martes 29 de septiembre de 2009

LA IZQUIERDA EUROPEA ESTÁ ENFERMA



Es para tirarse de los pelos: en este contexto de grave crisis económica, la socialdemocracia alemana sufre el peor batacazo de su historia. Unas primeras observaciones indican que el SPD paga el pato de haberse coaligado con la derecha. A mi entender, esta es una parte la explicación. Tiempo habrá para que demos con la tecla de las razones que han llevado a tan sonoro cogotazo del electorado, precisamente en estos tiempos de mudanza.


De entrada pienso que tan rotundo fracaso electoral es, esencialmente, una expresión de la crisis de la desorientada desubicación de la izquierda, de toda la izquierda europea en estos tiempos de grandes transformaciones. Repito, una crisis de toda la izquierda. Cierto, Oskar Lafontaine no ha recibido varapalo alguno, pero –también es cierto— sus resultados no son para tirar cohetes.


Hace tiempo que la izquierda europea tiene una crisis sistémica: de ubicación en los grandes cambios que se están operando y de sentido, y también una crisis de gestión de lo existente. Una crisis que tiene sus evidencias más notables en Francia, Italia y, ahora, en Alemania. Por otro lado, esta situación tiene otra característica: no se ven elementos de corrección, aunque sean parciales, que apunten a una reorientación de las cosas [1].


Crisis de ubicación, hemos dicho. O lo que es lo mismo, la izquierda no ha leído todavía el carácter de las grandes mutaciones de época que, desde hace un par de décadas, se están operando en Europa. Ello le ha conducido a separarse del mundo del trabajo: entendámonos, del trabajo que cambia a todo gas.


Crisis de sentido, hemos apuntado. Así las cosas, la pretensión de proceder a grandes reformas, no sólo no está en el orden del día sino que se ha borrado de la agenda de las ideas y de la política.


Crisis de gestión de lo existente. La práctica de gestionar progresistamente las cosas se ha quedado, pienso con detenimiento, se ha quedado en una gestión neutra que, con frecuencia, adquiere características de indistinción con la derecha.


En resumidas cuentas, las izquierdas (la mayoritaria y la minoritaria) ha perdido “prehensión”. Según explica Richard Sennet “el término técnico que se usa para hacer referencia a los movimientos en los que el cuerpo humano anticipa los datos de los sentidos y actúa adelantándose a ellos es prehensión [El artesano, Anagrama, 2009]. Es decir, las izquierdas están ayunas de esa facultad que pone en evidencia un compromiso para anticiparse a las cosas. De manera que no es difícil concluir que la izquierda europea está gravemente enferma. Así pues, hay que llamar al doctor para que le saque la muela a Adela, la que inmortalizó Xavier Cugat.




[1] Cuando escribo estas notas los amigos italianos me informan que Pier Luigi Bersani ha resultado vencedor en los congresos regionales del Partito democratico. “Un cierto aire de esperanza en la dolorida Italia”, me dije. Pero siempre hay más de un aguafiestas. Algunos de los viejos galápagos ya han exclamado (Veltroni y Rutelli): “Sería un error que el Partito democratico se reorientara a un partido socialista”. Que dicho en esos momentos es, ante todo, un ejercicio de peristaltia verbal. Un Rutelli que, según afirman algunas conocencias, está haciendo otra vez las maletas para fundar otra cosa. Mientras tanto, otro viejo galápago, el Conde Max, habla, bla, bla, bla y dice aquello de "hace tiempo que vengo al taller, y no sé a qué vengo" en: Massimo D’Alema: La izquierda europea ha de construir ...



Radio Parapanda.
Tin Tan Bailando "Me Lo Dijo Adela" y "Charleston"

Ver en "Según Antonio Baylos": MANIFIESTO DE EXPERTOS LATINOAMERICANOS SOBRE LA CRISIS Y LAS POLÍTICAS SOBRE EL TRABAJO

domingo 27 de septiembre de 2009

SINDICALISMO EN LA GLOBALIZACION



A finales de Noviembre tendrá lugar en Barcelona un encuentro del Observatorio Sindicalismo en la globalización con la presencia de importantes dirigentes sindicales de la CSI. El compañero Isidor Boix, responsable del Observatorio, ha preparado concienzudamente el encuentro. A tal fin nos ha enviado un cuestionario a los ponentes con los temas mínimos a desarollar; dicho temario es, además, toda una invitación para que los asistentes reflexionen al respecto.



Sugerencias que el Observatorio plantea a los ponentes. Se señalan a continuación los temas que el colectivo del “Observatorio sindicalismo en la globalización” propone a los ponentes de este seminario.



Se trata de una propuesta, no de temas exclusivos, sino como indicación común para desarrollar mejor el debate y la reflexión colectiva. Será evidentemente bienvenida cualquier otra cuestión que los ponentes o los asistentes quieran plantear a partir del título y la pretensión de este seminario, es decir abordar una reflexión sobre lo que desde la CSI se viene proclamando como una necesidad: avanzar hacia “un nuevo internacionalismo sindical”.



1. ¿Internacionalismo como contrapuesto al nacionalismo? ¿Existe especificidad sindical en el concepto? Los “ismos” como expresión de intereses comunes.



2. Intereses sindicales nacionales y supranacionales. ¿Existe primacía? ¿Existen contradicciones?



3. ¿Qué supone de nuevo la “globalización” para los intereses sindicales? ¿Existe buna clase obrera mundial o “global”? ¿Cómo se define: personas e intereses que la componen?



4. ¿Voluntad o interés del “trabajo decente”?, ¿de quienes? ¿del Norte o del Sur? ¿Del Norte y del Sur?



5. ¿Interés o Solidaridad? ¿Interés y Solidaridad? ¿Interés solidario?



6. ¿La solidaridad como defensa de reivindicaciones propias o de reivindicaciones de otros? ¿La solidaridad como interés de los que la practican?



7. Experiencias concretas de aplicación (y de no aplicación) del “nuevo internacionalismo sindical” desde los sindicalismos “nacionales” y desde las estructuras sindicales
supranacionales (CSI, CES, Federaciones Sindicales Internacionales y Europeas)



8. El “nuevo internacionalismo sindical” y las reglas del comercio mundial. ¿Proteccionismo? ¿Medidas antidumping? Organización Mundial del Comercio.



9. 7 de octubre (2008 y 2009) – “Jornada de acción sindical por el trabajo decente”: ¿Es una contribución al nuevo internacionalismo sindical? ¿Se trata de una simple coincidencia en la fecha de movilizaciones en cada lugar por sus reivindicaciones específicas? ¿Debería haber una misma reivindicación entendida como igual o similar para el conjunto de la “clase obrera global”? ¿En sus planteamientos y propuestas? ¿En su desarrollo? ¿Aportan las experiencias del 7 de octubre –de 2008 y 2009- ideas concretas al respecto?



10. Las multinacionales como posible marco específico de aplicación de estos conceptos. Códigos de Conducta, Acuerdos Marco Internacionales, Redes Sindicales, CEEs, Comités mundiales, …



11. Relación entre los objetivos del trabajo decente en el mundo y la Responsabilidad Social Empresarial. La RSE y los proclamados objetivos del “desarrollo sostenible”. Los Códigos de Conducta y los Acuerdos Marco Internacionales, su conexión con la puesta en práctica de la “acción sindical internacional”, con la organización del sindicalismo supranacional. ¿La RSE como oportunidad y contribución para globalizar el sindicalismo? Las prácticas de RSE en el proceso de construcción del “nuevo internacionalismo sindical”. La exigencia de cumplimiento de los compromisos de RSE como solidaridad o como interés propio.



12. ¿Existe o interesa una Negociación Colectiva supranacional? ¿Cuáles serían las reivindicaciones y formas de movilización supranacionales?



13. Las estructuras sindicales supranacionales actuales (confederaciones de ámbito geográfico, federaciones de ámbito sectorial): ¿responden ya al “nuevo internacionalismo sindical” en sus formas de trabajo, de estructuración, de toma de decisiones, en sus propuestas sindicales y reivindicaciones planteadas, en sus formas de movilización? Ideas y propuestas al respecto.



14. ¿Es necesario delegación expresa de competencias desde el sindicalismo nacional para avanzar hacia el sindicalismo global?



