jueves, 8 de abril de 2021

Las desventuras de Arrimadas

 

O en el convento de monjas donde estudió Inés Arrimadas no se intrigaba –cosa realmente extraña--  o esta mujer hizo un Fabrizio del Dongo en aquellos años. Tal vez de aquella actitud le vengan algunos de los problemas de hoy a la dirigente de Ciudadanos. En todo caso, Arrimadas sigue teniendo una singular característica: necesita patológicamente que se hable de ella y, en consecuencia, propone de vez en cuando declaraciones que, a simple vista, parecerían inesperadas por sorprendentes. Tal vez sea una manera eficaz de desviar el foco que mira obsesivamente el éxodo de dirigentes de ese partido hacia otras territorios de jara y sedal.

Dos, han sido dos, las declaraciones de Arrimadas después de varias semanas de silencio ursulino. Sus mensajes, aparentemente dirigidos a Albert Rivera y a la madrileña Ayuso, no han tenido la conveniente repercusión ya que el partido se ha convertido en un minifundio casi irrelevante y porque hay otra casquería informativa que, en apariencia, parece tener más enjundia.

Primero, Arrimadas nos dice que «no cree que Rivera se acerque al Partido Popular». Se observa que se usa el lenguaje ´en negativo´, como quien no se atreve a descartar la cosa de manera rotunda. Esto es, no se dice que ´Rivera sigue siendo uno de los nuestros, de Ciudadanos´. Retórica de mermelada. Segundo, Arrimadas defiende renovar el pacto con Díaz Ayuso.

De acuerdo, no se trata solamente de la patológica obsesión de hablar para que hablen de ella. Es, sobre todo, la necesidad de proclamar que Ciudadanos sigue en la brecha, que los recientes desperfectos sólo han sido rasguños, que sólo necesitan tiritas y mercromina. Otro Fabrizio del Dongo. Vana ilusión.

Con todo lo más espeluznante es el miedo a sacar conclusiones políticas de la hecatombe de Ciudadanos en Cataluña y de las deserciones de importantes dirigentes hacia el Partido Popular. Digamos, entre paréntesis, que el caso más mediático, el de Toni Cantó, sólo es una muestra de la grotesquez de la situación. Miedo, pues, a sacar conclusiones; miedo a ubicarse en un lugar autónomo, propio. Por lo que, vuelta la burra al trigo: proponen al PP la reedición del gobierno que existía antes de que Ayuso cogiera la guadaña.

Fracaso, pues, de una fuerza política que dijo ser regeneracionista y equidistante de los mimbres del bipartidismo. Fracaso porque cada semana quería ser una fuerza distinta a cómo era la anterior. Fracaso anunciado por su inveterada subalternidad a la derecha mayoritaria.  

Moraleja: la importancia de todo ello para la orografía política española parece evidente, ya que este desvanecimiento de Ciudadanos engorda a la derecha ultra y a la ultra derecha.

 

Post scriptum.--- ¿Se sabe en este caso qué quiere decir exactamente ese «antes» que necesariamente, según don Venancio Sacristán, antecede a lo «primero»? 

 

miércoles, 7 de abril de 2021

Puigdemont, tocomocho digital


 

Que el hombre de Waterloo acabara siendo todo un sacamantecas es cosa que algunos ya habían comentado. Carles Puigdemont necesita pagar muchas facturas pasadas y presentes. Las ayudas institucionales directas e  indirectas, ´la fiscalidad patriótica´  y los sablazos a una parte de la feligresía –nos dicen voces informadas— no llega lo suficiente para tapar tantos agujeros. De la alcancía de Waterloo sale más de lo que entra.

Con lo que Waterloo y sus espoliques han ideado otra martingala para hacer caja. Se trata de una «Identidad digital catalana», una especie de achicoria del documento nacional de identidad. Costará entre 6 y 12 euros, incrementándose la ´angustia solidaria´  de la feligresía independentista que cotiza por cada chiringuito con apariencia de «estructura de estado» catalán.  Lo que hace años era ´fatiga impositiva´ se ha ido convirtiendo, tras la multiplicación de los panes y los peces que repartir tras el fracaso del procés, en angustia, ´angustia impositiva´.

La identidad digital catalana –entiendo cada palabra por separado, pero no me cuadra qué quiere decir exactamente el constructo--  sirve, pues, para mantener a Waterloo –concretamente al llamado Consell nacional per la república catalana-- y sus gastillos. Porque, como es sabido, nada es gratis, ni debe serlo. Ahora bien, algo hay que darles a cambio a los donantes. Con lo que los pedigüeños alcabaleros de Waterloo han establecido este do ut des: «votar y participar  como ciudadano en el registro republicano del Consell, reportando beneficios de consumo estratégico, entidades sociales, medios y clubs». Pregunta: ¿dónde se instalará tan abigarrado economato? Por lo que se ve, la grotesquez campa por sus respetos en las filas de Waterloo.

Ahora bien, afirman los recaudadores de estas alcabalas que todavía –todavía, no lo olviden— no se puede tramitar nada de ello –tampoco se dice qué es ´ello´-- a través de la Generalitat, porque esta sigue siendo autonómica. De manera que para ir al economato de esos sedicentes ´consumos estratégicos´ hay que esperar al advenimiento de la república catalana. No es una novedad, Toñico Comín, la mano derecha del hombre de Waterloo, lo dijo un día con rotundidad: «En Cataluña hay listas de espera, porque no somos una república».

