jueves 31 de marzo de 2011

MOVIMIENTOS SOCIALES Y POLÍTICA





“Me preocupa mucho el riesgo que los sentimientos de la indignación y la esperanza se conviertan, como tales, en ineficacia, en la ausencia de una interpretación del mundo y de una adecuada práctica política que le de cuerpo. Es ilusorio que la indignación pueda suplir a la política y, en primer lugar, a las formas eficaces de la política”, dijo Pietro Ingrao en la presentación de su último libro Indignarsi non basta: unas palabras de gran fuerza política, de reivindicación de la política, de invitación a intervenir en la política. Unas palabras que achuchan a reconsiderar no pocas actitudes --algunas de ellas preñadas de pura y cómoda estética-- que, ligadas o no a las impotencias y dificultades de las izquierdas o ancladas en antiguas concepciones, invitan a una seria meditación a la izquierda sumergida y a la que está realquilada en la amplia red de movimientos sociales.



Digamos que las distracciones de las izquierdas han comportado que centenares de miles de personas, en Europa, se han refugiado en las casas de los movimientos sociales, y que otra numerosa porción, que nunca ha tenido relación con la política se ha volcado en la adhesión a dichos movimientos. Quien os habla no es un ejemplo de buena relación con la política. (Recuerdo que, cenando en Barcelona con Luciano Lama, éste me afeó mi irregular actitud con la política. Mi esposa, Roser, respondió: ”Duro con él, Luciano”. Hecho este acto de atrición prosigo como quien no ha roto un plato en su vida).



Por otra parte una parte de las izquierdas ha tenido una relación cínica con los movimientos: les convenía, aunque siempre mirados con el rabillo del ojo, cuando aquella estaba en la oposición, y se desentendían cuando gobernaban. Otra parte de la izquierda los consideraba de modo instrumental y a la espera de que fueran un granero de votos. En ambos casos la respuesta de los movimientos a la política estaba cantada; dicho con claridad: no les interesaba ni a la izquierda que rie ni a la izquierda que llora. En una conversación entre Sergio Cofferati y Paolo Flores d´Arcais, publicada en Micromega que yo traduje al castellano y publicó La factoría (dispensen ustedes, pero no la encuentro en Internet), Cofferati, todavía secretario general de la Cgil, diferenciaba la personalidad de los movimientos con relación a la política (1). Según el sindicalista “los movimientos sociales tienen unos límites”. Yo veía, y sigo en la misma idea, que no es eso exactamente. No se trata de límites sino de características asumidas. Los movimientos quieren ser de esa manera. Lo que ocurre, ciertamente, es que objetivamente eso conduce a que los movimientos sociales tengan unos “límites”. Son los confines de la indignación (que no es poca cosa) que, expresados como quien dice a salto de mata, no se traducen en acción política. En absoluto es una pérdida de tiempo, por supuesto. Pero esa acción, desvinculada de la política, no se traduce en resultados directos, en un cambio orgánico de la relación de fuerzas en presencia.



Las izquierdas deben reconsiderar su relación con los movimientos sociales y viceversa. Si se orientan a la instrumentalización o ninguneo; si las izquierdas se dirigen a la fagocitación de los movimientos no habrán conseguido nada, peor aún: se ampliará la brecha que los separa. Así pues, el camino parecería ser que, reconociéndose mutuamente a través de sus autonomías respectivas concretaran un foro de diálogo permanente. Entre paréntesis, diré que posiblemente Pietro Ingrao, desde la política, haya sido la persona con mayor predicamento entre los movimientos y Sergio Cofferati desde el sindicalismo confederal. Ambos dirigentes dialogaron extensamente con los movimientos sin caer en la fácil lisonja o el acriticismo, pero siempre estuvieron en la calle con ellos. Compartían diversamente con los movimientos la acción colectiva y la reflexión fundamentada. Precisamente por ello tanto Ingrao como Cofferati tuvieron no pocos problemas con sus cofrades de partido: primero en el legendario PCI, después con D´Alema y tutti quanti.



En mi opinión, se trataría que las izquierdas y los movimientos sociales compartieran diversamente una serie de grandes cuestiones, no me atrevo a decir programa, pero sí un elemental proyecto. Digo diversamente porque los objetivos coyunturales de ambos no son diferenciados, pero no necesariamente contradictorios. ¿Cómo se hace eso? Si yo lo supiera lo pondría negro sobre blanca. Pero a mi edad eso son palabras mayores y uno no está para esos trotes. Vosotros que sois jóvenes podríais poner algo de vuestra parte.



(1) Cuando encuentre esta entrevista la pondré en su lugar descansen.



Radio Parapanda. LA HUELGA COMO INSTRUMENTO DE APOYO A LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA, según Antonio Baylos, la voz que no cesa.




miércoles 30 de marzo de 2011

NOS TIENEN QUE EXPLICAR QUE ...





1.-- Políticos instalados, internos, externos o mediopensionistas llevan meses declarando que se está saliendo de la crisis. Pero mienten espasmódicamente. Ahora bien, en el improbable caso de que tuvieran razón deberían explicar al común de los mortales –ellos no lo son, naturalmente-- la siguiente paradoja: si estamos saliendo de la crisis ¿a santo de qué vienen las drásticas medidas que han anunciado en diversos lugares? Por ejemplo, nunca se habían propuesto tantos insensatos recortes en sectores vitales como la enseñanza y la sanidad como es el caso del gobierno catalán, una coalición de nacionalistas de derecha y de teócrata-cristianos, que poco tienen que ver, por ejemplo, con Dom Sturzo. Alerto: como se pongan en marcha la enseñanza y la sanidad nos recordarán al gallo de Morón: sin plumas y, en este caso, sin cacarear.



2.-- Si todos coinciden en que estamos saliendo de la crisis, ¿a qué viene esa bulimia de reclamar otra reforma laboral, justamente a unos pocos meses de aquel tratamiento caballuno que fue la putativa reforma? Si el presidente del Gobierno accediera a seguir cortando las patas a la araña ¿no estaría en entredicho su palabra cuando afirmó que lo aprobado hace meses tenía una característica de largo recorrido?



3.-- Cambiando de tercio: si el carácter de las medidas son generales, esto es, afectan (de manera desigual) a la inmensa mayoría de la población, ¿a qué esperan los movimientos sociales a estructurar un movimiento de los movimientos capaz de dar respuesta a lo que está cayendo? Porque cada uno en su casa y los dioses menores en la de todos –sin ninguna relación común, ni vínculo alguno con lo general— es un tropel y sólo un tropel.



Radio Parapanda. Atención a LOS SUJETOS COLECTIVOS Y LAS REGLAS LABORALES EN LA EMPRESA Es lo que aprenderás hoy antes de acostarte sólo, bien o mal acompañado.



martes 29 de marzo de 2011

EL SINDICALISMO EN EL MAGREG, AHORA MISMO


Isidor Boix ha publicado recientemente un importante artículo (imprescindible, diría yo) sobre los movimientos sindicales en el Magreb. No hace falta recordar que nuestro hombre conoce el paño de primera mano. A él no se lo han contado, ha estado en el norte de África recientemente y ha conversado con otros que también lo han hecho. Justamente lo contrario de esa cofradía de todólogos al por mayor que hablan por los codos en tertulias de radio y televisión, en tabernas y barberías de mayor o menor postín. Por otra parte, Isidor es de esos dirigentes sindicales que no da cuartelillo ni al lucero del alba. Tiene el rigor el ingeniero y la flexibilidad del abogado, dos carreras que estudió en la Universidad de Barcelona. La primera como joven estudiante, la segunda como cuarentón.



Este trabajo --que se recomienda leer de pitón a rabo (no a través de esa técnica de los pijofarfollas de hacerlo “en diagonal”), tomar apuntes y rumiarlo detenidamente—debería ser difundido, pirateado (nos consta que la SGAE no tomará cartas en el asunto) se puede encontrar en La factoría y en http://www.fiteqa.ccoo.es/comunes/temp/recursos/29/856425.pdf Una vez dado el justo masaje lisonjero a Isidor, sólo me cabe interpelarle amablemente: mi querido amigo, echamos de menos tu voz en otros grandes temas de la situación económica y social (por supuesto, también sindical) de nuestros días.


Habla Isidor Boix: Muchas gracias José Luis por tus lisonjas, que comparto sobre todo en relación con el método que señalas adecuado para opinar de algo. Por ello precisamente me resulta más difícil atender tu última petición, en parte por un problema material de tiempo, pero más porque en esta etapa "viajo" poco a lo que tu apuntas. Por otra parte, algunas consideraciones de este trabajo sobre el sindicalismo árabe son aplicables al nuestro, como también las formuladas no hace mucho en relación con el sindicalismo europeo (por cierto el próximo Congreso de la CES, en el que participaré en la delegación de la Federación europea del Textil, dará ocasión para volver sobre ellos, y, eso sí, me comprometo a publicar cada día una entrega de "crónicas atenienses", para seguir con la fórmula empleada en el anterior Congreso de Sevilla y que dio origen, por tu personal empujón, a mi blog, pariente del tuyo. Aprovecho esta nota para mandarte un muy cordial abrazo casi público. Isidor


JLLB.-- Te tomo la palabra. Las Crónicas atenienses saldrán, por así decirlo, casi a tiempo real de la celebración del Congreso. Sobre lo primero entiendo que, precisamente desde esa nueva situación es la que te da mayor desenvoltura porque no estar en el centro del zafarrancho. Excusatio non petita acusatio manifesta.

lunes 28 de marzo de 2011

LA IZQUIERDA QUE RIE, LA IZQUIERDA QUE LLORA


¿Qué le pasa a la izquierda europea? Se trata de una pregunta complicada. Lo prueba el hecho de la cantidad enorme de ríos de tinta que han pasado bajo los puentes de libros y artículos, ensayos y publicaciones varias. No será un servidor quien deje de escribir al respecto, aunque sea trastabillando, ejerciendo mi derecho de ir a trompicones por esos terrenos tan trillados. Puestos a ser indulgentes –y como mero ejercicio de partida— diré que lo pasado, pasado está. Exactamente no se trata, por el momento, de un pelillos a la mar. Simplemente es una indulgencia pasajera. Lo que me importa es el ahora como punto de arranque de un itinerario de largo recorrido.



