lunes, 12 de enero de 2015

(1) Notas para un diagnóstico de la situación interna del sindicato y su relación con el colectivo que pretendemos organizar y representar



Isidor Boix

DEBATE SINDICAL*


Me permitirán los amigos de la Academia partir de su primera pregunta (“¿Son los sindicatos ‘dinosaurios en vías de extinción’?”) para responder negativamente y con contundencia tanto a ésta como a la segunda (“¿Conviene protegerlos en ‘reservas jurídicas’?”). Creo más bien que se trata de sacudir las modorras sin miedo a las inclemencias del tiempo. Para contribuir a ello aporto a continuación algunas reflexiones.

1.         El punto de partida debe ser la crisis y su repercusión en las condiciones de vida y de trabajo de la gente, así como en la crisis de confianza en las instituciones, en la clase política entendida como las personas que individual o colectivamente deciden., decidimos, sobre la vida de los demás. Y los sindicatos somos parte de esta “clase”. Asumir tal desconfianza como punto de partida, determinar sus formas de expresión más concretas para intentar superarla.

2.         La acentuación de esta desconfianza se traduce en una radicalización de la exigencia de democracia. Si de ello derivan nuevos y/o más eficaces mecanismos de intervención de los/as trabajadores/as en la solución de los problemas colectivos, en la vida colectiva, bienvenida sea. Sobre todo después de una etapa que se teorizaba como de desafección generalizada a la “cosa” colectiva, como una tendencia a la individualización. Una radicalización de la exigencia de democracia que parece derivar en voluntad de intervención permanente, lo que resulta positivo aunque consista en reivindicar la intervención como defensa de intereses particulares. Quizás constituya ahora la forma de implicar a los individuos en el interés colectivo, el “sindical” (es decir “de la clase trabajadora”) en todo caso.

3.         Y junto con la desconfianza de los ciudadanos hacia las instituciones, de los trabajadores hacia el sindicato, hay que considerar la desconfianza de las personas que integran las estructuras de la clase política, particularmente las estructuras medias del sindicato, en su propia capacidad para resolver los problemas que se les plantean. Es decir para jugar el papel que se supone que les corresponde. Desconfianza que en este caso puede también calificarse de “desmoralización”, con importantes dosis de inseguridad y desorientación. 

4.         Es conveniente analizar ambas desconfianzas porque no son idénticas ni tienen la misma raíz. La de las personas de la estructura, su sensación de impotencia, deriva esencialmente de la conciencia, más o menos clara, de no saber cómo avanzar ante los problemas de la crisis, no tanto por no ganar, sino por la sensación de no saber por dónde avanzar. La desconfianza del colectivo parece derivar más bien de la traducción de tal impotencia en la sensación de haber podido ser engañados, estafados, por las organizaciones, por las personas que las integran, particularmente por las que las dirigen.

5.         Hay que entender tal voluntad de mayor democracia para asumirla dirigiéndola, no dejándose arrastrar por sus modas. Con el análisis de las tendencias que al respecto se manifiestan, entre las formas de democracia directa (con su posible degradación “presidencialista”, de “caudillaje”) y representativa (degradada ésta por la desconfianza en los representantes, en las formas para designarlos, en las formas para delegar responsabilidades, o en las formas para tomar decisiones).

6.         La corrupción aparece en la cúspide de esta desconfianza. El sindicato ha resultado salpicado por su supuesta, o percibida como tal, complicidad, resultado de su integración en la clase política.

7.         Habrá que prestar expresa atención a las formas concretas de corrupción y a las respuestas aplicadas o apuntadas (¿qué hacemos en los Consejos de Administración?, …). Podemos, o debemos, preguntarnos si es conveniente no estar en éste u otros espacios para no contaminarse, porque el poder puede corromper y desgastar. Pero más lo hace, de otra forma, la inutilidad entre otras, no tenerlo, porque el sentido propio del sindicalismo es precisamente conquistar espacios de poder.

Para una reflexión eficaz sobre todo ello hay que evitar repetir análisis conocidos, preguntas conocidas, respuestas conocidas, dudas conocidas, … tópicos conocidos. Consciente de que no es fácil voy a intentar aportar algunas propuestas o sugerencias en próximas entregas.

Referencias anteriores

  

Isidor Boix: UN INTERESANTE FORO PARA EL DEBATE SINDICAL. UNA INVITACIÓN A LA MÁS AMPLIA PARTICIPACIÓN


 

JLLB: SINDICATOS Y EL MONOPOLIO DE LA NEGOCIACIÓN

 

Magdalena Nogueira y otros: Sindicatos: De la concertación (social) al desconcierto (general)

 

JLLB: LA PARÁBOLA DEL SINDICATO 


José M. Izquierdo: El Sindicalismo Confederal, Evolucionar para renovar (I)




domingo, 11 de enero de 2015

SINDICATOS Y EL MONOPOLIO DE LA NEGOCIACIÓN



DEBATE SINDICAL*




Un grupo de profesores de la Universidad Autónoma de Madrid ha elaborado un importante documento, Sindicatos: De la concertación (social) al desconcierto (general), que está teniendo una amplia repercusión en las redes sociales. Debo añadir, por mi parte, que es una valiosa aportación al sindicalismo español. Lo es por su contenido que llama la atención, en la mayoría de los casos, de algunos de los problemas todavía no resueltos –y tal vez sin voluntad de resolución— que siguen coleando. Esta contribución de académicos iuslaboralistas, merecería que alguien con mando en plaza dialogara con ellos a tumba abierta y, sobre todo, presencialmente.

 

En lo que a mi respecta, hay ciertas consideraciones que yo veo de otra manera. No importa, para eso está el debate. Un debate sin tabús, ni apriorismos. Es lo que hacen, afortunadamente, estas amistades universitarias. Por ejemplo, cuando dicen que:   


«En España, la apuesta por el convenio colectivo de eficacia general (convenio-tipo para el establecimiento de condiciones de trabajo uniformes para todos los trabajadores) y la fijación de distintos niveles de representatividad sindical (atribuyendo al sindicato más representativo el ejercicio de importantes funciones en el conjunto del sistema de relaciones laborales) contribuyen a retraer la afiliación sindical y a la burocratización sindical, repercutiendo sobre sus mecanismos directos de financiación (las cuotas) y generando un progresivo distanciamiento de las bases sindicales.» Digamos, pues, que no tienen pelos en la lengua. Como he dicho más arriba, yo veo las cosas de otra manera.

