jueves, 11 de febrero de 2021

El independentismo es el perro del hortelano

Sea cual sea la correlación de fuerzas surgida de las urnas» --dicen los independentistas-- no habrá acuerdos con Salvador Illa. Así lo han firmado los estrambóticos de Waterloo, los confusos de Aragonès García y los esperpentos de la CUP.

Este es un veto «para poder hacer efectiva la república catalana», dicen los firmantes. Una ´república catalana´ que sólo está, imaginada, en las maquetas de los fantasiosos programas electorales como cebo para reclamar votos desesperadamente. Una engañifa que comparten los desunidos y confrontados independentistas.

No es ninguna sorpresa que Esquerra Republicana de Catalunya firme este veto con la derecha libertariana de los de Waterloo; es lo que ha hecho, casi siempre, este partido, siguiendo el semen de aquel Heribert Barrera, xenófobo, visceralmente anti comunista y anti socialista. Precisamente ese comportamiento, es lo que le ha llevado continuamente a ser el segundón del mayorazgo, con una actitud temerosa hacia lo que interprete, diga y haga el hombre de Waterloo. El populismo confuso de ERC –populismo de calisay-- sabe lo difícil que es competir con el nacional--populismo de Puigdemont, populismo de aguardiente.

ERC, hemos dicho siempre, es el partido europeo más confuso. De un lado exige (y consigue) la reanudación de la mesa de negociaciones con el gobierno de Pedro Sánchez y, de otro lado, veta cualquier tipo de negociación con Illa tras las elecciones del domingo. Sólo admite las conveniencias que le favorecen.

Este es, además, un veto que por elevación se dirige también contra los Comunes. A menos que estos acepten lo que se les eche, cosa –quiero creer--  bastante improbable. Esta, así pues, es una manera de decirle a Jéssica Albiach que si quiere formar parte del govern catalá debe sumarse a los planteamientos del independentismo. En realidad ya falta menos para saber cómo empieza y cómo acaba este grotesco vodevil.

Los Comunes no lo tienen fácil. Esta es una organización que todavía sufre las consecuencias, de un lado, de las heridas de la huida de Nuet y Alemany a otras praderas alimenticias  y, de otro, del desistimiento de Lluis Rabell y Joan Coscubiela. Y, por si fuera poco, Albiach ha tenido que hacer encaje de bolillos para que le afectara lo menos posible las salidas de pata de banco de Pablo Iglesias el Joven, que benefician a casi todo el mundo (independentistas incluidos), menos a ella. Definitivamente, apuntar contra Illa es avisar a los Comunes. A ellos también pueden aplicar el «factor K». Busquen en google qué es el factor k y el PCI

En conclusión, el independentismo es como el perro del hortelano: ni arregla ni deja que los demás arreglen las cosas. De momento, y antes de tiempo, Pastas Gallo se ha ido con los espaguetis a otra parte. No he oído a nadie comentar esa desgraciada noticia. Es normal: las preocupaciones están en la personalidad del ablativo absoluto y sus relaciones con la prosopopeya perifrástica.

 

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», se empieza a oír ya entre los votantes de Illa, recordando a don Venancio Sacristán.   

 


miércoles, 10 de febrero de 2021

Las capas medias catalanas en la Caja de Pandora


«La gente que vota a Puigdemont no sabe lo que está votando». Así ha hablado Angels Chacón, candidata del PDECat, o sea, el partido post post post convergente del que mayoritariamente se escindió recientemente el grupo del hombre de Waterloo (1). Son palabras duras que se pueden entender como un rejonazo electoral o, quizá, como una señal de impotencia resignada ante el fideísmo casi religioso del electorado que vota al rival. En todo caso, estas palabras consagran una enorme cesura del PDECat con Waterloo. Otra más de aquel macizo electorado del partido de Jordi Pujol. Digamos, pues, que el gen convergente se ha ido descomponiendo en una miríada de grupos y grupúsculos, unidos tan sólo por la postulación formal de la independencia y rotundamente separados por las formas de aparentar llegar a ella. Todo es un juego de picardías porque, desde el más informado hasta el cabo furriel de las escuadras secesionistas, saben que no hay caminos viables hacia la independencia.  Se trata, en suma, de un grotesco toreo de salón, que ahora llaman postureo, manteniendo ese objetivo como aquellos antiguos esperaban la parusía.

El gen convergente está hecho añicos, cada una de sus partes sin relación entre sí --más bien confrontadas y divididas--  y sin un proyecto al que puedan recurrir. Una parte de ese gen votará sin saber lo que está votando, dice Angels Chacón. Algo tan contundente como aquel  que nos dijo «América no existe, yo estuve allí».

El gen convergente, la argamasa de las capas medias catalanas, se ha ido deshilachando. Esas capas medias que otrora fueron el basamento de la estabilidad y la garantía de la ´pax pujolista´, el seny mítico de la catalanidad, se han ido transformando –causa y efecto de las mutaciones del gen convergente— en puro salfumán, en la rauxa (rabia) que siempre reapareció en los momentos de decadencia. Unas clases medias que han recibido un nuevo alimento ´espiritual´ de Waterloo: Puigdemont y los suyos no condenan en el Parlamento europeo el asalto trumpista al Capitolio.

Las capas medias catalanas se han ido degradando cultural, social y políticamente en un conglomerado do coexisten desde demócratas hasta, cada vez más, sectores contagiados de trumpismo y almacenes de camisas oscuras, correaje y botas de media caña. No es ya la «parálisis melancólica del bucle del independentismo», que ha señalado alguien. Es un proceso, cada vez más acelerado, hacia la degradación y la decadencia.

Al grano: el próximo domingo no se ventila, sólo ni principalmente, el reparto de la túnica sagrada del poder –poco o mucho— de la Generalitat. Aquí nos jugamos si damos con los huesos en la cesta de los papeles o levantamos el vuelo. Hay quien no ha querido esperar: Pastas Gallo se lleva la producción a otro sitio que entiende más tranquilo. Calma. Que no cunda el pánico.

