sábado 30 de abril de 2011

MOURINHO Y SU APORTACIÓN A LA MEMORIA ORAL

Debemos a José Mourinho la recupración de una de las figuras más importantes de nuestro imaginario, el Maestro armero. Este personaje había desaparecido prácticamente de nuestros lenguajes al igual que otros dioses menores como la Bernarda (famosa por su coño), Picio (del que se decía que era horrorosamente feo), Mateo (acompañado siempre por su guitarra), Roberto (habitualmente transhumando con el negocio de sus cabras) y un largo etcétera. Todos ellos eran una especie de criaturas que utilizábamos en Santa Fe, capital de la Vega de Granada. Así pues, demos por buena esta constante referencia de Mourinho a la hora de recuperar parte de la memoria oral.


En una unidad militar, el maestro armero es el jefe o encargado de la conservación y reparación de las armas. Este técnico carece de mando en los Cuerpos del ejército. Al parecer, entre las milicias surgió la expresión "las reclamaciones, al maestro armero" (que en realidad no podía decidir nada), para manifestar lo inútil de una queja, puesto que la disciplina militar obliga a obedecer órdenes, gusten o no. Del resto de los personajes (Bernarda, Picio, Mateo y Roberto) sabemos bien poca cosa debido a la distracción de los investigadores poco atentos a la microhistoria; tampoco los filólogos se han querido meter en las once varas de esas camisas. Demos, pues, las gracias a don José Mourinho sin ningún tipo de reserva mental.


El Maestro armero siempre fue el paradigma de la exculpación y, parcialmente, la justificación de una exagerada y particular
filotimia. Nuestro conspicuo artesano era la excusa que externalizaba todo quisqui. Véanse algunos ejemplos: el Espadón del Pardo que afirmaba que la culpa de todos los males de España vienen de la conocida alianza de los judeomasones con el comunismo; don José Ratzinger que se reafirma en la conspiración de la navecilla del relativismo contra las virtudes teologales y cardinales; Zapatero que excusa sus políticas por el acoso de los mercados; y –como expresión más exasperada de esa manera de ser-- yo mismo (tal como lo oyen) que achaco a sucias maniobras de la Academia Sueca que no me hayan dado el Nobel de Literatura con motivo de mi libro “Cuando hice las maletas”, obra suprema de las letras patrias, definida por mi esposa como “muy superior a la obra de Marcel Proust, sin ir más lejos”.


De todas formas, la loable recuperación de la oralidad de antaño por parte de Mourinho tiene algunos inconvenientes. Primero, consolida una inveterada forma de ser que nos viene de tiempos de antañazo: la culpa la tiene siempre el otro y lo otro. Segundo, lo que comporta que no debo practicar el vicio del autoexamen, dado que las responsabilidades están en otro lugar.


Así las cosas, lo que Mourinho nos propone se traslada por analogía a otros campos: si la gauche qui rie se va a freir espárragos, las responsabilidades están en que el electorado es muy vengativo; si la gauche qui pleure no avanza, toda la culpa la tiene el bipartidismo; si se consolida el fracaso escolar, el quid de la cuestión radica en lo zoquete que es nuestra chavalada. Y así podríamos seguir. Moraleja: a todos nos conviene la abigarrada forma de ser de don José Mourinho.


viernes 29 de abril de 2011

CONTROVERSIA SOBRE "LO SOCIOPOLÍTICO"







Nuestro amigo Andrés del Viso ha hecho un comentario de gran importancia a mi entrada REVISITANDO CON BAYLOS "LO SOCIOPOLÍTICO" aunque para ser exactos se refiere a la apostilla que se hacía: a una cita de Prudencio Farfán, conocido por el mote de El Apotegmas. El compañero Andrés dijo:


No estoy de acuerdo con El Apotegmas, y me parece bien enfocado el texto del bloggero sobre la difícil integración de los socio-político (¿por qué prescindir de esa categoría?) en la acción sindical sin caer en un "sustituismo" que denota ya claramente una cierta "división del trabajo": lo laboral para el sindicato, lo político para el partido. La sustitución del actuar del partido político sería la intervención del sindicato en lo "socio-político". O sea, zapatero a tus zapatos. Será por deformación profesional, pero el trabajo con los inmigrantes y los parados, requiere una intervención en el territorio, en el barrio, y una fuerte mediación cultural que el sindicato está obligado a hacer si no quiere quedarse fuera de muchos problemas decisivos para la vida de las personas que lo están pasando mal a costa de su trabajo o porque no encuentran trabajo. Recordemos a los venerandos miembros de la IWW, un sindicalismo de acción en el territorio y basado en la movilización de la precariedad laboral. Perdón por el excesivo espacio utilizado”.


He aquí la pronta respuesta de El Apotegmas.


Querido Andrés, te agradezco la controversia (como puedes ver utilizo esta palabra que tiene reminiscencias de las viejas polémicas que teníamos en Parapanda en tiempos de don Fernando de los Ríos) con relación al asunto de “lo sociopolítico”. Le agradezco a Pepe Luís que me abra espacio en su blog para decir la mía. Y siguiendo con las flores debidas, me quito el sombrero ante su abnegada militancia en el sensible campo de la inmigración. Dicho lo cual, es hora de meterse en harina.


No es que el sindicato deba involucrarse en dichas cuestiones, sino que –usted es una prueba-- está metido hasta las cejas. Y así debe seguir siendo. Ahora bien, ¿por qué la actividad del sindicato “en el territorio” debe ser definida como “sociopolítica”? ¿Acaso las negociaciones tripartitas en el territorio tienen una característica sociopolítica o, más bien, son sindicalismo tal cual? De la misma forma entiendo que la tutela y promoción de los derechos de los inmigrantes que, por supuesto, se dan en el territorio son acción sindical tal cual. Una de las pruebas más brillantes fue el convenio colectivo del Matadero de Girona de hace un par de años. Por extensión, entiendo que el conjunto de las protecciones debe ser cosa del sindicato. Claro, sin excluir que otros sujetos también trabajen en esa dirección. Por eso me pregunto ¿tiene sentido hacer una separación entre acción colectiva clásica (en el sentido culto de la expresión) e intervención sociopolítica? A mi juicio eso sería un galimatías y, salvando las distancias, una reedición de –tú lo apuntas en el comentario con relación a otro tema— el partido se ocupa de una cosa y el sindicato de otra. O sea, la división de poderes en el interior del sindicato: las Federaciones a la negociación colectiva; el territorio a “lo sociopolítico”. Jano bifronte, mi querido amigo.


Entiendo que los padres fundadores de Comisiones Obreras intuitivamente quisieron superar esa nefasta separación de poderes (papá-partido, el Parnaso de la política; los garbanzos, el sindicato), tantas veces denostada por mi viejo compadre Bruno Trentin, que venía cada año a Parapanda a tomar las aguas. La solución trabajada que encontraron los padres fundadores del sindicato fue “lo sociopolítico”. Que también fue –según mis recuerdos— un intento de salir al paso, educadamente, de una de las sorprendentes afirmaciones que se hicieron en aquel famoso libro “Después de Franco, ¿qué?" donde el autor afirmó desparpajadamente que Comisiones “era un embrión de soviets”. Lo que dejó en el aire un cierto rescoldo que tal vez siga en barbecho.


Mi querido amigo, has citado a la IWW, los famosos wobblyes norteamericanos. Para los días de hoy no me vale ese ejemplo. Porque en aquellos tiempos no podían hacer otra cosa que su acción sociopolítica en el territorio. Más todavía, no quiero incurrir en apologética reaccionaria, pero nuestros admirados amigos wobblys pagaron muy caro aquella deriva sociopolítica. Cierto, fundamentalmente por la represión tan durísima que costó tantas vidas, entre ellas la de nuestro Joe Hill.


Acabo, amigo Andrés: es un hecho que, a pesar de tanta referencia antigua a lo sociopolítico, no hay elaboración teórica al respecto por parte de nuestros fundadores sobre tan recurrente tema. Aquella adjetivación tan recurrente no tenía debajo ninguna chicha. Por eso, déjeme terminar muy granadinamente –ya sabe usted que Granada está cerca de Parapanda y por eso algunos sarcasmos (malafoyá) se nos pegan aunque no queramos. Lo sociopolítico me recuerda un tanto al Ave Fénix, que como dijo el libretista Da Ponte, en un arranque machista: “la fede delle femmine è come l´araba fenice /: che ci sia ciascun lo dice /, cosa sia nessun lo sa”.

jueves 28 de abril de 2011

LA PREÑEZ DE ESTE PRIMERO DE MAYO




Las luchas que, de un tiempo a esta parte, está llevando a cabo el movimiento de los trabajadores europeos –aunque dispersas y con un fuerte contenido nacional-- son una respuesta todavía implícita contra las consecuencias de las políticas de la “lepra neoliberal”, según dejó dicho en 1999 nuestro amigo Bruno Trentin. La cuestión está en saber si (y cuándo) las movilizaciones tendrán un carácter realmente explícito; el problema es si el conjunto de las fuerzas antineoliberales podrán, primero, interferir en la lepra, y, postriormente, derrotarla definitivamente. La presión activa e inteligente es fundamental, pero no basta. Ese conflicto sociopolítico requiere un proyecto cultural de amplio respiro, una implicación de múltiples sujetos y un potente almacén de saberes y conocimientos al servicio de dicho proyecto. Que sea más potente que el del neoliberalismo que no se anda con chiquitas; véase, por ejemplo, la sintaxis de Warren Buffet, uno de los jerifaltes de de Moody´s: “Estamos en la lucha de clases y la estamos ganando”.