Yo no comparto la idea de que el convenio de eficacia erga omnes contribuya al retraimiento de la afiliación sindical.   Siempre he defendido testarudamente que el mecanismo de freno está en la existencia del sujeto que representa a los asalariados en el centro de trabajo, esto es, el comité de empresa. En definitiva, en el carácter de la representación en ese ámbito. El lugar común, repetido hasta el agotamiento por los potenciales afiliados, es: «¿Qué gano afiliándome al sindicato si el comité me lo resuelve todo?».  Esta pregunta nunca ha sido contestada eficazmente por el sindicato. En todo caso, la respuesta a un problema de «utilidad» ha sido de carácter ideológico, de manera que el problema sigue estando en un callejón sin salida. 

Nuestros amigos universitarios, además, plantean una cuestión no menor: «… atribuyendo al sindicato más representativo   el ejercicio de importantes funciones en el conjunto del sistema de relaciones laborales contribuyen a retraer la afiliación sindical y a la burocratización sindical, repercutiendo sobre sus mecanismos directos de financiación (las cuotas) y generando un progresivo distanciamiento de las bases sindicales.»  Entiendo que en este planteamiento falta un detalle de gran envergadura, a saber, la atribución de tales prerrogativas –entre ellas, y especialmente, la condición de convenio o concertación erga omnes--  es un artificio jurídico que va ligado al reconocimiento del «sindicalismo mayoritario» como sujeto que monopoliza  las relaciones laborales en general y el convenio colectivo en general. Lo que podría, ciertamente, ser un elemento que explicaría, también, el retraimiento a la hora de afiliarse al sindicato. Pero, en este aspecto, no veo la suficiente relación entre convenio de eficacia general y «distancia de las bases sindicales».

Es un dato cierto que los resultados de las elecciones sindicales dan una mayoría muy holgada al sindicalismo confederal con unos niveles de participación, todavía elevados, en los centros de trabajo. Esta es una cuestión que, me atrevo a decir, no está siendo interpretada convenientemente por nadie fuera del sindicalismo. De lo que no tenemos datos –ni siquiera los grupos dirigentes del sindicalismo--  es sobre el nivel de satisfacción de las  bases sindicales con la utilidad de la acción colectiva de ellas mismas y de su relación orgánica con los grupos dirigentes.  Esta ausencia de datos nos puede llevar a interpretaciones interesadas y no convincentes en uno u otro sentido.  

Por último, me gustaría saber si lo que nuestras amistades universitarias están proponiendo elípticamente es la renuncia del sindicalismo confederal al ejercicio del monopolio de su representación lo que equivaldría la desaparición de la condición de sindicato más representativo. Si no fuera eso, me ahorro disquisiciones sobre el particular. Pero si la cosa fuera por ahí, cosa que a un servidor no le repugna, estaríamos en puertas de un debate de nueva planta de enormes proporciones. En todo caso, entiendo que, tal como es ahora, el sindicalismo español no está preparado para ello. Pero lo cierto es que estamos todos auto convocados  para hablar sobre el sindicato que debe ser. Por ello, entiendo que la cosa no puede ir venir a golpe de «reservas jurídicas».    

Post scriptum. Pregunto: ¿algún alma caritativa puede hacerle llegar este ejercicio de redacción a alguno de los firmantes? Le invitaría, a cambio, a un cafelito en la ciudad de Parapanda.


*Ciberbibliotequilla sobre el asunto que estamos tratando

 

 

Isidor Boix: UN INTERESANTE FORO PARA EL DEBATE SINDICAL. UNA INVITACIÓN A LA MÁS AMPLIA PARTICIPACIÓN


JLLB: LA PARÁBOLA DEL SINDICATO 


José M. Izquierdo: El Sindicalismo Confederal, Evolucionar para renovar (I)




viernes, 9 de enero de 2015

Sindicatos: De la concertación (social) al desconcierto (general)


Magdalena Nogueira, Yolanda Valdeolivas y Gregorio TudelaCatedráticos de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Facultad de Derecho de la UAM (1).


¿Son los sindicatos “dinosaurios en vías de extinción”? ¿Conviene protegerlos en “reservas jurídicas”? ¿Deben evolucionar y adaptarse para sobrevivir o debemos dar su ciclo por cumplido y proclamar su irrelevancia social? Parafraseando a Monterroso, cuando despertemos ¿los sindicatos todavía estarán allí? Estas cuestiones sitúan a los sindicatos ante importantes retos de futuro y exámenes inmediatos, inmersos ya en un nuevo proceso de elecciones sindicales con fuertes dosis de incertidumbre.

Crítica situación agravada por las severas tensiones territoriales, el cuestionamiento de instituciones claves de nuestro sistema democrático y los casos de corrupción. En ese marco, las elecciones sindicales vienen trufadas de sindicatos corporativos, plataformas y coaliciones electorales e, incluso, con un nuevo sindicato surgido al calor de una tendencia refractaria a los instrumentos tradicionales de representación, cuya importancia real está por constatar.

Los sindicatos son pieza nuclear e insustituible de todo el sistema democrático de relaciones laborales, su médula ósea. Su desaparición encuentra un infranqueable límite en el diseño constitucional del Estado Social, aunque, interesadamente, se les presente como algo caduco e inadaptado al “progreso” socioeconómico, exacerbando deliberadamente sus debilidades, con campañas públicas de desprestigio promovidas por sectores proclives a su desaparición o debilitamiento a fin de aumentar el poder empresarial y retornar a los principios más rancios del liberalismo.

En España, la apuesta por el convenio colectivo de eficacia general (convenio-tipo para el establecimiento de condiciones de trabajo uniformes para todos los trabajadores) y la fijación de distintos niveles de representatividad sindical (atribuyendo al sindicato más representativo el ejercicio de importantes funciones en el conjunto del sistema de relaciones laborales) contribuyen a retraer la afiliación sindical y a la burocratización sindical, repercutiendo sobre sus mecanismos directos de financiación (las cuotas) y generando un progresivo distanciamiento de las bases sindicales.