 

Punto final: los antiguos salteadores de caminos se han transformado en salteadores digitales. Tocomochos 4.0.

 

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», decía don Venancio Sacristán.

martes, 6 de abril de 2021

Semana Santa catalana


 

Antón Costas es, al decir de Thomas Mann, «un hombre de gran formato». Es un sabio este riguroso catedrático de Política económica de la Universidad de Barcelona. Es una persona templada que contrasta con esos irascibles temperamentos que en ocasiones son el refugio para disimular la precariedad de sus conocimientos. Su idea--fuerza es, desde hace años, «la necesidad de un contrato social que reparta mejor los riesgos de la crisis». En estos momentos, el profesor Costas tiene una responsabilidad y un potente altavoz: ha sido nombrado Presidente del Consejo Económico y Social (CES). Muchos amigos, conocidos y saludados no ha parecido la mar de bien este nombramiento. Costas vale –muy de largo— para esa responsabilidad. Abro un arriesgado paréntesis: de igual manera valdría para dirigir la vida política e institucional de Cataluña, que parece orientada a la fermentación de la podredumbre. Cierro el paréntesis, arriesgado o no.

Y es que Cataluña atraviesa, en estos momentos, un periodo de confusión permanente,  que –por si faltaba poco— se ha agriado más en esta Semana Santa.  Lo comentábamos días pasados: la insubordinación del abogado de Waterloo, Jaume (hasta hace un par de años, Jaime) Alonso—Cuevillas. Se trata de un hombre de controvertida biografía: de exaltado españolista a juramentado independentista con la misma velocidad de cambiarse la chaqueta que el cambio de fe de Saulo de Tarso, tras caerse de un jaco camino de Damasco.

Este Cuevillas, ya lo hemos señalado, ha invalidado, desde el sillón de la Mesa del parlamento, la verbenera recurrencia de los independentistas a protestar contra todo lo que venga de España e, incluso y sobre todo, reclamar la autodeterminación. Potente saeta con incrustaciones de martinete.

Patada de Cuevillas a la cruz de los leotardos de la estrategia de Waterloo y muy especial de Laura Borràs. Más rápido que como se las gastaba  aquel tosco georgiano, don José de las Nieves Besarionovic, el rábula Cuevillas ha sido enviado al foso de los leones. La revolución de las sonrisas se ha convertido en muecas a granel y el «esto va de democracia» se ha transformado en los títeres de Cachiporra.

Hay quien ha escrito, desautorizando este estalinismo al baño María, que «los postconvergentes no quieren dar ninguna señal de debilidad en su férrea estrategia de plantar cara al Estado». Disiento.

Los post post post convergentes, rodeados de confusión por todos los puntos cardinales, débiles por sus recurrentes fracasos, ayunos de estrategia, sacan la manivela de las sanciones y envían a Cuevillas a ser sólo un andarín del Salón de los Pasos Perdidos.

 

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», o sea: mil parabienes al profesor Antón Costas.  

lunes, 5 de abril de 2021

El trampantojo del independentismo


Entiendo que, desde la máxima dirección de Waterloo en el ´interior´, Jordi Sánchez,  ha reconocido que ha fracasado la principal herramienta para conducir el procés a sus asíntotas. Ha dicho: «Desde la Plaça de Sant Jaume no tenemos capacidad para hacer un embate contra el Estado». Ha caído un jarro de agua helada sobre centenares de cargos públicos, votantes, recaderos y cosarios diversos. Si a continuación referimos que Alonso—Cuevillas –hombre de biografía que nada tiene que envidiar a Toni Cantó, hoy en las dehesas de Waterloo— afirmando que no tiene sentido que el Parlament de Catalunya proclame resoluciones a favor de la autodeterminación, es de cajón que el procés está como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando. Ocurre, sin embargo, que el cacareo es ya pura confusión, siguiendo la lógica del «era de noche y, sin embargo, llovía». El cacareo se ha convertido en un gigantesco anacoluto.

A vista de pájaro parecería que lo que están organizando adrede los dirigentes independentistas de unas u otras banderías  es una gigantesca confusión. No diré que no. Ahora bien, si se quitan todos los perifollos y se observan bien los jeribeques de los que andan chicoleando una solución –incluida la hipótesis no descartable de la repetición de elecciones autonómicas— pronto se verá que el objetivo central es que no gobierne quien ha ganado las elecciones, Salvador Illa. Y si se me apura, diré que la derecha independentista está removiendo Roma con Santiago –o, por mejor decir, Lledoners con Waterloo-- para que no haya gobierno de izquierda, en el bien entendido que incluir a ERC en ese territorio es un acto de caridad cristiana. En suma, como hipótesis podría ser que todo ese zascandileo fuese un trampantojo para que Illa no toque pelo.

 

Post  scriptum.--- «Lo primero es antes». Así hablaba, cuando venía a cuento, don Venancio Sacristán.  

  

domingo, 4 de abril de 2021

¿Qué volverán a hacer de nuevo?


