El lema de este blog es: "Nada curo llorando y nada empeoraré si gozo de la alegría" (Arquíloco).
viernes, 6 de febrero de 2015
¿Debe ser independiente el Banco Central Europeo?
En cierta ocasión me sorprendió mi amigo Luis de Sebastián, intelectual de izquierda hasta el colodrillo,
teólogo de la liberación, economista prestigioso y otras titulaciones más: era
partidario de la independencia de los bancos nacionales. No tuve capacidad para
llevarle la contraria, aferrado como estaba un servidor a ideas de siempre.
Hace tiempo que no hablo con Luis. Y lo siento porque me gustaría saber si continúa
opinando lo mismo.
Soy del siguiente parecer: si la decisión de Draghi es independiente y autónoma, su postura es
un descalabro para Grecia; si el caballero ha tomado la decisión de ahogar a
los griegos, ex allegato de Frau Merkel, es de cajón que es un escriba sentado.
Las izquierdas europeas, a la vista de esta decisión del Banco Central
Europeo, deben discutir nuevamente qué planteamiento tomar ante dicha
institución. Un poder supranacional sin controles de ningún tipo es fuente de
continuos y gigantescos estropicios. Y tres cuartos de lo mismo podríamos decir
de los bancos nacionales como, por ejemplo, el Banco de España. Hay ya
suficiente biografía de todos ellos para saber que no se trata principalmente
de un problema teórico sino de razón práctica.
Lo peor del caso es que la
independencia del Banco se considere un dogma que, por definición, atañe a la
teología. Con lo que el dinero quedaría divinizado por la izquierda europea que
así lo considerase. Por lo demás, recuerdo al personal lo que manifesté ayer
mismo en Solidaridad
urgente con Grecia. Y para mayor abundamiento traigo a colación lo
que ha escrito sobre ese particular Étienne Balibar: «La salida de esta situación dependerá
esencialmente de cómo emerjan en Europa movimientos de solidaridad y
manifestaciones de apoyo lo más amplias posible». Se dice, y más cosas todavía,
en: http://sbilanciamoci.info/Sezioni/alter/Grecia-grande-vittoria-e-incertezze-28177.
Una condición necesaria, aunque no suficiente. jueves, 5 de febrero de 2015
¿Hacia un nuevo bipartidismo?
(En
la foto están Pier-Paolo Pasolini y María Callas)
Escribe Tito Ferino
Desde hace
unos meses hay una opinión muy generalizada, especialmente tras la irrupción en
la arena política de Podemos: se ha acabado el bipartidismo. Tal vez, pero
conviene ser cautos, pues echar las campanas al vuelo siempre es arriesgado.
Así es que, como dejó cantado Perlita de Huelva,
«precaución, amigo conductor, la senda es peligrosa». Podría caber la
posibilidad de: una, la gran coalición entre el PP y el PSOE; dos, un
bipartidismo distinto al actual, entre el PP y Podemos.
1.-- La gran coalición no es algo descabellado.
Porque, de un lado, sean cuales fueren los resultados de todo el proceso
electoral de este año, lo más plausible es que el Partido Popular pierda no
pocas plumas; y, de otro lado, también los socialistas verían seriamente
mermada su representación institucional.
Una forma determinada de entender la gobernabilidad por parte de ambos partidos podría llevarles a dicha coalición que, por lo demás, tiene partidarios de alto copete entre los socialistas y no mala prensa en otros sectores del PSOE. Unos y otros tendrían, a su entender, argumentos para justificarla: a) las coaliciones entre la derecha y el SPD que se han repetido en no pocas ocasiones en Alemania; y b) la necesidad de un gobierno fuerte y estable para encarar la cuestión catalana.
Una forma determinada de entender la gobernabilidad por parte de ambos partidos podría llevarles a dicha coalición que, por lo demás, tiene partidarios de alto copete entre los socialistas y no mala prensa en otros sectores del PSOE. Unos y otros tendrían, a su entender, argumentos para justificarla: a) las coaliciones entre la derecha y el SPD que se han repetido en no pocas ocasiones en Alemania; y b) la necesidad de un gobierno fuerte y estable para encarar la cuestión catalana.
2.— No
pongan ustedes las cejas como acentos circunflejos de sorpresa: también es
plausible un bipartidismo entre el Partido Popular y Podemos, sustituyendo al
PSOE en ese menester. De un lado, la organización del joven Pablo Iglesias
ejercería de primer partido de la oposición con la carga simbólica que ello
comporta. De otro lado, el Partido Popular –considerando a Podemos como una
organización más volátil que el PSOE— tal vez tenga en cuenta que los de Pablo
Iglesias se irían deshilachando con el paso del tiempo y los socialistas poco
saldrían ganando de ello. Más todavía, con ese nuevo bipartidismo la
estabilidad de los socialistas quedaría en paños menores y puede que hasta
sufriera una descomposición en taifatos diversos.
3.-- Naturalmente todo está a expensas del proceso
electoral de este año del Señor 2015. Es verdad que las grandes tendencias
indician –sólo indician-- el ascenso de
Podemos y las abruptas caídas de Mariano y Sánchez. Pero el pescado todavía ni
está en la lonja de la subasta ni, mucho menos, está vendido. Y para complicar
las cosas ahí están los duendecillos de D´Hondt para hacer de las suyas. La
cosa, pues, no está ni siquiera líquida sino gaseosa. Y, es más, queda el contexto
que hemos dado en llamar internacional y, concretamente, algo parece moverse en
Europa.
4.-- Una observación final: no se fíen mucho de
estas observaciones, pero por si las moscas no las echen en saco roto.