Ello se intentaría paliar o justificar a través de mecanismos alternativos de financiación (patrimonio sindical, subvenciones públicas, canon por negociación colectiva, etc.) y de procesos de concertación social (implicándoles en la elaboración de las políticas legislativas estatales y en la gobernabilidad social del sistema) hoy con síntomas de agotamiento, tras los reiterados fracasos de las mesas de diálogo social previas a los últimos procesos de reforma laboral (2010, 2011 y 2012).

Iniciados los 90, se vieron arrollados por los acontecimientos, sumando a problemas tradicionales (déficit de afiliación y merma de su función reivindicativa e influencia en el diseño de las políticas sociales) una pérdida de credibilidad agravada por su conexión con casos de corrupción bien conocidos. Todo ello en el marco de profundas trasformaciones del sistema productivo y de expansión del pensamiento neoliberal. El resultado es un sindicato con escasa fuerza innovadora y cercado por un estado de opinión muy escéptico sobre sus posibilidades de mejorar las condiciones de vida y trabajo, si no alejado de las preocupaciones reales de los trabajadores y ensimismado en su propia dinámica. Urge, pues, un proceso de reconversión histórica que mantenga y refuerce su presencia en las relaciones laborales y su contribución al gobierno del sistema socioeconómico, adaptándose a fenómenos que hace tiempo dejaron de ser coyunturales.
La tradicional separación entre trabajadores públicos y privados se va difuminando progresivamente, profundizándose la brecha entre trabajadores fijos (especie en extinción) y temporales (en progresivo ascenso y excusa para minorar los derechos de los primeros),
El impacto de las nuevas tecnologías sobre los procesos productivos, la internacionalización económica, el predominio del capitalismo financiero sobre el tradicional capitalismo industrial son fenómenos subyacentes a lo que, asépticamente, llamamos globalización, cuyas consecuencias más inquietantes, en clave laboral, son bien visibles. Los cambios operados en el modelo productivo obligan al sindicato a una rigurosa revisión de sus formas de actuación. La acción sindical se desarrolla entre turbulencias provocadas por tendencias contrapuestas (centralización-diversificación, agrupamiento-descentralización) y debe combinar la reivindicación nacional con los requerimientos de una economía globalizada y la expansión internacional de algunas empresas, dentro de las exigencias de competitividad impuestas por la UE, para lo que los sindicatos no parecen bien engrasados. Simultáneamente, el abandono tradicional de las pequeñas empresas, de importancia creciente en la tensión concentración-disgregación empresarial, recomienda reajustar la acción sindical. Los centros de trabajo deben recuperarse como ámbito de actuación cotidiana, especialmente en momentos económicos críticos, de recomposición del tejido productivo, acompañados de cambios normativos que remiten a aquellos la negociación de condiciones vitales para el conjunto de trabajadores.

Tales cambios afectan a sus estrategias de acción, que no pueden ceñirse a la negociación colectiva y a exteriorizar el conflicto, sino ampliarse al diálogo social y a cierta cooperación en el marco de la empresa, con la ampliación de los derechos de información y control, hoy básicos en las relaciones laborales, junto a una promoción de la composición extrajudicial del conflicto. No pueden permanecer ajenos a nuevas demandas en materia de ecología o a problemas de los trabajadores de países menos desarrollados o emergentes, ni a la transformación del significado del trabajo en la sociedad actual, donde el conflicto laboral ya no es el único que acapara las energías sociales. Y en la que, en ocasiones, el ejercicio del derecho de huelga, especialmente si afecta a servicios esenciales de la comunidad, se percibe por la ciudadanía como una excesiva manifestación de un limitado poder sindical.

Las transformaciones del modelo productivo quebraron, hace tiempo, el concepto unitario de trabajador. La tradicional y nítida separación entre trabajadores públicos y privados se va difuminando progresivamente, profundizándose la brecha entre trabajadores fijos (especie en extinción) y temporales (en progresivo ascenso y excusa para minorar los derechos de los primeros), proliferan nuevas categorías de “trabajadores” (autónomos económicamente dependientes), cuando no se buscan “modernas” denominaciones para viejas fórmulas de prestación de actividad laboral (“emprendedores” o “teletrabajo”). Se ha roto la homogeneidad de la clase trabajadora, fisurada hace más de tres décadas, al resquebrajarse el modelo industrial sustentador. Los centros fabriles que concentraban un gran número de trabajadores con demandas uniformes son ya un recuerdo que solo evocan las grandes empresas y el sector público (educación y sanidad, especialmente). Y, aun en aquellos ámbitos, se rompen valores tradicionales, como la solidaridad, por la multiplicidad de pretensiones convergentes que fragmentan los intereses de los trabajadores y reclaman la atención a colectivos específicos (mujeres, desempleados, precarios, jóvenes, inmigrantes o trabajadores que superan cierta edad, enfrentados a las concertinas del mercado laboral). La presencia sindical apenas alcanza al 5% del conjunto de empresas (Eurostat-2013). Ello, junto a un desempleo desbocado, limita las posibilidades de acción de los sindicatos, mermando gravemente su potencial negociador e incrementando el poder empresarial.
Los sindicatos afrontan una comprometida situación, en un contexto económico amorfo y cambiante, a la que no son ajenas sus propias deficiencias estratégicas.
Conviene rediseñar las estrategias sindicales para entablillar esas fracturas, atendiendo a los grupos y sectores más desfavorecidos con prioridad al núcleo cada vez más reducido de trabajadores a tiempo completo en ámbitos donde más cómodamente operan los sindicatos (administración pública y grandes empresas), adaptando las estructuras de negociación, información, control y conflicto a esas nuevas necesidades. Sin olvidar el fenómeno de los grupos de empresa, que resalta la importancia de la proyección internacional del sindicato, especialmente en el espacio europeo, como elemento corrector y reequilibrador de “egoísmos” nacionales, que se traducen en graves déficits económicos y sociales del maltrecho proyecto europeo, especialmente en su vertiente social. Un mercado global no puede controlarse sólo a través de instrumentos jurídicos nacionales. La idea de supranacionalidad debe presidir el establecimiento de unos derechos fundamentales básicos que no admitan infra regulaciones. El sindicato debe adecuar sus estructuras y estrategias para una “alianza global”, coordinada con sindicatos de otros países, con movimientos sociales (grupos de género o ecologistas, por ejemplificar), con asociaciones de consumidores, con plurales plataformas y sindicatos de diverso cuño, para afrontar globalmente la indisimulada desarticulación global de derechos laborales trabajosamente logrados.

