domingo, 16 de febrero de 2014

SINDICALISMO Y POLÍTICA (Conclusiones de un debate a cargo de Riccardo Terzi)



Nota editorial. El texto íntegro del debate se encuentra en el blog hermano En campo abiertohttp://encampoabierto.wordpress.com/2014/01/29/sindicato-y-politica-un-debate/

Escribe Riccardo Terzi

Cuando envié mi escrito a José Luis López Bulla nunca pensé que se abriría esta discusión tan dinámica y de tanto alcance. Por ello estoy agradecido a todos los que han querido intervenir con observaciones críticas puntuales y profundas, sobre todo con una extraordinaria pasión intelectual y civil. Ha sido una sorpresa gratísima para mí, porque estoy acostumbrado en Italia a reflexionar en soledad, sin que haya un lugar para una seria discusión  colectiva.

Intentaré aclarar mi pensamiento sobre diversos temas que se han suscitado en la discusión. Con una premisa que me parece importante: entre nosotros hay un común transfondo político y cultural, una convergencia muy fuerte sobre las premisas fundamentales, por lo que las diferencias –que, sin embargo, existen--  no son más que posibles articulaciones en el interior de un discurso que tiene su fuerza unitaria, que está  bien enraizado en el gran surco  histórico del movimiento obrero, en sus conquistas y sus derrotas. Procederé por puntos, no siendo necesario reemprender el hilo general  del discurso que ha sido exactamente interpretado en todas las intervenciones.  

1.                Organización y burocracia

La crítica de la burocratización no es, no debe ser, el rechazo a la organización, porque cualquier movimiento social tiene la necesidad, para poder incidir en las relaciones de fuerza, de  superar la fase de fluidez y espontaneidad, capaz de intervenir inlcuso en momentos de difidultad y reflujo. Comparto totalmente lo que se ha dicho sobre ese particular. Pero existen  muchos modelos de organización posibles, y en cada momento se trata de decidir qué forma organizativa es la que  se corresponde mejor con la exigencia del momento.   

En una fase de aguda crisis social y profundas transformaciones del trabajo, como es la actual, el acento se pone no en la estabilidad, en la continuidad, sino en la capacidad de innovación y experimentación. La burocratización puede ser, entonces, entendida como la incapacidad de la estructura para responder a las nuevas demandas, como la fuerza de la inercia que tiene paralizada la organización en una práctica, en un estilo, en un ritual que ya ha perdido definitivamente su eficacia.   Por eso es tan importante la diferencia que establece José Luis López Bulla entre sindicato de los trabajadores o sindicato para los trabajadores, porque corresponden a diveresas y opuestas lógicas organizativas: democracia abierta, alargada, participativa o su opuesto, la primacía exclusiva de los grupos dirigentes. Yo he hablado de la necesidad de colocar el baricentro abajo. Quizás esté mejor dicho que no debe haber ningún baricentro sino una circularidad siempre abierta entre lo de arriba y lo de abajo en ambas direcciones.  

El papel de la dirección es, naturalmente, esencial. Pero no se concreta como una función separada, está dentro de un continuo proceso de verificación democrática, abierta a todos los afiliados la posibilidad de crítica y propuesta, con un intercambio permanente de ideas y experiencias.   Ahora bien, creo que la actual crisis exige, para ser afrontada con algunas posibilidad de éxito, más democracia y participación, ya que a todos nos incumbe el riesgo de una ruptura de la relación de confianza entre los trabajadores y la organización; y, entonces, son los recursos de  un proceso democrático real sobre los que se debe apuntar con decisión para conjurar su posible declive. La organización, en suma, no es más que el medio, el instrumento que debe ser coherente con las necesidades estratégicas de una determinada fase histórica. De ahí que debamos saber neutralizar siempre los impulsos de la autoconservación que puedan bloquear la organización en una permanente reproducción de su ritual, especialmente cuando toda la situación externa reclama un cambio de marcha. Esto me parece que hoy es el riesgo que planea sobre el movimiento sindical.

2.                La ideología

¿En qué sentido he hablado de la necesidad, para el sindicato, de basar su acción con una sólida base ideológica? Entiendo perfectamente toda la ambigüedad de esta palabra, su posible significado de «falsa consciencia», como desviación idealista del pensamiento hacia una representación abstracta que impide la lectura de los procesos históricos reales. Así pues, no me sorprenden las reservas de Isidor Boix y José Luis. Yo hablo de “ideología” en un sentido más amplio y abierto: me refiero a la necesidad de disponer de una interpretación de la realidad; en ese sentido la ideología es el conjunto de las categorías, teóricas y filosóficas, con las que nos relacionamos con el mundo, es el lugar por donde buscamos abrirnos a la comprensión de la realidad. Si se prefiere, podemos llamarla teoría, pensamiento crítico, consciencia histórica.

En mi valoración de la ideología hay una intención polémica concreta contra la tendencia, hoy tan extendida, de proclamar el fin de las ideologías y la llegada de una sociedad finalmente liberada de la fatiga de pensar, toda ella orientada al cálculo  pragmático de las conveniencias dentro de un universo social y cultural que nos viene dado para siempre. 

El mundo post ideológico que se anuncia y proclama no es otro que la definitiva adaptación a la realidad tal como es; por ello, todo intento de proyectar una realidad diferente es rechazado desde la raiz como una intromisión de la ideología, como un reafloraramiento de los espectros ideológicos que han devastado toda la historia del Novecento.  Así, la cruzada anti ideológica acaba siendo substancialmente una cruzada contra la libertad de pensamiento y de investigación, que debería estar constreñida en el estrecho perímetro de la actual estructura social y de sus ejes de poder. Como puede verse, estamos en presencia de la más violenta y feroz ideología: la que pretende imponer la total identificación de la realidad y del pensamiento. Si nos mantenemos dentro de ese horizonte sólo tendremos a nuestra disposición los instrumentos de la enmienda, de la intervención en el detalle, cerrándose todo proyecto de largo alcance.  Ahora bien, un sindicato «de la enmienda» no veo a quien le pueda interesar ni qué energías pueda suscitar.   Este es el sentido del  reclamo a la «base ideológica»; lo que, en síntesis, quiere decir que el sindicato tiene un rol, sólo si dispone de una capacidad autónoma de análisis critico de la sociedad y de elaboración de un proyecto de cambio.   

A mi juicio, no basta el reclamo a la praxis, porque ésta, a su vez, debe estar orientada por una teoría. En Gramsci, a quien se refieren muchas intervenciones, hay una «filosofía de la praxis», una interpretación de la historia en la que todo se reconduce al libre juego de las fuerzas en presencia, al conflicto político y social sin ningún residuo metafísico y transcendente, en la perspectiva de un historicismo integral. Pero es, de hecho, una teoría, una interpretación, una mirada ideológica sobre nuestra condición humana y de todo aquello que está en nuestras posibilidades de acción y construcción política.  En toda nuestra tradición, la acción y el pensamiento están estrechamente relacionados, son las dos dimensiones que dan un sentido y una identidad a nuestra existencia. Como decía  Engels, el movimiento obrero es heredero de la filosofía clásica alemana: no sólo es acción, mobilización de los intereses inmeidatos, también es pensamiento que se encarna  en la concreción de la lucha política y social.

