viernes, 29 de septiembre de 2017

Abajo el diálogo. Rompámonos el espinazo



Hasta hace unas semanas yo pertenecía a ese batallón de almas de cántaro que exigía una negociación política para resolver el problema catalán. Me equivoqué. Aquí se ha escogido el camino de la destrucción mutua. Así es que, al igual que Vicente, vayamos por donde va la gente.  Nada de pactos, nada de solucionar la cosa. Sigamos con los colmillos retorcíos y hundamos en la yugular del contrario los incisivos hasta dejarlo sin sangre. Los hunos contra los hotros, que Dios reconocerá finalmente a los suyos. Es decir, sin dar cuartelillo al contrario, sea este quien sea. Pero dentro de un orden. A saber, cuando falte un segundo para caer en la arena  hechos polvo y entregar el alma al Altísimo, poned un WhatsApp a la Sociedad Protectora de Animales para que venga a daros auxilio, nunca antes. 


Más todavía, dentro de la ambulancia no desaprovechéis el tiempo: seguid con vuestra reyerta. Al fin y al cabo ¿qué sentido tiene hablar si podemos partirnos el espinazo a golpes de apostolado? Gritemos, gritemos todos, los hunos y los otros: Viva, viva el campanario.



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