poner en marcha antes de 2009 estos dos propuestas, esta pizca de Europa social.


La primera. La puesta en marcha de una directiva que haga obligatorio para todos los países miembros de un esquema de renta mínima garantizada. Aclaro: no estoy pensando en el planteamiento del basic income que defienden entre nosotros los profesores Antoni Domènech y Daniel Raventós, muy cercano al de Phillipe van Pariijs. Pienso en algo similar a la renta mínima de inserción que, negociada por los sindicatos catalanes en mis tiempos, se convirtió en ley del Parlament de Catalunya.


La segunda. Iría en la dirección de lo que apunta Global Adjustment Fund (GAF). Se trataría de un fondo que debería erogar prestaciones a los trabajadores afectados por despidos colectivos como consecuencia de las fluctuaciones del comercio internacional.



¿Qué cómo se financia todo ello? Pero, hombre ¿tengo que ponerlo yo todo? Por el amor de Dios, pon tú el resto. Gracias.



Naturalmente se trata de “una pizca”. Pero en todo caso algo más concreto que los planteamientos gelatinosos de las declaraciones, como la última, de la Comisión europea. Que por lo general le dan a la manivela de la retórica y, si rascas, sólo encontrarás que dicen: “Costa, la de Levante; playa, la de Lloret”, posiblemente en homenaje a la ópera Marina, del maestro Arrieta.



Parapanda, Marzo de 2007

Proyecto de Programa Estratégico y Plan de Acción



jueves, 15 de marzo de 2007

OTRA CONVERSACION PARTICULAR CON ANTONIO BAYLOS.



Trío Moderadamente Sinárquico (TMS) a la espera de ir a comer en el Bar Chiquilín (de Parapanda). Nadie como la Señora Alconchel, mamá de Rafael, ha cocinado el chotillo a la campera: se sabe que Arzak y Ferran Adrià fueron sus más aventajados alumnos. A sus pies, señora.



Querido Antonio:



Te diré que amigos, conocidos y saludos me han hablado la mar de bien de tu artículo Después del 11 de Marzo... que publiqué en esta tu casa, compartiéndolo con el blog
http://baylos.blogspot.com que, por cierto, está siendo muy comentado en estas tierras de Parapanda. Compartimos, como no podía ser de otra forma, lo que escribes y, además, nos hacemos las mismas preguntas sobre el Partido Popular. Es decir, también nos interrogamos sobre:



¿Hasta dónde está dispuesto a llegar – y hasta dónde realmente puede llegar – esta estrategia de movilización de militancia que ha puesto en práctica el Partido Popular y sus asociaciones satélites?



Te trascribo lo que, aproximadamente, fueron nuestras conclusiones, después de una tertulia que tuvimos en el Círculo Cultural Manuel Vázquez Montalbán. Algunos allegados quieren que vengas a Parapanda a conversar sobre el asunto, pero antes –para estar bien preparados y elevar el tono de nuestro coloquio contigo-- nos gustaría que nos dieras tu opinión sobre lo que me encargaron que te comunicara.



El proyecto de renacionalización del Partido popular es materialmente imposible, al menos en los términos que lo plantea su (numerosa) fracción apostólica. Así es que, sabedores los más doctos de ello, intentan otra cosa. Ahora bien, lo primero es lo primero: ¿por qué es materialmente imposible la renacionalización del Partido popular à la Aceves? Primero: porque el Estado nación ya no es lo que era. Es cierto que todavía sigue siendo algo imponente, pero comparado con antaño es pura herrumbre. Segundo: los procesos en curso de la globalización impiden esa vuelta atrás. Ni lo uno ni lo otro, sin embargo, impedirán manifestaciones físiparas, ni tampoco una descomunal ingesta de bicarbonato por nuestra parte.



Recuerdo, por si le falla la memoria a alguien, que estoy hablando del proceso de renacionalización que tiene en la cabeza Aceves y las cohortes de diverso pelaje que ahora le acompañan visiblemente. Hoy no es posible, nos parece, que cuaje un proyecto de por el Imperio hacia Dios. De donde inferimos que no cabe una concepción escatológica o, si quieres, teleológica de “España”. Por otra parte, la alianza entre –dicho en homenaje al inolvidable Jean Ferrat. ¿te acuerdas de él, Antonio?-- le sabre et le goupillon? Los sables están en su lugar, descansen; y los hisopos ya no tienen mando en plaza. ¿Es improvisada, Antonio, nuestra conclusión de que el Pp está construyendo conscientemente una aporía?



