jueves, 31 de marzo de 2016

¿Se besarán Pablo Iglesias y Pedro Sánchez?




1.-- Parece evidente que Podemos se está moviendo. Y precisamente por ello está concitando ciertas preocupaciones en todos los partidos. En los aduaneros de Mariano Rajoy, en algunos centuriones del PSOE, en el estado mayor de Ciudadanos y, posiblemente, en el mismísimo interior de la formación de Pablo Iglesias el Joven. Estas inquietudes vienen porque se percibe que, aunque complicada, se abre la posibilidad de que Podemos se avenga a participar en la formación de gobierno. Lo que implicaría  dos novedades en la política estatal: una, que Podemos empieza a negociar y de ello hablaremos más adelante; otra, que una fuerza a la izquierda del PSOE forme parte del gobierno o del área de gobierno u otras formas similares sea corresponsable, junto con los socialistas, de la guía y dirección del país. Que todavía no sea el momento de que los sacristanes echen las campanas al vuelo lo dan por sentado hasta los yuppies de Silicon Valley. Pero, ahora mismo –mañana, ya veremos--  existen ciertos indicios de que dicha novedad se abra paso. La razón es bien visible: al menos públicamente estamos en los primeros andares del Pacto del Beso, y ya sabemos que Pablo Iglesias cuando besa, es que besa de verdad.

Se ha filtrado a los medios los apuntes que Iglesias llevó al encuentro con Pedro Sánchez. Cuatro puntos: a) la reducción del déficit fiscal a un ritmo mayor al planteado por Podemos en su programa electoral; b) una reforma fiscal menos exigente; c) bajar el gasto público en una legislatura de 90.000 millones de euros a 60.000 millones; d) derogar la reforma laboral de Mariano Rajoy, dejando vigente la que aprobó el gobierno Zapatero. A lo que debemos añadir el gesto personal de Pablo Iglesias: la retirada de su exigencia de ser vicepresidente del hipotético gobierno del cambio. Los cuatro puntos señalados, insistimos, se han filtrado; lo último fue explicado por el primer dirigente de Podemos en rueda de prensa. Lo que no ha bastado para que la factoría de can Rivera retire el veto ideológico a la formación morada. Así las cosas, Ciudadanos puede compartir la intransigencia del no –también diríamos su inmovilismo— con los de casa Mariano, Antigua casa Aznar.  Los campaneros, pues, deben esperar al repique.

2.--  Antes hablábamos de que la primera novedad en la política estatal es que Podemos empieza a negociar. Los cuatro puntos y el gesto personal de Iglesias así lo indican. La cosa no es irrelevante ya que la formación morada, desde su nacimiento, había puesto en su escudo de armas algo así como la sacralización de que pactar era un cambalache que, hijuela de la Transición, es uno de los vicios de las élites de la «vieja política». Y sus consecuencias: la renuncia a las Tablas de la Ley que un airado Moisés llevó desde la cima del Sinaí al pie del monte.


Es posible que Pablo Iglesias haya leído aquella carta de Togliatti a ¿Pietro Nenni?. Corríjaseme si era a Nenni o a otro. Me refiero a la misiva que decía, más o menos, «ha pasado el momento de la agitación al de hacer política». Con lo que ese hacer política convierte a Podemos en un sujeto inquietante a los ojos de algunos dinosaurios y sus paniaguados. Sin ir más lejos, vean el titular en la página 16 de El País hoy, metiendo barullo en Podemos: «Errejón pierde el mando de las negociaciones a manos del líder del partido». Poca finezza.   Pero el diario ha percibido que Iglesias ha perdido los dientes de leche y le han salido comillos políticos.


martes, 29 de marzo de 2016

Pedro Sánchez contra Susana y viceversa



Inauguración de la avenida Marcelino Camacho en Écija.

Debe ser por la edad, pero lo cierto es que no entiendo el soterrado conflicto que, desde hace tiempo, atraviesa por los cuatro costados a los socialistas españoles.  Me refiero al litigio de Pedro Sánchez y sus senescales con Susana Díaz y sus nunciaturas. Mucho me temo que sucede tres cuartos de lo mismo a la mayoría de los militantes de dicho partido. Así pues, ¿cuál es su «carácter orgánico»?

¿Se trata de una cuestión ideológica? ¿Es un problema político? En uno u otro caso ¿cuáles son las diferencias? ¿Son superables o irreconciliables? Si son superables, ¿por qué no se plantea un apaño de largo recorrido? ¿si no lo son, cómo se despejan tamañas dificultades en el caso de que quieran ser superadas?

Que este berenjenal es anterior a las diferencias tácticas para conformar mayoría de investidura de Pedro Sánchez lo saben hasta los nativos de las lejanas islas Aleutianas. El follín viene de atrás, afirman los devotos de Pedro y Susana, celosos ellos de ocultar los motivos de la desavenencia, con el mismo ardor con el que se guardaban los del Politburó. Aunque la política de alianzas de uno y otra ha agudizado las tensiones, el conflicto empieza a ser añejo, estando sustentado por adhesiones inquebrantables: cuius Regio eius Religio, es decir, lo que piensa, dice y hace el Príncipe lo siguen a pies juntillas sus súbditos.

No parece que Pedro y Susana tengan información suficiente de hasta qué punto situaciones similares han llevado a ciertas organizaciones a morir, abrupta o lánguidamente, en olor de inutilidad. Eso sí, atribuyendo cada bandería a la otra la responsabilidad de la defunción. Sostengo, como Pereira, que el problema de fondo no está en la ausencia de respuestas de Pedro y Susana. Radica en que ninguno de los dos se hace ningún tipo de preguntas. Solo se preocupan de apretarse mutuamente las empulgueras de manera inmisericorde.


