Ayer hizo la friolera de 37 años (treinta y siete) que se produjo la detención de diez dirigentes sindicales de Comisiones Obreras en Madrid, concretamente en el Convento de los Oblatos de Pozuelo de Alarcón, Madrid. De hecho el grupo constituía la dirección de aquel movimiento de trabajadores y, entre sus figuras, estaban compañeros como Marcelino Camacho, Nicolás Sartorius, Juan Muñiz Zapico (el inolvidable Juanín), Eduardo Saborido, Fernando Soto, entre los de más nombradía. Por los pelos nos escapamos la delegación catalana: Cipriano García, Armando Varo y un servidor. Como detalle anecdótico diré que yo iba con la pierna izquierda escayolada porque días atrás tuve un accidente de trabajo en una obra de Sant Pol de Mar: cuando hay cambio de tiempo todavía me pica el dedo gordo del pie.
Mi maestro Cipriano García y un servidor tomamos el ten en la Estación de Francia, en Barcelona. Armando Varo, que iba acompañado de su compañera, utilizó otro medio de transporte que ahora no recuerdo. Durante el trayecto Cipriano y yo estuvimos repasando los argumentos que íbamos a debatir en aquel encuentro. De hecho, el tema a debatir era “la unidad sindical”, sobre la base de un documento que había preparado Nicolás Sartorius. Como nota curiosa diré que había aparecido una versión pública, conveniente matizada, en la revista Cuadernos para el diálogo, firmado por NSA, esto es: Nicolás Sartorius Álvarez.
Nosotros habíamos estudiado el papel y teníamos algunos desencuentros sobre lo que allí se planteaba. Nos parecía que, siendo una brillante aportación a la cuestión unitaria, no ponía el énfasis suficiente (ni siquiera necesario) en el papel de los “enlaces sindicales”, es decir, los representantes de los trabajadores en la empresa. El documento abordaba la negociación “por arriba”, a saber: con las cúpulas de UGT y USO y, sólo de manera abstracta, hablaba del papel de los trabajadores y sus representates. Íbamos, pues, a Madrid a intentar convencer a nuestros compañeros de que la declaración necesitaba una buena mano de pintura. Cipriano dejó en mis manos (siempre intentaba que los jóvenes asumiéramos un papel relevante) la argumentación, al tiempo que insistía en que fuera lo menos petulante posible. Agotada la conversación se puso a nombrarme (recordando sus años mozos de cabrero en tierras manchegas) las estrellas del firmamento. Y, como quien no quiere la cosa, llegamos a la estación de Atocha.
Tomamos el autobús con dirección a Pozuelo (Armando Varo tenía que reunirse con nosotros en la plaza del pueblo) y, allí, alguien vendría a recogernos para ir al convento. Todo perfecto, de momento. Llegamos a la plaza del pueblo: cuatro o cinco furgonetas con policías hacían guardia. Lagarto, lagarto.
Un albañil, al lado de una hormigonera, comentaba con otros del oficio –aunque observándonos a nosotros— que la presencia policial se debía a una redada de traficantes de droga de toda España. Sorprendentemente explicó: “A la policía les falta detener a los de Barcelona”. Lagarto, lagarto. Cipri nos llevó a desayunar, haciendo tiempo para que viniese el autobús que nos llevara a Madrid y dejar de lado la reunión. A punto estuve de meter la pata en la taberna de la plaza del pueblo; un poco más y pido un bocadillo: el pan con tomate. No lo hice porque un sexto sentido me lo impidió.
Volvimos a Madrid: el convento de los Oblatos estaba tomado por la policía. Total que, ya en la capital, Cipri llamó a un camarada del Partido, llamado Sastrón. Desde su casa llamó por teléfono a Josefina, la esposa de Marcelino, que ya estaba al tanto. Salimos pitando. Sastrón nos metió en una furgoneta y nos dejó en Guadalajara. Y desde allí salimos para Barcelona, dando vueltas y revueltas.
Cipriano llegó a tiempo para corregir lo que hubiera podido ser un contratiempo para nosotros tres. Las máquinas de imprimir del PSUC se disponían a dar cuenta de todas las detenciones, e ignorando que nosotros no habíamos “caído” daban también nuestros nombres. Menos mal que se corrigió.
Días más tarde, hablando con los compañeros de Mataró, yo intentaba minimizar la gravedad de lo sucedido. Como no estaba Cipriano para recordarme la sobriedad en la exposición, dije altaneramente a la selecta concurrencia: “Sólo ha sido un rasguño”. Pero aquello no coló: la detención había sido importantísima. O, en otras palabras, tener excesivo desparpajo no siempre es conveniente.