Yendo por lo derecho, si dicho partido está construyendo ese callejón sin salida será por algo. El tito Ferino (tu amanuensis cathedra) apuntó una hipótesis. Este representante del ramo de Artes blancas, sector Pastelería fina, apuntó lo que sigue: “esa” gente apunta a algo más que a volver al gobierno. Apunta a, por lo menos, tres cosas. 1) Que no avancen las conquistas democráticas en lo que Ferino llama los nuevos derechos cívicos; 2) arruinar el Estatuto de Autonomía de Cataluña, tenga éste el contenido que tenga; 3) que no haya gobierno alguno que arregle el problema de Eta, pues se cree que él y sólo él está llamado a ese cometido. Hablando en plata, este es el triángulo escaleno al que apunta el Partido popular. Naturalmente, si vuelven a tomar las riendas del gobierno, mejor que mejor. Claro, no olvido que para la clase política, de manera indiferenciada, tener el poder es un objetivo en sí mismo. Pero, tengo para mí que la escalada de una presión tan recurrente, amén de la trama de alianzas con los altos funcionarios eclesiásticos –o sea, lo que está sucediendo-- apunta a lo que Ferino llama el triángulo escaleno.



De momento, me callo. Porque espero tus observaciones (previas a tu visita a esta plaza) y porque, si nos aproximamos a un razonable diagnóstico, estaremos en mejores condiciones para abordar el “hasta dónde quiere y puede llegar el Partido popular”. Te saludo, a la parapandesa: con tres repiqueteos en la espalda. Pepe Luis López Bulla


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HABLA ANTONIO BAYLOS


Monseigneur:


Muchas gracias por la oferta de acudir a Parapanda a hablar de la cosa pública y ciudadana. Acepto encantado y a disposición plena.


Haces una serie de reflexiones a medias con mi eficiente amanuense que es difícil contestar. Hay un elemento sin embargo que quiero destacar y es el distanciamiento con la presencia tremenda del PP movilizado en Madrid, que hace que la mitad de mis contertulios sean mucho mas alarmistas e invoquen continuamente el pasado (no tan) remoto, ignorando que, como ha dicho un libro reciente, el pasado tiene instrucciones de uso que si no se siguen correctamente, invalidan sus lecciones.


Desde aquí - esa capitalidad tan gris - y dejando aparte los fantasmas del pasado, con lo que se relaciona esta estrategia es con la conciencia clara de los dirigentes PP - el triángulo Rajoy, Acebes, Zaplana - de que o ganan en el 2008 o son pasto de los jóvenes alevines liberales que preparan con alegría los útiles de Hannibal Lecter.


Pero yo concuerdo con el sabio Ferino en que este es un elemento interesante para explicar la calidad interpretativa o la pasión en la pronunciación del discurso, pero no para indicar el sentido y la proyección real del mismo.


En síntesis, el triángulo escaleno de Ferino es acertado, pero si creo que existe un proyecto más general de re-estatalización y de apostolado a nivel general, que se manifiesta en la necesidad de descarrilar los nuevos derechos civicos y en el anticatalanismo feroz que además encuentra complicidades en CLM, Extremadura y Andalucía, por señalar los territorios de los tres ex-tenores socialistas, pero donde ese discurso es muy vivo. Es sin embargo cierto que el sable descansa, pero el hisopo está en pie de guerra y el PP ha descubierto que el poder judicial le puede servir de forma diferente que el militar, pero con las mismas finalidades. El trabajo institucional que ha hecho entre los jueces es impresionante y el retroceso de las garantías por vía del juez (des)garantizador es clarísimo.


Hay por fin otro terreno muy importante que también quieren llevar a regla general - estatal, que es la relativa a una armoniosa mezcla entre urbanismo productivo y privatización de servicios públicos, objetivo que requiere acabar con obstáculos autonómicos como el catalán - y previsiblemente el vasco - en donde la autonomía política se enfrenta a esta homogeneización de los mecanismos de enriquecimiento y de privatización a través del mercado. Este asunto creo que forma parte también de la renacionalización a lo apostólico de Acebes y cia, aunque desde luego es más "moderna" - en el sentido del libro sobre la tortura que mencionas en el ultimo Metiendo bulla y que me ha puesto también los vellos como escarpias - y forma parte del patrimonio de las Esperanzas Aguirres y sucesivos caníbales.


Es decir, que al triángulo escaleno le añado algunas precisiones más del discurso que oculta un proyecto muy radical y, en ciertas partes desde luego irrealizable, una aporía como señalas tan precisamente. Pero eso solo a bote pronto, urgido por el hambre y apresurado ante una cita que dos amigos iusfilósofos - de gran estómago y buena cabeza - me han dado en la conocida cervecería Villas, lugar otrora donde recalaban personajes de la malavita madrileña como Juan Terradillos o yo mismo, entre otros truhanes.


Abrazos en la radiante mañana del 14 de marzo

Antonio

lunes, 5 de marzo de 2007

EL LIBRO VERDE Y EL DERECHO DEL TRABAJO: No es eso, no es eso

Nota Editorial. He aquí el, posiblemente, el mejor trabajo que se ha hecho hasta la presente sobre el tema. Y según voces aproximadamente imparciales, puede ser lo mejor que se escriba al respecto a partir de ahora. Su autor es un enterado en la materia; sabrás de quién se trata si clicas al final de esta entradilla que dará paso a todo el documento. De momento, ponemos su retrato de cuando era un tierno querube.