 

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», enseña un temperado Venancio Sacristán.

 

1)           Véase en La Vanguardia de hoy. 

martes, 9 de febrero de 2021

Pablo Iglesias, las elecciones y los rusos


Pablo Iglesias el Joven habla demasiado y demasiado mal. Cada vez que abre la boca sus parciales se estremecen y otean el horizonte intentando saber cuántos votos ha desperdiciado y cuánta gente no se adhiere a las candidaturas que parece patrocinar. Es de una inmoderada facundia que necesita hablar por los codos no tanto para explicar sus propias responsabilidades como para opinar sobre los quehaceres de los demás. Todavía, es un poner, no nos ha dicho nada sobre la Agenda 2030.  

Pablo Iglesias es el narcisismo político por antonomasia. Esta es una cualidad que se le ha ido acentuando con el paso del tiempo y en el ejercicio de sus altas responsabilidades políticas e institucionales. Por lo general, este personaje –además de querer sorprender al respetable— tiene el don de la más absoluta e irresponsable inoportunidad.

Pablo Iglesias ha puesto en duda la «normalidad democrática» de España. Aquí se ha pasado de rosca porque pone en tela de juicio si estamos en un Estado de derecho o en el corral de la Pacheca. Pablo Iglesias, vicepresidente segundo del Gobierno, duda del diapasón democrático del Estado, del que es un alto cargo. La verdad, sólo él sabe los motivos que le han llevado a afirmar tan caballuno desatino.

Pero, además, ¿qué utilidad electoral tiene para los suyos lo que ha dicho? En principio, sus declaraciones favorecen especialmente a Waterloo y a los de Aragonès García. Es decir, a los rivales de la candidata Jéssica Albiach, su teórica candidata en las elecciones del domingo que viene. Una candidata batalladora que está presionada, de un lado, por el efecto Illa y, del otro, por la facundia de Iglesias. Y --pienso yo--  sorprendida por la reincidencia del jefe podemita en las lisonjas a Waterloo. Chocante, además, que en ese sentido hayamos podido ver a nuestro hombre en plena coincidencia con los de Vladimir Putin: la anormalidad democrática de España.

Jessica Albiach necesita apoyos y, sobre todo, más apoyos tras esas declaraciones tan erróneas, inoportunas y extravagantes.

 

Nota bene.---  Cuando yo era jovenzuelo me extrañaba que los dirigentes soviéticos, cuando había elecciones francesas, recibían por todo lo alto en el Kremlin a Charles de Gaulle en vez de apoyar a sus camaradas del Partido Comunista Francés. Jacques Duclos y Marchais eran  ninguneados por Moscú. ¿Es eso lo que ha aprendido Pablo Iglesias?

 

Post scriptum.---  «Lo primero es antes», nos enseña don Venancio Sacristán. 

lunes, 8 de febrero de 2021

El independentismo agasaja a Vox


 

Las escuadras de Waterloo y de otras obediencias independentistas recibieron a Vox con regalos este fin de semana en Vic, la ciudad de los santos, Salt y Valls. El Cojo Manteca secesionista agasaja a sus cofrades a una semana vista de las elecciones del próximo domingo.

Exactamente pasó lo siguiente: los de Vox acudieron a tales ciudades a mitinear sabiendo que sus enemigos íntimos les recibirían con una bronca descomunal. Todo un regalo como siempre indicaron los manuales de técnica electoral. Mi hipótesis es que los escuadristas independentistas organizaron este choque y otros por el estilo con conocimiento de sus repercusiones, favorables a los intereses de Vox. El coeficiente intelectual medio de los escuadristas puede estar bajo mínimos, pero sus estados mayores saben a ciencia cierta qué hacer, por qué y para qué. El lumpen nunca fue guiado por iletrados nescientes. Ni Marianetti, ni Gabrielle d´Annunzio eran unos tarugos.

Waterloo necesita que se ´agudicen las contradicciones´. Para ellos, una Cataluña enredada en pactos a la búsqueda de soluciones es, primero, una pérdida de tiempo y, sobre todo, el mantenimiento del marco institucional autonómico. Así es que consideran que los chicoleos entre los socialistas y ERC no es otra cosa que el lenguaje del abanico o –dicho granadinamente-- pollas en vinagre (1). Waterloo necesita, pues, el enjambre sísmico que le lleve a la ruptura con España. Lo que, de momento, pasa por: a) debilitar constantemente las fuerzas constitucionalistas,  principalmente, los socialistas; y  b) desacreditar a ERC, procurando que su debilidad no impida la suma favorable a la mayoría parlamentaria independentista. Y, como cosa aparentemente chocante, todas las ramas del independentismo coinciden en agasajar a Vox: desde Waterloo a los escuadristas, pasando por Junqueras («Illa quiere pactar con Vox»). El Partido Popular, por tanto, debe ser sobrepasado por los de Abascal. Porque, aunque es la derecha ultrancista, todavía no es la derecha apostólica de los persas. Este es, a grandes rasgos, el esquema de Waterloo, que sigue a pies juntillas en la práctica el Cojo Manteca del estado mayor del escuadrismo independentista.   

 

(1)         Se recuerda que el ideolecto santaferino «pollas en vinagre» no tiene nada que ver al miembro viril bañado de ácido acético. Se refiere a las pollas –o sea, gallináceas de charca--  cuyo gusto es insípido y, por ello, deben ser rociadas con vinagre (de Jerez o de Módena, tanto da). Así pues, ´pollas en vinagre´ quiere decir que eso (lo que sea) no vale la pena.