La ampliación de la base afiliativa pasa por recuperar a los jóvenes, sin cuyo concurso no hay futuro. Jóvenes con nuevos intereses, planteamientos y perspectivas, que no son una mera masa de desempleados sin futuro inmediato, sino futuros trabajadores que no han de ver en él una rémora del pasado y un discurso sindical que solo pálidamente refleja sus inquietudes. Hay que saludar e impulsar las propuestas de rejuvenecimiento de los cargos sindicales y fomentar la participación activa del colectivo en el diseño de las estrategias sindicales, porque los jóvenes conocen y padecen directamente la realidad y dificultades de su entorno. Ellos, con visión y lenguaje distintos, pueden desplegar toda la potencialidad de las nuevas tecnologías como medio de acción sindical, compaginando los medios tradicionales con las redes sociales, fomentar la formación on line, utilizar las nuevas tecnologías para informar, aprovechar el impacto de los testimonios en la red, impulsar en ella las protestas, fomentar el videosindicalismo, el cyberactivismo y cualesquiera otros mecanismos que la propia evolución de las tecnologías de la información y la comunicación vayan paulatinamente ofreciendo. Ejemplos no faltan. Son los jóvenes quienes pueden conectar con un nuevo segmento de trabajadores de diverso signo que dependen crecientemente de la telemática para efectuar su trabajo, sometidos a un nuevo “cybertaylorismo” (el denominado “cybertariat” o ciberproletariado).

Los cambios esbozados sitúan al sindicato ante un laberinto cuya vía de salida requiere adecuar, afianzar y aplicar efectivamente valores tradicionales del movimiento sindical, como la solidaridad y la prioritaria defensa de los más desfavorecidos, utilizando nuevos instrumentos de acción. Y ello en un entorno ideológico profundamente individualista.

Como otras organizaciones, los sindicatos han de regenerarse éticamente con el máximo de trasparencia y rigor interno frente a eventuales desviaciones de un código ético efectivo (no programático) que está en su genética tradicional, permitiéndoles recuperar y sustentar a futuro su credibilidad, dañada por algunas situaciones conocidas, inaceptables y a erradicar. Es una responsabilidad colectiva que han de asumir los máximos órganos de dirección de la organización, con especial celo por prevenir, investigar y neutralizar cualquier comportamiento censurable y, ante dudas razonables o indicios fundados de comportamientos contrarios a la ética sindical, reaccionar con contundencia.

Conviene reflexionar, en fin, sobre la exigencia constitucional de funcionamiento democrático de los sindicatos o, desde otra perspectiva, sobre su burocratización y alejamiento de sus bases, militantes y sociales, porque lo que se reclama razonablemente a otras organizaciones públicas –partidos políticos o privadas organizaciones empresariales o empresas , tampoco puede ignorarse por quien lo reclama.

En síntesis, los sindicatos afrontan una comprometida situación, derivada de factores múltiples, en un contexto económico amorfo y cambiante, pero a la que no son ajenas sus propias deficiencias estratégicas, así como su aún escasa atención a nuevas capas de trabajadores y su dificultad de penetración en sectores y actividades en expansión. Ello favorece el surgimiento de organizaciones corporativas y escasamente solidarias de sector y empresa, acentuándose el egoísmo o individualismo de amplias capas de trabajadores. La historia, el papel institucional y la grave situación económica y social exigen transformaciones capaces de recuperar en el sindicato su función de reequilibrio colectivo en unas nuevas condiciones ciertamente adversas. La opción es renovarse o quedar sumidos en un coma profundo e irreversible, que arriesgaría la defensa consensuada y eficiente de los plurales intereses de los trabajadores, ineludible en momentos de grave crisis económica.

En un sistema democrático de relaciones laborales, la negociación colectiva, los derechos de información y control en la empresa y el diálogo social son inexcusables puntos de apoyo para gestionar las profundas transformaciones operadas. Ello pasa por mantener unos sindicatos solventes, capaces de asumir sus importantes funciones constitucionales, contribuyendo a la adaptación de la organización del trabajo a los cambios objetivos del modelo productivo y garantizando, al tiempo, una eficiente democratización del sistema socioeconómico. Reflexionar sobre el sindicato implica interrogarse por la salud democrática de nuestro sistema de relaciones laborales.



 (1)
Suscriben el contenido del presente artículo Ana de Marcos, Andrés García, Antonio Arroyo, Antonio Rovira, Beatriz Gregoraci, Blanca Mendoza, Blanca Rodríguez Chaves, Borja Suárez, Clara Álvarez, Elena García Guitian, Esther Gómez Calle, Fernando Martínez, Isabel Arana, José Luis López, José María Blanch, José Ramón Montero, Juan Antonio Lascuraín, Julián Sauquillo, Manuel Sánchez Reinón, Maria Luisa Aparicio, Marta Lorente, Mercedes Pérez Manzano, Raquel Escutia, Soledad Torrecuadrada y Visitación Álvarez, profesores de la Facultad de Derecho de la UAM. [Publicado en la revista Público]

Radio Parapanda.--  Paco Rodríguez de Lecea escribe ALTERNATIVAS AL PLENO EMPLEO




miércoles, 7 de enero de 2015

LA OPORTUNIDAD DEL NUEVO ESTATUTO DE LOS TRABAJADORES



Nota.  Este cuadro es obra del pintor Jordi Serrau El Maño, el retratado es Carlitos Vallejo, hace cuarenta y tres años en la Cárcel Modelo de Barcelona.