¿Qué le pasa a la gauche qui rie? ¿Qué le sucede a la gauche qui pleure? Mi primer trompicón es: salvadas las distancias entre una y otra, ambas comparten una propiedad común que más adelante se abordará. ¿Cuál es? Segundo trompicón: no explicar urbe et sus fines. No parece irrelevante cuando un dirigente tan serio como Raimon Obiols no para de recomendar la necesidad de que la política (de izquierdas) tenga sentido. Lo que podría probar que –por lo menos, ahora-- no lo tiene. Todo parece indicar que Raimon entiende el sentido como la orientación, esto es, hacia dónde se quiere ir. Así las cosas, queda la ambigüedad –pienso que no es calculada-- sobre si lo importante es el viaje o llegar (o, al menos) aproximarse todo lo que se pueda a Itaca. En realidad –sea cual fuere la interpretación del sentido obiolsiano-- no hay que hacer esfuerzo alguno por constatar que las izquierdas no disponen de un lenguaje de los fines. Sólo podemos ver en ellas un lenguaje de los medios, pero sin referencia alguna a la orientación, al sentido. Ahora bien, si esto es aproximadamente de esa manera, es de cajón que, al no tener un rumbo (los fines), los medios están, en el mejor de los casos, desgajados, desvinculados, sin compatibilización. Thatcher, aunque nos duela, lo vio, por eso dijo que “no hay alternativa”.



Sin embargo, hay alternativa. Claro que sí, por difícil y embrollada que sea. Pero que sea complicada es algo que hay que considerar “de partida”, no de llegada. Porque si es de llegada ¿qué pintarían, con perdón, los palacios y los chambaos? Hay alternativa, sin embargo hay un prerrequisito: recuperar el lenguaje de los fines acompañado de la prótesis de los medios que deben estar vinculados a aquéllos. Ese no-lenguaje es lo que comparten, dispensen el humor macabramente granadino (llamado malafoyá), la gauche qui rie y la gauche qui pleure.



Los fines, los fines... Y permítaseme que en ese ágape cuele un aperitivo: hay que volver a dar centralidad política al trabajo. Volver a poner el trabajo, el mundo del trabajo, en el centro de la agenda política: en la acción del gobierno, en los programas de los partidos y en la batalla de las ideas. Esta es, hoy, la vía maestra para la regeneración de la política y de un proyecto de liberación de la vida pública ante las derivas de la decadencia, la vulgarización y la autorreferencialidad que, en la actualidad, tan gravemente la caracterizan. La dignidad de la persona que trabaja, que quiere trabajar y vivir en un mundo sostenible (1) debe ser la estrella polar que oriente toda decisión individual y colectiva. [Disculpen esta “morcilla”, la cabra sindical siempre tira al monte].



Por último, séame permitido un último trompicón: ese no fijar los fines podría explicar hasta qué punto prolifera ese conjunto de islas incomunicadas que son los movimientos monotemáticos. Podría explicar, así mismo, ese océano de izquierda sumergida –con tanta inteligencia desaprovechada para la política— en el patio de vecinos europeo. Hubo una época en que la izquierda transformadora, con sus errores y sus innegables aciertos, siempre incompletos-- precisó milimétricamente cómo, cuándo y dónde quería llegar: unos de manera tan gradualista como permitieran las condiciones objetivas, otras preferían el soviet redentor. Hoy no se trata de eso. Pero tampoco de no saber dónde ir, qué trascender, qué superar. Comoquiera que hasta el día de hoy no parece que nadie haya dicho, con solvencia, esta boca es mía se acabó la indulgencia de la que se hablaba arriba. En resumidas cuentas, dicho en términos matemáticos: los fines es la función, el resto de las cuestiones (por importantes que sean) son variables de dicha función.



Tomo carrerilla para acabar con una cita del malogrado Toni Judt, una persona que nadie consideraría un extremista. Dice: “¿por qué nos hemos apresurado tanto en derribar los diques que laboriosamente levantaron nuestros predecesores? ¿Tan seguros estamos de que no se avecinan inundaciones?”. Quien esté seguro que tire la primera pedrada. Vale.



(1) Se ha añadido "que quiere trabajar viviendo en un mundo sostenible": una sugerencia justa del amigo Javier Nuín.


domingo 27 de marzo de 2011

¿CONVENIO SECTORIAL VERSUS CONVENIO DE EMPRESA?





Suscribo de pitón a rabo lo que ha escrito Antonio Baylos en "LA ORIENTACIÓN A LA EMPRESA" EN LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA. Más todavía, el artículo tiene la virtud de poner en guardia a los negociadores de la llamada reforma de la negociación colectiva sobre una serie de cuestiones que el lector verá visitando el trabajo baylosiano. Dicho lo cual paso a meditar sobre una serie de cuestiones colaterales que, en absoluto, contradicen lo planteado por el reputado catedrático castellano-manchego.



Las intenciones de la empresarialización de la negociación colectiva por parte de la derecha económica y los palmeros que jalean es cosa sabida. Ahora bien, el sindicalismo confederal no atinaría, a mi entender, en subestimar –o, peor aun, abandonar— ese territorio. Una cosa es la intención de cantonalizar la negociación colectiva y otra, bien distinta, despreciar el centro de trabajo como elemento importantísimo en toda la trama contractual. A la contraparte hay que responder con un renovado planteamiento de cómo negociar en la empresa. Es en ese escenario donde surge la personalidad del sindicalismo, la democracia vecina. Es más, diría atrevidamente que la escasa proporción de trabajadores que disponen de convenio de empresa podría ser otra causa de la desproporción entre influencia sindical en lo general y nivel de afiliación. He dicho podría, no que lo sea exactamente. Por lo demás, si la representación en el centro de trabajo fuera estrictamente sindical –y no a través de los comités de empresa— podría (otra vez el condicional) ser un modo de vincular con más precisión el vínculo entre negociación en el centro de trabajo y el convenio colectivo de ámbito superior.




Con todo, no es sobrero decir que nos falta una mayor elaboración sobre la negociación en el centro de trabajo, de qué manera vincularla –estableciendo las compatibilidades—a la sectorial, entre otras. Téngase en cuenta que las enemistades del convenio sectorial, por ejemplo, están dedicando importantes recursos para que sea devorado por las langostas. Unas enemistades organizadas en potentes centros de elaboración en las que rara vez tienen cabida opiniones no convencionales y el público queda prácticamente excluido. Hay, por otra parte, quien como Pietro Ichino ha dedicado media vida a argumentar su posición radicalmente contraria al convenio sectorial; véase, por ejemplo, su libro A che cosa serve il sindacato? (Mondadori, 2005). En resumidas cuentas, la elaboración teórica de la negociación colectiva no puede dejarse en manos exclusivas de los que viven fueran de la barriada sindical. Por ejemplo, sería una catástrofe dejarla en manos de los Cien hijos de San Luís y cofradías adyacentes. Unas gentes que, recordando a Upton Sinclair , “es difícil que entiendan algo cuando su sueldo depende de que no lo entiendan”.



Urge, pues, esa reflexión teórica. Especialmente porque –en la autorizada opinión de Miquel Falguera—“si se analizan en profundidad los actuales contenidos y estructuras de nuestros convenios, podrá comprobarse como no existen grandes diferencias con los de las Ordenanzas laborales”. En resumidas cuentas, lo que está en juego –en todo el universo de la contractualidad—, también en palabras de Miquel Falguera es: [salir de] “la evidente disincronía que se produce entre el modelo de poder en la empresa y las nuevas formas de organización del trabajo”.

sábado 26 de marzo de 2011

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE TRADE UNIONS





¿Quién dijo que Europa está haciendo la siesta? El otro día fue Portugal quien se echó a la calle, hoy han sido los ingleses –convocados por la Trade Unions Congress-- los que atestaron las calles en una de las manifestaciones como hacía decenas y decenas de años que no se veían en Londres; hoy también los alemanes se han tirado a la calle; y desde hace meses que los griegos no paran de llenar las plazas de Atenas. De hecho en la mayoría de los países europeos se han producido importantes movilizaciones, y es de justicia recordar que esta “ronda” empezó en España con la huelga del 29 de setiembre. El que diga que Europa está haraganeando se equivoca de medio a medio. Es la voz colectiva enérgicamente contraria a la crisis y a las medidas draconianas que los gobernantes pretenden imponer.



En un intento de análisis (de urgencia y provisional, por supuesto) podríamos decir que hay algunas novedades que convendría retener de cara a un posterior estudio. Hasta finales del año pasado daba la impresión que las movilizaciones de los sindicatos nacionales estaban desconectadas entre sí y con escasa –o nula-- relación con un proyecto general, europeo. Lo que está ocurriendo en los últimos meses parece indicar que: 1) existe una coordinación implícita cuyo centro es la Confederación Europea de Sindicatos; 2) aunque todavía tales acciones no responden a un proyecto sindical europeo, claramente explicitado, sí al menos están referidas a las coincidentes políticas de los gobiernos nacionales; 3) la frecuencia de esas presiones colectivas es, por otra parte, mayor que en años anteriores. Digamos, a bote pronto, que aunque no tengan los sindicatos nacionales, todavía, un proyecto “en directo”, ya empiezan a tenerlo “en diferido”. Son unas novedades no irrelevantes desde el punto de vista de un espectador comprometido como es un servidor.



