jueves, 31 de marzo de 2011

MOVIMIENTOS SOCIALES Y POLÍTICA





“Me preocupa mucho el riesgo que los sentimientos de la indignación y la esperanza se conviertan, como tales, en ineficacia, en la ausencia de una interpretación del mundo y de una adecuada práctica política que le de cuerpo. Es ilusorio que la indignación pueda suplir a la política y, en primer lugar, a las formas eficaces de la política”, dijo Pietro Ingrao en la presentación de su último libro Indignarsi non basta: unas palabras de gran fuerza política, de reivindicación de la política, de invitación a intervenir en la política. Unas palabras que achuchan a reconsiderar no pocas actitudes --algunas de ellas preñadas de pura y cómoda estética-- que, ligadas o no a las impotencias y dificultades de las izquierdas o ancladas en antiguas concepciones, invitan a una seria meditación a la izquierda sumergida y a la que está realquilada en la amplia red de movimientos sociales.



Digamos que las distracciones de las izquierdas han comportado que centenares de miles de personas, en Europa, se han refugiado en las casas de los movimientos sociales, y que otra numerosa porción, que nunca ha tenido relación con la política se ha volcado en la adhesión a dichos movimientos. Quien os habla no es un ejemplo de buena relación con la política. (Recuerdo que, cenando en Barcelona con Luciano Lama, éste me afeó mi irregular actitud con la política. Mi esposa, Roser, respondió: ”Duro con él, Luciano”. Hecho este acto de atrición prosigo como quien no ha roto un plato en su vida).



Por otra parte una parte de las izquierdas ha tenido una relación cínica con los movimientos: les convenía, aunque siempre mirados con el rabillo del ojo, cuando aquella estaba en la oposición, y se desentendían cuando gobernaban. Otra parte de la izquierda los consideraba de modo instrumental y a la espera de que fueran un granero de votos. En ambos casos la respuesta de los movimientos a la política estaba cantada; dicho con claridad: no les interesaba ni a la izquierda que rie ni a la izquierda que llora. En una conversación entre Sergio Cofferati y Paolo Flores d´Arcais, publicada en Micromega que yo traduje al castellano y publicó La factoría (dispensen ustedes, pero no la encuentro en Internet), Cofferati, todavía secretario general de la Cgil, diferenciaba la personalidad de los movimientos con relación a la política (1). Según el sindicalista “los movimientos sociales tienen unos límites”. Yo veía, y sigo en la misma idea, que no es eso exactamente. No se trata de límites sino de características asumidas. Los movimientos quieren ser de esa manera. Lo que ocurre, ciertamente, es que objetivamente eso conduce a que los movimientos sociales tengan unos “límites”. Son los confines de la indignación (que no es poca cosa) que, expresados como quien dice a salto de mata, no se traducen en acción política. En absoluto es una pérdida de tiempo, por supuesto. Pero esa acción, desvinculada de la política, no se traduce en resultados directos, en un cambio orgánico de la relación de fuerzas en presencia.



Las izquierdas deben reconsiderar su relación con los movimientos sociales y viceversa. Si se orientan a la instrumentalización o ninguneo; si las izquierdas se dirigen a la fagocitación de los movimientos no habrán conseguido nada, peor aún: se ampliará la brecha que los separa. Así pues, el camino parecería ser que, reconociéndose mutuamente a través de sus autonomías respectivas concretaran un foro de diálogo permanente. Entre paréntesis, diré que posiblemente Pietro Ingrao, desde la política, haya sido la persona con mayor predicamento entre los movimientos y Sergio Cofferati desde el sindicalismo confederal. Ambos dirigentes dialogaron extensamente con los movimientos sin caer en la fácil lisonja o el acriticismo, pero siempre estuvieron en la calle con ellos. Compartían diversamente con los movimientos la acción colectiva y la reflexión fundamentada. Precisamente por ello tanto Ingrao como Cofferati tuvieron no pocos problemas con sus cofrades de partido: primero en el legendario PCI, después con D´Alema y tutti quanti.



En mi opinión, se trataría que las izquierdas y los movimientos sociales compartieran diversamente una serie de grandes cuestiones, no me atrevo a decir programa, pero sí un elemental proyecto. Digo diversamente porque los objetivos coyunturales de ambos no son diferenciados, pero no necesariamente contradictorios. ¿Cómo se hace eso? Si yo lo supiera lo pondría negro sobre blanca. Pero a mi edad eso son palabras mayores y uno no está para esos trotes. Vosotros que sois jóvenes podríais poner algo de vuestra parte.



(1) Cuando encuentre esta entrevista la pondré en su lugar descansen.



Radio Parapanda. LA HUELGA COMO INSTRUMENTO DE APOYO A LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA, según Antonio Baylos, la voz que no cesa.




miércoles, 30 de marzo de 2011

NOS TIENEN QUE EXPLICAR QUE ...





1.-- Políticos instalados, internos, externos o mediopensionistas llevan meses declarando que se está saliendo de la crisis. Pero mienten espasmódicamente. Ahora bien, en el improbable caso de que tuvieran razón deberían explicar al común de los mortales –ellos no lo son, naturalmente-- la siguiente paradoja: si estamos saliendo de la crisis ¿a santo de qué vienen las drásticas medidas que han anunciado en diversos lugares? Por ejemplo, nunca se habían propuesto tantos insensatos recortes en sectores vitales como la enseñanza y la sanidad como es el caso del gobierno catalán, una coalición de nacionalistas de derecha y de teócrata-cristianos, que poco tienen que ver, por ejemplo, con Dom Sturzo. Alerto: como se pongan en marcha la enseñanza y la sanidad nos recordarán al gallo de Morón: sin plumas y, en este caso, sin cacarear.



2.-- Si todos coinciden en que estamos saliendo de la crisis, ¿a qué viene esa bulimia de reclamar otra reforma laboral, justamente a unos pocos meses de aquel tratamiento caballuno que fue la putativa reforma? Si el presidente del Gobierno accediera a seguir cortando las patas a la araña ¿no estaría en entredicho su palabra cuando afirmó que lo aprobado hace meses tenía una característica de largo recorrido?



3.-- Cambiando de tercio: si el carácter de las medidas son generales, esto es, afectan (de manera desigual) a la inmensa mayoría de la población, ¿a qué esperan los movimientos sociales a estructurar un movimiento de los movimientos capaz de dar respuesta a lo que está cayendo? Porque cada uno en su casa y los dioses menores en la de todos –sin ninguna relación común, ni vínculo alguno con lo general— es un tropel y sólo un tropel.



Radio Parapanda. Atención a LOS SUJETOS COLECTIVOS Y LAS REGLAS LABORALES EN LA EMPRESA Es lo que aprenderás hoy antes de acostarte sólo, bien o mal acompañado.



lunes, 28 de marzo de 2011

LA IZQUIERDA QUE RIE, LA IZQUIERDA QUE LLORA


¿Qué le pasa a la izquierda europea? Se trata de una pregunta complicada. Lo prueba el hecho de la cantidad enorme de ríos de tinta que han pasado bajo los puentes de libros y artículos, ensayos y publicaciones varias. No será un servidor quien deje de escribir al respecto, aunque sea trastabillando, ejerciendo mi derecho de ir a trompicones por esos terrenos tan trillados. Puestos a ser indulgentes –y como mero ejercicio de partida— diré que lo pasado, pasado está. Exactamente no se trata, por el momento, de un pelillos a la mar. Simplemente es una indulgencia pasajera. Lo que me importa es el ahora como punto de arranque de un itinerario de largo recorrido.



