Publicamos el tercer artículo del debate sobre la moderación salarial: los anteriores de hace unos días corrieron a cargo de Isidor Boix y Don Lluis Casas. Por cierto, don Lluis ha publicado en su blog un trabajo sobre los resultados del referéndum de Seat. Es la primera vez que tengo un profundo desacuerdo con don Lluis Casas; anuncio que le daré respuesta cuando los organismos competentes de Comisiones Obreras hayan realizado su valoración. El artículo de don Lluis lo puedes ver en: LOS RESULTADOS DE SEAT
CRISIS Y SALARIOS: FÓRMULAS VIEJAS PARA RESPONDER A LOS NUEVOS PROBLEMAS.
Juan Manuel Tapia*
Parodiando a Luiggi Fabri, equívocas influencias burguesas en la perspectiva sindical.
No estaba mudo, estaba de congresos….haría “un feo” si no respondiera a la siempre cordial invitación de mi amigo José Luis Lopez Bulla, quién indica, acertadamente, que el tema esta en el candelero, de manera muy central, y que de él se derivan, las claves centrales de las estrategias sindicales del futuro.
No es nuevo, pero si constatable, que en pocos escenarios históricos, hemos vivido una ofensiva mediática y orgánica, de los poderes económicos y la derecha política –también de la izquierda acobardada-, tan fuerte, contra los derechos económicos del mundo del trabajo, y de paso contra los derechos sociales, y el propio sistema de relaciones laborales consolidado en las décadas pasadas.
No me refiero solo a los planteamientos de CEOE y Foment del Treball, siempre poco creativos y hasta cansinos, ahora acentuados, cuyo principal valor radica en operar, en términos de rubig, como “bloqueadores” de la vida y la concertación social, sin responder, siquiera, al interés objetivo de las empresas, también las medianas y pequeñas. Tenemos en Europa y el mundo, una falta de interlocutores patronales orgánicos, que solo la fuerza del sindicalismo puede forjar. Ellos tiene una visión “sistémica “, de conjunto. Nosotros, también. Ese es el conflicto central, y no sus aledaños.
Hablemos claro, ese conflicto se expresa, ahora, porque en ese sentido hemos trabajado desde muchas perspectivas: los derechos sindicales sobre el proyecto empresarial en su conjunto, la visión y exigencia global del sindicalismo, los derechos de las personas –que queremos iguales- en la organización del trabajo o el derecho al reparto equitativo y digno de la riqueza que crea el trabajo y su creatividad, la defensa de un estado del bienestar adecuado a los nuevos tiempos y necesidades.
Seguramente, y no se equivocan, quienes lo temen, la cuestión del poder en la empresa, nunca ha estado tan presente desde los años 20 y 30. Y saben, además, que como en etapas anteriores, el sindicalismo, es capaz de generar demandas sociales y políticas de más largo alcance.
Esos mismos poderes esperaban la respuesta resignada y defensiva, del movimiento sindical. Pero no han calibrado, que pese a todas las contradicciones que padecemos –ellos mucho más que nosotros-, del propio capitalismo que representan, hemos aprendido a tener una visión “global” de las cosas; universal. Una perspectiva más transformadora que la que el movimiento sindical ha tenido oportunidad de crear en los últimos decenios.
Sería absurdo, debatir lo que pienso con esos mismos poderes,….lo hago cada día. Mis palabras –siempre amables y acompañadas de reconocimiento- van dirigidas, de forma especial, a las opiniones de nuestro Isidor Boix, que ha abierto tantos caminos para el sindicalismo del futuro.
Algunas consideraciones:
Comparto las afirmaciones de Isidor, respecto de la flexibilidad y adaptabilidad –a las situaciones concretas de las empresas y sus expectativas- de la reivindicación salarial. También, de la necesaria concepción de conjunto de la evolución salarial en la empresa. Lo que no evita que llame la atención, sobre la realidad sociológica de los salarios reales en nuestro país.
La intervención sobre las masas salariales, que tanto ha madurado en las prácticas negociales, por ejemplo, del sector químico, no puede olvidar que, para ser eficaces, deben ser el resultado del intercambio contractual, entre sindicato y empresa, en clave de transparencia y aceptación de la participación sindical.
Esto nos remite a un problema de poder, en el que soy partidario de litigar, y nos remite al problema de las centenares de miles de empresas, pequeñas y medianas, donde el reparto, todavía arbitrario de los salarios, por parte del empresario, solo tiene un elemento de certidumbre: las sacrosantas tablas salariales de los convenios de sector que cada año gestionamos los sindicatos. Ojo!!..el sindicalismo no puede jugar con eso, no se trata solo de un punto arriba o abajo, sino de la acción tutelar del sindicato con los que mantienen una posición más débil.
No descubro nada, si afirmo que el problema de la transparencia, y el cuestionamiento del poder unilateral del empresariado sobre el proyecto empresa, es uno de los problemas más resistentes del empresariado español. Se manifiesta de muchas formas, mi amigo Isidor las conoce, por poner un ejemplo, es uno de los grandes obstáculos para establecer verdaderos planes de igualdad relacionados con el género de las personas.