Pero, ¿de dónde viene esta capacidad de mirar el mundo más allá de la inmediatez de los intereses? Aquí se encuentra la diferencia entre, de un lado, las tesis de Kaustky y Lenin (la consciencia viene del exterior) y, de otro, la tesis opuesta que plante auna progresiva maduración política e intelectual a partir de las experiencias concretas del movimiento que tiene en sí mismo los recursos necesarios y suficientes para superar el estadio corporativo. Yo estoy, decididamente, por esta segunda alternativa, y creo que una de las razones del fracaso histórico de la experiencia comunista está en este intento de dirigir desde el exterior, afirmando la «primacía de la política» con todas las inevitables degeneraciones autoritarias que se desprenden de dicho principio. Me remito, una vez más,  a Bruno Trentin, a su reconstrucción y valoración de las corrientes libertarias y antiautoritarias que se han opuesto a la ortodoxia leninista. Herejías que fueron derrotadas, pero la herejía es el germen de un posible nuevo camino.

La autonomía --o independencia--  del sindicato tiene aquí su propio fundamento, rechazando la separación entre teoría y praxis, una teoría que se confía al partido político, a la que debe adecuarse el sindicato sin disponer de un pensamiento autónomo propio. En definitiva, el sindicato no puede ser el brazo operativo que viene guidado desde el exterior, sino la fuerza organizada donde un movimiento real toma consciencia de sí mismo y elabora paso a paso con plena autonomía los contenidos de su identidad.

3.                El sindicato como parte y el interés general

Está fuera de discusión que el sindicato expresa una opinión de parte. Pero hay una gran cantidad de posibles modos de ser de parte. Hay un modo corporativo, o minoritario, que se recluye en su pequeño espacio y deja que sea la política quien se ocupe de las cuestiones generales. Y existe un sindicato que tiene la ambición de hacer de su parcialidad un punto de vista de toda la estructura social, una mirada abierta al mundo, en tanto que el conflicto que interpreta es el nudo estratégico que apuesta por un diverso modelo de sociedad. En suma, hay una parcialidad de renunciación, residual, y existe una parcialidad expansiva que, a partir de sí misma, busca leer y someter a crítica toda la realidad social. No hay ningún criterio absoluto capaz de definir el «bien común», pero existe un espacio democrático abierto donde se puede confrontar y encarar diversos proyectos. El problema es si el sindicato quiere estar con su autonomía dentro de ese espacio y jugar su partido o si entiende que en ese espacio tengan derecho de ciudadanía sólo las fuerzas políticas a quienes se delega esta materia.  

Mi tesis es que los sujetos sociales deben ser protagonistas, a pleno título, del debate político sin delegar a nadie esta función democrática y de ahí desciende todo el problema de las relaciones entre sindicato y partido político. 

4.                La relación con la política

Autonomía e independencia expresan, en substancia, la misma cosa, de manera que no tiene mucho sentido encabezonarnos en una disputa terminológica. La verdadera diferencia está, más bien, en el modo con que se conciben los dos campos de lo social y lo político:  si hay una línea divisoria, con relativas esferas de influencia, o si hay un campo único, el de nuestra vida colectiva común, y lo social no es un segmento particular de todo sino un modo distinto de mirar el todo, es un diverso angulo visual a partir del que se interpreta toda la vida social. De aquí se desprenden dos interpretaciones opuestas de la autonomía: el espacio de lo social como espacio separado o lo social que directamente se confronta y choca con la política.  Podemos decir: «sindicato corporativo» o «sindicato general». Por eso nunca he estado de acuerdo con la fórmula: “cada cual a su oficio”, porque reproduce el antiguo y conservador principio de que cada cual debe situarse en su lugar, y que la decisión política no es cosa de todos sino de una esfera reservada a quien dispone de las competencias necesarias.  En esta lógica conservadora, según la cual la sociedad está conformada por distintos cuerpos funcionales, orientados según un esquema jerárquico, hay sólamente un espacio para formas corporativas de representación de los intereses y, en otro aspecto, está el gobierno tecnocrático de los expertos. Es, precisamente, lo que se está afirmando en nuestra muy civil y decadente Europa.

¿Entre estos dos niveles –el social y el político— hay una fosa definitivamente infranqueable? He hablado de la «alteridad», y con ello estoy seguramente dando la impresión de cabalgar sobre los humores de la antipolítica. Precisamente por ello me corresponde, sobre este punto, una aclaración. En línea de principio, la relación entre sindicato y política siempre está abierta a posibles convergencias.  No sólamente en el escenario del conflicto, sino también en el de un posible compartir algunos objetivos generales. Cierto, referidos diversamente, en clave social o política, pero capaces de ofrecer un terreno común. No tengo ninguna objeción teórica a este planteamiento.  Tengo solamente una objeción práctica, advirtiendo que se refiere esencialmente a la situación italiana, porque aquí –en nuestra realidad--  la brecha del discurso social y del discurso político cada vez es más violenta, y la idea de una normal y convergente división de las tareas aparece totalmente fuera de la realidad.  Temo que no es solo una tendencia italiana sino general; sin embargo, no excluyo que se puedan dar situaciones totalmente diversas en otros países o en otros continentes.  El testimonio de Carlos Mejía es muy importante porque nos hace salir de una posición eurocéntrica. No pretendo, pues, fijar un principio general.  Si he forzado las cosas es sólo en consideración con la realidad italiana donde toda la historia de la izquierda política se ha discuelto: estamos entrando en  un nuevo universo ideológico y simbólico donde todo se juega en torno a la fascinación del líder, de su decisionismo, en la irrelevancia de los contenidos programáticos.

La irrupción de Matteo Renzi, nuevo líder del Patido Democrático, legitimado por un amplísimo consenso popular, tiene este significado: el fin de un política que interpreta el conflicto social y la llegado de una política nueva  que sólo conocde las razones de la gobernabilidad, del ejercicio del poder (1).  Por eso hablo de alteridad, porque el sindicato o consigue su autonomía radical o acaba siendo fagocitado dentro de los mecanismos del poder.

El problema permanece: ¿es posible romper esta tendencia de la política, es posible reconstruir un hilo de conexión entre lo social y lo político? Es un tema crucial al que, en la situación italiana, hoy por hoy no estoy en condiciones de responder.  Sin embargo, es evidente que el conflicto con la política no es un destino metafísico sino un mensaje necesario para intentar reabrir un espacio democrático donde tengan plena ciudadanía las razones del mundo del trabajo. Así pues, permanece abierto el problema del destino de la izquierda, su posibilidad de renovarse y volver a encontrar sus raices; hoy debo dejar en suspenso este interrogante. Por otra parte, no tengo suficientes elementos de conocimiento para juzgar la situación de otros países. Pero creo, por lo que puedo entender, que con formas diversas y distintos niveles de conflicto está presente en toda Europa la necesidad de un desafío social a la política, y esto será un aspecto importante en las próximas elecciones europeos donde se juega el conflicto entre democracia social y tecnocracia. 