Recuerden lo que escribió nuestro padre Homero: «Todo es posible si un dios lo maquina». Perdón,
ahora no recuerdo si lo dijo en la
Ilíada o en la Odisea. Se recuerda que Homero no
militó en Syriza.
Apostilla. ¿Qué
juego está reservado a Izquierda Unida? No mucho. A menos que se dejen orientar
por lo que sentenció Dante en aquellos tiempos,
especialmente en el último terceto:
Considerad vuestra simiente:
hechos no fuisteis para vivir como brutos,
hechos no fuisteis para vivir como brutos,
sino para perseguir virtud y
conocimiento.
[Canto XXVI de la Divina Comedia ]
Radio Parapanda.-- Julián Sánchez-Vizcaíno Reflexiones sobre la situación
de IU
Radio Parapanda.-- Julián Sánchez-Vizcaíno Reflexiones sobre la situación
de IU
martes, 3 de febrero de 2015
Mis matices con Isidor Boix sobre el CONGRESO SINDICAL CONSTITUYENTE
Isidor Boix ha sintetizado los acuerdos y los contrastes de nuestro diálogo Hacia un Congreso Sindical Constituyente. Lo ha hecho en A vueltas con el PROCESO SINDICAL CONSTITUYENTE. Comparto la disección que hace de lo que hablamos recientemente. De lo que estamos de acuerdo, poco hay que decir. Sí, en cambio, me parece conveniente clarificar mi postura en aquello que parece que nos separa. Señala Isidor: «Me parece al mismo tiempo que donde más matices distintos aparecen, o se intuyen, es en la utilidad del modelo para un proceso de “refundación”, al que parece que sólo yo estoy aludiendo. Opino que un proceso “constituyente”, “refundacional” (desde el espacio electoral sindical de quien lo asuma, estimulando además el actual espacio de vacío sindical), podría suponer un positivo revulsivo para “reinventar” el necesario sindicalismo capaz de sintetizar reivindicaciones y revitalizar la actividad sindical. Un tal proceso podría despertar energías latentes, provocar un gran impulso social para proyectarse además sobre la dura realidad en la que debe operar el sindicalismo de este momento.»
Hasta aquí las
palabras de Isidor. He puesto en cursiva lo que, en mi opinión, nos distancia
un tanto. Mi posición la sintetizo en lo siguiente.
Creo que es necesario
diferenciar –incluso terminológicamente--
los itinerarios hacia un Congreso sindical constituyente que tenga como
objetivo la unidad sindical orgánica de lo que haga cada organización con miras a su puesta
al día, a su “refundación” o al “repensamiento” al que aluden nuestros
compañeros Ignacio Fernández Toxo y Fernando Lezcano (http://www.ccoo.es/csccoo/menu.do?Areas:Confederacion:209318).
Me parece casi obligado que lo segundo vaya ligado en cierta forma a lo
primero. Ahora bien, son cosas diferentes, a mi entender. O lo que es lo mismo: pienso que renovar una
organización, en este caso sindical, no es lo mismo en sus objetivos que un proceso gradual hacia la unidad sindical
orgánica, esto es, la constitución de una central sindical unitaria en nuestro
país.
Querido Isidor,
llámame letraherido o incluso pejiguera, pero si cada cosa no tiene su nombre
propio podríamos incitar involuntariamente a la confusión. Imagínate si don Carlos Linneo no hubiera sido cuidadoso en su
taxonomía binomial: habría liado un cisco de bigote confundiendo a zoólogos y
biólogos, también al resto de los mortales. O, más cercano a ti: ¿qué me dirías
tú, que eres ingeniero, si yo me empeñara en llamar con el mismo nombre a las
derivadas y a las integrales con la excusa de que ambas son de la familia del
cálculo diferencial? Si distinguimos los objetivos de la renovación sindical y
los del congreso sindical constituyente, dándole a cada cual su propia
taxonomía, estoy de acuerdo contigo. Comoquiera que están en juego también los
objetivos de cada proceso, no me parece que nuestra discusión sea de tipo
nominalista. En todo caso, lo que está fuera de duda es el consenso que tenemos
en lo fundamental.
Por supuesto, comparto lo que dices: «Se trata en realidad de dos marcos no contrapuestos en los que aplicar
un criterio similar. Es más, el parcial podría ser un buen estímulo para
abordar en un no demasiado lejano momento el unitario proceso sindical
constituyente.» La clave de mi acuerdo radica en que has usado, eun un momento,
el término adecuado: aplicar un criterio «similar» a los dos marcos. Esto es,
que no siendo iguales tienen semejanza.
Debate sindical*
Isidor Boix:
A vueltas con el PROCESO SINDICAL CONSTITUYENTE
Antonio Baylos: REFLEXIONES SOBRE EL DERECHO DE HUELGA
Isidor Boix / JLLB: Hacia un
Congreso Sindical Constituyente CONGRESO SINDICAL CONSTITUYENTE
JLLB. El valor del Congreso Sindical Constituyente; el mérito de un proceso
Paco Rodríguez: SINDICATO,
SOLIDARIDAD, VISIBILIDAD
Francisco J. Trillo: Representando a
los trabajadores: ¿qué trabajo, qué trabajadores?