Confío en que Isidor no menosprecie otro efecto de los convenios sectoriales de tablas, que aunque dejen amplios márgenes de adaptación a la empresa, establecen verdaderas reglas generales de competencia entre las empresas de un mismo sector de actividad, y son, en sí mismos, mecanismos reguladores de los flujos económicos.
La Confederación Europea de Sindicatos, nuestra CES, no realiza ninguna campaña de apariencias cuando sitúa el salario en un primerísimo lugar de su atención. De la misma forma, tampoco la posición unitaria del sindicalismo español es arbitraria. CC.OO. y UGT, son conscientes del valor de la “batalla salarial” en estos momentos.
Por cierto, el compañero Fidalgo, tenía razón, compartida colectivamente, cuando llamaba la atención, en la actual circunstancia, y siempre, sobre el valor del trabajo, y la revalorización que el sindicalismo debía hacer de él. Son los salarios ajenos a esta cuestión? Qué ha cambiado? Aparte del secretario general de nuestra confederación.
Creo que Isidor minusvalora el planteamiento del sindicalismo europeo. También, y me deja perplejo, el planteamiento del sindicalismo internacional de nuestra CSI, en pro de salarios dignos o decentes. Lo que me preocupa es que esa minusvaloración derive, o sea producto, de un hilo de pensamiento que he combatido en los medios sindicales, en el último periodo, según el cual, el salario, su cuantía y evolución, son aceptados por el sindicalismo, como puro efecto y resultado. Sin comprender que la determinación de los salarios, a través de la negociación colectiva y la propia legislación de salarios mínimos, son un instrumento, de primer orden, del sindicalismo, para la configuración de la realidad económica y social. El sindicalismo es un factor, un actor, de la política económica, no solo un receptor o notario. Dicho de modo rotundo, si se quiere: somos sujetos determinantes en la construcción del futuro. Dicho a lo Obama, formamos parte de la solución, no del problema.
No quiero ahogar estas notas en las cifras, que por otra parte están al alcance de cualquiera: pérdida de peso de los salarios en el reparto de la renta nacional, los bajos salarios asociados al modelo de desarrollo que ha quebrado, comportamiento responsablemente moderado de la negociación colectiva –que no impide mejoras ligeras mejoras netas del poder adquisitivo del salario-, los costes laborales unitarios –capaces de medir comparativamente el coste salarial por unidad de producto y en iguales circunstancias de productividad- no es desventajosa para los trabajadores españoles.
El actual discurso sindical unitario, si no se distorsiona desde nuestras propias filas, es muy claro. No hablamos de que no paguen la crisis los de siempre, de forma simplemente reactiva, que estaría justificada. Hablamos de no hacerlo, asociado a un proyecto, que ciertamente debe tener mayores niveles de concreción, para construir un modelo de desarrollo sostenible y alternativo Modelo que Isidor sabe, esta asociado a unas condiciones de trabajo dignas, igualitarias y plenas de derechos, como ocurre en los países del norte europeo.
En todo caso, nadie esta en derecho de exigir al sindicalismo, las soluciones que los gobiernos actuales no poseen. Sin embargo, tenemos ideas y propuestas generales, y si descendemos a los casos concretos, a las empresas y centros de trabajo, nuestras propuestas se multiplican. No es un mal comienzo.
Comprendo y respeto, que cualquiera de nosotros, reivindique siempre su propio itinerario sindical personal, De ahí a asegurar que cualquiera de los acuerdos generales en los que ha participado el sindicalismo español, de forma unitaria o no, hayan sido siempre positivos, me parece un sacrificio innecesario de los criterios propios –muy relacionados con algo, tan importante, como la capacidad de crítica y autocrítica-.
No todos los acuerdos generales de concertación social, que acompañaron a la transición democrática y a los avatares de nuestro desarrollo económico en estos 30 años, deben ser valorados de igual manera. Es más, me temo, que la referencia a los Pactos de la Moncloa y a las situaciones de emergencia, se reiterarán, abusivamente en el futuro inmediato.
Nosotros, también proponemos un acuerdo general, pero la expresión de las posiciones de nuestros socios hipotéticos, lo hacen complicado, cuando no imposible.
Parece que sectores de la confederación intenten esbozar las líneas de un posible acuerdo imposible, tan imposible como escribir con una rama sobre el agua. Lo saben? Sí, lo saben, pero parece ser que es un camino a la respetabilidad del sindicalismo. Mal asunto. Nuestra respetabilidad nace de otras fuentes. La representatividad que nace de la defensa coherente de los intereses de clase y la contribución que hacemos, desde nuestra propia personalidad, a los intereses generales.
El empleo, las políticas en razón del empleo, no pueden seguir siendo las grandes “coartadas” para disciplinar al movimiento sindical. Hablemos claro, el empleo a cualquier precio no tiene ya sentido, ni futuro en el mundo de la globalización. Abrir esa puerta, solo puede llevarnos a viejas fórmulas, que como Isidor sabe bien, abren luego brechas en el derecho del trabajo –que dicho sea de paso, no tiene como finalidad el empleo, sino el ejercicio de derechos colectivos y su protección-, de las cuales, luego, acabamos, quejándonos.
