jueves, 7 de agosto de 2014

SOBRE EL RELATO SINDICAL DIARIO



Homenaje a Pedro López Provencio


Hace tiempo que vengo insistiendo en la necesidad de que cada sección sindical elabore su «propio relato».  Ello se concretaría en una especie de dietario donde quedaran reflejadas toda una serie de cuestiones que vamos a llamar la «biografía del ecocentro de trabajo». De esta manera se podría contar con un material itinerante de lo que, en mis tiempos, llamábamos «la condición de fábrica».

¿Qué elementos podrían figurar en esa «biografía»? Proponemos indicativamente el siguiente listado, que no agota lo que debería figurar en el diario:

La composición del capital.

La maquinaria y sus procesos de innovación.

La estructura y tipologías de los trabajadores.

Descripción de las condiciones de trabajo.

Los pactos de empresa y sus convenios colectivos.

El origen de la plataforma reivindicativa y sus evoluciones en cada proceso negocial.

La relación entre plataforma y lo conseguido finalmente.

Las posiciones de nuestras contrapartes.

La relación entre la sección sindical, sus afiliados y el conjunto de la plantilla.

Estructura de la afiliación.

Las movilizaciones de todo tipo que se han desarrollado. 

Descripción de las relaciones entre la sección sindical y la Federación y el territorio.  

A tal fin se propone lo siguiente: crear la figura en cada sección sindical del «cronista», esto es, la persona encargada de relatar esta biografía itinerante, previa la discusión colectiva del material. Naturalmente, se propone que esta biografía estuviera “colgada” en la necesaria web de cada sección sindical.  

Debe quedar claro que estas biografías no tienen principalmente un interés historiográfico, sino que fundamentalmente sirven para el conocimiento pormenorizado de cada situación en aras a la utilidad de la acción colectiva permanente. En resumidas cuentas, es –también y sobre todo--  una acumulación de conocimientos de gran utilidad para el sindicato en el ecocentro de trabajo y el conjunto de la plantilla. O, lo que es lo mismo: con ese mapa itinerante cabe la posibilidad de estar más atento a la cambiante nueva geografía del trabajo.      


miércoles, 6 de agosto de 2014

LA UTILIDAD DEL SINDICATO EN SEAT. Como lo oyes





«La dirección y los principales sindicatos de Seat (CC.OO. y UGT) han llegado a un acuerdo para convertir en estables 200 puestos de trabajo que, en estos momentos,  tienen contrato a través de una Empresa de Trabajo Temporal».  Lo que oyes…  

Esta es una noticia de gran importancia porque va a contracorriente de lo que está cayendo: la destrucción de puestos de trabajo. En ese sentido sería conveniente que los protagonistas sindicales de este acontecimiento hagan un relato, dirigido a toda la plantilla de la empresa y al conjunto del sindicalismo español, explicando la historia de esta negociación puntual y la importancia de lo alcanzado. No se pide que echen las campanas al vuelo, pero mucho menos que infravaloren lo que ha sucedido. Pasar de puntillas no sería pedagógico, pues se trata de demostrar que, en difíciles situaciones y ésta lo es, cabe la posibilidad (que en este caso ha sido realidad)  de intervenir decisivamente en la gran cuestión del empleo.

Hace unas semanas, en este mismo blog, abordaba uno de los grandes  vicios de nuestro sindicalismo, concretamente en Mitificación de las luchas, infravaloración de las conquistas. Somos dados, desde tiempos antiguos, a la mitómana exaltación de la lucha, pero reincidimos en que las consecuencias positivas de tales movilizaciones las tratamos con demasiada circunspección. Lo que, en definitiva, se podría traducir en una falta de relación entre la acción colectiva y la conquista que se deriva de aquella. Más todavía, la movilización es relatada con una ferruginosa retórica, mientras la conquista ni siquiera merece sus justas reflexiones.

Más todavía, nuestras amistades de SEAT deberían ayudar al conjunto del sindicalismo en la relación, concreta en este caso, entre nueva contratación y la organización del trabajo. Muy especialmente entre estos doscientos puestos de trabajo y los turnos en las líneas de producción del SEAT León y del Audi Q3.  De donde podemos inferir que, en el polinomio de la organización del trabajo, todas sus variables son interdependientes.

Insistimos, es necesario ese relato. Porque con mucha frecuencia acostumbramos a responder a las campañas anti sindicales de manera abstracta, con una retórica de ropavejero. Y casi nunca poniendo los ejemplos concretos de lo que sigue haciendo el sindicato en estos «tiempos de la cólera». Por lo tanto, en lo que a mí respecta, salgo pitando para la plaza a explicar lo de SEAT. Y de paso, me pongo a considerar que un sindicato que no valora lo que hace tiene un flanco débil. 

martes, 5 de agosto de 2014

GUÍA PARA LA LECTURA DEL LIBRO «LA IZQUIERDA DE BRUNO TRENTIN»



En una serie de entradas anteriores se han publicado los capítulos del libro La izquierda de Trentin, cuyo autor es Iginio Ariemma. En esta ocasión, para facilitar la lectura y búsqueda de tales trabajos, situamos las conexiones correspondientes.  Lo único que tiene que hacer el lector es clicar con cada conexión. El lector tiene, además, la posibilidad de leerlo en otra conexión: http://theparapanda.blogspot.com.es/2014/08/guia-de-lectura-de-la-izquierda-de.html

Este trabajo de traducción está dedicado a Paco Rodríguez de Lecea, que de manera tenaz lo ha publicitado a los amigos, conocidos y saludados


 

LOS CAPÍTULOS DEL LIBRO

 

 

CONOCER MEJOR A BRUNO TRENTIN.


 PARTIDO Y SINDICATO


LA LIBERTAD ES LO PRIMERO


LA FORJA DE UN SINDICALISTA


(1) VICTORIAS Y DERROTAS DEL SINDICATO


(2) VICTORIAS Y DERROTAS DEL SINDICATO


LA UNIDAD SINDICAL COMO SÍMBOLO Y VALOR


(1) EL SINDICATO DE LOS DERECHOS


(2) EL SINDICATO DE LOS DERECHOS


EL EUROPEÍSMO «NATURAL» (DE BRUNO TRENTIN) EN LA PRUEBA DEL PARLAMENTO EUROPEO


1) EL SOCIALISMO LIBERTARIO DE TRENTIN Y FOA


2) EL SOCIALISMO LIBERTARIO DE TRENTIN Y FOA


EL SOCIALISMO HERÉTICO. Primera parte.