El neoliberalismo venció cuando consiguió materializar dos ideas-fuerza: a) que todos ganan en el proceso de globalización impulsado por los mercados como se sostenía en el siglo XIX con la famosa teoría de los costes comparados de David Ricardo; y b) que la centralidad de los mercados, per se, amplia la esfera de libertad de los individuos, especialmente en tanto que consumidores, también como productores ya que los mercados les premiarían aumentando la movilidad social. Los hechos han refutado, nueva y radicalmente, estas tesis.


Una tesis que fue abriéndose camino en amplios grupos académicos, que fue reconvirtiendo a ciertos iuslaboralistas en iusprivatistas, que despellejó algo más que la epidermis de ciertos partidos de solera socialista y socialdemócrata y que, en otro sentido, sirvió de fuente a organizaciones populistas y neopopulistas. Una “lepra” que tuvo como expresión más visible las voces mediáticas de Reagan y Thatcher, aunque debajo de ellos estaban ideólogos y mesnaderos de diverso pelaje: la cofradía de amigos
DEL CAPITAL IMPACIENTE. En efecto, se trató de un contagio devastador. Una gente que no se iba por las ramas; que frente a cualquier propuesta alternativa –aunque fuera moderadamente reformadora— contestaban que eso era un imposible metafísico y la transformación de las cosas una quimera de cuatro locos de atar.


Al prevalecer el enfoque neoliberal –con la derrota del capitalismo, digamos para abreviar, calvinista-- cambió toda la visión de la empresa. La teoría dominante de los treinta últimos años volvió a recuperar la empresa como lugar de contratos individuales, siguiendo las pautas de un sujeto fuerte: el capital financiero. Ni qué decir tiene que tanta metamorfosis le vino como anillo al dedo al management –los “funcionarios de la propiedad”, que dijera Karl Marx-- que estableció una potente alianza con la propiedad. Tras ello, el management dejó de ser un subalterno de lujo para transformarse en coaligados de la propiedad.


Visto lo visto, la teología neoliberal ha hecho mil estragos. Pero se da la paradoja de que las soluciones que se proponen por parte de los contagiados, involuntaria o voluntariamente, es tres cuartos de lo mismo. Pero no es verdad lo que dice la canción
No hay novedad, señora baronesa. Porque hay novedades: son las movilizaciones, incluso con los límites que tienen todavía, en curso. La cuestión está en saber mirar qué preñez tienen y sacar las debidas consecuencias. Este Primero de Mayo debe ser una inflexión.


SOBRE LA LEPRA NEOLIBERAL






Leemos en Nueva Tribuna que El Congreso debatirá sobre el 'descuelgue' salarial a instancias del Partido de los Apostólicos. El asunto requiere algunas consideraciones de fondo que me parecen previas al fulminante rechazo de la propuesta.


Que la Mesa del Congreso de los diputados acepte abrir ese debate me parece inaudito. Porque se trata de una intromisión, absolutamente injustificada, en el territorio de la autonomía de las partes que negocian. Quiero decir que es algo más que un problema de formas democráticas: se trata de una convención asumida así en nuestro país como en el modelo social europeo. De ponerse en marcha estaríamos ante una invasión legiferante en lo que Norberto Bobbio y otros estudiosos (véase la abundante literatura jurídica de Luigi Ferrajoli en Democracia y garantismo) califican de “coto vedado”. Irrumpen, como puede verse, en ese escenario –incluso vedado a los poderes del Estado— lo que está prohibido como “convención democrática acerca de lo que es indecidible para cualquier mayoría” Es decir, ya no sólo es el quién y el cómo de las decisiones, sino el qué: qué no debe decidirse –es decir, la lesión de los derechos de libertad— y, por el contrario, qué debe decidirse, o sea, la satisfacción de los derechos sociales.


Por otra parte, esta irrupción es otra de las manifestaciones de “la lepra neoliberal”, un término que acuñó Bruno Trentin en su diario personal (1). Lo que evidencia de manera estridente que tales prácticas arrasan con todo lo que huela mínimamente a convenciones democráticas. Será miope y astigmático y présbita quien piense que es un problema formal. Es la raíz de la democracia. O sea, es también algo más que la fachada del Partido Popular, un sujeto político cooptado por la “lepra” para mayor gloria del neoliberalismo.


Así las cosas, no debe pedirse a los grupos parlamentarios que voten en contra, sino que no admitan a trámite dicha propuesta. A menos que algunos piensen que pueden aprovechar la ocasión para interferir en el proceso de la llamada reforma de la negociación colectiva.






(1) Cuando en 1999 el Pds propuso a Bruno Trentin que fuera candidato a las elecciones europeas, nuestro amigo se lo pensó mucho. Al final aceptó, aunque dejó escrito en su diario personal lo siguiente: “Me encuentro muy atormentado y atribulado de la decisión que he tomado después de muchas reservas. Ha prevalecido el sentimiento de dar testimonio. Ignoro qué me reserva este futuro de niebla en una situación política (y humana) cada vez más viscosa y desmoralizante tan extraña a los miserables juegos de poder y persecución de las lepras modernistas y neoliberales”.

Debe saberse que a Bruno Trentin le robaron en París, en unas jornadas, la enorme bolsa que siempre llevaba a la bandolera con varios cuadernos de su diario personal que nunca le fueron devueltos. Desde aquí le pedimos al sinvergonzón que los devuelva a los herederos de nuestro amigo









miércoles 27 de abril de 2011

REVISITANDO CON BAYLOS "LO SOCIOPOLÍTICO"





A propósito de SINDICATO SOCIO-POLÍTICO Y TERRITORIO: CONSTRUIR ESPACIOS DE IGUALDAD Y COHESIÓN SOCIAL según Antonio Baylos. Cierto, desde el acuerdo.


Mucho se habló en tiempos pasados de la personalidad socio-política de Comisiones Obreras. Pienso que no estuvimos aproximadamente acertados en expresar cabalmente qué intentábamos decir. A veces traslucíamos una especie de pansindicalismo (vale decir, meter las narices en todo) y, por ende, suplir mediante el substitucionismo lo que, a nuestro entender, no hacían los partidos políticos. Con más frecuencia de lo debido nos comportábamos como un político-socio sindicato que acabó siendo una excusa de mal pagador ante la impotencia de no hacer sindicalismo. Y lo hicimos tan desordenadamente que todavía parecen existir secuelas de aquella contaminación que los sindicalistas de mi quinta dejamos en el ambiente. Se trataba, dicho esquemáticamente, de que correspondía al sindicato territorial la práctica sociopolítica y a las estructuras federativas la acción contractual. Era, y allá donde todavía perdure, una artificiosa división de poderes, un sindicato bifronte, donde no había cruce entre lo federativo y lo territorial.


Entiendo, pues, que las prácticas pansindicalistas y substitucionistas --esto es, la manera infeliz de lo sociopolítico-- han connotado la crisis de identidad que se asentó en algunas de nuestras estructuras territoriales. Una crisis que, además, provocó la desconfianza hacia el sindicato territorial por parte de los organismos de alto copete, justificando la tendencia tan natural como perjudicial hacia la centralización como insensata reacción al baño pansindicalista de aquellas organizaciones territoriales que se sumieron en tal charca. De ello –todo hay que decirlo-- se libraron aquellas que han encontraron su lugar: su función de “ser sindicato”, no como prótesis de los ámbitos federativos sino como sinergia con éstos.


Hace bien un entusiasmado Antonio Baylos en reproponer la categoría de sindicalismo sociopolítico, aprovechando la importante coyuntura electoral –así en el escenario autonómico como el municipal— y recordar la cantidad de problemas que sobre los trabajadores y sus familias se van a ventilar en función de qué orientación institucional exista tras los comicios. Esta es la tesis baylosiana que compartimos plenamente:


La política se declina en plural, y se expresa en urbanismo, vivienda, servicios sociales, educación y sanidad. En la determinación de esas políticas es muy importante el proyecto de ciudad y de territorio que puedan realizar los ciudadanos – y ante todo los trabajadores – a través de su participación en el circuito político-electoral que constituye uno de los ejes del sistema democrático. En las elecciones municipales – como también en menor medida en las autonómicas – se presentan programas de acción que se sitúan entre la realidad y el proyecto de cambio. No todos imaginan el futuro del territorio en términos de igualdad, de participación y de solidaridad. No todos conciben el espacio en términos de nivelación y de integración social. Se vota el día 22 de mayo, y escoger las opciones de progreso que enlazan con las reivindicaciones socio-políticas del sindicato es importante”.


Ahora bien, para que “lo sociopolítico” no sea la vieja reedición de las derivas de antaño, que los sindicalistas de mi quinta no supimos corregir –y que, en buena medida, impulsamos-- sería de lo más pertinente que el sindicalismo confederal español revisara a fondo qué hacer –y con qué prioridades de “estilo”-- en el territorio. Lo prioritario es el control: el control de cómo se gestiona el trabajo, el modo de cómo se retribuye, los reflejos que la gestión del trabajo determina sobre el tiempo y los tiempos de vida. O, en palabras más sucintas, el control colectivo sobre la condición social del trabajo. Una tarea que ciertamente no pueden hacer federaciones y uniones territoriales como si fueran miembros separados [membra disjecta] del sindicato confederal. En parcas palabras, se trata del control de los procesos contractuales que tienen vigencia en un territorio determinado. También, por supuesto, el control de cómo se expresa pormenorizadamente la materialización del Estado de bienestar.


¿Por qué se insiste tanto en el control? Porque, por lo general, el sindicalismo no ha estado suficientemente al tanto de ello. Quiero decir que, si bien se ha tenido una actitud insistente en las prácticas contractuales, ello no ha ido acompañado de su correspondiente verificación, vale decir, de su control. Por ejemplo, hace unos cuantos años se fue consolidando en el territorio una amplia gama de negociaciones sobre temas de notorio interés: infraestructuras, medioambiente y otras que fueron robusteciendo el carácter de sindicato urbano. Sin embargo, aquel loable celo contractual no estuvo acompañado de su correspondiente control y verificación. Es más, entró en ese proceso desde su alteridad, independencia y auto-nomía. Que es lo mismo que decir desde su condición social, sabiendo que no es un sujeto de la izquierda sino que está objetivamente en la izquierda. En suma, que él mismo --como el ejercicio del conflicto social-- no está en función de las contingencias de la política partidaria.