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», dijo don Venancio Sacristán en más de una ocasión.

domingo, 7 de febrero de 2021

Sólo queda una semana: espabilaos, socialistas y comunes


 

 

1.--- Para que haya un gobierno postnacionalista, tras las elecciones autonómicas catalanas, se precisa que el electorado de manera mayoritaria vote a las izquierdas. Primera consideración: más PSC y menos Comunes no darían los números para una aritmética parlamentaria beneficiosa; tampoco lo sería menos PSC y más Comunes. Las cuentas saldrían con más PSC y más Comunes. Téngalo en cuenta los irascibles comentaristas de las llamadas redes sociales de una u otra dehesa política de las izquierdas que su ardor guerrero les lleva a no tener en cuenta que el problema es que ambos –socialistas y comunes o, si se prefiere, comunes y socialistas— tengan muchos más votos, muchísimos más, cada uno por separado y sumados los dos. El cerebro se tiene para eso; los intestinos son para otros asuntos domésticos, que no vienen al caso.

 

2.--- Mi amigo Isidor Boix ha planteado en su blog la necesidad de «un gobierno bipartito» (1). Ojalá, que en la Vega de Granada –con temblores o sin ellos-- pronunciamos ojala. Así pues, un gobierno de socialistas y comunes. Naturalmente, para que ello sea posible –entiende un servidor— hay una condición necesaria, aunque no suficiente: que la aritmética parlamentaria se acerque lo máximo posible a esa posibilidad—necesidad que apunta Isidor. El para qué de dicho gobierno queda explicado por su proponente en el mencionado artículo.

No quiero llevarle la contraria, ni tampoco puedo, a mi viejo amigo sobre ese particular. Simplemente, a través de esta conversación, quiero hacer unas consideraciones que en mi opinión no se han abordado nunca o yo nunca recuerdo que se hayan puesto encima de la mesa. Las trato en el siguiente punto.

 

3.--- El independentismo tiene una señal distintiva para movilizar a sus parciales: la república catalana. Y aspira a que los resultados oculten que el procés ha sido un fracaso y, de paso, mantener el autoengaño colectivo.

Cada fracción del independentismo tiene su característico toque de corneta para llamar a formación. Conseguir aproximadamente un pleno de votantes es medianamente posible.

Los socialistas, a su vez, han redescubierto un horizonte: el «efecto Illa» no es sólo ni principalmente su austera y flemática personalidad ante tanta zahúrda, sino una trasmisión de querer ganar las elecciones. Es lo nuevo frente a los viejos tiempos en los que el PSC – Poulidor en las autononómicas se comportaba como Penélope, la de Ulises.

De ahí que parezca visible la movilización socialista: es el interés –un interés que apunta a querer ser ganador— en torno a un candidato, Salvador Illa, que plantea una Cataluña no nacionalista que gradualmente vaya recuperando su pulso histórico.

Con esos elementos podemos esperar razonablemente un aumento significativo (aunque no sabemos su diapasón) de votos. O sea, más izquierda desde los socialistas. Más izquierda tanto para el gobierno bipartito que plantea Isidor Boix como para el gobierno postnacionalista.

 

4.---  Los Comunes tienen un desafío en lo que queda de campaña, sólo una semana: subir más electoralmente. Es necesario que los Comunes incrementen los votos.

Me aventuro a establecer esta conjetura: no conseguirán ese avance tirando a dar con la honda a los socialistas. Nunca se dio ese desiderátum. Necesitan poner encima de la mesa un interés de masas para ampliar su zócalo electoral. Repito: un interés de masas. El interés de los allegados de siempre no basta.

Les queda una semana. Sin embargo, no parece que dos elementos nuevos a los que la brillante candidata, Jéssica Albiach, ha señalado tengan fuerza movilizadora de masas, ni interés de masas para incrementar las adhesiones de masas. De masas, dispensen la testaruda reiteración. Plantea Albiach la «España confederal» y la necesidad de ganar para «controlar ideologicament al govern catalá». Son dos elementos nuevos bastante chocantes de escaso interés. No sirven para generar adhesiones de masas.

Es más, la España confederal que reclama Albiach se da de bruces con una corriente de opinión no irrelevante de federalistas en los Comunes, que se habrán quedado de una pieza. Por lo demás, parece un poco exagerado –aparte de la confusión del término y del concepto--  eso de controlar ideológicamente al gobierno que salga: ya sea bipartito, tripartito, multipartito o como encarte.

Finalmente, ruego a los Comunes que no exhiban músculo  en estos momentos electorales acerca de la Ley trans. Recuerden las enseñanzas del padre del actor José Sacristán. Introducir ahora elementos de confusión podría serles a ellos –y a las izquierdas—enormemente perjudicial.

 

5.--- En la antigua Roma se decía «Mors tua vita mea», que en la ciudad de los temblores, Santa Fe, se traduciría aproximadamente así: ciego tú, tuerto yo. Ojito, pues, con reproducirla en lo que queda de campaña por quien quiera que sea.

Así pues, ¡a las cosas, a las cosas!

 

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», según don Venancio Sacristán.    

 

1)           https://isidorboix.wordpress.com/2021/02/04/porque-votare-a-salvador-illa-al-psc-el-14-f/

sábado, 6 de febrero de 2021

Nuestra posición sobre la Ley trans

Nota bene.--- Este blog fija posición sobre la llamada Ley trans. Hacemos nuestro el artículo que ha publicado sobre ella Lluís Rabell*.

