jueves, 29 de marzo de 2007

AHORA UN BUEN CACHO DE EUROPA SOCIAL (2)



Cipriano García, "Cipri", flanqueado por admiradores. Según fuentes regularmente desinformadas podría tratarse de una manifestación en Barcelona.



Hace días proponíamos “una pizca” de Europa social. De ninguna de las maneras nos conformamos con ese trocito, más bien era una indicación con dos propuestas concretas que son factibles y, desde luego, necesarias. Naturalmente el Congreso de la Confederación Europea de Sindicatos debe ser más ambicioso. De momento le ha llegado una propuesta reformadora desde Comisiones Obreras. Se trata de la conformación de un espacio europeo de relaciones laborales. O, lo que es lo mismo, la convencional arquitectura ‘institucional’ que permita gradualmente el juego contractual de los representantes sindicales y empresariales o, como se dice de manera almibarada, de los agentes sociales. Interpretando aproximadamente bien a Javier Doz podemos ofrecer la justificación de la propuesta y algunos de los contenidos más sobresalientes de la misma.

Concretamente: la CES debe permanecer atenta a la ofensiva contra el modelo social europeo, caracterizado por legislaciones laborales avanzadas, sistemas de negociación colectiva y diálogo social eficaces, sistemas de protección públicos y universales ante contingencias vitales y laborales básicas: desempleo, jubilación y salud. A estos derechos sociales, considerados en la mayor parte de los países europeos como derechos subjetivos, se añadieron otros atendidos por servicios sociales públicos o gestionados públicamente, algunos tan importantes como los de atención a las personas dependientes. La educación obligatoria y gratuita para todos, impartida por regla casi general en sistemas públicos de enseñanza, también ha sido considerada una de las componentes esenciales del modelo, que se ha recrudecido tras la ampliación de la UE, al constatarse las notables diferencias nacionales, diferencias que inciden en la existencia de grados de desigualdad e inclusión sociales bastantes diferentes (aunque no tan notables como en otras regiones del mundo) y que se extienden al terreno de la fiscalidad (modelo y presión fiscal). La falta de armonización de la UE en este campo es una de sus principales debilidades y factor de riesgo permanente para el modelo social europeo.

Una lectura atenta de las propuestas de otros sindicatos me lleva a una primera conclusión: el espacio europeo de relaciones laborales me parece la ‘enmienda’ más sobresaliente que hay encima de la mesa del congreso de la CES. Y, abusando de la jerga del cineasta José Luis Garci, la que contiene mayor fisicidad. Porque, de un lado, puede convertir al sindicato europeo en un sujeto colectivo con poderes para ejercer una adecuada representación del conjunto asalariado; y, de otro lado, se iría transformando la actual personalidad de la CES (como ‘coordinadora’, hemos dicho en otra ocasión) en una organización tout court.

Esto último es lo que no vemos con claridad en los documentos que ha preparado la comisión preparatoria del congreso. En los documentos hay una preocupación justa: el fortalecimiento organizativo de los sindicatos de los Estados nacionales. Nada que objetar, ¡faltaría más! Pero esta es una (ineludible) tarea que compete a estos sindicatos; a la CES le debe preocupar otra cosa, que no es ‘complementaria’ a lo anterior sino algo de primer orden: gobernar su transición desde ‘la coordinadora’ al sujeto colectivo con plenos poderes de representación y negociación. Por supuesto, con una estructura federal.

Ahora bien, la buena propuesta de Comisiones Obreras tiene una –no sé cómo decirlo: ¿animadversión?-- fuerte dificultad: la patronal europea no está por la labor. Debo aclarar que no estoy echando las culpas al empedrado, ni tampoco tirando de mano de un recurso más o menos tradicional. Y lo explico de la siguiente manera. Del mismo modo que la CES es ‘una coordinadora’, la patronal europea es algo parecido: un disperso colectivo gelatinoso sin poderes. La diferencia, sin embargo, es clara: la CES quiere ser un sindicato europeo (aunque no sabe cómo), mientras la patronal europea no quiere serlo, y por lo tanto no se plantea cómo serlo.