15. ¿Es preciso un nuevo ordenamiento jurídico internacional para darles respuesta?



16. La crisis, la experiencia de intervención y propuestas sindicales al respecto, ¿aportan elementos de reflexión sobre el “nuevo internacionalismo sindical”?



17. La gobernanza mundial, ¿interés sindical? ¿aportación sindical? ¿puede contribuir a ella el “nuevo internacionalismo sindical”?


En este primer Seminario del Observatorio abordaremos el tema en su globalidad, de él surgirán sin duda ideas o apuntes, para desarrollar luego aspectos parciales o particulares de la problemática del “sindicalismo en la globalización”.


sábado 26 de septiembre de 2009

TRANSPARENCIA Y COMPROMISOS DE RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL




La “transparencia” en la aplicación de los compromisos de “Responsabilidad Social de las Empresas” es un instrumento esencial de su efectividad. Constituye una imprescindible contribución a su credibilidad social y, por ello, a la reputación de la correspondiente gestión empresarial.


Nos estamos refiriendo a los compromisos de responsabilidad Social asumidos por las empresas cualquiera que haya sido su origen, tanto cuando resulten de imperativo legal o bien tengan carácter voluntario, supuesto en el que caben los originados por una decisión unilateral, autónoma, de la dirección empresarial, así como los que resulten de pacto, convenio colectivo, acuerdo arco internacional u otra forma de consenso con alguno o algunos de sus grupos de interés.


Cabe intentar concretar a qué empresas deben dirigirse los requerimientos sobre Responsabilidad Social para la asunción de tales compromisos, definiendo el ámbito de ésta en función del número de trabajadores o de la facturación, su carácter de cotizadas, la existencia de una cadena de producción que vaya más allá de nuestras fronteras o de las de la Unión Europea, la existencia de contratos con las mismas desde el sector público, u otras.



Continúa en Isidor Boix:
Desarrollo del concepto de TRANSPARENCIA para el Consejo Estatal de Responsabilidad Social de las Empresas



viernes 25 de septiembre de 2009

LA GUERRA NO ES UN MEDIO PARA LA POLÍTICA



La Factoría, revista de pensamiento que dirige mi sobrino Carles Navales, publica este interesante discurso de Oskar Lafontaine. Las señas de la revista son http://www.revistalafactoria.eu/index.php


Oskar Lafontaine



Señor Presidente, señoras y caballeros,



La Cancillera federal (*) ha justificado nuevamente la participación del ejército alemán en Afganistán con el argumento de que esta participación sirve a la seguridad internacional, la paz y la lucha contra el terrorismo internacional. En nombre de mi grupo parlamentario quisiera presentar la conclusión opuesta: nosotros pedimos la retirada del ejército alemán de Afganistán porque estamos firmemente convencidos de que la participación del ejército alemán en Afganistán no sirve a la paz ni es conveniente para la lucha contra el terrorismo internacional.



(Aplausos de los parlamentarios de La Izquierda, así como del parlamentario Gert Winkelmeier -independiente-)



Con el poco tiempo del que dispongo solamente puedo presentarles unos pocos argumentos. Un argumento clásico que invocamos en todo momento es el de que deben de evitarse los argumentos específicamente alemanes (deutscher Sonderweg). La Cancillera ha invocado sin embargo estos argumentos. Si su argumentación fuese correcta, señoras y caballeros, entonces habríamos de participar también en la guerra de Irak, y en ese caso, partiendo de sus mismos argumentos, nuestros intereses internacionales serían injustos.



(Thomas Oppermann (SPD): ¡Eso no tiene ningún sentido!).



Ud. ya había presentado este argumento como presidenta de la CDU. Si fuese correcto, entonces los canadienses estarían equivocados, pues acaban de fijar un plan de retirada para sus tropas. ¿Por qué no tenemos nosotros al menos el coraje de fijar uno, como han hecho los canadienses?



(Aplausos de los parlamentarios de La Izquierda, así como del parlamentario Gert Winkelmeier -independiente-).



Resulta interesante que Ud. haya acentuado el componente civil de sus argumentación. Por desgracia, en este momento es imposible de creer, ya que en los últimos meses ha ocurrido de la manera más crasa exactamente lo contrario: no ha sido el componente civil de nuestra participación en Afganistán el que ha aumentado -de ser así no nos reuniríamos por una situación tan trágica como ésta-, sino el componente militar. Todo lo que se oye desde que comenzó esta guerra es que debería incrementarse el componente militar. En una situación así no debería Ud. mentir sobre esta cuestión.



(Aplausos de los parlamentarios de La Izquierda)



Ahora pasaré a otro punto crucial. La afirmación de que ustedes luchan contra el terrorismo internacional puede refutarla quien lo quiera, hechos en mano. No está nada mal que el comandante McChrystal por vez primera haya hablado con toda claridad y refutado con ello sus crasas observaciones como -quisiera decirlo al menos una vez- irracionales e inexplicables. Voy a leer aquí lo que ha declarado este comandante de la misión y que usted acaba de justificar. Ha dicho que la guerra de Afganistán «no puede ganarse con medios militares convencionales, dirigidos al combate contra el adversario. Siguiendo una visión convencional, se presenta la muerte de dos insurgentes en un grupo de diez como si se hubiera dejado a ocho adversarios vivos. En una zona de clanes y tribus como Afganistán hay que decir que estos dos muertos tienen a su vez familiares que tras estos incidentes jurarán venganza. En el caso de las víctimas civiles son de hecho aún más que en el caso de combatientes muertos. Así salen las cuentas: “10 menos 2 dan veinte [combatientes]...”»



Eso significa que, el hombre responsable en Afganistán, aquí le dice a Ud. que la misión no se está llevando para otra cosa que para reclutar nuevos combatientes. Considerando las circunstancias aquí presentadas, ¿quiere Ud. que creamos que se está luchando contra el terrorismo en Afganistán?



(Aplausos de los parlamentarios de La Izquierda, así como del parlamentario Gert Winkelmeier -independiente-).



¿Hasta dónde, pues, podemos argumentar lógicamente? No ha ocurrido sino lo explicado en los últimos diez años. Por eso han aumentado el número de atentados, por eso ha aumentado la inseguridad en el país, por eso hemos llevado la miseria y la calamidad -quizás con buenas razones-; año tras año perecen más hombres, soldados y civiles, civiles y soldados.



Hasta donde yo la he seguido, Sra. Cancillera, ha expresado usted aquí que lo siente por los inocentes, esto es, los civiles que murieron: yo lo siento -basándome en mi experiencia personal- por los soldados que allí mueren. Me gustaría que allí, en Afganistán, no muriera ningún otro soldado.



(Aplausos de los parlamentarios de La Izquierda, así como del parlamentario Gert Winkelmeier -independiente-)



Lo que tenemos que reconocer es que allí estamos luchando contra una cultura, ...



(Guido Westerwelle (FDP): ¡No!).



... y que esta lucha contra una cultura no la ganaremos. El comandante en jefe de la ISAF [Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad] ya ha expresado con claridad su opinión de lo que piensa de la cultura y de todo lo que rodea a ésta. Hablamos de una cultura tribal. Esta cultura tribal obliga a todos los familiares de un muerto a jurar venganza.



(Murmullos en las bancadas de BÜNDNIS 90/LOS VERDES).



Me dirijo ahora a Los Verdes. Sé que atraviesan por dificultades: siendo corresponsables de esta guerra ahora quieren desmarcarse de ella.



(Aplausos de los parlamentarios de La Izquierda, así como del parlamentario Gert Winkelmeier -independiente-).



No es ésa una actitud noble.



(Jürgen Trittin (BÜNDNIS 90/LOS VERDES): ¡Ésa es una argumentación fascista (völkisch)!)



Deben hacerse cargo de su responsabilidad. Somos de la opinión de que el intento que aquí han presentado -a saber, que conviene reforzar el componente civil de la misión- es desde luego en última instancia la confesión de que el componente militar ha fracasado, porque tiene las consecuencias que aquí he citado antes. No puede escaparse de esta lógica. Hemos provocado exactamente el efecto contrario del que buscábamos en un principio.