Jaime Cerezo. ¿DÓNDE ESTÁ EL
SINDICATO? RÉPLICA PARCIAL Y DESORDENADA
Antonio Baylos: NO VEMOS NI
OIMOS A LOS SINDICATOS
Quim González: No hay sindicato
sin emoción de la militancia
Isidor Boix: (2) DEBATE SINDICAL PARA SABER DÓNDE ESTAMOS, DE DÓNDE PARTIMOS
Javier Aristu: El sindicato y
el nuevo proyecto social
Paco Rodríguez: A VUELTAS CON
LOS SINDICATOS
Ramón Alós: A PROPÓSITO DEL
DESCONCIERTO DE LOS SINDICATOS
Soledad Gallego-Diaz: Ni se les ve ni
se les oye
Paco Rodríguez: HABLEMOS DE LA
AFILIACIÓN SINDICAL
JLLB: SINDICATOS Y EL
MONOPOLIO DE LA NEGOCIACIÓN
Magdalena Nogueira y otros: Sindicatos: De
la concertación (social) al desconcierto (general)
Quim González: ¿TIENE CABIDA EL
SINDICALISMO EN LA EMPRESA ABIERTA?
JLLB: LA PARÁBOLA DEL
SINDICATO
José M. Izquierdo: El Sindicalismo
Confederal, Evolucionar para renovar (I)
lunes, 2 de febrero de 2015
18 de Febrero: En defensa del derecho de huelga. Jornada de acción mundial.
18 de Febrero: En defensa de las
libertades y del derecho de huelga. Jornada de acción mundial.
(Panfleto argumentado de un viejo)
El derecho
de huelga es sobre todo un instrumento de primer orden tanto para la
autodefensa como para la capacidad propositiva de todos los trabajadores que,
en España, son los propietarios de él. Digámoslo con rotundidad: el conjunto
asalariado –y toda la sociedad— no habría llegado a cotas tan altas de
bienestar si no hubiera dispuesto de la palanca que representa el ejercicio de
la huelga. Su defensa es hoy más necesaria que nunca porque se pretende
consolidar un proceso de ruptura, que viene desde el inicio de la crisis de
2008, del «ciclo largo» de conquistas --en España desde la democracia y en
Europa desde la posguerra.
Los
trabajadores están concernidos a defender uno de sus instrumentos capitales: la
huelga. Porque sin dicha acción colectiva están maniatados y a expensas de todo
acto arbitrario en su contra. Los
sindicatos están obligados a ello. Atención: no sólo los sindicatos
confederales (tanto los llamados mayoritarios como los minoritarios), también
lo están los sectoriales como los profesionales porque sin la huelga se
convertirían, queriendo o sin querer, en sujetos inactivos, subalternos de todo
dominio económico y político extraño, aparentemente amigo o espónsor ocasional.
Digamos, pues, que el derecho de huelga es un derecho “de primera necesidad”. De
ahí que haya que defenderlo con todo tesón e inteligencia. No es sobrado
recordar la frase de aquel celebrado abogado laboralista catalán, Fransesc Layret,
que dejó dicho: «Cuando los trabajadores hacen huelga, no es que no
quieran trabajar, es que quieren hacerlo en mejores condiciones».
Las
históricas movilizaciones por la enseñanza y la sanidad públicas, entre otros
ejemplos, consiguieron una serie de importantes bienes democráticos. Sin el
ejercicio de la huelga no hubiera sido posible. Y sin él tampoco tendríamos
libertades públicas. Digámoslo con claridad y sin altivez: la sociedad tiene
una deuda histórica con el ejercicio del derecho de huelga. Esta deuda debe
pagarse cada vez que está amenazado, saliendo en su defensa. Por supuesto, debe ser el principalmente el conjunto
asalariado –camachianamente hablando: desde los de mono azul hasta los de bata
blanca— desde los centros de trabajo, estudio, investigación y cultura
quien se implique más en esa batalla que tiene un punto de inflexión el 18 de
febrero. Acompañado por los que, como hemos dicho, gozan de los resultados de
las conquistas históricas. Conquistas históricas, decimos, que vienen de
antaño: de un legado que nos han dejado personas de la talla del viejo Pablo Iglesias y Anselmo
Lorenzo, del Noi del Sucre
y Joan Peiró, de Marcelino
Camacho, Nicolás Redondo
y Manolo Zaguirre. Y de todos los dirigentes
obreros del siglo XIX.
Ya hemos
argumentado hasta la extenuación en este blog los motivos que llevan a los
ultras del turbocapitalismo y a los dirigentes del Partido apostólico –con el
degano, el administrador de lo que considera su finca española, Rajoy-- a
criminalizar el ejercicio de la huelga. No insistiremos, por sabidos, nuestros
argumentos. Ni siquiera reincidiremos en que el derecho de huelga es parte
inescindible de las libertades democráticas. Pero si queremos recordar lo uno y
lo otro al conjunto de las formaciones políticas de la oposición. Si hay que
argumentarle los motivos es que algo le falta.
Quiero
hacer, finalmente, una humilde sugerencia: aunque la mayor visibilidad la
tendrán las capitales de provincia, nadie debería obviar que es necesaria la
mayor descentralización de la acción colectiva del día 18, especialmente en
aquellos pueblos un tanto alejados de las grandes ciudades. Entiendo que es
necesario por los siguientes motivos: la mayor agregación de personas al
conflicto y la recuperación del sentimiento de pertenencia emocionada al
sindicalismo, como sujeto que pone en movimiento a las personas de carne y
hueso. Que da ánimos fundados a la
unidad social de masas.
Radio Parapanda. Cosas de nuestra amiga Rossanna Rossanda: http://fondazionepintor.net/rossanda/intervista/gnoli/
domingo, 1 de febrero de 2015
¿POR QUÉ LA IZQUIERDA NO SABE CONFLUIR UNITARIAMENTE CONTRA LA DERECHA?
