viernes, 12 de mayo de 2017

Margallo quiere ser Presidente

Ahí va esta hipótesis: el ex ministro Margallo aspira a ser  presidente del Gobierno. De hecho se postula para ello. Sin prisas ni aspavientos. Despaciosamente. Conoce lo suficiente los artificios de la política, los recovecos de su partido para no dar un paso en falso. Insinuando, siempre por lo bajinis, que él está ahí para lo que haga falta. Lo dice sin decirlo. Moviéndose en el filo de la navaja haciendo equilibrios entre las diversas banderías de las derechas españolas. Quiere ser académicamente brillante con una retórica con apariencias de eficacia.

Sin ir más lejos, ayer mismo vino a decir en Barcelona que, cuando la consulta catalana –referéndum o como quiera llamársele--  del 9 N él aconsejó a Rajoy que se apoderara de las urnas y tomara el control de los Mossos de l´Esquadra y, a continuación, hubiera propuesto la apertura de un proceso de reforma constitucional. Primera conclusión: Margallo recuerda elegantemente que Mariano se disfrazó de don Tancredo para no infundir sospechas. Margallo o el palo de la destrucción de las urnas y el control de los Mossos o la zanahoria de la reforma constitucional. Un mensaje bífido para los ultras y los evolucionistas. El ex ministro regala los oídos a cada sector de su partido con dosis de mermelada, y envía dicho mensaje al resto de las fuerzas políticas: estas son mis credenciales, parece decir; lo otro, Mariano, es el perro del hortelano.

Han sido unas declaraciones en este contexto de podredumbre general y de corrosión acelerada de los altos aparatos de Justicia en España. De ahí que lo dicho por Margallo, a pesar de su escasa repercusión en los medios, adquiere una cierta importancia. De un lado, por la desautorización de don Tancredo y, de otra, por su –a nuestro entender— indisimulada pretensión a liderar el país. Lo tiene crudo, de todas formas. Pero siempre le estará esperando algún premio de consolidación que no será una chuchería.


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