EL SOCIALISMO HERÉTICO. Segunda parte


LAS OTRAS VÍAS DE LA IZQUIERDA


LA NUEVA GEOGRAFÍA DEL TRABAJO


CENTRO DE TRABAJO Y CONOCIMIENTO



lunes, 4 de agosto de 2014

¿QUIERE PODEMOS FUNDAR UN NUEVO SINDICATO?


Diversos sectores de Podemos –ignoramos en principio la amplitud y importancia de los mismos--  se están planteando la necesidad de construir un sindicato. Empecemos por lo obvio: la libertad sindical es un bien democrático, un derecho que permite la creación de organizaciones sindicales; de manera que Podemos, y cualquiera que se tercie, puede ejercer ese derecho.  Ello no quita, naturalmente, que nos veamos interpelados a opinar al respecto.

La historia sindical española arranca con una anomalía en relación a cómo y quiénes fundan los sindicatos en otros países europeos. En nuestro país, el PSOE y, muy personalmente, Pablo Iglesias El Viejo, funda la UGT en 1888. Decimos anómala porque no es exactamente una fundación que nace de manera independiente y anómala del partido. Lo cierto es que el Viejo –lo empleamos en el término más afectuoso— seguía estrictamente la concepción instrumental de Ferdinand Lassalle, legendario político socialdemócratas alemán. Su idea era: «El sindicato, en tanto que hecho necesario, debe subordinarse estrecha y absolutamente al partido» (Der sozial-democrat, 1869). La reacción de Karl Marx no se hace esperar: «En ningún caso los sindicatos deben estar supeditados a los partidos políticos o puestos bajo su dependencia; hacerlo sería darle un golpe mortal al socialismo» en la revista Volkstaat, número 17 (1869). Tendremos que convenir, sin embargo, que Karl Marx no ganó esta batalla. Es más, la concepción lassalleana se impuso en todas la corrientes de la izquierda durante un larguísimo periodo. De hecho, la gran mayoría de las componentes  políticas de la izquierda oficial –socialistas, socialdemócratas, laboristas y comunistas--  fueron, en este sentido, estrictamente lassalleanas. De un lado, imponiendo la autoridad y el dictado de la primacía del partido sobre el sindicato que, para decirlo lisa y llanamente, lo situaba  como chica de los recados; de otro lado, que, para decirlo lisa y llanamente, situaba al sindicato como chica de los recados; y, de otro lado,  estableciendo una rígida y artificiosa división entre los objetivos y tareas de uno y otro. Palmiro Togliatti lo expresa de manera contundente: «no correspondía a los trabajadores tomar iniciativas para promover y dirigir el progreso técnico» y que «la función de propulsión en torno al progreso técnico se ejerce únicamente a través de la lucha por el aumento de los salarios» en una reunión del Comité central del Partido comunista italiano a finales de 1956. Véase hasta qué punto la mano de Lassalle es alargada (1).  

Ahora bien, llega un momento en que las cosas empiezan a cambiar: las intuiciones de Giuseppe Di Vittorio, padre del sindicalismo italiano, las investigaciones de Bruno Trentin y, más adelante, la contribución de  Marcelino Camacho van propiciando que el sindicalismo conteste en la práctica la entonces llamada «correa de transmisión», esto es, el dogal que papá-partido ponía en el cuello al sindicalismo. Y tantas veces fue el cántaro a la fuente que la correa saltó por los aires. La vieja y autoritaria concepción de Lassalle, que tantos estropicios había provocado en el movimiento sindical, empezó a convertirse en una reliquia que nadie custodiaba. Porque el conflicto social ya no era una hechura de lo que pretendía el auto considerado pater familias sino la expresión independiente y autónoma del sujeto sindical. De manera que la ropa vieja de la correa de transmisión pasó al archivo. Pero, según parece, algunos sectores de Podemos tratan de sacarla del arca y, con o sin alcanfor, reincidir en Lassalle.

Con toda seguridad, Pablo Iglesias El Joven conoce estos antiguos trajines de las (antes llamadas) relaciones partido – sindicato. De manera que no está de más que se auto advierta de la contradicción entre crear un partido de nueva estampa y que éste funde –o algunos sectores de su partido impulsen-- un sujeto de rancio estilo.  Lo uno no se compadece con lo otro. Otra cosa, bien distinta, es la obligación de Podemos de dirigirse directamente a la nueva geografía del trabajo, cosa que más de uno agradecerá.



(1)     La respuesta de Bruno Trentin es no menos tajante: ««Francamente, nosotros pensamos que la lucha por el control y una justa orientación de las inversiones en la empresa presupone en muchos casos una capacidad de iniciativa por parte de la clase obrera sobre los problemas relacionados con el progreso técnico y la organización del trabajo, intentando quitar al patrón la posibilidad de decidir unilateralmente sobre la entidad, las orientaciones, los tiempos de realización de las transformaciones tecnológicas y organizativas.  Una iniciativa similar aparece, al menos a nosotros, como la condición en muchos casos para poder dar a la negociación de todos los elementos de la relación de trabajo (e incluso de los tiempos de producción, de las plantillas y de las formas de retribución) un contenido efectivo dada nuestra imposibilidad de contraponer a la orientación de las inversiones de la empresa nuestra propia alternativa poniendo límites substanciales a las inversiones de la empresa y al desarrollo de la negociación colectiva en la empresa». [Citado por Iginio Ariemma en http://theparapanda.blogspot.com.es/2014/08/guia-de-lectura-de-la-izquierda-de.html]

Radio Parapanda.---  DEMOCRACIA Y ERROR por Paco Rodríguez de Lecea




domingo, 3 de agosto de 2014

CENTRO DE TRABAJO Y CONOCIMIENTO




Nota editorial. Con esta entrega (la tercera parte del capítulo Las otras vías de la izquierda) finaliza la traducción del libro de Iginio Ariemma La sinistra di Trentin. Nuevamente agradecemos al autor y a la editorial Ediesse la gentileza en autorizarnos la edición de este material en lengua castellana. Recordamos que todas estas entregas se encuentran  en el blog almacén http://the  parapanda.blogspot.com.es/2014/08/guia-de-lectura-de-la-izquierda-de.html  Este trabajo de traducción está dedicado a Paco Rodríguez de Lecea, que de manera tenaz lo ha publicitado a los amigos, conocidos y saludados