Jean-Luc Mélenchon es copresidente del Partido de la Izquierda de Francia y eurodiputado de la
coalición Frente de Izquierda. Ha sido
entrevistado por eldiario.es; el texto íntegro se encuentra en: http://www.eldiario.es/politica/discuten-honesto-Grecia-pagaran-pueden_0_351365910.html
Debo decir que
me ha llamado la atención la respuesta que JLM ha dado al periodista.
Concretamente:
Pregunta.-- ¿Por qué cree que es tan difícil que la
izquierda logre confluir para plantar cara a la derecha?
Respuesta.-- Porque somos gente inteligente, cultivada y
fina. Los brutos no necesitan hablar, el más fuerte pega al otro y, ¡ya está,
se acabó el proceso! Pero tenemos que comprendernos. Somos honestos. Tenemos
que estar seguros de lo que vamos a hacer o no hacer. Es bueno que haya un
tiempo para debatir de la manera más amplia posible porque después el acuerdo
va a ser más fuerte.
Pues, vaya: mi
gozo en un pozo; me quedo sin saber –ni siquiera aproximadamente-- «por qué es tan difícil que la izquierda logre confluir para plantar cara a la
derecha». Lo cierto es que no salgo de mi asombro ante la respuesta de Mélenchon que, a lo largo de esta
entrevista, parece estar incomodado y distante de todo lo que le pregunta el
reportero. Hasta incluso da la sensación que tiene el corazón partío entre Garzón e Iglesias. Lo
único claro que saco de sus palabras es que «los brutos no necesitan hablar»,
que es algo que sabemos desde los tiempos de antañazo.
Entiendo
que el dirigente francés ha desperdiciado una oportunidad de oro para decir la
suya en torno a un problema de mucha enjundia que, por lo demás, inquieta a
millones de personas que, al menos, en Europa se interrogan sobre el particular. Esta
respuesta –tan angelical como naïf, tan de kumbayá como de boy scout-- es perfectamente
prescindible en la biografía de JLM.
Finalmente,
no esperen de un servidor que, a mis ochenta años, sea capaz de responder con
tino lo que un político bregado como el francés ha resuelto saliendo por los
cerros de Úbeda. Llámenme cascarrabias,
pero yo a los míos –a «la gente inteligente, fina y cultivada»-- les pido un
poquito más.
Radio Parapanda.-- IZQUIERDA SOCIAL, INSTRUCCIONES DE USO
viernes, 30 de enero de 2015
El valor del Congreso Sindical Constituyente; el mérito de un proceso
Debate sindical*
Tal vez la
propuesta más rompedora en el actual debate sindical sea la que ha formulado Isidor Boix: abrir la senda de un «Congreso
sindical constituyente» en España. Para mayor abundamiento: http://lopezbulla.blogspot.com.es/2015/01/texto-integro-hacia-un-congreso.html
Voces amigas me
preguntan si se trata de un remedo o imitación de la antigua propuesta que
formulara CC.OO. durante un
largo proceso que culmina en la legalización del sindicalismo español en 1977.
Naturalmente es el propio Isidor quien está más autorizado para dar cumplida
respuesta, ya que –en esta ocasión— es, por así decirlo, el padre de la
criatura. Pero, estando a la espera de dicha respuesta, no quiero dejar escapar
la ocasión de echar un cuarto a espadas sobre el particular.
Trataré de
explicar qué diferencia hay entre esta propuesta y la de mediados de los años
setenta; por qué vale la pena implicarse en ella; qué aportaría al movimiento
de los trabajadores y a la sociedad española; y, finalmente, dónde y por qué
pueden estar ciertas auspicias y, peor aún, determinadas enemistades.
Primer
tranco.-- Vale la
pena porque ya tenemos una experiencia acumulada en el terreno unitario
sindical y también por lo chocante que resulta estar en el mismo hogar de la
CES y
del Sindicato mundial y aquí vivir en habitaciones separadas. Digo que
ahora tenemos una considerable experiencia acumulada en el terreno unitario,
pero en aquellos viejos tiempos sólo contábamos con intuiciones y con el deseo
de no reproducir las históricas reyertas sindicales. La idea fracasó. Es más,
los primeros andares del sindicalismo en democracia fueron una disputa –a veces
descarnadamente feroz— que auguraba lo peor. Sin embargo, las corrientes
unitarias en el seno de CC.OO. y UGT ganaron la batalla y, aunque fatigosamente, se abrió
paso a una consistente y prolongada unidad de acción.
Esa unidad de
acción, incluso con sus meandros, se fue consolidando hasta la presente.
Podemos decir, que salvo poquísimas excepciones nadie la impugna seriamente.
Pues bien, esta experiencia acumulada ya no está concebida para evitar las
viejas querellas históricas sino para afrontar los enormes desafíos de hogaño y
de los tiempos venideros. Si, por lo demás, el sindicalismo debe ser un sujeto
global –y no de campanario-- el sindicalismo no debería estar dividido
localmente si está unido a nivel global. Es decir, el sintagma «global» y
«local» exigiría, en plena concordancia, una organización unitaria.
Segundo tranco.— Por las
anteriores razones, decimos que vale la pena constituir, a través de un proceso
abierto y participativo la central sindical unitaria española. Que, a mi
juicio, debería ser la consecuencia de un patrocinio colectivo del conjunto del
sindicalismo confederal, también por supuesto de los llamados sindicatos
minoritarios.
¿Qué aportaría
al movimiento de los trabajadores? La eficacia de un sujeto unitario, puesto al
día, que ellos mismos también han creado participativamente desde los centros
de trabajo.