5.                Eficacia y democracia

He insistido en el tema de la eficiencia porque es la única medida posible de la acción sindical, como también de la misma acción política, porque aquí no se trata ni de la verdad ni de la ética sino sólamente del resultado, de lo que se corresponde con las relaciones de fuerza.  Cuando se dice estrategia, se habla substancialmente de acumulación de fuerzas sobre diversos terrenos; y cuando hay fuerza, se puede incluso sobre diversos terrenos, siguiendo a Sun Tsu, «vencer sin combatir».  El concepto de eficacia, que me parece crucual, debe ser visto en una dimensión ampliada, donde no se trata solo de resultados económicos inmediatos sino del despliegue de fuerzas más general. Puede darse una batalla que no se concrete en resultados visibles, pero amplía el consenso. Puede darse una batalla cultural que oriente las relaciones sobre el terreno de la hegemonía. Comparto las observaciones que se han hecho sobre este particular.

Queda un punto complicado y controvertido: ¿qué relación existe entre eficacia y democracia? Pienso que entre estos dos planos hay una relación, pero no es en absoluto una relación simple y lineal. Hay dos fundamentalismos opuestos, ambos engañosos. De un lado, está el mito decisionista, por el que hay que forzar el curso de las cosas y sólo se puede hacer renunciando a la lentitud y tortuosidad de la democracia. Lo que cuenta es la decisión, la iniciativa, el coraje  de un líder que trastorna todos los juegos de una política encerrada en sí misma y que intenta imponer su propia visión. Por otra parte, está la idea de que la democracia es la solución de todos los problemas; que se trata de hacer saltar todas las barreras que impidan el libre ejercicio de una democracia participativa. La experiencia sindical demuesta que las cosas son bastante más complicadas.  El proceso de decisión es la construcción fatigosa, y siempre revocable, de una síntesis a diversos niveles de complejidad donde entran en juego intereses, diversos puntos de vista, diversas subjetividades políticas.  Ni el decisionismo ni el democraticismo resuelven el problema; es necesario un cruce dentro de las contradicciones y de los conflictos de la realidad social para situar conjunta y fatigosamente lo que está dividido, para concretar las posibles etapas de una síntesis, de una unificación de los objetivos.  Este es un proceso siempre abierto y siempre provisional. En esta tarea, la democracia no es la solución sino un instrumento, un momento importante de verificación, una ocasión para integrar a todas las personas interesadas y hacerlas crecer, para mediar no sólo lo inmediato sino las grandes opciones de perspectiva. Es en el proceso democrático donde toma forma la posible eficacia de una acción colectiva; ésta no puede depender sólo de un impulso externo o del mando de un grupo dirigente. La democracia, pues, no es de por sí una garantía de eficacia, pero es una condición necesaria, porque una decisión participativa, verificada, contrala desde abajo tiene más posibilidades de estar en la dirección justa, y sobre todo de suscitar la movilización de las energías que son necesarias para conseguir resultados. 

6.                La experimentación social

Me parece que se aprecia la idea de que el sindicalista debe ser un «experimentador social». Ahora se trata de definir mejor el perfil, las competencias, el papel de un sindicalista de nuevo tipo, que sepa actuar dentro de la materialidad de los conflictos en la empresa y en el territorio. Con una relación viva con las personas que intenta representar. Para dar un sentido a la idea de un sindicato de trabajadores, y no sólo para los trabajadores. En esta nueva dimensión del quehacer social reaparecen todos los temas que hemos comentado: las relaciones con la política, la independencia, la democracia como conflicto, el proyecto. Ahora bien, se trata de situar todas estas premisas teóricas en lo más vivo de la crisis actual para entender cómo el sindicato pueda ser no el testimonio impotente de una crisis global sino una fuerza que actúa concretamente dentro del contexto actual. Esto es posible sólamente si el sindicato se da un horizonte internacional, porque es sobre esta escala donde se decide la suerte del mundo. Necesitaríamos preguntarnos con qué declinaciones y con qué significado puede adquirir vigencia la vieja fórmula «proletarios de todos los países, uníos», es decir, si es una fórmula abstracta, una utopía o si puede ser un nuevo programa de acción. 

Acabo aquí, porque me he alejado demasiado de nuestro debate esperando haber aclarado los puntos más controvertidos. En todo caso os agradezco afectuosamente todass vuestras observaciones críticas y vuestras aportaciones que me han ayudado a ver con más claridad los problemas que tenemos delante y con los que el sindicato se juega su próximo destino.

Traducción JLLB


(1) Cuando Riccardo Terzi escribió estas conclusiones todavía no había dimitido Enrico Letta. Nota del traductor) 


sábado, 15 de febrero de 2014

DE VICTORIAS Y DERROTAS




Aunque nunca lo dijimos, dimos por sentado (por omisión) que las conquistas sociales respondían a un axioma, esto es, una verdad evidente que no necesita ser demostrada. El axioma que construimos fue: lo conquistado no tiene vuelta atrás, era algo definitivamente dado. Por otra parte, nuestra explicación del origen de las conquistas siempre fue reduccionista: eran la consecuencia de un proceso de movilizaciones de las izquierdas políticas y sociales. Nunca explicamos que cada conquista era, también, el resultado de un compromiso con el capital o, si se prefiere, con el sistema. Lo que, por supuesto, no merma ni un ápice la importancia de lo conquistado ni resta importancia a las novedades que abrió en la relación entre economía y política. Y ni que decir tiene tampoco subestima los ásperos combates que se dieron a lo largo de la historia por la consecución de derechos, poderes y controles.

Hoy sabemos que aquel compromiso, siempre inestable, era frágil. Reconocer esta fragilidad es, posiblemente, una de las lecciones que puede sacar la izquierda política y social de cara al futuro: lo que se conquista nunca es definitivamente dado, siempre está pendiente de indeterminaciones. O, como en la actualidad, de retrocesos. De unos retrocesos que quienes lo han puesto en marcha (la derecha neoliberal) esperan que sean también irreversibles. 

Hay, además, otra lección para los actuales dirigentes sindicales: lo que recibieron de sus mayores y que, en buena parte, los sindicalistas de hoy ampliaron, se encuentra en otro paradigma. O bien arrasado (aunque no totalmente) o bien amenazado. O, lo que es lo mismo: la acción sindical se está desarrollando (y lo hará durante un tiempo indeterminado) en un contexto de autodefensa, de ir a la contra.

Ahora bien, aunque la pregunta pueda parecer retórica,  ¿está el sindicalismo español en condiciones de elaborar un proyecto alternativo que sirva de banderín de enganche para dar una respuesta general y articulada a lo que nos está cayendo? Es decir, una propuesta capaz de vincular y compatibilizar la acción en el centro de trabajo con lo general? Pues bien, más allá de las limitaciones del «Piano del lavoro» de la CGIL –analizadas en Opinión cariñosamente impertinente sobre el Plan de Empleo de la CGIL— es un serio intento de no estar sólo a la defensiva; más todavía, de plantear el aquí estamos nosotros.