Iginio Ariemma


Del trabajo abstracto al trabajo concreto y el proyecto de nueva civilización

A pesar del intento de «salvaguardar el mito del trabajo como un apéndice ciego de una clase managerial pensante», Trentin sostiene con convicción que el trabajo cambia. Por eso escribe en 2002 cuando le fue concedida la distinción de Doctor Honoris causa por la Universidad de Venecia: «Estamos ante el declive del trabajo abstracto sin calidad, la idea de Marx y el parámetro del fordismo.; hay que del trabajo concreto, del trabajo pensado –y de la persona concreta que trabaja— la referencia de una nueva división del trabajo y una nueva organización de la empresa.  La revolución tecnológica e industrial en curso contiene «la exigencia de redefinir los espacios de libertad, creatividad y auto realización de la persona» y liquida «las barreras que lo separan del trabajo asalariado y del trabajo autónomo, el trabajo mercantilizado del trabajo voluntario, el trabajo abstracto del trabajo concreto». Y precisa: «El dato nuevo es que la calidad y creatividad del trabajo se está convirtiendo en un factor insubstituible de la competitividad de las empresas y también de las naciones (29).

Ahora bien, es necesario distinguir la flexibilidad como ideología y la flexibilidad como realidad, es decir, como «fisiología de la empresa moderna». La primera tiene que ser combatida y derrotada, porque conduce a la precariedad, y el precario no es un hombre libre. Conduce a un «segundo mercado laboral, al poor work, al despilfarro de recursos humanos y profesionales a todos los que no han tenido la posibilidad de ponerse al día».   El riesgo que prevalece hoy en el mundo del trabajo es la «amenaza de una profunda fractura social entre quien es dueño de un saber y quien está excluido». En el capítulo final de La ciudad del trabajo hay un buen plantel de propuestas. Hablamos de propuestas, no de la ferruginosa retórica de la centralidad del trabajo que hoy repiten todos, a diestro y siniestro. 

En primer lugar, un nuevo contrato social donde lo que prime sea la calidad y no la cantidad; la autonomía real del trabajo, esto es, la posibilidad y capacidad de seleccionar, de decidir y la responsabilidad del resultado. Lo que exige una mayor democracia en los centros de trabajo en el sentido más amplio, que puede realizarse si el trabajo es un derecho de ciudadanía garantizado constitucionalmente. La participación democrática de los trabajadores debe orientarse al control de la organización productiva y a favorecer planes de empresa que incentiven el conocimiento y la formación, también con el objetivo de aumentar la productividad.  

La segunda gran propuesta que Trentin avanza es la formación permanente a lo largo de toda la vida. La flexibilidad no se traduce en precariedad si está acompañada por la formación, si no hay solución de continuidad entre un trabajo y otro. Es la formación, la recualificación continúa, la garantía  para el trabajador de nuevas tutelas a partir de la empleabilidad, es decir, el poder estar empleado y con seguridad económica. Por lo demás, el conocimiento del trabajador o, como se dice ahora, el capital humano es el factor decisivo para aumentar la innovación y la productividad.  Trentin es consciente que estos derechos de tan largo alcance exigen modificaciones radicales de los actuales convenios y relaciones industriales e incluso del Estatuto de los trabajadores, pero no se arredra. Plantea, además de una   modificación substancial del welfare social --que debe plantearse continuamente sus objetivos, incluso lo del gasto--  la necesidad de  invertir en la investigación y en la enseñanza. La financiación de esta auténtica revolución en el campo del trabajo y la industria debe ser, en gran medida, pública, pero puede tener el concurso de las empresas e incluso de los trabajadores.  

El tercer bloque de propuestas se refiere al horario de trabajo. Trentin fue contrario a la reducción rígida del tiempo de trabajo tal como se hizo en Francia con la ley de las 35 horas y como propuso Rifondazione comunista en los años 1997 – 1998 durante el primer gobierno Prodi. Estaba en contra; decía sarcásticamente  que Rifondazione «se equivoca de capitalismo», no comprendiendo que el fordismo está en declive. Las 35 horas no permiten, de hecho, el control y la reducción del capitalismo. Sin embargo, hay que pensar a lo grande, con medidas que favorezcan el aumento de la población activa y el envejecimiento activo, de tipo voluntario, en respuesta al crecimiento de la esperanza de vida y a los cambios demográficos. Por ejemplo, la flexibilidad de salida del trabajo; la gradualidad del tiempo y del horario de trabajo, sobre todo semanal, según la edad y más disponible a permisos familiares, tanto del padre como de la madre; mayor oportunidad para permisos sabáticos por motivos de estudios… Tal flexibilidad debe valer  –también y quizá en mayor medida— para los jóvenes con la idea de permitir una mayor integración entre estudio y trabajo (30). 


Los centros de trabajo: organizaciones que crean conocimiento


Al final de su vida Trentin centra su interés en la relación entre trabajo y conocimiento. Giovanni Mari, cuando recordó la distinción de Doctor Honoris causa de Trentin, reveló que plantear «los centros de trabajo como organización que crean conocimiento» es una intuición extraordinaria porque contiene «la idea del gran cambio que no se refiere sólo a la organización de la producción y el trabajo, sino a toda la sociedad e indica el camino de una nueva civilización» (31).  Me parece que también Jacques Délors, en el prólogo a la edición francesa, señala una evidencia análoga cuando escribe que Trentin busca «construir la sociedad del trabajo sin ingenuidad alguna, sin falsas ilusiones, con el concurso de todos: desde el investigador al ingeniero, desde el obrero al encargado, desde el programador al responsable provocando que emerja la inteligencia colectiva de los trabajadores» (32). Uno de los momentos más felices de Bruno Trentin con relación a Délors fue cuando el Parlamento europeo discutió y aprobó en la Conferencia de Lisboa  el programa de desarrollo sobre la economía del conocimiento al que Trentin aportó una notable contribución. Un programa que, sobre todo, merece ser actualizado (33). Aunque con cierto esfuerzo la innovación tecnológica basada en el conocimiento toma cuerpo y se está conformando una nueva geografía del trabajo como testimonia el libro del economista italiano que enseña en Berkeley, Enrico Moretti. El mapa de las innovaciones en los productos y en los procesos productivas está cambiando también la geografía y las ciudades, en las más innovadores el empleo es mayor y también el bienestar. Esto sucede en los Estados Unidos, pero también –aunque en menor meida--  en Europa (34).

