viernes, 28 de julio de 2017

Podemos, democracia o cesarismo

Autor: Javier Terriente

1.- La excepcionalidad como norma

Las razones por las que un grupo humano renuncia de forma voluntaria al ejercicio pleno de sus libertades  en favor de la autoridad y la autonomía de un líder, suelen ser inexplicables. Sólo la sensación de peligro inminente ante una amenaza real para la seguridad procedente del exterior, o el riesgo inmediato de una gravísima eclosión interna podrían explicar, que no justificar, situaciones semejantes. 

En todo caso, este tipo de fenómenos suele producirse en condiciones excepcionales, provocando la necesidad de una desregulación completa e indefinida de las reglas democráticas o bien su suspensión temporal. La aprobación de leyes especiales es una consecuencia predecible.

2016/2017. Se agotaron los pretextos de los primeros tiempos de urgencias en los que Podemos vivió una corta travesía triunfal. Es ahora, al decaer el entusiasmo, a la par que las expectativas electorales, y pretender imponer un proceso de refundación con grupos del extrarradio de la izquierda, marginando a los críticos, cuando comienza a generalizarse una nueva conciencia sobre el cúmulo de restricciones democráticas que apuntan al corazón de Podemos.

Tanto fue así, que hasta pareció normal sacrificar derechos bajo la coartada de ganar en eficacia política y electoral. Sacrificios hoy, a la espera de un mañana radiante. 

Lógicamente, estas premisas contribuyeron a la proclamación de un liderazgo incontestable. En el reverso, la nueva mayoría de Vistalegre 2, al construirse a la estela del Sc. Gal, careció de la capacidad de impulsar un espacio político propio. Más cuando en última instancia, siempre decide la voluntad del Sc. Gal., aunque eso acabe atenazando el futuro de Podemos. Y es así en varios aspectos significativos.

En el plano organizativo: La continuidad indefinida, tras Vistalegre 2, de un entramado normativo-organizativo, la llamada eufemísticamente Máquina de Guerra Electoral, ideada para afrontar un periodo político y electoral breve, complejo y excepcional, en los inicios de Podemos.

En el plano de las estrategias: La prolongación de un proyecto presidencialista, obligado a federalizar el poder y a converger con fuerzas territoriales diferentes, no siempre compatibles con otras alianzas de carácter estatal.

En el plano doctrinal y político: El propósito de construir un llamado (erróneamente) Bloque Histórico, sobre la base de una relación prioritaria con las izquierdas dogmáticas, rescatándolas de la extinción.
En el plano de la cotidianidad: La incongruencia entre las restricciones a la participación de los inscritos en el gobierno real de Podemos, y la acumulación de poderes en el Sec. Gal.

Y por encima de todo, en el plano ético-moral: La soberanía del Sc. Gal. para disciplinar conductas y conciencias hacia una meta común que las sobrepasa, superando la atomización de las voluntades dispersas en el ámbito privado (amigos, familia, barrio o pueblo) y unificarlas en una sola voluntad general, apelando directamente a la Asamblea Ciudadana.

Para ello resultó imprescindible un cuerpo normativo especialmente adaptado a las necesidades y exigencias de un liderazgo sin ataduras, entre cuyas funciones estaría la capacidad unipersonal de intervenir en cualquier momento y situación que considere conveniente, incluido los procesos de confección de listas electorales (art.13,14, 19, 20, 23, 24, 25, 29, etc.)

Y, al fin, un hecho prodigioso: la no disponibilidad del censo de inscritos por parte de los círculos, lo que convierte la actividad política cotidiana y las campañas electorales de cualquier nivel en una cita a ciegas. ¿Protección de datos? Sí, pero para todos.

2.- Podemos frente al mundo

El país ha entrado en una nueva fase política más o menos convencional, excepto para Podemos. Da la impresión de que el mundo real camina en una dirección distinta al de la mayoría de Vistalegre 2. 
No es sólo porque las adhesiones inquebrantables solaparon la discusión fundamental sobre las razones del retroceso en las elecciones del 26 de Junio o el plan de transformarlo en un partido siamés de IU, en versión 2.0., sino también porque los verdaderos problemas del país quedaron relegados del centro del escenario. 

Entre tanto, el sistema de normas excepcionales que estructuraron Podemos (la Máquina) ha acabado devorando a la mayoría del grupo fundacional y se ha desviado del destino previsto, transformándose en un aparato formidable de eliminación de disidencias, de conflictos de legitimidad y de blindaje del Sc. Gal.

Como exclama el coro en la obra Los Horacios y los Coriáceos de Bertolt Brecht, alabando las virtudes de un remo que tanto vale para navegar por aguas turbulentas a través del desfiladero o como arma de guerra, “muchos objetos hay en un solo objeto”. 
Así, sólo bajo la premisa de obtener poderes extraordinarios que le allanaran el camino, Iglesias aceptó liderar Podemos hacia la tierra prometida de las victorias electorales de 2019 y 2020, en un combate frontal, heroico, por desigual, contra la Trilateral de los partidos del Sistema.

Desde esa perspectiva, el antagonismo directo entre las multitudes y el Poder a través de la insubordinación social no necesita de intermediarios institucionales. En realidad, bajo esa lógica, las instituciones pierden su autonomía y se diluyen en el todo absoluto de las masas en movimiento. 

Es la hora del pueblo en marcha y de los liderazgos fuertes sin mediaciones. Un escenario teóricamente ideal para el sorpasso y la radicalización anti política aunque de porvenir incierto entre el electorado. 


Casi sin ruido, Podemos ha dado un giro hacia un populismo de raíz izquierdista, bajo la bandera de la unidad de la izquierda, con la que se golpea sin piedad cualquier foco de resistencia. 
Es coherente entonces que Unidos Podemos se haya convertido en la nueva imagen de marca. No es una cuestión nominal. Es un aviso a navegantes de que la hoja de ruta ya estaba trazada de antemano y es inalterable.

Por eso no hay contradicción alguna si hoy priman los acuerdos con el PSOE ante el desconcierto de muchos, incluida la dirección andaluza. La banalidad de la política entendida como un juego de mesa, dicta que lo que hoy son abrazos y besos, mañana sea lo contrario, sin aparente contradicción ni renunciar al proyecto de fondo, si lo hubiera; además, ante la duda, siempre queda el recurso al art. 14 (consulta a la asamblea ciudadana). 

Nada nuevo bajo el sol. Caen los disfraces. ¿Hasta cuándo la derrota de la democracia ante este nuevo cesarismo? 



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