 

Los hombres que susurran a las mujeres

Escribe: Lluís Rabell

 

Como no podía ser de otro modo, el borrador de la llamada “Ley trans” elaborado por el Ministerio de Igualdad ha reavivado el debate en el seno del feminismo. El texto se sitúa en la lógica de los proyectos anteriormente registrados. Y certifica cuanto han venido denunciando los numerosos colectivos agrupados en la Confluencia del Movimiento Feminista: el enfoque mismo de la ley supone un ataque frontal a los derechos y frágiles conquistas de las mujeres, que se basan en el sexo, y cuyo sentido es el de revertir la opresión y la discriminación que padecen, en razón del mismo, las mujeres a manos de los hombres. Pero representa también una amenaza para la salud y el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes. En ese sentido, hay que decir que el feminismo está asumiendo la responsabilidad de defender al conjunto de la sociedad ante un peligroso desvarío. Se echan de menos las voces de científicos, educadores, pediatras, psicólogos… Algunos silencios son comprensibles: quien se atreva a cuestionar la ideología transgenerista se arriesga a ser vilipendiado, acusado de un delito de odio y a verse envuelto en muchos problemas. Hay poderosos intereses detrás de esa voluntad legisladora – que, irresponsablemente, se ha empecinado en abanderar la izquierda alternativa. Razón de más para saludar la valentía del feminismo radical, que da un paso al frente cuando tantos pierden el norte o les tiemblan las piernas. ¡Y encima estas mujeres son tildadas de “excluyentes”!  


No es bueno recurrir a hipérboles y exageraciones, si se pretende hacer un debate sereno. No hay, sin embargo, muchas formas de decirlo: el texto del Ministerio es oscurantista. Los presupuestos en que se basa constituyen una negación de la ciencia y del conocimiento humano, empezando por la pretensión de que “se asigna” un determinado sexo al nacer – es decir, que éste no viene dado por la realidad biológica de nuestra especie. Se impugna la realidad material… y, en cambio, se otorga un valor objetivo incontestable al “sentimiento”: hay, pues, cuerpos “equivocados”, cuerpos que aprisionan a seres de otro sexoAbundan al respecto las reflexiones críticas de activistas y pensadoras feministas. Mi admirada Pilar Aguilar, sin ir más lejos, acaba de escribir en “Público” un magnífico artículo (“Esto decimos las feministas”) desmontando con agudeza tales despropósitos. Pero produce escalofríos la frivolidad con la que se habla de “infancia y adolescencia trans”. Es decir, cómo se encasilla en un marco conceptual arbitrario a menores cuyo desarrollo a todos los niveles es incipiente, cuya sexualidad no está definida o es percibida de modo confuso… A  chicos y chicas que pueden manifestar un profundo malestar con sus cuerpos como resultado del entorno en que se desenvuelven, de la discrepancia de sus gustos con los estereotipos de género que les dictan, o bien de una inclinación homosexual mal aceptada. Ese sufrimiento puede ocultar incluso traumas anteriores, trastornos de tipo autista… En nombre de “despatologizar”, la ley sacraliza un estado de ánimo, susceptible de haber sido inducido por muy diversas causas, llevándolo a la categoría de una incuestionable “autodeterminación de género”. Tan incontrovertible que ni médicos, psicólogos o familiares pueden objetar nada al respecto, ni aún menos oponerse a la voluntad del menor. De tal modo que éste sólo puede ver reafirmado su sentir y, por ende, ser encarrilado hacia tratamientos hormonales o quirúrgicos cuyas consecuencias no está en condiciones de medir. Sólo en determinados casos, rigurosamente informados y acompañados, los especialistas estiman que una “reasignación” – es decir, una aproximación a la apariencia del sexo deseado – puede ser aconsejable. La transexualidad es algo muy serio que, desde luego, este proyecto no respeta, ni protege. Amelia Valcárcel duda incluso de su constitucionalidad. Es muy probable que tenga razón. Que hablen también los juristas. Doctores tiene la Iglesia. Personalmente, me atrevería a decir que el planteamiento del proyecto llega a incurrir, por cuanto a los menores se refiere, en un delito del deber de socorro – art. 195 del Código Penal – que castiga “al que no socorriese a una persona que se halle desamparada y en peligro manifiesto y grave”.


Pero cabe preguntarse ¿por qué tal empeño en sacar adelante un proyecto que está incendiando al feminismo y que puede convertirse en un factor de crisis del gobierno de izquierdas? En un país repleto de burdeles – con miles de mujeres pobres explotadas -, donde los niños pueden acceden a la pornografía más dura desde sus móviles y donde hay institutos que se forran intermediando en la práctica ilegal de los vientres de alquiler, el Ministerio de Igualdad escoge las prioridades que escoge. No faltan algunos periodistas, generalmente bien informados de cuanto se cuece en la capital, que nos brindan una explicación palaciega: se trata de una mera lucha de poder entre las mujeres del PSOE y las de Podemos. Carmen Calvo sería una trasnochada feminista, un vestigio del pasado que se aferra a sus privilegios y está celosa de la innovadora Irene Montero. Si bien es cierto que Podemos se ha embebido de las teorías transgeneristas en boga en los campus norteamericanos y choca con unas tradiciones feministas que perviven en la socialdemocracia, lo primero que hay que constatar es que nos encontramos ante un fenómeno mundial. La misma controversia se está desarrollando en muchas latitudes: en Canadá, en Estados Unidos, en Inglaterra, en los países nórdicos… Se está librando una batalla cultural contra las mujeres, promovida por lo que Rosa Cobo designa como “las élites del patriarcado”; es decir, aquellas corporaciones, centros de poder y lobby dirigidos por varones que pretenden perennizar su dominación, moldeando el semblante de la mujer de modo funcional al capitalismo del siglo XXI. En el marco de ese “zeitgeist” reaccionario, Pedro Vallín – por citar a un afamado periodista cuya virtud más destacable no es la humildad – se permite insultar a millares de mujeres, activistas e intelectuales, seguidoras según este señor de un “feminismo Pieter Botha” (ex-primer ministro de la Sudáfrica del apartheid). Dicho de otro modo, de un pensamiento equiparable a las teorías paranoicas de la extrema derecha. Bueno, con las conspiraciones pasa como con las meigas: de haberlas, haylas. Pero a nadie se le ocurriría reducir a tal la “revolución conservadora” iniciada en tiempos de Reagan y Thatcher, que acabó estableciendo un nuevo paradigma del capitalismo a nivel mundial. Como tampoco es una conspiración esta oleada, en un momento en que el patriarcado pretende derrotar al feminismo y definir nuevos marcos de servidumbre para las mujeres. 