 1.— Ayer mismo Joaquim González reincidía atinadamente sobre un asunto de gran importancia, que ya hemos tratado en otras ocasiones en este mismo blog: «Me refiero a la [propuesta] que ha presentado el PSOE, concretamente su responsable de Empleo, María Luz Rodríguez, al afirmar que, en caso de gobernar, su partido se compromete a abrir y dirigir un proceso de diálogo y negociación con los agentes sociales para abordar la construcción de un nuevo Estatuto de los Trabajadores. Una propuesta que va mucho más allá de la promesa, como se venía afirmado hasta ahora, de que su primera medida, si gobierna, sería dejar sin efecto la última reforma laboral del Partido Popular.» Léase bien, por favor: el PSOE va a abrir un proceso de diálogo con los agentes sociales y, a partir de él, se harán las novaciones legislativas pertinentes. Hablando en plata, cabe la posibilidad de abrir un debate sobre «el trabajo» y los derechos del conjunto asalariado. Naturalmente, se trataría de una discusión que fuera más allá de los círculos de los grupos dirigentes para abrirse a todo el universo del trabajo que cambia aceleradamente.

No es necesario explicar la importancia de esta propuesta. Pero sí es oportuno recordar que tamaña operación se va a dar cuando se ha agotado el ciclo largo de los derechos sociales de los últimos treinta y cinco años en España y de los últimos setenta años en los países más avanzados de la Unión Europea. No se trata de un agotamiento natural del «ciclo largo» sino, por una parte, del envejecimiento de no pocos derechos tras la irrupción masiva y fulgurante de las nuevas tecnologías y de los sistemas de management de las empresas y, de otro lado, por la violenta agresión contra tales derechos por parte de la mayoría de los gobiernos: la más reciente la reforma laboral italiana (Jobs Act), que ya han comentado en este mismo blog Luigi Mariucci y Umberto Romagnoli

Se mire por donde se mire, la propuesta del PSOE interpela especialmente al sindicalismo confederal. Es más, le incita a debatir  en todos sus ámbitos (especialmente en los centros de trabajo) en torno a una cuestión de la mayor importancia. Lo que comportaría que dicha discusión no quedara reducida a los círculos concéntricos dirigentes.  Porque serían las nuevas reglas de eso que comúnmente se llama las relaciones laborales. De ahí el esfuerzo colectivo por plantear una reflexión crítica del pasado y solicitar una nueva mirada sobre aquellas ideas y esperanzas concretas, sobre aquellos trabajos culturales que se mostraron fructíferos aunque tuvieran una vida corta.

Nuevas reglas: pongamos que hablo, por ejemplo, de la «codeterminación», que no debe confundirse con la cogestión. Esto es, la codeterminación como: la fijación negociada, como punto de encuentro, entre el sujeto social y el empresario, anterior a decisiones "definitivas" en relación, por ejemplo, a la innovación tecnológica, al diseño de los sistemas de organización del trabajo y de las condiciones que se desprenden de ella. A mi juicio, la codeterminación es el derecho más importante a conseguir en el centro de trabajo en el incansable esfuerzo por la humanización del trabajo y la autorrealización en el trabajo. La codeterminación como elemento corrector de la pereza en considerar las formas de trabajo como definitivamente dadas.  

En resumidas cuentas, se abre una oportunidad con un nuevo Estatuto de los trabajadores de intervenir –no sólo en el centro de trabajo--  «de utilizar los instrumentos fundamentales de la investigación, de la formación, de los incentivos a la innovación, no sólo de la tecnología, también de la organización del trabajo. Y de la socialización de las innovaciones, las sinergias de los proyectos a nivel europeo y de las transformaciones de la organización del trabajo, especialmente a través de la negociación colectiva, el papel y la autonomía de la persona que trabaja, ante todo en la programación de su propio trabajo y actividad», sobre los que tanto insistió Bruno Trentin.

2.--  He sentido voces de algunos conocidos y saludados que han tachado la propuesta del PSOE como electoralista. ¿En qué quedamos? Si no plantea nada sacamos la espingarda y criticamos la ausencia de proyecto; si hace lo contrario hablamos de electoralista. Otros hablan así: ¿por qué no lo hizo estando el PSOE en el poder? Eso mismo me digo yo. Pero, ¿a qué nos lleva esa justa crítica? En todo caso, a sacarle los colores a Zapatero. Así pues, darle la espalda a dicha propuesta sería perder una oportunidad. De la que, también nosotros, seríamos responsables.  Vale

P/s. Juan Blanco Blanco me manda esta nota en la que comenta la entrada de Joaquim González. La copio y pego: «Entusiasmante mirada la del autor, si la considerásemos como inductora de una forma de acceder a análisis concretos de las realidades complejas en que se desenvuelven las condiciones de vida de la inmensa mayoría de la población que, en un determinado momento, se relaciona en un espacio social, político, cultural y económico, también concreto, y también complejo.

Generadora de entusiasmo, desde el origen de la elevación de la manifestación de la responsable de Empleo del PSOE a la categoría de "apertura de un proceso inclusivo de los actores económicos y sociales para la construcción de un nuevo Estatuto de los Trabajadores", por rupturista con la muy mayoritaria dinámica actual (ésta, más bien parece que enrocada en los "ida y vuelta" de no más de 140 caracteres, eso sí, "con mucho carácter" y radicales pretensiones electoralistas) que, en la dimensión de las condiciones de empleo (y de desempleo), nos martillea con las "nuevas centralidades" identitarias que han desplazado del corazón de las lógicas sociales y políticas, de la pulsión central de las personas "la cuestión social", ya antigua, del sustento (Karl Polanyi), de las relaciones conflictivas por esenciales para las condiciones de vida (no sólo de trabajo) de la inmensa mayoría de la ciudadanía, de los proyectos efectivos de desarrollo social, tecnológico, económico; en fin, quizás, estirando animosamente el artículo, lo que nos sugiere es tratar de alimentar el entusiasmo por una reestructuración estratégica de las relaciones sociolaborales como uno de los centros que soportan (y, a su vez, expanden) condiciones esenciales y concretas de vida.
En fin, gracias por esa perspectiva y las sugerencias que desliza el autor.»