 

 

Los de Waterloo hablan por los codos. Lo cual puede ser bueno, malo o regular, pues todo se medirá por los contenidos concretos de la facundia. Lo nuevo del caso es que, de un tiempo a esta parte, cada cual tiene su propio argumento, a veces tan contradictorio que impide saber qué propone y qué va a desarrollar el partido en cuestión, o sea, Junts per Catalunya, que nosotros llamamos Waterloo.

Hoy aparecen unas declaraciones, a toda página, en La Vanguardia, de Jordi Sánchez, estatutariamente secretario general de Junts per Cat. El dirigente independentista responde: «No se trata de organizar un nuevo referéndum unilateral. Para qué, si no es acordado». Palabras claras y concisas, que indicarían que, a juicio de Jordi Sánchez, dicho objetivo ha fracasado como fallido fue el intento de descubrir la piedra filosofal.

Así las cosas, se me ocurren algunas preguntas no maliciosas: ¿hasta qué punto la opinión del secretario general es compartida por los grupos dirigentes? ¿Cuando algunos dicen «lo volveremos hacer», exactamente a qué se refieren? Porque entre estos planteamientos de Jordi Sánchez, número 2 de Waterloo, y las declaraciones del históricamente versátil Cuevillas --«la Mesa del Parlament no debe admitir propuestas contra la monarquía ni a favor de la autodeterminación»-- nos encontramos con un Waterloo «sólo, fané y descangayado». Solo un decorado de cartón piedra, un péplum. Charlton Heston con espadas de madera.

Digamos las cosas con amabilidad: para lo único, relativamente útil, que sirve Waterloo es para no dejar tirados en la calle a unos miles de cargos institucionales, que –se diga lo que se diga--  es lo que dificulta el proceso de formación del nuevo—viejo gobierno catalán. Es la clientela, estúpidos.

La novedad más historiada en todo caso de estas andanzas  es que Cataluña no es ya un sujeto políticamente intimidante para España y sus atalajes. Es intimidante sólo para Cataluña, su cabeza, el tronco y las extremidades.

Con todo, valoro la claridad de la exposición de este Jordi Sánchez, que en su día estuvo sentado en la diestra de Rafael Ribó, quien puso en aquel todas sus complacencias. Ni uno ni otro, consta en crónica alguna, que siguieran los preceptos de «Lo primero es antes», regla de oro de la filosofía sacristaniana (de don Venancio).

sábado, 3 de abril de 2021

Salvador Illa y Josep Ramoneda


 

Cantaba Loquillo en aquella afamada canción que «Nada permanece,  todo se desvanece». Y así –con todas las precauciones que se quiera--  parece haberlo entendido Esquerra Republicana de Catalunya, que se está esforzando en abandonar el primer puesto del ránking de los partidos más confusos de Europa. En esta misma semana ha enviado dos señales no irrelevantes: 1) rechaza estar en el llamado Consell nacional per la república, el extraño chirimbolo de los de Waterloo, y 2) no habrá pacto de actuación conjunta en el Parlamento español con los de Puigdemont. Estos son los datos semanasanteros más relevantes. Naturalmente, la cosa puede cambiar –incluso a peor—pero la letra de Loquillo seguiría teniendo sentido.

 

«Nada permanece, todo se desvanece». Hasta el incombustible Jaume—Alonso Cuevillas (hasta no hace mucho Jaime), miembro de la Mesa del Parlament por Waterloo, hombre de un pasado –lo diremos caritativamente— asaz borrascoso ha declarado que la Mesa no debe admitir propuestas contra la monarquía ni a favor de la autodeterminación. Naturalmente, este Cuevillas sabe cómo se la gastan los tribunales y tiene referencias de las condiciones de vida de la cangrí. Realismo de viejo rábula.

«Nada permanece, todo se desvanece» es un concepto que tiene su enjundia, y según algunos muy leídos hunde sus raíces en Heráclito, el filósofo llorón, con adornos retóricos del Barbudo. Sin embargo, Josep Ramoneda –el filósofo licenciado--  parece contradecir al de Éfeso y al de Tréveris. Está en su derecho y forma parte de los códigos de la temeridad. Ramoneda escribe hoy en El País un artículo ¿A dónde va Illa? (1).

Al filósofo licenciado le ha sorprendido que «Salvador Illa, en el doble debate de la fallida investidura de Pere Aragonès, haya trufado sus intervenciones con algunas parrafadas en castellano». Lo que le ha significado una piedra de escándalo. Porque siempre los de la ceba habían considerado que el castellano era algo indeseable –política, cultural y socialmente— en el Parlament. En resumen, echar una «parrafada» en castellano, la lengua materna de la mitad de los habitantes de Cataluña, es –a juicio de Josep Ramoneda--  un inconveniente que impide a los socialistas catalanes pensar autónomamente. Que yo recuerde, cuando Cipriano García  y Justiniano Martínez hablaban en el parlament en castellano íntegramente no comprometían la personalidad del PSUC.

Para el filósofo licenciado, sin embargo, nada se desvanece, todo permanece. Justo lo contrario de don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes», que es una impugnación en toda la regla a los pensadores del tiempo.

 

1)        https://elpais.com/espana/catalunya/2021-04-03/a-donde-va-illa.html

viernes, 2 de abril de 2021

Los Comunes, el amante bífido


 

Mientras haya sectores de izquierdas, remolonamente de izquierdas o sedicentemente de izquierdas que apoyen o justifiquen el independentismo, el litigio de la mitad de los catalanes contra la otra mitad seguirá siendo un hecho. Amén de la permanencia de ese conflicto con España.