Esto no ha hecho más que reforzarse con la intervención aquí de los servicios de seguridad de la República Federal. En los últimos días se ha vuelto a informar -nosotros siempre lo hemos sostenido- de que los servicios de seguridad de la República Federal aseguran que la misión militar en Afganistán, que la Cancillera ha justificado, aumentan el peligro de atentados terroristas en Alemania.



Pregunto aquí en representación de mi grupo: ¿es tarea del gobierno de la República causar con sus acciones la preocupación de que aumenta el peligro de un atentado terrorista en Alemania?



(Aplausos de los parlamentarios de La Izquierda, así como del parlamentario Gert Winkelmeier -independiente-; Thomas Oppermann (SPD): ¡Es increíble lo que está diciendo!).



Sí, es increíble realizar una política como ésta; tiene usted toda la razón. No tienen ustedes de hecho ningún argumento racional para justificar esta política.



(Thomas Oppermann (SPD): ¿Con la lucha contra el terrorismo hacemos que la gente se preocupe por el terrorismo? ¡Eso no tiene ningún sentido! - Detlef Dzembritzki (SPD): ¡No merece ni que le respondamos!).



Para terminar, me gustaría decir algo más sobre el argumento frecuentemente presentado sobre que se trata ésta de una misión de ayuda, de una misión humanitaria. Todas las organizaciones internacionales implicadas en la ayuda al tercer mundo sugieren que con muy poco dinero podría salvarse a muchas personas de la muerte por hambre y por enfermedad, sin que se deba de matar por ello ni a un solo hombre. Ése es el dilema moral en el que ustedes se han metido. Por eso nosotros mantenemos la tesis de que la guerra no es un medio de hacer política. ¡Retiren las tropas de Afganistán!



(Ovación en pie de los parlamentarios de La Izquierda, así como del parlamentario Gert Winkelmeier -independiente-).



Oskar Lafontaine.Portavoz parlamentario del grupo La Izquierda en el Bundestag.


* Respuesta parlamentaria, del portavoz de la Izquierda, a la explicación de la Cancillera alemana Ángela Merkel ante el Bundestag, el 8 de septiembre de 2009, tras la muerte de 20 civiles afganos en un bombardeo aéreo alemán en Afganistán.


Traducción de Àngel Ferrero para
www.sinpermiso.info

jueves 24 de septiembre de 2009

AUTOBIOGRAFÍA DE UN MILITANTE


Nota Editorial. La Editorial Bomarzo, que dirige ese gran sabio que es Luís Collado, ha publicado el libro de memorias de Manuel López: “Mañana en la Plaza de la Cebada”. Manolo López o una vida al servicio de la defensa de los trabajadores, de la libertad, la democracia y el socialismo. ¿Palabras altisonantes? No: son palabras altas y sonantes, que no son exactamente lo mismo. A mi manera de ver las cosas, este libro representa, principalmente, un testimonio necesario para que las nuevas generaciones de sindicalistas –y en general de izquierdas— conozcan y se reconozcan en un compromiso, individual y colectivo, en la ética de los medios y de los fines, en la manera de afrontar los problemas (la mayoría no siempre iguales) de ayer, en el caso de Manolo, y de hoy: la de los protagonistas de la acción colectiva de nuestros días. De ahí que Luís Collado, haciendo el merecido homenaje a su compañero de profesión y de ideales, haya publicado esta obra que es una pedagogía de muchedumbres. Por eso se explica la expectación que ha provocado este libro en Parapanda. Que será presentado en nuestra ciudad en próximos días en el Pabellón de Deportes.





José Manuel López López nació en Madrid el 19 de julio de 1930. Licenciado por la Facultad de Derecho de la calle San Bernardo de Madrid en 1954, realizó a continuación la Milicia Universitaria en Sidi Ifni. Poco más tarde, inició una larga estancia en París, donde obtuvo el Certificado de Sociología en la Facultad de Letras de la Sorbona. En octubre de 1958, año de su ingreso en el Partido Comunista de España, acudió a Pekín como delegado español en el Congreso de la Unión Internacional de Estudiantes. A su vuelta a España, el 11 de noviembre de 1959 fue detenido y torturado durante seis días en la Dirección General de Seguridad de Madrid.


Tras un consejo de guerra, fue encarcelado en la cárcel de Carabanchel y luego trasladado a la prisión de Palencia en julio de 1960, donde era el único preso político, hasta su excarcelación en diciembre de 1962. Durante los años de su militancia clandestina fue abogado laboralista al servicio del Partido Comunista de España e intervino en múltiples ocasiones en las Magistraturas de Trabajo. Tuvo especial relevancia su defensa de obreros, huelguistas y mineros asturianos ante el Tribunal de Orden Público. Su actividad en defensa de los trabajadores le llevó de nuevo a la cárcel en el año 1971. Tras cumplir la pena de cuatro meses de prisión, el 2 de noviembre de 1971 contrajo matrimonio con Dolores Sacristán Pérez, Lolita, miembro como él del Comité Central del PCE. Desengañados por la falta de democracia interna en el partido, pronto ambos lo abandonarían definitivamente, sin renegar por ello de su condición de comunistas.


Durante toda su trayectoria, Manolo López trabajó a menudo para la Federación Minerometalúrgica de Madrid de Comisiones Obreras, y tuvo un papel destacado en el nacimiento y extensión de CCOO. Durante la reconversión industrial participó en muchos pleitos penales de accidentes de trabajo, así como en juicios civiles, contribuyendo decisivamente a la redacción de los Estatutos Sindicales de la Federación Minerometalúrgica. Tras la muerte prematura de su adorada Lolita en 1998, los últimos años de su vida los pasó redactando este libro. A pesar de su deteriorada salud, mantuvo su colaboración con CCOO hasta su fallecimiento en Madrid el 29 de agosto de 2008.


De la mano de una memoria prodigiosa y de un inquebrantable amor por la verdad, Manolo López reconstruye en este libro la deriva ideológica de buena parte de su vida. Uno de los objetivos de su escritura —contar “por qué soy comunista”— le lleva a repasar sus recuerdos de cuatro turbulentas décadas de la historia española. Unos recuerdos en los que lo personal, lo ideológico y lo histórico van siempre de la mano.


La Guerra Civil en Madrid cuando era todavía un niño da paso en su memoria a la dura posguerra en la que su intensa fe católica se fue transformando poco a poco en conciencia política ante las terribles injusticias que veía a su alrededor y las contradicciones que percibía en los sermones de los sacerdotes. Más adelante, su primer contacto con los comunistas españoles en su época de universitario en París representó un momento decisivo, al que sigue una larga secuencia de recuerdos: su activa militancia clandestina en el PCE en los años sesenta, las torturas y humillaciones de las que fue objeto tras su detención, los años de convivencia con los presos comunes en la cárcel de Palencia y la entrañable semblanza de los personajes que allí concurrían, procedentes de los más variados estamentos sociales y en particular el de los “machacados por la vida”, a quienes Manolo, ya desde niño, siempre supo comprender y tratar de ayudar.


Tras su excarcelación vendrían sus años como abogado laboralista, los apasionados debates en el seno del Comité Central del PCE, su estrecho vínculo con las luchas sindicales de CC.OO. Consciente de su idealismo, Manolo repasa, con el humor y la pasión intelectual que le caracterizaban, su vida y los numerosos hechos relevantes de la historia española durante el franquismo que le tocó conocer muy de cerca; a menudo muy crítico con las estructuras comunistas pero sin renegar nunca de los principios solidarios e igualitarios que le llevaron a hacerse comunista.



Radio Parapanda informa. Las señas de la Editorial Bomarzo son éstas:
http://www.editorialbomarzo.es/



martes 22 de septiembre de 2009

INISTIENDO EN EL ESCÁNDALO DEL PALAU DE LA MÚSICA



Ayer, en EL ESCÁNDALO DEL PALAU DE LA MÚSICA, dábamos cumplida reflexión sobre dicho asunto que tiene perpleja a la mesocracia catalana y estupefacta a la barcelonesa. Uno de los símbolos político-culturales más conspicuos de Catalunya está en los modernos pliegos de cordel periodísticos, radiofónicos y televisivos: Lluís Millet, hijo y nieto de Mollet, fue cogiendo, dicho lorquianamente, todos los limones redondos del río hasta que se puso de oro.