¿Qué le pasa a la gauche qui rie? ¿Qué le sucede a la gauche qui pleure? Mi primer trompicón es: salvadas las distancias entre una y otra, ambas comparten una propiedad común que más adelante se abordará. ¿Cuál es? Segundo trompicón: no explicar urbe et sus fines. No parece irrelevante cuando un dirigente tan serio como Raimon Obiols no para de recomendar la necesidad de que la política (de izquierdas) tenga sentido. Lo que podría probar que –por lo menos, ahora-- no lo tiene. Todo parece indicar que Raimon entiende el sentido como la orientación, esto es, hacia dónde se quiere ir. Así las cosas, queda la ambigüedad –pienso que no es calculada-- sobre si lo importante es el viaje o llegar (o, al menos) aproximarse todo lo que se pueda a Itaca. En realidad –sea cual fuere la interpretación del sentido obiolsiano-- no hay que hacer esfuerzo alguno por constatar que las izquierdas no disponen de un lenguaje de los fines. Sólo podemos ver en ellas un lenguaje de los medios, pero sin referencia alguna a la orientación, al sentido. Ahora bien, si esto es aproximadamente de esa manera, es de cajón que, al no tener un rumbo (los fines), los medios están, en el mejor de los casos, desgajados, desvinculados, sin compatibilización. Thatcher, aunque nos duela, lo vio, por eso dijo que “no hay alternativa”.



Sin embargo, hay alternativa. Claro que sí, por difícil y embrollada que sea. Pero que sea complicada es algo que hay que considerar “de partida”, no de llegada. Porque si es de llegada ¿qué pintarían, con perdón, los palacios y los chambaos? Hay alternativa, sin embargo hay un prerrequisito: recuperar el lenguaje de los fines acompañado de la prótesis de los medios que deben estar vinculados a aquéllos. Ese no-lenguaje es lo que comparten, dispensen el humor macabramente granadino (llamado malafoyá), la gauche qui rie y la gauche qui pleure.



Los fines, los fines... Y permítaseme que en ese ágape cuele un aperitivo: hay que volver a dar centralidad política al trabajo. Volver a poner el trabajo, el mundo del trabajo, en el centro de la agenda política: en la acción del gobierno, en los programas de los partidos y en la batalla de las ideas. Esta es, hoy, la vía maestra para la regeneración de la política y de un proyecto de liberación de la vida pública ante las derivas de la decadencia, la vulgarización y la autorreferencialidad que, en la actualidad, tan gravemente la caracterizan. La dignidad de la persona que trabaja, que quiere trabajar y vivir en un mundo sostenible (1) debe ser la estrella polar que oriente toda decisión individual y colectiva. [Disculpen esta “morcilla”, la cabra sindical siempre tira al monte].



Por último, séame permitido un último trompicón: ese no fijar los fines podría explicar hasta qué punto prolifera ese conjunto de islas incomunicadas que son los movimientos monotemáticos. Podría explicar, así mismo, ese océano de izquierda sumergida –con tanta inteligencia desaprovechada para la política— en el patio de vecinos europeo. Hubo una época en que la izquierda transformadora, con sus errores y sus innegables aciertos, siempre incompletos-- precisó milimétricamente cómo, cuándo y dónde quería llegar: unos de manera tan gradualista como permitieran las condiciones objetivas, otras preferían el soviet redentor. Hoy no se trata de eso. Pero tampoco de no saber dónde ir, qué trascender, qué superar. Comoquiera que hasta el día de hoy no parece que nadie haya dicho, con solvencia, esta boca es mía se acabó la indulgencia de la que se hablaba arriba. En resumidas cuentas, dicho en términos matemáticos: los fines es la función, el resto de las cuestiones (por importantes que sean) son variables de dicha función.



Tomo carrerilla para acabar con una cita del malogrado Toni Judt, una persona que nadie consideraría un extremista. Dice: “¿por qué nos hemos apresurado tanto en derribar los diques que laboriosamente levantaron nuestros predecesores? ¿Tan seguros estamos de que no se avecinan inundaciones?”. Quien esté seguro que tire la primera pedrada. Vale.



(1) Se ha añadido "que quiere trabajar viviendo en un mundo sostenible": una sugerencia justa del amigo Javier Nuín.


domingo, 27 de marzo de 2011

¿CONVENIO SECTORIAL VERSUS CONVENIO DE EMPRESA?





Suscribo de pitón a rabo lo que ha escrito Antonio Baylos en "LA ORIENTACIÓN A LA EMPRESA" EN LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA. Más todavía, el artículo tiene la virtud de poner en guardia a los negociadores de la llamada reforma de la negociación colectiva sobre una serie de cuestiones que el lector verá visitando el trabajo baylosiano. Dicho lo cual paso a meditar sobre una serie de cuestiones colaterales que, en absoluto, contradicen lo planteado por el reputado catedrático castellano-manchego.



Las intenciones de la empresarialización de la negociación colectiva por parte de la derecha económica y los palmeros que jalean es cosa sabida. Ahora bien, el sindicalismo confederal no atinaría, a mi entender, en subestimar –o, peor aun, abandonar— ese territorio. Una cosa es la intención de cantonalizar la negociación colectiva y otra, bien distinta, despreciar el centro de trabajo como elemento importantísimo en toda la trama contractual. A la contraparte hay que responder con un renovado planteamiento de cómo negociar en la empresa. Es en ese escenario donde surge la personalidad del sindicalismo, la democracia vecina. Es más, diría atrevidamente que la escasa proporción de trabajadores que disponen de convenio de empresa podría ser otra causa de la desproporción entre influencia sindical en lo general y nivel de afiliación. He dicho podría, no que lo sea exactamente. Por lo demás, si la representación en el centro de trabajo fuera estrictamente sindical –y no a través de los comités de empresa— podría (otra vez el condicional) ser un modo de vincular con más precisión el vínculo entre negociación en el centro de trabajo y el convenio colectivo de ámbito superior.




Con todo, no es sobrero decir que nos falta una mayor elaboración sobre la negociación en el centro de trabajo, de qué manera vincularla –estableciendo las compatibilidades—a la sectorial, entre otras. Téngase en cuenta que las enemistades del convenio sectorial, por ejemplo, están dedicando importantes recursos para que sea devorado por las langostas. Unas enemistades organizadas en potentes centros de elaboración en las que rara vez tienen cabida opiniones no convencionales y el público queda prácticamente excluido. Hay, por otra parte, quien como Pietro Ichino ha dedicado media vida a argumentar su posición radicalmente contraria al convenio sectorial; véase, por ejemplo, su libro A che cosa serve il sindacato? (Mondadori, 2005). En resumidas cuentas, la elaboración teórica de la negociación colectiva no puede dejarse en manos exclusivas de los que viven fueran de la barriada sindical. Por ejemplo, sería una catástrofe dejarla en manos de los Cien hijos de San Luís y cofradías adyacentes. Unas gentes que, recordando a Upton Sinclair , “es difícil que entiendan algo cuando su sueldo depende de que no lo entiendan”.



Urge, pues, esa reflexión teórica. Especialmente porque –en la autorizada opinión de Miquel Falguera—“si se analizan en profundidad los actuales contenidos y estructuras de nuestros convenios, podrá comprobarse como no existen grandes diferencias con los de las Ordenanzas laborales”. En resumidas cuentas, lo que está en juego –en todo el universo de la contractualidad—, también en palabras de Miquel Falguera es: [salir de] “la evidente disincronía que se produce entre el modelo de poder en la empresa y las nuevas formas de organización del trabajo”.

viernes, 25 de marzo de 2011

DERBI, YAMAHA Y ALSTOM


Mirando hacia atrás sin ira habría que decir que el Gobierno tripartito de Catalunya no sabía qué hacer con las multinacionales. Y observando ahora las cosas con no menos preocupación podríamos añadir que el Gobierno actual –de la derecha nacionalista— puede ser la prótesis de las multinacionales. Nos estamos refiriendo, claro está, a los casos de Derbi, Yamaha y Alstom, la vieja y mítica Maquinista Terrestre y Marítima. Ésta intenta el despido de 400 trabajadores.


