martes, 8 de agosto de 2017

La independencia de Catalunya y los sindicatos



Joaquím González Muntadas
Ex Secretario General de la Federación de Textil y Químicas de CCOO


Es cierto que la fábrica ha perdido centralidad en la vida social y el trabajo    protagonismo en el conflicto social, y con ello, al menos en nuestro país, la clase trabajadora como colectivo ha ido disminuyendo su protagonismo como sujeto político. Un ejemplo evidente lo vemos en el débil papel que está jugando el sindicalismo en el terremoto político y social que está representando el proceso secesionista que se vive en Catalunya, convertido en el centro de debate social y el tema central en los medios de comunicación, mañana, tarde y noche, tanto en Catalunya, como en el resto de España.

También en el hecho de que, hasta ahora, el sindicalismo ha pasado de puntillas sobre el debate de la independencia de Catalunya. No ha ido más allá de pronunciamientos y declaraciones genéricas de los principales líderes de CCOO y UGT sobre legalidades y formalismos, repitiendo tópicos y lógicos llamamientos al diálogo y a la negociación, o afirmando, como es lógico el respeto a la pluralidad de las opiniones individuales que puedan tener cada uno de sus afiliados y afiliadas, favorables o no a la independencia de Catalunya, o partidarios de participar, o no, en el “referéndum” convocado para el próximo 1 de octubre.

Las dos grandes Confederaciones Sindicales tienen aún pendiente debatir, reflexionar y dar a conocer sus opiniones sobre los efectos y las consecuencias que puede tener la independencia de Catalunya para la clase trabajadora de España y de Catalunya y también para su ideario y práctica de sindicato de clase. Sorprende que  este debate haya estado prácticamente ausente en los procesos congresuales que durante estos últimos 24 meses han celebrado todas las estructuras sectoriales y territoriales de CCOO y UGT.

La pregunta es, ¿qué ha cambiado y en qué se ha modificado el ideario y las prioridades de CCOO y UGT desde aquel Plan Ibarreche del año 2005? En aquella ocasión ambos sindicatos lo debatieron profusamente en sus órganos de dirección y se configuraron mayorías y minorías con opiniones diversas, como es lógico en organizaciones plurales. Pero ambos sindicatos fueron claros y contundentes, y juntos ejercieron un fuerte liderazgo en el rechazo de aquel Plan, un Plan que en sus objetivos era idéntico al que hoy estamos viviendo con el anuncio de “secesión” de Catalunya tras el 1 de octubre.

¿Qué ha cambiado en el movimiento sindical en España para que hoy parezca lejano  que se pudiera repetir aquel Manifiesto, encabezado por Marcelino Camacho y Nicolás Redondo, secretarios generales entonces de CCOO y UGT, titulado ¡Sí, tenemos que decidir!.En respuesta a la propuesta, también de secesión, del nacionalismo vasco que representabael Plan Ibarreche declaraban:

“Oponernos a los intentos de fragmentación de España, sea por cualquier vía (Yugoslavia o Checoslovaquia). Proyectos que se amparan hoy en la perversión que identifica la defensa de la unidad de España con el franquismo. Esto no sólo es una falacia, sino que constituye una traición a la memoria de millones de demócratas, librepensadores, republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas y nacionalistas democráticos que estuvieron dispuestos a dejar su vida por la defensa de la libertad y la construcción de un proyecto común para todos los ciudadanos españoles

Y defender la libre y solidaria unidad del conjunto de nacionalidades y regiones de España, desde el respeto a su pluralidad y autogobierno, como el mejor medio para aumentar el progreso y la libertad de cada uno de sus territorios y ciudadanos. Debilitar su cohesión, fomentar la fragmentación o conciliar con ello, no beneficia a la “Europa de los pueblos” sino a la de las grandes potencias que aumentan su poder a costa de la desarticulación o la división de los países.”.

Esperemos que por el bien del mundo del trabajo ambos sindicatos recuperen pronto la iniciativa en este proceso impulsado por el nacionalismo catalán, que, si bien está cargado de emociones y para muchos de buenas intenciones, está también lleno de engaños. Y que, por el bien y el futuro del sindicalismo de nuestro país,  párrafos iguales o parecidos a los que firmaron hace doce años Camacho y Redondo no suenen hoy extraños para el movimiento sindical español y catalán.


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