¿Qué es lo que falta? Primero, una maduración europea de los sindicatos nacionales; que enhebren el conjunto de retales que andan dispersos por ahí conformando un planteamiento general, europeo. Segundo, que –ante cada problemática nacional— la Confederación Sindical Europea acuda a “su rescate”, perdón, se me ha escapado: quería decir en activa solidaridad claramente explicitada. Y, ¿Qué más falta? Un proyecto político europeo de activo sostén a todo lo que se está moviendo. Porque el sindicalismo, por sí sólo, no puede cambiar las disparatadas, injustas e ineficaces medidas que desde la Unión europea y desde cada Estado nacional están en marcha o esperando salir del barbecho. El sindicalismo confederal no puede hacerlo todo, ciertamente. Pero puede poner en marcha algo que sigue pendiente: su fortalecimiento cuantitativo y cualitativo. No es suficiente su fuerza actual. Debe convertir la conciencia posible de organizar a más personas en conciencia real. En ello, lo sabemos, están. Pero quizá haya que insistir en ello, aún a riesgo de ser tildado como un latoso. Tal vez haya que estudiar las lecciones de antaño, cuando en los procesos de activas y potentes movilizaciones la hipótesis de estar afiliado (conciencia posible) se convertía en realidad. De momento --a la espera de más y mejor reflexión-- ahí queda eso de la importancia de llamarse Ernesto, perdón, Trade Union Congress.







viernes 25 de marzo de 2011

REPRESIÓN CONTRA SINDICALISTAS EN EL PERÚ



Los dirigentes sindicales peruanos Pedro Condori Laurente y Antonio Quispe Tamayo fueron detenidos el 11 de enero por cargos infundados. No se presentó prueba alguna de que hayan cometido algún delito, y Amnistía Internacional cree que han sido detenidos exclusivamente a causa de su trabajo pacífico de derechos humanos.

Pedro Condori Laurente es secretario general del sindicato de mineros de Casapalca. Antonio Quispe Tamayo es el secretario de Organizaciones del sindicato. Ambos han sido acusados de “delito contra la administración pública”, “violencia” y “resistencia a la autoridad”. Los miembros del sindicato, y también los trabajadores de la mina, se han enfrentado a cargos infundados y a meses de prisión injusta al menos en tres ocasiones desde que se creó el sindicato en 2008.

Los cargos contra estos dos hombres se refieren a un incidente ocurrido el 19 de julio de 2010, cuando un minero murió en un accidente en la mina Casapalca, provincia de Huarochiri, departamento de Lima. Los dos dirigentes sindicales se quedaron en el lugar del accidente para esperar la llegada de un miembro de la fiscalía. Según los informes, cuando éste llegó, trató de retirar el cadáver sin haber recogido prueba alguna para determinar si existía responsabilidad por parte de la empresa. Pedro Condori Laurente y Antonio Quispe Tamayo protestaron y se opusieron a la retirada inmediata del cadáver, pero no utilizaron violencia.

La investigación llevada a cabo por la División de Investigación Criminal de la Policía Nacional concluyó, según los informes, que no había pruebas de que se hubiera cometido delito; pese a ello, un juez dictó orden de detención contra los sindicalistas. Amnistía Internacional considera que los cargos formulados contra estos dos hombres carecen de fundamento, y que ambos han sido detenidos exclusivamente por ser dirigentes de un sindicato que pide protección para los derechos de los mineros.


Actúa



Rellena tus datos para que enviemos un mensaje en tu nombre (
leer ) a la Dra. Gladys Margot Echaiz Ramos, Fiscal de la nación (el mensaje enviado contendrá tu nombre, apellidos y correo electrónico).


Sra Fiscal,


Me dirijo a usted para expresarle mi gran preocupación por la situación de Pedro Condori Laurente, el es secretario general del sindicato de mineros de Casapalca. Antonio Quispe Tamayo es el secretario de Organizaciones del sindicato. Ambos han sido acusados de “delito contra la administración pública”, “violencia” y “resistencia a la autoridad”. Los miembros del sindicato, y también los trabajadores de la mina, se han enfrentado a cargos infundados y a meses de prisión injusta al menos en tres ocasiones desde que se creó el sindicato en 2008. La investigación llevada a cabo por la División de Investigación Criminal de la Policía Nacional concluyó, según los informes, que no había pruebas de que se hubiera cometido delito; pese a ello, un juez dictó orden de detención contra los sindicalistas.
Por todo esto le escribo:- señalando que no existe prueba alguna de que Pedro Condori Laurente o Antonio Quispe Tamayo cometieran delito alguno el 19 de julio de 2010, y pidiendo a las autoridades que fundamenten los cargos con pruebas sólidas o pongan a los hombres en libertad inmediata e incondicional;- expresando preocupación porque Pedro Condori Laurente y Antonio Quispe Tamayo parecen haber sido detenidos y acusados exclusivamente por ser sindicalistas que piden mejores condiciones de trabajo para los mineros de la provincia de Huarochiri;- instandole a no someter a quienes defienden los derechos humanos a investigaciones penales basadas en acusaciones infundadas, pues su labor es fundamental para la promoción y la protección de los derechos humanos de todas las personas.
Atentamente,
(
cerrar carta)


Gracias por registrar tus datos.


Información adicional:


Los sindicalistas Pedro Condori Laurente y Antonio Quispe Tamayo y otros miembros del sindicato de mineros de Casapalca, así como trabajadores de la mina, se han enfrentado a cargos infundados y a meses de prisión injusta al menos en tres ocasiones desde 2008, año en que se creó el sindicato. Entre los cargos formulados se encuentran los de “disturbios”, “homicidio culposo” de un policía durante una protesta, y “entorpecimiento al funcionamiento de los servicios públicos”. En los tres casos, a pesar la falta de pruebas, los jueces han dictado órdenes de detención.

En julio de 2010, Pedro Condori Laurente y Claudio Boza, secretario de Seguridad e Higiene del sindicato de mineros de Casapalca, quedaron en libertad tras permanecer siete meses recluidos, acusados del homicidio culposo de un agente de policía (véase AU 15/10, AMR 46/0002/2010,
http://www.amnesty.org/es/library/info/AMR46/002/2010/es). El juez resolvió que no había pruebas en su contra. El caso se encuentra en proceso de apelación.

Pedro Condori Laurente también estuvo encarcelado durante tres meses, junto con Antonio Quispe Tamayo, por “entorpecimiento al funcionamiento de los servicios públicos”.

Cinco trabajadores de la mina Casapalca estuvieron asimismo encarcelados injustamente durante más de seis meses en 2008, por cargos de disturbios. Quedaron en liberad cuando el juez resolvió que no había pruebas en su contra. La apelación presentada por la fiscalía aún está pendiente.

Amnistía Internacional cree que las detenciones de estos hombres y los cargos formulados contra ellos se deben a su labor, en la que han pedido respeto por los derechos humanos de los mineros.

En los últimos años, Amnistía Internacional ha documentado casos de personas que se han opuesto al gobierno o a sus políticas o los han criticado, y han sido detenidas por cargos infundados. En concreto, se ha producido un aumento del uso de cargos penales infundados contra miembros destacados de organizaciones que trabajan por la protección de los derechos humanos (véase Perú: Bagua, seis meses después. “Sólo por pensar diferente, por hablar diferente, nos están haciendo una injusticia”, AMR 46/017/2009,
http://www.amnesty.org/es/library/info/AMR46/017/2009/es). Los delitos, incluido el homicidio de agentes de policía, han de ser investigados; sin embargo, no deben utilizarse las investigaciones penales para atacar y perseguir a personas que desempeñan un papel destacado en la defensa de los derechos humanos. Para mayor difusión: http://www.facebook.com/pages/Solidaridad-con-Pedro-Condori-y-Antonio-Quispe/120508881356488?sk=wall



Radio Parapanda.
UN DEBATE EN BERLIN (ALEMANIA) SOBRE LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA

DERBI, YAMAHA Y ALSTOM


Mirando hacia atrás sin ira habría que decir que el Gobierno tripartito de Catalunya no sabía qué hacer con las multinacionales. Y observando ahora las cosas con no menos preocupación podríamos añadir que el Gobierno actual –de la derecha nacionalista— puede ser la prótesis de las multinacionales. Nos estamos refiriendo, claro está, a los casos de Derbi, Yamaha y Alstom, la vieja y mítica Maquinista Terrestre y Marítima. Ésta intenta el despido de 400 trabajadores.


Lo primero que podemos decir, con los datos en la mano, es que –al menos en el caso de Alsthom-- estamos ante una evidente deslocalización tecnológica en un repliegue hacia Francia. No es un problema de costes laborales: éstos, en Santa Perpetua de la Moguda, son inferiores a los de dicha empresa en Francia. Hacia una Francia que nunca dejó de practicar, de una u otra manera, el colbertismo.


Por otra parte, es de cajón que se va consolidando la nefasta práctica de las multinacionales de incumplir sistemáticamente los compromisos adoptados con el sindicalismo. En el caso de Alstom –como anteriormente en Nissan y otras— los trabajadores se encuentran ante la ruptura unilateral de los compromisos industriales firmados en julio del año pasado.