En el pensamiento de Trentin hay, sin duda, una vena o, mejor dicho, una tensión utópica. Bruno no lo esconde. Pero ¡ojo con endosarle la máscara de un Aristófanes de turno diciendo que tiene la cabeza en las nubes. Su proyecto es serio y realista. Ahora se está convirtiendo en más actual.  En una sociedad como la de hoy donde todo –desde la economía a la vida afectiva y sexual, del espectáculo al arte— está orientado al breve plazo y al consumo inmediato, una sociedad llena de intolerables desigualdades, de injusticias y egoísmos exhibidos y arrogantes, una sociedad cada vez más frágil y vulnerable, en gran medida a causa de la falta de trabajo y de precariedad, es más que razonable sostener que el derecho al trabajo es la prioridad y la base y la base de una nueva civilización.  Atención: no se trata de un salario o renta mínima garantizada de la que Trentin fue siempre coherentemente crítico (apoyaba solamente una renta mínima de inserción en el trabajo acompañada de un programa de formación), sino de un derecho al trabajo que ofrezca seguridad a la persona humana y, sobre todo, aumente su libertad y su conocimiento y la posibilidad de realizarse. Por ahí pasa su deseado nuevo humanismo.


Una izquierda nueva   


Cuando acaba la redacción de La ciudad del trabajo Trentin  declara que se siente parte de la izquierda libertaria que ha sido minoritaria en el movimiento obrero y en la izquierda.  Es la izquierda que tuvo en el centro de su interés y de su acción el trabajo y el proceso productivo, la que ha situado la primacía en la sociedad civil, no en los juegos políticos de las cúpulas. Este capítulo, «Las otras vías» es una miscelánea de la izquierda herética de matriz comunista, socialista, liberal-democrática y de aquel liberalismo revolucionario a lo Carlo Levi del que se nutrió siendo joven. De ese modo responde a la pregunta que se pone al principio: «¿Había otra izquierda?». Había, hay y debe haber, responde, siempre que la izquierda tenga la voluntad política de proponer una vía alternativa al neoliberalismo, agresivo y frecuentemente salvaje, si quiere construir una vía que no sea una panacea o un paliativo; que sea capaz de cambiar el trabajo y la vida para dar vida a una nueva civilización. 

Comparto lo que escribe Supiot: «Su invitación [de Trentin] a situar el trabajo y la libertad humana en el centro de la política de izquierda no debe entenderse solamente como un llamamiento a la justicia sino incluso –o quizás sobre todo— como una llamamiento a la razón y el buen sentido» (35). Es una invitación, añado, que intenta dar una respuesta positiva a la cuestión de la democracia tout court, hoy claramente en dificultad. El constitucionalista Vittorio Angiolini ha definido que la visión democrática de Trentin es herética ya que su núcleo es la auto tutela individual y colectiva de la libertad y los derechos conquistados. Es, pues, una democracia que, reconociendo el valor de la democracia representativa de matriz liberal, se ejercita –quizás ante todo— por la base, en la sociedad civil en un enraizado sistema de autonomías.  En La ciudad del trabajo es explícita esta visión: la auto organización social legitima el Estado y no al revés. Realmente escribe en las últimas páginas que es necesario promover «la formación de un Estado que sea expresión de la sociedad civil y se muestre capaz de promover, cada vez más, unos derechos para favorecer la búsqueda de la auto realización de la persona humana, en primer lugar en el trabajo» (36).  Según Norberto Bobbio, la democracia es «subversiva» porque arranca desde abajo, pero para ser tal –parece decir Trentin— el voto y la aceptación de la alternancia y del recambio entre orientaciones contrapuestas deben caminar al lado de una robusta sociedad civil, compuesta de partidos, sindicatos, asociaciones y redes informativas  que adiestren a los ciudadanos a la cultura democrática, la convivencia civil, la salvaguarda de los bienes comunes y la creciente participación en la vida pública. 

La autonomía es la nueva forma del Estado federal y, en general, el lugar político e institucional para la auto educación civil y democrática del ciudadano y de las masas.  Es evidente la herencia del azionismo más progresista y especialmente de su padre, Silvio Trentin.

Trentin desconfía del poder y, en primer lugar, de las élites que sin alternancia se transforman fácilmente en castas auto referenciales narcisistas o jacobinas, aunque se afirmen, en primera instancia, con procedimientos democráticos.  Para Trentin, Gaetano Mosca era un politólogo reaccionario. Incluso aquí, Angiolini  capta bien la heterodoxia trentiniana cuando escribe que para él «el poder heterónomo, aunque sea democrático, es imprescindible para la vida social, pero siempre es imperfecto, incompleto y sospechoso frente a la auto afirmación» porque tiende a «perpetuarse a sí mismo y a sus contradicciones poniendo frenos a la libertad» (37). Eso vale tanto para la economía de mercado como para el capitalismo. Pero igualmente vale para el socialismo. Incluso por esto, el socialismo –en el que continúa creyendo— no es un modelo definido y concreto, sino un proceso, una búsqueda de libertad y opción, no como necesidad de la historia. El corazón de ello es, ante todo, la libertad en el trabajo.  Hay que situar la política, en primer lugar, con el objetivo de crear libertad y derechos universales, con la reducción de las distancias y desigualdades entre gobernantes y gobernados, entre los que dirigen y los que son dirigidos.

Cuando en 1989 se plantea la disolución del PCI, en el que se afilió en 1950, y la constitución de un nuevo partido, Trentin estuvo de acuerdo. De hecho, ya en 1990 promovió la liquidación de la corriente comunista y de todas las corrientes en el interior de la CGIL. Sin embargo, no debía limitarse, en primer lugar, al cambio de nombre, tenía que estar precedida por un debate serio y profundo sobre el diseño y los contenidos programáticos, por un gran proyecto y, en segundo lugar, su objetivo debía ser el partido del trabajo y tener como eje los sindicatos de los trabajadores, aunque no de manera exclusiva y determinante, no como el modelo de los laboristas, pero como protagonistas de la reforma de la sociedad civil. Las cosas, como es bien sabido, no fueron de esa manera: prevaleció la naturaleza transformista del nuevo partido, diría Trentin. 