La patronal europea no quiere ser una organización tout court, porque en esta etapa de reestructuración-innovación le llevaría a compartir (cierto, de manera asimétrica) poderes con la contraparte sindical. De manera que piensan así: si nosotros, empresarios, podemos gestionar unilateralmente esos procesos y estos cambios que están en curso, ¿a santo de qué vamos a compartir nuestra discrecionalidad con los sindicatos? Es una argumentación potente que tiene sus más hondas raíces en la naturaleza del Poder (de los poderes), formulada de manera brillante por don Federico Taylor: si mi diseño de la organización del trabajo es científico, los sindicatos no pintan nada en ese escenario. A lo sumo que estarían dispuestos es formalizar eso que se llama diálogo social.

No tengo nada en contra del ‘diálogo social’. Pero, en los tiempos que corren, se está convirtiendo en una chuchería o, si se prefiere, en una baratija que tiene como intención soslayar el poder contractual. Porque, hasta donde mi sesera alcanza (a pesar de los años), una cosa es dialogar y otra negociar. Así pues, la necesidad de dialogar no se traslada, naturaliter, hacia la mayor necesidad de negociar. Bien están los ‘códigos de conducta de buenas prácticas’: nada que objetar al respecto. Pero, andando el tiempo, podrían esconder (y convertirse en placebos) la necesidad de incrementar el poder contractual del sindicalismo.

La patronal europea, pues, prefiere utilizar discrecionalmente su ius variandi, porque entiende que el Derecho laboral siempre es una interferencia. Porque, aunque el clásico dijera que “el Derecho laboral da voz a los trabajadores, pero también se la quita”, la ecuación de poco derecho laboral parece ser la más conveniente en la tradicional gestión empresarial que sigue anclada en el viejo taylorismo.

De ahí que la propuesta de Javier Doz (repito, sé que es una propuesta colectiva, pero este sindicalista se merece más lustre y personalización) sea importante. En todo caso el órdago reformador está encima del congreso sevillano de la CES. Si no se aprueba, el encuentro sindical europeo quedará por lo bajinis. Y si es asumido, el camino no será fácil: toda una áspera caminata se pondrá en marcha. Pero, poquito a poco, a través de ese espacio europeo de relaciones laborales podrá generar señas de identificación comunitaria entre una trabajadora de Parapanda (una ciudad a doscientos kilómetros de donde se realiza el congreso) con un trabajador de Milán, de un trabajador de Hamburgo con una de Glasgow, de un empleado de Calella con una de Bratislava, y así sucesivamente. Cosa que conviene a la construcción de Europa.

Postscriptum. Se encarga a Juanito Moreno que concrete con Emilio Gabaglio el día y la hora que vendrán a Parapanda; la comisión de festejos les ha organizado una buena en los terrenos sindical, cultural y gastronómico.

martes, 27 de marzo de 2007

DOS PROPUESTAS FACTIBLES PARA UNA PIZCA DE EUROPA SOCIAL (1)


Estamos a la vuelta de la esquina del año 2009. En esas fechas se darán dos acontecimientos: uno, habrá elecciones al Parlamento de Estrasburgo; dos, los viejos países miembros del patio de vecinos europeo deberán eliminar las restricciones –a menos que se inventen alguna triquiñuela-- a la libre circulación de los trabajadores de los nuevos países. Por cierto, la Presidencia estará en manos de Chequía y su lema será, al parecer, “Una Europa sin barreras”.


Es de esperar que el Congreso de la Confederación europea de sindicatos (Ces), que se celebrará dentro de unos días en Sevilla, dará un impulso al proyecto de la Europa social. Y, como dijimos ayer, también es deseable que el sindicato europeo proponga un mínimo común divisor de tutelas y protecciones sociales que, apoyadas consecuentemente, vayan creando razonables parcelas de welfare. La Ces, afirmábamos ayer, no puede continuar siendo una oficina de registro de lo que hacen los sindicatos de los diversos Estados nacionales. Ahora bien, mientras los congresistas deciden lo que estimen conveniente, por mi parte me permito hacer dos propuestas que son objetivamente una pizca de Europa social. Pero, antes de meterme en harina, séame permitida una justificación de las mismas.


El cuadro que regula la libre circulación de trabajadores está todavía lleno de agujeros y de cuestiones que precisan una pertinente aclaración. Especialmente en todo lo que se refiere a las cuestiones del welfare. Y faltan instrumentos de protección y tutela tanto por parte de las empresas como de las Administraciones públicas, piénsese por ejemplo en la ausencia de eficaces “redes de seguridad” como interferencia de las fricciones y estropicios de los mercados. En base a ello, pienso que sería factible poner en marcha antes de 2009 estos dos propuestas, esta pizca de Europa social.