Pues bien, frente a todo ello es sorprendente, de un lado, la escasa atención informativa de los medios al problema, y, de otro lado, la indiferencia del nacionalismo catalán ante los problemas de Derbi, Yamaha y Alstom. No es que sea una novedad, pero tanta reincidencia parece excesiva. Sus preocupaciones están en otra galaxia: el soberanismo. Sin entender que –al menos en esa lógica— la problemática de tales empresas es un torpedo a dicho soberanismo. Tampoco es novedad. Pero tanta contumacia pasa de castaño oscuro. Ya lo dijo aquel: ese patriotismo es el refugio de los sinvergüenzas. De algo más que sinvergüenzas.


jueves 24 de marzo de 2011

CON EL GOBIERNO DE LOS INSURGENTES LIBIOS


Si se confirma la noticia de que “los insurgentes” han formado un gobierno provisional cabría esperar que la comunidad internacional el gesto de reconocerlo y las consecuencias de ello. Esta sería, también, otra forma de empujar a Gadafi a su lugar más natural: el estercolero. Por otra parte, esta nueva situación institucional interpela también a los sectores de izquierda que se han posicionado contra la intervención en aquel país.


Veamos, se puede estar en contra de dicha intervención por las razones que sean y --ahora, tras el nuevo dato—ponerse al lado de los insurgentes. Hago notar, sin embargo, que quienes hasta la presente se han opuesto a la intervención no se han referido a “los insurgentes”, algo inexplicable. Entiendo que ese vacío es harto difícil de explicar.


Voces habrá que dirán que el gobierno insurgente es un títere de las potencias que están interviniendo. Pero esto es sólo una hipótesis; la certeza –que es algo diferente a una hipótesis— es que “Gaddafi, ese hombre” es –como ha expresado Nicky Vendola—“uno de los peores dictadores del planeta”.


Por lo demás, artistas del 'no a la guerra' de Irak que acudieron, en Madrid, al acto de apoyo a Garzón, como la escritora Almudena Grandes, que ha calificado la intervención de "mal menor" que se justifica ante la necesidad de elegir entre la masacre de civiles inocentes o el peligro de reforzar una situación de guerra civil. "Es más urgente evitar una masacre indiscriminada". También el actor Juan Diego, para quien la intervención también es un "mal menor" porque se trata de un pueblo que se ha levantado contra "un tirano" en defensa de algo "absolutamente elemental" que hay que conquistar: la libertad. El cantante Miguel Ríos ha asegurado que ve "bien" la intervención en Libia porque el "sátrapa" de Gadafi está "masacrando" a su propio pueblo y porque todo el mundo, con independencia de su ideología ha coincidido en la necesidad de parar el problema libio con el mínimo daño posible. El poeta Luís García Montero ha asegurado que establecer un espacio aéreo como hace la resolución de la ONU es una decisión "incómoda" pero "necesaria" para evitar la masacre y supone una respuesta "mejor" que dejar que un dictador como Gadafi "machaque" a su pueblo. Finalmente, la Confederación Sindical de Comisiones Obreras y UGT apoyan la intervención.



Radio Parapanda. HOMENAJE A LIZ TAYLOR EN SANTA FÉ DE GRANADA

miércoles 23 de marzo de 2011

ESA CASTA PENDENCIERA DE LOS EXPERTOS



1-- Tony Judt, en su libro póstumo que recomendábamos el otro día, El refugio de la memoria, parece revocar a esa casta pendenciera: aclaro, de muchos, no todos los expertos. Para ello, el recientemente fallecido historiador, nos trae a colación un libro que en su época tuvo gran trascendencia, El pensamiento cautivo de Czesław Miłosz, hoy descatalogado para desgracia general. Judt, por ello, nos recuerda la figura del ketman. Milosz explica, "¿Qué es un ketman? Encontré la descripción en un libro de Gobineau titulado Religiones y Filosofías de Asia Central. La gente del Medio Oriente Musulmán cree que aquel que posee una verdad no debe exponerla, ni exponerse, a la ceguera y la terquedad de aquellos a los cuales Dios ha decidido mantener en cautividad. Uno debe guardar silencio sobre todo cuando se trata de convicciones propias. Sin embargo, en determinadas situaciones, el silencio no es suficiente y no solo se deben negar las convicciones, sino que también, por salvar su propio pellejo, es necesario repetir como un loro lo que se os demanda. La practica de ketman enorgullece a aquel que la ejercita, y el creyente se eleva a un nivel superior a aquel a quien engaña”.


Judt nos recuerda el tipo de ketman de todo un conjunto de expertos e intelectuales que rodearon a Bush II. Y, salvando las distancias –diría un servidor— a esa legión de influyentes expertos que pululan por doquier. Sin ir más lejos, esa cofradía de cortesanos que, en el campo de la economía y la sociología, dictaminan teológicamente sobre todas las cosas mundanas. Pongamos por caso que hablo de los Cien economistas. Por cierto, ¿qué saben de economía los que sólo saben de economía? C´est nombrilisme.
Esta es una gente nada común que, dentro de unos años, podrán decir desparpajadamente: “Tuvimos razón cuando nos equivocábamos”. Son primos hermanos de sus lejanos antecesores, los expertos que escribieron y asesoraron al casi laborista Philip Snowden (Ministro de Hacienda británico) para que se rindiera ante la Depresión porque no tenía sentido oponerse a las leyes ineluctables del capitalismo. Y que tienen, como familiares más cercanos, a los expertos que inspiraron ese teologúmeno thatcheriano de “no hay alternativa”. Que tienen además, como antecedente más lejano, a un gran experto, Frederick Taylor que, como Júpiter Tonante, sentenció: “Si la organización del trabajo debe ser científica, ¿qué pintan en ello los sindicatos?”, poniendo las bases de lo que se ha dado en llamar la democracia de los expertos.


En pocas palabras, una cofradía endogámica y, por tanto, autorreferencial que sólo ha dialogado entre ellos mismos. Una cofradía voluntariamente solipsista, donde las haya. Y, sin embargo, ha establecido un pacto de hierro con los poderes políticos y económicos en aras a consolidar el pensamiento cautivamente único.


2.— Por lo dicho hasta ahora parecería que el libro de Judt es un tratado de política. No tal: es una atípica y singular biografía, dictada cuando ya estaba avanzadísima su terrible enfermedad degenerativa y casi con dificultades en el habla. Que, en ciertos momentos, me ha recordado el libro del malogrado Albert Fina Sanglas, uno de los padres del iuslaboralismo patrio, “Conviure amb el càncer”. Más todavía, nos trae a la memoria el relato –también atípicamente autobiográfico— de otro Alberto, Asor Rosa:
El alba de un mundo nuevo. Otra auténtica joya, que nos retrotrae a aquella Roma città aperta.


Judt nos habla de sus primeras andanzas en la escuela primaria londinense; de los autobuses que tomaba para ir de casa al colegio; de los olores de las calles; de las tiendas de su barrio; de la más que austeridad de las familias … Y de más cosas de ese y otro tenor que no desvelaré para provocar la curiosidad del público. Claro que sí, entre col y col el autor explica cosas tan substanciosas como lo que se relata con relación a esa casta pendenciera de los expertos. A los que retrató
Renato Bruson en "Cortigiani, vil razza dannata" de Rigoletto. Y es que el maestro Verdi tenía muy buena vista…



Radio Parapanda. IMPORTANTES JORNADAS SOBRE EL ESTADO SOCIAL DE DERECHO Y SU VIGENCIA (Inscribíos los unos a los otros, siguiendo el mandato neotestamentario)



martes 22 de marzo de 2011

RECORDANDO A TONY JUDT




“Es difícil de imaginar a un director norteamericano o inglés haciendo un film como Mi noche con Maud (1969), de Éric Rohmer, en el que Jean-Louis Trintignan, durante más de dos horas, no acaba de decidir si se acostará o no con Françoise Fabian (en la foto), invocando en este proceso todo tipo de cuestiones, desde la apuesta de Pascal acerca de la existencia de Dios hasta la dialéctica de la revolución leninista. Aquí, como en tantas películas francesas, la indecisión más que la acción es la que impulsa la trama. Un director italiano habría añadido sexo. Un director alemán habría añadido política. Para los franceses, con las ideas es suficiente”. Y digo yo: pongamos que se habla de temas actuales.


Fragmento de “El refugio de la memoria”, de Tony Judt (Taurus, 2011). Página 124
. Que sirve como recomendación para leer este delicioso libro, especialmente cuando la tarde languidece y renacen las sombras.



lunes 21 de marzo de 2011

MÁS SOBRE LA INTERVENCIÓN EN LIBIA. Según Nicky Vendola



Un cierto sector de la izquierda se muestra radicalmente en contra de la intervención militar en Libia. Soy del parecer que el artículo de Paolo Flores d´Arcais –precisamente la anterior entrada en este blog— atina suficientemente y no tengo nada más que añadir. No obstante me parece de interés comentar las palabras del partido que lidera Nicky Vendola, Sinistra e Libertà, que, en su reciente resolución, afirma que “la guerra contra Libia es la respuesta más equivocada y peligrosa a la demanda de democracia que hay en todo el Mediterráneo en el curso de los últimos meses”.


Pongámonos, como hipótesis, en la piel de esta formación política y consideremos que atinan en el planteamiento. Así las cosas, ¿qué salida plantean los amigos de Sinistra e Libertà para salir del problemón libio? Textualmente lo que se dice a continuación: “Exigimos un inmediato alto el fuego que permita una negociación entre las partes que tenga como interés superior la protección de las poblaciones civiles con el objetivo de mantener la integridad y autonomía de aquel país bajo un gobierno democrático”.

A eso le llamamos en Parapanda ser
alma de cántaro, dicho sea con la mejor intención del mundo. O sea, cuando el Carnicero de Trípoli pone en marcha una descomunal masacre y no sólo niega la salida democrática sino que desde tierra, mar y aire dispara contra las poblaciones civiles, ¿hay salida para la –en este caso— piadosa jaculatoria de la negociación entre las partes? Ni siquiera san Francisco de Asís haría un planteamiento similar…

Lo más chocante es que alguien piense que Gaddafi está interesado en un “gobierno democrático”. Su interés –lo ha dicho por activa, pasiva y perifrástica— es eliminar físicamente a esas “ratas de Bengasi”. Naturalmente, entrando en esa ciudad como Franco lo hizo en Madrid… Decididamente, hay quien va con el lirio en la mano.