Esos sectores de izquierdas son la garantía de que la extinción del secesionismo será más complicado de lo que se piensa. Es esa izquierda que se ha ido formando a borbotones, a salto de mata sobre la base de acontecimientos muy concretos de la vida política catalana: desaparición del PSUC, desvanecimiento de ICV, surgimiento de movimientos sociales y otros acontecimientos que han ido configurando un proyecto sobre la base de la suma de los sedimentos que iban dejando aquellos que pasaban a otra vida. Ello explicaría, aunque parcialmente, el carácter ambiguo –o de constante improvisación--  de algunos de estos nuevos partidos. Pongamos que hablo de los Comunes. Que es un partido que se ha ido construyendo ´programáticamente´ sobre los depósitos, sedimentos y rescoldos de sus inmediatos antecesores.

La falta de un fuerte liderazgo ha imposibilitado que, como mínimo, el proyecto tuviera la razonable cuota de coherencia. Ahí está, en mi modesta opinión, la clave de la ambigüedad de los Comunes.

Lo que viene a cuento por aquello que tan lúcidamente nos relata Lluis Rabell: «De ahí que las admoniciones de los comunes a Pere Aragonés resulten vanas. Y aún más cuando asumen buena parte del marco mental independentista. ¿Qué sentido tiene invocar una “Generalitat republicana” si no es el de cultivar la ambigüedad acerca del rumbo a seguir, cuando ERC sigue hablando de amnistía, de referéndum de autodeterminación y contemporiza con la idea aventurera de un “nuevo embate democrático contra el Estado”? ¿A qué rima insistir con la idea de un gobierno de izquierdas formado por ERC y comunes… que debería apoyar pasivamente desde fuera por el PSC, el partido que ha ganado las elecciones?» (1). Díganse las cosas con claridad:

¿Lo que están exigiendo los Comunes a ERC no es independentismo? ¿Cómo debe entenderse, pues, lo de la exigencia de «la Generalitat republicana? En honor a la verdad debe decirse que –al menos en este caso--  no hay ambigüedad: eso es tan claro y espeso como el agua clara y el sonocusco espeso; el embrollo se produce cuando –además de otras ocasiones--  altos dirigentes de esta formación se han posicionado por una España confederal.

En resumidas cuentas, los Comunes dan la impresión de que su mano izquierda ignora lo que hace su mano derecha. O, por agotar la hipótesis, sabe lo que hace dicha mano porque entiende que, de esa manera, puede rebañar votos en distintas masías. Sería que entienden  que la ´lengua bífida´ es rentable.

Punto final. Ha surgido una importante agrupación en el interior de los Comunes, se trata de Esquerra Verda, la mayoría de ellos veteranos psuqueros y de Iniciativa. ¿Quieren influir en los Comunes? ¿Para qué y cómo?  Una sugerencia: sepan que «lo primero es antes», dijo don Venancio Sacristán, mecánico y filósofo de Chinchón.

 

1)           https://lluisrabell.com/2021/04/01/el-fuego-y-el-poder/

 

jueves, 1 de abril de 2021

Pablo Casado, telonero de Ayuso


 

Cualquier cosa que diga Pablo Casado –o que le hagan decir— ya no nos sorprende ni poco ni mucho. Los escribas sentados que redactan sus discursos y ocurrencias están preparados para rebozar con su debido chilindrón los prontos del presunto dirigente del Partido Popular.  Los escribas sentados y no digamos de esas figuras todopoderosas del jefe de gabinete, asesor y similares, dado el carácter institucional de los partidos, forman parte ya de esa noblesse d´Estat de la que tanto habló Pierre Bordieu. Se trata de una nueva categoría social que ya tiene unas considerables dimensiones, a la que se accede mediante la técnica del ´fichaje´.   

Pues bien, este Casado, sacando forraje informativo para esta Semana Santa, nos dice –o le hacen decir sus escribidores--  que «liga su futuro al de Ayuso para impulsar su carrera a la Moncloa». Son las cosas de Casado, dirían algunos matarifes no diplomados. De ninguna de las maneras. Es toda una declaración solemne de intenciones. Algo insólita, según los cánones al uso, porque da la impresión que el comandante de la nave se pone a las órdenes del contramaestre. Chocante, porque nuestro personaje se convierte en telonero del concierto que dé Covadonga Ayuso. Casado, espolique de Ayuso.

Todo podría estar calculado, incluso si Ayuso pierde las elecciones y no pueda formar gobierno. Casado sería fiel a la vieja enseñanza que proclama que ´las promesas sólo comprometen a quienes se las creen´. Si Ayuso se estrella, es un poner –y algo que deseamos vivamente-- Casado desfiguraría la promesa, naturalmente siempre al servicio de España.

Con todo, Pablo Casado no parece darse cuenta de que, en su regazo, está consolidándose una dirigente política que –tomada a chacota por unos y despreciada por los más— le pondrá en apuros, sean cuales fuesen los resultados de las elecciones madrileñas que están a la vuelta de la esquina. Pues, sí: Ayuso tiene toda la pinta de ser más peligrosa que la corruptamente chulapona de Aguirre y más incisiva que aquella aficionada a los cosméticos de baratillo, la Cifuentes.