 

Cierto, no es fácil articular ese (necesario) proyecto. Porque como dice Maurizio Landini «cuanto más se articula la realidad de los representados más se complica la vida de los representantes. Y de las organizaciones» (1). Lo que vale tanto para el sindicalismo como para la política. Pero eso debería ser un punto de llegada sino el inicio del camino. En todo caso, algo hay en nuestra situación española que ayuda: la existencia de una presión sostenida, de una serie de movilizaciones policéntricas que, de vez en cuando, coinciden globalmente; estas movilizaciones han significado un mecanismo de freno (al menos momentáneo y parcial) a las políticas neoliberales y, al tiempo, envían una potente señal, tras sus victorias, de que es posible poner a raya algunos de los planteamientos más extremistas del neoliberalismo y sus hechuras.  Sí, naturalmente, hay que repetirlo porque la memoria, también en nosotros, es frágil: ahí está, ahí esta –viendo pasar el tiempo como la calle de Alcalá--  el Madrid de la huelga victoriosa de la limpieza y de la lucha contra la privatización de amplios sectores de la sanidad, la lucha de los pueblos castellano-manchegos contra el cierre de establecimientos de la salud. Ahí está, ahí está Gamonal.      



(1) M. Landini en Forza lavoro (Feltrinelli, 2013), que está siendo traducido por Javier Aristu.


Radio Parapanda. Antonio Baylos en http://baylos.blogspot.com.es/2014/02/la-dimension-internacional-de-los.html O sea, “La dimensión internacional de los derechos laborales en la crisis”. 


miércoles, 12 de febrero de 2014

CREAR TRABAJO PARA DAR FUTURO Y DESARROLLO AL PAÍS



Nota. Este es el texto (resumido) del Piano del Lavoro de la CGIL, un documento que alcanzará rango congresual en Mayo próximo.



«Piano del Lavoro» – Crear trabajo para dar futuro y desarrollo al País. (Síntesis)

Crear nuevos puestos de trabajo, situando su centro en el territorio, recalificando la industria y los servicios, reformando la Administración pública y el welfare con la ambición de dar sentido a la intervención pública como motor de la economía. Defender el trabajo en los sectores más tradicionales: la agricultura, la industria y el terciario. Todo ello apoyado por una reforma fiscal radical. En apretada síntesis, estos son los objetivos que contiene el «Piano del Lavoro – Crear trabajo para dar trabajo y desarrollo al País» de la CGIL.  La CGIL, después de 64 años del Piano del Lavoro de Giuseppe Di Vittorio, relanza un “segundo” Piano del Lavoro. De hecho, hay analogías en las condiciones de partida: Italia salía de una guerra devastadora; ahora, tras otra devastadora crisis económica, hay una necesidad de “reconstrucción” e innovación.  

De hecho, la propuesta de un Piano del Lavoro, como se lee en el inicio del texto, «nace de la firme convicción de que no se abrirá una nueva etapa de crecimiento y desarrollo si no se parte del trabajo y de la creación de empleo». Un trabajo que, sin embargo, durante años ha sido «despreciado y marginado» mientras, paralelamente, la crisis del sistema se iba haciendo estructural. «Quince años sin aumentar la productividad –dice la CGIL en el Piano--,  veinte años de beneficios orientados a las rentas financieras e inmobiliarias, diez mil millones de horas en cassa integrazione en los últimos años, cerca de cuatro millones de trabajadores precarios, son el cuadro del declive de nuestro país, de un proceso de desindustrialización que se ha acelerado intensamente en los cinco años de crisis» 

OBJETIVOS

La fotografía de la crisis es despiadada, así como la de los males que la han incentivado al igual que su rigorismo. «Es necesaria una gran revolución cultural que afronte, ante todo, el tema del País», se lee en el Piano del Lavoro. Por ello se deben concretar los objetivos que parten de la creación de nuevos puestos de trabajo, relacionados con: «una actividad de resaneamiento, recuperación, medidas de seguridad en el territorio y valorización de los bienes culturales; el desarrollo y la innovación tecnológica, que proteja dichos bienes artísticos; la reforma y renovación de la Administración pública y del welfare; la economía del conocimiento; la innovación y sostenibilidad de las redes infraestructurales».  

De igual manera, es un objetivo defender el trabajo, incluso recualificándolo, de los sectores más tradicionales (agricultura, industria y terciario) mediante: «la reorganización y creación de demanda pública; el apoyo a la investigación pública y la incentivación de la privada; la  cualificación de las inversiones incrementando la especialización productiva y la calidad en la industria y los servicios; una política que reavive el crédito; los vinculos de cualidad de la producción italiana, la regularidad y transparencia de las contratas eliminando el máximo a la baja».  Se trata de unos objetivos que no pueden prescindir de un trabajo «digno, sujeto a negociación, retribuido, protegido por las tutelas universales y la formación».   

TIEMPOS

El Piano del Lavoro debe actuar en un período de entre tres y cinco años, sobre dos segmentos: el primero está entre su puesta en marcha a medio plazo, el segundo a largo plazo previendo «reformas necesarias y opciones indispensables».

El “primer tiempo” debe encarar la emergencia «en coherencia con la idea de que el trabajo genera también procesos de reducción de las desigualdades y de inclusión social». De ahí, la necesidad de concretar un plan extraordinario en el Piano del lavoro para iniciar pronto la creación de puestos de trabajo para los jóvenes, especialmente en el Mezzogiorno, poniendo en el centro la recuperación (con financiación pública y privada) del territorio con modalidades innovadoras que, junto al resaneamiento, afronten la seguridad y la prevención. Este programa debe contemplar: «la asunción de jóvenes cualificados; la recualificación y el incremento de fondos de fiscalidad para contratar jóvenes y mujeres vinculados contractualmente por tiempo indeterminado; la construcción de un plan extraordinario para el empleo juvenil mediante la intervención pública para producir bienes y servicios colectivos públicos».

El “segundo tiempo”, a desarrollar a medio plazo, debe afrontar «las reformas estructurales necesarias, las opciones imprescindibles». Según el Piano de la CGIL los proyectos operativos deben basarse en «una  condición general del País, que sea atractiva para las inversiones, eficaz y productiva, que permita multiplicar el valor de los proyectos que  produce». Por eso son «indispensables las reformas estructurales bajo la bandera de la equidad social, de la inclusión social y de la promoción social».

Para la CGIL, las reformas deben orientarse a la enseñanza (entre la propuesta por una enseñanza pública, nacional y laica, incrementando la obligatoriedad de la enseñanza hasta los 18 años), la administración pública y los servicios públicos locales y la vuelta a la legalidad. Entre las reformas debe estar, además, un renovado protagonismo de la intervención pública. 