Radio Parapanda. VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN (Joaquín Aparicio) y HONDURAS DEBE RENDIR CUENTAS ANTE COMISIÓN INTERAMERICANA POR LA REPRESIÓN SOBRE LOS JUECES DEMÓCRATAS (Antonio Baylos)

domingo 20 de marzo de 2011

EMPIEZO A SALIRME CON LA MÍA EN ESO DE LOS COMITÉS



Casi me atraganto con el tejeringo esta mañana mientras desayunaba. Una tabarra que vengo dando desde hace dos décadas aparece en un artículo colectivo que hoy publica la separata sepia de El País, firmada por lo más granado de la flor y la nata del iuslaboralismo patrio. ¡Albricias!, exclamo. Transcribiré, primero, el párrafo y, después, editaré alborozadamente tan suculento artículo. Dice: “Es preciso, asimismo, acabar con la dualidad del tipo de representación de los trabajadores en la negociación colectiva empresarial y reconocer legitimación negocial a las organizaciones sindicales en razón de su representatividad, para dotar al régimen de coherencia y uniformidad en la determinación de los sujetos negociales”. Bien dicho, y –despejado el atragantamiento— sigo con mi robusta ración de tejeringos. Pienso que mi encabezonamiento empieza a dar unos primeros frutos. Y, desde aquí, ruego encarecidamente a mis sobrinos Antonio Baylos y Joaquín Aparicio –dos conspicuos abajofirmantes-- que me pongan a los pies de la primera redactora, la profesora Margarita Ramos Quintana. Y, mientras sigo con mis tejeringos, leo el trabajo colectivo. Que dice lo que verán ustedes:



La reforma del mercado de trabajo llevada a cabo por la Ley 35/2010, de 17 de septiembre, dejó aparcada la relativa a nuestro sistema de negociación colectiva, al ser este un aspecto absolutamente vertebrador del modelo de relaciones de trabajo cuyos artífices deberían ser los propios interlocutores sociales, organizaciones sindicales y empresariales más representativas, que son, en definitiva, los constructores y aplicadores del sistema negocial de condiciones de trabajo. El plazo dado a dichas organizaciones expira el próximo día 19 de marzo, y de no alcanzar acuerdo al respecto, podrá intervenir el Gobierno estableciendo unilateralmente los contenidos de dicha reforma.

La estructura de la negociación colectiva responde a un esquema complejo que ha ido tejiéndose y consolidándose a medida que la actuación y la interlocución de los agentes negociadores han ido alcanzando experiencia y madurez. En el momento actual, tratar de articular la negociación colectiva de condiciones de trabajo de la mayor parte de la población trabajadora en este país a través de la potenciación de los convenios colectivos de empresa encierra una opción de una radicalidad inexplicable, al constituir, de forma meridianamente clara, la desvertebración del sistema negocial y la fragmentación del régimen de condiciones de trabajo. Si al fortalecimiento del convenio empresarial le acompaña la propuesta de desaparición de convenios colectivos supraempresariales (provinciales o autonómicos) por la complejidad que esos niveles, se dice, entrañan, y se complementa con el mantenimiento de los convenios sectoriales de ámbito estatal, la desarticulación negocial empezaría a estar asegurada. Porque los convenios de sector estatal, prácticamente, se limitan a la articulación de los niveles inferiores de negociación y a establecer contenidos mínimos en limitadas materias relativas a condiciones de trabajo. Por el contrario, la negociación colectiva supraempresarial de ámbito inferior al estatal, con independencia del nivel que se escoja, ha desarrollado y, sin duda, puede seguir desempeñando un papel relevante de determinación y objetivación de condiciones de trabajo, como voces empresariales han reconocido.

Para las empresas, en especial para las pymes, el convenio provincial o autonómico puede constituir una importante herramienta de solución de aspectos y condiciones que a nivel empresarial serían de difícil determinación, lo que no restaría eficacia al objetivo de adaptabilidad de su contenido a la realidad económico-empresarial. Ha de recordarse sobre este extremo que la Ley 35/2010 introdujo importantes dosis de flexibilidad interna, permitiendo que el empresario adopte medidas de modificación de condiciones de trabajo pactadas y proceda al descuelgue salarial respecto de lo establecido en convenios de ámbito superior en situaciones de crisis o dificultad económica. Y por lo que a los arbitrajes se refiere, en cuanto fórmula de resolución de discrepancias por la aplicación del convenio colectivo, difícilmente y como regla general pueden tener carácter obligatorio, en la medida en que una fórmula de ese calibre lesionaría la libertad sindical y la autonomía colectiva de representantes de los trabajadores y de los empresarios, conforme señala la Constitución y ha avalado el Tribunal Constitucional. El arbitraje es una fórmula de hetero-composición de los conflictos y discrepancias laborales, por lo que representa un retroceso en los avances que podría arrojar el ejercicio maduro y responsable de las facultades inherentes a la autonomía colectiva, de modo que, siendo el arbitraje una fórmula jurídicamente viable, encierra, sin embargo, un cambio en nuestro modelo de negociación colectiva, hasta ahora basado en la gestión y administración del convenio por órganos paritarios.

Es preciso, asimismo, acabar con la dualidad del tipo de representación de los trabajadores en la negociación colectiva empresarial y reconocer legitimación negocial a las organizaciones sindicales en razón de su representatividad, para dotar al régimen de coherencia y uniformidad en la determinación de los sujetos negociadores. Por otra parte, los convenios colectivos de ámbito superior a la empresa tienen unas reglas de legitimación perfectamente adecuadas a exigencias de base constitucional, esto es, son negociados por sujetos de muy amplia base representativa, como son las organizaciones sindicales y empresariales más representativas con carácter general. Por consiguiente, desplazar la obligatoriedad del convenio colectivo no sobre la base de criterios de la representatividad que ostentan los sujetos que los negocian, sino sobre el número de empleados y número de empresas afectadas por el convenio, alteraría de forma radical las bases constitucionales del sistema de relaciones de trabajo.

En la determinación y composición del salario, así como en la fijación de mecanismos susceptibles de ser utilizados para asegurar su evolución atendiendo, al propio tiempo, a otros factores relevantes, como son la productividad y el empleo, la propuesta de vincular exclusivamente salarios con productividad encierra una operación muy delicada, por no decir, abiertamente, arriesgada. En primer lugar, el desarrollo de nuestra negociación colectiva no ha conocido hasta ahora un sistema de medición o cuantificación de esta naturaleza, por lo que no existen parámetros de medición objetiva ensayados y experimentados. Ligar, por el contrario, salarios con evolución del IPC ha comportado indudables ventajas, entre las que cabe destacar el aseguramiento de un poder adquisitivo en la contraprestación retributiva en la relación de trabajo. Ello, a su vez, repercute en el consumo y contribuye a dinamizar la economía. En segundo lugar, hacer depender los costes salariales de los niveles de productividad comporta, entre otros, el efecto de infligir a los trabajadores más sufrimiento: desde soportar en su salario las consecuencias de una deficitaria o mala gestión empresarial hasta el generalizado deterioro económico y empobrecimiento de la población trabajadora, especialmente en un momento como el actual de progresiva ascensión del IPC y previsible subida de los tipos de interés, con el consiguiente riesgo de disparo de la inflación.

El último de los núcleos duros de la reforma de la negociación colectiva lo constituye la denominada "ultraactividad" de los convenios colectivos, o la continuidad de la aplicación de sus condiciones objetivas de trabajo, una vez denunciado y abierto el periodo de renegociación del nuevo convenio que sustituirá al anterior. A la ultraactividad convencional se le imputa el efecto de producir inercia en el proceso de negociación para alcanzar un nuevo convenio. El motivo de su rechazo radica, fundamentalmente, en la falta de adecuación de los costes salariales y de la jornada de trabajo a las nuevas realidades de la actividad económica mientras se está sustanciando el procedimiento negociador. Pero nada se dice, y falta por analizar, el grado de indeterminación, inseguridad y, por consiguiente, de conflictividad que puede generar en nuestro sistema de relaciones de trabajo el limbo jurídico a que conduciría la supresión del efecto ultraactivo, al desaparecer todo marco objetivo de condiciones de trabajo.

Los postulados de reforma del sistema de negociación colectiva no solo deben atender criterios de eficacia y eficiencia económica, sino que, igualmente, están llamados a atender principios de cohesión económica y social, como presupuestos indispensables para asegurar su viabilidad y correcta aplicación. Estas propuestas que aquí se efectúan tratan de dar respuesta a un ejercicio de responsabilidad en momentos como los actuales en que es preciso ofrecer fórmulas de equilibrio para que la negociación colectiva sea un instrumento útil en la creación de empleo y dé sostén a un marco estable de condiciones de trabajo a fin de contribuir a la recuperación económica. Las organizaciones sindicales y empresariales en estos momentos están responsablemente llamadas a aproximar posturas y alcanzar acuerdos.

Firman este artículo Margarita Ramos Quintana (Universidad de La Laguna), José Luis Monereo Pérez (Universidad de Granada), Antonio Baylos Grau (Universidad de Castilla-La Mancha), María Amparo Ballester Pastor (Universidad de Valencia), Manuel Álvarez de la Rosa (Universidad de La Laguna), José Luján Alcaraz (Universidad de Murcia), Jaime Cabeza Pereiro (Universidad de Vigo), Julia López López (Universidad Pompeu Fabra Barcelona), Jesús Galiana Moreno (Universidad de Murcia), Eduardo Rojo Torrecilla (Universidad Autónoma de Barcelona), Teresa Pérez del Río (Universidad de Cádiz), Juan López Gandía (Universidad Politécnica de Valencia), Joaquín Aparicio Tovar (Universidad de Castilla-La Mancha), María Nieves Moreno Vida (Universidad de Granada), Rosa Quesada Segura (Universidad de Málaga), José Luis Goñi Sein (Universidad Pública de Navarra), Gloria Rojas Rivero (Universidad de La Laguna) y Carlos Alfonso Mellado (Universidad de Valencia).


