domingo, 27 de noviembre de 2016

Zapatero y la fe del carbonero




El ex presidente Zapatero es preguntado por un periodista en Toledo. Dicen los medios que su respuesta fue exactamente la siguiente: «Yo, lo que diga la Gestora». Lo que podría interpretarse de esta manera: no corren en Ok Ferraz vientos propicios para que cada cual exhiba sus propias ideas. En estos casos, siguiendo la doctrina Zapatero, es menos enojoso recurrir al alcanfor de los viejos tiempos. O, si se prefiere, al alcanfor del discurso circular. De ahí que traigamos a colación el más famoso antecedente de la respuesta de Zapatero a un periodista.   

En el siglo XV hubo en Ávila un obispo llamado Alonso Tostado de Madrigal (el Tostado), alto exponente del pensamiento de su tiempo. Escribió muchísimo sobre lo divino y lo humano. De ahí que, de los que escriben mucho, se diga aún que «escriben más que el Tostado». Algunas de sus opiniones, que no preocupaban al Papa, resultaban demasiado audaces y sospechosas para algunos. Se cuenta que quienes se ocupaban de ayudarle a bien morir cuando se le aproximaba el lance, querían asegurarse de que amaneciera en el otro mundo con la fe ortodoxa y sin mancha; éstos, por lo visto, marearon la perdiz de tal manera que, sacando fuerzas de flaqueza, el Tostado exclamó: --Yo, ¡como el carbonero!, hijos, ¡como el carbonero!. El carbonero aludido por el buen obispo era muy conocido en Ávila. Se cuenta que en cierta ocasión le preguntaron: --¿Tú en qué crees?. --En lo que cree la Santa Iglesia. --¿Y qué cree la Iglesia?. --Lo que yo creo. -Pero ¿qué crees tú?. --Lo que cree la Iglesia... Y no había modo de apearle de semejante discurso.


El Tostado o el dominio del discurso circular, que otros menos doctos llamarían el mareo de la perdiz. Me imagino que el precavido obispo no quería complicaciones con el brazo quisquilloso de la Inquisición.