domingo, 20 de mayo de 2018

Ante las próximas elecciones municipales


El diablo de los números
(Homenaje a Hans Magnus Enzensberger)
Escribe Javier Terriente

En la antesala de las próximas elecciones municipales, el debate sobre las fórmulas de representación local se ha convertido en uno de los principales campos de batalla de las fuerzas políticas con aspiraciones de gobierno. Entre ellas, sin duda, el formato adoptado por las candidaturas municipalistas ha demostrado ser el más convincente: El 25% de la población española está gobernada por este modelo de candidaturas, claro está con sus matices y peculiaridades.

Esto es así, puesto que simbolizan el encuentro entre tradiciones, personas y movimientos diversos (feminismos, sindicalismos, movimientos juveniles y culturales…) que trasciende a los partidos y sus entes instrumentales. De hecho, las Candidaturas del Cambio (Madrid, Barcelona, Santiago, La Coruña, Zaragoza, Pamplona, Cádiz, Puerto Real, La Zubia, Peligros, Atarfe…) son una excelente muestra de ello. En todo caso, su atractivo reside en dar respuesta a la necesidad de construir una voluntad unitaria, plural y diversa, en torno a un proyecto local, apartidista (¡no apolítico ni antipartidos!), en línea con el despliegue de un nuevo municipalismo democrático.

En un plano muy diferente, desde las trincheras de la izquierda tradicional, se suele alzar la bandera del sorpasso (la unidad de la izquierda auténtica frente al PP/PSOE) como el alfa y omega de sus estrategias. Pareciera que proclamarla a voz en grito, tanto más fuerte cuantos más sean sus críticos, le añada un valor heroico a semejante desatino.

Por eso, en política, cualquier propuesta unitaria, sin una valoración lo más concreta posible de su significado práctico, aquí y ahora, no es en sí misma una receta mágica e infalible que garantice avances electorales. Es ahí, precisamente, donde entra en juego el diablo de los números. Si bien 2+2=4, también es cierto que esa ecuación puede convertirse, por el efecto diabólico de los números, en una resta igual a 0 ó -4. Depende del signo aritmético que se utilice, es decir, del por qué y para qué, cómo y con quién(es) unirse en este momento preciso.

Por ejemplo, pese a sus principios programáticos unitaristas, Izquierda Unida no ha dejado de retroceder desde su fundación hasta convertirse en un partido casi extraparlamentario a nivel de Estado. De ahí que haya  buscado un espacio de subsistencia a la sombra de Podemos a través de Unidos Podemos.

Otro ejemplo próximo, que confirma que el signo + no siempre es garantía de suma: La reconversión/refundación de Podemos en Unidos Podemos.

Esta nueva denominación se presentó como un acuerdo de convergencia estratégica entre Podemos e IU, con la finalidad de progresar juntos política y electoralmente (igual a +). En cambio, ha ocurrido exactamente lo contrario: la estimación de voto y la credibilidad política de Unidos Podemos es hoy inferior a cuando ambos partidos actuaban por separado. Y aún en estos momentos, Unidos Podemos obtendría peores resultados que en otros períodos con la misma marca. Es lógico pensar, entonces, que la agregación de ambos partidos ha supuesto una resta, además de  acelerar sus crisis respectivas (igual a -).

Este retroceso no era inevitable. La razones habría que buscarlas en el giro radical de Podemos al asumir las tesis y estrategias frentistas de la izquierda tradicional, lo que lo llevó a confluir con IU en Unidos Podemos, en detrimento de los valores democráticos horizontales que propulsaron al Podemos fundacional sobre las aguas estancadas de la política española.

El éxito de Por Atarfe Si (PASI) en las pasadas elecciones municipales, y de otras candidaturas similares en Granada, Málaga, Sevilla, Cádiz, Córdoba, Jaén…, representan el polo opuesto ya que optan por la conformación de una voluntad popular con métodos y contenidos programáticos completamente  diferentes  a los de los partidos de la izquierda dogmática, cuya sumatoria habría supuesto, en realidad, una regresión.

Esa alternativa, dirigida al conjunto de los ciudadanos, y no simplemente a un sector de irreductibles de izquierda, está obligada a dar una respuesta actualizada y concreta a las siguientes preguntas:

¿Por qué y para qué?:

Es indispensable sustituir las estrategias de sorpasso, por una nueva guía para la acción política, en la que prevalezca la cuestión central de los derechos. Derechos todos, ahora, y en toda su amplitud:

1)   Promoviendo iniciativas político-electorales apartidistas de amplio espectro y, a la vez, incorporando a los programas y candidaturas los nuevos retos de las ciudades y poblaciones locales.

 2)  Superando el esquema izquierda- derecha, en función  de candidaturas y programas que representen los intereses del conjunto de los ciudadanos.

¿Cómo?:
Sería ineludible que  las futuras candidaturas reúnan una serie de rasgos identificativos:
1-   No incluyendo siglas ni denominaciones de partidos, o de formaciones instrumentales sustitutivas.

2-   Prescindiendo de cualquier sistema de cuotas  de partido, y dando prioridad a la convergencia entre sectores, movimientos sociales, sindicales y vecinales, y personas representativas.

3-   seleccionando a sus candidatas/os y programas mediante procedimientos abiertos, personalizados y radicalmente democráticos.

¿Con quién?:
Es fundamental renovar a fondo las listas electorales, en coherencia con las nuevas interpelaciones y exigencias de regeneración política:
1-   Apostando por la participación mayoritaria de jóvenes y mujeres socialmente comprometidos.

2-   Optando por jóvenes, preferentemente mujeres, como candidatas/os a las alcaldías y para los puestos, teóricamente, de salida.

3-   Descartando de las listas electorales, salvo en lugares meramente simbólicos,  a quienes hayan sido representantes políticos durante más de dos legislaturas.

En resumen:
Es fundamental manifestar que la dirección de Podemos, que en Andalucía está bajo el control del partido Anticapitalistas, ha suprimido de forma radical el 90% de los Consejos Ciudadanos. En Granada, sólo el de la Ciudad ha sido homologado por la dirección andaluza. En el fondo, lo que hay en juego es la simplificación y la reducción drástica de las dimensiones de Podemos para adaptarlo a la capacidad de intervención de un pequeño núcleo dirigente (anticapitalistas), que le permita un control exhaustivo del Partido.

La consecuencia inevitable ha sido una dinámica de acoso y derribo al antiguo Consejo Ciudadano de Granada, por parte de dicha dirección, al igual que a otros de la Comunidad Andaluza, lo cual ha provocado que una serie de organizaciones como Vamos Granada emprendan vías independientes (y divergentes) de Unidos Podemos.

En ese contexto, sería un despropósito participar en coaliciones de izquierda con Podemos e IU, o en otras formas instrumentales como En Marea, etc, sumergidos como están en una profunda crisis de confianza cívica que va camino de ser irreversible. He ahí, un caso claro de suma aparente que se convertiría en resta.

Otra cuestión sería que haya personas representativas de esos partidos con una trayectoria incuestionable, que deseen formar parte de  proyectos municipalistas ya constituidos o por constituir.

Conclusión: Las candidaturas municipalistas deberían ser el marco básico de referencia para la formación de alternativas con vocación de gobierno. Con una razón añadida, si son la fuerza política local mayoritaria que actualmente gobierne el Ayuntamiento, o la más importante entre los partidos progresistas.

            

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