Por cierto, leyendo la monumental Historia de Roma, de Theodor Mommsem pude constatar que la Roma republicana se expandía cada vez más a pesar de sus continuas guerras civiles y refriegas internas. Tal vez las diversas banderías del PSOE partan de ese hecho histórico. Pero lo que estamos viendo en el caso que nos ocupa ocurre justamente lo contrario: cada revuelta socialista se salda provisionalmente con la pérdida de plumajes. De manera que, con el mismo modelo, de los viejos romanos de antaño, hogaño los socialistas cosechan resultados contrarios. Y Pedro Sánchez resistiendo, mientras Susana intenta ganar tiempo, ambos en una confusión relación espacio-tiempo. Por lo que me digo en un arranque de sobrevenida senectud: ¿no sería mejor que antes de irse a pique su partido, se fueran el uno y la otra a disfrutar de una vida regalada uno en el Jarama, la otra en Grazalema? 

sábado, 26 de marzo de 2016

Aquella misteriosa Semana Santa




Cuando un servidor era un niño chico y llegaba la Semana Santa la cabeza se me llenaba de cavilaciones más que justificadas. Vamos a ver –me decía--  ¿cómo es posible que hace unos meses nació Jesús en el portal de Belén y, sin haber pasado cinco meses, va y se muere con treinta y tres años? ¿Y por qué nace cada año y se muere cada año? De lo primero, la Navidad, no había que preocuparse demasiado, pues al fin y al cabo siempre caía algo el día de Reyes; lo segundo si me llevaba algunos dolores de cabeza porque en aquella Santa Fe, capital de la Vega de Granada, se paraba todo menos las tabernas, y la radio sólo emitía saetas y música religiosa; de manera que tal recogimiento forzoso y forzado daba para no pocos calentamientos de cabeza.

Yo no me atrevía a pedir explicaciones. No a mi padre progenitor, Pepe López, porque siempre estaba echando votos, por lo que era poco de fiar. A mi madre adoptiva, mi tía Pilar, hermana de Pepe, menos todavía porque era beata y de misa diaria. Quedaba, pues, mi tío Ferino Isla, afamado maestro confitero, hombre sobrio, justo y sabio. Me puse en sus manos y le planteé mis inquietudes. Dio un respingo, se tomó su tiempo liándose un caldogallina, carraspeó y, casi tartamudeando, me respondió: «Cosas de los curas». Con lo que todavía me complicó mucho más el problema.

Así es que ni corto ni perezoso me hice el encontradizo con mi tío--abuelo materno don Gaspar Quevedo, cura de la parroquia del Campo del Convento: «Vamos a ver, tito, por qué cada año matáis al Señor de la Salud cuando llega Semana Santa». El pobre viejo se quedó de piedra. Me dio un pescozón y rugió: «Eso es cosa del ateo y blasfemo de tu padre; se va enterar Pepe López cuando me lo eche en cara». Y volví a quedar sin explicación. Peor todavía, porque tampoco sabía qué era eso de ser un ateo; lo de blasfemo sí lo sabía: era echar votos.  

Y, por así decir, seguí mi investigación. Alguien me dijo que aquello era un misterio. «Un misterio, ya sabes». Y yo me figuré que se trataba de algo de las películas de misterio, que echaban de vez en cuando en el Cine de Benítez, cuyo nombre oficial era Coliseo de Fernando e Ysabel.  Aclarado el asunto me pregunté que si tan fácil era la explicación, ¿por qué no me lo habían explicado los míos? De todas formas aquello tenía su intríngulis porque tampoco nadie me aclaró por qué los guardias municipales de Belén no impidieron que mataran a Jesucristo cada año. ¿Es que no estaban avisados?

Con el paso del tiempo entendí que todo deja sus huellas. Le tomé inquina a los curas, porque mi tío Gaspar era incapaz de creer que yo pensaba con mi propia cabeza a mis ocho años. Y con los guardias municipales de Belén porque no estaban al tanto. Así es que me dije que el Pae Etenno no contara más conmigo. Cosa que quedó para mis adentro, porque no había que darle cuatro cuartos al pregonero.



viernes, 25 de marzo de 2016

Cruyff y la Asamblea de Catalunya





Ya no está entre nosotros Johan Cruyff. Ayer hizo las maletas y nos dejó de repente. Él mismo hubiera dicho que se fue «en un momento dado», una de las frases que traía a colación cada dos por tres. La noticia nos puso a muchos «la gallina de piel», otro de sus dichos míticos. No vamos a hablarles a ustedes de su condición de formidable futbolista, de sobra lo saben. Sí les vamos a explicar algo de lo que nunca presumió y que con el tiempo ha ido quedando en el olvido.

Corría el mes de Octubre de 1973.

Nada más llegar a Barcelona, procedente del Ajax, se produce la famosa detención de los 113 miembros de l´ Assemblea de Catalunya en la iglesia de Santa María Medianera. Entre ellos: Antonio Gutiérrez Díaz, Josep Solé Barberá, Raimon Obiols, Paco Frutos, Agustí de Semir… Dispensen, no puedo citarlos a todos. La noticia provoca una enorme movilización: los trabajadores de más de un centenar de grandes empresas del cinturón industrial de Barcelona se movilizan con asambleas en el centro de trabajo, los Colegios Profesionales y los estudiantes se movilizan… Armand Carabén, uno de los managers del Barça le explica al Flaco, lo que está sucediendo.  Cruyff no da crédito de lo que ocurre. Él no tiene una especial conciencia política, pero como demócrata holandés no le cabe en la cabeza esa represión.

«En un momento dado», un grupo de personalidades barcelonesas se reúnen para ver de qué manera hay que reaccionar contra las detenciones. Uno de los presentes hace un planteamiento que, en principio, es tomado como una boutade: visitar a Cruyff y pedirle que le envíe un autógrafo a los detenidos. Aceptado, responde le presidencia de la reunión. Y esta moción se incorpora al conjunto de propuestas. Se decide que Xavier Folch, el Enviado de Tàpies en la Tierra, visite al Flaco y le haga la propuesta. Dicho y hecho.

Días después los detenidos recibieron una foto con una dedicatoria y la firma del holandés: "A los aficionados del Barça que no pueden acudir al Camp Nou, deseando que pronto puedan ver los triunfos del club".

Años más tarde, en la primavera barcelonesa de 1976, la misma Assemblea de Catalunya pone en pie la gigantesca movilización de la Llibertat, Amnistia i Estatut d´ Autonomia. Cruyff y Neskens proponen al vestuario firmar un documento en solidaridad con las movilizaciones. Se quedaron en una raquítica minoría.