No poca gente puso sus ojos en los políticos como quién dice ¿qué piensan hacer ustedes? ¿abrirán una comisión de investigación en el Parlament de Catalunya? A modo de respuesta, los partidos se han pronunciado: todos ellos –con la honrosa excepción de Iniciativa per Catalunya Verds— han dicho que nanay del Paraguay. O sea, afirman llamarse Andana: un curioso ejemplo de la literatura de cordel, ésta, de los partidos políticos. Lo que, desde lo más natural del sentido común, me lleva a decir que (presuntamente) algo temen o algo (también presuntamente) esconden. Por supuesto, con responsabilidades desiguales y diversas.


Personalmente sé, con cierta aproximación, de qué estamos hablando. Siendo un servidor de ustedes diputado en el Parlament de Catalunya –fui portavoz del grupo parlamentario de ICV en la Comissió de la Sindicatura de Comptes— esta comisión alertó acerca de la excesiva acumulación de cargos que Lluís Mollet, hijo y nieto de Millet, estaba acumulando excesivos cargos en la venerable institución del Palau de la Música Catalana. Como es natural, dicho Informe se envió a los responsables de los Departamentos que directamente entendían de ese asunto. Eran tiempos del gobierno de Convergència i Unió, apoyado en los grandes asuntos a machamartillo por el Partido Popular. Los antiguos responsables de Economía, Justicia y Cultura dicen ahora que no saben o no se acuerdan, que costas las de Levante o playas de Santafé. Tampoco quienes, antes en la oposición y ahora en el Gobierno –hecha la excepción de ICV-- parecen interesados en saber de qué color es el caballo blanco de Santiago.


En lo que respecta a los partidos del gobierno (con la mentada excepción ya referida) vale la pena traer a colación esta pregunta: ¿Por qué? La excusa que se ha dado no huele precisamente a ámbar: afirman desparpajadamente que no quieren interferir en las tareas de la Justicia. Vamos, vamos… que algunos nos afeitamos y otras ya se ponen sostenes.


Me permito dos cosas, que según se mire, son menores.


La primera. En tiempos del President Pasqual Maragall, formé parte de la Comissió Transparència i Bon Govern. Nuestros trabajos culminaron con una serie de recomendaciones, aproximadamente sensatas, de las que francamente no tengo ni idea qué se ha hecho de ellas. Por desgracia me salí con la mía cuando le dije al resto de los comisionados: “No sé por qué discutimos tanto cuando el destino de nuestras recomendaciones será la hospitalidad de la papelera”.


La segunda. Es sabido que Comisiones Obreras de Catalunya es la única organización que presenta anualmente su estado financiero al Síndic de Comptes. [Me permito aconsejar el artículo de Andrés Querol:
Álvarez (UGT) i la transparència dels recursos públics] Pues bien, a pesar de que ese acontecimiento es ya, por así decirlo, tradicional, todavía casi nadie se ha dado por enterado. Por eso, voy a dirigirme oficiosamente a mis compañeros del sindicato para que la próxima vez que acudan a la Sindicatura lo hagan acompañados de una banda de música y toda la correspondiente fanfarria y, tras tamaña parafernalia, centenares de sindicalistas en laica procesión: todo un ameno jolgorio capaz de poner colorados como un tomate a muchas personalidades de babor y estribor. Por supuesto, Radio Parapanda la retransmitiría en directo y, tantas veces como fuera menester, en diferido.


Radio Parapanda pone en antena una conocida pieza: "Money" - Liza Minnelli, Joel Grey . Que les aproveche.





sábado 19 de septiembre de 2009

FALGUERA APOSTILLA A ALVAREZ DEL CUVILLO




Nota previa. La polémica entre mis sobrinos Baylos y Falguera se sigue con expectación en Parapanda. Los parroquianos, en tabernas y cafetines, en barberías y talabarterías, discuten acaloradamente. Todos tienen en mano lo que se dice en POLÉMICA ENTRE BAYLOS Y FALGUERA. Y ALVAREZ DEL CUVILLO POR MEDIO. Ahora, este blog --partidario de que se arme la de Dios es Cristo-- publica la apostilla que Falguera nos ha enviado.




Una muy breve apostilla a las importantes e interesantes reflexiones de Antonio Álvarez del Cuvillo– que intentaré no sea muy extensa, contra lo que es mi costumbre, entre otras cosas para que los legos no descubran nuestro secreto mejor guardado: que los juristas no sabemos qué puñetas es el Derecho-.


Es obvio que fundamentalmente nuestra disciplina se basa en la realidad del día a día. Y que el jurista que pierde de vista la realidad de ese día a día y rompe su contacto con la sociedad está destinado a “perder”. Eso es precisamente lo que yo calificaba en mi escrito inicial como “paranoia del jurista”. Y también evidente que no hay ningún jurista –como no hay ninguna persona- que no tenga ideología, tendiendo la mayor parte de nosotros a compaginar ésta con nuestro ejercicio (bajo riesgo, como le ha ocurrido a algunos amigos míos, de caer en la depresión más profunda o a adicciones alternativas)


Pero ocurre que el Derecho como tal es algo más que el día a día. Son también una serie de valores y formas de pensar que poco a poco, con el decurso de los años, acaban apoderándose de ti –al menos, en mi caso- y que –como también es mi caso-, chocan con la ideología personal, de ahí la calificación de esquizofrenia. Por poner un ejemplo que me consta por tu magnífica bitácora te es muy querido: uno puede dedicarse profesionalmente a la defensa de los inmigrantes por motivos ideológicos. Pero creo que hay también algo más: los propios valores jurídicos entendidos en su integridad. Valores jurídicos que en nuestro caso tienen una evidente vinculación con la noción original de democracia (en el sentido integral y más allá de ideologías) Ya sé que esto no es así en todas las sociedades (pues en muchos países no rige la tradición romanista) y que “eso otro” -y ruego disculpas por la expresión que no quiere ser despectiva- es también Derecho. Pero mi concepto de Derecho es el qué es por la época y el lugar que me ha tocado vivir.


En definitiva, el día a día de la sociedad en que ejerzo. Y no está de más recordar que la inmensa mayoría de países que rigen el devenir real del mundo forman parte, con mayores o menores divergencias, de nuestra tradición jurídica (algo del Derecho romano se puede seguir apreciando en el “Common Law” o los sistemas septentrionales europeos).
¿Mitificación?. Lo acepto. Pero me resulta útil para dar un contenido mínimamente deontológico a mi trabajo del día a día. Una finalidad.


Y estoy convencido que ese concepto de derecho en clave democrática integral ha sido pervertido en el último cuarto de siglo por el neoliberalismo rampante. Se nos ha sometido a ser el mero ejecutor de la economía. Y aunque, ciertamente, eso ha ocurrido siempre –aún tengo resquicios marxistas- la “revolución azul” ha comportado la perversión del alma democrática del Derecho –que nosotros conocemos- como nunca antes. ¿Qué quieren decir, si no, los grandes dogmas de dicho neoliberalismo como la menor regulación del mercado o el “menos Estado”, sino precisamente menos valores jurídicos en la sociedad y, por tanto, menos noción de sociedad y más individualismo?


Y mi queja en el artículo original se basaba, precisamente en la constatación que a un año de la crisis económica actual –que ha demostrado el fracaso de esa doctrina capitalista- nadie (ni tan siquiera la izquierda) esté hablando prácticamente nada de derechos de ciudadanía y de valores democráticos. A lo sumo, de lo que se habla es de mayores regulaciones… del capital financiero, pero en ningún caso de los derechos de los ciudadanos laboriosos –y no me refiero sólo a los trabajadores- que, con su esfuerzo, son los que auténticamente generan las riquezas de los pueblos.


Volviendo a la extranjería: durante un montón de años hemos vivido políticas aparentemente errantes al respecto. Y sólo aparentes: era el capitalismo europeo a quién no le interesaba ninguna regulación de derechos de las personas no comunitarias, para tener mano de obra barata, como nuevo ejército industrial de reserva en una etapa de crecimiento económico. Y ahora, en época de vacas flacas, toca endurecer la legislación y expulsar (pagando viajes, como aquí, o manu militari, como en Italia) a los que ya no tengan empleo. ¿No hay un discurso jurídico integral –más allá de cada caso de deportación o entrada integral- que oponer a ese retroceso de civilidad que se está practicando? Por supuesto que muchos profesionales se han comprometido en la defensa de esas personas “extranjeras”. El problema, sin embargo y desde mi punto de vista, es que el debate social no se hace desde los valores colectivos que el Derecho encarna, sino desde una perspectiva meramente economicista.