«Salir del añejo debate  –se dice en el Piano del Lavoro--  de que lo público debe retirarse de la economía o, en su versión última, reducir su perímetro, forma parte de la revolución cultural. Si se quiere construir un nuevo modelo de desarrollo o, dicho de una manera más brutal, si queremos frenar el declive y responder a la desindustrialización, activando el crecimiento del País, es esencial la intervención pública; no sólo es necesario sino esencial».  Y señala las directrices, partiendo de la política industrial, pasando por las infraestructuras (materiales e inmateriales) para llegar al welfare nacional y local.

TRABAJO Y NEGOCIACIÓN

De cara a la negociación que debe ser tutelado y cualificado (lo que en inglés se llama “decent work, o sea, el trabajo digno), la CGIL sostiene: la necesidad de facilitar fiscalmente, especialmente en las áreas retrasadas, la contratación de jóvenes parados de larga duración con un contrato estable; la regularización de los trabajadores migrantes; la extensión universal de la tutela por maternidad; la introducción del crédito para la contratación estable en los sectores verdes y azules. 

Para todo ello es necesaria también una “verdadera reforma” de las políticas activas del trabajo y el aprendizaje permanente, así como la necesidad de redefinir los amortizadotes sociales, efectivamente universales, debe prever una «renta de continuidad» entre un trabajo y otro.  

En lo atinente al plan de la negociación, la CGIL reitera la plena aplicación del acuerdo interconfederal del 28 de junio de 2011 y propone la experimentación de formas de participación de los trabajadores en las opciones de la empresa, en la definición de los objetivos  y en sus realizaciones.  En la negociación colectiva impulsará también el objetivo de promover nueva ocupación estable y formas atípicas de empleo. Ello exige que las empresas aumenten las inversiones, asuman el valor del trabajo como objetivo estratégico, realicen innovaciones del proceso y del producto, dediquen más recursos a la investigación, favorezcan las agrupaciones de empresa y el crecimiento de sus dimensiones para reforzar la capacidad de responder a la competencia internacional. Todo ello de cara a generar más crecimiento del País.

LA SOSTENIBILIDAD ECONÓMICA

Para poner en marcha el Piano del Lavoro son necesarios recursos destinados principalmente a proyectos prioritarios, a programas de creación directa de empleo; apoyo a la ocupación, reforma del mercado de trabajo y amortizadotes sociales; un Nuevo Welfare; políticas fiscales. Se trata de unos recursos de cerca de 50 mil millones durante el trienio del 2013 – 2015, en parte añadidos y en parte substitutivos de los ya previstos. Esta cantidad se puede recuperar mediante: la reforma orgánica del sistema fiscal, la ampliación de las bases imponibles, una mayor progresividad en la imposición tributaria en su conjunto;  la reducción de los costes de la política y de los residuos; la reorganización de las instalaciones y las transferencias a las empresas; la utilización programada de los fondos europeos;  el fraccionamiento de las
inversiones de los criterios de aplicación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento; la utilización de los Fondos de pensiones para favorecer la canalización de los flujos de ahorro hacia la financiación de las inversiones a largo plazo, garantizando los rendimientos de la Seguridad social; una diversa concepción de la Caja de Depósitos y Préstamos, tomando como ejemplo la Caisse des Dépots francesa, que debe consolidar su misión de catalizador de las inversiones a largo plazo bajo proyectos de desarrollo e infraestructurales, ya sea por las Administraciones públicas o por las sociedades industriales, convirtiéndose de esa manera en uno de los sujetos esenciales para la innovación y la reorganización de Italia. 

IMPACTO DEL PIANO DEL LAVORO

El “big push”, el gran impulso del plan de la CGIL hacia políticas de desarrollo sostenidas por una nueva intervención pública producen un impacto macroeconómico que ha sido calculado por el Centro Europa Ricerche (CER). En síntesis, sobre la base de los recursos recuperados mediante las reformas propuestas en el Piano (fiscalidad, gasto público, fondos europeos, etc) se ha hecho una simulación de las siguientes medidas económicas del 2013 al 2015: proyectos y programas prioritarios equivalentes a 5 mil millones de euros; apoyo al empleo, 10 mil millones de euros; reembolso de impuestos, 15 mil millones; plan para un nuevo welfare. La activación del Piano del Lavoro podría generar un crecimiento del PIB del orden del +3,1% trienalmente y del + 2,9 % de aumento del empleo, llevando la tasa de paro al nivel anterior a la crisis.

UNA RADICAL REFORMA FISCAL QUE CAMBIE EL EJE DE LOS IMPUESTOS 

La centralidad del trabajo lleva consigo el tema fiscal. La CGIL sostiene la necesidad de una reforma del fisco, basada en una mayor progresividad, cambiando el peso de los impuestos de las rentas fijas a la riqueza  improductiva y parasitaria, con una mayor imposición sobre las transaciones financieras especulativas de las grandes fortunas y rentas financieras, reequilibrando los impuestos y la carga fiscal a favor del trabajo y de la producción de bienes y servicios. 

Vista al detalle, la propuesta prevé: un plan estructural de lucha preventiva a la evasión y a la elusión fiscal y contributiva y a la economía submergida; la introducción de un impuesto estructural sobre las grandes fortunas; la mejora de los impuestos sobre transaciones financieras internacionales (TTF); una diversa imposición sobre las rentas financieras (como alternativa al previsto incremento del IVA; la introducción de tasas ambientales coherentes con la indicación europea, tomando como base «si contaminas, pagas» y con la previsión de dinámicas de premio.

Son unas propuestas que van en paralelo a las de revisión de la estructura del IRE o de incremento y unificación de las actuales cuotas de las rentas del trabajo y de las pensiones; una reducción de la prima alícuota del IRPF del 23 % al 20% y del tercero del  38 % al 36 %; la creación de un instrumento de apoyo único para las familias  anagráficas con hijos integrando las actuales asignaciones para el núcleo familiar y la detracción del IRPF con hijos a cargo; un bonus fiscal para los que no pueden disfrutar totalmente las detracciones.   

MUTUALIZACIÓN DE LA DEUDA EUROPEA

La crisis de la deuda soberana en la eurozona exige una intervención decisiva y estructural orientada a hacer sostenible las deudas de los diferentes estados miembros con el fin de reordenar la situación económica, financiera y fiscal entre los Estados más “fuertes” y los más “débiles”. La intervención consiste en la retirada gradual por parte del Banco Central Europeo, modificando oportunamente el estatuto y los tratados de los dos fondos salva-estados, ESM y EFSF, de títulos de Estado por casi unos 1.900 millardos de euros (una cifra aproximada a la suma del 20 % del PIB de cada país).  