Flaco, no sólo le recuerda a usted el fútbol. 

jueves, 24 de marzo de 2016

Fuera el Partido Popular



Homenaje a Pier Paolo Pasolini




Hace unos días comentábamos en este mismo blog el conflicto institucional entre el Parlamento y el gobierno en funciones. Lo hacíamos en La ley de la covachuela y alertábamos de los peligros de la justificación que hace el gobierno para no acudir a los llamamientos de control y comparecencia del presidente y de los ministros (1). Hasta la presente el presidente, Morenés, Ana Pastor, Luis de Guindos y la delegada en Madrid se han negado a acudir al Parlamento so pretexto de que un gobierno en funciones no está controlado por las Cortes Generales.

Todos los grupos parlamentarios, hecha la excepción de la del grupo apostólico, han denunciado dicha actitud. Y unitariamente han elevado un recurso al Tribunal Constitucional. Mi primera reacción es exclamar un ¡bravo!  en re mayor. Se trata de un aviso de muchos pelendengues al gobierno. Sin embargo, a continuación, me entra una inquietud. ¿No se trata es iniciaitiva de algo facilón? ¿Y si el Tribunal Constitucional, por fas o por nefas, diera una larga cambiada que pudiera ser interpretada por unos como magnesia y por otros como gimnasia? ¿Y si el mentado tribunal quisiera devolver los favores de Mariano y sus atalajes? Y como contrapeso me dijo: ¿no eres excesivamente tisquismiquis?

Tengo para mí que la respuesta de los grupos parlamentarios debe ser de otro cariz. Y, tras pensarlo detenidamente, llego a estas conclusiones: 1) comoquiera que la decisión del gobierno con su justificación incluida es de tamaño caballuno, la respuesta debe estar a la misma altura; 2) que no es otra que la de proceder a la investidura de un presidente que represente la no continuidad  de los apostólicos en la guía y dirección del país. El Partido popular ha perdido –hace tiempo que lo ha perdido--  los tornillos y debe ser enviado al taller de reparaciones sin más dilación.

No lo olviden: el Tribunal Constitucional tiene los suficientes artificios para acabar no diciendo ni oxte ni moxte.  Vale.

        1) http://lopezbulla.blogspot.com.es/2016/03/la-ley-de-la-covachuela.html


martes, 22 de marzo de 2016

O control del trabajo o más accidentes mortales




Ayer hablamos, y nos dejamos algunas cosas en el tintero, de que Se ha disparado la siniestralidad laboral. Tan solo nueve líneas en La Vanguardia como si la cosa fuera lo más natural del mundo. Como si esa invisibilidad de los accidentes mortales en el ecocentro de trabajo fueran el diezmo natural que se debe pagar por incremento del producto bruto de la economía del país. Lo confesamos: no abundamos más en el tema porque no queríamos que nadie –leyendo por lo derecho o en diagonal--  se perdiera el mensaje. Ahora, cuando no hemos visto todavía reflexión alguna por parte de nadie –nos disculpamos ante quien lo haya hecho—  volvemos tozudamente ante el tema.

 

El dador de trabajo tiene por ley el monopolio de la fijación de la organización del trabajo por ley. El sindicalismo no le corresponde el uso de ello sino la construcción de una alternativa al abuso. La diferencia ente el uso y el abuso es evidente. Luego, es a la contraparte a quien hay que pedirle las responsabilidades básicas de la eliminación y remoción de las causas y efectos del ecocentro nocivo de trabajo.

 

Al igual que Pereira sostengo que la contraparte no está en condiciones de ver las causas de la siniestrabilidad del centro de trabajo. Lo diré sin pelos en la lengua, y de paso le desafío a demostrar que miento. El dador de trabajo externaliza el coste de cada accidente a los sistemas públicos del welfare, sabiendo que, como hemos dicho, es el único responsable del diseño de los sistemas de organización del trabajo.  Más todavía, es el dador de trabajo quien se opone, tan tozuda como intransigentemente, a que la representación social negocie poderes reales de control contra la nocividad del ecocentro de trabajo.

 

Pues bien, o se corrige esa asimetría o no habrá solución que, aunque parcial, podrá ser un avance  a un problema tan grave como es el que estamos comentando. Que, además tiene el inconveniente de su invisibilidad. De una invisibilidad con la intención de quedarse definitivamente.

 

Dispensen ustedes, no quiero ser cenizo, pero no tengo más remedio que preguntar a quienes nos dicen que quieren gobernar en la piel de toro: Oigan, perdonen la impertinencia, ¿tienen previsto algo sobre el particular? Lo preguntamos por dos motivos: por el luto que provoca la siniestralidad y por los costes que se endosan y externalizan al Estado por esos accidentes de trabajo? Respondan, pues, sin chicoleos. 




domingo, 20 de marzo de 2016

La ley de la covachuela





Llevamos tres meses con un gobierno en funciones. Cosa que a  Mariano no parece preocuparle en demasía porque, así las cosas, puede hacer y deshacer a su antojo. Más todavía, en este contexto se ha producido algo tan insólito como inverosímil en democracia: la elaboración de una doctrina jurídico-política que indica (más bien, dogmatiza) que este tipo de gobierno no puede estar controlado por las Cortes Generales. O lo que es lo mismo: quienes no han sido elegidos no serán controlados por el Parlamento votado en los últimos comicios. Vale decir que si preocupante es el rechazo del control democrático, más lo es todavía su arbitraria justificación. No menos chusca es, además, la quisicosa que se expone desde las covachuelas de la Moncloa: «no hay precedentes de esta situación».  De esta manera se intenta enviar al limbo la división de poderes y la principal tarea del Parlamento: controlar al Ejecutivo. Y se crea el siguiente artificio antidemocrático: un gobierno en funciones no da explicaciones a nadie; un Parlamento en esa situación queda reducido a ser un sujeto pasivo.

Esta es una teoría, convertida en práctica real en estos momentos, que con toda seguridad pone los pelos de punta a las democracias con independencia de su color político en los países de nuestro entorno. Pero que puede contaminarlas más pronto que tarde. Porque no hace falta ser demasiado perspicaz para decir que existe la «ley de la covachuela»: determinados gobiernos tienden de manera natural al contagio, especialmente en aquello que les conviene.