Ahora, más que nunca, no es el empleo lo más importante, sino el empleo digno, aquel empleo que es viable y competitivo. Aquel que es la base de una economía y sociedad estable y con futuro. Nos hemos olvidado, acaso, de cuales son las razones del agravamiento de la crisis en nuestro país? Nos hemos olvidado de nuestro “milagro de pies de barro”.
Bajo el argumento del empleo, desde el año 84, se crearon los cimientos de nuestra actual desventura acentuada. La confederación lo comprendió con los acuerdos del 97.
No nos sirven acuerdos generales vacíos, aquellos que comprometen un millón de empleos y que no explicitan, ni el como, ni el cuando, ni dónde.
Un acuerdo general de futuro, y con futuro, pasa necesariamente, por establecer el vínculo, y la asociación de salarios y condiciones de trabajo dignas y saludables, de democracia industrial, como dirían nuestros hermanos estadounidenses, con una economía eficientemente competitiva.
La patronal no acompaña ni a sus propios intereses. La CEOE de Gerardo ha desencadenado una campaña integrista que amenaza la normalidad, siempre tensa, de las relaciones de trabajo. Especialmente, porque llama a la rebelión de los empresarios frente a las layes. Es curioso, que de este movimiento de insumisión no se hayan hecho eco los medios de comunicación social. La patronal general ha hecho un llamamiento al incumplimiento de los convenios colectivos que deben revisarse en 2.009. Las patronales concretas, aquellas que organizan intereses concretos de las empresas de sus ámbitos, se han desmarcado en la práctica. Las patronales metalúrgicas de Catalunya, las de la Construcción a nivel estatal, han aceptado como buena la negociación salarial sobre la base de una previsión de inflación del 2% para 2.009. Otras, como la del transporte de mercancías o las cajas de ahorrro, por poner dos malos ejemplos, se resisten.
Lo que está en juego, querido Isidor, no es una cifra, sino como diría mi también amigo Vicente Pardina, la solución pacífica de la renovación de los convenios colectivos, que solo es posible en el cumplimiento de los compromisos negociados y el respeto a las reglas del juego.
Unidad sindical, sí claro que sí, José Luis, sobre la transparencia, sobre los intereses próximos, cercanos, visibles de los trabajadores. Sabes, como nadie, que en mi opinión las existencia de dos grandes, enormes, sindicatos españoles, es una disfunción inexplicable de la historia, especialmente, en este nuevo siglo. No seré yo, desde mi responsabilidad sindical, quién no apueste por apuntalar, y más allá, la unidad de acción. Estamos unidos, CC.OO. y UGT, en este planteamiento general.
Es evidente, y la comparto, tu preocupación por lo que ocurre en algunas grandes empresas, que por su capacidad de proyección mediática pueden tener especial repercusión y distorsionar esta imagen unitaria.
Raramente he realizado críticas a nuestra organización sindical hermana, la UGT, pero el caso de SEAT, me obliga a decir algunas cosas. Especialmente, porque los compañeros ugetistas conocen de sus efectos sobre el panorama laboral general. No es justo, saben que los 9 millones de euros que cuesta la congelación salarial que propugnan –por más que la disfracen, con una paga futura que no aceptan, como ha planteado CC.OO. que se consolide y comprometa de verdad-, no es la razón última de la asignación de la producción del Audi.
No lo es, porque es una gota de aceite, en el mar de los más de 300 millones de euros que recibirán como ayuda de la Generalitat. No lo es porque nuestros compañeros de IG Metal, así lo aseguran. No lo es porque no se trata ni del 0,5% de las indemnizaciones blindadas de los grandes directivos de la empresa y sus salarios.
Quizás merezca Montilla una opinión menos favorable, yo comparto las favorables con matices, que las que mereció por tu parte.
La nueva federación metalúrgica de CC.OO. tiene razón, y es más, sintoniza con el interés general del sindicato y del sindicalismo catalán.
No puedo obviar preguntarme: que pasa en la UGT? Existen razones personales, de alguna índole, en esta quiebra de la unidad sindical? Se trata de un modelo de sindicalismo que no termina de renovarse?
Para finalizar, confío en que determinados posicionamientos, de destacados dirigentes sindicales de la confederación, otros no tan destacados o fracasados, no intenten crear, alrededor del espejismo de un pacto social, sobre el eje de la moderación salarial y del empleo impredecible, un polo de referencia, para aunar las voluntades de los que han sido desplazados de la dirección central del sindicato.
Nuestro sindicato tiene espacio para todos y todas, la actual dirección lo garantiza. No se que hubiera pasado si el resultado de la ecuación congresual hubiera sido otra.
Juan Manuel Tapia, de la Ejecutiva de CC.OO. de Catalunya
Discos dedicados. Radio Parapanda emite, a petición de Carlitos Vallejo, la inolvidable pieza de don Antonio: DOS GARDENIAS