
Enric FRANCÉS
José Luis López Bulla, secretario general de CC.OO. de Cataluña, se propuso celebrar una boda sonada, y sin duda alguna lo fue la celebrada ayer en el Ayuntamiento de Badalona, con la prolongación de la fiesta que después tuvo lugar en el viejo Cine Princesa, hoy sede de la CONC.
A José Luís López Bulla no hay que presentarlo, pues es de sobra conocido tanto en el mundo político como en el sindical. También se sabe que nació en Granada y llegó a Mataró en 1965, donde entró en contacto con el mundo laboral, en el sector de las Artes Gráficas y, con el mundo sindical, donde fraternizó con otros compañeros católicos, ex cenetistas y comunistas. Lo que siempre mantuvo en secreto, y no sabemos por qué, fue su edad. Pero ayer, en el salón de sesiones del Ayuntamiento de Badalona, al darse lectura al acta matrimonial, por fin nos enteramos que había nacido el 25 de julio de 1943, con lo que próximamente cumplirá los 47 años, siete más que su ya esposa, Roser Martínez Saborit.
Hay que destacar que llegó a la cita con toda puntualidad, lo cual causó asombró a cuantos amigos se habían congregado en el salón de sesiones del Ayuntamiento de Badalona. José Luis vestía un traje de verano, de color beige. La novia, de Sant Adriá de Besós, llegó luciendo un traje de chaqueta, siete octavos, de crepé color azul rey, contrastando brillo y mate, sobre cuerpo blanco con pintas azules. Completaban el atuendo un pequeño sombrero redondo de tipo tambor, un gran reloj con correa de cuero y “bouquet” de flores blancas.
José Luis López Bulla, como se recordará, fue detenido en varias ocasiones cuando actuaba en la ilegalidad. En una de ellas, cumpliendo condena en la cárcel de Soria, protagonizó el primer matrimonio civil de la provincia. Pero después, las cosas no fueron como era de desear y tuvo que divorciarse. De quel matrimonio tuvo un hijo, Helios, que ayer, ya con 17 años de edad, asistió a la boda de su padre. Entre los asistentes populares, se encontraban también en el salón de sesiones del Ayuntamiento de Badalona el presidente de CC.00., Marcelino Camacho, y el alcalde de aquella ciudad, Joan Blanch. Por parte del “otro sindicato”, sólo vimos al ex secretario general de la UGT de Cataluña, Justo Domínguez. Este recordó, por cierto, que López Bulla incumplía en aquel momento la promesa que le había hecho de que los dos celebrarían sus respectivas bodas el mismo día (1).
La boda fue legalizada por Ascensión Solé Puig, recién nombrada Magistrada de la sala número 9 de las de Badalona. La espera para que la ilustre togada —amiga del matrimonio— tomara posesión de su cargo y los trámites del divorcio hicieron que el noviazgo se prolongara diez años. Actuaron de testigos Bibiana Bigorra, la secretaria de José Luis, y Francisco Javier Sánchez del Campo, su amigo. La primera, a causa de su nuevo peinado, hizo retrasar la boda unos quince minutos, y el segundo nos contó cómo se produjo el flechazo y que el avispado secretario general de la CONC se le adelantó en la petición de la mano de la bella Roser. Esta, en 1979, entró a trabajar en el área de Finanzas de la CONC. Allí conoció a Francisco Javier y a José Luis, que diariamente, después de cada jornada, se dirigían hacia el Maresme, pasando como es natural por Sant Adriá de Besós, hasta donde acompañaban a Roser. Al final, José Luis se llevó el “gato al agua” y, después de diez años de profesarse mutuo amor, la pareja ve cumplidos ahora sus deseos de legalizar su unión. El viaje de novios pasa por Mataró, las Islas Azores y regreso a Barcelona. Después, ya en la calma del hogar, José Luis pódrá seguir escuchando a sus músicos preferidos: Mozart, Verdi y al checo Bedrich Smetana...
La Vanguardia 30 de Junio de 1990
(1) Nota del Editor. Muy cierto. Incumplí la promesa al buen amigo Justo. Pero, también es verdad, que --después de urgirle que debíamos casarnos, el compañero se hacía el longuis y la pobre Isabel estaba que trinaba. Así es que decidí cortar por lo sano. Al final se casaron también.