Algo estamos haciendo mal: dejar que esa práctica se convierta en eso que se llama «conflicto institucional» sin vinculación con la opinión pública. De una opinión pública que no acaba de ver que su mandato electoral, a saber, elegir a sus representantes, se ve no sólo ninguneado sino borrado por el gobierno que se auto legitima arbitrariamente. Por lo demás, cabe decir que los diversos medios de comunicación se limitan a describir solamente el problema, y no vemos que pensadores, a los que se les atribuye punto de vista fundamentado, se tiren a la arena alertando de los riesgos políticos e institucionales que ello comporta. Ni siquiera las auto denominadas fuerzas emergentes han caído en la cuenta.

Digamos que no se trata de una zona gris, que diría Alain Minc, ni siquiera la corrosión del carácter de la democracia. Es la puerta que abre, ahora sí, un Régimen que deja al Parlamento como un cuerpo de figurantes eviscerados que formalmente ostentan la soberanía popular pero que realmente son pura filfa. Cosa que tiene algunas semejanzas con aquella cohorte de los antiguos Procuradores en Cortes de nefasta memoria.

Primera conclusión (provisional): hay que salir de este follín. Necesitamos más perspicacia democrática. Porque no se trata principalmente de una confrontación entre gobierno y parlamento sino entre ciudadanía e intentos de poner en introducir elementos básicos de Régimen.

Segunda conclusión: se debe heñir un acuerdo que conduzca a la formación de gobierno con menos tiquismiquis –o por lo menos con los necesarios— que  lo que estamos viendo



sábado, 19 de marzo de 2016

Del palo al teléfono móvil y el engendro de la codicia esquizofrénica paranoide.





Escribe Pedro López Provencio


Los capitales circulan por la fibra óptica casi sin cortapisas ni control. Las mercancías se trasladan alrededor del globo con gran facilidad. Las personas vemos restringidos o anulados los derechos a la movilidad y a fijar nuestra residencia donde más nos convenga.

Hace unos de cien mil años nos pusimos de pie y empezamos a utilizar las manos. Procuramos encontrar las formas y los instrumentos que nos facilitasen saciar nuestras necesidades. Empezamos usando el palo y la piedra. Las unimos después para formar hachas y lanzas, más duraderas y eficaces. Aprendimos a encender, manejar y controlar el fuego, que nos proporcionó luz y calor. La invención de la rueda, unida a la domesticación de animales de tiro, nos descargó de pesadas tareas de transporte. También aprendimos a obtener energía hidráulica. El descubrimiento de los metales y la metalurgia representó un avance colosal en la creación de instrumentos con los que incrementar la obtención de bienes y de servicios.

Pasamos de ser nómadas, buscando la caza y los frutos que ofrecía la naturaleza, a ser sedentarios, fundando aldeas, pueblos y ciudades. Cooperando y coordinando los esfuerzos y las tareas conseguimos que prosperase la agricultura, la ganadería, la construcción, la metalurgia.

Al principio, cada unidad familiar debía procurarse el mínimo vital de comida, vestido y cobijo, necesario para la subsistencia. Luego se pasó a una situación en la que ese mínimo vital se rebasaba cada vez con mayor amplitud y continuidad. Por eso algunas personas pudieron dedicarse completamente a otras tareas diferentes de las de procurarse, directamente, esos mínimos vitales. Nacen los artesanos: herreros, carpinteros, albañiles, tejedores. Intercambian sus productos con los sobrantes de alimentos que cosechaban los agricultores y ganaderos. Aparece lo que llamamos la División Social del Trabajo.

El incremento de los bienes producidos dio origen a otros oficios e instrumentos. La milicia para apoderarse o retener la producción y los medios de producción, principalmente las tierras. Los ordenamientos jurídicos, la policía y las cárceles, para regular las relaciones de propiedad, comerciales y de convivencia. La moneda para, originariamente, facilitar las transacciones. Y el mercader, que compraba en grandes cantidades lo que producen unos para vendérselo a otros, en los mismos o diferentes territorios.

Se institucionalizó el comercio. Inicialmente fue de bienes de consumo. Pero pronto derivó en la compraventa de objetos de lujo, armas y esclavos. La diferencia entre el precio de compra y el de venta pudo ir aumentando por la desconexión entre el coste de producción y su utilidad práctica.

Más tarde esos mercaderes ya no se limitaron a comprar y vender los productos acabados. Empezaron a proporcionar a los artesanos las materias primas que precisaban para su trabajo: semillas para el agricultor, metales para el herrero, hilo para el tejedor. Aumentaba la variedad y la cantidad usada. Su procedencia también era cada vez más distante. Igual sucedió con los medios de producción: máquinas, herramientas, energía. Todo se hacía cada vez más complicado y costoso de obtener sin la intervención del intermediario.

El mercader, dedicado a comprar y vender sin producir, se fue haciendo con el control de la producción. Con la parte la fundamental de los medios necesarios para iniciarla y concluirla. Por eso pudieron obtener mayores beneficios. Usando un instrumento real de presión económica sobre los artesanos: la amenaza de proporcionarles o no las materias primas, los medios de trabajo y la de comprarles o no sus productos acabados. Al artesano aún le quedaba la formación y la información profesional de su oficio y la producción de artículos útiles por sí mismos.

El dinero obtenido por los mercaderes, resultante de la diferencia entre el precio de compra y el de venta, fue aumentando continuamente. Así apareció la figura del prestamista, muchas veces usurero, que dio origen al banquero. Su objeto es acumular dinero propio y ajeno a fin de prestarlo a cambio de un interés, evaluando previamente las garantías de devolución.

El mercader transformado en capitalista, por el acopio de dinero, cambia de estrategia con la ayuda del banquero. Deja de proporcionarles a los artesanos las materias primas y los medios de producción y no les compra los productos que fabrican. Concentra en un edificio de su propiedad los materiales y las herramientas y les ofrece a los artesanos únicamente un empleo en su fábrica. De esta manera se adueña de la producción en lugar de tener que comprarla. Y el artesano se trasforma en obrero al tener que vender su fuerza de trabajo en vez de vender su producción. Al pequeño taller le es imposible competir con la gran fábrica. La inversión necesaria para obtener la energía de la máquina de vapor y la electricidad lo hacen prohibitivo.

Hay un cambio de paradigma. El trabajo, que era el medio de conseguir saciar las necesidades de las personas, pasa a ser el instrumento principal con el que se enriquece una minoría a costa de la mayoría. De trabajar lo mínimo necesario para vivir cada vez mejor, a trabajar lo máximo posible para conseguir, como objetivo principal, aumentar los beneficios de los dueños de los medios de producción y de la banca.

También ocurre otro cambio. Los artesanos y sus gremios tenían grandes dificultades para oponerse a la prepotencia de los mercaderes a causa de su individualidad competitiva. Ahora, los obreros se encuentran unidos por iguales intereses directos. En contra de un mismo patrón y por permanecer juntos en la fábrica. Aunque el capitalista disponga de igual o mayor prepotencia.

En el siglo XIX surgen los sindicatos y los partidos de izquierdas. Aparecen diversas teorías que denuncian la relativa precarización en que se sumía a la mayor parte de la población en beneficio de la minoría capitalista. Los obreros organizados se hacen cada vez más fuertes y consiguen ir imponiendo derechos de asociación, de reunión y de huelga. A través de difíciles y costosas luchas que ocasionan gran sufrimiento.

Como resultado del sufragio universal, la intervención de los órganos del Estado son cada vez menos propicios a satisfacer exclusivamente los intereses capitalistas. La unidad sindical, que propicia la negociación colectiva, hace que en la correlación de fuerzas se obtengan resultantes favorables a las reivindicaciones obreras. Disminuye la jornada laboral, se incrementan los salarios y, en general, mejoran las condiciones de trabajo.

Entonces el empresario advierte que no le conviene dejar al resultado de la negociación colectiva la cantidad de productos a fabricar por los obreros, los salarios que deben pagar por ello y las condiciones en que se ha de realizar el trabajo. Hay que introducir limitaciones “científicas” que pudieran calificarse de “indiscutibles”.

Comprueban también que la cualificación profesional de los trabajadores, sus conocimientos y experiencia, hace difícil su rápida sustitución, tanto en caso de huelga como en el de despido o baja voluntaria de la empresa.

También se proponen disminuir los costes de fabricación. Para ampliar el margen de beneficios y competir mejor con trabajadores autónomos y pequeñas empresas. Con las grandes ya llegan a acuerdos mutuamente beneficiosos. Y también precisan aumentar la producción para acaparar mercados distantes, que ya es posible con la modernización de los transportes.

Se propician nuevas técnicas y procesos que refuerzan su poder y su control sobre el trabajo y los trabajadores. Para eso nació, a principios del siglo XX, la denominada Organización Científica del Trabajo. Como parte de la Organización Industrial. Que busca más la acumulación y la decisión unilateral que la eficacia y la eficiencia.

Aparece el Taylorismo. El cerebro en la oficina y el brazo en el taller. La dirección planifica, prepara y controla lo que debe producirse y cómo. Los obreros realizan el trabajo siguiendo las órdenes recibidas, sin que les esté permitido pensar. Se parcelan y se desmenuzan las tareas. Se destruye el nexo psico-físico del trabajo profesional que vincula al trabajador con el producto que elabora. Con los sistemas de cronometraje, de primas y de valoración de puestos de trabajo se procura individualizar, estimular la ambición personal y destruir los vínculos de solidaridad. Se convierte al trabajador en un autómata que ha de adaptarse al puesto de trabajo prediseñado.

La alienación se completa cuando Ford introduce la cadena de montaje. El desmenuzamiento del trabajo en mínimas operaciones mecánicas llega a extremos inauditos. Se persigue que la capacidad reflexiva y consciente del trabajador vaya reduciéndose cada vez más. El sistema se perfecciona para conseguir maximizar el rendimiento inmediato del utillaje y de la mano de obra.

Un cazador lleva los cartuchos, otro la escopeta, un tercero carga el arma, un cuarto dispara y un quinto recoge la caza, para que el dueño de la escopeta y los cartuchos se quede con el conejo.

Durante los dos últimos tercios del siglo XX, los sindicalistas observan la descualificación profesional progresiva de los trabajadores en la fábrica. Su fatiga, descontento y aburrimiento. El aumento del control patronal por medio de jefes de equipo, encargados y vigilantes. Este despotismo de fábrica entra en contradicción con la mayor formación y capacidad intelectual de las personas. Resultado de la universalización de la enseñanza, la formación profesional y el acceso a la Universidad.

La presión sindical y la conveniencia empresarial hacen que se realicen numerosos estudios relacionados con el trabajo desmenuzado y la fatiga. Se descubre que la falta de satisfacción por y en el trabajo y el temor al encargado aumenta la tensión del obrero y disminuye su rendimiento.

La escuela de Harward y su director Elton Mayo, propugnan armonizar la jerarquía con el liderazgo. Buscan “integrar” a los trabajadores en la empresa, elevar la “moral de grupo” y desarrollar el “espíritu de cuerpo”. Para que sientan que participan en una misma “comunidad de intereses”. Las decisiones deberán ser democráticas o, por lo menos, informadas. Se comprueba que el rendimiento va más ligado a la satisfacción de las necesidades, a la realización de la personalidad y a la seguridad en el empleo, que a la forma de remuneración.

Se implantan las técnicas de Relaciones Humanas. No hay que reprender, sino formar y ayudar cuando los resultados son insuficientes. Desarrollar un interés leal y entusiasta por la empresa sintiéndola como cosa propia. Se planea la “formación humana” de los mandos y se investiga su vida privada para conseguir la “estabilidad emocional” que procure un buen ambiente en la empresa.

Para “integrar” al trabajador en la vida de la empresa se multiplican las reuniones colectivas según el status. Ser invitado a una de rango superior supone un premio distintivo. Se difunden periódicos de empresa y películas. Se instalan “buzones de sugerencias” y se realizan “evaluaciones del desempeño”. En la contratación de trabajadores no se tiene en cuenta solo la formación, la capacidad y la experiencia. La práctica de la “entrevista” permite evaluar la personalidad y las actitudes presentes, pasadas y futuras. Se elaboran listas negras con trabajadores poco dóciles.

Todo se hace para obtener más rendimiento, neutralizar la acción sindical donde la hay o retardar su aparición donde no existe. Se busca la alienación y la integración del trabajador. En ningún caso se pone en cuestión el régimen económico, la propiedad, la decisión unilateral ni el contenido del trabajo, que sigue siendo demoledor y cretinizante.

Aparece también una alternativa socio-técnica. Hay que transformar el ciclo productivo para mejorar las relaciones laborales. Surge después de detallados análisis de costes y pérdidas. Se observa que, con gran frecuencia, el absentismo, los abandonos o peticiones de traslados frecuentes y el descenso en la cantidad y calidad en el trabajo, suelen ser expresiones de problemas latentes, entre los que la precariedad y la eventualidad en el empleo tienen gran importancia.

Se introducen, en el proceso de trabajo, formas de rotación de tareas, alargamiento o ampliación y enriquecimiento, islas de trabajo corresponsables y con cierta autonomía. Algunos sindicalistas participamos en esta alternativa para conseguir mejoras. Pero no es bien recibido por la generalidad de trabajadores individualizados, que ha de asumir más responsabilidades, en algo que no es suyo, por el mismo precio. Menos aún por los mandos intermedios que temen perder prebendas. No se trata de un movimiento de buenos sentimientos filantrópicos. Sin embargo es de destacar los intentos que se iniciaron en Noruega con la “democracia industrial” y de autogestión en Yugoslavia.

En el siglo XXI ha vuelto a cambiar el paradigma. Tiene su origen en la ideología triunfante que propugnaron Ronald Wilson Reagan, Margaret Hilda Thatcher y Karol Józef Wojtyła, que contó con la inestimable ayuda de lo que representó la caída del muro de Berlín.

Ya parece asumido que el trabajador debe considerarse como un simple apéndice del sistema. Se le contrata cuando no existe otra posibilidad y siempre representa, cuanto menos, una molestia. Algo de lo que conviene prescindir cuanto antes y con las mayores facilidades. Que la persona sea portadora de un cúmulo de necesidades, tendencias, hábitos, intereses, valores, aptitudes, actitudes, que se encuentre en un medio social determinado y que trate de realizarse en su entorno laboral, familiar y social, solo complica la estabilidad del sistema.

Por eso los cambios en la legislación laboral se encaminan, principalmente, a hacer más fácil el despido y a entorpecer la acción sindical. Se procura automatizar hasta los servicios más personales. Lo que conduce a la desocupación permanente de una gran parte de la población. Se propugna los autónomos emprendedores. Que se autoexploten al ritmo que marque la entidad para la que trabajen, que les impone precio, calidad y plazo.

La fuente principal de obtención de beneficios también ha cambiado. Imposible seguir “creciendo” ilimitadamente. La fabricación intensiva de bienes materiales empiece a no resultar rentable en esta parte del mundo. Proporciona insuficientes beneficios al capital. La sociedad europea está saturada, aunque la distribución siga siendo extremadamente injusta. La reposición puede obtenerse con lo que se fabrica en otros países. Sin derechos, sin libertades y con salarios de miseria. Lo poco que aquí se produce solamente será competitivo si se hace en aquellas condiciones laborales. La seguridad en el empleo y la negociación colectiva son un impedimento para la producción basada en la explotación del trabajador asustado.

En este nuevo siglo, los capitalistas -los mercados, los inversores financieros -, siguen aumentando su fortuna. Antes con la actividad inmobiliaria. Ahora con la permanente especulación financiera. Y no solo sobre los bienes existentes sino también sobre los futuros, de tal manera que, obtenido el beneficio, podría ser innecesario producir la mercancía. Las pérdidas ya las cubrirá el Estado Liberal. O los no iniciados, que se arriesgan a jugar a la bolsa o a la especulación financiera. Se protegen los monopolios energéticos de la electricidad y el petróleo. Se dificulta la generación autónoma de energías renovables por particulares.

Se enriquecen también y muy especialmente con los intereses que genera la deuda pública que nos han endosado. Que se incrementa cada año sin solución de continuidad. Imposible de devolver. El déficit aumenta sin parar. Y con la deuda privada que, como por encanto, se transforma en pública. El intento de corromper a políticos y funcionarios es un distintivo del sistema.

La acción depredadora se dirige también hacia los servicios públicos. La sanidad, la enseñanza, los servicios sociales, la obra pública, los sistemas de previsión social, la jubilación, los transportes. Todo tiene que transformarse en objeto de negocio. Lo que ahora son derechos ciudadanos pasarán a ser mercancías. Objeto de compra-venta para clientes que disfruten de estos servicios en función de sus posibilidades económicas. La beneficencia se encargará de los pobres y de los millones de parados al acecho de un disputado puesto de trabajo.

Para que la ciudadanía soportemos estos cambios hay que convencernos de que no hay alternativa. Se permite el fraude y la evasión fiscal de los que más tienen. Se reducen los impuestos directos y se conceden amnistías fiscales. En consecuencia, faltan recursos económicos para mantener los servicios públicos con el nivel de calidad logrado. Para acostumbrarnos al servicio privado se instaura el copago y el repago a la población en general.

Se empeoran las condiciones laborales de los funcionarios, pero se les permite compatibilizar otra actividad en lo privado. Así se perjudica más el público. Se asignan los casos más difíciles, costosos y con peor diagnóstico a las instituciones públicas. Los más ligeros y sencillos se atienden en los centros privados que, además de la asignación económica pública, cuentan con la aportación privada de los usuarios más acomodados. A la policía se le permite usar métodos más bestiales, especialmente contra los inmigrantes. Con la Ley mordaza. Se incrementa la seguridad privada. Al currículo académico se le ponen reválidas y se aumentan las exigencias para la obtención de becas. Con la excusa de la excelencia se limita el ingreso y la continuidad en la enseñanza superior.

Avanzan las tecnologías de la información y de la comunicación. La permanente conexión al móvil parece que nos iguala a todos en el acceso la noticia y al conocimiento. Falsa ilusión. Estamos quienes suministramos los datos. Los que tienen los programas y la maquinaria necesaria para almacenarlos y tratarlos. Y quienes disponen de los instrumentos adecuados para valorarlos y están en condiciones de usarlos en su propio beneficio. Los datos no son iguales, no es lo mismo el que suministra el adolescente que el que proporciona el científico, el del autónomo que el de las grandes corporaciones financieras, empresariales o estatales, que los lanzan con intenciones concretas que les beneficien. Los algoritmos marcan y resaltan las diferencias y aumentan las desigualdades.

Continúa el mismo régimen que se inició en la Baja Edad Media. Hay quien trabaja. Hay quien controla. Hay quien se apropia la riqueza producida. Se margina y se excluye a personas y colectivos. Unos que nunca tendrán un empleo permanente y otros que no lo encontrarán jamás y serán la mayoría de la población. Si no se disminuye drásticamente la jornada laboral. Y se siguen repartiendo costes y beneficios de forma desigual. El 1% se ha apropiado de tanto patrimonio como tiene el 99% de la población mundial.

Desde que el Capitalismo se ha revelado como único modelo posible el Mercado se ha erigido en el gran referente. Se ha hecho con la hegemonía del discurso. Los medios de comunicación nos trasladan la ansiedad de las subidas o bajadas en la bolsa. La preocupación por la inflación o la deflación, por los beneficios de los bancos, la prima de riesgo o la devolución de la duda.

Nuestro modo de vida parece vinculado a los grandes magos de las finanzas y a sus habilidades y maniobras. Warren Buffett, Amancio Ortega, Carlos Slim, George Soros, Bill Gates. Que toman sus decisiones en función exclusiva del beneficio abstracto. Que, en ocasiones propicias, incluso hacen espléndidas obras de caridad. El nuevo oráculo del que se fían son los tableros electrónicos donde se reflejan los resultados de la especulación financiera. Prescindiendo totalmente de las personas, a las que no conocen, no saben de su existencia ni si están relacionadas o no con sus disposiciones.

La cosa va bien si lo dice la tele o lo descubrimos en la tablet o el móvil. Al que estamos unidos permanentemente. Si alguien duda será porque ignora los mecanismos reguladores del sistema. Solo los grandes gurús de la economía lo entienden. Y también puede que sepan el por qué quieren seguir incrementando su inmensa fortuna, que no podrán gastar aunque viviesen 100 vidas. Si no es por la codicia esquizofrénica paranoide que muy probablemente padecen.

Habrá que proponerse variar el rumbo a poco que encontremos viento favorable.

                       


viernes, 18 de marzo de 2016

¿Cataluña en el debate europeo y mundial?



Romeva asegura que "somos un elemento que genera mucho interés en los otros estados, y una prueba de ello es que, a pesar de los intentos por parte del Gobierno español de paralizar nuestra actividad, lo que ha conseguido es ponernos más en la centralidad del debate europeo y mundial, y esto se demuestra que los intereses de lo que queremos hacer y cómo son cada vez más grande. Nosotros lo queremos explicarlo al mundo"  (1). Así habló Raul Romeva.


Una chispa de exageración, dicen algunos expertos en comunicología, tiene sentido cuando, al igual que una pizca de sal, parece necesaria como condimento para sazonar y darle mejor sabor a una determinada comida. Cuando se te va de la mano el riesgo de que se te convierta en bodrio está cantado. O si pones vinagre de más en un buen plato de lentejitas la cosa acaba siendo detestable. Es lo que le ha pasado a Raul Romeva: su retórica se ha convertido en pura hipérbole. No se puede decir que ello sea algo sobrevenido, pues desde hace un par de años viene entrenándose en la materia.  O sea, desde antes de inaugurar el cargo de Consejero de Asuntos internacionales de la Generalitat de Catalunya. En todo caso algo podemos advertir de entrada: o Romeva está completamente desinformado de lo que pasa en la aldea global o deforma la realidad en su mente. O no tiene quien le escriba desde ninguna cancillería de barriada o practica con descuido la agitación y propaganda.

Hablar de que Cataluña está centralidad del debate europeo y mundial cuando hasta los últimos mohicanos saben lo que está ocurriendo en Europa con esa trágica diáspora de los refugiados es, como mínimo, la exaltación de la gilipollescencia. O cuando Isis mantiene su escalada terrorista. O cuando los movimientos neonazis son ya un fenómeno que supera lo inquietante. O cuando el candidato Trump –uno de los principales peligros del mundo, según The Economist— echa por las muelas lo peor de la condición humana. Y un desgraciado y largo etcétera…





domingo, 13 de marzo de 2016

Dos referencias en torno al Congreso de UGT




Primera.--  Josep Maria Álvarez, tras ser elegido secretario general de UGT, ha declarado que eso representa «el fracaso de la catalanofobia». Se trata de una afirmación tan contundente que pone los pelos de punta. Y, comoquiera que su candidatura ha salido ganadora por un escasísimo margen de votos, en pura lógica se puede convenir, siguiendo a Álvarez, que la mitad de su sindicato es catalanofóbico.

Por supuesto, Pepe Álvarez conoce su organización a fondo mientras que, en mi caso, soy lego en la materia. Sin embargo, me resisto a admitir tan potente descalificación. Lo que no excluye que, en dicho sindicato y en el resto del movimiento sindical, haya bolsas de hostilidad a Catalunya (así en abstracto como en concreto) de mayor o menor entidad. Lo que sí podría ser es que, en puertas de estas grandes solemnidades que son las citas congresuales, las diversas familias utilizan todo tipo de dimes y diretes para arrimar el ascua a su sardina.

Un servidor no acostumbra a caerse del guindo pues a ciertas edades, si la copa de dicho arbolillo está demasiado alta, la caída podría conllevar la ruptura de algunas costillas. Ahora bien, si Álvarez tuviera razón está indicando que una cuantiosa parte de UGT está realmente enferma. Cosa a la que me resisto, al menos vistas las cosas desde fuera.