La primera. La puesta en marcha de una directiva que haga obligatorio para todos los países miembros de un esquema de renta mínima garantizada. Aclaro: no estoy pensando en el planteamiento del basic income que defienden entre nosotros los profesores Antoni Domènech y Daniel Raventós, muy cercano al de Phillipe van Pariijs. Pienso en algo similar a la renta mínima de inserción que, negociada por los sindicatos catalanes en mis tiempos, se convirtió en ley del Parlament de Catalunya.


La segunda. Iría en la dirección de lo que apunta Global Adjustment Fund (GAF). Se trataría de un fondo que debería erogar prestaciones a los trabajadores afectados por despidos colectivos como consecuencia de las fluctuaciones del comercio internacional.



¿Qué cómo se financia todo ello? Pero, hombre ¿tengo que ponerlo yo todo? Por el amor de Dios, pon tú el resto. Gracias.



Naturalmente se trata de “una pizca”. Pero en todo caso algo más concreto que los planteamientos gelatinosos de las declaraciones, como la última, de la Comisión europea. Que por lo general le dan a la manivela de la retórica y, si rascas, sólo encontrarás que dicen: “Costa, la de Levante; playa, la de Lloret”, posiblemente en homenaje a la ópera Marina, del maestro Arrieta.



Parapanda, Marzo de 2007

Proyecto de Programa Estratégico y Plan de Acción



jueves, 15 de marzo de 2007

OTRA CONVERSACION PARTICULAR CON ANTONIO BAYLOS.



Trío Moderadamente Sinárquico (TMS) a la espera de ir a comer en el Bar Chiquilín (de Parapanda). Nadie como la Señora Alconchel, mamá de Rafael, ha cocinado el chotillo a la campera: se sabe que Arzak y Ferran Adrià fueron sus más aventajados alumnos. A sus pies, señora.



Querido Antonio:



Te diré que amigos, conocidos y saludos me han hablado la mar de bien de tu artículo Después del 11 de Marzo... que publiqué en esta tu casa, compartiéndolo con el blog
http://baylos.blogspot.com que, por cierto, está siendo muy comentado en estas tierras de Parapanda. Compartimos, como no podía ser de otra forma, lo que escribes y, además, nos hacemos las mismas preguntas sobre el Partido Popular. Es decir, también nos interrogamos sobre:



¿Hasta dónde está dispuesto a llegar – y hasta dónde realmente puede llegar – esta estrategia de movilización de militancia que ha puesto en práctica el Partido Popular y sus asociaciones satélites?



Te trascribo lo que, aproximadamente, fueron nuestras conclusiones, después de una tertulia que tuvimos en el Círculo Cultural Manuel Vázquez Montalbán. Algunos allegados quieren que vengas a Parapanda a conversar sobre el asunto, pero antes –para estar bien preparados y elevar el tono de nuestro coloquio contigo-- nos gustaría que nos dieras tu opinión sobre lo que me encargaron que te comunicara.



El proyecto de renacionalización del Partido popular es materialmente imposible, al menos en los términos que lo plantea su (numerosa) fracción apostólica. Así es que, sabedores los más doctos de ello, intentan otra cosa. Ahora bien, lo primero es lo primero: ¿por qué es materialmente imposible la renacionalización del Partido popular à la Aceves? Primero: porque el Estado nación ya no es lo que era. Es cierto que todavía sigue siendo algo imponente, pero comparado con antaño es pura herrumbre. Segundo: los procesos en curso de la globalización impiden esa vuelta atrás. Ni lo uno ni lo otro, sin embargo, impedirán manifestaciones físiparas, ni tampoco una descomunal ingesta de bicarbonato por nuestra parte.



Recuerdo, por si le falla la memoria a alguien, que estoy hablando del proceso de renacionalización que tiene en la cabeza Aceves y las cohortes de diverso pelaje que ahora le acompañan visiblemente. Hoy no es posible, nos parece, que cuaje un proyecto de por el Imperio hacia Dios. De donde inferimos que no cabe una concepción escatológica o, si quieres, teleológica de “España”. Por otra parte, la alianza entre –dicho en homenaje al inolvidable Jean Ferrat. ¿te acuerdas de él, Antonio?-- le sabre et le goupillon? Los sables están en su lugar, descansen; y los hisopos ya no tienen mando en plaza. ¿Es improvisada, Antonio, nuestra conclusión de que el Pp está construyendo conscientemente una aporía?