El fondo del transgenerismo – que no de la transexualidad – es el intento de anular a las mujeres, cuestionando su existencia como tales. Y ese intento cuenta con grandes recursos, con notables apoyos académicos y mediáticos. Por eso cualquier plumífero con cierta notoriedad se permite pontificar sobre el feminismo y explicarles a las mujeres lo que les ocurre – algo que, por sí mismas, serían incapaces de comprender, enfrascadas como están en tirarse del moño. Son los vanidosos narcisos de la posmodernidad, los hombres que susurran a las mujeres. Es urgente parar esta locura.


4 –2 – 2021

·         El original en https://lluisrabell.com/2021/02/04/los-hombres-que-susurran-a-las-mujeres/comment-page-1/?unapproved=1099&moderation-hash=6eda6e457bb5464d521c1608f61296b8#comment-1099

 

 

Campaña electoral: apertura de un sarcófago


 

Al Partido Popular le van las cosas rematadamente mal en Cataluña; no sólo no levantan cabeza sino que se hunden sin remisión. La principal causa es la ineptitud de Pablo Casado que todo le viene demasiado ancho. A lo que habría que añadir la fogosidad del asedio de Vox, que no le da cuartelillo. Por si fuera poco, Bárcenas –perdido y hallado en el templo— ha empezado a darle a la sin hueso. La novedad más estridente es que las salpicaduras mancharían la túnica sagrada de José María Aznar.  Este es el peor escenario para caminar por la recta final de las elecciones autonómicas catalanas.

Así las cosas, Casado ha optado por el peor de los elementos correctores: sacar del sarcófago a Alex Vidal—Quadras y quitarle el alcanfor a Cayetana Álvarez de Toledo, dos personajes de verbosidad extremista que nunca disimularon sus simpatías por Vox. Vidal—Quadras, eminente físico de partículas, que, como tal puede estar simultáneamente en el ala derechísima del PP y en Vox; Cayetana, relevante trotaconventos, que transita sin dificultad del coro del PP al caño de Vox y viceversa.

Al chinchorro pepero parece que solo le quedan estos remeros. Ni siquiera el gran capital catalán quiere hacerle una obra de caridad a este partido que se negó a entender que la sociedad catalana era gelatinosa. Quienes pudieron ser una solución fracasaron en el intento o fueron fracasados desde la Meseta. Josep Piqué, entre otros, a pesar de que, en sus tiempos estudiantiles, aprendió en el PSUC que «la síntesis es el momento de integración de las dos realidades contradictorias, es decir, una nueva tesis que da lugar a otra antítesis, y así sucesivamente», ya fuera por boca de Manuel Sacristán o por cualquiera de sus alumnos. De nada le sirvieron estos filosofeos para levantar al PP, pero menos todavía los que abrazó más tarde. O no se lo permitieron.

El angustioso recurso del PP haciendo reaparecer a Vidal—Quadras y Cayetana, sólo augura que están dispuestos a hacer un blitzkrieg, es decir, una guerra relámpago. Pero, ¿contra quién? Atacar a Salvador Illa no les provocará oficio ni beneficio. A menos que tomen prestado el eructo del Padre Abad de ERC: el candidato socialista va a pactar con Vox. Pero esta tapa variada de trumpismo en pepitoria daría más relevancia y apoyo a los de Abascal.

En resumen, Casado es una desgracia para su propio partido. Y, por ello, un infortunio para la sociedad española.

 

Nota al margen de lo dicho.--- Aprovechamos la ocasión para manifestar el apoyo de este blog (del entrenador, los titulares, el banquillo y su junta directiva) al Manifiesto que pide al Banco Central Europeo la condonación de la deuda, cuyo primer firmante es  Thomas Piketty.  

 

Post scriptum.---  «Lo primero es antes», enseña don Venancio Sacristán.  

 

viernes, 5 de febrero de 2021

Nervios y corrupción


 

Si esto que lees fuese una maqueta de informe general de barriada señalaría que la situación de hoy –de hoy mismo— tiene dos elementos: la reaparición del tema de la corrupción y el extremoso nerviosismo de las fuerzas independentistas catalanas ante el 14 de Febrero.

1.--- Esquerra Republicana de Catalunya es un descontrolado manojo de nervios. El partido europeo más confuso, además, no sabe simular ni disimular ese mal de san Vito que, desde hace unas semanas, le trae por la calle de la Amargura.

Los de Junqueras y Aragonès García dieron por bueno lo que la demoscopia, los mostradores de taberna y las barberías unisex daban por ineluctable: que su partido sobrepasaría a los de Waterloo y, por tanto, ganaría las elecciones autonómicas. La cosa tenía visos de ser así hasta tal punto que Puigdemont y los suyos lo creyeron, de ahí la carrera loca entre los capitostes de ese partido, Junts, por situarse en los primeros puestos de las listas electorales.

La cosa empezó a cambiar cuando un suceso, no previsto por casi nadie, rompió lo que parecía previsible en el escenario electoral catalán: Salvador Illa aceptaba encabezar la lista socialista aspirando a la presidencia de la Generalitat. Nervios por aquí, nervios por allí; inquietud por allá, inquietud por acullá. El «efecto Illa» creó lo que Lluís Rabell ha llamado castizamente canguelo.

Nervios sobre todo en Esquerra. Un españolista –y, por lo tanto, constitucionalista— le mojaba la oreja a un republicano independentista. El mal sueño de las anteriores elecciones con la victoria de Arrimadas volvió a la memoria de ERC. Con una diferencia: ahora es plausible que el independentismo no gane las elecciones. El efecto Illa –exagerado o no--  ha conseguido hacer creer que ya no hay certeza del triunfo del independentismo.