En uno de los últimos cuadernos de su diario Trentin escribe:  «Siento que mi mensaje sobre la libertad en el trabajo, la posibilidad de auto realización de la persona humana no ha salido adelante, y que la política ha tomado otro camino. Esto quiere decir ´out´. ¡Madre mía”». No, La ciudad del trabajo no es un libro ´out´. Es un libro que permanece, que es necesario leerlo más veces, como un «clásico». Se puede compartir o no su visión, una auténtica apología del trabajo, una utopía no maximalista, concreta, experimental, cotidiana. No obstante es una respuesta al caos, a los demonios del poder, a la impotencia y al drama de la política; es, pues, una parte de nuestra  historia, no sólo de la de ayer, sino de hoy y de la futura (38).   


Notas



(30) En el mismo sentido se orienta la propuesta de Kermal Davis, responsable del programa de Naciones Unidas, Il lavoro su misura de ogni età en Il Sole 24 ore, 28 de julio de 2013  

31) Giovanni Mari, Relazione dattiloscritta per il decennale della laurea honoris causa, Venezia, 12 diciembre 2012.

32) Sull’Europa v. Bruno Trentin. La sinistra e la sfida dell’Europa politica, a cargo de Sante Cruciani, prólogo de Iginio Ariemma, Ediesse, Roma 2011; y Bruno Trentin e la sinistra italiana e francese, a cargo de Dante Cruciani, Collection de l’École française de Rome, n. 46, 2012

33) Jacques Delors, prefacio  a La cité du travail, cit.

 

34) Enrico Moretti, La nuova geografia del lavoro, Mondadori, Milano 2013. Nota del traductor: Véase en LA NUOVA GEOGRAFIA DEL LAVORO.indd

  
35) Alain Supiot, introducción, cit., p. 28

36) La ciudad del trabajo, citada.

37) Vittorio Angiolini, en Il futuro del sindacato dei diritti, cit., pp. 35-59.

38) A Trentin le gustaba mucho la canción Le temps des cerises: http://www.youtube.com/watch?v=HK2ZNDujsQA, que tanto cantaron durante la Comuna de Paris.

Traducción José Luis López Bulla


sábado, 2 de agosto de 2014

LA NUEVA GEOGRAFÍA DEL TRABAJO



Nota editorial. Publicamos la segunda parte del capítulo «La ciudad del trabajo y las otras vías de la izquierda» del libro La sinistra di Bruno Trentin. Recordamos que las anteriores entregas se publican correlativamente en http://theparapanda.blogspot.com


Iginio Ariemma

Gramsci y la ideología consejista


Americanismo y fordismo, de Gramsci, ha sido el ensayo que más ha comprometido, apasionado e incluso fatigado a Trentin. Lo leyó muy pronto, recién publicado y escribe una recensión en Quarto Statu, la revista de Lelio Basso,  La società degli alti salari (11). Es junio de 1950, probablemente antes de su afiliación al PCI. Capta el análisis general del ensayo, pero hace una lectura crítica en un punto que no es secundario: el salario alto no es «una forma transitoria; es verdad que es «un instrumento de coerción» y de paternalismo, pero es un vínculo entre el fordismo y la política general del gobierno americano. Los dos se orientan a generar una «productividad creciente» a través de los altos salarios y la estabilidad de la mano de obra «con la consiguiente posibilidad de mantener un ritmo productivo creciente» y un «aumento del consumo nacional». Este es el incipit de su estudio sobre el neocapitalismo que lo llevará a ser uno de los expertos más reconocidos en la materia. Escribe esta recensión cuando todavía hace poco que ha estado en Harvard y tiene frescas sus investigaciones y debates de la política norteamericana, muy en particular sobre el New Deal  y la organización prouctiva y el pensamiento de Henry Ford. Es ahí, en esa política, donde capta el origen del neocapitalismo, la innovación que representa, incluso sus nuevas relaciones sociales y de trabajo como, por ejemplo, las human relations.

Reemprende seguramente la lectura de Americanismo y fordismo cuando Giuseppe Di Vittorio lo envía a Turín a estudiar la condición obrera de la FIAT tras la derrota de la FIOM (1955) en las lecciones sindicales (Comissioni  interni). Fue un momento decisivo en su vida ya que, en esa experiencia, comprende la importancia decisiva del control de la organización del trabajo, todos los aspectos de la relación de trabajo (ritmos, ambiente, cualificaciones profesionales, etc) mucho más decisivos que la lucha por los salarios (12). Allí mdura la convicción de que la lucha secular por la redistribución de la renta, aunque sacrosanta, no conduce a resultados significativos en el plano de la igualdad, y que son los derechos –es decir, el poder de ejercitar efectivamente la libertad-- las conquistas duraderas del progreso social y la vía del socialismo (13). En el conflicto social y distributivo la libertad es lo primero, dejará como testamento espiritual.  

En los años cincuenta (entonces Trentin tenía  treinta) investiga mucho sobre los temas del progreso técnico, la productividad y el neocapitalismo. Recuerdo el ensayo Produttività, human relations e politica salariale, aparecido en agosto de 1956 en Critica economica, la revista que dirigía Antonio Pesenti. Este ensayo es la reelaboración de su ponencia en el seminario del Istituto Gramsci, I lavoratori e il progresso tecnico. En la correspondencia de Trentin hemos encontrado un manuscrito de unas 140 páginas en respuesta a la intervención de Franco Rodano, Neocapitalismo e classe operaia, publicado precisamente en el número de mayo-junio de 1957 en Nuovi argomenti.  Simultáneamente aparece en Mondo operaio el artículo de Vittorio Foa  Il neocapitalismo è una realtà, que provocó una amplia discusión en las filas de la izquierda. Aunque el ensayo de Trentin es de agosto de 1957 nunca ha sido publicado y no sabemos por qué. De hecho tiene un gran interés porque anticipa sus investigaciones, los temas y las soluciones que desarrollará más adelante. Trentin critica a Franco Rodano en algunos aspectos significativos: el necocapitalismo como «untopía pequeeño burguesa», la visión determinista del progreso tecnológico y de la automatización y la concepción abstracta, apriorística e idológica de la clase obrera. No obstante, la reflexión más densa es sobre la terciarización y las alianzas con las capas medias; en este sentido, Trentin ve en los técnicos, investigadores y científicos «los nuevos sujetos del proceso revolucionario», los aliados naturales de la clase obrera.  