Radio Parapanda. MISCELANEA PORTUGUESA




viernes 18 de marzo de 2011

UN DESCUIDO EN ESTA REFORMA DE LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA



Ya veremos en qué queda el asunto de la reforma de la negociación colectiva. En todo caso todo el itinerario de estas conversaciones indica lo que, en mi opinión, es una fuerte limitación del proyecto final, si es que lo hay. Me refiero al tabú de la representación, esto es: de los sujetos negociales que intervienen en los convenios colectivos.


Digamos las cosas con moderada sintaxis: las organizaciones sindicales están negociando un texto con la patronal para abrir un escenario diverso, pero siguen siendo intocables los actores principales de la cosa negocial, a saber: los comités de empresa. O séase, el sindicato establece la arquitectura para que los comités de empresa (que, como se sabe, no son sindicato) se pongan manos a la obra.


No hace falta que se me diga que viene, de algunos años acá, una práctica en la que los sindicatos, en tanto que tales, negocian directamente en los centros de trabajo. Pero, es sabido, que sólo se da en la gran empresa. Lo que equivale a constatar que muy mayoritariamente el actor principal de las negociaciones sigue siendo el comité. Para entendernos, estas conversaciones no abordan un tema tan notable como el de la representación. Que sigue pendiente ad calendas graecas. Más todavía, el protagonista de lo que se pretende reformar sigue siendo un sujeto (noblemente) envejecido. Como no es cosa de agobiar al personal, me limitaré a referir a quien esté interesado en saber qué entiendo por envejecimiento de dichos instrumentos que le eche un vistazo a la plática que sostuvimos Antonio Baylos y un servidor en
UNA CONVERSACION PARTICULAR. Donde, desde posiciones amistosamente contrarias, debatimos el asunto. No se recomienda la lectura a los propensos al ataque de miocardio.

jueves 17 de marzo de 2011

CONFUNDIR LAS CAUSAS CON LAS CONSECUENCIAS. La reforma de la negociación colectiva.





Escribe Joaquím González Muntadas



Un científico decidió hacer un experimento conductual, cazó una araña, le enseñó a acudir a él cuando la llamaba y empezó con su experimento:


– Araña, ven.– Y la araña fue hacia él. Entonces agarró sus alicates y arrancó una pata a la araña.


Volvió a dejar la araña unos metros atrás y volvió a llamarla:


– Araña, ven.– Y la arrancó otra pata.


Y así hasta que ya sólo le quedaba una pata, entonces llamó otra vez a la araña:


–Araña, ven.– La araña se arrastró como pudo y llegó hasta el científico, y éste la arrancó la última pata que le quedaba, la dejó a unos metros y volvió a llamarla.

La araña, ahora sin patas, no se movía y el científico cogió su bloc y apuntó:


«Si quitas todas las patas a una araña, se queda sorda».


Escuchando algunas conclusiones y propuestas para afrontar la necesaria reforma de la negociación colectiva, he recordado la fábula y lo fácil y engañoso que resulta confundir las causas con los efectos, y mucho más cuando la intención es llegar a conclusiones preestablecidas.


Es fácil confundir realidades inapelables, como el científico de la fábula, y como muchos de nuestros analistas de la negociación colectiva en España, que estos días describen los problemas del empleo, la productividad, la competitividad, la rigidez de las relaciones laborales, de los déficits formativos, etcétera.


Afirmaciones tales como que la recesión han provocado una gran destrucción de empleo, que el impacto de la crisis en nuestro país afecta mucho más a las tasas de paro que en las economías de nuestro entorno, que los costes unitarios crecen de forma poco competitiva en relación con el exterior y que nuestra tasa de paro es de las más altas del mundo, son tan ciertas como que no tenemos una fuerza laboral barata que trabaje muchas horas, ni con una alta cualificación, que nos permita competir por productividad y calidad.


Podríamos llenar cientos de páginas con afirmaciones muy ciertas contenidas en informes y artículos publicados estos días para argumentar acerca de la necesidad de establecer un modelo de negociación colectiva pensando que con una adecuada descripción de la realidad no nos engañaremos. Sin embargo, lo engañoso no es la descripción de la realidad, que comparto, sino las conclusiones: la gratuita afirmación de que la causante de nuestros males es la legislación actual como de forma machacona nos trasladan los “cien expertos” o el reciente informe de FADEA.


A mi juicio, el problema no está, o no esencialmente, en la actual ley a reformar. Creo que el problema radica, muy especialmente, en las políticas que practicamos las patronales y los sindicatos; es decir, en las prioridades, en los objetivos y sobre todo en la confianza en la negociación colectiva que tenemos la patronal y las federaciones sindicales, y si consideramos que la negociación colectiva o la autonomía de las partes son el instrumento más eficaz, o no, para regular la realidad de las relaciones industriales y laborales. Y hasta hoy, eso lo deberíamos reconocer, no ha sido así de manera generalizada. Por el contrario, ambas partes hemos apelado constantemente al cambio legislativo como fuente más segura para avanzar en nuestras propuestas. Por ello, coincido plenamente con la afirmación que hace Miquel Falguera en su trabajo: LA REFORMA DE LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA ¿PARA QUÉ? porque resume bien lo que yo quiero expresar. Comparto su afirmación de que: “no creo que la cuestión nuclear pase tanto por el cambio de la ley reguladora de la negociación colectiva en su marco general, sino en las prácticas convencionales imperantes”. Y coincido porque no ha sido esencialmente la actual regulación la que explica los problemas de atomización y debilidad de la negociación colectiva, puesto que ha permitido hacer del convenio colectivo, incluso desde el ámbito estatal, un instrumento capaz de facilitar las reglas para afrontar y gobernar el desarrollo de la diversidad de empresas de un sector. Y no al precio que algunos hoy nos proponen, es decir debilitando el convenio y sus contenidos, desde la desregulación de derechos para reforzar el autoritarismo rancio con el que no pocos sectores empresariales han tenido, y siguen teniendo, serias dificultades reales para gestionar los cambios en la empresa.


Con la actual Ley hemos construido, año tras año, convenios colectivos como el General de la Industria Química, que incide y actúa sobre el coste real de los salarios en las empresas. Se ha regulado el salario variable y la flexibilidad, se han establecido fórmulas de articulación que atienden la realidad de cada empresa, tanto en situaciones de pérdidas como de mejores resultados, que pueden desarrollarlo, adaptarlo y mejorarlo. Esto se ha podido, y se puede hacer, con la actual regulación.


Al igual que se puede hacer del convenio colectivo una fuente de derechos y de obligaciones que refuerce la participación de los trabajadores en la empresa; que exprese, por su contenido vivo, que las relaciones laborales son el salario y la jornada y que no se limitan a fijar sus cuantías sino que asumen que están tambien condicionadas por una realidad más compleja, de tal modo que dote al sector de instrumentos para el gobierno de la flexibilidad en las empresas, instrumentos de mediación e incluso de arbitraje propios (la Memoria de Actividades 2010 de la Fundación SIMA señala que el 23% del total de los procedimientos realizados por este organismo corresponden al Sistema que el Convenio Químico tiene integrado en dicha Fundación), de comisiones de igualdad, medio ambiente, salud laboral, formación profesional y de un observatorio para el seguimiento de la aplicación del convenio en la (Encuesta Aplicación CGIQ) o la Fundación Química y Sociedad, que el convenio impulsa y en la que, junto a patronal y sindicatos, participan los colegios profesionales, el Colegio de Decanos Químicos, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Expoquimia, en definitiva, todos los agentes interesados y comprometidos con el sector y su futuro. Y de una Comisión Mixta Central, y Delegadas como la de Catalunya, que han gestionado y atendido 276 consultas en su última vigencia con 96 % de acuerdos.



Y en la misma linea, con realidades y, consecuentemente, con contenidos distintos, el Convenio Estatal del Sector Textil Confección ha sido un instrumento real y útil a las empresas y trabajadodores, ya que, más allá de introducir mecanismos potentes de regulación de la flexibilidad de la jornada, propios a las necesidades del Sector, mediante la redacción dada por su art. 37 , constituyen un claro ejemplo de que un convenio colectivo sectorial puede dotar a las empresas de los medios necesarios para acordar a regulación de la flexibilidad de la jornada, ajustádola a las particularidades y a las necesidades productivas de cada empresa. Eso sí, con reglas; situando una norma general para la negociación en la empresa sin acudir a la via del descuelgue y inaplicación del convenio colectivo como ha introducido la última Reforma Laboral, sino preveyéndolo en el mismo convenio. Estableciendo los mecanismos para el caso de que no se produzca acuerdo en la empresa, mediante la implantación de dos procediemientos más, el a/ y el b/ , alternativos, que regulan y garantizan que las necesidasdes productivas serán atendidas, pero evitando el libre albedrio de la empresa y garantizando la intervención sindial. Un Convenio Colectivo que ha permitido impulsar instrumentos de dialogo e iniciativas que se concretaron en el Plan de Apoyo al Sector firmado con el Gobierno Central y los Autonómicos. Un convenio que su renovación ahora está centrada en incorporar instrumentos de gestión participada en la empresa entre los representantes de los trabajadores y sus sindicatos con la gerencia, para evitar que la destrucción de empleo sea la única solución que resuelva lo que hoy es el primer problema del sector: una demanda en muchas empresas del 70 al 80% de su capacidad de producción.