Segunda.--  Nuevamente en el congreso ugetista se han lanzado voces, también la de Pepe Álvarez, revisitando una vieja propuesta: que los no afiliados deben cargar con una parte de los costes de la acción sindical.  Vale decir que, también en Comisiones Obreras, ese runrún vuelve a aparecer de vez en cuando. Explicaré por qué me resulta, por lo menos antipático, ese parecer.

La Constitución española otorga el monopolio de la negociación colectiva –y de los diversos procesos contractuales--  a los sindicatos que reúnan unos determinados requisitos. Así es que CC.OO. y UGT representan, negocian y sus resultados afectan erga omnes (afiliados y no afiliados), es decir, a todos los trabajadores. En concreto, así las cosas, el sindicalismo confederal tiene el monopolio de la representación y el de la negociación  por ley. De este artificio jurídico se desprende una gran ventaja pro sindicato. E indirectamente indica que no puedes querer dos cosas simultáneamente: representar y negociar en nombre de todos y gravar a quienes no están inscritos sindicalmente con una tasa por ser objeto de tutela en el terreno de la negociación colectiva. La única salida a esta cuestión sería que el sindicato renunciara al monopolio de la representación y negociación de todos los trabajadores y lo fuera, sólo y solamente, de sus propios afiliados. Lo que sería muy perjudicial para el propio sindicato. Así pues, séame permitida una observación: si se quiere incrementar la afiliación no debe hacerse nunca mediante métodos encubiertos.


Que existe una bolsa enorme de personas que no se afilian y podemos calificarles no injustamente de gorrones, es tan cierto como que el rio Guadalquivir pasa por Lora, Lora del Río. Pero resolver esa ecuación podría resolverse con una puesta al día del proyecto y trayecto del sindicalismo que fuera capaz de achicar esa enorme masa de gorrones que se aprovechan de la afiliación que paga su cotización monetaria. 

jueves, 10 de marzo de 2016

Reflexiones de urgencia sobre las movilizaciones francesas de ayer



Homenaje a François Villon, famoso bronquista de su época



Las movilizaciones francesas de ayer contra el proyecto de ley de reforma laboral son el prólogo de un conjunto de acciones de mayor voltaje si Manuel Valls no retira el texto. Hoy como antaño los trabajadores y los estudiantes están en movimiento. La red de amistades francesas de Metiendo bulla coinciden en señalar la presencia en las calles de parlamentarios y cargos públicos socialistas, departamentales y municipales, visiblemente contrariados con el gobierno de ese pez anfibio, Manuel Valls.

Este ejercicio de redacción, escrito a vuelapluma y con carácter de urgencia, versará muy brevemente en torno a las siguientes consideraciones: 1) la unidad de acción de los sindicatos entre sí y de éstos con el conjunto del estudiantado; 2) esta movilización de ayer y el papel de la Confederación Europea de Sindicatos; 3) y el Partido socialista europeo.


Primer tranquillo


Por lo general las relaciones intersindicales en Francia siempre han tenido ciertas grietas. Digámoslo sin cortesía: por lo general siempre han tenido más sombras que luces. En cierta ocasión alguien dejó caer un lema de la defectuosa práctica unitaria del sindicalismo francés: «avancemos por separado y golpeemos juntos», que me dejó helado. Porque nunca encontré vínculo lógico entre esa manera de avanzar con la de golpear. Esperemos, pues, que en esta ocasión se consolide la unidad de acción de masas y se aproxime el nexo de los sindicatos entre sí. Porque en caso contrario, si los sindicatos no refuerzan, durante todo el itinerario de este proceso, la unidad de acción –caminando y golpeando--  se resquebrajará también la unidad de masas y las movilizaciones se irán convirtiendo en chispas de minorías.


Segundo tranquillo


Las sucesivas reformas laborales españolas han sido fuente de inspiración o se han plagiado por diversos gobiernos europeos. Tanto Valls, ese pez anfibio, como la ministra del Trabajo francesa han reconocido públicamente su deuda con la reforma del hombre, que fue de Pontevedra. En otros países ha sucedido tres cuartos de lo mismo. Se diría que estamos ante un Unamuno al revés. Del «que inventen ellos» a la exportación de nuestra chatarra contrarreformista a Europa.

En todo caso, sea como fuere esta chatarra recorre Europa. Ahora bien, la respuesta democrática que dimos en España, primero, y la francesa que no ha hecho más que empezar, indican que las movilizaciones europeas se están dando a salto de mata. Es más, sin ninguna relación entre sí, ni con un proyecto europeo que llevarse a la boca. Lo que expresaría –lo digo en condicional, como preguntándome si estoy en lo cierto--  una determinada incapacidad de la Confederación Europea de Sindicatos de ejercer su tarea. Que ahora es tan urgente en el caso galo como lo fue ayer en España, dado el peso de Francia en la Unión Europea.


Tercer tranquillo


Si convenimos que la chatarra contrarreformista en las cuestiones del trabajo (y en otras también) recorre Europa, ¿qué papel juega, qué dice, qué sugiere a sus ahijados nacionales el Partido Socialista Europeo? Nada sabemos sobre el particular. Cabe la hipótesis de que algún día dirá alguna cosa. Pues bien, vamos a aconsejarle que se inspire en Marx. Para no inquiertarle (al PSE) diremos que este Marx es de cuando no era marxista. Es decir, cuando tenía diecisiete años  y se examinaba de Latín. De cuando hizo un ejercicio de latín en el bachillerato.

Aquel joven de Tréveris hizo una redacción en la lengua de Virgilio, que dejó pasmado al profesorado (1). El examinador se quedó de una pieza ante la elegancia del escrito, y anotó: «Qué maravilla, pero qué caligrafía más horrorosa». De esa pieza destacamos, traducida al castellano la siguiente frase: «La retórica es innecesaria cuando sólo se valora el contenido». Esto es lo que queremos recomendar al Partido Socialista Europeo, en caso de que quiera enviarle un recado a Manuel Valls, ese pez anfibio.


(1) Wilfred Stroh. El latín ha muerto. Ediciones del subsuelo (2012)