Estos temas tendrán una sistematización más profunda en la ponencia del seminario sobre el capitalismo italiano (1962), promovido por el Istituto Gramsci. En  Le dottrine neocapitalistiche e l’ideologia delle forze dominanti nella politica economica nos encontramos con estas novedades:

1) El americanismo es también en Italia una modernización tecnocrática y en la gestión del del capitalismo;

2) estas transformaciones (el management, las human relations, los altos salarios, los procesos de automatización, etc.) no son una mistificación sino el intento de construir una nueva hegemonía por parte de las clases dominantes; 

3) la base de masas, en Italia, de esta hegemonía no es la socialdemocracia, que no tiene raíces históricas, sino el movimiento católico, aunque a la búsqueda de su propia dimensión autónoma en el plano social y económico; 

4) esta hegemonía puede ser derrotada, no con la ilusión verticista de reformas estructurades impulsadas por arriba, sino medfiante un amplio movimiento de base de la clase obrera que provoque nuevos instrumentos de democracia en la fábrica y construya nuevas alianzas, especialmente con los técnicos.

La leadership de Trentin entre los metalúrgicos –desde 1962 en adelante y, sobre todo, la experiencia de los años del otoño caliente, 1968 y 1969, siendo uno de sus principales protagonistas--  tiene como referencia a Gramsci. La brújula de su orientación es, particularmente, la ideología consejista de L´Ordine Nuovo. Pero su padre, Silvio, también le influyó (15). Ahora bien, Trentin innova el modo de concebir los consejos, ya que estaba convencido de que la ideología consejista había fracasado tras la experiencia de los años 1919 – 1920. Para él, los consejos no son --y no pueden ser-- instituciones públicas que se orientan al autogobierno de los productores, ni tampoco instrumentos de contrapoder obrero en el proceso revolucionario tal como sostenían los más radicales y extremistas. Trentin concibe los consejos de fábrica como órganos del sindicato, de un sindicato más democrático, unitario –de todos los trabajadores,  afiliados y no afiliados--  para el control de la producción y de las condiciones de trabajo (16). En aquella época le conocí y nos hicimos amigos. Entonces yo era secretario provincial del PCI turinés.

Por aquel entonces Trentin ya había madurado una posición original sobre el tema del gobierno de la empresa: la autogestión por parte de los trabajadores es errónea y está destinada a la derrota tanto en el plano económico como en el político; la vía es la cooperación conflictiva, que Trentin denomina «codeterminación», según la cual los consejos de delegados y los sindicatos tienen el poder del control de la organización del trabajo y el derecho de ser informados y participar en los planes de la empresa, pero sin confusión de papeles con el management –a quien le corresponde la propuesta y la decisión final--  ni tampoco mediante la participación accionarial ni otras formas de capital.  Trentin, siendo secretario general, pidió y consiguió que el sindicato no estuviera presente en los consejos de administración de los entes públicos; tampoco era partidario del sistema dual de gestión, como en Alemania,  porque a la larga daña el papel y la autonomía del sindicato (17).  En la raíz de su concepción, al igual que Marx, está la noción de que entre capital y trabajo la contradicción y el conficto social son irreductibles.   Quizá esta contradicción –me apresuro a añadir— no tiene la misma centralidad de  hace tiempo, pero continúa siendo así. De todos modos Trentin es consciente que la conflicitidad puede ser un factor positivo del desarrollo económico y social, y el necesario ingrediente de una sociedad pluralista y democrática siempre que se gestione con responsabilidad.   Tanto sobre esta cuestión, como en otras, Trentin presenta un desafío positivo al liberalismo a partir de su núcleo central: la propiedad privada como matriz de la libertad.  Sin embargo, para Trentin el trabajo es el derecho de los derechos, la garantía fundamental de la libertad de la persona. No hay libertad –es decir, posibilidad de auto realización--  sin trabajo.  El trabajo responsabiliza y socializa la libertad y es el fundamento de la igual libertad. Por lo demás, incluso John Locke, el padre del liberalismo, definió la propiedad privada como «trabajo acumulado», pero, según Trentin, la liberación humana no puede depender ni de la propiedad privada, ni coherentemente de la propiedad pública, de la estatal.

En la introducción a  Da sfruttati a produttori, el libro que recoge su experiencia de quince años como secretario de los metalúrgicos, en el que desde el título es evidente el respeto que le tiene a Gramsci, hay una observación crítica que merece señalarse: «Es difícil substraerse de la sensación –escribe en 1977--  que, de manera recurrente, esta concepción de la clase obrera como clase dirigente, como clase de los productores […] ha sido rebajada y superpuesta a los problemas específicos de la clase obrera italiana»; esta visión y «el proceso de transformación consciente del productor explotado se presentan referidos únicamente a la acción que los trabajadores pueden desarrollar fuera del centro de trabajo y, por lo tanto, en el exterior de su condición específica de explotados». Así, se cae inevitablemente en una exageración voluntarista, si no paternalista. En todo caso, la experiencia colectiva es substituida por la ideología. La construcción de un proceso se transforma en ´llamamiento´ […], es la fractura con la realidad en transformación» (18).  Aunque Trentin acepta la concepción gramsciana del «productor colectivo» cree que la clase obrera puede tener éxito si cambia su propia condición de trabajo y de vida a partir de la organización productiva, no si se queda en el limbo ideológico.

La ciudad del trabajo es, en cierto sentido, la conclusión de su recorrido en torno a Gramsci. Y es, como reconoce, incluso con menos generosidad con el fundador del PCI, que sin embargo le había inspirado –como a todos nosotros--  que el proceso revolucionario de transformación socialista en Occidente es complejo y exige una mayor gradualidad y un trabajo en profundidad de hegemonía en la sociedad civil y en la cultura. «En Gramsci –dice Trentin en una conferencia en Torino el 21 de noviembre de 1997, pocas semanas antes de la publicación del libro--  hay una contradicción de fondo entre un «historicismo finalista, bañado de determinismo» y «un voluntarismo prometéico» propio de un «misionero». Esta primacía de la voluntad permite la aceleración del proceso de la historia, «violentar los tiempos», pero no cambiar la dirección. Así pues, Gramsci es prisionero de dos principios de la ciencia política, inspirados impropiamente o no por Marx, de los que hemos hablado antes.