¿Por qué resalto la experiencia de estos dos Convenios Colectivos, (no estoy tan seguro que lo pudiera hacer si, por ejemplo, fueran de ámbito provincial) como otros pueden resaltar otros convenios colectivos?, Porque entiendo que si la reforma al final acabara como los “ sabios” reclaman de forma general --“ favorecer la descentralización como base de la flexibilidad interna”-- acabariamos tiirando el agua sucia de la palangana con el niño dentro, si al final se debilitia el valor y la eficacia del convenio colectivo.


Si la modificación de los arts 84 y 83 del ET (que por cierto hoy ya permiten la concurrencia de diversos ámbitos si así se pacta en el convenio) para facilitar la concurrencia y la relación entre convenios colectivos se concreta por ley con una distribución cerrada, rígida, de materias, según los ámbitos (sector y empresa) como han defendido los defensores de descentralización, puede ocasionar serios problemas en el desarrollo y aplicación de más de un convenio colectivo, lo que no sería en absoluto un avance, sino, muy al contrario, sería convertir de hecho los actuales convenios colectivos estatales en prácticamente unas nuevas ordenanzas laborales. Y ello sería así, porque no pocas veces se mantiene la confusión cuando se habla de estructura de la negociación colectiva mezclamos, como si fueran la misma cosa, concurrencia y articulación.


Pero sabemos que son cosas distintas. La “concurrencia” pretende defender unos ámbitos de negociación de otros, disputando las materias negociables en cada uno, cerrando sus contenidos a su nuevo examen en otros. Parte en realidad, sin decirlo, de la vieja concepción de convenios “de mínimos” y el miedo a su “mejora en cascada”. Así era además cuando las “ordenanzas” fijaban un punto de partida; pero entonces no estaba “prohibida”, sino prevista, su mejora en la negociación colectiva. La “articulación” por el contrario supone establecer las pautas, criterios, mínimos en ocasiones, y también máximos si corresponde, para el desarrollo y la aplicación de materias, y ello a través de su desarrollo mediante una efectiva “negociación” en ámbitos inferiores, para su adaptación a la concreta realidad de tales ámbitos, sin miedos a hablar de todo. Muy al contrario pues de lo que son algunas de las propuestas que hoy hablan de la negociación en la empresa pero curiosamente desde el nuevo “hecho” de no aplicación del convenio colectivo en la misma.


Ahora, después de las modificaciones habidas en la última reforma laboral que regula la no aplicación en las empresas de algunas materias de los convenios, se ha extendido como mancha de aceite la idea, o mejor el cliché, de que los convenios colectivos sean estatales, autonómicos o provinciales, son un corsé que no responde a la realidad de la empresa y que es éste, el de empresa, el que debe ser el ámbito central, el núcleo duro de la negociación, formulando de forma clara que hoy lo que se debe favorecer son los convenios o pactos de empresa, por encima de los convenios de ámbito superior, dejando a estos materias genéricas, como la clasificación profesional, el régimen disciplinario, los tipo de contratos o derechos sindicales. Pero los derechos y obligaciones, las normas que regulan la organización del trabajo, la regulación de la jornada, el salario, su estructura y sus incrementos, los criterios a considerar para los mismos, eso, se afirma, debe examinarse en la empresa, es en la empresa donde se debe negociar.


De imponerse este modelo en la Reforma, acabará debilitando las paredes maestras de algunos convenios, precisamente los que, como en el Convenio de la Industria Química y otros en los que su valor lo da su fuerza de aplicación en las empresas, en todas las empresas, en las pymes y en las grandes, y en especial el que en su ámbito estén los grandes grupos industriales, nacionales y multinaciones. Para ello el convenio debe tratar el coste real del trabajo, los sueldos y salarios reales, directos e indirectos y es de esa forma como el Sindicato asume el interés de tratar y regular también en el Convenio Colectivo aquellas materias de flexibiliad más difíciles de abordar en el convenio sectorial si este regula sólo los salarios de tablas y más cuando éstas, en el mejor de los casos, si no son absorbibles los incrementos, representan el 60 o 70% de los salarios reales, o el 50 % para los trabajadores con responsabilidades y cualificanción en las empresa del sector.


Pero, de verdad, la intención, nada disimulada, de la Reforma reclamada por los determinados sectores y “expertos”, no consiste sólo en establecer donde se negocia o sea los ámbitos, ni quién lo negocia, sus instrumentos, la legitimación de la patronal y los sindicatos, etc., sino y especialmente “el qué”, el contenido de lo que le han venido a llamar, y en parte con razón, la insensibilidad de los actuales convenios colectivos al cambio del modelo productivo y con ello la dificultad para gestionar las modificaciones en la organización del trabajo.


Son materias que han estado en los diversos ANC, ligadas a la flexibilidad, a la organización del trabajo. Materias que han tenido serias dificultades para avanzar durante estos años en el contenido de los convenios. Y ahora hay una voluntad clara por parte de la patronal, para, por la vía del DESCUELGUE CONVENCIONAL, utilizando el Artículo 41 de ET, o por la vía de forzar LA MEDIACIÓN y en no pocos casos EL ARBITRAJE VOLUNTARIO U OBLIGATORIO (sabiendo que ARBITRJE OBLIGATORIO tiene serias restricciones legales como todos sabemos), incidir de forma directa en el contenido de la negociación colectiva. Y es en esta lógica que también se entienden algunas de las propuestas de nuestro documento de propuestas sindicales, las que son, o deberían ser también “el qué”, el contenido de los convenios colectivos. Me referiero al capitulo de los derechos de información, seguimiento y participación sindical.


De entrada, nada que objetar. Pero el riesgo estaría en que, en el juego de intercambios entre lo que pretende la patronal y lo que pretendemos nosotros, en “el qué”, en la práctica se introduzca más la Reforma en el contenido de los convenios, que cambiemos, como los indios con Colón, oro por cristalitos de colores. Y ello sería así porque es muy probable que si en muchos convenios hasta hoy no hemos avanzado en derechos de participación e información, no será fácil, y menos gratis, hacerlo ahora de golpe con esta reforma. Menos ahora, cuando hay mayores contradicciones y dificultades que hace unos años. Nosotros queremos reforzar el instrumento de la negociación colectiva y otros quieren el contrario, debilitarla, y, si más no, adelgazar el marco sectorial y reforzar el de empresa por la vía legal. También esto se puede hacer ahora, negociando, pero me temo que ellos, como nosotros los sindicatos muchas veces, reclaman que sea el legislador quien avance por ellos y que compense en parte el fracaso de su negociación colectiva.


Pero si al final el resultado es un avance en la unilateralidad de la empresa como reclaman algunos sectores empresariales, y como por cierto ha representado la última Reforma Laboral invadiendo convenios colectivos que tenían regulado, y bien, el descuelgue, dejando sin efecto sus propois procedimientos, muy efectivos, que reguban la no aplicación del convenio colectivo y que formaban parte de un todo, de los equilibrios y contrapartidas que en difinitva es un convenio colectivo. Si la palanca para que la negociación colectiva asuma la regulación real de la relaciones laborales, tan cambiantes en el mundo del trabajo, como han pretendido los distintos ANC y que no han conseguido plasmarse en los convenios, va a ser ahora la ampliación de lo establecido por la Ley 35/2010 sobre descuelgue salarial y las modificaciones sustanciales de trabajo, ni con ésta ni con 100 leyes futuras , se conseguirá que el convenio colectivo se perciba como la forma más inteligente, útil y eficaz para la gestión de las relaciones laborales e industriales en la empresa y , para que ésta, juegue el papel necesario de mejora de nuestra competitividad, de la que tan necesitados estamos.


No entro a comentar las últimas propuestas del Gobiernos, y otra vez de los “expertos”, de alinear por ley los criterios de negociación salarial en los convenios y de si estos parten con la referencia a la productividad o a la inflación, y tampoco alcanzo a deducir que ley puede condicionar la libertad de negociación salarial en las empresas y los sectores pero sí afirmo que lo hacen desde el más absoluto desconocimiento de lo que es la negociación colectiva o, lo que es más grave, desde el desprecio a la misma como si las relaciones laborales respondiaran a edictos. Seguro que tendremos tiempo de profundizar en la materia.


Para acabar, y como conclusión,: ¿es necesario cambiar la lógica de la negociación colectiva?, Si. ¿La reforma puede ayudar?, por supuesto que sí, y estoy convencido que así sera si es fruto, como parece, de un buen acuerdo entre CEOE y CC.OO y UGT que responda al mundo real de la empresa y sus problemas y no a teorías y soluciones fáciles, ni confundiendo las causas con las consecuencias como nos proponen los falsos cientificos.




Joaquim Gonzalez Muntadas
Secretario General de FITEQA CCOO

miércoles 16 de marzo de 2011

RICARDO MARTINEZ MARIN Y EL MEMORIAL DEMOCRATICO


Escribe: Carlos Martínez



Ricardo Martínez Villa es un hombre de 80 años. Diría un anciano, pero ese término no pega con mi padre, al que hace poco le han salido canas, compra sus viajes del Inserso por internet y chatea con mi hija. Ricardo Martínez Villa es mi padre, Ricardo Martinez Marín era mi abuelo, del que no puedo decir nada porque nada apenas sé que era joyero, que fue de la CNT, que murió en enero del 39, en Fuenteovejuna –Córdoba- en una absurda ofensiva militar (perdón por la redundancia). Poco más, por si se lían con estos dos Ricardos, les ayudaré: Ricardo Martínez Marín es el joven en blanco y negro de la fotografía de estudio, de allá por los treinta. Ricardo Martínez Villa es el del bigote, como ven es contradictorio, el más viejo el hijo y el más joven el padre. La foto a mi padre se la hecho yo, la de mi abuelo no la pudo hacer su hijo, cuando le dijeron que su padre estaba en algún sitio indeterminado de Fuenteovejuna, pero que con toda certeza muerto, ni tenía edad para hacer fotos, ni tenía dinero para poder comprar una cámara; tampoco cuando tuvo que empezar a trabajar en una farmacia con 12 años en la que se jubiló con 64, en la misma farmacia de la madrileña plaza de Tirso de Molina, luego le regalamos una cámara de video.