Lo primero que podemos decir, con los datos en la mano, es que –al menos en el caso de Alsthom-- estamos ante una evidente deslocalización tecnológica en un repliegue hacia Francia. No es un problema de costes laborales: éstos, en Santa Perpetua de la Moguda, son inferiores a los de dicha empresa en Francia. Hacia una Francia que nunca dejó de practicar, de una u otra manera, el colbertismo.


Por otra parte, es de cajón que se va consolidando la nefasta práctica de las multinacionales de incumplir sistemáticamente los compromisos adoptados con el sindicalismo. En el caso de Alstom –como anteriormente en Nissan y otras— los trabajadores se encuentran ante la ruptura unilateral de los compromisos industriales firmados en julio del año pasado.


Pues bien, frente a todo ello es sorprendente, de un lado, la escasa atención informativa de los medios al problema, y, de otro lado, la indiferencia del nacionalismo catalán ante los problemas de Derbi, Yamaha y Alstom. No es que sea una novedad, pero tanta reincidencia parece excesiva. Sus preocupaciones están en otra galaxia: el soberanismo. Sin entender que –al menos en esa lógica— la problemática de tales empresas es un torpedo a dicho soberanismo. Tampoco es novedad. Pero tanta contumacia pasa de castaño oscuro. Ya lo dijo aquel: ese patriotismo es el refugio de los sinvergüenzas. De algo más que sinvergüenzas.


domingo, 20 de marzo de 2011

EMPIEZO A SALIRME CON LA MÍA EN ESO DE LOS COMITÉS



Casi me atraganto con el tejeringo esta mañana mientras desayunaba. Una tabarra que vengo dando desde hace dos décadas aparece en un artículo colectivo que hoy publica la separata sepia de El País, firmada por lo más granado de la flor y la nata del iuslaboralismo patrio. ¡Albricias!, exclamo. Transcribiré, primero, el párrafo y, después, editaré alborozadamente tan suculento artículo. Dice: “Es preciso, asimismo, acabar con la dualidad del tipo de representación de los trabajadores en la negociación colectiva empresarial y reconocer legitimación negocial a las organizaciones sindicales en razón de su representatividad, para dotar al régimen de coherencia y uniformidad en la determinación de los sujetos negociales”. Bien dicho, y –despejado el atragantamiento— sigo con mi robusta ración de tejeringos. Pienso que mi encabezonamiento empieza a dar unos primeros frutos. Y, desde aquí, ruego encarecidamente a mis sobrinos Antonio Baylos y Joaquín Aparicio –dos conspicuos abajofirmantes-- que me pongan a los pies de la primera redactora, la profesora Margarita Ramos Quintana. Y, mientras sigo con mis tejeringos, leo el trabajo colectivo. Que dice lo que verán ustedes:



La reforma del mercado de trabajo llevada a cabo por la Ley 35/2010, de 17 de septiembre, dejó aparcada la relativa a nuestro sistema de negociación colectiva, al ser este un aspecto absolutamente vertebrador del modelo de relaciones de trabajo cuyos artífices deberían ser los propios interlocutores sociales, organizaciones sindicales y empresariales más representativas, que son, en definitiva, los constructores y aplicadores del sistema negocial de condiciones de trabajo. El plazo dado a dichas organizaciones expira el próximo día 19 de marzo, y de no alcanzar acuerdo al respecto, podrá intervenir el Gobierno estableciendo unilateralmente los contenidos de dicha reforma.

La estructura de la negociación colectiva responde a un esquema complejo que ha ido tejiéndose y consolidándose a medida que la actuación y la interlocución de los agentes negociadores han ido alcanzando experiencia y madurez. En el momento actual, tratar de articular la negociación colectiva de condiciones de trabajo de la mayor parte de la población trabajadora en este país a través de la potenciación de los convenios colectivos de empresa encierra una opción de una radicalidad inexplicable, al constituir, de forma meridianamente clara, la desvertebración del sistema negocial y la fragmentación del régimen de condiciones de trabajo. Si al fortalecimiento del convenio empresarial le acompaña la propuesta de desaparición de convenios colectivos supraempresariales (provinciales o autonómicos) por la complejidad que esos niveles, se dice, entrañan, y se complementa con el mantenimiento de los convenios sectoriales de ámbito estatal, la desarticulación negocial empezaría a estar asegurada. Porque los convenios de sector estatal, prácticamente, se limitan a la articulación de los niveles inferiores de negociación y a establecer contenidos mínimos en limitadas materias relativas a condiciones de trabajo. Por el contrario, la negociación colectiva supraempresarial de ámbito inferior al estatal, con independencia del nivel que se escoja, ha desarrollado y, sin duda, puede seguir desempeñando un papel relevante de determinación y objetivación de condiciones de trabajo, como voces empresariales han reconocido.

Para las empresas, en especial para las pymes, el convenio provincial o autonómico puede constituir una importante herramienta de solución de aspectos y condiciones que a nivel empresarial serían de difícil determinación, lo que no restaría eficacia al objetivo de adaptabilidad de su contenido a la realidad económico-empresarial. Ha de recordarse sobre este extremo que la Ley 35/2010 introdujo importantes dosis de flexibilidad interna, permitiendo que el empresario adopte medidas de modificación de condiciones de trabajo pactadas y proceda al descuelgue salarial respecto de lo establecido en convenios de ámbito superior en situaciones de crisis o dificultad económica. Y por lo que a los arbitrajes se refiere, en cuanto fórmula de resolución de discrepancias por la aplicación del convenio colectivo, difícilmente y como regla general pueden tener carácter obligatorio, en la medida en que una fórmula de ese calibre lesionaría la libertad sindical y la autonomía colectiva de representantes de los trabajadores y de los empresarios, conforme señala la Constitución y ha avalado el Tribunal Constitucional. El arbitraje es una fórmula de hetero-composición de los conflictos y discrepancias laborales, por lo que representa un retroceso en los avances que podría arrojar el ejercicio maduro y responsable de las facultades inherentes a la autonomía colectiva, de modo que, siendo el arbitraje una fórmula jurídicamente viable, encierra, sin embargo, un cambio en nuestro modelo de negociación colectiva, hasta ahora basado en la gestión y administración del convenio por órganos paritarios.

Es preciso, asimismo, acabar con la dualidad del tipo de representación de los trabajadores en la negociación colectiva empresarial y reconocer legitimación negocial a las organizaciones sindicales en razón de su representatividad, para dotar al régimen de coherencia y uniformidad en la determinación de los sujetos negociadores. Por otra parte, los convenios colectivos de ámbito superior a la empresa tienen unas reglas de legitimación perfectamente adecuadas a exigencias de base constitucional, esto es, son negociados por sujetos de muy amplia base representativa, como son las organizaciones sindicales y empresariales más representativas con carácter general. Por consiguiente, desplazar la obligatoriedad del convenio colectivo no sobre la base de criterios de la representatividad que ostentan los sujetos que los negocian, sino sobre el número de empleados y número de empresas afectadas por el convenio, alteraría de forma radical las bases constitucionales del sistema de relaciones de trabajo.

En la determinación y composición del salario, así como en la fijación de mecanismos susceptibles de ser utilizados para asegurar su evolución atendiendo, al propio tiempo, a otros factores relevantes, como son la productividad y el empleo, la propuesta de vincular exclusivamente salarios con productividad encierra una operación muy delicada, por no decir, abiertamente, arriesgada. En primer lugar, el desarrollo de nuestra negociación colectiva no ha conocido hasta ahora un sistema de medición o cuantificación de esta naturaleza, por lo que no existen parámetros de medición objetiva ensayados y experimentados. Ligar, por el contrario, salarios con evolución del IPC ha comportado indudables ventajas, entre las que cabe destacar el aseguramiento de un poder adquisitivo en la contraprestación retributiva en la relación de trabajo. Ello, a su vez, repercute en el consumo y contribuye a dinamizar la economía. En segundo lugar, hacer depender los costes salariales de los niveles de productividad comporta, entre otros, el efecto de infligir a los trabajadores más sufrimiento: desde soportar en su salario las consecuencias de una deficitaria o mala gestión empresarial hasta el generalizado deterioro económico y empobrecimiento de la población trabajadora, especialmente en un momento como el actual de progresiva ascensión del IPC y previsible subida de los tipos de interés, con el consiguiente riesgo de disparo de la inflación.