Apostilla. He pedido consejo al amigo Prudencio Farfán, conocido en Parapanda por su apodo, El Apotegmas, para que me hiciera llegar sus observaciones a esta revisitación de “lo sociopolítico”. Este sabio talabartero me ha dicho, en correo electrónico, lo siguiente: “Te ha faltado dejar claro que la principal tarea en el territorio es la empresa –o, como decís ahora, el centro de trabajo—, la empresa que está en el territorio. Mientras esté ahí, la empresa no es un no-lugar, sino el lugar por excelencia de la acción sindical. Otrosí, ¿por qué decir que urbanismo, vivienda, servicios sociales, educación y sanidad se corresponden con “lo sociopolítico”, cuando son espacios centrales de las políticas de Estado de bienestar –o, como dicen los relamidos, entre ellos tú mismo, de welfare— inseparables de la acción sindical que ya es clásica? Finalmente, según mis informaciones los vicios antiguos del pansindicalismo, el substitucionismo y las lecturas equívocas de lo sociopolítico no conforman ya la práctica de las uniones territoriales. Pero haces bien en traerlo a colación porque nada está descartado definitivamente. Saludos, Prudencio”.


martes 26 de abril de 2011

LAS PICARDÍAS DE ALGUNAS AUTOBIOGRAFÍAS






Minutos antes de que Carles Pujol le diera aquel soberbio cabezazo al balón que nos permitió eliminar al equipo tedesco en Sudáfrica, un afamado editor albaceteño me conminaba a escribir mis memorias. La respuesta fue ahogada por los gritos de ¡gooool! ¡toma ya! y otros gritos desenfrenadamente bravíos no reproducibles en estas páginas. Me olvidé del asunto. Pero ahora debo responder al bienintencionado editor. No pienso hacerlo por la sencilla razón de que todavía me acuerdo de todo y presumo de tener la cabeza aproximadamente en mis cabales. Pero la razón más importante me ha venido tras la lectura reciente de dos distinguidas autobiografías.


Tengo la sospecha de que la mayor parte de las autobiografías se hacen para ajustar las cuentas a los círculos concéntricos y excéntricos de quien relata su vida. Se utiliza, además, una técnica (al parecer, muy estudiada) de poner al lector ante una actitud fideísta a lo escrito. Ese ajuste de cuentas pasa por poner como un pingo a unos cuantos conocidos y saludados ya sea el contexto una cofradía penitencial como una agrupación nacional de talabarteros. Para ello, lo técnicamente impecable es no referir qué tipo de características tienen tanto la cofradía como la agrupación. Es mejor pasar de puntillas sobre todo eso, y de esa manera el lector sólo dispone de la palabra del autobiógrafo. En esas condiciones uno de los citados –pongamos que hablo de Zutano— puede aparecer sistemáticamente como un ladino; Mengano, es otro ejemplo, es descrito como un perillán redomado, y definitivamente Perengano quedará retratado cual hipócrita impenitente. Tenemos la palabra del autor que, para ello, no tiene inconveniente de describirse en clave martirial.


Como contraste a ese ajuste de cuentas, una biografía debe contar con los contraejemplos de los hipócritas, taimados y perillanes. Hay que elevar a los altares a unos cuantos amigos que, como el autor, padecieron la inverecundia de aquellos follones y malandrines. De ese modo los alabados huelen constantemente a incienso.


Así las cosas, estoy seguro que –cuando me olvide de todo y caiga en la tentación de darle a la pluma autobiográfica—yo también recurriría a los mismos estragos. Pero, entonces, caiga sobre mí toda la santa ira de los dioses mayores y menores. [Aclaro: no hablo por mí, sino por otros que no pueden responder]












lunes 25 de abril de 2011

LAS MUJERES EN LOS PUESTOS DE DIRECCIÓN EMPRESARIAL







Según un estudio de Grant Thornton sobre la base de un panel de 11.000 empresas privadas de 39 paises –que detentan el 80 % del PIB mundial—las mujeres representan el 20 por ciento de los puestos de dirección de las empresas a nivel mundial. La proporción de las mujeres en los equipos de dirección en ha caido a los niveles de 2004 contra el 24 por ciento del año anterior, 2009.




La distribución por paises es como sigue. Tailandia (45%), Georgia (40%), Rusia (36), Hong Kong y Filipinas (35). Los países con el porcentaje más bajo son India (9 %), Emiratos Árabes y Japón (8 %).

En
http://www.internationalbusinessreport.com. está la documentación más pormenorizada para quien tenga interés en este asunto.

De los datos podemos sacar una primera conclusión : nadie duda del avance (desigual en todo el mundo) de los derechos de la mujer, pero –seamos claros como el agua clara-- una cosa son los derechos y otra es el bastón de mando que sigue en las manos del rudo varón. De ahí la novedad positiva que presenta el sindicalismo trasnacional, que todavía tiene que esmerarse muchísimo más.



LO QUE HAY QUE CAMBIAR EN LOS CONVENIOS








Miquel Falguera i Baró. Magistrado del TS de Catalunya




Uno escucha en estos días toda una serie de sesudas disquisiciones relativas al actual sistema de convenios. Incluso los inefables cien economistas de San Luis, cómo no, acuden a la cita con su viejo catecismo de dogmas neo-liberales en ristre. Sin embargo, no deja de ser curioso que casi todas las reflexiones que he visto sobre este tema se centran en la vertiente economicista de los convenios colectivos, como si éstos fuesen, únicamente, una especie de instrumento del mercado. Y es por ello que, en definitiva, todas esas reflexiones inciden en el mismo diagnóstico: los salarios en España son demasiados elevados –en relación a la productividad- y la causa de ello es la negociación colectiva. Por tanto, el tratamiento terapéutico pasa por el recorte de ésta. Y, en consecuencia, aunque no se diga explícitamente, del poder del sindicato y de las tutelas del Derecho del Trabajo. No es nuevo: una diagnosis similar se hizo ya con la reforma de la Seguridad Social.



Como es notorio la actual crisis económica ha sido causada por los salarios y los derechos de los asalariados (pese a que en el anterior período de crecimiento existió una evidente contención en esta materia), no por las actividades especulativas del último decenio. Como es notorio esas políticas especulativas son ajenas a la progresiva desindustrialización de este país y la dejación de cualquier actividad de investigación en la mejora productiva y científica (a diferencia de lo que ha ocurrido en Alemania y el norte de Europa): la culpa es de los trabajadores, que ganan mucho y trabajan poco. Como es notorio la productividad se basa únicamente en los salarios, sin que intervengan otros factores como la formación, las infraestructuras, el resto de condiciones contractuales

y el modelo productivo. Por tanto, es obvio que la solución pasa por incrementar la desigualdad: cuando los ricos sean más ricos y los pobres más pobres –más todavía- estaremos en condiciones de competir (probablemente en nuestros tradicionales sectores punteros del turismo y la construcción, que tanto valor añadido aportan) Lo increíble es que tamañas sandeces se repitan hasta la saciedad, cual mantra sagrado, por supuestos “expertos”, políticos y medios de comunicación sin que apenas se oiga voces críticas que pongan en evidencia lo evidente: que el emperador está desnudo, con sus colgajos al aire. Que la enfermedad actual tiene como origen las propias políticas neo-liberales.




Cabrá recordar que los convenios colectivos son algo más que instrumentos del mercado. Bien es cierto que en la etapa del Welfare constituían –lo siguen siendo- las renovación de votos periódica entre los agentes sociales de la paz social, en tanto que su función principal era, a la postre, la fijación del valor de la fuerza de trabajo en forma civilizada y contractual. Mas esta determinación del valor de la fuerza de trabajo opera, a la fin, como elemento de vertebración entre los asalariados –al establecer un mecanismo de igualdad, que evitan prácticas de subindicación- y entre las propias empresas –al articular mecanismos de regulación de la competencia-. Y, además, los convenios eran –son- también otra cosa: la juridificación de la composición del conflicto social. Por tanto, un instrumento de civilidad democrática, en el que asimismo se plasman derechos y obligaciones no estrictamente económicos, como mecanismo compensatorio entre el poder empresarial y la alternatividad sindical. Por último, los convenios constituyen algo inédito en la teoría general del derecho: son una especie de normas autónomas surgidas desde abajo que, aún incardinándose en el poder del Estado, resulta en sus contenidos ajenas al mismo.
¿Quiere ello decir que se tenga que defender a ultranza nuestro modelo actual de negociación colectiva? Por supuesto que no. Al margen de esos análisis economicistas aparece una realidad cada vez más evidente: el contenido de los convenios se va progresivamente alejando de lo que está ocurriendo en los centros de trabajo y de la realidad de los variados intereses colectivos que conforman el panorama de personas asalariadas. Y ello está provocando en la práctica una potenciación de los pactos y acuerdos de empresa (mal regulados en nuestro ordenamiento, por su falta de relación y adecuación al convenio) y, lo que es más grave, de la autonomía decisoria del empleador.




Afortunadamente los agentes sociales son conscientes de esa situación. Así lo reconocen en forma expresa en el reciente acuerdo denominado Pacto de las Pensiones, en anexo al mismo. Se contienen en dicho documento una serie de diagnósticos que, en general, deben ser compartidos por cualquier observador.