Nervios que empiezan en el calcañar de Junqueras, atraviesan peristálticamente los intestinos de la organización y mueren en el colodrillo de Aragonès García. Nervios al por mayor y detall. Ayer, sin ir más lejos, fue un Dies irae para los republicanos. Junqueras en Lleida –haciendo acopio de vaticanismo académico — frunce el ceño, ahueca la voz y jupiterinamente eructa: «El PSC quiere pactar con Vox». Illa quiere pactar con Vox, dice mendazmente ese «buena persona, católico y humanista», que siempre exhibió un puritanismo moral de hojalata. Etica de oro, del que cagó el moro; virtud de plata, de la que cagó la gata. En definitiva, nervios, nervios, nervios. Adobados con una brandada de trumpismo, que –tras la frase de Lleida--  no es monopolio de Laura Borràs.

 

2.--- Los ´papeles de Bárcenas´, al igual que el río Guadiana, han vuelto a su lugar. Nervios en el Partido Popular. Dos son los elementos de mayor preocupación: podrían demostrar que Mariano Rajoy mintió ante el Juez y que José María Aznar –hasta ahora la sombra de Rebeca—está tan pillado como su heredero. Aznar, el maestro de obras de la finca rústica, podría verse en un aprieto. También Pablo Casado y sus atalajes.

Nervios, nervios, nervios en Waterloo. Todos nos hemos quedado asombrados cuando oímos y leímos a la Borràs afirmar que Oriol Junqueras se encontraba en prisión por «corrupción». De un plumazo esta monja alférez le ha desposeído de su cacareada significación de preso político. No queremos defender al padre superior de la Abadía de ERC, especialmente tras sus palabras en Lleida, pero Borràs acierta tanto en ello como el otro cuando afirma que Illa pactará con Vox. Son los nervios. Y todavía falta la recta final de las elecciones. La recta de Euler o, según se mire, la recta de Illa. Es una línea que exige a don Salvador y a Jéssica Albiach mucho temple, mucha inteligencia.

 

3.---  Si todo lo que hemos dicho no es un enjambre sísmico, que venga Dios y lo vea.  Así las cosas, dicho enjambre podría ser mayúsculo si se diera el movimiento telúrico que plantea Isidor Boix, un gobierno bipartito.

 

Post scriptum.---  «Lo primero es antes», nos dice don Venancio Sacristán.

jueves, 4 de febrero de 2021

La mesa de negociaciones como trampantojo


 

Ayer hablábamos de la reanudación de la mesa de negociaciones entre el Gobierno de Pedro Sánchez y el de la Generalitat, tras las elecciones del próximo 14 de este mes.  El resultado de esos comicios condicionará la rapidez o lentitud de la puesta en marcha de la mesa, el petitorio de cada cual y las pocas, muchas o ninguna posibilidades de sacar algo en limpio.

Con toda probabilidad el partido de Junqueras (ERC) seguirá estando en la mesa tras las elecciones. Y podemos conjeturar que, mientras Puigdemont sea decisivo en esa fracción post post post convergente, Waterloo no sólo no estará negociando sino que arremeterá contra quienes lo hagan. Así las cosas, esta fracción, auténtico mejunje de libertarianos y carlistas legitimistas con un chorreón de trumpismo irá desubicándose de la realidad, no sólo no propondrá soluciones a negociar sino que, además, irá perdiendo capacidad de intimidación ´a España´ y a sus competidores, Pere Aragonès García y allegados. Estos post post post convergentes, con Waterloo dirigiendo el cotarro, irán sumiéndose en la irrelevancia. Sus proclamas de «lo volveremos a hacer» o «reactivaremos la declaración unilateral de independencia» son elemento espiritual, sagrada eucaristía para mantener el rescoldo: «De rodillas, Señor, ante el Sagrario».

Por lo tanto, el elemento a tener en cuenta es ERC, el partido europeo más confuso. Es el único que puede poner en un brete al gobierno español, tenga éste una u otra caracterización. Aclaremos: es el brete del permanente desasosiego por el vuelo del moscardón de la amenaza de la independencia y la reactivación, cuando les interese, de la autodeterminación. Todo ello adobado por el vinagre de la insubordinación y la pimienta de la desobediencia. Más todavía, quienes no somos sospechosos de no querer que haya negociaciones –lo que comportaría la utilidad de la mesa--  debemos señalar que Junqueras – Aragonès solo necesitan la mesa para aparentar una moderación de circunstancias. Es un flanco que utilizan como reclamo del voto del independentista moderado o cansado de no ver solución por ninguna parte. En resumidas cuentas, la mesa es un trampantojo.

Con un resultado claro en las elecciones del 14 de Febrero todo ese magma puede cambiar. Un «resultado claro» es: a) que las fuerzas independentistas no tengan mayoría parlamentaria, y b) que Salvador Illa gane con una cierta diferencia más un buen resultado de la Albiach.  

En caso contrario tendremos más de lo mismo: la decadencia camino de la anomia.  Quien avisa no es traidor.

 

Post scriptum.--- «Lo primero es antes», que dijo don Venancio Sacristán. Que es de obligado conocimiento. Mucho más que saber qué es la recta de Euler.


miércoles, 3 de febrero de 2021

Reaparece la Mesa de negociaciones: ´Cataluña´ -- ´España´


Los movimientos bruscos no sólo se dan en Santa Fe, gloria y flagelo de la Vega de Granada; están apareciendo también en la arena política. Ayer mismo el gobierno de Pedro Sánchez y ERC acordaron reanudar la Mesa de negociaciones ´sobre Cataluña´. No es irrelevante ese acuerdo pues se hace en plena campaña electoral con el riesgo que supone para Salvador Illa y Pere Aragonès García. Los adversarios del primero intentarán castigar el hígado del candidato socialista y la inverecundia de los post post post convergentes, fracción Waterloo, arremeterá contra el aspirante republicano. Uno y otro aparecen, en días alternos y según quién haga el sondeo, como el caballo ganador en la meta del día 14 de febrero. Tras los comicios se pone el mantel en la mesa y ya se verá cuál es el menú del día. Un menú difícil cuyos platos seguramente no figuraron en las cartas de Rondisoni, Bocusse, Ferran Adriá o la cocinera santaferina Madame Alconchel, que regentó los históricos fogones del Bar Chiquilín.   