El último de los núcleos duros de la reforma de la negociación colectiva lo constituye la denominada "ultraactividad" de los convenios colectivos, o la continuidad de la aplicación de sus condiciones objetivas de trabajo, una vez denunciado y abierto el periodo de renegociación del nuevo convenio que sustituirá al anterior. A la ultraactividad convencional se le imputa el efecto de producir inercia en el proceso de negociación para alcanzar un nuevo convenio. El motivo de su rechazo radica, fundamentalmente, en la falta de adecuación de los costes salariales y de la jornada de trabajo a las nuevas realidades de la actividad económica mientras se está sustanciando el procedimiento negociador. Pero nada se dice, y falta por analizar, el grado de indeterminación, inseguridad y, por consiguiente, de conflictividad que puede generar en nuestro sistema de relaciones de trabajo el limbo jurídico a que conduciría la supresión del efecto ultraactivo, al desaparecer todo marco objetivo de condiciones de trabajo.

Los postulados de reforma del sistema de negociación colectiva no solo deben atender criterios de eficacia y eficiencia económica, sino que, igualmente, están llamados a atender principios de cohesión económica y social, como presupuestos indispensables para asegurar su viabilidad y correcta aplicación. Estas propuestas que aquí se efectúan tratan de dar respuesta a un ejercicio de responsabilidad en momentos como los actuales en que es preciso ofrecer fórmulas de equilibrio para que la negociación colectiva sea un instrumento útil en la creación de empleo y dé sostén a un marco estable de condiciones de trabajo a fin de contribuir a la recuperación económica. Las organizaciones sindicales y empresariales en estos momentos están responsablemente llamadas a aproximar posturas y alcanzar acuerdos.

Firman este artículo Margarita Ramos Quintana (Universidad de La Laguna), José Luis Monereo Pérez (Universidad de Granada), Antonio Baylos Grau (Universidad de Castilla-La Mancha), María Amparo Ballester Pastor (Universidad de Valencia), Manuel Álvarez de la Rosa (Universidad de La Laguna), José Luján Alcaraz (Universidad de Murcia), Jaime Cabeza Pereiro (Universidad de Vigo), Julia López López (Universidad Pompeu Fabra Barcelona), Jesús Galiana Moreno (Universidad de Murcia), Eduardo Rojo Torrecilla (Universidad Autónoma de Barcelona), Teresa Pérez del Río (Universidad de Cádiz), Juan López Gandía (Universidad Politécnica de Valencia), Joaquín Aparicio Tovar (Universidad de Castilla-La Mancha), María Nieves Moreno Vida (Universidad de Granada), Rosa Quesada Segura (Universidad de Málaga), José Luis Goñi Sein (Universidad Pública de Navarra), Gloria Rojas Rivero (Universidad de La Laguna) y Carlos Alfonso Mellado (Universidad de Valencia).


Radio Parapanda. MISCELANEA PORTUGUESA




viernes, 18 de marzo de 2011

UN DESCUIDO EN ESTA REFORMA DE LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA



Ya veremos en qué queda el asunto de la reforma de la negociación colectiva. En todo caso todo el itinerario de estas conversaciones indica lo que, en mi opinión, es una fuerte limitación del proyecto final, si es que lo hay. Me refiero al tabú de la representación, esto es: de los sujetos negociales que intervienen en los convenios colectivos.


Digamos las cosas con moderada sintaxis: las organizaciones sindicales están negociando un texto con la patronal para abrir un escenario diverso, pero siguen siendo intocables los actores principales de la cosa negocial, a saber: los comités de empresa. O séase, el sindicato establece la arquitectura para que los comités de empresa (que, como se sabe, no son sindicato) se pongan manos a la obra.


No hace falta que se me diga que viene, de algunos años acá, una práctica en la que los sindicatos, en tanto que tales, negocian directamente en los centros de trabajo. Pero, es sabido, que sólo se da en la gran empresa. Lo que equivale a constatar que muy mayoritariamente el actor principal de las negociaciones sigue siendo el comité. Para entendernos, estas conversaciones no abordan un tema tan notable como el de la representación. Que sigue pendiente ad calendas graecas. Más todavía, el protagonista de lo que se pretende reformar sigue siendo un sujeto (noblemente) envejecido. Como no es cosa de agobiar al personal, me limitaré a referir a quien esté interesado en saber qué entiendo por envejecimiento de dichos instrumentos que le eche un vistazo a la plática que sostuvimos Antonio Baylos y un servidor en
UNA CONVERSACION PARTICULAR. Donde, desde posiciones amistosamente contrarias, debatimos el asunto. No se recomienda la lectura a los propensos al ataque de miocardio.

jueves, 17 de marzo de 2011

CONFUNDIR LAS CAUSAS CON LAS CONSECUENCIAS. La reforma de la negociación colectiva.





Escribe Joaquím González Muntadas



Un científico decidió hacer un experimento conductual, cazó una araña, le enseñó a acudir a él cuando la llamaba y empezó con su experimento:


– Araña, ven.– Y la araña fue hacia él. Entonces agarró sus alicates y arrancó una pata a la araña.


Volvió a dejar la araña unos metros atrás y volvió a llamarla:


– Araña, ven.– Y la arrancó otra pata.


Y así hasta que ya sólo le quedaba una pata, entonces llamó otra vez a la araña:


–Araña, ven.– La araña se arrastró como pudo y llegó hasta el científico, y éste la arrancó la última pata que le quedaba, la dejó a unos metros y volvió a llamarla.

La araña, ahora sin patas, no se movía y el científico cogió su bloc y apuntó:


«Si quitas todas las patas a una araña, se queda sorda».


Escuchando algunas conclusiones y propuestas para afrontar la necesaria reforma de la negociación colectiva, he recordado la fábula y lo fácil y engañoso que resulta confundir las causas con los efectos, y mucho más cuando la intención es llegar a conclusiones preestablecidas.


Es fácil confundir realidades inapelables, como el científico de la fábula, y como muchos de nuestros analistas de la negociación colectiva en España, que estos días describen los problemas del empleo, la productividad, la competitividad, la rigidez de las relaciones laborales, de los déficits formativos, etcétera.


Afirmaciones tales como que la recesión han provocado una gran destrucción de empleo, que el impacto de la crisis en nuestro país afecta mucho más a las tasas de paro que en las economías de nuestro entorno, que los costes unitarios crecen de forma poco competitiva en relación con el exterior y que nuestra tasa de paro es de las más altas del mundo, son tan ciertas como que no tenemos una fuerza laboral barata que trabaje muchas horas, ni con una alta cualificación, que nos permita competir por productividad y calidad.


Podríamos llenar cientos de páginas con afirmaciones muy ciertas contenidas en informes y artículos publicados estos días para argumentar acerca de la necesidad de establecer un modelo de negociación colectiva pensando que con una adecuada descripción de la realidad no nos engañaremos. Sin embargo, lo engañoso no es la descripción de la realidad, que comparto, sino las conclusiones: la gratuita afirmación de que la causante de nuestros males es la legislación actual como de forma machacona nos trasladan los “cien expertos” o el reciente informe de FADEA.