Los motivos de ese desfase real obedecen, a mi juicio, a dos grandes motivaciones. Por un lado, lo que podríamos denominar como la problemática histórica de nuestro derecho del trabajo, que hunde sus raíces en los inicios del actual modelo constitucional, que afectan esencialmente a los instrumentos formales y su vertebración; de otro, el cambio en el modelo productivo, en las formas de organización del trabajo y en la composición del colectivo asalariado, que se inserta esencialmente en los contenidos.




Iniciando estas reflexiones por esos motivos tradicionales, cabrá observar que el advenimiento del actual modelo negocial no comportó en la práctica una ruptura esencial del paradigma franquista. Cierto es que la legitimación constitucional del sindicato conllevó un evidente cambio de protagonismo. Ahora bien, si se analizan en profundidad los actuales contenidos y estructuras de nuestros convenios, podrá comprobarse como no existen grandes diferencias con los de las Ordenanzas laborales.



Es más: los propios ámbitos de negociación sectoriales se adaptan también –en líneas generales- a los tradicionales de las Ordenanzas. A lo que cabrá sumar la aparición de nuevos sectores –en la inmensa mayoría de casos, con muy pocos trabajadores afectados- y la práctica de “barra libre” de los convenios de empresa –ante la inexistencia de reglas claras legales y convencionales de estructuración y vertebración de las unidades de negociación-. De ello se deriva que en España se negocien cada año seis mil convenios. Si se tiene en cuenta que nuestro modelo se basa en la representatividad y no en la representación –lo que determina una evidente carencia de medios materiales y humanos- es obvio que los efectos sobre la calidad de lo pactado son notorios.



Y ello explica también otro fenómeno concurrente: la pobreza de contenidos de los convenios. En la mayor parte de casos las cláusulas que en ellos se observan no son más que reiteraciones –muchas veces, reduccionismos- de la Ley, por no hablar de cláusulas obsoletas.



Todo eso lo venimos arrastrando desde finales de los setenta, en una inercia que no ha hecho más que crecer. Ocurre, sin embargo, que desde entonces han pasado muchas cosas, es decir, aquéllas que me llevan a la segunda motivación antes apuntada.



Por un lado, el colectivo asalariado ha mutado, de tal manera que el tradicional “blue-collar” varón, entonces ampliamente hegemónico, aún siendo hoy mayoritario, no pasa ahora de ser el primus inter pares. Entre otros muchos colectivos (extranjeros, trabajadores jóvenes con mayor formación y distintas aspiraciones que sus padres, etc) es obvio que la feminización del mundo laboral está ahí. Y, con ella, la sensibilidad y valores de las mujeres. Sin embargo, los convenios colectivos han sido poco reactivos a esa realidad. Es cierto que en los últimos tres años se ha producido un incremento muy significativo de las cláusulas de igualdad. Pero no es menos cierto que ese fenómeno tiene su origen en la Ley Orgánica de Igualdad. Por tanto, cabrá preguntarse porqué los agentes sociales han necesitado de un estimulo externo para dar una orientación a los contenidos convencionales.



Con todo, el elemento más significativo desde mi punto de vista es la escasa implementación en los convenios de la regulación del nuevo modelo, la flexibilidad. En general, la mayor parte de normas colectivas optan por una regulación que podríamos caracterizar como “defensiva” ante “lo nuevo”. Es decir, limitando las posibilidades de disponibilidad unilateral del empleador. Sin embargo, esa tendencia no deja de ocultar otro fenómeno que creo más significativo: la falta de metabolización –especialmente, por el sindicato- de la nueva realidad. Por tanto, que la flexibilidad, como nuevo modelo productivo, tiene que generar una nueva cultura social. Y ello aboca a un concepto, muy poco desarrollado en la práctica, que podríamos definir como la flexibilidad bidireccional. Es decir, que el fin del paradigma del “contrato estático” ha de operar tanto para empleadores como para asalariados. Así: ¿por qué el empresario puede disponer del horario de trabajo por motivos productivos y el trabajador no tiene la misma posibilidad por causas personales o familiares?



Y, por otra parte, como fenómeno concomitante, cabe reseñar la evidente disincronía que se produce entre el modelo de poder en la empresa y las nuevas formas de organización del trabajo. La empresa jerarquizada y quasimilitarizada era lógica en el fordismo, pero no se adecua a la flexibilidad. En el actual “impasse”, la patronal se niega a “democratizar” las relaciones laborales, pero en cambio, exige mayor flexibilidad en el desarrollo de la prestación laboral. Y, por su parte, el sindicato, ve la flexibilidad como algo negativo –con razón, por la falta de contrapartida-, de ahí que sea incapaz de metabolizarla.



Por tanto, desde mi reflexión personal, aún siendo evidente que nuestro modelo de negociación colectiva debe ser modificado radicalmente, la problemática de fondo reside en para qué queremos el cambio. Si nos centramos únicamente en los instrumentos y la regulación legal, probablemente ahondaremos aún más en la desigualdad. Por el contrario, un planteamiento de modificación esencial de contenidos, basados en la igualdad formal de la flexibilidad bidireccional, servirá para avanzar en la regulación del nuevo paradigma productivo, de organización del trabajo y de composición del colectivo asalariado. Una lógica que, a buen seguro, incidiría mucho más favorablemente en la productividad que la consabida –y ya demostrada como errónea- receta de recortar salarios.


viernes 22 de abril de 2011

LA `ANOMALÍA´ SINDICAL DE ISIDOR BOIX

Isidor Boix nos ha dejado escrito sus primeras reflexiones sobre el documento preparatorio del Congreso de la Confederación Europea de Sindicatos en su artículo Crónicas Preatenienses - 2 Tras la lectura de las reflexiones de nuestro hombre cabe preguntarse cuál es la `anomalía´ de Isidor Boix. Porque, hemos de convenir, que el compañero no es nada corriente.


La `anomalía´ de Isidor, bien conocida por amigos, conocidos y saludados de los cuatro puntos cardinales del planeta, es: 1) el análisis riguroso de las prácticas sindicales; y 2) dar su opinión sobre todas ellas de manera pública coram populo, como quien da a entender que el análisis crítico público es parte de la pedagogía para el común de los mortales. Como quien entiende que lavar esos trapos solamente en casa no conduce a nada útil. De ahí que nuestro amigo utilice la misma sintaxis en casa que en la plaza pública; tanto si es mediante la palabra como la escritura, siempre sobria –románica, se diría-- constantemente razonada. Una personalidad que se ha forjado al calor de las grandes batallas de SEAT en aquellos tiempos difíciles de la lucha contra la Dictadura como, posteriormente, en los grandes convenios metalúrgicos y los de químicas y textiles, sin olvidar su ajetreada actividad sindical de hace ya algunos años en el sindicalismo supranacional.


Esa `manera de ser´ --su anomalía de decir las cosas: el ethos entre la intimidad de la reunión y la plaza pública— le ha granjeado viejas y nuevas suspicacias. Recuerdo que, platicando en Santa Fe de Granada (en unas jornadas sindicales) fui preguntado por algunos asistentes en el coloquio quién era la persona que debía sustituir a Antonio Gutiérrez. Mi respuesta fue clara: “Sin ningún género de dudas, Isidor Boix”. Un compañero del secretariado confederal, que compartía con un servidor mesa y micrófono, se quedó de piedra. Lo que no sabía es que la pregunta había sido preparada previamente entre varios cofrades y este que les habla. Para rematar la faena, tras el silencio que se hizo, apostillé: “El problema es que no pocos temen a Isidor más que a una vara verde”.


Y sin embargo, Isidor nunca hizo el más mínimo gesto ni por activa, pasiva y perifrástica de indiciar o indicar que estaba en condiciones (más que sobradas, en mi opinión) de coger el testigo de Antonio Gutiérrez. Supongo que se diría que para qué meterse en ese jardín de cactus si el resultado será otro. O tal vez ni eso. En todo caso, Comisiones Obreras se lo perdió.


La pregunta que hago es: ¿conoce alguien a un sindicalista, de esos que están en la puerta del firmamento, que sea tan `anómalo´ como Isidor Boix? Para los que no piensen bondadosamente diré: no hablo en demérito de nadie, sino en mérito de nuestro hombre.



AQUELLA SEMANA SANTA DE ANTAÑAZO





Este blog apoya a don Rafael Rodríguez Alconchel para la alcaldía de Santa Fé (Granada)




Cuando yo era niño chico la Semana Santa era realmente una semana santa. Todo estaba en silencio devoto: el beaterio murmuraba con voz queda; la mayoría de la población no hablaba no fuera que decir “buenos días” fuera tomado como un acto de desacato al Régimen y, así, llevarte de bruces al cuartelillo de la guardia civil caminera; tanto el beaterio como el beaterío esperaban que, en la Iglesia colegiata, la prédica de un dominico, cuya voz tronaba amenazante desde el púlpito contra los males que atribuía a la gente santaferina: la lascivia que tenían los machos cuando salía Ritajaivor en Gilda y las bragas líquidas --como anticipo de la posterior sociedad líquida-- de las señoras cuando aparecía Garicúper en la pantalla del cine Coliseo Fernando e Isabel, comúnmente llamado el Cine de Benítez. Y, todo el personal, esperaba la hora de salida del Señor de la Salud de la Iglesia Parroquial. O tempora o mores. Tiempos de recogimiento, pues.


El Señor de la Salud salía puntualmente a las ocho de la tarde. Mientras las campanas –con toda seguridad las mismas que construyó Gonzalo de Isla, antepasado de mi padre adoptivo el maestro confitero Ceferino Isla, en 1540— sonaban estridentemente, tal vez para ahogar la música que sonaba, la Marcha Real. Acabado el repicar del bronce, el director de la Banda municipal, el maestro Salvador El Pájaro, lejano pariente de mi familia, indicaba una música más apropiada, el pasodoble
Pepita Creus que todos considerábamos como lo más distinguido para tan significada ocasión.