¿Qué aportaría a
la sociedad española? Si es un clamor amplísimo la exigencia de una
regeneración democrática, no me cabe la menor duda que el proceso hacia el
congreso –tal vez mediante experiencias piloto y aplicando el método de ensayo y error--
constituiría un importante acervo de propuestas de renovación del
proyecto-trayecto del nuevo sindicalismo. Porque un proceso de regeneración
política general no sería tal si las organizaciones sindicales siguen siendo
como ahora. En ambos casos, no se trataría de un baldeo de la cubierta sino,
expresamente, de un zafarrancho general de toda la nave.
Tercer tranco.— Este proyecto
concita suspicacias y, tal vez, enemistades. En primer lugar, las que se
derivan de los que se han familiarizado con la comodidad de lo conocido. De
quienes se turban por las “interferencias” de las nuevas exigencias. Pero
también de cosas tas reales como la vida misma. Me explico con dos anécdotas
personales.
La primera: los
jóvenes mataroneses de finales de mediados de los sesenta nos veíamos, en la
Plaça de
Santa Anna, con los octogenarios de la gloriosa CNT, todos ellos amigos y compañeros de Joan Peiró i Belis, mejor dicho, sus alumnos.
El viejo Jandru Vergés, trabajador de Can Gassol, nos
decía que una de las resistencias que tuvo la propuesta de Peiró –transformar
los sindicatos de oficio en federaciones de industria— fue de carácter
personal. Porque implicaba la desaparición de los grupos dirigentes de los
sindicatos de camiseros, pantaloneros, del tinte … en aras a una estructura
única federativa: centenares de dirigentes con mando en plaza se quedaban sin
el bastón de mando. Jandro añadía: «Així és la vida, nois».
La segunda: a
mediados de los ochenta cierto compañero del PSUC me dijo atribulado: «Me tienes que hacer un favor.
Habla con Rafael Ribó para que, en el congreso del partido, no me saquen
del comité central». Le pregunté qué más daba estar o no en tan distinguido
organismo. Su respuesta fue directa y al grano: «Pues verás, salgo de casa
siendo miembro del central y vuelvo sin serlo. ¿Qué diría mi mujer en ese
caso?». Pongo por testigo a la que vive en la
Carrera que
no moví ni un dedo.
El lector verá
qué relación tienen ambos sucedidos con la propuesta del congreso sindical
constituyente. Desde luego, a Jandru no le hubiera extrañado la desazón de
mi amigo de los años ochenta.
Cuarto tranco.-- No
está descartado que –por unas u otras razones, por ejemplo, de intendencia-- se abra la
posibilidad de fusionar Comisiones Obreras y Ugt. (Es claro que fusionar no es
crear un proceso gradual que conduzca a un congreso constituyente). Lo
más seguro es que esa fusión se haría de prisa y corriendo, de manera
administrativa. Los motivos que llevarían a tal operación, ya lo hemos dicho,
serían meramente crematísticas. Ese proceso administrativista sería
esencialmente un acuerdo de élites. Con lo que la participación, activa e
inteligente, estaría de más.
Quinto tranco.— Otras voces
amigas, suficientemente experimentadas, me indican que «cualquier avance hacia
la unidad se haga en caliente [ ….] como un banderín de enganche
“suficiente”.» Claro que sí. De ahí la insistencia que hemos puesto Isidor Boix y un servidor
en que el proceso hacia el congreso sindical constituyente signifique una
importante movilización de ideas y propuestas concretas en los centros de
trabajo. Porque dicho congreso es, de por sí, un potente banderín de enganche
para millones de asalariados.
Noticia de última hora.— Nuestro amigo Bruno Ugolini nos hace llegar esta buena nova: el 9 de febrero
próximo se celebrará en Roma un acto en torno a «la unidad sindical posible».
Participarán reputados sindicalistas como Maurizio
Landini, Giorgio Benvenuto, Raffaele Morese, Marco Bentivoglio y otros. Una iniciativa de Koiné, una asociación fundada
por antiguos dirigentes de la
CSIL con
posiciones unitarias. Su
web es http://www.e-koine.com/
* Referencias
anteriores de este debate
Isidor Boix /
JLLB: Hacia
un Congreso Sindical Constituyente CONGRESO SINDICAL CONSTITUYENTE
Paco Rodríguez: SINDICATO, SOLIDARIDAD, VISIBILIDAD
Francisco J.
Trillo: Representando a los trabajadores: ¿qué trabajo, qué
trabajadores?
Jaime Cerezo. ¿DÓNDE ESTÁ EL SINDICATO? RÉPLICA PARCIAL Y DESORDENADA
Antonio Baylos: NO VEMOS NI OIMOS A LOS SINDICATOS
Quim González: No hay sindicato sin emoción de la militancia
Isidor Boix: (2) DEBATE SINDICAL PARA SABER DÓNDE
ESTAMOS, DE DÓNDE PARTIMOS
Javier Aristu:
El sindicato y el nuevo proyecto social
Paco Rodríguez: A VUELTAS CON LOS SINDICATOS
Ramón Alós: A PROPÓSITO DEL DESCONCIERTO DE LOS SINDICATOS
Soledad
Gallego-Diaz: Ni se les ve ni se les oye
Paco
Rodríguez: HABLEMOS DE LA AFILIACIÓN SINDICAL
JLLB: SINDICATOS Y EL MONOPOLIO DE LA NEGOCIACIÓN
Magdalena
Nogueira y otros: Sindicatos: De la concertación (social) al desconcierto
(general)
Quim González: ¿TIENE CABIDA EL SINDICALISMO EN LA EMPRESA ABIERTA?