Las luchas obreras de 1968 – 1969 y el descubrimiento de la persona


Las grandes luchas obreras de finales de los años sesenta –escribe con orgullo en La ciudad del trabajo— pusieron en crisis el fordismo y el taylorismo, situando los problemas de la liberación del trabajo y del control efectivo del proceso productivo más allá de la lucha por los salarios.  En esa dirección fue importante la contribución de la cultura de tradición cristiana, sobre todo, en la «defensa de la integridad física y moral de la persona humana, incluso con relación a la falsa cientificidad de la máquina taylorista». El personalismo cristiano de Jacques Maritain, Emmanuel Mounier y los escritos de Simone Weil sometieron a crítica con un «potencial subversivo» los imperativos de la historia y consecuentemente «el historicismo […] ya oxidado con sus ´etapas obligadas´ con sus insuperables ´fases de transición´  y sus categorías conceptuales».  Trentin descubre la persona humana y la coloca antes que la clase. La persona es el individuo elevado a valor porque tiene un proyecto de vida, de autoafirmación. Y añade: «En aquellos años tomó cuerpo en lo más vivo del conflicto social y en un área muy articulada de la investigación teórica y empírica una nueva idea de la izquierda: el bosquejo de un proyecto de sociedad que ponía en movimiento el trabajo y sus transformaciones posibles (20). Un momento importante de esta investigación fue el seminario del Istituo Gramsci (Turín 8 – 10 de junio de 1973) sobre «Ciencia y organización del trabajo». Este seminario, hoy definitivamente olvidado, conoció la amplísima participación de obreros, técnicos y científicos de varias disciplinas que, durante meses, discutieron animadamente, con una profunda preparación en las más importantes realidades productivas, la relación entre trabajo y ciencia, la superación de la dicotomía entre fábrica y sociedad, una diferente organización del trabajo y el control de los trabajadores.  Trentín participó con una ponencia junto a las de  Giovanni Berlinguer y Adalberto Minucci,  Raffaello Misiti y Gianni Cervetti (21). Sin embargo, este impulso y esta investigación se agotan a finales de los setenta.

Son múltiples las causas –incluída la debilidad del sindicato— de que no  se pusiera al día la estrategia reivindicativa ante los cambios de las políticas de las empresas: lo testimonia la derrota en la FIAT en 1980. Sin embargo, lo que pesó más fue la debilísima reacción de la izquierda que, ya en el otoño caliente según Trentin, fue «de baja intensidad» ante los nuevos procesos a nivel mundial y nacional y no solamente la más marcada agresión del neoliberalismo con la política reaganiana sino con la caída del fordismo. Esta falta de reacción afecta tanto a los partidos como a la cultura de la izquierda. Y se concreta en el «definitivo divorcio de la producción como centro de interés, como terreno de conflicto». La dura polémica afecta a todos: en primer lugar a los partidos, que privilegia la gobernabilidad y el juego político en la cúpula; después a los intelectuales, incluso a los más radicales que en el pasado habían hecho de la fábrica y de la clase obrera el perno de su elaboración teórica y cultural, incluso reprendiendo al sindicato. No solamente los de Lotta continua que vociferaban aquello de «delegados bidón»; y también los obreristas, es decir, los que teorizaron el contropiano y el salario político como arma revolucionaria de superación del capitalismo y ahora sostenían «la autonomía de lo político» ante los procesos sociales y políticos, además de los seguidores de Franco Rodano de la Revista Trimestrale, que pasaron del productor colectivo al consumidor colectivo, poniendo en el centro la distribución en vez de la producción. 


La nueva greografía del trabajo y la sociedad del management


A dieciséis años de la publicación del libro, el taylorismo no ha sido derrotado, continúa sobreviviendo, aunque con nuevas formas. En Italia está en marcha la crisis del fordismo: desaparecen cada año fábricas de 500 trabajadores e incluso de más de 250; los precarios alcanzan ya casi la mitad de los trabajadores dependientes. Pero el taylorismo se resiste a desaparecer. Incluso en países emergentes (China, India, Brasil y en los países del Este) fordismo y taylorismo se reproducen. En nuestro país «la cantera de la innovación organizativa postfordista –escriben los investigadores universitarios Giancarlo Cerruti y Marcello Pedaci— está funcionando desde hace poco tiempo, aunque los resultados son modestos y queda mucho por hacer» (23).  Lo demuestran los estudios y las investigaciones más recientes sobre la condición de trabajo. La gran encuesta de la FIOM de 2007 (400.000 trabajadores consultados y 96.607 respuestas) demuestra que la lógica productiva se mantiene inalterada: ritmos sofocantes, tiempos saturados… Una menor capacidad de ejecución y una mayor responsabilidad en el trabajo que no infrecuentemente se hacen a medias, escribe Aris Accornero (24). Por otra parte, el «toyotismo» es una solución más aprente que real, como afirma Trentin. La investigación de la Fundación de Dublín, por encargo de la Unión Europea en 31 países, algunos no europeos, confirma substancialmente los datos de la FIOM.

El último acuerdo sindical en la FIAT, inmuesto por el administrador-delegado con un insensato referéndum entre los trabajadores, no se orienta, con toda seguridad, hacia la superación del taylorismo, va en dirección opuesta. La mayoría de los trabajadores, aunque por una escasa diferencia, lo ha aprobado porque tenía miedo de perder el puesto de trabajo. Todavía recuerdo las caras fatigadas y de rabia de las obreras, todas ellas de cierta edad, cuando salían de la puerta 2 de las carrocerías de Mirafiori.

Incluso allá donde es difusa la pequeña y pequeñísima industria –en Italia, el 95 % de las empresas están a la mitad de sus plantillas-- no hay un cambio relevante en la autonomía del trabajo.  La diseminación de los centros de producción y la dispersión de los trabajadores se afrontan de una forma nueva, formando largas cadenas en el espacio, pero siempre decididas y planificadas desde arriba, con controles informáticos, frecuentemente penetrantes, y practicando una dura individualización del trabajo con objetivos más incisivos y personalizados. 

Obviamente, también existen centros de excelencia tanto en la industria como en los servicios y en la producción de bienes inmateriales, donde la relación entre la ciencia y la técnica  y el trabajo es más orgánica; aquí la mayoría de la mano de obra, con estudios universitarios, tiene mayor autonomía. Pero no es la mayoría.  También aquí el estress del trabajo es alto, dada la organización del trabajo centralizada y heterodirigida.  Pino Ferraris –amigo de Trentin y mío--  pocos meses antes de morir me envió dos ensayos de gran interés: el primero trataba del declive de la solidaridad en los centros de trabajo; el segundo sobre la larga lista de suicidios de trabajadores altamente cualificados en la France Telecom y en la Tecnocentro de la Renault, etc. En este último texto relata la explicación de Christophe Dejours, importante psicólogo del trabajo: «Son suicidios de personas exitosas, normales, implicadas intensamente en su trabajo. Su gesto desesperado no puede imputarse a la vulnerabilidad psicológica individual. Es la organización del trabajo la que debe estar bajo acusación.  El manager asigna individualmente unos objetivos imposibles. Así es que tienes que aguantarte porque han que conseguir los resultados. Esto es lo que llaman «autonomía del trabajo» (25).