¿En qué consistía nuestra acrisolada devoción tan celebrada en los medios eclesiásticos? En el seguimiento silencioso de las saetas que cantaba el maestro Conchelillo, sólo roto por el no menos devoto palmoteo y ovaciones del público en general. Devoción también de la soldadesca romana que lucía sus pantorrillas a la intemperie; tiempos posteriores rompieron esa naturalidad cuando los soldados se pusieron leotardos bajo el pretexto de que tenían frío. Devoción también de los virtuales costaleros; digo virtuales porque en Santa Fé, capital de la Vega de Granada, los pasos tenían ruedas, una originalidad religiosa cuyo objetivo era que el esfuerzo fuera substituido por la devoción. Y, recogimiento en fín, cuando –en medio de la procesión—desaparecía la mitad del personal para reponer fuerzas en los bares, algunos de ellos de gran nombradía: el Mau Mau, que indicaba el conocimiento de los santaferinos de los problemas internacionales; el Bar Rosas, que aludía ex ante a la relación entre desarrollo y medio ambiente; los bares Colón y el Hispánico que aludían al marxismo historicista de nuestros convecinos; y, sobre todo, el Bar Chiquilín –regentado por el padre y la madre de Rafael Rodríguez Alconchel, actual candidato a la alcaldía en las próximas elecciones— donde se comía el mejor chotillo a la campera de toda la Hispanidad. Tiempos de devoción aquellos, que nada tienen que ver con lo visto por estos ojos que se comerán la tierra en 1992: uno de los hermanos mayores de la cofradía, otro pariente lejano de un servidor, iba –la cara descubierta— con la vara de mando en la diestra mano, en la boca un purazo Cedros, y en la siniestra mano un vaso de güisqui DYC. Debo decir que le recriminé su evidente paganismo, pero impávidamente me respondió que la devoción iba por dentro.


¿Qué pasa ahora? La Semana Santa se ha convertido en un jolgorio para desesperación de Rouco y sus hermanos. Hasta Belén Esteban luce su boca despellejando en la televisión a toda la saga de los Ubrique; la gente viaja en tren, en estos días sacrosantos, luciendo los pelos de los sobacos y los tatuajes muy cerca del culo y otras partes pudendas. Por lo demás, el ubícuo chándal ha sustituido las prendas de antaño entre los fieles que siguen los pasos, y hasta los expertos en la retransmisión de tales eventos utilizan un lenguaje de signo extravagante como el de “procesionar”.


miércoles 20 de abril de 2011

LA MADRE ÁNGELA BULLA PRECURSORA DE LOS DESPIDOS EN LA ENSEÑANZA RELIGIOSA

Homenaje a Ramon Plandiura.


A principios de la democracia tuve que vérmelas con un caso que significó un precedente de gran importancia. Pilar Costa, profesora de Matemáticas, fue despedida del Colegio de Lestonac en Mollet del Vallés, una ciudad próxima a Barcelona, en aplicación del llamado Estatuto de Centros. La profesora, según las monjas, era atea o algo por el estilo. El asunto me pillaba además muy de cerca, no solo por motivos sindicales sino también personales. Una monja de las que estaban militantemente en el ajo era mi tía Ángela Bulla, hermana de Pilica, mi madre. Una actitud chocante porque la Orden, en los últimos tiempos de la Dictadura, se había manifiestado con visible tolerancia; y una actitud extraña porque mi tía Ángela era muy ducha en las Ciencias Exactas hasta el punto de resolver las integrales abelianas como el que lava y, según ella, mantener una correspondencia con don Julio Rey Pastor. Con esas credenciales fui a verla y, seguramente tras santiguarse, le dijo a la hermana portera que no tenía ningún sobrino, y que ella no era la Madre Bulla sino la Madre Bul.la. [De esta manera recuperaba la fonética original de raíces italianas para distanciarse definitivamente de un servidor].


A partir de aquel momento, Ramon Plandiura, un prestigioso iuslaboralista experto en los temas de Enseñanza, y yo mismo intuimos que todo ello nos traería muchos dolores de cabeza en los años venideros. Y, en efecto, se abrió la veda, se inició una barra libre que fue utilizada profusamente por los Altos funcionarios de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. En Canarias hubo una plaga de despidos por idénticos motivos que llevaron a la Madre Bulla (o Bul.la) a darle a la escoba de los despidos. Que fueron anulados por el Tribunal de Justicia de Canarias. Los jerarcas eclesiásticos sabían que si ellos despedían pagaba el Estado.


Así las cosas, la barra libre se extendió como mancha de aceite: una profesora malagueña de Religión fue despedida “porque no asistía a misa y, además, se iba de copas” (sic). Otra profesora de la misma asignatura fue puesta de patitas en la calle porque había hecho huelga, que había sido convocada con todas las de la ley. Se mantenía el teologúmeno de que los obispos despiden y el Estado paga: vale decir, el resto de los mortales mediante los impuestos. En suma, mi tía Ángela –la madre Bulla o Bul.la, según se prefiera— fue una adelantada a su tiempo: usaba las matemáticas para el despido, caro o barato, que pagaban los contribuyentes; que conste, no era fenicia sino de Santa Fe, capital de la Vega de Granada. Con toda probabilidad Dante le habrá reservado un lugar adecuado en el círculo más pertinente: tal vez en la ottava bòlgia.


Ahora el Tribunal Constitucional ha hablado nuevamente y ha dicho que
EL PAÍS- La Iglesia no puede prescindir de docentes por 'pecar . Otro triunfo del Derecho del Trabajo. Al menos, en esto, podemos decir con aquel antiguo aquello de “Jueces hay en Berlín” [Es gibt noch Richter in Berlin] Pero los naipes marcados siguen en la manga de los Altos funcionarios de la Iglesia mientras el Concordato, esa estantigua preconstitucional, siga haciendo mohatreramente de las suyas. Igual que hizo, tiempo ha, mi tita Ángela Bulla o Bul.la, que de ambas formas puede y debe decirse. Con la condición de no renegar de nadie.

martes 19 de abril de 2011

LA DESCANSADA POSTURA DE LAS CAPAS MEDIAS

El gobierno catalán ha dado marcha atrás en su penúltimo intento de bajar los impuestos a ese reducido pero influyente grupo de los ricachones. Por supuesto, los intereses electoralistas pesan lo suyo porque las elecciones municipales están a la vuelta de la esquina. Hasta tal punto es así que –según se dice en los mentideros políticos, o sea, las ciberbarberías y las redes sociales— incluso miembros (más o menos destacados) de la coalición nacionalista y teócrata-cristiana han puesto el grito en el cielo contra la anunciada medida. Pero no conviene olvidar que se ha dado un salto: de la gelatinosa e invertebrada oposición social contra los recortes se ha pasado a un movimiento que, aunque desigualmente estructurado, se ha puesto en pie con sonadas movilizaciones en los últimos días. En resumidas cuentas, ha sido esta incipiente movilización de masas la que ha abierto las grietas en la coalición de los mandantes catalanes. Por supuesto, no conviene exagerar, pero tampoco minimizar esta retirada (coyuntural) de la bajada de impuestos a los ricachones. No se trata, pues, de repicar las campanas pero tampoco de encogerse de hombros.


Yo entiendo que la presión sostenida puede hacer variar las cosas. Por lo menos es una condición muy aproximadamente necesaria. De manera que llenar las calles y las plazas en este Primero de Mayo y el 14 de Mayo es una buena ocasión para darle más vigor, diapasón y capilaridad a la acción colectiva. Es más, para que las capas medias se despierten de su tradicional modorra. Estos acomodaticios sectores se han beneficiado históricamente de las conquistas del movimiento organizado de los trabajadores sin dar un palo al agua. “A mí que me las den todas”, parece ser la descansada postura en el diván de este personal. Y, sin embargo, los anunciados recortes afectarán drásticamente a la mesocracia catalana. De manera que su condición parasitaria (en el sentido que daba al término
Thorstein Veblen) no les librará del estropicio. De hecho nunca les solucionó ninguna papeleta su acrisolada actitud acomodaticia, ni siquiera sus derivas populistas.


Se ha dicho más arriba que la presión vertebradamente sostenida de estos días es una condición aproximadamente necesaria para dar al traste con todo lo que sigue anunciado. Pues bien, para que dicha acción colectiva tenga utilidad de largo recorrido parece conveniente hacer una referencia histórica. En más de una ocasión, Bruno Trentin ha explicado que una de las razones de la rápida difusión del taylorismo fue la amplia red capilar que logró poner en marcha
Frederick Winslow Taylor con el mundo de la ciencia y la técnica, con las Universidades y agencias del pensamiento. Hasta tal punto fue así que incluso algunos santos padres de la izquierda cayeron embelesados en el sistema de organización del trabajo ideado y puesto en marcha por el ingeniero norteamericano. ¿A dónde queremos llegar?


Nos referimos a lo siguiente: a la necesidad de que este movimiento social de protesta contra los recortes debe imitar pro domo sua al ingeniero norteamericano en la creación de hegemonía; a darle a la protesta un contenido de proyecto; a buscar las más amplias alianzas estables con todos los sectores afectados por la plaga neoliberal. Lo que existe actualmente, siendo importante, no basta. No nos basta.






Radio Parapanda. El jefe de los servicios meteorológicos de esta emisora recomienda la lectura del libro de Juan José Tamayo "Islam: cultura, religión y política" (Trotta, 2011)











lunes 18 de abril de 2011

LLAMAMIENTO DE JUECES PARA LA DEMOCRACIA CONTRA LOS RECORTES



Jutges per a la Democràcia a Catalunya observa con creciente preocupación el recorte de dinero público en derechos esenciales, como la sanidad, la enseñanza y la justicia.