Yendo por lo derecho, si dicho partido está construyendo ese callejón sin salida será por algo. El tito Ferino (tu amanuensis cathedra) apuntó una hipótesis. Este representante del ramo de Artes blancas, sector Pastelería fina, apuntó lo que sigue: “esa” gente apunta a algo más que a volver al gobierno. Apunta a, por lo menos, tres cosas. 1) Que no avancen las conquistas democráticas en lo que Ferino llama los nuevos derechos cívicos; 2) arruinar el Estatuto de Autonomía de Cataluña, tenga éste el contenido que tenga; 3) que no haya gobierno alguno que arregle el problema de Eta, pues se cree que él y sólo él está llamado a ese cometido. Hablando en plata, este es el triángulo escaleno al que apunta el Partido popular. Naturalmente, si vuelven a tomar las riendas del gobierno, mejor que mejor. Claro, no olvido que para la clase política, de manera indiferenciada, tener el poder es un objetivo en sí mismo. Pero, tengo para mí que la escalada de una presión tan recurrente, amén de la trama de alianzas con los altos funcionarios eclesiásticos –o sea, lo que está sucediendo-- apunta a lo que Ferino llama el triángulo escaleno.



De momento, me callo. Porque espero tus observaciones (previas a tu visita a esta plaza) y porque, si nos aproximamos a un razonable diagnóstico, estaremos en mejores condiciones para abordar el “hasta dónde quiere y puede llegar el Partido popular”. Te saludo, a la parapandesa: con tres repiqueteos en la espalda. Pepe Luis López Bulla


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HABLA ANTONIO BAYLOS


Monseigneur:


Muchas gracias por la oferta de acudir a Parapanda a hablar de la cosa pública y ciudadana. Acepto encantado y a disposición plena.


Haces una serie de reflexiones a medias con mi eficiente amanuense que es difícil contestar. Hay un elemento sin embargo que quiero destacar y es el distanciamiento con la presencia tremenda del PP movilizado en Madrid, que hace que la mitad de mis contertulios sean mucho mas alarmistas e invoquen continuamente el pasado (no tan) remoto, ignorando que, como ha dicho un libro reciente, el pasado tiene instrucciones de uso que si no se siguen correctamente, invalidan sus lecciones.


Desde aquí - esa capitalidad tan gris - y dejando aparte los fantasmas del pasado, con lo que se relaciona esta estrategia es con la conciencia clara de los dirigentes PP - el triángulo Rajoy, Acebes, Zaplana - de que o ganan en el 2008 o son pasto de los jóvenes alevines liberales que preparan con alegría los útiles de Hannibal Lecter.


Pero yo concuerdo con el sabio Ferino en que este es un elemento interesante para explicar la calidad interpretativa o la pasión en la pronunciación del discurso, pero no para indicar el sentido y la proyección real del mismo.


En síntesis, el triángulo escaleno de Ferino es acertado, pero si creo que existe un proyecto más general de re-estatalización y de apostolado a nivel general, que se manifiesta en la necesidad de descarrilar los nuevos derechos civicos y en el anticatalanismo feroz que además encuentra complicidades en CLM, Extremadura y Andalucía, por señalar los territorios de los tres ex-tenores socialistas, pero donde ese discurso es muy vivo. Es sin embargo cierto que el sable descansa, pero el hisopo está en pie de guerra y el PP ha descubierto que el poder judicial le puede servir de forma diferente que el militar, pero con las mismas finalidades. El trabajo institucional que ha hecho entre los jueces es impresionante y el retroceso de las garantías por vía del juez (des)garantizador es clarísimo.


Hay por fin otro terreno muy importante que también quieren llevar a regla general - estatal, que es la relativa a una armoniosa mezcla entre urbanismo productivo y privatización de servicios públicos, objetivo que requiere acabar con obstáculos autonómicos como el catalán - y previsiblemente el vasco - en donde la autonomía política se enfrenta a esta homogeneización de los mecanismos de enriquecimiento y de privatización a través del mercado. Este asunto creo que forma parte también de la renacionalización a lo apostólico de Acebes y cia, aunque desde luego es más "moderna" - en el sentido del libro sobre la tortura que mencionas en el ultimo Metiendo bulla y que me ha puesto también los vellos como escarpias - y forma parte del patrimonio de las Esperanzas Aguirres y sucesivos caníbales.