Richard Sennet ya puso en evidencia que las características del trabajo actual –la flexibilidad, la movilidad y el riesgo--  pueden debilitar la identidad laboral, hacer que se pierda  el sentido del trabjo y minar el de la comunidad y la solidaridad entre los trabajadores, no solo los manuales y de ejecución, además de cambiar substancialmente el hombre (26). Es un cambio que afecta a todos los trabajadores, incluídos los altamente cualificados. Hoy, el  peligro es mayor que antes porque es más estrecho el ligamen (y yo diría la dependencia) del poder de quien manda y dirige y la ciencia y la técnica, y entre estas últimas y el trabajo. No sé si Supiot tiene razón cuando escribe en la introducción de La cité du travail que la prevalencia de la técnica junto al mando unilateral y heterónomo del taylorismo podría conducir a una nueva tipología: el hombre «programable» donde lo que cuenta ya no es la cabeza del trabajador sino el computer (27). Es un hecho que crece pavorosamente el desnivel entre el predominio de la técnica y la capacidad humana de guiarla y controlarla.

En mi opinión, Trentin ha señalado bien el problema. Desde las primeras páginas de La ciudad del trabajo define nuestro mundo como «la sociedad del management». Hay ciertamente managers ilustrados; algunos de ellos tenían una relación de estima y tal vez de afecto con Trentin, que buscan con convicción y éxito extender la participación democrática y mejorar la calidad del trabajo, pero el sistema general no va en esa dirección. La sociedad del management se orienta al beneficio inmediato y a prvilegiar las inversiones en bienes y en la organización del trabajo a corto, no a medio y largo plazo. Esta es la naturaleza del capitalismo financiero  dominante hoy que, por otra parte, tiene dimensiones mundiales en el plano del mercado y del intercambio tanto de los productos como de la  producción y del trabajo. De hecho, en los países emergentes, el taylorismo (como decía antes) todavía se sigue caracterizando por el trabajo en cadena de Charlot. En estas décadas, los managers han visto un aumento de diez –y tal vez de veinte veces— en sus emolumentos con respecto a lo que ganaban en los años setenta. En el periodo actual, de recesión económica en nuestro país, los cien super managers han ganado más de 400 millones de euros, cincuenta más que en el 2012 y cien más que en 2011. Esta ganancia es, en gran medida, el producto de las primas sobre las acciones gratuitas que han recibido y por las stock options (28).  La diferencia entre estas retribuciones y la de un trabajador normal es ahora abismal, inconmensurable. La desigualdad, a nivel mundial y en cada país,  representa ya la existencia de una oligarquía financiera con un excepcional poder económico y político, también sobre la técnica condicionando el curso no solamente de las empresas sino de los acontecimientos generales. 
 

Notas


11)  La società degli alti salari, in Quarto Stato, n. 6, junio 1950.

12) Relazione sulla FIAT, dactiloscrito, 1955.

 

13 La ciudad del trabajo. Capítulo 4. CAPÍTULO 4 (1) LA DISTRIBUCIÓN DE LAS RENTAS COMO VÍA AL SOCIALISMO y CAPÍTULO 4 (2) LA DISTRIBUCIÓN DE LAS RENTAS COMO VÍA AL SOCIALISMO


14) Bruno Trentin. La libertad es lo primero. Vid. La libertad como apuesta del conflicto social:  http://baticola.blogspot.com.es/2006/06/la-libertad-la-apuesta-del-conflicto.html

15) Los apuntes de la Constitución francesa e italiana se encuentran en Silvio Trentin: Gli abbozzi della Costituzione francese e di quella italiana in Silvio Trentin, Scritti inediti. Testimonianze e studi, Guanda, Parma 1972


16) Trentin reconoce que esta visión consejista, ligada al sindicato, es más cercana a las posiciones de Angelo Tasca que a la de Gramsci de 1919, aunque tenía una opinión muy negativa de Tasca a causa de su doble juego en los años de la guerra cuando fue funcionario del gobierno de Vichy.  

17) Relazione Bruno Trentin en Democrazia industriale: idee e materiali,
IRES-CGIl,  abril – junio de 1980.

18) Bruno Trentin, Da sfruttati a produttori. Lotte operaie e sviluppo capitalistico dal miracolo economico alla crisi, De Donato, Bari 1977, p. LXXXIII del la introducción.

19) La conferencia de Turín, promovida por el Istituto Gramsci piemontese, se celebró en 21 de noviembre de 1997. Se publicó en en Quale Stato, n. 3/4, 1997.

20) La ciudad del trabajo

21) Este seminario fue publicado en dos volúmenes a cargo de Editori Riuniti, 1973

22) La ciudad del trabajo

23) El ensayo de G. Cerruti y M. Pedaci está publicado en  Quaderni di Rassegna sindacale, n, 2, giugno, 2012.

23)  Aris Accornero, Lavoro e classe: la grande inchiesta della FIOM del 2007, en Lavoro e diritto, n. 3, 2009.

24) Aris Accornero, Lavoro e classe: la grande inchiesta della FIOM del 2007, en Lavoro e diritto, n. 3, 2009.

25) Pino Ferraris, Inchiesta, febbraio 2010. Véase http://theparapanda.blogspot.com.es/2010/07/los-suicidios-en-el-centro-de-trabajo_12.html (Nota del traductor)


26) Richard Sennet, L’uomo flessibile, Feltrinelli, Milano 2000.

27) Alain Supiot, introduzione a La cité du travail, cit., p. 24. Versión on line en http://encampoabierto.wordpress.com/2012/12/30/bruno-trentin-la-ciudad-del-trabajo-izquierda-y-crisis-del-fordismo-1/ (N. del t)

28) Gianni Dragoni, Crescono i compensi dei super-manager di Piazza Affari, en Il Sole 24 Ore, 21 luglio 2013.

  

Traducción José Luis López Bulla