Traducción de JLLB


lunes, 10 de febrero de 2014

BOICOT A LA COCA COLA Y PENSAR LA IZQUIERDA



Nota. Debate en torno a Las cartas sobre la izquierda, el libro de Bertinotti y Terzi: http://vamosapollas.blogspot.com.es/, cuya primera aproximación la dio Paco Rodríguez de Lecea en PENSAR LA IZQUIERDA

 

 

José Luis López Bulla

 

 

Permíteme, amigo Paco, que me quite el sombrero por el trabajo que has hecho: una magnífica traducción donde se percibe la pasión bertinottiana y la templanza de Riccardo Terzi, dos virtudes que se complementan desde su visible divergencia, de un lado; y, de otro, esa recopilación metódica por bloques de reflexión que, a buen seguro, te ha representado un considerable esfuerzo. Presentas a quien quiera incorporarse a este nuevo debate un texto, «PENSAR LA IZQUIERDA», que me sugiere una avalancha de consideraciones.


En primer lugar, abres tu meditación con una pregunta retórica: «¿Tiene sentido hoy, José Luis, pensar la izquierda, o es pura pérdida de tiempo? ¿Con la que está cayendo, como diría de inmediato algún amigo?» Sabes perfectamente la respuesta: rotundamente sí, precisamente por la que está cayendo. ¿Acaso no caían chuzos de punta en 1848 cuando nuestros abuelos Marx y Engels escribieron el famoso Manifiesto comunista? ¿Y lo que caía en tiempos de Gramsci? Así pues, retengo que lo que dice un amigo “¿con lo que está cayendo y os poneis a filosofar?” es pura garrulería.

Ahora bien, a pesar de la abundante literatura al respecto –de politólogos licenciados y de meros aficionados, como nosotros dos--  no se puede decir que esa tensión de reformar la izquierda se traslade a la izquierda política. Y cuando lo hace, parece que el remedio acordado es darle solamente unas manos de pintura al viejo edificio. Poner la casa patas arriba, en esa perezosa actitud, podría escapársele de las manos.

Voy a hablar, si te parece, en torno a lo que está cayendo. Pero desde otra vertiente. Por ejemplo, también lo que está cayendo es la experiencia victoriosa de la huelga de la limpieza de Madrid, el triunfo ciudadano contra la privatización de la sanidad de Madrid y del nunca bien alabado como se merece, por victorioso, Gamonal y la solidaridad que ha provocado en los cuatro puntos cardinales. De esta manera concreta, a ras de tierra, podemos sacar algunas lecciones de aproximada utilidad para ese «pensar  la izquierda». Por eso, quisiera traer a colación una cosa que ha pasado desapercibida. 

El diputado socialista Rafael Simancas propuso el otro día, via twitter, que se hiciera, más o menos, un boicot a los productos de Coca Cola como protesta por los despidos masivos de sus factorias en España. «Bravo», me dije, «desde la política hay una señal solidaria efectiva contra la arrogancia de la multinacional».  El mensaje era: “Diputados socialistas no consumiremos @CocaCola hasta que no se garanticen sus empleos @cocacolaenlucha #cocacola0despidos”. Rauda como una centella la dirección del Grupo parlamentario socialista dice que ese mensaje involucra sólo al diputado Simancas, que es algo personal.  Es cuestión de preguntar: «qué le parece mal al grupo socialista de la propuesta de Simancas»? ¿es acaso una exhibición de extremismo? ¿está fuera de la ortodoxia de Rubalcaba? No tengo respuesta, pero sí una observación: el planteamiento de Simancas puede dar pie a una modesto «pensar la izquierda»; desde la ramplona y pacata respuesta del grupo socialista, el deseo de pensar la izquierda se aleja.

Querido Paco, todavía no he visto unas reflexiones –desde el recinto de la política— que describan políticamente  los acontecimientos más llamativos de los últimos meses: la huelga de la limpieza madrileña, la victoria del pueblo de Madrid paralizando la privatización de sus establecimientos sanitarios y las movilizaciones de Gamonal, ni de la relación de todo ello con la renovación de la izquierda. Así las cosas, ¿por qué los dirigentes políticos de una parte de la izquierda –la cuantitativamente mayoritaria—son ágrafos? Dispensa la contundencia de mi respuesta: a que los tres ejemplos no se corresponden con dar unas manos de pintura para renovar la izquierda. Son tres ejemplos que expresan la autonomía de la ciudadanía y de sus sujetos sociales. Más todavía, una ciudadanía que (en unos casos) mira con el rabillo del ojo y (en otros casos) se desentiende (en ocasiones con hostilidad) de la política.

Yendo por lo derecho, viejo amigo: no se oye a los familiares que escriben importantes artículos de opinión, clamando por pensar la izquierda; ni, menos todavía, a lo que fuera del «recinto» sucede en las calles y plazas de nuestro país. Tal vez por eso, nuestro Fausto Bertinotti se impacienta y tira del manual del Orlando furioso. Y, ¿quién sabe?, ahí esté una de las claves donde se refugia nuestro querido Riccardo Terzi.       


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sábado, 8 de febrero de 2014

UNA PROPUESTA QUE USTED NO PODRÁ RECHAZAR



Hace 150 años un grupo de dirigentes obreros, artesanos e intelectuales fundaron en Londres la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) llamada coloquialmente Primera Internacional. Entre aquellos padres conscriptos estaban Karl Marx, Friedrick Engels y Mijail Bakunin. Sin duda un acontecimiento de primera magnitud en la historia europea y mundial. Mucho se ha escrito sobre su influencia en los movimientos obreros, políticos y sindicales.

La propuesta que viene a continuación no debería caer en saco roto. Es la siguiente: aprovechando tan significado aniversario, ¿no sería conveniente que alguien o algunos organizaran a lo largo de este año, 2014, un ciclo de actos al respecto. Me callo si está en la agenda de historiadores o políticos, de sindicalistas u otras cofradías relacionadas históricamente con aquellos viejos fundadores. Naturalmente, no se trata de un acontecimiento a mirar desde una clave exclusivamente historicista sino de utilidad para las cosas del presente y del futuro. El propio nombre de «asociación internacional de trabajadores», en el actual mundo de la globalización, sugiere cómo poner al día aquellas viejas esperanzas de los internacionalistas.

Por lo demás, si aquellos tatarabuelos nuestros fundaron un «movimiento», cabe que el estudio de aquella experiencia tan controvertida interese a los nuevos movimientos de hoy, especialmente los que se distinguen por su carácter global. De manera que reflexionar sobre aquellos entonces cuenta, al menos como hipótesis, como  una utilidad colectiva para todas las islas (conectadas o no) de la izquierda. 


Esta es una propuesta que, al decir de Marlon Brando, “usted no podrá rechazar”.  

Radio Parapanda. "Cartas sobre la izquierda"http://vamosapollas.blogspot.com.es/

viernes, 7 de febrero de 2014

LA HUELGA EN LOS MEDIOS AUDIOVISUALES




Nota. El profesor Joaquín Pérez Rey y Helios López Roig, Licenciado en Ciencias de la Información, reflexionan en torno a LA PARADÓJICA SINGULARIDAD DE LA HUELGA DE TV3 Y CATALUNYA RÀDIO




Habla Joaquín Pérez Rey


Querido José Luis, respondo modestamente a la interpelación de la entrada sobre la huelga en TV3. En efecto creo que estos fenómenos de “esquirolaje tecnológico” en los que la acción huelguista clásica se contrarresta con la continuidad automatizada del servicio merecen una reflexión detenida, tanto desde la óptica del derecho de huelga como desde las facultades que la empresa retiene durante el conflicto.