Queremos recordar que el Estatuto de Autonomía de Catalunya reconoce el derecho de nuestros ciudadanos a acceder a estos derechos básicos en condiciones de igualdad, gratuidad y calidad. Difícilmente se puede considerar que existe una democracia avanzada y un Estado social y democrático de derecho cuando los poderes públicos no garantizan que todas las personas tienen reconocida la posibilidad de desarrollar todo su potencial a través de la educación sin discriminaciones por razón de su renta, pueden disfrutar de un nivel básico de salud suficiente con independencia de sus ingresos y pueden acceder a una justicia rápida y eficaz.



Somos conscientes que vivimos unos momentos económicos muy difíciles –sin que las clases populares sean responsables- Y es obvio que dicha situación nos obliga a todos a ajustarnos el cinturón. No obstante, en ningún momento las limitaciones que esto comporta pueden significar una reducción de los mencionados derechos mínimos de ciudadanía, si no se quiere hipotecar el futuro de las nuevas generaciones, del propio país y de los valores cívicos que hemos conquistado con el esfuerzo de múltiples generaciones que han conformado nuestra idiosincrasia como nación.



¿Qué futuro se quiere construir cuando se recorta en un elemento tan básico para la más mínima igualdad futura como la enseñanza, castigando el sector público al que concurren los sectores con menos ingresos? ¿Qué país se quiere construir sobre el sufrimiento de las personas enfermas que ven aplazadas intervenciones quirúrgicas con los costes personales que esto comporta? ¿Qué nación mínimamente civilizada puede dilatar la solución de los conflictos judiciales por falta de personal.



Y es esto especialmente significativo cuando, en paralelo, estamos asistiendo a una contrarreforma fiscal en la que se dejan de gravar meras transmisiones patrimoniales de las rentas altas y cuando se opta para no hacer pagar más a quienes más tiene. La solución de los actuales problemas no pasa para hacer más ricos a los ricos, sino por la solidaridad de los más favorecidos respete los que no lo son.



Entretanto, el actual gobierno de Catalunya nada dice del hecho que múltiples empresas de enseñanza o de sanidad –que se lucran realizando derechos esenciales- continúen incrementando sus ingresos a cargo de las aportaciones de los ciudadanos y del dinero público. Vivimos unos momentos en los que, en definitiva, aquello que está en juego es si el futuro es de los ciudadanos o de instituciones financieras y empresariales que nadie ha votado.



Por eso, dado que somos servidores públicos en un ámbito tan determinante como la justicia, nuestra asociación ha decidido dar público apoyo a la convocatoria de movilización ciudadana del próximo día 14 de mayo.


18 de abril de 2011. Los coordinadores


LOS CASTRO Y LA JUVENTUD CUBANA






El menor de los Castro ha abierto el congreso del Partido comunista cubano. Según parece el eje central de los documentos es la “actualización”. Que pasa por intentar ponerse al día en algunos problemas económicos, viejos y nuevos, todavía irresueltos. No obstante, algunas las palabras de Castro –según dicen las noticias de agencia-- me han sumido en una cierta perplejidad: “la revolución no cuenta con reserva de sustitutos preparados”. Es decir, los cambios, pocos o muchos, serán conducidos por los grupos senescentes que siguen en el pináculo del poder. La frase en cuestión puede ser el reconocimiento del “fracaso escolar”, en materias económicas, sociales y políticas, desde hace decenas y decenas de años. Un fracaso sistémico, más bien, de un régimen que no se ha preocupado o ha propiciado que las personas de mediana edad o jóvenes no estén todavía preparados para asumir el liderazgo. O, tal vez, sea una excusa para seguir en el gobernalle de la situación.



Ahora bien, las pistas de ese estrepitoso fracaso podríamos encontrarlas en la autobiografía de Juan-Ramón Capella, Sin Ítaca [Trotta, 2011]. Pero, antes, hemos de aclarar que Capella no es un gusano vendepatrias, ni un agente al servicio del Departamento de Estado. Es un joven revolucionario de mi quinta, barcelonés, discípulo de Manuel Sacristán, ambos comunistas hasta el cielo de la boca. Aclarado el asunto, Capella dice –página 121 de su libro-- lo que, a buen seguro, escandalizará a una cofradía de creyentes que, tal vez, pongan sus libros en el Syllabus errorum: “… pero el principal error de Castro [Fidel] ha sido no confiar en su pueblo … Fidel era un autócrata de signo contrario al que teníamos que soportar nosotros” . De manera que podríamos llegar a la siguiente conclusión: el fracaso cubano radica en la autocracia, en la obsesión del poder unipersonal, que se explica en la desconfianza –durante décadas y décadas— hacia su pueblo.



Por lo demás, es de cajón que otro viejo león del comunismo, como Pietro Ingrao, debería estar también en el Índice de los libros prohibidos. Se me permitirá reproducir uno de sus artículos con relación a los Castro en http://www.lafactoriaweb.com/articulos/ingrao21.htm



"Las noticias que nos llegan de Cuba son alarmantes y no admiten silencios. El 3 de abril tuvieron lugar, en diversos puntos de la isla, varios procesos contra 78 «disidentes», o -para decirlo con palabras más secas- opositores del régimen castrista. Si se suman las diversas condenas impuestas a estos opositores resultan cientos y cientos de años de cárcel. Son cifras espeluznantes. Y llamar sumarios a estos procesos es un eufemismo un poco ridículo. No podemos llamarnos a engaño: es imposible que en estos auténticos procesos relámpago se hayan garantizado los derechos elementales a la defensa, ni que se haya actuado con la prudencia necesaria y elemental que de hecho es obligada cuando se decide sobre la libertad o la prisión de individuos y de grupos.

¿Que los imputados eran opositores del régimen castrista, e incluso -digámoslo de forma fuerte- conspiraban contra el régimen? ¿Y qué otra cosa podían hacer, si en Cuba no existen los derechos esenciales de expresión, de organización, de lucha política pública y reconocida? Y esto aún hoy, cuando han transcurrido cuarenta años desde los días de la insurrección armada y de la emergencia revolucionaria. Por otra parte, ¿dónde está escrito que a los acusados, incluso si se trata de conspiradores esposados -que no están en condiciones de hacer ningún daño-, no se les puedan o no se les deban conceder poderes e instrumentos elementales de defensa? La justicia, esa palabra tan solemne y altisonante, requiere un proceso contradictorio público y prolongado. Sin él, la sala de vistas se convierte en una farsa, en un engaño feroz.

También a comienzos de abril se celebró en Cuba otro proceso, con una trama alucinante, que condujo a la condena a muerte de tres jóvenes que habían secuestrado una pequeña embarcación para tratar de llegar a la costa estadounidense. El que suscribe ha aprendido en la vida a odiar la condena a muerte, ese poder estremecedor de matar a alguien que está ya esposado y recluido entre las paredes de una cárcel. Pero la condena a muerte que se dicta y se ejecuta de forma casi instantánea, que no permite apelación y rechaza incluso un momento de duda ante el hecho de matar a alguien inerme, es realmente repugnante. Y es engañosa: da la impresión de que el verdugo acabara de un plumazo los problemas políticos y humanos que no sabe resolver. Se dirá que Castro no tiene más remedio para mantenerse a salvo de los complots estadounidenses, pero yo me temo que todo esto ayuda a Bush a decir: Ya veis que la superpotencia americana es indispensable…

Así de amarga es la situación. Yo no olvido el valor de la insurrección cubana como esperanza y símbolo para un tercer mundo asfixiado por el imperialismo, y también para la difícil lucha de la izquierda anticapitalista en el mundo occidental avanzado. Aunque personalmente tuve dudas, fuimos muchos, muchísimos, los que desde el primer momento, en aquella segunda mitad del siglo veinte, colocamos el retrato del Che sobre la cómoda de nuestra casa y cantamos en las marchas aquella canción inolvidable. Y creo que percibo y comprendo hasta qué punto, todavía hoy, Cuba transmite un mensaje de esperanza: en primer lugar, para Centroamérica, que trata de redimirse, y más aún. Especialmente ahora que la superpotencia estadounidense ha proclamado ante el mundo entero la llegada de la era de la «guerra preventiva». Pero precisamente si a estas alturas la situación es ésta, y eso se ve sobre el terreno, no podemos engañarnos pensando en superar una prueba así a fuerza de procesos sumarios y fusilamientos fulminantes.



Siento repulsión por esas novísimas cárceles de Guantánamo, donde uno ya ni siquiera se puede refugiar en la oscuridad de su celda. Pero, ¿cómo puedo oponerme a las alucinaciones de Guantánamo si recurro a la pena capital contra fugitivos presos y con esposas en las muñecas? La batalla contra Bush y contra la doctrina de la «guerra preventiva» requiere otros caminos, nuevos y distintos. Y se nutre de pacifismo, no de cárceles y esposas que llegan a ser absurdas, ni de verdugos manchados de sangre. Un intelectual gran amigo de Cuba, el Nobel Saramago, ha hecho pública su disconformidad. Su elección es un llamamiento a la valentía". Así habló Pietro Ingrao. A la hoguera, pues, con los libros de Ingrao. A la pira con este post.

domingo 17 de abril de 2011

LA VICEPRESIDENTA SALGADO, EL CONSEJERO DE FINANZAS Y ENVER HOXA





Homenaje a Josep Solé Barberà



Mañana leeremos en la prensa escrita lo que ya aparece en el ciberespacio: “El consejero catalán de Economía y Conocimiento, Andreu Mas-Colell, ha avanzado que el Gobierno regional rebajará durante esta legislatura el recargo sobre el IRPF autonómico para las rentas más altas que aprobó el tripartito. La medida afectará a contribuyentes que perciban más de 120.000 euros anuales, unas 50.000 personas, principalmente directivos, profesionales y empresarios”. Una decisión que, por su analogía, tiene un cierto parecido con lo anunciado por la compañía Telefónica: miles de despidos contemporáneamente al anuncio de suculentos emolumentos para los altos ejecutivos de la empresa.