Radio Parapanda informa: SE PUBLICAN LAS MEMORIAS DE MANOLO LOPEZ

jueves 17 de septiembre de 2009

POLÉMICA ENTRE BAYLOS Y FALGUERA. Y ALVAREZ DEL CUVILLO POR MEDIO



Tras la publicación del trabajo de mi sobrino Miquel Falguera (A UN AÑO DE LEHMAN BROTHERS), mi otro sobrino, Antonio Baylos, escribió lo que se verá en DERECHO Y SOCIALISMO EN EL PENSAMIENTO JURÍDICO. Tras lo cual, el primero respondió lo que viene a continuación.





Querido Antonio, permíteme unas reflexiones sobre las tuyas posteriores a las mías. Uno podría tener la impresión leyendo el texto que, de alguna manera, se sitúa el papel del juez -y, por tanto, de la jurisprudencia- como un elemento central en el avance hacia otra forma -socialista- de ejercicio del derecho. Ya sé que no dices eso, pero me preocupa que alguien pueda entender tus palabras así.Y eso sitúa mi apostilla aquí en el propio modelo de ejercicio del poder judicial en este país.


Se trata, como bien sabes, de una lógica piramidal, fuertemente estructurada -formal y sustancialmente... está mal visto quien se sale del encuadre de la foto... el maldito juez estrella- y altamente jerarquizada. Es difícil hallar consensos en los TSJ -la instancia es otra cosa porque se goza de mayor libertad- para desviarte de la doctrina casacional. Quiero recordar que en el anterior y conservador presidente del CGPJ libró una encarnizada batalla para hacer de forzoso cumplimiento la jurisprudencia -como actualmente ocurre con la doctrina del TC-, lo que afortunadamente no prosperó.


Con todo, quizás existe una cierta mitificación de la jurisprudencia. "Lo ha dicho el TS"... y se ha acabado la discusión -aunque no se comparta mayoritariamente esa doctrina-. Encogimiento de hombros y corta y pega de lo que ha dicho el TS. Así se fosiliza la doctrina (y añado: yo, el primero).

Cuando uno va un poquito más allá e intenta no forzar la norma, sino interpretarla de otra manera distinta, te llueve la cantinela del "uso alternativo del Derecho" -que es otra cosa- y la sacrosanta "voluntad del legislador" (como si los jueces fuéramos intérpretes de dicha voluntad y no de la Ley) Te podría citar muchos ejemplos al respecto -y algunos nombres de interlocutores con esas tesis te podrían sorprender-. Pero ése es el actual panorama.Ocurre, sin embargo, que yo vengo diciendo con reiteración que posiblemente sea el TS quien hace un uso alternativo del Derecho. Por ejemplo -tengo muchas posibilidades que citar-, cuando el precio de la hora extra era (RDL 1/1986) del 175 % sobre la hora normal, si el convenio regulaba un precio menor, la jurisprudencia lo validaba, porque consideraba que no era norma mínima -pese a que el contenido del art. 35 ET pocas dudas ofrece al respecto- (entre otras muchas, SSTS UD 30.12.1992, 30.11.1994, 27.02 y 17.05.1995, etc.). Sin embargo, cuando la reforma del 94 situó el precio de la hora en el 100 por cien -con idéntico redactado al anterior, salvo el porcentaje-, entonces la doctrina judicial afirmó que sí valía. La razón dada era que el RDL 1/1986comportó un "encarecimiento del precio de las horas extraordinarias", afirmándose posteriormente respecto a los precedentes legislativos anteriores al Estatuto que “ante la imposición de la realidad, la doctrina de esta Sala hubo de optar por una interpretación flexible del mandato estatutario, cuando se hacía evidente que el precio pactado de la hora en exceso, no tenía tan gravoso recargo" (STS UD 28.11.2004) Y, luego, la posterior STS UD 12.01.2005 lo deja aún más claro, por si había dudas: se hacía referencia "a la inadecuación del ya histórico elevado recargo legal"En plata: antes no se aplicaba el criterio legal porque era muy caro para el empresario, y ahora no. ¡Toma uso alternativo del Derecho y toma voluntad del legislador!
Pero hay más cosas que me preocupan, como por ejemplo, que en los últimos cinco años se haya cambiado la composición de más del sesenta por ciento de la Sala Cuarta. Y, sin embargo, las grandes cuestiones que nos hieren (despidos sin causa, despidos en IT, cuantificación de indemnizaciones por vulneración de derechos fundamentales, contratos de obra para contratas, responsabilidad de los grupos de empresa, protección para los trabajadores objeto de descentralización productiva, limitaciones de disponiblidad del convenio por las comisiones paritarias, teoría de los pactos extraestutarios, la técnica aplicativa del derecho a la igualdad en los convenios y en las decisiones unilaterales del empresario, etc) siguen igual, si no peor (la interpretación del TS del art. 56.2 y los salarios de tramitación tras el Decretazo quizás merezca algún comentario crítico)Pero hay más -y aquí viene la segunda matización a tus reflexiones-: el jurista socialista que hace de juez (y digo públicamente que yo lo soy, en tanto que los que invocan el neoliberalismo no se esconden) no tiene en los actuales momentos horizontes alternativos -que es lo que intentaba denunciar en la parte final de mi escrito-.



¿Qué "programa socialista" puedo aplicar yo como jurista, si ese programa es inexistente y no hay alternativas reales de alternatividad?Por tanto, permíteme que derive responsabilidades hacia otros -aceptando las mías-: cuando la izquierda tenga claro cuál es su modelo alternativo y cuando el sindicato supere sus corsés ideológicos y prácticos actuales, dotándose también de alternatividad "in toto", se nos podrá exigir a los jueces rojos esa progresiva adaptación al nuevo panorama. Mientras tanto, uno se siente como una especie de fracotirador, sin saber dónde ha de situarse y sin una estrategia global en la que ampararse. Y me vas a permitir un último exabrupto: algunos nos sentimos sin apoyo de la llamada doctrina científica. Y, obviamente no va por tí (ya has cumpido bastante con tus obras, especialmente "DT, modelo para armar" y el último libro sobre despido) Pero uno empieza a estar harto de tanto análisis descriptivo de leyes y jurisprudencia que puebla la literatura jurídica académica ("Zutano dice tal, mengano lo otro y la Ley aquello de allá"... ¿pero tú qué dices?). Y ése es un vicio en el que caen compañeros iuslaboralistas que se proclaman claramente de izquierdas.



Quizás ha llegado el momento de dejar de mirarnos el ombligo, olvidarnos de las Leyes y la jurisprudencia y empezar a pensar cómo queremos que sea el marco regulador de las tutelas del Derecho del Trabajo en un futuro modelo democrático de relaciones laborales, adaptado al cambio productivo, tecnológico y del sujeto asalariado. Y cuando tengamos ese programa, empezar a trabajar en él desde las distintas perspectivas.Ya se sabe, "programa, programa y programa".


Antonio Baylos


Querido Falguera, en tantas cosas estoy de acuerdo contigo. Ante todo en la función de la jurisprudencia y del rol que los jueces deben asumir en la transformación del sistema jurídico. Pero también en la incapacidad de los "academicos" para repensar las relaciones de trabajo en términos de reformismo gradual o de crítica global o específica a las tendencias en acto en el panorama legal y normativo de un país determinado. El problema es el de cómo arbitrar "un modo de estar" en el derecho y en el sistema jurídico que permita expresar una construcción alternativa y emancipatoria que se resuelva en una ampliación de los derechos laborales por todas partes negados.Y hay otro estamento que no hemos zarandeado aún, el de los abogados laboralistas, que deberían a su vez sacudirse su posición objetivamente subalterna en relación con los grandes estudios jurídicos que dirigen las líneas de política del derecho en materia laboral actualmente, y preparar sus defensas no sólo sobre la caracterización de la restructuración capitalista, sino también en razón de utilidades técnico-jurídicas que respondan a intereses alternativos y emancipatorios de los trabajadores.Pero es un tema que merecería una reflexión mucho más extensa y profunda en relación con la capacidad del derecho en movilizar el cambio social Pero seguiremos acordando sobre este y otros temas, mon vieux compagnon.