Es decir, que al triángulo escaleno le añado algunas precisiones más del discurso que oculta un proyecto muy radical y, en ciertas partes desde luego irrealizable, una aporía como señalas tan precisamente. Pero eso solo a bote pronto, urgido por el hambre y apresurado ante una cita que dos amigos iusfilósofos - de gran estómago y buena cabeza - me han dado en la conocida cervecería Villas, lugar otrora donde recalaban personajes de la malavita madrileña como Juan Terradillos o yo mismo, entre otros truhanes.


Abrazos en la radiante mañana del 14 de marzo

Antonio

martes, 13 de marzo de 2007

DESPUES DEL 10 DE MARZO...




Nota de la Redacción: el profesor Baylos nos manda esta colaboración que, con sumo placer, publicamos con el ruego que sea profusamente "pirateada".

DESPUES DEL 10 DE MARZO: REFLEXIONES Y PREGUNTAS SOBRE EL PARTIDO POPULAR.

Antonio Baylos, Catedrático de Derecho del Trabajo y Seguridad Social

Universidad de Castilla – La Mancha.

La manifestación del pasado 10 de marzo en Madrid provoca al observador de la política nacional ciertas reflexiones y algunas preguntas.

Lo más llamativo: el mar de banderas españolas que ondeaban por las calles de Madrid. Los medios de comunicación afectos, siempre desenfocados, hacían notar que no había banderas pre/anti constitucionales en la manifestación, como si ese hecho fuera relevante. La apropiación de la bandera y del himno nacional por el Partido Popular aparecía como algo normal. Y sin embargo es sabido que la bandera nacional, como símbolo de unidad de todos los ciudadanos, no debería ser utilizada con finalidades partidistas. La bandera tiene una función institucional, ocupa los lugares neutros que reflejan la generalidad de los intereses de todos los españoles. La apropiación de la bandera, la audición en marcial actitud del himno nacional en un acto de partido en el que además los insultos al gobierno de la nación y a su presidente constituyeron su eje de desarrollo resulta muy irritante para quienes nos consideramos españoles y no aprobamos los planteamientos políticos del Partido Popular. La apropiación de los símbolos de la unidad nacional por una ideología política determinada es una costumbre del pensamiento totalitario que reniega del pluralismo político como base de la unidad nacional. No es necesario explicar que esta deriva política no debe considerarse democrática.

El problema de los símbolos es su significado. Por eso resulta también preocupante que en el mar de banderas no hubiera ninguna de las Comunidades Autónomas tremolando al viento junto a la nacional. La exhibición de la bandera española sin presencia de banderas autonómicas significa el concepto de nación y de Estado que tiene el PP en la actualidad: un Estado unitario donde la autonomía política de los territorios que lo componen se ha borrado en su simbología más básica, la bandera. Un retorno a planteamientos políticos preconstitucionales que hacen parecerse al PP a su antecesora Alianza Popular y su rechazo al Estado autonómico que diseñó la Constitución de 1978.

El PP no solo se ha apropiado de los símbolos nacionales y los ha pervertido en un diseño totalitario. Se ha apropiado también de otros símbolos de lucha contra el terrorismo de ETA, el lazo azul, o del calificativo de “demócratas” para quienes se colocan en sus posiciones políticas. El resto, va de sí, ni estamos contra el terrorismo ni podemos con justicia calificarnos de defensores de la democracia. Con ello el PP procede a la exclusión radical de un proyecto de civilización que no acepta el terror como arma política de una gran parte de la ciudadanía que no concuerda con su estrategia política. Más aun, expulsa del concepto de democracia a quienes somos partidarios de la legalidad vigente y de su aplicación y a quienes estamos amparados en la búsqueda de una salida negociada de paz para el Pais Vasco por la decisión mayoritaria del Parlamento español, que no hizo suya aquel partido.

