viernes, 2 de junio de 2017

Rajoy visita a UGT



Mariano Rajoy ha clausurado unas jornadas de UGT. El asunto a tratar: «La industria en España. Reflexiones». Sin lugar a dudas es un acontecimiento insólito. Mucho se hablará de él. Se ha dicho que, con dicha invitación, se favorece la apertura de un diálogo. No quiero dejar pasar la ocasión sin dar mi punto de vista sobre el particular, pues posiblemente más de uno habrá quedado aproximadamente inquieto. A un servidor le pasa tres cuartos de lo mismo.

Premisa. No tengo nada en contra de que, en situaciones normales, un presidente del Gobierno intervenga en un acto sindical. Incuso Rajoy. Pero no estamos, a menos que me desmienta UGT, en una situación de normalidad democrática en nuestro país. El hombre de Pontevedra lidera un partido que organiza y justifica la corrupción; que organiza y justifica la corrosión de la democracia; que organiza y justifica  el ataque sistemático contra los derechos sociales; que organiza y justifica la agresión contra el sindicalismo. El hombre de Pontevedra organiza y justifica, desde su condición de presidente del Gobierno, todo lo anterior. Por ello, entiendo que la invitación de Pepe Álvarez no sólo es desacertada sino que no tiene fundamento alguno.


Se ha argumentado que, con esta invitación, se pretende abrir un diálogo entre el Gobierno y el sindicalismo. Me pregunto si, para tan necesario objetivo, es necesario llegar a esos extremos. Respondo que no. Que eso es disfrazar una gallina de pavo real. Pues las políticas de negociación se inician y desarrollan de otra manera. Con austeridad y sin aspavientos. En resumidas cuentas, Álvarez se ha equivocado. Ha puesto a UGT, además, en una situación inquietante. 


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