Algo, sin embargo, se ha conseguido avanzar ya en este terreno. El Tribunal Supremo, a propósito de sendas huelgas en la televisión pública vasca, ha mantenido un interesante debate en el que ha acabado por prevalecer (STS 5-12-2013), aun con sonoros votos particulares discrepantes, la postura más favorable al ejercicio del derecho de huelga. Así, más allá del caso concreto de la sentencia, se viene a reconocer que en las empresas de radiodifusión y televisión el derecho de huelga se vulnera cuando se usan mecanismos tecnológicos para privar materialmente a los trabajadores de su derecho fundamental.
Esperemos que esta importante decisión se consolide y con ella un interpretación moderna del derecho de huelga: a) que vaya más allá de su obsoleto régimen legal; b) que advierta que el contenido del derecho de huelga no se limita a proteger el mero cese en el trabajo, sino que alcanza también a proteger la eficacia del mismo en orden a afectar al mantenimiento de la producción y c) que la libertad de empresa no incorpora la posibilidad de reaccionar frente a la huelga.

Claro que ninguna de estas disquisiciones jurídicas ahorra que el sindicato deba usar la imaginación para enfrentar el conflicto en estos ámbitos tan “robotizados” y a buen seguro tus reflexiones, como las que ya deslizas en esta entrada, serán muy importantes precisamente por los ochenta años que las sostienen.
Un abrazo desde la sala de computación comunal de Parapanda.
Joaquín  


HABLA HELIOS LÓPEZ ROIG



Hola José Luís,

Me entrometo con tu idea de la foto fija en la huelga de TV3 aportando, de forma improvisada, lo siguiente.


1. Una foto fija no tiene recorrido, no concierne o no implica al telespectador, a la audiencia en el conflicto que se desarrolla en el interior del medio de comunicación. La foto tapa, elude, o esconde ese conflicto laboral, de proyecto de televisión pública del siglo XXI.

1. Más que una foto fija hay que hablar: ¿por qué no se emite, en directo, de cara a la opinión pública, a los televidentes un comunicado, un manifiesto del comité de empresa expresando el estado de la situación, como está desarrollándose la gestión del conflicto, las negociaciones si las hay, las propuestas de la dirección y los trabajadores, qué proyecto hay para TV3 y sus asalariados para los próximos meses y años, qué preocupaciones y prioridades hay? ¿Cómo se valora, en definitiva, todo lo que acontece y se avecina?. Hay que ir recordando a la audiencia, de forma machacona, el derecho a la huelga reconocido en la constitución en este espacio público.

2. Retratar el conflcito: Desarrollar y emitir reportajes continuamente sobre las condiciones laborales de los becarios, los periodistas, los operadores y montadores técnicos, las mujeres de la limpieza, los lampistas, etc. Sus jornadas, sus derechos, sus reivindicaciones históricas, cómo estan sus convenios, su cumplimiento. Hablar de lo que ha pasado en la televisión griega. Invitar a los periodistas y trabajadores griegos que emiten por internet. 

3. Si podemos considerar TV3, con o sin huelga, como una herramienta, o como un elemento público del espacio público - el famoso slogan: "TV3 és la de tots" - ¿Por qué pedimos a los telespectadores que se desintonicen del medio si éste pudiera informar de todo lo anterior, de todo el conflicto, de su recorrido, de su avance? ¿Por qué desintonizar de un conflicto público que surge dentro del espacio público, que se proyecta en las ondas públicas? ¿No nos concierne a todos?. ¿No nos concierne como un ejemplo más, el retrato del microcosmos de un conflicto humano, social, laboral, cultural, económico que está ocurriendo también y de forma simultanea en otras latitudes?

4. Para mi, más que una disposicón técnica o jurídica, hay que optar por una estrategia de comunicar, en vivo y en directo, a la sociedad las reivindicaciones de los trabajadores de TV3, como se vive el conflicto, qué salidas se proponen, captar la atención y dejar de emitir una programación repetida y amortizada para la audiencia que da una imagen de "sin embargo la máquina y la maquinaria se mueve por antigua que sea" mientras se acercan los eres y sus lúgubres esperanzas.

Segunda intromisión:

1. Una estrategia extravertida e imaginativa de visualización pública de este conflicto público en el espacio público que es esta democracia que nos hemos dado

Lejos de la foto fija y parafraseando al sabio Galileo Galilei: "Y sin embargo la tele se mueve, porque sus trabajadores se mueven". No hay brazos caídos. Se produce una interferencia pública, democrática, productiva, positiva e ilustrativa de cómo los trabajadores de TV3 afrontan unidos, colectivamente este conjunto de contrarreformas al modelo laboral, al modelo de tele pública estando al frente y tomando el control total del contenido informativo de la programación, de su preparación, de su realización, su diseño y la posterior emisión de los programas en los cuatro canales existentes hasta que llegue la "porra" del conseller de interior.

2. Plantear una propuesta de programación conflictual y propositiva en cada uno de los cuatro canales las 24 horas del día hasta encontrar un buen acuerdo:

1. TV3: Seguimiento informativo del conflicto, las negociaciones. Reportajes, entrevistas a periodistas, realizadores, operadores y montadores técnicos, guionistas, becarios, lampistas, carpinteros, decoradores, maquilladores, limpiadores, etc. Explicar cómo es la lucha, la defensa de sus derechos, las reivindicaciones, etc.

2. Canal 33: Seguimiento informativo del conflicto en las familias. Reportajes, entrevistas con los padres, los hermanos, los abuelos, etc. ¿Cómo lo viven?. El conflicto público se extiende y se amplifica en la sociedad.

3. Canal 24 hores: Reportajes, entrevistas con profesionales de otros medios: Televisió Valenciana, TeleMadrid, la televisión griega, etc. ¿Qué piensa el Colegio de Periodistas

4. Canal Zona 3: Explicar con reportajes, con entrevistas a profesionales, a veteranos de autoridad del ramo, a académicos, a diferentes colectivos, entidades, organizaciones sobre ¿qué modelo de televisión pública queremos en Catalunya para este siglo XXI?. ¿Qué innovaciones y de qué calado son necesarias para el futuro?. ¿Qué piensa oficialmente el Colegio de Periodistas de Catalunya?

3. Captar a la audiencia, que quede concernida. Que envie tuits, sms, mensajes por internet de apoyo, de solidaridad, que de las centralitas de teléfonos salga humo. Si es posible que un colectivo de periodistas se  encierre, se ocupe un estudio, tome los mandos y salga una programación durante una semana o más y se envíen termos de café con leche, bocadillos, zumos, fruta, etc.
 "A tomar por saco el ir repitiendo la programación como un bucle, como una moviola cascada" ya que esto provoca la desconexión de la audiencia del conflicto público.