Y al final el PP se ha apropiado también del discurso político de este país. Todo el debate público pasa necesariamente por lo que este Partido plantea y para lo que moviliza permanentemente a sus militantes y bases de apoyo. Es desde luego llamativo que toda la opinión pública y los profesionales de la política concentren sus energías desde hace tres semanas en discutir una medida de política penitenciaria que afecta además a una sola persona. Dejando de lado el enaltecimiento mediático de un personaje a la postre insignificante en el desarrollo de los procesos históricos en esta nación nuestra, y la construcción a través de este caso de los presupuestos típicos del derecho penal del enemigo, según el cual a quienes se identifica como tales debe privárseles de cualquier derecho de los que gozan el resto de los ciudadanos, hay que preguntarse por la capacidad que ha tenido el PP y sus agentes mediáticos de secuestrar el debate político en torno a la medida de prisión atenuada para una persona que ha cumplido ya su condena por actos terroristas. Sobre este tema es sobre el que ha girado toda su capacidad de presión y de movilización como primer partido de la oposición, que es como se ha visto, muy intensa y frente a la cual todos, gobierno y partidos políticos, televisiones, radios y periódicos, se han rendido, como presos de un hechizo que les encierra en un recinto del que no se pueden liberar.

Pero posiblemente haya llegado el momento de deshacer ese encantamiento en el que ha caído la opinión pública y del debate político en España a partir de comienzos de año. Ante todo porque no se adivina cual puede ser el siguiente paso en la presión que mantiene el PP sobre el gobierno. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar – y hasta dónde realmente puede llegar – esta estrategia de movilización de militancia que ha puesto en práctica el Partido Popular y sus asociaciones satélites?.Mantener la tensión movilizadora que ha producido ocho manifestaciones seguidas en la capital del Estado español desde el comienzo del año político más innumerables concentraciones en capitales de provincia no es nada fácil, sobre todo porque se ha inducido una estrategia de crescendo que posiblemente haya llegado a su clímax. Y, cuando el ruido de los pasos sobre el asfalto y el ondear de las banderas se ha desvanecido, es difícil de entender que a la postre la negativa del PP a aceptar la decisión parlamentaria mayoritaria de buscar un proceso de paz negociada en el Pais vasco sea el elemento catalizador de tantas pasiones. Cabe la sospecha de que tanto ruido por un tema tan limitado obedezca a una estrategia de ocultamiento de otros asuntos. ¿Qué es lo que no quiere el PP que se vea socialmente, que se debata políticamente?. La respuesta a esa pregunta se la deben hacer los ciudadanos, una vez que se recuperen del aturdimiento al que les han sometido en estos últimos días.

martes, 6 de marzo de 2007

TIEMPOS Y HORARIOS DE TRABAJO


Con don Gonzalo de Berceo, en su época el tiempo era ora et labora.


Los amigos de la Universitat Progresista d’Estiu de Catalunya me han convidado a hablar en el mes de julio sobre esa gran cuestión de ‘los tiempos de trabajo’. He buscado entre mis papeles un trabajo que, hace ya algunos años, hicimos Miquel Falguera y un servidor. Lo titulamos, por aquello de darle un nombre llamativo, “A contracorriente” y se trataba de lo que para nosotros eran los problemas más candentes del sindicalismo. El capítulo 5 versaba precisamente sobre los tiempos de trabajo. Pongo sólo un fragmento y a quien le pueda interesar el texto completo le envío a este mismo blog: a la fecha del 1 de diciembre de 2005. No puedo poner el link porque me sale una ristra de letras que me descuajaringa la pantalla. Pues bien, de ese trabajo en cuestión tomaré lo que sea de actualidad .



5.-- Los tiempos de trabajo y las reducciones horarias en la organización del trabajo

Una de las banderas más llamativas del movimiento sindical es la semana de las 35 horas. Así lo señala la literatura que elaboran sus grupos dirigentes con un énfasis que no parece ser muy correspondido con un empeño equivalente por parte del conjunto de los trabajadores asalariados o dependientes. En cualquier caso, la polémica está en la calle, aunque todavía incipiente y de manera desigual. Los sindicalistas hablan de las 35 horas semanales; opinan al respecto, con más o menos insistencia, los analistas laborales; truenan en su contra, con mayor o menor ahínco, las organizaciones empresariales, como si en alguna ocasión hubieran estado a favor de las reducciones de los tiempos de trabajo; finalmente, los responsables políticos hilvanan sus discursos según los particulares colores de sus carnés de identidad. Así pues, la polémica está servida, aunque no parece que lo dicho hasta ahora por unos y otros haya abordado el fondo real del problema. De todas las maneras algo parece evidente: estamos ante un asunto de la mayor relevancia. Lo es, sin duda, para las personas que trabajan en uno u otro empleo o actividad; lo es también para las expectativas (reales o no tanto) de los desempleados; lo es para las cuentas de los empresarios; lo es, además, para las relaciones de fuerza de las organizaciones sociales y, muy en especial, para las que se declaran favorables a dicha medida. Dicha medida ha alcanzado, por lo demás, mayor importancia tras las recientes disposiciones legislativas tanto en Francia como en Italia, la nueva relación de fuerzas que se ha creado al respecto en el Parlamento europeo o las matizadas declaraciones de la mismísima Ocde sobre la reducción de los horarios. Por otra parte, la fecha de caducidad de las monedas nacionales, con los euros ya a punto de entrar en circulación real, sitúa la semana de las 35 horas con más importancia, si cabe, ya que la entrada en vigor de la euromoneda será simultánea a las disposiciones italiana y francesa