Es posible que la esquizofrenia esa que se mencionaba antes ente el jurista y el marxista se afronte aplicando la crítica materialista a las propias categorías marxianas. La imagen del derecho como instrumento al servicio de los poderosos y las imágenes de las utopías socialistas son representaciones útiles, abstracciones que podrán tener un cierto sentido, pero que no son la realidad misma de las relaciones sociales. Se convierten en idealizaciones, divinidades que se imponen a la realidad misma de la práctica social.Encuentro muy interesante definir y mirar el derecho como práctica social que se realiza diariamente en las empresas, en los juzgados, en las negociaciones, en el congreso, por parte de legisladores, intérpretes, trabajadores, empresarios, sindicalistas. Práctica social que consiste en una lucha y en una negociación por los significados del Derecho, que se remite a una lucha y negociación por determinados intereses. Si las relaciones sociales son desiguales, es comprensible que en la práctica jurídica se termine reflejando esa desigualdad, pero eso no implica que sea del todo precisa la definición del derecho únicamente como mecanismo de opresión. Esa es una generalización útil para el análisis, pero no es la realidad misma. Por eso no hay tal esquizofrenia entre un análisis crítico de la realidad y el convencimiento de que el trabajo jurídico puede servir para afrontar en alguna medida las contradicciones de la realidad.Supongo que el problema del "uso alternativo del Derecho" -doctrina que conozco sólo a través de sus detractores-, es que sucumbe a una especie de idealismo, en el mal sentido de la palabra. La pesadilla resacosa del sueño ilustrado que está presente también en los totalitarismos, la identificación de la Razón divinizada con la razón del que habla, en este caso, del intérprete. Esto es un solipsismo, porque entonces el jurista crítico olvida la realidad social en la que trabaja para sumergirse en el reino de los cielos de sus idealizaciones. Y, puesto que olvida las reglas del juego, termina perdiendo.El Derecho es práctica en continua transformación y los juristas intervienen recreando esa práctica, pero como un elemento más. O, el hombre es protagonista de la historia pero no en unas condiciones por él elegidas, sino en otras que le fueron legadas por el pasado.
Cada jurista trabaja en un espacio de posibilidades y en último término su práctica está constreñida por la necesidad que tiene el discurso jurídico de ser intersubjetivo. El Derecho no es un designio de un dios llamado legislador, sino una construcción humana, pero no es una construcción individual de un intérprete, sino que se desarrolla en un espacio de significados compartidos.A primera vista y simplificando, un juez podría estar más limitado que un académico y un académico más limitado que un abogado. Pero, aún olvidando los matices que tiene esto, un abogado, por muy profesional "libre" que sea, no "puede" sacarse de la manga la interpretación que le dé la gana. De hacerlo, sería un mal abogado. Tiene que hacer una interpretación que sea capaz de convencer al juez y para eso tiene que salir de sí mismo y llegar al mundo de sentido del juez. Humpty Dumpty puede decidir que las palabras signifiquen lo que quiera, pero entonces las palabras pierden su poder, porque nadie las entiende.En otro orden de cosas, estoy muy de acuerdo con vosotros en que, para zambullirse en esa práctica nos hace falta un análisis global del derecho laboral y de la sociedad de la que emana. Tratar de ver al elefante completo y no el trocito que agarras en cada caso. Por ejemplo, puede terminar predominando una postura simple de "lo mejor para el trabajador o el beneficiario de seguridad social". Simple porque lo mejor para un determinado trabajador en un caso determinado no necesariamente es lo mejor para los trabajadores como clase. Para pensar en lo segundo hay que pensar en articular (en la teoría y en la práctica) estos intereses de clase, que pueden aparecer fragmentados.




Radio Parapanda emite en honor de estos dos caballeros el dúo de los bajos.
P. Cappuccilli & N. Ghiaurov - Suoni la tromba - I puritani)


martes 15 de septiembre de 2009

LOS SUICIDIOS EN FRANCE TÉLÉCOM


Hace años la prensa informó del preocupante nivel de suicidios de trabajadores en Francia. Al cabo de un cierto tiempo la noticia fue fagocitada por otros acontecimientos. Ya lo dijo Pepe Marchena en una de sus coplas: “la mancha de la mora con otra verde se quita”. Que parece ser la consigna de la potencia mediática. Pues bien, desgraciadamente, la mancha reaparece. Hoy, la prensa da noticia de que, en los últimos dieciocho meses, 23 empleados de la firma France Télécom se han quitado la vida.


Según parece, las autoridades francesas han tomado cartas en el asunto. Hasta la presente unas dicen que si patatín y otras que si patatán. Y, por lo que se ve, una legión de investigadores sociales se disponen a darle vueltas a la cabeza para desvelar el quid de la cuestión. Y los departamentos de psicología de las universidades (que han tomado al asalto las trincheras de la sociología) afilan los lápices para volver a las andadas con la condición humana, la motivación en el trabajo y otras consideraciones con refritos de Elton Mayo y López Ibor. De ese comistrajo volverá a salir una ristra de banalidades viejas y nuevas, disfrazadas de noviembre para no infundir sospechas. O lo que es lo mismo: hablarán del abuso, dejando intacto el uso de cómo se gestiona la organización del trabajo. Porque …


… ¿habrá que insistir nuevamente que la madre del cordero está en la gestión autoritaria de la organización del trabajo, gobernada discrecionalmente por el management? ¿Tendremos que reiterar que el maestro Bruno Trentin ya dejó sabiamente escrito que ahí –en el uso de la organización del trabajo— está, con perdón, la madre de todas las batallas? Y sin embargo, la literatura (putativamente científica) más predominante es la que emana de los psicólogos, una cofradía muy celosa de su “corporation”. Por otra parte …


… mientras el sindicalismo confederal no sea un sujeto que se proponga la intervención contractual en todo el polinomio de la organización del trabajo –a la búsqueda de la humanización del trabajo— las condiciones en la empresa seguirán en las manos exclusivas del management. A las condiciones de trabajo se les dará una capa de pintura y a otra cosa, mariposa.


Intervenir en la organización del trabajo, no hay otro camino. La literatura de los sicólogos es, en todo caso, “de acompañamiento”. No es lo central. Dispensadme, pero estoy hasta la cruz de los pantalones de la preponderancia de sicólogos, loqueros y demás zascandiles que, lógicamente, son jaleados por los departamentos de recursos humanos. Así pues, abro el paraguas para soportar el chaparrón de los agremiados de ciertos colegios profesionales. Y –como Pereira, sostengo— que la primera y fundamental causa de lo que está ocurriendo en France Télécom está en que los vertiginosos cambios que se producen a diario están siendo gobernados de manera autoritaria a la búsqueda de la mayor acumulación capitalista que se haya dado en la historia. ¿Extremismo? No, lo dice un reformista, servidor de ustedes.


lunes 14 de septiembre de 2009

A UN AÑO DE LEHMAN BROTHERS





(O LA ESTUPEFACCIÓN DEL JURISTA ANTE LA CRISIS)


Miquel Àngel FALGUERA BARÓ


Mi pasión por el Derecho no me ha hecho olvidar mi formación e ideología marxistas. Aunque a veces lo omita en la abstracción del análisis, nunca dejo de recordar que en el fondo el Derecho no es más que una superestructura de los grupos dominantes en el marco de la lucha de clases y que, por tanto, se acaba sometiendo a los intereses de doña Economía. Algo que algunos “modernos” consideraban viejos axiomas caducos y que la actual crisis –en el caldo de cultivo previo del neoliberalismo sin límites- se está encargando de verificar con toda su crudeza.