Radio Parapanda.--   TRABAJO Y HUMANIZACIÓN. Escribe Paco Rodríguez de Lecea. 



martes, 6 de enero de 2015

El PSOE y su propuesta de un nuevo Estatuto de los Trabajadores



Joaquim  González Muntadas 
Director de Ética Organizaciones SL



En estas fechas, ya prácticamente de convocatoria a las urnas, cada propuesta y cada palabra pronunciada por los diversos partidos políticos tiene, más allá de su envoltorio, una clara intención electoral y en muchos casos electoralista. Ya ha empezado el concurso de cometas, que es lo que parecen muchas propuestas de los programas electorales que se presentan al electorado como "soluciones fáciles y rápidas".

Por eso, tiene interés oír una iniciativa política y electoral que por su calado debería merecer atención, reflexión y debate. Me refiero a la que ha presentado el PSOE, concretamente su responsable de Empleo,
María Luz Rodríguez, al afirmar que, en caso de gobernar, su partido se compromete a abrir y dirigir un proceso de diálogo y negociación con los agentes sociales para abordar la construcción de un nuevo Estatuto de los Trabajadores. Una propuesta que va mucho más allá de la promesa, como se venía afirmado hasta ahora, de que su primera medida, si gobierna, sería dejar sin efecto la última reforma laboral del Partido Popular.

Es meritorio comprometer hoy la iniciativa de construir un nuevo Estatuto de los Trabajadores. Es una propuesta ambiciosa, y muy arriesgada también, como podemos apreciar si repasamos la historia, llena de dificultades y conflictos, que se ha vivido en todas y cada una de las modificaciones que ha sufrido el actual Estatuto de los Trabajadores, nacido ahora hace 35 años.

Elaborar un nuevo Estatuto de los Trabajadores es una propuesta, por compleja y difícil, muy poco electoralista. Pero es una buena iniciativa proponer la elaboración de nuevas reglas que respondan a las diferencias entre aquella economía, aquella empresa y aquel mercado laboral de los años 80, cuando se aprobó el actual Estatuto de los Trabajadores, nacido para reformar las viejas y no democráticas leyes laborales del franquismo, y la realidad de hoy, en la que además inciden centenares de normas de la Unión Europea. Proponer nuevas reglas que atiendan la realidad de las nuevas tecnologías presentes en los centros y en los nuevos empleos, que respondan a las nuevas formas de trabajar y que regulen nuevos instrumentos de participación e información de los trabajadores y sus sindicatos, es una necesidad.

Significa atreverse a afrontar la realidad del actual mercado de trabajo, tan distinto de aquel donde apenas había tres millones de mujeres con empleo, frente a los ocho millones actuales tras su masiva incorporación, lo cual ha transformado las relaciones sociales, familiares y laborales profundamente, que nos exige una nueva mirada hacia los derechos y las obligaciones, como son la igualdad, la conciliación o la salud. Poco tiene que ver con aquel mercado de trabajo de los años 80 donde el 18% eran jóvenes menores de 25 años, cuando hoy, los de esta edad, no alcanzan el 5%.

Un nuevo Estatuto de los Trabajadores que, además de regular las relaciones laborales, actualice los derechos sindicales de información y participación y la negociación colectiva. Dos capítulos que hace muchos años esperan reformas profundas, pero en la dirección contraria a las producidas en la última reforma laboral, ya que precisan cambios que aclaren y fortalezcan el papel de los sindicatos en los centros de trabajo, cambios que ayuden a racionalizar y mejorar la calidad de nuestra negociación colectiva, la que en los países más avanzados constituye el instrumento más importante y eficaz para afrontar los cambios, una asignatura pendiente desde hace mucho en nuestro país.

Así que es una buena noticia que en el acalorado debate político que vivimos, centrado en reformas territoriales y modelos de estado, se coloque también en el centro la discusión sobre el modelo de relaciones laborales e industriales que queremos y necesita nuestro país, y evitar así lo que ha sido nuestra costumbre, los parches y las reformas improvisadas, cuando no impuestas, con nefasto resultado.

Esperemos que esta difícil propuesta --aunque muy necesaria, que necesitará de un fuerte liderazgo, autoridad y credibilidad de quien aspire dirigir su negociación-- tenga suerte y pueda contar con el compromiso de todos, especialmente de los agentes sociales, para construir unas relaciones laborales del siglo XXI, más justas y útiles para impulsar el cambio de modelo productivo que necesitamos.

domingo, 4 de enero de 2015

LA CONSTITUCIÓN Y LA LIBRE EMPRESA



El profesor Umberto Romagnoli ha sido entrevistado por el digital Il Fatto Quotidiano y esa página ha sido traducida por nuestro amigo y compañero Pedro Guglielmetti, que lo ha transmitido a los amigos de la red latinoamericana de ex alumnos del Curso de Bologna. Se une así al comentario que en este mismo blog ha realizado Luigi Mariucci a la norma de reforma italiana del art. 18 del Statuto di Lavoratori. Lo publicamos al alimón el blog hermano Ciudad nativa y en este sitio.

ENTREVISTA A UMBERTO ROMAGNOLI EN IL FATTO QUOTIDIANO. IT.

“SI RENZI PUDIERA REESCRIBIR EL ARTÍCULO 1 DE LA CONSITUCIÓN, DIRÍA QUE LA REPÚBLICA ITALIANA SE BASA EN LA LIBERTAD DE EMPRESA" Y PONE UN EJEMPLO: CON UN SOLO DIA DE AUSENCIA INJUSTIFICADA EL EMPLEADOR PUEDE DESPEDIR, SIN QUE EL JUEZ PUEDA VALORARLO.

“Complicado de aplicarlo, potencialmente inconstitucional y descriminatorio, orientado a saltarse la negociación sindical  a un módico precio". 
Este es, en síntesis, el juicio del iuslaboralista Umberto Romagnoli sobre la extensión de la reforma del artículo 18  del Statuto del Lavoratori a los despidos colectivos que se contempla en dos de los decretos de desarrollo del Jobs Act (Reforma Laboral) aprobado por el ejecutivo antes de la vigilia de Navidad.

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El Jobs Act fija un doble carril en la gestión de los despidos. Las nuevas asunciones tienen un tratamiento de tutela menos eficaz con respecto a los colegas más antiguos, subraya el profesor de la Universidad de Bologna, Umberto Romagnoli, que en los años 90 formó parte de la Comisión de garantías sobre las huelgas.