Radio Parapanda. A la memoria del maestro Cipriano García. Cantan: LEO NUCCI y LUCIANA SERRA, "SÍ VENDETTA”.
El lema de este blog es: "Nada curo llorando y nada empeoraré si gozo de la alegría" (Arquílaco).
miércoles, 24 de junio de 2009
AQUELLA DETENCIÓN DE MARCELINO CAMACHO: LOS DIEZ DE CARABANCHEL
martes, 16 de junio de 2009
CONFLICTO DE SABERES, CONFLICTO SOCIAL

Recomiendo muy vivamente la atenta lectura de la próxima editorial de la Revista de Derecho Social. En el blog de Antonio Baylos aparece un anticipo en CULTURA DEL TRABAJO Y TRABAJO CULTURAL. Para subrayar su importancia me he permitido, además, poner un vínculo en la sección “Lecturas recomendadas” de esta misma bitácora. Vale, se supone que ya lo has leído, y no en diagonal que es una forma de no enterarte de nada. También habrás observado el comentario que un llamado Tarsicio Rector, posiblemente una liebre que alguien, de manera intencionada, ha dejado caer para provocar la atención de los mortales habidos y por haber. Templando gaitas, se deja caer de la siguiente manera, Tarsicio Rector dijo: “Yo pienso que los sindicatos tienen demasiadas cosas por hacer en la defensa inmediata de los trabajadores como para que se dediquen a elucubraciones sobre la cultura burguesa (con perdón). En la experiencia de las luchas es donde se forja la cultura de clase”.
Sea como fuere –esto es, la posibilidad de compatibilizar la agenda del sindicalista con los procesos formativos, lo que vendría, así las cosas, a dar a entender que no hay lugar en ella para el estudio y la investigación, incluso de lo que el mismo actor social genera— el problema que se ventila es qué conocimientos tiene el dirigente sindical para intervenir en la acción colectiva y ejercer adecuadamente su papel de representación.
Es cierto, anual o semestralmente las organizaciones sindicales organizan, en sus Escuelas de Verano y Otoño, importantes seminarios; también hay que reseñar el funcionamiento de los departamentos de formación sindical de las confederaciones. De donde se infiere fácilmente que esta es una preocupación real que se concreta en actividades más o menos permanentes. Pero, como sus mismos responsables admiten, todo ese esfuerzo no basta para estar al tanto de los grandes desafíos que, con frecuencia en solitario, aborda el sindicalismo confederal.
Me viene a la memoria el siguiente dato: el año pasado, el 95 por ciento de la actividad económica mundial fue financiera. Y, tres cuartos de lo mismo, pasó en años anteriores. Podemos preguntarnos, pues, qué reflexiones y orientaciones –es decir, qué praxis—pone en movimiento el sindicalismo confederal, estando –como están— así las cosas. Una apresurada conclusión de ello podría ser: con ese dato ya no tiene sentido hablar de la economía real (la productiva) y la financiero-especulativa. En otras palabras, qué decir ante ese nuevo estadio de “burbuja financiera estructural”. Lo que equivaldría a darle un contenido ambicioso a lo que podría ser una homeopatía zapateriana: el cambio de modelo económico. Y también me viene a las mientes la siguiente consideración: la innovación ya no va ligada al empresario capitalista individual, tal como le habría gustado a Schumpeter, sino que surge de la acción combinada de sujetos (capitalistas) diversos. De manera que la innovación es cosa de la mayor importancia para la acción colectiva, global, del sindicalismo.
Pues bien, si ya no existe, de un lado, la economía productiva y, de otro, la de tipo financiero ¿qué conocimientos nuevos, desaprendiendo los viejos, tienen los dirigentes sindicales? Si la respuesta es positiva habrá que preguntar dónde y cuándo los han adquirido. Un desparpajado Tarsicio Rector exclama bonachonamente “que los sindicatos tienen demasiadas cosas por hacer en la defensa inmediata de los trabajadores como para que se dediquen a elucubraciones sobre la cultura burguesa”. “Demasiadas cosas” ¿pero con qué carácter se realiza esa defensa? Ahora bien, el mismo comentarista nos señala con enérgica voz de cabo furriel: “en la experiencia de las luchas es donde se forja la cultura de clase”.