Ahora bien, aunque el tema formal es la semana de 35 horas, todo indica que el tema de fondo es --mejor dicho, debería ser-- la cuestión de los tiempos de trabajo y la reordenación de los horarios. Ni que decir tiene que somos fervientes partidarios de la semana de 35 horas, y así lo hemos manifestado en diversos foros. De manera que, desde esa no sospechosa credencial, nos vamos a permitir sugerir una serie de nuevas miradas y reflexiones al respecto que nos parecen imprescindibles. Nos orientamos, pues, a tratar sobre los siguientes asuntos: a) el camino transitado hasta nuestros días, b) los tiempos de trabajo y su relación con el conjunto de los sistemas de organización de la producción y los servicios, c) su vínculo con las remuneraciones salariales, d) el nexo entre tiempos de trabajo y vida extralaboral.


Para nuestra comodidad expositiva, a los sistemas de organización de la producción y los servicios les llamaremos sistemas de organización del trabajo, y a los tiempos de vida extralaboral les denominaremos, simplemente, tiempos de vida. Por otra parte, intentaremos aproximarnos al para qué de la reducción y reordenación de los tiempos de trabajo, en tanto que emblema de la posible utilidad de dicha propuesta; una utilidad para las personas que --según venimos afirmando desde hace años-- son el objeto de nuestras preocupaciones. Finalmente, queremos insistir en lo que ya hemos anunciado como nuestro leitmotiv recurrente: pretendemos orientarnos a la salida gradual del vigente sistema taylorista, buscando de inmediato utilidades para hoy que sean factibles realmente, incluso en el actual sistema económico vigente. Ahora bien, tamaña propuesta (nada menos que proponer graduar la salida del taylorismo) nos exige una serie de consideraciones previas, referidas a las limimitaciones que el sindicalismo (y la izquierda política) han tenido históricamente sobre lo que estamos hablando....


El documento sigue en:


2005

lunes, 5 de marzo de 2007

LEYENDO LA CARTILLA A LOS IUSLABORALISTAS ACADEMICOS



He escrito en no pocas ocasiones que la crisis del Derecho del trabajo (algo en lo que de manera reiterada insiste Umberto Romagnoli) tiene también su explicación en la inercia sindical. Si las negociaciones colectivas no aportan suficientemente el caldo de cultivo que se precisa (las fuentes de derecho), es del todo lógico, así las cosas, que el iuslaboralismo esté en el frigorífico, según afirma el profesor boloñés.


Había una copla hace ya muchos años que exigía: ¿qué dicen los poetas, poetas andaluces de ahora? En realidad lo que intentaba relatar aquella canción era: ¿qué dicen los juristas, juristas del trabajo de ahora? Yendo por lo derecho: dicen mucho. Ocurre, sin embargo, que salvo algunas excepciones ese “mucho” se refiere a cómo están las cosas, lo que tiene su importancia. Pero ese mucho no entra en el meollo de los grandes problemas que aquejan al iuslaboralismo y a los sujetos que dice tutelar. La mayoría de los juristas relatan –repetimos: no es poca cosa-- los contenidos de las leyes, esto es, dan lecciones. Reitero, para la reproducción del derecho, tal como es, no parece poca cosa.


El derecho tal como es, no como debería ir yendo. Y lo que es peor: veo una ausencia caballuna de filosofía del derecho laboral. Pido disculpas, pero... estimados profesores y operadores jurídicos: ¿aparte de seguir la máxima evangélica del “citaos los unos a los otros”, no sería bueno que salierais de la inopia? Y, aunque me toméis ojeriza, os digo: algunos de vosotros sois más antiguos que las maletas de doña Concha Piquer.