¿A qué analogía nos estamos refiriendo? A la simultaneidad de una serie de decisiones: de un lado, los anunciados recortes en los bienes democráticos que representan los sistemas de protección social con el descenso de la imposición fiscal a los más ricos; de otro lado, poner de patitas en la calle a miles de personas mientras se incrementan los sobres a una exigua minoría del alto management. Esta última ha sido calificada de manera piadosa por la Vicepresidenta Salgado como “una medida inoportuna”. Sólo inoportuna, como quien indica una corrección inane en la sintaxis empresarial: hombre, ahora queda feo, pasado mañana –cuando otra noticia la sepulte-- será más conveniente. La Salgado, de ese modo, viene a corroborar algo que ya intuíamos: las hemerotecas no existen, sólo existe lo que sucede en cada nanosegundo. Algo parecido, con perdón, al cartel que había en el aeropuerto de Tirana: “Dios no existe, Enver Hoxa, sí”.

Sería naíf que se acusara de inmoralidad tanto al consejero de Economía catalan como a la Vicepresidenta del Gobierno español. No es inmoral: es la esencia ontológica del neoliberalismo. Un neoliberalismo que, de manera no menos naïf, ha sido calificado por las almas de cántaro como “codicioso”, en vez de explotador. ¿Qué éste es un concepto arcaico? No, padre: es clásico. Lo que ocurre es que, de manera lábil, se ha ido desposeyendo el carácter de las palabras, especialmente aquellas que connotaban presupuestos emancipatorios o simplemente reformadores. No le vendría mal a más de uno, de dos y de tres leer lo que, al respecto, ha escrito el maestro Vittorio Foa en “Las palabras de la política”.



sábado 16 de abril de 2011

LOS SANITARIOS CATALANES, BUQUE INSIGNIA





La manifestación del 14 de abril pasado en Barcelona contra los recortes de los servicios públicos fue, como todo el mundo intuía días antes, un acto muy importante. Los convocantes estuvieron a la altura de lo que se esperaba y no digamos el personal. Este blog se quita el sombrero, la gorra y la boina. Laus sindicato. Y, precisamente, porque fue la mar de bien parece conveniente proponer algunas reflexiones desde este tendido de sol como espectador comprometido.



Partimos de algo que nos enseña Pietro Barcellona: “El conflicto no es la forma del antagonismo en abstracto, sino el modo concreto en que se produce la sociabilidad del orden en que estamos insertos”. [Las cursivas son de mi cosecha]. Pues bien, digamos que en el modo concreto –además de la visibilidad plástica del conflicto desarrollado el jueves pasado— los profesionales de la Sanidad catalana se llevaron la palma. Lo que se dice no en demérito del resto de los asalariados del resto de los sectores afectados por la poda sino en alabanza a aquellos que, en toda esta historia, están siendo la punta de lanza de las movilizaciones. Por lo tanto, debe decirse claramente que: en estos días, la capacidad de movilización, organización y ejercicio del conflicto está en el sector sanitario. Lo es en cantidad como en visibilidad de la presión colectiva. Ello propone una pormenorización del análisis por parte de los convocantes en aras de generar una masiva adhesión de los asalariados de la enseñanza y la función pública a la visibilidad del conflicto tanto para el Primero de Mayo como para el 14 de mayo que están a la vuelta de la esquina. Las razones son obvias: no se puede dejar solos a los sanitarios en este combate y, sobre todo, porque la poda anunciada afecta con no menor intensidad al resto de los colectivos.



Las intenciones son claras. Se ha dicho de manera retadora por un miembro del gobierno catalán: “Si quiere estudiar Filología clásica, por placer, se lo tendrá que pagar usted. El Estado tiene que facilitar las cosas a quien quiera estudiar por razones de mercado”. [También ahora las cursivas son de mi cosecha] Lo que puede, y debe, leerse en Artur Mas contra Pericles. Un concepto tan contundentemente expresado por un dirigente político indica con claridad qué rumbo y qué gobernalle se intenta poner en marcha. De ahí la implicación generalizada de todos en esa disputa en defensa de un Estado de Bienestar renovado. Es, además, una movilización que no puede quedar circunscrita a Cataluña. No es mera especulación decir que si todavía en el resto de las comunidades autónomas sus mandantes no han abierto la boca es porque están las elecciones dentro de pocas semanas. Por lo tanto, el gotha político está, por el momento, disfrazado de lagarterana.



Apostilla. Nuestros mejores saludos al catedrático don José Carrillo y Menéndez que ha ganado en las elecciones a Rector en la Universidad Complutense de Madrid. Dichosa la rama que al tronco sale. Seguro que Santiago y Carmen lo celebraron juvenilmente. Y hasta es posible que ambos dijeran, en un arranque historicista, aquello de “Después de Berzosa, nuestro Pepe”. En mi casa lo hemos celebrado con un cava Laudeamos igitur (brut nature), de la Cooperativa Rosa Luxemburgo de Parapanda. Muy recomendado para las grandes solemnidades.








viernes 15 de abril de 2011

ETA COMO PRETEXTO: "VIVAN LAS CAENAS"






“Igual que en la Semana Santa de 1977 se legalizó el Partido Comunista, ahora, en la de 2011, asistimos al aterrizaje de ETA en las instituciones para legalizar y legitimar a la banda, como ha querido hacer Zapatero desde que llegó al Gobierno". Así habló Zaratrustra, digo, esa pozo de bastardía que es el eurodiputado Mayor Oreja, de probada militancia teócrata-cristiana que hunde sus raíces en lo más negro de la contrailustración española y heredero de aquellos carlistones que azuzaban a sus mesnadas al grito de “A por ellos, que son de secano. Viva el Pae Ettenno”. De esta guisa, este microbio tridentino implicaba –tal vez no sin razón— al Padre Eterno en toda la sangría que se ha hecho contra los eramistas e iluminados, librepensadores e ilustrados, progresistas y demócratas, republicanos y revolucionarios, laicos y reformadores que fueron perseguidos aunque dijeran amablemente “buenos días, compañeros”.



Lo de este ojalatero no es solamente un casposo ataque a Zapatero, Santiago Carrillo y su partido, y Adolfo Suárez. Es mucho más que eso. Es, por una parte, una bronca soezmente desalmada contra una cadena histórica favorable y activamente propulsora de reformas, de antañazo y de hoy, para que España y Europa fueran cambiando a mejor; y, por otra parte, es la expresión loquinaria, militantemente contraria, a la modernización de la sociedad, más allá de las contingencias políticas y la alternancia de poderes. Es, sencillamente, la angustiosa melancolía de la España montarazmente tridentina.



Este hombre barrunta que, incluso si el Partido de los Apostólicos vuelve a gobernar en España, las cosas nunca serán como en aquellos tiempos en los que se refocila. O sea, este servilón no miente. Dice exactamente lo que piensa su desvencijada sesera. Tampoco tiene la palabra en poder de las uvas, su voz está en las brumas de los torquemadas que intentaron la solución final mucho antes de que se llamara así. Por lo demás, se trata de un proyecto –más o menos similar al del Palmar de Troya-- en aras de que las cosas sean como “antes”.



Así la cuestión, Eta es sólo un pretexto. Lo suyo, en resumidas cuentas, es el apotegma teócrata-cristiano de “Vivan las caenas”. Cierto, las cadenas. La impugnación histórica de: la discusión entre un filósofo árabe, un judío y un cristiano (Abelardo); el diálogo entre Francisco de Asís y el sultán Al-Kamil; el debate entre el gentil y los tres sabios (Ramon Llull); la conversación sobre la paz y la fe (Nicolás de Cusa); el diálogo de Juan de Segovia a través de la paz y la doctrina; el coloquio de los siete sabios (Juan Bodino); la obra teatral Natán el Sabio (Lessing) … Vivan las caenas como expresión que violentamente persigue a Galileo. Que impugna que los de abajo sepan incluso la regla de tres simple Que se angustia porque la gente quería aprender a leer y escribir. Que persigue a Anselmo Lorenzo por sus ideales emancipatorios. Que reniega del papa Roncalli, considerado un vendido al oro de Moscú y a la plata de de la masonería. Que se enfurece porque el funcionariado de la iglesia católica ya no sabe llevarle la contraria a los Evangelios del Nazareno. Que se indigna porque la izquierda –a pesar de su complejo de Sísifo— se levanta, aunque se haya caído una y mil veces. Lo dicho, la alusión a ETA es el pretexto de esa impotencia.



