domingo, 28 de febrero de 2021

Los vascos y nosotros

Las autoridades vascas, los capitanes de industria de Euskadi y su mundo académico están impulsando el Corredor Vasco del Hidrógeno; se trata de un proyecto que, situando al País Vasco a la cabeza de la producción de hidrógeno verde, es de la máxima utilidad para España y, si me apuran, para Europa. Mientras tanto, en Cataluña la CUP arenga a la muchachada --«apreteu, apreteu»-- y Arran, su brazo juvenil, lo ejecuta. Es la división del trabajo. O sea, de un lado, los mozuelos independentistas en flor mantienen el fuego, sagrado y físico --dirigidos al espíritu y a los furgones de la policía autonómica— y, de otro lado, los seniors usan el humo del incendio para presionar a Esquerra Republicana de Catalunya que, sin ellos, no habrá gobierno en Cataluña que tenga como objetivo la república y la independencia.

En el País Vasco se habla, debate y actúa sobre la fisicidad de las cosas, las cosas, las cosas. En Cataluña las autoridades sin autoridad, ni auctoritas, ni crédito  moral y político, siguen su inútil cacofonía. Es la consagración de un otoño que ya no dispone de patriarca que llevarse a la boca. Son unas autoridades, incapacitadas políticamente para remontar el vuelo descendente de la parábola; más todavía, incompetentes con la única excepción de ser doctorandos en la jerigonza que construye el embrollo. Las cosas, las cosas, las cosas no forman parte de sus negociados.

Así pues, no parece que el gobierno que se está pre cocinando sea algo útil. Ya veremos qué sale de esa marmita. El sinedrio parece cantado: podría ser que la oclocracia del fuego impusiera el gobierno de este priorato.

Chocante esta Cataluña: un sector político de la izquierda catalana, con evidentes y muy sinceras ganas –dicen-- de empujar en la buena dirección, ha planteado un gobierno de ERC y los Comunes, apoyado desde fuera por los de Salvador Illa. Menos da una piedra, me digo para mis adentros. Sea, si es para bien. Pero…

… pero lo chocante del caso es que reservan –seguramente de forma bienintencionada— a  Salvador Illa, el cardenal de la izquierda, el papel de los monaguillos. Chocante, aunque perfectamente democrático este artificio legal. Vamos, vamos: a ver si van a tener razón quienes están muy puntillosos, en estos tiempos, con los problemicas de esta democracia.

 

Post scriptum.---  ´La muchacha del 78´ se reía cuando leía la máxima de don Venancio Sacristán: «Lo primero es antes».

Agradezco las muestras de afecto que se han dirigido a Roser

 

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