JLLB: LA PARÁBOLA DEL SINDICATO
José M. Izquierdo: El Sindicalismo Confederal, Evolucionar para renovar (I)
jueves, 29 de enero de 2015
TEXTO ÍNTEGRO. HACIA UN CONGRESO SINDICAL CONSTITUYENTE
Nota Editorial.-- La idea que ha propuesto Isidor
Boix –ir hacia un Congreso sindical constituyente como proceso para
conformar la unidad sindical orgánica--
ha motivado esta conversación. Como es natural, ambos tertulianos han
coincidido en dar la palabra a quien la pida sobre este particular.
Debate
sindical*
José Luis López Bulla.-- Querido Isidor, en tu primera intervención
en el debate que nos traemos entre manos, Un interesante
foro para el debate sindical, una invitación a la más amplia participación,
planteas «una posible iniciativa para “reinventar” el sindicato: un
proceso sindical constituyente con voluntad unitaria». Convendrás conmigo que
son palabras mayores. Como sabes, la cuestión unitaria en el terreno sindical
me interesa enormemente. Sobre ese particular he escrito mucho desde hace cinco
o seis años. Debo reconocer que muy pocos son los que se han interesado. Las
respuestas más amables que he recibido han sido: «Vale, de acuerdo, pero ahora
no se dan las condiciones». Que es lo mismo –o casi lo mismo-- que decir: «Oye, déjanos en paz». Sin
embargo, me cabe la sospecha que, un día u otro, ese tema acabará poniéndose en
la agenda sindical. Y temo que se ponga de la peor manera posible: atropellada
y administrativamente.
Me interesa mucho la formulación de
«proceso sindical constituyente», porque expresa un camino, un itinerario
gradual; y, al mismo tiempo, podría ser un antídoto que corrija hacer las cosas
de sopetón. Y exclusivamente por arriba.
Te pregunto, viejo amigo, por qué precisamente ahora relanzas esa
cuestión que, en otros tiempos, formulaste de manera tan tesonera como concienzuda.
Isidor Boix.-- Me permitirás empezar saludando de nuevo tu contribución al
debate de ideas sobre sindicalismo. Un debate del que quizás lo más importante
no sea tanto lo que algunos escribimos sino el eco que pueda tener, la
reflexión que pueda provocar, sobre todo en los que aún no escriben, pero que
siguen “metiendo bulla”, creo, con notable fidelidad.
Tienes razón en tu referencia a
“otros tiempos” en lo que respecta a planteamientos sobre un proceso
“constituyente sindical”. Fue en nuestra transición, que entiendo comenzó ya
antes de la muerte del dictador, en la abierta descomposición del franquismo.
Pero quiero empezar subrayando que existe en mi opinión una notable diferencia.
Entonces se trataba de encauzar el gran dinamismo del movimiento de masas que
protagonizaba la clase trabajadora en una permanente síntesis entre las
reivindicaciones laborales inmediatas y la batalla por las libertades políticas
como fundamental instrumento también para su conquista y desarrollo. Encauzar
ese dinamismo creando el sindicato o los sindicatos. No sé si era un espejismo,
pero algunos pensamos que era posible, aunque finalmente no lo fue, construir
la unidad sindical a partir de esa importante movilización social.
Hoy entiendo que el proceso
constituyente (no para la elaboración de una “constitución”, sino para
“constituir” una organización) podría, debería, suponer la superación de las
inercias de los actuales sindicatos. El punto de partida necesariamente han de
ser las evidentes dificultades del sindicalismo español (y, en él, del catalán,
aunque algunos parecen olvidarlo), del europeo y del global, para encontrar una
propuesta eficaz tanto en la crisis como para salir de la misma. Y, al mismo
tiempo, una vía para romper la también evidente desconfianza de la ciudadanía
hacia las instituciones, en cuyo marco se desarrolla la de la clase trabajadora
hacia el sindicalismo organizado.
Esta crisis y esta desconfianza
han dado lugar a una muy amplia, y positiva, exigencia de “democracia” como
expresión de una extendida voluntad de participar, de que se oigan las voces,
las opiniones, las individuales y las colectivas, aunque a veces ello se
traduzca en una notable confusión de propuestas, eslóganes e iniciativas.
Es en este contexto en el que
creo que los tradicionales mecanismos congresuales (de elaboración de las tesis
y de elección de las delegaciones en un proceso escalonado) no pueden ser el
cauce adecuado para que se expresen estas “mareas” de fondo. Y como creo que el
sindicalismo, con éste u otro nombre, no puede morir en las actuales
relaciones sociales, definidas por lo que el clásico denominaba la “venta de la
fuerza del trabajo”, sigo pensando que los intereses colectivos (que existen a
pesar de la heterogeneidad de los individuales) de la clase trabajadora
precisan para su conquista de formas organizadas de expresión y de exigencia.
Esta necesidad genera las
raíces del sindicalismo organizado y por ello las posibilidades hoy de
desarrollar un proceso constituyente sindical. Sólo que para su materialización
sería necesario su impulso por parte de una vanguardia que lo asuma con
suficiente iniciativa y valentía, que lidere una especie de “revolución
cultural” interna de modo que, sin renunciar a nuestra historia, los afiliados
no sólo sean protagonistas formalmente, sino que se sientan efectivamente como
tales.
En todo caso, se trata por mi
parte de una cierta intuición que esta conversación que iniciamos espero me
ayude a clarificar.