Ocurre, sin embargo, que el jurista, en su introspección, tiende a diseñar su propia teoría del Derecho (personal e intransferible) y a ordenar el mundo conforme a dicha teoría. Por eso el jurista de verdad –no el titulado en Derecho que se dedica a otras cosas, como la política en sentido amplio- vive en un mundo ficticio. Un mundo perfecto. Pero un mundo irreal que nada –o muy poco- tiene que ver con la realidad que le envuelve. Llámenle si quieren “paranoia del jurista”. O, si se prefiere, el conflicto personal de la ética en clave kantiana, la diferencia entre el ser y el deber ser.


El maestro Norberto Bobbio hace tiempo me dio (o, mejor dicho, me di a mi mismo a través de su lectura) una receta milagrosa para superar mis crisis kantianas: “Para quien quiera eliminar los conflictos sociales (y no solamente resolverlos de una manera menos desastrosa que la de la guerra), el ideal de paz jurídica o del orden no es suficiente: tendrá que actuar sobre los motivos de los conflictos sociales sustituyendo por un orden justo el presente orden injusto. La antítesis no será ya la de paz-guerra, en la que se detienen los partidarios del Derecho como orden, sino la de, pongamos por caso, igualdad-desigualdad, de la que parten los partidarios del Derecho como justicia”. Bueno: esas sabias palabras (contenidas en su libro Contribución a la teoría del Derecho) me ayudan en momentos de ataques agudos, pero difícilmente me restablecen la salud mental. Sin ánimo de comparación entre su autor y un servidor –mi egolatría no llega a tanto-, es evidente que el docto torinés era un pensador del Derecho y yo, un simple juez. El podía elevarse por encima de leyes, reglamentos y jurisprudencia y observar más allá; yo aplico, como poder del Estado, leyes, reglamentos y jurisprudencia. Él hacía la teoría abstracta del mañana (de su mañana), yo la práctica del conflicto real del hoy.


Si, además, uno es marxista (lo que ya no es predicable en sentido estricto de Bobbio), es ya inevitable convertirse en una especie de esquizofrénico: mi mundo igualitariamente perfecto (mi deber ser) es sabedor que, en el fondo –en el ser-, mi sustento y mi saber pasan por la aplicación de lógicas e instrumentos de represión sobre los débiles y de salvaguardas de los poderosos, por la violencia de la clase dominante sobre la dominada. Pero, con todo, la enseñanza bobbiana me es útil, en tanto que me lleva a una noción instrumental o finalista del Derecho (como herramienta para conseguir la Justicia con mayúsculas o el orden justo) y me aparta de un concepto abstracto y acausal en el ejercicio de mi disciplina. Sin embargo, no evita que mi “yo” marxista y mi “yo” jurista estén permanentemente a la greña.


Continúa en
A UN AÑO DE LEHMAN BROTHERS en The Parapanda Tribnune


Radio Parapanda retrasmite: ¿”HACER NEGOCIOS” EN EL MUNDO GLOBAL IMPLICA LA INEXISTENCIA DE DERECHOS LABORALES? EL BANCO MUNDIAL CONTRA LA DEMOCRACIA SOCIAL.

viernes 11 de septiembre de 2009

FORD, OPEL Y MAGNA



Creo recordar que en el verano del año 2005 se celebró en Pamplona el penúltimo congreso de la Federación de Química, textiles y afines (FITEQA) de Comisiones Obreras. Los dirigentes de la federación me invitaron a participar en dicho acontecimiento y me encargaron la moderación de una mesa de debate entre los máximos responsables sindicales de las federaciones químicas y textiles mundiales y europeas. Cuando recibí la invitación manifesté a los amigos Quim González e Isidor Boix que no era aconsejable --dado mi carácter impertinente-- mi intervención en dicho debate ya que podría ponerles en un aprieto. Impávidos me contestaron: “Por eso lo hacemos, porque sabemos que vas a provocar”.


Sin embargo, para no significarme decidí temperar mis impulsos. Así es que, conduciendo la conversación, les pregunté a los primeros espadas de las federaciones mundiales y europeas: “Caballeros, no se me vayan por las ramas y respondan a esta pregunta sin circunloquios. Premisa: cuando una factoría se deslocaliza, pongamos por caso en Alcalá de Guadaira, y se traslada a Sajonia, ello representa dolor en Alcalá y alegría en Sajonia. Pregunta: ¿cómo intervienen ustedes en y ante esas situaciones?”.


Los primeros espadas parecían contestar algo así como “Costa, la de Levante; playas, las de Lloret”. Incisivamente juvenil les llamé al orden para que se centraran en la pregunta y no fueran por rodeos musicales. Nada conseguí, lo que evidencia, por supuesto, que fracasé como conductor del debate. Pues bien, …


… en una situación parecida estamos ahora con la historia de General Motors – Opel – Magna. La televisión daba ayer la noticia y, en el reportaje, aparecían los sindicalistas alemanes con una cara de enorme felicidad; sin embargo, los rostros de los sindicalistas españoles de la fábrica de Figueruelas demostraban justamente todo lo contrario. Dos comportamientos lógicos, dentro de lo que cabe.


Algunos amigos míos, mucho más competentes que un servidor – y, sobre todo, que están en activo— han acuñado un término en un intento de precisar más el concepto: la relocalización como elemento que matiza la expresión deslocalización. Creo que estamos ante una verdad a medias: se produce relocalización porque antes se ha operado una deslocalización. Estamos, pues, ante un constructo sindical que, sin embargo, no conecta con lo que tienen entre manos las gentes afectadas porque la factoría se ha ido con la música a otra parte.


Estas situaciones serán cada vez más frecuentes. De hecho, hace tiempo que son moneda corriente. De ahí que sean urgentes dos grandes operaciones de largo recorrido: a) la asunción del sindicalismo como sujeto plenamente global; y b) el diseño de una nueva personalidad de las instancias sindicales mundiales, lo que comportaría responsabilidades, poderes e instrumentos.


En ese sentido, estamos a la espera de lo que se discuta y apruebe en el próximo congreso de las TUC (Gran Bretaña).




Radio Parapanda. Ha muerto el amigo Rafael Tejero, fundador de la Unión Militar Democrática. Suena la música en su recuerdo:
Esperame en el cielo - Antonio Machín.


En la foto, Rafael Tejero recibe la distinción que le concedió la Fundación Abogados de Atocha en 2009.

viernes 4 de septiembre de 2009

CAMBIO DE MODELO PRODUCTIVO Y LEY DE SOSTENIBILIDAD DE LA ECONOMÍA



El Presidente Rodríguez Zapatero ha planteado dos iniciativas de gran calado y extenso recorrido: el cambio de modelo productivo y una ley de sostenibilidad de la economía. Los que profesan el antiguo oficio de pesimistas al por mayor se disponen, con renovado ardor guerrero, a manifestar que es una venta de humo; quienes ejercen el pesimismo al detall abren los ojos como platos y, como el ruiseñor lorquiano, parecen decir “veremos”. En cualquier caso, Zapatero expone un proyecto ambicioso y de gran coraje político.


Los problemas, sin embargo, empiezan cuando –hasta la hora presente— el Presidente del Gobierno no ha planteado en ningún medio unos mínimos contenidos concretos de su audaz (y necesaria) iniciativa. Es más, todavía no ha vinculado el cambio de modelo productivo con la ley de sostenibilidad de la economía. Es decir, no ha hablado de los vínculos y compatibilidades entre lo uno y lo otro. De donde el lector poco avisado podría entender que se trata de dos retos más o menos diferentes.


Y los problemas siguen cuando nadie está informado acerca de qué bases, por mínimas que sean, existen para convertir en acto el potencial deseo de Rodríguez Zapatero. Es decir, qué humus hay para, desde ahí, configurar una serie de disposiciones normativas –aunque sean incipientes— sobre dicha economía sostenible.


Digamos las cosas con una aproximada claridad: la consciencia real del empresariado español no se distingue precisamente por esa labor; las prácticas negociales entre los pacatamente llamados agentes sociales tampoco apuntan a novedades en la materia; y, hasta la presente, nadie desde el mundo de los saberes ha insinuado por dónde abrir la lata. O, lo que es lo mismo, hay que tocar muchas teclas para que las propuestas de Zapatero vayan adquiriendo una mínima fisicidad. Si no se abren –gradualmente, por supuesto— esas latas, los pesimistas al por mayor podrán afirmar, desparpajadamente, que eso eran pollas en vinagre.