1.- El Libro Verde: sus precedentes y sus finalidades y objetivos

Es perfectamente conocido que la llamada Política Social Comunitaria se basa (entre otros varios aspectos jurídicos) en lo que se denomina como “política de empleo”. Dicha noción, debe ser entendida en jerga comunitaria en relación con la previsión contemplada en el art. 125 del Tratado (respecto al art. 2 y 136), conforme al cual: “los Estados miembros y la Comunidad se esforzarán, de conformidad con el presente título, por desarrollar una estrategia coordinada para el empleo, en particular para potenciar una mano de obra cualificada, formada y adaptable y mercados laborales con capacidad de respuesta al cambio económico, con vistas a lograr los objetivos definidos en el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea y en el artículo 2 del presente Tratado”

Sin embargo, es también notorio que esa concreta competencia de la Unión ha dado lugar a toda una retahíla de normas, declaraciones de intenciones y documentos en muchos casos contradictorios (cuando no, fallidos) y no siempre acordes con una lógica de fondo común y –lo que a veces induce a confusión- sin utilizar siempre el mismo “nomen iuris” para referirse a la misma realidad.

En todo caso, las competencias comunitarias al respecto deben buscarse en el Tratado de Ámsterdam (1997) y sus conocidas aportaciones en materia social, singularmente con la inclusión de los art. 125 a 130 en el Tratado (Título VIII), cuyo eje central es la obtención de un “alto nivel de empleo”, como una de las finalidades de la Unión. No se trata, en puridad, de una delegación de las competencias nacionales en la materia a las instituciones comunitarias en relación al empleo, sino más bien de una coordinación “fuerte” entre las políticas estatales, con intercambio anual de información y capacidad prepositiva del Consejo para elaborar informaciones y, en su caso, recomendaciones .

Sin embargo, a nadie se escapa que la “doble alma de la Unión” (de un lado, la que intenta preservar el llamado “modelo social europeo”, de otro, la que propugna la máxima liberalización de los mercados y la “desregulación” de los derechos sociales) se ha acabado plasmando en los contenidos del Tratado y sus normas de desarrollo, generalmente en detrimento de aquélla primera. Y, así, en dicha tesitura, la finalidad de consecución del “máximo empleo” se ve sometida a objetivos como la obtención de una “una mano de obra cualificada, formada y adaptable”, o a la potenciación de ”mercados laborales con capacidad de respuesta al cambio económico”. No deja de ser significativo que tan loable objetivo de empleo se limite únicamente a una mayor exigencia de adaptación de los trabajadores, en términos prácticamente cuantitativos, sin consideraciones cualitativas, con escasas referencias a otros aspectos no directamente vinculados con el factor trabajo, con sometimiento a una lógica economicista y con limitada referencia al papel de los agentes sociales. Es ésa una deriva claramente implantada en los últimos tiempos en el seno de la Unión, como se demuestra en relación al debate respecto a la llamada “Directiva Bolkestein”.




http://theparapanda.blogspot.com/2007/03/el-libro-verde-y-el-derecho-del-trabajo.html

lunes, 12 de febrero de 2007

UN SEMINARIO SOBRE DI VITTORIO EN BARCELONA




Me dice Joana Agudo que está organizando, junto con la Cgil de la Campania, un seminario sobre Giuseppe Di Vittorio, un viejo amigo de los seguidores de esta bitácora. Este encuentro tendría dos ‘sedes’ una en Barcelona y otra en Nápoles. Según Joana el objetivo de esta reflexión (que va más allá del sindicalismo confederal, piensa un servidor) sería: 1) dar a conocer el acervo del gran sindicalista italiano, 2) descubrir las utilidades de Di Vittorio en la acción colectiva de estos tiempos. Al parecer estas jornadas se enmarcan en el Centenario de la Cgil (2006), aunque adquieren una nueva relevancia, toda vez que en otoño se cumplirá el cincuentenario de la muerte de nuestro personaje.


No es frecuente que desde aquí se conmemore a personajes de otro país, hecha la excepción, claro está, de las personalidades del mundo de la cultura. Hasta donde yo me sé, ninguna organización había puesto en marcha la celebración de la efemérides de un sindicalista extranjero. Pero, claro, Di Vittorio es mucho Di Vittorio. De ahí que, según Joana Agudo, estén convocados sindicalistas e historiadores para conocer y debatir. La joven sindicalista me dice, además, que aprovecharán la ocasión para conocer e informar de la condición de Di Vittorio como fundador y dirigente, en el caso español, de las Brigadas Internacionales.

Pues bien, nada más acabar el cafelito que nos tomamos Joana y un servidor, caí en la cuenta de que habían empezado a moverse algunos cofrades: alguien puso en funcionamiento el blog “Alumnos de Di Vittorio” para que los participantes en las jornadas puedan conocer, de antemano, la vida y obra del maestro. A continuación me puse en contacto con Isidor Boix y estuvimos hablando un ratito. Concluyó Isidor de esta guisa: “Déjame unas semanas que tengo unos trabajos pendientes”. Faltaría más, compañero. Pues bien, con ambos soy capaz de ir al Polo Norte en bicicleta, si encarta la ocasión.