Leed bien lo que os he dicho. No hablo de todos, sino de casi todos. Lo cual es distinto. O sea, no me meto con toda la cofradía sino con una grandísima parte de sus agremiados. Así pues, no aludo a todos, sino a casi todos. Por otra parte, leed el título de esta entradilla: me refiero sólo a los iuslaboralistas académicos (perdón, a casi todos), no a los que van a romperse la cara en la Jurisdicción Social: bastante tienen con lo que tienen...


Y del viejo (que soy yo, un servidor) el consejo: leer el trabajo que sobre el Libro Verde se publica en la entradilla anterior a esta. Quien lea “en diagonal” seguirá sin enterarse. Quien lo haga de manera despaciosa, como hipótesis aprenderá bastante. De nada y a mandar.

EL LIBRO VERDE Y EL DERECHO DEL TRABAJO: No es eso, no es eso

Nota Editorial. He aquí el, posiblemente, el mejor trabajo que se ha hecho hasta la presente sobre el tema. Y según voces aproximadamente imparciales, puede ser lo mejor que se escriba al respecto a partir de ahora. Su autor es un enterado en la materia; sabrás de quién se trata si clicas al final de esta entradilla que dará paso a todo el documento. De momento, ponemos su retrato de cuando era un tierno querube.


1.- El Libro Verde: sus precedentes y sus finalidades y objetivos

Es perfectamente conocido que la llamada Política Social Comunitaria se basa (entre otros varios aspectos jurídicos) en lo que se denomina como “política de empleo”. Dicha noción, debe ser entendida en jerga comunitaria en relación con la previsión contemplada en el art. 125 del Tratado (respecto al art. 2 y 136), conforme al cual: “los Estados miembros y la Comunidad se esforzarán, de conformidad con el presente título, por desarrollar una estrategia coordinada para el empleo, en particular para potenciar una mano de obra cualificada, formada y adaptable y mercados laborales con capacidad de respuesta al cambio económico, con vistas a lograr los objetivos definidos en el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea y en el artículo 2 del presente Tratado”

Sin embargo, es también notorio que esa concreta competencia de la Unión ha dado lugar a toda una retahíla de normas, declaraciones de intenciones y documentos en muchos casos contradictorios (cuando no, fallidos) y no siempre acordes con una lógica de fondo común y –lo que a veces induce a confusión- sin utilizar siempre el mismo “nomen iuris” para referirse a la misma realidad.

En todo caso, las competencias comunitarias al respecto deben buscarse en el Tratado de Ámsterdam (1997) y sus conocidas aportaciones en materia social, singularmente con la inclusión de los art. 125 a 130 en el Tratado (Título VIII), cuyo eje central es la obtención de un “alto nivel de empleo”, como una de las finalidades de la Unión. No se trata, en puridad, de una delegación de las competencias nacionales en la materia a las instituciones comunitarias en relación al empleo, sino más bien de una coordinación “fuerte” entre las políticas estatales, con intercambio anual de información y capacidad prepositiva del Consejo para elaborar informaciones y, en su caso, recomendaciones .

Sin embargo, a nadie se escapa que la “doble alma de la Unión” (de un lado, la que intenta preservar el llamado “modelo social europeo”, de otro, la que propugna la máxima liberalización de los mercados y la “desregulación” de los derechos sociales) se ha acabado plasmando en los contenidos del Tratado y sus normas de desarrollo, generalmente en detrimento de aquélla primera. Y, así, en dicha tesitura, la finalidad de consecución del “máximo empleo” se ve sometida a objetivos como la obtención de una “una mano de obra cualificada, formada y adaptable”, o a la potenciación de ”mercados laborales con capacidad de respuesta al cambio económico”. No deja de ser significativo que tan loable objetivo de empleo se limite únicamente a una mayor exigencia de adaptación de los trabajadores, en términos prácticamente cuantitativos, sin consideraciones cualitativas, con escasas referencias a otros aspectos no directamente vinculados con el factor trabajo, con sometimiento a una lógica economicista y con limitada referencia al papel de los agentes sociales. Es ésa una deriva claramente implantada en los últimos tiempos en el seno de la Unión, como se demuestra en relación al debate respecto a la llamada “Directiva Bolkestein”.




http://theparapanda.blogspot.com/2007/03/el-libro-verde-y-el-derecho-del-trabajo.html