Por lo demás, tanto la construcción de un nuevo modelo productivo como su ley “de acompañamiento” (la de la sostenibilidad de la economía) no pueden ser un conjunto de retales dispersos, desconectados los unos de los otros. Y más todavía, de manera articulada es preciso concretar un conjunto de variables que encajen aproximadamente en el polinomio. De momento, tengo para mí que sin una reforma fiscal, orientada en esa dirección, no hay posibilidad alguna de llegar a buen puerto. Y, sin pelos en la lengua: no es posible que la presente negociación colectiva –plagada mayoritariamente de contenidos fordistas— pueda jugar un papel adecuado para el mencionado proyecto.


Pido disculpas si se me va la mano, pero la pregunta que viene me lleva por la calle de la amargura: ¿con qué líderes políticos, empresariales y sociales se pone en marcha tan necesaria iniciativa? La respuesta es clara: con los que hay. Porque no se puede esperar el relevo. Ahora bien, los que existen, están en mayor o menor medida contagiados de toda una serie de prácticas que van en dirección contraria de lo que se ha planteado.

¿Pesimismo al por menor? No, es una manera amable de llamar la atención de las interferencias y, en algunos casos, dificultades existentes. De manera que no hay más remedio que recordar al viejo don José Zorrila: “Haremos … lo que podamos / Escribano, al caer el sol / al Cristo que está en la Vega / tomaréis declaración”.

miércoles 2 de septiembre de 2009

LA TRASVERSALIDAD NACIONALISTA (Un comentario)

No he tenido más remedio que cerrar los comentarios: un moscardón, probablemente en estado etílico, me inundaba con escritos que denotaban que estaba en poder de las uvas. Pero sí estoy en condiciones de publicar los que me llegan por otras vías. Como por ejemplo el facebook. He aquí uno que firma el amigo MAF.


También felicito al autor por sus reflexiones [las de
LA HARINA DE ESTE COSTAL]. Yo también, como catalán, espero que algún día lleguemos a la fase del postnacionalismo. Y añado, el nacionalismo mesocrático y rural. Y con ello no estoy abogando por el nacionalismo español que niega la realidad plural


¿Alguien puede citarme algún ejemplo de otro país en el que existan partidos que no sean de extrema derecha que tengan como hilo central de su discurso reivindicativo la relación de la Nación – Estado? En España hay, al menos, dos (el PP que ya está en la extrema derecha): Ciutadans y UPD. Y no me citen Bélgica: esa no ha sido nunca una realidad nacional sino un mal acoplamiento de dos comunidades diferenciadas. Bueno, si hay un ejemplo de transversalidad nacional mayoritaria: Serbia, en la antigua Yugoeslavia.


Pero, añado más: está bien -y reitero que lo comparto- pegar palos al gobierno catalán -que se dice de izquierdas- por su política más centrada en el Estatut que en la cuestión social. Mi preocupación es que la política nacional -es decir, española- sigue los mismos parámetros: que si la sentencia del TC, que si las escuchas al PP. Y mientras tanto un montón de gente lo está pasando mal, sin que la izquierda gobernante esté ofreciendo respuestas...


Pero que nadie argumente, contra lo dicho respecto a la transversabilidad nacionalista española excluyente, que la culpa es de los nacionalismos períféricos: ¿no hay tales en el Reino Unido? ¿no existen en Italia? Y, sin embargo, ningún partido democrático allí tiene como eje central el nacionalismo estatalista...


¿Para cuando el mínimo sentido de estado de partidos y sindicatos? ¿cuándo se van a sentar a una mesa y van a diseñar el futuro de nuestro modelo de relaciones laborales y nuestro modelo productivo, abandonando partidismos gallináceos e intereses de parte? Saludos, MAF.

martes 1 de septiembre de 2009

REFLEXIONES LONDINENSES (Romper con el fordismo)


Miquel Àngel FALGUERA BARÓ


Este año he pasado algunos días de mis vacaciones en mi querida Londres. Y entre la lectura que llevaba para relajar la mente en los largos períodos de descanso entre caminata y caminata –que uno ya empieza a tener una cierta edad- estaba el magnífico y recomendable libro de Antonio Baylos y Joaquín Pérez Rey “El despido o la violencia del poder privado”, publicado por Trotta (y aprovecho aquí para mandarle un mensaje a Antonio: te agradezco que me lo hicieras llegar y la dedicatoria y siento no haberlo leído antes, pero quería hacerlo con sosiego)

La concurrencia de ambos factores (Londres y el libro) me ha llevado a sentirme como una especie de Alicia en “A través del espejo”, es decir a contemplar la realidad desde otro lado. Ya se sabe que esos británicos lo hacen todo al revés (circular, expresarse e, incluso, pensar). Y eso se acaba pegando, quieras que no. Por su parte, Baylos y Pérez Rey ofrecen una visión claramente a contracorriente de una de las instituciones básicas del Derecho del Trabajo, el despido en sentido amplio. Se trata de una reflexión alternativa de la disciplina que viene a discutir el conformismo generalizado y prácticamente acrítico de la doctrina iuslaboralista –incluso, y siento decirlo, por la inmensa mayoría de autores que se reivindican como progresistas y, algunos, incluso de izquierda-. Y tal vez algo de eso se me haya acabado pegando también.

Es de elogiar que en unos tiempos en los que la lógica meramente economicista ha corrompido como nunca antes la sociedad, los valores e, incluso, la consciencia de ciudadanía, conformando un ominoso pensamiento único basado en el individualismo, el simple afán de lucro y la entronización del mercado, los autores de esa obra se sitúan “al otro lado” (en un gesto que me atrevo a calificar de “heroico” con la que está cayendo): revindican el Derecho como instrumento de civilidad, recuerdan que nuestro sistema constitucional –como el resto de los europeos- dibujan un Estado de Derecho que es también Social, ponen encima de la mesa que el iuslaboralismo deriva de los valores republicanos –no sólo la libertad, también la igualdad- y reclaman la ciudadanía laboriosa y los valores del trabajo como centro del necesario paradigma democrático.

Y es por ello que la figura del despido se dibuja en estas reflexiones como un ejercicio de autotutela empresarial, ajeno a la lógica contractual civilista, que se basa, simplemente, en el derecho de la propiedad, sólo sometido a un control judicial “ex post”. Y aunque esa “violencia del poder privado” ha operado siempre así desde que el Derecho del Trabajo se reconoce como tal, el libro pone en evidencia cómo la lógica del neoliberalismo –el gran corruptor de los valores democráticos- ha venido rescribiendo en los dos últimos decenios los mecanismos de igualdad formal entre las partes, sometiendo cada vez más a esa institución clave del iuslaboralismo a los intereses empresariales. El dedo acusador de los autores no se dirige sólo contra el poder legislativo. También lo hace hacia el poder judicial, significativamente a la constante y continuada labor hermenéutica de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo, en una clara acusación que yo no puedo suscribir públicamente (reitero: públicamente), so pena, caso contrario de que el Consejo General del Poder judicial me abra un expediente disciplinario.

Pero el panfleto (en la buena y sana acepción de la palabra) de Baylos y Pérez Rey no se queda sólo en las críticas: avanza en el terreno de las propuestas, entre las que me interesa destacar la reflexión específica que se hace del marco legal de la nulidad del despido, en relación a los arts. 55.5 del Estatuto de los Trabajadores (ET) y 108.2 de la Ley de Procedimiento Laboral (LPL), recordando que los derechos fundamentales –cuya vulneración determina la calificación de nulidad- no son, conforme a la más moderna y avanzada doctrina constitucional, únicamente los que contempla la Sección Primera del Título Segundo de la Constitución española (CE), sino también los de la Sección Segunda, y, por tanto, el derecho al trabajo del art. 35 de nuestra Carta Magna. Y aunque también la libertad de empresa y el derecho a la propiedad tienen el mismo cobijo constitucional, se constata cómo determinados supuestos de despido –especialmente, los que tienen como causa situaciones de incapacidad temporal o los que carecen de causa real- se cohonestan con otros derechos fundamentales, especialmente el de tutela judicial efectiva, ex art. 24 CE.

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REFLEXIONES LONDINENSES (Romper con el fordismo)