JLLB.-- Francamente,
me parece una idea feliz. Entiendo que no se puede ir, mediante un proceso
gradual, a la unidad sindical orgánica sin un mecanismo que la constituya. Esto
es lo que, en mis escritos, siempre me ha faltado concretar. En todo caso, me
parece que deberías aclarar a quién te diriges con la propuesta del congreso. ¿A
los afiliados a los sindicatos o al conjunto de los asalariados, esto es,
inscritos o no? Lo que, en todo caso, doy por sentado que tu propuesta se
orienta al conjunto del sindicalismo –confederal, profesional, … -- que esté
por la labor ¿Voy bien? Para mi mejor
comprensión de tu idea creo que deberías aclarar estas dos cuestiones. Más
adelante, una vez aclarado ello, nos metemos –si te parece adecuado-- en mayores honduras.
Isidor
Boix.-- Sí, por ahí va el tema en mi opinión.
Pero
antes una precisión. Considero dos cuestiones distintas, la de la unidad y la
del proceso constituyente, aunque preferiblemente entrelazadas. Por eso hablé
de “proceso constituyente con voluntad unitaria”, consciente de que su
integración exigiría un acuerdo previo de ambas confederaciones, CCOO y UGT,
para impulsarlo conjunta y coordinadamente. En mi opinión sería una buena
manera de afrontar, para superarla, la actual crisis externa e interna de
ambas, suscitando sin duda la incorporación de nueva savia, nuevas energías,
nuevas fuerzas, al quehacer sindical.
Si
no se diera una iniciativa conjunta, un solo sindicato podría también impulsar
un proceso constituyente, autoconstituyente, en un proyecto que podría
considerarse más bien como “refundación” (creo mejor fórmula que la de
“reinvención” que recientemente utilicé), ya que difícilmente podría pretender
construir, a partir de su sola iniciativa, el sindicato “unitario”, incluso en
el supuesto de que proclamara tal voluntad. Sin embargo, en este caso, sí
podría plantear su propuesta constituyente “con voluntad unitaria”, en la
perspectiva de ampliar su propio espacio sindical.
En
ambos casos se trataría efectivamente de abrir un proceso que sería, o
culminaría, en un congreso. Pero con algunas variantes sobre los procedimientos
tradicionales:
· No habría unas “tesis” previas, pues
éstas deberían ser más bien un resultado final. Sólo sería necesario un folio
suscrito por los convocantes, señalando la decisión de organizar tal proceso
constituyente (hacia la unidad o hacia la refundación) y apelando a la
elaboración colectiva de los ejes de la nueva organización sindical. La
positiva asunción de la historia de la/s organización/nes convocante/s no
debería diluir el carácter de “nueva” de la que resultara de este proceso.
· A tal “convocatoria” se le debería
añadir una encuesta y un guión, a fin de estimular la discusión en cada
colectivo convocado, para explicar su reciente experiencia sindical en la
defensa del empleo, en la negociación colectiva, en las elecciones sindicales
(como referencias para elaborar política sindical), así como sus propuestas
respecto a la actividad inmediata y futura de la “nueva” organización sindical.
· Cada colectivo elegiría a un reducido
grupo de trabajo encargado de redactar las conclusiones, de administrar las
aportaciones que luego se indican, así como de participar en la siguiente fase
de discusión y elección. Los convocantes diseñarían un sencillo esquema para
ello, de modo que las unidades de partida fueran cada una de las empresas
grandes y las agrupaciones de medianas y pequeñas. Habría que explicitar que
nos dirigimos tanto a trabajadores fijos como precarios, de la empresa
principal y de sus contratas y subcontratas. Y con un procedimiento para la
participación (sectorial y/o territorial) de los parados que se consideren
trabajadores en busca de empleo.
· En el Congreso fundacional se
aprobaría un primer documento de conclusiones para arrancar la nueva etapa, y a
la vez se elegiría a un órgano que elaboraría una propuesta de estatutos y
programa de acción de la nueva organización, documentos que se someterían a los
afiliados para aprobarlos en el siguiente congreso.
· Se convocaría abiertamente a los
trabajadores que desearan participar en la construcción de esta nueva
organización, con la única obligación de aportar una cantidad (por ejemplo 5 ó
10 €uros por parte de los que tengan trabajo y de 1 €uro por parte de los
parados) para el desarrollo de las fases posteriores. Más allá de futuros
trámites administrativos se trataría de considerar a los participantes como
afiliados a la nueva organización.
· Esta propuesta abierta comportaría un
expreso llamamiento a participar a los y las votantes en las últimas, o
potenciales en las próximas, elecciones sindicales del o de los sindicatos
convocantes, entendiendo que constituyen el espacio sindical de partida del
proceso constituyente.
Un planteamiento de este tipo creo que podría despertar y
estimular en este momento, es decir en los próximos meses, importantes energías
individuales y colectivas, rompiendo miedos, retomando la iniciativa.
López Bulla.— Creo, viejo amigo, que si como mínimo no están implicados directamente
los dos sindicatos mayoritarios no habrá proceso. De ahí que veo casi imposible
que una sola organización en solitario quiera abrir esa vía a la unidad. Me
atrevo a decir, Isidor, que en el caso de que un sindicato quisiera tirar por
la calle de en medio –arguyendo que el otro no quiere--, cosecharía un fracaso estrepitoso. Más
todavía, ello tendría repercusiones negativas en la actual unidad de acción.
Quien quiera que tirara por la calle de en medio sería acusado de hegemonismo y
de no sé cuántas cosas más. Y lo tendría merecido.
