lunes, 8 de mayo de 2017

… Y Francia salvó los muebles

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Victoria holgada de Macron sobre Le Pen. Treinta puntos de diferencia no son moco de pavo. Hubiera sido chusco que en la fecha del aniversario de la rendición del nazismo (18 de Mayo de 1945) los derrotados se hubieran tomado su revancha en Francia. Victoria holgada, pues. Pero Le Pen ha cosechado 11 millones y medio de votos. Que son muchos votos; el resultado electoral más importante de la historia del llamado Frente Nacional.

11 millones y medio de votos no son algo para tomárselo a la ligera. Como tampoco lo es que dicho partido haya adquirido carta de naturaleza o, según se mire, de normalidad en Francia. Más todavía, es una gigantesca masa dentro de la cual existe cierto porcentaje de extrema y aguerrida militancia. Once millones y medio que votan a la ofensiva, mientras que no pocos de los de Macron lo han hecho como resistencia y auto defensa. No es lo mismo estar a la ofensiva que resistir. Quien entienda de ello debe sacar conclusiones.

También se ha puesto de manifiesto la existencia de unas izquierdas, desunidas y confrontadas, que han exhibido su inutilidad política. Los socialistas en la más pura indigencia y los insumisos de Melenchon que no han querido mancharse las manos, pero que han ensuciado su breve biografía. Así pues, el miedo al fascismo y no un proyecto ha salvado los muebles en la vieja Francia.

Macron ha declarado en su primer discurso que «ha entendido el mensaje». En España conocemos ese mensaje. A las primeras de cambio su autor lo olvidó y siguió haciendo lo mismo. Los primeros efectos del miedo provocan, según parece, estas reacciones. Pasan, sin embargo, las semanas y se vuelve a las andadas. Quien entienda de esto debe sacar, igualmente, sus consecuencias y enseñanzas. En todo caso, respiremos y tomemos carrerilla. A ser posible para no cometer tantos y los mismos errores. Por ejemplo, el sindicalismo francés y concretamente la CGT.


Estudios solventes indican que el 18 por ciento de los afiliados a dicho sindicato son simpatizantes de Le Pen. Sigamos sin pelos en la lengua que es un quiste muy preocupante. Eso ocurre, me malicio yo, cuando una parte del sindicalismo pierde su sentido –la humanización y transformación del trabajo,  el control de las condiciones del trabajo--  y no hace o no se empeña en hacer lo que le es consubstancia. En Francia y fuera de Francia.


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