Con Aguirre y los anteriores presidentes madrileños estaba garantizado que funcionaría una potente corrupción doméstica. Con Ayuso podría iniciarse un proceso (procés) similar al de las partículas de la física cuántica: Madrid estaría simultáneamente dentro y fuera de España.

Situación realmente nueva: Cataluña impide hacer la siesta al gobierno; Madrid provoca que el gobierno no concilie el sueño por la noche.

 

Post scriptum.---  «Lo primero es antes», afirma don Venancio Sacristán.

Ya les diré a ustedes cuándo me avisan para la vacuna: me acerco a los ochenta años, he pasado dos operaciones de cáncer en los dos últimos  años… ¡y sin noticias de Gurb! Ustedes dispensen, si no miro por mí ¿quién lo hará?

miércoles, 31 de marzo de 2021

Son las cosas del comer


 

PASOS A LA IZQUIERDA – Nº 21, de nuevo en el ciberespacio


Nota bene.---  Otra vez Pasos a la Izquierda está en la red. Es por eso que publicitamos las líneas de portada, que resumen lo que trata la revista. De paso la redacción de Metiendo bulla aprovecha la ocasión y descansa. 

 

Diciembre de 2016, la ministra Báñez quizás iluminada por la Virgen del Rocío, lanza un macguffin (en palabras de Quim González Muntadas en Nueva Tribuna) sobre una negociación colectiva ya desarbolada por su reforma de 2012. Se trata de modificar los horarios de trabajo. Conociendo la trayectoria de la ministra, ahora asesora de la CEOE, tal vez anunciaba el inicio de una nueva maniobra para incrementar la flexibilidad horaria de los trabajadores: mayor disposición de éstos hacia la empresa y mayor (in)disposición hacia sus vidas y necesidades.

Diciembre de 2020. El diputado Errejón introduce una enmienda a los Presupuestos del Estado sobre la reducción de la jornada laboral -el 4 días/32horas de la que nos hablan Larroutorou y Mèda en el artículo incluido en este número-. El vicepresidente Iglesias recuerda de inmediato, que esta medida ya figuraba en el programa de Podemos. Un día más tarde la ministra Yolanda Díaz precisa que la medida es muy interesante, aunque añade que debe integrarse en un debate más amplio sobre el tiempo de trabajo, quizás una Ley sobre los usos del tiempo.

Seguimos en diciembre 2020, un artículo de La Vanguardia recuerda que la ley de las 40 horas en España se aprobó en diciembre de 1982. En ese artículo entran al trapo sobre la jornada de 4 días/32 horas CEOE y FEDEA: “ocurrencia”; mientras trocean los salarios hasta extremos miserables, advierten que “la jornada no se puede trocear a conveniencia”. Supremo cinismo el de estos próceres siempre interesados en mostrar que cualquier ventaja de los trabajadores en cuestión de derechos, salario, jornada, condiciones de trabajo, genera desempleo y precariedad. ¿Los avances tecnológicos sólo deben servir para aumentar la productividad?, o quizás la ‘eficacia’ empresarial no quiere saber de los problemas sociales derivados de la precariedad laboral y del desajuste absoluto de los tiempos de vida y trabajo. Estamos en una sociedad técnicamente acelerada, en los ritmos y en los tiempos, consecuencia de la sucesión de crisis desde los años setenta, culminadas en la Gran Recesión o en la actual pandemia. Como recordaban las encuestas de ISTAS-CCOO, el “presentismo” (trabajar cuando no deberías hacerlo, por enfermedad, etc.) es, quizás, un problema más grave que el absentismo laboral. Los ‘creadores’ de empleo -grandes empresas, fondos de inversión y financieras-, son ahora generadores de desempleo y precariedad y se resisten a cualquier medida equilibradora; henchidos por el inmenso poder que han adquirido y que debiera llamar la atención de pequeños empresarios, autónomos, profesionales y asalariados, por las enormes consecuencias que se derivan.

En su blog, López Bulla (que fue Secretario General de CCOO de Catalunya), también en diciembre, reclamaba la atención sobre las palabras de Joaquín Pérez Rey, secretario de estado de Empleo, en la jornada Time Use Week celebrada en noviembre 2020 en Barcelona. La idea lanzada por el secretario de Estado fue que “el tiempo de trabajo ha de dejar de ser la guía de la distribución de los tiempos y ha de empezar a estar condicionado por los ritmos de la vida”; acabar con la unilateralidad productiva, mientras se negocian y articulan acciones destinadas a garantizar la justicia social y el trabajo decente. La ‘traumática experiencia’ horaria sufrida a consecuencia de la pandemia, señala un camino de experimentación. En todo caso, la propuesta de Joaquín Pérez Rey pone el acento en la actuación en diversos ámbitos y con diferentes medidas para gobernar los tiempos pensando en personas y en la sociedad y no sólo en empresas y economía.