De todas formas, soy
consciente de que hoy, por decirlo de manera suave, la unidad sindical orgánica
produce más urticarias que entusiasmo. Es como si los grupos dirigentes se
hubieran acostumbrado a seguir viviendo en casas separadas. Y prima más el
aparente confort de lo conocido que la incertidumbre de la búsqueda de algo
nuevo. No obstante, no conozco a nadie que impugne –al
menos públicamente— la unidad sindical. Lo que nos da alas a los que somos
partidarios de abrir ese proceso. Comparto contigo la forma sencilla del
proceso partiendo de un documento breve, aunque substancioso. Por lo demás, me
parece que sería de mayor utilidad que todo ello no fuera patrimonio exclusivo
de los sindicatos mayoritarios, aunque es obvio que tienen mayor
responsabilidad cuantitativa.
No me resisto a ponerte en conocimiento de que
nuestro amigo Gabriel
Jaraba, siempre tan atento a las cuestiones unitarias de
los sindicatos, nos manda esta observación: «En una sociedad de la imagen que valora en
extremo los signos y señales que emiten los agentes sociales (véase como el Papa Francisco se ha abierto camino como papa a base de ellos) la unidad
orgánica de la clase trabajadora sería un impacto enorme. A tener en cuenta que esa unidad es inédita en la
historia de España y de Cataluña, donde nacieron CNT, UGT, CGT, USO y, si se me
apura, la concepción moderna de CCOO. ¿No sería eso un acontecimiento
extraordinario y positivo? Incluso las organizaciones más pequeñas que no se
integrasen tendrían que plantearse la posibilidad o argumentar muy bien su
autonomía, lo que llevaría, por cierto, a reflexionar a la central mayoritaria
sobre las cualidades de su dinamismo y capacidad de combate (pienso en CGT).»
Lópèz Bulla.-- Por lo demás, te pregunto: Querido Isidor, ¿qué nos hemos dejado en el tintero?
Isidor Boix.-
Pues por mi parte sólo quiero añadir algunos apuntes a tus últimas
observaciones para que se entienda de qué estamos hablando.
Estoy de acuerdo contigo en lo negativo, y por lo demás imposible,
que podría resultar que un sólo sindicato pretendiera abrir un proceso
constituyente unitario. No creo que ninguno se lo plantee en estos términos.
Coincidiendo en que para un proceso unitario sería imprescindible la
participación de los dos sindicatos mayoritarios y deseable también la de los
minoritarios. Lo que quise señalar es que si no hay tal proceso conjunto creo
que sería interesante que esta reflexión se planteara también desde uno sólo.
Para su “refundación”. Estoy pensando en CCOO como el mejor situado
precisamente por nuestras raíces y nuestra historia, y ello sin pretensiones de
ocupar el actual espacio de otros, por lo que me refería a pensar en el propio
espacio electoral sindical. Significaría plantearse la activa participación de
los actuales afiliados así como de los actuales votantes, incluso de los
espacios hoy sindicalmente vacíos, y para ello, pienso que se trataría de
impulsar un proceso sindical nuevo, distinto, “constituyente”, o
reconstituyente.
Porque comparto tu consideración sobre el enorme impacto que
tendría la unidad sindical y la afirmación de Gabriel Jaraba de que conseguirla sería un “acontecimiento extraordinario y
positivo”, comparto también tu recomendada prudencia.
Pero dicen que soñar es gratis. Y por otra parte la reflexión
sobre cómo dar la voz y la capacidad de decisión a los trabajadores para
“constituir” la unidad sindical, o, más modestamente, para “refundar” alguno de
los sindicatos existentes, quizás pueda ser de alguna utilidad.
Y de
nuevo gracias por tu aportación a la expansión de ideas, sugerencias y
propuestas desde “Metiendo bulla”, contribuyendo a un cierto culto a la utopía
que, sin idolatría, quizás puede ser revitalizador en momentos como los actuales.
López Bulla.-- En fin, Isidor, por nosotros que no quede.
* Referencias anteriores de este debate
JLLB: El valor del
Congreso Sindical Constituyente; el mérito de un proceso
Paco Rodríguez: SINDICATO, SOLIDARIDAD, VISIBILIDAD
Francisco J. Trillo: Representando a los trabajadores: ¿qué trabajo, qué
trabajadores?
Jaime Cerezo. ¿DÓNDE ESTÁ EL SINDICATO? RÉPLICA PARCIAL Y DESORDENADA
Antonio Baylos: NO VEMOS NI OIMOS A LOS SINDICATOS
Quim González: No hay sindicato sin emoción de la militancia
Isidor Boix: (2) DEBATE SINDICAL PARA SABER DÓNDE
ESTAMOS, DE DÓNDE PARTIMOS
Javier Aristu: El sindicato y el nuevo proyecto social
Paco Rodríguez: A VUELTAS CON LOS SINDICATOS
Ramón Alós: A PROPÓSITO DEL DESCONCIERTO DE LOS SINDICATOS
Soledad Gallego-Diaz: Ni se les ve ni se les oye
Paco Rodríguez: HABLEMOS DE LA AFILIACIÓN SINDICAL
JLLB: SINDICATOS Y EL MONOPOLIO DE LA NEGOCIACIÓN
Magdalena Nogueira y otros: Sindicatos: De la concertación (social) al desconcierto
(general)
Quim
González: ¿TIENE CABIDA EL SINDICALISMO EN LA EMPRESA ABIERTA?
JLLB: LA PARÁBOLA DEL SINDICATO
Riccardo Terzi, José Luis López
Bulla y otros, Sindicato y política:
un debate en 2014
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