Teniendo en cuenta lo que dice el decreto, en casi todos los casos la sustitución del reintegro por una indemnización se aplica "a las nuevas contrataciones a contar de la vigencia del presente decreto."

Esta diferencia de tratamiento, hace presente el profesor, la encontramos tanto en los despidos colectivos como en los individuales Pero con una sustancial diferencia. "Si el procedimiento es colectivo, se presentan ulteriores complicaciones a nivel práctico --afirma Romagnoli. Entre los varios despedidos sería necesario distinguir entre los contratados antes y aquellos contratados después de la vigencia del Jobs Act y aplicarlo en forma diferenciada. En resumen, los dependientes de larga duración tendrían derecho al reintegro, y los otros solo a la indemnización”

Estamos frente a un tratamiento diferenciado que es discrecional, inmotivado, no razonable concluye el profesor. Son situaciones idénticas tratadas en manera desigual. Esta reforma aumenta la división entre los trabajadores.


Directa consecuencia de este razonamiento son los perfiles de inconstitucionalidad del Jobs Act.



"Creo que no es legítimo --agrega el profesor. Es una ley que constitucionalmente no se tiene en pie: viola el principio de igualdad del Constitución". La previsión, por lo tanto, es que luego se iniciarán recursos para revelar la inconstitucionalidad de la norma. "Pero mientras la Corte Constitucional decida, pasará mucho tiempo, reflexiona Romagnoli. Basta pensar en la exclusión de la Fiom  (Federación de los trabajadores metalúrgicos) por parte de la Fiat en Pomigliano d' Arco. La Corte se demoró dos años antes de decretar su readmisión en la fábrica. En el entretanto, el daño se produce y se generan lesiones no reparables".

Otra consecuencia de la aplicación de las nuevas reglas para los despidos colectivos reside, según Romagnoli, en el ulterior debilitamiento del rol del sindicato. "Con el Jobs Act el empleador podrá evitar la negoción sindical que precede al despido colectivo, pagando el pequeño precio de la correspondiente indemnización. Aquí se monetiza no solo el derecho de la continuidad de la relación de trabajo, sino  también el poder contractual del sindicato".

Lo que se redimensionará por la reforma, siempre en la visión de Romagnoli, no será solo el poder del sindicato, sino también la de los jueces. Se refiere a la parte del Decreto legislativo donde se contempla la readmisión  por los despidos disciplinarios, pero exclusivamente en los casos en que sea demostrado en el juicio la insuficiencia del hecho material contestado por el trabajador, sin que se permita por tanto cualesquiera valoración acerca de la desproporción del despido.

Según el profesor Romagnoli "es inconstitucional limitar el ejercicio del poder jurisdiccional. El juez debe tener la posibilidad de comprobar si ha habido proporcionalidad entre la gravedad del hecho cometido y la sanción que se le aplicó al trabajador. Con un simple plumazo, el gobierno eliminó un principio de equidad”. En apoyo a su tesis, el profesor presenta un ejemplo práctico: en el caso de un solo dia de ausencia injustificada en el trabajo, el empleador podrá proceder al despido, sin que el juez pueda decidir si se trata de una decisión desproporcionada ante ese hecho.

De todos modos, el poder de los magistrados estaba ya limitado, en la práctica, por la escasa aplicación de su sentencias. Sobre diez sentencias de readmisión, ocho no se aplicaban explica Romagnoli. Si el empleador no quería, el trabajador no reiniciaba su trabajo. En ese caso, se garantizaba el pago de la remuneración y de las contribuciones previsibles, pero de hecho el trabajador no era admitido en su puesto de trabajo, a causa de falta de instrumentos coercitivos eficaces que obligaran al empleador a dar plena actuación a la sentencia. Muchos trabajadores, a pesar de tener derecho a la readmisión, terminaban por aceptar la indemnización.


"También por este motivo, los discursos del gobierno sobre el artículo 18 y las mayores inversiones que la reforma debería  atraer, son pura propaganda”,  concluye. “Se dice que estamos caminando hacia el futuro, pero en realidad estamos recuperando el pasado, con un regreso al poder unilateral y tendencialmente anti sindical del empleador. Si Matteo Renzi pudiera reescribir el artículo 1 de la Constitución, diría que la República Italiana se funda no sobre el trabajo, sino  sobre la libertad de empresa”.

Radio Parapanda.--  Jaime MontesEL SIDRAL Y LA HISTORIA


sábado, 3 de enero de 2015

ETICA Y EDUCACIÓN PARA GOBERNANTES



«Ética i educació per a governants» es una obra de un sabio persa, Abadallah inb Almuqqafa (720 – 753), que ha sido traducido magníficamente al catalán (versión malloquina) por Margarida Castells Criballés [Angle Editorial, 2014]. Del persa se ha dicho que es un predecesor de Maquiavelo. Que haya que salvar todas las distancias de tiempo y lugar no parece que niegue la mayor. Pues bien, me propongo razonar por qué entiendo que debe ser estudiado con atención el mencionado tratado de Almuqqafa (1).

Una advertencia previa: así como el objeto del estudio de Maquiavelo en El Principe es la relación de éste con la política de su tiempo y, por supuesto, con los acontecimientos y avatares políticos, amén de las enseñanzas que el pasado depara, la obra de Almuqqafa es, más bien, algo parecido a lo que posteriormente se llamó «espejo de príncipes y caballeros», esto es, un manual  de instrucciones de carácter interno. A saber, qué relación debe tener el ministro o el consejero con el príncipe.  

Comoquiera que, en tiempos de Almuqqafa, el príncipe --se decía-- tenía un origen divino, los consejos que este sabio prescribe en su obra son de total supeditación: el príncipe, tenga o no razón (cosa que nunca se plantea en el libro) debe ser obedecido. Y en ese pedestal se construye todo el mandamiento almuqqafiano. Así pues, la lógica del autor es impepinable. Cuestión distinta es la utilidad que todo ello tenga en estos tiempos y en los venideros. De ahí que saque esta conclusión: el libro del sabio persa debe leerse a la contra.  

Vivimos tiempos autoritarios: desde el autoritarismo en el centro de trabajo hasta la política se están consolidando actitudes y formas de ser bonapartistas.