Quizás habrá que esperar a otro diciembre para que el debate sobre horarios, jornada y tiempos se revitalice; por ahora se ha adormecido. Pasos a la Izquierda ha querido hacer su propia contribución (artículo de Pere Jódar). Primero recordando que jornada y salarios, trabajo y vida, al final siempre afectan a personas, familias y sociedades. De ahí una primera aportación, desde la redacción, para recordar que la cuestión viene de lejos. De ahí la necesidad de recordar a Marx, o hacer un salto en el tiempo, e introducir el debate en uno de sus momentos álgidos: los ochenta y noventa del siglo pasado en Europa. La reducción de jornada como solución al desempleo (artículos de Guy Aznar y André Gorz; que, hay que remarcar, van más allá de plantear su propuesta como solución única), o los problemas que plantea la reducción de jornada como instrumento de creación de empleo (Marx, Trentin). Dado el interés de sus planteamientos reproducimos en otros artículos, fragmentos de algunas de las aportaciones de estos autores sobre la cuestión; la historia es un buen lugar de enseñanzas.

Queremos subrayar, asimismo, para quién lo haya olvidado, que hoy por hoy la flexibilidad de los tiempos es gobernada desde la gestión empresarial, como nos recuerda el artículo de Sofía Pérez y Carlos Prieto. Hablar de jornada y salario no es cosa baladí. Constituyen dos elementos que, mediante el contrato laboral, fijan la dependencia y subordinación objetiva de los asalariados; sobre la multiplicación de esfuerzos de los gestores para conseguir la subordinación subjetiva ya hablaremos en próximos números. No obstante, la preocupación por mantener la hegemonía y la discrecionalidad en los términos señalados se muestra en las declaraciones de algunos importantes dirigentes empresariales. En 2010, “salir de la crisis trabajando más y ganando menos”; en 2012, “se acabó la fiesta, ahora hay que pagarla”; y, en 2020, en el apresurado macro encuentro CEOE para liderar la salida al duro confinamiento de la primavera: “este año las vacaciones debe tomarlas el que pueda y cuando pueda. Las cosas no están para bromas”. Dada la remuneración y la flexibilidad de jornada de estos ‘managers’ quizás ellos sí pueden tomarse a ‘broma’ tiempo de trabajo y salarios.

Volviendo a la actualidad, reproducimos la conclusión del libro de Larroutorou y MèdaEinstein avait raison, en el que apuestan con fuerza por la jornada 4/32. También incorporamos la reflexión de CCOO de la mano de Mari Cruz Vicente Peralta, Secretaria Confederal de Acción Sindical de dicha central, que muestra los límites entre lo deseable y lo posible; junto con Recio nos recuerda aquél lema pionero de las mujeres sindicalistas italiana: Las mujeres cambian los tiempos.

Albert Recio, en el artículo que culmina esta selección, sitúa la cuestión la jornada de trabajo en el seno del tiempo de vida, desvelando así la complejidad que supone cualquier acción sobre la duración y distribución de los tiempos. Traza el autor la relación entre jornada laboral y empleo, así como la relación entre trabajo mercantil y no mercantil y enumera las necesidades y demandas de los trabajadores y trabajadores, frente a las propuestas del mundo empresarial y las élites políticas. Es este un artículo imprescindible y necesario para contextualizar el debate: economía y sociedad, personas y mercancías, hogares y empresas. Y también las relaciones sociales, los cuidados, la participación y el asociacionismo ciudadano, la formación, la cultura y el ocio no necesariamente consumista; sin olvidar los horarios y la aceleración de los tiempos; la diversidad de situaciones de empleo, de trabajo, de requerimientos personales y familiares. Como dice Recio: “el análisis de los tiempos es un buen punto de partida para reconocer las desigualdades profundas de nuestro modelo social y lo inadecuado de algunas políticas”. No dejemos tampoco de lado los urgentes imperativos sociales derivados de la creciente desigualdad; cambiar los tiempos, quizás, puede ser también un elemento que ayude a enfrentar con seriedad el problema de la cuestión ambiental.

En este número incorporamos dos artículos sobre sindicatos, el de Jorge Affarian que plantea la influencia positiva, vivida en Argentina, del sindicalismo de base sobre el sindicato corporativo tradicional, fuertemente vinculado al peronismo. Por otro lado, Rich Yeselson ofrece una crónica de la situación de los sindicatos norteamericanos ante las recientes elecciones presidenciales. Desde su autonomía muestran que se puede y se debe intervenir en política; aunque según el autor no siempre con el esfuerzo o el acierto debido.

Pere J. Beneyto realiza una breve pero interesante reflexión sobre el impacto de las políticas neoliberales en la precariedad y la desigualdad social. El punto de partida es la denuncia de la muerte de un trabajador de la construcción y la irresponsabilidad del empresario que lo contrató, en un panorama que tolera no sólo el riesgo físico y mental unido a la degradación del trabajo, sino también el riesgo social asociado a la desregulación laboral y los recortes sociales. Desde un ámbito diferenciado, en muchas ocasiones enfrentado, pero poniendo el énfasis en situaciones similares un especialista en recursos humanos, Tomás Rubio, introduce la necesidad de dignificar el trabajo de los segmentos desprotegidos; su punto de arranque también es un artículo anterior dedicado a la muerte de un rider; Rubio nos viene a decir que negocios sí, pero sin precariedad y vulnerabilidad laboral.