Leo con estupor el cierre de Memorial Democrático. Y ustedes se preguntarán que tienen que ver los dos Ricardos y este Carlos, de Madrid, con el Memorial Democrático, y yo se lo explicaré, si les interesa.


Yo viví siempre intrigado por la foto de mi abuelo, su ausencia, el silencio que envolvía su figura. Ya mayor, mayor que mi abuelo Ricardo, ya con dos hijas pequeñas, como él cuando a él le hicieron faltar a su familia, decidí investigar: nada más difícil sin el interés de mi padre por ello-silencio protector- y si además la absurda ofensiva de Extremadura, descabellado intento de romper las líneas de los sublevados con un ejército formado por formado por hombres recién reclutados, a cinco minutos del final de la contienda, enero de 1939, apenas ha sido estudiada por historiadores. Nada, ni en las webs de las asociaciones de Memoria Históricas, ni en el silencio obsceno de un ayuntamiento de tan resonancias tan literarias. Por cierto, que pese a esto, mancos para escribir contestando a mis peticiones de información.


Entremedias la Ley de Memoria Histórica, y la amabilidad extrema del funcionario del Ministerio de Justicia de la madrileña Plaza de Benavente me permitió conseguirle a mi padre un certificado de REPARACIÓN Y RECONOCIMIENTO PERSONAL , manuscrito del ministro, como Víctima de la Represión.


No es mucho, no obstante ese papel, le supuso a Ricardo hijo, mi padre, una especial emoción.


Cual no sería mi sorpresa al venir mi padre a casa con un sobre de la Generalitat de Catalunya, que una vez abierto contenía toda la documentación de la búsqueda de Ricardo Martínez Marín, mi abuelo, en todos los registros civiles y militares posibles, para después de un concienzudo exámenes concluir, que sí, que su cuerpo debe estar en las fosas comunes del cementerio municipal de Fuentevejuna, donde un 22 de enero de 1939 había sido muerto a balloneta calada. Un informe firmado por MARIA JESÚS BONO LAHOZ a la que nombro para que agradezca a toda la gente el trabajo, profesional y sensible, que hicieron.

-PAPÁ:¿ Cómo has conseguido esto?
-Metí los datos en una web que se llama
http://www20.gencat.cat/portal/site/memorialdemocratic


Hoy dicen mis amig@s de Barcelona que esa derecha tan europea y tan civilizada, que tanto añoramos desde el Madrid de la Esperanza, va a suprimirlo.
http://www.elpais.com/articulo/cataluna/cierre/politico/Memorial/Democratico/elpepiespcat/20110314elpcat_6/Tes


Como pueden ver es una oficina inútil.


Por cierto un 22 de enero de 2001 nacía mi primera hija, Marina, a la que todavía no le he explicado por qué yo no conocí a mi abuelo Ricardo, si ella sí va a su escuela de música con su abuelo Ricardo.


Y a mi padre le he prometido que pasaremos por Fuenteovejuna, él y yo, solos, cerca del cementerio, por dentro o por fuera, no para desenterrar los huesos del otro Ricardo, el joyero, si no para que la verdad jurídica pueda valer de un mínimo consuelo en una primavera del siglo XXI. En cuanto se aclare la primavera.

Nota editorial. Véase el comentario de don Lluis Casas.

martes 15 de marzo de 2011

EL SILENCIO DE LA FAMILIA SOCIALISTA


Homenaje a Consuelo Tamayo "La Tortajada", de santaferina natío.




La prensa ha puesto de manifiesto la contrariedad de conspicuos dirigentes socialistas vascos –empezando por el lehendakari Patxi López— con el presidente Zapatero con relación al asunto de la hipotética legalización de SORTU. Pues bien, se me viene a la cabeza alguna que otra reflexión colateral.


Lo primero: no es baladí este desencuentro como tampoco lo fueron, en su día, algunas de las ásperas desavenencias entre el premier catalán José Montilla y Rodríguez Zapatero. Sin embargo, debemos constatar que, hasta la presente, no han aparecido matices, desacuerdos ni faltas de sintonía entre la familia socialista en torno a la política económica y social del gobierno español. Se diría que sobre las “cosas de comer” la familia está silente. Y es, precisamente, en ese escenario –en la cuchara, cuchillo y tenedor del público— donde se están ventilando los grandes problemas que acucian con mayor agobio a los sectores populares. Más todavía, es ahí donde la socialdemocracia española se juega los cuartos en las próximas elecciones. Y, tal vez, será en dicho escenario (en el de las “cosas de comer”), donde –pasados los comicios— se producirán las discusiones, ya a toro pasado, entre los exponentes de las diversas cofradías socialistas.


Me pregunto, y sigo sin saber la respuesta –ni siquiera por aproximación— las razones de esa mudez, justamente en el escenario donde se está dando la mayor distancia y desafección entre el público y el presidente Zapatero. Es, además, en ese “territorio” donde se está produciendo el desarbolamiento entre la socialdemocracia y el común de los mortales que observan hasta que punto se está consolidando una peligrosa indistinción entre las políticas económicas de babor y estribor. Se trata de una indiferenciación que tiene su base en que “esa epifanía del entrepreneur como la fuerza real de progreso y de modernización de la sociedad es muy poderosa y constituye una operación muy extendida que idealiza al empresario y le eleva a la altura de un demiurgo activo y deseoso del mundo y de la humanidad”, según ha escrito Antonio Baylos en un artículo, Sadismo, delito y sistema de libre empresa, que podremos ver en el próximo número de la revista granadina Izquierda y Futuro, que dirige con mano ducha el amigo Javier Terriente y administra con sabiduría Rafael Rodríguez Alconchel. A éste último le deseamos lo mejor en su próxima reaparición en la vida política de Santa Fe, capital de la Vega de Granada.



Radio Parapanda. Exige nuevamente la libertad de Pedro Condori y Antonio Quispe que siguen presos por ser sindicalistas en Perú




lunes 14 de marzo de 2011

JUVENTUD PORTUGUESA, JUVENTUD ESPAÑOLA



La importante movilización de la juventud portuguesa ha significado toda una novedad en el panorama político y social de aquel país; no porque sea la primera vez sino por la amplitud y la extensión de la protesta. Así las cosas, la primera interrogante que nos viene, de sopetón, es: ¿por qué en Portugal y no en España? A buen seguro que nuestra juventud se lo está planteando ya. Por mi parte me propongo indiciar algunas respuestas provisionales.


Lo que no se puede decir es, que hasta la presente, nuestros jóvenes estén en Babia. De hecho hubo muchas voces bien informadas que convinieron en la gran participación de la muchachada en la huelga general del 29 de Setiembre tanto en la preparación de aquel conflicto como en su visible presencia en la calle. Conviene reseñar que dicha participación no fue subalterna, sino con propio rostro –con alma joven, si se admite esta imagen; no “adherida” sino en activa e inteligente corresponsabilización; y no “aliada” sino coaligada con el resto del conjunto asalariado. Lo que viene siendo natural en el desarrollo de la presión colectiva, tanto en las huelgas generales como en otras formas de presión, que se han desarrollado en nuestro país en los últimos años. Es más, yo diría: esta participación juvenil es mucho mayor, al menos cuantitativamente (no sé ahora si cualitativamente), que cuando mis años mozos. En pocas palabras, no hay motivo alguno para la nostalgia de cuando los jóvenes se tiraban a la calle en aquellos viejos tiempos. Que no debe haber melancolía por ello lo demuestra un hecho no suficientemente destacado todavía: el protagonismo de la juventud en los grandes acontecimientos actuales del Magreb.


Nada hay, pues, que concluya que Portugal tiene una juventud fetén y en España la chavalada está en la inopia. Yo diría que unos y otros están exigiendo y con el mazo dando. Más todavía, ¿hemos de pedirles lo que no somos capaces de exigirnos los maduros, veteranos y provectos a nosotros mismos? Eso sería la ley del embudo: ancho para nosotros, estrecho para ellos. Una complaciente autorreferencia.


Dígase con claridad: bienvenidas sean las movilizaciones de nuestros jóvenes españoles. Pero un servidor es de la opinión que, siendo necesaria esa emulación a los portugueses, lo fundamental es que el sindicalismo confederal español y nuestra izquierda hagan de la “cuestión juvenil” un razonado banderín de enganche y no un añadido a la retahíla de reivindicaciones formalmente prioritarias. Un ejemplo: salvando las distancias que se quieran la gran huelga general del 14 de diciembre famoso fue paradigmática contra aquel contrato juvenil.


Casi, casi tartamudeando diré: así como el sindicalismo confederal tiene toda una serie de instrumentos generales (la plataforma reivindicativa, el convenio y las diversas prácticas contractuales, un tanto envejecidos), todavía no cuenta con instrumentos particulares para representar y defender a la juventud: entiéndase, a la juventud en tanto que tal. De manera que es preciso repensar de qué manera se estructura un ethos entre sindicalismo confederal y juventud. De ese modo el sindicalismo conseguirá lo que aquel joven de ochenta años, Bruno Trentin, llamaba “sindicato general”. ¿Cómo? A mi edad ya no doy para más.