El príncipe –quiero decir: el secretario general, presidente o como se llame al primer dirigente— está substituyendo a los grupos dirigentes y al conjunto de la organización. Incluso en las formas de comunicarse hacia fuera incluye un repetido «yo», que se acerca en el fondo al «nos» mayestático. Esta es la forma, el fondo es que cualquier tipo de ocurrencia banal o no importa qué propuesta que se indica desde el arengario del príncipe es asumida como la voz de la organización. Este es un estilo que se incrementa mientras declina la gramática de la organización. Así pues, los grupos dirigentes siguen –no sólo sin atreverse a rechistar sino como cosa natural— las prescripciones de Almuqqaffa, a quien no sólo no han leído sino que ni siquiera conocen que el sabio persa murió descuartizado por orden del príncipe sin agradecerle los servicios prestados.

Por sorprendente que parezca el método de las primarias para elegir al primer dirigente de la organización –lo he dicho en repetidas ocasiones en esta misma tribuna, gnándome la antipatía de no pocos--  confiere un áurea presidencialista al elegido por dicho plebiscito. Este áurea acaba transformándose en bonapartismo con la anulación de los grupos dirigentes y de las estructuras intermedias. Lo chocante del caso es que las primarias aparecen como el no va más de la participación como la panacea para evitar los procesos de burocratización. Y ha llegado la exageración a tales extremos que una dirigente de IU (Madrid) ha declarado que «si Izquierda Unida hubiera hecho primarias en las europeas, no se habría dado el fenómeno de Podemos». Y se ha quedado tan pancha con esta manera de explicarnos a nosotros algunas de sus vicisitudes. O sea, no importa (o importa menos) la literatura programática, el proyecto europeo, que el hecho de hacer primarias.

Acabo trayendo a colación un sabio santaferino, Juan de Dios Calero, cuya ley más conocida es: las organizaciones pequeñajas corren el peligro de la grupusculización; las grandes tienen una tendencia natural a la burocratización. Pues bien, ambos peligros no se confrontan con el ungüento amarillo de las primarias. Fijénse ustedes que los consejos de Almuqqafa, que hoy se siguen casi al pie de la letra, comportan un elogio de la burocratización, aunque no fuera ello la intención del sabio persa. El neobonapartismo de hoy puede ser paradójicamente aumentado por las primarias.

(1) Este ha sido el regalo de Reyes que me ha hecho Helios, tal vez con alguna retranca.

 

Radio Parapanda.--   COLOR LOCAL (desde Grecia)




viernes, 2 de enero de 2015

EN EL CENTRO DE TRABAJO (Recordando a Jaime Montes)



Los relatos que más se han utilizado para narrar el nuevo fenómeno que apareció  a principios de los sesenta –vale decir, el nacimiento de Comisiones Obreras--  se han orientado por lo general a cantar las canciones de gesta de las movilizaciones de aquel movimiento de los trabajadores. Ese estilo de relato puso casi siempre una atención especial –tal vez como no podía ser de otra manera— en los importantes conflictos que protagonizamos en tiempos de la Dictadura. Pero no lo puso tanto en la metodología que los grupos dirigentes de aquel movimiento tenían en los centros de trabajo para organizar la defensa y tutela de los trabajadores. La cosa empezó a cambiar cuando empezaron a aparecer las microhistorias de aquellas luchas a través de monografías “de empresa”, frecuentemente escritas por los mismos protagonistas de todo aquello.

Ahora que nos ha dejado Jaime Montes, vale la pena centrar la reflexión sobre su compromiso concreto, desde principios de los años sesenta, en la mítica empresa sevillana Hispano Aviación. Y es obligado recordar que en aquellos sus primeros andares como militante sindical estuvo en la buena compañía de Fernando Soto, Eduardo Saborido y otros. Fernando también nos dejó y también le recordamos en este mismo blog. De Eduardo sólo nos queda decir que mucha gente espera que relate sistemáticamente lo que fue el compromiso de aquella comisión obrera de Hispano Aviación.

Nuestro Jaime, junto a Fernando y Eduardo, fue uno de los grandes urdidores del estilo primigenio del nuevo sindicalismo español, de ese estilo o metodología que hemos referido antes: la presta atención a las condiciones de trabajo que en aquellos tiempos llamábamos la «condición de fábrica». Es decir, los tiempos y los horarios de trabajo, los ritmos, la seguridad e higiene en aquel centro de trabajo nocivo e insalubre. Y establecía con la gente esa «relación sentimental» de la que hablábamos ayer.  Jaime y sus compañeros, en difíciles momentos expuestos a todo tipo de represión, fueron los padres de aquel estilo abierto que se concretaba en la asamblea de fábrica y de centro de trabajo, que es la madre, el padre, la abuela y el abuelo de donde nace el sindicato. 

 

Juan Bosco Diaz-Urmeneta ha hablado de  Jaime Montes o el rigor del sindicalismo. Pues claro que sí. El rigor, diría yo, de la relación entre su mirada, la «condición de fábrica» y las esperanzas del conjunto de los trabajadores. Fue el rigor que pudimos observar sus compañeros de prisión en Soria. Le recuerdo en dos grandes momentos: todavía coleaba la discusión sobre la invasión soviética en Checoslovaquia; la posición de Jaime fue clara frente a no pocas dudas, había que denunciar aquella invasión. Y la otra: siendo Jaime responsable de Estudios de aquella “universidad”  cambió dos libros de texto: la Economía política (de aquella estantigua del Nikitin)  y la Filosofía (del no menos filosofastro de Afanasiev). Muchos debemos a Jaime Montes ese cambio en el plan de estudios que nos hizo menos borricos. Jaime se propuso, desde ese cambio, renovar y, de aquella obra no precisamente fácil, se desarrolló un cambio lento, gradual que fue dando frutos andando el tiempo.  

 


En resumidas cuentas, nuestro amigo fue siempre la expresión natural de un sujeto social de largo recorrido desde su condición humana que siempre tuvo un color especial. Como su Sevilla que, igual que un entusiasta cicerone, enseñaba a sus amistades cuando estábamos allí para nuestras cosas.