La pregunta, en todo caso, surge de manera tempestiva: ¿por qué ERC se ha avenido a reabrir la mesa? Intento de respuesta: porque necesitaba un gesto de ´responsabilidad´ ante la fracción moderada de su electorado que vio con estupefacción lo grotesco de su voto contrario al decreto de los fondos europeos. Un sector moderado de los electores que pueden inclinarse, tras el apoyo sin ambages del Partido Nacionalista Vasco, a los post post post convergentes que se escindieron de Waterloo. ERC, el partido europeo más confuso, necesitaba dar una de cal después de haber dado otra de arena. ERC necesita rebañar la olla.

La mesa –digámoslo sin cortapisas ni requilorios-- es un artificio que intenta atisbar una hipótesis de solución  al litigio entre una parte de Cataluña (la soberanista) y el resto de España. Hemos dicho hipótesis, no certeza.

Ahora bien, la mesa tiene innumerables inconvenientes: a) Waterloo no quiere verla ni en pintura, porque sospecha que podría consolidar el sistema autonómico torpedeando el salto hacia la independencia; y b) la oposición de las tres derechas españolas a la mesa es de armas tomar, porque entienden que es el camino más directo a la independencia de Cataluña. Con ser importantes estos inconvenientes, tengo para mí que son formales y, por así decirlo, no son difíciles de sortear.

Los grandes inconvenientes de esta mesa se expresan de esta manera: ¿qué contenidos concretos se exponen en el cuaderno reivindicativo de cada una de las partes? ¿dónde están los límites de lo que plantea cada cual y si existe un lugar geométrico de intersección de ambas posturas?

No hace falta ser muy lince para convenir que «los límites» están en la Constitución Española. Por lo que –se diga con sintaxis barroca, románica o en cuaderna vía--  fuera de la Constitución no habrá pacto alguno. No lo decimos gratuitamente; la cosa viene al pelo porque hoy mismo la volcánica Laura Borràs ha declarado en El País que los límites para solucionar los problemas «no están en la Constitución sino en la democracia». De ahí que Waterloo le haya quitado las bolas de alcanfor y, sacado del armario, ese armatoste que llaman Consell nacional per la República, afirmando que ese –y sólo ese--  es el órgano representativo y no el Parlament, un sinedrio autonomista. Dicho consejo nacional, en representación del «municipio, la familia y el sindicato» es la genuina expresión de la democracia … ¡orgánica! Y sus miembros, más o menos, los Cuarenta de Ayete.   

Esta es la lógica de este peculiar trumpismo a la catalana: si los límites están en la Constitución, su interpretación es posible que no le convenga  a Waterloo; lo que sí interesa, empero, a estos es lo que ellos entienden por democracia. O como decía aquel personaje zarzuelero: «Esto es una democracia, pero aquí no la practicamos».

Con todo, no conviene descuidar que en la parte de la mesa que corresponde al gobierno central, la cosa podría enrarecerse: de un lado, Pablo Iglesias puede tener la tentación de ejercer de ´poli bueno´; y, de otro lado, sus carantoñas hacia Puigdemont no serían  muy del agrado de los Comunes. Que, ahora para complicar la cuestión, se han sacado de la manga, en esta campaña electoral, la «España confederal».

En fin, la mesa es una rara avis. Esperemos que no se convierta en una timba. Con que sea un artificio para la conllevancia me daría por satisfecho. Con cuarto y mitad de conllevancia me conformo.

 

Post scriptum.--- Don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes».    

martes, 2 de febrero de 2021

Campaña de Waterloo tóxica: hay tutía electoral


 

 

En lo poco que llevamos de campaña electoral catalana está saliendo a flote la degradación política y moral de la fuerza política que responde a la obediencia de Waterloo. Estamos hablando de la fracción mayoritaria de los post post post convergentes, liderados por ese personaje tan chocante como es Carles Puigdemont. Me interesa señalar que, de momento, no me refiero a lo que he dado en llamar forraje electoral, es decir, esos rifirrafes –a veces improvisados sobre la marcha o preparados por un escriba excesivamente gástrico. Me estoy refiriendo a fragmentos de discurso de fuerte y estudiada toxicidad que, desgraciadamente, cada vez son más frecuentes en la jerga de Waterloo.

Se trata de una ruptura retórica, en primer lugar, de la matriz pujoliana y de todos los políticos de aquella hornada. Eran de derechas y con ellos nos confrontamos, pero guardaban y respetaban las formas políticas y, por lo general, procuraban colisionar lo menos posible con las normas y convenciones de la democracia. La novedad que introduce Waterloo desde, por lo menos, septiembre de 2017 es de una ruptura total con el nacionalismo.

Un botón de muestra: cuando la candidata de la CUP amenaza con no hacer presidenta de la Genralitat a Laura Borràs hasta que los tribunales no aclaren si es corrupta o está limpia como una patena, la Borràs suelta indignada esta consideración: «Hay que optar entre la injusticia española y la democracia catalana».

Forraje electoral fue su perla que analizábamos el otro día, eso de «eliminar el Estado en Cataluña». Su respuesta, ahora, a los fraticelli de la CUP es otra cosa: tutía de chimenea. Está diciendo que la corrupción –su corrupción personal, por la que está empurada por la Justicia--  está amparada o justificada por la democracia catalana. Vale decir, el constructo grotesco de democracia que tiene en la cabeza Waterloo.