Oído cocina: si en esta fase radicalmente nueva de innovación-reestructuración (global) la acción colectiva está no suficientemente ubicada en el actual paradigma, la experiencia que se adquiere no vale, pues es la expresión de idiotismos de oficio de la anterior fase (fordista). Más todavía, este cabo furriel recuerda a los viejos dirigentes políticos de antañazo cuando sólo (y solamente) valoraban el “olfato de clase”, cuyo patrón podría ser Cyrano de Bergerac. La razón de los viejos solistas y comunistas de ayer era clara: los trabajadores deben disponer de “olfato de clase”; a los dirigentes políticos les correspondería el conocimiento científico. Aunque pronto se vio que todo ello era una metáfora putativa para que papá-partido pudiera colonizar al sindicalismo confederal y le sirviera de prótesis para las contingencias políticas que eran, según ellos, de menester.
Abreviando, hace ya muchos años, un inquieto sindicalista, Javier Sánchez del Campo, pretendía convencerme en las plácidas tardes veraniegas de Mataró (que está muy cerca de Sant Vicenç de Montalt) que era imprescindible vincular, acreditadamente, los estudios a la elección de todo dirigente sindical. Cuidadito cómo se interpreta la idea de mi amigo: no decía que el sindicalista, para ser elegido, debía disponer de un título. Afirmaba que esa acreditación tenía que ser el resultado de unos procesos formativos dados en el sindicato. Según el inquieto Sánchez del Campo esto debía ser una componente más (obligatoria) para ejercer la representación. Lo cierto es que un servidor no supo darle corposidad a esta visionaria idea. Lo siento muy de veras. De ahí que el bonachón de Tarsicio Rector tenga más predicamento. Tal vez porque la cultura chusquera es más tranquilizadora. O porque todavía no se ha entendido que el conflicto de saberes es una parte fundamental del conflicto social.
Radio Parapanda dedica a Tarsicio Rector una bella pieza que inmortalizó el maestro mataronés Peret. La emitimos sin retranca alguna: Borriquito como tú
jueves, 11 de junio de 2009
NOTAS SOBRE EL "OBSERVATORIO SINDICALISMO EN LA GLOBALIZACIÓN"

En el primer encuentro que celebramos el “Observatorio Sindicalismo en la Globalización”, dirigido por la mano sabiamente experta de Isidor Boix, dejé caer lo siguiente:
“Soy del parecer –aunque sea una impertinencia decirlo en esta reunión-- que las grandes transformaciones que se están operando en los aparatos productivos, de servicios y de la economía mundo son más determinantes que este fenómeno de la globalización.”
El propio Isidor recoge esta formulación (con ciertas cautelas en su redactado, como corresponde a su condición de sintetizador del debate) en la clausura de la discusión, tal como se ve en: http://www.fiteqa.ccoo.es/asinter/SFasi/FUNDACION%20SINDICAL%20ESTUDIOS/Informe%20Reunion%2028-5-09.pdf.
Al igual que Pereira, sostengo lo que manifesté en aquella ocasión. Es más, pienso que el sindicalismo confederal europeo tiene un déficit considerable en la observación de este gigantesco proceso de innovación-reestructuración [de los aparatos productivos y de servicios] y, por consiguiente, ello redunda en la práctica de su acción colectiva, esto es, en el modus essendi de todas las prácticas contractuales. Oído cocina: no estoy afirmando que la globalización sea algo irrelevante; simplemente me limito a enfatizar en que la madre del cordero está en esta fase de largo recorrido de la innovación-reestructuración que es, primero, madre y, sólo después, consecuencia de la globalización. Por lo que sostengo, nuevamente al igual que Pereira, que estudiar ambos fenómenos por separado tiene sus limitaciones. Por supuesto, ello no impide que un servidor intervenga en la medida de mis posibilidades en el Observatorio. Para mí es un honor.
La globalización es un proceso que viene de antiguo, según han dejado escrito no pocos estudiosos. Lo nuevo de ella es que ahora está prácticamente alcanzada o casi. Lo nuevo, naturalmente, es que sus efectos se producen instantáneamente o casi. Digamos, por ejemplo, que el famoso Barbudo de Tréveris ya hablaba, a su modo, de la globalización, cuando se refería a la “interdependencia”.
Ahora bien, jamás hubo en la historia un proceso tan gigantesco como este continuo revolucionar de los aparatos productivos y de servicios. Ni nunca esas transformaciones fueron tan hondas y, sobre todo, tan veloces: es como si la innovación y la obsolescencia estuvieran paseando de bracete. Entre paréntesis, diré que este epifenómeno es el talón de Aquiles de las izquierdas políticas. Cierro el paréntesis –pero queda dicho.
Me arriesgo de manera impertinente a pronosticar, en un tiempo relativamente breve, una nueva oleada de transformaciones. Serían, expuestas sin orden de prelación, las siguientes: a) una aceleración de nuevas agrupaciones de grandes empresas en la línea de Chrysler – Fiat tanto en los sectores industriales como financieros; y b) una reconversión gradual hacia “lo verde”. Dicho en pobres palabras, el proceso de innovación-reestructuración de la economía mundo, que es de largo recorrido, ya no es algo contingente sino el paradigma en el que debe medirse la acción colectiva del sindicalismo confederal. Y, me excuso por la obviedad, este proceso se da en la “globalización concreta”. ¿Por qué hablo de globalización concreta? Porque -- presento mis excusas-- a veces tengo la impresión de que hablamos de globalización como si fuera algo abstracto. Pongo dos ejemplos como (insuficiente) argumento de ello: de un lado, la acción colectiva del sindicalismo, desubicada del nuevo paradigma, es decir, manteniendo a estas alturas una praxis que todavía sigue siendo fordista; y, de otra parte, el empleo de instrumentos de representación que no tienen, ni siquiera tendencialmente, una personalidad global.
Me interesa dejar claro que la prioridad que doy a la innovación-reestructuración sobre la globalización sólo tiene un interés estrictamente sindical. O sea, para la utilidad de la acción colectiva. Para que sea lo más útil posible a las personas que trabajan o van a la búsqueda de un empleo. De ahí la necesidad de dar en la tecla de saber, con punto de vista fundamentado, las pautas de la transformación en los espacios productivos y la evolución correlativa de los modos de trabajo y de vida por entero diferentes, ahora, a los que tenían las personas que Benjamin Coriat analizara, con muchos más aciertos que lagunas, en su día.
Acabo con una apostilla. Lo digo con titubeos: ¿estamos dedicando más tiempo de intervención sindical a los “Códigos de conducta” que a la ardua tarea de exigir la negociación? Conozco aproximadamente la dificultad de las prácticas negociales trasnacionales y globales. Nada que objetar. Pero me pregunto si no está apareciendo un cierto descuido, no digo en negociar sino en la exigencia de ello. Que conste, lo he dicho como quien tartamudea o está titubeando.
***
Radio Parapanda. Dedicado a la XIV Promoción de graduados de la Escuela de Relaciones Laborales de Albacete. La Orquesta sinfónica de Parapanda, dirigida por el maestro Sánchez del Campo, interpreta la Obertura de La Italiana en Argel
miércoles, 10 de junio de 2009
ELECCIONES EUROPEAS Y LA REGLA DE RUFFINI
Las fuerzas políticas catalanas que conforman el tripartito han coincidido, con mayor o menor énfasis, en que José Luís Rodríguez Zapatero es el responsable de: a) la espectacular abstención activa que se ha dado en Catalunya, b) de la pérdida de votos de cada cual, y c) de la apendicitis del maestro armero. No conviene descartar que así sea, porque los responsables políticos son gente informada y conocen el empedrao que pisan.
Partamos, pues, de las hipótesis de los dirigentes políticos catalanes: la mano larga, diestra o zocata, de don José Luís tiene en su haber las responsabilidades que se le achacan. Ahora bien, no hay novedad alguna al afirmar que la ingente bolsa abstencionista catalana es un quiste que viene de muy atrás. Peor todavía, los (tozudos) datos indican que la cosa se agiganta cada vez más. Así pues, no parece baldío preguntarse el por qué de la cuestión. Ocurre, sin embargo, que –desde mi escepticismo al por menor— que cuando se reitera testarudamente en no abordar el problema será porque se asume el hecho abstencionista como tal, como cosa normalizada. Y si unos y otros se han instalado en no buscar el fondo del fondo de la cuestión será porque –insisto: desde mi escepticismo al por menor— a unos (a unos más que a otros) les conviene ese quiste abstencionista. O lo que es lo mismo: la pugna electoral se reparte sólo entre los “votantes instalados”.
No es muy descabellado, ciertamente, relatar que Zapatero tiene responsabilidades. Pero ello sugeriría, en aproximada consecuencia, que el llamado efecto Zapatero se ha ido con la música no se sabe a dónde. Lo que, tal vez, acarrearía algunos problemas añadidos a los socialistas catalanes. Ahora bien, falta en todas las izquierdas la siguiente consideración: ¿qué responsabilidades propias tiene cada cual en sus resultados, empezando por la abstención? Lamento repetir la historieta pero no tengo más remedio. Cuando el sindicato CGIL perdió las elecciones en la FIAT (a mediados de los años cincuenta del siglo pasado), los dirigentes sindicales y políticos “amigos” le echaron la culpa de la derrota (unos) a la actitud de la empresa, (otros) al resto de los sindicatos que competían en la contienda, y el resto endilgó las responsabilidades al maestro armero. La voz lúcida de Giuseppe Di Vittorio clamó enérgicamente: “Sea como vosotros decís. Pero en el caso de que sólo tengamos un cinco por ciento de culpa, esa cifra es toda nuestra responsabilidad ante nosotros mismos: ese cinco por ciento es nuestro cien por cien”. Cosa que no pudo rebatir nadie, a pesar de que matemáticamente un cinco por ciento parezca imposible que sea igual a un cien por cien. Pero…
… pero, bien pensado, matemáticamente es posible. Hágase la conveniente ecuación poniendo el cinco por ciento en base x y el cien por cien en base decimal. Aplíquese la Regla de Ruffini y ahí, ahí está el detalle. En consecuencia, más allá del sistema decimal hay vida. Especialmente para aplicarse a la valoración de los procesos electorales.
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Radio Parapanda. Dedicado a Manolo Garrido y a nuestras amistades del Golfo de Nápoles: Manolo Caracol canta "Carcelero"
lunes, 8 de junio de 2009
UN PESPUNTE SOBRE LOS RESULTADOS ELECTORALES
Estoy a la espera del análisis que hagan gente con sentido común sobre el resultado de las elecciones europeas, así en la sala de estar española como en la casa europea. De momento me limitaré a constatar lo evidente: las izquierdas han retrocedido; la derecha ha avanzado en el Parlamento europeo. Dejo en barbecho, a la espera de más meditación, lo siguiente: ¿se abre, política y sociológicamente, un nuevo ciclo derechista en Europa? No conviene precipitarse con respuestas apresuradas y pasionales. Es preciso tener datos y, tras ellos, hacer la lectura más aproximadamente fundamentada.
En cualquier caso no me resisto a poner sobre el “ciberpapel” algo que me ronda la cabeza desde hace tiempo: es preciso que las diversas izquierdas abran un periodo de largo recorrido de nuevas relaciones entre sí. Oído cocina: no estoy insinuando un acercamiento político orgánico. Por supuesto, tampoco estoy hablando de que, para decirlo coloquialmente, el pez gordo se coma al chico.
Me refiero a que las izquierdas empiecen a pensar en construir, desde cada diversidad política, los primeros cimientos de una estable unidad de acción sin fecha de caducidad, aclarando que sólo (y sólamente) se trata, ni más ni menos, que de eso. Tampoco estoy hablando de lo que pomposamente se llama “programa común”. Sería simplemente una voluntad política, unos pocos puntos compartidos en un primer itinerario de interesada amistad. Aunque esto último pueda sonar cursi a los oídos berroqueños de algunos, es preferible a la vieja y devastadora técnica de darse mordiscos en la yugular. Vale.
Radio Parapanda tiene el gusto emitir una conocida aria que, de tanta fama, es harto conocida por todas las izquierdas. Canta Katia Ricciarelli en el Teatro Conxita Supervía de la Ciudad-estado de Parapanda.
domingo, 7 de junio de 2009
ACTIVIDADES ACADÉMICAS Y GOLIARDESCAS EN ALBACETE
Me he pasado unos días magníficos en Albacete. Que a nadie se le ocurra pensar que formaba parte de una excursión del INSERSO (fracción juvenil), aunque posiblemente todo llegará en su momento. De hecho he ido (con perdón) a trabajar. Y, dicho técnicamente, a participar en unas jornadas de la Universidad Castilla La Mancha sobre las garantías de los trabajadores ante los despidos objetivo y colectivo, invitado --con amable energía, esto es, sin posibilidad de negativa— por el profesor don Joaquín Aparicio Tovar. Este caballero había urdido previamente con el estudiantado de la XIV promoción de la Escuela de Relaciones Laborales que un servidor fuera el Padrino de dicha generación de licenciados. Como ambas cosas no eran amables sugerencias, sino enérgicas consignas contundentemente prusianas, no tuve más remedio que aceptar perinde ac cadaver.
Llego a Albacete el miércoles a las cuatro de la tarde: el Sol catellanomanchego se esfuerza ásperamente en su cometido más llamativo, es decir, en calentarme los sesos mientras hago cola para tomar un taxi que me lleve al Hotel. Antes de mí se encuentra un caballero cincuentón: es su turno. Me dice: “Caballero, coja usted este taxi”. Le digo que es su vez. Insiste con el hospitalario argumento de que se encuentra en casa. No tengo más remedio que aceptar el gesto. Dentro del coche le pregunto al taxista, ajeno al detalle, quién es el señor que estaba antes de mí: “Es don Manuel Pérez Castell, ex alcalde socialista de Albacete”. Le explico lo que ha ocurrido: “Los políticos tienen que dar ejemplo”, me dice. En efecto, me digo. Pero no hay que confundir dar ejemplo con gentileza. Comoquiera que me llamó la atención del ex alcalde expliqué la anécdota a varios amigos albaceteños; todos coincidieron que Pérez Castell es una excelente persona. Hubo alguien que añadió: “Por eso los suyos le pegaron una patada para arriba”. [Días después tuve ocasión de hablar por teléfono con él; me dió recuerdos para Carles Navales y Genis Matabosch]
El jueves empezaron las jornadas. La ponencia de apertura la presenta el flamante secretario general de Comisiones Obreras, Toxo. Una intervención densa de contenidos. Explica lo que está ocurriendo y las propuestas del sindicato; incide en el planteamiento del pacto contra la crisis y el paro. Una hora y media de intervención que seguimos atentamente los presentes: magistrados, jueces, fiscales, abogados y algunos intrusos como un servidor. Pepe Vázquez, antiguo dirigente sindical de Lleida y desde hace un par de años abogado de Comisiones no para de tomar eso que se llama “apuntes”. Es extraño, pienso para mis adentros, que sea el único laboralista de Catalunya que asiste a este importante encuentro. Por cierto, cuando don Luis Collado (eminente editor de la Revista de Derecho Social) me pregunta las razones de tan llamativa ausencia, le respondo, granaína y abomarzadamente que tal vez no lo necesiten. De la intervención de Toxo destaco una novedad. El dirigente sindical dejó caer la necesidad de abrir el debate sobre la representación de los trabajadores, haciendo explícita referencia a la cuestión de los comités de empresa y el sindicato. “Ya era hora”, me dije. Ese mismo día como con el mismo Toxo y los compañeros de la dirección del sindicato albaceteño: una gente muy seria y muy capaz. Por la tarde se celebra un acto sindical donde habla Toxo, compitiendo con el calor que, estajanovistamente, no tiene contemplaciones en aquellas tierras. El auditorio con un lleno hasta la bandera escucha atentamente y toma notas. González Zamora y yo nos apostamos en las escaleras para que nos llegue el fresquito de la calle.
Vuelvo a las jornadas. Todos los ponentes –lo más granado del iuslaboralismo patrio— estuvieron a la altura de las expectativas. No digo los nombres porque ya han quedado señalados en la primera conexión que hay en esta entrada. Tras cada ponencia hubo un amplio debate sin ningún tipo de protocolo, lo que es un elemento de distinción con relación a otros eventos jornadísticos donde el carácter versallesco es la nota dominante.
No pienso hablar de las actividades al margen de las Jornadas por ser irrelevantes para el curioso lector. Por ejemplo, ¿a quién le puede interesar nuestras goliardescas comilonas y nuestros sedientos gaznantes regados profusamente con los vinos de la tierra? ¿A quien le incumbe los chicoleos que nos trajimos Antonio Baylos, Enrique Lillo y la bella representante de Radio Parapanda en el Golfo de Nápoles, la joven profesora Carmen Galitzia?
El viernes por la tarde, ya clausuradas las jornadas, me advierte, con voz de secretario de organización, mi sobrino Rodolfo Benito que “con esa facha que tienes no puedes ser el Padrino de la XIV Promoción de la Escuela de Relaciones Laborales. ¿Qué es eso de ir sin chaqueta y corbata a un acto de esa importancia”. De manera que un servidor –temeroso de que me abran un expediente de expulsión y la cosa llegue a la Comisión de Garantías del sindicato— le pido a don Lluís Collado que me preste una chaqueta. Don Joaquín Aparicio me regala una corbata. Rodolfo se da por satisfecho, me pasa revista y finalmente me dice que estoy medio presentable, especialmente por la chaqueta de Collado, blanca como la nieve y elegante como su dueño: nadie se dio cuenta de que no podía abrochármela.
El acto fue una maravilla: el estudiantado iba elegantemente vestido, Antonio Baylos no paraba de hacer fotos, el magnífico Orfeón de Albacete entonó varias piezas (entre ellas, y a su debido tiempo, el solemne himno de los conmilitones Gaudeamus Igitur), un servidor luciendo verde beca --muy útil para simular la estrechez de la bella chaqueta de Collado-- les dirigí unas palabritas a los recién licenciados. Que ya no recuerdo porque los años no pasan en balde. Los fastos se cerraron con una merienda-cena donde los recién licenciados pasearon su iucundam iuventutem, los profesores (sólo algunos de ellos) lucieron dignamente su molestam senectutem…, y un servidor –ya en mangas de camisa, afortunadamente— le cantaba a un responsable de la Asociación Albacetense de Amigos de la Ópera la afamada aria Spirto Gentil, tal vez de una manera irreconocible para su autor, el maestro Gaetano Donizetti.
Radio Parapanda dará cuenta (ya en serio) del desarrollo más pormenorizado de las Jornadas de Albacete. Doctores tiene la Iglesia...
lunes, 1 de junio de 2009
LA PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES
José Luis Monereo Pérez ha escrito "La protección de los derechos fundamentales. El modelo europeo". [Editorial Bomarzo, Albacete, 2009] Este es el último libro que la prestigiosa Bomarzo, dirigida por don Luis Collado, saca a la luz pública. Una recensión de urgencia –a la espera de lo que se diga más parsimoniosamente en el próximo número de la Revista del Derecho Social-- la puede encontrar el ávido lector (sindicalista u operador jurídico, manager empresarial o el docto talabartero) en LA PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES. EL MODELO EUROPEO. Todo indica que estos primeros comentarios sobre la obra monereana se deben a mi sobrino Antonio Baylos.
El profesor Monereo, Catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad de Granada, es uno de los iuslaboralistas europeos de más enjundia y uno de los académicos de más voluminosa y fecunda obra, que el lector podrá conocer en José Luis Monereo Pérez - Dialnet. Así pues, se sugiere estar al tanto porque la primera edición se puede agotar en un periquete y después el editor Collado –con ser diligentemente Collado— puede tardar en reeditar la obra. O sea, que “no vayamos a pollas” y hagámonos con el libro.
El libro que publicitamos interesadamente “se inscribe en esta línea de discusión y viene a representar una aportación de carácter crítico muy relevante en el panorama doctrinal del iuslaboralismo español” –afirma Baylos— al tiempo que contiene un enjundioso esfuerzo explicativo del garantismo jurídico y sus consecuencias en orden a la vigencia y eficacia de los derechos sociales, que le permite con más facilidad definir el marco constitucional europeo. Es, por lo tanto, una respuesta a quienes apuntan a una superfragilística deconstrucción de los derechos sociales a la búsqueda desesperada de una modernez espiralidosa, a remolque de los que quieren trasladar los derechos de ciudadanía social al Derecho privado. Los primeros no son exactamente iguales que estos últimos, ciertamente. Pero crean no pocos problemas, siendo los segundos el gran problema.
***
Radio Parapanda. Tenemos el gusto de dedicar al profesor Monereo una pieza, en este Centenario de Isaac Albéniz, de bella factura: Torre bermeja. A la guitarra Don Andrés Segovia.
JOSÉ MONTILLA Y SU REFORMA LABORAL

Tres moricas me enamoran en Jaén: Axa, Fátima y Marién. Axa Olmo, Fátima Cardona y Marién Terradillos del Círculo Sophie Germain (Parapanda)
Me gustaría que alguien explicara qué es lo prioritario en esta situación de durísima crisis económica. Es un vicio bastante generalizado que un mismo personaje (quien sea) en una única intervención proponga todo un caudal de prioridades contra la crisis y que, al día siguiente en otro foro manifieste más prioridades. Puede tratarse de un aturrullamiento de formulaciones o, tal vez, de ofertas para salpimentar campañas electorales o darle gusto a los oídos del pueblo mondo y lirondo. En todo caso, este estilo va en dirección contraria de la sensatez tautológica que afirma que lo primero es lo primero, y –sobre todo— se opone frontalmente a la sabia concepción de los viejos de la Ciudad-estado de Parapanda: mil prioridades equivalen a ninguna.
Esta vorágine de propuestas son, en cualquier caso, una expresión de aturrullamiento. Lo más visible (de momento, no digo que sea preocupante) es que se observa una cierta desconexión entre gobernantes de la misma familia política. Por ejemplo, José Montilla ha dedicado una parte importante de su reciente discurso en las Jornadas del Círculo de Economía, a alentar una reforma laboral. De aquí se puede inferir pacíficamente –dado el momento y el sofisticado auditorio que tenía delante— que Montilla considera que la reforma laboral es la prioridad, aunque no queda claro si es “la” o “una” prioridad. Por mi parte, pienso inmodestamente --¿para qué disimular si la modestia no me es demasiado familiar?— que la prioridad de las prioridades es salir de la crisis, lo que excluiría abordar ahora mismito la necesaria, importante y creativa reforma laboral. Por la sencilla razón de poder compaginar dos operaciones de tan hondo calado.
Más todavía, soy del parecer –lo he dicho en otras ocasiones de modo no menos inmodesto-- que se sigue abusando de la expresión “reforma laboral” o “reformas estructurales”. Hasta ahora todo lo que, de una u otra manera, se ha definido como tal han sido nimiedades cuyo objetivo político no era otro que convertir una gallina en un pavo real. O sea: vanidad de vanidades o banalidad de banalidades. Pero, dejemos la literatura sapiencial del Eclesiastés –que, como se sabe es el Libro del Predicador-- y vayamos a lo nuestro.
Afirma el President Montilla que la reforma es necesaria porque la negociación colectiva es “demasiado rígida”. Aunque, de manera prudente, no dice donde están las rigideces. Con no menor cautela, tampoco entra de lleno en connotar por dónde deben ir las líneas maestras de la mencionada reforma. Aunque, en un momento dado, apunta a algo menos cauteloso: que los acuerdos colectivos no sean un dogma (sic) y que se pueda abrir un espacio para que la empresa pueda llegar a acuerdos “singulares” (resic) con sus trabajadores. Abramos los ojos, pues.
Primero. Que los acuerdos colectivos no son –ni deban ser— un dogma es cosa sabida hasta por los agnósticos. Por ejemplo, ni la Patrística cristiana, ni los teólogos de la liberación han hablado del carácter dogmático de los convenios colectivos. Por eso van cambiando cada dos por tres (periodo de vigencia) mientras que el dogma está escrito indeleblemente con una vigencia por los siglos de los siglos. Digo yo que debe ser una metáfora eso del “dogma”, aunque sorprende ese léxico montilleano dado su precavido y austero lenguaje.
Segundo. La propuesta del President Montilla de “abrir espacios singulares” puede dar pie –aunque no sea esa su intención, supongo— al desarbolamiento del convenio colectivo, entendido como instrumento unitario y general, capaz de atender a las diversidades subjetivas de la persona que trabaja. La desarboladura porque, mutatis mutandi, acabaría convirtiéndose en una suma atrolondrada de acuerdos personales (perdón, “singulares”) entre el dador de trabajo y el singular. O sea, un conjunto de tapas variadas. Seamos claros: estaríamos a un paso del ius privatismo tras dejar en la cuneta el ius laboralismo. No digo que eso lo quiera Montilla, pero ahí conduce.
Ya he dicho anteriormente que es necesaria una reforma laboral. Que sea digna de ese nombre. Que no responda a una contingencia de estar por casa. Que esté vinculada a dos grandes cuestiones de nuestro tiempo, ambas de largo recorrido: una, a los grandes cambios y transformaciones de esta fase de innovación-reestructuración de los aparatos productivos y de servicios; otra, a las mutaciones que se están operando en las diversidades del conjunto asalariado. ¿Que es preciso hablar de flexibilidad? Por supuesto, sin complejos. Precisamente para transformar la flexibilidad, entendida como patología en un instrumento, a un instrumento de cualidad y creatividad del trabajo, de enriquecimiento y autonomía personales, de eficiencia y competitividad de las empresas. La flexibilidad como elemento de valoración social del trabajo. A saber, la flexibilidad pactada.
Sea como fuere, es de agradecer al President Montilla que hable de estos asuntos. Por lo menos nos saca del ensimismamiento político de quienes están enzarzados en los presuntos trajes de esos presuntos cohechos referidos aun presunto caballero presuntamente honorable. Ahora bien, una cosa de este calado (la reforma de la negociación colectiva con la deconstrucción del convenio colectivo) bien merecería que Montilla la escribiera detalladamente para saber a qué atenernos. Pero este método del "cuentagotas" no parece corresponderse con el carácter serio, formal y responsable de un hombre poco amigo de estridencias. Acabo, que ya es hora. No es que un servidor espere demasiado de la propuesta zapateriana referida al "cambio de modelo productivo". Pero, por si las moscas, ¿no sería pertinente esperar a ver de qué va la cosa para proceder después a la mencionada reforma laboral?
Radio Parapanda dedica una bella pieza a los hermanos (por orden de edad mencionados) Salva y Marisa López. Canta Alfredo Kraus - Por el humo se sabe - Doña Francisquita