A mi juicio, el problema no está, o no esencialmente, en la actual ley a reformar. Creo que el problema radica, muy especialmente, en las políticas que practicamos las patronales y los sindicatos; es decir, en las prioridades, en los objetivos y sobre todo en la confianza en la negociación colectiva que tenemos la patronal y las federaciones sindicales, y si consideramos que la negociación colectiva o la autonomía de las partes son el instrumento más eficaz, o no, para regular la realidad de las relaciones industriales y laborales. Y hasta hoy, eso lo deberíamos reconocer, no ha sido así de manera generalizada. Por el contrario, ambas partes hemos apelado constantemente al cambio legislativo como fuente más segura para avanzar en nuestras propuestas. Por ello, coincido plenamente con la afirmación que hace Miquel Falguera en su trabajo: LA REFORMA DE LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA ¿PARA QUÉ? porque resume bien lo que yo quiero expresar. Comparto su afirmación de que: “no creo que la cuestión nuclear pase tanto por el cambio de la ley reguladora de la negociación colectiva en su marco general, sino en las prácticas convencionales imperantes”. Y coincido porque no ha sido esencialmente la actual regulación la que explica los problemas de atomización y debilidad de la negociación colectiva, puesto que ha permitido hacer del convenio colectivo, incluso desde el ámbito estatal, un instrumento capaz de facilitar las reglas para afrontar y gobernar el desarrollo de la diversidad de empresas de un sector. Y no al precio que algunos hoy nos proponen, es decir debilitando el convenio y sus contenidos, desde la desregulación de derechos para reforzar el autoritarismo rancio con el que no pocos sectores empresariales han tenido, y siguen teniendo, serias dificultades reales para gestionar los cambios en la empresa.


Con la actual Ley hemos construido, año tras año, convenios colectivos como el General de la Industria Química, que incide y actúa sobre el coste real de los salarios en las empresas. Se ha regulado el salario variable y la flexibilidad, se han establecido fórmulas de articulación que atienden la realidad de cada empresa, tanto en situaciones de pérdidas como de mejores resultados, que pueden desarrollarlo, adaptarlo y mejorarlo. Esto se ha podido, y se puede hacer, con la actual regulación.


Al igual que se puede hacer del convenio colectivo una fuente de derechos y de obligaciones que refuerce la participación de los trabajadores en la empresa; que exprese, por su contenido vivo, que las relaciones laborales son el salario y la jornada y que no se limitan a fijar sus cuantías sino que asumen que están tambien condicionadas por una realidad más compleja, de tal modo que dote al sector de instrumentos para el gobierno de la flexibilidad en las empresas, instrumentos de mediación e incluso de arbitraje propios (la Memoria de Actividades 2010 de la Fundación SIMA señala que el 23% del total de los procedimientos realizados por este organismo corresponden al Sistema que el Convenio Químico tiene integrado en dicha Fundación), de comisiones de igualdad, medio ambiente, salud laboral, formación profesional y de un observatorio para el seguimiento de la aplicación del convenio en la (Encuesta Aplicación CGIQ) o la Fundación Química y Sociedad, que el convenio impulsa y en la que, junto a patronal y sindicatos, participan los colegios profesionales, el Colegio de Decanos Químicos, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Expoquimia, en definitiva, todos los agentes interesados y comprometidos con el sector y su futuro. Y de una Comisión Mixta Central, y Delegadas como la de Catalunya, que han gestionado y atendido 276 consultas en su última vigencia con 96 % de acuerdos.



Y en la misma linea, con realidades y, consecuentemente, con contenidos distintos, el Convenio Estatal del Sector Textil Confección ha sido un instrumento real y útil a las empresas y trabajadodores, ya que, más allá de introducir mecanismos potentes de regulación de la flexibilidad de la jornada, propios a las necesidades del Sector, mediante la redacción dada por su art. 37 , constituyen un claro ejemplo de que un convenio colectivo sectorial puede dotar a las empresas de los medios necesarios para acordar a regulación de la flexibilidad de la jornada, ajustádola a las particularidades y a las necesidades productivas de cada empresa. Eso sí, con reglas; situando una norma general para la negociación en la empresa sin acudir a la via del descuelgue y inaplicación del convenio colectivo como ha introducido la última Reforma Laboral, sino preveyéndolo en el mismo convenio. Estableciendo los mecanismos para el caso de que no se produzca acuerdo en la empresa, mediante la implantación de dos procediemientos más, el a/ y el b/ , alternativos, que regulan y garantizan que las necesidasdes productivas serán atendidas, pero evitando el libre albedrio de la empresa y garantizando la intervención sindial. Un Convenio Colectivo que ha permitido impulsar instrumentos de dialogo e iniciativas que se concretaron en el Plan de Apoyo al Sector firmado con el Gobierno Central y los Autonómicos. Un convenio que su renovación ahora está centrada en incorporar instrumentos de gestión participada en la empresa entre los representantes de los trabajadores y sus sindicatos con la gerencia, para evitar que la destrucción de empleo sea la única solución que resuelva lo que hoy es el primer problema del sector: una demanda en muchas empresas del 70 al 80% de su capacidad de producción.


¿Por qué resalto la experiencia de estos dos Convenios Colectivos, (no estoy tan seguro que lo pudiera hacer si, por ejemplo, fueran de ámbito provincial) como otros pueden resaltar otros convenios colectivos?, Porque entiendo que si la reforma al final acabara como los “ sabios” reclaman de forma general --“ favorecer la descentralización como base de la flexibilidad interna”-- acabariamos tiirando el agua sucia de la palangana con el niño dentro, si al final se debilitia el valor y la eficacia del convenio colectivo.


Si la modificación de los arts 84 y 83 del ET (que por cierto hoy ya permiten la concurrencia de diversos ámbitos si así se pacta en el convenio) para facilitar la concurrencia y la relación entre convenios colectivos se concreta por ley con una distribución cerrada, rígida, de materias, según los ámbitos (sector y empresa) como han defendido los defensores de descentralización, puede ocasionar serios problemas en el desarrollo y aplicación de más de un convenio colectivo, lo que no sería en absoluto un avance, sino, muy al contrario, sería convertir de hecho los actuales convenios colectivos estatales en prácticamente unas nuevas ordenanzas laborales. Y ello sería así, porque no pocas veces se mantiene la confusión cuando se habla de estructura de la negociación colectiva mezclamos, como si fueran la misma cosa, concurrencia y articulación.


Pero sabemos que son cosas distintas. La “concurrencia” pretende defender unos ámbitos de negociación de otros, disputando las materias negociables en cada uno, cerrando sus contenidos a su nuevo examen en otros. Parte en realidad, sin decirlo, de la vieja concepción de convenios “de mínimos” y el miedo a su “mejora en cascada”. Así era además cuando las “ordenanzas” fijaban un punto de partida; pero entonces no estaba “prohibida”, sino prevista, su mejora en la negociación colectiva. La “articulación” por el contrario supone establecer las pautas, criterios, mínimos en ocasiones, y también máximos si corresponde, para el desarrollo y la aplicación de materias, y ello a través de su desarrollo mediante una efectiva “negociación” en ámbitos inferiores, para su adaptación a la concreta realidad de tales ámbitos, sin miedos a hablar de todo. Muy al contrario pues de lo que son algunas de las propuestas que hoy hablan de la negociación en la empresa pero curiosamente desde el nuevo “hecho” de no aplicación del convenio colectivo en la misma.


Ahora, después de las modificaciones habidas en la última reforma laboral que regula la no aplicación en las empresas de algunas materias de los convenios, se ha extendido como mancha de aceite la idea, o mejor el cliché, de que los convenios colectivos sean estatales, autonómicos o provinciales, son un corsé que no responde a la realidad de la empresa y que es éste, el de empresa, el que debe ser el ámbito central, el núcleo duro de la negociación, formulando de forma clara que hoy lo que se debe favorecer son los convenios o pactos de empresa, por encima de los convenios de ámbito superior, dejando a estos materias genéricas, como la clasificación profesional, el régimen disciplinario, los tipo de contratos o derechos sindicales. Pero los derechos y obligaciones, las normas que regulan la organización del trabajo, la regulación de la jornada, el salario, su estructura y sus incrementos, los criterios a considerar para los mismos, eso, se afirma, debe examinarse en la empresa, es en la empresa donde se debe negociar.


De imponerse este modelo en la Reforma, acabará debilitando las paredes maestras de algunos convenios, precisamente los que, como en el Convenio de la Industria Química y otros en los que su valor lo da su fuerza de aplicación en las empresas, en todas las empresas, en las pymes y en las grandes, y en especial el que en su ámbito estén los grandes grupos industriales, nacionales y multinaciones. Para ello el convenio debe tratar el coste real del trabajo, los sueldos y salarios reales, directos e indirectos y es de esa forma como el Sindicato asume el interés de tratar y regular también en el Convenio Colectivo aquellas materias de flexibiliad más difíciles de abordar en el convenio sectorial si este regula sólo los salarios de tablas y más cuando éstas, en el mejor de los casos, si no son absorbibles los incrementos, representan el 60 o 70% de los salarios reales, o el 50 % para los trabajadores con responsabilidades y cualificanción en las empresa del sector.


Pero, de verdad, la intención, nada disimulada, de la Reforma reclamada por los determinados sectores y “expertos”, no consiste sólo en establecer donde se negocia o sea los ámbitos, ni quién lo negocia, sus instrumentos, la legitimación de la patronal y los sindicatos, etc., sino y especialmente “el qué”, el contenido de lo que le han venido a llamar, y en parte con razón, la insensibilidad de los actuales convenios colectivos al cambio del modelo productivo y con ello la dificultad para gestionar las modificaciones en la organización del trabajo.


Son materias que han estado en los diversos ANC, ligadas a la flexibilidad, a la organización del trabajo. Materias que han tenido serias dificultades para avanzar durante estos años en el contenido de los convenios. Y ahora hay una voluntad clara por parte de la patronal, para, por la vía del DESCUELGUE CONVENCIONAL, utilizando el Artículo 41 de ET, o por la vía de forzar LA MEDIACIÓN y en no pocos casos EL ARBITRAJE VOLUNTARIO U OBLIGATORIO (sabiendo que ARBITRJE OBLIGATORIO tiene serias restricciones legales como todos sabemos), incidir de forma directa en el contenido de la negociación colectiva. Y es en esta lógica que también se entienden algunas de las propuestas de nuestro documento de propuestas sindicales, las que son, o deberían ser también “el qué”, el contenido de los convenios colectivos. Me referiero al capitulo de los derechos de información, seguimiento y participación sindical.


De entrada, nada que objetar. Pero el riesgo estaría en que, en el juego de intercambios entre lo que pretende la patronal y lo que pretendemos nosotros, en “el qué”, en la práctica se introduzca más la Reforma en el contenido de los convenios, que cambiemos, como los indios con Colón, oro por cristalitos de colores. Y ello sería así porque es muy probable que si en muchos convenios hasta hoy no hemos avanzado en derechos de participación e información, no será fácil, y menos gratis, hacerlo ahora de golpe con esta reforma. Menos ahora, cuando hay mayores contradicciones y dificultades que hace unos años. Nosotros queremos reforzar el instrumento de la negociación colectiva y otros quieren el contrario, debilitarla, y, si más no, adelgazar el marco sectorial y reforzar el de empresa por la vía legal. También esto se puede hacer ahora, negociando, pero me temo que ellos, como nosotros los sindicatos muchas veces, reclaman que sea el legislador quien avance por ellos y que compense en parte el fracaso de su negociación colectiva.


Pero si al final el resultado es un avance en la unilateralidad de la empresa como reclaman algunos sectores empresariales, y como por cierto ha representado la última Reforma Laboral invadiendo convenios colectivos que tenían regulado, y bien, el descuelgue, dejando sin efecto sus propois procedimientos, muy efectivos, que reguban la no aplicación del convenio colectivo y que formaban parte de un todo, de los equilibrios y contrapartidas que en difinitva es un convenio colectivo. Si la palanca para que la negociación colectiva asuma la regulación real de la relaciones laborales, tan cambiantes en el mundo del trabajo, como han pretendido los distintos ANC y que no han conseguido plasmarse en los convenios, va a ser ahora la ampliación de lo establecido por la Ley 35/2010 sobre descuelgue salarial y las modificaciones sustanciales de trabajo, ni con ésta ni con 100 leyes futuras , se conseguirá que el convenio colectivo se perciba como la forma más inteligente, útil y eficaz para la gestión de las relaciones laborales e industriales en la empresa y , para que ésta, juegue el papel necesario de mejora de nuestra competitividad, de la que tan necesitados estamos.


No entro a comentar las últimas propuestas del Gobiernos, y otra vez de los “expertos”, de alinear por ley los criterios de negociación salarial en los convenios y de si estos parten con la referencia a la productividad o a la inflación, y tampoco alcanzo a deducir que ley puede condicionar la libertad de negociación salarial en las empresas y los sectores pero sí afirmo que lo hacen desde el más absoluto desconocimiento de lo que es la negociación colectiva o, lo que es más grave, desde el desprecio a la misma como si las relaciones laborales respondiaran a edictos. Seguro que tendremos tiempo de profundizar en la materia.


Para acabar, y como conclusión,: ¿es necesario cambiar la lógica de la negociación colectiva?, Si. ¿La reforma puede ayudar?, por supuesto que sí, y estoy convencido que así sera si es fruto, como parece, de un buen acuerdo entre CEOE y CC.OO y UGT que responda al mundo real de la empresa y sus problemas y no a teorías y soluciones fáciles, ni confundiendo las causas con las consecuencias como nos proponen los falsos cientificos.




Joaquim Gonzalez Muntadas
Secretario General de FITEQA CCOO

martes, 15 de marzo de 2011

EL SILENCIO DE LA FAMILIA SOCIALISTA


Homenaje a Consuelo Tamayo "La Tortajada", de santaferina natío.




La prensa ha puesto de manifiesto la contrariedad de conspicuos dirigentes socialistas vascos –empezando por el lehendakari Patxi López— con el presidente Zapatero con relación al asunto de la hipotética legalización de SORTU. Pues bien, se me viene a la cabeza alguna que otra reflexión colateral.


Lo primero: no es baladí este desencuentro como tampoco lo fueron, en su día, algunas de las ásperas desavenencias entre el premier catalán José Montilla y Rodríguez Zapatero. Sin embargo, debemos constatar que, hasta la presente, no han aparecido matices, desacuerdos ni faltas de sintonía entre la familia socialista en torno a la política económica y social del gobierno español. Se diría que sobre las “cosas de comer” la familia está silente. Y es, precisamente, en ese escenario –en la cuchara, cuchillo y tenedor del público— donde se están ventilando los grandes problemas que acucian con mayor agobio a los sectores populares. Más todavía, es ahí donde la socialdemocracia española se juega los cuartos en las próximas elecciones. Y, tal vez, será en dicho escenario (en el de las “cosas de comer”), donde –pasados los comicios— se producirán las discusiones, ya a toro pasado, entre los exponentes de las diversas cofradías socialistas.


Me pregunto, y sigo sin saber la respuesta –ni siquiera por aproximación— las razones de esa mudez, justamente en el escenario donde se está dando la mayor distancia y desafección entre el público y el presidente Zapatero. Es, además, en ese “territorio” donde se está produciendo el desarbolamiento entre la socialdemocracia y el común de los mortales que observan hasta que punto se está consolidando una peligrosa indistinción entre las políticas económicas de babor y estribor. Se trata de una indiferenciación que tiene su base en que “esa epifanía del entrepreneur como la fuerza real de progreso y de modernización de la sociedad es muy poderosa y constituye una operación muy extendida que idealiza al empresario y le eleva a la altura de un demiurgo activo y deseoso del mundo y de la humanidad”, según ha escrito Antonio Baylos en un artículo, Sadismo, delito y sistema de libre empresa, que podremos ver en el próximo número de la revista granadina Izquierda y Futuro, que dirige con mano ducha el amigo Javier Terriente y administra con sabiduría Rafael Rodríguez Alconchel. A éste último le deseamos lo mejor en su próxima reaparición en la vida política de Santa Fe, capital de la Vega de Granada.



Radio Parapanda. Exige nuevamente la libertad de Pedro Condori y Antonio Quispe que siguen presos por ser sindicalistas en Perú




domingo, 13 de marzo de 2011

SALARIOS, PRODUCTIVIDAD Y LA PARRALA

El comportamiento del presidente Rodríguez Zapatero parece emular los códigos de LA PARRALA, aquella versátil flamencona que tenía por costumbre sumirnos en la más absoluta inseguridad: un día nos decía que sí y, pasada la jornada, afirmaba lo contrario. Así nos fue enseñado por aquella señora tan irascible como Concha Piquer y por el malogrado Carlos Cano. Y, según se dice en Parapanda, en ella se inspiró Heisenberg para sentar su principio de la incertidumbre.


Pues bien esta Parrala gubernamental mantiene durante unas semanas que los salarios debieran tener como referencia el índice de precios al consumo; pasada una breve fase se descuelga afirmando que, por el contrario, el vínculo debe estar en la productividad, siguiendo la orientación que defiende doña
Angelitas Merkel, la gobernanta de este patio de vecinos europeo.


Esta ruinosa conducta gubernamental, cuya acelerada tendencia al suicidio político parece evidente, es en realidad una fuente de inestabilidad y de conflicto, gratuitos ambos, especialmente en estos tiempos que corren. Y, sobre todo, un germen nocivo en puertas de la discusión –de la que sabemos bien poco tanto los romanos como los cartagineses— de la llamada reforma de la negociación colectiva. De ahí que reclamemos la famosa exclamación de Goethe: "más luz".


Puede darse el caso de que exista una lucha soterrada entre los diversos golillas de las diferentes covachuelas ministeriales. Pero la realidad es que la nave va dando tumbos, (des)gobernada por un timonel que no sabe qué rumbo hay que poner en marcha. Mejor dicho, que está al albur de unas decisiones que están más aquí, en España, que en los dictados que vienen de fuera. Más todavía, esta zahúrda está generando una colosal agrupación de agraviados, nuevos y viejos, que observan las veleidades de un presidente desbrujulado.


Digamos, finalmente, que hubo quien definió a la Parrala (la cantaora Dolores Parrales) como “de una hermosura dominadora, atrayente y sugestiva, esta mujer ha jugado a la vida como otros hombres juegan al monte o al bacarrat, se ha burlado de todo de todo se ha reído, jamás tomo nada en serio, ni el matrimonio y su genialidad fue tan funesta para el hombre como para el cante...”.

sábado, 12 de marzo de 2011

RESPUESTA A LA REFORMA DE LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA, ¿PARA QUÉ?


No es por casualidad que mi acuerdo con el trabajo de Miquel Falguera esté aproximadamente al cien por cien. Me refiero al que publicábamos ayer: LA REFORMA DE LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA ¿PARA QUÉ?. Ahora bien, comoquiera que siempre hay un matiz de mayor o menor consideración en todas las cosas de la vida, me interesa dejar constancia de un ligero desacuerdo con lo planteado por el eminente iuslaboralista.


Tengo la impresión que Miquel reparte algunas responsabilidades del estancamiento de la negociación colectiva en las propias filas del Derecho del Trabajo. Yo veo las cosas de otra manera, aunque ciertamente algunas debe tener cuando al ponente no se le caen los anillos a la hora de formularlo. Yo apunto a lo siguiente: si la negociación colectiva y las diversas prácticas contractuales son el alma mater y las fuentes nutrientes del iuslaboralismo parece evidente que el problema no está en el Derecho del Trabajo sino en el texto y contexto de las negociaciones. Así pues, se me escapa qué discontinuidades puede introducir el iuslaboralismo en toda esa historia. Esta es una discusión que, desde hace tiempo, llevo con mis amistades iuslaboralistas y mis cofrades del sindicalismo.


En toda esa historia hay una “causa primera”: la plataforma reivindicativa. Su texto puede estar alejado, poco o mucho, de la literatura finalmente convenida con la contraparte, pero el carácter de dicha plataforma –la naturaleza de sus contenidos concretos-- sigue estando en la fase anterior al cambio de paradigma, referido tanto a los cambios en los procesos productivos (y de servicios) como en la nueva composición de las clases trabajadoras. ¿Qué puede hacer el universo iuslaboralista en esas condiciones? Poco, en mi opinión. Es como si regañáramos a la vaca por la mala calidad de su leche cuando el prado donde se alimenta es un páramo repleto de jaramagos.


En todo caso, como puede verse, este pequeño desencuentro con Miquel Falguera, no impide mi acuerdo con su texto. Ahora bien, parece que hay otro problema: los sindicalistas siempre hemos sido muy pejigueras; no nos gusta que, desde las filas de nuestro interior, nos llamen la atención ni siquiera nuestras más fervientes amistades. Somos muy propensos a la erupción de zarpullidos. Y, como es tradicional, el mensajero recibe el silencio por respuesta. Lo que viene a significar un amable ninguneo.



En apresurada conclusión, la respuesta se puede encontrar en la copla que cantó magistralmente Angelillo, el viejo republicano; hoy, sin embargo, la oimos en la versión de ANA MARIA GONZALEZ en CAMINO VERDE. Hablando en plata, si lloran de pena las margaritas es porque la fuente se ha secado en el camino verde que va a la ermita.


Radio Parapanda. LA MOVILIZACIÓN SOCIAL EN ESTADOS UNIDOS: MICHEL MOORE EN WISCONSIN


viernes, 11 de marzo de 2011

LA REFORMA DE LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA ¿PARA QUÉ?




Miquel Àngel Falguera i Baró
Magistrado Tribunal de Justicia de Cataluña



Me pedía hace unas semanas el Presidente del Presidium paparandés que reflexionara sobre la igualdad, especialmente, en la negociación colectiva. Uno tiene fama –bien merecida y no a costa de pocos esfuerzos- de díscolo. Por tanto, he acabado convirtiendo ese encargo en unas reflexiones sobre la negociación colectiva –que poco tienen que ver con la comanda- y el actual proceso de concertación en la materia. Ahí van mis reflexiones.




1. La concertación social en trámite



Hace ya años, muchos años, que los agentes sociales vienen reflexionando en voz alta sobre la reforma de la negociación colectiva. Y son también muchos los intentos de concertación al respecto. Habitualmente esas negociaciones se han acabado plasmado en los sucesivos e inocuos Acuerdos Interprofesionales de Negociación Colectiva, meras declaraciones de intenciones, generalistas y cuyo objetivo final –de dudoso éxito- ha sido centrar las simples bases de los contenidos de los convenios. La última muestra de esa tendencia fue el Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva de 9 de febrero de 2010 (más de lo mismo en cuanto a sus contenidos) que incluía una disposición adicional en la que patronal y sindicatos se emplazaban a un pacto de mayor calado para la reforma del sistema negocial “sine die”. Tanta dilación mereció un claro ultimátum por parte del Gobierno (agobiado por su pacato sometimiento ante las exigencias de los ignotos mercados) quien, a finales del pasado año, impuso una fecha límite –el 19 de marzo próximo-, con la advertencia de que si no hay acuerdo, legislará al respecto.