La cosa es grave. Es más, tengo para mí que no somos todavía conscientes de esa gran mutación de un sector tan importante de la política catalana hacia comportamientos no solo iliberales sino claramente antidemocráticos. Máxime cuando, de una u otra forma, cabe la posibilidad de que esa gente pueda seguir gobernando en Cataluña.

Gente de extrema peligrosidad, porque bajo sus faldones está creciendo un batiburrillo de maquetas de grupúsculos de ya probada violencia.

Que no ganen las elecciones es una condición necesaria (aunque no suficiente) para ir cambiando las cosas.

 

Post scriptum.--- Don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes».

Enjambre sísmico en la campaña electoral catalana


 La campaña electoral catalana está conociendo un enjambre sísmico. En cierto sentido haría falta que el viejo Ovidio cantara estas novedades con la potencia con que lo hizo en aquellos viejos tiempos: «Me  lleva el ánimo a decir las mutadas formas…». Pero a falta del poeta clásico tenemos el fiable sismógrafo del ingeniero Manuel Gómez Acosta, que atina en los grandes movimientos. Este enjambre sísmico lleva algún tiempo de matraca, pero durante estos días está teniendo algunas replicaciones.

Las características de esta avalancha de novedades es como sigue: Waterloo ha asumido el papel que siempre tuvieron los fraticelli de la CUP, proponiendo la declaración unilateral de independencia como única alternativa; Waterloo, la expresión mayoritaria de los post post post convergentes, la derecha libertariana, los niños y niñas bien de Barcelona que han hecho una excursión a la clase obrera a través del intento de la república independiente de Cataluña.  La CUP que ahora actúa como antes lo hiciera aquella Esquerra Republicana de Catalunya proponiendo la independencia de los Países Catalanes para el año 2030. Y ERC que ha ocupado a medias el papel de aquella Convergencia de Jordi Pujol.  Este es el baile caótico que ha resultado de la podredumbre del procés.  Que se entere Ovidio: estas son mutaciones, no lo que él cantaba en sus buenos tiempos.

Con este panorama estamos en condiciones de formular las siguientes hipótesis: 1) esta gente no lleva a Catalunya a la independencia ni queriendo ni sin querer; 2) pero, a cambio, garantiza un permanente quilombo, esto es, una Cataluña geminada y una parte de ella enfrentada a España; 3) de manera que, al menos, en vez de tener una vejez mustia, estaremos activamente tensionados.

 

Post scriptum.--- Don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes».

 

lunes, 1 de febrero de 2021

Dos perlas al principio de la campaña electoral


 

 

Dos damas en campaña electoral, la una en las antípodas de la otra; dos mensajes, que son auténticas perlas, y no precisamente de piedras preciosas. Y sólo llevamos cuarenta y ocho horas de calcorreo. La primera, Laura Borràs, del señorío jurisdiccional de Waterloo; la segunda, Eva Granados, socialista que hizo sus primeros andares como sindicalista.

Borrás ha afirmado, tras consultar los apuntes de su chuleta, que se compromete a «eliminar el Estado en Cataluña». Es algo tan arriesgado como afirmar que los ángulos internos de un triángulo no  suman 180 grados. Disparate político que viene a recordar hasta qué punto los independentistas infravaloraron el poder del Estado cuando tuvieron la ocurrencia de echarle un pulso en 2017. Error caballuno de quienes como ellos –Laura Borràs y sus islas adyacentes— no han entendido que el Estado, este Estado, ha sido quien ha derrotado al procés. No el Estado como ente abstracto, sino el Estado con sus aparatos de toda índole. ¿Error, ignorancia, ingenuidad? Tal vez una pizca de todo ello. Pero fundamentalmente se trata de forraje electoral. Su feligresía necesita, como los seguidores de los Testigos de Jehová y sus hidalgos de bragueta, un estruendo fortísimo, un enjambre sísmico como el de Santa Fe. Y eso, «la eliminación del Estado en Cataluña», es el no va más. Va en línea con la promesa electoral de aquel ricachón francés que, en las presidenciales de 1968, propuso la eliminación del dinero, la policía y demás quisicosas por el estilo.

Borràs, a las cuarenta y ocho horas del inicio de la campaña, lanza ese petardo. Irá en crescendo, aunque no sabemos lo que dirá mañana.

Cambio radical de escenario.

Eva Granados es una socialista templada a la que no se le conoce ninguna descortesía, ni palabras gruesas. Y sin embargo, ha lanzado a los cuatro vientos que «Los Comunes son el agente comercial de Esquerra Republicana de Catalunya». Lo que no se compadece con la realidad.

Posiblemente Granados no ha sabido reprimir la indignación por las palabras del famoso porculero que afirmó mendazmente que «Illa representa a los poderes fácticos». Pero la dirigente socialista debiera haber tenido en cuenta que tan estúpidas palabras no han salido por boca de los Comunes. E, incluso en el caso de que hubieran salido de ahí, que no es el caso, Granados tendría que haber exhibido temple y paciencia. Porque las rabietas de los niños chicos deben tomarse con cachaza.

Lo que no sabemos es si Granados y los Comunes creen que, a golpe de dicharachos, se captan más consensos electorales. Desde luego, las experiencias que tenemos es que, cuando los hunos les tiran los platos a la cabeza de los hotros, muchos les vuelven las espaldas. Lo que no se entiende es por qué sabiendo estas cosas tan elementales las izquierdas reinciden en darse coscorrones en las esquinas. Por lo demás, ustedes son ya lo bastante grandecicos para saber qué les conviene. Sería pretencioso por mi parte hacerles algunas sugerencias. Los viejos no estamos para dar consejos sino para constatar que las izquierdas disfrutan tropezando en la misma piedra tantas veces como corresponda para que Sísifo amanezca empujando el pedrusco para arriba.

 

Post scriptum.--- Don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes».