martes, 31 de marzo de 2009

HACE TIEMPO QUE VENGO AL TALLER Y NO SÉ A QUÉ VENGO: Otra vez en Londres el G20




Dos personalidades del peso institucional como Barroso, Presidente de la Comisión Europea, y Trichet, Presidente del Banco Central Europeo, han afirmado desparpajadamente que la Unión europea ha tomado ya todas las medidas necesarias frente a la crisis y, ahora, lo que resta es esperar y ver. Según leo, algo por el estilo dijo el presidente Hoover en un momento dado tras la crisis de 1929. Dos años más tarde, las cosas empeoraron y Roosvelt se encontró los Estados Unidos hecho trizas. Las cosas tardaron en enderezarse como es sabido. Por si las moscas –esto es, como sospechando que todavía queda mucho que hablar del bacalao— los caballeros del G20 se han dado cita en Londres el día 2 de abril. Formalmente se han puesto el listón muy alto: elaborar nuevas reglas para el funcionamiento de los mercados financieros. Ya veremos en qué queda el asunto. De momento, hoy se reune una delegación de la Central Sindical Mundial con el premier inglés que es el anfitrión de la cumbre. Por cierto, en esa delegación figuran los primeros espadas italianos de la CGIL, CSIL y UIL que deberían aprovechar el tiempo en cualquier pub londinense y ver cómo reorientan la dificilísma situación que tienen entre ellos mismos porque –ya lo hemos visto en la crónica de Simón Muntaner-- las relaciones sindicales en aquel país están que da pena, penita, pena.


No quiero ser cenizo pero lo más probable es que redacten cuatro jaculatorias (“Jesusito de mi vida / eres niño como yo / por eso te quiero tanto / y te doy mi corazón” y otras) en forma de placebos al tiempo que encargarán a sus escribas sentados que, en caso de no salir bien las cosas, echarle las culpas a los países emergentes como China, Rusia, India y Brasil. Lo que es tan verdad como la oposición de los grandes intereses de las grandes compañías occidentales a la regulación de los mercados financieros. Mientras tanto, los últimos datos son de infarto:
en el último trimestre, el crecimiento global ha sufrido una contracción del 5 por ciento, la caída más grave de los últimos sesenta años, según informan los amanuenses del Fondo Monetario Internacional. Por no hablar del reciente informe que ha hecho público la Central Sindical Internacional:
Nuevo informe de la CSI: La crisis alimentaria mundial.




Mientras tanto, la Unión Europea está a la Luna de Valencia. Por no hablar del Banco Central Europeo que hasta hace muy poquitos meses insistía –impasible el además— que el problema era la inflación, a pesar de que todos sus dirigentes estudiaron en un colegio de pago. Pues bien, a falta de una política anti crisis, estos caballeros insisten en la necesidad del respeto riguroso a los planteamientos de Maastricht, muy particularmente a no escaparse del 3 por ciento del déficit público. Es preciso que Dios no les conserve su mala vista a todos ellos.





Discos dedicados. Radio Parapanda tiene el placer de poner en antena la voz más sublime que hemos oído a lo largo de cien años en el timbre de soprano: doña Renata Tebaldi. Queremos compartirla con el maestro Ángel Rozas que, en tiempos clandestinos se llamaba Máximo o García en un intento desesperado de despistar a la policía. Oigan:
Casta Diva. El maestro Bellini, hijo predilecto de Parapanda, es el autor.





domingo, 29 de marzo de 2009

UN SEMINARIO SOBRE EL DERECHO DE HUELGA (2)



En esta entrada se recoge la segunda parte de la crónica de Simón Muntaner, enviado por el Colectivo de Juristas Jóvenes Críticos de Parapanda al seminario sobre el derecho de huelga celebrado en Roma el 12 de marzo pasado. La primera entrada figura en UN SEMINARIO SOBRE EL DERECHO DE HUELGA (I). En esta ocasión el enviado informa sobre el contenido del proyecto de ley de huelga con referencia a la libre circulación de las personas, realmente una norma deleznable, como se puede comprobar de su ponderado análisis. Los protocolos no escritos de las bitácoras de la parapandosfera estimulan la republicación de los escritos importantes en otras bitácoras, una vez editadas en la original que, en este caso, lo fue en Antonio Baylos. Nuestro ruego es que este trabajo sea reproducido todo lo que se pueda.



El caldo de cultivo del proyecto de ley italiano “para la regulación y prevención de los conflictos colectivos de trabajo en relación con la libre circulación de las personas” (marzo 2009) ha sido alguno de los conflictos en el sector de transportes municipales o, muy específicamente, el conflicto de Alitalia. Es decir, conflictos muy ligados a una estrategia determinada de privatización, desregulación o supresión de los servicios públicos que generan inmediatas consecuencias sobre el empleo de los trabajadores los cuales a su vez proceden a deteriorar las condiciones de prestación del servicio para los ciudadanos que los usan. Una utilización masiva de los medios de comunicación poniendo de relieve “el caos” generado por los huelguistas aísla estas acciones de las decisiones políticas que las han oríginado. El mismo gobierno Berlusconi que pone las bases del conflicto de Alitalia es el que utiliza la huelga de los trabajadores precarios que en la reconversión iban a carecer de la tutela prometida a los “estables” para borrar cualquier relación entre su actuación y el conflicto, presentando el tema como un puro ejercicio de irresponsabilidad ciudadana al paralizar el transporte aéreo mediante la huelga sin que además se hiciera uso del mecanismo previsto en la Ley 146/1990 respecto a seguir las instrucciones de la Comisión de Garantías en orden a la preservación de las prestaciones indispensables en caso de huelga. Por ello el Gobierno aprovecha estos conflictos – muy llamativos, pero que desde luego escasamente representativos de la conflictividad en el sector de los servicios esenciales, negociada por los sindicatos y ordenada en un 93 % de las huelgas – para introducir en el ordenamiento una norma decididamente hostil al ejercicio del derecho de huelga y de un claro matiz antisindical. Como veremos, además, la restricción del objeto de regulación a las huelgas que “afectan a la libre circulación de las personas” no resulta mas que una excusa poco tiempo sostenida, puesto que la finalidad declarada de la ley proyectada es habilitar al gobierno para “realizar un texto refundido único de las disposiciones en materia de huelga”.

El proyecto de ley contiene una novedad extraordinariamente significativa, que invierte la fórmula política derivada del reconocimiento constitucional del derecho de huelga en Italia según la cual la titularidad del derecho pertenece directamente a los trabajadores, aunque su ejercicio es colectivo. Según el PL, para convocar la huelga se requiere que las organizaciones sindicales convocantes acrediten “un grado de representatividad superior al 50 por ciento”, en principio medida sobre el total de los afiliados del sector, aunque la norma no se pronuncia. Si esta representatividad no se alcanzara – lo que es más que probable, incluso aunque no se concibiera este porcentaje sobre el total de trabajadores del sector – la norma prevé entonces la institución de un referéndum obligatorio entre los trabajadores del sector o de las empresas afectadas convocado por las organizaciones sindicales que acrediten, a nivel de sector, una representatividad del 20 por ciento. La convocatoria de huelga se condiciona entonces a la obtención del voto favorable del 30 por ciento de los trabajadores convocados a la huelga. Por otra parte el trabajador individual debe comunicar previamente a la empresa su decisión de sumarse a la huelga, que debe establecerse como una obligación recogida en el convenio colectivo o en las decisiones del órgano administrativo sobre la huelga en concreto. Es decir, la norma otorga en monopolio el poder de convocatoria a los sindicatos más representativos – medida esta representatividad en la búsqueda de las amplias mayorías señaladas – y crea una obligación individual sobre el trabajador de preavisar su adhesión individual a la huelga convocada. Se trata de técnicas claramente autoritarias que recuerdan la normativa tatcheriana de los ochenta o las previsiones de nuestro Real Decreto Ley de marzo de 1977 que fueron declaradas inconstitucionales por la STC 11/1981 de 8 de abril.

El problema que esta disposición planteaba al sindicato auspiciante del seminario era doble. Por un lado, en el texto proyectado se manifiesta una orientación clara de expulsión de cualquier sujeto convocante – sindical o parasindical – que no tenga una corposidad representativa más o menos exuberante. Pero esa definición del sujeto titular del derecho de huelga a través de la consecución de mayorías extraordinariamente amplias no sólo no está en la cultura sindical de la CGIL sino que conspira contra ella, puesto que es de tal nivel que impide de hecho que esta confederación convoque en solitario la huelga en los sectores afectados. De hecho ese es el principal objetivo de la previsión legal, que ha obtenido el preacuerdo de la CISL y de la UIL, esta última a regañadientes. Pero a su vez parece una línea de tendencia compartida por el partido de oposición, el PD – o al menos la sombra del mismo en el que se ha ido convirtiendo – que ha presentado una serie de propuestas de regulación legislativa tanto sobre la huelga virtual – de la que ha dado cuenta este mismo blog – como sobre la huelga en los sectores de transporte, también insistiendo en la exclusión del poder de convocatoria de sindicatos no confederales o de asambleas e instituciones de representación informales. No digamos la previsión del anuncio obligatorio de secundar la huelga que será fuente sin duda de todo tipo de maniobras y presiones en el nivel de la adhesión personal de los trabajadores.

Además de eso, el PL exige la previsión obligatoria en los convenios colectivos del sector de la institución de la huelga virtual, como manifestación de protesta sin suspensión de la prestación, que se declarará obligatoria para determinadas categorías profesionales para las que se determine la imposibilidad de suspender su trabajo durante la huelga. Insiste en los procedimientos de mediación obligatoria tras la convocatoria, impide la colusión de huelgas en una misma fecha o en fechas próximas – la llamada “rarefazione”, que en la práctica está dificultando ya ahora en grado sumo la programación de las huelgas en relación con el origen del conflicto – formula un poder de arbitraje a la Comisión de Garantías, ahora rebautizada como Comisión de Relaciones Laborales que se configura ya no como una agencia independiente sino como un órgano de intervención política de gobierno y, en fin, para que el catálogo de agresiones al ejercicio del derecho de huelga se culmine, el PL establece “la prohibición de formas de protesta o abstenciones de trabajo en cualquier actividad o sector productivo en el que, por la duración o modo de ejercicio, puedan lesionar el derecho a la movilidad y a la libertad de circulación”.

Se ha denunciado con razón – la intervención de Ferrajoli insiste detalladamente en esto - que el PL incurre en inconstitucionalidad por motivos formales – vulneración de las garantías formales previstas en la constitución – y en la propia extensión del mandato de deslegalización de la materia, puesto que al final del texto se autoriza al gobierno para que disponga un texto refundido de las normas en materia de huelga en general, norma “insidiosa, vistosamente inconstitucional”. Y en cuanto a la regulación material de la titularidad y el ejercicio – las restricciones inconmesurables al mismo – que la norma proyectada plantea y que el lector español puede perfectamente concebir ante la comparación de este texto con nuestro propio sistema de reconocimiento constitucional del derecho de huelga.

Pero el gobierno Berlusconi se siente fuerte – y sin oposición en el terreno político – para llevar adelante un atentado formidable, dotado de un enorme poder simbólico, a la capacidad sindical de presión y de representación a través del conflicto. Ha hecho jugar a su favor la división sindical con una entronización otorgada – una cooptación política – de la CISL, a la que siguen la UIL y una UGL que ha hecho olvidar su filiación neofascista, rescatada del armario de los pasados olvidados, que sitúa a la CGIL en un terreno de resistencia y de cortocircuito muy complicado. La movilización de una opinión pública por vez primera en la historia de Italia groseramente ademocrática dificulta la capacidad de recuperar un discurso y un proyecto general, ciudadano y democrático en el que la identidad de clase tenga una presencia decisiva pese a que, paradójicamente, existan evidentes muestras de una amplia capacidad de respuesta popular en defensa de la cultura y legalidad republicana y democrática y del pacto fundacional de 1947 del Estado social italiano como una república fundada sobre el trabajo.




Discos dedicados. Radio Parapanda emite la propuesta que nos hace Albertina Rodríguez Balanzó, trauctora de Bruno Trentin al catalán, desde Atenas. Nos pide
En Tierra Extraña por. Doña Concha Piquer. Naturalmente, más allá de la más grande, Renata Tebaldi, hay vida.




miércoles, 25 de marzo de 2009

"TRABAJO Y PARO EN LA SOCIEDAD POSTINDUSTRIAL"



El Consejo Económico y Social edita regularmente una serie de libros de gran interés para los estudiosos de las relaciones laborales, la sociología, el mundo del trabajo y diversas disciplinas relativas a la economía. Suelen ser investigaciones de gente joven, aunque no es infrecuente que algunos autores ya consagrados publiquen ahí alguna que otra obra. Como es natural, me imagino a sindicalistas y empresarios, políticos y académicos estar a la espera de las publicaciones del Consejo para estar un poco más al tanto de dichas investigaciones que, por lo general, se exponen de manera sencilla y con el debido rigor científico. Me van a perdonar los amigos del Consejo catalán que, hoy, no diga nada de su colección de libros porque soy arte y parte y está fuera del protocolo darse pisto que en todo caso es debido.


Tengo en mis manos el nuevo libro del Consejo español. Su autor es Enric Sanchis, doctor en Economía y profesor del Departamento de Sociología y Antropología social de la Universidad de Valencia; el título es: “Trabajo y paro en la sociedad postindustrial”. Lo puedes adquirir escribiendo a
publicaciones@ces.es Diré las razones que me llevan a recomendar leer, estudiar y pensar lo que razonadamente se expone.


Desde luego quienes estén interesados en conocer las raíces profundas de esta patología que es la desvalorización social del trabajo, pueden encontrar –ya desde el primer capítulo— una muy seria exposición de cuál ha sido la biografía de la valoración y desvaloración social del trabajo a lo largo de la historia hasta llegar al contexto de nuestros días. Estamos, además, ante una reflexión que el autor sitúa en el corazón mismo del trabajo y de sus sistemas organizacionales. Los nombres de Taylor y Ford, Elton Mayo y Daniel Bell, la escuela sociotécnica y el sistema de producción reflexivo, la especialización flexible y el sistema de producción ligera se analizan pedagógicamente en un intento (conseguido) de atrapar al lector. Ahora bien, habiendo aprendido no poco de esta investigación, lo más importante es que me ha proporcionado una gran cantidad de pistas para seguir dándole vueltas a la cabeza.


“No tengo tiempo para leer” es una de las coartadas de gente importante. Lo que viene a querer decir: soy muy importante, estoy muy atareado. Precisamente por ello es conveniente leer reposadamente --si se me permite, nunca en diagonal, una excusa realmente propia de los pijos—para abordar con más seriedad los grandes desafíos de civilización que están ante nuestras antiparras. Más todavía, quien es importante está en condiciones de gobernar la agenda. Tengo para mí que, de no leer, el proceso de chusquerización de nuestros responsables sociales y políticos podría estar a la vuelta de la esquina. Aunque naturalmente eso no reza para quienes disponen del don de la ciencia infusa. Pero sépase que Dios es muy tacaño repartiendo esa regalía, sólo la tiene reservada al Partido Apostólico de Rouco y sus hermanos. De ahí que estos caballeros no necesiten la ciencia, aunque hay quien afirma que sus conocimientos son putativos. De modo que no seas como ellos en lo de no leer...



Discos dedicados. Radio Parapanda tiene el placer de emitir el famoso sexteto de “Lucía de Lammermoor” (Donizetti)
"Chi mi frena in tal momento”: cantan nada menos que Bergonzi, Moffo, Sereni, Flagello y otros que no identificamos. Queda dedicado al doctor Carles Bertran, reputado cocinero cuya especialidad son els calçots y especialmente la salsa. Absténganse los imitadores.


Radio Parapanda informa de que ayer se presentó en sus locales el nuevo blog: El Mirador de Eduardo Saborido

lunes, 23 de marzo de 2009

EL CONVENIO COLECTIVO LÍQUIDO: Variaciones sobre el debate de la moderación salarial (4)


José Luis López Bulla

Hace unos cuatro años intervine en la Facultad de Derecho de la Universidad de Castilla – La Mancha con una ponencia: REPENSANDO EL CONVENIO COLECTIVO; más tarde, los amigos de la Editorial Bomarzo tuvieron la gentileza de publicarla en la Revista de Derecho Social (número 25 /2004). Después de repasar atentamente aquel texto, me reafirmo en lo que señalaba en aquellos entonces. La tesis central de aquel escrito es: la forma del convenio colectivo está envejeciendo hasta tal punto que buena parte está perdiendo algunas de sus condiciones garantistas. No digo más en aras a la concisión y remito a quien le interese al visiteo del mencionado trabajo, arriba señalado.


Primero. Ahora, tras el referéndum de SEAT, conviene echar un vistazo no ya al carácter de la forma del convenio sino a algunas cosas que parcialmente estaban en el nudo de mi charla en Ciudad Real. No es que haya sido infrecuente el intercambio de congelación salarial por creación de empleo en otros tiempos, pero ahora cobra mayor interés porque no está descartado un cierto efecto mimético o un corrimiento de la experiencia SEAT hacia otras empresas tanto si se encuentran en crisis (real o ficticia) o no. Que los dirigentes sindicales hayan dicho que lo planteado en SEAT es de una cuestión excepcionalmente singular, no da la suficiente tranquilidad al respecto.


El intercambio de congelación salarial por creación de empleo representa la fijación de una “certeza” (la congelación del salario) por una “hipótesis” (crear empleos). La congelación es automática y no necesita controles: se aplica y sanseacabó. La creación de empleo depende de la coyuntura económica y línea estratégica de la dirección de la empresa, cuya responsabilidad es (sólo y solamente) del management. De ahí que lo convenido sea una inecuación, cuyas incógnitas no gestiona, ni siquiera parcialmente, el sujeto social. Estamos, pues, ante una indeterminación que, incluso va más allá (en el mejor de los casos) de la voluntad empresarial en aplicar lo convenido: la creación de los (hipotéticos) empleos indeterminadamente negociados. En definitiva, ni siquiera estamos ante un convenio, por así decirlo, líquido. Estamos ante una negociación indeterminada: el intercambio entre hechos (la congelación) y voluntades (crear empleos) vaporosas. Más adelante recuperaremos estos asuntos.


Segundo. Hace pocos días este mismo blog publicaba tres artículos bajo el estridente título de “Debate sobre la moderación salarial”: estridente y reduccionista, desde luego, pero lo suficientemente concreto para saber a qué nos estábamos refiriendo. Tres amigos polemizaban: Don Lluís Casas (debo clarificar nuevamente que no me escondo bajo esa firma como piensan algunos, pues no acostumbro a disimular mi desapacible cara), Isidor Boix y Juan Manuel Tapia. Todos intentaron ir al grano y, de paso, darse –como es natural en familia— unos amables pescozones pues la discusión no trataba de ir
con flores a Maria que madre nuestra es.


Recuérdese que, en dicha discusión, Isidor Boix afirmaba: “No comparto la apariencia de la campaña de la Confederación Europea de Sindicatos, ya antes de la crisis, situando la exigencia de mejora del poder adquisitivo como el eje del sindicalismo europeo. Creo que los dos retos principales del sindicalismo europeo en el Siglo XXI son el de la competitividad de la economía europea (indisoluble y necesariamente ligada a la exigencia de poder sindical para intervenir en su gobierno) y la defensa de los derechos fundamentales del trabajo en el mundo para enfrentar la presión hacia inevitables retrocesos en el `modelo social europeo´ que resultan de la violación de tales derechos en lo que geenéricamente denominamos “el Sur” (también en el Sur del propio Norte)”. Se esté o no de acuerdo con el amigo Isidor, una cosa está clara: nuestro hombre no se va por las ramas, ni se disfraza de noviembre para no infundir sospechas. Más todavía, quien ha leído bien lo que afirma Isidor, se habrá dado cuenta que establecía el debate (moderación salarial hacia creación de empleo) de otra manera. Situaba la prioridad, como se ha dicho, en la competitividad de la economía europea (indisoluble y necesariamente ligada a la exigencia de poder sindical para intervenir en su gobierno) y la defensa de los derechos fundamentales del trabajo.


Comparto lo que dice nuestro amigo sin ninguna reserva mental. Isidor habla de esa manera a raíz de sus concretas experiencias en los convenios de las químicas y textiles de los que ha sido uno de sus más relevantes arquitectos.


¿Habrá que razonar el por qué de la posición boixiana? Es la competitividad la madrastra del empleo. Es el empleo la madrastra del salario. Es el empleo la fuente de sostén de los sistemas públicos de protección. En suma, es el empleo que aguanta la sostenibilidad de todo ese engarce. Insistimos, si se lee con atención, el planteamiento de Isidor no es la contraposición entre salarios y empleo. Sino, más bien, la eficiencia de la empresa y, dentro de ella, el elenco de los derechos de ciudadanía social, como instrumentos de intervención sindical. O sea, nuestro amigo no hace el planteamiento en clave de “convenio líquido”: entre la certeza de lo que doy y la indeterminación de la hipótesis de empleo. En concreto, un acuerdo sólido entre certezas.


Juan Manuel Tapia da en la tecla cuando afirma: “No nos sirven acuerdos generales vacíos, aquellos que comprometen un millón de empleos y que no explicitan, ni el como, ni el cuándo. ni dónde. Un acuerdo general de futuro, y con futuro, pasa necesariamente, por establecer el vínculo, y la asociación de salarios y condiciones de trabajo dignas y saludables, de democracia industrial, como dirían nuestros hermanos estadounidenses, con una economía eficientemente competitiva”. Por supuesto, ¡faltaría más! Pero, hasta donde yo me sé, no recuerdo que nadie plantee “acuerdos generales vacíos”. De manera que el debate está en las prioridades, con las compatibilidades y vínculos de aquéllas y el conjunto de lo que, de momento, se pide y, posteriormente, se firma. Ahí está el debate, y no lo está por ejemplo en otras disquisiciones de la intendencia congresual o post congresual de Comisiones Obreras a la que indirectamente alude el amigo Juanma. O no debería estarlo.


Tercero. Ciertamente, si los acuerdos generales no pueden ser “vacios” (como atinadamente afirma Juan Manuel) tampoco lo debería ser el resto de las prácticas contractuales en sus diversos niveles. De ahí que lo negociado deba establecerse con la mejor sintonía posible entre certezas. Siempre relativas, por supuesto.


Vamos a coincidir, pienso yo, en que también “la competitividad” puede ser un término evanescente o, incluso, “líquida”. De ahí que haya necesidad de que el sindicalismo confederal revisite su preocupación por la organización del trabajo, pidiendo la voz y la palabra en las esferas de la competencia gerencial en las empresas. Oído cocina: no hablo de que dirija la gestión de la empresa, simplemente que pida la voz y la palabra.


Contenidos sólidos, digo. O lo que es lo mismo: instrumentos y controles. Porque no todo es la moderación, o peor aún, la congelación. Es la pérdida de control en no pocas cláusulas de revisión salarial o en lo atinente a los horarios de trabajo. O peor todavía: en el control de la flexibilidad. De ahí que, a mi entender, no habrá una competitividad sólida si no es mediante la conquista de un nuevo instrumento: la codeterminación. Oído, cocina: no estoy hablando de la cogestión. Hablo de la codeterminación. Es decir, “la codeterminación es la contractualidad permanente y gobernada en el centro de trabajo, y -no le demos más vueltas a la cabeza- el lugar de encuentro posible entre los dos sujetos negociales en el centro de trabajo, capaz de facilitar 1) la mejora de los sistemas y condiciones de trabajo en beneficio de las personas, 2) la eficiencia de la empresa, y 3) la gestión del conflicto social, tanto si está sumergido o en período de latencia como si ha aflorado a la superficie de manera visible. De ahí que la codeterminación requiera unas normas y reglas del juego claras, incluidos los mecanismos de autocomposición del conflicto social sobre los que tanto hemos insistido en otros estudios”. De ello hablamos en el trabajo (en tres entregas) siguiente:
1. ¿A CONTRACORRIENTE SINDICAL? La salida gradual del taylorismo

En resumidas cuentas, si la acción colectiva organizada del sindicalismo confederal debería enfocarse siempre por la conquista de instrumentos y controles, hoy –en la presente coyuntura de crisis económica global y sistémica— alcanza, si cabe, su mayor relevancia. También para defender, por supuesto, el salario. Y –no hace falta decirlo— porque es preciso que la salida de la crisis no represente, en lo posible, pérdida de instrumentos y controles por parte del sindicalismo. De ahí la conveniencia de repensar la forma del convenio con la idea de darle mayor efectividad garantista.




Discos solicitados. Domènec Benet también nos pone a prueba. Pide que Radio Parapanda emita otra fenesta. Y el afamado librero de Calella exige perentoriamente que la interprete alguien con gusto. Comoquiera que se canta en lengua napolitana, no se le ocurre otra cosa que pedir que se la traduzcan. Bien, primero se pone y, a continuación, servimos la traducción a cargo del tito Ferino (con el ruego a Carmen Galizia que, cuando pueda, corrija los defectos que hubiera o hubiese). La canción:
Fenesta Vascia.




La traducción

Ventanas bajas de una patrona cruel ¡cuántos suspiros me hiciste arrojar!;/ me arde el corazón como una vela bella cuando escucho tu nombre./ Toma la experiencia de la nieve, la nieve es fría, aunque se hace manejar;/ porque tú eres tan áspera y cruel, muerto me ves y no quieres ayudarme./ Quisiera convertirme en un niño que con un ánfora va repartiendo agua para dejar estos palacios./ Mis bellas muchachas: ¿quién quiere agua?/ Se asoma una nenita allá arriba, ¿quién es este niño que va repartiendo agua?;/ yo le respondo con pocas palabras, son lágrimas de amor y no de agua.


domingo, 22 de marzo de 2009

TRAS EL REFERÉNDUM DE SEAT




En el momento de las asperezas entre Ugt y Comisiones Obreras con relación al referéndum de SEAT hubo quien se anticipó a frotarse las manos: va bien –se decían con cierto jolgorio— que vuelvan a la greña los sindicatos. Más todavía, tales observadores se precipitaron en augurar que la tensión y, sobre todo los resultados (favorables a Ugt) dejarían un poso de complicada solución. No ha sido de esa manera. Hasta donde sabemos las cosas han ido por otro camino.


En primer lugar, vale la pena resaltar que los sindicatos han reaccionado con un encomiable saber hacer: Comisiones Obreras aceptó con natural elegancia su derrota y Ugt, por boca de su primer dirigente catalán, Pepe Álvarez ha reconocido que los dos sindicatos no han estado a la altura. Tras lo cual, no es exagerado decir que, por lo menos sindicalmente hablando, las cosas están mejor que hace una semana. Es cierto que no todo es (o será) coser y cantar, pero podemos deducir –según los datos y los indicios— que se ha superado lo peor del bache.


En todo caso, naturalmente, vale la pena apuntar –aunque sea someramente— algunas reflexiones que cuentan con la aproximada serenidad de quien ve los toros desde el tendido. Me refiero a: 1) la manera de enfrentarnos a la crisis económica, y 2) la inagotable tarea de la unidad de acción entre Comisiones Obreras y Ugt.


Primero. El sindicalismo confederal debe dilucidar sin más rémora de qué manera piensa enfrentarse a la crisis económica. De manera un tanto tosca (aunque, para entendernos, clarificadora) puede hacerlo o bien de una manera “general” o bien “empresa por empresa”. Si interviene de manera general indicaría una hipótesis de hacer las cosas medianamente bien, dentro de las circunstancias; si por lo otro, podría afirmarse que está cantada la certeza de la derrota, la derrota del movimiento sindical. De manera general quiere decir disponer de un proyecto concreto con la voluntad de proponer una gran concertación. Si las cosas no van por ahí se corre el peligro de una desordenada intervención en cada centro de trabajo: lo que se pone en marcha en uno poco tiene que ver con lo que se hace en los demás. Peor todavía, ese desorden puede acabar en desbandada y –así las cosas— el riesgo de la subalternidad estaría en el orden del día. En esas condiciones la derrota no sería sólo del movimiento de los trabajadores sino especialmente de los propios sindicatos, como ha ocurrido en ciertos momentos de la historia de los movimientos sociales. Por supuesto, un proyecto general no impide su cuidadosa atención a las particularidades de cada centro de trabajo. La inexistencia de este proyecto general –esta es mi opinión—es la principal causante de la gran querella en SEAT.


Cuando hablamos de un proyecto general estamos refiriéndonos a aquello que es posible conseguir en España con relación a las particularidades propias de esta crisis en nuestro país. Ahora bien, forma parte de nuestras viejas tradiciones la elaboración de programas elefantiásicos. Soy del parecer que –al menos en esta coyuntura— sería un disparate. Se trataría de un programa de choque con sus propias prioridades, sabiendo que mil prioridades equivalen a ninguna. Estableciendo vínculos y compatibilidades entre todas las variables del cartapacio que se exige. Repito: prioridades, vínculos y compatibilidades.


Segundo. El sindicalismo confederal ha tenido históricamente la fea costumbre de, en tiempos de crisis, ser más vulnerable a la división. Y es un dato que en tiempos de bonanza y de una situación económica la unidad de acción siempre apareció como menos problemática. Paradoja o no, esto es lo que ha sucedido. Si va a suceder lo mismo ahora, es cosa que deben resolver los dirigentes sindicales a todos los niveles. Recuerden, pues, que la división sindical es siempre la partera de la derrota de todos. La unidad de acción es, por otra parte, una hipótesis –sabiendo las diferencias entre certeza e hipótesis— de encarar las cosas de manera más adecuada. Algunos me recuerdan con frecuencia: “la unidad de acción, sí; pero sobre bases claras”. Por supuesto, ¿pero quién está planteando que sea sobre planteamientos oscuros? Hay cosas, amigos míos, que a determinadas edades no conviene repetir, por sabidas desde que teníamos los dientes de leche.


La unidad de acción requiere temple. Por ejemplo, cuando hay momentos de tensión y aspereza vale la pena gobernar adecuadamente la lengua. Y más que inútiles invectivas se precisan normas intersindicales de cómo se practican las relaciones unitarias. La primera de ellas, pienso, es que el recurso a la consulta de los trabajadores no es un instrumento contingente sino la piedra angular. Cierto, sin caer en un fetiche. Léase, por ejemplo, las reflexiones que sobre las prácticas referendarias hicieron nuestros viejos amigos Sidney y Beatrice Webb con relación al sindicalismo inglés en su libro canónico “Las relaciones industriales”.


Normas –o, lo que es lo mismo— un código de comportamiento común de cómo abordar los problemas cuando existan los inevitables litigios o disparidades de criterio. Estableciendo mecanismos de mediación y beneficioso arreglo. Debo decir, sin embargo, que esta vieja idea la propuse, hace diecinueve años, al sindicalismo confederal sin haber recibido respuesta alguna. Cabe la posibilidad de que no hiciera un planteamiento apropiado, pero es peor dejar las cosas al albur de las buenas intenciones, hipotéticas o no.




Discos solicitados. Un reconocido melómano, mi sobrino Joaquín Aparicio Tovar, pide a Radio Parapanda la posibilidad de escuchar una fenesta napolitana, preferentemente con la bella voz de Fernando de Lucia, el tenor que triunfó en el “Teatro Giulia Grisi” de Parapanda. Héla aquí en la Secció radiofónica Ars canendi:
"Fenesta ca lucive"



jueves, 19 de marzo de 2009

DEBATE SOBRE LA MODERACIÓN SALARIAL (3)

Publicamos el tercer artículo del debate sobre la moderación salarial: los anteriores de hace unos días corrieron a cargo de Isidor Boix y Don Lluis Casas. Por cierto, don Lluis ha publicado en su blog un trabajo sobre los resultados del referéndum de Seat. Es la primera vez que tengo un profundo desacuerdo con don Lluis Casas; anuncio que le daré respuesta cuando los organismos competentes de Comisiones Obreras hayan realizado su valoración. El artículo de don Lluis lo puedes ver en: LOS RESULTADOS DE SEAT





CRISIS Y SALARIOS: FÓRMULAS VIEJAS PARA RESPONDER A LOS NUEVOS PROBLEMAS.


Juan Manuel Tapia*


Parodiando a Luiggi Fabri, equívocas influencias burguesas en la perspectiva sindical.

No estaba mudo, estaba de congresos….haría “un feo” si no respondiera a la siempre cordial invitación de mi amigo José Luis Lopez Bulla, quién indica, acertadamente, que el tema esta en el candelero, de manera muy central, y que de él se derivan, las claves centrales de las estrategias sindicales del futuro.


No es nuevo, pero si constatable, que en pocos escenarios históricos, hemos vivido una ofensiva mediática y orgánica, de los poderes económicos y la derecha política –también de la izquierda acobardada-, tan fuerte, contra los derechos económicos del mundo del trabajo, y de paso contra los derechos sociales, y el propio sistema de relaciones laborales consolidado en las décadas pasadas.


No me refiero solo a los planteamientos de CEOE y Foment del Treball, siempre poco creativos y hasta cansinos, ahora acentuados, cuyo principal valor radica en operar, en términos de rubig, como “bloqueadores” de la vida y la concertación social, sin responder, siquiera, al interés objetivo de las empresas, también las medianas y pequeñas. Tenemos en Europa y el mundo, una falta de interlocutores patronales orgánicos, que solo la fuerza del sindicalismo puede forjar. Ellos tiene una visión “sistémica “, de conjunto. Nosotros, también. Ese es el conflicto central, y no sus aledaños.


Hablemos claro, ese conflicto se expresa, ahora, porque en ese sentido hemos trabajado desde muchas perspectivas: los derechos sindicales sobre el proyecto empresarial en su conjunto, la visión y exigencia global del sindicalismo, los derechos de las personas –que queremos iguales- en la organización del trabajo o el derecho al reparto equitativo y digno de la riqueza que crea el trabajo y su creatividad, la defensa de un estado del bienestar adecuado a los nuevos tiempos y necesidades.


Seguramente, y no se equivocan, quienes lo temen, la cuestión del poder en la empresa, nunca ha estado tan presente desde los años 20 y 30. Y saben, además, que como en etapas anteriores, el sindicalismo, es capaz de generar demandas sociales y políticas de más largo alcance.


Esos mismos poderes esperaban la respuesta resignada y defensiva, del movimiento sindical. Pero no han calibrado, que pese a todas las contradicciones que padecemos –ellos mucho más que nosotros-, del propio capitalismo que representan, hemos aprendido a tener una visión “global” de las cosas; universal. Una perspectiva más transformadora que la que el movimiento sindical ha tenido oportunidad de crear en los últimos decenios.


Sería absurdo, debatir lo que pienso con esos mismos poderes,….lo hago cada día. Mis palabras –siempre amables y acompañadas de reconocimiento- van dirigidas, de forma especial, a las opiniones de nuestro Isidor Boix, que ha abierto tantos caminos para el sindicalismo del futuro.


Algunas consideraciones:


Comparto las afirmaciones de Isidor, respecto de la flexibilidad y adaptabilidad –a las situaciones concretas de las empresas y sus expectativas- de la reivindicación salarial. También, de la necesaria concepción de conjunto de la evolución salarial en la empresa. Lo que no evita que llame la atención, sobre la realidad sociológica de los salarios reales en nuestro país.


La intervención sobre las masas salariales, que tanto ha madurado en las prácticas negociales, por ejemplo, del sector químico, no puede olvidar que, para ser eficaces, deben ser el resultado del intercambio contractual, entre sindicato y empresa, en clave de transparencia y aceptación de la participación sindical.


Esto nos remite a un problema de poder, en el que soy partidario de litigar, y nos remite al problema de las centenares de miles de empresas, pequeñas y medianas, donde el reparto, todavía arbitrario de los salarios, por parte del empresario, solo tiene un elemento de certidumbre: las sacrosantas tablas salariales de los convenios de sector que cada año gestionamos los sindicatos. Ojo!!..el sindicalismo no puede jugar con eso, no se trata solo de un punto arriba o abajo, sino de la acción tutelar del sindicato con los que mantienen una posición más débil.


No descubro nada, si afirmo que el problema de la transparencia, y el cuestionamiento del poder unilateral del empresariado sobre el proyecto empresa, es uno de los problemas más resistentes del empresariado español. Se manifiesta de muchas formas, mi amigo Isidor las conoce, por poner un ejemplo, es uno de los grandes obstáculos para establecer verdaderos planes de igualdad relacionados con el género de las personas.


Confío en que Isidor no menosprecie otro efecto de los convenios sectoriales de tablas, que aunque dejen amplios márgenes de adaptación a la empresa, establecen verdaderas reglas generales de competencia entre las empresas de un mismo sector de actividad, y son, en sí mismos, mecanismos reguladores de los flujos económicos.


La Confederación Europea de Sindicatos, nuestra CES, no realiza ninguna campaña de apariencias cuando sitúa el salario en un primerísimo lugar de su atención. De la misma forma, tampoco la posición unitaria del sindicalismo español es arbitraria. CC.OO. y UGT, son conscientes del valor de la “batalla salarial” en estos momentos.


Por cierto, el compañero Fidalgo, tenía razón, compartida colectivamente, cuando llamaba la atención, en la actual circunstancia, y siempre, sobre el valor del trabajo, y la revalorización que el sindicalismo debía hacer de él. Son los salarios ajenos a esta cuestión? Qué ha cambiado? Aparte del secretario general de nuestra confederación.


Creo que Isidor minusvalora el planteamiento del sindicalismo europeo. También, y me deja perplejo, el planteamiento del sindicalismo internacional de nuestra CSI, en pro de salarios dignos o decentes. Lo que me preocupa es que esa minusvaloración derive, o sea producto, de un hilo de pensamiento que he combatido en los medios sindicales, en el último periodo, según el cual, el salario, su cuantía y evolución, son aceptados por el sindicalismo, como puro efecto y resultado. Sin comprender que la determinación de los salarios, a través de la negociación colectiva y la propia legislación de salarios mínimos, son un instrumento, de primer orden, del sindicalismo, para la configuración de la realidad económica y social. El sindicalismo es un factor, un actor, de la política económica, no solo un receptor o notario. Dicho de modo rotundo, si se quiere: somos sujetos determinantes en la construcción del futuro. Dicho a lo Obama, formamos parte de la solución, no del problema.


No quiero ahogar estas notas en las cifras, que por otra parte están al alcance de cualquiera: pérdida de peso de los salarios en el reparto de la renta nacional, los bajos salarios asociados al modelo de desarrollo que ha quebrado, comportamiento responsablemente moderado de la negociación colectiva –que no impide mejoras ligeras mejoras netas del poder adquisitivo del salario-, los costes laborales unitarios –capaces de medir comparativamente el coste salarial por unidad de producto y en iguales circunstancias de productividad- no es desventajosa para los trabajadores españoles.


El actual discurso sindical unitario, si no se distorsiona desde nuestras propias filas, es muy claro. No hablamos de que no paguen la crisis los de siempre, de forma simplemente reactiva, que estaría justificada. Hablamos de no hacerlo, asociado a un proyecto, que ciertamente debe tener mayores niveles de concreción, para construir un modelo de desarrollo sostenible y alternativo Modelo que Isidor sabe, esta asociado a unas condiciones de trabajo dignas, igualitarias y plenas de derechos, como ocurre en los países del norte europeo.


En todo caso, nadie esta en derecho de exigir al sindicalismo, las soluciones que los gobiernos actuales no poseen. Sin embargo, tenemos ideas y propuestas generales, y si descendemos a los casos concretos, a las empresas y centros de trabajo, nuestras propuestas se multiplican. No es un mal comienzo.


Comprendo y respeto, que cualquiera de nosotros, reivindique siempre su propio itinerario sindical personal, De ahí a asegurar que cualquiera de los acuerdos generales en los que ha participado el sindicalismo español, de forma unitaria o no, hayan sido siempre positivos, me parece un sacrificio innecesario de los criterios propios –muy relacionados con algo, tan importante, como la capacidad de crítica y autocrítica-.


No todos los acuerdos generales de concertación social, que acompañaron a la transición democrática y a los avatares de nuestro desarrollo económico en estos 30 años, deben ser valorados de igual manera. Es más, me temo, que la referencia a los Pactos de la Moncloa y a las situaciones de emergencia, se reiterarán, abusivamente en el futuro inmediato.


Nosotros, también proponemos un acuerdo general, pero la expresión de las posiciones de nuestros socios hipotéticos, lo hacen complicado, cuando no imposible.


Parece que sectores de la confederación intenten esbozar las líneas de un posible acuerdo imposible, tan imposible como escribir con una rama sobre el agua. Lo saben? Sí, lo saben, pero parece ser que es un camino a la respetabilidad del sindicalismo. Mal asunto. Nuestra respetabilidad nace de otras fuentes. La representatividad que nace de la defensa coherente de los intereses de clase y la contribución que hacemos, desde nuestra propia personalidad, a los intereses generales.


El empleo, las políticas en razón del empleo, no pueden seguir siendo las grandes “coartadas” para disciplinar al movimiento sindical. Hablemos claro, el empleo a cualquier precio no tiene ya sentido, ni futuro en el mundo de la globalización. Abrir esa puerta, solo puede llevarnos a viejas fórmulas, que como Isidor sabe bien, abren luego brechas en el derecho del trabajo –que dicho sea de paso, no tiene como finalidad el empleo, sino el ejercicio de derechos colectivos y su protección-, de las cuales, luego, acabamos, quejándonos.


Ahora, más que nunca, no es el empleo lo más importante, sino el empleo digno, aquel empleo que es viable y competitivo. Aquel que es la base de una economía y sociedad estable y con futuro. Nos hemos olvidado, acaso, de cuales son las razones del agravamiento de la crisis en nuestro país? Nos hemos olvidado de nuestro “milagro de pies de barro”.


Bajo el argumento del empleo, desde el año 84, se crearon los cimientos de nuestra actual desventura acentuada. La confederación lo comprendió con los acuerdos del 97.


No nos sirven acuerdos generales vacíos, aquellos que comprometen un millón de empleos y que no explicitan, ni el como, ni el cuando, ni dónde.

Un acuerdo general de futuro, y con futuro, pasa necesariamente, por establecer el vínculo, y la asociación de salarios y condiciones de trabajo dignas y saludables, de democracia industrial, como dirían nuestros hermanos estadounidenses, con una economía eficientemente competitiva.


La patronal no acompaña ni a sus propios intereses. La CEOE de Gerardo ha desencadenado una campaña integrista que amenaza la normalidad, siempre tensa, de las relaciones de trabajo. Especialmente, porque llama a la rebelión de los empresarios frente a las layes. Es curioso, que de este movimiento de insumisión no se hayan hecho eco los medios de comunicación social. La patronal general ha hecho un llamamiento al incumplimiento de los convenios colectivos que deben revisarse en 2.009. Las patronales concretas, aquellas que organizan intereses concretos de las empresas de sus ámbitos, se han desmarcado en la práctica. Las patronales metalúrgicas de Catalunya, las de la Construcción a nivel estatal, han aceptado como buena la negociación salarial sobre la base de una previsión de inflación del 2% para 2.009. Otras, como la del transporte de mercancías o las cajas de ahorrro, por poner dos malos ejemplos, se resisten.


Lo que está en juego, querido Isidor, no es una cifra, sino como diría mi también amigo Vicente Pardina, la solución pacífica de la renovación de los convenios colectivos, que solo es posible en el cumplimiento de los compromisos negociados y el respeto a las reglas del juego.


Unidad sindical, sí claro que sí, José Luis, sobre la transparencia, sobre los intereses próximos, cercanos, visibles de los trabajadores. Sabes, como nadie, que en mi opinión las existencia de dos grandes, enormes, sindicatos españoles, es una disfunción inexplicable de la historia, especialmente, en este nuevo siglo. No seré yo, desde mi responsabilidad sindical, quién no apueste por apuntalar, y más allá, la unidad de acción. Estamos unidos, CC.OO. y UGT, en este planteamiento general.


Es evidente, y la comparto, tu preocupación por lo que ocurre en algunas grandes empresas, que por su capacidad de proyección mediática pueden tener especial repercusión y distorsionar esta imagen unitaria.


Raramente he realizado críticas a nuestra organización sindical hermana, la UGT, pero el caso de SEAT, me obliga a decir algunas cosas. Especialmente, porque los compañeros ugetistas conocen de sus efectos sobre el panorama laboral general. No es justo, saben que los 9 millones de euros que cuesta la congelación salarial que propugnan –por más que la disfracen, con una paga futura que no aceptan, como ha planteado CC.OO. que se consolide y comprometa de verdad-, no es la razón última de la asignación de la producción del Audi.


No lo es, porque es una gota de aceite, en el mar de los más de 300 millones de euros que recibirán como ayuda de la Generalitat. No lo es porque nuestros compañeros de IG Metal, así lo aseguran. No lo es porque no se trata ni del 0,5% de las indemnizaciones blindadas de los grandes directivos de la empresa y sus salarios.


Quizás merezca Montilla una opinión menos favorable, yo comparto las favorables con matices, que las que mereció por tu parte.


La nueva federación metalúrgica de CC.OO. tiene razón, y es más, sintoniza con el interés general del sindicato y del sindicalismo catalán.


No puedo obviar preguntarme: que pasa en la UGT? Existen razones personales, de alguna índole, en esta quiebra de la unidad sindical? Se trata de un modelo de sindicalismo que no termina de renovarse?


Para finalizar, confío en que determinados posicionamientos, de destacados dirigentes sindicales de la confederación, otros no tan destacados o fracasados, no intenten crear, alrededor del espejismo de un pacto social, sobre el eje de la moderación salarial y del empleo impredecible, un polo de referencia, para aunar las voluntades de los que han sido desplazados de la dirección central del sindicato.


Nuestro sindicato tiene espacio para todos y todas, la actual dirección lo garantiza. No se que hubiera pasado si el resultado de la ecuación congresual hubiera sido otra.



Juan Manuel Tapia, de la Ejecutiva de CC.OO. de Catalunya




Discos dedicados. Radio Parapanda emite, a petición de Carlitos Vallejo, la inolvidable pieza de don Antonio:
DOS GARDENIAS


miércoles, 18 de marzo de 2009

DE LA AUTONOMÍA MUNICIPAL Y DE LA CORRUPCIÓN




La corrupción en las administraciones locales empieza a tener un diapasón y extensión preocupantes. De hecho, algunos nos levantamos con un cierto ayayayay en el cuerpo: ¿en qué nuevo ayuntamiento habrá estallado otro escándalo? A los que ya sabemos se ha añadido el de La Muela, una ciudad aragonesa con unos 3.300 habitantes: su alcaldesa y 17 personas más han sido detenidas. Pocos son y parió la abuela.


Lo sorprendente en casi todos los casos de corrupción municipal es que han sido descubiertos cuando se veía mucho más que la punta de un iceberg. Esto es, cuando era ya imposible no ver que la cosa estaba tocando los cielos. Lo que demuestra que no existen sensores administrativos ni radares --por parte de quien corresponda-- para detectar a qué obedecen determinados y espectaculares cambios de fisonomía en el municipio, cuya autonomía se ha convertido en un fetiche.
Partimos de una consideración: la autonomía municipal no se toca; lo subrayo para no infundir sospechas. Pero eso, como decíamos antes, no la convierte en algo intocable o en un burladero institucional. Porque la autonomía municipal no es un principio, es –nada más y nada menos— que un método, sólo un método. Y entre principios y métodos hay una gruesa diferencia. De ahí que la inexistencia de sensores institucionales y la fetichización de la autonomía haya conducido en la práctica a que los municipios, do la corrupción campa a sus anchas, se hayan convertido en auténticas behetrías. Donde a falta de controles institucionales suficientes “desde arriba”, la alianza entre los responsables institucionales de la tal behetría y el mundo del dinero (opaco, por más señas) esté cantada. Es decir, comoquiera que, desde arriba, están “fuera de la decibilidad jurídica” (por utilizar un justo término de Luigi Ferrajoli) se multiplican los escándalos en esos merinazgos.
Se confió pacatamente en que las administraciones locales tenían asegurado el control dado su carácter de democracia vecina. Pero la teoría política no cayó suficientemente en la cuenta de que en esa proximidad también está el germen de los cabildeos más estridentes, apoyados por los intereses de no pocos sectores de la vecindad. [Un político granadino de la época de la Restauración, don Natalio Rivas, que tenía sus reales por las tierras de la baja Alpujarra resume ese entramado de estridencias. Cuando iba de campaña electoral era jaleado por el personal al grito de “Natalico, colócanos a tós”. O sea, la invitación a que la corrupción se disfrace de beneficencia]
Ignorar estas cosas nos ha llevado a una garrula adoración al campanario. Que, haga lo que haga, está al margen de la decibilidad jurídica. Esto es, aquello en lo que no se debe intervenir de ninguna de las maneras. Pero lo que en Ferrajoli tiene una (magnífica) característica garantista, aquí --en lo que nos traemos entre manos-- se ha convertido ya en un saco de víboras en beneficio de viejos y nuevos natalicos, amparados en el burladero de la autonomía municipal. Por eso prefieren el minifundismo municipal. Permítaseme un desahogo personal de mi época de diputado en el Parlament de Catalunya. Allí se creó una comisión de estudio para que un grupo de expertos de todas las fuerzas políticas (el llamado Informe Roca Junyent) estudiara la posibilidad de, para decirlo lisa y llanamente, agrupar ayuntamientos pequeños. Madre mía, la que se armó cuando se dió a conocer... Casi todos montaron en cólera. Se prefería ayuntamientos cuyos habitantes eran cuatro y el cabo a unificarlos para dotarles de servicios. ¿Era la adoración garrula del campanario o había algo más?
Por último, que ese goteo (más bien, llueve a cántaros) de la corrupción no tiene nada que ver con la precariedad de medios de los ayuntamientos lo demuestra un hecho: los dineros van a parar a los bolsillos corruptos de los particulares que pasan de comer pepinos torcíos, sin ningún tipo de transición, a sus buenas raciones de pata negra, o de tener en las paredes de su (nueva) casa un cuadro de tronío en vez del almanaque de la tienda de ultramarinos de la esquina que tenían en la vieja casa de ayer. Repito, una parte suculenta del parné se queda en las cuentas corrientes de los munícipes y, por supuesto, de sus familiares. Porque la familia que delinque unida, permanece unida.


Discos dedicados. Radio Parapanda emite, sin aviesa intención, la antigua copla: "Money" por Liza Minnelli y Joel Grey.

Radio Parapanda retransmite la intervención de Antonio Baylos en el Centro de Estudios Josefina Samper de nuestra ciudad: CRISIS ECONÓMICA Y UN ACUERDO SOBRE EL DERECHO AL TRABAJO



lunes, 16 de marzo de 2009

SEGUIMOS CON EL DEBATE SOBRE LA MODERACIÓN SALARIAL (2)

El debate sobre la moderación salarial sigue su curso en este blog. Ayer fue nuestro amigo Isidor Boix, una voz autorizada y representativa del sindicalismo confederal español y europeo. A continuación, tal como habíamos prometido, don Lluís Casas, académico de reconocido prestigio, dice la suya. Ni que decir tiene que “Metiendo bulla” agradece las colaboraciones de ambas personalidades por la cuenta que nos trae. Estamos naturalmente a la espera de que el joven Simón Muntaner (o en quien delegue) nos envíe su reflexión sobre el particular. ¿Escribirá también Juan Manuel Tapia?





Premisa. Una de las exigencias más recurrentes desde diversos ángulos es la moderación salarial como elemento imprescindible --afirman-- para enfrentarse a la crisis económica, aunque es bien sabido que, de hecho, podríamos calificarla como exigencia atemporal. En esa dirección es notable la presión de la CEOE, hoy, de cara a la negociación colectiva. Pregunta. En esos momentos ¿sería útil el planteamiento de la moderación salarial? Si la respuesta es negativa, se ruega su argumentación; si es afirmativa ¿en qué condiciones?


CRISIS Y REBAJAS SALARIALES


Don Lluis Casas


El afamado editor parapandés que me acoge en este su medio digital me pregunta sobre ese título inicial. Me dice, ¿tiene sentido eso que piden a gritos los empresarios? ¿La moderación salarial, término efeumístico que encubre a la vez la limitación de incrementos salariales y la reducción pura y simple de los mismos, es una forma de actuar adecuada contra las inclemencias de la crisis?
[1]


Ha habido coincidencias en torno a la pregunta, primero el presidente Montilla hizo unas declaraciones sorprendentes que necesitaran de un comentario específico
[2]. No ha sido la del president la única casualidad en torno al encargo. La crisis de SEAT ha puesto muy crudamente encima de la mesa sindical la continuidad de la empresa. Una forma de chantaje que viene siendo habitual con nuestras empresas con raíz exterior. Volviendo a la pregunta inicial, debo advertir que el asunto tiene distintas respuestas, lo que no es una afirmación a la gallega para escabullir el bulto.


En primer lugar hay que definir si estamos en una estrategia de negociación empresa a empresa, o en el marco de acuerdos más o menos globales entre patronales y sindicatos, o bien, para acabarlo de complicar, si en el escenario está incluida la administración acogiendo compromisos dentro de grandes pactos de estado. Esa escenografía es básica para responder, la dialéctica de la negociación empresa a empresa tiene sus lógicas que no son las mismas cuando subimos el nivel y consideramos negociaciones más globales. También hay que considerar el tipo de crisis que intentamos aplacar, si lo es a nivel de empresa o más general de sector o de un territorio, o vamos hacia un conflicto mucho más amplio, estatal o mundial.


En cualquier situación sociolaboral una negociación por el futuro comporta saber de que futuro hablamos, de que costes se tratan, de que medidas aplicaremos y como distribuimos todo ello entre los implicados. Añado una cierta dosis de partida de póker o de mus, según el ambiente en que estemos. Lo que digo no es una broma, en este tipo de negociaciones las estrategias del juego cuentan, vaya si cuentan. Cito además una componente que creo relevante, los asalariados están, en general, dispuestos a sacrificios solidarios y por ello a una cierta claudicación permanente cuando se trata de manifestar solidaridad con los que están sin trabajo. Cosa que no ocurre con sus oponentes empresariales. Ese componente sociológico provoca que el empresario tenga mayor margen de maniobra. Empresario o patronal, que viene a ser lo mismo. Una mirada a acuerdos de cierto relieve en el pasado reciente nos confirma siempre que esa disposición de solidaridad constituye un factor siempre presente y siempre operante. Lo que valoro en alto grado, pero que afirmo que es un riesgo. El asunto tiene una componente básica en torno al papel del sindicato como mobilizador de mejoras salariales y de condiciones de trabajo, pero hoy la pregunta del editor nos lleva más allá, en la lucha por la supervivencia de empresas, sectores, territorios y paises y como se incardina en ello la cuestión del salario como variable estratégica.


Definamos ahora pues los marcos de esa situación negociadora. La crisis de raíz financiera e inmobiliaria y de amplitud planetaria se ha extendido a la producción a través de la reducción del consumo intermedio provocado por la drástica reducción de la producción inmobiliaria y por el retraimiento del consumo. Ese retraimiento ha sido consecuencia en parte de la debacle inmobiliaria y de la baja capacidad de maniobra de las familias endeudadas en hipotecas y similares y por el miedo al futuro, claro está, que ha emplazado a las familias al ahorro máximo en bienes de consumo duradero, principalmente los automóviles. La retracción total del consumo es de órdago y tiene una tendencia a permanecer mientras no desaparezcan los nubarrones y el chubasco que está cayendo. Es, como muchos expresan, un círculo vicioso, crisis, paro, reducción del consumo, más paro, más reducción del consumo, etc. Al que añadimos de reducción de los precios en un avance hacia la deflación, la peor situación para los que deben repararla. Hay que añadir, para más INRI que los salarios en los últimos veinte años han tenido una perdida constante en el PIB. La advertencia viene a cuento ya que el porcentaje de consumo sobre los ingresos es muy superior para las clases trabajadoras, es decir una reducción salarial tiene un impacto sobre el consumo muy elevado. Esa situación económica exige acuerdos amplios en el tiempo y en las dimensiones sectoriales y territoriales (evolución de la industria, renovación de los sistemas de financiación, impulso a nuevos sectores tecnológicos, reformas potenciando la educación, extensión de la protección social, mejora de la productividad social, etc.), acuerdos que están más en el extremo de los pactos de estado que en la negociación empresa a empresa.


Una negociación del estilo “una a una” prima la circunstancia, las ventas, la inversión prevista, la evolución del mercado concreto en donde se desenvuelve la empresa. Ahí, la motivación salarial puede tener un carácter estratégico para salvar una mala situación o puede ser simplemente una táctica empresarial contra los trabajadores utilizando informaciones no contrastadas. La situación la tenemos cercana en SEAT o en NISSAN, en donde las direcciones patronales juegan a ganar puntos sobre los salarios sabiendo que la otra parte desconoce hasta que límite es o no importante el asunto en la perspectiva concreta de la crisis. Difícil es tender estrategias a ese nivel, pero si debemos reconocer que el ajuste salarial pude tener consecuencias beneficiosas si va acompañado de una actitud empresarial adecuada. Los salarios pueden recuperarse después.


Si hablamos de sectores, comarcas o distintas unidades de negociación colectiva nos empiezan a aparecer otras cuestiones no estrictamente vinculadas al salario, ni a la empresa propiamente dicha. Ahí los esfuerzos salariales, si son acordados, deben ser altamente compensados por medidas de dinamización económica, de inversiones a largo plazo, de acuerdos de revisión en función de objetivos más colectivos. Lo que leen es la participación de las administraciones como agentes catalizadores conjuntamente a empresas y sindicatos. Nunca en ese estadio el salario es un recurso estratégico de salvación de empresas, sectores o territorios. Es uno más en una larga lista en donde todas las partes ceden y aportan compromisos. La valoración es global puesto que el objetivo es un futuro distinto de la realidad previa a la crisis. Insisto, un futuro distinto.


Si nos desplazamos a los pactos de estado, ahí la cosa es más sencilla respecto al salario. En este contexto el sacrificio salarial no es ni de largo algo estratégico para la crisis
[3], sino que es un elemento de compromiso sindical, como el control de los conflictos, que atiende más a mantener acuerdos y compromisos altamente complejos que a participar en la solución de la crisis de una manera significativa. Ahí el salario debe tener claro hacia donde va en el futuro, como por ejemplo la recuperación de su participación en el PIB, unas nuevas políticas sociales que son salario social, otras políticas de vivienda que eviten el endeudamiento hipotecario, la mejora de la formación, el incremento de la productividad por nuevas inversiones públicas, etc. En definitiva, pienso que la moderación salarial, sea lo que sea lo que signifique, es algo un tanto inmaterial que tiene que ver con la creación de un marco de confianza económica, de acción conjunta y de búsqueda coordinada de un nuevo futuro. Que nada definitivo puede hacer frente a una crisis de consumo, de financiación, salvo en algunas excepciones muy concretas.


En un reciente documento del que facilito copia a la redacción, se expresa numéricamente lo que los salarios significan frente al producto total, al menos en la escala de la producción final del producto. Los datos son de SEAT y están referidos al año 2007. El peso salarial de la planta es respecto al valor medio del producto final de un 8%, todo el resto es aportación de proveedores y valor añadido en el precio (SKODA está en el 13%, igual que la central Volkswagen). Esa cifra demuestra que aunque moderemos el factor salario en SEAT su situación no variaría, a menos claro está que pasemos a la simple esclavitud. Como corolario añado la importancia de calcular que esos perceptores de salario son la base del consumo, serán quienes comprarán la producción y que en el marco de una crisis generalizada la expectativa de la exportación es muy limitada. De ahí el papel crucial del sector público como regulador del consumo generando inversión y gasto.


[1] Por no añadir cuestiones sobre el tiempo de trabajo, turnos, etc. que siempre van asociadas.
[2] http://www.revistalafactoria.eu/articulo.php?id=448
[3] Tal vez con la excepción de dinámicas perversas como fue la inflación pasada como referencia de actualización salarial y en cuanto el problema es de inflación de precios.

domingo, 15 de marzo de 2009

EL DEBATE SOBRE LA MODERACIÓN SALARIAL (1)

¿Para qué quiere uno a sus amigos si no es para exprimirlos como un limón? Dicho y hecho, a dos personalidades de la vida pública (Isidor Boix, ingeniero y licenciado en Derecho, reputadísimo dirigente sindical y Lluís Casas, economista que tampoco necesita presentación alguna) les hemos enviado un sucinto cuestionario. Ninguno de los dos se muerde la lengua y, como rauda centella, responden a nuestro interesado y pérfido requerimiento.


Premisa. Una de las exigencias más recurrentes desde diversos ángulos es la moderación salarial como elemento imprescindible --afirman-- para enfrentarse a la crisis económica, aunque es bien sabido que, de hecho, podríamos calificarla como exigencia atemporal. En esa dirección es notable la presión de la CEOE, hoy, de cara a la negociación colectiva.


Pregunta. En esos momentos ¿sería útil el planteamiento de la moderación salarial? Si la respuesta es negativa, se ruega su argumentación; si es afirmativa ¿en qué condiciones?


NOTAS SOBRE LA "MODERACIÓN SALARIAL"

Isidor Boix




La disputa del salario es siempre un elemento central en la acción sindical en tanto que “precio de la fuerza del trabajo”, o, en formulación del art. 26 del Estatuto de los Trabajadores, “las percepciones económicas de los trabajadores …por la prestación profesional de los servicios laborales por cuenta ajena”, que viene a ser lo mismo. Por ello resulta legítima, y necesaria siempre, la voluntad sindical de mejorar el precio de tal prestación (o mercancía), sin olvidar que implica una concreta relación con las condiciones de la misma, es decir las condiciones concretas de trabajo en cada momento. Y hoy el empleo, sus particulares condiciones y sus perspectivas, constituye un elemento esencial de éstas.


Desde hace años considero que la reivindicación salarial no puede reducirse a la cifra del incremento, aunque éste sea un aspecto no secundario de la misma. Entiendo que hay que plantear en cada ámbito de negociación efectivamente una cuantía de incremento, o varias cifras según pudiera desprenderse de otras cuestiones como resultan de poner sobre la mesa la estructura salarial, el incremento a aplicar en los diversos niveles de la escala salarial (para afirmar o corregir lo adecuado o inadecuado de ésta), a las retribuciones fijas y a las variables, a las relacionadas con la estructura profesional y a las vinculadas a los resultados (individuales y/o colectivos) del trabajo y/o de la empresa, los complementos personales heredados de las mil historias que se cruzan en cada empresa, … Por ello, como criterio general, entiendo que la compleja reivindicación salarial debería elaborarse a partir de un conocimiento concreto de la masa salarial de la empresa, de su historia, de su relación con la coyuntura de la misma y la general, y su detallado desglose por grupos profesionales, por modalidades contractuales, por género, por edad, … Diverso debería ser también el planteamiento según se trate de una negociación de empresa o sectorial, en cuyo caso debe haber una exigencia sindical sectorial y otra de empresa (articulada) según la realidad e historia de ésta. La pregunta hecha en este momento apunta además (aunque lo anterior lo considero también vigente ahora) a la relación de las reivindicaciones salariales con la crisis.


No comparto la apariencia de la campaña de la Confederación Europea de Sindicatos, ya antes de la crisis, situando la exigencia de mejora del poder adquisitivo como el eje del sindicalismo europeo. Creo que los dos retos principales del sindicalismo europeo en el Siglo XXI son el de la competitividad de la economía europea (indisoluble y necesariamente ligada a la exigencia de poder sindical para intervenir en su gobierno) y la defensa de los derechos fundamentales del trabajo en el mundo para enfrentar la presión hacia inevitables retrocesos en el “modelo social europeo” que resultan de la violación de tales derechos en lo que genéricamente denominamos “el Sur” (también en el Sur del propio Norte).


Tampoco comparto el razonamiento, en mi opinión demasiado simple, que afirma que con mejores salarios aumentaría la demanda y ello resultaría decisivo para superar la crisis. Es cierto en parte, pero hay que considerar además el evidente incremento en la actual etapa de la proporción de ingresos derivados hacia el ahorro. Y no sólo en Europa, lo mismo me han explicado sucede en China.


Pero volviendo al tema planteado sobre la “moderación salarial”. Creo que existe una cultura sindical española en torno a este tema, para estar a favor o en contra, muchas veces a partir de la propia palabra (un resultado, uno más, de la cultura de las palabras), y de ello en CC.OO. hemos vivido largos debates. Se planteó ya en los Pactos de la Moncloa, y luego con ocasión de pactos sindicales, unos conjuntos CC.OO. y UGT con la patronal, otros sólo de UGT. Quiero señalar que en líneas generales comparto las razones sindicales para la firma de todos ellos, no tanto porque la moderación salarial signifique automáticamente creación de empleo (considero que lo que crea empleo es la necesidad de producción de bienes o servicios de la empresa, aunque ello ciertamente va ligado a sus posibilidades, de gasto, de inversiones, …, y en tales posibilidades inciden los costes salariales), sino por la apuesta sindical que suponen en pro de un clima de consenso social ligado a negociaciones de diverso sentido (más político en los Pactos de la Moncloa, más social y económico en otras ocasiones).


Volviendo a la actual situación, considero que con los bajos niveles de inflación, apuntando ya a la deflación, el incremento salarial, como siempre importante, no debe ser sin embargo el tema central. Debe, eso sí, plantearse la voluntad de mejora del poder adquisitivo, con el objetivo de conseguirlo allí donde la situación actual de la empresa, y sus perspectivas futuras ligadas a proyectos concretos, lo permita, y la fuerza sindical lo posibilite. Pero el paquete reivindicativo debe ser coherente y debe tener como eje principal el empleo, es decir las perspectivas de desarrollo de la producción de la empresa y la defensa de las garantías del actual empleo, su potencial desarrollo, y las posibles correcciones en su distribución entre sus diversas modalidades de contratación, subcontratación incluida. Un tema, el del empleo, que debe hoy vincularse con las inversiones de la propia empresa, el diseño de sus proyectos de producción, de inversiones particularmente en tecnología, en formación, en innovación, medioambientales, con el examen de su mercado presente y potencial, su política de contratación y formación adecuada a todo ello, así como con su integración en los proyectos industriales y económicos del sector y del país.


Desde esta perspectiva se trata de concretar propuestas teniendo en cuenta el ámbito en que se plantean y su específica coyuntura, combinando las diversas reivindicaciones, tanto salariales (con las cláusulas de descuelgue rigurosas, pero efectivas, en los convenios sectoriales) como de condiciones de trabajo, las apuestas de futuro, los derechos de intervención sindicales, etc. Si siempre ha sido importante, hoy lo es mucho más la coherencia del conjunto de las propuestas reivindicativas, que no pueden establecerse a partir de la suma de las reivindicaciones de cada uno de los grupos, o individuos, que componen el colectivo base de la negociación.


Sería por otra parte útil analizar con mayor rigor las experiencias de los acuerdos de empresa y de sector que se van dando, para evitar lo que sucede demasiadas veces en nuestro sindicalismo, europeo e internacional, también español (aunque quizás menos), y es el divorcio entre lo que decimos y lo que hacemos (o lo que hacen importantes estructuras sindicales formalmente muy ligadas a los órganos de dirección sindicales). Así sucedió en los últimos años en acuerdos de aumento de jornada con menor aumento salarial en importantes centros de trabajo de multinacionales europeas, y así creo que está empezando a suceder con acuerdos que contemplan medidas de congelación salarial y que pudieran no ser erróneos en su contexto concreto. Convendría ver a este respecto el conjunto de medidas pactadas y su proyección sobre el futuro de la empresa y la intervención sindical en ello, sobre el empleo y condiciones de trabajo a corto y medio plazo. Desgraciadamente tal análisis y la formulación de las propuestas sindicales, no viene facilitado por los planteamientos patronales, en general mucho más primarios que los sindicales. Pero sería un triste consuelo (y una expresión de la falta de capacidad de propuesta e iniciativa de la que en general alardeamos) escudarse en esta constatación.


Dos apostillas aún: 1) Los empresarios no tienen por objetivo destruir empleo (ya que éste es precisamente el que les facilita los beneficios), ni los trabajadores, individual y colectivamente, pueden estar interesados en que se creen puestos de trabajo sin contenido. 2) La crisis no es un problema moral (la lucha de clases tampoco), por lo que no tiene mucho sentido intentar encontrar soluciones buscando “culpables” para que “paguen”.


Pare terminar quisiera recordar un planteamiento no nuevo, pero que seguramente tiene traducciones nuevas, distintas, en la actual coyuntura. Me refiero a que la respuesta a los problemas del necesario desarrollo económico e industrial en España, en Europa, en el mundo, han venido exigiendo un mayor poder sindical, también a todos los niveles, para poder impulsar una mayor implicación sindical en las necesarias respuestas de política económica a industrial en todos los ámbitos. Un mayor poder sindical que, para que sea real, precisa de estructuras sindicales de un sindicalismo “global”, con efectivos poderes delegados desde ámbitos inferiores, como probablemente no existen aún suficientemente desarrollados. Sólo con más poder sindical, y con más implicación sindical, será posible concluir acuerdos que vayan más allá de la cifra del incremento salarial, como creo que se necesitan.



Marzo de 2009





Nota. Continuará con la opinión de don Lluís Casas

viernes, 13 de marzo de 2009

LAS PROFECÍAS DE LA SALIDA DE LA CRISIS



Quienes nada dijeron de que venía una crisis de caballo –y a quienes se les considera entendidos en la materia— nos están pronosticando que, aunque la cosa sigue siendo dura, el panorama cambiará pronto. El último en tomar la palabra en ese sentido es don Juan Claudio Tichet, cuya tarjeta de visita afirma que es el Presidente del Banco Central Europeo (BCE), un caballero que –al igual que sus predecesores en la encomienda— sólo estaba preocupado por la inflación. Pues bien, don Juan Claudio, en la reunión de los gobernadores del G10 celebrada en Bruselas, afirmó que “ya se están viendo algunos elementos expansivos en la economía mundial”, pero no tuvo la gentileza de aclararnos qué elementos eran los que veía. Para no dejar las cosas en la indefinición, don Juan Claudio apostilló que “es previsible una progresiva buena marcha en el 2010”. Sin embargo, el gobernador de la encomienda tampoco aclaró en qué datos basaba su parecer. La verdad sea dicha entre nosotros: tampoco quienes aseguran lo contrario argumentan debidamente sus opiniones. Lo único cierto que sabemos es que cada dos por tres se corrigen las previsiones de los cuadros macroeconómicos. Por ejemplo, don Pedro (Solbes, naturalmente) las ha enmedado por enésima vez. Se supone que ahora sin atender las opiniones de los putativamente entendidos, porque como dejó dicho el gran sabio Robert Gibrat: "los expertos se han equivocado regularmente en los últimos veinte años".


Da la impresión que don Juan Claudio es consciente de la importancia de las expectativas, del papel que tienen las expectativas, también las fabricadas, en los mercados. Si se crean apariencias de expectativas, los inversores y los mercados acabarán por creerse las profecías y el tormentazo amainará. Primera conclusión a la que podrían llegar los agazapados: así las cosas, no son necesarias reformas estructurales, sólo con la voz y la palabra proféticas se puede salir de las aguas movedizas; continuemos, pues, hogaño con los disparates de antaño pues solamente hablando se puede recuperar la situación. En esas condiciones, la solución la tiene el optimista Zapatero. ¿Para qué meterse en la complicación de medidas de Estado, de Gran concertación, si la salida de la crisis es para el año a golpe de saliva? Es como si se considerara que la crisis ha venido por una expansión de pesimismo…


Mientras tanto, amarrado al duro banco y confortado por la tranquilidad de quien ve los toros desde el tendido de sol, me pregunto algunas cosillas irrelevantes. 1) ¿Por qué mi amigo Toxo no sigue insistiendo en su propuesta de Pacto de Estado contra la crisis y por el empleo?; ¿por qué sus correligionarios no le acompañan en esa propuesta?. 2) ¿Tiene sentido que se anuncie una remodelación del Gobierno español para “dentro de unos meses”, con lo que está cayendo? Más lúcido que Zapatero es mi sobrino Carles Navales que ha afirmado: “Mi consejo es que si ha de haber crisis, que la haya ya; anunciarla para de aquí a unos meses es dejar a los actuales ministros en almoneda: un candidato a cesante carece de autoridad. Las crisis se hacen y después se anuncian: es cosa de manual”. De manera que estoy preparando una campaña para que mi sobrino sea presidente del gobierno por aquello de la importancia de abrir expectativas.





Discos solicitados.
Leonardo Vinci no debe ser confundido con el gran artista del Renacimiento. En esta ocasión se está hablando de un músico barroco napolitano que tuvo en su época una gran consideración y prestigio. A Radio Parapanda nos ha llegado la propuesta de Juan de Dios Noguera (albéitar de Brácana). Solicita que emitamos una pieza de Partenopé, una de las obras del maestro napolitano. “Para que acompañe a don Paco Ayala antes del día de su cumpleaños”. Hecho, amigo Juande. Aquí la tienes: Sonia Prina canta A far stragi Sonia Prina es una de las mezzosoprano más estimadas en Parapanda.





lunes, 9 de marzo de 2009

DÍA INTERNACIONAL ¿DE QUÉ?



No tengo nada en contra que el día 8 de Marzo sea también el día Internacional de la Mujer. El problema es otro. Que porque nadie ha levantado la voz, está desapareciendo, como quien no quiere la cosa, la principal y originaria característica: 8 de Marzo, Dia Internacional de la Mujer Trabajadora Lo es por su origen que es conocido suficientemente, y lo es por la acción colectiva de las mujeres trabajadoras en todo el mundo, incluso cuando –con no poca frecuencia— se han confrontado a los descuidos (con frecuencia conscientes) del sindicalismo confederal que no estaba precisamente muy por la labor en los hechos concretos. En ello está José María Izquierdo: 8 de marzo día de la Mujer (trabajadora).


Así pues, nada que objetar a que tan señalada fecha sea requerida y usada de la que ahora es más frecuente: Día Internacional de la Mujer (a secas). Pero, de igual manera, llamo la atención de que primordialmente el sindicalismo confederal y la izquierda no pueden dejar que esa característica (“de la mujer trabajadora”) tenga la centralidad de la efemérides. Porque es en el trabajo (y en la búsqueda de empleo) donde se da la mayor desigualdad. Es más, esa característica es la que connota con mayor fidelidad la memoria histórica.


Más todavía, me parece muy importante que las mujeres de cualquier condición hagan suyo ese día. Pero lo que me choca es que determinados medios de comunicación sindical se distraigan un tanto sobre el particular. Por supuesto, lo importante son los hechos concretos a la hora de poner en marcha políticas de igualdad. En eso están los sindicatos, pero poner énfasis en la centralidad del carácter de la fecha es: fidelidad a la historia de la lucha de las mujeres trabajadoras y, simultáneamente, estar por la labor.




Discos dedicados. Don Paco Ayala, joven granadino que ha traspasado ya su primer centenario –el día 16 de marzo cumple 103 años-- es una persona que nos es muy querida. En esta ocasión no estamos hablando de un disco solicitado sino dedicado por Radio Parapanda. Se trata de una preciosa obra del compositor napolitano Saverio Mercadante. A este gran músico, estúpidamente considerado menor, se deben piezas tan importantes como la que vamos a emitir a continuación. ¿Quién sabe por qué vericuetos ciertos personajillos consideran “músicos menores” a quienes son genios de la cabeza a los pies? Oiga usted la música del maestro Mercadante y dé su parecer. Y atrévase a decir que hay vida más allá de los grandes contemporáneos de nuestro hombre, o sea, hay buena música más allá de Rossini, Donizetti y Bellini. Dejemos, pues, a la Orquesta sinfónica de Parapanda dirigida por el maestro Sánchez del Campo, interpretar a
Mercadante en Flute Concerto in E minor Op.57


En próximos días seguirán las celebraciones de homenaje a don Francisco Ayala. Y recuerde: radioparapanda@gmail.com es su emisora.


jueves, 5 de marzo de 2009

LA GRAN CONCERTACIÓN QUE PROPONE TOXO


El envite está en la calle: Toxo pide un pacto de Estado por la economía y el empleo en esta legislatura. Espero que el presidente Zapatero y el conjunto de las fuerzas políticas y sociales respondan de inmediato. Un inciso: la propuesta del secretario general de Comisiones Obreras no se refiere a las negociaciones en curso sino a la necesidad de una Gran concertación sobre el conjunto de los temas económicos y sociales para abordar eficazmente –lo que descartaría las inyecciones homeopáticas— esta situación de crisis que no ha hecho más que empezar.


Si hemos de ser caritativos, no podemos afirmar que no se haya hecho nada desde el gobierno. El problema está en que las medidas que se han tomado hasta la presente parece un conjunto de tapas variadas que no conforman un menú en condiciones. Es más, tienen toda la pinta de que no disponen de vínculos y compatibilidades entre ellas. De ahí la necesidad de la concertación que venimos reclamando de un tiempo a esta parte:
el pacto social.


No estoy en condiciones de saber si esta propuesta de Toxo será suficientemente atendida. Pero sí puedo intuir que si el sindicalismo confederal “se planta” con inteligente energía –poniendo en marcha los mecanismos de presión necesarios y suficientes— cabe la hipótesis de que se abra esa concertación. Así pues, no se pierda el tiempo en movilizaciones por objetivos que, aunque importantes, puedan ser parciales: váyase al corazón y a los ganglios de los elementos españoles de esta crisis. Este es el desafío que tienen tanto Toxo como Cándido.







Discos solicitados. Mi amiguita, la bella Belisa Serrana, escribe a Radio Parapanda: “Me gustaría solicitar la mejor versión de la preciosa napolitana O sole mio que, a su leal saber y entender, exista”. Me hubiera encantado poner la versión de Roberto Murolo, pero las restricciones presupuestarias hacen que no dispongamos de esa versión. Reunidos en asamblea los trabajadores de esta emisora, ante la dificultad de ponernos de acuerdo en “la mejor versión”, se ha decidido emitir las siguientes, aunque advirtiendo que la de Caruso es la que ha obtenido más votos.
Andrea Bocelli, Jose Carreras, Franco Corelli , Tito Schipa, Enrico Caruso. Recuerde: Radio Parapanda es su emisora; su domicilio es radioparapanda@gmail.com


Se recuerda a todo el personal que el día 16 de este mes Don Paco Ayala cumple sus primeros y juveniles 103 años. Radio Parapanda prepara un programa especial con música de Saverio Mercadante.