5. ¿Qué pasa con la publicidad y los anunciantes?. Es una parte de la fuente de financiación. Desarrollar una estrategia de comunicación que promueva interés, complicidad por lo que está ocurriendo. Al fin y al cabo se lucha por defender una herramienta de calidad, de prestigio, duradera y que realiza un buen trabajo y presta un buen servicio a la comunidad. A la larga, una mala televisión pública o privada, no interesa a ningún anunciante ya que estos emigraran a otros modelos, a otras plataformas con otro tipo de ofertas.


Helios.

miércoles, 5 de febrero de 2014

LA PARADÓJICA SINGULARIDAD DE LA HUELGA DE TV3 Y CATALUNYA RÀDIO



Los profesores Antonio Baylos y Jaime Cabeza están sosteniendo una conversación que, hasta la presente, cuenta con tres entradas muy sugerentes: DEBATES SOBRE LA HUELGA (I), DEBATES SOBRE LA HUELGA (II) HABLA JAIME CABEZA y DEBATES SOBRE LA HUELGA (III) EL MODELO REGULACIONISTA - ESTATAL


No hace falta decir que se trata de una conversación seria y, dando por sentado su rigor académico, aseguro que puede ser de una gran utilidad para sindicalistas, estudiosos y, si se tercia, nuestros políticos pueden sacar, también, útiles enseñanzas. Pues bien, aprovechando la ocasión me traigo a la colada unas observaciones en torno a la huelga de estos días en la radio y televisión catalanas. Se trata de un conflicto que, al igual que en anteriores ocasiones, está siendo seguido masivamente por las plantillas. Sin embargo, tanto la televisión como la radio siguen emitiendo con programas enlatados: películas (no programadas) y reportajes emitidos tiempo ha. El espectador sabe que hay un conflicto, porque las emisiones están acompañadas de una leyenda que declara: «El comité de empresa informa que …». Pero el caso es que los «brazos están caídos», como se decía en mis tiempos, mientras las máquinas siguen emitiendo. Lo que significa que la huelga en estos medios tiene esa (paradójica) singularidad bien diferente a la de los sectores industriales, donde si los brazos están caídos no funcionan las máquinas. Sobre ello he escrito en otras ocasiones, por lo que no es conveniente repetirse. Dejemos, sin embargo, constancia de que existe la mencionada singularidad.

Es una diferencia que, en todo caso, merecería más atención que la prestada hasta ahora por el sindicalismo confederal y por los sujetos convocantes del conflicto en estos medios de comunicación. Por ejemplo, sacar conclusiones de que la innovación tecnológica –tras golletazo que inició la huelga general del 14 de diciembre más famoso de la historia del sindicalismo español--  puede abrir oportunidades para ejercer el conflicto social y, a la vez, interferir poderosamente la resonancia del conflicto. Esta interferencia –se hace la huelga, pero el medio sigue emitiendo— se concreta en un conflicto demediado, que raya en el oxímoron.  

En esa tesitura ¿no sería una buena idea que los usuarios (telespectadores y oyentes) se incorporaran al conflicto absteniéndose de sintonizar dichos medios cuando sus empleados están ejerciendo del derecho de huelga? Más todavía, parece obligado entrar a calzón quitado en esta discusión. Por ejemplo, ¿sería conveniente que hubiera una disposición que fijara que, cuando se ejerce el conflicto en los mencionados medios, estuviera sólo una foto fija y no se emitiera absolutamente nada?

Llamada de socorro a la juventud iuslaboralista –pongamos que hablo de la cofradía de Baylos y Aparicio, Paco Trillo y Eduardo Rojo, Perez Rey y Sanguineti, Luis Collado y María José Romero Rodenas-- ¿no sería conveniente que se pensara en cómo enhebrar una dogmática jurídica capaz de sobrepasar la «singularidad» de la huelga en tales sectores?  Ciertamente, la palabra la tiene el sindicato: Hic Rhodus, hic salta. A mis ochenta años no doy para más.


     

domingo, 2 de febrero de 2014

GLOBALIZACIÓN Y POLÍTICA DE CAMPANARIO



La norteamericana Chrysler se ha quedado con el cien por cien del paquete accionarial de la italiana Fiat hace unos días. La nueva sociedad, a partir de ahora, tendrá la sede social en Holanda y la sede fiscal en el Reino Unido y, rizando el rizo, cotizará en la bolsa de Nueva York. Pregunto: ¿sacarán sus pertinentes conclusiones las izquierdas políticas y sociales? Lo iremos viendo. Esperemos, sin embargo, que no sigan bostezando como lo hicieron cuando la compañía de aviación Iberia pasó a otras manos o la Volvo se hizo metafóricamente china (cosa que le ocurrió antes a Motorola), o –mucho antes, hace más de dos décadas--  cuando la SEAT dejó de bailar sardanas para ser engullida por la Volskwagen. 

El mundo de la empresa ha dejado de ser nacional para transterrarse. Y sin embargo la política (en general y la izquierda en particular) se mantiene tartamudeando en el campanario. Como expresión más abigarrada de ello están las diversas genealogías de nacionalismos políticos que, con sus evidentes matices, coinciden fundamentalmente en la misma praxeología: en que sus camas tienen cuatro esquinitas, «cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos que me la guardan». Digamos, pues, que «algo sucede» como dejó escrito José Agustín Goytisolo. Que, en nuestro caso, sería más atinando expresarlo así: algo viene sucediendo desde mucho tiempo atrás.

Algo viene sucediendo: el capitalismo se adopta como la aplicación de una doctrina y no como un ensayo de evolución histórica a través del ensayo y el error. «Algo sucede»: la legitimidad de la política asediada, cuando se resiste a ser cooptada, por la autolegitimación de la empresa y del sistema.  La legitimidad de la política, a pesar de todos sus defectos, que es susceptible de democratización, de un lado, y el dinero que no lo es, según diáfana manifestación de Jürgen Habermas La constelación postnacionalista (Paidós, página 105).  

 

Simultáneamente la izquierda mayoritaria o bien se instala en las cuatro esquinitas de su cama, cada vez más ubicada en su pequeño campanario; o bien, aprovechando que la tarde languidece y renace la sombra, resucitan el pasado á la Rienzi; llamo la atención del artículo de Alberto Asor Rosa La revolución moderada y el nacimiento de un político nuevo (1).  O, más todavía, ahí está esa izquierda escindida entre lo que predica y lo que hace.

 

Esquemáticamente: el sistema es global, fuertemente ideologizado; mientras, las izquierdas se instalan, unas, en una especie de homeopatía paliativa, otras, disfrazando los golpes de sus derrotas con las profecías de sus victorias futuras, que diría aproximadamente el famoso barbudo de Tréveris en el capítulo III de su Dieciocho de Brumario de Luis Bonaparte.  

 

Hay que salir de ese campanario antes de que sea demasiado tarde.   

 

 

(1)            http://encampoabierto.wordpress.com/2014/01/29/la-revolucion-moderada-y-el-nacimiento-del-nuevo-politico/