Culmina el apartado dedicado al trabajo el artículo de Daniel Kaplún sobre las pensiones. Un texto riguroso e informado que, con seguridad, puede servir para aportar argumentos a las demandas de los pensionistas, de los sindicatos y del conjunto de movimientos sociales preocupados por la deriva desigual de nuestras sociedades. ¿Serán de nuevo salarios, pensiones y prestaciones sociales objeto de políticas austeritarias de la Unión Europea? Hay bastantes atisbos de que puede ir por ahí la post-pandèmia. Mientras tanto, la lectura de El laberinto de las pensiones es un material imprescindible para formarse una opinión fundamentada y construir objetivos de movilización.

¿Cuál es, o debe ser, el campo ideológico de la izquierda? El compromiso entre los derechos sociales (igualdad) y los derechos civiles (propiedad), típico de la socialdemocracia ya no funciona. Nadia Urbinati nos dice que “el campo ideológico de la izquierda tiene su punto de apoyo en la lucha contra la desigualdad”, en el fomento de la participación y la profundización de la democracia. Complementa esta intervención el artículo de Enric Prat que presenta un amplio abanico de ideas para poner en marcha una estrategia emancipadora entre las que destacan no sólo las cuestiones sociales, ecológicas, políticas y culturales, sino también la conexión del trabajo político organizado con los movimientos sindicales y sociales; sin olvidar la necesidad no sólo de transformar la sociedad, sino también de plantear valores y actitudes relacionados con la solidaridad, la ayuda mutua, el respeto hacia los demás, la reducción del consumo.

Y, a propósito del problema ambiental, Jordi Mir proporciona una reflexión sobre la necesidad de que los movimientos ecologistas y otros movimientos sociales afronten la urgencia de la emergencia climática teniendo en cuenta las enseñanzas de la historia y de los pensadores que introdujeron la cuestión ecológica.

Este mes de marzo de 2021 está repleto de aniversarios. No sólo celebramos el día de la mujer trabajadora, sino también el 150 aniversario del nacimiento de una gran mujer e intelectual, malograda por los monstruos del siglo XX: Rosa Luxemburgo. En su memoria y recuerdo volvemos a publicar el artículo de una gran especialista: María José Aubet.

El mismo año en que nacía Rosa Luxemburgo, nacía y moría, una de las grandes experiencias de emancipación: La Comuna de París, que tanto influyó en Marx, Reclús, Kropotkin y tantos otros. Supuso un período corto pero fructífero de efervescencia social, cultural, artística, lamentablemente pasado por las armas de la intransigencia. Andreu Mayayo nos lo recuerda en un breve pero completo artículo. La introducción de Kristin Ross a su libro sobre la Comuna de París, de forma complementaria, nos ofrece un atisbo de una aproximación a ese acontecimiento fundamental en la historia del movimiento obrero y de la historia de la emancipación, de una gran originalidad. Cuando se piensa en la Comuna, viene a la cabeza las imágenes de efervescencia, de enorme libertad-igualdad-fraternidad que acaba en muerte y masacre. Sin embargo, Ross nos produce un fuerte choque cultural al hablar de lujo comunal; un giro argumental que muestra cómo, en esos pocos días de ebullición popular, florecen nuevas formas de organización de la vida social, otras formas de vivir, de relacionarse, de vivir el trabajo y el arte, de imaginar… Florecer si, como el poema Los claveles rojos de Louise Michel, pués a pesar de los criminales que aplastaron la Comuna, brotaron a partir de ella nuevas formas de pensamiento y de movilización, anunciando la primavera que podría haber sido.

Entre los monstruos del siglo XX, el horror nazi de los campos de concentración, del Holocausto. Una superviviente, Liliana Segre, hace memoria y, al mismo tiempo, lanza un mensaje de esperanza, dando muestras de su entereza y capacidad de sufrimiento: “Sed mariposas volando sobre el alambre de púas”.

En el apartado entrevistas, reproducimos la de Giuseppe Provenzano que, aunque no renovado como ministro en el gabinete Draghi, tiene el interés de mostrar diversas vías de regeneración, de innovación y de participación, para atraer a los jóvenes hacia el Sur deprimido. También destaca la entrevista a Valeriano Bozal, una pequeña joya de sinceridad y coherencia, como el libro que acaba de publicar, sobre la cultura, el arte y la forma de vivirlos con compromiso.

Juan Bosco Díaz-Urmeneta presenta a John Akomfrah, artista y director de cine, comprometido con el reconocimiento de la diversidad de identidades culturales y la convivencia intercultural; el autor nos conduce por medio de su obra a la necesidad de una reflexión sobre el colonialismo y sus secuelas post-coloniales. Unas fotografías magníficas, sin olvidar las reflexiones a las que nos conducen. Habrá que dedicar algún número de Pasos a la Izquierda a la cuestión colonial y el post-colonialismo.

En este número contamos con tres reseñas de libros. Guillermo Martín presenta el texto de César Rendueles, Contra la igualdad de oportunidades, una apasionante apuesta por la lucha contra la desigualdad y por la igualdad y la libertad reales. Texto de imprescindible lectura, por su amplia mirada y equilibrada perspectiva sobre igualdad y desigualdad. Jordi Guiu introduce un libro no menos imprescindible, en este caso para entender la transición catalana y española, como es El hijo del chófer de Jordi Amat, en el que se aborda la corrupción como confluencia de intereses económicos, políticos y mediáticos. Una cuestión de muchísima actualidad. La reseña finaliza en una adenda inesperada. Finalmente, el comentario a la nueva edición crítica de las Cartas desde la cárcel de Gramsci, por el especialista Marcello Mustè; en sus palabras: una obra maestra de la literatura epistolar de cualquier época.