En ese marco de urgencias el reciente Acuerdo Social y Económico para el Crecimiento del Empleo y la Reforma de las Pensiones –en su versión de 2 de febrero- da un paso más, al establecer una especie de esbozo genérico de por dónde debe ir la reforma del modelo, a través de un acuerdo bipartito sindicatos-patronal anexo, contemplándose como plazo máximo para cerrar la cuestión aquella data fijada en el previo ultimátum del Gobierno. El contenido de ese compromiso no puede, sin embargo, ser más parco. Así, tras una reclamación de la autonomía de los agentes sociales –claramente dirigida al poder político- se centran las mayores dificultades del actual modelo, afirmándose que “La negociación colectiva tiene problemas de estructura y de vertebración; de legitimación; de flexibilidad interna; de innovación y adaptación de contenidos; de gestión; de adecuación a las dificultades, entre otros”.
En materia de vertebración se opta, en principio, por una estrategia bifronte: de un lado, la potenciación de la negociación en la empresa (“habrá que racionalizar y vertebrar mejor los convenios colectivos, potenciando asimismo la negociación colectiva en el ámbito de la empresa, lo que permitirá ampliar su eficiencia y destinatarios”); por otro, por la primacía del ámbito sectorial –predominantemente estatal- en la determinación de la estructura: “el establecer la estructura de la negociación en cada sector debe corresponder a la negociación colectiva sectorial, de ámbito estatal o en su defecto de ámbito autonómico, suscrita por las Organizaciones Empresariales y Sindicales más representativas”



Por lo que hace a la problemática de la legitimación, el acuerdo no puede ser más carente de sustancia: “Los firmantes se comprometen a analizar y reforzar esta materia, en sus ámbitos respectivos”. Tampoco en materia de regulación de la flexibilidad el acuerdo ofrece demasiadas reflexiones propositivas, limitándose a considerar que es un elemento imprescindible y a reclamar mayor participación de los representantes de los trabajadores, “como forma de garantizar su eficacia”. Y, prosiguiendo con los posibles nuevos contenidos se sigue la misma tónica: “Es necesario dinamizar la negociación colectiva, tanto respecto a los procesos negociadores, como en nuevos contenidos y renovación de materias, así como en la supresión de los que no deban tener continuidad”. A lo que se añade que ante la crisis económica los negociadores de los convenios deben abordar “la adecuación a las dificultades, con el mayor realismo y celeridad, a fin de dar la necesaria y urgente respuesta a la viabilidad de las empresas”



Y, finalmente, hallaremos una referencia a la administración del convenio: “Los interlocutores sociales firmantes apoyan, con este Acuerdo, una mejor gestión y administración permanente de los convenios durante su ámbito temporal, potenciando los instrumentos de consulta, interpretación, solución de discrepancias, propuestas de mejora para el convenio, entre otros; y propiciando que los medios de solución extrajudicial de conflictos aporten asistencia activa. Por último será necesario contar con el debido apoyo institucional”

Sigue el artículo en LA REFORMA DE LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA, ¿PARA QUÉ? en The Parapanda Tribune.

martes, 8 de marzo de 2011

GARBANZOS NEGROS EN LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA


[Homenaje a Mercedes Capsir]


La biografía de la negociación colectiva nos indica que, de un lado, el sindicalismo confederal ha conseguido avanzar en los derechos inespecíficos y, concretamente, en los atinentes a la mujer; y, de otro lado, nos muestra hasta qué punto se descuida la cuestión salarial, donde las diferencias con relación a los hombres siguen siendo muy significativamente amplias.


La media de esa diferencia es de 5.300 euros anuales, que no es moco de pavo. Pero esa brecha se amplía en los grupos etarios de 46 a 55 años: las mujeres cobran 7.886 euros menos que los hombres, y –mucho peor todavía— a partir de los 65 años la diferencia ya es asaz considerable: 12.364 euros anuales. Son situaciones dramáticas sobradamente conocidas pues aparecen y reaparecen de cuando en cuando.


Bueno, sostengo la peligrosa teoría de que el sindicalismo confederal no ha ajustado todavía las cuentas con estas situaciones. De ahí que sea necesario preguntar descaradamente: ¿qué parte de responsabilidad –no digo que la tengamos toda— tenemos en esa parte de la biografía de la negociación colectiva? Mientras no buceemos en la parte que nos corresponde no es posible que se avance en la corrección de esos garbanzos negros de la cuestión salarial de género. Lo que nos lleva a tener un déficit de “sindicato general”. Así pues, no deben caérsenos los anillos si nos preguntamos: ¿qué parte propia, intransferible, tenemos en todo eso?; ¿qué cacho compartimos también con la contraparte?


No podemos partir del estribillo de la vieja canción, es decir, "que la mancha de la mora con otra verde se quita"; o lo que es lo mismo: la mancha de los salarios no se quita con el avance en los derechos inespecíficos.


miércoles, 2 de marzo de 2011

ESTE CONCEPTO INSERVIBLE DE LA PRODUCTIVIDAD


Sumida en la perplejidad, Carmen Alcaide escribe su habitual artículo dominical en el sepia de El País, 27 de febrero de 2011. Helo aquí: Europa y la competitividad. El texto, como podrá comprobar el lector chafardero, es toda una muestra de la desorientación en la que andan sumidos algunos exponentes de la ciencia económica, una disciplina pendenciera donde las haya.


El asunto que trata Alcaide es la propuesta de la cancillera Merkel, esto es, desvincular la inflación en la negociación de los salarios, y en su lugar establecer el vínculo entre salarios y productividad. Alcalde duda y, como argumento, nos deja lo que textualmente copiamos: “Pero esta medida no carece de dificultades. Habrá que determinar detalladamente el concepto y la medición a aplicar en la productividad. Para ello es necesario establecer algún indicador capaz de medir correctamente la productividad de cada empresa y de cada sector. Lo que es válido conceptualmente en términos generales para el conjunto del PIB español no lo es cuando se desciende a términos empresariales”. [Fin de la cita].


Digamos que Alcalde considera que el concpeto “productividad” está bien fijado a niveles generales, macroecónómicos, mientras, sin embargo, en lo minúsculo del barrio (la empresa y el sector) dicho concepto necesitaría una mano de pintura. Yo veo las cosas de otra manera, pidiendo disculpas a la señora Alcalde y al resto de la mentada cofradía. Creo que se está trabajando con un concepto indeterminado, que parte de una lógica un tanto torticera: aumenta la productividad si el número de trabajadores desciende, mientras el PIB se mantenga. Comoquiera que esa lógica es la que también tiene validez académica en el sector y en la empresa, pero resulta un contrasentido (igual que en la macroeconomía, añade un servidor) bien visible, Alcalde dice que debe crearse un indicador.


Hace tiempo propuse un debate en la revista online del CTESC (
http://www.larevistactesc.net/) partiendo de la siguiente consideración: toda una serie de magnitudes macroeconómicas han tenido su vigencia y razón de ser en el anterior paradigma económico; ahora, habiendo cambiado las cosas, ¿tiene sentido mantener las cosas? Y, si la respuesta es positiva, ¿nos puede usted ofrecer algunas pistas? Muy concretamente, se aludía a la productividad que seguía entendiéndose como si todo permaneciera incólume. Debo decir que nada sacamos en claro del resultado del debate: los analistas se limitaron a explicar académicamente qué es eso de la productividad.


Yo creo que el mantenimiento de los viejos conceptos (y sus respectivos algoritmos de cálculo), cuando todo ha cambiado, provoca una general indeterminación. Así las cosas, tengo para mí que es necesario reabrir ese debate. Interesa a los trabajadores y a sus sindicatos. Interesa a la comunidad académica. Aunque, parece no interesar a quienes prefieren no cambiar ni una pieza, no sea que el chamizo (en argot granadino, sería chambao) pierda el tejado.