Apostilla en la misma dirección. ¿Guarda alguna relación la cita del ojalatero, en referencia a la legalización del Partido Comunista de España con la elección de don José Carrillo y Menéndez como Rector de la Universidad de Madrid? No me extrañaría. Que tome el tal Oreja cuarto y mitad de árnica.





jueves 14 de abril de 2011

LA VACA LECHERA Y EL ESTADO DE BIENESTAR


PRIMER ESCALÓN




“Yo pago mis impuestos porque sé que hay una amplia gama de servicios públicos básicos, que en diverso grado, están a mi disposición”. Este es el argumento del asentimiento que, con mayor o menor convicción y seguimiento, justifica, por así decirlo, las políticas fiscales. Sin embargo, en toda esa historia los ciudadanos son sujetos pacientes, vale decir, pasivos a la hora de definir el carácter y diapasón de los impuestos. El gobernalle está siempre en manos de los mandantes. Lo que motiva dos reacciones: sectores, más o menos vastos, que burlan –algunos con renovada eficacia-- la fiscalidad mediante todo tipo de triquiñuelas, de una parte; y la consolidación de populismos del más variado signo, de otra parte. En todo caso, hemos de convenir que las izquierdas nunca han colocado la cuestión fiscal en el centro de su cartapacio programático. Se han limitado a delegar administrativamente en los gobiernos la naturaleza y pormenorización concreta de la fiscalidad. Todo lo más, la gauche qui rie ha mostrado una errática postura que va por el siguiente camino vecinal: desde el apotegma de que “bajar los impuestos es de izquierdas” hasta su contrario; distinta es la posición de la gauche qui pleure que enfáticamente siempre manifestó que “paguen más los que más tienen”, esperando –sin apoyarse en la acción colectiva— que tan justo aserto diera sus frutos. Así las cosas, entre el desenfado de unos y la consigna de otros se ha ido consolidando una espectacular asimetría entre la fiscalidad y los servicios públicos de protección social. En ese eje de coordenadas, donde los mandantes tienen todo el poder discrecional, se inscriben las actuales medidas de dentelladas a los servicios públicos. Que a la corta significarán la aparición de nuevas patologías y a la larga consolidarán una zanja entre los de arriba y los de abajo. De no variar esa tendencia nos encontraremos, a no más tardar, con una geografía social cuyas consecuencias negativas están cantadas de antemano.

De ahí la necesidad de coger el rábano por donde corresponde. Quiero decir, lo obligado de plantear una reforma fiscal como elemento axial de la defensa y promoción renovada del Estado de bienestar. Lo que comporta que las importantes movilizaciones barcelonesas contra los recortes –la de hoy y la del 14 de mayo, ésta de carácter general— apunten con claridad, no sólo contra los mencionados recortes, sino fundamentalmente por el Estado de bienestar y su prótesis, la reforma fiscal progresista. Dígase enfáticamente: un buen prado con saludables hierbas es lo nutriente para que la vaca tenga ofrezca una leche en condiciones. Es decir, la presión colectiva multitudinaria de ese movimiento de movimientos no puede ser defensiva sino de proyecto. Que para no ser un zurzido de remiendos debería establecer los vínculos pertinentes entre sí. O, lo que es equivalente, la función (el Estado de bienestar) debe ser el polinomio ordenado de todas sus variables. Es lo que, por diversas razones, no se ha hecho todavía.



SEGUNDO ESCALÓN



El Estado de bienestar fue una conquista de civilización. Lo dije hace muchos lustros y no fueron pocos los que me pusieron como un pingo desde posiciones putativamente marxistas. Los muy finolis se sacaron de la manga todo tipo de anacolutos. Lo mismo me dio, me dio lo mismo. Lo mantengo. Porque sabía y sé que sólo se valoran las conquistas cuando son atacadas. Más todavía, el Estado de bienestar representó en su itinerario un cambio de fase en la historia del capitalismo porque iba modificando su línea de frontera. Cierto, tuvo (y sigue teniendo) sus límites: el Estado social entró en el mercado, aunque –por decirlo camachianamente-- se quedó varado en las puertas de las empresas. En todo caso, la novedad histórica fue la aparición del salario indirecto. Ese Estado de bienestar cuenta todavía con importantísimos recursos financieros y con ciertos controles democráticos y sociales. De ahí que un variado coro de doctores de la teología neoliberal (con los palmeros de la gauche qui rie) lleven tiempo pensando la manera de darle una solución definitiva: trasladar esos ingentes recursos financieros al mundo de los negocios privados y, aprovechando que el rio Genil pasa por Parapanda, eliminar los controles que, aunque insuficientes, son un incordio para la operación. Este debería ser el argumentario que debería exponerse con nitidez en las actuales movilizaciones En resumidas cuentas, el mencionado coro de doctores tiene las cosas claras, mientras la izquierda hace la siesta. Como diría Juan-Ramón Capella: también Homero dormía. Las consecuencias si los doctores se salen –o se van saliendo— con la suya serían calamitosas para la condición de las personas, especialmente las menos tuteladas. También serían nefastas para la democracia: la pérdida de la función de la integración social y el descalabro de la socialización de la política. Y tres cuartos de lo mismo pasaría con el sindicalismo: quedaría reducido a un tropel magmático y grupuscular o mera agencia técnica para resarcir, sólo caritativamente, los desperfectos.

En ese estado de cosas, la defensa y promoción renovada del Estado de bienestar es también una preciosa defensa de los instrumentos colectivos que nos hemos dotado. Porque no sería concebible que, perdiendo lo esencial de los sistemas de protección, el conflicto social pudiera tener cara y ojos. Sería un tumulto anómico como antesala de una derrota cantada de antemano.



TERCER ESCALÓN



Visto lo visto es una buena noticia la presión sostenida que se está desarrollando contra los recortes y las que se anuncian. Todo indica que los organizadores de esa acción colectiva están al tanto de los elementos de coyuntura. Falta saber si se es capaz de darle un contenido de medio y largo itinerario. Y falta saber si se está en condiciones de insinuar un proyecto compartido que vaya abriéndose camino. Para ello, desde mis pocas entendederas, insinúo lo que sigue: 1) evitar las exasperaciones que vienen de “la indignación”; 2) la presión sostenida no puede estar presidida por formas de acción exasperadas; y 3) ese movimiento de movimientos debería ir dejando amplios sedimentos de opinión fundamentada, de afiliación a los sujetos colectivos, de amistad –aunque sea crítica— hacia un proyecto renovador, digno de ese nombre.



Apostilla tal vez baldía. Ya hemos dicho que hoy puede ser un gran día: la barcelonesa plaza de Sant Jaume será un clamor. Ahora bien, tras cantarla con Joan Manuel Serrat, hemos de convenir en que cada acción requiere su pormenorizado, meticuloso y exigente análisis. La de hoy, sobre todo. Porque es un punto de inflexión entre lo ya realizado y lo que queda por hacer. Dicho lo cual, ustedes perdonen: me voy a seguir leyendo la autobiografía de Juan-Ramón Capella, Sin Ítaca. Que un día de estos será comentada, si los dioses menores lo permiten y el tiempo lo consiente. El lbro lo ha publicado Trotta.

miércoles 13 de abril de 2011

¿QUÉ LEEN LOS SINDICALISTAS?


Homenaje a Ángel Pestaña en el 125 aniversario de su nacimiento.

No hagan ustedes caso a Jordi Pujol que, tiempo hace, dijo con motivo del Día del Libro que “leer un libro al año no hace daño”. Lean siempre todo lo que puedan. No olviden que el libro es nuestro mejor amigo. Por lo menos lo es del sindicalista. Esa es la sensación que tengo cuando entro en la posada de los libros que es mi biblioteca. Yo siempre les saludo con un cordial: “¿qué tal, como va eso?”. Los sindicalistas deberían leer mucho más. No vale la excusa del “no tengo tiempo”, que es una actitud perezosa y, según se mire, un tanto jactanciosa. Como quien dice que se está muy ocupado y, por tanto, no puede atender a esa chuchería del espíritu que es la lectura. Otros –disfrazándose de noviembre para no infundir sospechas de sandios-- afirman que leen “en diagonal”. Debe tratarse de una diagonal al cuadrado como resultado de la suma de los cuadrados de los catetos. Cierto, los libros son caros, y algunos valen un ojo de la cara. Pero ahí están las bibliotecas municipales. Ahí están los libros en los ya muy relevantes archivos históricos de Comisiones Obreras y UGT. Sépase que quien lee poco o nada no sabe escribir. Esta era una de las grandes preocupaciones de Ángel Pestaña el gran dirigente confederal que, en las páginas del periódico de la CNT, Solidaridad Obrera, que él mismo dirigía, dedicó una serie de capítulos a la corrección sintáctica y ortográfica. Como si todo ello indicara a las claras que el conflicto social es también una disputa de saberes y el saber entendido como trabajo acumulado.


Mi padre adoptivo, el maestro confitero Ferino Isla, leía a mansalva como recomendaba su admirado Angel Pestaña. El maestro Ferino hacía gala también de su relación personal con don Fernando de los Ríos y de las pláticas que tenía con él: “Joven, no conozco a nadie que lea tanto como usted, ni siquiera don Miguel de Unamuno”. Posiblemente la única persona que ha rivalizado con el maestro confitero es el sindicalista asturiano Francisco Prado Alberdi que lee detenida y parsimoniosamente desde el ensayo a la filosofía pasando por la novela ya sea negra, blanca o roja. Por eso escribe tan esmeradamente. Uno de los libros que me han resultado más fecundos fue, hace un montón de años, “Derecho del trabajo: un modelo para armar” de un jovencísimo Antonio Baylos, que publicó la Editorial Trotta. De ahí que estoy pensando en organizar una cofradía mendicante para que esta editorial reedite la obra en cuestión. Advierto que ha ganado con el paso del tiempo y que lo dicho hace lustros tiene la mayor actualidad en los tiempos que corren. Aprovecho que viene el Día del Libro no tanto para recomendar algún que otro libro sino para invitar a frecuentar la práctica de la lectura. Precisamente una de las novedades de estos tiempos es que el protagonismo de las mujeres se debe a que leen más que nunca, y desde luego más que los hombres. Es bien visible que, viajando en el tren o en el autobús, las mujeres van leyendo un libro. Ya se lo advirtieron a don Pío Baroja, informado de que no sé quién vendía más libros que él: “Es que las mujeres leen ahora, maestro”. Un Baroja que en una de sus novelas --¿puede ser La busca?, mi memoria no es la que era-- describe una asamblea de trabajadores madrileños en un zaquimaquí, donde el orador es interrumpido por la voz áspera de un asistente que grita: "¡Viva la literatura!". En Parapanda hubiéramos gritado lo mismo.