Como es habitual, Enric Berenguer ha seleccionado con esmero y profesionalidad un oportuno conjunto de fotografías históricas sobre el trabajo. Porque hablar de jornada es hablar de trabajo, empleo, vidas. Su introducción a estas imágenes conduce a la reflexión sobre la transformación de los trabajos y los cambios que se han producido en la mirada de los fotógrafos.

https://pasosalaizquierda.com/

martes, 30 de marzo de 2021

Dante mutilado. Al fondo, nuestros setentones


 

Hace pocos días se conmemoraba en este blog el setecientos aniversario de la muerte del más grande florentino de todos los tiempos pasados y presentes. Dante Alighieri, poeta. Padre de Italia, padre de Europa.

La ola de gilipollescencia de los dandis y snobs de secarral que recorre Occidente la ha tomado ahora con Dante. Sabíamos que La Divina Comedia estaba en lista de espera para ser atacada por los talabarteros de lo políticamente correcto, que es una de las expresiones más cretinas del populismo nihilista de algunos movimientos de estética estúpida. Son los mismos que la tomaron con Shakespeare por haber retratado a unos personajes venecianos como un usurero judío y un moro, que lo pintan más negro que el carbón. Luego, según esos pisaverdes, Shakespeare era un xenófobo y, en el caso de Otelo, algo peor.

Son los mismos que han arremetido contra una poetisa blanca «no binaria» por haber traducido los versos de una negra y «binaria».

No tardará mucho en que alguien intentará hacer trizas La Santa Cena (Leonardo) por considerar que el cuadro no respeta las cuotas de género. Que ustedes se lo tomen a chacota no empece que haya gente que haya construido sus entendederas con unos extraños materiales no resistentes al razonamiento. Materiales preocupantes.

Que haya cuadrillas que piensen de esa manera hay que entenderlo con resignación. Este es un país libre. El problema aparece cuando –estamos hablando del caso de Dante--  la Editorial neerlandesa que ha reeditado La Comedia ha permitido que el traductor eliminase todas las referencias a Mahoma, tratado en la obra tan inamistosamente como el Papa de Roma Bonifacio VIII, llamado «cloaca».  Lo que a un servidor le parece una actitud estúpida por parte del trujimán y –de consuno con la editorial--  una violencia sin justificación contra el poeta y el poema; de hecho, contra la cultura Occidental. Es la censura que intenta ser benevolente y, en fondo y forma, es un acto de autoritarismo.

 

Post scriptum.---  Hay cosas que no se entienden. Leo en la prensa: «Los septuagenarios españoles quedan rezagados de la vacunación». Explicación: están aguardando que acabe la inmunización de los mayores de 80 años. Pero están viendo que empieza la de los menores de 65 años. Dispensen mi opinión corporativamente interesada: esta es la lógica del «Era de noche, y sin embargo llovía». Nada que ver con el apotegma de don Venancio: «Lo primero es antes».   

lunes, 29 de marzo de 2021

El calvario de Aragonès García



 

Semana de pasión para Esquerra Republicana de Catalunya, el partido más confuso de Europa. Aragonès García no pudo entrar en Jerusalén, montado en la borriquilla camino del martes de su no investidura. La casta sacerdotal del Sanedrín lo impidió. Waterloo no admite perder ni una  miaja de legitimismo que tiempo ha creó haber recibido. ERC por su parte entiende que, tras las elecciones autonómicas, se produce un «borrón y cuenta nueva», por lo que Puigdemont ya no es lo que fue. Puigdemont no es el ´presidente deseado´ ni  ´el presidente neto´. Sin capacidad para crear, pero con la suficiente fuerza (todavía) para impedir cualquier salida al colosal embrollo catalán.  La respuesta de los de Junqueras no es otra que la de aguantar el tipo. El catalán (aparentemente) impasible.

Semana de pasión, pues, para Aragonès García, si es que mañana no se produce un cambio en la orientación de voto de Waterloo. (Hasta el despistado de Fabrizio del Dongo está al tanto de ello).

Es, además, el momento más áspero en el interior del independentismo. Primero, ese movimiento ha perdido –quizás definitivamente-- su  sedicente característica unitaria; segundo, la densidad del conflicto inter secesionista es muy superior a la de todos ellos contra España.  Este plato se ha roto, y si alguna vez se juntaran los cachos, se verían las huellas de lo que aparentemente quiso disimular el pegamento Imedio.

Semana de pasión también para toda la sociedad catalana: se incrementa el jolgorio de la dolce vita ante la pandemia, lo que se traduce en su correlato de peores datos contra el virus; siguen cerrando bares humildes y restaurantes de Barcelona, algunos de postín.  

Y, sin embargo, como dice Salvador Illa, el vencedor de las elecciones, «los números dan para formar otro gobierno». Siempre y cuando los números dejen de ser entes abstractos y se conviertan en política.

Semana de pasión que tiene un problema: no sabemos cuándo cae el domingo de resurrección. Paradoja: corona de espinas para Aragonès; perfume de nardo para ungir los pies de Puigdemont.    

 

Post scriptum.---  

Venancio Sacristán: Lo primero es antes.

Coro: Flectamus genua.